La Doctrina Secreta 1



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2. Imagen del Hombre. Cuerpo Astral. Linga Sharira.

3. Mikael. El principio Solar. Vida. Prâna.

4. Samael. Sede de las Pasiones y Deseos animales. Kâma.

5. Nephesh. Mediador Plástico. Manas.

6. Ruach. Alma Espiritual. Buddhi.

7. Neshamah. Espíritu puro. Âtmâ.


Lévi llama Nephesh a lo que nosotros llamamos Manas, y viceversa. Nephesh es el Soplo de Vida (animal) en el hombre, el Soplo de Vida instintivo en el animal; y Manas es la Tercer Alma -humana en su aspecto luminoso, y animal en su relación con Samael o Kâma- Nephesh es, en realidad, el “Soplo de Vida” (animal) insuflado en Adán, el Hombre de Barro; por consiguiente, es la Chispa Vital, el Elemento animador. Sin Manas, el “Alma Razonadora” o Mente -la cual, en el diagrama de Lévi, es llamada erróneamente Nephesh-, Âtmâ-Buddhi es irracional en este plano, y no puede actuar. Buddhi es el Mediador Plástico; y no Manas, el medio inteligente entre la Tríada Superior y el Cuaternario Inferior. Pero muchas son las transformaciones extrañas y curiosas que se encuentran en las obras kabalísticas; prueba convincente de que esta literatura se ha convertido en un deplorable embrollo. Nosotros no aceptamos la clasificación sino sólo en su relación, para mostrar los puntos de acuerdo.

Vamos ahora a exponer en forma tabular lo que el muy cauto Eliphas Lévi dice en explicación de su Diagrama, y lo que la Doctrina Esotérica enseña; comparando ambas cosas. Lévi hace también una distinción entre la Pneumática oculta y la kabalística.


Dice Eliphas Lévi, el kabalista: Dicen los teósofos:
PNEUMÁTICA KABALÍSTICA PNEUMÁTICA ESOTÉRICA
1. El Alma (o Ego) es una luz velada, y 1. Lo mismo; porque es Âtmâ-Buddhi-Manas.

esta luz es triple.

2. Neshamah. - El Espíritu puro. 2. Lo mismo (56).
3. Ruach. - El Alma o Espíritu. 3. El Alma Espiritual.
4. Nephesh. - El Mediador Plástico 4. El Mediador entre el espíritu y el Hombre, el

(57). Asiento de la Razón, la Mente, en el hombre.


5. La vestidura del Alma es la corteza 5. Exacto.

(cuerpo) de la Imagen (Alma Astral).


6. La imagen es doble, porque refleja 6. Esto es inútilmente demasiado apocalíptico.

el bien y el mal. ¿Por qué no decir que lo astral refleja lo mis-

mo al hombre bueno que al malo; al hombre

que o bien siempre tiende hacia la Tríada su-

perior, o si no, desaparece con el Cuaterna-

rio?
7. (Imagen; Cuerpo). 7. La Imagen Terrestre.


PNEUMÁTICA OCULTA PNEUMÁTICA OCULTA

(Según Eliphas Lévi) (Según los ocultistas)


1. Nephesh es inmortal, pues renueva 1. Manas es inmortal, porque después de cada

su vida por la destrucción de las nueva encarnación, añade a Âtmâ-Buddhi

formas. algo de sí mismo; y así, asimilándose a la

(Pero Nephesh, el “Soplo de Vida”, Mónada, participa de su inmortalidad.

es un nombre erróneo y una confu-

sión inútil para el estudiante).


2. Ruach progresa por la evolución de 2. Buddhi se convierte en consciente, por lo que

las ideas (!?). se asimila de Manas, a la muerte del hombre,

después de cada nueva encarnación.
3. Neshamah es progresivo, sin olvido 3. Âtmâ, ni progresa, ni olvida, ni recuerda. No

ni destrucción. pertenece a este plano: es tan sólo el Rayo de

Luz eterna que brilla y atraviesa las tinieblas de

la materia, cuando esta última se inclina a ello.


4. El Alma posee tres mansiones. 4. El Alma -colectivamente como Tríada Supe-

rior- vive en tres planos, además del cuarto,

la esfera terrestre; y existe eternamente en el

más elevado de los tres.


5. Estas mansiones son: el Plano de 5. Estas mansiones son: la Tierra para el hombre

los Mortales, el Edén Superior y el físico, o Alma animal; Kâma-Loka (Hades, el

Edén Inferior. Limbo) para el hombre desencarnado, o su

envoltura; el Devachán, para la Tríada Supe-

rior.
6. La Imagen (el hombre) es una 6. Exacto.

esfinge que presenta el enigma

del nacimiento.
7. La Imagen fatal (la Astral) dota a 7. El Astral, por medio de Kâma (el Deseo),

Nephesh con sus aptitudes; pero arrastra de continuo a Manas a la esfera de

Ruach es capaz de sustituirla con las pasiones y deseos materiales. Pero si el

la Imagen conquistada con arreglo Hombre mejor, o Manas, procura escapar a

a las inspiraciones de Neshamah. la atracción fetal, y dirige sus aspiraciones a

Âtmâ (Neshamah), entonces Buddhi (Ruach)

vence, y se lleva consigo a Manas al reino

del Eterno Espíritu.


Es evidente que el kabalista francés, o bien no conocía lo bastante la verdadera doctrina, o la desnaturalizó por razones particulares y para el objeto que se proponía. Así que, ocupándose del mismo asunto, dice lo que sigue; a lo que nosotros ocultistas contestamos al difunto kabalista y a sus admiradores lo que con contraposición exponemos.
1. El cuerpo es el molde de Nephesh; 1. El cuerpo sigue los impulsos, buenos o malos,

Nephesh, el molde de Ruach; Ruach de Manas; Manas trata de seguir la Luz de

el molde las vestiduras de Neshamah. Buddhi, peo con frecuencia fracasa. Buddhi es

el molde las “vestiduras” de Âtmâ; pues Âtmâ

no es cuerpo alguno, ni forma, ni cosa, y Bud-

dhi es tan sólo su vehículo en sentido figurado.


2. La Luz (el Alma) se personifica re- 2. La Mónada se convierte en un Ego personal

vistiéndose (con un cuerpo); y la cuando se encarna; y algo queda de aquella

personalidad posee duración única- personalidad por medio de Manas, cuando

mente cuando la vestidura es perfecta. este último es lo suficientemente perfecto

para asimilar Buddhi.
3. Los Ángeles aspiran a convertirse en 3. Exacto.

hombres; un Hombre perfecto, un

Hombre Dios, se halla por encima

del olvido.


4. Cada 14.000 años el alma se rejuve- 4. En un gran período o Día de Brahmâ reinan 14

nece, y reposa en el sueño o jubileo Manus; después de lo cual viene el Pralaya

del olvido. cuando todas las Almas (Egos) reposan en

Nirvâna.


Tales son las copias desnaturalizadas de la Doctrina Esotérica en la Kabalah. Pero volvamos ahora a la Sloka 5 de la Estancia VII.

(b) El bien conocido aforismo kabalístico dice: “Una piedra se convierte en una planta; una planta en un animal; el animal en un hombre; el hombre en un espíritu, y el espíritu en un dios”. La “Chispa” anima a todos los reinos por turno, antes de penetrar y animar al hombre divino, entre quien y su predecesor, el hombre animal, existe una diferencia radical. El Génesis comienza su antropología por el extremo erróneo -evidentemente para velar la verdad- y no conduce a ninguna parte. Los capítulos primeros del Génesis jamás han pretendido representar ni la más remota alegoría de la creación de nuestra Tierra. Marcan un concepto metafísico de algún período indefinido en la eternidad, cuando la ley de evolución lleva a efecto intentos sucesivos para la formación de universos. La idea se halla claramente expresada en el Zohar:


Hubo antiguos mundos que perecieron tan pronto como entraron en la existencia; eran informes y se los llamaba Chispas. Del mismo modo, cuando el herrero golpea al hierro, saltan las chispas en todas direcciones. Las Chispas son los mundos primordiales, los cuales no podían continuar, porque el Sagrado Anciano (Sephira) no había asumido todavía su forma (de andrógino, o de sexos opuestos) de Rey y Reina (Sephira y Kadmon); y el Maestro no se había pueso todavía a la obra (58).


