La Doctrina Secreta 1



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R E S U M E N

“La Historia de la Creación y la de este Mundo, desde su

principio hasta el tiempo presente, está compuesta de

siete capítulos. El capítulo séptimo no ha sido escrito

todavía”.


T. SUBBA ROW (1).
El primero de estos “siete capítulos” ha sido intentado, y está ahora concluido. Por muy incompleto y débil que sea como exposición, de todos modos se aproxima -hablando en sentido matemático- a lo que constituye la base más antigua de todas las cosmogonías subsiguientes. Atrevida es la tentativa de expresar en una lengua europea el gran panorama de la Ley que eterna y periódicamente se manifiesta; Ley impresa en las mentes plásticas de las primeras Razas dotadas de Conciencia, por quienes la reflejaban de la Mente Universal; es empresa atrevida, porque ningún lenguaje humano, salvo el sánscrito -que es el de los Dioses-puede hacerlo con algún grado de exactitud. Pero teniendo en cuenta la intención, deben perdonarse a nuestra obra sus defectos.

Como conjunto, ni lo anterior ni lo que sigue se encontrará en su totalidad en parte alguna. No se enseña en ninguna de las seis escuelas indas de filosofía, puesto que pertenece a la síntesis de las mismas, a la séptima, que es la Doctrina Oculta. No se halla trazado en ningún papiro egipcio carcomido, ni grabado en ningún ladrillo, o muro de granito asirio. Los Libros de la Vedanta -la “última palabra del saber humano”- dan tan sólo el aspecto metafísico de esta cosmogonía del mundo; y su tesoro inapreciable, los Upanishads -siendo Upa-ni-shad una palabra compuesta que significa el dominio de la ignorancia por la revelación del conocimiento secreto y espiritual- requieren hoy la posesión de una llave maestra, para que el estudiante pueda hacerse cargo de su significación plena. La razón de esto me aventuro a exponerla aquí, tal como la aprendí de mi Maestro.

El nombre Upanishad es traducido en general como “doctrina esotérica”. Estos tratados forman parte del Shruti o Conocimiento “revelado”, la Revelación, en resumen, y están generalmente unidos a la porción brâhmana de los Vedas, como su tercera división.

(Ahora bien) los Vedas poseen una significación distinta y doble: una expresada por el sentido literal de las palabras; la otra indicada por el metro y el svara (entonación), que son como la vida de los Vedas... Sabios pandits y filólogos niegan, por supuesto, que el svara tenga nada que ver con la filosofía o las antiguas doctrinas esotéricas; pero la conexión misteriosa entre svara y luz es uno de sus secretos más profundos (2).


Existen 150 Upanishads enumerados por los orientalistas, que consideran a los más antiguos como escritos probablemente unos 600 años antes de nuestra Era; pero en cuanto a textos genuinos, no existen ni la quinta parte de aquel número. Los Upanishads son a los Vedas lo que la Kabalah es a la Biblia judía. Exponen y explican la significación secreta y mística de los textos védicos. Hablan del origen del Universo, de la naturaleza de la Deidad y del Espíritu y el Alma, así como también de la conexión metafísica entre la Mente y la Materia. en resumen: CONTIENEN el principio y el fin de todo Buddha. De no ser así, no podrían los Upanishads ser llamados esotéricos, desde el momento en que se encuentran hoy día bien a la vista, unidos a los Libros Sagrados brahmánicos; que en nuestros tiempos se han hecho accesibles, aun para los Mlechchhas (los sin casta) y para los orientalistas europeos. Una cosa hay en ellos -y se encuentra en todos los Upanishads-, la cual invariable y constantemente indica su antiguo origen, y prueba: (a) que algunas de sus partes fueron escritas antes que el sistema de castas se convirtiera en la institución tiránica que hoy existe; y (b) que la mitad de sus contenidos ha sido eliminada, a la vez que algunos de ellos fueron vueltos a escribir, y abreviados. “Los grandes Maestros del Saber superior y los brahmanes son siempre representados como yendo a los reyes Kshatriyas (casta militar), para convertirse en sus discípulos”. Según el profesor Cowell observa pertinentemente, los Upanishads “respiran un espíritu completamente diferente (de otros escritos brahmánicos); una libertad de pensamiento desconocida en ninguna obra más antigua, excepto en los himnos mismos del Rig Veda”. El segundo hecho se explica por una tradición registrada en uno de los manuscritos sobre la vida de Buddha. Dice que los Upanishads fueron originalmente unidos a sus brâhmanas, desde el principio de una reforma que condujo al exclusivismo del presente sistema de castas entre los brahmanes, pocos siglos después de la invasión de la India por los “Dos veces nacidos”. En aquellos días estaban completos, y se empleaban para la instrucción de los Chelas que estaban preparándose para la Iniciación.

Esto duró mientras los Vedas y los Brâhmanas permanecieron siendo única y exclusiva propiedad de los brahmanes del templo; mientras nadie más tenía el derecho de estudiarlos ni siquiera de leerlos, fuera de la casta sagrada. Vino entonces Gautama, el Príncipe de Kapilavastu. Después de haber aprendido la totalidad de la sabiduría brahmánica en los Rahasya o los Upanishads, y visto que las enseñanzas diferían muy poco o nada de las de los “Maestros de la Vida” residentes en las nevadas cordilleras de los Himalayas (3), indignado el Discípulo de los brahmanes de que la Sabiduría Sagrada fuese negada a todos menos a estos, decidió salvar al mundo entero, popularizándola. Entonces fue cuando viendo los brahmanes que sus Conocimientos Sagrados y Sabiduría Oculta iban cayendo en manos de los mlechchhas, abreviaron los textos de los Upanishads, que contenían en su origen tres veces la materia de los Vedas y Brâhmanas juntos, sin alterar, sin embargo, una palabra de los textos. Arrancaron simplemente de los manuscritos las partes más importantes, que contenían la última palabra en lo referente al Misterio de la Existencia. Desde entonces, la clave del código secreto brahmánico quedó en posesión de los iniciados tan sólo, y los brahmanes estuvieron así en situación de poder negar públicamente la exactitud de las enseñanzas de Buddha, apelando a sus Upanishads, acallados para siempre acerca de las cuestiones principales. Tal es la tradición esotérica, más allá de los Himalayas.

Sri Shankarâchârya, el más grande Iniciado viviente en los períodos históricos, escribió muchos Bhâshyas (Comentarios) acerca de los Upanishads. Pero sus tratados originales, como hay razones para suponer, no han caído todavía en manos de los filisteos; pues se hallan conservados con celo excesivo en sus monasterios (mathams). Y existen todavía razones mucho más importantes para hacernos creer que los inapreciables Bhâshyas acerca de la Doctrina Esotérica de los brahmanes, por el más grande de sus expositores, permanecerán siendo todavía, durante siglos, letra muerta para la mayor parte de los indos, excepto para los brahmanes Smârtava. Esta secta, fundada por Shankarâchârya, que es todavía muy poderosa en la India Meridional, en la actualidad es la única que produce estudiantes con los conocimientos suficientes para comprender la letra muerta de los Bhâshyas. La razón de esto es, según se me ha dicho, que ellos únicamente son los que tienen en ocasiones verdaderos iniciados a su cabeza, en sus mathams, como por ejemplo, en el Shringa-giri en los Ghâts occidentales de Mysore. Por otra parte, no existe ninguna secta en esa casta de los brahmanes tan desesperadamente exclusiva, que lo sea más que la Smârtava; y la reticencia de sus miembros en decir lo que saben, en cuanto a las ciencias ocultas y a la Doctrina Esotérica, es tan sólo igualada por su altivez y conocimientos.

Por tanto, la escritora de estas afirmaciones tiene que hallarse preparada de antemano para encontrar gran oposición, y aun la denegación de lo que presenta en esta obra. No es que exista pretensión alguna a la infalibilidad o a la exactitud perfecta en todos los detalles de cuanto se dice en ella. Los hechos a la vista están, y difícilmente pueden ser negados. Pero, debido a las dificultades intrínsecas de las materias que se tratan y a las limitaciones casi insuperables de la lengua inglesa, como de todos los demás idiomas europeos, para la expresión de ciertas ideas, es más que probable que la autora no haya logrado presentar las explicaciones en su forma mejor y más clara; aunque todo cuanto podía hacerse, bajo las más adversas circunstancias, ha sido hecho, y esto es lo más que puede exigirse a cualquier escritor.

Recapitulemos y, por lo vasto de los asuntos expuestos, se demostrará cuán difícil, si no imposible, es hacerles plena justicia.

1º La Doctrina Secreta es la Sabiduría acumulada de las Edades y, solamente su cosmogonía, es el más asombroso y acabado de los sistemas, aun velado como se encuentra en el exoterismo de los Purânas. Pero tal es el poder misterioso del simbolismo oculto, que los hechos que han ocupado a generaciones innumerables de videntes y profetas iniciados para ordenarlos, consignarlos y explicarlos al través de las intrincadas series del progreso evolucionario, se hallan todos registrados en unas pocas páginas de signos geométricos y símbolos. La contemplación luminosa de aquellos videntes ha penetrado en el centro mismo de la materia, y ha analizado el alma de las cosas, allí donde un profano ordinario, por sabio que fuese, tan sólo hubiera percibido la actuación externa de la forma. Pero la ciencia actual no cree en el “alma de las cosas”, y por lo tanto, desechará todo el sistema de la antigua cosmogonía. Inútil es decir que el sistema en cuestión no es fantasía de uno o de varios individuos aislados; que es el archivo no interrumpido durante millares de generaciones de videntes, cuyas experiencias respectivas se llevaban a efecto para comprobar y verificar las tradiciones, transmitidas oralmente de una raza antigua a otra, acerca de las enseñanzas de los Seres superiores y más exaltados que velaron sobre la infancia de la humanidad; que durante largas edades, los “Hombres Sabios” de la Quinta Raza, pertenecientes a los restos salvados y librados del último cataclismo y alteraciones de los continentes, pasaron sus vidas aprendiendo, no enseñando. ¿Cómo lo hacían? Se contesta: comprobando, examinando y verificando en cada uno de los departamentos de la Naturaleza las antiguas tradiciones, por medio de las visiones independientes de los grandes Adeptos; esto es, de los hombres que han perfeccionado hasta el mayor grado posible sus organizaciones físicas, mentales, psíquicas y espirituales. No era aceptada la visión de ningún Adepto hasta ser confrontada y comprobada por las visiones de otros Adeptos, obtenidas de modo que se presentasen como evidencia independiente y por siglos de experiencia.

