James h. Schmitz



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J
AMES H. SCHMITZ



PLASMOIDES

BARCELONA (España)


TITULO ORIGINAL: A TALE OF TWO CLOCKS
AUTOR: JAMES H. SCHMITZ
TRADUCCION. F. SESEN

PRINTED IN SPAIN

(Impreso en España)
Edicion electrónica de Luis Antonio Gomez y diaspar Enero del 2000

CAPITULO PRIMERO


Era la hora del crepúsculo matutino en Ceyce, la Ciudad Blanca, capital plácidamente hermosa de Maccadon, Mundo Universitario de Hub.

En el complejo de edificios de la Escuela Colonial que se extendía durante diez kilómetros con sus parques tropicales, el segundo turno de estudiantes se dirigía a desayunar, mientras una buena parte del cuarto turno avanzaba a una marcha más mesurada hacia sus dormitorios. Las actividades organizadas del colegio no se veían muy afectadas por la hora, porque el gran cuadrángulo de edificios estaba casi desierto en aquella ocasión. Detrás de la barandilla del campo de tiro, una mujer joven estaba sola, de pie, arma en mano, esperando a que el monitor de rango automático seleccionase una nueva serie de blancos.

Ella tenía unos veinticuatro años; era esbelta y delgada y vestía el equipo cómodo del colegio. Camisa oscura, pantalones hasta la rodilla, calcetines también hasta la rodilla, zapatos de suela blanda. El sombrero, estaba colgado en la barandilla y el viento del alba agitaba guedejas de cabello blanco plata acariciándole las mejillas. El cabello de la muchacha era singular, largo hasta colgarte por los hombros. Tenía la joven una pistola pequeña, deliciosamente labrada, mantenida ahora con agilidad junto a su cuerpo... Era el Denton deportivo de dos cañones que los mejores técnicos de Hub consideraban como el arma adecuada para los expertos y tiradores de primera categoría. Raras veces se veía un ejemplar así en instituciones como la Escuela Colonial.

En el instante exacto que el monitor alzó su nueva serie de blancos, ella se dio cuenta del aerocoche que descendía hacia su persona desde los edificios de administración de la derecha. Sobresaltada, miró de reojo para identificar a los dos ocupantes del vehículo, volviendo su atención al grupo de blancos que marchaban veloces en su dirección; estudió el sistema de vuelo durante otro medio segundo calmoso y finalmente alzó el Denton. La pistolita escupió ocho veces sus agujas invisibles e insonoras de destrucción. Seis pequeñas bocanadas de humo carmesí pendieron en el aire. Los dos blancos restantes trazaron una curva burlona y volvieron de nuevo a sus barracones de descarga.

La chica se mordió el labio con moderado enojo, puso el seguro, enfundó la pistola y agitó la mano izquierda al ayudante de campo para indicar que había terminado. Luego se volvió de cara al aerocoche mientras éste se posaba despacio en el suelo a unos tres metros. Sus ojos grises estudiaron con aire crítico a sus ocupantes.

-¡Bonito ejemplo que dan a los estudiantes! - Observó ella -. ¡Vuelan justo en medio de la línea de tiro!

El doctor Plemponi, jefe de la Escuela Colonial sonrió tranquilizador.

-¡Hace ocho años tu padre me riñó por haber hecho lo mismo! ¡Trigger! ¡Y debería decir que mucho más efusivamente! Ya conoces como fue mi primer encuentro con el viejo Runser Argee...

-¡Plemp! - Mihul, jefe de Acondicionamiento Físico, Sección Mujeres, preguntó vivamente desde el asiento posterior -. ¿Qué estás haciendo, borrico?

Confuso, el doctor Plemponi se volvió para mirarla. El aerocoche descendió el último metro para tomar tierra de manera brusca. Mihul gruñó. Plemponi se excusó. Trigger se acercó a ellos.

- ¿Suele hacerlo con frecuencia? - preguntó interesada.

-¡Cada vez! - afirmó Mihul. Era alta, delgada, musculosa, de unos cuarenta años. Guiñó el ojo a Trigger a espaldas de Plemponi -. Mantenemos en servicio permanente a los quiroprácticos cuando salimos de vuelo con Plemp.

-¡Basta ya! ¡Basta ya! - exclamó el doctor Plemponi -. Distrajiste mi atención durante un momento, eso es todo. Ahora, Trigger, la razón de que estemos aquí es que Mihul, en nuestra reunión antes del desayuno, dijo que te sentías demasiado feliz en la buena y vieja Escuela Colonial. Así que sube, si no tienes otra cosa que hacer, e iremos hasta el despacho y lo discutiremos - Abrió la puerta para que entrase.

-¡Tengo mucho que hacer! - Trigger le dirigió una mirada -. De acuerdo, doctor. Subiremos a discutir,

Volvió a recoger su sombrero, ascendió al aparato, cerró la puerta y se sentó junto a él, colocando el enfundado Denton en la parte delantera de su muslo.

Plemponi miró - con dudas el arma.

- ¿Preparada por si acaso hay otro ataque? - preguntó. Extendió la mano para coger la palanca de mandos.

Trigger sacudió la cabeza.

- Estoy simplemente liberándome de mi sentido de hostilidad... me imagino - Esperó hasta que hubo elevado el vehículo del suelo en un ascenso inusitado -. Ese asunto de ayer... ¿Realmente fue un ataque para raptar? .

- Casi seguro que sí - Dijo Mihul detrás de ella -, aunque he oído decir que podrían buscar esos dos plasmoides del máximo secreto en tu Proyecto.

- Eso no es muy probable - Observó Trigger -. Los atacantes se encontraban a un kilómetro de distancia de donde debieron descender si buscaban a los plasmoides. Y por lo que vi de ellos, no formaban un grupo lo bastante grande para un trabajo de esa categoría.

- También pensé en eso - Dijo Mihul -. De cualquier forma, eran profesionales en el vuelo. Vi de rechazo parte de su equipo. Armas noqueadoras... lanzanieblas..., etc. Y eso que era un coche rápido.

- Rapidísimo - Asintió Trigger -. Eso es lo que me hizo recelar cuando le vi venir por primera vez.

- También tenían un saltador interplanetario de gran velocidad aguardándoles en las colinas - Dijo Mihul -. Lo tripulaban dos hombres. También les detuvieron los policías - Añadió -. ¡No había duda de que eran raptadores!

- ¿Hay algo que indique qué es lo que buscaban? - Preguntó Trigger.

- No - Contestó Mihul -. Existen demasiadas posibilidades. Veinte o más de los estudiantes de esa zona, en aquel momento, tenían relaciones lo bastante importantes para ser clasificados como cebo para raptores. Los policías no quieren hablar excepto para reconocer que se les informó de antemano del ataque, cosa que resultaba evidente. ¡Del modo en que aparecieron de la nada y cayeron sobre aquellos muchachos no se puede suponer otra cosa! ¡Aunque la maniobra, lo reconozco, fue muy bonita!

- Yo no lo comprendo - Admitió Trigger -. Cuando ese vehículo entró, lanzó un grito de aviso para el grupo más próximo de estudiantes y me dejé caer en el suelo tras una roca. Cuando me arriesgué a mirar, los policías les habían capturado.

- Demostraste tener mucho sentido - Le dijo Plemponi muy serio -. ¡Espero que quemen a esos granujas! El rapto y el robo son algo muy sucio.

- Ese gran objeto que viene derecho hacia ti - Observó Mihul tranquila -, es otro aerocoche. En este camino tiene preferencia de paso. Tú no la tienes. ¡Fíjate bien, Plemp! ¿Lo entiendes?

- ¿Estás segura? - le preguntó azorado el doctor Plemponi -. ¡Maldición! ¡Haré sonar mi sirena!

Lo hizo. Trigger parpadeó.

-¡Mira! - Exclamó triunfante Plemponi mientras el otro conductor se desviaba asustado.

Trigger se convenció de que debía relajarse. Los aerocoches eran casi tan a prueba de accidentes que incluso Plemponi no podía hacer más que trastornar el tráfico cuando conducía.

- ¿Han habido otros ataques en la zona del colegio desde que me fui? - preguntó, mientras el profesor salía disparado del cuadrángulo y giraba hacia la terraza de su despacho.

- Eso fue precisamente hace cuatro años, ¿verdad? - Dijo Mihul -. No, aún estabas con nosotros cuando se efectuó el último... Hace seis años. ¿Recuerdas?

Trigger se acordaba. En aquella ocasión se llevaron a dos estudiantes... hijos de algún oficial de a Federación. Los raptores se escaparon de manera limpia y pasaron varias meses antes de que se enterase de que habían rescatado a los muchachos sanos y salvos.

Plemponi efectuó un rápido, pero suave aterrizaje en la terraza. Dirigió a Trigger una mirada de autosatisfacción.

- ¿Ves? - Dijo tenso -. Entremos, señoritas. ¿Desayunaste ya, Trigger?

Trigger había terminado su desayuno media hora antes, pero aceptó una taza de café. Mihul, toda atlética, la rechazó. Se dirigió al escritorio de Plemponi y se apoyó en él, los brazos cruzados sobre el pecho, los ojos tranquilos y azules fijos, pensativos en Trigger. Con su ágil extensión corporal, Mihul a veces recordaba a Trigger a un hurón, pero el rostro curtido era agradable y había cierto humor en torno a la boca. Incluso en los días anteriores a la graduación de Trigger, ella y Mihul fueron buenas amigas.

El doctor Plemponi sacó una repleta bandeja conteniendo el desayuno desde un ascensor enclavado en la pared, se sentó delante de Trigger, colocando la bandeja en las rodillas, pidió perdón y comenzó a hablar y comer simultáneamente.

- Antes de que entremos en la razonabilísima queja que hiciste ayer a Mihul - Dijo -, desearía que me aclarases unas cuantas cosas.

Trigger asintió.

- Ya puede empezar.

- Tú, Trigger - Le dijo Plemponi -, eres aquí una invitada de honor de la Escuela Colonial. Eres hija de nuestro finado amigo y colega Runser Ar­gee. Fuiste uno de nuestros alumnos más notables -... no sólo con medalla de honor en armas pequeñas. Y ahora eres secretaria y ayudante del famoso Comisionado Precolonial Holati Tate, lo que te hace casi partícipe en lo que podríamos considerar el mayor acontecimiento científico del siglo... Me refiero, claro.. . - Añadió Plemponi -, al descubrimiento de Tate de los plasmoides de la Vieja Galaxia.

- Claro - asintió Trigger -. ¿Y a dónde le lleva esto a parar, Plemp?

Agitó una tostada ante ella.

- No. ¡No interrumpas! Sigo destacando que a causa de las capacidades excepcionales de gerencia que relevaste bajo las órdenes de Tate, te envió aquí el Departamento Precolonial con la misión de ayudar al Comisionado y al profesor Mantelish en el Proyecto Plasmoide de la Liga de la Universidad. Esto significa, Trigger, que eres una persona muy importante. Mantelish, según su idiosincrasia, es sin duda el biólogo más grande que vive en la Liga. Y el Proyecto Plasmoide, aquí en la Universidad, es, sin objeción alguna, la empresa actual más importante de la Liga.

- Eso se me ha dicho - Contestó Trigger

Por eso quiero encontrar la razón de esta aparente chifladura.

- Dentro de un momento - Dijo Plemponi -. Dentro de un momento localizó su servilleta y se secó los labios con cuidado -. He mencionado esto simplemente para que quede claro, muy claro, que haremos cualquier cosa para tenerte contenta. Estamos encantados de que estés con nosotros. ¡Es un honor! - La miró radiante -. ¿De acuerdo?

Trigger sonrió.

- Si usted lo dice... Muchísimas gracias por tantos cumplidos, doctor. Pero ahora vayamos al grano.

El doctor miró de reojo a Mihul y pareció evasivo.

- ¿Al grano? Preguntó.

- Ya sabe - Dijo Trigger -. Pero si lo prefiere, le haré preguntas específicas. ¿Dónde está el Comisionado Tate?

- No lo sé.

- ¿Dónde está Mantelish?

El doctor sacudió la cabeza.

- Tampoco lo sé - su expresión comenzó a ser la de una persona desgraciada.

- ¿Eh? - Murmuró Trigger -. ¿Quién lo sabe entonces?

- No se me permite decírtelo - contestó con firmeza el doctor Plemponi.

Trigger alzó una ceja.

- ¿Por qué no?

- Seguridad de la Federación - Fue la respuesta de Plemponi, que frunció el ceño para añadir -: También se suponía que no debería decírtelo, ¿pero qué podía hacer?

- ¿Seguridad de la Federación? ¿A causa de los plasmoides?

- Sí... Bueno... no... no lo sé.

Trigger suspiró.

- ¿Acaso se supone que no debe decirme todas estas cosas?

- No, no, no - Se apresuró a afirmar Plemponi -. A nadie. Se supone que no debo reconocer ante nadie que conozco algo de lo concerniente al paradero de Holati Tate o del profesor Mantelish.

-¡Cáscaras! - exclamó Trigger -. ¡De modo que lo sabe!

Plemponi miró suplicante a Mihul. Esta sonreía.

-¡Tengo los labios sellados, Trigger! No puedo evitarlo. Por favor, créeme.

- Déjeme pues que lo deduzca - exclamó Trigger, acariciando el brazo de su sillón con la punta de un dedo, Hace ocho semanas me vi separada de mi trabajo en el Sistema Manon y enviada aquí para concertar los detalles de la organización de este Proyecto Plasmoide. El único motivo de que aceptase la tarea, como misión temporal, fue que el Comisionado Tate me convenció de que era importante para él que ocupase tal puesto. Incluso me dejé convencer para aceptar el nombre supuesto de Ruya Farn y... - Extendió la mano y se tocó el lado de la cabeza­, y que me tiñese el cabello. ¡Sin ningún motivo cuerdo que pudiese descubrir! Dijo que la Liga U así lo había pedido.

El doctor Plemponi tosió.

- Bueno, ya sabes, Trigger, lo sensible que es la Liga en lo concerniente a la fama personal. ,

La ceja volvió a subir.

- ¿Fama?

-¡Pero no en el mal sentido! - Se apresuró a afirmar Plemponi -. Sin embargo, tu nombre se ha divulgado muchísimo, más de lo que puedas creer. Los telespectadores te vieron al mencionar regularmente los informes de Harvest Moon y del Comisionado. ¿No es verdad, Mihul?

Mihul asintió.

-¡Te hiciste muy popular, criatura! Te vimos en los tetradimensionales muchísimas veces.

- Bueno, quizás - Admitió Trigger -. Pero estos toques siniestros no tienen mucho sentido para mí, Sin embargo, olvidémoslos y prosigamos.

- Cuando llegamos logré ver a Mantelish sólo una vez para tratar de descubrir qué es lo que quería. Se mostró muy vago acerca de sus pretensiones. El Comisionado Tate sale y entra del Proyecto... de ordinario está fuera. También se ha mostrado muy vago. Acerca de todo. Hoy hace tres semanas que me dijo que se iba. Nadie aquí puede o quiere decirme a dónde ha ido o cómo se puede establecer contacto con él. Lo mismo ha pasado en el despacho de Maccadon de Precol. Igual en la oficina Central de Evalee. Idéntico en la Liga U... y en cualquiera de sus oficinas. Entonces traté de establecer contacto con Mantelish. ¡Se me informó que está con Tate! Los dos me han dejado instrucciones que debo cumplir.

Ella extendió las manos.

- ¿Cumplir qué? He hecho cuanto podía y si no recibo nuevas órdenes del agente que se supone que dirige este importantísimo Proyecto, muy urgente, estoy con los brazos cruzados. ¡Mantelish ni siquiera parece ser el segundo en el mando ... !

Plemponi asintió.

- Se me dijo que todavía no había elegido sus ayudantes en el Proyecto.

- Excepto - dijo Trigger -, ese pequeño rebaño de Científicos Menores que se mantienen encerrados con los Plasmoides. Saben menos que nada y se mostrarían demasiado asustados para contarme algo si se lo preguntase.

Plemponi pareció confuso un momento,

- Esa última frase... - Se reprimió -. Bueno, no es ninguna tontería. Sigue.

Trigger dijo:

- Eso es. Para empezar, Holati no me necesita en este trabajo. Nada entraña aspectos de organización. A menos que algo comience a ocurrir... y muy pronto... no hay excusa para que permanezca aquí.

- ¿No podrías considerar esta clase de trabajo como unas bien ganadas vacaciones? - Sugirió Plemponi.

- He intentado considerarlo así. Holati insistió en que uno de nosotros debía permanecer en la zona del Proyecto continuamente, así que ni siquiera se me ha permitido dejar el recinto del colegio. He acabado con las clases del oyente y Mihul me ha inscrito en dos de sus asignaturas.

Pero la cuestión es que no estoy de vacaciones. No creo que Precol considerase que cualquiera de mis actividades presentes se cataloguen como encarecimiento de un servicio destacado.

Hubo un breve silencio. Plemponi miró su plato vacío y dijo:

- Perdóneme - se levantó y caminó hacia la pared donde estaba el ascensor con la bandeja vacío.

- Se equivoca - le dijo Trigger.

Se volvió a mirar.

- ¿Eh?

- Usted quiere echar eso a los desperdicios, ¿verdad?



- Gracias - contestó distraído Plemponi

Siempre lo hago. Confundo las salidas... - dejó caer la bandeja donde debía hacerlo, se secó las manos en la toalla adjunta e hizo un gesto circular, luego regresó, todavía distraído, deteniéndose ante el sillón de Trigger. Estudió su cara durante un momento.

- El Comisionado Tate me dio un recado para ti - Dijo de pronto.

Trigger contrajo ligeramente los ojos.

- ¿Cuándo?

- La víspera de marcharse - Plemponi alzó una mano -. ¡Espera ahora! Ya verás lo que fue. Me llamó y me dijo con estas palabras: «Plemp, no tiene muchas posibilidades de mantener secretos ante Trigger, así que no le comunicaré secretos innecesarios para que los conserve. Si este asunto en el que estamos no nos permite volver al Proyecto en el siguiente par de semanas, se mostra­rá muy inquieta. En cuanto empiece a quejarse, pero no antes, dígale que hay motivos por los que no puedo establecer contacto de momento, o ha­cerla saber lo que estoy realizando y que me pon­dré en comunicación con ella en cuanto me sea posible». Ahí se acabó todo.

- ¿No hubo más? - Preguntó Trigger.

- Sí, no hubo más.

- ¿Y no dijo cuánto tiempo duraría esta situación?

- No. Te he dado el mensaje palabra por palabra. Mi memoria es excelente, Trigger.

- ¿Así que podrían pasar más semanas? ¿O meses?

- Sí. Posiblemente. Me imagino... Plemponi había comenzado a sudar.

- Plemp - murmuró Trigger -, ¿quiere usted dar a Holati un mensaje de mí parte?

-¡Encantado! - contestó Plemponi -. Qué... ¡Oh, oh! - se ruborizó.

- De acuerdo - dijo Trigger -. Puede ponerse en contacto con él. Me lo pensaba.

El doctor Plemponi parecía lleno de reproches.

- Eso no fue noble, Trigger. Eres muy perspicaz.

Trigger se encogió de hombros.

- Lo que pasa es que no veo justificación a todo este misterio - Se puso en pie -. De todas maneras, he aquí el recado. Dígale que a menos que alguien, y pronto, me dé algún motivo cuerdo para permanecer aquí, pediré a Precol que me vuelva a trasladar a mi puesto en Manon.

Plemponi balbuceó triste.

- Trigger - Logró decir -, haré lo más que pueda por pasar el recado. Pero, en caso de que...

Ella le sonrió simpática.

- Lo sé - Contestó -. Tiene la boca cerrada. Lamento haberle molestado, Plemp -, soy una simple empleada de Precol después de todo. Si he de perder el tiempo que les pertenece, me gustaría saber por lo menos la razón.

Plemponi la vio salir de la habitación y descender al pasillo adjunto. En su rostro, la consternación luchaba por dar paso a un sentimiento aprobatorio.

- Tiene un tipo estupendo, ¿verdad? - Dijo a Mihul. Trazó en el aire vagos movimientos curvos con una mano, más o menos los opuestos con la otra -. Tiene un cimbreo especial cuando camina.

- Ajajá - dijo Mihul -. ¡Viejos chivos!

- ¿Eh? - preguntó el doctor Plemponi.

- Te oí discutir con Mantelish el tipo de Trigger.

Plemponi se sentó en su escritorio.

- No deberías escuchar lo que no te concierne, Mihul - Dijo con severidad -. Será mejor que lleve ese recado a Tate, supongo. Decía lo que pensaba, ¿no te parece?

- Absolutamente - Dijo Mihul.

- Tate me previno que se podía poner difícil poco más o menos en estos momentos. Tengo la sensación de que es muy consciente.

- También tiene novio en el Sistema Manon - Aclaró Mihul -. Tienen relaciones desde que estaban juntos en el colegio.

- Entonces debería casarse - Afirmó Plemponi. Se estremeció -. ¡Me hierve la sangre cada vez que pienso cómo esos raptores estuvieron tan cerca de ella ayer!

Mihul se encogió de hombros.

-¡Cálmate! Jamás tuvieron la menor posibilidad. Los tipos que Tate tiene vigilándola son la brigada más rápida que vi en acción jamás.

- Eso no halaga en nada a nuestra policía de Maccadon - murmuró reflexivo Plemponi.

- Creo que es verdad. Dados mis impuestos, han importado talentos. De todas maneras, si alguien quiere apoderarse de Trigger Argee aquí, será mejor que venga con un acorazado.

Plemponi miró nervioso el cielo sin nubes que quedaba encima del rectángulo del patio.

- La impresión que me formé de Holati Tate es que alguien podría venir así, como tú has dicho - respondió.


CAPITULO II
Había una entrada al transportador neumático, o tubo, en el extremo del pasillo que daba al despacho del doctor Plemponi. Mihul penetró, marcó el número de sus habitaciones personales, esperó hasta que la luz se pusiese verde unos segundos más tarde y entró en otro pasillo a diecisiete pisos por debajo del despacho de Plemponi y a poco más de dos kilómetros y medio de distancia.

Mihul cruzó el pasillo, entró en su apartamento, cerró la puerta tras de sí y oprimió el botón de la pantalla. En su dormitorio abrió una caja fuerte de la pared y sacó un transmisor de gran potencia. Lo conectó.

- ¿Sí? - Dijo una voz.

- Aquí Mihul - Contestó ella -. Quillan o el Comisionado...

- Aquí Quillan - Repuso el transmisor segundos más tarde en voz diferente, esta vez profundamente masculina -. Adelante, muñeca.

Mihul gruñó.

- Llamo porque me doy cuenta de la necesidad de que sus muchachos adopten una acción inmediata en el asunto Argee - dijo.

- ¿Oh? - preguntó la voz -. ¿Qué clase de acción?

- ¿Y cómo diablos voy a saberlo? Les digo simplemente que no podré continuar siendo responsable de su estancia aquí, durante más tiempo.

- ¿Ha pasado algo? - se apresuró a preguntar Quillan.

- Si se refiere a si alguien ha tratado de caer sobre ella, no. Pero es muy posible que intente largarse. Por lo menos me consta que no está dispuesta a aguardar mucho tiempo más.

Quillan contestó pensativo:

- ¿No lleva ya una temporadita mostrándose así?

- Sí, pero ha empeorado en los últimos días - Mihul dudaba -. ¿Iría contra Seguridad si usted me contase algo de lo que le ha pasado?

- ¿Le ha pasado a ella? - Repitió Quillan con precaución.

- A su cerebro.

- ¿Por qué se le ha ocurrido pensar eso?

Mihul miró ceñuda al transmisor.

- Trigger siempre tuvo genio - Dijo -. Se mostró siempre obstinada. Siempre fue individualista y dispuesta para luchar por sus propios derechos y los de cualquiera. Pero también mostraba sentido. Tiene uno de los mayores Cocientes de Inteligencia que pasaron jamás por esta universidad. El modo en que actúa ahora no me parece demasiado racional.

- ¿Y cómo habría actuado antes? - Preguntó Quillan,

Mihul meditó.

- Se habría puesto muy enojada con el Comisionado Tate - Dijo -. No la hubiera censurado por eso... Yo hubiese hecho lo mismo, dadas las circunstancias. Cuando él volviera, ella le habría exigido una explicación razonable de lo que estaba sucediendo. Si no conseguía algo que la satisficiese, dimitiría. Pero habría aguardado hasta que él volviera. Después de todo, ¿por qué no?

- ¿Y no cree que ahora vaya a esperar?

- No lo creo - repuso Mihul -. Le ha dirigido una especie de ultimátum a través de Plemponi. Una especie de comunicado, en efecto. Francamente no quisiera que se me obligase a garantizar que se quedara aquí para recibir la respuesta.

- Hum... ¿Y qué espera que haga?

- Que se marche - Dijo Mihul -. De un modo u otro.

-¡Uf!, - Exclamó Quillan disgustado -. Lo dice usted como si la impaciencia estuviese a punto de hacerla estallar. Usted puede detenerla, ¿verdad?

- Claro que puedo detenerla - respondió Mihul, Si consigo encerrarla en su cuarto y sentarme sobre su cuerpo para convencerme de que no puede escapar por la ventana. Pero, ¿«con disimulo»? Usted es el que dispuso que ella no debe saber que se la vigila.

- Cierto - Se apresuró a decir Quillan -. Dije una tontería, Mihul.

- Es verdad, mayor Quillan, señor - repuso Mihul -, Ahora pruebe otra cosa.

El transmisor guardó silencio durante segundos.

- ¿Podría garantizar su estancia aquí durante tres días más? - preguntó.

- No - repuso Mihul -. Ni siquiera podría garantizar que permaneciera otras tres horas.

- ¿Tan mal están las cosas?

- Sí - Afirmó Mihul -. Tan mal están. Ella se controló ante Plemponi. Pero la he estado observando en sus desahogos físicos. He trabajado con ella lo más duro que he podido, pero hay un límite en lo que se puede hacer dentro de tal margen. Se está manteniendo en bonísima forma.

- Sí, me han dicho que está en su mejor momento - Dijo Quillan.

- Me refiero a sus condiciones - Aclaró Mihul -. Dé todas las maneras, ahora se la ve perfectamente entrenada. Un poco más y se pondría nerviosa. Ya sabe usted lo que suele ocurrir.

- Ajajá - Dijo -. Nervios de luchador.

- Exactamente - Asintió Mihul.

Hubo una breve pausa.

- ¿Qué le parece colocar centinelas en todas las salidas de la Escuela Colonial? - Sugirió.

- ¿Puede enviarme un ejército?

- No.

- Entonces, olvídelo. ¿No recuerda que estudió aquí? El año pasado un grupo de nuestros estudiantes sacó clandestinamente el mastodonte disecado y lo dejó en el patio posterior del alcalde de Ceyce, sólo por broma. Hay demasiadas salidas. Y Trigger era la más perspicaz en conocerlas todas cuando se le ocurría una travesura. Desaparecería de aquí en el momento en que se le antojase.



-¡La causa son esos malditos tubos con sus entradas! - Exclamó Quillan, sintiéndolo de verdad -. Es el invento más terrible que jamás amenazó a la profesión de policía ---. Suspiró -. ¡Usted gana, Mihul! El Comisionado no está de momento. Pero tanto si viene, como si no, haré que alguien la recoja hoy. Es más, iré yo mismo.

-¡Bien por usted, muchacho! - exclamó Mihul aliviada, ¿Sacó algo de los raptores de ayer?

- Un poco. «Capturadla, pero no le hagáis daño», eran sus instrucciones. Por lo demás todo va igual con esos mostrencos. Un agujero en la cabeza en donde debiera estar el verdadero cerebro. Pero por lo menos sabemos de seguro que alguien va específicamente tras Argee. El precio era bastante interesante.

- ¿Cuál era?

-¡Sencillamente medio millón de créditos!

Mihul lanzó un silbido.

-¡Pobre Trigger!

- Bueno, no es probable que nadie gane el dinero.

- Espero que no. Es una buena chica. De acuerdo, Mayor. Corto ahora.

- Aguarde un momento - Dijo Quillan -. Usted preguntó hace un rato si - la chica había sufrido algo.

- Pues sí - Dijo Mihul sorprendida -. Usted no contestó. Me imaginé que iba contra la seguridad.

- Probablemente sí - Admitió Quillan -. Todo parece serio, ahora. He renunciado a seguir con eso. De todas maneras, yo no sé nada acerca de esa muchacha; me refiero a si la han manipulado o no. Tampoco el Comisionado. Pero se siente preocupado. Y Argee tiene una cita que ignora con el Servicio de Psicología, dentro de cuatro días.

- ¿Esos cabezas de huevo? - Mihul estaba asombrada -. ¿Qué es lo que quieren de ella?

-¡Ya sabe, eso es lo raro! - Observó Quillan reflexivo -. No piensan decírmelo.

- ¿Y por qué me lo hace saber? - preguntó Mihul.

- Ya lo descubrirá, muñeca - dijo él.


_________________________
El guardia de la Liga U se apoyaba contra la pared frente al portal y se puso en posición de firmes cuando éste se abrió. Trigger salió. Le dirigió un saludo.

- Buenos días, señorita Farn.

- Buenos días - dijo Trigger. Le obsequió con una sonrisa, ¿Llegó el correo?

- Hace exactamente veinte minutos.

La joven asintió, volvió a sonreír y pasó ante él en dirección a su despacho Siempre se llevaba bien con los policías de casi cualquier índole y los chicos de la Liga eran extraordinariamente agradables y educados. También formaban, según advirtió, un grupo notablemente musculoso.

Cerró la puerta del despacho tras de sí, parte de las precauciones complicadas de Seguridad del Proyecto Plasmoide, recogió la carpeta del correo y la encontró vacía. Lo que significaba que lo que había llegado era pura rutina y ya estaba siendo despachado por su reducido personal de oficinas. Más tarde, dentro de aquel día, tendría ocasión de garrapatear la firma de Ruya Farn en unas pocas docenas de cartas y cheques. ¡Buen trabajo! Trigger se sentó tras su escritorio

Meditó durante un minuto o dos, golpeándose los dientes con la uña del pulgar. El Honorable Comisionado Precolonial Tate, cualquier cosa que se pudiese decir de él, indudablemente era de los personajillos más inteligentes con quien se tropezó jamás. Probablemente vio alguna razón del todo válida para mantenerla aquí, aislada y sin estar informada. La cuestión era cuál sería tal razón.

Seguridad ... Trigger frunció la naricilla. La seguridad no significaba nada. Todo el que estuviese asociado con los Plasmoides de la Vieja Galaxia estaba envuelto por medidas de seguridad de la Federación desde el mismo día en que se anunció el descubrimiento plasmoide. Y ella se encontró en el centro de las operaciones que ahora les concernían. Y ¿por qué Holati Tate se mostraba lleno de secretos para con ella? ¿Cuándo podría establecer contacto con él, incluso el viejo y parlanchín Plemponi ... ?

Esto era algo más que enojoso...

Trigger se encogió de hombros, abrió un cajón del escritorio y sacó un pequeño visor tridimensional. Lo colocó en el escritorio y lo miró malhumorada.

El rostro de un joven casi probablemente guapo le devolvió la mirada. Asombrosos ojos azul oscuro; robusta mandíbula, pelo castaño rizado. Se vela un fulgor de dientes blancos por debajo de la rápida y cálida sonrisa que siempre producía una sensación cálida en ella.

Trigger y Brule Inger estaban casi prometidos durante los últimos dos años y medio, incluso desde que Precol les envió juntos a su Proyecto en el Planeta Manon. Salían ya antes, mientras asistían todavía a clase en la Escuela Colonial. Pero ahora ella se encontraba aquí, quizá atascada indefinidamente... a menos que hiciese algo para remediarlo... y Brule estaba en el planeta Manon. Para los rapidísimos navíos del subespacio, el Sistema Manon quedaba a más de nueve días de distancia. ¡Para los barcos de carga express de Grand Commerce, o los trasatlánticos ordinarios, el viaje representaba dos meses! ¡Manon estaba muy, pero muy lejos!

Habían pasado casi un mes desde que recibió las últimas noticias de Brule. Si así lo deseaba podría enviarle una cinta personal. El la recibiría al cabo de catorce días, poco más o menos, vía paquete de la Federación. Pero ya le había mandado tres sin respuesta. Brule no era un buen amante si permanecía separado de su amada y ella no se lo censuraba demasiado. Se sentía un poco torpe cuando se trataba de alimentar sus sentimientos personales para grabar una cinta. Y, otra vez a causa de la seguridad, muy poco podía decir por el micrófono. Ni siquiera se le permitía informar a Brule de donde se encontraba.

Volvió a guardar el aparato en el cajón, oprimió uno de los botones que se alineaban al lado derecho del escritorio y un panel de la mesa se alzó verticalmente delante suyo, mostrando una pantalla de televisión conectada a las líneas corrientes principales.

Trigger recorrió el pequeño directorio mientras unas cuantas noticias aparecían de trecho en tre­cho y quedaban sustituidas por acontecimientos más recientes. Bajo el titular «Ciencia» parecían presentarse muchas cosas, como siempre, en re­lación con los experimentos plasmoides en torno a Hub.

Marcó el número del titular, revisó la primera partida que apareció. En esencia era un sumario de informes sobre los rumores Hubwide que no sólo pretendía un progreso que valiese la pena en determinar lo que hacía latir a los plasmoides de la Vieja Galaxia. Lo que, por lo que hasta ahora sabía Trigger, era muy cierto. Otros rumores, bastante desagradables, eran que los quinientos, poco más o menos, grupos científicos a quienes habían sido entregados los plasmoides individuales por la Liga de la Universidad de la Federación actualmente habían conseguido información importante, pero la reservaban para sí.

El sumario continuó a través de unas cuantas opiniones autorizadas y contra opiniones más recientes conseguidas, luego las condensaban hasta reducirlas a la afirmación de que un plasmoide se podía comparar a un motor al que no parece faltarle nada, excepto fuente de energía. O quizá, más correctamente, presumiendo que pudiese haber una fuente de energía no identificada, un botón de puesta en marcha. Un grupo pretendía haber duplicado virtualmente el plasmoide que le prestó la Federación, produciendo una estructura por vía química distinguible del módulo de la Vieja Galaxia sólo por el hecho de que se habría, cosa predecible, desmoronado a las pocas horas. Pero los plasmoides no se desmoronaban. Las muestras bajo estudio no mostraron signos de deterioro. Unos pocos seguían absorbiendo nutrición de vez en cuando; a algunos se les observó moverse ligeramente. Pero ninguno admitía ser inducido a operar. ¡Todo resultaba muy turbador!

Era muy turbador, admitió Trigger. Allá en el Sistema Manon, cuando se les descubrió, los plasmoides funcionaban con gran eficiencia en la estación de cosecha de proteínas que las Viejas Galaxias parecían haber abandonado, u olvidado, hacía ya unos cuantos centenares de siglos. Fue solo cuando entraron los humanos en la base y cortaron todas sus operaciones mecánicas, que los plasmoides dejaron de trabajar... y luego, cuando los interruptores que parecían haberles mantenido funcionando fueron de nuevo conectados, permanecieron inmóviles.

Personalmente a Trigger no le podía importar menos si no llegaban a moverse jamás. Era estupendo que el viejo Holati Tate hubiese hecho una fortuna casi indecentemente obteniéndola, de sus derechos como primer descubridor de las cosas aquéllas, porque ella realmente tenía mucho cariño al Comisionado cuando éste no aparecía irritado, Pero de alguna manera oscura descubrió que era muy abrumadora la idea de los propios plasmoides y de la vida plástica ilimitada que ellos representaban. Sin embargo, allí constituían minoría. Prácticamente todos los demás parecían sentir que los plasmoides eran el mayor progreso desde la Creación de Eva.

Al poco conectó el visor en su ajuste del noticiario local y marcó en número de referencia del Sistema Manon. Últimamente enterarse de lo que allí ocurría se le había convertido en una costumbre rutinaria. De vez en cuando captó referencias a Brule Inger, que en la actualidad ejercía el puesto de oficial receptor de Precol y de contacto con el Sistema. Era muy popular con los numerosos e importantes ciudadanos Hub que efectuaban el largo viaje hasta Manon... algunos deseosos de captar una visión de primera mano de las maravillas de la ciencia que la Vieja Galaxia dio; una buena cantidad más se inclinaban por conseguir una primitiva opción en el desarrollo del planeta Manon, que rápidamente se aproximaba al punto en donde su estatuto cambiaría de Proyecto Precol al de Territorio Federativo, abriéndose a todos los emigrantes calificados.

Hoy no hubieron noticias de Brule. Grand Com­merce había abierto su primer establecimiento y centro de recreo en Manon, a menos de dieciséis kilómetros de la cúpula del Cuartel General de Precol, en donde Trigger recientemente había estado trabajando. La red subespacial que se estaba instalando en torno a la base de la Vieja Galaxia estaba ya casi terminada. La población permanente Hub en el Planeta Manon acababa de pasar la calificación de cuarenta y tres mil, en número de emigrantes. Apenas habían ochocientos, recordó Trigger con algo de nostalgia, empleados de Precol y ningún otro ser humano, en aquel mundo en los días anteriores a que Holati Tate anunciase su descubrimiento.

Estaba ocultando el panel visor dentro del escritorio cuando el oficial de la red de comunicaciones lanzó un fuerte pitido musical. Volvió a conectar.

¡Hola, Rak! - Dijo animosa -. ¿Algo nuevo?

El joven de rostro huesudo aparecía llevando el austero uniforme negro de Científico Menor, de la Liga U. Parecía preocupado.

Dijo:

- Creo que sí, señorita Farn - Rak era jefe de grupo de los treinta y cuatro Científicos Menores que la Liga había instalado en el Proyecto. Como todos los Menores, se tomaba muy en serio sus obligaciones -. Por desgracia no es nada que se pueda discutir por un comunicador. ¿Podría usted venir a reunirse con nosotros durante el día?



-¡Es una pregunta ridícula, Rak! - Afirmó Trigger -. ¿Queréis que vaya ahora mismo?

El joven sonrió.

-¡Gracias, señorita Farn! ¿Dentro de veinte minutos? Reuniré a mi comité consejero y podremos enfrentarnos en una pequeña conferencia en la sala del Palacio de Exhibiciones.

Trigger asintió.

- Pasaré por el palacio. ¡Enviadme un centinela para avisarme cuando estéis preparados!
CAPITULO III
Apagó el comunicador y se puso en pie. Rak y su grupo estaban atascados con el Proyecto Plasmoide mucho más sólidamente que ella. Se habían establecido aquí, confinados en su propia ala de la zona del Proyecto, cuando ella vino desde Manon con el Comisionado. Hasta que las presentes reglas de seguridad se relajasen, cosa que no podría ocurrir durante por lo menos un par de años, permanecerían en el Proyecto.
Trigger les compadeció un poco, aunque a los Científicos Menores no parecía importarles el escenario en que se desarrollaban sus actividades. La dedicación sobresalía en todos ellos. Puesto que casi la mitad eran mujeres jóvenes, uno podía asumir que de cualquier forma no estaban condenados a una existencia completamente monástica.

Un par de trabajadores guiaban a una docena de grandes robots de limpieza en torno al Palacio de Exhibiciones Plasmoides, que no se abriría a los estudiantes o visitantes hasta dentro de otras pocas horas. Trigger cruzó el suelo de la enorme zona hacia un par de artículos en exhibición que antes, en su anterior visita, no estaban allí. Descubrió que eran dos duplicados de tamaño natural de un par de Plasmoides V. G., los números 1432 y 1433. Miró con cierto disgusto las formas cerúleas, desmadejadas, en parte traslúcidas. Había estado en la propia estación de la Vieja Galaxia y tuvo oportunidad de ver muy de cerca los originales de aquellos modelos, pudiendo tocarlos, aunque no se le ocurrió hacerlo.

Consultó el reloj de pulsera, dio la vuelta a un modelo a escala de Harvest Moon, la estación V. G. que ocupaba el centro del Palacio y continuó por entre los productos exhibidos. Habían vistas tomadas en el Planeta Manon en una especie de salita, principalmente del plankton aéreo de Manon, que formaba un cinturón y de los Plasmoides gigantes llamados Cosecheros, que habían recorrido ese cinturón, tragándose metódicamente sus nubes de materia viva. Una réplica, descomunal como una ballena, de un cosechero dominaba un extremo del Palacio, una especie de salchicha gigante, de un verde oscuro en su aspecto externo, aunque con dispositivos internos bastante originales en extremo.

- Señorita Farn...

Se volvió. Un policía de la Liga, plantado a la entrada de un pasillo a unos diez metros de distancia, inició un florido saludo y lo terminó con una reverencia. ¡Modales excelentes tenían aquellos muchachos!

Trigger le obsequió con una sonrisa.

- Voy - dijo.

El Científico Menor Rak y su comité consultivo, otros dos jóvenes varones y una muchacha, la estaban esperando en la sala de conferencias. Todos se pusieron en pie cuando entró. Esa habitación señalaba el límite de su territorio; habrían violado varias reglas de la Liga aventurándose a salir al pasillo a través del que entrara Trigger.

Y eso era inimaginable.

Rak tomó la palabra, como en las ocasiones previas en que Trigger se reunió con este grupo. El comité consultivo simplemente permaneció allí sentado y la contempló. Por lo que podía imaginar Trigger, estaban presentes en esas sesiones sólo para comprobar si Rak no cometía ninguna indiscreción peligrosa.

- Nos preguntábamos, señorita Farn - Dijo Rak interrogador -, si tiene autoridad para pedir centinelas adicionales de la Liga de la Universidad para el Proyecto Plasmoide.

Trigger sacudió la cabeza.

- No tengo ninguna autoridad que yo sepa, en cuanto concierne a la Liga. No dudo que el profesor Mantelish podría solucionaras el caso.

Rak asintió.

- ¿Puede usted establecer contacto con el profesor Mantelish?

- No - Contestó Trigger. Sonrió -. ¿Podéis vosotros establecer contacto?

Rak miró a su alrededor, consultando a su comité, como si buscase la aprobación; luego dijo:

- No, no es posible. De hecho, señorita Farn, hemos estado aislados aquí del modo más curioso durante las últimas semanas.

- Lo mismo que yo - Afirmó la señorita Farn.

Rak parecía asombrado.

-¡Oh! - Exclamó -. Esperábamos que nos pudiese dar un poco de información.

- Lo haría si la tuviese - le tranquilizó Trigger -. Por desgracia, no la tengo - meditó -. ¿Por qué os parece que se necesitan más guardias de la Liga?

- Hemos oído decir que han habido ataques en la zona de la Escuela Colonial y que se produjeron ayer - Observó Rak con precaución.

- Raptores - Dijo Trigger -. No os tiene que molestar. Ni preocupar tampoco. Vuestra sección del Proyecto se supone que es a prueba de cualquier rapto.

Rak volvió a consultar con la mirada a sus compañeros y aparentemente recibió algún indetectable signo de consentimiento.

- Señorita Farn, como usted sabe, nuestro grupo ha recibido por misión custodiar a los plasmoides de la Liga que hay aquí. ¿Se da usted cuenta que seis de los plasmoides que han sido distribuidos a laboratorios responsables a través de Hub se han perdido por causa de atacantes desconocidos?

La joven estaba asombrada.

- No, no lo sabía. Oí decir que hubieron algunos intentos infructuosos de robar a los plasmoides distribuidos. .

- Esos seis intentos tuvieron un absoluto éxito - Dijo Rak con cierto orgullo -. Uno debe deducir que los laboratorios víctimas también habían sido considerados como a prueba de ataques.

Trigger admitió que era una asunción razonable.

- Hay otro asunto - continuó Rak -. Cuando llegamos aquí comprendimos que el doctor Gess Fayle iba a traer la unidad Plasmoide 112-113 a este proyecto. Parece posible que el retraso del doctor Fayle en aparecer indica que el Cuartel General de la Liga no considera el proyecto como un lugar suficientemente seguro para 112-113.

- ¿Por qué no lo preguntáis al Cuartel General? - sugirió Trigger.

Se agitaron nerviosos.

-¡Sería una violación al Principio de la Cadena de Mando, señorita Farn! - explicó Rak.

- Oh - exclamó la joven. Los Menores eran superdisciplinados, sin duda -. ¿Es una cosa muy importante eso que habéis llamado 112-113?

- Si, el doctor Fayle es el encargado personal del aparato - dijo Rak con cuidado -, yo diría que sí.

Recordando sus reuniones con el doctor Gess Fayle en el. Sistema Manon, Trigger asintió en silencio. Era uno de los peces gordos de la Liga U, un científico - Político que se había hecho nombrar ayudante en jefe de Mantelish, cuando el eminente biólogo fue enviado por primera vez a Manon para hacerse cargo de las operaciones de la Liga allí. Trigger sintió antipatía por Fayle nada más verle y no había cambiado de opinión al conocerle mas de cerca.

- Ahora recuerdo esa unidad 112-113 - Dijo de pronto -. Una cosa grande y fea.. bueno, eso sirve para describir a buena cantidad de esa clase de aparatos, ¿verdad?

Rak y los otros parecían como afrentados, Al cabo de un momento. Trigger se dio cuenta, uno de ellos entraría en una especie de sermón sobre la estética funcional a menos que ella lo evitase ... y ya había oído bastante sobre estética funcional en relación con los Plasmoides.

- Veamos, 113 - Siguió presurosa - es un plasmoide muy pequeño extendió las manos unos treinta y cinco centímetros -, así y va sujeto a otro mayor. ¿De acuerdo?

Rak asintió, algo envarado.

- Esencialmente correcto, señorita Farn.

- Bueno - Dijo Trigger -. No puedo censuraros porque os preocupéis un poco. ¿Qué tal es vuestro capitán de la Guardia? ¿No seria conveniente pedirle refuerzos?

Rak chasqueó los labios.

- Sí. Y lo hice. Esta mañana. Antes de llamarla a usted.

- ¿Qué contestó?

Rak hizo una mueca de infelicidad.

- Replicó que su complemento actual de guardias podía manejar cualquier emergencia. ¿Cómo iba a saber las dificultades?

- Ese es su trabajo - destacó con suavidad Trigger, Los Menores parecían muy preocupados --- ¿No os proporcionó ninguna idea útil?

- Ninguna - Contestó Rak-. Dijo que si alguien quería tirar dinero o gastarlo para contratar a un pelotón de combate de la Policía Especial de la Federación, siempre encontraría algo útil para esos hombres. Pero eso es desesperanzador, claro.

Trigger se incorporó. Extendió la mano y apuntó el pecho huesudo de Rak con la punta del dedo.

- ¿Sabes algo? - Dijo -. ¡Pues no!

Los cuatro rostros se iluminaron juntos.

- El hecho es - continuó Trigger -, que yo distribuyo el presupuesto del Proyecto hasta que alguien aparezca y me releve. Así que creo que adquiriré ese pelotón de combate de la Federación, Rak. Lo haré en seguida - Se puso en pie. Los Menores abandonaron automáticamente sus sillas -. Id a decir a vuestro capitán de la guardia - Les instruyó desde la puerta del pasillo -, que habrá un pelotón que llegará esta noche a la hora de cenar.


_________________
La Oficina de la Policía de la Federación, en Ceyce, informó a Trigger que un pelotón de combate Clase A, veinte hombres adiestrados con pleno equipo, se presentaría para un servicio de dos meses en la Escuela Colonial durante la tarde. Ella les entregó un cheque y envió la firma de Ruya Farn por telescritor. La cifra del cheque iba hacer que algún auditor de la Liga U enarcase las cejas y se pusiese a gritar cualquier día de estos; pero si la Liga insistía en mantenerla alejada de los problemas de este Proyecto Plasmoide, un poco de angustia financiera sería lo menos que podría esperarse a cambio.

Trigger se sentía muy animosa durante un ratito.

Luego recibió una llamada del despacho de Precol Maccadon. Se le pidió que estuviese alerta para una transmisión personal interestelar que se le enviaría por la Red de Comunicaciones.

¡Parecía tener su día! Murmuró en voz baja, esperando. Conocía sólo un individuo con la consiguiente influencia para permitirse el lujo de conversaciones personales interestelares y ese era el Comisionado Tate. Buen trabajo y rápido, Plemp, pensó aprobadora.

Pero fue el rostro de Brule Inger el que destelló en la pantalla del comunicador. A Trigger el corazón le dio un vuelco. Se quedó sin respiración.

-¡Brule! - Gritó entonces. Se levantó como disparada de su silla -. ¿De dónde llamas?

Los ojos de Brule se fruncieron en sus bordes. La dirigió una sonrisa. La vieja y conocida sonrisa.

- Por desgracia, cariño, sigo en el Sistema Manon - Parpadeó -. ¿Qué le ha pasado a tu pelo?

-¡Manon! - Exclamó Trigger. Comenzó a sentarse, débil por la desilusión. Luego se levantó otra vez - ¡Brule! ¡Loco! ¡Te estás gastando el salario de un mes en esta llamada! ¡Te amo! ¡Corta, de prisa!

Brule echó atrás la cabeza y rió.

-¡De todas formas, no has cambiado demasiado en dos meses! ¡No te preocupes! Es gratis. Llamo desde el yate de un amigo.

-¡Vaya amigo! - exclamó Trigger, sobresaltada.

- Bueno, debí decir una amiga. Tampoco le cuesta nada. Tenía que transmitir de todos modos hoy a Hub. Me preguntó si me gustaría hacerme cargo del contacto en los últimos minutos y ver si podía localizarte... ¿Me has echado de menos, Trigger?

Trigger sonrió.

- Muy adecuado. Bueno, se conoce que fue muy amable. ¿Es alguien a quien conozco?

- Es difícil - Contestó Brule -. Nelauk llegó una semana o poco más o menos después de que tú te marchaste. Nelauk Pluly. Su padre es de las Líneas Pluly. Hablemos de ti, ¿Cómo se te ocurrió esa idea de hacerte teñir el pelo color platino?

- Se me convenció - Confesó la joven -. Es la moda de la actualidad -él la miró con aire critico,

- Me gustabas más de pelirroja.

- Opino lo mismo. - Uf, pensó Trigger. ¡Seguridad, muchacha! - así que esta noche me volveré a cambiar el color - Continuó rápidamente - Cielos, Brule. ¡Es muy agradable volver a ver tu hogareño rostro!

