La gestalt y la percepción social



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Modalidad sensorial

Umbral de detección

Luz

La flama de una vela vista a 48 kilómetros (30 millas) en una noche oscura y sin nubes.

Sonido

El tictac de un reloj de pulso en condiciones de silencio a siete metros (20 pies).

Gusto

5 ml. de azúcar en 7.6 litros de agua.

Olfato

Una gota de perfume difundida en todo el volumen de un apartamento de tres habitaciones.

Tacto

El ala de una abeja que cae sobre su mejilla desde una distancia de un centímetro.

c. Los receptores tienen capacidad de fatigarse y de dejar de responder momentáneamente sin tener o sufrir daño morfológico o anatómico.


Por ejemplo, cuando vamos a la nieve sin lentes y quedamos temporalmente incapacitados de distinguir lo que esta a nuestro alrededor.

Todo lo anterior resulta sencillo cuando estamos en presencia de estímulos físicos o químicos, sin embargo el tema se complejo cuando hablamos de estímulos socioculturales. En tal sentido la pregunta que surge es cuál es el grado de especialización que nosotros tenemos para poder responder a estímulos socioculturales. Cuándo una mirada es una mirada franca, una mirada amorosa, una mirada simpática, una mirada indiferente, etc. Cuándo es sincera la sonrisa, cuándo es una sonrisa de simpatía, de antipatía o fingida; cuándo un beso es de verdad; cuándo es genuina la expresión de afecto. De modo que los estímulos sociales son los más amplios de todos.


Ante la presencia de estímulos sociales emitimos respuestas derivadas de lo que percibimos, no obstante es difícil afirmar que éstas sean objetivas y congruentes con la “realidad” que observamos. Lo más probable es que exista una gran interpretación subjetiva de esta realidad.


1.4. Relación de la percepción con otros procesos básicos.

1.4.1. Atención: Selectividad Perceptiva:
La percepción como proceso básico esta relacionado con otros procesos, como la emoción, el lenguaje, el pensamiento, la motivación, el aprendizaje. Conforme a esto, los Psicólogos Sociales descubrieron la “selectividad perceptiva”, donde queda de manifiesto la imposibilidad de prestar atención a todos los estímulos que existen. El ser humano es incapaz de percibir todos los estímulos que están presentes, de modo que lo que hace la persona es discriminar entre los estímulos más relevantes y a no percibir aquellos que son irrelevantes. Un ejemplo de ello los vemos en los “estilos” de percepción femenina o masculina, donde las mujeres observan detalles que los hombres habitualmente no distinguen, de modo que existen factores sociales que alteran la percepción, en cuyo caso, siguiendo esta referencia, las mujeres tendrían más capacidad de observación que los hombres en algunos aspectos en los que ellas tienen un mayor interés o estimulación. Esta característica es aprendida en un proceso de socialización y garantiza claramente un comportamiento distinto entre hombres y mujeres.
Esta selectividad perceptiva afortunadamente nos permite concentrar nuestra atención en aquellos estímulos considerados como relevantes para procesar mejor la información. Por lo tanto distinguimos dos manifestaciones de la selectividad perceptiva:


  • La defensa perceptiva.

  • La acentuación perceptiva.


1.4.1.1. Defensa Perceptiva: “No hay peor sordo que el que no quiere oír”
La defensa perceptiva es una manifestación de la selectividad perceptiva, y consiste en la incapacidad de percibir estímulos desagradables, molestos, incompatibles con nuestros valores, nuestras actitudes, nuestras creencias, como prototipos de estímulos sociales. De modo que, por ejemplo si usted es de un partido político de extrema derecha, como la Unión Demócrata Independiente (UDI), le será difícil percibir virtudes en un comunista y viceversa. Cuesta encontrarle virtudes a los enemigos, de eso se trata la defensa perceptiva. Los psicólogos conscientes de este fenómeno deben conocer cuáles son los prejuicios y preferencias que le “nublen la vista”, que lo hagan más subjetivo.

La defensa es una variable dependiente de valores motivaciones e intereses personales y ocurre cuando los niveles de reconocimiento tienden a ser más altos cuando el estímulo es emotivo para un individuo. Ante este fenómeno la ciencia ha mantenido diferentes posturas, generando variadas y fuertes controversias.