2º La Ley fundamental en ese sistema, el punto central del que todo ha surgido alrededor y hacia el cual todo gravita, y del que depende toda su filosofía, es el PRINCIPIO SUBSTANCIAL, Uno, Homogéneo y Divino: la Causa Radical Única.
... Unos pocos, cuyas lámparas resplandecían más, han sido guiados

De causa en causa al manantial secreto de la Naturaleza,

Y han descubierto que debe existir un primer Principio...
Es llamado “Principio Substancial”, porque se convierte en “Substancia” en el estado del Universo manifestado: una ilusión, mientras continúa siendo un “Principio” en el ESPACIO visible e invisible, sin comienzo ni fin, abstracto. Es la Realidad omnipresente; impersonal, porque lo contiene todo y cada una de las cosas. Su impersonalidad es el concepto fundamental del sistema. Está latente en todos los átomos del Universo, y es el Universo mismo.

3º El Universo es la manifestación periódica de esta Esencia Absoluta y desconocida. Llamarla “Esencia” es, sin embargo, pecar contra el espíritu mismo de la filosofía. Porque aunque el nombre pueda ser derivación en este caso del verbo esse, “ser”, no obstante no puede identificarse con un “ser” de ninguna especie concebible por la humana inteligencia. Descríbese mejor AQUELLO como no siendo Espíritu ni Materia, sino ambas cosas a la vez. Parabrahman y Mûlaprakriti son UNO en realidad, si bien Dos en el concepto Universal del Manifestado, hasta en el concepto del Logos UNO, la primera “Manifestación”, al cual (como demuestra el sabio autor de las “Notas acerca del Bhagavad-Gitâ), “AQUELLO” aparece desde el punto de vista objetivo, como Mûlaprakriti, y no como Parabrahman; como su Velo, y no como la Realidad Una oculta tras del mismo, la cual es incondicionada y absoluta.

4º El Universo, con cada una de las cosas que contiene, es llamado Mâyâ, porque todo en él es temporal, desde la vida efímera de una mosca de fuego, hasta la del sol. Comparado con la eterna inmutabilidad del UNO, y con la inmutabilidad de aquel Principio, el Universo, con sus formas efímeras en cambio perpetuo, no debe ser necesariamente, para la inteligencia de un filósofo, más que un fuego fatuo. Sin embargo, el Universo es lo suficientemente real para los seres conscientes que en él residen, los cuales son tan ilusorios como lo es él mismo.

5º Cada una de las cosas en el Universo, al través de todos sus reinos, es consciente; esto es, se halla dotada de una conciencia de su especie propia y en su propio plano de percepción. Debemos tener presente que sólo porque nosotros no percibamos señal alguna de conciencia en las piedras, por ejemplo, no por eso tenemos derecho para decir que ninguna conciencia existe allí. No existe semejante cosa como materia “muerta” o “ciega”, como tampoco existe ninguna Ley “ciega” o “inconsciente”. Tales ideas no encuentran lugar alguno entre los conceptos de la Filosofía Oculta. Ésta jamás se detiene ante apariencias superficiales, y para ella poseen más realidad las esencias noumenales que sus contrapartes objetivas; pareciéndose en esto a los nominalistas de la Edad Media, para quienes los universales eran las realidades, y los particulares existían tan sólo de nombre y en la imaginación humana.



6º El universo es elaborado y dirigido de dentro afuera. Tal como es arriba es abajo, así en los cielos como en la tierra; y el hombre, el microcosmo y la copia en miniatura del macrocosmo, es el testimonio viviente de esta Ley Universal y de su manera de obrar. Vemos que cada movimiento externo, acción, gesto, sea voluntario o mecánico, orgánico o mental, es precedido y producido por un sentimiento o emoción internos, por la voluntad o volición, y por el pensamiento o mente. Pues ningún movimiento o cambio exterior, cuando es normal, en el cuerpo externo del hombre, puede tener lugar a menos que sea provocado por un impulso interno, comunicado por una de las tres funciones citadas; y lo mismo sucede con el Universo externo o manifestado. Todo el Kosmos es dirigido, vigilado y animado por series casi interminables de Jerarquías de Seres sencientes, teniendo cada uno de ellos una misión que cumplir, y quienes (ya se les llame por un nombre o por otro, Dhyân-Chohans o Ángeles) son “Mensajeros” en el sentido tan sólo de ser agentes de las Leyes Kármicas y Cósmicas. Varían hasta el infinito en sus grados respectivos de conciencia y de inteligencia; y el llamarlos a todos Espíritus puros, sin mezcla alguna terrena, “sobre la que el tiempo hará presa algún día”, es tan sólo tomarse una licencia poética. Pues cada uno de estos Seres, o bien fue o se prepara para convertirse en un hombre, si no en el presente Manvàntara, en uno de los pasados o en uno de los futuros. Cuando no son hombres incipientes, son hombres perfeccionados; y en sus esferas superiores menos materiales, difieren moralmente de los seres humanos terrestres tan sólo en que se hallan libres del sentimiento de la personalidad y de la naturaleza emocional humana: dos características puramente terrenas. Los primeros, o sea los “perfeccionados”, han quedado libres de aquellos sentimientos, porque (a) ya no poseen cuerpos carnales, carga siempre entorpecedora para el Alma; y (b) no encontrando obstáculos el elemento espiritual puro, o estando más libre, se hallan menos influidos por Mâyâ que el hombre, a menos que éste sea un Adepto que conserva sus dos personalidades (la espiritual y la física), separadas por completo. Las Mónadas incipientes, no habiendo tenido aún cuerpos humanos, no pueden tener ningún sentimiento de personalidad o de Ego-ísmo. Siendo lo que se pretende significar por “personalidad” una limitación y una relación, o como lo ha definido Coleridge, “la individualidad existente en sí misma, pero con una naturaleza como base”; la palabra no puede aplicarse, por supuesto, a entidades no humanas; pero como hecho acerca del cual insisten generaciones de Videntes, ninguno de estos seres, elevados o ínfimos, posee individualidad o personalidad como Entidades separadas, o sea en el sentido en que el hombre dice “Yo soy yo y nadie más”; en otras palabras, no tienen conciencia de tan manifiesta separación como existe en la tierra entre los hombres y entre las cosas. La Individualidad es la característica de sus respectivas Jerarquías, no de sus unidades; y estas características varían tan sólo con el grado del plano a que esas Jerarquías pertenecen; cuanto más próximo se halle a la región de la Homogeneidad y a lo Divino, tanto más pura y menos acentuada será la individualidad de aquella Jerarquía. Son finitas bajo todos sus aspectos, con la excepción de sus principios más elevados, las chispas inmortales que reflejan la Llama Divina Universal, individualizadas y separadas tan sólo en las esferas de la Ilusión por una diferenciación tan ilusoria como el resto. Ellas son “Los Vivientes”, puesto que son las corrientes proyectadas desde la Vida Absoluta sobre el lienzo cósmico de la Ilusión; Seres en quienes la vida no puede quedar extinguida antes que el fuego de la ignorancia sea extinguido en aquellos que sienten estas “Vidas”. Habiendo brotado a la existencia bajo el poder vivificante del Rayo increado -reflexión del gran Sol central que radia sobre las orillas del Río de la Vida-, el Principio Interno en ellos es lo que pertenece a las Aguas de la inmortalidad, al paso que su vestidura diferenciada es tan perecedera como el cuerpo del hombre. Por lo tanto, razón tenía Young al decir que
Los ángeles son hombres de una especie superior...
y nada más. No son los Ángeles “ministros” ni “protectores”, ni son tampoco “Heraldos del Altísimo”, y todavía menos los “Mensajeros de la Cólera” de ningún Dios, tal como los creados por la imaginación humana. Apelar a su protección es una necedad tan grande como la de figurarse que se puede alcanzar su simpatía gracias a cualquier especie de propiciación; pues ellos, lo mismo que el hombre, son los esclavos y criaturas de la Ley Kármica Cósmica inmutable. La razón para ello es evidente. No poseyendo elemento alguno de personalidad en su esencia, no pueden estar dotados de cualidades personales ningunas, tales como las que los hombres, en sus religiones exotéricas, atribuyen a su Dios antropomórfico (un Dios celoso y exclusivo que se regocija y siente cólera, que se complace con sacrificios y que es más despótico en su vanidad que cualquier hombre frívolo y finito). El hombre, siendo un compuesto de las esencias de todas estas Jerarquías celestiales, puede, como tal, lograr hacerse superior, en un sentido, a cualquier Jerarquía o Clase, y hasta a una combinación de las mismas. “El hombre no puede ni propiciar ni mandar a los Devas” -se ha dicho-. Pero, paralizando su personalidad inferior, y llegando con ello al pleno conocimiento de la no-separatividad de su Propio Superior y Absoluto SER, puede el hombre, aun durante su vida terrestre, llegar a ser como “Uno de Nosotros”. Así, alimentándose del fruto del saber que disipa la ignorancia, es como el hombre se convierte en uno de los Elohim, o Dhyânis; y una vez en su plano, el Espíritu de Solaridad y de Armonía perfecta que reina en cada Jerarquía debe extenderse sobre él y protegerle en todos sentidos.