Si el Génesis hubiera comenzado como debía, encontraríamos en él, primero el Logos Celestial, el “Hombre Celeste”, que se desenvuelve como una Unidad Múltiple de Logos, cuyos Logos aparecen en su totalidad -como el primer “Andrógino” o Adam Kadmon, el “Fiat Lux” de la Biblia, como ya hemos visto- después de su sueño praláyico, sueño que reúne en Uno a todos los Números esparcidos en el plan mâyâvico, a manera de los glóbulos de mercurio que en un plato se confunden en una sola masa. Pero esta transformación no tuvo lugar en nuestra Tierra ni en ningún plano material, sino en los abismos del Espacio, en donde se efectúa la diferenciación primera de la Materia original eterna. En nuestro Globo naciente, las cosas han procedido de distinto modo. La Mónada o Jiva, como se dice en Isis Unveiled (59), es, ante todo, precipitada por la Ley de Evolución en la forma más inferior de la materia: el mineral. Después de un séptuple giro, encerrada en la piedra o en lo que se convertirá en mineral y en piedra en la Cuarta Ronda, se desliza fuera de la misma, por decirlo así, como un liquen. Pasando desde allí, al través de todas las formas de materia vegetal, a lo que se llama materia animal, ha llegado ahora al punto en que debe convertirse en el germen, digámoslo así, del animal que se transformará en hombre físico. Todo eso, hasta la Tercera Ronda, es informe, como materia, e insensible como conciencia. Pues la Mónada o Jiva, per se, no puede ser llamada ni siquiera espíritu; es un Rayo de luz, un Soplo de lo Absoluto, o más bien de LA ABSOLUTIDAD (60); y no teniendo la Homogeneidad Absoluta relación ninguna con lo finito, condicionado y relativo, es inconsciente en nuestro plano. Por lo tanto, además del material que necesita para su futura forma humana, requiere la Mónada (a) un modelo espiritual o prototipo, para que aquel material pueda asumir su hechura; y (b) una conciencia inteligente para guiar su evolución y su progreso; ninguna de cuyas cosas poseen ni la Mónada homogénea ni la materia viviente, aunque privada de sentido. El Adán de polvo necesita le sea inspirada el Alma de Vida; los dos principios medios, que son la vida senciente del animal irracional y el Alma Humana, pues la primera es irracional sin esta última. Sólo cuando de andrógino potencial se ha convertido el hombre en varón y hembra, será dotado con esta Alma consciente, racional e individual (Manas), “el principio, o la inteligencia, de los Elohim”, para cuya recepción tiene que comer el fruto de la Ciencia del Árbol del Bien y del Mal. ¿Cómo ha de obtener todo esto? La Doctrina Oculta enseña que, mientras desciende la Mónada en su ciclo hacia la materia, estos mismos Elohim, o Pitris -los Dhyân Chohans inferiores- están desenvolviéndose par passu con ella, en un plano más elevado y más espiritual, descendiendo también relativamente a la materia en su propio plano de conciencia, hasta llegar a un cierto punto donde se encontrarán con la mónada insensible encarnante, sumida en la materia más ínfima; y enlazándose las dos potencias, Espíritu y Materia, producirá su unión aquel símbolo terrestre del “Hombre Celestial” en el espacio, el HOMBRE PERFECTO. En la filosofía Sânkhya se habla de Purusha (el Espíritu) como de algo impotente, a menos de subir sobre los hombros de Prakriti (Materia), la cual, abandonada a sí misma, es insensible. Pero en la Filosofía Secreta se les considera como separados por grados diversos. El Espíritu y la Materia, si bien una y misma cosa en su origen, una vez en el plano de diferenciación, comienzan sus progresos evolucionarios en direcciones contrarias: el Espíritu, cayendo gradualmente en la materia, y la última ascendiendo a su condición original, la de una Substancia espiritual y pura. Ambos son inseparables, y sin embargo, siempre separados. En el plano físico, dos polos iguales se rechazarán siempre uno a otro, al paso que el negativo y el positivo se atraen mutuamente; en la misma situación se encuentran el Espíritu y la Materia, los dos polos de la misma Substancia homogénea, el Principio Raíz del Universo.

Por lo tanto, cuando suena para Purusha la hora de subir sobre los hombros de Prakriti para la formación del Hombre Perfecto -el Hombre rudimentario de las dos y media Razas primeras, siendo tan sólo el primero, que se desenvuelve gradualmente hacia el más perfecto de los mamíferos-, los Antecesores Celestiales (Entidades de Mundos anteriores, llamados en la India los Shishta) entran en este nuestro plano y encarnan en el hombre físico o animal, del mismo modo que los Pitris habían entrado antes que ellos para la formación del último. Así es que ambos desarrollos para las dos creaciones (la del hombre animal y la del divino) difieren en gran manera. Los Pitris lanzan de sí mismos sus cuerpos etéreos como semejanzas suyas aun más etéreas y espectrales que ellos, o lo que llamaríamos ahora “dobles” o “formas astrales”, a su propia imagen (61). Esto proporciona a la Mónada su primera residencia, y a la materia ciega un modelo sobre el que construir en lo sucesivo. Pero el Hombre es todavía incompleto. En todas las escrituras arcaicas, esta doctrina ha dejado sus huellas desde Svâyambhuva Manu (62), de quien descendieron los siete Manus o Prajâpatis primitivos, cada uno de los cuales dio origen a una Raza primitiva de hombres, hasta el Codex Nazaraeus, en el cual Karabtanos, o Fetahil (la materia ciega concupiscente), engendra en su Madre, Spiritus, siete Figuras, representando cada una el progenitor de una de las siete razas primitivas.

“¿Quién forma a Manu (el Hombre), y quién forma su cuerpo? La Vida y las Vidas. Pecado (63) y la Luna”. Aquí Manu representa al hombre espiritual y celeste, al Ego real que no muere en nosotros, el cual es la emanación directa de la “Vida Una” o la Deidad Absoluta. En cuanto a nuestros cuerpos físicos exteriores, la mansión o tabernáculo del Alma, enseña la Doctrina una extraña lección; tan extraña, que aunque se explique por completo y se la comprenda como es debido, tan sólo la Ciencia exacta del porvenir vindicará la plenitud de la teoría.

Ya se ha dicho antes que el Ocultismo no acepta nada inorgánico en el Kosmos. La expresión “substancia inorgánica” empleada por la Ciencia significa simplemente que la vida latente, durmiendo en las moléculas de la llamada “materia inerte”, es incognoscible. TODO ES VIDA, y cada átomo, aunque sea de polvo mineral, es una VIDA, si bien se halla fuera de nuestra comprensión y percepción, puesto que está fuera del límite de las leyes conocidas por quienes desechan el Ocultismo. Los “Átomos mismos -dice Tyndall- poseen al parecer un instinto del deseo de vida”. ¿De dónde, pues -preguntaríamos nosotros-, procede la tendencia “a lanzarse hacia la forma orgánica?” ¿Acaso resulta esto explicable de algún otro modo que según las enseñanzas de la Ciencia Oculta?



Los mundos, para el profano, están construidos con los Elementos conocidos. Según el concepto de un Arhat, estos Elementos son, colectivamente una Vida Divina; distributivamente, en el plano de las manifestaciones, son los innumerables e incontables crores de vidas. El Fuego solamente es UNO, en el plano de la Realidad Única; en el de la Existencia manifestada, y por lo tanto ilusoria, sus partículas son Vidas ígneas, que viven y existen a expensas de cada una de las demás Vidas que consumen. Por lo tanto, se las llama los “DEVORADORES”... Cada cosa visible en este Universo, se halla constituida por semejantes VIDAS, desde el hombre primordial, divino y consciente, hasta los agentes inconscientes que elaboran la materia... de la VIDA UNA informe e increada, procede el Universo de Vidas. Primero manifestóse del Abismo (Caos) el Fuego frío y luminoso (¿luz gaseosa?), el cual formó los Coágulos en el Espacio (¿nebulosas irresolubles, quizás?)... Estos combatieron, y un gran calor se desarrolló a causa de los encuentros y colisiones, lo cual produjo la rotación. Vino entonces el primer Fuego MATERIAL, manifestado, las Llamas ardientes, los Vagabundos en los Cielos (Cometas). El calor genera vapor húmedo; aquél forma agua sólida (?), después niebla seca, luego niebla líquida, acuosa, que apaga el luminoso resplandor de los Peregrinos (¿Cometas?), y forma Ruedas sólidas acuosas (Globos de MATERIA). Bhûmi (la Tierra) aparece con seis hermanas. Éstas producen con su movimiento continuo el fuego inferior, el calor y una niebla acuosa, que da lugar al tercer Elemento del Mundo - el AGUA; y del aliento de todo nace el AIRE (atmosférico). Estos cuatro son las cuatro Vidas de los cuatro primero Períodos (Rondas) del Manvántara. Los últimos tres seguirán.