Es así como el ser humano tiene la capacidad de bloquear información consciente que se opone a sus sistemas de valores; esta información parece ser capaz de evocar sentimientos o deseos y llamar la atención sin que el sujeto sepa qué está sucediendo.

Citando un ejemplo extraído de los planteamientos de la Psicología Humanista, Carl Rogers plantea que la defensa es muy similar a la descrita por Freud, exceptuando que Rogers la engloba en un punto de vista perceptivo, de manera que incluso los recuerdos y los impulsos son formas de percepción. Afortunadamente para nosotros, Rogers define solo dos defensas: negación y distorsión perceptiva.

La negación significa algo muy parecido a lo que significa en la teoría freudiana: bloqueas por completo la situación amenazante. Un ejemplo sería el de aquel que nunca se presenta a un examen, o que no pregunta nunca las calificaciones, de manera que no tenga que enfrentarse a las notas finales (al menos durante un tiempo). La negación de Rogers incluye también lo que Freud llamó represión: si mantenemos fuera de nuestra conciencia un recuerdo o impulso (nos negamos a recibirlo), seremos capaces de evitar la situación amenazante (otra vez, al menos por el momento).

La distorsión perceptiva es una manera de reinterpretar la situación de manera que sea menos amenazante. Es muy parecida a la racionalización de Freud. Un estudiante que está amenazado por las calificaciones y los exámenes puede, por ejemplo, culpar al profesor de que enseña muy mal. (Aquí también intervendría la proyección como defensa – según Freud- siempre y cuando el estudiante no se crea además capaz de superar exámenes por inseguridad personal.) El hecho de que en efecto existan malos profesores, hace que la distorsión sea más efectiva y nos pone en un aprieto para poder convencer a este estudiante de que los problemas son suyos, no del profesor. También podría darse una distorsión mucho más perceptiva como cuando uno “ve” la calificación mejor de lo que realmente es.
1.4.1.2. Acentuación perceptiva: “Ver debajo del agua”
La explicación de esta manifestación la podemos obtener de la celotipia (personas celosas). Estos individuos (hombres o mujeres), centran su atención en aspectos particulares de su interés. Esta acentuación dependerá de los valores, de las motivaciones humanas y de los intereses personales. Es por ello que se producen las deformaciones profesionales y/o ideológicas.
Por ejemplo:


  • Una persona feminista que anda viendo discriminación en todas partes.

  • El carabinero que se molesta por que un sujeto detenido tiene la polera con la bandera chilena, por el significado de respeto que para él reviste la bandera.

La acentuación perceptiva, así como la defensa perceptiva, muestran de qué manera son fenómenos influidos por aspectos sociales como los valores, las actitudes. En tal sentido, el hecho de ser católico, psicólogo, patriota, etc., influye en estos aspectos. Todos tenemos defensas y acentuaciones que producen distorsiones en la interpretación y en el procesamiento de la información.



1.4.2. Aprendizaje: Constancia Perceptiva.
Es la mejor demostración de cómo la percepción se relaciona con otros procesos básicos como el Aprendizaje. La constancia perceptiva demuestra cómo la percepción se relaciona con el aprendizaje, por cuanto es un fenómeno que consiste en que una vez incorporado, aprendidos los códigos (verbal, auditivo, visual), éstos permanecen inalterables y constantes aunque el estímulo varíe. Esta constancia perceptiva tiene las siguientes manifestaciones:


  • Constancia de Tamaño

  • Constancia de Forma

  • Constancia de Color



1.4.2.1. Constancia de tamaño:
Si tomamos un niño de cualquier raza y se le muestra un pájaro y se le pregunta de qué porte es, la respuesta va a ser que es muy pequeño. Aquí hay una diferencia entre ver y percibir, es decir, percibe con características diferentes porque el ya tiene el código incorporado, el ya ha visto un pájaro y esa imagen se mantiene inalterada, aunque el estímulo cambie de tamaño. Esa es la diferencia entre ver y percibir. Esto es equivalente al etiquetamiento que se hace a las personas. Esto implica que estamos ante un fenómeno muy importante puesto que significa la negación de las variaciones de las características del estímulo. Por ejemplo, si el niño ve un avión, objetivamente es percibido como pequeño, por la altura en que esta volando, sin embargo subjetivamente, el niño lo esta percibiendo del tamaño que realmente tiene el avión.
¿De qué tamaño es la luna?