La dificultad principal que impide a los hombres de ciencia creer en los espíritus divinos, así como en los de la Naturaleza, es su materialismo. El principal obstáculo que ante sí encuentra el espiritista, y que le impide creer en lo mismo, conservando a la vez una creencia ciega en los “Espíritus” de los difuntos, es la ignorancia general en que se halla todo el mundo (excepto algunos ocultistas y kabalistas) respecto a la verdadera esencia y naturaleza de la Materia. En la aceptación o no aceptación de la teoría de la Unidad de todo en la Naturaleza, en su última Esencia, es en lo que principalmente se apoya la creencia o la incredulidad en la existencia en torno nuestro de otros seres conscientes, además de los Espíritus de los muertos. En la justa comprensión de la Evolución primitiva del Espíritu-Materia, y de su esencia real, es en lo que tiene el estudiante que apoyarse para la mejor dilucidación de la Cosmogonía Oculta, y para obtener la única clave segura que puede guiarle en sus estudios subsiguientes.

A la verdad, según se acaba de mostrar, cada uno de los llamados “Espíritus” es o bien un hombre descarnado o un hombre futuro. Así como desde el Arcángel más elevado (Dhyân Chohan) hasta el último Cosntructor consciente (la clase inferior de Entidades Espirituales), todos ellos son hombres que han vivido evos ha, durante otros Manvántaras, en esta o en otras Esferas; asimismo los Elementales inferiores, semiinteligentes y no inteligentes, son todos hombres futuros. El hecho tan sólo de que un Espíritu se halle dotado de inteligencia, es una prueba para el ocultista de que aquel Ser debe haber sido un hombre, y adquirido su saber e inteligencia al través del ciclo humano. Sólo existe una Omnisciencia e Inteligencia indivisible y absoluta en el Universo, y ésta vibra al través de cada uno de los átomos y de los puntos infinitesimales de todo el Kosmos, que carece de límites, y al que las gentes llaman Espacio, considerado independientemente de cualquiera de las cosas que en él se hallan contenidas. Pero la primera diferenciación de su reflexión en el Mundo manifestado es puramente Espiritual, y los Seres generados en la misma no se hallan dotados de una conciencia que tenga relación con aquella que nosotros concebimos. No pueden poseer conciencia o inteligencia humanas antes que la hayan adquirido personal e individualmente. Puede ser esto un misterio; sin embargo, es un hecho para la Filosofía Esotérica, y muy aparente por cierto.

Todo el orden de la Naturaleza demuestra una marcha progresiva hacia una vida superior. Existe designio en la acción de las fuerzas, al parecer más ciegas. La evolución completa con sus adaptaciones interminables, es una prueba de ello. Las leyes inmutables que hacen desaparecer a las especies débiles, para hacer lugar a las fuertes, y que aseguran la “supervivencia de los más aptos”, aunque resulten tan crueles en su acción inmediata, obran todas en dirección de la gran meta final. El hecho mismo de que tienen lugar adaptaciones; de que los más aptos son los que sobreviven en la lucha por la existencia, demuestra que lo llamado “Naturaleza inconsciente” es, en realidad, un conjunto de fuerzas manipuladas por seres semiinteligentes (Elementales), guiados por Elevados Espíritus Planetarios (Dhyân Chohans), cuya agregación colectiva forma el Verbo manifestado del Logos Inmanifestado y constituye a la vez la Mente del Universo y su Ley inmutable.

La Naturaleza tomada en su sentido abstracto, no puede ser “inconsciente”; pues es la emanación de la Conciencia Absoluta, y por tanto, un aspecto suyo en el plano de la manifestación. ¿Dónde está el atrevido que niegue a la vegetación y aun a los minerales una conciencia propia especial? Todo cuanto puede decir, es que esta conciencia se halla más allá de los límites de su comprensión.

Tres distintas representaciones del Universo, en sus tres distintos aspectos, imprime en nuestro pensamiento la Filosofía Esotérica: la Preexistente, desenvuelta de la Siempre existente, y la Fenomenal - el mundo de la ilusión, la reflexión, la sombra de la anterior. Durante el gran misterio y drama de la vida, conocido con el nombre de Manvántara, el Kosmos real es como los objetos colocados tras de un lienzo blanco, sobre el cual proyectan sombras. Las figuras y cosas verdaderas permanecen invisibles, mientras los hilos de la evolución son manejados por manos también invisibles. Los hombres y las cosas son, así, sólo las reflexiones en el campo blanco de las realidades que se hallan tras las asechanzas de Mahâmâyâ o la Gran Ilusión. Esto era enseñado en toda filosofía y en toda religión, tanto antes como después del Diluvio, en la India y en la Caldea; tanto por los Sabios chinos como por los griegos. En los dos primeros países eran alegorizados estos tres Universos, en las enseñanzas exotéricas, por las tres Trinidades, emanando del Germen eterno central, y constituyendo con él una Unidad Suprema: la Tríada inicial, la manifestada y la creadora, o los Tres en Uno. La última es tan sólo el símbolo, en su expresión concreta, de las dos primeras ideales. De aquí que la Filosofía Esotérica pase por encima de lo obligado de esta concepción puramente metafísica, y que llame sólo a la primera la Siempre Existente. Ésta es la opinión de cada una de las seis grandes escuelas de la filosofía inda; los seis principios de aquel cuerpo unido de la Sabiduría, del cual la Gnosis, el Saber oculto, es el séptimo.

Quien estas líneas escribe, espera que, por muy superficialmente que se hayan comentado las Siete Estancias, se ha dicho ya lo suficiente en esta parte cosmogónica de la obra para demostrar que las enseñanzas arcaicas son, en su propia esfera, más científicas (en el moderno sentido de la palabra) que cualquier otra de las antiguas Escrituras, consideradas y juzgadas por sus aspectos exotéricos. Sin embargo puesto que, como se ha declarado antes, la obra presente reserva mucho más que expone, se invita al estudiante a que emplee su propia intuición. Nuestro principal deseo es dilucidar lo que ya ha sido dado, y muy incorrectamente en ocasiones, lo cual deploramos; suplir con materias adicionales cuando y como sea posible, los conocimientos sugeridos antes, y proteger nuestras doctrinas de los ataques demasiado violentos del sectarismo moderno, y más especialmente del Materialismo de los últimos tiempos, con mucha frecuencia llamado erróneamente Ciencia, mientras que, en realidad, tan sólo las palabras “sabios” y “semisabios” deberían asumir la responsabilidad de las muchas teorías ilógicas ofrecidas al mundo. En su gran ignorancia, el público, al paso que acepta ciegamente cada una de las cosas emanadas de “autoridades”, y considera como un deber mirar cada dictum procedente de un hombre de ciencia como un hecho probado; al público, decimos, se le enseña a burlarse de todo cuanto se presenta como procedente de orígenes “paganos”. Por lo tanto, como a los sabios materialistas sólo puede combatírseles con sus propias armas (las de la controversia y el argumento), se incluye un Addendum a cada volumen, contrastando las respectivas opiniones, y demostrando cómo, hasta las grandes autoridades, pueden errar con frecuencia. Creemos que esto puede ser eficaz, haciendo ver los puntos débiles de nuestros contrarios, y probando que sus sofismas harto frecuentes, que se hacen pasar como dicta científica, son inexactos. Nosotros nos atenemos a Hermes y a su “Sabiduría”, en su carácter universal; ellos, a Aristóteles, en contra de la intuición y de la experiencia de los tiempos, imaginando que la verdad es propiedad exclusiva del mundo occidental. De aquí la desavenencia. Como dice Hermes: “El conocimiento difiere mucho del sentido; porque el sentido es de cosas que le sobrepujan; pero el conocimiento es el fin del sentido”, esto es, de la ilusión de nuestro cerebro físico y de su inteligencia; marcando así fuertemente el contraste entre el saber laboriosamente adquirido de los sentidos y de la mente (Manas), y la omnisciencia intuitiva del Alma Espiritual y Divina (Buddhi).

Cualquiera que sea el destino que el porvenir remoto reserve a estos escritos, esperamos haber probado los hechos siguientes.


1º La Doctrina Secreta no enseña Ateísmo alguno, excepto en el sentido que encierra la palabra sánscrita Nâstika, no admisión de los ídolos, incluyendo a todo Dios antropomórfico. En este sentido, todos los ocultistas son Nâstikas.
2º Admite un Logos o un “Creador” Colectivo del Universo; un Demiurgo en el sentido que se implica al hablar de un “Arquitecto” como “Creador” de un edificio, aunque el Arquitecto no ha tocado jamás una piedra del mismo, sino que habiendo proporcionado el plano, deja todo el trabajo manual a los obreros; en nuestro caso, el plano fue proporcionado por la Ideación del Universo, y el trabajo de construcción quedó a cargo de las Huestes de Fuerzas y de Poderes inteligentes. Pero aquel Demiurgo no es una deidad personal, esto es, un Dios extracósmico imperfecto, sino sólo la colectividad de los Dhyân Chohans y de las demás Fuerzas.
3º Los Dhyân Chohans son dobles en sus caracteres, estando compuestos de (a) la Energía bruta irracional, inherente en la Materia, y (b) el Alma inteligente, o Conciencia cósmica, que guía y dirige a aquella energía, y es el Pensamiento Dhyân Chohánico, reflejando la Ideación de la Mente Universal. El resultado es una serie perpetua de manifestaciones físicas y de efectos morales en la Tierra, durante los períodos manvantáricos, estando todo subordinado a Karma. Como este proceso no es siempre perfecto; y puesto que por muchas que sean las pruebas que exhiba de una Inteligencia directora tras del velo, no por eso dejan de presentarse brechas y grietas, y aun con mucha frecuencia fracasos evidentes, por tanto, ni la Hueste colectiva (el Demiurgo), ni individualmente ninguno de los Poderes que actúan, son temas a propósito para el culto u honores divinos. Todos tienen derecho, sin embargo, a la reverencia agradecida de la Humanidad; y el hombre debe esforzarse siempre en favorecer la evolución divina de las Ideas, convirtiéndose, en todo lo que pueda, en cooperador de la Naturaleza, en su trabajo cíclico. Sólo el siempre ignorado e incognoscible Kârana, la Causa sin Causa de todas las causas, es quien debe poseer su tabernáculo y su altar en el recinto santo y jamás hollado de nuestro corazón; invisible, intangible, no mencionado, salvo por “la voz tranquila y queda” de nuestra conciencia espiritual. Quienes le rinden culto, deben hacerlo en el silencio y en la soledad santificada de sus Almas; haciendo a su Espíritu único mediador entre ellos y el Espíritu Universal, siendo sus buenas acciones los únicos sacerdotes, y sus intenciones pecaminosas las únicas víctimas visibles y objetivas sacrificadas a la Presencia.