El Comentario habla primeramente de los “innumerables e incontables crores de Vida” ¿Estará, entonces, Pasteur dando inconscientemente el primer paso hacia la Conciencia Oculta, al declarar que, si se atreviese a expresar por completo su idea acerca del asunto, diría que las células orgánicas se hallan dotadas de una potencia vital que no cesa su actividad al acabarse la corriente de oxígeno que se les lanza, y por esta razón no rompe sus relaciones con la vida misma, la cual se halla sostenida por la influencia de aquel gas? “Añadiría yo -continúa diciendo Pasteur- que la evolución del germen se verifica por medio de fenómenos complicados entre los cuales tenemos que incluir procesos de fermentación”; y la vida, según Claudio Bernard y Pasteur, no es más que una fermentación. Que existen en la Naturaleza Seres o Vidas, pudiendo vivir y desarrollarse sin aire, aun en nuestro globo, ha sido demostrado por los mismos hombres de ciencia. Pasteur ha encontrado que muchas de las vidas inferiores, tales como vibriones y otros microbios y bacterias, pueden existir sin aire, el cual, por el contrario, los mata. Derivan el oxígeno necesario para su multiplicación, de las substancias diversas que les rodean. Él les llama aerobios, que viven de los tejidos de nuestra materia, cuando esta última ha cesado de formar una parte de un todo integral y viviente (llamado en este caso por la Ciencia, y de un modo muy anticientífico, “materia muerta”), y anaerobios. Los primeros se apoderan del oxígeno, y en gran manera contribuyen a la destrucción de la vida animal y de los tejidos vegetales, proporcionando a la atmósfera materiales que entran después en la constitución de otros organismos; los segundos destruyen, o más bien, aniquilan finalmente a las llamadas substancias orgánicas, siendo imposible la decadencia postrera sin su participación. Ciertas células-gérmenes, tales como las de la levadura de cerveza, se desarrrollan y multiplican en el aire; pero cuando privadas de él, se adaptan por sí mismas a la vida sin aire y se convierten en fermentos, absorbiendo oxígeno de las substancias que con ellos se ponen en contacto, y con esto destruyéndolas. Las células en los frutos, cuando les falta el oxígeno necesario, obran como fermentos y estimulan la fermentación. “Por tanto, la célula vegetal manifiesta en este caso su vida como un ser anaerobio. ¿Por qué, pues, debe en este caso ser una excepción la célula orgánica?” -pregunta el profesor Boglubof. Pasteur hace ver que en las substancias de nuestros tejidos y órganos, la célula, no encontrando oxígeno suficiente para sí misma, estimula la fermentación del mismo modo que la célula del fruto; y Claudio Bernard cree que la idea de Pasteur, acerca de la formación de fermentos, ha encontrado su aplicación y corroboración en el hecho de que la urea aumenta en la sangre durante la estrangulación; la VIDA hállase, por lo tanto, en todas partes en el Universo, y según enseña el Ocultismo, también existe en el átomo.

“Bhûmi aparece con seis hermanas” -dice el -Comentario. Es una enseñanza védica que “existen tres Tierras correspondientes a tres Cielos, y nuestra Tierra (la cuarta) es llamada Bhûmi”. Ésta es la explicación dada por nuestros orientalistas occidentales exotéricos. Pero la significación esotérica y la alusión a la misma en los Vedas, es que se refiere a nuestra Cadena Planetaria: “tres Tierras” en el arco descendente, y “tres Cielos”, que son tres Tierras o Globos también, pero mucho más etéreos, en el arco ascendente o espiritual. Por los tres primeros descendemos a la materia, por los otros tres ascendemos al Espíritu; constituyendo el inferior Bhûmi, nuestra Tierra, el punto de giro, por decirlo así, y conteniendo potencialmente tanto Espíritu como Materia. De esto nos ocuparemos después.

La enseñanza general del Comentario es, pues, que cada nueva Ronda desarrolla uno de los Elementos compuestos, como los conoce ahora la Ciencia, la cual desecha la primitiva nomenclatura, prefiriendo subdividirlos en constituyentes. Si la Naturaleza en el plano manifestado es el “Eterno venir a ser”, en este caso aquellos Elementos tienen que ser considerados desde el mismo punto de vista: tienen que desenvolverse, progresar y aumentar hasta el final manvantárico.

Así, según se nos enseña, la Primera Ronda desplegó tan sólo un Elemento, una naturaleza y una humanidad, en lo que puede llamarse un aspecto de la Naturaleza; denominado por algunos, de modo muy anticientífico, aunque puede ser así de hecho, “espacio de una dimensión”.



La Segunda Ronda manifestó y desarrolló dos elementos, el Fuego y la Tierra; y su humanidad adaptada a esta condición de la Naturaleza (si es que podemos dar el nombre de humanidad a seres viviendo bajo condiciones desconocidas para los hombres), era “una especie de dos dimensiones”, usando de nuevo una frase familiar en un sentido estrictamente figurado, único medio de poderla emplear correctamente.

El curso de desarrollo natural que estamos ahora considerando, dilucidará de un modo completo, y desacreditará la costumbre de especular acerca de los atributos del espacio de dos, tres y cuatro o más dimensiones; pero aunque sea de paso, merece la pena indicar el significado real de la intuición verdadera, pero incompleta, que ha sugerido (entre los espiritistas, teósofos y varios grandes hombres de ciencia, en esta cuestión) (64), el empleo de la expresión moderna “la cuarta dimensión del espacio”. Para principiar, no tiene, por supuesto, importancia alguna el absurdo superficial de que el Espacio pueda ser medido en ningún sentido. Esta frase familiar puede tan sólo ser una abreviación de la más completa, la “Cuarta dimensión de la materia en el Espacio” (65). Pero aun en esta forma es una expresión desdichada, puesto que, si bien es perfectamente cierto que el progreso de la evolución puede hacernos conocer nuevas cualidades características de la materia, aquellas con que nos hallamos ya familiarizados son, en realidad, más numerosas que las correspondientes a las tres dimensiones. Las facultades, o quizás en términos más propios, las cualidades características de la materia, deben siempre tener una relación directa y clara con los sentidos del hombre. La materia posee extensión, color, movimiento (movimiento molecular), sabor y olor, que corresponden a los sentidos existentes en el hombre, y la próxima cualidad que desarrolle, que llamaremos por el momento “Permeabilidad” corresponderá al próximo sentido en el hombre, que podremos llamar “Clarividencia Normal”. Así es que cuando algunos audaces pensadores han estado anhelando una cuarta dimensión para explicar el paso de la materia al través de la materia, y la producción de nudos en una cuerda sin fin, lo que realmente les faltaba era una sexta cualidad característica de la materia. Las tres dimensiones pertenecen en realidad tan sólo a un atributo o cualidad de la materia, a la extensión; y el sentido común popular, con justicia se rebela contra la idea de que, bajo cualquier condición de las cosas, puedan existir más de tres dimensiones semejantes a la longitud, anchura y espesor. Estos términos, y la misma palabra “dimensión”, pertenecen a un estado de pensamiento, a un grado de evolución, a una cualidad característica de la materia. Mientras existan unidades de medida entre los recursos del cosmos, para ser aplicadas a la materia, no será posible medirla más que de tres modos y nada más; lo mismo que desde los tiempos en que la idea de medida por vez primera ocupó el entendimiento humano, no ha sido posible aplicar las medidas más que en tres sentidos. Pero estas consideraciones no militan en manera alguna en contra de la certeza de que, en el progreso del tiempo, a medida que las facultades de la humanidad se multipliquen, se multiplicarán también las características de la materia. Por lo demás, la expresión es todavía mucho más incorrecta que la familiar de que el Sol “sale” o se “pone”.

Volvamos ahora a considerar la evolución material al través de las Rondas. La materia en la Segunda Ronda, como ya se ha dicho, puede en sentido figurado ser considerada como de dos dimensiones. Pero hay que advertir aquí otra cosa. Aquella expresión libre y figurada puede considerarse -en cierto modo, según hemos visto- como equivalente a la segunda característica de la materia, y correspondiendo a la segunda facultad perceptiva o sentido en el hombre. Pero estas dos escalas enlazadas de la evolución, hállanse relacionadas con los procesos corrientes dentro de los límites de una sola Ronda. La sucesión de los aspectos primarios de la Naturaleza, con que la sucesión de las Rondas se halla relacionada, tiene que ver, como ya se ha indicado, con el desarrollo de los Elementos (en el sentido oculto): Fuego, Aire, Agua, Tierra. Nos encontramos tan sólo en la Cuarta Ronda, y nuestro catálogo no pasa de este punto. El orden en que estos elementos se mencionan en la anterior enumeración, es el exacto para fines esotéricos y en las Enseñanzas Secretas. Milton estaba en lo justo al hablar de los “Poderes del Fuego, del Aire, del Agua y de la Tierra”; la Tierra, tal como la conocemos nosotros ahora, no existía antes de la Cuarta Ronda, hace centenares de millones de años, al principio de nuestra Tierra Geológica. El Globo era, dice el Comentario, “ígneo, frío y radiante, lo mismo que sus hombres y animales etéreos, durante la Primera Ronda” (expresando una contradicción o paradoja, según la opinión de nuestra ciencia presente): “luminoso y más denso y pesado durante la Ronda Segunda; acuoso durante la Tercera”. Así pues, están los Elementos trastrocados.