1.4.2.2. Constancia de la forma:
Al mismo niño lo llevan al aeropuerto y ve aviones, cuando en realidad no hay un avión claramente visible en su forma. Puede decirse que el niño esta viendo algo que no existe, sin embargo, el ya tiene almacenada la información, respecto a la cual su percepción es distinta a su sensación. Esa es la diferencia entre sensación y percepción. Por eso cuando alguien esta medio confuso dice “tengo la sensación que ...”, manifestando duda al no tener claro el estímulo que enfrenta. Sin embargo, cuando hay mayor claridad, se dice “yo tengo la percepción de ...”. Por tanto, percepción es un cierto grado de procesamiento “racional” de información, en cambio sensación es algo de los sentidos que no logramos interpretar.
¿Usted esta viendo el mismo tipo de aves?





1.4.2.3. Constancia de color:
Por ejemplo: A un sujeto se le pone al frente una fruta, pero antes se le ponen unos lentes con vidrio azul. Con ellos el individuo ve la fruta azul. Luego apagan la luz y le ponen unos lentes verdes, con lo cual el sujeto ve la fruta verde. Luego apagaron la luz y al prenderla sin tener puesto ningún tipo de lentes, el individuo puede observar de que color es realmente la fruta (de color amarillo). Una vez hecho esto se le vuelven a poner los lentes de distintos colores, de uno a la vez y el sujeto verá la fruta de su color original. Esa es constancia de color, el hecho de haber aprendido el color real del objeto ya se mantiene en nuestra mente independientemente del tipo de filtro visual. La clave esta en que el individuo no conocía originalmente el color de la fruta, puesto que para el era desconocida.
1.4.3. Pensamiento y Lenguaje
La percepción se relaciona directamente con el pensamiento y el lenguaje, según se demuestra en al menos 3 líneas de investigación:

1.4.3.1. Relativismo Lingüístico (Benjamín Lee - Whorf & Edward Sapir)
La hipótesis Sapir-Whorf o del relativismo lingüístico parte del lingüista Wilhelm von Humboldt (1767-1835), el cual ya afirmaba que el Lenguaje media entre nosotros y el mundo, y que nosotros percibimos este último por medio de las categorías del primero. Aun más, la cultura también está estructurada por el Lenguaje, lo cual hace al Lenguaje el factor decisivo en lo que se refiere a las diferencias entre naciones (Acero et al., 1989).

En la primera mitad de nuestro siglo, Sapir-Whorf popularizaron una teoría sobre el lenguaje, que, en su versión dura o "determinismo lingüístico", afirmaba que nuestro pensamiento está determinado por las categorías que nos proporciona la lengua que hablamos y, en su versión blanda o "relativismo lingüístico", afirmaba que las diferencias entre las distintas formas de pensar que tienen las personas se deben a las distintas lenguas que hablan (Sapir, 1921; Whorf, 1956). Esta teoría atribuye al lenguaje poderes inmensos: nuestro pensamiento, nuestra percepción del mundo, nuestro saber sobre las cosas..., todo depende del lenguaje. Como ejemplos, baste recordar las famosas teorías del relativismo lingüístico sobre la percepción de objetos como el color o la nieve. Bajo esta premisa se sostiene que las personas dividen el espectro de color por distintas longitudes de onda según los nombres de colores que conocen y por consiguiente percibirán más o menos colores dependiendo de que tengan más o menos palabras en su vocabulario para designar colores del espectro. Un ejemplo de ello lo ofrece la diferencia entre un sujeto esquimal y un individuo accidental para referirse al color de la nieve, en cuyo caso podemos constatar que la lengua de los esquimales tiene muchos más vocablos para referirse a la nieve que las lenguas occidentales y, como consecuencia, los esquimales percibirían muchas más clases de nieve que un occidental.