“Y cuando ores, no seas como los hipócritas... sino entra en tu cámara interna, y cerrada la Puerta, ora a tu Padre en secreto” (4). Nuestro Padre se halla dentro de nosotros “en secreto” nuestro séptimo Principio en la “cámara interna” de la percepción de nuestra alma. “El Reino de Dios” y de los Cielos se halla dentro de nosotros -dice Jesús- y no fuera. ¿Por qué permanecen los cristianos tan en absoluto ciegos al significado de suyo evidente de las palabras de sabiduría que se complacen en repetir mecánicamente?

4º La Materia es Eterna. Es el Upâdhi o Base Física, para que en ella construya la Mente Universal e Infinita, sus ideaciones. Por lo tanto, sostienen los esoteristas que no existe en la Naturaleza ninguna materia “muerta” o inorgánica, siendo la distinción que entre las dos ha establecido la Ciencia, tan infundada como arbitraria y desprovista de razón. Sea lo que quiera lo que la Ciencia piense -y la Ciencia exacta es mujer voluble, como todos sabemos por experiencia-, el Ocultismo sabe y enseña lo contrario, como lo ha hecho desde tiempo inmemorial, desde Manu y Hermes hasta Paracelso y sus sucesores.

Así Hermes, el Tres veces Grande, dice:


¡Oh hijo mío! la materia llega a ser; primeramente era; porque la materia es el vehículo para la transformación. El venir a ser es el modo de actividad del Dios increado o previsor. Habiendo sido dotada la materia (objetiva) con los gérmenes de la transformación, es conducida al nacimiento; pues la fuerza creadora la moldea de acuerdo con las formas ideales. La Materia, todavía no engendrada, no tenía forma; ella llega a ser cuando es puesta en acción (5).
A esto, la difunta Anna Kingsford, la hábil traductora y compiladora de los Fragmentos Herméticos, dijo en una nota:
El Dr. Menard hace observar cómo en griego la misma palabra significa nacer y venir a ser. La idea es aquí, que el material del mundo es en su esencia eterno, pero que antes de la creación o del “venir a ser” se halla en una condición pasiva o inmóvil. Así es que “era”, antes de ser puesto en operación; ahora “llega a ser”, esto es, es móvil y progresivo.
Y añade ella la siguiente doctrina, puramente vedantina, de la filosofía hermética:
La Creación es, por lo tanto, el período de actividad (Manvántara) de Dios, quien según el pensamiento hermético (o lo que según el vedantino) posee dos modos: Actividad o Existencia, Dios desenvuelto (Deus explicitus); y Pasividad del Ser (Pralaya), Dios envuelto (Deus explicitus). Ambos modos son perfectos y completos, como lo son los estados de vela y de sueño en el hombre. Fichte, el filósofo alemán, distinguía el Ser (Sein) como Uno, que conocemos sólo por medio de la existencia (Dasein), como el Múltiple. Esta opinión es enteramente hermética. Las “Formas Ideales”... son las ideas arquetípicas o formativas de los neoplatónicos; los conceptos eternos y subjetivos de las cosas subsistentes en la Mente Divina antes de la “creación” o llegar a ser.
O, como en la filosofía de Paracelso:
Todas las cosas son el producto de un esfuerzo universal creador... Nada existe muerto en la Naturaleza. Todas las cosas son orgánicas y vivas, y por lo tanto el mundo entero parece ser un organismo viviente (6).
5º El Universo ha sido desarrollado de su plan ideal, sostenido al través de la Eternidad en la Inconsciencia de lo que los vedantinos llaman Parabrahman. Esto es prácticamente idéntico a las conclusiones de la filosofía occidental más elevada, “las Ideas innatas, eternas y existentes por sí mismas” de Platón, reflejada ahora por Von Hartmann. Lo “Incognoscible”, de Herbert Spencer, sólo tiene un parecido muy débil con aquella Realidad trascendente en que creen los ocultistas, apareciendo con frecuencia tan sólo como la personificación de una “fuerza tras de los fenómenos” (una Energía infinita y eterna, de la cual todas las cosas han procedido); al paso que el autor de la Filosofía de lo Inconsciente se ha aproximado tanto (en este sentido únicamente) a la solución del gran Misterio, como puede hacerlo un mortal. Pocos han sido, ya sea en la filosofía antigua o en la de la Edad Media, los que se han atrevido a tratar de la cuestión o sugerirla siquiera. Paracelso la menciona incidentalmente, y sus ideas se hallan de modo admirable sintetizadas por el Dr. F. Hartmann, M. S. T., en su Paracelsus, que acabamos de citar.

Todos los kabalistas cristianos han comprendido bien la idea oriental fundamental. El Poder activo, el “Movimiento Perpetuo del gran Aliento” despierta el Cosmos a la aurora de cada nuevo Período, poniéndolo en movimiento por medio de las dos Fuerzas contrarias, la centrípeta y la centrífuga, que son lo masculino y lo femenino, positivo y negativo, físico y espiritual, constituyendo las dos la Fuerza Primordial una, y siendo de este modo causa de que se objetive en el plano de la Ilusión. En otras palabras, este movimiento doble transfiere el Cosmos desde el plano del Ideal eterno al de la manifestación finita, o desde lo Noumenal a lo Fenomenal. Todas las cosas que son, eran y serán, SON eternamente, hasta las mismas Formas innumerables, que son finitas y perecederas tan sólo en su aspecto objetivo, pero no en su forma ideal. Ellas han existido como Ideas en la Eternidad, y cuando desaparezcan, existirán como reflexiones. El Ocultismo enseña que no puede darse a nada ninguna forma, sea por la Naturaleza o por el hombre, cuyo tipo ideal no exista ya en el plano subjetivo. Más aún: que ninguna forma o figura es posible que entre en la conciencia del hombre, o se desenvuelva en su imaginación, que no exista en prototipo, al menos como una aproximación. Ni la forma del hombre, ni la de ningún animal, planta o piedra, ha sido jamás “creada”; y tan sólo en este nuestro plano es donde ha comenzado a “venir a ser”, esto es, a objetivarse en su estado material presente o expansionarse de dentro hacia afuera: desde la esencia más sublimada y suprasensible, hasta su aspecto el más denso. Por lo tanto, nuestras formas humanas han existido en la Eternidad como prototipos astrales o etéreos: con arreglo a cuyos modelos, los Seres Espirituales o Dioses, cuyo deber era traerlas a la existencia objetiva y vida terrestre, desarrollaron las formas protoplásmicas de los Egos futuros, de su propia esencia. Después de lo cual, cuando este Upâdhi o molde fundamental humano estuvo dispuesto, las Fuerzas terrestres naturales comenzaron a actuar sobre aquellos moldes suprasensibles, que contenían, además de sus elementos propios, los de todas las formas pasadas vegetales y futuras animales de este Globo. Por lo tanto, la envoltura exterior del hombre ha pasado por cada uno de los cuerpos vegetales y animales, antes de asumir la forma humana. Como esto será plenamente descrito en los volúmenes III y IV, en los Comentarios, no es necesario hablar más aquí acerca de ello.

Según la filosofía hermético-kabalística de Paracelso, el Yliaster o proto-materia primordial -el antecesor precisamente del Protilo recién nacido, introducido en la química por Mr. Crookes- es el que de sí mismo desenvolvió el Cosmos.
Cuando la creación (evolución) tuvo lugar, el Yliaster se dividió; se fundió y se disolvió, por decirlo así, desarrollando (de dentro) de sí mismo el Ideos o Caos (Misterium Magnum, Iliados, Limbus Mayor o Materia Primordial). Esta Esencia Primordial es de una naturaleza monística y se manifiesta no sólo como actividad vital o fuerza espiritual, poder oculto incomprensible o indescriptible, sino también como materia vital de que se compone la substancia de los seres vivientes. En este Limbus o Ideos de materia primordial..., única matriz de todas las cosas creadas, hállase contenida la substancia de todas las cosas. Los antiguos la describen como el Caos... del cual surgió a la existencia el Macrocosmo, y después cada ser separadamente, por división y evolución en Mysteria Specialia (7). Todas las cosas y todas las substancias elementales estaban contenidas en él, in potentia, pero no in actu (8).
Esto hace observar con justicia el traductor, Dr. F. Hartmann, que “parece como si Paracelso se hubiese anticipado al moderno descubrimiento de la “potencia de la materia” hace trescientos años”.