Los centros de conciencia de la Tercera Ronda destinados a desarrollarse en la humanidad, tal como la conocemos nosotros, llegaron a la percepción del tercer Elemento, el Agua. Si tuviéramos que deducir nuestras conclusiones con arreglo a los datos que los geólogos nos suministran, diríamos entonces que no existía verdadera agua, ni aun durante el período carbonífero. Se nos dice que masas gigantescas de carbono, en los primeros tiempos difundidas en la atmósfera como ácido carbónico, fueron absorbidas por las plantas, mientras que una gran parte de aquel gas estaba mezclada con el agua. Ahora bien; si esto es así, y si debemos creer que todo el ácido carbónico que pasó a formar parte de aquellaas plantas que formaron el carbón bituminoso, el lignito y demás, y que contribuyó a la formación de las calizas, etc.; que todo esto se hallaba en aquel período en la atmósfera en forma gaseosa, ¡deben de haber existido, entonces, mares y océanos de ácido carbónico líquido! Pero, ¿cómo pudo entonces ser precedido el período carbonífero por los períodos devoniano y siluriano -los de los Peces y Moluscos-, dada aquella teoría? Además, la presión barométrica debe de haber sido entonces varios centenares de veces superior a la presión de nuestra atmósfera presente. ¿Cómo podían resistirla organismos tan sencillos como los de ciertos peces y moluscos? Existe una obra curiosa de Blanchard, acerca del Origen de la Vida, en la cual hace ver algunas extrañas contradicciones y confusiones en las teorías de sus colegas, y la recomendamos a la atención del lector.

Los de la Cuarta Ronda han añadido la Tierra como estado de materia, a los otros tres elementos en su transformación presente.

En resumen, ninguno de los llamados Elementos era como son ahora, en las tres Rondas precedentes. en lo que se nos alcanza, el FUEGO puede haber sido puro Âkâsha, la Primera Materia del “Magnum Opus” de los Creadores y Constructores, aquella Luz Astral a la que el paradójico Eliphas Lévi llama a un mismo tiempo “Cuerpo del Espíritu Santo”, y a continuación “Baphomet”, el “Andrógino cabrío de Mendes”; el AIRE simplemente nitrógeno, el “Aliento de los Sostenedores de la Cúpula Celestial”, como le llaman los místicos mahometanos; el AGUA, aquel fluido primordial que fue requerido, según Moisés, para constituir un “Alma Viviente”. Y esto puede explicar las discrepancias flagrantes y las aserciones anticientíficas que se encuentran en el Génesis. Sepárese el primer capítulo del segundo; léase el primero como escritura de los elohistas, y el segundo como de los jehovistas, muy posteriores a aquéllos; y, sin embargo, si uno lee entre líneas, encuentra el mismo orden en que las cosas creadas aparecieron; a saber, Fuego (Luz), Aire, Agua y Hombre (o Tierra). Pues la sentencia del primer capítulo (el elohístico): “En el principio, Dios creó los cielos y la tierra”, es una falsa traducción; no son los cielos y la tierra, sino el Cielo duplicado o doble, los Cielos superior e inferior, o sea la separación de la Substancia Primordial, que era luminosa en su porción superior y obscura en la inferior (el Universo manifestado), en su dualidad de lo invisible (para los sentidos), y lo visible para nuestras percepciones. “Dios separó la luz de las tinieblas”, y después hizo el firmamento (Aire). “Hágase un firmamento en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas”, o sea, “las aguas que estaban bajo el firmamento (nuestro Universo manifestado visible) de las aguas sobre el firmamento” (los planos de existencia invisibles, para nosotros). En el capítulo segundo (el jehovístico), las plantas y las hierbas son creadas antes que el agua, lo mismo que en el primero, la luz es producida antes que el sol. “Dios hizo la tierra y los cielos y todas las plantas del campo, antes que las hubiese en la tierra, y cada hierba del campo antes que creciera; pues el Señor Dios (los Elohim) no había hecho que lloviese sobre la tierra, etc.” -un absurdo a menos que se acepte la explicación esotérica-. Las plantas fueron creadas antes de haberlas en tierra, porque entonces no existía tierra alguna tal como es ahora; y la hierba del campo existía antes que creciera tal como lo hace ahora, en la Cuarta Ronda.

Discutiendo y explicando la naturaleza de los Elementos invisibles y del “Fuego Primordial” mencionado antes, Eliphas Lévi le llama invariablemente la “Luz Astral”; para él es el “Grand Agent Magique”. Indudablemente que lo es, pero tan sólo en lo referente a la Magia Negra y a los planos más inferiores de lo que nosotros llamamos el Éter, cuyo nóumeno es el Âkâsha; y aun esto sería considerado como inexacto por los ocultistas ortodoxos. La “Luz Astral” es, simplemente, la más antigua “Luz Sideral” de Paracelso; y el decir que “todo cuanto existe ha sido desenvuelto de la misma, y que conserva y reproduce todas las formas”, como él escribe, es enunciar la verdad tan sólo en lo referente a la segunda proposición. La primera es errónea; porque, si todo cuanto existe fue desenvuelto por medio (o por vía) de ellos, esto no es la Luz Astral, puesto que esta último no es la que contiene todas las cosas, sino a lo sumo, el reflector de este todo. Eliphas Lévi la presenta, con mucha razón, como “una fuerza de la Naturaleza”, por medio de la cual, “un hombre solo que la dominase..., podría sumir al mundo en confusión y transformar su faz”; pues es el “Gran Arcano de la Magia trascendente”. Al citar lo dicho por el gran kabalista occidental en la forma en que se ha traducido (66), podemos quizás explicarlo mejor con la adición eventual de una palabra o dos, para hacer ver la diferencia entre las explicaciones occidentales y las orientales del mismo asunto. Dice el autor, en lo referente al gran Agente Mágico:


Este fluido ambiente y omnipenetrante, este rayo destacado del esplendor del Sol (Central o Espiritual)... fijado por el peso de la atmósfera (?!) y por el poder de la atracción central... la Luz Astral, este éter electromagnético, este calórico vital y luminoso, es representado en los antiguos monumentos por el cinturón de Isis que se enrosca alrededor de dos polos..., y en las antiguas teogonías por la serpiente devorando su propia cola, emblema de la prudencia y de Saturno (emblema del infinito, de la inmortalidad y de Kronos -el Tiempo-, no el Dios o el planeta Saturno). Es el dragón alado de Medea, la serpiente doble del caduceo y el tentador del Génesis; pero es también la culebra de bronce de Moisés rodeando la Tau...; por último, es el diablo del dogmatismo exotérico, y es realmente la fuerza ciega (no es ciega y Lévi lo sabía), que debe vencer las almas para desprenderse de las cadenas de la Tierra; porque de no hacerlo, serán absorbidas por el mismo poder que primero las produjo, y volverán al fuego central y eterno.
Este gran Archaeus ha sido ahora públicamente descubierto por y para un solo hombre (J. W. Keeley, de Filadelfia). Para otros, está, sin embargo, descubierto, aunque debe permanecer casi inútil. “Hasta aquí llegarás...”

Todo lo anterior es tan práctico como exacto, salvo un error, que ya hemos explicado. Eliphas Lévi comete una gran equivocación al identificar siempre la Luz Astral con lo que nosotros llamamos Âkâsha. Lo que es realmente, se explicará en el volumen IV.