- Pero mucho más agradable cuando no es preciso contemplarlo a través de un televisor.

-¡Tienes razón!

- ¿Cuándo volverás?

Ella sacudió la cabeza con tristeza.

- No lo sé.

El joven guardó silencio un momento.

- Tendré que charlar contigo de vez en cuando - Observó -. Se ha hablado mucho de que tú y Tate desaparecisteis juntos.

Trigger notó cómo le subía el color a las mejillas.

- No hagas caso - dijo con sequedad - ¡Desmiente esos rumores!

La sonrisa reapareció,

- ¿Y crees que sería correcto desmentir a una dama?

Ella le sonrió también.

-¡No te acerques a las mujeres! - de algún modo, Brule y Trigger jamás empleaban un lenguaje cariñoso en sus relaciones mutuas. Esa sequedad les habla causado ya antes algunos problemas.

- ¿Puedes decirme dónde estás? - preguntó el joven.

- Me temo que no, Brule.

- En apariencia lo sabe el Despacho Central de Precol - Destacó Brule.

- En apariencia - reconoció Trigger.

Se miraron durante un momento; luego Brule sonrió.

-¡Bien, guarda tu secretito! -,dijo -. Lo que en realidad quería saber es cuándo volverás.

- Espero que muy pronto, Brule - dijo Trigger con aire infeliz. Luego, de pronto, hubo una súbita irrupción de sonido procedente del comunicador... carcajadas, voces charlando; un débil ramalazo de música. Brule miró de reojo.

- Se celebra una fiesta - Explicó -. ¡Y aquí llega Nelauk! Quería saludarte.

A unos tres metros tras él, una figura avanzó con gracia apareciendo en la pantalla y se adelantó todavía más. Era una chica esbelta con un pelo color violeta recogido en moño alto y los ojos casi hacían juego con el tinte del cabello. Vestía con algo parecido a una docena de capullos... capullos que, en opinión de Trigger, habían sido dispuestos con bastante descuido. Pero presumiblemente era un elegantísimo traje de fiesta. Era muy joven y ciertamente no habría cumplido todavía los veinte.

Brule puso una mano fraterna en él empolvado hombro.

-¡Nelauk, te presento a Trigger!

Nelauk murmuró que era un honor, que llevaba tiempo deseando conocerla, etc. Los ojos violeta parpadearon adormilados mirando a Trigger.

Trigger la obsequió con una gran sonrisa.

- Muchas gracias por preparar lo de la llamada. He estado preguntándome que tal se portaría Brule.

Una equivocación decir aquello, probablemente, pensó. Tenía razón. Nelauk captó el significado sin el menor esfuerzo.

-¡Oh, maravillosamente! - Aseguró a Trigger sin expresión -. No le pierdo de vista. Y este pequeño favor... era lo menos que podía hacer por Brule. Por usted también, claro, Trigger querida.

Trigger mantuvo con firmeza su sonrisa.

-¡Le repito que muchas gracias! - le dijo.

Nelauk asintió, volvió a sonreír y desapareció con gracia de la pantalla. Brule le envió un beso a Trigger,

- Ahora cortarán el contacto. Espero verte muy pronto, Trigger, muy pronto.

Su imagen se desvaneció antes de que la chica pudiese contestar.

Paseó por el despacho, murmurando por lo bajo. Se acercó hasta el comunicador una vez, extendió el brazo y lo retiró.

Era mejor recapacitar.

Quizá no fuese una emergencia. Brule no se dedicaba exactamente a perseguir a las mujeres. Se dejaba perseguir por ellas de vez en cuando. Mucho antes de que Trigger abandonase Manon, descubrió, sin mucha sorpresa, que las esposas, hijas y amigas de los magnates que visitaban Hub eran tan susceptibles al encanto de Inger como las colegialas de Precol. La principal diferencia era que éstas se mostraban más directas en declarar su afecto.

Eso en realidad no la preocupaba. De hecho, encontró ligeramente asombrosos los informes de Brule acerca de las maniobras que varias damas amorosas de Hub efectuaban. Pero sí que se preocupó un poco acerca de otra cosa. El punto flaco de Brule parecía ser la exhibición más abrumadora y en masa de riqueza ¡y estaba casi en contacto continuo con personas acomodadas! Muchos de los yates a los que acudía pertenecían a personas representativas de Precol, eran palacios espaciales, lujosísimos y resultaba que Brule Inger era siempre considerado como huésped de honor en la mayor parte de estas suntuosas naves.

Brule hablaba de tales barcos quizá demasiado.

Trigger reanudó sus paseos.

La pequeña Nelauk quizá no hubiese cumplido veinte años, pero había lanzado por la pantalla un desafío con toda la lánguida confianza de una veterana en las lides del amor. Lo que, pensó Trigger con aire felino, indudablemente era la pequeña Nelauk.

Y una chica, añadió con la misma felinidad, cuyo padre representaba a las Líneas Pluly tenía ligeras razones para mostrarse confiada...

-¡Miau! - Murmuró para sí. Nelauk, para ser sincera, era también un bombón.

Pero si iba en serio con Brule, quizás éste se sintiera tentado por bocado tan apetitoso como era la hija de un magnate de las Líneas Pluly.

Trigger se acercó a la ventana y miró hacia el rectángulo de ejercicios que quedaba a cuarenta pisos por debajo.

-¡Sí él es tan zoquete ... pensó.

Podía ser muy zoquete. También era Brule. Volvió a su escritorio y se sentó. Miró al comunicador. Cualquier chica tenía derecho a considerar sus propios intereses.

Y allí estaba la posibilidad completamente real de que Holati Tate llamase en cualquier momento, la diese una explicación convincente, pálida, satisfactoria, enteramente razonable, por todo lo que había ocurrido últimamente... y luego la mostrase porque iba a ser absolutamente necesario que se quedara allí una temporada más.

Si tenía que elegir entre el inconvencible Holati Tate y la pérdida de aquel zoquete de Brule...

Trigger conectó el comunicador.
CAPITULO IV
El jefe del Departamento de Personal del despacho en Maccadon de Precol, dijo:

- Usted no me necesita, Argee, Esa no es mi jurisdicción. La pondré en contacto con el subsecretario Rozan.

Trigger parpadeó.

- Suuu... - Comenzó.., Pero ya le habían cortado la comunicación.

Se quedó mirando al comunicador, un poco impresionada. ¡Todo lo que había hecho era decir que deseaba solicitar el traslado! El subsecretario Rozan era uno de los cuatro grandes de Precol. Durante un momento, Trigger experimentó una sensación extraña. Alguna locura rara se extendía ansiosamente por todo el Hub. Trató de desechar tal pensamiento.

Una rubia indiferente apareció en la pantalla. Podía tener unos treinta y cinco. Le dirigió una pequeña y fría sonrisa.

- Rozan - Dijo -. Es usted Trigger Argee. La conozco. ¿Qué es lo que le ocurre?

Trigger la miró, extrañada.

- Ninguna dificultad - Dijo -. Simplemente que Personal me puso en contacto con ustedes.

- Han recibido instrucciones para hacerlo así - dijo Rozan -. Adelante.

- Estoy de momento en servicio de destacamento.

- Lo sé.


- Me gustaría solicitar que me devuelvan a mi antiguo empleo. El Sistema Manon.

- Tiene usted ese privilegio - Dijo Rozan. Medio se volvió, adelantó un telescritor y lo colocó delante de su aparato comunicador. Miró de reojo el escritorio de Trigger -. Mire, veo que está conectado a su telescritor. Queremos la huella digital del pulgar y la firma.

Deslizó un impreso en su telescritor, lo levantó dos veces mientras Trigger depositaba por su parte la huella digital del pulgar y la firma, y lo sacó.

- La solicitud seguirá su curso de inmediato, Argee. Buenos días.

No es una mecanógrafa muy diestra la tal Rozan.

Si no diestra, la rubia de Precol era una mujer de palabra. Trigger había comenzado a almorzar cuando el receptor del despacho del correo neumático tintineó brillantemente. Extendió el brazo, sacó un transportador plano de plástico, lo abrió. El papel que se desplegó por sí mismo en su mano era su solicitud de traslado.

Al pie del formulario se veía el cuño: «Solicitud denegada», seguido por la firma del secretario del Departamento de Colonización, Oficina Central, Evalee.

Trigger miró incrédula la firma y las dos palabras. Se habían tomado la molestia de transmitir aquella firma desde Evalee sólo para que resultase claro que ya no quedaban superiores a quienes recurrir en el asunto. Precol no iba a volverla a trasladar a Manon. Eso resultaba definitivo. Entonces comprendió con asombro que había una segunda hoja adjunta al impreso.

Escritas a mano se leían unas pocas palabras más: «De acuerdo con las instrucciones del Comisionado Tate». Y una firma: «Rozan». Y tres palabras finales: «Destruya esta nota».

Trigger arrugó la solicitud con una mano. Su otra salió disparada hacia el comunicador.

Entonces se reprimió. Su inmediato impulso había sido enviar una dimisión irrevocable a Precol. Pero algo, un vago escalofrío de aviso, le decía que sería una actitud lamentable.

Se arrellanó para recapacitar.

Era muy probable que el subsecretario Rozan sintiera antipatía hacia Holati Tate, una intensa antipatía. Buena cantidad de peces gordos del Despacho Central aborrecían a Holati Tate. Les había pisoteado más de una vez... de manera muy justificable; pero les había pisoteado. La Oficina Principal no se desviaría de su camino ni un centímetro para hacer algo que simplemente el Comisionado Tate quisiera que se hiciese.

Así que alguien respaldaba las instrucciones del Comisionado Tate.

Trigger sacudió su cabeza con aire desvalido.

El único alguien más que podía dar instrucciones al Departamento de Precolonización era... ¡El Consejero de la Federación!

Y ¿cómo posiblemente se podía preocupar la Federación de que Trigger Argee estuviese allí? Emitió una especie de gruñido de incredulidad.

Luego permaneció sentada un rato, sintiéndose asustada.

El miedo en realidad no se le pasó, sino que se instaló en su interior. Por arriba, en la superficie comenzó otra vez a pensar.

Presumiendo que fuese eso, se dijo a sí misma, no tenía sentido. Sólo el presumirlo así dejaba como zanjado un problema práctico. No había que preocuparse de el porqué...

El problema entonces se hizo muy simple. Ella deseaba volver a Manon. La Federación... o alguien más, alguien del todo inimaginable de momento pero comparable en poder a la Federación, y también en influencias, quería conservarla aquí.

Desarrugó la solicitud, desprendió la nota de Rozan, la rompió y la dejó caer en pedacitos en la papelera de la pared. Esa obligación quedaba cancelada. Ya no tenía ninguna otra obligación. Simpatizaba con Holati Tate. Cuando todo esto se aclarase, quizá encontrara que seguían apreciándote. De momento, no le debía ni pizca de afecto o consideración.

Ahora. Presumamos que simplemente no habían bloqueado la ruta obvia a Manon. No podían bloquear las rutas a todas partes; eso era imposible. Pero si podrían estar vigilando para que ella sencillamente no se levantase y se marchara. Y estaban bien, muy bien preparados para emprender acción directa para impedirla que se fuese.

Trigger decidió que utilizaría el método que había utilizado para salir sin ser observada de la Escuela Colonial como último recurso. Eso no presentaría ninguna grave dificultad.

Una vez que estuviese fuera, ¿qué haría?

Principalmente tenía que contratar medio de transporte y eso... puesto que no tenía intención de pasarse unos cuantos meses en el viaje y ya que un ciudadano privado no tenía la menor posibilidad de meterse a bordo de un navío de la Federación en la ruta de Manon, iba a ser caro. De hecho, emplearía la mayor parte de sus ahorros. Bajo tales circunstancias, sin embargo, los gastos no resultaban importantes. Si Precol se negaba a devolverla a su trabajo cuando apareciese en Manon, una buena cantidad de tipos industriales que se preparaban para instalarse en cuanto el planeta recibiese el visto bueno final, se mostrarían muy felices de contratarla. Ya había rechazado una docena de ofertas con un importe considerablemente superior al de su actual salario.

Así que... saldría del recinto de la Escuela, efectuaría un viaje por metro hasta la parte baja de Ceyce, se metería en una cabina de comunicación y llamaría a la sección de transportes de Gran Comercio pidiendo información sobre los próximos viajes por el subespacio a Manon.

Reservaría una litera en el primer navío rápido que partiese. A nombre de... veamos... a nombre de Birna Drellgannoth, que había sido amiga suya cuando tenía diez años. Puesto que Manon era una reserva de Precol, no tendría que enfrentarse al problema de una identificación personal precisa, como las que se oponían a que uno renovase pasaje para cualquiera de los mundos miembros.

El despacho de billetes le pediría sus huellas digitales. Era inevitable. Pero habían millones de tales huellas que se proyectaban cada hora del día en Maccadon. Si alguien comenzaba a buscarla por ese método, le costaría mucho tiempo distinguir las huellas de su pulgar.

La próxima parada.. . la sucursal en Ceyce del Banco de Maccadon. Y era una suerte que hubiese efectuado sus depósitos en Ceyce desde que tenía diez años de edad, porque tendría que presentarse en persona para sacar sus ahorros. Sería mejor que no perdiese tiempo en llegar tampoco al banco. Era el lugar en donde los investigadores en teoría esperarían que apareciese.

Podría pagar la reserva de su navío en el banco. Luego almacenar unas cuantas ropas y una maleta para el viaje... y, finalmente, alojarse en algún gran hotel de la clase media, en donde permanecería tranquila hasta pocas horas antes de que el navío tuviese que despegar...

Eso parecía cubrirlo todo. Probablemente no resistiría una prueba completa. Pero tratar de elaborar un plan completamente seguro sería perder un tiempo del que ella no sabía si se volvería en su contra. Eso la daría una cierta ventaja, quizá bastante larga.

¿Cuándo debería marcharse?

Ahora mismo, decidió. Presumiblemente el Comisionado Tate habría sido informado de que solicitó traslado y que la solicitud fue denegada. Le conocía demasiado bien para no mostrarse receloso si las cosas indicaban que se había tomado el asunto con resignación y permanecía sentadita en casa, conformada.

Habló con su secretaria mediante el comunicador.

- Pienso salir del despacho - Dijo -. ¿Hay algo urgente que deba resolver?

Era una buena pregunta. Antes de almorzar había firmado el correo del día y los cheques.

- Nada, señorita Farn.

- Estupendo - contestó Ruya Farn -, Si alguien desea verme en las siguientes tres o cuatro horas, estaré en la biblioteca principal o en el lago.

Y eso produciría dos zonas bastante extensas en las que buscarla, y así, cuando empezaran a tratar de encontraría..., junto con el hecho de que, por lo que todo el mundo sabía, podría estar en algún lugar entre esos dos puntos, el retraso la daría una buena ventaja.

Pocos minutos más tarde, Trigger, alegre, canturreando por lo bajo, entró en su habitación y le dirigió una breve mirada de inspección. Había algunas cosas personales que le hubiera gustado llevarse consigo, pero podía enviar a recogerlas desde Manon.

El Denton, sin embargo, la acompañaría. La pequeña arma había sido muy perfectamente calibrada, constituía un adminículo anonadador de rápida acción y el viejo Runser Argee enseñó a Trigger su uso con su acostumbrada capacidad concienzuda antes de regalarle el arma. Jamás había tenido ocasión de disparar el anonadador contra un ser humano, pero sí lo había usado con la caza. Si este asunto de capa y espada se convertía en demasiado realista, había decidido utilizarlo si era preciso.

Metió el Denton en el bolsillo de un impermeable ligero, se colgó la prenda sobre el brazo, colocando su bolso junto a ella, recogió el sombrero parasol y salió del cuarto.

La zona de la cocina de la Escuela Colonial se encontraba en uno de los niveles subterráneos. A menos que hubiesen modificado mucho su sistema de guardia, desde que Trigger se graduó, esa sería la ruta por la que escaparía.

Por lo que podía ver no habían modificado nada. Todo el piso de la cocina parecía tan inmutable que sintió un momento de nostalgia. Grupos de estudiantes pasaban charlando por los pasillos entre los almacenes y las plantas de cocinado y proceso. El gran comedor, advirtió Trigger al pasar, olía también como siempre, Sonaban campanas al final de un período y un sistema de altavoces comenzaba a dirigir a las clases tal y tal a la habitación tal y cual. Plantados alrededor se veían unos cuantos guardias uniformados - principalmente con el propósito de ayudar a los recién llegados que se habían perdido.

Salió a la plataforma igualmente familiar y muy bien iluminada que daba acceso a la rampa de carga. Unos sesenta o setenta grandes furgones cilíndricos flotaban a lo largo de la plataforma, la mayor parte de ellos descargando su contenido, algunos todavía cerrados.

Trigger ascendió sin prisas por la rampa, manteniéndose en el fondo, observando los movimientos de la pareja de centinelas y tomando nota de cuatro furgones que estaban vacíos y parecían preparados para salir.

El conductor del más lejano de los cuatro vacíos estaba en la parte posterior de su vehículo, a unos pocos metros por encima de la plataforma. Cuando Trigger llegó a su altura, él la miró. Era un joven grande, con pelo negro alborotado y un aspecto rudo y decidido. Sonreía débilmente. Conocía las costumbres de los estudiantes de la Escuela Colonial.

Trigger alzó su mano izquierda unos pocos centímetros, con tres dedos levantados. La sonrisa de él aumentó. Sacudió la cabeza y alzó ambas manos en gesto correspondiente. Ocho dedos.

Trigger le miró ceñuda, se detuvo y pasó los ojos por la parte trasera a lo largo de la fila de furgones. La mano izquierda volvió a alzarse... cuatro dedos y el pulgar.

El conductor hizo un círculo con un índice y su pulgar. Trato hecho, por cinco coronas de Maccadon. Lo que era casi la tarifa normal para un pasaje de salida sin permiso de la Escuela.

Trigger caminó hasta el extremo de la plataforma, giró y retrocedió, aún sin prisa, pero cerca ahora del borde de la rampa. Siguiendo la línea, otro portalón se abrió con violencia en la parte posterior y un chorro de cajones salió, cabalgando en un rayo antigravedad emitido desde el tejado, hacia un transporte de almacén que les esperaba. El centinela más próximo a Trigger se volvió para contemplar el proceso. Trigger dio seis rápidos pasos y extendió la mano hacia su conductor.

Este bajó la diestra para ayudarla a subir. La muchacha dejó cinco coronas en una sola moneda dentro de la palma.

- Arriba por la parte delantera - Susurró el conductor con aspereza -. Cerca del asiento del conductor y agachada. ¿Muy lejos?

- Hasta la línea del metro más próxima.

Sonrió otra vez y asintió.

- Puedo hacerlo.

Veinte minutos más tarde Trigger se encontraba en una cabina de intercomunicación del centro de la ciudad. Sus planes habían sufrido modificaciones de detalle y salió de un almacén de venta automática a pocas puertas de distancia, donde eligió un vulgar vestido de calle y un turbante. Se puso ahora el vestido e hizo un paquete con el uniforme del colegio echándolo al servicio de correos, que lo despachó rápidamente al Depósito Central, metiendo una moneda de una corona y recibiendo a cambio un resguardo. Se le había ocurrido que había una posibilidad de que la pillasen en una búsqueda efectuada por la Escuela Colonial, si llamaba la atención al doctor Plemponi que un considerable número de estudiantes había salido a la ciudad y decidía tomar alguna medida en aquel momento en particular.

O incluso, pensó Trigger, si a alguien se le ocurría simplemente echar de menos a Trigger Argee.

Se colocó el impermeable sobre los hombros, dejó caer una moneda dentro del comunicador y se tapó el pelo rubio con el turbante. La pantalla se iluminó. Pidió comunicación con Transportes de Gran Comercio.

Mientras esperaba, se dio cuenta de pronto de que, hasta ahora, estaba disfrutando. Había tenido una pequeña discusión con el conductor del camión que, resultó después, tenía ideas propias de modificar los planes de Trigger... una complicación con la que se tropezaba frecuentemente también en sus días de colegiala. Y, como siempre, nunca se transformaba en discusión muy grave. Los camioneros que trataban con la Escuela Colonial sabían, o habían aprendido, en un par de breves y terribles lecciones, que las brigadas del comando adiestrado de Mihul estaban prestas para desarrollar métodos de descorazonamiento muy particulares, cuando se discutía con excesiva vehemencia.

La pantalla visora conectó. El empleado de Transportes pasó una mirada por el vestido de calle de Trigger cuando ella le habló de su destino. Su expresión permaneció en blanco. Sí, Ciudad Alba abandonaba Ceyce en dirección al Sistema Manon mañana por la tarde. Sí, era un expreso del subespacio... uno de los más nuevos y rápidos, de hecho. Sus ojos otra vez recorrieron el vestido. También, podía añadir, era uno de los más lujosos. Harían sólo dos paradas de tres horas en el Hub, más allá de Maccadon... una en Evalee y otra en Garth. Luego una inmersión directa hasta Manon, a menos, claro, que alguna tormenta gravitacional obligase al navío a salir temporalmente a la superficie. El tiempo medio para realizar el Ciudad Alba su viaje era de once días; el viaje más lento hasta ahora habría requerido dieciséis.

- Pero, por desgracia, señora, sólo quedan unas pocas cabinas... y no son muy aconsejables, me temo - la miró excusativo - , No ha habido una vacante para la ruta de Manon durante los pasados tres meses.

- Me imagino que podré soportarlo - Dijo Trigger -, ¿Qué vale la más barata?

El empleado se aclaró la garganta gentilmente y le dijo el precio.

Ella no pudo evitar parpadear, aunque estaba preparada. Pero resultaba más caro de lo que se imaginaba. Mucho más caro. La dejaría, de hecho, con exactamente ciento veintiséis coronas de todos sus ahorros, más las monedas que llevaba en el bolso.

- ¿Algún extra? - preguntó, con algo de aspereza.

El empleado se encogió de hombros.

- Esta el Descanso del Viajero - dijo con indiferencia -. Novecientas por los tres períodos de inmersión. Pero el Descanso es opcional, claro. Algunos pasajeros prefieren la experiencia de permanecer despiertos durante una inmersión por el subespacio - sonrió, en opinión de Trigger con bastante sadismo, y añadió -: Hasta que han sobrevivido a una de ellas, claro.

Trigger asintió. Había soportado unas cuantas de esas experiencias. En particular no le gustaba el subespacio, a nadie le gustaba, pero excepto por algún ataque ocasional de náuseas o turbación al principio de la inmersión, no la molestaba mucho. Muchas personas padecían de alucinaciones, entraban en estado de pánico o se ponían muy enfermas.

- ¿Alguna cosa más? - preguntó.

- Sólo las propinas de ordinario y las cosas de costumbre - dijo el empleado. Pareció sorprendido -: ¿Acaso, la señora... desea hacer la reserva?

- La señora así lo desea - Le contestó con frialdad Trigger -. ¿Cuánto tiempo me la guardarán?

Se la reservarían hasta una hora antes del despegue. Si entonces no reclamaba, la quitarían en el último minuto de la lista de espera.

Abandonó la cabina pensativa. Por lo menos el Ciudad Alba zarparía antes de veintiséis horas. No tendría que gastar mucho de su capital restante antes de que saliese de Maccadon.

Prescindiría de comidas, decidió. Excepto el desayuno a la mañana siguiente, que quedaría cubierto por el precio del hotel.

Y no iría a ningún hotel de la clase media.

Aguardándola en el Banco de Maccadon no se veía a nadie. De hecho, puesto que la venerable institución ocupaba toda una manzana, con entradas que subían a nivel de la calle hasta el piso cincuenta y ocho, se necesitaría un pequeño ejército para estar seguros de localizarla.

Tuvo que identificarse para entrar en la bóveda de las cajas fuertes, pero también halló solución a eso. Siete años atrás, cuando Runser Argee murió de pronto, heredó sus propiedades y tuvo que ratificar todos los archivos de documentos, un pequeño empleado de las arcas, de pelo gris, con quien trató, demostró hacia ella un interés paternal. Cuando vio que seguía en su empleo, Trigger estuvo segura de que todo saldría bien.

Y acertó. No echó una mirada muy profunda a los documentos y a ella hasta que le mostró la firma y la identificación de la Federación. Luego alzó la cabeza bruscamente. Sus ojos se iluminaron.

-¡Trigger! - Por poco se cae de la silla. Disparó su mano derecha -, ¡Me alegro de volverte a ver. He oído noticias tuyas.

Se estrecharon la mano. Ella se llevó el dedo a los labios.

-¡Estoy de incógnito! - le previno en voz baja -. ¿Puede arreglar este asunto con discreción?

Los ojos azules descoloridos se desorbitaron ligeramente, pero no hizo preguntas. El nombre de

Trigger Argee era conocido con bastante difusión, particularmente en su mundo patrio. Y, según él recordaba, Trigger era una chica que buscaría los focos para destacar.

Asintió.

-¡Claro que puedo! - miró de reojo a los clientes más próximos, luego bajó la vista hacia lo que Trigger había escrito. Frunció el seño -: ¿Lo vas a sacar todo? No te marcharás de Ceyce para siempre, ¿verdad?

- No - Contestó Trigger -. Volveré. Es sólo una emergencia temporal.

No hubo más explicaciones. Cuatro minutos más tarde tenía su dinero. Tres minutos después había pagado su reserva en el Ciudad Alba como Birna Drellgannoth y depositado las huellas del pulgar en el despacho de billetes. Contando lo que le quedaba, descubrió que ascendía a ciento treinta y ocho coronas.

¡Definitivamente aquella noche no cenaría! Necesitaba una maleta y ropa para mudarse. Y luego sería mejor que esperase en aquella habitación del hotel.

El nivel de tráfico de la calle estaba moderadamente concurrido en torno al Banco, pero empezaba a espesarse cuando se acercó al centro comercial, dos manzanas más allá. Paseando, sin prisas, pero tampoco demasiado lenta, Trigger decidió que lo había conseguido. La única verdadera posibilidad de alcanzarla fue en el Banco. Y el viejo empleado de las cajas fuertes no hablaría.

A media manzana del Centro Comercial una fila de espacianos en permiso planetario vino alegremente hacia ella, las chaquetas de uniformes desabrochadas, tres chicas de Ceyce cogidas del brazo en la formación, todos muy felices. Trigger se apartó hacia el borde de la acera para dejarles pasar. Cuando la línea osciló a su izquierda, se vio la sombra de un aerocoche posándose en el bordillo, a su derecha.

Con fuertes gritos de alegre reconocimiento y estallidos de risa, la línea giró en torno a ella, muy cerca. Los cuerpos se apretaron contra el suyo, una mano cayó sobre su boca. Otras la sujetaron por los brazos. Sus pies abandonaron el suelo y tuvo una conciencia momentánea de verse arrastrada expertamente hacia adelante.

Luego se vio en el coche, medio de costado sobre el asiento posterior, dos manos muy fuertes cogiéndola por las muñecas y manteniéndoselas juntas en la espalda. Mientras aspiraba aire para gritar, la puerta se cerró con violencia tras ella, cortando el sonido de los gritos y los otros ruidos del exterior

Luego hubo un traqueteo mientras el aerocoche salía disparado hacia lo alto.


CAPITULO V
El hombre que sujetaba las muñecas de Trigger cambió su presa trasladándola a los brazos y la hizo volver un poco para que pudiese sentarse en el asiento, la cara medio apartada de él. Sólo pudo verle fugazmente mientras aquel individuo la cogía, pero parecía estar llevando la misma clase de uniforme comercial espacial que el grupo que la empujó hacia el coche. El otro individuo del vehículo, el conductor, se sentaba dándoles la espalda. Parecía un paisano vulgar y corriente, de mediana edad.

Trigger expelió despacio el aire de sus pulmones. Era inútil gritar ahora. Notaba cómo las piernas le temblaban un poco, pero no parecía estar asustada. Por lo menos, todavía no.

- ¿Viste algo, hasta ahora? - preguntó el hombre que la sujetaba. Era una voz profunda. Sonaba indiferente, sin la menor excitación.

- Tres posibles, de todos modos - Dijo el conductor con igual indiferencia. No volvió la cabeza -. Consideremos dos... Uno, diría yo, ahora muy definitivamente posible.

- Será mejor que lo averigüemos pues.

El conductor no contestó, pero la mayor potencia del motor del coche impulsó a la joven con fuerza contra el asiento. No pudo ver más que, de vez en cuando, un pedacito de cielo a través del parabrisas. El propio coche parecía levantarse a una tremenda velocidad. Probablemente así era, pensó, ya que se encontrarían por encima de las principales arterias del tráfico de Ceyce.

- Ahora, señorita Argee - Dijo el hombre que se sentaba junto a ella -, me gustaría tranquilizarla un poquito, para comenzar.

- Adelante, ya puede tranquilizarme - contestó insegura Trigger.

- No corre el menor peligro por nuestra parte - Continuó el hombre -. Somos amigos suyos.

-¡Buenos amigos! - observó Trigger.

- Se lo explicaré dentro de un par de minutos. Puede que haya algunos personajes peligrosos persiguiéndonos, de momento, y si logran alcanzarnos...

- Lo que parecen estar haciendo - interrumpió el conductor - , Agárrense para soportar unas pocas curvas rápidas cuando lleguemos al siguiente banco de nubes.

- Probablemente nos libraremos de ellos allí - explicó a Trigger el otro hombre -. En caso que no lo consigamos, necesitaré tener ambas manos libres para manejar las armas.

- ¿Por qué lo dice? - Preguntó ella?

- Porque me gustaría colocarle un par de esposas durante unos cuantos minutos. Se me ha informado de que es usted una chica muy escurridiza y no queremos que haga nada insensato. No las llevará puestas mucho rato. ¿De acuerdo?

Trigger se mordió el labio, No estaba de acuerdo y tampoco se sentía tranquilizada hasta ahora.

- Adelante - Dijo.

Le soltó el brazo izquierdo, presumiblemente para sacar las esposas. Ella giró en torno a él y entró en una rápida acción.

Era muy experta en la práctica de la lucha sin armas. La dificultad estribaba en que aquel gorila parecía tan experto en el género, pero con el doble de músculos que ella. Perdió un instante precioso descubriendo que ya no llevaba el Denton en el bolsillo. Después, jamás recuperó la iniciativa, Tampoco la ayudo que el coche, de pronto, pareciese tratar de volar en tres direcciones a la vez.

En total, pasaron unos cuarenta segundos antes de que se viese proyectada sobre el asiento, con las manos de nuevo a la espalda, unidas por las muñecas por las suaves cuerdas de plástico de las esposas. El gorila se plantó detrás del conductor, las manos posadas en el respaldo del asiento. No era, observó con amargura Trigger, un hombre débil, ni siquiera tenía agitada la respiración. El parabrisas estaba lleno de la blancura algodonosa del corazón de una nube. Parecían estar otra vez cayendo.

Un giro más brusco y violento y descendieron como rayos en la húmeda sombra gris de la nube, para penetrar de inmediato en la brillante luz del sol.

Transcurrieron unos cuantos segundos, Luego el gorila observó:

- Hermano, parece que los has perdido.

- De acuerdo - contestó el conductor -. Estamos ya casi en el río. Doblaré hacia el norte allí y descenderemos.

- Perfecto - dijo el gorila -. Llévanos hasta ese punto y estaremos fuera de todo peligro.

Transcurrieron unos cuantos minutos en silencio. Al poco. Trigger sintió que disminuía la marcha y perdían altura. Luego una fila de árboles pasó rauda por los lados del parabrisas.

-¡Estupendo vuelo! - Dijo el gorila. Dio unas palmaditas aprobadoras al hombro del conductor y se volvió a Trigger.

Durante algunos segundos se estuvieron mirando. Era alto, de ojos oscuro, muy moreno, bronceado, con fuertes hombros. Probablemente no sería más de cinco o seis años mayor que ella. La examinaba con curiosidad y sus ojos se mostraban notablemente firmes. Algo se agitó dentro de ella durante un instante, un pequeño escalofrío de miedo. Algo atravesó sus pensamientos, una vaga y singular impresión, como un recuerdo medio evocado, de enormes, frías y peligrosas cosas lejanas. Pasó antes de que pudiese captarlo con mayor claridad. Frunció el ceño.

El gorila sonrió, No era, según vio Trigger, un rostro del todo desagradable.

- Lamento que la fiesta se pusiese bronca - Dijo -. ¿Me dará usted su palabra de no intentar nada si le quito las esposas y le digo de qué se trata?

Ella volvió a estudiarle.

- Será mejor que primero me lo diga - contestó con sequedad.

- Está bien. La llevamos hasta el Comisionado Tate. Estaremos allí dentro de una hora. El le contará en persona por qué quería verla.

Los ojos de Trigger se contrajeron durante un instante. En secreto, se sentía mucho más aliviada. Holati Tate, de cualquier forma, no dejaría que nada desagradable ocurriera... y ella descubriría por fin lo que estaba sucediendo.

- Tienen ustedes una manera muy rara de llevar a la gente a ciertos lugares - Observó.

El gorila soltó una carcajada.

- La expedición de captura no estaba programada. Usted había indicado que quería hablar con el Comisionado. Se nos envió a la Escuela Colonial para recogerla y acompañarla, sirviéndole de escolta. Cuando descubrimos que había desaparecido, tuvimos que improvisar de prisa. No es asunto mío explicarle los motivos.

Trigger habló dudosa:

- Esas gentes que perseguían a este coche...

- ¿Qué hay de ellas? - preguntó el gorila pensativo.

- ¿Iban tras de mí?

- Bueno - Contestó el hombre -, desde luego, detrás de mí no. Será mejor que el Comisionado le cuente eso también. Ahora... ¿Qué hay de su palabra?

Ella asintió.

- Hasta que ustedes me entreguen al Comisionado.

- Acepto - dijo el gorila -. Entonces será problema del Comisionado - sacó una pequeña pieza plana de metal del bolsillo y la acercó a la joven. No pareció mas que tocar las esposas, pero sintió el chasquido y como los lazos se aflojaban y caían.

Trigger se frotó las muñecas.

- ¿Dónde está mi pistola? - preguntó.

- Yo la tengo. Se la daré al Comisionado.

- ¿Cómo me pudieron encontrar tan pronto?

- La policía guardaba las entradas posteriores en una vigilancia visual de veinticuatro horas. Teníamos siempre a alguien mirando su pantalla. Se la localizó al entrar - se sentó amigablemente junto a ella, Me presentaría, pero no sé si eso encajará dentro de los planes del Comisionado.

Trigger se encogió de hombros. Seguía siendo muy posible, decidió, que sus propios planes no estuviesen del todo descubiertos. Holati y sus amigos no conocían necesariamente el importe de su cuenta en el Banco. Si lo sabían, sí estaban enterados de que había cerrado la cuenta, imaginarían perfectamente lo que pensaba hacer con el dinero. Pero si guardaba silencio, quizás hubiera una oportunidad de volver a Ceyce y tomar el Ciudad Alba mañana por la tarde.

- ¿Un cigarrillo? - preguntó el musculoso servidor del Comisionado, con tono amistoso.

Trigger le miró de reojo. Sin la menor amabilidad respondió:

- No, gracias.

- ¿Me guarda rencor? - parecía sorprendido.

- Sí - Dijo ella con llaneza -. Se lo guardo - afirmó.

- Quizá la señorita Argee se sentiría mejor con un buen trago de Puya - Sugirió el conductor desde la parte delantera, Llevo un frasco en el bolsillo de mi chaqueta. Lado izquierdo.

- Buena idea - observó el compañero de Trigger. La miró -. Es un Puya muy bueno.

- Pues ahóguese en él - Le contestó Trigger con suavidad. Se arrellanó en un rincón del asiento y cerró los ojos -. Ya me despertarán cuando lleguemos junto al Comisionado.
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- Tendré que hablarte un poco de estas cosas, Trigger, muchacha - había dicho cuando la introdujeron a su pequeño despacho particular y preguntó acalorada qué diablos estaba pasando. El alto gorila que la capturase no entró en el despacho acompañándola. Preguntó al Comisionado desde la puerta si debía llevar al profesor Mantelish a la sala de conferencias y el Comisionado asintió. Luego la puerta se cerró y los dos quedaron solos.

- Sé que te parece raro - Admitió el Comisionado Tate - pero las circunstancias han sido también muy raras. Siguen siéndolo. Y yo no quería preocuparte de lo que fuese preciso.

Trigger, imperturbable, destacó que los métodos que habían utilizado no eran precisamente los adecuados para tranquilizarla.

- También sé eso - Dijo el Comisionado

Pero si te lo hubiese dicho todo inmediatamente, habrías tenido bastante motivo para preocuparte durante los pasados dos meses, tiempo más considerable que un par de días como máximo. La situación ha mejorado ahora muchísimo. De hecho, dentro de unos cuantos días más ya no tendrás motivos en absoluto para preocuparte - Sonrió brevemente -. Por lo menos, no más que el resto de nosotros.

De pronto Trigger notó secos los labios.

- ¿Le preocupo en el presente? - preguntó.

- Lo hiciste hasta hoy. Se te ha estado acuciando acaloradamente, Trigger, muchacha. Esta noche te quitaremos la mayor parte del peso de encima. Creo que para siempre.

- ¿Quiere usted decir que quedará algo de calor?

- En cierto modo - Dijo -. Pero eso también se aclarará en los siguientes tres o cuatro días. De todas maneras, podremos abandonar la mayor parte de la actuación misteriosa esta noche.

Trigger sacudió la cabeza.

-¡Pues el telón no se descorre muy de prisa! - observó.

- Ya te advertí que no podría contártelo antes - repuso el Comisionado con paciencia -. ¿Qué te parece si empiezo ahora a ponerte al corriente de todo?

- Creo que sería lo mejor - reconoció ella.

- Estupendo murmuró el Comisionado Tate. Se puso en pie Entonces vamos a reunirnos con Mantelish.

- ¿Por qué el profesor?

- Podría ayudarnos mucho con sus explicaciones. Si está de humor. De todas maneras, tiene una mascota que me gustaría que vieses.

-¡Una mascota! - Gritó Trigger. Volvió a sacudir la cabeza y se levantó resignada -. ¡Adelante, Comisionado!

Se reunieron con Mantelish y su repugnante plasmoide en lo que semejaba el comedor de lo que parecía una antigua cabaña de caza, cuando el aerocoche descendió sobre ella entre dos nevados picachos montañeros. Trigger no estaba segura de en qué sección del continente principal se encontraban; pero habían sólo dos o tres alternativas... el lugar estaba muy alto en las montañas y la noche se presentaba más de prisa aquí que alrededor de Ceyce.

Saludó a Mantelish y se sentó junto a la mesa. Luego el Comisionado cerró las puertas con llave y le mostró la mascota del profesor.

- En cierto modo - dijo Holati Tate -, esta cosita de aquí parece ser el núcleo de todo el problema plasmoide. ¿Sabes lo que es?

Trigger miró la cosita con cierta repulsión. Verde oscuro, con vetas color rosa, yacía en la mesa, entre ellos; más parecía una sanguijuela regordeta de casi dos palmos de longitud. Estaba inmóvil, excepto en el extremo más próximo a ella que describía un breve arco de lado a lado, como si la cosa sufriese de alguna lentísima contracción.

- Evidentemente es uno de los plasmoides - dijo ella -. Uno de esos tipos saltarines - parpadeó mirándolo -. Parece el 113. ¿Lo es?

La joven miró a su alrededor. El Comisionado Tate y el profesor Mantelish, que se sentaba en un sillón a su derecha, la miraban, con la vista fija, las cejas alzadas, aparentemente sorprendidos por algo.

- ¿Qué es lo que pasa? - Preguntó la muchacha.

- Nos estábamos preguntando - Dijo Holati -, como puede ser que te acuerdas en particular del 113, existiendo millares de plasmoides de Harvest Moon.

- Oh. Uno de los Científicos Menores de su proyecto mencionó la unidad 112-113. Esto me lo recordó. ¿Es el 113?

- No - contestó Holati Tate -. Pero parece ser un duplicado - Era un hombrecillo de aspecto tierno, bien adentrado en años, flaco y mimbreño con su uniforme de Precol. Los ojitos grises en la cara curtida por el sol, coriácea, no eran en realidad suaves, si se los examinaba más de cerca, o si se conocía al Comisionado.

- Está etiquetada 113- A - Dijo ahora -. Ni siquiera el profesor está seguro en poderla distinguir entre la otra. ¿De acuerdo, Mantelish?

- Es verdad - Confesó Mantelish-. De momento - Era un hombre grande, bastante gordo, pero de aspecto saludable, aunque anciano, con un espeso mechón de pelo blanco y un rostro ro­jizo. Se encogió de hombros -: sin una comparación física...

- ¿Qué tiene de importante ese bicho? - Preguntó Trigger, mirando de nuevo a la sanguijuela. Pensó, por lo menos posee algo bueno... no está equipada para devolverme la mirada.

- Retrocede hasta el tiempo en que Mantelish, Fayle y Azol conducían la primera investigación de la Liga sobre los plasmoides en Harvest Moon - comenzó el Comisionado -. ¿Te acuerdas de la situación?

- Si se refiere a sus intentos de hacer que esas cosas mostrasen signos de vida, me acuerdo, naturalmente.

- Una de ellas consiguió animarse lo bastante para perjudicar al pobre y viejo Azol, ¿verdad? - Murmuró el profesor Mantelish desde su sillón.

Trigger hizo una mueca. El destino del doctor Azol podía ser una de las cosas que le habían originado su actitud negativa hacia los plasmoides. Con Mantelish y el doctor Gess Fayle, Azol fue el tercero de los tres grandes empleados de la Liga U a cargo de la investigación inicial en Harvest Moon. Como recordaba, fue Azol quien descubrió que los plasmoides ocasionalmente podían ser inducidos a absorber alimento. Casi cualquier especie de alimento, según resultaba, mientras contuviera una cantidad suficiente de proteínas. Lo que le había sucedido a Azol parecía un resultado particularmente desgraciado del descubrimiento. Se asumía que un ataque de apoplejía fue el motivo de que cayese desvalido en la artesa de alimentación de uno de los mayores plasmoides. Para cuando lo encontraron, todo él, desde las rodillas hasta arriba, había sido ya absorbido.

- Me refiero a sus esfuerzos por hacerlas trabajar - dijo ella.

El Comisionado Tate miró a Mantelish.

- Cuéntele esa parte del asunto - sugirió.

Mantelish sacudió la cabeza.

- Me pondría demasiado técnico - dijo resignado -. Siempre lo hago. Por lo menos eso afirman. Cuénteselo usted.

Pero los ojos de Holati Tate estaban fijos de pronto en la mesa.

-¡Eh, ahora! - exclamó en voz baja.

Trigger siguió la dirección de su mirada. Al cabo de un momento emitió un suave sonido de alarmado disgusto.

-¡Uf! - Observó -. ¡Se mueve!

-¡Eso es! - Afirmó Holati.

-¡Hacia mí! - Dijo Trigger -. Creo...

-¡No te asustes! ¡Mantelish!

Mantelish ya se acercaba lentamente por detrás de la silla de Trigger.

-¡No se mueva! - la advirtió.

- ¿Por qué no? - preguntó Trigger.

- Silencio, querida - Mantelish puso una grande y pesada mano en cada uno de los hombros de la muchacha y la hizo descender ligeramente -. ¡Es sensitiva! Esto resulta muy interesante. Mucho.

Quizá lo fuese. La joven siguió mirando al plasmoide. Se había adelgazado en cierto modo y se deslizaba muy despacio, pero con firmeza, a través de la mesa, en dirección a ella.

-¡Oh, oh! - Exclamó Mantelish en un murmullo atronador -. ¡Quizá le guste usted, Trigger! ¡Ho, ho! - Parecía inmensamente complacido.

- Bueno - Contestó Trigger con desamparo -. ¡El sentimiento no es mutuo! - Se agitó ligeramente bajo las manos de Mantelish -. ¡Y cuánto antes salga de esta silla ... !

- No sea niña, Trigger - dijo el profesor enojado -. Se comporta como sí esto fuese, de algún modo, ofensivo.

- Lo es - Dijo ella.

- Silencio, querida - Continuó Mantelish distraído, aumentando la presión. Trigger calló resignada. Miraron. Casi un minuto tardó la cosa aquella que se deslizaba en llegar al borde de la mesa. Trigger se preparó para escabullirse por debajo de las manos de Mantelish y salir volando del sillón si el plasmoide parecía dispuesto a dejarse caer en su regazo.

Pero se detuvo. Durante unos segundos permaneció inmóvil. Luego, gradualmente, levantó su parte delantera y empezó a retroceder suavemente, alzándose en el aire. Hacia ella, suspiró Trigger.

-¡Cáscaras! - exclamó, horrorizada.

El extremo delantero se hundió hacia atrás. El plasmoide volvió a permanecer inmóvil. Al cabo de un minuto, aún seguía quieto.

- Se acabó el espectáculo, de momento, me imagino - Dijo el Comisionado.

- Eso me temo - corroboró el profesor Mantelish. Sus manazas se apartaron de los doloridos hombros de Trigger -. ¡Usted lo asustó, Trigger! - bramó mirándola acusador.


CAPITULO VI
- Punto interesante - Explicó Holati Tale -, era que esto ha mostrado más actividad que el 113- A normalmente desplegó en un período de una semana. Y el 113- A fue con suma facilidad el plasmoide más activo de todos ellos en los momentos actuales.

- Es posible, claro - Intervino Mantelish, despertando de profundos pensamientos -, que fuese atraído por su olor corporal.

-¡Muchas gracias, Mantelish! - dijo Trigger.

- Es usted suspicaz, querida muchacha - Mantelish había acercado su silla hasta la mesa; se inclinó hacia delante. Anunció -: Comenzaremos ahora un pequeño experimento. Cójalo, Trigger.

Ella le miró con fijeza.

-¡Cogerlo! No, Mantelish. Probemos ahora otro pequeño experimento que no sea éste.

Mantelish frunció sus cejas jupiterinas. Holati le dirigió una pequeña sonrisa desde la otra parte de la mesa.

- Tócalo sólo con la punta de un dedo - sugirió -. Puedes hacerle ese favor al profesor, ¿verdad?

- A duras penas - le contestó ceñuda Trigger. Pero extendió el brazo y colocó un dedo precavido en el extremo menos animado del 113- A. Al cabo de un momento dijo - ¡Eh! movió el dedo ligeramente a lo largo de la superficie de la cosa. Tenía una sensación aterciopelada, lisa, cálida, como la que produciría un gatito. Dijo sorprendida - ¡Miren, resulta agradable! Pero su aspecto es asqueroso.

-¡Asqueroso! - Bramó, Mantelish, otra vez ofendido.

El Comisionado alzó una mano.

- Aguarda un momento - Dijo. Había captado alguna señal que se le escapó a Trigger porque se dirigió hasta la pared ahora y tocó algo de allí. En apariencia un botón. La puerta se abrió. El raptor de Trigger entró. La puerta se cerró tras él. Llevaba una bandeja con un frasco achaparrado y pardo y cuatro vasos bastante pequeños.

Obsequió a Trigger con una sonrisa. Ella le devolvió otra a cambio. El Comisionado les había presentado: Heslet Quillan ... Mayor Heslet Quillan, de los Ingenieros del Subespacio. Para ser un Ingeniero del Subespacio, pensó Trigger con escepticismo, era un estupendo raptor. Pero en la sala había una tregua calificada. Duraría, por lo menos, hasta que Holati terminase su explicación. No ha­bía pues. ningún motivo válido para no incluir en la tregua al mayor Quillan.

-¡Ah, Puya! - exclamó el profesor Mantelish, avanzando hacia la bandeja mientras Quillan la depositaba sobre la mesa. Mantelish parecía haberse olvidado los experimentos plasmoides de momento y Trigger no tenía intención de recordárseselas. Retiró la mano tranquilamente del 113 A. El profesor destapó la botella -. Querrá usted un poco, Trigger, ¿verdad? La única cosa realmente buena que ese bendito mundo de Rumli jamás produjo.

- Mi tatarabuela - Observó Trigger - era Rumiliana - le vio llenar los cuatro vasos con un fino líquido púrpura -. Jamás lo probé; pero, sí, gracias.

Quillan colocó uno de los vasos delante de ella.

-¡Y brindaremos por su tatarabuela! sugirió Mantelish con un suave floreo de su vaso de Puya.

- También aconsejaremos a Trigger que de un sorbito pequeño en su primera prueba del licor - Sugirió el mayor Quillan, acercando a la mesa una silla para sentarse él.

Nadie le había invitado para que tomase asiento. Pero nadie se opuso tampoco. Bueno, eso encajaba, pensó Trigger.

Tomó un sorbito. Era áspero y cálido. Muy cálido. Dejó el vaso en la mesa, inhaló con dificul­tad, exhaló con un estremecimiento. Las lágrimas se agolparon en sus ojos.

-¡Muy bueno! - Susurró.

- Muy bueno - Asintió el Comisionado. Dejó su vaso vacío y chasqueó los labios ligeramente, Y ahora - Dijo con viveza -, sigamos con esta conferencia.

Trigger miró en torno de la habitación mientras Quillan rellenaba tres vasos. El pedacillo de carbón vivo que había tragado se estaba fundiendo, un fulgor cálido comenzaba a extenderse por todo su cuerpo. Ya no parecía una habitación rara, sino el comedor de una cabaña de caza. La madera era oscura, vieja, gastada de tanto pulirla. Cabezas con cuernos, de varías formas formidables, de vida en Maccadon, adornaban las paredes.

Pero ahora se había abierto la veda para una clase distinta de caza. Tres hombres pasaron animosamente junto a ellos cuando Quillan la trajo aquí por la puerta principal. Ni siquiera la habían mirado. De vez en cuando venían sonidos procedentes de las otras habitaciones y aquella sensación general de que existía un considerable número de personas alrededor... de incorporarse a alguna especie de Cuartel General de operaciones, que vibraba de silenciosa actividad, no la abandonó ni un segundo.

Una de las cosas, le había dicho Holati Tate, que no hicieran públicas hasta ahora era que el profesor Mantelish actualmente logró el éxito al obtener que algunos de los plasmoides de la base de la vieja Galaxia entrasen de nuevo en funcionamiento. En particular, un plasmoide.

La razón de que este progreso no se hubiera anunciado era que por casi seis semanas nadie, excepto los tres hombres directamente envueltos en los experimentos, tenían noticias de ello. Y durante ese tiempo ocurrieron otras cosas que hicieron poco aconsejable la subsiguiente publicidad.