Este Magnus Limbus o Yliaster de Paracelso es, pues, sencillamente, nuestro antiguo amigo “Padre-Madre”, dentro, antes de que apareciese en el Espacio. Es la Matriz Universal del Cosmos, personificada en el carácter doble del Macrocosmo y Microcosmo, o el Universo y nuestro Globo (9), por Aditi-Prakriti, la Naturaleza espiritual y física. Pues vemos explicado en Paracelso que:


El magnus Limbus es el semillero del cual todas las criaturas se han desarrollado, del mismo modo que de una semilla diminuta se desarrolla un árbol; con la diferencia, sin embargo, de que el gran Limbus tiene su origen en la Palabra de Dios, al paso que el Limbus menor (la semilla o esperma terrestre) lo tiene en la tierra. El gran Limbus es el germen del cual todos los seres han procedido, y el pequeño Limbus es cada uno de los seres últimos en reproducir su forma, y que ha sido a su vez producido por el grande. El pequeño posee todas las cualidades del grande, en el mismo sentido que un hijo tiene una organización similar a la de su padre... Cuando... Yliaster se disolvió, Ares, el poder divisor, diferenciador e individualizador (Fohat, otro antiguo amigo)... comenzó a obrar. Toda producción tuvo lugar a consecuencia de la separación. Del Ideos fueron producidos los elementos del Fuego, Agua, Aire y Tierra, cuyo nacimiento, sin embargo, no tuvo lugar de un modo material o por simple separación, sino espiritual y dinámicamente (ni siquiera por combinaciones complejas, esto es, mezcla mecánica como opuesta a combinación química), así como puede brotar el fuego de un pedernal, o un árbol de una semilla, aunque no existan originalmente ni fuego en el guijarro, ni árbol en la semilla. “El Espíritu es viviente, y la “Vida es Espíritu”; y Vida y espíritu (Prakriti-Purusha (?)) producen todas las cosas, pero son esencialmente uno y no dos...”. Los elementos también tienen cada uno su propio Yliaster, porque toda la actividad de la materia en cada forma, es tan sólo un efluvio de la misma fuente. Pero así como de la semilla se desarrollan las raíces con sus fibras, después el tronco con sus ramas y sus hojas, y por fin las flores y semillas; del mismo modo nacieron todos los seres de los Elementos, y se componen de substancias elementales, de la que otras formas pueden venir a la existencia, presentando los caracteres de sus padres (10). Los elementos, como madres de todas las criaturas, son de una naturaleza invisible, espiritual, y tienen alma (11). Brotan todos del Mysterium Magnum.
Compárese esto con el Vishnu Purâna:
De Pradhâna (la Substancia Primordial), presidida por Kshetrajna (“el espíritu encarnado” (?)), procede el desarriollo desigual (Evolución) de aquellas cualidades... Del gran Principio (Mahat) Inteligencia (Universal, o Mente)... procede el origen de los elementos sutiles y de los órganos del sentido... (12).
Puede demostrarse de este modo que todas las verdades capitales de la Naturaleza eran universales en la antigüedad; y que las ideas fundamentales referentes al Espíritu, a la Materia y al Universo, o acerca de Dios, de la Substancia y del Hombre, eran idénticas. estudiando las dos filosofías religiosas más antiguas del mundo, el hinduísmo y el hermetismo, en las escrituras de la India y de Egipto, se observa fácilmente la identidad de las dos.

Esto resulta claro para el que lea la última traducción y versión de los “Fragmentos Herméticos” antes mencionados por nuestra amiga la Dra. Anna Kingsford, cuya pérdida deploramos. Desfigurados y torturados como han sido, durante su paso por manos sectarias griegas y cristianas, la traductora, con mucho ingenio e intuición, ha tomado los puntos débiles y ha procurado remediarlos por medio de explicación y de notas. Dice ella:


La creación del mundo visible por los “dioses activos” o Titanes, como agentes del Dios Supremo (13), es una idea completamente hermética, que se puede reconocer en todos los sistemas religiosos, y en armonía con las modernas investigaciones científicas (?), las cuales nos presentan en todas partes al Poder Divino operando por medio de las fuerzas naturales.
Y citando de la traducción:
Aquel Ser Universal que es y contiene todo, pone en movimiento el alma y el Mundo, todo cuanto la Naturaleza comprende. En la múltiple unidad de la vida universal, las individualidades innumerables distinguidas por sus variaciones, están, sin embargo, unidas de tal manera, que el conjunto es uno, y que todo procede de la Unidad (14).
Y de otra traducción, tomamos:
Dios no es una mente sino la causa de que la Mente exista; no un espíritu , sino la causa del espíritu; no es luz sino la causa de la Luz (15).
Lo anterior demuestra claramente que el “Divino Pymander”, por muy desfigurado que haya sido en algunos párrafos con “pulimentos” cristianos, fue, sin embargo, escrito por un filósofo, al paso que la mayor parte de los llamados “Fragmentos Herméticos” son producción de sectarios paganos, con tendencia hacia un Ser Supremo antropomórfico. Sin embargo, ambos son el eco de la Filosofía Esotérica y de los Purânas indos.

Compárense dos invocaciones, una al “Supremo Todo” hermético, la otra al “Supremo Todo” de los arios posteriores. Dice un Fragmento Hermético citado por Suidas:


Yo te imploro, ¡oh Cielo!, obra santa del gran Dios; yo te imploro, Voz del Padre pronunciada en el principio, cuando el mundo universal fue formado; yo te imploro por la Palabra, Hijo único del Padre, que sostiene todas las cosas; sé favorable, sé favorable (16).
Esto viene después de lo que sigue:
Así, la Luz Ideal era antes que la Luz Ideal, y la luminosa Inteligencia de la Inteligencia era siempre, y su unidad no era más que el Espíritu envolviendo al Universo, Fuera de Quien (del cual), no hay ni Dios, ni Ángeles, ni ningunos otros esenciales, porque Él (Ello) es el Señor de todas las cosas, y el Poder y la Luz; y todo depende de Él (Ello), y está en Él (Ello).
Esto se contradice por el mismo Trismegisto, a quien se hace decir:
Hablar de Dios es imposible. Pues lo corpóreo no puede expresar lo incorpóreo... Lo que no posee cuerpo ni apariencia, ni forma, ni materia, no puede ser comprendido por los sentidos. Yo comprendo, Tatios, comprendo, que lo imposible de definir, eso es Dios (17).
La contradicción entre ambos párrafos es evidente; y esto demuestra (a) que Hermes era un seudónimo genérico, usado por una serie de generaciones de místicos de toda especie; y (b) que es necesario gran discernimiento antes de aceptar un Fragmento como enseñanza esotérica, tan sólo porque sea innegablemente antiguo. Comparemos lo anterior con la invocación aparecida en las Escrituras indas -tan antiguas, indudablemente, si no mucho más que aquéllas-. Parâshara, el “Hermes” ario, instruye a Maitreya, el Asclepios indo, e invoca a Vishnu en su triple hipóstasis:
Gloria al inmutable, al santo, al eterno y supremo Vishnu, de naturaleza universal, el poderoso sobre todo; a aquel que es Hiranyagarbha, Hari y Shankara (Brahmâ, Vishnu y Shiva), el creador, el conservador y el destructor del mundo; a Vâsudeva, el libertador (de sus adoradores); a aquel cuya esencia es a la vez, simple y múltiple; que es a un tiempo sutil y corpóreo, continuo discreto; a Vishnu, causa de la emancipación final; gloria a Vishnu, supremo, causa de la creación de la existencia y del fin de ese mundo; que es la raíz del mundo y que está formado por el mundo (18).

Ésta es una gran invocación, llena en el fondo de significación filosófica; pero, para las masas profanas, sugiere tanto un Ser antropomórfico como la oración hermética. Debemos respetar el sentimiento que ha dictado a las dos; pero no podemos menos de encontrarlas en completo desacuerdo con su significación interna, y hasta con lo que se halla en el mismo tratado hermético, en que se dice:


Trismegisto: La Realidad no existe sobre la tierra, hijo mío, y no puede existir allí... Nada es real sobre la tierra; tan sólo existen apariencias... El (Hombre) no es real, hijo mío, como hombre. Lo real consiste únicamente en sí mismo, y permanece lo que es... El hombre es transitorio; por lo tanto, no es real; él es tan sólo apariencia y apariencia es la ilusión suprema.

Tatios: Entonces, ¿los mismos cuerpos celestes no son reales, padre mío, puesto que también varían?

Trismegisto: Lo sujeto a nacimiento y al cambio no es real...; existe en ellos cierta falsedad, porque también ellos son variables...

Tatios: ¿Y qué es, pues, la Realidad primordial, oh Padre mío?

Trismegisto: Quien (Lo que) es único y solo, ¡oh Tatios! Quien (Lo que) no está constituido por la materia, ni está en cuerpo alguno. Quien (Lo que) no tiene ni color ni forma, ni cambia, ni es transmitido, pero que siempre Es (19).
Esto está por completo conforme con las enseñanzas vedantinas. El pensamiento principal es oculto; y muchos son los párrafos en los Fragmentos Herméticos que pertenecen a la Doctrina Secreta.

Esta última enseña que todo el Universo está regido por Fuerzas y Poderes inteligentes y semiinteligentes, como se ha sentado desde el principio. La Teología cristiana admite y aun impone la creencia en ellos, pero establece entre los mismos una división arbitraria, llamándolos “Ángeles” y “Demonios”. La Ciencia niega la existencia de ambos, y ridiculiza hasta la idea. Los espiritistas creen en los “Espíritus de los Muertos”, y fuera de estos, niegan la existencia de ninguna otra especie o clase de seres invisibles. Los ocultistas y kabalistas son, por lo tanto, los únicos expositores racionales de las antiguas tradiciones, que han culminado ahora en fe dogmática por una parte, y en negaciones dogmáticas, por la otra. Pues ambas, creencia e incredulidad, comprenden tan sólo una pequeñísima parte de los horizontes infinitos de las manifestaciones espirituales y físicas; y por tanto ambas tienen razón desde sus puntos de vista respectivos, y ambas se hallan en el error al creer que pueden circunscribir la totalidad dentro de sus propios estrechos límites especiales, pues jamás podrán hacerlo. En este punto la Ciencia, la Teología y aun el Espiritismo muestran bien poca más sabiduría que el avestruz, cuando oculta la cabeza en la arena a sus pies, creyendo que nada puede existir más allá de su propio punto de observación y del área limitada que ocupa su estúpida cabeza.