Eliphas Lévi escribe más adelante:
El gran Agente Mágico es la cuarta emanación del principio de vida (nosotros decimos es la primera en el Universo interno, y la segunda en el externo (el nuestro)), del cual el Sol es la tercera forma... porque el astro del día (el Sol) es tan sólo la reflexión y sombra material del Sol Central de verdad, el cual ilumina al mundo intelectual (invisible) del Espíritu, siendo él mismo sólo un fulgor prestado de lo Absoluto.
Hasta aquí es bastante exacto. Pero cuando la gran autoridad de los kabalistas occidentales añade que, sin embargo, “no es el Espíritu inmortal como han imaginado los Hierofantes indos”, contestamos nosotros que calumnia a dichos Hierofantes, porque no han dicho semejante cosa; pues hasta las mismas escrituras puránicas exotéricas contradicen por completo el aserto. Jamás indo alguno ha confundido a Prakriti con el “Espíritu inmortal”; la Luz Astral está tan sólo por encima del plano inferior de Prakriti, el Kosmos Material. Prakriti es siempre llamado Mâyâ , Ilusión, y se halla condenado a desaparecer con el resto, incluso los Dioses, a la hora del Pralaya. Como se ha hecho ver, Âkâsha no es ni siquiera el Éter, y por tanto, menos todavía, como podemos imaginar, puede ser la Luz Astral. Los incapaces de penetrar más allá de la letra muerta de los Purânas, han confundido en ocasiones a Âkâsha con Prakriti, con el Éter, y hasta con el cielo visible. Cierto es también que aquellos que han traducido invariablemente la palabra Âkâsha por “Éter” -Wilson, por ejemplo-, viendo que se le llamaba “la causa material del sonido”, poseyendo, además, esta única y sola propiedad, han imaginado, en su ignorancia, que era “material” en el sentido físico. Cierto, además, que si las cualidades características tienen que ser aceptadas literalmente, entonces, desde el momento en que nada material o físico, y, por lo tanto, condicionado y temporal, puede ser inmortal (según la metafísica y la filosofía), la consecuencia sería que Âkâsha no es ni infinito ni inmortal. Pero todo esto es erróneo, puesto que Pradhâna, la Materia Primordial, y el Sonido, como propiedad, han sido mal comprendidos; siendo el primer término (Pradhâna) ciertamente sinónimo de Mûlaprakriti y de Âkâsha, y el segundo (el Sonido), sinónimo del Verbo, la Palabra o el Logos. Esto es fácil de demostrar, pues se ve en las frases siguientes del Vishnu Purâna (67): “No existía ni día ni noche, ni cielo ni tierra, ni tinieblas, ni luz, ni ninguna otra cosa, sino tan sólo Una, inapreciable para la inteligencia o aquello que es Brahman, y Pums (Espíritu) y Pradhâna (Materia Primordial)...”

Ahora bien, ¿qué es Pradhâna, si no es Mûlaprakriti, la Raíz de Todo bajo otro aspecto? Pues aunque se dice después que Pradhâna se sumerge en la Deidad, como todas las cosas, para dejar tan sólo al Uno absoluto durante el Pralaya, es, sin embargo, considerado como infinito e inmortal. La traducción literal se da como sigue: “Un Espíritu Brahma Prâdhânika: AQUELLO era”; y el comentarista interpreta la palabra compuesta como sustantivo, y no como una palabra derivada, empleada atributivamente, o sea como “algo unido a Pradhâna”. Debe tenerse en cuenta, además, que el sistema puránico es dualista, no evolucionario; y que con respecto a esto, se encontrará mucho más desde un punto de vista esotérico, en el Sânkhya, y hasta en el Mânava-Dharma-Shâstra , por mucho que este último difiera del primero. Por tanto, Pradhâna, hasta en los Purânas, es un aspecto de Parabrahman, no una evolución, y debe ser lo mismo que el Mûlaprakriti vedantino. “Prakriti, en su estado primario, es Âkâsha” -dice un sabio vedantino (68)-. Es casi Naturaleza abstracta.

Âkâsha, pues, es Pradhâna en otra forma, y como tal, no puede ser el Éter, el agente siempre invisible, cortejado hasta por la misma ciencia física. Ni es la Luz Astral. Es, como se ha dicho, el nóumeno del séptuple Prakriti diferenciado (69), la siempre inmaculada “Madre” del “Hijo” huérfano de padre, que se convierte en “Padre” en el plano inferior manifestado. Pues Mahat es el primer producto de Pradhâna o Âkâsha; y Mahat -la Inteligencia Universal, “cuya propiedad característica es Buddhi”- no es otro que el Logos, puesto que se le llama Îshvara, Brahmâ, Bhâva, etc. (70). Él es, en resumen, el “Creador” o la Mente Divina en operación creativa, “la Causa de todas las cosas”. Él es el “Primogénito”, de quien nos dicen los Purânas, que “la Tierra y Mahat son las fronteras externa e interna del Universo”, o en nuestro lenguaje, los polos positivo y negativo de la Naturaleza dual (abstracta y concreta); pues el Purâna añade:
De esta manera -como fueron las siete formas (principios) de Prakriti contadas desde Mahat a la Tierra-, así en la disolución (elemental) ( pratyâhâra), estas siete vuelven a entrar sucesivamente una en otra. El Huevo de Brahmâ (Sarva-mandala) se disuelve con sus siete zonas (dvîpa), siete océanos, siete regiones, etc. (71).
Éstas son las razones por las que los ocultistas rehusan dar el nombre de Luz Astral al Âkâsha, o llamarle Éter. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”, puede ser puesto en parangón con el proverbio ocultista: “En casa de nuestra Madre existen siete mansiones” o planos, el inferior de los cuales está por encima y en torno de nosotros: la Luz Astral.

Los elementos, sean simples o compuestos, no pueden haber permanecido los mismos desde el principio de la evolución de nuestra cadena. Todas las cosas en el Universo progresan constantemente durante el gran Ciclo, al mismo tiempo que van de un modo incesante arriba y abajo en los ciclos menores. La Naturaleza jamás permanece estacionaria durante el Manvántara, pues siempre está viniendo a ser (72), no simplemente siendo; y las vidas mineral, vegetal y humana siempre están adaptando sus organismos a los Elementos reinantes a la sazón y, por lo tanto, aquellos Elementos eran entonces apropiados para ellas, como lo son ahora para la vida de la humanidad presente. Tan sólo en la próxima Ronda, la Quinta, será cuando el quinto Elemento, el Éter, el cuerpo grosero del Âkâsha (si es que aun así puede llamársele), se convertirá en un hecho familiar de la Naturaleza para todos los hombres, como el aire nos es familiar a nosotros ahora, y cesará de ser como al presente, hipotético, y un “agente” para tantas cosas. Y tan sólo durante aquella Ronda serán susceptibles de completa expansión los sentidos más elevados, cuyo desarrollo y evolución favorece el Âkâsha. Como ya se ha indicado, puede esperarse, en el período apropiado durante esta Ronda, el desarrollo de un conocimiento familiar parcial de la propiedad característica de la materia -Permeabilidad-, cuyo desarrollo se debe verificar a la par que el sexto sentido. Pero con el siguiente Elemento añadido a nuestros recursos, en la Ronda próxima la Permeabilidad se convertirá en una característica tan manifiesta de la materia, que las formas más densas de esta Ronda no aparecerán más obstructoras a las percepciones del hombre, que hoy una espesa niebla.

Volvamos ahora al Ciclo de Vida. Sin extendernos mucho en la descripción dada de las VIDAS Superiores, debemos dirigir ahora nuestra atención sencillamente a los Seres terrenos y a la Tierra misma. Esta última, se nos dice, es construida para la Primera Ronda por los “Devoradores”, que desintegran y diferencian los gérmenes de otras Vidas en los Elementos; y puede suponerse lo verifican de un modo muy parecido a como lo hacen en el estado presente del mundo, los aerobios cuando minan y desorganizan la estructua química de un organismo, transformando la materia animal y generando substancias que varían en sus constituciones. Así considera el Ocultismo a la llamada edad azoica por la Ciencia, pues muestra que jamás en ninguna época ha pemanecido la Tierra sin vida sobre ella. En dondequiera que exista un átomo de materia, una partícula o una molécula, aun en su condición más gaseosa, allí hay vida, por latente e inconsciente que sea.

Cualquiera cosa que abandone el Estado Laya se convierte en Vida activa; ella es arrastrada al torbellino del MOVIMIENTO (el Disolvente Alquímico de la Vida); Espíritu y Materia son los dos Estados del UNO, que no es ni Espíritu ni Materia, siendo ambos la Vida Absoluta, latente... El Espíritu es la primera diferenciación de (y en) el ESPACIO; y la Materia, la primera diferenciación del Espíritu. Lo que no es ni Espíritu ni Materia, es ELLO - la CAUSA sin Causa del Espíritu y de la Materia, que son la Causa del Kosmos. Y a AQUELLO lo llamamos la VIDA UNA o el Aliento Intracósmico (73).

Una vez más decimos: cada cosa debe producir su semejante. La Vida Absoluta no puede producir un átomo inorgánico, sea simple o complejo; y aun en Laya existe la vida, del mismo modo precisamente que un hombre sumido en un estado profundamente cataléptico, es un ser viviente, aunque muestre todas las apariencias de un cadáver.



Cuando los “Devoradores” - en los que los hombres de ciencia son invitados a ver, con algún asomo de razón, átomos de la Niebla de Fuego, a lo el ocultista objeción alguna-, cuando los Devoradores, decimos, han diferenciado “los Átomos de Fuego”, por un proceso peculiar de segmentación, estos últimos se convierten en Gérmenes de Vida, que se agregan con arreglo a las leyes de la cohesión y de la afinidad. Entonces los Gérmenes de Vida producen Vidas de otra clase, que actúan sobre la estructura de nuestros Globos.