B. L. Whorf enfatizó el papel constitutivo y configurador del pensamiento que ejerce el lenguaje. Whorf considera al lenguaje como una actividad reorganizadora y clasificante que, al operar sobre la experiencia sensible, conduce irrevocablemente a una determinada categorización y ordenación del mundo:

En realidad, el pensar es extremadamente misterioso, y la mayor luz que hemos podido arrojar sobre esta actividad procede del estudio del lenguaje. Este estudio muestra que las formas de los pensamientos de una persona son controladas por inexorables leyes de modelos, de las que ella es inconsciente. Estos modelos son las sistematizaciones, imperceptiblemente intrincadas, de su propio lenguaje, como queda suficientemente demostrado por una ingenua comparación y contraste con otras lenguas, especialmente con aquéllas que pertenecean a una familia lingüística diferente. Su pensamiento se lleva a cabo en una lengua, ya sea ésta el inglés, sánscrito o chino. Y cada lengua es un vasto sistema de modelos, unos diferentes de otros, en los que se hallan culturamente ordenadas las formas y categorías mediante las que no sólo se comunica la personalidad sino también se analiza la naturaleza, se nota o se rechazan tipos de relación y fenómenos, se canalizan los razonamientos y se construye la casa de la conciencia (Whorf, B. L., Lenguaje, pensamiento y realidad, Barcelona, Barral, 1971, p. 183)

En consecuencia, para estos autores, el lenguaje tiene un papel concreto que cumplir como constructo cultural que describe la realidad, de una forma precisa y única en cada comunidad, transmitiendo a los hablantes los criterios y priorizaciones que contiene en su estructura interna, y no otros.


No es necesario ser lingüista para ver que no es lo mismo hablar y pensar en español que en francés; de hecho, Martinét afirma que “...no hay nada propiamente lingüístico que no pueda diferir de una lengua a otra.” (Op. Cit., p. 31). La manera como una comunidad idiomática resuelve sus problemas para referir, la manera como enfrenta lingüísticamente el mundo que le corresponde vivir, se determina por el modelo que supone su idioma, molde que avala cierta forma de pensar y de ver la realidad.

Por o tanto, Benjamín Lee Whorf y Edward Sapir parten de estas ideas al proponer que el lenguaje sería un determinante de la forma de entender la realidad. Diferentes idiomas, como posibilidades de expresión, “autorizan” una organización de la realidad que es particular. De esto precisamente habla Whorf en su libro Lenguaje, Pensamiento y Realidad (1971) que “...las formas de los pensamientos de una persona son controladas por inexorables leyes de modelos, de las que ella es inconsciente. Estos modelos son las sistematizaciones, imperceptiblemente intrincadas, de su propio lenguaje...” (Ibíd., p. 283)


El pensamiento del individuo, ya sea que esté enfrentando la realidad, resolviendo un problema, o recorriendo su interior, se subordina, según esta teoría, al modelo de su lengua materna. El lenguaje propio deviene un patrón que de forma inconsciente señala un camino al hablante. Whorf dice respecto a la lengua que cada una es:

 

...un vasto sistema de modelos, unos diferentes de otros, en los que se hallan culturalmente ordenadas las formas y categorías mediante lo que no sólo se comunica la personalidad, sino también se analiza la naturaleza, se notan o se rechazan tipos de relación y fenómenos, se canalizan los razonamientos y se construye la casa de la conciencia. (Ibíd., p. 283).



 

Un ejemplo entregado por Whorf que ilustra muy bien parte de esta afirmación es el siguiente:

 

Nosotros decimos «mira esa ola» de la misma forma que decimos «mira esa casa». Pero sin la proyección del lenguaje nadie vería nunca una sola ola. Lo que vemos es una superficie que se encuentra en un movimiento ondulatorio siempre cambiante. Algunas lenguas no pueden decir «una ola»; y en este aspecto, se encuentran más cerca de la realidad. (Ibíd., p. 294).



 Hoy en día esta hipótesis está desacreditada. Los ejemplos en los que se basaron Sapir y Whorf son irreales. Por ejemplo, ellos decían que los amerindios Zuni no tenían vocablo diferente para el amarillo y el naranja y que eso tendría que condicionar su modo de pensar. La verdad es que no tienen vocablo, pero diferencian perfectamente el amarillo del naranja; lo que ocurre es que en su modo de vida la diferencia es irrelevante.

Otro ejemplo puede ser el de los muchos verdes que distinguen (en el lenguaje) los indios del Amazonas y los pocos que distinguimos nosotros. ¿Eso significa que no veamos los diferentes verdes? Obviamente, no. Lo que significa es que en nuestro modo de vida no es tan importante.

Una prueba del error de Sapir-Whof es que los traductores son capaces de verter lo que se dice en una lengua en otra.




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