Mantelish gruñó:

- Hicimos un informe a la Liga el día del descubrimiento inicial - Informó a Trigger -, ¡Era un informe completo y detallado!

- Es verdad - corroboró Holati -, pero el informe a la Liga U no fue el que el profesor Mantelish ayudó a redactar. Ya nos ocuparemos de eso más tarde. El plasmoide con que el profesor experimentaba era el 112-113.

Dirigió su mirada a Mantelish.

- ¿Aún quiere que se lo cuente?

-¡Sí, sí! - contestó Mantelish impaciente

Usted simplificará a grandes rasgos, claro, pero de momento servirá. Cuando tengamos más tiempo estaré encantado de proporcionar a Trigger una descripción acertada del proceso.

Trigger te sonrió.

-¡Muchas gracias, profesor! - tomó un segundo sorbo de Puya. No estaba mal.

- Bueno, Mantelish trataba a ese plasmoide con suaves estimulaciones eléctricas - continuó Holati -. De pronto advirtió que, como resultó con otros plasmoides en esa sección de Harvest Moon,

habían signos indicadores de actividad. Así que llamó al doctor Fayle y al doctor Azol.

«Los tres científicos descubrieron con rapidez que la estimulación de la parte 112 de la unidad estaba de hecho produciendo al azar sistemas de movimiento plasmoide a través de toda la base, mientras un electrodo colocado en el 113 lo detenía todo otra vez de manera brusca. Al cabo de unas pocas horas de pruebas, 112 de pronto expulsó una sección de su material, que se separó de sí misma y se alejó lentamente bajo su propia energía a través de la mitad de la estación, seguida con gran emoción por Mantelish y Azol. Se detuvo en un punto en donde otro plasmoide había sido apartado de allí para investigaciones de laboratorio, ascendió y se instaló en el lugar que dejara vacante su predecesor. Entonces se reformó a sí mismo en una copia de este predecesor y permaneció donde estaba. Evidentemente era un sustituto, un recambio.

Entre los tres había un digno júbilo científico. Esto era precisamente la clase de información que la Liga U, y todo el mundo, había esperado obtener. 112-113 a grandes rasgos se esperaba que fuese una especie de monitor de las actividades de la estación. Se le podía inducir a entrar en acción y activar a los otros plasmoides. Con una observación más extensa y un método refinado, su acción indudablemente podría ser trasladada con el fin de enlazar con cierta intencionalidad. Por último, y lo más importante se había mostrado ca­paz por sí mismo de producir una forma diferente de vida plasmoide para cumplir un requerimiento específico.

En esencia, los enigmas presentados por la Estación de la Vieja Galaxia parecían quedar resueltos.

Los tres redactaron su informe secreto a la Liga U. Se incluía una recomendación para autorizar la distribución de un diez por ciento de los plasmoides menos significantes a diversos centros experimentales en el Hub... los grandes centros importantes que habían estado ejerciendo fuertes presiones políticas para asegurarse de que la Federación les permitiría participar en las investigaciones. Eso les mantendría ocupados, mientras que la Liga U concluía el trabajo en realidad importante.

- Al día siguiente - Dijo Holati -, el doctor Gess Fayle se presentó a Mantelish con un mensaje transmitido desde el Cuartel General de la Liga U. Contenía instrucciones para que Fayle montase la unidad 112 y 113 inmediatamente, la colocase en uno de los navíos de la Liga y se dirigiese a Harvest Moon, trayéndola en secreto hasta Maccadon.

Mantelish frunció el ceño.

-¡Ese mensaje era falso! - bramó.

- No sólo eso - Continuó Holati -. El informe que el doctor Fayle había transmitido el día antes de la Liga fue revisado hasta el extremo de que omitía cualquier referencia al 112-113 –miró de reojo y pensativo a Mantelish -. De hecho, pasó mes y medio antes de que el Cuartel General de la Liga se diese cuenta de la importancia de la unidad.

El profesor rezongó.

- Azol - Explicó a Trigger -, había sido víctima de su celo científico. Y yo...

- El doctor Azol - Dijo el Comisionado - como puedes recordar, tuvo una pequeña desgracia con el plasmoide sólo dos días después de que partiese Fayle.

- Y yo - Continuó Mantelish -, me vi envuelto en otra investigación urgente. ¿Cómo iba a saber lo que había preparado ese villano de Fayle? ¡Un vicepresidente de la Liga de la Universidad!

- Bueno - contestó Trigger -. ¿Qué es lo que pretendía el doctor Fayle?

- Todavía no lo sabemos - contestó Holati

Con toda evidencia tenía algo en mente con la orden falsificada y la alteración del informe. Pero la única cosa que podemos decir definitivamente es que desapareció, en el navío de la Liga que había requisado, junto con su personal y el plasmoide 112-113 y que todavía no ha aparecido.

»Y que esa unidad plasmoide parece ser ahora, con casi absoluta certeza, la unidad clave de la antigua estación de la Vieja Galaxia... la unidad que ha mantenido todo allí funcionando automáticamente durante treinta mil años.

Miró de reojo a Quillan.

- Hay alguien en la puerta. Nos interrumpiremos mientras ve usted lo que desea.,
CAPITULO VII
El tipo corpulento que había aparecido en la puerta dijo con indiferencia que el profesor Mantelish había querido estar presente mientras su equipo de laboratorio era instalado a bordo. Si al profesor no le importaba, el momento de inspeccionarlo había llegado.

Mantelish se excusó y salió con el mensajero. La puerta se cerró. Quillan se reintegró a su silla.

- Esta noche, a última hora trasladaremos el equipo - Explicó al Comisionado -. Mantelish viene también... más ocho toneladas de su equipo del laboratorio. Más seis guardias especiales de la Liga U
- ¿Eh? - Trigger cogió el vaso de Puya. Lo miró. Estaba vacío -. ¿A dónde es el traslado? - preguntó.

- A Manon - dijo el Comisionado -. Te lo explicaré más tarde.

Hasta el último músculo del cuerpo de Trigger pareció desmadejarse simultáneamente. Se arrellanó ligeramente en la silla, sorprendida por la fuerza de la reacción. ¡No se había dado cuenta de lo bien atrapada que estaba! Lanzó un pequeño suspiro. Luego sonrió a Quillan.

- Mayor - Dijo -, ¿qué le parece si me vuelve a llenar el vaso de ese Puya... bueno, por la mitad?

Quillan se ocupó de complacerla.

- A propósito - Dijo el Comisionado Tate ---, Quillan tiene graduación en ingeniería del Subespacio y ha sido asignado a los ingenieros de vez en cuando. Pero su verdadero trabajo es Servicio de Inteligencia de Exploración Espacial.

Trigger asintió.

-¡Casi lo adiviné! - Dirigió a Quillan otra sonrisa. Casi sonrió también al 113- A.

- Y ahora hablaremos con mayor libertad - continuó el Comisionado -. Diremos a Mantelish lo menos que podamos. Para confesar la verdad, Trigger, el profesor es una terrible desventaja en una operación como ésta. Tengo entendido de que era un gran amigo de tu padre.

- Sí - contestó ella -. Ir de visita al jardín de Mantelish con mi padre es uno de los recuerdos más antiguos que me viene a la cabeza. ¡Me imagino que será un problema! - Desvió la mirada curiosamente de uno a otro de los dos hombres -. ¿Qué es lo que hacen ustedes? ¿Buscando a Gess Fayle y a la unidad clave?

- Poco más o menos - contestó Holati Tate

Somos uno de los pocos millares de grupos de la Federación asignados al mismo trabajo general. Cada grupo trabaja con sus especialidades y la información luego se compara - hizo una pausa -. El Consejo de la Federación, para quien trabajamos directamente, tiene como máximo interés la situación política muy delicada que entraña. Creen que podría desarrollarse de pronto en algo peligroso. Puede que tenga razón.

- ¿En qué sentido? - preguntó Trigger.

- Bueno, supongamos que la unidad clave se ha perdido y continua perdida. Supongamos que todos los otros plasmoides sumados no contienen bastante información para mostrar cómo la Vieja Galaxia producía las cosas y las hacía operar.

- Alguien haría que eso se divulgase pronto, ¿verdad?

- No por necesidad, ni siquiera probablemente, según Mantelish y algunas otras personas que sabemos lo que ha pasado. Parecen haber demasiados factores básicos que nos faltan. Podría ser necesario desarrollar primero toda una nueva clase de ciencia. Y eso quizás ocupase unos cuantos siglos.

- Bueno - admitió Trigger -, yo podría vivir bien prescindiendo de esas cosas indefinidamente.

- Igual pasaríamos aquí asintió el Comisionado sin la menor emoción ¡Bestias fantasmales! Pero... veamos. En el presente hay mil doscientos cincuenta y ocho mundos miembros de la Federación, ¿verdad?

- Poco más o menos.

- El número de confederaciones planetarias, los gobiernos subplanetarios, grupos industriales, financieros y comerciales, gentes con poder diver­so, etc., es algo que me sabría muy mal tener que calcular.

- ¿A dónde quiere llegar? - preguntó la joven.

- Se les ha dicho que nos encaminamos hacia una nueva edad de oro, gracias a la ciencia plasmoide. Prácticamente todo el mundo se lo ha creído. Ahora hay una duda considerable.

- Oh - Exclamó ella -. Claro... prácticamente todo el mundo se sentirá infeliz, ¿verdad?

- Eso es parte de la verdad - dijo el Comisionado Tate.

- Sí la cosa no simplemente se ha perdido, alguien la tiene.

- Muy probable.

Trigger asintió.

- El navío de Fayle puede haberse averiado por accidente, claro. Pero el modo en que se fue demuestra que planeaba desaparecer... una avería en el subespacio sería demasiada coincidencia. Así que alguna de esas millares de organizaciones en el Hub podía ser quien poseyese ahora ese plasmoide.

- Incluyendo cualquiera de los doscientos catorce mundos restringidos - Dijo Holati -. Sus tratados de limitación no les habrían permitido participar del pastel plasmoide hasta que los demás llevasen una década con él. Se habrían mostrado muy ansiosos...

Hubo una ligera pausa. Luego Trigger dijo:

-¡Cielos! Esa cosa podría provocar una docena de guerras... incluso más...

- Precisamente por ese temor está nervioso el Consejo - Dijo el Comisionado.

- Bueno, con certeza es un verdadero lío. Ustedes han debido pensar que la Federación necesitaba tener un Jefe de Seguridad en esa primera operación. ¡Precisamente allí, en Harvest Moon!

- Lo hicieron - Dijo -. Era Fayle.

-¡Oh! Muy embarazoso - Trigger guardó silencio durante un momento -. Holati, ¿podrían esas cosas convertirse en tan valiosas como va diciendo la gente? Los rumores me han parecido siempre algo exagerados.

El Comisionado dijo que también pensó en ello.

- Yo no soy suficientemente biólogo para formular un pronóstico acertado. Lo que parece hervir en la opinión general es que esas cosas sí podrían convertirse en algo importantísimo. Lo que serviría para tentar a una buena cantidad de personas para jugárselo todo por tener una posibilidad de controlar el proceso plasmoide... y sabernos definitivamente que hay personas que tratan de obtenerlo.

- ¿Cómo lo saben?

- Hemos trabajado aquí con un par de pistas. Hasta ahora las pistas eran escasas, pero uno trabaja con lo que tiene - Señaló con la cabeza a la mesa -. Captamos la primera pista mediante 113- A.

Trigger bajó la mirada. El plasmoide yacía allí a unos centímetros de su mano.

-¡Mire! - Dijo incómoda -. ¡El Viejo Repulsivo volvió a moverse mientras hablábamos! ¡Hacia mi mano! - apartó la diestra.

- La estaba mirando - dijo el mayor Quillan con aire tranquilizador desde el extremo de la mesa -. Le habría prevenido, pero se detuvo al llegar a donde está. Eso fue hace unos cinco minutos.

Trigger extendió la mano y dio al Viejo Repulsivo una palmadita precavida.

-¡Un personaje muy animado! Resulta agradable para tocarlo. ¿Como si fuese un gatito! ¿Cómo consiguieron una pista por él?

- Mantelish lo trajo a Maccadon consigo, principalmente por causa de su semejanza con el 113. Se sentía furioso porque ni siquiera podía imaginar cuál era su función. Simplemente yacía allí en un cubículo. Así que realizó una serie considerable de experimentos con el plasmoide mientras aguardaba a que apareciese Gess Fayle... y el Cuartel General de la Liga estuvo trasteando por los alrededores, con la esperanza de conseguir la clase de informe de Mantelish y Fayle que el primero pensaba ya habrían recibido. Se preguntaban dónde estaba Fayle, también. Pero sabían que Fayle pertenecía a Seguridad, así que no se sintieron demasiado inquietos.

Trigger sacudió la cabeza.

-¡Maravilloso! ¿Y qué pasó con 113- A?

- Mantelish comenzó a obtener resultados de él - Contestó el Comisionado -. Un experimento fue bastante asombroso. Había probado los estimulantes eléctricos. Nada ocurrió hasta que terminó. Luego tocó el plasmoide y notó cómo le devolvía toda la carga. Aparentemente era una dosis bastante molesta.

La joven rió encantada.

-¡Bien por Repulsivo! Defendía sus derechos, ¿eh?

- De todos modos, Mantelish se llevó una fuerte impresión. Después de eso se mostró más precavido. Y luego aprendió algo que debía ser importante. Estaba de visita en otro laboratorio en donde tenían un par de plasmoides que de vez en cuando se movían. Llevaba el 113- A en el bolsillo. Los dos plasmoides del laboratorio dejaron de moverse mientras estuvo allí. Desde entonces no se han movido.

- ¿Cómo los plasmoides de Harvest Moon cuando estimularon al 113?

- Cierto. Pensó en eso y luego localizó otro plasmoide que se movía. Fue para echarle un vistazo, llevando también el 113- A en el bolsillo, el plasmoide se paró. Hizo lo mismo en otro lugar distinto y entonces renunció. Ya no hay muchos plasmoides que se muevan en las cercanías. Esos tres laboratorios siguen preguntándose qué es lo que les ocurría a sus muestras.

La joven estudió al 113- A con curiosidad.

-¡Ay, poderoso gatito! ¿Qué es lo que ha sacado de todo esto Mantelish?

- Cree que la unidad 112-113 forma una especie de sistema regulador. El grande induce la actividad plasmoide, el pequeño la modifica. Este 113- A debe ser un regulador de recambio. Pero parece ser algo más que un recambio... por lo que los condujo a esa primera pista que obtuvimos. Una pandilla de atacantes cayó sobre el laboratorio de Mantelish cierta noche.

- ¿Cuándo fue eso?

- Hace algunas semanas. Antes de que tú y yo dejásemos Manon. El profesor había salido y el 113- A iba en su bolsillo, como siempre. Pero esos dos guardias del laboratorio y uno de los atacantes murieron. Los otros se escaparon. La deserción de Gess Fayle resultó cierta para entonces y cada cual se puso muy nervioso. Los Federales vinieron aquí de prisa y se llevaron el cerebro del atacante muerto. Se enteraron sólo de dos cosas. Una, había sufrido un bloqueo mental y no pudo proporcionar ninguna información significativa aun cuando le hubiesen pillado vivo. La otra fue que sacaron de su cerebro una clara impresión del blanco o meta de su raid... el amigo del profesor aquí presente.

- Ajajá - Murmuró Trigger, perdida en sus pensamientos. Hurgó con el dedo ligeramente a Repulsivo -. Debían de ser Fayle y sus socios. O alguien que estuviese enterado. ¿Querían matarlo o raptarlo?

El Comisionado la miró.

- Raptarlo, fue el informe que obtuvieron del cerebro muerto. ¿Por qué?

- Sólo curiosidad. Constituiría una diferencia, ¿no es cierto? ¿Lo intentaron otra vez?

- Han habido cinco intentos más - Dijo el Comisionado.

- ¿Y cuál es la conclusión que todo el mundo ha sacado de eso?

- Quieren con suma urgencia al 113- A. Lo necesitan.

- ¿En relación con la unidad clave? - preguntó Trigger.

- Probablemente.

- Eso hace que todo tenga mejor aspecto, ¿verdad?

- Un poquito - confesó el Comisionado -. En realidad puede no funcionar, o quizá no lo haga satisfactoriamente, a menos que el 113- A esté en la zona. Mantelish habla de algo que llama influencia de proximidad. Cualquier cosa que sea, 113- A ha demostrado poseerlo.

- Así que quizá tengan dos tercios de lo que todo el mundo desea y ustedes poseen la otra tercera parte - Dijo Trigger -. Aquí mismo está, en la mesa. ¿Cuántos de los últimos atacantes capturaron ustedes?

- A todos - contestó el Comisionado -. Unos cuarenta. Los tuvimos muertos, vivos. La diferencia no importa. Eran mercenarios contratados. Contratados a precio muy caro, pero simplemente eso.

La mayor parte de ellos no sabían ni una palabra que nos sirviese de ayuda. Los que sabían algo resultaron tener una barrera mental.

- Pensé que se podían derribar las barreras de esa índole - Dijo Trigger reflexiva.

- A veces se puede. Sí, hay un procedimiento muy bueno sí ... se tiene tiempo suficiente. Pero no podíamos aguardar un año. Murieron antes de poder decirnos nada.

Hubo una pausa. Luego Trigger preguntó:

- ¿Cómo se metió usted en esto, personalmente?

- Más o menos por casualidad - Contestó el Comisionado -. Fue en relación con nuestra segunda pista.

- Es decir, conmigo, ¿eh? - Dijo ella con aire infeliz.

- Si.

- ¿Y por qué querría capturarme alguien? Yo no sé nada.



El Comisionado sacudió la cabeza.

- Todavía no sabemos con certeza si conoces algo. Confiamos en que lo averiguaremos, dentro de pocos días.

- ¿Esa es una de las cosas de la que no puede hablarme?

- Puedo decirte la mayor parte de lo que sé de momento - Confesó el Comisionado -. Recuerdas la noche que salimos de Evalee, en el camino de vuelta de Manon, ¿verdad?

- Sí - contestó ella -. ¡Aquel gran hotel!
CAPITULO VIII
- Casi una hora después de que decidieses irte a la cama - Dijo Holati -, volví, mediante el portal tres, a tus habitaciones para recoger unos cuantos informes de Precol que habíamos estado preparando.

Trigger asintió.

- Me acuerdo de esos informes.

- Un par de tipos estaban trabajando en tu puerta cuando llegué allí. Trataron de sacar sus pistolas, desgraciadamente. Pero llamé a la oficina más próxima del Servicio de Inteligencia de Exploración y se los cargaron de inmediato.

- ¿Por qué eso? - preguntó la joven.

- Pudo ser un accidente... un par de granujas corrientes. Pero su equipo parecía demasiado bueno para bribones vulgares. No sabía entonces por qué experimenté recelos, pero de cualquier forma empecé a sospechar.

- Es muy propio de usted, lo reconozco - admitió Trigger -. ¿Qué eran aquellos tipos?

- Tenían un historial en Evalee que nos dijo más que sus cerebros. Eran chicos de gran valor. Sus cerebros revelaron que se permitieron un bloqueo mental para este trabajo en particular. Los chicos de gran categoría no lo hacen a menos que puedan fijar un precio mucho más alto que el corriente. No me pareció que hubiesen llegado a la puerta de tus habitaciones por casualidad

- No - Admitió ella.

- Los Federales se pusieron a trabajar entonces. Había ocurrido aquel asunto del laboratorio de Mantelish. Habían cosas muy similares en el Sistema. Tú conocías a Mantelish. Estuviste en Harvest Moon con él. Creyeron que podía tener relación una cosa con otra.

- ¿Pero qué relación? - Protestó ella -. Sé que no sé nada que pudiese servir de algo a ninguna persona.

Holati se encogió de hombros.

- Tampoco puedo imaginármelo, Trigger, muchacha. Pero el resultado fue que me pusieron al mando de esta fase de la Investigación General. Sí hay alguna relación, se descubrirá eventualmente. En cualquier caso, queremos saber quién ha estado tratando de capturarte y por qué.

Ella le miró a la cara con ojos turbados.

- Eso es definitivo, ¿verdad? - preguntó la muchacha -. ¿No podría existir todavía un error?

- No. Es definitivo.

- Así que el asunto de los raptores de ayer en la Escuela Colonial era...

Holati asintió.

- Era su primer intentona desde la acción de Evalee.

- ¿Por qué cree que esperaron tanto tiempo?

- Porque sospechaban que se te vigilaba. Es difícil mantener a un número adecuado de hombres por los alrededores sin despertar recelos en los observadores interesados.

Trigger miró al plasmoide.

- Eso suena como si hubiese permitido usted a otros observadores interesados que sintiesen que les dejaba cierto margen para apoderarse de Repulsivo.

El no sonrió del todo.

- Quizá lo hice. No se lo digas al Consejero.

Trigger chasqueó los labios.

- No lo haré. Así que los captores que iban tras de mí se imaginaban que yo me encontraba como acorralada. Pero de todos modos atacaron Eso no parece muy inteligente. ¿Lo hizo usted otra vez algo para hacerles pensar que tenían el camino libre?

- No - Contestó él -. Trataban de abrirse paso por si mismos. Pensamos que lo lograrían finalmente. Todo tenía el aspecto de un ataque al estilo un - Dos.

- ¿Qué?

- Un - Dos. Uno prepara una trampa parecida a esa con una sola pandilla. Resulta una doble trampa y los que la practican se sacrifican. Se confía entonces en que la oposición relajará sus precauciones. Muchas veces lo hace... y un día o dos más tarde se regresa para el verdadero ataque. Ocasionalmente da resultado. De cualquier modo, en este caso, era el plan previsto.



- ¿Cómo lo sabe usted?

- Habían empezado a preparar el rapto en Ceyce cuando el grupo de Quillan te localizó. Así que Quillan te pescó primero.

- La joven se puso colorada.

- No fui tan lista como me imaginaba. verdad?

El Comisionado gruñó.

-¡Lo bastante para darnos un fenomenal dolor de cabeza! Pero no tuvieron ninguna dificultad en encontrarte. Descubrimos esta noche que alguna especie de material rastreador ha sido colocado en tus ropas. Incluso en las interiores. Alguien puede haberlo colocado en la lavandería de la Escuela, pero eso no importa ahora - la miró durante un momento -. ¿Qué te hizo decidir largarte tan de pronto? - preguntó.

Trigger se encogió de hombros.

- Estaba muy furiosa con usted - Reconoció -. Más o menos, con todos. Entonces solicité un traslado y la solicitud me vino de rebote... ¡desde Evalee! Creí que ya tenía bastante y que lo mejor sería largarme en silencio. Así lo hice... o quería hacerlo

- No te lo censuro - confesó Holati.

Trigger dijo:

- Aún pienso que habría sido más inteligente mantenerme informada desde el principio acerca de lo que estaba sucediendo.

Holati sacudió la cabeza.

- Yo no te habría dicho nada, ni siquiera ahora - Dijo -, sino hubiese quedado definitivamente establecido que ya estás envuelta en el asunto. Esto podría evolucionar en una operación bastante peligrosa. No quisiera verte metida en ella, si eso se hubiese podido evitar. Y si tú no hubieses tenido que meterte en el asunto, yo no tendría que ir contándote secretos de la Federación.

- ¿Entonces, definitivamente, estoy en el jaleo?

El Comisionado asintió.

- Hasta que se acabe.

- ¿Pero usted sigue sin contármelo todo?

- Hay unas cuantas cosas que no puedo decirte - Afirmó -. En eso sigo órdenes.

Trigger esbozó una débil sonrisa.

-¡Vaya cambio! No sabía que fuese usted capaz de cumplirlas. Ignoraba que usted fuese capaz de obedecer.

- En mi época acaté órdenes en abundancia - contestó el Comisionado -, cuando creí que tenían sentido. Y me parece que éstas lo tienen.

Trigger guardó silencio un momento.

- Hace un rato dijo que lo más difícil era sacarme esta noche. ¿Puede hablar de eso?

- Sí, de eso sí - Meditó -. Primero tendré que decirte algo más... vamos a ir a Manon.

- Adelante - dijo ella arrellanándose en su silla.

- Alguien se hizo con la idea de que una de las cosas que Gess Fayle pudo hacer era preparar los asuntos para que no tuviese que volver al Hub durante una temporada. Si podía montar una tienda en algún mundo exterior lo bastante lejos y estar trasteando con esa unidad plasmódica durante un año o así hasta conocerla por completo, sería mejor para sí que simplemente vendérsela a alguien.

- Pero eso - Sería muy arriesgado, ¿verdad? - Preguntó Trigger -. Con sólo el equipo que pudo llevarse en un transporte de la Liga.

- No muy arriesgado - Dijo el Comisionado -, si había concertado un arreglo para que le saliese al encuentro un navío de la Flota Independiente.

- Oh - la joven asintió.

- Y, según todos los acontecimientos, eso resulta una coincidencia interesante - continuó el Comisionado -, recibimos el aviso de que se lleva varios meses sin noticias de un equipo llamado Flota de Vishni. La zona de su Primera Flota queda bastante más allá de Manon, pero Fayle pudo llegar hasta esa zona, con los navíos rápidos de la Liga, en unos veinte días. Menos aún, si Vishni enviaba unos cuantos pilotos a su encuentro y te guiaban sacándole del subespacio. Si ha sido comprado por Vishni hará que le elijan y le lleven a uno de los pocos planetas habitables no catalogados y que le acompañen unos expertísimos exploradores de los mundos exteriores para que nada le ocurra. Y los muchachos de Vishni, son exactamente de la clase de granujas que uno podría contratar para un negocio así.

»Ahora, lo que se ha hecho es contratar a unas cuantas de las otras Primeras Flotas de los alrededores y colocarlas junto con cuantos escuadrones de los Exploradores Espaciales se pudieron separar de su trabajo ordinario para vigilar el territorio

Vishni. Nuestro equipo se encarga de la operación. Y. Manon, claro, es un punto mucho mejor para dirigir que el Hub. Si se descubre algo que parece lo bastante interesante para investigarlo con detalle, sólo estaremos a una semana de distancia.

»Así que hemos estado preparados para el traslado durante las dos pasadas semanas, que fue cuando empezaron a llegar los primeros informes de la zona de Vishni... y fueron negativos hasta ahora, a propósito. He mantenido la vigilancia día a día, porque también habían indicaciones de que tus amigos los raptores podían prepararse para lanzarse sobre ti definitivamente. Parecía mucho más normal aclarar ese asunto primero. Ahora que han descubierto su juego, nos iremos.

Se frotó la barbilla.

- La cosa más bonita de todo - observó -, es que vamos a ir con las dos mercancías que la oposición ha revelado desea poseer. Vamos a dejarles saber que esas mercancías las tendrán asequibles en el Sistema Manon, de aquí en adelante. Quizá se desanimen y abandonen todo el proyecto. Si lo hacen, estupendo. Seguiremos con la fase de limpieza de Vishni en nuestro plan de operaciones.

- Pero - continuó -, hay también indicios de que no abandonarán su proyecto al igual que tampoco nosotros dejaremos de buscar la unidad clave. Así que esperamos que se muestren en Manon. Cuando lo hagan, estarán trabajando en territorio que no les es familiar y en un sistema en donde tienen sólo unas cincuenta mil personas entre las que esconderse, en lugar de toda una civilización planetaria. Creo que en Manon encontrarán las cosas mucho más difíciles para ellos.

- Muy, bien - Exclamó Trigger -. ¡Me gusta! ¿Pero qué le hace a usted pensar que la oposición se compone de un solo grupo? Por ahora pueden haber rebaños de grupos. Quizá luchando entre sí.

- Yo apostaría a que existen por lo menos dos grupos - Dijo el Comisionado -. Y si se pelean, recibirán nuestra bendición. Por lo que a nosotros respecta, siguen estando en la oposición.

La joven asintió.

- ¿Y cómo va usted a dejarles saber cuál es nuestro movimiento?

- Las montañas de los alrededores de aquí están pobladas de observadores... Algunos utilizan trucos muy inteligentes... un muchacho lleva sentado en un árbol hueco durante semanas. Les dejaremos que vean lo que vamos hacer. Esta tarde te vieron entrar. Más tarde, esta noche, te verán subir en el navío con el resto del grupo y despegar. Ya han captado mensajes que sirve para indicarles dónde va nuestra nave - Hizo una pausa Pero primero tienes que terminar aquí un trabajo, Trigger. Eso te tomará unos cuatro días. Así que no será a ti a quien vean subir al navío en realidad.

- ¿Qué? - la joven se incorporó.

- Tenemos un duplicado tuyo - explicó el Comisionado -. Una agente femenina. Ella atraerá a los incautos hasta Manon.

- ¿Cuál es ese trabajo del que acaba de hablarme? - Preguntó con llaneza.

- No te lo puedo explicar con demasiado detalle. Pero dentro de cuatro días, a partir de ahora, alguien vendrá a Maccadon para entrevistarte,

- ¿Entrevistarme? ¿Sobre qué?

Holati dudó un momento.

- Hay una teoría de que quizá tengas información que ignoras poseer - Dijo -. Y que la gente que envió raptores a por ti desea esa información. Si es cierto, la entrevista lo descubrirá.

La boca de la muchacha se le quedó seca de súbito. Volvió la cabeza hacia Quillan.

- Mayor - Dijo -. Creo que ahora aceptaría ese cigarrillo.

El agente se le acercó y le encendió el pitillo. Trigger le dio las gracias y fumó. Pensaba que casi estuvo a punto de estropearlo todo. La reservación pagada. Hasta el último detalle.

- Me gustaría entenderlo bien - Dijo -. Lo que usted me decía suena como un trabajo de registrar en la mente, Holati.

- Está dentro de esa especie - contestó el Comisionado -. Pero no será un registro mental ordinario. La gente que vendrá aquí son expertos de alta categoría en esa clase de tareas.

Trigger asintió.

- No conozco mucho del asunto...- ¿Creen que alguien se me acercó con un rociador hipnótico o algo por el estilo? ¿Qué he sido acondicionada? ¿Algo de esa índole?

- No lo sé, Trigger - confesó el Comisionado -. Puede que tengas razón. Pero sea lo que sea, ellos lo podrán resolver.

Trigger se humedeció los labios.

- Estuve pensando, ya lo sabe - dijo -. Supongamos que poseo una barrera mental.

Holati sacudió la cabeza.

- De eso te puedo dar seguridades - Dijo -. Ya sabemos que no la posees.

Trigger guardó silencio un momento. Luego habló.

- Después de que se acabe esa entrevista, embarcaré para Manon... ¿no es eso?

- Eso es,

- ¿Pero dependerá mi salida también de la entrevista, no es cierto? - destacó Trigger -. Me refiero a que usted no puede estar seguro en realidad de lo que decida esa gente, ¿verdad?

- Sí, puedo - Dijo el Comisionado, Todo el asunto ha sido programado por completo, Trigger. Y el próximo paso en el plan para ti es Manon. No otra cosa.

Ella no le creía en lo más mínimo. Era imposible que el Comisionado supiese. Pero la joven asintió.

- Me imagino que tendré que seguir el juego - le miró -. Me parece que no tengo opción, ¿verdad?

- Me temo que no - Admitió el Comisionado -. Esta es una de esas cosas que es preciso hacer. Pero no lo encontrarás demasiado malo. Tu com­pañera, a propósito, durante los siguientes tres días, será Mihul.

-¡Mihul! - Exclamó Trigger.

- La misma - Intervino la voz de Mihul. Trigger giró en redondo desde su silla. Mihul estaba plantada en la puerta que había aparecido en toda la pared de la habitación. Dirigió a Trigger una sonrisa. Trigger se volvió a mirar al Comisionado.

- No lo entiendo - dijo.

- Oh, Mihul pertenece a Inteligencia de los Exploradores - dijo - No estaría aquí de no pertenecer.

- Llevo dieciocho años de agente - confesó Mihul, adelantándose -. Hola, Trigger. ¿Sorprendida?

- Sí - admitió Trigger -. Mucho.

- Me han asignado esta misión - afirmó Mihul -, porque se imaginaron que tú y yo nos llevaremos perfectamente bien.
CAPITULO IX
¡Era realmente una infernal mala suerte! Mihul iba a ser la menos cómoda de las guardianas para escaparse de ella... particularmente a tiempo de alcanzar el navío de línea de mañana por la noche. Y Mihul la conocía demasiado bien.

- ¿Quieres venir y darle una ojeada ahora a tu doble? - Preguntó Mihul. Sonrió -. Muchas per­sonas sacan de esos encuentros toda una experiencia.

Trigger se levantó resignada.

- De acuerdo - Dijo, Se mostraban educadas con respecto al asunto, pero quedaba bien claro que seguía siendo una situación típica de policía y prisionero. ¡Y el policía sería la vieja amiga Mihul! Entonces recordó algo.

- Me parece que el mayor Quillan tiene mi pistola.

El aludido la miró pensativo, sin sonreír.

- No - Contestó ---. Se la di a Mihul.

- Eso es cierto - Dijo Mihul -. Vamos, muchacha.

Cruzaron la puerta que había aparecido en la pared. Volvió a cerrarse tras ella,

La doble estaba detrás de una mesa en la que estuvo sentada cuando Trigger y Mihul entraron en la habitación. Dirigió a Trigger una breve e impersonal mirada, luego miró a Mihul.

Mihul no hizo las presentaciones.

- Vestido, tocado y turbante - Dijo a la doble -. Los zapatos son bastante parecidos - Se volvió a Trigger -. Llevará tus ropas de calle cuando se marche - aclaró -. ¿Podrías darnos ahora el vestido?

Trigger se quitó el vestido, se lo arrojó a Mihul y se quedó plantada con su ropa interior, mirando como su doble se ponía sus ropas. Parecían estar muy próximas en tamaño y proporciones. Contemplando la acción de los esbeltos músculos y las largas piernas y la lisa espalda, Trigger decidió con sinceridad que el parecido era muy natural. Claro, el pelo plateado era idéntico. Los ojos grises parecían casi idénticos... y el resto de la cara se mostraba un poco demasiado igual. Debían haber utilizado allí una máscara vital.

Resultaba singular. Era como verse en un espejo y advertir que la imagen se movía con independencia. Si la chica hubiese hablado, el efecto habría quedado disminuido. Pero permaneció en silencio.

Se puso el vestido que Trigger había usado y se lo alisó. Mihul contempló el efecto. Asintió.

- Perfecto - Tomó el resto de las ropas de Trigger del respaldo de una silla en donde alguien las había dejado y se las entregó, diciendo -: no necesitarás el turbante. Pero que se te vea en un bolsillo de la americana.

La chica se colocó la capa sobre el hombro y permaneció plantada, sujetando el turbante. Mihul la repasó con la mirada una vez más.

- Servirá - dijo. Sonrió brevemente -. Está bien.

La doble miró de reojo a Trigger de nuevo, dio media vuelta y atractivamente salió de la habitación. Trigger frunció el ceño.

- ¿Hay algo malo? - preguntó Mihul. Se había acercado a un lavabo de pared y estaba limpiando un vasito.

- ¿Por qué camina así?

- Te refieres al movimiento de caderas? Lo ha estudiado - Mihul había llegado medio el vaso con agua, sacó un frasquito con algo del bolsillo y lo vació en el borde del vaso -. Entre tus amigos esa manera de andar se denomina «Estilo Argee». Tu doble la copia simplemente, criatura.

Trigger no hizo el menor comentario.

- ¿Y me he de poner sus ropas?

- No. Tenemos otro traje para ti - Mihul se le acercó, teniéndole el vaso -. Bebe esto.

Trigger la miró con recelo.

- ¿Qué hay dentro?

Los ojos azules la contemplaron con ternura. - Se le podría llamar un sedante.

- No necesito sedantes. Gracias.

- De todos modos, será mejor que te lo tomes Mihul se palmeó la cadera con la otra mano -. Llevo aquí una pequeña pistola hipnótica. Esa es la alternativa.

-¡Qué!

- Cierto. El mismo tipo de carga de tu magnífico Denton. El líquido del vaso es más fácil de tomar y no te dejará mareada.



- ¿Cuál es el propósito.

- Te conozco desde hace tiempo - contestó Mihul -. Estuve vigilándote los últimos veinte minutos en esa habitación, por una pantalla. Te volverás a marchar si se te presenta la menor oportunidad. No te lo censuro. Te estás viendo arrollada. Pero mi trabajo ahora es procurar que no te escapes y, hasta que lleguemos a donde vas a ir, necesito estar segura de que permanecerás quietecita.

Tendió el vaso, en una larga morena y capaz mano. Permaneció allí, unos ocho centímetros más alta que Trigger, pesando más de quince kilos. Ni un gramo de sus adicionales quince kilos era de grasa. Si necesitaba ayuda, la cabaña de caza estaba llena de ayudantes en potencia. No lo hizo.

- Jamás dije que me gustaba este asunto - anunció Trigger con cuidado - Pero si dije que llegaría hasta el fin. Lo haré. ¿No basta eso?

- Claro - Se apresuró a contestar Mihul -. ¿Me das tu palabra?

Hubo una larga pausa.

-¡No! - Exclamó Trigger.

- Me lo imaginé. ¿Bebes o disparo?

- Bebo - afirmó Trigger realmente. Tomó el vaso -. ¿Cuánto tiempo estaré sin coordinar?

- De ocho a nueve horas - Mihul permaneció vigilante mientras Trigger vaciaba el vaso. Al cabo de un momento lo dejó caer al suelo. Entonces extendió los brazos y pescó a Trigger cuando ya empezaba a desplomarse.

- Está bien - Dijo por encima del hombro hacia el umbral abierto tras ella -. ¡En marcha!
______________
Trigger despertó y al instante se puso tensa, Permaneció quieta durante unos cuantos segundos sin abrir siquiera los ojos. Le daba en los párpa­dos una fría luz del sol, pero estaba en el interior de un edificio. Se oía un murmullo apagado en algún lugar, al cabo de un momento comprendió que venía de un televisor noticiario puesto en tono bajo, en cualquier habitación contigua. Pero no parecía rodearla nadie de inmediato. Alerta, abrió los ojos.

Se encontraba en el diván de una ventilada y espaciosa habitación, amueblada y decorada con el más pálido de los verdes y del marfil. Todo un costado del cuarto era o bien una ventana o una pantalla. En ella se veía una cordillera lejana con muchos picachos nevados, un cielo azul casi sin nubes. El sol de media mañana o de la tarde.

El sol y todo tenía el aspecto de Maccadon... probablemente seguían en el planeta. Ahí es donde tenía que efectuarse la entrevista. Pero también pudieron enviarla a un viaje espacial de tres días, lo que sería un buen modo de asegurarse que un prisionero permanecía exactamente en donde lo necesitaban. Quizá fuese esto la suite de una nave espacial de pasajeros con una vista preparada de cualquiera de los centenares de mundos y con una falsa luz solar proyectada en ella.

Había una puerta en el cuarto. Estaba abierta y las voces del televisor procedían de allí.

Trigger se sentó en silencio y se miró las ropas que llevaba. Todos blancas. Una semi blusa de manga corta, de algún género poco familiar, bastante pesado, algo suave y muy cómodo. La cintura desnuda. Blancos pantalones que se ensanchaban en los muslos y sé ajustaban por encima de las rodillas, bajando así hasta las pantorrillas, desapareciendo dentro de unas botas infantiles de gruesa y flexibles suelas.

Atuendo deportivo.. ¡Eso significaba Maccadon!

Cogió un mechón de cabello y lo miró. Le habían devuelto el color... esta vez hasta un cálido tono de caoba. Quitó las piernas del diván y se levantó. Una docena de suaves pasos cruzando la espesa alfombra marfil la llevó hasta la ventana.

El televisor emitió un chasquido y quedó en silencio.

- No está mal - Dijo Trigger. Vio una gran extensión de bosque y de terreno despejado, alzándose gradualmente hasta llegar a las laderas de las montañas. En la parte lejana, a la derecha, estaba la plateada y reluciente extensión inmóvil de dos lagos -. ¿Dónde estamos?

- En la meseta Byla, Reserva de Caza. Es la zona para cazar pájaros la que tienes delante de ti - Mihul apareció en el umbral, con un equipo casi duplicado del de Trigger, pero en tono gris perla -. ¿Te encuentras bien?

- Me encuentro estupendamente - Contestó Trigger. La Meseta Byla... la punta sur del continente. ¡Podría regresar a Ceyce en menos de dos horas! Se volvió y sonrió a Mihul -. Sigo teniendo hambre. ¿Cuánto tiempo estuve sin sentido?

Mihul consultó su reloj de pulsera.

- Ocho horas, diez minutos. Te despertaste en el tiempo convenido. Hice que subiesen el desayuno hace media hora. Ya he tomado el mío, después di una cabezada. ¡Es estupendo! - Trigger vio que el pelo de Mihul había sido recortado muy corto y que un mechón gris aparecía en el lado derecho; y también se había cambiado el color de sus ojos hasta un azul más profundo. Se preguntó qué es lo que le obligó a adoptar tal conducta -. ¿No quieres entrar? - Preguntó Mihul -. Podemos hablar mientras desayunas.

Trigger asintió.

- Después de que me haya duchado.

El espejo del cuarto de baño le mostró que le habían dejado en paz sus ojos. Pero tenía una impresión turbadora de que estaba contemplando una imagen considerablemente más regordeta, más bajita, más joven de lo que debiera ser... una adolescente de diecisiete o dieciocho años. Sus ojos se contrajeron. Si habían empleado el procedimiento de esculpir sus carnes, eso les causaría complicaciones.

Se desnudó apresuradamente y lo comprobó. No habían manipulado en su cuerpo. Así que tenían que ser las ropas; lo que resultaba difícil era advertir cómo incluso el sastre más malicioso podía proporcionar una ilusión tan convincente de verse más redondita, más gruesa en torno a los muslos, con pechos más desarrollados, pero sin llegar a lo excesivo, de hecho. Tornó a vestirse, se miró otra vez y salió del cuarto de baño, todavía turbada.

- Elige entre tres pájaros de caza para desayunar - anunció Mihul -, Jamás oí hablar de ninguno de ellos. Todos son buenos. Mas la comida corriente - Se palmeó su desnuda cintura -. ¡Comí demasiado! - admitió -. Ahora entra y te instruiré.

Trigger entró.

- Me acabo de echar un vistazo en el espejo - Observó -. ¿Qué es este asuntillo de la ilusión aparente de llevar unos ocho o diez kilos de más encima?

Mihul soltó una carcajada.

- En realidad no los llevas.

- Lo sé. ¿Cómo lo hacen?

- Es cosa de tonalidad en las ropas. No son en realidad blancas. Cualquiera que te mire sufre de visión distorsionada un poquito, sin darse cuenta. Si requiere poder ofrecer una visión más amplia de ciertas zonas, por ejemplo. Puedes realizarlo en un sin fin de maneras.



- Jamás oí hablar de esa - dijo Trigger -. Me imagino que será sensacional en alta costura.

- Lo sería. Por ahora es alto secreto, mientras Inteligencia pueda mantenerlo así.

Trigger masticó un delicioso bocado de carne suave.

- ¿Entonces por qué me lo dijiste?

- Aunque de mala gana, eres una de la pandilla. Y sabes mantener la boca cerrada. Tu nombre, a propósito, es ahora Comteen Lod, acabas de cumplir los dieciocho. Yo soy tu querida mamá. Me llamarás Drura. Venimos de Slyth Talgon en Evalee, estamos aquí para pasar unos cuantos días de caza.

Trigger asintió.

- ¿Cazaremos?

Mihul señaló con un dedo una mesita lateral. El Denton estaba allí, pareciendo un juguete junto a una esbelta pistola deportiva, modelo normal.

-¡Apuesta a que sí, Comteen! - Dijo -. Siempre he tenido muchísimas ganar de probar una reserva de primera clase, aunque fuese con mi propio dinero. Y ésta es primerísima clase - hizo una pausa -. Comteen y Drura Lod existen en realidad. Somos una estupenda copia del aspecto que tienen ellas y se mantendrán fuera de la circulación hasta que hayamos terminado aquí. Ahora...

Se arrellanó cómodamente, inclinando la silla y entrelazando sus manos en torno a una de las rodillas.

- Dejando aparte el deporte, estamos aquí porque te encuentras en período de convalecencia. Te recuperas de un ataque bastante grave de la Fiebre Dykart. ¿Has oído hablar de ella?

Trigger reflexionó.

- Una enfermedad que se coge en ciertas partes de los trópicos de Evalee, ¿verdad?

Mihul asintió.

-¡Eso es lo que te pasó, criatura! No tomaste tus inyecciones en el último viaje que efectuamos... y seis meses más tarde sigues pagando el error. Caíste en una de esas típicas fiebres Dykart que te pusieron en estado de coma cuando te trajimos aquí la última noche.

-¡Muy inteligente! - Comentó Trigger con acritud.

- Muchísimo - Mihul chasqueó los labios -. El microbio Dykart causa desmoronamientos temporales, como ya sabes... momentos en que los convalecientes hablan frenéticos, se imaginan cosas.

Trigger se introdujo otro fragmento de carne entre los dientes y lo masticó pensativa, mirando a Mihul.

-¡Un pato muy bueno, o lo que sea! - Exclamó -. ¿Quieres decir que es como si se imaginasen que han sido raptados, más o menos?

- Algo por el estilo - Asintió Mihul.

Trigger sacudió la cabeza.

- Yo no lo haría de todas formas. Tus secuaces posiblemente tendrán cubiertos todos los ángulos legales.

- Seguro - Contestó. Mihul -. Sólo se me ocurrió mencionártelo. ¿Has usado mucho tu Denton en la caza?

- No con demasiada frecuencia - Trigger se había estado preguntando si le habrían dejado cargado su compartimiento anonadador -. Pero es un arma estupenda para eso.

- Lo sé. El otro es un Yool. Un arma muy buena también para cazar. Utilizarás ése.

Trigger tragó saliva. Resistió la tranquila mirada de los ojos que la vigilaban.

- Jamás manejé un Yool. ¿Para qué el cambio?

- Son fáciles de manejar. La razón del cambio es que no se puede dejar atontado a nadie con un Yool. Es mejor que permanezcamos armadas, aunque en realidad no es necesario... pero mucho dinero está en juego alrededor nuestro y no se puede mantener la Meseta con un servicio concienzudo de policía, aunque lo hayan hecho en esta ocasión. Pero un as en la manga jamás perjudica - meditó -. ¿Cambiaste de idea acerca de darme tu palabra?

- En realidad, no había pensado en eso - dijo Trigger.

- Entonces te permitiría que llevases tu propia arma.

Trigger reflexionó unos cuantos momentos, luego sacudió la cabeza.

- Prefiero no hacerlo.

- Como quieras - Contestó Mihul con tono agradable -. En ese caso, sin embargo, debería haber - Algo más sobreentendido.

- ¿El qué?

- Tendremos que pasar tres o cuatro días aquí, juntas, antes de que aparezca Quiensea.

- ¿Quiensea?

- Para tu futura referencia -.dijo Mihul -, Quiensea será la persona, masculino o femenina, que desea celebrar una entrevista contigo y que ha preparado las cosas para ello. Es en caso de que quieras hablar o hacer alguna referencia al asunto. También te diré que hablaré muy poco acerca de Quiensea.

- Me lo pensé - Trigger sugirió -, aunque creí pertenecer a la pandilla.

- Tengo instrucciones especiales en el caso - afirmó Mihul -, De todos modos, Quiensea vendrá. Celebrará la entrevista. Después haremos lo que Quiensea nos ordene. Como ya sabes.

Trigger asintió.

- Mientras, estaremos aquí - Dijo Mihul -. Un sitio muy agradable para pasar tres o cuatro días, según mi opinión y, creo también, que en la tuya.

- Agradabilísimo --- Afirmó Trigger -. He estado sospechándome que fuiste tú quien sugirió que sería un buen lugar para esperar.

- No - Negó Mihul -. Aunque pude hacerlo, si alguien me lo hubiese preguntado. Pero Quiensea maneja todos los arreglos, según parece. Ahora que podríamos divertirnos. aquí... lo que, me imagino, sería el propósito en cuanto a ti respecta.

- ¿Divertirnos? - Preguntó Trigger.

- Podía ser lo ideal colocarte en buen estado mental para esa entrevista - Dijo Mihul -. No sé. Tres días aquí relajarían casi a cualquiera. Te quedarás un poco. Pasearás por los lagos. Montarás a caballo. Cosas por el estilo. La única dificultad es que me temo que estás albergando sombrías nociones que es muy probable quiten todo el atractivo a nuestras vacaciones. Sin mencionar la posibilidad de relajarte realmente.

- ¿Cómo qué? - Dijo Trigger.

- Oh - Contestó Mihul -, hay toda clase de posibilidades, claro - Señaló con la cabeza las armas -. Como quitarme el Denton de mi funda y proporcionarme una dosis de anonadador. O coger esa cafetera de ahí y golpearme con ella el cráneo. Pesa lo suficiente.

Trigger dijo pensativa:

- No creo que ninguna de las dos cosas diese resultado.

- Puede que sí - Confesó Mihul -, ¡Puede que sí! Eres rápida, Se te ha enseñado a improvisar. Y algo te come tu interior. Estás tan alerta como un gato.

- ¿Y bien? - dijo Trigger.

- Pues hay un cierto número de alternativas - continuó Mihul -. Te las expondré. Elige. Una de ellas: Puedo mantenerte drogada, Tres días narcotizada no te harían daño y, con toda certeza, no causaría ningún problema. Otra: te permitiría permanecer despierta, pero nos quedaríamos en nuestras habitaciones. Puedo encerrarte con llave, por la noche y esa ventana es a prueba de fugas. Lo comprobé. Podría ser un aburrimiento supino, pero tenemos cintas y material para distracciones. Podría llevarme las armas y vigilarte como un halcón a cada minuto del día - miró a Trigger inquisitiva -. ¿Qué quieres de todo eso? ¿Te gusta?

- No mucho - confesó Trigger.

- Son seguridades - dijo Mihul -. Pero seguridades completas. Quizá debiera... Bueno, se acabó el calor y la cuestión ahora es retenerte para presentarte a Quiensea. Tienes también un par de alternativas más. Una de ellas con un aspecto que no te gustará muchísimo tampoco. Por otra parte, te daría una oportunidad deportiva de largarte si estabas en realidad. emperrada en hacerlo. Y queda enteramente en línea con mis instrucciones. Les advertí que eras muy astuta.