Así, en la Primera Ronda, habiendo sido el Globo construido por las primitivas Vidas de Fuego (o sea formado en esfera), no poseía solidez, ni cualidades, salvo un resplandor frío, sin forma, sin color; tan sólo hacia el final de la Primera Ronda desarrolla un Elemento, el cual, de Esencia simple, y por decirlo así, inorgánica, se ha convertido ahora, en nuestra Ronda, en el fuego que conocemos en todo el Sistema. La Tierra estaba en su primer Rûpa, cuya esencia es el Principio âkâshico, llamado ***, que ahora se conoce por Luz Astral (denominación completamente errónea), a la cual Eliphas Lévi llama “Imaginación de la Naturaleza”, probablemente rehuyendo darle su verdadero nombre, como hacen otros.

Hablando de ella, en su Prefacio a la Histoire de la Magie, Eliphas Lévi dice:
Por medio de esta fuerza, todos los centros nerviosos comunican secretamente entre sí; de ella nacen la simpatía y la antipatía; de ella provienen nuestros sueños, y tienen lugar los fenómenos de la segunda vista y las visiones extranaturales... La Luz Astral (obrando bajo el impulso de voluntades poderosas)... destruye, coagula, separa, quebranta y se acumula en todas las cosas... Dios la creó aquel día en que dijo “Fiat Lux”... Es dirigida por los Egrégores, o sean los jefes de las almas, que son los espíritus de la energía y de la acción (74).
Eliphas Lévi debió haber añadido que la Luz Astral, o Substancia Primordial, si es materia alguna es lo que, llamado Luz, Lux explicado esotéricamente, es el cuerpo de aquellos Espíritus mismos y su misma esencia. Nuestra luz física es la manifestación en nuestro plano, y la radiación reflejada, de la Luz Divina que emana del cuerpo colectivo de los que son llamados las “Luces” y las “Llamas”. Pero ningún otro kabalista ha poseído como Eliphas Lévi el talento de amontonar una contradicción sobre otra, y de hacer que en una misma frase se contradiga una paradoja a la otra con tal fluidez de lenguaje. Él conduce al lector al través de los valles más bellos, para dejarle, después de todo, en una roca estéril y desierta.

Dice el Comentario:



Por medio de las radiaciones de los siete Cuerpos de los siete Órdenes de Dhyânis, nacen las siete Cantidades Discretas (Elementos), cuyo movimiento y unión armoniosa producen el Universo manifestado de la Materia.

La Segunda Ronda hace que se manifieste el segundo Elemento -el AIRE-, cuya pureza aseguraría la vida continua a quien de él hiciese uso. Sólo han existido en Europa dos ocultistas que lo han descubierto, y aun en parte aplicado a la práctica, si bien su composición ha sido conocida siempre entre los más elevados Iniciados orientales. El ozono de los químicos modernos es veneno comparado con el verdadero Disolvente Universal, acerca del que jamás se hubiera podido pensar, a menos de existir en la Naturaleza.

Desde la segunda Ronda, la Tierra -hasta entonces un feto en la matriz del Espacio- comenzó su existencia real: ella había desarrollado ya la Vida individual senciente, su segundo Principio. El segundo corresponde al sexto (Principio); el segundo es Vida continua; el otro, temporal.

La Tercera Ronda desarrolló el tercer Principio -el AGUA-, al paso que la Cuarta transformó la forma plástica gaseoso-fluídica de nuestro Globo, en la esfera groseramente material, dura e incrustada, en la cual vivimos ahora. “Bhûmi” ha obtenido su cuarto Principio. A esto puede objetarse que queda quebrantada la ley de analogía, acerca de la cual tanto se insiste. Nada de eso. La Tierra alcanzará su forma verdaderamente postrera -su cuerpo concha-, a la inversa en esto del hombre, tan sólo hacia el final del Manvántara, después de la Séptima Ronda. Tenía razón Eugenio Philalethes al asegurar a sus lectores, “bajo su palabra de honor”, que nadie había visto todavía la “Tierra”, esto es, la Materia en su forma esencial. Nuestro Globo se halla hasta la fecha en su estado Kâmarûpico, el Cuerpo Astral de deseos del Ahamkâra, el ciego Egotismo, la producción de Mahat, en el plano inferior.

No es la materia constituida molecularmente, y menos todavía el cuerpo humano Sthûla Sharira, el más grosero de todos nuestros “Principios”, sino en realidad el Principio medio, el verdadero centro animal; al paso que nuestro cuerpo es tan sólo su envoltura, el factor e instrumento irresponsable, por medio del cual actúa la bestia en nosotros. Todo teósofo inteligente comprenderá lo que quiero decir. Así es que la idea de que el tabernáculo humano está construido por Vidas innumerables, lo mismo precisamente que la corteza rocosa de nuestra Tierra, no tiene nada de repulsiva en sí para el místico verdadero. No puede la Ciencia oponerse a la enseñanza ocultista pues no porque el microscopio no logre jamás descubrir la vida última o el último átomo viviente, puede rechazar la doctrina.



(c) Nos enseña la Ciencia que en los organismos del hombre y del animal, lo mismo vivos que muertos, hormiguean las bacterias de un centenar de diversas especies; que nos vemos amenazados desde fuera con la invasión de microbios a cada una de nuestras inspiraciones, y de dentro por leucomainas, aerobios, anaerobios y muchas más cosas. Pero la Ciencia no ha ido todavía tan lejos como la doctrina oculta, la cual asegura que nuestros cuerpos, lo mismo que los de los animales, plantas y piedras, están por completo construidos de semejantes seres, a los que, exceptuando sus mayores especies, ningún microscopio puede observar. En lo que se refiere a las porciones puramente animal y material en el hombre, hállase la Ciencia en camino de descubrimientos, que irán muy lejos, corroborando esta teoría. La Química y la Fisiología son los dos grandes magos del futuro, que están destinados a abrir los ojos de la humanidad a las grandes verdades físicas. Cada día se demuestra más y más claramente la identidad entre el animal y el hombre físico, entre la planta y el hombre, y aun entre el reptil y su madriguera, la roca, y el hombre. Una vez comprobada la identidad de los constituyentes físicos y químicos de todos los seres, puede muy bien decir la ciencia química que no existe diferencia alguna entre la materia de que se forma un buey y la que forma al hombre. Pero la doctrina oculta es mucho más explícita. Ella dice: No solamente los constituyentes químicos son los mismos, sino que las mismas Vidas invisibles infinitesimales forman los átomos de los cuerpos de la montaña y de la margarita, del hombre y de la hormiga, del elefante y del árbol que le resguarda del sol. Toda partícula (ya la llamen orgánica o inorgánica) es una Vida. Todo átomo y molécula en el Universo es a la par dador de vida y dador de muerte para las formas, por cuanto construye por agregación universos, y los efímeros vehículos dispuestos para recibir el alma que transmigra; así como del mismo modo destruye y cambia eternamente las formas, y expele las almas de sus mansiones temporales. Crea y mata; genera y destruye por sí; trae a la existencia, y aniquila, a ese misterio de los misterios, el cuerpo viviente del hombre, animal o planta, a cada segundo en el tiempo y en el espacio; genera igualmente la vida y la muerte, la belleza y la fealdad, el bien y el mal, y aun las sensaciones agradables y desagradables, las benéficas y las maléficas. Es esa VIDA misteriosa, representada colectivamente por millones innumerables de Vidas, la que sigue, en su camino propio y esporádico, la ley del atavismo hasta el presente incomprensible; la que copia parecidos de familia, como asimismo los que encuentra impresos en el aura de los generadores de cada ser humano futuro; un misterio, en resumen, al cual se concederá mayor atención en otra parte. Por ahora, puede citarse un ejemplo como ilustración. La ciencia moderna empieza a descubrir que la tomaína, el alcaloide venenoso generado por la materia en descomposición y por los cadáveres -una vida también-, extraída con auxilio del éter volátil, produce un olor tan fuerte como el de las más lozanas flores de azahar; y que privados de oxígeno, estos alcaloides, o bien producen el más repugnante y desagradable de los olores, o el más agradable de los aromas, que recuerda el de las flores más delicadas; y se sospecha que esas flores deben su agradable perfume a la venenosa tomaína. La esencia ponzoñosa de ciertos hongos es casi idéntica al veneno de la cobra de la India, la más mortífera de las serpientes. Los sabios franceses Arnaud, Gautier y Villiers han encontrado en la saliva de hombres vivos el mismo alcaloide venenoso que en la del sapo, la salamandra, la cobra y el trigonocéfalo de Portugal. Se ha probado que el veneno más mortal, llámese tomaína, leucomaína o alcaloide, es generado por los hombres, animales y plantas vivas. El mismo sabio Gautier ha descubierto un alcaloide en la carne fresca y en los sesos de un buey, y un veneno al cual llama xanthocreatinina, semejante a la sustancia extraída de la saliva venenosa de los reptiles. Los tejidos musculares, los órganos más activos en la economía animal, se sospecha que son los generadores o factores de venenos que tienen la misma importancia que el ácido carbónico y la urea en las funciones de la vida, y son los productos postreros de la combustión interna. Y aunque no se ha determinado todavía por completo si los venenos pueden ser generados por el sistema animal de los seres vivientes, sin la participación e intervención de los microbios, se ha visto, sin embargo, que el animal produce sustancias venenosas en su estado fisiológico o vivo.