Como las únicas obras que en la actualidad existen acerca del asunto en cuestión, al alcance del profano perteneciente a las razas “civilizadas” de Occidente, son los libros o más bien Fragmentos Herméticos anteriormente mencionados, podemos, en el caso presente, contrastarlos con las enseñanzas de la Filosofía Esotérica. Hacer otras citas con este objeto sería inútil, desde el momento que el público nada sabe acerca de las obras caldeas traducidas al árabe que se hallan en posesión de algunos Iniciados sufis. Por lo tanto, hay que recurrir, para la comparación, a las “Definiciones de Asclepios”, tal como han sido últimamente compiladas y glosadas por Mrs. Anna Kingsford, M. S. T., algunas de cuyas sentencias coinciden de una manera notable con la Doctrina Esotérica oriental. Aunque no son pocos los párrafos que presentan la impresión marcada de una mano cristiana posterior, sin embargo, en conjunto, las cualidades características de los Genios y de los Dioses son las de las enseñanzas orientales, aunque en lo referente a otras cosas existen párrafos que difieren ampliamente de nuestras doctrinas.

En cuanto a los Genios, los filósofos herméticos llamaban Theoi (Dioses), Genios y Daimones a aquellas entidades que nosotros llamamos Devas (Dioses), Dhyân Chohans, Chitkala (el Kwan-Yin de los buddhistas) y otros varios nombres. Los Daimones son (en el sentido socrático aun en el sentido teológico, oriental y latino) los espíritus guardianes de la raza humana; “los que residen en la vecindad de los inmortales, velando desde allí sobre los asuntos humanos” -como dice Hermes-. Esotéricamente son llamados Chitkala, algunos de los cuales son los que han proporcionado al hombre sus Principios cuarto y quinto de su propia esencia; y otros son los llamados Pitris. Esto será explicado cuando lleguemos a la producción del hombre completo. La raíz del nombre es Chit, “aquello por lo cual las consecuencias de las acciones y las especies de conocimiento son elegidas para el uso del alma” o conciencia, la voz interna en el hombre. Entre los Yogis, Chit es sinónimo de Mahat, la Inteligencia primera y divina; pero en la Filosofía Esotérica, Mahat es la raíz de Chit, su germen; y Chit es una cualidad de Manas en conjunción con Buddhi; una cualidad que atrae a sí, por afinidad espiritual, a un Chitkala, cuando se desarrolla suficientemente el hombre. Por esto se dice que Chit es una voz que adquiere vida mística y se convierte en Kwan-Yin.


EXTRACTOS DE UN COMENTARIO PRIVADO, HASTA EL

PRESENTE SECRETO (20)


XVII. La Existencia Inicial en el primer Crepúsculo del Mahâmanvantara (después del Mahâpralaya que sigue a cada edad de Brahmâ) es una CUALIDAD ESPIRITUAL CONSCIENTE. En los mundos manifestados (Sistemas Solares) existe, en su Subjetividad Objetiva, a manera del velo de un Soplo Divino, ante la mirada del vidente extasiado. Se difunde en cuanto sale de Laya (21) al través del Infinito, como un fluido espiritual incoloro. Hállase en el Séptimo plano, y en su Séptimo estado, en nuestro Mundo Planetario (22).

XVIII. Es Substancia para NUESTRA visión espiritual. No puede ser llamada así por los hombres en su estado de vigilia; y por lo tanto, en su ignorancia, la han denominado “Espíritu de Dios”.

XIX. Existe en todas partes y forma el primer Upâdhi (Cimiento) sobre el cual nuestro Mundo (Sistema Solar) está construido. Fuera de este último, sólo puede encontrarse en su prístina pureza entre (los Sistemas Solares o) las Estrellas del Universo, los mundos ya formados o formándose; permaneciendo mientras tanto en su seno los que se hallan todavía en Laya. Como su substancia es de una especie diferente de la conocida en la Tierra, y los habitantes de esta última ven AL TRAVÉS DE ELLA, creen, en su ilusión e ignorancia, que es un espacio vacío. No existe ni el grueso de un dedo (angula) de Espacio vacío, en todo el Ilimitado (Universo)...

XX. La Materia o Substancia es septenaria en nuestro mundo, como lo es más allá del mismo. Además, cada uno de sus estados o principios está graduado en siete rangos de densidad. Sûrya (el Sol), en su reflexión visible, exhibe el primero o estado más inferior del séptimo, el orden más elevado de la PRESENCIA Universal, lo puro de lo puro, el primer Hálito manifestado del Siempre Inmanifestado Sat (Seidad). Todos los Soles centrales físicos u objetivos son en su substancia el estado más inferior del primer principio del Hálito. Ninguno de ellos es más que la Reflexión de sus Primarios, que están ocultos a las miradas de todos menos a las de los Dhyân Chohans, cuya substancia corpórea pertenece a la quinta división del séptimo principio de la Substancia Madre, y es, por lo tanto, cuatro grados más elevada que la substancia solar reflejada. Así como existen siete Dhâtu (substancias principales en el cuerpo humano), del mismo modo existen siete Fuerzas en el Hombre y en la Naturaleza entera.

XXI. La esencia real del Oculto (Sol) es un núcleo de la Substancia Madre (23). Es el Corazón y la Matriz de todas las Fuerzas vivientes y existentes en nuestro Universo Solar. Es la Pepita desde la cual comienzan a desplegarse en sus jornadas cíclicas todos los Poderes que ponen en acción a los Átomos, en sus deberes funcionales, y el Foco dentro del cual se reúnen de nuevo en su Séptima Esencia cada undécimo año. Aquel que te diga que ha visto al Sol, ríete de él (24), como si hubiese dicho que el Sol se mueve realmente en su curso diurno...

XXIII. En razón de su naturaleza septenaria, hablan los antiguos del Sol como del que es arrastrado por siete caballos iguales a los metros de los Vedas; o también, que, aun cuando se le identifica con los siete Gana (Clases de Seres) en su orbe, es distinto de ellos (25), como lo es en verdad; así como también que tiene Siete Rayos, como los tiene verdaderamente.

XXV. Los Siete Seres que están en el Sol, son los Siete Santos, nacidos por sí mismos del poder inherente en la Matriz de la Substancia Madre. Ellos son quienes envían las siete Fuerzas principales, llamadas Rayos, que al principio del Pralaya se concentrarán en siete nuevos Soles para el próximo Manvántara. La energía, de la cual ellos surgen a la existencia consciente en cada Sol, es lo que algunos llaman Vishnu, que es el Aliento de lo ABSOLUTO.

Nosotros le llamamos la Vida Única Manifestada - en sí una reflexión del Absoluto...

XXVII. A este último jamás se le debe mencionar en palabras o discursos, NO SEA QUE ARREBATE ALGUNAS DE NUESTRAS ENERGÍAS ESPIRITUALES, que aspiran hacia ELLO, como gravita, cósmicamente, todo el universo físico hacia SU centro manifestado.

XXVIII. La primera (la Existencia Inicial), que puede denominarse, durante este estado de existencia, la VIDA UNA, es, según se ha explicado, un velo para propósitos creativos o formativos. Se manifiesta en siete estados, los cuales, con sus subdivisiones septenarias, constituyen los Cuarenta y Nueve Fuegos mencionados en los libros sagrados.

XXIX. El primero es la... “Madre” (MATERIA Prima). Separándose por sí en sus siete estados primarios, procede cíclicamente hacia abajo; cuando se consolida en su ÚLTIMO principio como MATERIA DENSA (26), gira en torno de sí misma, y anima con la séptima emanación del último, al elemento primero y más inferior (la serpiente mordiéndose su propia cola). En una Jerarquía, u Orden de Existencia, la séptima emanación de su último principio, es:

(a) En el Mineral, la Chispa que en él se halla latente, y es llamada a su vida transitoria por lo Positivo despertando a lo Negativo (y así sucesivamente)...

(b) En la Planta, es aquella Fuerza vital e inteligente que anima a la semilla y la desenvuelve en la hoja de hierba, o la raíz y al renuevo. Es el germen que se convierte en el Upâdhi de los siete principios del ser en que reside, lanzándolos al exterior a medida que el último crece y se desarrolla.

(c) En todos los Animales, hace lo mismo. Es su Principio de vida y su poder vital; su instinto y cualidades; sus características e idiosincrasias especiales...

(d) Al Hombre, le da todo cuanto concede a las demás unidades manifestadas en la Naturaleza; pero desarrolla además en él, la reflexión de todos sus “Cuarenta y nueve Fuegos”. Cada uno de sus siete principios es un heredero universal y un partícipe de los siete principios de la “Gran Madre”. El hálito de su primer principio es su Espíritu (Âtmâ). Su segundo principio es Buddhi (Alma) . Nosotros le llamamos, erróneamente, el séptimo. El tercero le provee de la Materia Cerebral en el plano físico y de la Mente que la mueve (que es el Alma Humana -H. P. B.)- según sus capacidades orgánicas.

(e) Es la Fuerza directora de los Elementos cósmicos y terrestres. Reside en el Fuego sacado de su estado latente a la existencia activa; pues la totalidad de las siete subdivisiones del... principio, reside en el Fuego terrestre. Gira en la brisa, sopla con el huracán y pone al aire en movimiento, el cual elemento participa también de uno de sus principios. Procediendo cíclicamente, regula el movimiento del agua, atrae y repele a las olas (27) de acuerdo con leyes fijas, de las cuales su séptimo principio es el alma animadora.