Trigger dejó de comer,

- Explícame eso.

Mihul inclinó la silla hacia atrás un poco más y la estudió durante un momento.

- Es bastante parecida, como te dije antes. Todo amistoso e indiferente. Disparar un poco, nadar otro, ir a remar o a cabalgar. Tumbarse al sol. Pero a causa de esas nociones tuyas, se añadirá un detallito. Un antiincentivo.

- ¿Un antiincentivo? - repitió Trigger.

- Exactamente - Contestó Mihul - Que no está en línea con mis instrucciones. Pero tu eres un personajillo muy digno y creo que resultaría.

- ¿En qué consiste ese antiincentivo? -- preguntó alerta Trigger.

- Si tú logras romper el cerco y escapar - Contestó Mihul -, será un buen resultado. Algo ocurre en tu Interior y no estoy segura de que me guste el modo en que se ha llevado este asunto. De hecho, lo aborrezco, así que trataré de impedirte que te marches, pero si resulta que no puedo, no te guardaré el menor rencor. Aun cuando despierte llena de chichones.

Hizo una pausa.

- Por otra parte - continuó -, estamos aquí ... juntas durante tres o cuatro días. Y yo no quiero pasarlos luchando contra intentos de dejarme sin sentido cada treinta segundos. Así que, cada vez que intentes y falles, Comteen, mamá te cogerá y te calentará las posaderas con lo que tenga a mano.

Trigger la miró con fijeza.

Mihul se aclaró la garganta.

- ¿Mientras lleve un arma? - preguntó temblorosa -. ¡No seas ridícula, Mihul!

- Tú no me matarás para librarte de una paliza - Contestó Mihul -. Y eso es todo lo que puede hacer el Yool. ¿Cómo sino podrías detenerme?

Las uñas de Trigger tamborilearon en la mesa brevemente. Se humedeció los labios.

- No lo sé - Admitió.

- Claro que todas estas cosas desagradables se podrían evitar con mucha facilidad - Dijo Mihul -. Siempre tenemos el cuarto método.

- ¿Cuál?


- Dame tu palabra.

- No la doy - Dijo Trigger con voz espesa.

- De acuerdo. ¿Cuál de los otros sistemas prefieres?

Trigger no dudó.

- La posibilidad deportiva - Dijo -. Los otros no valen la pena.

- Para mí basta - Dijo Mihul. Se levantó y se acercó a la pared. Seleccionó un cinturón con funda de la pareja que colgaba allí y se lo colocó en la cintura -. Pensé que te decidirías por ese rumbo de acción - dijo. Dirigió a Trigger una breve sonrisa - ¡Asegúrate de empezar bien!

- Lo haré - contestó Trigger.

Mihul avanzó hasta la mesita lateral, tomó el Denton, lo miró y se lo colocó en la funda. Se volvió para contemplar la ventana.

-¡Buena comarca! - Dijo -. Si has terminado con el desayuno, ¿qué te parece salir ahora para tratar de cazar nuestros primeros pájaros?

Trigger sopesó con suavidad la cafetera. Tenía el peso adecuado para dar un golpe. Pero la distancia era algo mayor de lo conveniente, considerando el antiincentivo.

Además, podría fracturar el cráneo de su compañera.

Volvió a dejar la cafetera en la mesa.

-¡Gran, idea! - dijo -. Ya he terminado de desayunar.
CAPITULO X
Media hora más tarde seguían sin efectuar ningún movimiento importante Trigger se mantenía en cierto modo dentro de un pensativo silencio, por lo menos momentáneamente. Mihul, a su lado, en el asiento del conductor del pequeño saltador deportivo, charlaba placenteramente de cosas indiferentes. Pero no parecía esperar ninguna respuesta.

No tenía demasiadas horas que desperdiciar.

Trigger miraba hacia afuera, pensativa, a través de la pantalla visora telescópica, mientras que el saltador surcaba el espacio a trescientos metros en dirección a la zona de reserva de dos millas cuadradas que se las había asignado para cazar aquella mañana. Vagamente reflejada en la pantalla, podía ver la cabeza del perro que les acompañaba en aquella zona particular, alzándose por encima del asiento trasero, a su espalda. El animal miraba derecho entre los dos humanos, absorto en quién sabe qué caninas reflexiones.

Había abundancia de vida abajo; en particular, pájaros. Algunos eran de formas originales terrestres, que se mantenían sin evolucionar en los bancos genéticos de la Liga U. Probablemente muchos más eran inspiradas modificaciones producidas en los ranchos de caza de Gran Comercio. En cualquier otro momento, Trigger hubiera disfrutado de la salida casi tanto como Mihul.

No ahora. Otras cosas cruzaban la mente de ella. Dinero, por ejemplo. No le habían devuelto su efectivo y, en apariencia, no tenían intención de hacerlo... por lo menos hasta después de la entrevista. Pero Mihul llevaba por lo menos parte del dinero para los gastos en el bolsillo de la cadera, dentro del monedero. El resto estaría en la habitación, oculto dentro de su caja fuerte, o depositado en el arca general del hotel.

Volvió a mirar a Mihul. La buena amiga Mihul jamás le pareció antes tan grande, ágil, alerta y apta generalmente para una pelea. ¡La idea de un antiincentivo era diabólicamente ingeniosa! Resultaba difícil planear cosas con tranquilidad y calma, mientras el amor propio de uno le obligaba a imaginarse los resultados de cometer un error.

El saltador se posó cerca del centro del territorio, guiado en su última parte del trayecto por Mihul, que advirtió el prometedor aspecto de unos cuantos macizos vegetales y una zona de precipicios que quedaba por delante. Trigger abrió la portezuela de su lado. El perro saltó ligero por encima del asiento y bajó tras ella. Se tornó a mirar a su ama y le dio un ladrido, educado, pero al mismo tiempo admotitivo. Luego se plantó en espera de órdenes.

Mihul se fijó en él.

- Se cree que es quien manda - dijo. Agitó una mano hacia el perro -. ¡Busca, viejo amigo! ¡Te seguiremos!

El animal, una esbelta criatura en forma de sabueso, se alejó dando rápidos saltos. Era una evolución de Gran Comercio que cierto aristócrata terrestre criaba y probablemente consideraba como un producto mucho más perfecto, sacando lo mejor de sus progenitores. Dobló en torno a un espeso matorral, corriendo y volando como un halcón. Dos regordetas figuras emplumadas, de un color verde esmeralda y carmesí, salieron del lado más próximo de los arbustos, vieron a los humanos an­te ellos y alzaron un vuelo casi vertical, cobrando velocidad.

Una gran cantidad de cosas distintas, claramente detalladas, pareció seguirles durante los siguientes cuatro o cinco segundos. Mihul juró, sacando el Denton de su funda, Trigger ya había desenfundando el Yool, pero el arma le era desconocida: dudaba. Miró fascinada desde las pelotas emplumadas que volaban raudas a Mihul, contempló cómo la alta mujer se incorporaba para lanzar un disparo por encima, la mano izquierda cogiéndose la muñeca derecha, para afinar la puntería del ligero Denton --­. y, en ese particular instante, Trigger se dio cuenta con exactitud de lo que ocurriría después.

El Denton lanzó un disparo. Mihul se estiró algo más para disparar otra vez. Trigger giró con indiferencia, dejando caer el Yool, el codo izquierdo cerca de su costado. Su puño se estrelló con violencia en la desnuda cintura de Mihul, precisamente por debajo de las costillas.

Aquel puñetazo, en tan precisas circunstancias, habría paralizado a una persona media. No paralizó del todo a Mihul. La mujer cayó hacia adelante, doblada y luchando por respirar, pero ya retorciéndose hacia Trigger. La muchacha cruzó hasta ella, recogió el Denton, cambió su ajuste, le colocó un noqueador de un máximo de doce horas y disparó entre las paletillas de Mihul.

Mihul se puso rígida, se inclinó hacia adelante y cayó inerte.

Trigger se quedó allí plantada, temblando violentamente, mirando a Mihul y luchando contra la convicción irracional de que acaba de cometer un asesinato a sangre fría.

El animal vino trotando con un pájaro derribado. Lo colocó reverente en la mano extendida de Mihul. Luego se sentó sobre los cuartos traseros y miró a Trigger con algo de la destacada compasión de quien comprendía muy bien.

En apariencia no era la primera vez que se enfrentaba a un accidente de caza.

La historia que Trigger balbuceó en el comunicador del saltador un minuto más tarde era que Drura Lod había sucumbido a un ataque de fiebre Dikart, que estaba en coma... y que se precisaba una ambulancia y un vuelo rápido hasta el hospital más próximo en la vecina ciudad.

El empleado del hotel se mostró asombrado, pero tranquilo. Que la madre se viese afligida por la misma enfermedad que la hija, era una noticia rara, pero plausible. A los ocho minutos una ambulancia de la policía llevaba a Mihul y a Trigger, volando a velocidad de emergencia, hacia la pequeña ciudad de la Meseta, detrás de las montañas.

Trigger jamás se enteró del nombre de la población. Tres minutos después de que siguiese a la camilla volante de Mihul al interior del hospital, dejaba en silencio el edificio por una salida lateral. La cartera de Mihul. contenía doscientos treinta coronas. Era apenas bastante.

Efectuó un completo cambio de ropas en el primer Servicio Automático que se tropezó y dejó la cabina, vestida de nuevo, llevando en una bolsa el equipo deportivo. El aerotaxi que contrato para que le llevase a Ceyce, lo tuvo que pagar por anticipado, lo que la dejó con ochenta y dos coronas. Mientras volaban sobre un lago, minutos más tarde, la bolsa con las ropas deportivas y los accesorios se cayó por la ventanilla trasera del vehículo. Era muy posible que los Exploradores del Espacio hubiesen puesto un material rastreador en el tejido para uso inmediato.

En Ceyce, apenas dos horas después de haber derribado a Mihul, Trigger llamó al espaciopuerto interestelar y se enteró de que el Ciudad Alba recibía ya a pasajeros e invitados.

Birna Drellgannoth cogió sus billetes y subió a bordo, mezclándose sin la menor ostentación con un grupo que estaba de humor festivo, enzarzado en despedidas. Desaparecía todavía más inostensiblemente por un pasillo, cuando el grupo se detuvo contento frente a la chica en estereoimagen de una de las nuevas agencias. Localizó su cabina tras una larga búsqueda, ajustó la puerta para que no la molestasen, miró en torno al camarote y decidió inspeccionarlo después con mayor detalle.

Se quitó, las zapatillas, subió en el gran diván que le serviría de litera y se tendió.

Permaneció un rato, mirando al techo y preocupada un poco por Mihul. Incluso en teoría, un disparo de la máxima potencia noqueadora no podía causar a Mihul el menor daño permanente. Sin embargo, podía dejarla de un humor infernal después de que la turbación desapareciera, ya que el impacto no se suponía que fuese agradable. Pero Mihul había afirmado que no la guardaría rencor si efectuaba con éxito un intento de fuga; e incluso si la cogían antes de que llegase a Manon, este intento ciertamente tendría la categoría de un triunfo técnico.

Podían alcanzarla, claro, pensó Trigger. La Federación tenía una enorme variedad de medios a su disposición cuando se ponía en serio a localizar a uno de sus ciudadanos desaparecidos. Pero el Ciudad Alba estaría ya a algunas horas de camino antes de que Mihul empezase siquiera a pensar con coherencia. Entonces daría la alarma, pero pasaría un rato antes de que empezasen a sospechar que Trigger había abandonado el planeta. Después de todo, Maccadon era su mundo patrio. Si ella quería simplemente esconderse, ahí es dónde tendría la mejor oportunidad de lograrlo con éxito.

Evalee, la primera parada Hub, estaba a sólo nueve horas de vuelo; Garth yacía a menos de cinco horas más allá de Evalee. Después de eso sólo estaba el largo viaje por el subespacio hasta Manon...

¡Tendrían que trabajar muy de prisa para impedirle dejar esta vez el Hub!

Trigger miró hacia el Denton que yacía junto a la cabecera, al lado del intercomunicador, en una mesita, muy próxima al diván. Se daba cuen­ta de una sensación de enorme satisfacción, de creciente relajación. Cerró los ojos.

¡A la larga, pensó, considerando todas las cosas, no había salido mal de entre las garras de los expertos en intrigas de capa y espada! Iba camino a Manon.

Horas más tarde, el atronador despegue del Ciudad Alba la pilló durmiendo.

Cuando se despertó, se encontraba en una semioscuridad. Pero sabía dónde se hallaba y una sensación familiar de escaso peso le indicó que el navío volaba. Se sentó.

Al moverse, la zona en torno a ella se iluminó y la cabina volvió a hacerse visible. Era bastante grande, en forma oval. Habían tres puertas cerradas en las paredes y estas mismas eran de un color ámbar ligero, de una apariencia singularmente insustancial. Un tinte rosado ascendía desde al nivel del suelo, a través de ellas, como si el color fuese creciendo más y más y profundizándose, viniendo acompañado de una distante agitación de música apenas audible. El cartel de no molesten aún brillaba un poco desde los paneles interiores de la puerta del pasaje. Trigger encontró su conmutador de control en la mesita de noche y lo accionó.

De inmediato, un suave sonido de campanas salió del intercomunicador en miniatura de la mesita. Su pantalla se iluminó con un fulgor latiente y se oyó una voz.

- Esto es una grabación, señorita Drellgannoth- dijo la voz -. Si el Servicio de Habitación puede entrometerse con un mensaje de audio, por favor, tenga la amabilidad de tocar el círculo azul en la base de su intercomunicador.

Trigger tocó el círculo azul.

- Adelante - invitó.

- Muchas gracias, señorita Drellgannoth - dijo la voz -. Durante todo el viaje su intercomunicador personal estará abierto a las llamadas, bien de audio o de intrusión visual, sólo si da usted su permiso verbal o si toca el círculo azul.

Se detuvo. Sonó otra voz.

- Aquí la azafata de su habitación personal, señorita Drellgannoth. Perdone la intrusión, pero el navío entrará en el subespacio dentro de una hora. ¿Desea que se le prepare una cabina de descanso?

- No. gracias - dijo Trigger -. Permaneceré despierta.

- Muchas gracias, señorita Drellgannoth. Como formalidad y, de acuerdo con el reglamento de la Federación, permítame recordarle que la Ley de la Federación no permite llevar armas personales a los pasajeros durante un viaje por el subespacio.

La mirada de la joven fue hasta el Denton.

- Está bien - dijo -. No lo haré. Supongo que será por causa de las alucinaciones subespaciales.

- Muchísimas gracias, señorita Drellgannoth. Sí. es por causa de las ilusiones, que pueden originar accidentes en el peor de los casos. ¿Podemos servirle en algo en estos momentos? ¿Desea que le enseñe los diversos usos interesantes de su intercomunicador personal?

Los ojos de Trigger se posaron en el extremo opuesto del camarote. Un mueble bastante grande, elegante, se alzaba allí. Su función, de inmediato, no parecía obvia, pero había oído hablar de los gabinetes del Servicio de intercomunicación.

Dio las gracias a la azafata pero declinó la oferta. La dama desconectó, en apariencia un poco desencantada de no haber descubierto nada que pudiese hacer por el bien personal de la señorita Birna Drellgannoth.

Trigger se acercó curiosa al gabinete. Se abrió al tocarlo y ella se sentó ante él, mirando sus paneles. Se indicaba allí un número considerable de usos, que podían hacerlo difícil de manejar a los ciudadanos medios del Hub. Pero ella había sido adiestrada en comunicaciones y el gabinete de servicio era tan sencillo como cualquier aparato que se pudiese conseguir en su clase.

Marcó el diagrama de situación del navío. El Ciudad Alba estaba a algo más de una hora lejos del puerto de Ceyce, pero todavía no sobrepasó las redes del subespacio que creaban campos entrelazados impenetrables de energía en torno al Sistema Maccadon. Un navío no podía sumergirse en tal zona sin riesgos de inmediata destrucción, pero las redes mantenían penosamente una seguridad contra el día en que la guerra subespacial pudiese estallar del nuevo por todo el Hub.

Trigger consultó la ruta que tenía diagramada. Evalee.., Garth. Una chispita verde en la lejanía del espacio, más allá de estos mundos, representaba el sol de Manon.

Once días, poco más o menos. Con el dinero que se gastaría en una cabina de descanso, el tiempo podría reducirse subjetivamente a tres o cuatro horas.

Pero hubiese sido una locura, de todos modos, dormir todo el viaje en un trasatlántico de lujo Hub que era improbable que volviese a tomar en toda su vida.

Ajustó el gabinete para revisar las comodidades de los pasajeros del Ciudad Alba y se le informó que todo permanecería a disposición de los pasajeros despiertos durante las inmersiones. Contempló los bares, las tiendas de modas, las salas comedor y de juegos. El Tobogán Cascada, por su aspecto, hubiera sido algo estupendo para Mihul... «Nuestro Gran Personal de Acompañantes del Viajero» ... precisamente lo que no necesitaba. El Auditorio sólido... y el Infierno... nuestro Salón de Sensaciones ilimitadas. Una voz dulzona le informó pesarosa de que la Ley de la Federación no permitía la transmisión plena de efectos de Sensaciones ilimitadas a las cabinas particulares. Sin embargo, permitía dar unos rápidos vistazos. Trigger los dio, olisqueó austeramente, volvió a las modas.

Se fijó en un trajecito negro que se exhibía. Mientras no trataría de vagar por el navío hasta que se sumergiere en. el subespacio y la mayoría de sus compañeros de viaje estuvieran inmersos en las cabinas de descanso, probablemente llamaría la atención con su vestidito de Venta Automática en un navío como el Ciudad Alba. Aquel trajecito negro no parecía muy caro...

- ¿Mil doscientos cuarenta y dos créditos de la Federación? - Repitió anonadada un minuto después -. ¡Comprendo!

Lo que comprendía es que valía ochocientas cincuenta coronas de Maccadon.

- ¿Quiere que le pasemos el modelo en su habitación, señora? - Preguntó la dependienta.

- No, gracias - contestó Trigger -. Sólo estoy curioseando - Cortó la comunicación, frunció el ceño distraída mirando el panel etiquetado: «Su Selección de Disposiciones Personalizadas de ilusión» sacudió la cabeza, cerró el gabinete y se puso en pie. Parecía como si tuviese que elegir entre llamar la atención o quedarse en su cabina y jugar con cosas tales como la creación de escenas de ilusión.

Ya era un poco mayorcita para esa clase de entretenimientos,

Abrió la puerta que daba acceso al pasillo exterior del camarote y miró tentativa a toda su longitud. El silencio era grande. Uno de los motivos es que se trataba del camarote más barato que tenían asequible, con toda presunción, instalado lejos de pasajeros principales. A la derecha, el corredor se abría en un pasillo más amplio que cruzaba por delante de unos centenares de metros de almacenes antes de llegar a la escalera. Al final de la escalera uno se encontraba en los niveles de los pasajeros. A la derecha el corredor terminaba en la puerta de lo que parecía la única otra cabina de aquella parte.

Trigger miró hacia esa cabina.

- Oh - Dijo -. Bueno -. hola.

La puerta de la cabina permaneció abierta. Una personita de extraña apariencia se sentaba en un bajo sillón inmediatamente dentro. Había alzado un brazo delgado con una manga verde, en gesto de saludo o de llamada, cuando Trigger se volvió.

Ahora repitió el ademán.

-¡Venga, muchacha! - llamó amablemente, con una voz temblorosa, de anciana.

Bueno, no puede hacerme ningún daño. Trigger adoptó su sonrisa educada y descendió por el pasillo hacia la puerta abierta. Tenía ante sí una viejecita, con una cabeza o bien afeitada o naturalmente calva, vistiendo una especie de pijama verde oscuro. Largos pendientes de vidrio del mismo color pendían de los lóbulos de sus orejitas.

La singularidad de la cara era debida principalmente al hecho de que llevaba maquillaje en abundancia y de que este maquillaje estaba entonado en verde.

Retorció la cabeza a la izquierda, cuando Trigger se le acercó, y murmuró algo. Otra mujer apareció tras la puerta, casi un duplicado de la primera, excepto que ésta se veía aficionada a lo rosa. Ambas pequeñas. Las dos la miraron radiantes.

Trigger las sonrió. Se detuvo al exterior de la puerta.

- Saludos - Dijo la de rosa.

- Saludos - Respondió Trigger, preguntándose de que mundo vendrían. El estilo no era exactamente nada igual a los que viese con anterioridad.

- Nosotras - informó la mujer de verde, con un toque no desagradable de condescendencia -, estamos con el Askab de Elfkund.

--¡Oh! - Exclamó Trigger, en el tono de quien se muestra impresionada. El nombre del Elfkund no le recordaba nada.

- ¿Y con quién está usted, muchacha? - Preguntó la de color rosa.

- Bueno - respondió Trigger -. En la actualidad con nadie.

Las sonrisas se desvanecieron bruscamente. Se consultaron con la mirada una a otra, luego fijaron sus ojos en Trigger. En apariencia, con bastante severidad.

- ¿Quiere usted decir que no es usted una asistente?

Trigger asintió.

- Vengo de Maccadon - Explicó -. Me llamo Birna Drellgannoth.

- Maccadon - repitió la de rosa -. ¿Entonces, joven Birna, es usted plebeya?

-¡Pues claro que lo es! - La de verde parecía ofendida -. ¡Maccadon! - Saltó de su silla con notable agilidad y se movió hacia la puerta. Dijo -: Hay mucha corriente - miró con intención más allá de Trigger. La puerta se cerró ante las narices de la joven. Un segundo más tarde, oyó cómo cerraban con llave. Poco después apareció el cartel de no molestar.

Bueno, pensó, volviendo a su cabina, no parecía que la fuesen a molestar vecinos en extremo amistosos durante aquel viaje.

Se bañó y descubrió entonces un peluquero mecánico en un armario, junto al espejo del cuarto de baño. Sacó el aparato a la habitación, lo ajustó para una operación de quitarle el tinte y se sentó bajo él. Cuando al cabo un minuto, poco más o menos, volvió a ser pelirroja, conectó la máquina al estilo de Orado y dejó que la peinase su cerebro electrónico, realizando un tocado que sería la reación más conveniente, dadas las circunstancias.

El peluquero mecánico trasteó en torno a ella durante todo un minuto, murmurando y crujiendo mientras efectuaba una inspección, en apariencia desaprobadora, preliminar a su tarea. Luego se puso rápida y silenciosamente a trabajar, Cuando se desconectó, Trigger comprobó los resultados en el espejo.

No estaba demasiado complacida. El peinado destacaba la estructura ósea de su rostro bastante bien pero no la favorecía en lo más mínimo. Posi­blemente el peluquero había incluido el vestido de Venta Automática en sus cálculos.

Bueno, tendría que servirle para que efectuase su primera gira por el navío.
CAPITULO XI
El intercomunicador de la mesita de noche le advirtió educadamente de que faltaban ahora diez minutos para el momento de inmersión. Los pasajeros despiertos que experimentasen la enfermedad del subespacio de alguna forma podrían obtener asistencia inmediata por una llamada hecha por cualquier intercomunicador. Si lo preferían, se mantendrían sus cabinas bajo supervisión visual continua de la azafata personal o la camarera.

Las zonas de pasajeros del Ciudad Alba aún parecían bastante bien pobladas cuando llegó Trigger. Pero algunos de estos pasajeros mostraban signos de lamentar su decisión de permanecer despiertos. Al poco se dio cuenta de que la dominaba una ligera intranquilidad.

No era malo... principalmente, una sensación como si el navío tratase continuamente de girar sobre su eje en torno a ella y no lo lograse por entero... y conocía por experiencia anterior que, después de la primera hora o así, se vería completamente libre de tan molesta sensación. Bajó a una sala de juegos de techo de poca altura, escasa luz y de aspecto lóbrego, aún muy concurrida por la parte más reacia de sus compañeros de viaje, buscando un sitio en donde pudiese sentarse sin llamar la atención durante un rato y dejar que la reacción del subespacio se le disipara.

Un diván junto a una puerta cerrada cerca del extremo poco iluminado de la habitación pareció adecuado para el propósito.

Trigger se sentó y miró en su torno. Se estaban realizando diversidad de juegos, todos desconocidos para ella. Los jugadores eran hombres principalmente, pero un número notable de mujeres hermosas, divinamente vestidas, circundaba las mesas como mironas. Acompañantes de viaje, comprobó de pronto Trigger..., empleadas, naturalmente, del Ciudad Alba, sin duda inmunes a los efectos del subespacio. Por los retazos de conversación que podía captar, las apuestas parecían uniformemente altas.

Un torbellino de vértigo de pronto volvió a dominarla. Este era más fuerte que de costumbre; durante un momento no pudo estar segura de si iba a marearse o no. Se levantó, avanzó hacia la puerta unos pocos pasos, la abrió y la cruzó, cerrándola tras de sí.

Había habido como una persiana protectora de luz negra en el marco. Al otro lado se encontraba brillo de sol embotellado.

Se halló a sí misma en una larga terraza que daba al recinto de un jardín convencional, a unos diez metros por debajo. No se veía a nadie más en la zona. Se apoyó contra la pared junto a la puerta, cerró los ojos y respiró despacio y profundamente durante unos cuantos segundos. La sensación de vértigo empezó a disiparse.

Cuando volvió abrir los ojos vio al hombrecillo amarillo.

Estaba inmóvil en el extremo opuesto del jardín, cerca de un macizo floreado que destacaba, como indicando que acababa de salir de allí. Parecía estar buscando el sendero de arena que serpenteaba hacia la terraza y desaparecía por debajo de ella, en el mismo punto en donde estaba Trigger.

Fue un miedo agudo lo que la inmovilizó al principio. Porque no había nada realmente humano en aquella figura pequeña, achaparrada, casi humana. Un demonio amarillo, jorobado, parecía diabólico y amenazador. El jardín, comprendió la joven de pronto, podía ser una escena de ilusión. O quizás...

La cosa se movió en aquel instante. Se convirtió en un torbellino de movimiento a lo largo del serpenteante sendero y desapareció por debajo de la terraza. Al cabo de un segundo, o poco menos, oyó el sonido de una puerta cerrándose a cierta distancia. El jardín volvió a quedar inmóvil.

Trigger permaneció donde estaba, las rodillas temblándole un poco. El miedo parecía habérsele llevado hasta la última pizca de náuseas y, gradualmente, su corazón comenzó a latir con normalidad. Dio tres pasos precavidos hacia adelante, en dirección a la barandilla de la terraza, en donde la punta de la oscilante rama verde de un árbol quedaba al alcance.

Extendió la mano dudosa, notó la textura suave del vegetal de una hoja, la cogió, tiró de ella. Volvió hasta la puerta y examinó la hoja. Era del todo real. La espesa savia formó una perla de humedad ámbar en el tallo roto, mientras lo miraba.

Ninguna estructura de ilusión pudo haber sido elaborada hasta aquel extremo.

¡Así que sí fuese su primera alucinación de inmersión ... no habría alcanzado caracteres tan reales!

Trigger dejó caer la hoja, avanzó temblorosa hasta la puerta de la terraza y regresó por la pantalla de luz negra integrándose en el murmullo tranquilizador de las voces humanas en la sala de juego.

Una hora más tarde, el sistema de altavoces del navío se puso en marcha. Anunció que el Ciudad Alba emergería dentro de quince minutos a causa de las perturbaciones gravitacionales y continuaría el resto del viaje hasta Evalee en el espacio normal, llegando con un retraso aproximado de cinco horas. Los pasajeros de las cabinas de descanso no serían molestados, a menos que se requiriese específicamente por cualquier asociado o pariente.

Trigger volvió su atención a su visor, sintiéndose más aliviada. No experimentó ninguna otra alucinación, ni tampoco indicaciones de enfermedad del subespacio; pero la que había tenido le duraría una temporada. La pequeña biblioteca del visor en que se encontraba se hallaba casi desierta y se enfrascó en los estudios cuando aún persistían en su ser una pizca del nerviosismo.

El asunto de su estudio fueron los principales juegos de azar de Hub. Identificó unos pocos de los que había visto... y, en particular, había uno de ellos que requería una comprensión inteligente de las posibilidades...

Una parte de Trigger siguió balbuceando y temblando ante aquellas insensatas nociones. Pero otra parte destacaba que no podían ser peores financieramente que las que ahora sufría. ¿Qué ocurriría si llegaba a Manon en la ruina efectiva en vez de práctica? Además, estaba el problema de permanecer sin llamar la atención hasta que llegasen a destino. En el Ciudad Alba nadie cuyo guardarropa se limitase a un vestido de Venta Automática permanecería inconspicuo mucho tiempo.

Trigger siguió calculando las posibilidades de varias combinaciones de juego. Desarrolló su primer sistema de apuestas; no tardó en descubrir diversas fallas y comenzó a estudiar otro.

El sistema de altavoces entró otra vez en funciones. Estaba demasiado absorta al principio para prestarle atención. Luego, de pronto, se incorporó y escuchó, ceñuda.

El hombre que hablaba ahora era el Primer Oficial de Seguridad del navío. Se mostraba muy educado y pesaroso. La Subsección tal y cual, número, etcétera, del Código Legal de la Federación, indicaba que era necesaria una inspección, camarote por camarote, de la zona de pasajeros del Ciudad Alba. No se registraría a la persona de los propios pasajeros. Los pasajeros podían, si lo deseaban, estar presentes mientras inspeccionaban sus cabinas; pero eso no era preciso. No era tampoco necesario abrir el equipaje, siempre y cuando su mecanismo a prueba espías no estuviera activado. Cualquier información revelada por la búsqueda que no significaría una violación en el número y Código de la Sección en cuestión, no sería tenida en cuenta, ni podría presentarse como futura evidencia legal bajo ninguna circunstancia. Las quejas concernientes al registro deberían dirigirse a cualquier despacho de alguno de los Moderadores Planetarios.

¡Eso no era nada bueno! Trigger se puso en pie. La falta de equipajes en su cabina no despertaría más que un interés pasajero en los investigadores. Su arma era algo distinto. Preguntas discretas concernientes a una pasajera femenina que transportaba un Denton deportivo de doble cañón podían ser uno de los métodos de investigación utilizados por los muchachos de Inteligencia de Exploración si empezaban a pensar en los transatlánticos que recientemente habían partido de Maccadon y los relacionaban con la desaparición de Trigger. No era probable que hubiesen más de dos o tres armas de ese tipo a bordo y era casi seguro que ella sería la única mujer propietaria de una de tales armas.

Sería mejor tomar el Denton inmediatamente... y luego desaparecer en las secciones públicas de la nave. Algún oficial de Seguridad, con buena memoria y una costumbre de fijarse en los rostros, podía identificarla en vista de las fotos aparecidas en las pantallas de los telecomunicadores en Manon.

Y quizá comenzase a preguntarse por qué viajaba con el nombre de Birna Drellgannoth... e iniciara una investigación.

Se entretuvo lo bastante para colocar en el visor el artículo de referencia del Código Legal.

Alguien a bordo había sido asesinado en apariencia.

Llegó a la cabina demasiado tarde. Un par de jóvenes agentes de Seguridad ya estaban en ella. Trigger les saludó con tono agradable. La cosa era muy mala, pero no culpa suya. Tenían una tarea que cumplir.

Le devolvieron la sonrisa, se excusaron por la intromisión y siguieron con su asunto. Ella se sentó y les contempló. El Denton quedaba a plena vista. Meterlo en el bolso ahora sería como fijarlo en su recuerdo de una manera más efectiva que dejarlo donde estaba.

Los dispositivos que utilizaban se encontraban dentro de cajas protectoras y no podía imaginar qué es lo que buscaban por el modo en que los hacían servir. Tampoco parecía que ninguno de ellos tuviese intenciones de enfocar una memoria identificadora en su persona. Se sorprendieron un poco cuando abrieron el segundo armario del camarote y lo encontraron tan vacío como el primero; pero no hubo el menor comentario. Dos minutos después que Trigger hubiese entrado, terminaban y con una reverencia volvían a salir del camarote. Entonces marcharon hacia la cabina ocupada por las viejas partidarias del Askab de Elfkund

Trigger dejó su puerta abierta. Si podía deseaba poder oír aquello.

Lo oyó. La puerta de las Elfkund también permaneció abierta, mientras que el ruido del interior se hizo más agudo de momento. Por último sonó un intercomunicador. Una voz femenina habló muy seria. Los gritos disminuyeron. Parecía como si los de Seguridad se hubieran visto obligados a llamar a alguien con más alcurnia en el contorno Elfkund para que les ayudase. Trigger cerró su puerta sonriendo.

En la pantalla de su biblioteca particular, al poco, contempló cómo un gran trasbordador del puerto venía de Evalee al encuentro del Ciudad Alba. Traería otros quinientos pasajeros a bordo y despegaría con los pocos que efectuasen el corto viaje desde Maccadon a Evalee. Era muy probable que operadores de estéreo imagen tripulasen el trasbordador, así que decidió mantenerse lejos de la zona de entrada.

La operación de transferencia se llevó a cabo muy expeditivamente, con toda probabilidad acelerada por el deseo de recuperar el tiempo perdido en superficie. Cuando el trasbordador se alejó, el altavoz anunció que el vuelo normal por el espacio sería mantenido hasta después de la parada en Garth. Trigger vagó pensativa, de regreso a su cabina. Cerró la puerta a su espalda.

Entonces vio al hombre sentado junto al gabinete del comunicador. Contuvo el aliento. Se agazapó un poco, preparada para girar y saltar.

-¡Cálmese, Trigger! - dijo el mayor Quillan. Vestía ropas civiles, de un corte bastante elegante.

Trigger tragó saliva. Evidentemente no había ningún lugar por el que huir.

- ¿Cómo me encontró?

Quillan se encogió de hombros.

- Es una historia larga. No está arrestada.

- ¿No?

- No - contestó Quillan. Cuando lleguemos a Manon, el Comisionado le hará una sugerencia.



- ¿Sugerencia? - dijo Trigger alerta.

- Creo que usted aceptará recuperar su antiguo trabajo de Precol en Manon, pero como tapujo para su participación en nuestro pequeño proyecto. Si usted está de acuerdo,

- ¿Y qué pasará si no lo estoy?

Tornó a encogerse de hombros.

- Parece ser que estará usted redactando su propia sentencia, de aquí en adelante.

Trigger le miró extrañada.

- ¿Por qué?

Quillan sonrió.

- Me han entregado nuevas instrucciones - Dijo -. Si siente curiosidad, pregunte a Quiensea.

- Oh - Exclamó Trigger -, ¿Entonces por qué está usted aquí?

- Vine para asegurarme de que llega a Manon - dijo Quillan -. Traje conmigo a unas cuantas personas.

- ¿A Mihul también? - preguntó Trigger una pizca desconfiada.

- No. Ella está en Maccadon.

- ¿Cómo... cómo se encuentra?

- Bastante bien - contestó Quillan -. Le envía sus recuerdos y dice que, con un poco más de peso, su siguiente golpe al plexo solar sería bastante bueno.

Trigger se ruborizó.

- No estará lastimada, ¿verdad?

- No del modo en que usted se piensa -- meditó un momento -. No muchas personas habrían atacado a Mihul con éxito. A su manera especial, parece muy orgullosa de su discípula.

Trigger notó cómo el rubor se le acentuaba.

- La pillé desprevenida - Dijo.

- Evidentemente - Afirmó Quillan -. En una lucha ordinaria, ella la hubiese doblado las piernas y hecho un nudo. Sin embargo, no estuvo mal. ¿Ha hablado con alguien desde que vino a bordo?

- Sólo con la azafata del cuarto. Y con un par de viejecitas de la cabina contigua.

- Sí - dijo él -. Un par de viejecitas. ¿De qué hablaron?

Trigger le contó la conversación. Él reflexionó, asintió y se puso en pie.

- Metí un par de maletas en ese armario - Dijo -. Sus efectos personales están dentro, sin rastreador. Otra cosa... alguien revisó sus finanzas y llegó a la conclusión de que está arruinada.

- Exactamente arruinada, no - corrigió Trigger.

Quillan buscó en su bolsillo, sacó un sobre y lo puso sobre el gabinete.

- He aquí un poco de dinero extra para gastar - Dijo -. El saldo de su paga en Precol hasta la fecha. Tuve que recogerlo en Evalee esta mañana. Setecientas veinticinco coronas federales.

- Gracias - dijo Trigger -. Gastaré algunas.

Se quedaron mirándose uno a otro.

- ¿Ninguna pregunta? - inquirió él..

- Claro - contestó Trigger -. Pero no me la respondería.

- Pruébelo, muñeca - Apuntó Quillan -. Pero cambiemos el terreno de operaciones hasta la sala de cócteles más bonita de este navío, antes de empezar. Siento ganas de relajarme un poco. ¡Para ser sólo una chica, nos las ha hecho pasar moradas durante las últimas cuarenta y ocho horas!

- Lo siento - se excusó Trigger.

- Me parece que sí - Dijo Quillan.

Trigger miró de reojo al armario. Se lo habían traído todo, había un vestido en una de esas maletas que quizá fuese algo atrevido para Maccadon. Por tanto, en ese caso, quedaría perfecto para la sala de cócteles del Ciudad Alba y todavía no había tenido ocasión de llevarlo.

- Deme diez minutos para cambiarme.

- Estupendo - Quillan se dirigió hacia la puerta -. A propósito, ahora soy su vecino.

- ¿En la cabina del extremo del pasillo? - preguntó sobresaltada.

- En ésa - le sonrió -. Volveré dentro de diez minutos.

¡Bueno, iba a ser muy íntimo! Trigger encontró el vestido, lo desplegó y se lo puso, enormemente turbada, pero también enormemente aliviada. ¡Ese Quiensea!

Después de renovar su maquillaje, se preguntó cómo habría inducido. Quillan a las damas de Elfkund a marcharse. Quizá les ofreció un camarote mejor. Debía ser conveniente tener al alcance tantas influencias o recursos.


CAPITULO XII
- Bueno, creo que les hemos hecho un favor - Explicó Quillan -. Ingeniería del navío localizó una filtración radioactiva en su camarote. Ligera, pero clara. Se marcharon a toda prisa - Añadió -. Sin embargo, han conseguido una cabina mejor.

- Quizás hubiese sido menos difícil trasladarme a mí - Observó Trigger.

Puede ser. Pero yo ignoraba de qué humor estaría usted.

Trigger decidió dejar pasar el asunto. Aquella salita era un lugar muy curioso. Por su aspecto, habían treinta o cuarenta personas en su inmediata proximidad.

Pero si uno volvía a mirar al cabo de un par de minutos, las treinta o cuarenta personas eran distintas. Sentadas en hamacas o junto a mesitas, de pie en grupitos, hablando, bebiendo, riendo, se marchaban lentamente; por encima, por debajo, algunas veces escorando en ángulos raros... desvaneciéndose de la vista y regresando al poco.

En realidad, ella y Quillan estaban solos en la salita y con algo más de intimidad que la de costumbre, gracias al bloqueo de audio y la pantalla reconstructora que Quillan colocó nada más entrar.

- Nos dejará fuera de todo circuito visor - observó -, hasta que usted haya acabado con sus preguntas.

- ¿Circuito visor? - Preguntó la joven.

Quillan señaló con una mano a su alrededor.

- Eso - dijo -. Hay más espías comerciales e industriales, agentes políticos, confidentes de hombres de gran categoría y gente por el estilo, a bordo de este navío de lo que usted creería probablemente. Un buen porcentaje de ellos leen de manera admirable en los labios y las cosas que uno quiere hablar relacionadas con los secretos más particulares de Ia Federación pueden ser reveladas de esa manera. Así que como podría ser un crimen colocarla a usted de exhibición en un lugar como éste, no correremos ningún riesgo.

Trigger también dejó pasar aquello. Un grupo se había materializado, en una mesa oblonga a dos metros y medio de distancia, mientras Quillan hablaba, Todos los presentes parecían muy altos y dos de las parejas se mostraban embarazosamente amorosas: pero no pudo identificar a ninguno de ellos como espías o agentes. Escuchó la apagada charla. Debía ser algún dialecto Hub que ella ignoraba.

- ¿Entonces ninguna de esas personas puede vernos u oírnos?- Preguntó.

- No, hasta que nosotros queramos. El visor te da tanta intimidad como desees. La mayor parte de la multitud no hace aquí el menor caso a la intimidad. Como esos dos.

Trigger siguió la dirección de su mirada. En un ángulo inclinado por encima de ellos, una apretada pareja de jóvenes sirenas, pelo negro, y vestido negro, se sentaban en una mesita tomando sus bebidas, mirando lánguidamente a su alrededor.

- Gemelas - dijo Trigger.

- No - contestó Quillan -. Son Blent y compañía.

- ¿Eh?

- Blent es una dama amiga de los placeres, en cierto modo excesivamente con tendencias narcisistas - Explicó. Dirigió a la pareja otra breve mirada -. Quizá no se la pueda censurar en realidad. Una de ellas es su doble. Blent... cualquiera de las dos que sea... jamás sale sin su otro.



- Oh - Murmuró Trigger. Se había estado fijado en los vestidos. Dijo, con algo de envidia -: Por esa razón no estoy muy ansiosa de exhibirme aquí.

- ¿Eh? - preguntó Quillan.

Trigger se volvió para mirarse a sí misma en el espejo de pared de su derecha que, según había advertido, permanecía cuidadosamente sin oscurecer por las imágenes que vagaban de los visores y de los clientes. Un toque atento por parte de la gerencia del salón.

- Hasta que entramos aquí - Explicó -, creí que el vestido que llevaba era bastante adecuado.

- Humm - Opinó Quillan juiciosamente. Hizo una detallada alabanza de la imagen esbelta, verde, sin espaldas, de medio cuerpo, que aparecía en el espejo y que tenía un aspecto tan seductor como si la viera en un escaparate de Ceyce. Los ojos de Trigger se contrajeron un poco. El mayor había captado antes el vestido con todos sus detalles.

- Es un equipo tan caro que debe valer más de ciento cincuenta créditos - observó -. La mayor parte de las cosas que las chicas llevan aquí son concepciones personales. Eso hace que su valor ascienda a veinte o treinta veces más del precio real. Yo no hablaba de exhibir un vestido, me refería a otras cosas. Pero bueno, ¿cuáles son las demás preguntas que quería hacerme?

Trigger tomó un sorbito de su bebida, meditando. Todavía no se había decidido acerca del mayor Quillan, pero hasta que pudiese evaluarlo más definitivamente, sería mejor seguir manteniendo las apariencias. Estas apariencias indicaban ahora que lo más conveniente era tomar unos cuantos sorbos de bebida en su compañía.

- ¿Cómo me encontró su gente con tanta rapidez? - preguntó ella.

- La próxima vez que quiera usted escabullirse de un planeta civilizado - le aconsejó Quillan -, escoja algo así como un pequeño carguero. O alquile una lancha para salir del sistema y hacer que la recoja algún navío mercante. Muchos capitanes de esa clase de naves harían una parada especial para recoger a un pasajero de pago. Los transatlánticos siempre son fáciles de revisar.

- Lo siento - dijo Trigger con docilidad -. Sigo siendo nueva en el negocio.

-¡Gracias a Dios que lo es! - exclamó Quillan -. Si hubiese tenido tiempo y dinero, también sería una buena idea, claro, dar unos cuantos zig zags antes de dirigirse a donde se encamina en realidad. Ahora que, supongo, el crédito por localizarla tan deprisa debe atribuirse a esos computadores electrónicos de cálculo.

- ¿Eh?


- Sí - El mayor Quillan miró pensativo su vaso durante un momento -. Allí están sentados - observó de pronto sobresaliendo sus estúpidos rostros de plástico. Hay filas de ellos. Uno les alimenta con algo que no entiende. Ellos tampoco lo comprenden. Nadie puede asegurarme que lo entiendan. Pero dan unos murmullitos y unas pataditas y por la ranura te sale cierta sugerencia que nada tiene de divina.

- ¿De modo que los cerebros electrónicos les ayudaron a encontrarme? - Preguntó ella precavida. Resultaba claro que el mayor aborrecía los computadores.

- Oh, seguro - Dijo -. De ordinario resulta una buena idea acudir a ver lo que dicen esos computadores. Cualquier cosa extraordinaria que aparezca en la zona en la que uno trabaja queda grabada dentro de esos chismes con la máxima indiferencia. Estuvimos en los transatlánticos. El Ciudad Alba informó de un par de asesinatos. «¡El Ciudad Alba encabeza la lista!» gritaban los computadores. Nadie preguntaba por qué. Simplemente se lanzaron a toda prisa hasta las expendedoras de billetes. ¡Y allí mismo se encontraban las huellas del pulgar de la pequeña Argee!

Miró a Trigger. .

- Yo apostaba - dijo, con algo acusador en su tono -, que usted viajaba en uno de esos transatlánticos recién despegados. Ignorábamos lo de la reserva de billetes.

- Lo que no comprendo es por qué todos esos asesinatos parecen tan extraordinarios - dijo Trigger, cambiando de conversación -. Después de todo, deben producirse muchísimos al día.

- Cierto - dijo Quillan -, pero no asesinatos que pareciesen crímenes catassinos.

-¡Oh! - exclamó sobresaltada -. ¿Eso fueron?

- Por lo menos así lo piensa Seguridad de Navío.

Trigger frunció el ceño.

- Pero ¿qué relación podría haber...?

Quillan extendió el brazo por encima de la mesa y la palmeó en la mano.

-¡Ya lo tiene usted! - dijo con aprobación

¡Exactamente! No hay relación. Algún día voy a colocarme entre esas filas de cerebros electrónicos y obsequiaré a cada uno de ellos con un tiro más mal le haga. Valdrá la pena arruinarse por eso.

- Yo pensé que el planeta Catassino estaba siendo vigilado - dijo Trigger.

- Lo está. Sería muy difícil sacar clandestinamente a alguien de allí en la actualidad. Pero alguna persona está creándolos en el Hub. Sólo unos pocos. Eso mantiene el precio alto.

Trigger hizo una mueca incómoda. Había visto un archivo sobre esas criaturas en acción, rápidas, inteligentes, asesinas por naturaleza.

- Dijo usted que parecían como asesinatos catassinos. ¿No los han descubierto?

- No. Pero creen que lograron librarse de eso. Vaciaron la mayor parte del aire del navío después de que saliesen a la superficie y registraron el resto con detectores vitales. Tienen un sistema de detector instalado ahora que localizaría a un catassino si se moviese tres metros en cualquier dirección.

- Los detectores vitales se vuelven locos fuera del espacio normal, ¿verdad? - dijo ella -. Por eso salimos a la superficie.

Quillan asintió.

- Está usted bien informada, muñeca. Están muy seguros de que el ser criminal se ha visto arrastrado al espacio o su propietario ha dispuesto de él, pero seguirán buscando hasta que nos zambullamos más allá de Garth.

- ¿A quién mataron?

- A un guardián de Descanso y a un agente de Seguridad. En la cabina de descanso de la zona general donde están sitos esos camarotes. Pudo haber sido mandado por alguien. Aparentemente el ser se tropezó con los dos hombres y les mató nada más verles. El oficial recibió un tiro y eso puso en funcionamiento la alarma automática. Así que ese gatito en aquella ocasión no pudo terminar su tarea.

- Todo es muy horrible, ¿verdad? - preguntó Trigger.

- Los catassinos lo son - asintió Quillan -. Eso es un hecho probado.

Trigger dio otro sorbo. Dejó el vaso.

- Hay otra cosa más - murmuró de mala gana.

- ¿Sí?

- Cuando dijo usted que había subido a bordo para procurar que llegase a Manon, creía yo que ninguna de las personas que me perseguían en Maccadon podía imaginarse que me encontraba en el Ciudad Alba. Ellos si pudieron pensarlo. Es muy fácil.



- ¿Eh? - exclamó Quillan.

- Sí. Mire que hice dos llamadas a la oficina expendedora de billetes. Una desde un intercomunicador público y otra desde el banco. Si ya me habían localizado por aquel material rastreador, pudieron colocar un captador de audio en mi persona supongo.

- Creo que será mejor que lo supongamos - Dijo Quillan -. De todos modos, cuando salió del banco la seguían - Su mirada fue más allá de ella -. Más tarde volveremos a discutir eso. Ahora, fíjese en esa entrada. ¿Quiere?

Trigger se volvió en la dirección señalada.

- Se comportan como sí fuesen importantes - dijo ella -. ¿Los conoce?

- A algunos. El caballero que parece como sí tuviese que ser el primer capitán del Ciudad Alba realmente es el primer capitán del Ciudad Alba. La dama que le acompaña es Lyad Ermetyne, una Ermetyne. ¿Ha oído usted hablar de los Ermetyne?

- ¿De las guerras Ermetynas? ¿Tranest? - preguntó dudosa Trigger.

- Esas mismas. Lyad es el actual cabeza del clan.

La historia de los sistemas del Hub diferentes al propio se desarrolló con tanta rapidez que su estudio detallado sólo era abordado por especialistas. Trigger no era ninguno de éstos.

- Tranest es ahora uno de los planetas restringidos, ¿verdad? - Se aventuró a preguntar.

- Lo es. La restricción se supone que sea una ventaja. Pero Tranest es también uno de los mundos con mayor riqueza individual del Hub.

Trigger contempló a la mujer con cierto interés, mientras el grupo avanzaba a lo largo del poco iluminado corredor, seguido por el invisible captador del circuito visor. Lyad Ermetyne no parecía tener más que unos cuantos años más que Trigger. Bastante pequeña, esbelta, con rasgos faciales delicadamente hermosos. Llevaba algo que le llegaba hasta el tobillo, con largas mangas de un gris brillante y una rara cualidad brumosa en todo el tejido.

- ¿No es la emperatriz de Tranest o algo parecido? - Preguntó Trigger.

Quillan sacudió la cabeza.

- Allí no tienen emperadores, técnicamente, puesto que han firmado su tratado con la Federación. Ella se limita a poseer el planeta, nada más.

- ¿Qué es lo que hará, yendo a Manon?

- Me gustaría saberlo - Contestó Quillan -. La Ermetyne es una dama del máximo interés. Ahora... ¿ve aquel regordete hombre mayor que está tras ella?

- ¿El feo de la cabezota que parece que parpadea continuamente?

- Ese. Es Belchik Pluly y...