Así, habiendo descubierto los efectos, tiene la Ciencia que buscar sus causas primarias, y jamás podrá encontrarlas sin el auxilio de las antiguas ciencias, la alquimia, la física y la botánica ocultas. A nosotros se nos enseña que cada cambio fisiológico, además de los fenómenos patológicos, enfermedades (aun más, la vida misma, o más bien los fenómenos objetivos de la vida, producidos por ciertas condiciones y cambios en los tejidos del cuerpo, que permiten y fuerzan a la vida a que actúe en aquel cuerpo), que todo esto es debido a esos invisibles “Creadores” y “Destructores” llamados microbios de un modo tan vago y general. Pudiera suponerse que estas Vidas Ígneas y los microbios de la ciencia son idénticos. esto no es verdad. Las Vidas Ígneas constituyen la séptima y más elevada subdivisión del plano de la materia, y corresponden en el individuo a la Vida Una del Universo, si bien únicamente en aquel plano de materia. Los microbios de la Ciencia son la subdivisión primera y más inferior en el segundo plano, el del Prâna material o Vida. El cuerpo físico del hombre sufre un completo cambio de estructura cada siete años, y su destrucción y conservación son debidas a las funciones alternadas de las Vidas Ígneas, como Destructores y Constructores, Son Constructores sacrificándose ellas mismas, en forma de vitalidad, para contener la influencia destructora de los microbios; y proporcionando a estos lo que es necesario, les obligan bajo esa restricción a construir el cuerpo material y sus células. También son ellas Destructoras, cuando aquella restricción desaparece; y faltándoles a los microbios la energía vital constructora, quedan en libertad para convertirse en agentes destructores. Así, durante la primera mitad de la vida del hombre, los primeros cinco períodos de siete años, hállanse las Vidas Ígneas indirectamente dedicadas a contruir el cuerpo material del hombre; la Vida se halla en una escala ascendente, y se emplea la fuerza en la construcción y el aumento. Después de pasado este período, principia la edad de retroceso, y agotando su energía, la obra de las Vidas Ígneas, comienza también la obra de la destrucción y de la decadencia.

Puede encontrarse aquí una analogía entre los sucesos cósmicos en el descenso del Espíritu hacia la materia, durante la primera mitad de un Manvántara (lo mismo planetario que humano), y su ascenso, a expensas de la materia, en la segunda mitad. Estas consideraciones tienen que ver tan sólo con el plano de la materia; pero la influencia restrictiva de las Vidas Ígneas en la subdivisión más inferior del segundo plano (los microbios) es confirmada por el hecho descrito en la teoría de Pasteur antes mencionada, de que las células de los órganos, cuando no encuentran el oxígeno suficiente para sí mismas, se adaptan a aquella condición y forman fermentos, los cuales, absorbiendo oxígeno de las sustancias con que se ponen en contacto, las destruyen. Así comienza el proceso de destrucción por la célula que priva a su vecina de la fuente de su vitalidad cuando es insuficiente el suministro; y una vez comenzada la ruina de este modo, progresa constantemente.

Experimentadores tales como Pasteur son los mejores amigos y auxiliares de los Destructores, y los peores enemigos de los Creadores, si los últimos no fuesen al mismo tiempo destructores también. Sea como fuese, una cosa hay cierta en esto: el conocimiento de estas causas primarias y de la última esencia de cada Elemento, de sus Vidas, sus funciones, propiedades y condiciones de cambio, constituye la base de la MAGIA. Paracelso ha sido, quizás, el único ocultista en Europa, durante los últimos siglos de la Era Cristiana, que estaba versado en este misterio. Si una mano criminal no hubiese puesto fin a su vida años antes del tiempo que la Naturaleza le había concedido, la Magia fisiológica tendría muchos menos secretos para el mundo civilizado, que los que ahora tiene.

(d) Pero, ¿qué tiene que ver la Luna con todo esto? -se nos puede preguntar-. ¿Qué tienen que hacer, en compañía de los microbios de vida, “Pez, Pecado y Soma (la Luna)”, en la frase apocalíptica de la Estancia? Con los microbios nada, excepto que estos se sirven del tabernáculo de barro preparado por ellos; con el Hombre perfecto divino, todo, puesto que “Pez, Pecado y Luna” constituyen unidos los tres símbolos del Ser inmortal.

Esto es todo cuanto puede darse. Ni pretende la autora saber más acerca de este extraño símbolo, que lo que puede inferirse sobre ellos de las religiones exotéricas (del misterio quizás existente bajo el Avatâra Matsya (Pez) de Vishnu, el Oannes caldeo, el Hombre-Pez, representado en el signo imperecedero del Zodíaco, Piscis, que se encuentra en los dos Testamentos en la persona de Josué, “Hijo de Num (el Pez)” y Jesús; del alegórico “Pecado” o Caída del Espíritu en la Materia; y de la Luna), en lo que se refiere a su relación con los Antecesores Lunares, los Pitris.

Por ahora, puede convenir recordar al lector que, al paso que las Diosas Lunares se hallaban relacionadas en todas las mitologías, especialmente en la griega, con los nacimientos, a causa de la influencia de la Luna sobre las mujeres y la concepción, la conexión real y oculta de nuestro satélite con la fecundación, es hoy día por completo desconocida para la fisiología, que considera como supersticiones groseras a todas las prácticas populares relacionadas con la misma. Como es inútil discutirlas en todos sus detalles, lo único que podemos hacer como de paso será tan sólo presentar el simbolismo lunar, para mostrar que dicha superstición pertenece a las más antiguas creencias, y aun al Judaísmo -base del Cristianismo-. Para los israelitas, la principal función de Jehovah era la de conceder hijos; y el esoterismo de la Biblia, interpretado kabalísticamente, muestra de un modo indudable que el “Sanctasantórum”, en el Templo, era sencillamente el símbolo de la matriz. Esto se halla demostrado hoy día, fuera de toda duda, por la lectura numérica de la Biblia en general, y la del Génesis especialmente. Esta idea debieron de tomarla a todas luces los judíos de los egipcios e indos, cuyo “Sanctasantórum” está simbolizado por la Cámara del Rey en la Gran Pirámide, y por los símbolos Yoni del hinduismo exotérico. Para dar mayor claridad al asunto, y para mostrar al mismo tiempo la enorme diferencia existente entre el espíritu de la interpretación y el significado original de los mismos símbolos entre los antiguos ocultistas orientales y los kabalistas judíos, remitimos al lector a la Sección de “El Sanctasantórum”, en el IV volumen.

El culto fálico desarrollóse tan sólo con la pérdida de las claves de la significación verdadera de los símbolos. Fue la última y más fatal desviación del camino real de la verdad y del saber divino, hacia el sendero lateral de la ficción, elevada a la categoría de dogma merced a la falsificación humana y a la ambición jerárquica.


6. DESDE EL PRIMER NACIDO (75), EL HILO ENTRE EL SILENCIOSO VIGILANTE Y SU

SOMBRA SE HACE MÁS Y MÁS FUERTE Y RADIANTE A CADA CAMBIO (76). LA LUZ

DEL SOL DE LA MAÑANA SE HA CAMBIADO EN LA GLORIA DEL MEDIODÍA...
Esta frase: “El Hilo entre el Silencioso Vigilante y su Sombra (el Hombre) se hace más y más fuerte a cada Cambio”, es otro misterio psicológico que encontrará su explicación en los volúmenes III y IV. Por ahora bastará decir que el “Vigilante” y sus “Sombras” (éstas en el mismo número que reencarnaciones tenga la Mónada), son uno. El Vigilante, o el Divino Prototipo, hállase en el peldaño superior de la Escala del Ser: la sombra, en el inferior. Por otra parte, la Mónada de cada ser viviente, a menos que la depravación moral de éste quebrante la conexión y se precipite perdido por el “Sendero Lunar” -empleando la expresión oculta-, es un Dhyân Chohan individual, distinto de los demás, y con una especie de individualidad espiritual propia, durante un Manvántara especial Su Primario, el Espíritu (Âtman), es uno, por supuesto, con el Espíritu Universal Único (Paramâtmâ); pero el Vehículo (Vâhan), que es su tabernáculo, el Buddhi, es parte y componente de aquella Esencia Dhyân-Chohánica; y en esto es en lo que radica el misterio de aquella ubicuidad, que ha sido discutida unas cuantas páginas atrás. “Mi Padre que está en los ciclos y yo, somos uno” -dice la Escritura Cristiana; y en esto es, de todos modos, el eco fiel del dogma esotérico.
7. “ÉSTA ES TU RUEDA ACTUAL” -DIJO LA LLAMA A LA CHISPA-. “TÚ ERES YO MISMA

MI IMAGEN Y MI SOMBRA. YO ME HE REVESTIDO DE TI, Y TÚ ERES MI VÂHAN (77),

HASTA EL DÍA “SÉ CON NOSOTROS”, EN QUE HAS DE VOLVER A SER YO MISMA Y

OTROS, TÚ MISMA Y YO (a)”. ENTONCES LOS CONSTRUCTORES, TERMINADA SU

PRIMERA VESTIDURA, DESCIENDEN SOBRE LA RADIANTE TIERRA, Y REINAN

SOBRE LOS HOMBRES, QUE SON ELLOS MISMOS... (b).