(f) Sus cuatro principios superiores contienen el Germen que se desarrolla convirtiéndose en los Dioses Cósmicos; sus tres inferiores producen las Vidas de los Elementos (Elementales).

(g) En nuestro Mundo Solar, la Existencia Una es los Cielos y la Tierra, la Raíz y la Flor, la Acción y el Pensamiento. Está en el Sol, y está del mismo modo presente en la luciérnaga. Ni un átomo puede escapar a la misma. Por lo tanto, los antiguos Sabios la han llamado, acertadamente, el Dios manifestado en la Naturaleza...

Puede ser interesante en relación con esto, recordar al lector lo que dice T. Subba-Row acerca de las referidas Fuerzas, definidas místicamente:
Kanyâ (el sexto signo del Zodíaco, o Virgo) significa una virgen y representa a Shakti o Mahâmâyâ. El signo en cuestión es el sexto Râshi o división, e indica que existen seis fuerzas primarias en la Naturaleza (sintetizadas por la Séptima)...
Estas Shakti son como sigue:
Parâshaki. - Literalmente la fuerza o poder grande o supremo. Significa e incluye los poderes de la luz y del calor.
Jnânashakti. - Literalmente el poder de la inteligencia, de la sabiduría o conocimiento verdadero. Tiene dos aspectos:
I. Lo que sigue son algunas de sus manifestaciones, cuando está colocada bajo la influencia o el dominio de condiciones materiales: a) el poder de la mente para interpretar nuestras sensaciones; b) su poder para recordar ideas pasadas (memoria), y para originar expectaciones futuras; c) su poder tal como se exhibe en lo que llaman los psicólogos modernos “las leyes de asociación”, que le permite formar relaciones persistentes entre varios grupos de sensaciones y de posibilidades de sensaciones, generando así la noción o idea de un objeto externo; d) su poder para relacionar nuestras ideas por medio del lazo misterioso de la memoria, generando así la noción del yo o individualidad.
II. Las siguientes son algunas de sus manifestaciones cuando se libertan de los lazos de la materia.
a) Clarividencia; b) Psicometría.
Ichchhâshakti. - Literalmente el poder de la voluntad. Su manifestación más ordinaria es la generación de ciertas corrientes nerviosas, que ponen en movimiento los músculos que se requieren para llevar a efecto el fin deseado.
Kriyâshakti. - El poder misterioso del pensamiento que le permite producir resultados externos perceptibles, fenomenales, gracias a su propia energía inherente. Sostenían los antiguos que cualquier idea se manifestará al exterior, si la atención de uno se halla profundamente concentrada sobre ella. Del mismo modo una volición intensa será seguida por el resultado apetecido.

Un Yogui generalmente verifica sus maravillas por medio de Ichchahâshakti y de Kryâshakti.


Kundalini Shakti. - El poder o fuerza que se mueve en forma serpentina o en curvas. Es el Principio Universal de vida, manifestándose en todas partes en la Naturaleza. Esta fuerza incluye las dos grandes fuerzas de atracción y de repulsión. La electricidad y el magnetismo son tan sólo manifestaciones de la misma. Éste es el poder que lleva a efecto aquella “continuidad continua de las relaciones internas con las relaciones externas”, que es la esencia de la vida según Herbert Spencer, y “la conformidad continua de las relaciones externas con las relaciones internas”, que es el fundamento de la transmigración de las almas, Punarjanman (Renacimiento), en las doctrinas de los filósofos indos.

Un Yogui debe subyugar por completo este poder o fuerza, antes de que pueda alcanzar Moksha.

Mantrikâshakti. - Literalmente la fuerza o poder de las letras, el lenguaje o la música. Todo el antiguo Mantra Shâstra se ocupa, como asunto, de esta fuerza en todas sus manifestaciones... La influencia de su música es una de sus manifestaciones ordinarias. El poder maravilloso del nombre inefable es la corona de esta Shakti.

La ciencia moderna ha investigado tan sólo en parte la primera, segunda y quinta de las fuerzas anteriormente citadas; pero se halla por completo en la obscuridad en lo referente a los poderes restantes. Las seis fuerzas son representadas en su unidad por la Luz Astral. (Dvaiviprakriti, la Séptima, la luz del Logos) (28).


Cítase lo anterior para hacer ver las verdaderas ideas indas acerca del asunto. Todo ello es esotérico si bien no comprende ni la décima parte de lo que podría decirse. Por ejemplo los seis nombres de las seis fuerzas mencionadas son los de las seis Jerarquías de Dhyân Chohans, sintetizadas por su Primaria, la séptima, que personifica al Quinto Principio de la Naturaleza Cósmica, o la “Madre” en su sentido místico. La enumeración tan sólo de los Poderes del Yoga exigiría diez volúmenes. Cada una de estas Fuerzas posee a su cabeza una Consciente Entidad viviente, de la cual es una emanación.

Pero comparemos las palabras de Hermes, el Tres Veces Grande, con el Comentario citado antes:


La creación de la vida por el sol es tan continua como su luz; nada la detiene ni la limita. En torno de él, a manera de un ejército de satélites, existen innumerables coros de Genios. Estos residen en la vecindad de los Inmortales, y desde allí velan sobre los asuntos humanos. Ellos cumplen la voluntad de los Dioses (Karma), por medio de temporales, calamidades, transiciones de fuego y terremotos, igualmente por medio de hambres y guerras, para el castigo de la impiedad... (29).

El sol es quien conserva y alimenta a todas las criaturas; y así como el Mundo Ideal que rodea al mundo sensible llena a este último con la plenitud y variedad universal de las formas, del mismo modo el sol, comprendiéndolo todo en su luz, lleva a efecto en todas partes el nacimiento y el desarrollo de las criaturas... “Bajo sus órdenes se halla el coro de los Genios, o más bien los coros, pues allí hay muchos y diversos, y su número corresponde al de las estrellas. Cada estrella posee sus Genios, buenos y malos, por naturaleza, o más bien por su acción; pues la acción es la esencia de los Genios...”. Todos estos Genios presiden sobre los asuntos mundanos (30); ellos sacuden y derriban la constitución de los estados y de los individuos; ellos imprimen su parecido en nuestras almas, ellos están presentes en nuestros nervios, en nuestra médula, en nuestras venas, en nuestras arterias y en nuestra substancia cerebral... En el momento en que uno de nosotros recibe vida y ser, queda a cargo de los Genios (Elementales) que presiden sobre los nacimientos (31), y que se hallan clasificados bajo los poderes astrales (Espíritus astrales sobrehumanos). Ellos cambian perpetuamente no siempre de un modo idéntico, sino girando en círculos (32). Ellos impregnan, por medio del cuerpo, dos porciones del Alma, para que pueda recibir de cada una la impresión de su propia energía. Pero la parte racional del Alma no se halla sujeta a los Genios; hállase designada para la recepción de (el) Dios (33), que la ilumina con un rayo de sol. Los iluminados así son pocos en número, y los Genios se abstienen de ellos; pues ni los Genios ni los Dioses poseen poder ninguno en presencia de un solo rayo de Dios (34). Pero todos los demás hombres, tanto en cuerpo como en alma, son dirigidos por Genios a quienes se adhieren, y a cuyas acciones afectan... Los Genios poseen, pues, el dominio de las cosas mundanas, y nuestros cuerpos les sirven de instrumentos (35).


Lo anterior, salvo algunos puntos sectarios, representa lo que fue creencia universal, común a todas las naciones, hasta hace un siglo poco más o menos. Es todavía igualmente ortodoxo en sus líneas y rasgos generales tanto entre los paganos como entre los cristianos, a excepción de unos pocos materialistas y hombres de ciencia.

Pues ya se llame a los genios de Hermes y a sus “Dioses” “Poderes de las Tinieblas” y “Ángeles”, como en las Iglesias griega y latina; o “Espíritus de los Muertos”, como en el Espiritismo; o Bhûts, Devas, Shaitan y Djin, como son todavía llamados en la India y en los países musulmanes -todos ellos son una y la misma cosa- ILUSIÓN. Sin embargo, no quisiéramos que lo dicho se comprendiese erróneamente, en el sentido en que la gran doctrina filosófica de los vedantinos ha sido últimamente alterada por escuelas occidentales.

Todo cuanto es, emana de lo ABSOLUTO, que, por razón de esta calificación tan sólo, permanece como única realidad; de aquí que cada una de las cosas extrañas a este Absoluto, el Elemento causativo y generador, debe ser una ilusión sin género alguno de duda. Pero esto es así sólo desde el punto de vista puramente metafísico. Un hombre que se considera sano mentalmente, y que por tal es tenido por los demás, llama asimismo desvaríos e ilusiones a las visiones de un hermano loco (alucinaciones que pueden hacer a la víctima muy feliz o en extremo desgraciada, según el caso). Pero, ¿dónde se halla el loco para quien las sombras horribles de su trastornada mente, sus ilusiones, no sean para él entonces tan efectivas y reales como las cosas que puedan ver su médico o su enfermero? Todo es relativo en este Universo; todo es ilusión. Pero la experiencia de cualquier plano es efectiva para el ser que percibe, y cuya conciencia pertenece a aquel estado; a pesar de que dicha experiencia, mirada desde un punto de vista puramente metafísico, puede considerarse que no tiene ninguna realidad objetiva. Pero no es contra los metafísicos, sino contra los físicos y materialistas, contra quienes la enseñanza Esotérica tiene que combatir; y para estos últimos, la Fuerza Vital, la Luz, el Sonido, la Electricidad y aun la fuerza tan objetivamente marcada del Magnetismo, no poseen existencia alguna objetiva, y se dice que existen únicamente como “modos de movimiento”, “sensaciones y afecciones de la materia”.