- ¿Pluly? - le interrumpió Trigger ¿De Líneas Pluly?

- Sí. ¿Por qué?

- Oh... nada en realidad. Oí decir a un amigo mío que Pluly tiene un yate en el Sistema Manon. Y una hija.

Quillan asintió.

- Nelauk.

- ¿Cómo lo sabe?

- La conocí. Toda una mujer esa Nelauk. Es hija única de Pluly y la ha dotado muy bien. De todas maneras, el viejo se encuentra al borde de aparecer en la lista negra de Gran Comercio, como lo ha estado en las últimas tres décadas. Pero nadie es capaz de encontrar más culpabilidad en él que la que le mantiene extremadamente cerca los límites de un gran número de leyes.

- Me imagino que es muy rico - Dijo Trigger pensativa.

- Muchísimo. Y lo sería mucho más sino fuese por su afición.

- ¿Qué afición?

- Harenes. Los harenes de Pluly se cifran entre los más intrigantes y mejor educados del Hub.

Trigger volvió a mirar a Pluly.

-¡Uf! - Exclamó débilmente.

Quillan soltó una carcajada.

- Los salarios de Pluly son correspondientemente altos. Los visores dejan el grupo ahora, así que hay una persona más que me gustaría señalarle. La chica alta del pelo negro, vestida color naranja.

Trigger asintió.

- Sí. La veo. Es hermosa.

- Sí, lo es. También es del Servicio de Inteligencia de Exploradores del Espacio. Gaya. Viene de Farnhart en donde utilizan un sistema de un solo nombre. Es una caballista notable, muy rica, socialmente establecida. Por eso nos gusta utilizarla en situaciones como ésta.

Trigger guardó silencio un momento. Luego dijo:

- ¿Qué clase de situación es ésta? Quiero decir, ¿qué tiene que ver con Lyad Ermetyne y los demás?

- Probablemente se unió al grupo en cuanto descubrió que Lyad subía a bordo. Lo que - Dijo Quillan -, es exactamente lo que hubiese dicho a Gaya que hiciese, de localizar primero a Lyad.

El silencio de Trigger fue esta vez de mayor duración.

- ¿Estaba usted pensando que esa Lyad pudiera ser ...?

- ¿Uno de nuestros sospechosos? Bueno - dijo Quillan juiciosamente -. Digamos que Lyad tiene todas las características básicas. Puesto que está a bordo, será mejor que la consideremos. Cuando ocurre algo en esto que parece más traicionero que de ordinario, Lyad es una persona a la que es necesario tener en cuenta. Y hay un punto que, incluso ahora, me parece más interesante que al principio.

- ¿El qué?

- Esas dos ancianitas que yo saqué de su camarote.

Trigger le miró.

- ¿Qué hay de ellas?.

- Esto. El Askab del Elfkund es, se podría decir, uno de los gerentes de sucursal de los intereses Ermetyne en el Hub. También, por su parte, es un bribón de los que trabajan rápido. Pero no tiene la categoría adecuada para ser una de las personas en quienes hemos pensado. Lyad sí. Quizás ha estado haciendo algún trabajito en nombre de las muchachas.

- ¿Trabajito? - Preguntó Trigger. Soltó una carcajada -. ¿No será con esas viejecitas?

- Conocemos a esas singulares viejecitas,. Son envenenadoras de Askab y muy escurridizas. Le estaban tomando la medida a usted mientras hablaba con ellas, muñeca. Probablemente en esta ocasión no sería para prepararle el ataúd. Sufrió usted el equivalente de un concienzudo examen médico. Sin embargo, con toda presunción, el propósito remoto no sería siniestro.

- ¿Cómo lo supo? - preguntó Trigger, muy incómoda.

- Una de esas maletitas en su cabina era un registrador de diagnósticos. Debía estar bastante cerca de la puerta mientras permaneció usted allí. Sí no quitaron sus registros antes de que yo lle­gase, seguirán dentro. Están siendo vigiladas y lo saben. Nos pareció una buena idea poner nerviosas a las de Askab hasta que descubriésemos si esos dos tesoros habían aparcado en la puerta contigua a usted con algún propósito.

- Aparentemente sí - reconoció Trigger ¡Vaya grupito hermoso de personas!

- Oh, no son del todo malas. Lyad tiene sus cosas raras. Y el viejo Belchik, por ejemplo, no es en realidad un granuja. Lo que ocurre es que carece de ética. Y de moral. Y tiene costumbres asquerosas. De todas maneras, todo esto trae a la luz el asunto de lo que deberíamos hacer ahora con usted.

Trigger puso su vaso en la mesa.

- ¿Se lo vuelvo a llenar? - preguntó Quillan. Extendió la mano para coger la jarra de cristal que había entre ellos.

- No - dijo la joven -. Sólo quiero afirmar una cosa.

- Afírmela - Quillan se llenó su vaso.

- Por algún motivo - dijo Trigger -, me he estado comportando últimamente... los últimos dos días... de una manera notablemente estúpida.

Quillan se atragantó. Colocó el vaso en la mesa apresuradamente, extendió la mano y le acarició la diestra.

- Muñeca - Dijo conmovido -, es propio de usted. Por lo menos.

Ella le miró ceñuda.

- No suelo comportarme así.

- Eso es lo que me tenía tan turbado - confesó Quillan --. Según el Comisionado y otros, es usted tan brillante intelectualmente como un diamante. Y, con franqueza...

- Lo sé - dijo Trigger con aire peligroso -. ¡No siga insistiendo!

- Le pido perdón - murmuró Quillan. Le acarició la otra mano.

- De cualquier manera - continuó Trigger, retirando sus manos -, ahora que me doy cuenta, estoy dispuesta a enmendarme. De ahora en adelante, cooperaré.

- ¿Hasta el final?

Ella asintió.

-¡Hasta el final! ¡Cualquiera que sea!

- No se puede imaginar el alivio que me causa - Dijo Quillan. Llenó el vaso de ella, dirigiéndole una mirada más tranquila -. Claro, tenía instrucciones definitivas de no hacer nada como cogerla por la nuca, meterla en una cabina de descanso y sentarme sobre ella, las armas desenfundadas, hasta que amarásemos en el Puerto de Precol. Pero tuve tentaciones de hacerlo, se lo aseguro.

Hizo una pausa y pensó.

- Mire - Volvió a comenzar -, eso realmente sería lo mejor.

-¡No! - exclamó Trigger, indignada -. Cuando digo que cooperaré, lo hago de corazón. Mihul afirmó que se me consideraba en este proyecto como una de las de la banda. De ahora en adelan­te, me comportaré como tal. Y también esperaré ser tratada de igual modo.

- Hmm... - Murmuró Quillan -. Bueno, hay algo que usted puede hacer, de acuerdo.

- ¿Qué es eso?

- Exhibirse aquí, ahora.

- ¿Para qué? - Preguntó Trigger.

-¡Como cebo, dulce tontuela! Si el principal raptor se encuentra en el navío, necesitamos atraerle - apareció el vestido verde del espejo otra vez. Su expresión se hizo ausente. Sería lo mejor, sospechaba Trigger, algo intranquila, mantener los pensamientos del mayor Quillan lejos de cosas tan provocativas.

- De acuerdo - dijo bruscamente -. Hagámoslo. Pero tendrá usted que instruirme.


CAPITULO XIII
Durante dos o tres minutos se había sentido en cierto modo consciente de sí misma. Pero se animó cuando captó un vistazo de su propia mesa vagando entre las demás y se dio cuenta de que la imagen pelirroja y sonriente del visor parecía completamente tranquila.

La animó también que el mayor Quillan se convirtiese, de pronto, en el tipo de compañero ardiente e intrascendente, En el breve período de instrucción destacó que un poco de coqueteo, etc., era necesario, o al menos probó ser una parte casi necesaria de la comedia. Trigger aceptaría el coqueteo; quizá Quillan tenía razón en ese punto. Pero tenía intención de estar alerta por si acaso se presentaba el etcétera.

Muy pronto hubo quien picó en el anzuelo. Pero no era el pez adecuado.

El comunicador disimulado en la mesa murmuró:

- Solicitan conexión con el mayor Quillan. ¿Se permite?

-¡Aja! - dijo Quillan con tono venenoso -. ¡Creí que deberíamos haber estado desconectados del circuito general! ¿Quién llama?

- El nombre que ha dado es el de Keth Deboll.

Quillan soltó una carcajada.

- Dé a ese lobo de vía estrecha los recuerdos del. mayor Quillan y dígale que no estuvo mal su intentona. le veré mañana - dirigió a Trigger un guiño y dijo -. Que se quede jadeando. ¡Pero a distancia!

La joven sonrió insegura. Si Quillan hubiese tenido bigote, pensó, se lo estaría rizando en estos momentos.

Hubieron dos llamadas más en los siguientes minutos, de naturaleza similar. Quillan los rechazó animosos. En cierto modo, resultaba halagador. La joven se preguntó cuántas personas en la sala de cócteles conocían a Quillan por su nombre.

Cuando el comunicador informó de la cuarta llamada, parecía impresionado.

-¡El nombre que se me ha dado es el de lady Lyad Ermetyne! - Dijo.

Quillan pareció radiante.

- ¿Lyad? ¡Bendita sea! Es un placer. Póngala en comunicación.

En el espejo de la pared, a la derecha, apareció una pantalla. El rostro de Lyad Ermetyne surgió en ella.

-¡Heslet Quillan! - Sonreía -. ¡Después de todo, no te perdiste permanentemente para tus amigos! - era una voz ligera, fluida. Encajaba perfectamente a su aspecto.

- Sólo a los frívolos - contestó Quillan. Había alzado sus negras cejas. Su rostro adoptó una expresión interesada -. Voy a Manon de servicio,

Ella asintió.

- ¿Sigues con los Ingenieros del Subespacio?

- Y ahora con el rango de mayor - afirmó Quillan.

-¡Te felicito! Ya he observado que tu fabulosa buena suerte no te ha abandonado en lo más mínimo - la mirada de Lyad se posó en Trigger; volvió a sonreír. Era una sonrisa fácil, agradable, que mostraba los blancos dientes -. ¿Tienes tu comunicador protegido contra las miradas, Quillan?

- ¿Protegido? - Quillan pareció sorprenderse -. ¡Oh, sí, es cierto! - metió la mano por debajo del borde de la mesa. Las imágenes vagantes desaparecieron -. Adelante.

Los ojos de Lyad volvieron a posarse en Trigger. Eran ojos sin color definido, como de un tono ámbar o color vino claro, rebordeados por largas pestañas negras. Unos ojos muy firmes y conocedores. Trigger sintió que se ponía tensa.

- Perdóneme por la descortesía de preguntar directamente - Dijo la voz ligera -. Pero usted es Trigger Argee, ¿verdad?

La mano de Quillan dio una palmada en la mesa. Miró a Trigger y soltó la carcajada.

-¡Déjale! que te descubran, Trigger! ¡Ya te dije que eras más conocida de lo que te imaginabas!
______________
- Bueno, Brule - murmuró con tristeza Trigger dirigiéndose. a la estereoimagen que se apoyaba derecha contra la almohada, ante la joven -, tus lindos ojos azules se pondrían furiosos si supieses quién me invitó a cenar.

Brule no varió la sonrisa inmutable. La joven en la litera de su camarote, la barbilla sobre sus brazos cruzados, los ojos a un par de palmos de los azules de su novio. Estudió con sobriedad los rasgos de Brule.

-¡El mayor Heslet Quillan es un carácter completamente imposible! - Anunció de pronto con fríos y monótonos tonos.

No era más que la verdad. No le importó mucho que Quillan no quisiese decirle que por qué creía que Lyad Ermetyne se encontraba ahora en la lista de sospechosos... hasta el momento no habían tenido en realidad muchas oportunidades para hablar abiertamente. Pero él y ese desagradable Belchik Pluly se enzarzaron en una serie jovial de palmaditas en la espalda y metiditos en las costillas cuando, junto con Trigger, el mayor fue a unirse a la fiesta de Lyad, a petición de la dama; y Quillan exclamó feliz que él y Belchik tenían un gran interés en común... ¡Ja, ¡a, ja! Luego, aquellos dos grandes camaradas desaparecieron juntos por toda una hora, para tomar unas sensaciones ilimitadas en el Infierno del Ciudad Alba, muy especiales y no programadas públicamente.

Lyad les miró sonriendo, mientras se iban.

- ¿Verdad que los hombres dan asco? - Dijo tolerante.

Esa observación recaía también sobre ella, de rechazo, ¿no? ¡Se suponía que era muy buena amiga de personas de esa clase! Como es natural, Quillan debió tener en mente parte de su trabajo en Inteligencia, referido a Pluly, pero deberían haber otros modos de resolverlo. ¡Y más tarde, cuando la joven se mostró un poco rígida con él, Quillan había tenido la cara dura de decirle que no fuese con remilgos, que se portase como una mujer normal y no como una puritana!

Trigger guardó la estereoimagen bajo la almohada. Luego giró sobre su costado y miró parpadeando la pared.

Naturalmente, las costumbres personales del mayor Quillan no eran nada que le importase. Era simplemente que en menos de una hora tenía que recogerla y llevarla hasta la suite de Lyad Ermety­ne para la cena. Se preguntaba ahora Trigger cómo debería portarse con su guardián.

Agradable razonablemente, pero fría, decidió. Sin embargo, de nuevo, comprendió que la frialdad no debería ser excesiva, porque se había comprometido a ayudarle a descubrir lo que buscaban los magnates de Transet. - Cualquier obvia falta de amistad entre ellos dificultaría el trabajo.

Trigger suspiró. Las cosas volvían a complicarse.

Mientras Quillan halagaba sus bajos instintos entre las objetables atracciones del Infierno, ella tomó trescientos créditos de Precol para gastarlos en un vestido negro... que, ayer, habría considerado un modelo bastante increíble. Incluso en la cena de Lyad Ermetyne no se sentiría tranquila llevándolo. Y luego, acompañada por Gaya, que resultó ser una compañía agradable, pero no muy comunicativa, se encaminó a una sala de juegos para tratar de recuperar el dinero que le costó el vestido.

No dio resultado. El juego que particularmente estudiase, resultó, tener un mínimo de apuestas de quinientos créditos. Lo que acabó con el plan. El sistema que planeara utilizar parecía muy sólido, pero se necesitaba más de una oportunidad para probarlo. Junto con Gaya, se sentó en otra mesa de un juego distinto, donde se podía participar por cincuenta créditos. A los ocho minutos, Trigger había perdido ciento veinte y abandonó.

Gaya ganó setenta y cinco.

Había sido un día interesante, pero con ciertos aspectos poco satisfactorios.

Volvió a sacar la estereoimagen de debajo de la almohada.

- Y tú pareces estar jugando también con muy malas compañías, amigo mío! - dijo a Brule en tono de aviso -. ¡Tienes suerte de que vuelva para evitar que te metas en jaleos graves!

__________________


Se había duchado y estaba estudiando el efecto del vestido negro ante el espejo cuando sonó el comunicador.

- Doy permiso para una intrusión de audio - Dijo Trigger con indiferencia, sin mirar a su alrededor. Ya se acostumbraba a esa serie de cosas.

- Muchas gracias, señorita Drellgannoth - Dijo el comunicador -. En su transmisor de correos ha sido depositado un paquete de la tienda Beldon - se cortó la comunicación.

¿La tienda Beldon? Trigger frunció el ceño, dejó el vestido sobre una silla y se encaminó al receptáculo del transmisor. Lo abrió. Salió de él un pequeño paquete verde rotulado: «El Estilo de Beldon». Un aroma delicado parecía servirle de reguero. Había un sobrecito blanco sujeto en la parte superior del paquete. Dentro del sobre había una tarjeta. Decía: «Una oferta de paz. ¿Querrías llevarlo en la cena como símbolo de perdón? Muy humildemente, Q.»

Trigger se encontró sonriendo y rápidamente cortó en seco la sonrisa. Luego la dejó volver. ¡Era inútil ponerse seria con aquel tipo! Rompió los cierres del paquete y lo abrió. Dentro habían otros tres paquetitos más pequeños.

Abrió el primero y, por un momento, se quedó mirando dudosa a los cuatro objetos como capullos de hojas verdes, cada uno del tamaño de su pulgar. Los dejó a un lado y abrió el segundo paquete. Este contenía un par de lindos zapatos de tacón alto verde y color oro pálido.

Del tercero salieron lo que parecía ser partes de un bello tejido extraordinariamente hermoso. Un verde aterciopelado... brillante y vivo. Su toque era una caricia. Su perfume, como suaves susurros. Levantando un extremo con gran cuidado entre índice y pulgar, Trigger dejó que se desplegase por sí mismo hacia el suelo.

Girando la cabeza a un lado, estudió aquello ligero y brillante con una sarta de joyas y cintas verdes que parecían pender de su mano.

¿Ponérselo?

¿Qué era?

Reflexionó, encontró su bata en una de las maletas, se la puso, se sentó ante el comunicador con el misterioso dispositivo de cintas y marcó el número de Gaya.

La chica de Inteligencia estaba en su camarote y evidentemente había estado durmiendo. Pero ahora se la veía del todo despierta.

-¡Aquí, tengo el receptor protegido! - Dijo rápidamente mientras su imagen se aclaraba -. ¡Sigue adelante!

- No es nada de importante - Se apresuró a decir Trigger. Gaya se relajó -. Es sólo... - alzó las cintas -. ¡El mayor Quillan me envió esto!

Gaya reprimió un gritito.

-¡Oh! ¡Hermoso! ¡Un Beldon!

- Eso es lo que se dice.

Gaya sonrió.

-¡Debes gustarle!

- ¿Eh? - Exclamó Trigger. Dudaba. El rostro de Gaya adquirió aire interrogativo.

- ¿Hay algún asuntillo? - preguntó.

- Seguro que no - contestó Trigger. Meditó. la previno -: Si te ríes, te tendré odio - Volvió a señalar las cintas -. ¿Qué es en realidad este Beldon?

Gaya parpadeó.

- No has frecuentado lo bastante nuestros círculos decadentes - dijo muy seria. Luego rió, ¡No me aborrezcas, Trigger! De todos modos, es elegantísimo. También... - Su mirada recorrió rápidamente a Trigger -... de un gusto excelente. Se trata de un vestido Beldon.

¡Un vestido!

Algunas de las hermosas cintas eran más anchas que las otras. Ninguna, sin embargo, parecía tan amplia como debía serio. No para un vestido.

Dudosa, Trigger frunció el entrecejo y se colocó la prenda de gran moda. Incluso antes de dirigirse al espejo para examinarse, sabía que no lo conseguiría. ¡No es posible! Las modas en muchos mundos Hub eran bastante atrevidas, claro, pero estaba segura que este efecto no era el que pretendían los creadores de Beldon.

Se plantó delante del espejo. Sus ojos se desorbitaron.

-¡Hermano! - Jadeó.

¡Ese Beldon hacía que una mujer apareciera con rayas como un tigre! ¡Después de echarle una mirada, no se podía lograr entender por qué demonios la mujer no nació así, rayada! Pero era evidente que de momento, no había bastante Beldon para cubrirla.

Trigger comprobó la hora y comenzó a darse prisa. Probablemente acabaría llevando el trajecito negro, pero por lo menos deseaba resolver este asunto antes de decidirse. Pidió una bebida, tomó dos tragos y pensó que debía haberse puesto el vestido al revés. O boca abajo.

Cinco minutos más tarde se sentaba ante el tocador, tamborileando los dedos en la vidriosa superficie, mirando la pequeña pila de cintas verdes que tenía ante sí y silbando por lo bajo. Y en su rostro aparecía una expresión completamente atrevida. De pronto, se levantó y volvió al comunicador.

- ¿Cintas? - Dijo la dama que era la gerente de la tienda Beldon -. Debe ser el 741. ¡Una deliciosa creación!

- Deliciosa - Repitió Trigger -. ¿Puedo verla puesta en la modelo?

- Inmediatamente, señora.

Momentos después, una modelo de largas piernas aparecía en la pantalla, exhibiendo un exquisito concierto de cintas siena quemado, más cuatro grandes piezas que parecían hojas. Trigger rápidamente consultó la mesa en donde había puesto los extraños capullos verdes. Entretanto se habían abierto del todo.

Dio gracias a la gerente, cortó el comunicador, se puso otra vez el Beldon y colocó las piezas en forma de hoja en donde las llevó la modelo. Se adhirieron con suavidad, moldeándose a su cuerpo, completando el vestido.

Se calzó los zapatos de alto tacón y volvió a mirarse al espejo. Repitió otra vez: «¡Hermano!». Maccadon no lo habría aprobado. No estaba segura tampoco de aprobarlo ella.

Pero había una cosa cierta... no existía ni la más remota sugerencia de descaro en un Beldon. Objetiva y personalmente considerado que el efecto era terrible.

Sintiéndose felina, Trigger lentamente alzó un hombro y volvió a bajarlo. Dio media vuelta y paseó hacia el espejo de cuerpo entero que estaba junto a la otra parte de la cabina. Admirando los giros del efecto Beldon en la fluidez del movimiento.

¡Terrible! Con otro trago, podría hacerlo.

Marcó pidiendo otra bebida, se instaló con ella bajo el peluquero mecánico para un reajuste en su peinado, Esta vez el peluquero vibró mientras la contemplaba y zumbó al trabajar. Y cuando estuvo peinada y Trigger se levantó, sus flexibles herramientas volvieron a hacerla entrar suavemente en el asiento y la levantaron la barbilla. Durante un momento se sintió asombrada. Luego vio que el peluquero había sacado una cajita brillante de maquillaje y la estaba abriendo. En esta ocasión iba a conseguir...

Veinte minutos más tarde, la voz de Quillan le informó vía el comunicador, que iría a recogerla a su camarote cuando estuviese preparada. Trigger le contestó animosa que ya podía hacerlo, recogió su bolso y marchó hacia la puerta, con una fría y felina sonrisa.

- ¿Puritana, eh? - murmuró.

Abrió la puerta.

-¡Hu huuy! exclamó Quillan, impresionado.


CAPITULO XIV
Estaban en una terraza cerca de la cumbre de una montaña de ilusión, en una tarde maravillosa. La cena había sido del viejo estilo y deliciosa, servida por sus creadoras, dos esbeltas chicas, de piel morena y labios rojos que parecían demasiado jóvenes para haber adquirido tanta pericia. Eran nativas de Tranest, dijo con orgullo Lyad, y dos de las mejores técnicas en alimentación del Hub. Eran, en todo caso, las técnicas más estupendas en alimentación que había conocido jamás Trigger.

El coñac que siguió a la cena pareció no deparar ningún desengaño a los conocedores que rodeaban a Trigger. Trigger lo tomó con precaución, aunque había ingerido un par de cápsulas despejatorias poco antes de entrar en la suite de Ermetyne. Las cápsulas hicieron efecto en mitad de la primera parte de la cena y lo que en ella despertaron fue la conciencia desconcertante de ser el centro de una atención muy cuidadosa. Los hombres dirigían a su Beldon miradas intensas; incluso el gigantesco mayordomo de Lyad, llamado Virod, la contemplaba fríamente desde el fondo. Trigger devolvió la mirada a todos, uno tras otro, por turno y eso cortó en seco la admiración. Lyad, llevando elegantemente algo que habría sido considerado como escandaloso en la Cena Anual Presidencial de la Liga U en Ceyce, parecía divertida.

No fue hasta el final de la segunda parte cuando Trigger comenzó a sentirse otra vez tranquila, después que olvidara, poco más o menos, el Beldon que llevaba. La conversación se mantuvo en tono ligero durante la cena. Cuando cambiaron el fondo de ilusión para echar una mirada a lo que sucedía durante la parada de Garth, tuvo ocasión de estudiar a sus compañeros con más detalle.

Habían tres hombres en la mesa; Lyad y ella misma. Quillan se sentaba enfrente suyo. La persona casi absurda de Belchik Pluly, con una túnica de seda negra que dejaba desnudos sus brazos regordetes desde los codos, ocupaba la derecha de Quillan.

El tercer hombre la fascinaba. Era como si alguna extraña y fría criatura hubiese emergido de un mar polar para subir a bordo del navío.

Sin embargo, no impresionaba tanto su apariencia como el hecho de que la punta verde de una esponja Vethi se viera enrollada con suavidad en torno a su cuello, contribuyendo en cierta manera a fortalecer la impresión. Trigger conocía lo de las esponjas Vethi y sus adictos, aunque no había visto jamás ninguna de las dos cosas. No era una afición demasiado grave, excepto el hecho de que raramente se renunciaba a ella. Las esponjas acariciaban los nervios tensos, estabilizando las emociones inestables.

Balmordan no pareció necesitarlas. Era grande, no tan alto como Quillan, pero probablemente con más peso, rasgos marcados, una nariz sobresaliente y descarada. Ojos pálidos tristes. Tendría unos cincuenta años y vestía camisa azul ricamente ornamentada y pantalones. La camisa le pendía suelta, quizá para ocultar los contornos aplastados del singular compañero de su cuerpo, Lyad le presentó como un científico Devagas y de un modo que indicaba que era individuo de importancia considerable, Eso significaba que era casi miembro de la jerarquía de Devagas, lo que en sí le habría convertido en un hombre interesante.

Trigger se había tropezado con alguno de esos singulares misioneros que Devagas seguía enviando por el Hub y a veces especuló con curiosidad referente a los jefes de esa nación crónicamente colérica e imprescindible que, con sus veinticinco mundos restringidos, formaba más del seis por ciento de la población del Hub. Los Devagas no parecían simpatizar con nadie y ciertamente nadie les tenía cariño tampoco.

Balmordan no encajaba en la imagen de un jefe de Devagas. Sus modales y su conversación eran suaves y agradables. Pero su estilo particular de echar una ojeada, cuando se percató de eso por primera vez, resultaba inquietante. Más parecía un biólogo planeando los detalles de una vivisección interesante.

Claro que era biólogo.

Pero Trigger siguió preguntándose por qué Lyad la había invitado a cenar. Estaba segura, por otra parte, de que Belchik Pluly no se sentía muy feliz con la presencia de Balmordan.

La cena terminó antes del despegue de Garth y volvieron a cambiar su panorama interno por el de una ladera montañosa, mientras ocupaban otros asientos. Una mujer joven, llamada Flam, pelirroja, ojos verdes, de piel morena, aparecía de vez en cuando para renovar las copas de coñac y servir frutos helados. Dirigió a Trigger de cuando en cuando alguna mirada especulativa.

Luego apareció otra vez Virod, con una bandeja plana de lo que resultó ser una marca especialísima de tabaco. Trigger declinó la invitación. Los hombres emitieron sonidos inarticulados propios de los conocedores indicando su gran aceptación y cada cual, incluyendo Lyad, cargó pipas pequeñas de un coral muy singular y fumó feliz. Quillan miró a Virod.

-¡Hola, buen chico! - dijo placentero, ¿Qué tal te van las cosas?

Virod en una casaca escarlata de amplias mangas y unos pantalones negros acanalados, inclinó ligeramente su afeitada cabeza semejante a un proyectil.

- Todo estupendamente, mayor Quillan - dijo -. Gracias - Dio media vuelta y salió de la habitación. Trigger se le quedó mirando. Virod le impresionaba un poco... era realmente enorme. Moviéndose entre ellos, parecía un ágil elefante. Había una pericia firme y elefantina en el modo en que ofrecía las diminutas bandejitas de tabaco.

La Ermetyne guiñó el ojo a Quillan.

- Quillan luchó con Virod: a una puesta de espaldas hace tiempo - dijo Trigger, Un asalto de cincuenta y siete minutos, ¿verdad?

- Poco más o menos - afirmó Quillan. Añadió -: Trigger ignora que en mi juventud fui muy deportista.

- ¿De veras? - preguntó Trigger.

Quillan asintió:

- Vengo de una familia de deportistas, en realidad. Pero rompí la tradición... por último me dediqué a los negocios. En la actualidad soy viejo y blando. ¿Eh, Belchik? - los dos grandes amigos, sentados el uno junto al - Otro, se dieron codazos y se carcajearon. Trigger parpadeó.

- ¿Sigues todavía en el mismo género de negocios? - Preguntó Lyad.

Quillan la miró con fijeza y sonrió.

- Poco más o menos - Afirmó.

- Más tarde volveremos a eso - contestó Lyad pensativa -. En cuanto a su pelea con Virod - Ahora se dirigió a Trigger -, fue un acontecimiento realmente terrible. Antes de que yo lo tomase a mi servicio, Virod era un profesional de la arena en Tranest y había sido raramente derrotado en tales combates - Soltó una carcajada -. ¡Y tampoco jamás fue vencido ante tantísima gente! Me temo que nunca te perdonará eso, Quillan.

- Me mantendré fuera de su camino - se apresuró a decir Quillan con tranquilidad.

- ¿Saben ustedes que el alboroto en el camino entre Maccadon y Evalee fue causado por un asesino catassino? - dijo Lyad. Había un toque de malicia en la pregunta, según creyó ver Trigger.

Las respuestas fueron diversas y asombradas. la Ermetyne entró brevemente en algunos de los detalles que Quillan le había contado; esencialmente la historia era la misma.

- ¿Y sabes, Belchik, qué trataba de. hacer la criatura? Intentaba meterse dentro de las arcas de las cabinas de descanso, ¡Imagínate que le hubiesen enviado a por ti!

La frase era bastante cruel. La cabeza de Pluly se alzó agitada y rápidamente perdió el color mirando a Lyad, pero no dijo nada. En aquel momento era un hombrecillo muy asustado. Trigger le sintió algo de compasión, aunque no demasiada. Por su forma de mirar, Belchik cuando apareció en la sala, semejaba prescindir por completo de las cintas que formaban el modelito que vestía.

-¡Se está a salvo en unos de esos aparatos, Belchik! - Dijo Quillan tranquilizador, ¿No te sentirías segura allí, Lyad? Ya que dices que no están convencidos de que hayan matado a la criatura...

- Probablemente haré que se me instale aquí una cabina - Dijo Lyad. Pero no como protección contra un catassino. Jamás lograría pasar ante Pilli, seguro - Miró a Trigger, Oh, se me olvidó. No conoces a Pilli. ¡Virod! - Llamó.

Virod apareció en el extremo lejano de la terraza.

- ¿Sí, Primera Dama?

- Trae a Pilli - Le ordenó.

Virod se inclinó.

- Pilli está en la habitación, Primera Dama - Miró a su alrededor, se acercó a un gran sillón

a pocos metros de distancia y lo apartó a un lado. Algo como una enorme pelota de piel dorada que había detrás se movió y se sentó.

Era alguna especie de animal. Su cabeza parecía vuelta hacia el grupo, pero cualesquiera que fuesen sus rasgos permanecían escondidos bajo la piel. Luego un brazo como el de un oso se extendió y Trigger vio una zarpa peluda, en forma casi completamente humana, agarrándose al borde del sillón.

- Estaba descansando - Dijo Lyad -. No dormía. Pilli nunca duerme - Es un guardián perfecto. Ven aquí, Pilli... te presentaré a Trigger Argee.

Pilli se puso en pie. Fue un movimiento impresionante y sin esfuerzo. Había allí un grueso y amplio torso y unas breves y recias patas bajo la piel dorada. Parecía un gorila. Pilli pesaría unos doscientos cincuenta kilos.

Avanzó en silencio hacia Trigger y ésta sintió un poco de alarma. Pero se detuvo a dos metros de distancia. Ella le miró.

- ¿Debo decir algo a Pilli?

Lyad parecía complacida.

- No. Es una bioestructura. Muy inteligente, pero en su creación no se ha incluido el lenguaje.

Trigger siguió mirando aquella pesadilla dorada.

- ¿Cómo logra ver y vigilar con todo ese pelo?

- No ve - Dijo Lyad -. Por lo menos no ve como nosotras. Pilli es parte de uno de nuestros experimentos en Tranest... el género original vino de Maccadon, de sus bancos vitales, una especie de monito terrestre pequeño, pelo dorado. Este modelo es un capricho... tiene cuatro corazones, por ejemplo, y lo que equivale a un segundo cerebro en la parte inferior de su columna vertebral. Pero no vino equipado con órganos visuales. Pilli es uno de los veintitrés del tipo. Tiene una especie de percepción compensatoria que sigue siendo misteriosa, Esperamos criarlos para que pasen la barrera del lenguaje y puedan decirnos que hacen en vez de ver... Está bien Pilli. ¡Echa a correr! - Se volvió a Balmordan, Me parece que esa Vethi que usas no le gusta mucho.

Balmordan asintió.

- Tuve la misma impresión.

Quizá, pensó Trigger, por eso Pilli había estado acechando muy cerca. Contempló como la bioestructura se alejaba por la terraza, grotesca y enorme. Captó su olor al pasar por su lado, una bocanada fresca y bastante agradable, como la fragancia de las manzanas maduras, Pilli era una especie de amable figura de pesadilla; el olor a manzanas le acompañaba, parecía encajarle. Pero también estaba allí el aspecto de pesadilla. Se notó experimentando lástima hacia Pilli.

- En cierto modo, Pilli nos trae al asunto del negocio que mencioné esta tarde - dijo Lyad.

Todos los ojos del grupo se fijaron en ella. La joven sonrió.

- Tenemos buenos científicos en Tranest - Dijo -, como me parece demostrar Pilli - Asintió con la cabeza en dirección a Balmordan -. Hay buenos científicos en la Unión Devagas. Todo el mundo presente se da cuenta de que los Tratados de Restricción impuestos a nuestros dos gobiernos han hecho imposible que nuestros ciudadanos emprendan en serio una investigación plasmoide.

Trigger asintió brevemente cuando los ojos co­lor ámbar claro se detuvieron en ella durante un momento. Quillan la había prevenido de que no mostrase sorpresa ante lo que hiciese o dijese Ermetyne. Si Trigger no sabía qué contestar, debía mostrarse inescrutable.

- Yo me encargaré de resolver la situación - Le había explicado el mayor, dándole instrucciones -. Los otros nada harán. Me haré cargo de las cosas y no tendrás más que seguir la pista que te de. ¿Comprendes, muñeca?

- Balmordan - Dijo Lyad -. Tengo entendido de que vas a Manon para asistir a los seminarios y demostraciones en la estación plasmoide, ¿verdad?

- Eso es cierto, Primera Dama - Contestó Balmordan.

- Ahora seré más sincera - confesó Lyad a los asistentes -. La información ofrecida por esos seminarios carece de valor. El - señaló con la cabeza el científico de Devagas - y yo vamos a Manon con la misma meta. Se trata de obtener plasmoides para los laboratorios de nuestros gobiernos.

Balmordan sonrió con amabilidad.

- ¿Y cómo piensan obtenerlos? - preguntó Trigger.

- Ofreciendo grandísimas sumas de dinero o incentivos equivalentes, a la gente que está en posición de proporcionármelos - dijo Lyad.

Quillan mostró su desaprobación con movimientos de cabeza.

- El propósito de la Primera Dama - Dijo a Trigger -, se transforma fácilmente en métodos ilegales.

- Cuando es necesario, como en este caso - confesó Lyad imperturbable.

- ¿Y usted qué, señor? - preguntó Quillan a Balmordan -. Podernos sobrentender que también estaría interesado en la compra de un par de plasmoides?

- Naturalmente que sí - Confesó Balmordan -. Pero no a riesgo de causar dificultades a mi gobierno.

- Claro que no - Dijo Quillan. Meditó un momento -. ¿Y tú, Belchik? - Preguntó.

Pluly pareció alarmado.

-¡No! ¡No! ¡No! - Se apresuró a negar. Parpadeó frenético -. Yo continuo en el negocio de embarques. Es más seguro.

Quillan le dio unas palmaditas cariñosas en el hombro.

-¡Por lo menos en este grupo hay un ciudadano respetuoso de la ley! - guiñó el ojo a Trigger -. Trigger se pregunta - Dijo a Lyad -, porque se nos dicen a ella y a mí todas estas cosas.

- Bueno, evidentemente Trigger y tú estáis en una posición excelente... o lo estaréis, muy pronto... como para actuar de intermediarios en la materia - afirmó Lyad.

- ¿Qué...? - Comenzó asombrada Trigger. Luego, todos los ojos se posaron en ella, se repri­mió -. ¿De veras piensas que aceptaríamos tal cosa? - Preguntó a Lyad.

- Ciertamente no - Dijo Lyad -. Yo no espero que nadie acepte nada esta noche... aunque pueda afirmarse que no soy la única aquí presente que se ha asegurado de que esta conversación no sea registrada y resulte fácil después su reconstrucción. ¿Y bien, Quillan? - sonreía.

-¡Cuánta razón tienes, Primera Dama! - exclamó Quillan. Se acarició el bolsillo del pecho -. Pantalla y distorsionador presentes y en acción.

- ¿Y tú, Balmordan?

- Debo admitir que consideré prudente tomar ciertas precauciones - Afirmó placenteramente Balmordan.

-¡Muy prudente! - Exclamó Lyad. Su mirada se trasladó, con aire divertido hasta Pluly -. ¿Belchik?

- Eres una mujer que destroza los nervios, Lyad - contestó Belchik con tono infeliz -. Sí. Estoy distorsionando, claro - Se estremeció -. No puedo permitirme el lujo de correr riesgos. No, cuando estás tú cerca.

- Pues claro que no y aun así hay todavía motivos por los que una palabra desconsiderada podría ser embarazosa en nuestra compañía - dijo Lyad -. Así que, no, Trigger, no espero que nadie acepte nada esta noche. Meramente menciono que me interesa la compra de plasmoides. Incidentalmente, estaría mucho más interesante en verte a ti, y a Quillan, entrar a mi servicio de manera directa. ¿No es cierto, Belchik?

Pluly había comenzado a soltar una frenética risita.

-¡Tenía.:. ja ja. la misma idea! - jadeó ¡Por lo menos ja ja... con uno de ellos! Yo...

Se atragantó y se detuvo bruscamente, traspuesto por la mirada de Trigger. Luego tendió la mano hacia su vaso, parpadeando a gran velocidad.

- Perdóneme - murmuró.

- A duras penas, Belchik! - dijo Lyad. Guiñó el ojo imperceptiblemente a Trigger -. Pero puedo asegurarte, Trigger Argee, que encontrarías mi paga y mis condiciones de trabajo muy atractivas.

Parecía un buen momento para mostrarse inescrutable. Trigger lo aprovechó

- ¿Lo dices eso en serio, Lyad? - Preguntó Quillan. ,

La Ermetyne respondió:

- Pues claro que sí. Los dos podríais ser de gran valor para mí, dé momento - le miró durante un instante -. ¿Le contaste a Trigger el modo en que restableciste la fortuna familiar?

- No con mucho detalle - Dijo Quillan.

- Un bonísimo salteador y contrabandista debió desperdiciarse cuando firmaste con los ingenieros - Dijo Lyad -. Pero quizá no del todo.

- Puede que no - admitió Quillan. Sonrió -. Pero soy un hombre modesto; con una fortuna me basta.

- Hubo un tiempo, ya sabes, en que yo temí bastante verme en la necesidad de hacer que te matasen - dijo Lyad.

Quillan soltó una carcajada.

- Hubo un tiempo en que sospeché que tu pensamiento marchaba a lo largo de esas líneas, Primera Dama - Admitió, ¿No perdiste mucho, verdad?

-¡Perdí bastante! - Exclamó Lyad. Frunció la nariz mirándole -. Pero todo ha pasado, Y ahora... no más negocios esta noche. Lo prometo - dobló un poco la cabeza -. ¡Flam! llamó.

- ¿Sí, Primera Dama? - Dijo la voz de la pelirroja.

- Tráenos lo que es propiedad de la señorita Argee, por favor.

Flam trajo un paquetito de discos planos atados con una cinta. Lyad lo tomó.

- A veces el Askab se muestra algo independiente - Dijo a Quillan -. Aquí está de lo que he hablado. Toma... guárdalos para Trigger.

Lanzó con ligereza el paquetito hacia ellos. Quillan extendió la mano y lo pilló al vuelo.

- Gracias - Contestó. Se guardó el paquetito en el bolsillo -. Retiraré mis sabuesos.

- Como quieras - Dijo Ermetyne -. Yo no ofendería al Askab manteniéndole asustado más de tiempo.

Se reprimió. El comunicador de la sala señalaba. Virod se acercó. Una voz se oyó con fuerza.

-...El viaje por su subespacio entre Garth y

Manon comienza dentro de una hora. Hemos preparado cabinas de descanso...

- Eso se refiere a mí - Dijo Belchik Pluly. Se puso presurosamente en pie -. ¡No puedo soportar las inmersiones! Tengo alucinaciones. Odiosas - Se tambaleó un poquito, Trigger se dio cuenta por primera vez que Belchik había bebido demasiado.

- Será mejor que eches una mano a nuestro invitado, Virod - Dijo Lyad por encima del hombro, ¡Felices sueños, Belchik! ¿Vas a ir a Descansar, Trigger? ¿no? Tú, Quillan, tampoco, claro. ¿Balmordan?

El científico de Devagas también negó con la cabeza.

- Entonces, por todos los medios - dijo Lyad -, permanezcamos juntos un ratito más.


CAPITULO XV
- Es una mujer notable - Dijo Trigger.

- Sí - Contestó Quillan -. Notable.

- ¿Puedo hacerte, finalmente, unas cuantas preguntas más o menos pertinentes? - Inquirió Trigger con humildad.

- Aquí no, cosita dulce - repuso Quillan.

- Eres un jefe bastante zoquete, Heslet Quillan - Dijo ella con llaneza.

Quillan no respondió. Habían bajado por la es­calera hasta el nivel de los almacenes y caminaban a lo largo de un pasillo muy iluminado hacia sus camarotes. Trigger se sentía agradablemente relajada. Pero ahora necesitaba hacer una gran cantidad de preguntas a Quillan lo antes posible.

-¡Oh! - Exclamó de pronto. Con la misma rapidez inesperada, la mano de Quillan se posó en su hombro, obligándola a seguir andando.

- Calla ahora - dijo -. Y sigue caminando.

- Pero lo viste, ¿verdad? - preguntó Trigger, tratando de volverse a mirar por la puerta abierta que daba a los almacenes ante los que acababan de pasar.

Quillan suspiró.

- Cierto - dijo -. Un tipo con armadura espacial.

- ¿Pero qué hace ahí?

- Supongo que revisando algo - su mano abandonó el hombro de la muchacha y, durante un momento, su dedo descansó ligeramente tapándole los labios. Trigger le contempló de reojo. Caminaba a su lado, sin mirarla.

Está bien, pensó... aceptaba la insinuación. Pero se sintió tensa e incómoda. Algo, en apariencia, estaba ocurriendo.

Giraron en el pasillo lateral y llegaron hasta el camarote de ella. Trigger comenzó a volverse para mirarte y Quillan la cogió en vilo y continuó sin acusar el peso de la muchacha, conservando la fluidez de su paso. A su oído, su voz susurró:

-¡La explicación dentro de un momento! Aquí hay peligro.

Cuando la puerta de la cabina de¡ final del pasillo se cerró tras ellos, la volvió a dejar en el suelo. Consultó su reloj.

- No podemos hablar aquí - Dijo -. Pero quizá no tengamos demasiado tiempo para conversar - hizo un gesto. hacia una mesa que estaba contra la pared -. Mira todo eso.

Trigger obedeció. La mesa estaba cubierta de instrumentos, como un banco de trabajo electrónico. Una pantalla visual mostraba una vista del camarote de ella y también de una parte del pasillo exterior, hasta el punto en donde se fundía con el gran salón.

- ¿Qué es eso? - preguntó insegura.

- Esencialmente - contestó Quillan -, hemos preparado una trampa para un catassino.

-¡Catassino! - casi gritó Trigger.

- Cierto. Sin embargo, no te pongas nerviosa. Ya los he capturado antes. Solía ser mi especialidad. Y tienen un detalle particular... pierden su puntiaguda cabecita si se les pilla vivos y se les promete una buena... - Se quitó la chaqueta y sacó una pistola muy grande, con una boca en forma de campana. Puso el arma cerca del visor -. Por si acaso - Dijo, con un tono nada tranquilizador -. Ahora, aguarda un momento.

Se sentó delante del visor y manipuló en algo.

- Está bien - murmuró después -. Estamos aquí preparados. Probablemente el período co­mienza dentro de tres minutos, y continua hasta los sesenta. La señal será algún zumbido. De otro modo no se percibirá nada. Y recuerda que son rápidos. No te hagas la lista.

No hubo respuesta. Quillan hizo algo más en la pantalla y se volvió a levantar. Miró pensativo a Trigger.

-¡Son otra vez esos malditos computadores! - dijo -. No veo el menor sentido.

- ¿En qué? - preguntó ella temblorosa.

- Todo lo que está sucediendo aquí se suministra en datos cifrados a los computadores, en este mismo instante - dijo -. Cuando se enteren de nuestra invitación a la cena de Lyad y de quién estaba presente, saldrán con una solución. En ese período mencioné que esperábamos que apareciese en tu camino un catassino. Ellos lo habrán considerado como de la máxima probabilidad.

Trigger no dijo nada. De haber tenido que hablar, lo más seguro es que hubiese lanzado un grito.

- Ahora, no te preocupes - Continuó Quillan, acariciándola el hombro tranquilizador con un enorme pulgar y cuatro dedos ligeramente más largos -. ¡Buenos músculos! - Dijo distraído -. La cabina tiene una trampa y hemos tomado otras precauciones - Siguió dando un masaje suave -. Probablemente la única cosa que ocurrirá es que permaneceremos sentados aquí durante una hora y luego nos reiremos junto ante la estupidez de los computadores - sonrió.

- Yo pensé que todo el mundo estaba muy seguro de que ese bicho había muerto - Dijo Trigger sin gritar.

Quillan frunció el entrecejo.

-¡Bueno, eso es otro detalle importante! Por lo menos hay dos maneras que yo sepa de impedir que lo encuentren en esa búsqueda. Sacarle y meterle de un subtubo de comunicaciones es una.,.. lo han podido hacer desde su propia cabina en cuanto se enteraron de la investigación. Así que en realidad no creo que esté muerto. Sólo...

- Quillan - Dijo una vocecita desde el visor.

El hombre se dio la vuelta; un par de rápidos pasos y estaba sentado ante el visor.

-¡Adelante!

- Movimiento rápido en la Sección B. Yendo en su dirección.

Movimiento rápido. Una idea destelló.

- Quillan... - Gritó Trigger.

El aludido alzó una mano para hacerla callar.

- ¿Captó una silueta? - preguntó. Sus manos comenzaron a manejar interruptores y mandos, y permanecieron junto a ellos.

- No. La ampliación muestra cómo una especie de bruma en la zona reconstruida - Pausa de un instante, Abandona la sección B.

- Movimiento en la Sección C - dijo otra voz.

Quillan contestó:

- Está bien. Viene. No más informes verbales a menos que cambie de dirección. Si quieren estar vivos, no se muevan, si no llevan armadura.

Hubo silencio. Quillan permaneció inmóvil, los ojos fijos en la pantalla. Trigger estaba plantada detrás de él. Le habían comenzado a temblar las piernas. Sería mejor que se lo dijese.

- Quillan...

Durante un instante, en la pantalla, hubo algo como un brillo cálido en el extremo lejano del pasillo. Luego vio cómo la puerta de su camarote se entreabría.

El interior de la cabina apareció en un breve fulgor luminoso de tono azul. Había una forma. Volvió a desvanecerse al instante.

Oyó como Quillan emitía un sonido sorprendido e incrédulo. Su mano izquierda apuñaló con brío un conmutador del panel.

A unos siete metros de ellos, detrás de la puerta cerrada del pasillo, se oyó un ruido como de salpicar, semejante a una tremenda caída en el agua. Luego otro ruido, parecido al de un breve trueno. Después, silencio otra vez.

Se dio cuenta de que Quillan estaba en pie a su lado, la gran pistola en la diestra. Apuntaba a la puerta. Sus ojos cambiaron de pronto del panel a la pantalla y volvieron otra vez a la puerta. Le notó relajarse despacio. Luego la joven se dio cuenta de que estaba aferrada a un puñado de su camisa y que por debajo de la tela asía también un trozo considerable de su dura piel. Siguió agarrada.

-¡El matamoscas se lo cargó! - Dijo Quillan, ¡Uf! - Bajó la vista y acarició la manecita que se le agarraba -. ¡Ya no hay catassino! La trampa en el camarote no fue bastante rápida. Por si acaso, puse una mina de gravedad al exterior. de nuestra puerta. ¡Eso si que fue rápido, por los pelos! - Quillan cosa excepcional, parecía casi impresionado.

- Era... comenzó Trigger. Se interrumpió y empezó de nuevo -: era como un hombrecito amarillo...

- ¿Lo viste? ¿En la cabina?

- Sí. Jamás contemplé antes una cosa igual.

Trigger apretó los labios para que no le temblasen.

- Yo sí - Dijo - Eso es lo que trataba de decirte.

Quillan se la quedó mirando durante un instante.

- Tendrás que decírmelo en un par de minutos. Pero antes tengo que hacer un rápido trabajo - Pareció reanimarse. Una amplia sonrisa se extendió de súbito por su rostro -. ¿Sabes algo, muñeca?

- ¿Qué?


-¡Los malditos computadores! - Dijo el mayor Quillan feliz -. ¡Hicieron el tonto!

_______________


La mina de gravedad hubiese acabado con cualquier forma de vida que entrase en su campo Convirtiéndola en una manchita imperceptible, pero ni siquiera quedaba eso del diablillo amarillo. Algo, presumiblemente lo que llevaba, se convirtió en una pequeña llama de incandescente energía mientras la mina lo aniquilaba. Lo que explicó el sonido como el del trueno. Los que fueron extintores de incendios automáticos del pasaje entraron en una breve pero consecuentemente violenta acción.

El grupo de Quillan permaneció discretamente fuera de la vista durante algún tiempo después. Apenas logró esconder la mina junto a un puñado de pedazos metálicos retorcidos, que era lo que el artefacto dejó del equipo mecánico de su atacante, y la puerta del camarote de Trigger estaba otra vez cerrada con llave, cuando tres visitantes vinieron raudos hasta el vestíbulo de los almacenes en un coche pequeño. Un ingeniero de la nave y dos ayudantes investigaron buscando lo que había puesto en funcionamiento a los extintores.

- Quizá vuelvan a marcharse - dijo Quillan esperanzado. En compañía de Trigger contemplaba a los ingenieros por el visor que había sido extendido para cubrir su extremo del pasillo.