(a) El día en que la Chispa se vuelva a convertir en la Llama; cuando el hombre se confunda con su Dhyân Chohan, “yo mismo y otros, tú mismo y yo”, como dice la Estancia, significa que en Paranirvâna (cuando el Pralaya haya reducido no sólo los cuerpos materiales y psíquicos, sino aun los mismos Egos espirituales, a su principio original), las Pasadas, las Presentes y aun las Futuras Humanidades, así como todas las cosas, serán uno y lo mismo. Todo habrá reingresado en el Gran Aliento. En otras palabras: “todo será sumergido en Brahman” o la Divina Unidad.

¿Es esto la aniquilación como algunos piensan? ¿Es ateísmo como otros críticos -los adoradores de una deidad personal y creyentes en un paraíso antifilosófico- se inclinan a creer? Ni lo uno ni lo otro. Es más que inútil volver a la cuestión de un supuesto ateísmo en lo que es espiritualismo del carácter más refinado. El ver aniquilación en el Nirvâna, equivale a decir también que es aniquilado un hombre sumido en sueño profundo, sin ensueños, que no deja impresión ninguna ni en la memoria ni en el cerebro físico, por hallarse entonces el “Yo Superior” del durmiente en su estado original de Conciencia Absoluta. Pero este ejemplo responde tan sólo a un aspecto de la cuestión - el más material; puesto que reabsorción no es, en manera alguna, tal “sueño sin ensueños”, sino al contrario, Existencia Absoluta; una unidad incondicionada o un estado, para cuya descripción es el lenguaje humano absoluta y desesperadamente inadecuado. La única aproximación a algo parecido a un concepto del mismo, puede intentarse únicamente en las visiones panorámicas del Alma, a través de las ideaciones espirituales de la Mónada divina. Ni se pierde la Individualidad, ni siquiera la esencia de la Personalidad, si es que queda alguna, por ser reabsorbida. Pues por ilimitado que sea, con arreglo al concepto humano, el estado paranirvánico, tiene, sin embargo, un límite en la Eternidad. Una vez alcanzado, la misma Mónada resurgirá de allí como un ser todavía más perfecto, en un plano mucho más elevado, para volver a comenzar su ciclo de actividad perfeccionada. La mente humana no puede, en su estado actual de desarrollo, trascender y apenas puede alcanzar a estas alturas de pensamiento. Vacila ante el borde de lo Absoluto y de la Eternidad incomprensibles.

(b) Los “Vigilantes” reinan sobre los hombres durante todo el período del Satya Yuga y los Yugas subsiguientes menores, hasta el principio de la Tercera Raza-Raíz; después de la cual lo verifican los Patriarcas, los Héroes y los Manes, como en las Dinastías egipcias enumeradas por los sacerdotes a Solón, los Dhyânis encarnados de un orden inferior, hasta el Rey Menes y los reyes humanos de otras naciones. Todos estaban cuidadosamente anotados. En opinión de los simbologistas, esta edad mito-poética debe, por supuesto, considerarse tan sólo como un cuento de hadas. Pero desde el momento en que las tradiciones y aun las crónicas de semejantes dinastías de Reyes Divinos, de los Dioses reinando sobre los hombres, seguidos por dinastías de Héroes o Gigantes, existen en los anales de todas las naciones, es difícil comprender cómo todos los pueblos que existen bajo el sol, algunos de los cuales están separados por vastos Océanos y pertenecen a diferentes hemisferios, tales como los antiguos peruanos y mexicanos, así como los caldeos, pueden haber compuesto los mismos “cuentos de hadas”, con igual orden en los sucesos (78). Sea como fuere, comoquiera que la Doctrina Secreta enseña historia -la cual, no por ser esotérica y tradicional, deja de ser menos digna de fe que la historia profana-, tenemos tantos títulos a nuestras creencias como el que más, sea religioso o escéptico. Y aquella Doctrina dice que los Dhyâni-Buddhas de los dos Grupos superiores, a saber, los Vigilantes o los Arquitectos, proporcionan a las múltiples y diversas Razas, reyes y jefes divinos. Estos últimos son los que enseñaron a la humanidad sus artes y ciencias, y los primeros los que revelaron las grandes verdades espirituales de los mundos trascendentes a las Mónadas encarnadas que acababan de desprenderse de sus Vehículos pertenecientes a los Reinos inferiores, y que habían, por lo tanto, perdido todo recuerdo de su origen divino, las grandes verdades espirituales de los Mundos trascendentes.

De este modo, como se expresa en la Estancia, “descienden los Vigilantes sobre la radiante Tierra y reinan sobre los hombres, que son ellos mismos”. Los Reyes reinantes terminaron su ciclo en la Tierra y en otros Mundos, en las Rondas precedentes. En los Manvántaras futuros, ascenderán ellos a Sistemas más elevados que nuestro Mundo planetario; y los Elegidos de nuestra humanidad, los Precursores en el duro y difícil camino del Progreso, son los que ocuparán el lugar de sus predecesores. El próximo gran Manvántara contemplará a los hombres de nuestro propio Ciclo de Vida, convertidos en los instructores y guías de una humanidad cuyas Mónadas puede que se hallen ahora aprisionadas -semiconscientes- en lo más inteligente del reino animal, al paso que sus principios inferiores estarán animando, quizás, a los ejemplares más elevados del mundo vegetal.

Así han procedido los ciclos de la evolución septenaria, en la Naturaleza Séptuple: la espiritual o divina; la psíquica o semidivina; la intelectual, la pasional, la instintiva o cognicional; la semicorporal y la puramente material o física. Todas éstas se desenvuelven y progresan cíclicamente, pasando de una a otra, en un doble sentido, centrífugo y centrípeto, uno en su esencia última y siete en sus aspectos. el más inferior es, por supuesto, el que depende de nuestros cinco sentidos, y que se halla sujeto a los mismos, los cuales verdaderamente son siete, como se demostrará más adelante, con la autoridad de los Upanishads más antiguos. Esto en lo referente a las vidas individual, humana, senciente, animal y vegetal, cada una de ellas microcosmo de su macrocosmo superior. Lo mismo en cuanto al Universo, el cual manifiesta periódicamente al objeto de los progresos colectivos de las Vidas innumerables, las expiraciones de la Vida Una; a fin de que, por medio del constante Volver a ser, cada átomo cósmico en este Universo infinito, pasando de lo informe y lo intangible, al través de las naturalezas complejas de lo semiterrestre, a la materia en plena generación, y volviendo después atrás, reascendiendo a cada nuevo período a estados más elevados y más próximos a la meta final; a fin de que, repetimos, pueda cada átomo alcanzar, por medio de esfuerzos y méritos individuales, aquel estado en que vuelve a convertirse en el TODO UNO e Incondicionado. Pero entre el Alfa y la Omega discurre el “Camino” abrumador, bordeado de espinas, que primero se dirige hacia abajo, y después
...serpentea el sendero hacia lo alto del collado;

Sí, hasta la misma cumbre.


Partiendo inmaculado para el largo viaje, descendiendo más y más en la materia pecadora, y habiéndose relacionado con cada uno de los átomos del Espacio manifestado, el Peregrino (después de haber luchado y sufrido al través de cada una de las formas de vida y de existencia), tan sólo en el fondo del valle de la materia, y a la mitad de su ciclo es cuando llega a identificarse con la humanidad colectiva. Ésta, la ha hecho según su propia imagen. A fin de progresar hacia lo alto y hacia su patria, tiene el “Dios” ahora que ascender el sendero fatigoso y escarpado del Gólgota de la Vida. Es el martirio de la existencia consciente de sí misma. Como Vishvakarman, tiene que sacrificarse a sí mismo para redimir a todas las criaturas, para resucitar de entre las Muchas a la Vida Una. Entonces asciende, en verdad, a los cielos; en donde, sumido en la incomprensible Existencia y Bienaventuranza Absolutas del Paranirvâna, reina incondicionalmente, y de donde volverá a descender en el próximo “Advenimiento”, que una porción de la humanidad espera, según el sentido de la letra muerta, como el “segundo Advenimiento”, y la otra como el último “Kalki Avatâra”.





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