Ni los ocultistas en general, ni los teósofos, desechan, como creen algunos erróneamente, las opiniones y teorías de los sabios modernos, sólo porque sus opiniones estén en oposición con la Teosofía. La primera regla de nuestra Sociedad es dar al César lo que es del César. Los teósofos, por lo tanto, son los primeros en reconocer el valor intrínseco de la Ciencia. Pero cuando sus sumos sacerdotes resuelven la conciencia en una secreción de la materia gris del cerebro, y cada una de las cosas que en la Naturaleza existen en un modo de movimiento, protestamos contra la doctrina por antifilosófica, contradictoria en sí misma, y sencillamente absurda, mirada desde un punto de vista científico, tanto y aun más que desde el aspecto oculto del saber esotérico.

Porque a la verdad la Luz Astral de los tan ridiculizados kabalistas, posee secretos extraños y misteriosos para quien puede ver en ella; y los misterios ocultos en lo interior de sus ondas incesantemente perturbadas, allí permanecen, a pesar de la colectividad entera de materialistas y de burlones.

La Luz Astral de los kabalistas es muy inexactamente traducida por algunos como “Éter”; confundiendo al último con el Éter hipotético de la Ciencia; y a ambos hacen referencia algunos teósofos, presentándolos como sinónimos de Âkâsha. Esto es un gran error.

El autor de A Rational Refutation escribe lo siguiente, auxiliando así inconscientemente al Ocultismo:
Un rasgo característico del Âkâsha servirá para demostrar cuán erróneamente es representado por el “éter”. En dimensión es... infinito; no se halla constituido de partes; y el color, el sabor, el olor y la tangibilidad no le pertenecen. Hasta este punto corresponde exactamente al tiempo, al espacio, a Îshvara (el “Señor”, pero más bien la potencia creadora y el alma- Anima mundi), al alma. Su especialidad comparada con la anterior, consiste en ser la causa material del sonido. A no ser por esto, podría considerarse como la vacuidad (36).
Es vacuidad, sin duda alguna, especialmente para los racionalistas. De todos modos, el Âkâsha, es seguro que produce la vacuidad en el cerebro de un materialista. Sin embargo, aunque el Âkâsha no es el Éter de la Ciencia (ni siquiera el Éter del ocultista, que lo define sólo como uno de los principios del Âkâsha), es ciertamente, junto con su primario, la causa del sonido; causa psíquica y espiritual, de ningún modo causa material. Las relaciones del Éter al Âkâsha pueden ser definidas aplicando a ambos, Âkâsha y Éter, las palabras usuales del Dios en los Vedas: “Así él mismo era a la verdad (su propio) hijo”; el uno siendo la producción del otro, y sin embargo, él mismo. Puede ser esto un difícil enigma para el profano, pero muy fácil de comprender para cualquier indo, aunque no sea místico.

Estos secretos de la Luz Astral, juntamente con muchos otros misterios, permanecerán como no existentes para los materialistas de nuestros tiempos, del mismo modo que América era un mito sin realidad para los europeos durante los primeros tiempos de la Edad Media, a pesar de que escandinavos y noruegos habían llegado a aquel antiquísimo “Nuevo Mundo”, hacía varios siglos, y se habían establecido. Pero, así como nació un Colón para redescubrir y para obligar al Antiguo Mundo a que creyese en los países de los antípodas, del mismo modo nacerán sabios que descubrirán las maravillas que hoy pretenden los ocultistas que existen en las regiones del Éter, con sus varios y multiformes habitantes y Entidades conscientes. Entonces, nolens volens, la Ciencia tendrá que aceptar la antigua “superstición”, como lo ha hecho con varias otras. Y una vez se haya visto forzada a aceptarla, sus sabios profesores, según toda probabilidad -a juzgar por la experiencia pasada, como en el caso del Mesmerismo y Magnetismo, ahora rebautizado como Hipnotismo-, apadrinarán la cosa y rechazarán el nombre. La elección del nombre nuevo dependerá, a su vez, de los “modos de movimiento” (el nuevo nombre de los muy antiguos “procesos físicos automáticos entre las fibrillas nerviosas del (científico) cerebro” de Moleschott), y es también muiy probable que dependa de lo último que haya comido quien invente el nombre, desde el momento en que, según el fundador del nuevo Esquema Hylo-Idealista, “cerebración es genéricamente lo mismo que quilificación (37). ¡Así, si hubiera de creerse en esta proposición descabellada, el nombre nuevo de la verdad arcaica dependería de la inspiración del hígado del bautizante, y sólo entonces tendrían estas verdades una posibilidad de convertirse en científicas!



Pero por desagradable que sea a las mayorías, generalmente ciegas, la VERDAD ha tenido siempre sus campeones, dispuestos a morir por ella, y no son los ocultistas quienes protestarán en contra de su adopción por la Ciencia bajo cualquier nombre nuevo. Pero hasta que sean en absoluto impuestas al conocimiento y aceptación de los hombres de ciencia, muchas verdades ocultas serán rechazadas, como lo han sido los fenómenos de los espiritistas y otras manifestaciones psíquicas, para ser finalmente apropiadas por sus ex detractores sin el menor reconocimiento y sin dar las gracias. El Nitrógeno ha tenido gran importancia para los conocimientos químicos; pero a Paracelso, su descubridor, le llaman hoy “charlatán”. Cuán profundamente ciertas son las palabras de H. T. Buckle, en su admirable History of Civilization, cuando dice:
Debido a circunstancias todavía desconocidas (provisión Kármica), aparecen de tiempo en tiempo grandes pensadores que, consagrando sus vidas a un propósito único, son capaces de anticiparse a los progresos de la humanidad y de producir una religión o filosofía, por medio de la cual se producen eventualmente efectos importantes. Pero si echamos una ojeada a la historia, claramente veremos que, aun cuando el origen de una opinión nueva pueda ser debida así a un solo hombre, el resultado que la nueva opinión produce dependerá de la condición de las gentes entre quienes se propague. Si se trata de una religión o de una filosofía que esté muy por encima de una nación, no puede prestarle ningún servicio contemporáneo; necesita su tiempo (38) hasta que las inteligencias se hallen maduras para su recepción... Cada ciencia, cada creencia ha tenido sus mártires. Según el curso ordinario de las cosas, algunas generaciones desaparecen, y viene después un período en el cual estas verdades mismas se contemplan como hechos vulgares, y poco después viene otro período durante el cual se las declara necesarias, y aun las inteligencias más obtusas se admiran de que puedan haber sido negadas alguna vez (39).
Es muy posible que las mentes de las generaciones actuales no estén del todo maduras para la recepción de las verdades ocultas. Tal será, quizás, la visión retrospectiva, que contemplarán los pensadores avanzados de la Sexta Raza Raíz, de la historia de la aceptación plena e incondicional de la Filosofía Esotérica. Mientras tanto, las generaciones de nuestra Quinta Raza continuarán extraviadas por sus prejuicios y preocupaciones. Las ciencias ocultas se encontrarán con el dedo del desprecio que las señala, y todos procurarán ridiculizarlas y aplastarlas, en nombre y para mayor gloria del Materialismo y de su llamada Ciencia. Estos volúmenes, sin embargo, presentan como contestación anticipada a varias de las objeciones científicas futuras, las posiciones respectivas y verdaderas del acusador y del acusado. A teósofos y ocultistas les acusa la opinión pública, que mantiene todavía izada la bandera de las ciencias inductivas. Estas últimas tienen, pues, que ser examinadas; y debe mostrarse hasta qué punto sus adelantos y descubrimientos en el reino de las leyes naturales se oponen, no tanto a lo que pretendemos, como a los hechos de la Naturaleza. Ha sonado ya la hora de ver si los muros de la Jericó moderna son tan inexpugnables, que ningún son de la trompeta ocultista puede hacerlos derrumbar.

Debe examinarse cuidadosamente todo lo que se refiera a las llamadas “Fuerzas”, principalmente la Luz y la Electricidad, y la constitución del globo solar, así como también las teorías referentes a la gravitación y a las nebulosas. La naturaleza del Éter y de otros elementos debe ser discutida, contrastando las enseñanzas científicas con las ocultistas, y revelando al mismo tiempo algunos de los principios del Ocultismo, hasta la fecha secretos.

Hará unos quince años, quien estas líneas escribe era la primera en repetir, como los kabalistas, los sabios Preceptos del Catecismo Esotérico:
Cierra tu boca, no sea que hables de esto (el misterio), y tu corazón, no sea que pienses en alta voz; y si tu corazón se te ha escapado, ponlo otra vez en su lugar, porque tal es el objeto de nuestra alianza (40).
Y también, de las Reglas de la Iniciación.
Éste es un secreto que da la muerte; cierra tu boca, no sea que lo reveles al vulgo; comprime tu cerebro, no sea que algo se escape del mismo y vaya a los profanos.
Pocos años después, una punta del Velo de Isis tuvo que levantarse; y ahora se ha hecho en él otro desgarrón mayor.

Pero los antiguos errores sancionados por el tiempo -esos que se hacen cada día más claros y evidentes- permanecen formados en batalla lo mismo ahora que entonces. Dirigidos por un conservadorismo ciego, por la vanidad y por las preocupaciones, hállanse constantemente en acecho, dispuestos a estrangular a cualquier verdad que, despertando de su largo sueño de siglos, reclame la admisión. Tal ha sido el caso siempre, desde que el hombre se ha animalizado. Que esto, en toda ocasión, da la muerte moral a los reveladores que manifiestan a la luz cualquiera de estas antiguas, muy antiguas verdades, es tan cierto como que da la Vida y la Regeneración a aquellos que se hallan dispuestos a aprovechar hasta lo poco que en la actualidad se les revela.







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