No se limitaron a marcharse otra vez. Revisaron los extintores, miraron al suelo, aun húmedo, pero absorbiendo rápidamente las últimas gotas del breve diluvio. Luego intercambiaron un comentario confuso. Inspeccionaron cada detalle una vez más. Por último, el jefe utilizó el anunciador de la puerta y preguntó si le permitían pasar.

Quillan apagó el visor.

- Adelante - dijo resignado.

La puerta se abrió. Los tres miraron a Quillan y luego a Trigger y su modelo Beldon. Sus ojos se desorbitaron ligeramente. El trabajo en el Ciudad Alba daba origen a hombres endurecidos.

Ni Quillan ni Trigger pudieron ofrecer la más ligera explicación sobre lo que había puesto en marcha a los extintores. Los ingenieros pidieron perdón y se retiraron. La puerta tornó a cerrarse.

Quillan conectó el visor. Les llegaron sus voces mientras subían a su coche.

- Así es como sucedió - decía reflexivo uno de los ayudantes.

- De acuerdo - Dijo el ingeniero del navío -. Con una chica

vestida así ardería en llamas yo mismo.

-¡Ja, ja, ja! - Se marcharon.

Trigger se ruborizó. Miró a Quillan.

- Quizá debiera ponerme otra cosa - dijo -. Por lo menos, ahora que terminó la fiesta.

- Quizás - Admitió Quillan -. Haré que Gaya te traiga algo. Debemos permanecer fuera de tu camarote durante una hora o así hasta que todo haya sido revisado. Se celebrarán ahora unas cuantas conferencias.

Gaya llegó después, con ropas. Trigger se retiró al cuarto de baño del camarote y salió vestida de nuevo, minutos más tarde. Mientras, el Primer Oficial de Seguridad del Ciudad Alba, había llegado también y estaba preparando un aparato portátil de reestructura en el centro de la cabina. Parecía bastante serio, pero al mismo tiempo muy aliviado.

- Sugiero que quite primero su secuencia, mayor - Dijo -. Luego lo montaremos todo junto y lo comprobaremos.

Trigger se sentó en un diván junto a Gaya, para presenciarlo todo. Se le había dicho que la vista momentánea del pequeño diablo de la cabina había sido borrada de la copia de Seguridad en su propia secuencia y que no se mencionaría.

Por otra parte, en realidad había muy poco que ver. Lo que la criatura atacante utilizó para enturbiar la reestructura no quedaba claro, excepto que no era un borrador normal. Amplificado hasta los límites de la claridad y retrasado en el tiempo hasta el límite de la inmovilidad, todo lo que emergía era una bruma cambiante de energía, que tenía un débil atisbo de la silueta jorobada de un ser humano. Un catassino bastante pequeño y extraordinariamente pesado, destacó el Jefe de Seguridad, presentaría tal silueta. Ese algo del todo material iba finalmente a producir una desorganización devastadora de la estructura en la mina de gravedad, lo que resultaba desagradablemente obvio, pero que no facilitaba ninguna información supletoria. La secuencia terminaba con la breve llamarada de calor que había disparado los extintores.

Luego pasaron la reestructura del precedente doble asesinato. Trigger miraba, tragando un poco de saliva, hasta que se llegó al punto en donde la forma brumosa estaba casi en el instante de tocar a sus víctimas. Entonces estudió con cuidado la alfombra hasta que Gaya le dio con el codo para indicar que todo había terminado. Los catassinos casi invariablemente utilizaban su equipo natural en el asesinato; era un proceso rápido, claro, pero terriblemente brutal y a Trigger no le agradaba recordar qué resultado tenía el procedimiento en un ser humano. Ambos hombres murieron de la misma manera y el propósito con toda evidencia era ocultar el hecho de que el asesino no era un catassino, sino algo incluso mucho más eficiente dentro del estilo.

No se le ocurrió al Jefe de Seguridad interrogar a Trigger. Una reestructura temporal de un acontecimiento reciente era testigo de mayor confianza que cualquiera que poseyese sentidos humanos y memoria. Al poco se fue, tranquilizado porque el incidente del catassino había ya terminado. Sobresaltó a Trigger darse cuenta de que Seguridad no parecía considerarse en serio la posibilidad de descubrir a la gente humana que se ocultaba tras los asesinatos.

Quillan se encogió de hombros.

- Quienquiera que lo hizo está cubierto triplemente en cada dirección. El jefe lo sabe. No puede psicoanalizar a cuatro mil personas basándose en sospechas generales y se tropezaría con barreras mentales, en cada veinte pasajeros que hay a bordo, si lo hiciera. De todos modos sabe que estamos cerca de la pista y que tendremos mayor posibilidad de éxito de capturar al verdadero incitador.

- Más información para los computadores, ¿eh? - dijo Trigger.

- Ajajá.


- Me temo que te tomas esto muy a la brava - Observó la muchacha.

- Cierto - Admitió Quillan -. Pero tenemos que soportarlo como podamos hasta que tengamos bastante para continuar adelante. Entonces lo haremos - La miró, con aire de considerar una nueva idea. Dijo -: Ya sabes, no eres mala para ser una aficionada.

- En efecto, no se comporta mal - la voz de Gaya sonó detrás de Trigger -, ni comparada con las profesionales. ¿Qué os parece sí tomamos una copa? Creo que la necesito, después de haber estado mirando la reconstrucción del jefe.

Trigger notó cómo le subían los colores. ¡Una alabanza de los expertos en acciones de capa y espada! Por algún motivo, la complacía inmensamente. Volvió la cabeza para sonreír a Gaya, que estaba plantada allí, con tres vasos sobre una bandeja.

-¡Gracias! - dijo. Tomó uno de los vasos. Gaya tendió la bandeja a Quillan y se hizo cargo por sí misma del tercer vaso.

Fueron cinco minutos más tarde cuando Trigger observó:

- Mirad, me entra sueño.

Quillan miró a su alrededor apartando los ojos del equipo visor que, en compañía de Gaya, estaba desmantelando.

- ¿Por qué no te acuestas en el diván y echas un sueñecito? - Sugirió -. Pasará una hora antes de que los muchachos bajen para la verdadera conferencia.

- Buena idea - Trigger bostezó, acabó su bebida, puso el vaso en la mesa, y se acercó al diván. Se estiró en él. Una fuerte somnolencia le invadió casi al instante. Cerró los ojos.

Diez minutos más tarde. Gaya, inclinándose sobre ella, anunció:

- Bien, está dormida.

- Estupendo - dijo Quillan, guardando el resto del equipo -. Diles que la lleven a la cabina de Descanso. Yo terminaré aquí dentro de un minuto. Después tú y la dama vigilante me relevaréis.

Gaya miró a Trigger. Había una pizca de pena en su rostro.

- Creo que se mostrará muy descontenta contigo cuando despierte y se halle en Manon - Dijo.

- No lo dudo - afirmó Quillan -. Pero por lo que he visto de ese bombón, se está mostrando muy insatisfecha de mí de vez en cuando, por lo menos en lo referente a esta operación.

Gaya se le quedó mirando.

- Mayor Quillan - Dijo -, ¿me permite un consejo, propio de un operador perspicaz?

-¡Adelante, operadora perspicaz! - Dijo Quillan con tono amable.

- No es que no te lo haya visto venir, muchacho - dijo Gaya -. ¡Pero cuídate! Esto es peligroso. Te podría hundir para siempre.

- Estás perdiendo el juicio, muñeca - contestó Quillan.
CAPITULO XVI
La cúpula del Cuartel General de Precol en el planeta Manon seguía en el lugar donde Trigger la dejó, en apariencia inmutable; pero todo lo demás en la zona semejaba haber sido movido, mejorado, expandido o prescindido por completo, surgiendo rasgos nada familiares. En las pantallas de los despachos de Precol del Comisionado Tate, Trigger podía ver a la vez el nuevo espaciopuerto de tamaño metropolitano en el que el Ciudad Alba aquella mañana se posó y las vidriosas e impresionantes estructuras del gigantesco centro comercial y de recreos, que se habían inaugurado recientemente por Gran Comercio, en su ansia de beneficiarse de los altos salarios que se pagaban en los mundos recién puestos en explotación. Los sueldos, sin embargo, no eran enteramente esperanzadores.

A unos quince kilómetros de distancia, al otro lado de la cúpula del Cuartel General, nuevos cuadrados y manzanas de cúpulas habitables crecían diariamente. Y según la cuenta de esta mañana albergaban a cincuenta y dos mil personas. Las mayores industrias del Hub y sus sucursales escogidas del Gobierno de la Federación habían establecido una sólida cabeza de puente en Manon.

Trigger volvió su cabeza cuando Holati Tate entró en el despacho. El hombre cerró la puerta con cuidado a su espalda.

- ¿Cómo va nuestro cachorrito? - preguntó.

- Todavía absorbiendo la droga - contestó Trigger. Sostenía al pequeño y misterioso plasmoide de Mantelish entre el pulgar y los dedos de la mano, su parte inferior en una especie de cuenco semilleno de algo que Mantelish consideraba nutritivo para los plasmoides, o por lo menos para aquel en particular. Sus costados latían ligeramente y con seguridad, notando este vibrar en las palmas de sus manos -. El nivel del líquido sigue descendiendo - Añadió.

- Bien - dijo Holati. Acercó una silla hasta la mesa y se sentó frente a ella. Miró pensativo al plasmoide 113- A.

- ¿De veras sigue usted creyendo que esta cosa me tiene simpatía... personal? - preguntó Trigger.

Su jefe contestó:

- Esta comiendo, ¿no? Y se mueve. Un par de días antes de que llegases aquí me parecía que estaba del todo muerto.

- Resulta difícil de creer - observó Trigger en una especie de sanguijuela distinga a las personas.

- Esta puede hacerlo. ¿Notas alguna sensación mientras la sostienes?

- ¿Sensación? - La joven pensó -. Nada en particular. Es como dije la otra vez... el pequeño repulsivo tiene un tacto bastante agradable.

- Para ti - Dijo Tate -. Lo bueno es que no te lo he dicho todo.

- Usted raras veces lo hace - observó Trigger.

- Te lo diré ahora - dijo Holati -. El día después de marcharnos, cuando el bichito este empezó primero a actuar muy agitado y luego se quedó como adormilado. Mantelish afirmó que quizás echase de menos el toque de hembra y las caricias que ha recibido de ti. Me imagino que se mostraba malicioso. Pero no pude ver ningún motivo para no intentarlo, así que llamé a tu doble y le hice sentarse a la mesa en donde ese bicho yacía.

- ¿Sí?


- Bueno, al principio se acercó rápido a ella, gritando «mamá». Bueno, no de verdad, claro. Luego tocó su mano y retrocedió horrorizado.

Trigger alzó una ceja.

- Parecía asustado - Insistió el Comisionado -. Hicimos comentarios. Luego la muchacha extendió el brazo y lo tocó. Y fue ella quien retrocedió con horror.

- ¿Por qué?

- Dijo que acababas de recibir una fuerte descarga eléctrica. Aparentemente igual a la que el bicho propinó a Mantelish.

Trigger miró dudosa a Repulsivo.

- Uf, gracias por hacérmelo saber, Holati. A propósito, creo que ha dejado de comer. O lo que estuviese haciendo. No parece haber engordado mucho, ¿verdad?

El Comisionado miró.

- No - Confesó -. Y si lo sopesases, probablemente encontrarías que sigue pesando exactamente algo más de un kilo. Mantelish opina que esa cosa convierte todo el alimento que toma directamente en energía.

- Entonces sería capaz de producir una buena descarga momentánea - Comentó Trigger -. Y ahora, ¿qué he de hacer con Repulsivo?

Holati tomó una servilleta de debajo de la mesa y la extendió.

- Material absorbente - Dijo -. Ponlo encima y déjalo que se seque. Eso es lo que solíamos hacer.

Trigger sacudió la cabeza.

- No está tan mal la cosa - Afirmó el Comisionado -. De todos modos, querrías adoptar a una criatura, ¿no es verdad?

- Supongo que no tendré más remedio - colocó el plasmoide sobre la servilleta, se secó las manos y retrocedió -. ¿Qué pasa si se cae al suelo?

- Nada - Contestó Holati -. Se mueve en la dirección hacia la que marchaba. Es muy difícil lastimar a esas cosas.

- En ese caso - dijo Trigger - revisemos ahora su recipiente.

El Comisionado sacó el recipiente de Repulsivo de una caja fuerte de encima del escritorio y se lo entregó. Su aspecto externo era el de un bolso moderno de mujer con una correa para llevarlo colgado del hombro. Tenía un ajuste antigravedad que reduciría su peso total, con el plasmoide dentro, hasta unas nueve onzas si Trigger así lo quería. Poseía igualmente una cerradura de combinación, sin señales, virtualmente invisible, cuyo ajuste Trigger se había aprendido ya de memoria. Sin conocer ese ajuste, un hombre decidido, utilizando una aguja de gran potencia conectada a un detonador, podría haber abierto aquella especie de bolso en unas nueve horas. Un trabajo especialísimo.

Trigger manejó los ajustes, abrió el recipiente y miró dentro.

- Bastante estrecho - Observó.

- No para uno de ellos. Necesitábamos espacio para los aparatitos.

- Sí - confesó la muchacha -. Rotación del subespacio - Sacudió la cabeza -. ¿Es este otro invento de los exploradores espaciales?

- No - Respondió Holati -. Se lo robamos a los ingenieros del subespacio. Los ingenieros ignoran todavía que lo poseemos. Por lo que yo sé, nadie más lo ha conseguido. Adelante... haz un intento.

- Eso pensaba - Trigger cerró el recipiente, se lo colgó del hombro por la correa y se puso erguida, la mano izquierda cerrada sobre el borde inferior de aquella especie de bolso. Colocó la yema de su pulgar y la de su dedo medio en los lugares correctos y comenzó aplicar presión. Entonces se sobresaltó. Bolso y correa habían desaparecido.

-¡Es una sensación rara! - Sonrió -. Y para hacer que vuelva, sólo tengo que estar aquí ... en al mismo lugar... y decir aquellas palabras.

El Comisionado asintió.

- ¿Quieres probarlo ahora?

Trigger agitó su mano izquierda suavemente por el aire que la rodeaba.

- ¿Qué pasa si esa cosa emerge exactamente en donde esté mi mano? - preguntó.

- No emergerá sí hay algo más voluminoso que unas pocas motas de polvo en su camino. Es un perfeccionamiento que los ingenieros del Subespacio todavía no conocen.

- Bueno... - La joven miró a su alrededor, cogió una regla de plástico del escritorio a su espalda y retrocedió precavida un paso. Agitó la punta de la regla briosamente en torno a la zona en donde había estado el bolso.

-¡Vuelve, Fido! - exclamó.

No pasó nada. Retiró la regla.

-¡Vuelve, Fido!

Bolso y correa se materializaron en mitad del aire y cayeron al suelo.

- ¿Convencida? - Preguntó Holati. Recogió el bolso y se lo devolvió a la muchacha.

- Parece resultar. ¿Cuánto durará ese pequeño plasmoide si se le deja así, en el subespacio?

El Comisionado se encogió de hombros.

- Probablemente de manera indefinida. Son duros. Sabemos que veinticuatro horas seguidas no le molestarán ni lo más mínimo, así que hemos ajustado ese período de tiempo como límite para que permanezca revertido, excepto en caso de emergencia.

- ¿Y usted... y otra persona a la que no conozco, pero que no se encuentra cerca de aquí... pueden hacerle volver también?

- Sí. En caso que conozcamos el lugar desde el que ha sido revertido. Por lo que hemos acordado, con la sola excepción de las emergencias absolutas, le revestiremos sólo desde uno de los seis puntos especificados y que los tres conocemos.

Trigger asintió. Abrió el recipiente y se acercó a la mesa en donde yacía todavía el plasmoide en su servilleta. Ahora estaba seco. Lo cogió.

-¡Causas muchas molestias, Repulsivo! - Dijo el bicho -. Pero estas gentes creen que vale la pena - Lo metió en el recipiente y la cosa pareció acomodarse en el interior. Trigger cerró el bolso, lo aligeró hasta la mitad de su peso normal volvió a colocarse la correa en su hombro izquierdo. Preguntó -: ¿Y ahora, qué voy hacer con las cosas que de ordinario llevo en mí bolso?

- Mientras estés aquí llevarás uniforme de Precol. Te hemos hecho uno especial. Con bolsillos extra.

Trigger suspiró.

- Oh, - Son disimulados y convenientes - Le tranquilizó -. Hemos revisado eso con las chicas.

-¡Me imagino que sí! - Exclamó ella -. ¿Han adoptado también la bolsita con «Porgee»?.

- Seguro. El doparse con porgee es la gran moda en todo el Hub, de momento. Por lo menos entre las damas. Muestra que se pertenece a la clase delicada, o algo por el estilo. Se me olvidó lo que dijeron. ¿Deseas empezar a llevarlo?

- Entréguemelo - Dijo Trigger resignada -. Vi muy pocos bolsos en el navío. Quizá la gente se ha acostumbrado a pensar que me he convertido en una aficionada al «porgee».

Holati volvió al escritorio, sacó de la caja fuerte una bolsita plana, de la longitud de su mano, pero más estrecha. Se la dio a la joven. Parecía estar hecha con hilo de oro: una parte tachonada de diminutas perlas; la superficie opuesta, llana. Trigger colocó la parte plana contra la tela de su falda, un poco por debajo de la cadera derecha, y la soltó. Quedó allí adherida. Extendió la pierna diestra hacia un lado y miró el bolsito del «porgee».

- No queda mal - Admitió -. ¿Hay auténtico «porgee» en la parte superior?

- Sí. Vale cerca de novecientos cincuenta créditos.

- ¿Y si alguien quiere que le preste una ración? ¡No sería bueno dejarles que hurgasen en la bolsita hasta el fondo!

- No pueden - Dijo el Comisionado -. Por eso hemos puesto «porgee». Cuando se compra una dosis, es preciso ajustarla a la bioquímica individual, con exactitud. Eso es lo que le hace tan caro. Trata de utilizar el de alguien y te lanzarán de una sacudida a la otra parte de la habitación.

- Pues será mejor que ajustemos esto a mi bioquímica. Quizá tenga que hacer una demostración de vez en cuando para no llamar la atención.

- Ya lo hicimos - Dijo el Comisionado.

- Bien - Afirmó Trigger -. ¡Veamos ahora! - Se puso muy rígida, la mano izquierda se cerró ligeramente en torno al fondo de la bolsa, la mano derecha pendía del costado. Sus ojos registraron brevemente el despacho -. ¿Hay algún objeto aquí que no tenga valor particular? - preguntó

¿Algo alargado?

- Varios - contestó el Comisionado. Miró a su alrededor -. Ese florero grande del rincón. ¿Por qué?

- Sólo por practicar - Dijo Trigger. Se volvió de cara al florero -. Servirá. Ahora... allá voy, sin pensar en nada - Comenzó a caminar hacia el florero -. Luego, de pronto, delante de mí, aparece un raptor de plasmoides.

Se quedó en mitad del paso. Bolso y correa desaparecieron, mientras su mano derecha salía disparada a la bolsita del «porgee». El Denton apareció en la palma de su mano. El florero rechinó y se desmoronó.

-¡Cielos! - dijo ella, sobresaltada -. ¡Vuelve, Fido! - Bolso y correa reaparecieron y ella extendió el brazo y los recogió. Se volvió a mirar al Comisionado Tate.

-¡Lamento lo de su florero, Holati! Quería sacudirle un poco. Me olvidé de que su gente utilizó mi pistola. Cuando la llevo encima la tengo conectada al anonadador - añadió intencionadamente.

- No te preocupes por el florero - Repuso el Comisionado -. Debía haberte avisado. De otro modo, debí instruirte diciendo que cuanto necesitabas es sólo un momento para verlos venir.

Trigger ajustó el Denton como anonadador y lo volvió a meter dentro de la ranura que había aparecido a lo largo del costado de la bolsa del «porgee». Pasó las puntas del índice y del pulgar por toda la longitud de la ranura y lo bolsa volvió a quedar cerrada.

- Esa es la parte que me preocupa - Admitió.

Cuando Trigger se presentó a las habitaciones personales del Comisionado Tate a primeras horas de aquella tarde, le encontró solo.

- Siéntate - dijo él -. He tratado de ponerme en contacto con Mantelish durante la última hora. Vuelve a estar en el otro lado del planeta.

Trigger se sentó y alzó una ceja.

- ¿De veras?

- No es conveniente que se marche así - Dijo Holati -. Pero nada he podido hacer por evitarlo. Sigue siendo el mejor individuo que la Federación tiene trabajando en los diversos problemas plasmoides, así que no debo entrometerme en sus investigaciones si no logro antes demostrar que es absolutamente necesario. Probablemente no le pasará nada. Esos guardias de la Liga U no forman un mal grupo.

- Si se comparan con los chicos de la Liga que vigilaban el Proyecto Plasmoide, deberán ser muy superiores - afirmó Trigger.

- Los exploradores del espacio te dan las gracias por tan amables palabras - contestó el Comisionado -. Aquellos no eran guardias de la Liga. Cuando llegó el momento de decidir quién te tendría que vigilar, yo pasé por encima de todos los demás.

La joven sonrió.

- Debí imaginármelo. ¿Qué es lo que trata de investigar el profesor en el otro lado de Manon?

- Trata de cazar algunas criaturas teóricas que él llama plasmoides salvajes.

- ¿Plasmoides salvajes?

- Ajajá. Piensa que algunos de los plasmoides que la Vieja Galaxia utilizaba en Manon pudieron habérseles escapado, o simplemente olvidado, por así decir, y quizás hayan sobrevivido hasta ahora. Imagina que incluso esos chicos pueden reproducirse. Quiere buscarlos con un detector especial que él mismo construyó.

Trigger alzó un dedo en el que había un fino aro de oro, con una pequeña piedra verde.

- ¿Cómo éste? - preguntó.

- Posee una versión mayor de este tipo de detector, que lleva consigo también. Pero cree que si hay por allá algún plasmoide salvaje, lo más probable es que siga las líneas del 113- A. Por eso ha construido un detector que reacciona ante el 113- A.

- Comprendo - Trigger guardó silencio un momento -. ¿Tiene Mantelish alguna idea de por qué Repulsivo es el único plasmoide conocido ante el que no reaccionan nuestros detectores de anillo?

- En apariencia, sí - afirmó Holati -. Pero cuando aborda uno de estos asuntos, me resulta difícil seguirle - miró muy serio a Trigger. Confesó -: Hay veces en que sospecho que el profesor Mantelish está un poco chiflado o es sordo. Pero probablemente es tan brillante que desaparece más allá de mi radio de acción mental.

Trigger soltó una carcajada.

- Mi padre solía venir de cada sesión en casa de Mantelish murmurando lo mismo - consultó de reojo el anillo -. A propósito, ¿han robado algún plasmoide por aquí para que lo detectemos?

El Comisionado asintió.

- Unos pocos han sido robados de Harvest Moon y de otros puntos de almacenaje. No me sorprendería que algunos apareciesen aquí, eventualmente, en la cúpula. No es que sea una pérdida grave. Lo que se han llevado los ladrones ha sido género pequeño... nueces, cilindritos, etc., plasmoides, para así hablar. Sin embargo, cada uno de esos podría valer un centenar de miles de créditos, si se le ofreciera a las personas adecuadas. Incidentalmente, si el pedirte que asistieses a esta conferencia ha interferido con algún plan personal, no tienes más que decirlo. Podemos aplazarlo hasta mañana. Especialmente puesto que empieza a parecer que Mantelish tampoco acudirá hoy.

- ¿Tampoco? - preguntó Trigger.

- Quillan ya tuvo que cancelar otra reunión. Se había quedado distraído con algo durante toda la santa tarde.

- Oh - Exclamó ella con frialdad, Consultó su reloj de pulsera -. Estoy citada para cenar, con Brule Inger, dentro de hora y media. Pero usted dijo que esta reunión, de todas maneras, no nos llevaría más de una hora ¿no es verdad?

El Comisionado asintió.

- Entonces estoy libre. Tengo ya preparado el alojamiento y me siento dispuesta a volver a mi antiguo trabajo por la mañana.

- Estupendo - Exclamó el Comisionado -. De todas maneras, hay cosas que quería discutir contigo en privado. Si no llega Mantelish dentro de diez minutos, seguiremos adelante. Me habría gustado que estuviese presente Quillan, para proporcionarnos datos sobre algunos de los granujas de más categoría del Hub. Es especialidad suya. Yo desconozco muchas cosas en ese aspecto,

Hizo una pausa.

- Ahora me preocupa esa Lyad Ermetyne - Continuó -, parece como sí o bien formase parte del problema principal o está trabajando con mucho ahínco por introducir la cabeza. Tiene un navío de guerra de Tranest, posado aquí desde hace dos semanas. Un chisme llamado el Aurora.

Trigger estaba asombrada.

-¡Pero no se permiten navíos de guerra en el Sistema Manon!

- Es que no está en el Sistema. Está aparcado a una distancia de medio año luz, en donde tiene derecho legal para permanecer. No hay porque preocuparse de eso. Es sólo una fragata muy armada, lo que constituye el límite que se le permite construir a Tranest. Puesto que es la embarcación particular de Lyad, me imagino que posee todo cuanto pueda imaginarse. De cualquier manera, el hecho de que lo envió por delante de su venida no nos permite considerar su visita como casual.

-¡Eso se preocupó de ponerlo bien en claro ella misma! - Exclamó Trigger, ¿Por qué piensa que se muestra tan franca en esa cuestión?

Tate se encogió de hombros.

- Pueden haber muchas razones. Una, que ya ha echado su ojo en algo, nada más aparecer por aquí. Cuando Lyad va a alguna parte, es por cuestión de negocios, de ordinario. Después de que Quillan informase acerca de la fiesta a que asististeis, conseguí todos los detalles que pude sobre ella. La Primera Dama actúa como un bribón empedernido. Es muy inteligente. La mayor parte de esos Ermetynes vienen de parientes especiales y que con toda seguridad saben cómo preparar un buen veneno antes de entrar en un parvulario infantil y acariciar los niños. Lyad ha sido el pez más gordo entre ellos desde que tenía dieciocho años.. .

Volvió la cabeza. Una campana había comenzado a sonar en la habitación contigua. Se puso en pie.

Probablemente el equipo de Mantelish en el transmisor - Dijo -. Les dije que llamasen en cuanto le localizaran - Se detuvo ante la puerta -. ¿Quieres beber algo, Trigger, muchacha? Ya sabes dónde guardo el licor.

- Ahora no, gracias.

El Comisionado volvió al cabo de un par de minutos.

-¡Ese condenado estúpido se perdió en un pantano! Por último le encontraron, pero está demasiado cansado para venir ahora.

Se sentó y se rascó pensativo la barbilla.

- ¿Recuerdas el tiempo que pasaste en Harvest Moon? - Preguntó.

Trigger le miró, turbada.

- ¿El tiempo qué...?

- Bueno, que te desmayaste. Que perdiste el sentido.

- ¿Yo? ¡Perdió usted el juicio, Holati! Jamás me desmayé en mi vida.

- La razón por la que te lo pregunté - Dijo el Comisionado -, es que se me ha dicho que una temporadita en una cabina de descanso... o algo por el estilo a una cabina de descanso, sólo que usada como terapia, a veces resuelve los casos de amnesia.

-¡Amnesia! ¿De qué está usted hablando?

El Comisionado respondió:

- Hablo de ti. Esto te causará un sobresalto, Trigger, muchacha. Quizá te hubiera sido más fácil tras una copa. Pero te lo diré con franqueza. Una semana después de que Mantelish y su brigada de la Liga U llegaran por primera vez aquí, te desmayaste en una ocasión mientras te encontrabas con ellos en Harvest Moon. Y después no recordaste haberlo hecho.

- ¿No recordé? - Dijo Trigger con debilidad.

- No. Pensé que quizá se te hubiese aclarado todo y que tenías algún motivo para no mencionarlo - Se puso en pie -. ¿Prefieres beber ahora una copa... antes de que siga con los detalles?

Ella asintió.
CAPITULO XVII
Holati Tate le trajo la bebida y continuó con los detalles.

Trigger, él y una docena, poco más o menos, del primer grupo de Investigadores de la Liga U estuvieron en lo que ahora se llamaba Sección 52 de Harvest Moon. El Comisionado iba solo, revisando parte del equipo que había sido instalado en uno de los compartimentos. Al cabo de un rato, el doc­tor Azol se le unió y le dijo que los Mantelish y demás habían ido a otra sección. Holati y Azol terminaron la revisión juntos y estaban a punto de abandonar la zona para unirse al grupo, cuando Holati vio como Trigger yacía en el suelo, en un compartimento adjunto.

- Parecías estar en alguna especie de coma - Dijo -. Te recogimos y te pusimos en un sillón, junto a una de las pantallas de inspección y tratábamos de conseguir una llamada con el equipo comunicador de Azol pidiendo la ambulancia cuando, de pronto, abriste los ojos. Me miraste y dijiste: «¡Oh, están ustedes ahí! Andaba buscándoles». Era evidente de que no te habías dado cuenta de que había sucedido algo fuera de lo usual.

- Azol comenzó a decir algo, pero yo le interrumpí y él comprendió. De hecho, convino tan de prisa que empecé a sentir alguna sospecha.

-¡Pobre Azol! - Dijo Trigger.

-¡Y un cuerno! - respondió el Comisionado de manera enigmática­. Ya te contaré eso en algún otro momento... Había ordenado al doctor Azol que no dijese nada a nadie hasta que se hubiese aclarado el incidente, en vista de las punzantes precauciones de seguridad que se llevaban a la práctica... que se suponía que se practicaban - Corrigió -. Luego había regresado al planeta Manon con Trigger, inmediatamente, en donde fue revisada por el personal médico de Precol. Físicamente no había nada malo en ella.

-¡Y eso es algo que tampoco recuerdo! - exclamó Trigger, sintiéndose algo asustada.

- Bueno, no podrías - Dijo el Comisionado

Primero se te roció con hipno. Estuviste sin sentido tres horas. Cuando despertaste, creías que habías dado sólo una cabezadita. Puesto que los médicos estaban seguros de que no habías cogido ninguna rara infección plasmoide, yo deseaba saber qué otra cosa había sucedido en Harvest Moon. Uno de esos peces gordos científicos podía también haber utilizado en ti un rociador hipnótico, con la idea de convertirte en una ayudante acondicionada para futuras «shenaniganas».

Trigger sonrió débilmente.

-¡Tiene usted un cerebro receloso! - la sonrisa desapareció, ¿Era eso lo que trataban de descubrir en ese registro mental de aquella entrevista en Maccadon de la que logré escabullirme?

- Puede que fuera una de las cosas que buscaban - Asintió el Comisionado.

Trigger se le quedó mirando pensativa durante un momento.

-¡Bueno, logré dar esquinazo a todo esto! - Observó -. ¿Pero por qué todo el mundo...? - sacudió la cabeza -. Perdóneme. Siga.

El Comisionado prosiguió.

- La vieja doctora de Leecharvis manejaba en persona la hipnosis. Tropezó con lo que le parecía ser un bloqueo mental cuando intentó hacerte recordar lo que había sucedido. Sabemos ahora que no era ningún bloqueo mental. Pero no quiso ju­gar más contigo y me pidió que consiguiese un experto. Así que llamé al cuartel general del Servicio de Psicología, en Orado.

Trigger se sobresaltó, luego se echó a reír.

- ¿Esos cabezotas? Recurrió a lo más alto, ¿verdad?

- Lo intenté - Contestó Holati Tate -. Es una buena idea cuando se necesita un verdadero servicio. Me dijeron que me calmase y que no te dijese nada. Nos enviarían muy pronto a un experto.

- ¿Lo mandaron?

- Sí.

Los ojos de Trigger se contrajeron un poco.



- ¿El mismo antiguo tratamiento de rociado hipnótico?

- De acuerdo - Afirmó el Comisionado Tate -. Vino, roció, investigó. Luego me dijo que continuase tranquilo y se fue turbado.

- Turbado? - preguntó la muchacha.

- Si antes no sabía que los expertos vienen en todos los grados - Dijo el Comisionado -. Lo sé ahora. El primero que enviaron era lo bastante agudo como para darse cuenta de que podía existir algo envuelto en el caso que él no captaba. Pero eso fue todo.

Trigger guardó silencio un momento.

-¡De modo que hubieron más investigaciones de las que yo ni me enteré! - observó su voz un poco cortante.

- Ajajá - afirmó el Comisionado precavidamente.

- ¿Cuántas?

- Siete.

Trigger enrojeció, se incorporó, los ojos llameantes y pronunció una palabra impropia de una dama.

- Perdóneme - Añadió un momento más tarde -. Me puse fuera de mí.

- Está perfectamente bien - contestó el Comisionado.

- De todos modos ya estoy hartándome un poquito continuó Trigger, la voz y el color todavía altos con la gente atropellándome de un modo u otro cada vez que le viene en gana.

- No te censuro nada - Dijo él.

- Y por favor, no crea que no agradezco que llamase usted a todos esos expertos. Le estoy reconocida. ¡Lo que no aguanto son sus métodos secretos, sinuosos, por bajo mano!

- Exactamente lo mismo opino yo - dijo el Comisionado.

Trigger te miró recelosa.

-¡Usted también es un tipo sinuoso! Exclamó -. Bueno perdóneme el desahogo, Holati. Probablemente tenían motivos para eso. ¿Han descubierto algo con todo ese rociado e investigaciones?

- Oh, sí. Parecen haber efectuado un progreso considerable. El último informe que recibí de ellos hace un mes, muestra que la amnesia original ha quedado completamente resuelta.

Trigger pareció sorprendida.

- Si ha quedado resuelta - preguntó con tono bastante razonable -, ¿por qué no recuerdo lo que pasó?

- No se suponía que te dieses cuenta de eso antes de la entrevista final ... e ignoro el motivo. Pero ahora se puede llegar al recuerdo. Sondeando, por así hablar. Te darán una pista y entonces lo recordarás.

- Así de sencillo, ¿eh? - Trigger hizo una pausa -. De forma que el Servicio psicológico es Quiensea.

- ¿Quiensea? - Preguntó el Comisionado.

Explicó lo de la palabra Quiensea. Holati sonrió.

- Sí - Dijo -. Son quienes han dado las instrucciones, en lo que a ti respecta.

Trigger guardó silencio un momento.

- He oído que esos cabezas redondas tienen una influencia terrible cuando desean utilizarla - Dijo -. De otro modo, apenas se les oye. Déjeme pensar un poquito.

- Adelante - le instó Holati.

Transcurrió un minuto.

- Lo que hierve en mí hasta ahora - Dijo después Trigger -, es lo que me contó usted en Maccadon. Creo que el Servicio Psicológico piensa que sé algo que podría ayudar a resolver el problema plasmoide. O por lo menos, ayudar a explicarlo,

El Comisionado asintió.

- Y la gente que ha estado intentando captu­rarme, probablemente trata de averiguar lo mismo por la misma y exacta razón.

Holati asintió otra vez.

- Eso lo puedes dar por seguro.

- ¿Cree usted que esas cabezas redondas ya habrán descubierto qué relación hay?

El Comisionado sacudió la cabeza.

- Si lo hubiesen hecho, hubiésemos entrado en acción ¡El Consejo de la Federación es muy nervioso!

- Bueno... - empezó Trigger. Chasqueó los labios -: Esa Lyad.,.

- ¿Qué hay de ella?

- Trató de contratarme - explicó Trigger

Supongo que el mayor Quillan lo comunicaría en su informe,

- Seguro.

- Y no sería simplemente para robar algún estúpido plasmoide. En especial puesto que dice usted que un número de esos bichos pequeños ya son asequibles. Tenemos también aquellos que los raptores se llevaron en el Hub. Probablemente debe tener ya una colección.

Holati asintió.

- Probablemente.

- Parece que esa mujer sabe bastante acerca de lo que sucede.

- Es muy probable que sí.

-¡Capturémosla? - exclamó Trigger -, Podemos hacerlo con discreción. Y es un pez demasiado gordo para que sufra un bloqueo mental.

Conseguiríamos parte de la solución. ¡Quizá toda! Algo destelló brevemente en los ojitos grises del Comisionado. Extendió la mano y la palmeó en la rodilla.

- Eres una chica que conquistas mi corazón, Trigger criatura - dijo -. Soy partidario de eso. ¡Pero la mitad del Consejo se habría desmayado si te hubiesen oído tal sugerencia!

- Tan remilgados son? - preguntó la muchacha, desencantada.

- Sí... y no se les puede censurar. Andar a tientas podría ser mala cosa. Cuando se refiere a alguien de la categoría de Lyad, nuestro propio grupo se ve restringido a un contraataque defensivo. Si conseguimos pruebas contra ella, serán los diplomáticos quienes decidan lo que debe hacerse, con tacto. Nosotros trataremos de no vernos envueltos más en el asunto.

Trigger asintió, mirándole.

- Siga.

- Bueno, la acción defensiva puede tapar muchas cosas, claro. Si actualmente nos tropezamos con la Primera Dama mientras estamos comprometidos en el trabajo, la retendremos... todo el tiempo que sea posible. Y por todos los aspectos, ahora que ha venido para encargarse personalmente del asunto aquí, podemos esperar una acción muy rápida y muy directa por parte de Lyad.



- ¿Cuán rápida?

- Me imagino - Dijo el Comisionado -, que será alrededor de una semana. Sí para entonces no ha hecho ningún movimiento quizá podamos apresurar un poquito las cosas.

- Efectuar en bien de ella unas cuantas de esas aperturas, ¿eh? Bueno, eso no me parece demasiado mal - Trigger reflexionó. Entonces tenemos el Punto Número Dos - dijo ella.

- ¿Qué es eso?

La muchacha hizo una mueca.

- No me agrada verdaderamente - confesó pero creo que sería mejor hacer algo sobre esa entrevista con Quiensea que yo esquivé. Si aún desean hablar conmigo...

- Lo desean. Muchísimo.

- ¿A qué viene todo este asunto de que afirmaran que podía seguir hasta Manon?

El Comisionado Tate se acarició suavemente el lóbulo de la oreja izquierda.

- Con franqueza, eso me impresionó un poquito.

- ¿Impresionarle? ¿Por qué?

- Es esa cuestión de los expertos viniendo en grados. Los rangos superiores del Servicio Psicológico son gente en extremo atareada, según tengo entendido. Después de tu primera entrevista ascendimos hacia arriba a toda velocidad. Un par de investigadores de graduación medía se ocupó durante algún tiempo. Pero tras la cuarta entrevista se me dijo que tendría que llevarte hasta el Hub para permitir que alguien en verdad competente manejase la etapa siguiente de lo que estaban haciendo, cualquier cosa que esto fuera. Dijeron que no podían enviar a nadie de ese calibre para que hiciese el viaje hasta Manon.

- Fue ese el verdadero motivo de que fuéramos a Maccadon? - Preguntó Trigger sobresaltada.

- Seguro. Pero todavía no nos hemos acercado a ningún sitio en donde haya un pez gordo del Servicio. Tal y como lo entiendo, esos jefazos no pasan mucho tiempo en los casos individuales. Se ocupan de las cosas a escala de nuestras más modestas culturas planetarias... y se supone que hay un centenar de ellos en la categoría. Así que me quedé algo más que sorprendido cuando el Servicio me informó finalmente que una de esas personas vendría a Maccadon para conducir tu novena entrevista.

-¡Uno de los verdaderos cabezas redondas! - Trigger sonrió nerviosa -. ¡Y entonces me largué! Debe usted imaginar que no tendrán muy buena opinión de mí en estos momentos.

- En apariencia eso no les trastornó en lo más mínimo - Dijo el Comisionado -. Me aconsejaron que tuviese calma y que me asegurase de que llegaras a Manon sin novedad. Luego dijeron que tenían un navío operando en esta zona y que lo desviarían hasta Manon después de que tú llegaras.

_¿Un navío? - Preguntó Trigger.

- He visto unos cuantos de esos navíos... parecen montañas gigantescas voladoras. Son obras de arte del camuflaje. En realidad, superlaboratorios que viajan por el espacio, según tengo entendido. Este lleva a bordo un par de esos peces gordos y uno de ellos se encargará de ti. Debe llegar dentro de un día, poco más o menos.

Trigger había empalidecido.

- Sepa usted que ahora me siento algo impresionada - dijo.

- No me sorprende - afirmó el Comisionado.

La muchacha sacudió la cabeza.

- Bueno, si hay peces gordos, deben saber lo que se hacen - Le dirigió una sonrisa -. ¡Me parece que soy algo en extremo desusado! Como una molesta cultura planetaria... Vaya chiste - añadió.

El Comisionado ignoró el chiste.

- Hay otra cosa - dijo pensativo.

- ¿El qué?

- Cuando mencioné tus pocas ganas de ser entrevistada, me dijeron que no me preocupase... que ya no intentarías eludirles otra vez. Por eso me sorprendió que tú misma trajeses a la conversación ahora el asunto de la entrevista.

- Eso sí que es raro - admitió Trigger al cabo de una pausa -. ¿Cómo podrían saberlo?

- Bien - murmuró. Suspiró después -, Me imagino que ambos hemos perdido parte de nuestra capacidad. Yo he llegado casi a perder la paciencia con ellos en unas cuantas ocasiones... tuve la sensación de que me tenían como clavado y que me retenían información. Pero presumiblemente saben lo que se hacen - consultó su reloj -. A propósito la hora está a punto de finalizar ya.

- Bueno, si hay que discutir algo más, puedo faltar a mi cita para el almuerzo - dijo Trigger, aunque de mala gana -. Tuve ocasión de hablar con Brule en el espaciopuerto durante un rato, cuando llegamos esta mañana.

- No sugerí a eso - Dijo Holati -. Todavía hay cosas que discutir, pero unas cuantas horas, de un modo u otro, no importarán mucho. Nos reuniremos otra vez a la hora de almorzar, mañana. Luego se te informará muy bien de todos los puntos importantes de este asunto.

Trigger asintió.

- Estupendo.

- Lo que ahora pensaba era que esa gente del Servicio sugirió que después de tu llegada echases un vistazo a su último informe sobre ti. Tendremos bastante tiempo para hacerlo antes de que te vayas a tu cita. ¿Te importa?

-¡Pues claro que no! - Exclamó Trigger.

El transmisor lanzó señales reclamando atención mientras ella estaba estudiando el informe. Holati Tate fue a responder. El informe era bastante denso y Trigger estaba todavía en él cuando regresó el Comisionado. Holati se sentó otra vez y esperó.

Cuando por último la muchacha alzó la vista, preguntó el Comisionado:

- Sacaste algo en claro?

- No mucho - Admitió Trigger -. Sólo se afir­ma lo que parece haber ocurrido. No cómo o porqué. En apariencia consiguieron de mí que desarrollase un recuerdo total de aquel período de inconsciencia, y lo lograron en la última entrevista... incluso reporté haberle oído a usted y al doctor Azol moverse cerca y hablar en el compartimento antiguo.

El Comisionado asintió.

- Recuerdo bastante mi conversación con Azol para poder verificar esa parte.

- Entonces, algún tiempo antes de que yo me desmayase - Dijo Trigger -, ya estaba aparentemente en ese coma misterioso. Adentrándome en él. Empezó cuando me alejaba del grupo de Mantelish, sin tener ningún motivo particular para hacerlo. Me puse a pasear. Luego me encontré en otro compartimento sola y caminando y esa cosa comenzó a profundizar más y más, hasta que perdí el control físico de mí misma y me desplomé. Luego permanecí allí algún tiempo hasta que ustedes bajaron por el pasillo y me vieron. Y luego de que me recogiesen y me colocasen en la silla... con sencillez, todo se aclara. Excepto que no recuerdo lo que pasó y creí que acabábamos de dejar a Mantelish para buscarle a usted. ¡Ni siquiera me extrañé de verme sentada en un sillón!

El Comisionado sonrió brevemente.

- Es cierto. No te extrañaste.

Sus esbeltos dedos femeninos tamborilearon en las páginas del informe, la gran piedra del ani­llo, que él le había dado para que lo llevase, reflejó débiles fulgores luminosos.

- Parecen muy seguros de que nadie más se me acercó durante ese período. Y que nadie utilizó un rociador hipnótico sobre mí o me disparó una cápsula hipodérmica... nada por el estilo... antes de que el ataque, o lo que fuese, me dominara. ¿Cómo se imagina que pueden estar tan seguros?

- Me es imposible saberlo - Afirmó Holati, Pero creo que podemos presumir que tienen razón.

- Eso supongo. Lo que parece inquietarme es que dicen que sufría algo así como una profundísima descarga emocional, una agudísima disminución... de fuente todavía indeterminada, pero lo bastante honda como para dejarme sin sentido durante un rato. Sólo que también afirman que... por toda una larga lista de motivos... no podría haber sido, después de todo, una impresión emocional. Y cuando cesó el efecto, desapareció instantáneamente. Eso sería lo más opuesto al sistema en que se desarrollaría una descarga emocional, ¿verdad?

- Sí - admitió él -. También se me ocurrió, pero no me explico nada. Posiblemente si que se lo explicara al Servicio de Psicología.

- Bueno - murmuró Trigger -, no hay duda de que todo es muy raro. Desagradabilísimo, además - Dejó el informe en el brazo del sillón y miró al Comisionado -, creo que será mejor que me marche ya - Dijo -. Pero hubo algo que mencionó usted antes que me extrañó. Me refiero a que quedó muy poquito del doctor Azol después de que ese plasmoide acabara con él.

El Comisionado asintió.

- Cierto.

- No era Azol, ¿verdad?

- No.


-¡Hombre, oh, hombre! - Trigger se puso en pie de un salto, se inclinó sobre el sillón del Comisionado y le dio un rápido tirón de la oreja -. Si formulo una pregunta más, nos quedaremos aquí sentados durante el siguiente par de horas. ¡En vez de eso, echaré a correr! ¡Le veré a usted mañana a la hora de almorzar, Comisionado!

- De acuerdo, Trigger - contestó Holati, levantándose.

Cerró la puerta tras ella y volvió al transmisor. Su expresión era bastante infeliz.

- ¿Sí? - dijo una voz en el transmisor...

- Acaba de marcharse - Contestó el Comisionado Tate -. ¡Prepare el rayo y permanezca allí!
CAPITULO XVIII
- Bien dijo Trigger, mirando a Brule con aire crítico -, sólo quería decir que has engordado un poquito en ciertas partes, aunque lo disimules con el bronceado. De todas formas, reconozco que cuando estás vestido no se te nota.

Brule sonrió tolerante. Con pantalones cortos de baño y sandalias era evidentemente un hermosísimo ejemplar de joven humano y lo sabía. También lo sabía Trigger. También lo sabía un cuarteto de jovencitas que le miraban especulativamente desde una mesa a sólo seis metros de distancia.

- Vengo aquí a tomar el baño con frecuencia, desde que abrieron el Centro - Dijo él. Flexionó su brazo derecho y miró sus bíceps complacido -. ¡Estás contemplando, tesoro, unos músculos aerodinámicos!

Trigger extendió el brazo y hurgó los bíceps con la punta de su dedo.

- ¿Músculos? - preguntó, sonriéndole -. Sí está blando ¿no ves?

Brule puso su otra mano sobre las de ella y apretó con fuerza.

-¡Oh, cielos, Brule! - Exclamó la muchacha feliz -. ¡Me alegro mucho de haber vuelto!

El joven le dirigió una sonrisa.

-¡Pues no eres la única en alegrarse!

Trigger miró a su alrededor, runruneando por lo bajo. Estaban cenando en uno de los restaurantes del Centro de Gran Comercio. Este quedaba bajo la superficie del lago artificial instalado en dicho Centro... una gigantesca gruta rodeada por precipicios de un verde oro con agua a cada lado. Los buceadores y los que caminaban por el fondo cruzaban más allá de los amplios ventanales. Un reguero de rapidez plateada, contra la superficie oscura de un cañón rojo ante ella, trataba de escapar de un trío de pescadores subacuáticos que lo perseguían. Incluso los peces del lago eran importaciones del Hub, anunciadas como tales por el Centro.

Los ojos de ella se desorbitaron de pronto.

-¡Eh! - Exclamó.

- ¿Qué?

-¡Ese grupo de personas allá!



Brule le miró.

- ¿Qué tienen de raro?

-¡Estúpido, no llevan trajes!

Brule sonrió.

- Oh, hay muchos que lo hacen. Lo acepta la ley de la Federación, ya sabes. Y viendo a Manon tan cerca de convertirse en territorio abierto de la Federación no hemos tratado de obligar a cumplir los decretos menores de Precol, por lo menos últimamente.

- Bueno... - Comenzó Trigger. La joven siguió sonriendo. De pronto la muchacha preguntó -: ¿Lo has estado practicando tú también?

- ¿Te refieres a nadar en cueros? Seguro. Depende de la compañía. Si tú no fueses tan puritana, esta noche te lo habría sugerido. ¿Quieres que lo probemos más tarde?

Trigger se ruborizó. Otra vez puritana, pensó. - No - Dijo -. Hay límites.

Brule le acarició la mejilla.

- Tú estarías monísima.

La joven sacudió la cabeza, dándose cuenta de una pequeña sensación de culpa. Tapaba en realidad menos el Traje Beldon que el diminuto dos piezas que hacía juego con los pantalones plateados de Brule y que ella llevaba en aquel instante. Tendría que contarle a Brule lo del Beldon, puesto que era más que probable que se enterase por otros... por Nelauk Pluly, por ejemplo.

Pero ahora no. En estos instantes las cosas marchaban a lo largo de una línea un poquito delicada.

- Cambiemos de conversación, cerdito - Dijo animosa -. Cuéntame qué otra cosa más has estado haciendo, aparte de adquirir un hermoso bronceado.

Un par de horas después las cosas volvieron a tomar un aire delicado. La misma conversación. Trigger se sobresaltó en cierto modo ya en el espaciopuerto cuando Brule le dijo que había trasladado su domicilio a un apartamento del centro y que una buena cantidad de ejecutivos de Precol se tomaban libertades similares. La rigidez de Holati, al ser sustituido por el Comisionado Suplente Chelly, se relajó bastante y su sucesor no tuvo demasiado éxito conservando un personal disciplinado.

Pero no dijo nada. Era cierto que Manon seguía siendo un planeta precolonial sólo técnicamente. No sabían tanto acerca de aquel mundo como debieran saber antes de darle la autorización oficial para que recibiese colonización sin restricciones, pero ya surgían excusas considerables que permitían aflojar muchas de las medidas precautorias iniciales. Por un detalle, existían tantas personas del Hub en la actualidad y en los alrededores que habría sido prácticamente imposible obligar a cumplir todas las reglas de Precol.

Lo que principalmente le preocupaba, en el asunto del apartamento de Brule en el Centro, era que se podía terminar la velada menos agradable de lo que ella deseaba. Brule se había convertido en un poquitín atrevido. No del todo ofensivo, pero tenía ya tendencia a demostrar sus oscuras ambiciones. Y durante las pasadas pocas horas advirtió que algo había cambiado en la actitud de su novio hacia ella. Siempre se mostró confiado en sí mismo en cuanto se refería a las mujeres, así que no era eso. Quizá fuere, pensó Trigger, como un ultimátum no formulado a lo largo de estas características. Y se sintió como congelada un poquito en respuesta al pensamiento.

El apartamento era hermosísimo. Ella se imaginó que sería cosa de Nelauk. O de alguien por el estilo. Los gustos de Brule eran buenos, pero simplemente no se le habría ocurrido pensar en una gran cantidad de detalles aquí presentes. Tampoco, admitió Trigger, habría pensado ella. Algunos de esos detalles parecían carísimos.

Brule volvió a la sala de estar luciendo una bata, llevando un par de bebidas. La cosa adquiría un torpe aspecto, sin duda.

- ¿Te gusta? - Preguntó el joven, señalándolo todo en un gesto con la mano.

- Es hermoso - contestó Trigger con sinceridad. Sonrió. Dio unos sorbos a la bebida y la colocó en el brazo del sillón -. ¿Te ayudó algún decorador de interiores?

Brule soltó una carcajada y se sentó frente a ella, con su vaso. La risa sonó por lo menos un poquito enojada.

- Tienes razón - contestó -. ¿Cómo lo sospechaste?

- Porque nunca te vi partidario del arte - aclaró la muchacha -. Y esta habitación es una obra de arte.

Brule asintió. No parecía ya enojado.

- ¿Verdad que sí? - Dijo -. Pues no me costó mucho. Lo único preciso es saber hacer las cosas.

- ¿Saber hacer las cosas? - Preguntó Trigger.

- Saber vivir - Continuó Brule -. Saber que es todo esto. Luego lo demás resulta fácil.

La miraba. Sonreía. La voz cálida y rica estaba presente. Todo el viejo encanto estaba presente. Eso era Brule. Y no lo era. Trigger se dio cuenta de que estaba retorciendo las manos. Se las miró. La pequeña joya en el anillo que Holati Tate le diera para que lo llevase parpadeó con reflejos carmesí.

¡Carmesí!

La joven suspiró hondo.

- Brule - dijo.

- ¿Sí? - Contestó Brule. Por el rabillo del ojo vio la sonrisa de su novio adquiría un aspecto ansioso.

- Dame el plasmoide - dijo Trigger. Alzó los ojos y le miró. Brule dejó de sonreír.

El joven la miró largo rato. Por lo menos eso le pareció a Trigger. De pronto recobró la sonrisa.

- ¿Qué se supone que quieres decir? - preguntó, casi placenteramente -. Si es un chiste, no lo entiendo.

- Simplemente dije «dame el plasmoide» - repitió con cuidado Trigger -. El que robaste.

Brule dio un trago de su bebida y dejó el vaso en el suelo.

- ¿No te encuentras bien? - preguntó solícito.

- Dame el plasmoide.

- Con sinceridad, Trigger - sacudió la cabeza. Rió -. ¿De qué hablas?

- De un plasmoide. El que tú tienes. El que tienes aquí.

Brule se puso en pie. La miró a la cara, parpadeando, turbado. Luego soltó una sonora carcajada.

-¡Trigger, has bebido demasiado! Jamás creí que me permitieses ofrecerte tantas copas. Sé sensata ahora... ¿si yo tuviese un plasmoide aquí, cómo ibas a saberlo?

- Puedo saberlo. Brule, no deseo conocer cómo lo cogiste o por qué. Eso no me importa en realidad - y era mentira, pensó Trigger con desmayo. Sí le importaba -. Simplemente dámelo y lo devolveré. Ya hablaremos después.

- Después - murmuró Brule. Volvió a reír, pero ahora con un tono algo falso. Avanzó un paso hacia ella, volvió a detenerse, las manos en las caderas. Dijo muy serio -: Trigger, si alguna vez hice algo que tu podrías no aprobar, fue en bien de ambos. Te das cuenta de eso, ¿verdad?

- Creo que si - Dijo Trigger alerta -. Sí. Dámelo, Brule.

Brule saltó sobre ella. La muchacha se lanzó de costado fuera del sillón y cayó al suelo. En su interior lloraba, según comprendió vagamente. Brule, si podía, iba a matarla ahora,

Trigger le cogió el pie izquierdo con ambas manos mientras caía y lo retorció con violencia.

Brule gritó algo. Su rostro rojo y furioso pasó volando por encima. Se desplomó en el suelo junto a ella, una pierna caída por encima de los muslos de la muchacha, grotescamente retorcida.

En la Escuela Colonial Brule recibió el mismo adiestramiento básico en combates sin armas que Trigger. Pesaba casi cuarenta kilos más que la muchacha y ese exceso de peso se debía casi principalmente a los músculos. Pero ya habían pasado cuatro años desde la última vez que se molestó en asistir a los entrenamientos periódicos.

Y no había asistido a los últimos cursos que recibían de Mihul los estudiantes adelantados.

Permaneció consciente poco más de nueve segundos.

Los plasmoides estaban en una caja fuerte electrónica construida dentro de un armarito de música. La clave para abrir la caja se hallaba en la billetera de Brule

Eran tres, del tamaño de un ratón, pedazos de gelatina incolora, dura, translúcida. No se movían.

Trigger los colocó en fila sobre la pulida superficie de una mesita y parpadeó mirándoles con su lloroso ojo izquierdo. El derecho estaba cerrado e hinchado. Brule logró propinarle un manotazo mientras duró la breve pelea. La joven cogió un tarro pequeño, lo vació de su contenido que era una clase de polvo que olía a especies, dejó caer los plasmoides dentro, cerró el tarro y se fue del apartamento, llevándoselo. Brule comenzaba a agitarse y gemir.

El Comisionado Tate no se había retirado todavía. La dejó pasar sin decir palabra. Trigger puso el tarro sobre una mesa.

- Ahí dentro tiene a tres de sus bichitos - dijo.

Tate asintió.

- Lo sé.

- Me lo imaginaba - Contestó Trigger -. Gracias por esa cura tan rápida. Pero de momento no le siento mucha simpatía Holati. Ya hablaremos de eso por la mañana.

- De acuerdo - dijo el Comisionado. Dudó -: ¿Hay que hacer algo antes de mañana?

- Ya está resuelto - Contestó Trigger -. Uno de nuestros empleados ha sufrido lesiones leves. Llamé a los médicos para que le recogiesen. Lo han hecho. Buenas noches.

- Deberías permitirme curarte ese ojo - Dijo el Comisionado.

Trigger sacudió la cabeza.

- Tengo un botiquín en mis habitaciones.

Se encerró en su cuarto, sacó un tarro de untura de curación rápida y se colocó el producto en el ojo y en unas cuantas moraduras menos importantes. Apartó el tarro, efectuó una revisión mecánica de los aparatos antiintrusíón recientemente instalados, disminuyó las luces y se metió en su cama. Pasó los siguientes veinte minutos llorando violentamente. Luego se durmió.

Una hora más tarde, poco más o menos, se volvió de costado y dijo sin abrir los ojos:

-¡Vuelve, Fido!

El bolso del plasmoide apareció precisamente por encima de la superficie de la litera, entre la almohada de Trigger y la pared. Cayó con un golpe pequeño y permaneció en equilibrio inestable. Trigger siguió durmiendo.

Cinco minutos después de eso, el bolso se abrió por sí mismo. Algo más tarde, Trigger de pronto agitó intranquila su hombro, frunció el ceño y emitió un grito medio colérico, medio de sollozo. Luego su rostro permaneció inexpresivo. Su respiración adquirió un aspecto más tranquilo y lento.

El mayor Heslet Quillan, de los Ingenieros del Subespacio entró en el espaciopuerto del planeta Manon a primeras horas de la mañana. Un aerocoche de Precol le recogió y le llevó hasta una plataforma de la cúpula del Cuartel General cerca de los despachos del Comisionado Tate. Quillan se dirigió hacia estas oficinas a través de una serie de enlaces y llegó a la puerta cuando se abría y la cruzaba Trigger Argee.

La cogió cordialmente por los hombros y la saludó animoso. Trigger emitió una especie de suave gruñido con su garganta. Su mano izquierda golpeó a la derecha del mayor, la derecha de la muchacha hizo lo mismo con la izquierda del hombre. Quillan gruñó y la soltó.

- ¿Qué te pasa? - preguntó, retrocediendo. Se frotó - Un brazo, luego el otro.

Trigger le miró, volvió a gruñir, pasó junto a él y desapareció por otra puerta, muy tiesa.

- Entra, Quillan - Dijo el Comisionado Tate desde el interior del despacho.

Quillan obedeció y cerró la puerta a su espalda.

- ¿Qué es lo que hice? - Preguntó azorado.

- No mucho - Respondió Holati -. Acabas de compartir la desgracia de ser un macho de la raza humana. De momento, Trigger está contra ellos. Destrozó anoche todo el tinglado que se había montado Brule Inger.

-¡Oh! - Quillan se sentó. Dijo -: Jamás me gustó mucho esa idea.

El Comisionado se encogió de hombros.

- Todavía no conoces a la chica. Si hubiese detenido a Inger yo mismo, jamás me lo habría perdonado. Tuve que dejar que ella misma lo resolviera. En realidad, ahora lo comprende.

- ¿Qué tal fue?

- Su escolta informó que resultó una estupenda pelea, aunque infernal, pero que duró escasos segundos. Si la hubieses mirado más de cerca, podrías haber distinguido las huellas de los golpes que le propinó Inger. Anoche tenía muy mal aspecto.

- Pero si piensas tener unas palabritas con Inger revisa esa idea y renuncia - Continuó el Comisionado. Miró el informe que había recibido del departamento médico y que estaba sobre el escritorio -. Hombro dislocado... pulgar roto... conmoción moderna, etcétera. Fue el golpe en la garganta lo que acabó con la reyerta. Todavía no puede hablar. Tendremos que esperar.

Quillan gruñó.

- ¿Y qué piensan hacer con él ahora?

- Nada - Respondió Holati -. Conocemos a sus contactos. ¿Por qué molestarnos? Dimitirá a fines de mes.

Quillan se aclaró la garganta y miró de reojo a la puerta.

- Supongo que la chica querrá rehabilitarlo... parece muy encariñada con él.

- Calma, hijo - Dijo el Comisionado -. Trigger es individualista. Si Inger lucha por la rehabilitación, será porque lo desee él. Y, claro, no lo desea. Ser un zoquete le queda estupendamente. Lo malo es que tendrá qué ser más precavido en el futuro. Así que le dejaremos que siga dando gusto a su carácter. Ahora... vayamos al asunto. ¿Está muy surtido el harén del yate de Pluly?

Una sonrisa reminiscente se extendió despacio por el rostro de Quillan. Sacudió la cabeza.

-¡De manera terrible, hermano! - Exclamó -. ¡Muy terrible!

- ¿Captaste algo útil?

- Nada definido. Pero cada vez que Belchy sale de sus trances estéticos, se le ve preocupado. Hay que contar con él en este asunto.

- ¿Seguro?

- Sí.


- De acuerdo. Contamos con él. ¿No ha habido todavía ningún resquebrajamiento en el Aurora?

- No - repuso Quillan -. Las chicas están trabajando en ello. Pero la Ermetyne tiene un navío muy tenso, con una tripulación disciplinadísima. Dentro de una semana tendremos a un par de esos muchachos bien envueltos. Antes no.

- Una semana quizá sea bastante pronto - dijo el Comisionado -, Pero también puede que no lo sea.

- Lo sé - repuso Quillan -. Pero el Aurora no parece muy evidente, ¿verdad?

- Sí - reconoció Holati Tate -. Tienes razón.
CAPITULO XIX
Para la hora del almuerzo, Trigger volvía a comportarse otra vez casi cordial.

- Ya tengo preparado mi trabajo de Precol - informó a Holati Tate Lo realizaré como solía hacerlo, si es que puedo. Cuando no pueda, los muchachos conectarán el trabajador automático - Los muchachos eran cinco ayudantes entre los que se repartió su tarea durante su ausencia.

- El mayor Quillan me llamó alrededor de las diez desde el laboratorio de Mantelish - Continuó la muchacha -. Deseaban ver a Repulsivo, así que le subí hasta allí. Luego resultó que Mantelish quería llevarse a Repulsivo en un viaje por el campo esta tarde.

Holati parecía asombrado.

- No puede hacerlo y lo sabe - Extendió la mano para manejar el transmisor de su escritorio.

- No se moleste, Comisionado. Dije a Mantelish que estaba yo al cargo de Repulsivo y que perdería el brazo si trataba de salir del laboratorio llevándoselo.

Holati se aclaró la garganta,

-¡Comprendo! ¿Cómo reaccionó Mantelish?

- Oh, rezongó un poquito, como siempre. Luego se calmó y asintió, accediendo a marcharse sin Repulsivo. Así que permanecimos cerca mientras medía y pesaba la cosa, etcétera. Después se mostró amistoso y dijo que usted le había pedido que me instruyese sobre la actual teoría plasmoide.

- Es cierto - dijo Holati -. ¿Te instruyó?

- Creo que lo intentó. Pero es como usted dice. Me perdí a los tres párrafos y ya no logré alcanzarle - Miró curiosa al Comisionado -. No tuve ocasión de hablar a solas con el mayor Quillan, así que me pregunto por qué se le dijo a Mantelish que la Primera Flota de la zona Vishni está a la caza de planetas que tengan plasmoides. Yo creí que usted opinaba que el científico es un hombre demasiado distraído para ser de confianza.

- No podíamos ocultarle ese hecho - contestó Holati -. Fue el primero en tener tal idea.

- Pero sí pudieron haberle dicho que no la encontraron factible, ¿verdad?

- Por desgracia no fue así. Hace un mes que posee esos detectores de plasmoides, pero no los había mencionado. La razón de que iba a volver originalmente a Manon era para elegir personal de las flotas que han sido enviadas hasta aquí. Es un grupo singular de bajas formas de vida, el más singular que he visto jamás, pero no plasmoide. Mantelish tuvo un arranque de genio y quiso saber por qué aquellos estúpidos no utilizaban detectores,

--¡Oh, Dios! - Exclamó Trigger.

- Así ocurre cuando se trabaja con él - Dijo el Comisionado -. Comenzamos a fabricar detectores a gran escala y a enviarlos allí fuera, pero todavía no han llegado los nuevos resultados,

- Bueno, eso lo explica - Trigger miró al escritorio durante un momento, luego aguantó la fría mirada del Comisionado. Se ruborizó ligeramente.

- De manera incidental - dijo -, tuve ocasión de excusarme ante el mayor Quillan por darle un par de golpes esta mañana. No debí hacerlo.

- No parecía ofendido - afirmó Holati.

- No, realmente no - asintió la muchacha.

- Yo le expliqué que tenías bonísimos motivos para sentirte conturbada.

- Gracias - repuso Trigger -. A propósito, ¿acaso es cierto que antaño fue contrabandista? ¿Y salteador?

- Sí... y tenía mucho éxito. Es una tapadera excelente para algunas fases del trabajo de Inteligencia. Según tengo entendido, sin embargo, Quillan logró destruir una de las bandas criminales que comerciaban en droga más peligrosas del Hub y fue degradado en dos cargos de su rango.

- ¿Degradado? - Exclamó Trigger -. ¿Por qué?

- Interferencia desautorizada en una situación política. Los Exploradores son duros en eso. Se supone que uno comprende esas cosas. Hay veces en que no ocurre así. En ocasiones hay tipos que siguen adelante, de todas las maneras. Pueden darte palmaditas en la espalda en particular, pero también son capaces de darte un hachazo.

- Comprendo - dijo. Sonrió.

- ¿Dónde nos quedamos en lo que hablábamos durante nuestra reunión de ayer? - preguntó el Comisionado.

- Decía usted que los restos no eran del doctor Azol - Contestó Trigger.

________________
De no haber sido por el chocante asunto de Trigger, dijo Holati, no se habría mostrado inmediatamente escéptico en la presunción de que el plasmoide se tragó a casi todo el doctor Azol durante un ataque de trombosis inducida que le dejó inconsciente. No existían indicaciones previas de que la Liga U protegiese con pantallas a los científicos, en relación con el hallazgo plasmoide y que si éstas existían no debieron haber sido estratégicamente colocadas desde el principio.

Pero tal como iban las cosas, consideró el acontecimiento con notable escepticismo. La muerte del doctor Azol, en esa forma particular, parecía demasiada coincidencia. Porque, además de él mismo, sólo Azol sabía qué otra persona ya perdió la conciencia súbita y misteriosamente en Harvest Moon. Sólo Azol, por tanto, podía esperar que el Comisionado informase en secreto a los investigadores oficiales del incidente ocurrido, llegándose así la teoría de la muerte incidental del caso de Azol con mucha más limpieza que lo que indicara el presunto ataque al corazón.

El Comisionado siguió desde allí hasta la reflexión de que sí Azol había elegido desaparecer, pudo ser también con la intención de llevar importante información secreta a alguien que la esperase en el Hub. Procuró entonces que se conservaran los restos y que la palabra de lo que podía haber ocurrido circulase hasta el alto oficial de la Federación en quien podía confiarse. No podía hacer nada más, ni tampoco estaba interesado en realizarlo personalmente. Los hombres de Seguridad no tardaron en venir y se llevaron los supuestos vestigios del cuerpo del doctor Azol hasta el Hub. - No fue hasta unos cuantos meses después, cuando las cosas se animaron y me destinaron a esta tarea, cuando tuve más noticias - dijo Holati Tate -. No era Azol. Era parte de algún cadáver no identificable que, con toda presunción, trajo consigo para tal uso. De todas las maneras, tenían registro de los genes de Azol y no pudieron ser engañados.

El transmisor de su escritorio sonó y Trigger tomó un auricular que permitía la escucha.

- Argee - Dijo. Escuchó durante un momento -. Está bien. Ya voy - Se puso en pie, colgando el auricular. Explicó -: un lío en el despacho. Me imagino que creen que ahora estoy holgazaneando. Volveré tan pronto esté todo aclarado. Oh, a propósito...

- ¿Sí?


- El navío del Servicio Psicológico envió un mensaje durante la mañana. Llegará dentro de veinticuatro horas y quiere que se le asigne un aparcamiento al exterior del Sistema, en donde no sea probable que llame la atención. ¿Es un barco tan grande como se dice?

- He visto uno o dos mayores - Dijo el Comisionado -. Pero no mucho.

- Cuando se hayan estacionado, enviarán a alguien en una chalupa para recogerme.

El Comisionado asintió.

- Me encargaré de preparar las cosas. ¿Sigue molestándote la idea de la entrevista?

- Bueno, preferiría que no fuese necesaria - Admitió Trigger -. Pero creo que lo es - sonrío brevemente -. ¡De todas formas, algún día podré decir a mis nietos que una vez hablé con un verdadero cabeza redonda!

La mujer del Servicio Psicológico que se levantó de un diván cuando Trigger entró en la pequeña salita de estar del espaciopuerto, a la, tarde siguiente, parecía exactamente igual a la ayuda del Mayor Quillan en el Ciudad Alba, a Gaya. De pie, uno podía reparar en que era considerablemente más esbelta que Gaya. Pero tenía todo el buen aspecto de la joven agente.

- Me llamo Pilch - Dijo, Miró a Trigger y sonrió. La sonrisa era buena, pensó Trigger; no el gasto profesional que esperaba. Continuó -: y quienes conocen a Gaya piensan que debemos ser gemelas.

Trigger soltó una carcajada.

- ¿Y no lo son?

- Sólo primas carnales - la voz era también adecuada, clara y fácil. Trigger en cierto modo se sintió relajada -. Por ese motivo me eligieron para que viniese a por usted. Ya casi nos conocemos. Otro detalle es que se me asignó para que le hiciese pasar el trabajo preliminar de su entrevista después de que lleguemos al navío. Charlemos un rato durante el camino y eso hará que las cosas parezcan menos desagradables. La lancha es aquel aparato rápido que está allí aparcado.

Comenzaron a cruzar un breve pasillo en la zona de aparcamiento.

- ¿Va a ser muy desagradable? - preguntó Trigger.

- En su caso no tan malo. Está usted acondicionada al proceso más de lo que se imagina. Su entrevistador sólo reanudará la investigación allá donde terminó el último trabajo y seguirá a partir de entonces. Será ese momento, cuando tendrá usted que pasar a través de las barreras, lo que le causará alguna molestia.

Trigger seguía aún meditando en aquello cuando avanzó delante de Pilch y entró en la nave pequeña con doble morro de aguja y aparcado de costado. Pilch la siguió y cerró la escotilla.

- Ese otro aparato es un avión de combate - Observó -. Nos escoltará. ¡El Comisionado Tate se aseguró de que lo hiciera! - Hizo un gesto a Trigger mostrándole un bajo y suave asiento que ocupaba la mitad del espacio de la diminuta habitación interior, se sentó junto a ella y habló por un amplificador de pared. Todo listo. ¡En marcha!

El firmamento azul verdoso parecía moverse pasando junto a ellas en la pantalla visora del cuartito; luego un panorama inclinado pareció huir y caer. Pilch guiñó el ojo a Trigger.

-¡Despega este muchacho como un halcón asustado! ¡Hará una carrera hasta el navío con el aparato de combate! En lo concerniente a esas barreras. Supóngase que le digo algo por el estilo

No hay invasión significativa de la intimidad en esta línea de trabajo. Vamos directamente a por la información específica que buscamos y sólo nos ocupamos de eso. Su vida privada, sus pensamientos personales, permanecen secretos, sagrados e inviolables. ¿Qué le parece?

- Pues me parece que son ustedes unos embusteros - Se apresuró a decir Trigger.

- Claro. Algunas veces se suele decir esa clase de cosas a los entrevistados nerviosos. No nos molestaremos siguiendo la pauta. Pero ahora, supóngase que le digo, con la máximo sinceridad, que no se realizará ninguna grabación del menor atisbo personal que podamos conseguir.

- Vuelve a mentir.

- Otra vez tiene razón - Confesó Pilch -. Se le ha escrutado tan concienzudamente como se haya podido hacer jamás con cualquier persona, fuera de una terapia total. Sus secretos personales ya están registrados y, puesto que voy hacer la mayor parte del trabajo preparatorio en su compañía, he estudiado los que tienen aspecto significativo con mucha atención. Es usted una estupenda persona, se lo aseguro. ¿De acuerdo?

Trigger estudió el rostro de su interlocutora con cierta incomodidad.

Era difícil estar de acuerdo, pero...

- Me imagino que puedo soportarlo - Dijo -. Por lo menos, en lo que a usted respecta - Dudó - ¿Cómo es el cabeza redonda?

- ¿El viejo Cranadon? - Preguntó Pilch -. Me parece que usted no le importa ni pizca. Es del viejo tipo muy maternal. Primero vayamos con los preparativos y luego se lo presentaré. Aunque, le confieso, es una mujer. Si opina que se sentirá más cómoda, permaneceré presente mientras ella trabaja. He asistido ya a entrevistas con ella. ¿Qué le parece?

- Bastante mejor - contestó Trigger. Se sentía mucho más aliviada.

Al poco se deslizaban por el interior de la escotilla en forma de túnel del vehículo espacial que Holati Tate describió como una montaña voladora. Por lo que Trigger pudo ver, según las luces guía, tenía una semejanza bastante próxima a una enorme montaña de tipo irregular y rasgado. Cruzaron una serie de portales, ascensores y pasillos y serpentearon hasta llegar a una habitación pequeña, de suave iluminación, con un escritorio de tamaño menos que regular, un diván muy grande, una enorme pantalla - Pared y diversos aparatos. Pilch se sentó tras el escritorio e invitó a Trigger a ponerse cómoda en el diván.

Trigger se tumbó en el diván. Notó una brevísíma sensación como de caer suavemente a través de la semioscuridad.

Media hora más tarde continuaba sentada en el mismo mueble. Pilch encendía una luz del escritorio y la miraba pensativa. Trigger parpadeó. Luego sus ojos se desorbitaron, primero con sorpresa, luego por comprensión.

-¡Embustera! - Exclamó.

- Humm - murmuró Pilch -. Sí.

-¡Eso fue la entrevista!

- Cierto.

-¡Entonces usted es la cabeza redonda!

-¡Tcha! - exclamó Pilch -. Bueno, creo que modestamente podría describirme como una persona así. En efecto. Usted también es otra, a propósito. Somos igual de inteligentes, pero en campos distintos. No somos muy desemejantes.

- En esto se mostró muy lista - afirmó Trigger. Apartó las piernas del diván y miró a Pilch dudosa. Pilch sonrió.

- Sirvió para privarla de lo más desagradable del asunto, ¿verdad?

- Sí - reconoció Trigger -. Lo hizo. ¿Y qué haremos ahora?

- Ahora - dijo Pilch -, me explicaré.

La cosa que llamó su atención era un proceso bastante sencillo. Sucedía que el Servicio de Psicología no había observado anteriormente desarrollarse tal proceso bajo tan particulares circunstancias.

- He aquí lo que consiguieron nuestros investigadores la última vez - Dijo Pilch -. Líneas y líneas de material, claro. Pero hay una simple continuidad que lo aclara. Su madre murió cuando usted tenía seis meses. Luego hay unas cuantas enfermeras a las que usted no quería demasiado. Buenas enfermeras, pero, con franqueza, demasiado estúpidas para usted, aunque le era imposible darse cuenta y a ellas también, naturalmente.

Luego, cumple usted siete años... un poco crecidita... y hay una charca con barro en la granja próxima a Ceyce en donde pasa usted sus vacaciones. Adora usted aquella vieja charca de barro.

Trigger soltó la carcajada.

-¡Un agujero maloliente, en verdad! Lleno de cosas parecidas a las ranas. Fui a aquella granja hace seis años, sólo para echar un vistazo. Pero tiene razón. Entonces me gustaba muchísimo la charca del barro.

- Hasta aquel séptimo verano - Dijo Pilch -. Que fue cuando la prima de su padre pasó sus vacaciones en la granja, con usted.

Trigger asintió.

- Quizá. No recuerdo con exactitud la época.

- Bueno - Continuó Pilch -, era una mujer brillante. En ciertos aspectos. Tenía casi la edad que su madre cuando murió. Además era guapa. ¡Y también amable! Jugaba con una niñita, la cantaba. Le narraba historias. La mimaba.

Trigger parpadeó.

- ¿De veras? No...

- Sin embargo - Dijo Pilch -, no jugaba, ni contaba historias, ni mimaba, etc., a las niñas que... - Su voz se hizo de pronto fina y cortante -... ¡«venían sucias y malolientes de aquella asquerosa charca de barro!».

Trigger parecía sobresaltada.

-¡Mire, creo recordar oírle decir eso... con las mismas palabras! - exclamó.

- Usted lo recuerda ahora - Afirmó Pilch.

Tras aquel verano no volvió a verla jamás. Su padre era muy sensato. No se casó con ella, como en apariencia intentaba hacer antes de ver cómo se llevaba con usted, Volvió a la vieja charca de barro una sola vez más, en sus siguientes vacaciones. Ella no estaba allí. ¿Qué es lo que había hecho? Chapoteó alrededor, sintiéndose muy triste. Y entonces pisó una ramita rota y afilada y se hizo un profundo corte en el pie. Era una especie de autocastigo.

Pasó unas cuantas páginas del historial que tenía en el escritorio.

- Ahora, antes de que empiece a preguntar qué había de interesante en eso, pasaré por alto unos cuantos párrafos bastante complicados. Su edad es ya doce años. Tenemos a ese animal de Maccadon parecido a una medusa de secano... el mingo, ¿no?... que se tragó a su gatito,

-¡El mingo! - Exclamó Trigger -. Lo recuerdo. Sé que le maté.

- De acuerdo. Lo destrozó a patadas y sacó el gatito. Pero el animal estaba muerto y parcialmente digerido. Lloró todo el día y la mitad de la noche.

- Supongo que sí.

- Lo hizo. Ahora hay dos puntos centrales. Existe otro material relacionado con ellos. No es preciso entrar en detalles. Mientras iba a clase. usted ha pisoteado de vez en cuando cosas que se agitaban o se deslizaban. Malos olores, etcétera. ¿Qué siente usted acerca de los plasmoides?

Trigger frunció la nariz.

- Sólo creo que son cosas desagradables. Todos excepto...

¡Oops! Se contuvo.

-...Repulsivo - Continuó Pilch- Todo va bien con respecto a Repulsivo. Estamos informados de ese bichito supersecreto que usted guarda. Si no se nos hubiese dicho, es natural que lo hubiéramos sabido. Adelante.

-¡Bueno, es algo raro! - observó Trigger pensativa -. Acabo de decir que creo que los plasmoides son bastante desagradables. Pero eso es lo que sentía hacia ellos. Ahora ya no experimento la misma sensación.

- Excepto también - Dijo Pilch -, en lo que concierne a esa pequeña monstruosidad del navío. Si era un plasmoide. Usted sospechaba que lo fuese , ¿verdad?

-¡Eso sería una malísima cosa!

- Malísima - corroboró Pilch -. Usted siente ahora por los plasmoides en general lo que experimentaba hacia las patatas... las piedras... las cosas naturales, ¿verdad?

- Poco más o menos - afirmó Trigger. Aún parecía turbada.

- Pasaremos a lo que parece haber cambiado su actitud en poco menos de un minuto. Aquí hay otra cosa.., - Pilch hizo una breve pausa, luego añadió -: anteanoche, casi una hora después de que se hubiese ido usted a la cama, experimentó un ligerísimo ataque del mismo sistema de negrura mental que sufrió en aquella estación plasmoide.

- ¿Mientras estaba dormida? - Preguntó Trigger, asombrada.

- Eso mismo. Comparativamente ligerísimo, brevísimo. De cinco a seis minutos. Actividad del sueño, etcétera, todo borrado con algo bloqueando las diversas líneas sensoriales. Luego, sueño normal quizá hubiese otro contacto de un minuto de duración del mismo estilo. Demasiado breve para quedar en la actualidad definible. Como máximo de unos pocos segundos. La cuestión es que se trata de un proceso continuado.

- Supongo que no estará usted alarmada particularmente, ¿verdad?

Se quedó mirando a Trigger durante un momento.

- No - Contestó Trigger y añadió -: sólo que me parece rarísimo Me sentí algo asustada cuando el Comisionado Tate me dijo por primera vez lo que había estado sucediendo.

- Sí, lo sé.
CAPITULO XX
Pilch guardó otra vez silencio durante algunos momentos, mirando a la pantalla pared, como si pensase en algo relacionado con ella.
- Bueno, dejemos eso por ahora - Dijo finalmente -. Permítame decirla lo que ha estado su­cediendo estos meses, comenzando con aquella primera amnesia... con aquel desmayo en Harvest Moon. La Escuela Colonial de Maccadon tiene buenos cursos de psicología básica, así que no me será preciso adentrarme en demasiadas explicaciones. La relación entre esos incidentes que mencioné y su primera sensación de disgusto hacia los plasmoides resulta obvia, ¿verdad?

Trigger asintió.

- Bien. Cuando sufrió usted la primera revisión del Servicio, a petición del Comisionado Tate, había muy poco a donde agarrarse. La amnesia no se disipó inmediatamente... cosa que no es muy rara. El desvanecimiento podía ser interesante dadas las circunstancias. Por otra parte, la revisión mostró que usted estaba mucho mejor que en su condición normal. Fuera de un proceso total de terapia... y creo que ya sabe que se trata de algo largo... no se puede hacer mucho por usted y tampoco había motivo particular para hacerlo. Así que un proceso resolutor de la amnesia se inició y se le dejó tranquila durante una temporada.

»Entonces ya sucedía algo por aquellos tiempos, pero no se localizó hasta su siguiente revisión. Lo que sumaba el total ha sido de relativa insignificancia, pero de una precisión extrema y aparentemente propio de un proceso de terapia orientada. Sus recuerdos inconscientes de aquellos agrupamientos de incidentes de que le hablaba, junto con diversos grupos entrelazados, han quedado poco a poco aclarados. Se ha extrañado toda emoción, se han fijado en evaluaciones que habían empezado a desvanecerse. Se han intercambiado líneas de asociación.

»Ahora, eso no tiene nada de notable en sí mismo. Cualquier buen terapista pudo haber hecho idéntica cara por usted y con mayor rapidez. Digamos que en pocas horas de duro trabajo, extendiéndose por varias semanas para permitir la asimilación progresiva, sin disturbancias conscientes. La cosa muy interesante es que este pequeño proceso ordinariamente parece resolverse por sí solo. Y que aquí no se da tal caso. ¿Se siente ahora disturbada?

Trigger asintió.

- Un poquito. Principalmente me pregunto por qué alguien desea que no sienta antipatía hacía los plasmoides.

- Lo mismo me pregunto yo - Dijo Pilch -. Alguien lo hace, con toda evidencia. Y es un alguien bastante sinuoso. Ya lo descubriremos incidentalmente, este aspecto particular del asunto ha quedado terminada. En apariencia, alguien no intenta que no sienta usted furia hacia los plasmoides. Le basta con que no les tenga antipatía.

Trigger sonrió.

-¡No puedo imaginarme que nadie haga que me ponga frenética hacia esas cosas, por mucho que lo intente!

Pilch asintió.

- Puede hacerse - Dijo -. Con bastante facilidad. Usted lo pasaría mal, claro, pero eso es muy diferente de un proceso de simple neutralización como el que hemos estado discutiendo... ahora hay otra cosa más. Usted se mostraba muy infeliz en lo referente en este asunto durante una temporada. Eso no es culpa de alguien. Éramos nosotros los culpables. Me explicaré.

»Sus investigadores pudieron haber interferido con el pequeño proceso de terapia en una buena cantidad de maneras. Eso no les habría enseñado nada, así que no lo hicieron. Pero en su tercera revisión encontraron otra cosa más. De nuevo, no resultaba obstrusiva en lo más mínimo; el alguna otra persona quizá la hubiesen dejado pasar por alto. Pero no encajaba en absoluto con sus sistemas importantes de personalidad. Usted deseaba permanecer en donde se encontraba.

- ¿Permanecer donde me encontraba.

- En el Sistema Manon.

-¡Oh! - Trigger se ruborizó un poco -. Bueno...

- Lo sé. Sigamos de momento. Teníamos esta inclinación poco armónica. Así que le pedimos al Comisionado Tate que la trajese al Hub y la mantuviese allí, para ver lo que pasaría. Y en Maccadon, a las pocas semanas empezó a elaborar esa inclinación moderada a volver al Sistema Manon hasta convertirla en una impulsión viril de primera categoría.

Trigger se humedeció los labios.

-...Yo...

- Claro -- dijo Pilch -. Tenía una razón muy sensata. Usted misma la dio.

-¡Bueno!

- Oh, de acuerdo, tenía cariño a ese joven. ¿Y quién no lo tendría siendo mujer? Es un tipo de aspecto magnífico. Yo me enamoraría con facilidad... y no pararía hasta tenerlo en ese diván, quiero decir. Pero era la primera vez que no pudo usted permanecer un par de meses lejos de su compañía. También era la primera vez que empezaba a preocuparle la competencia. Ahora tenía su justificación. Y nosotros - Continuó Pilch sombría -, poseíamos una estupenda y sólida compulsión, sin duda con ramificaciones muy reveladora para ponernos a trabajar. Sólo una cosa equívoca existía en eso, Trigger. Usted ya no siente más esa compulsión como antes.

- ¿Oh?

- Ni siquiera tiene la inclinación moderada original - Dijo Pilch -. ¡Ahora sí podríamos encontrar algo sospechoso en su conducta! Pero lo dejaremos estar de momento.



Hizo algo en el escritorio. La enorme pantalla - Pared se iluminó de pronto. Un plano suave, de ámbar reluciente y limpio, con una sugerencia de enormes profundidades en su interior.

- Anoche, poco antes de que usted despertara - Dijo Pilch -. Tuvo usted un sueño. En realidad tuvo una serie de ocho sueños durante la noche que parecen pertinentes aquí. Pero los primeros eran estructuras bastante vagas y preliminares. De un modo u otro, su contenido queda incluido en este agrupamiento simbólico final. Veamos lo que podemos deducir de ellos.

Una forma apareció en la pantalla.

Trigger se asombró, luego rió.

- ¿Qué piensa de eso? - Preguntó Pilch.

-¡Un hombrecito verde! - Dijo -. Bueno, podría ser una especie de contrapartida a la cosita amarilla del navío, ¿verdad? El duendecillo bueno y el duendecillo muy malo.

- Es posible - Admitió Pilch -. ¿Qué es lo que siente acerca de esa noción?

- ¿Buenos plasmoides y malos plasmoides? - Trigger sacudió la cabeza -. No. No me parece bien.

- ¿Qué otra cosa le parece bien? - Preguntó Pilch.

- El granjero. El hombrecillo propietario de la granja en donde se encontraba la charca de barro.

- Le tenia cariño, ¿verdad?

-¡Muchísimo! Conocía un montón de cosas fascinantes - Volvió a reír. Mire, me sabría mal que se enterara... pero ese hombrecillo verde también me recuerda un poco bastante al Comisionado Tate.

- No creo que le importe oírlo - informó Pilch. Hizo una pausa momentánea -. Está bien... ¿Qué es esto?

Surgió una segunda forma.

- Una especie de caricatura de un caballo salvaje, maligno - Dijo Trigger. Añadió pensativa. - También había un caballo así en aquella granja. Supongo que ustedes lo saben.

- Sí. ¿Piensa algo con respecto a él?

- No. Bueno, bueno, una cosa. El granjerito era el único que podía manejar aquel caballo. En realidad era un caballo mutado... uno de esos productos del Banco Vital que no funcionaron demasiado bien. Enormemente fuerte. Podía trabajar durante cuarenta y ocho horas sin parar, no demostrando el menor cansancio. Pero era un animal sencillamente malo.

-«Locos... mezquinos» - Observó Pilch - el sueño giraba en torno a eso.

Trigger asintió.

- Recuerdo que solía pensar que estaba loco aquel caballo al querer ir por allí dando coces y haciendo pedazos las cosas a mordiscos, Lo que me imagino que, si era lo que deseaba hacer, constituiría una locura.

- Usted ni siquiera corrió jamás el menor peligro por culpa de ese animal, ¿verdad?

Trigger soltó una carcajada.

-¡Me hubiera sido imposible acercarme! Debiera usted haber visto la clase de lugar en que lo guardaba el viejo granjero cuando no estaba trabajando.

- Lo hice - Contestó Pilch -. Un pozo en suelo largo, ancho, de paredes verticales. Un cobertizo para que le diese sombra, abundante comida, agua corriente. Era un buen granjero. Una cerca muy alta y cerrada con llave alrededor para impedir que las niñas pequeñas o cualquier otra persona se acercase demasiado a su útil monstruo.

- Bien - Dijo Trigger. Sacudió la cabeza -. ¡Cuándo ustedes miran dentro del cerebro de alguien, se fijan hasta en el menor detalle!

- Ese es nuestro trabajo - Confesó Pilch -. Veamos qué puede sacar de esto.

Trigger guardó silencio casi un minuto antes de hablar con una voz sumisa.

- Yo sólo comprendo lo que muestra. ¿Es que acaso significa algo?

- ¿Qué le parece su aspecto?

- Gigantes reidores corriendo por una granja. Una granja pequeña. Podría ser la granja del hombrecito verde. No, espere. ¡No es la suya! Pero pertenece a otras personas pequeñas y verdes.

- ¿Qué siente acerca de eso?

-¡Bueno... odio a esos gigantes! - Dijo Trigger -. Son crueles. Y les hace gracia ser crueles.

- ¿Les tiene miedo?

Trigger miró parpadeando a la pantalla durante pocos segundos.

- No - dijo con una voz baja y adormilada -. Todavía no.

Pilch guardó silencio durante un instante. Después dijo:

- Una más.

Trigger miró y frunció el ceño. Al poco dijo:

Tengo la sensación de que eso significa algo. Pero todo lo que consigo es que me represente las caras de dos relojes. En uno de ellos las manecillas van muy de prisa. Y en el otro funcionan muy despacio,

- Sí - Dijo Pilch. Aguardó un poco -. ¿No se le ocurre ninguna otra idea acerca de esos relojes? ¿No le significa algo?

Trigger sacudió la cabeza,

- Eso es todo.

La mano de Pilch se movió sobre el escritorio una vez más. La pantalla pared quedó en blanco y la luz del cuartito aumentó de brillo lentamente. La expresión de Pilch era de estar sumida en profundas reflexiones.

- Ya no habrá más por hoy - dijo -. Trigger este navío está trabajando en una tarea urgente de otra índole. Tendremos que volver y acabarla. Pero regresaré a Manon dentro de diez días y entonces celebraremos otra sesión. Creo que servirá para aclarar del todo este pequeño misterio.

- ¿Del todo?

- Todo, diría yo. El Sistema total parece surgir a la vista. Más detalles se mostrarán en el intervalo de diez días y una ampliación precavida de ellos los dejará plenamente al descubierto.

Trigger asintió.

- Buena noticia. Ya estoy hartándome un poquito de ser una especie de enigma ambulante.

- No la censuro - contestó Pilch, con un tono exacto al que empleara en otra ocasión el Comisionado Tate -. A propósito, en estos momentos es usted una mujer atareada, pero si de vez en cuando tiene media hora que desperdiciar, podría sentarse cómodamente en alguna parte y escuchar sus propios pensamientos. Tal y como van las cosas, eso traerá quizás a la vista algún retazo de información.

Trigger pareció dudosa.

- ¿Escucharme pensar?

- Se encontrará pillando el truco con bastante rapidez - Dijo Pilch; sonrió -. Desvíese en esa dirección general donde encuentra usted el tiempo y no trabaje con demasiado ahínco. ¿Alguna pregunta antes de que regresemos a Manon?

Trigger la estudió durante un momento.

- De una cosa me gustaría estar segura - Comenzó -. Pero me imagino que también tiene usted sus problemas con Seguridad.

- ¿Y quiénes no? - Contestó Pilch -. Para mí es usted bastante segura. Dispare.

- De acuerdo - Dijo Trigger -. El Comisionado Tate me habló de que las personas como usted no trabajan mucho con los individuos.

- No tanto como nos gustaría. Eso es cierto.

- Así que ustedes no se habrían puesto a trabajar conmigo si lo que ha sucedido no tuviera relación con los plasmoides.

- Oh, sí, yo lo hubiera hecho - Dijo Pilch -. O la vieja Cranadon. Algo por el estilo. Prestamos servicios cuando se nos informa que alguien ha tenido el buen sentido de solicitarlos. Pero, evidentemente, no podríamos haber abandonado la otra tarea, como ahora, para venir a Manon y aclarar alguna dificultad individual.

- ¿De modo que estoy envuelta con el lío plasmoide?

- Se encuentra usted en el centro de él, Trigger. Eso es definitivo. De qué manera, es algo que tendremos que descubrir en la siguiente sesión.

Pilch apagó la luz del escritorio y se puso en pie.

- Siempre me disgusta marcharme y dejar algo a medio terminar, como en este caso - admitió -, pero no tengo más remedio que partir. Los plasmoides se encuentran muy próximos del principio de la lista de problemas de la Federación, en estos momentos. Han ascendido con gran rapidez...

Cuando Trigger llegó a su despacho a la mañana siguiente, se enteró de que el navío del Servicio de Psicología había salido de la zona de Manon una hora después de que regresase a la cúpula del Cuartel General, la noche antes.

Ninguno de los miembros del equipo plasmoide estaba cerca. El Comisionado, que tenía un pobre concepto del sueño, se había levantado tres horas antes; dejó recado a Trigger que le alcanzase, si era necesario, en el mayor de sus navíos, aparcado cerca de la cúpula, en el Puerto de Precol. Presumiblemente tenía el navío sellado herméticamente y estaría sentado en la cabina trasmisora, intercambiando mensajes con las Primeras Flotas de la zona de Vishni. Era probable que continuase así cuatro horas más. El profesor Mantelish todavía no había regresado de su último viaje al campo y el Mayor Haslet Quillan tampoco se encontraba presente.

Parecíase, decíase Trigger, no con muy mala gana, como un buen día para dedicarse un ratito a su trabajo de Precol. Dijo a su personal que le enviasen todo lo que no fuese rutinario y se puso a laborar.

Un juego de informes, de vital importancia, del Pelotón de Inspección de Planetas Gigantes de Precol se había perdido en alguna parte en torno al Cuartel General durante las conferencias de ayer. Tranquilizó al pelotón de P G y dio órdenes de efectuar una búsqueda. Un equipo de ecólogos del Hub, que había decidido que su presencia no era necesaria en Manon, vino nervioso, procedente de una estación polar, para informar que se les caía el pelo. Trigger oprimió en su escritorio el botón rotulado «Fiebre Manon» y sugirió algunos tratamientos.

Los ecólogos se mostraron molestos. Una chalupa médica de emergencia salió como un rayo de la cúpula para ir en su ayuda y Trigger dio sus instrucciones mientras marcaba el número del investigador médico que permitía a los visitantes evitar las inyecciones de los ecólogos para prevenir posibles enfermedades. Tuvo una breve charla con el joven y lo dejó hecho un guiñapo mientras el pelotón de los P G regresaba para preguntar si se habían encontrado los informes. Trigger empezaba a sentirse cómoda por haber vuelto a su viejo empleo.

Luego cayó sobre su escritorio un mensaje del Departamento Médico. Iba dirigido al Comisionado Tate y afirmaba que Brule Inger era ahora capaz de hablar otra vez.

Trigger frunció el ceño, suspiró, se mordió el labio y pensó un momento. Llamó por el comunicador al doctor Leehaven.

- Recibí su mensaje - dijo -. ¿Qué tal le va?

- Muy bien - contestó el viejo médico,

- ¿Ha dicho algo?

- No. Está asustado. Si pudiese reunir valor, pediría un abogado personal.

- Sí, me lo imagino. Entonces dígales esto... de parte del Comisionado, no de la mía... que no habrán cargos, pero que Precol espera su dimisión a fin de mes.

- ¿Es eso correcto? - preguntó incrédulo el doctor Leehaven.

- Claro.

El doctor rezongó.

-¡Se están volviendo ustedes blandos! Pero se lo diré.

La mañana continuó. Trigger estaba estudiando recelosa una nota de control de tráfico afirmando que un navío misionero de Devagas había sido revisado y amarrado en el espaciopuerto, cuando la gerencia del centro G C llamó para informar , con algún nerviosismo, que una parte considerable del tejado repelente de meteoros había dejado caer varias docenas de toneladas de material desprendido del Cinturón Lunar en aquella zona del espaciopuerto. Buena parte de esas toneladas, por desgracia, cayeron en torno y sobre un navío misionero de Devagas.

- No habrán habido averías, ¿verdad? - preguntó ella.

El Centro le dijo que no, pero el capitán misionero insistía en hablar con la persona al mando. ¿A quién lo dirigían?

- Diríjanmelo a mí - dijo Trigger expectante. Conectó la pantalla visora.

El capitán Misionero iba de uniforme, era alto, pelo gris, ojos grises, mandíbula cuadrada. Después de confirmar a su satisfacción que Trigger era quien mandaba, la informó con tonos chillones que la Unión Devagas la haría responsable personal de aquel ultraje no provocado a menos que se les presentasen con toda urgencia las adecuadas excusas.

Trigger se excusó con urgencia. El otro acusó recibo con una breve reverencia.

- El navío necesitará ahora nueva pintura espacial - Destacó, sin ablandarse.

Trigger asintió.

- Enviaremos una brigada de trabajo inmediatamente.

- Nosotros - Afirmó el capitán Misionero -, supervisaremos el trabajo. ¡Sólo se aceptará la pintura de la mejor calidad!

- La mejor sólo - afirmó Trigger.

El hombre le dirigió otra seca inclinación de cabeza y cortó.

- Burro - Dijo ella. También cortó y luego de marcar para poner en funcionamiento el dispositivo que penetrara por la barrera de «no molesten», llamó al navío de Holati.

Le costó un rato comunicar; probablemente estaría ocupado en algún lugar de la nave. Como Belchik Pluly, el Comisionado, siendo todavía un hombre muy rico, lo habría sido mucho más si no fuese por su afición. En este caso, su afición eran los navíos, de los que ahora poseía dos. Lo que les hacía caros era que habían sido hechos a la medida, siguiendo las especificaciones del Comisionado y estas especificaciones habían originado dos duplicados bastante exactos de la pareja de tipos de naves exploradoras de combate en las que el comandante de escuadrón Tate hizo su servicio policial en los viejos tiempos. Nadie había tenido valor hasta ahora de indicarle que las naves de combate privadas no se permitían en el Sistema Manon.

Por último logró comunicar. Trigger le contó lo de Devagas.

- ¿Sabía que esos tipos estaban en la zona? - preguntó.

El Comisionado estaba enterado. Habían hecho una parada en el puesto de inspección del sistema tres días antes. La nave estaba limpia.

- Sus misioneros irán armados, claro; pero es, un privilegio del que gozan por tratado. Han estado dando vueltas al planeta, subiendo y bajando en diversos vuelos. La nave continuó en órbita hasta esta mañana.

- ¿Cree que están relacionados con lo que prepara Balmordan, fuere lo que fuere? - preguntó Trigger.

- Eso lo daremos por sentado, A propósito, Balmordan asistió a una gran fiesta ayer en el yate Pluly. A menos que quien le siga haya perdido la pista, sigue ahí arriba, en apariencia alojado como invitado.

- ¿Hace usted que vigilen a los otros de Devagas?

- Individualmente no. Son demasiados v se desparramarán por todo el lugar. Mantelish regresó. Se presentó hace una hora.

- ¿Quiere usted decir que está arriba, en sus habitaciones, ahora? - Preguntó la muchacha.

- Eso mismo. Se ha hecho subir unos cuantos cajones más al laboratorio y se ha encerrado con ellos y ha bloqueado el lugar contra los espías. Quizá consiga algo importante o puede que esté sufriendo uno de sus periodos de secretísimo. Ya lo descubriremos. Oh, hay aquí una nota social. La Primera Dama de Tranest está de compras esta mañana en el Centro de Gran Comercio.

- Bueno, eso aumentará el negocio - dijo Trigger -. ¿Va usted a volver a la cúpula para la hora de almorzar?

- Eso pienso, Quizás, incidentalmente, también tengamos alguna noticia interesante.

- Estupendo - contestó ella -. Le veré entonces.

Veinte minutos más tarde el transmisor de cubierta le daba la señal de «estar protegido por pantalla». La barrera tornaba a alzarse.

El rostro del mayor Quillan la miró desde la pantalla. Estaba, según vio Trigger, en el laboratorio de Mantelish. El científico se encontraba en el banco do trabajo, detrás del mayor.

-¡Hola! - dijo Quillan.

- Hola. ¿Cuándo consiguió entrar?

- Pues ahora mismo. ¿Puedo ir a recogerte tal y como esté y traerte aquí arriba?

- ¿Ahora mismo?

- Si te es posible - contestó Quillan - El profesor cree haber encontrado algo nuevo.

- Me pongo en camino - anunció Trigger -. Tardaré unos cinco minutos.

Regresó a su habitación, llamó al recipiente de Repulsivo y se colgó la correa del hombro.

Luego permaneció quieta un momento, el ceño ligeramente fruncido. Algo... algo como una ráfaga de memoria, algo que debería estar recordando... se agitaba en el fondo de su mente. Luego desapareció.

Trigger sacudió la cabeza. Se mantendría serena. Abrió la puerta y se adentro en el pasillo.

Se desplomó. Mientras caía, trató de dar a la bolsa el apretón de la invisibilidad, pero no pudo mover los dedos. No podía mover nada.

Habían personas rodeándola. Hacían cosas con rapidez. La volvieron boca arriba y durante unos cuantos momentos entonces vio su propio rostro sonriéndole desde pocos palmos de distancia.
CAPITULO XXI
De pronto se encontraba en una gran habitación, bien iluminada, con muebles barrocos... reclinada en un suave sillón ante una mesita muy bien pulida. En el lado opuesto de la mesa, dos personas se sentaban mirándola con expresiones de tenue sorpresa, Una de ellas era Lyad Ermetyne. La otra era un hombre al que no conocía.

El hombre miró de reojo a Lyad.

-¡Muy rápida recuperación! - Dijo. Fijó otra vez sus ojos en Trigger. Era un hombre pequeño, con un pelo color sal y pimienta, una cara surcada de arrugas, unos ojos hermosos de un negro líquido.

-¡Mucho! - corroboró Lyad -. Debemos recordarlo. ¡Hola, Trigger!

- Hola - contestó Trigger. Su mirada recorrió la habitación y tornó al rostro amablemente fijo, amablemente observador de Lyad. El recipiente de Repulsivo no se encontraba en ninguna parte. No parecía haber nadie más en la estancia. Un comunicador, también barroco, se destacaba contra una pared. Dos de los muros estaban cubiertos con espesos cortinajes y un dosel brocado en oro sobresalía del techo. No se veían puertas ni portales; quizás estuviesen escondidos, o detrás de los cortinajes. Cualquier cantidad de personas podría estar a mano, prestas a acudir a una llamada... y con seguridad unas pocas deberían vigilarla en aquel momento, porque el hombre pequeño no era ningún tipo rudo y duro.

El hombre pequeño la miraba con una especie de fingida diversión.

- Una chica fría - Murmuró -. ¡Muy fría!

Trigger le miró un momento, luego volvió sus ojos a Lyad. Esta no aparecía fría. Se la veía densa y como con un gélido miedo. ¡Probablemente esto resultaba mucho peor!

- ¿Para qué querías verme? - Preguntó.

Lyad sonrió.

- Asunto de negocios. ¿Sabes dónde estás?

- No en tu navío, Primera Dama.

Los ojos color ámbar claro apenas se contrajeron. Pero Lyad en aquel momento se había puesto muy alerta.

- ¿Por qué lo piensas así? - preguntó placenteramente.

- Esta habitación - contestó Trigger -. No va con tu gusto, según creo. ¿Qué era ese asunto comercial?

- Dentro de un momento - Dijo Lyad. Volvió a sonreír -. ¿Y en dónde más podrías estar?

Trigger podía hacer una deducción. Pero no tenía intención de efectuarla. No en voz alta. Se encogió de hombros.

- No es ningún lugar donde quisiese estar - se arrellanó un poco en su sillón. Su mano derecha acarició la bolsa de porgee.

La bolsa del porgee.

Habría sido propio de Ermetyne registrar con cuidado la bolsa, sacar el arma y volver a colocar la bolsa en su sitio. Pero quizá no.

Alguien debía estar vigilando. No podía descubrirlo... no hasta el instante después de que decidiese tratar de utilizar el Denton.

- Lo creo - Dijo Lyad -. Perdóname la descortesía de una invitación tan urgente, Trigger. Un acontecimiento recentísimo la hizo necesaria. En cuanto a lo del negocio... como principio, este caballero es el doctor Veetonia. Es un investigador de talento extraordinario en su campo. En estos instantes, está algo cansado por las larguísimas horas que trabajó anoche.

El doctor Veetonia volvió la cabeza para mirarla.

- ¿Lo hice, Primera Dama? Bueno, eso explica este raro cansancio. ¿Trabajé bien?

- Espléndidamente - le aseguró Lyad -. Nunca estuvo mejor, doctor.

El científico asintió, sonrió vagamente y volvió a examinar a Trigger.

- Esto también debe seguir, supongo.

- Me temo que sí - Dijo Lyad.

-¡Una gran lástima! - Afirmó el doctor Veetonia -. Una verdadera lástima. Habría sido un recuerdo agradable. ¡Esto es muy frío! - la vaga sonrisa apareció otra vez en el rostro arrugado -. Es usted tan hermosa, criatura - dijo a Trigger -. En su cólera, en su terror y en su desesperación, Y por encima de todo está el propósito inquebrantable, la rapidez y fortaleza del pensamiento. No cederá fácilmente. ¡Oh, no! Nada de fácil, Primera Dama - Dijo plañidero el doctor Veetonia, Me gustaría recordar esto. Creo que podría ser posible.

Pequeños dedos helados subían y bajaban por la columna vertebral de Trigger. La Ermetyne la obsequió con un ligero guiño.

- Me temo que no, doctor - Dijo -. Hay materias importantísimas que discutir. Además, Trigger Argee y yo llegaremos a un acuerdo amable con la máxima rapidez.

- No - el rostro del doctor Veetonia había adquirido un aspecto muy malhumorado,

- ¿No? - repitió Lyad.

- Ella no aceptará nada. Cualquier estúpido puede darse cuenta. Entonces recomiendo una forma sencilla de abordarlo en el campo de la química. Sus criaturas la pueden efectuar. Apúrenla. Arrójenla a un lado. No quiero tener nada que ver con el asunto.

-¡Oh, pero, doctor! - protestó la Ermetyne -. Eso sería muy tosco. Infinitamente inseguro. ¡Oh, quizá tengamos que estar aquí todavía cuatro horas!

El científico sacudió la cabeza.

Lyad sonrió. Acarició con las yemas de los dedos una de las arrugadas mejillas.

- ¿Se ha olvidado del palacio en el lago Hamal? -- Preguntó -. ¿La gran biblioteca? ¿Los laboratorios? ¿No me he mostrado muy generosa?

El doctor Veetonia volvió su cara hacia ella. Sonrió pensativo.

-¡Ahora eso es verdad! - Admitió ---. Por un momento se me olvidó - Fijó sus ojos en Trigger. Dijo -: La Primera Dama da y la Primera Dama quita. Me ha dado riqueza y mucho placer. Ella me quita de vez en cuando un recuerdo. Con mucha pericia, puesto que fue mi alumna, pero sin embargo la mente no debe apagarse ni un poco cada vez que esto se efectúa.

De pronto su rostro careció de interés. Volvió a mirar a Lyad.

-¡Sólo dos años más! - Dijo, ¿Dentro de dos años seré libre para retirarme, Lyad?

Lyad asintió.

- Ese fue nuestro trato, doctor. Ya sabe que yo siempre cumplo lo que prometo.

El doctor Veetonia dijo:

- Sí. Es verdad. Resulta extraño en una Ermetyne. ¡Muy bien! Lo haré - miró el rostro de Trigger. Los ojos de un color negro líquido parpadearon un par de veces -. Está casi segura de que la vigilan - Dijo -, pero no ha pensado en utilizar el comunicador. La criatura, creo, se prepara para atacarnos en cualquier momento oportuno - sonrió -. Demuéstrale por qué su posición es desesperada. Luego ya veremos.

- Oh, no es desesperada ni con mucho - contestó Lyad -. Y por favor no te preocupes del doctor, Trigger. Sus métodos son del todo indoloros y no entrañan ninguna de las indignidades de una investigación química. Si te muestras del todo razonable, nos quedaremos aquí sentadas y hablaremos durante veinte minutos. Luego me dirás que suma deseas que deposite a tu nombre y en qué banco, y serás libre para marcharte.

- ¿De qué hablaremos? - preguntó Trigger.

- Bueno, por ejemplo - Dijo Ermetyne -, hay una bolsita bastante hermosa que últimamente has estado llevando. Mis técnicos informan que puede haber algo de riesgo en estropear su contenido si tratan de abrirla a la fuerza. No queremos eso. Así que hablaremos un poquito sobre la manera adecuada de abrirla - obsequió a Trigger con una sonrisita -. Y el doctor Veetonia verificará la exactitud de cualquier afirmación que se haga en este asunto.

Meditó.


- Oh y luego haré unas cuantas preguntas. No muchas. Y las contestarás. Será muy sencillo. Pero ahora permíteme decirte porque deseaba con tanta impaciencia verte hoy. Anoche tuvimos aquí a un huésped. Un caballero a quien conoces... Balmordan. Poseía un bloqueo mental en algunas materias muy importantes y así... aunque el doctor y yo fuimos muy pacientes y cuidadosos -. murió al final. Pero antes de que muriese, me había dicho tanto como en realidad necesitaba saber de él.

- Ahora con esa información, - prosiguió -, y con el contenido de tu bolsa y con otra piececita o pedacito de información también, que tú posees, podré marcharme. En Orado, unas pocas horas después, el embajador de Tranest tendrá una discreta conversación con algunos miembros del Consejo de la Federación. Y eso será todo, en realidad - sonrió -. ¡Ninguna persecución dramática! ¡Ninguna pista ni grito! Unos cuantos tratados serán considerablemente revisados. Y todo el escándalo acerca de los plasmoides terminará - asintió -. Porque se les puede hacer trabajar, ya sabes. ¡Y muy bien!

El doctor Veetonia no había apartado los ojos de Trigger mientras Lyad hablaba. Ahora dijo:

-¡La felicito, Primera Dama! Pero la chica no se ha convencido en lo más mínimo de que debe cooperar. Quizás espere ser rescatada antes de que la información que usted desea se le saque a la fuerza.

La Ermetyne suspiró.

-¡Oh, vaya, Trigger! - Casi hizo un pucherito - Bueno, si debo explicarte también eso, lo haré.

Meditó un momento.

- ¿Viste a tu doble?

Trigger asintió.

- Muy brevemente.

- Cómo ella y mi otro agente entraron y salieron de esa cúpula y cómo sucedió que los guardias de tu habitación fuesen encontrados inconscientes y a toda prisa se les llevase a la sala de contagiosos del departamento médico, constituye una historieta divertida. Pero también resultaría larga de contar ahora. Y tu doble es una de las mejores actrices de Tranest. Ha estado estudiando y ensayando el papel de ser tú, durante meses. Sabe dónde ir y qué hacer en esa cúpula para evitar estar en contacto con gente que te conozca con demasiada intimidad. Si parece inminente el descubrimiento, sólo necesita estar un minuto a solas para convertirse en una personalidad del todo diferente. Así que podrían pasar horas sin que nadie llegue a sospechar que no estás.

- Pero por otra parte - admitió con nobleza Lyad -, pueden pillar a tu doble de inmediato o a los pocos minutos. Entonces no se daría cuenta y dudo que tu fiero y pequeño Comisario recurriese a los límites poco éticos de estudiar el cerebro muerto de una mujer viva. Si lo hace, claro, nada sacará.

»Asumamos, sin embargo, que, por un motivo u otro, tus amigos sospechen de mí inmediatamente, y sólo de mí. En el tiempo que te sacábamos de la cúpula, se me vio abandonando el Centro de Gran Comercio. Compré con bastante liberalidad; un número muy grande de cajones, etcétera, fueron cargados en mi lancha rápida. Y se observó que nos dirigíamos de regreso al Aurora.

- No está mal - admitió Trigger -. Y supongo que sería otro doble.

- Claro - la Ermetyne consultó un pequeño reloj de pulsera rebordeado de joyas -. Ahora el Aurora, si están siguiendo mis órdenes, y creo que sí, habrá entrado en el subespacio hace unos cinco minutos... a menos que alguien, que pudieran ser tus iracundos salvadores, lo haya abordado antes de esa hora, en cuyo caso precipitará su inmersión. En ambas alternativas, la inmersión fue vista por los vigilantes del Comisionado y las conclusiones adecuadas no tardarán en extraerse de ese hecho.

- ¿Supongamos que se sumerjan tras el yate y lo derriben? - Preguntó Trigger.

-¡Pueden hacerlo! El Aurora no es un navío fácil de derribar en el subespacio; pero pueden hacerlo. Después de algunas horas. Eso no tendría la menor consecuencia, ¿verdad? - Los ojos ámbar miraban a Trigger con poquísima expresión -. ¿Cuántas horas o minutos crees que puedes resistir aquí, Trigger Argee, si veo que es necesario aplicarte una verdadera presión?

- No lo sé - admitió Trigger. Se humedeció los labios.

- Podría darte un cálculo bastante aproximado, creo - dijo la Ermetyne -. Pero perdóname por traer a la luz tal asunto. Es una descortesía innecesaria. Presumamos, en su lugar, que la gente bastante lista con quien has estado trabajando es lo suficientemente inteligente para ver a través de todas estas pequeñas maniobras. Presumamos que incluso son capaces de deducir inmediatamente dónde tú y yo debemos estar en este preciso momento.

»Ocurre que estamos en el Griffin, que estamos en el Griffin, que es el yate más grande de Belchik Pluly y que órbita de momento en torno a Manon; esta habitación se encuentra en una cubierta sellada del yate, en donde transcurre normalmente la vida privada de Belchik, sin sufrir la menor molestia. Le convencí hace dos días de que despejase esta sección para mi propio uso. Sólo hay un portal de entrada a la cubierta y ese acceso está cerrado don llave y tensamente guardado en este instante. Hay dos portales de salida. Uno de ellos de acceso a una escotilla especial en la que hay una pequeña lancha rápida mía, preparada para zarpar. Es en verdad rapidísima. Si hay otras más rápidas construidas en el Hub, no tengo noticias todavía de su existencia. Y puedo sumergirme directamente desde la escotilla.

Sonrió a Trigger.

- Ya tienes ahora el panorama, ¿no es verdad? Sí tus amigos deciden abordar el Griffin, podrán hacerlo sin excesiva discusión. Después de todo, no queremos estallar accidentalmente. Pero tendrán que emplear algún tiempo para abrirse paso hasta este nivel o cubierta. Si se informa de la llegada de una patrulla de abordaje, nos escaparemos en silencio, juntas, sin prisas ni escándalo. Te garantizo que nadie seguirá el rastro o alcanzará a esa lancha. ¿Comprendes?

- Sí - contestó Trigger desconsolada, desmoronándose un poquito. Su mano derecha cayó hasta su regazo. ¡Bueno, pensó, mi última oportunidad!

El doctor Veetonia frunció el ceño.

- Primero -. - comenzó.

Trigger dio una palmada al bolso de porgee. Y la detonación sorda del Denton derribó al investigador por encima de su silla.

- Arma - explicó Trigger innecesariamente.

El rostro de la Ermetyne se volvió pálido de sorpresa. Dirigió una mirada al hombre, luego volvió a mirar a Trigger.

- Me imagino que también me apuntan otras armas - Dijo Trigger -. Pero esta se dispara con la máxima facilidad, Primera Dama. ¡Apenas aguantaría una pequeña sacudida!

Lyad asintió.

-¡No son estúpidos! No se arriesgarán a disparar. No te preocupes - Su voz mostraba cuidado, pero sonaba igualada, uniforme. Una bribona dura, como había observado el Comisionado.

- No les molestaremos de momento - Dijo Trigger -. Pongámonos en pie, juntas.

Se levantaron.

- Permaneceremos un metro y pico separadas - Continuó Trigger­. No sé si eres partidaria de lanzarte a luchar por una pistola.

La Ermetyne casi sonrió.

-¡No lo soy! - dijo.

- Es tonto correr riesgos - Afirmó Trigger -. Metro y un palmo - Dirigió al doctor Veetonia una rápida mirada. No tenía muerto ningún buen aspecto.

- Nos acercaremos a ese comunicador dentro de un momento - Dijo a Lyad -. ¿Verdad que no lo habrás dejado en circuito abierto?

Lyad sacudió la cabeza.

- Las llamadas han de pasar por el despacho de comunicaciones de la nave.

- ¿Está allí de servicio tu gente?

- No. La de Pluly.

- ¿Aceptarán tus órdenes?

-¡Seguro!

- ¿Pueden escuchar? - preguntó Trigger.

- No, si sellamos el aparato de aquí.

Trigger asintió.

- Tú hablarás - Dijo -. Te daré el número personal del Comisionado Tate. Diles que lo marquen. Los transmisores de Precol captarán los circuitos del comunicador. Conecta la pantalla después que se haya producido la llamada; querrá verme. Cuando aparezca, dile lo que ha pasado, dónde estamos, cuál es la perspectiva. Vendrá con una brigada a por nosotras. Yo no diré mucho, si es que digo algo. Simplemente te mantendré apuntada con la pistola. Si hay alguna vacilación, ambas moriremos.

- No habrá ninguna vacilación, Trigger - Dijo Lyad.

- De acuerdo. Preparemos el resto antes de movernos. Después de que el Comisionado Tate corte, tardará en llegar aquí unos tres minutos. O menos. ¿Qué hay de los oficiales del navío... aceptarán también tus órdenes?

- Con la evidente excepción de ti misma - contestó Lyad -, todos a bordo del Griffin aceptan mis órdenes, de momento.

- Entonces diremos a quien está al mando del yate que deje que entre la brigada antes de que haya ningún tiroteo. El Comisionado es muy corto de genio. Luego apartarás los centinelas del portal de entrada. Eso por su propio bien.

La Ermetyne asintió.

- Lo haré.

- Está bien. Con eso queda resuelto todo, me imagino.

Se miraron una a otra durante un momento.

- Con la información que obtuviste de Balmordan - observó Trigger -, aún podrías conseguir una buena tajada en el Consejo, Primera Dama. Tengo entendido que se muestran muy ansiosos de aclarar el asunto plasmoide con la mayor discreción.

Lyad alzó uno de sus hombros en un breve encogimiento.

- Quizá - dijo.

-¡En marcha! - ordenó Trigger.

Caminaron hacia el comunicador bastante nerviosas, no muy de prisa, no muy despacio, Trigger a cuatro o cinco pasos detrás. No se percibía el menor sonido de las paredes y ninguna otra señal de que pudiera haber una considerable excitación cerca. La columna vertebral de Trigger seguía vibrando. Un rayo aguja y un buen tirador podían arrebatarle el Denton y la mano que lo empuñaba, sin mucho riesgo real para la Ermetyne. Pero, probablemente incluso el más pequeño de los riesgos era mucho más de lo que la gente de Tranest aceptaría correr cuando se veía envuelta la persona de la Primera Dama.

Lyad llegó hasta el comunicador y se detuvo. Trigger se paró también, a cinco pies de distancia.

- Adelante - Dijo tranquila.

Lyad se volvió para mirarla.

- Déjame que te haga una última... bueno, llamémosla súplica - Dijo -. ¡No seas una loca imposible, Trigger Argee! El acuerdo que yo había planeado no perjudicaría a nadie. Únete a mí y podrás redactar tu propio billete para el resto de tu vida.

- Nada de billetes - Dijo Trigger. Agitó ligeramente el Denton -. ¡Adelante! Más tarde puedes hablar con el Consejo.

Lyad se encogió de hombros resignadamente, diose otra vuelta y extendió la mano hacia el comunicador.

Trigger pudo haberse relajado sólo una pizca en aquel instante. O quizá había otra pista que Pilli pudo captar. No salió el menor sonido del dosel de junto al techo. Lo que captó fue una sensación de algo que se movía por encima suyo. Luego una masa grande y dorada se desplomó con terrible ligereza sobre la espesa alfombra, entre Lyad y ella.

La cabeza de la pesadilla sin ojos quedaba sólo a tres palmos de la suya.

Las luces de la habitación se apagaron.

Trigger se lanzó hacia atrás, rodó metro y medio a un lado, se puso en pie, volvió a retroceder y se detuvo de nuevo.
CAPITULO XXII
La negrura en la habitación era completa. Hizo girar el Denton y lo ajustó para matar, Había silencio a su alrededor y luego un suave murmullo a cierta distancia. Podía haber sido el precavido arrastrarse de un pesado pie sobre la gruesa alfombra. Cesó de nuevo. ¿Dónde estaba Lyad?

Sus ojos recorrieron lo que le rodeaba, tratando de perforar la oscuridad. Luz negra, pensó. Dijo:

- ¿Lyad?

- ¿Sí? - la voz de Lyad vino fácil desde la negrura. Podía estar de pie a diez metros de distancia en el extremo opuesto de la sala.

- Llama a tu animal - Dijo Trigger tranquila -. No quiero matarlo -. Comenzó a moverse en la dirección de donde vino la voz de Lyad.

- Pilli no te hará daño, Trigger - dijo la Ermetyne -, Se le ha enviado a desarmarte, eso es todo. Tira tu pistola y ni siquiera te tocará - Soltó una carcajada -. ¡Tampoco te molestes en disparar en mi dirección! He salido de esta habitación.

Trigger se detuvo. No por lo que aquella voz odiosa y risueña había dicho, sino porque en la oscuridad, a su alrededor, un punzante olor fresco crecía. El aroma de las manzanas maduras.

Se humedeció los labios. Susurró.

-¡Pilli ... atrás! - Sin ojos, la oscuridad nada significaría para aquel ser. Segundos más tarde, oyó el respirar de la cosa.

Se enfrentó al sonido. Cesó durante un momento, luego volvió. Un animal lento respirando. Parecía circundar despacio a su izquierda. Al cabo de un poquito, se detuvo. Después comenzó a venir hacia ella.

La muchacha dijo en voz baja, casi suplicante:

-¡Pilli, alto! ¡Atrás, Pilli!

Silencio. El aroma de Pilli ocupaba todo su alrededor lleno de densidad. Trigger oyó cómo la sangre se agrupaba en sus oídos y, durante un segundo, imaginó que podía sentir, como si fuese una niebla tangible, el calor del cuerpo del monstruo plantado en la oscuridad ante ella.

No era imaginación. Algo como una suave y acolchada zarpa de caucho se cerró en torno a su muñeca derecha y apretó con fuerza.

El Denton disparó dos, tres, cuatro veces antes de verse lanzada violentamente hacia un lado, de salir volando, de caer hacia atrás y chocar contra algún mueble bajo y quedar extendida sobre él. Había perdido el arma.

Mientras se ponía en pie atontada, Pilli gritó. Era un sonido fino, alto, sin estertores, como el grito de una criatura humana aterrorizada. Cesó bruscamente. Y, como si eso hubiese sido una señal, la habitación volvió a llenarse de luz.

Trigger parpadeó cegada por el resplandor. Virod se plantó ante ella, mirándola, un par de gafas amarillas opacas subidas sobre su frente. Lentes de luz negra. La cosa de pelo dorado yacía en un montón informe en el suelo, seis metros a un lado. No podía ver su pistola. Pero Virod empuñaba una, apuntándola.

La otra mano de Virod se movió de pronto, Su palma le alcanza en la cara en un diestro bofetón. Trigger se tambaleó torpemente de lado, recobró su equilibrio y se plantó frente a él de nuevo. Ni siquiera sentía cólera. La mejilla comenzó a arderle.

-¡Basta de divertirte, Virod! - Era la voz de Lyad. Trigger la vio entonces, plantada en una pequeña puerta entreabierta a la otra parte de la habitación, en donde había sido retirada una de las colgaduras.

- Parecía estar conmocionada, Primera Dama - Explicó con suavidad Virod.

- ¿Está muerto Pilli?

- Sí. Yo tengo su pistola. El se la arrebató - Virod se palmeó un bolsillo de la chaqueta y en alguna parte del cerebro de Trigger quedó grabado el gesto y de pronto pareció despertarse.

- Así lo vi yo. Bueno -. mala suerte para Pilli. Pero era necesario. Traedla aquí ahora. Y sed razonablemente gentiles - Lyad permanecía sin alborotarse -. Y métete esa pistola en un bolsillo diferente, estúpido, o te la quitará.

Miró a Trigger de manera impersonal mientras Virod la llevaba hasta la puertecita, sujetándola por encima del codo con la mano izquierda.

-¡Mala cosa que hayas matado a mi experto, Trigger! - Dijo Lyad -. Ahora tendremos que utilizar una manera química para abordar el asunto. Flam y Virod son muy buenos en ese aspecto, pero habrá algo de dolor. No demasiado, porque les vigilaré. Pero me temo que será algo indigno. Y tardaremos mucho más tiempo.

Bronceada, alta, sinuosa, Flam estaba plantada en la pequeña habitación que quedaba a la otra parte de la puerta. Trigger vio una larga y baja mesa cubierta de plástico, argollas y maquinaria reluciente. Ahí debía ser donde aquel pez frío de Balmordan no pudo resistir la lucha entablada contra sus bloqueos mentales. Todavía había una cosa que podía hacer. El yate se encontraba en órbita.

-¡Eso no será necesario! - dijo temblorosa. Su voz sonó con ansiedad, como si lo hubiera estado ensayando.

- ¿No? - Dijo Lyad.

- Has ganado - afirmó Trigger con resignación , Te seguiré el juego. Para empezar, te mostraré cómo abrir el bolso.

Lyad asintió.

- ¿Cómo lo abres?

- Es preciso oprimir en los sitios adecuados. Que lo traigan. Te lo enseñaré.

Lyad río.

- Te ves demasiado ansiosa. Y en exceso dócil, Trigger. Considerando lo que hay en el bolso, no es nada probable que detone si te lo devolvemos y te permitimos que empieces a apretar. ¡Pero de un modo u otro, algo de naturaleza muy indeseable ocurriría! Flam ...

La alta pelirroja asintió y sonrió. Se acercó a una alacena mural, la abrió y sacó el recipiente de Repulsivo.

Lyad dijo:

- Déjalo en esa estantería, por el momento. Luego me traes la pistola de Virod y la de ella.

- Me temo que tendrás que subir a esa mesa ahora, Trigger - Ordenó -. Si estás realmente decidida a cooperar, la cosa no te será demasiado mala. Y, a propósito, ya puedes empezar a decir exactamente qué hay que hacer con el bolso. Y unas pocas cosas más.

Pudo haberse fijado entonces en la expresión de Trigger. Añadió con sequedad:

- Hace pocas noches se me informó que eres un artista en las tácticas rudas y fuertes. Iguales son Virod y Flam. ¡Así que si deseas dar a Virod una oportunidad para divertirse un poquito adelante!

En aquel punto, la cosa más prudente era sin duda sonreír y subirse a la mesa. Trigger descubrió que no podía hacerlo. Se lanzó contra ellos de cabeza rápida, silenciosa, la boca apretada, respirando cuidadosamente por la nariz. Fue una locura inútil. No la permitieron acercarse a Lyad. Después de que Virod se hubo divertido un poquito, la levantó y la colocó sobre la mesa. Un minuto más tarde, estaba estirada en ella, boca abajo, las muñecas y los tobillos asegurados con argollas acolchadas a la superficie del tablero.

Flam sacó un cuchillo pequeño y con limpieza rasgó la parte posterior del uniforme de Precol a lo largo de la línea de su columna vertebral. Apartó la tela. Entonces Trigger notó los finos toques helados de algún rociador que olía a vainilla, subiendo y bajando por su espalda, terminando en la nuca.

No fue muy doloroso; Lyad había dicho la verdad. Pero, al poco, resultó en extremo indigno. Luego los pensamientos de la muchacha corrieron raudos y disminuyeron y giraron en torno de una manera confusa y rara. Y por fin su voz comenzó a decir cosas que no quería contar.

Después de esto, quizás hubo una pausa. Parecía estar flotando en una charca pequeña de sueño cuando la voz de Lyad dijo desde algún lugar, con una gélida furia:

- ¿No te queda nada dentro?

Toda una serie pequeña de imágenes memorizada asomó de pronto, como una cadena de fuegos artificiales que alguien hubiera disparado. Se conformaron en una especie de molde y el molde apareció en la mente de Trigger. Lo miraba. Se le abrieron los ojos con sorpresa. Comenzó a reír débilmente.

Pasos ligeros se acercaron hasta ella.

- ¿Dónde está ese plasmoide, Trigger?

La Ermetyne estaba dominada por una rabia creciente. Sería mejor que dijese algo.

- Pregunta al Comisionado - contestó, murmurando un poco.

- El efecto se disipa, Primera Dama - dijo Flam -. ¿Debo ... ?

Los pensamientos de Trigger parecían escapársele durante un momento y no oyó la respuesta de Lyad. Pero fuego volvió a percibir el olor a vainilla y los finos toques helados. En esta ocasión, se detuvieron bruscamente, a mitad de camino.

Y luego hubo una rarísima quietud alrededor de Trigger, Como si todo el mundo y todas las cosas hubiesen dejado de moverse al unísono.

Una voz profunda y salvaje dijo:

- Espero que no haya dificultades, muchachos. Yo la necesito con más ansia que vosotros.

Trigger frunció el ceño, turbada. Después se oyó un estrépito colérico, unos sonidos de golpes, un chasquido vivo y súbito.

-¡Ooops! - exclamó feliz la voz profunda -. ¡Me temo que he sido un poco duro!

Oh, claro, pensó Trigger. Abrió los ojos y giró la cabeza.

- Todavía despierta, Trigger? - preguntó Quillan desde la puerta de la habitación. Parecía agradablemente sorprendido. En su mano asomaba una pistola con una boca desmesuradamente grande.

En la puerta, notó Trigger, había un grupo de aspecto muy raro. De rodillas ante Quillan se veía un hombre gordo, mayor, parpadeando turbado. Llevaba una brillante toalla de baño color púrpura anudada en torno a su cintura y nada más. Pasó un momento antes de que reconociese a Belchik Pluly. ¡El viejo Belchik! Y en el suelo, ante Belchik, inmóvil como en devota postración, estaba Virod de bruces. Sin duda, muerto. No debió mostrarse complaciente con Quillan.

- Sí dijo entonces Trigger, recordando la pregunta de Quillan -. He dado una cabezadita... pero me acababan de proporcionar una nueva dosis de drogas hace un momento.

- Ya lo vi - Contestó Quillan. Su mirada pasó más allá de Trigger.

- Lyad - llamó, casi gentilmente.

- ¿Sí, Quillan? - la voz de Lyad vino desde el otro lado de Trigger. La muchacha volvió la cabeza en esa dirección. Lyad y Flam estaban ambas en el extremo opuesto de la habitación. Su expresión no era nada feliz.

- No me gusta en absoluto lo que ha estado sucediendo aquí - Dijo Quillan -. ¡Ni pizca! Por ese motivo el Gran Muchacho ha acabado con e cuello roto. ¿El resto de vosotros se dará por aludido?

- Seguro - Dijo Ermetyne.

- Pues que la muchacha Flam deje de mirar a esas armas de la estantería y se esté quieta o tendré que amputarle una pierna. Primera Dama, acércate a la mesa y libera a Trigger.

Trigger se dio cuenta de que había cerrado otra vez los ojos. Los dejó así durante un momento. Hubo un movimiento cerca suyo y, una detrás de otra, las argollas de su muñeca se abrieron. Lyad avanzó hacia sus pies.

- ¿Esa pistolita es la de Trigger? - preguntó Quillan.

- Sí - Contestó

- ¿Eso es lo que mató a Pilli y al otro tipo de ahí afuera?

- Sí.


-¡Quién se lo iba a imaginar! - Exclamó Quillan pensativo -. Ejem... ¿tenéis algo para cerrar ese vestido?

- Sí - contestó Lyad -. Tráelo aquí, Flam.

-¡Arrójalo, Flam! - previno Quillan -. Recuerda la pierna.

Las manos de Lyad manipularon las ropas a la espalda de Trigger. Se apartaron.

-¡Ya puedes sentarte ahora, muchacha! - le informó la voz de Quillan -. Deslízate fuera de la mesa y prueba si puedes tenerte en pie.

Trigger abrió los ojos, giró sobre sí misma, pasó las piernas por el borde de la mesa, se puso en pie y permaneció plantada.

- Quiero mi pistola y el bolso - Anunció. Entonces los vio en la estantería; se acercó y cogió el recipiente del plasmoide. Miró dentro, lo cerró y se pasó la correa por encima de su hombro. Tomó el Denton, miró su ajuste, lo cambió y dio medía vuelta.

- Primera Dama... - Dijo.

Lyad comenzó a ponerse blanca como la cera a partir de la boca. Quillan emitió un sonido de sorpresa. Trigger disparó.

Entonces Flam corrió hasta ella, gritando, agitando los brazos, los ojos, frenéticos y verdes, como los de un animal Trigger dio un cuarto de vuelta y tornó a disparar.

Miró a Quillan.

- Sólo atontadas -- Explicó.

Quillan expelió el aliento despacio.

-¡Me alegro de oírlo! - miró a Pluly -. El bolso está abierto - Observó de manera significativa.

- Ajajá - asintió Trigger.

- ¿Cómo está el animalito?

La muchacha soltó una carcajada.

-¡Sano y salvo! ¡Créeme!

- Bien - Dijo. Aún parecía algo turbado ---. Vigila pues a Belchik unos pocos segundos. Nos llevaremos a Lyad, Tengo que transportarla ahora.

- De acuerdo - contestó Trigger. De momento se sentía bastante ágil. Se fijó en Belchik. Belchik gimió.

Salieron de la pequeña habitación. Pluly en vanguardia, agarrándose la toalla. La Ermetyne, inerte sobre el hombro izquierdo de Quillan, con un aspecto muy parecido al de la muerte.

- Camina a este lado mío, Trigger - ordeno Quillan -. ¿Te sientes todavía bien?

La joven asintió.

- Sí - No lo estaba del todo. Principalmente era un problema con sus pensamientos, que mostraban ahora una tendencia a avanzar dando extraños saltitos y rebotes, con breves paradas de intervalo entre salto y salto, como si algo tratase de congelarlos. Pero iba a ser como la primera vez, por lo menos aguantaría hasta que llegasen a donde iban.

En mitad de la gran habitación vio sobre la alfombra a la gran cosa dorada, como un enorme saco de pieles, y se estremeció.

-¡Pobre Pilli! - dijo.

-¡Ay! - Exclamó Quillan educadamente -. ¿No le dejaste atontado, simplemente, me refiero a Pilli?

La muchacha sacudió la cabeza.

- No pude - Dijo -. Demasiado grande. Demasiado rápido.

- ¿Y el otro qué?

- Oh, él. Atontado. Es un investigador. Sin embargo, creyeron que había muerto. Eso es lo que asustó a Lyad y a Flam

- Mí - Murmuró Quillan pensativo -. Lo comprendo.

Otra parte del cortinaje había sido retirada y una blanca puerta se alzaba tras ella. La cruzaron y se metieron en un pasillo cubierto de espejos. Pluly seguía trotando rápidamente en vanguardia.

- Será mejor que tengas preparada la pistola, Trigger - le previno Quillan -. Acabamos de entrar aquí. Se nos podría asaltar. Aunque, no lo creo.

Tendrían que pasar por encima del Comisionado.

- Oh, ¿está también aquí?

No oyó la respuesta de Quillan, porque las cosas a su alrededor desaparecieron. Cuando volvieron a surgir, el pasillo con los espejos ya no estaba y llegaban a lo alto de un corto tramo de amplias y bajas escaleras que daban acceso a una habitación hermosísima. Esta sala era alta y larga, aunque no muy amplia. En el centro había una pequeña piscina cuadrada y contra las paredes a ambos lados una larga fila de altas columnas de cristal, por cuyo interior ondulaban despacio extrañas luces. Trigger miró con curiosidad la columna más próxima. Se paró en seco.

-¡Galaxia! - Exclamó sobresaltada.

Quillan se le acercó y la cogió del brazo armado.

-¡Sigue avanzando, muchacha! Así es como Belchik mantiene agrupado el harén a su alrededor cuando trabaja. No es una idea muy mala... impide las conversaciones entre mujeres. Esto es su despacho.

-¡Despacho! - Entonces vio el gran escritorio comercial con el prosaico equipo normal que se alzaba sobre la alfombra del otro lado de la piscina. Pasaron con rapidez por delante de esta piscina, Quillan aún sujetándole el brazo. Trigger continuó mirando a las columnas por las que pasaban. Muchachas de largos miembros, ágiles y lánguidas, flotaban en sus jaulas de cristal, recibiendo las luces multicolores cambiantes, los ojos cerrados, el pelo alborotado y a veces tapándoles el rostro.

- Terrible, ¿verdad? - preguntó Quillan.

- Sí - dijo Trigger -. Terrible. Una en cada columna... ¡Es un cerdo! Parecen ahogadas.

- Sí y no - Contestó Quillan -. Cuando las saca, las chicas están muy vivitas. Ahora demos vuelta por aquí y... ¡uf!

Pluly había llegado a la esquina en el final de la serie de columnas, gimió otra vez y cayó hacia adelante.

-¡Se desmayó! - murmuró Quillan -. Bueno, ya no lo necesitamos más. Fíjate por dónde andas, Trigger... hay un muerto detrás de Pluly.

Trigger aumentó su zancada y pasó el cadáver que estaba tras Pluly con limpieza. Habían otros tres muertos yaciendo dentro de la entrada de la siguiente gran sala. Pasó por delante de ellos, sintiéndose bastante entorpecida. La vista de un subtubo achaparrado, negro, aparcado e inmóvil en la espesa alfombra púrpura delante suyo, con su capota levantada, no le pareció nada extraordinario. Luego vio que el hombre que se apoyaba contra la capota, empuñando una pistola en cada mano, era el Comisionado Tate. Sonrió.

La muchacha agitó el brazo cuando se acercaron,

- Hola, Holati.

- Hola, muchacha - respondió el Comisionado. Preguntó a Quillan -. ¿Qué tal se siente?

- No muy mal - Contestó Quillan -. Un poco atontada de momento. Una doble dosis de ceridín, por el olor que despide. Veo que tuvo alguna dificultad aquí.

- Un poquito - Admitió el Comisionado -. Trataron de empuñar sus armas.

- Unos caballeros muy mal informados - Dijo Quillan. Dejó el cuerpo inerte de Lyad que resbalase de su hombro y se inclinó para colocarla en el asiento trasero del subtubo. Trigger había estado aguardando una oportunidad para entrar en la conversación.

- ¿Quién está de momento un poco atontada? - preguntó ahora ceñuda.

- Tú - Dijo Quillan, ¿No te acuerdas que te drogaron? Viajarás delante con el Comisionado. Aquí - la levantó, con bolso del plasmoide y todo, y la colocó en. el asiento delantero. Holati Tate, descubrió entonces, ya estaba a bordo. Quillan se colocó en el asiento detrás de ella. La capota se cerró rápidamente por encima.

El Comisionado manejó los controles de la nave. En las pantallas, la habitación desapareció. Una oscuridad marchó rauda hacia ellos.

Un súbito pensamiento le asomó a la mente de nuevo y Trigger rompió a llorar. El Comisionado la miró de reojo.

- ¿Qué te ocurre, Trigger, muchacha?

- Siento - haber matado a Pilli. Gritó...

Luego su mente se quedó congelada con un sobresalto y dejó de pensar por completo. Quillan extendió el brazo desde el asiento trasero y la colocó de costado.

-¡Por último la dominó! - dijo. Volvió a sentarse. Meditó un momento -. No debería estar tan apenada sobre esa cosa llamada Pilli - Observó entonces -. De todas maneras no podría haber vivido.

- ¿Eh? - preguntó distraído el Comisionado, mirando las pantallas -. ¿Por qué no?

- Sus cerebros - explicó Quillan -. Estaban demasiado separados.

El Comisionado parpadeó.

-¡Hijo, también la cosa está acabando contigo! - dijo.
CAPITULO XXIII
Trigger salió del trance provocado por el ceridín horas antes de que Lyad despertara del disparo anonadador que había absorbido. El Comisionado estaba sentado en una silla delante de la litera de la muchacha, dormitando.

La joven miró a su alrededor un momento, sintiéndose muy cómoda y segura. Aquel era su camarote personal en el navío del Comisionado Tate, el que mencionaba como el Gran Trabajo, modelado según los navíos patrulla de largo alcance de los Exploradores Espaciales. En realidad, no era muy grande, pero seis o siete personas podían viajar en él de manera muy cómoda. De momento parecía estar ululando por el subespacio otra vez a una velocidad infernal, yendo a alguna parte.

Bueno, eso podría esperar.

Trigger extendió el brazo y golpeó al Comisionado en la rodilla.

-¡Eh, Holati! - murmuró -. Despierte.

El Comisionado abrió los ojos. La miró y sonrió.

- ¿Otra vez de vuelta, eh? - dijo.

Trigger señaló hacia la puerta.

- Cierre - murmuró -. Tengo algo que decirle.

- Habla - Contestó él -. Quillan pilota, la Primera Dama está sin sentido y Mantelish ha cogido la enfermedad de la inmersión y tuve que darle una droga. No hay nadie más a bordo.

Trigger se arrellanó y le miró.

-¡Esto le va a sonar muy raro! - Le previno. Luego le dijo lo que había hecho Repulsivo y lo que trataba de hacer.

El Comisionado pareció muy impresionado.

- ¿Estás seguro de eso, Trigger?

- Claro que estoy segura.

- ¿Trata de hablarte?

- Eso.

La miró y parpadeó.



- Examiné el bolso y la cosa había desaparecido.

- Lyad sabe que había desaparecido - dijo Trigger -. Por si acaso se le presenta ocasión de hablar con alguien, diremos que usted la tenía.

Holati asintió y se puso en pie.

- Quédate aquí - Dijo, La receta para la clase de tratamiento que sufriste es un día de descanso en cama.

- ¿Dónde va usted?

- Voy hablar con ese navío de Psicología - Dijo -. ¡Y que no traten esta vez de contenerme!

Se fue pasillo arriba hacia la cabina transmisora en la parte delantera de la nave. Transcurrieron varios minutos. Luego Trigger de pronto oyó la voz del Comisionado Tate alzada y llena de cólera. Escuchó. Parecía ser que el Servicio Psicológico había metido la pata una vez más aconsejándole que permaneciese tranquilo.

Regresó al poco y se sentó junto a la litera, aún su cara algo colorada.

- Van a seguirnos - Dijo -. Si no lo hicieran, habría dado medía vuelta y nos habríamos abierto paso a cañonazos para subir a bordo de esa nave que es la desgracia de los de su raza.

- ¿Seguirnos? ¿Adónde?

El Comisionado gruñó.

- A un lugar llamado Luscious. Estaremos allí dentro de una semana. A ellos les costará por lo menos tres. Pero han comenzado el viaje de inmediato.

Trigger parpadeó.

-¡Parece que los plasmoides han alcanzado el primer lugar de la lista de problemas!

- No me sorprendería - contestó el Comisionado -. Me comunicaron con esa Pilch al cabo de un rato. Dijo que te recordase que escucharas tu pensamiento cuando tengas tiempo para ello. ¿Sabes lo que significa ese consejo?

- No estoy muy segura - contestó Trigger dudosa -. Pero ella lo mencionó. Trataré de complacerla. ¿Por qué vamos a Luscious?

- La flota de Selan halló plasmoides en él. Se encuentra en la zona de Vishni.

- ¿Qué clase de plasmoides?

Holati se encogió de hombros.

- Por lo que he oído no tienen gran importancia. Género pequeño. Pero plasmoide definitivamente. No parece probable que nadie haya hecho experimentos allí durante una temporada. Y, en verdad, una temporada larga.

- ¿Encontraron al grande?

- Todavía no. Tampoco hay rastro de personas en Luscious - se mordió el labio pensativo durante un momento -. Una hora después de haberte recogido a ti y a Lyad - Dijo -, una Orden del Consejo se transmitió a este navío. Se nos dijo que desviásemos el rumbo un poco y acudiésemos a la cita con la lancha correo más rápida suya.

- ¿Para qué?

- La Orden decía que el correo se llevaría a Lyad a bordo y se encaminaría con ella al Hub. Algún asunto diplomático - se rascó la barbilla -. Se nos aconsejó también tratar a la Primera Dama de Tranest con la cortesía debida a su alcurnia.

-¡Hermano! - Exclamó Trigger, airada.

-¡Lástima que no pudiese leer ese mensaje! - Exclamó Holati Tate -. ¡Hubo perturbaciones gravitatorias! El punto de cita queda a varias horas a nuestra espalda. Nunca nos alcanzarán.

-¡Jo, jo! - Rio Trigger -. ¡Pero eso es mostrarse insubordinado, Holati!

- Lo ha sido hasta ahora - Dijo -. Mencioné que teníamos a Lyad a bordo a esa tal Pilch. Ella dijo que hablaría con el Consejo. Vamos a conservar a Lyad y cuando Pilch llegue a Luscious la entrevistará.

Trigger sonrió.

- Ahora eso me produce una gran satisfacción, no se por qué - Observó -. Cuando Pilch pone sus zapatos en alguien, ese alguien puede considerarse perdido.

- Esa misma impresión tuve. Mientras, someteremos a la Ermetyne a un interrogatorio rutinario, cuando despierte de su mareo. La cortesía será bastante moderada. Probablemente contará algo de lo que sabe, especialmente si te sientas allí y la miras con fijeza, de vez en cuando.

-¡Eso no me costará el menor esfuerzo! - Le aseguró Trigger.

- Me lo imagino. ¿Estás segura de que esa cosa volverá a aparecer?

Trigger asintió.

- Sólo deje el bolso conmigo.

- De acuerdo - Se puso en pie -. Tengo un almuerzo caliente preparado para ti. Ahora te traeré el bolso. Luego me dirás lo que pasó después de que te capturaron.

- ¿Cómo averiguaron que yo había desaparecido? - Preguntó Trigger.

- Tu doble - Contestó el Comisionado -. La chica era condenadamente buena, en verdad. Hablé contigo... con ella... mediante el transmisor del despacho una vez y ella no desentonó lo más mínimo. Principalmente se mantuvo apartada de la demás gente. ¡Y vaya escurridiza que era! La descubrimos lo bastante pronto porque nos preparábamos para despegar hacia Luscious en aquel momento. Ella se denunció a sí misma.

- ¿Cómo?

- Logré localizarla por último, en la pantalla del transmisor. No tenía a nadie cerca para impresionar. Tomó una ración de porgee.

Trigger rió encantada.

-¡Bien por la bolsa de porgee! Les ha derrotado dos veces. Pero ¿cómo sabía usted dónde estaba yo?

- No había ahí el menor problema. Sabíamos que Lyad tiraba de las riendas de Pluly. Quillan conocía lo de la cubierta secreta del yate de Pluly y consiguió que Pluly le invitase para admirar el harén poco después de que llegara el Ciudad Alba. Mientras lo estaban mirando, también registraba los dibujos del suelo y su estructura para un salto con el subtubo. Ese truquito es ya en estos momentos un secreto a voces, pero valía la pena divulgarlo con tal de rescatarte a ti y capturar a Lyad. Subimos a bordo cinco minutos después de que hubiésemos descubierto a tu doble.

- La Ermetyne se imaginó que irían tras el Aurora - dijo Trigger.

- Bueno - contestó tolerante el Comisionado, La Ermetyne es muy joven. El Aurora era un poco obvio.

- ¿Cómo es que Quillan no empezó a preocuparse al no aparecer yo en el laboratorio de Mantelish con Repulsivo?

-¡Esa era su misión! - murmuró Holati. Se frotó el costado de su barbilla -. ¡Ese detalle despertó mis recelos! Aquel no era Quillan. Era el doble de Quillan.

- ¿Dentro del laboratorio de Mantelish? - preguntó Trigger, sobresaltada.

- Seguro. Así es como entraron todos. Dentro de esos cajones con muestras que Mantelish ha estado trayendo a la cúpula durante los pasados dos días. Parece ser como si el profesor hubiese sido hipnotizado hasta las orejas desde hace meses.

Las últimas cinco horas de su día de descanso recuperador las pasó Trigger durmiendo, la puerta de su camarote cerrada y el bolso del plasmoide abierto sobre la litera que tenía a su lado. Holati había venido poco antes para informar que la Ermetyne estaba ahora despierta, pero muy mareada, en apariencia algo más que un poco sobresaltada y todavía incapaz de creer que seguía con vida. La dio una dosis de tranquilizante y aplazó el interrogatorio hasta que cada cual pudiera tenerse en pie.

Cuando Trigger despertó de su siesta de cinco horas, la bolsa estaba cerrada. La abrió y miró en su interior. Repulsivo estaba allí, tranquilamente enroscado.

- Eres un gusanito muy listo, ¿verdad? - Dijo, no del todo con aprobación. Luego metió la mano y le acarició. Cerró la bolsa, se vistió y subió a la parte delantera del navío, llevando consigo a Repulsivo.

Los otros cuatro estaban en la zona de la sala de estar, incluida en la sección de control. El tabique había sido retirado dentro de la pared y el Comisionado, que estaba de momento ante los mandos. giró la cabeza hacia la sala,

Miró de reojo la bolsa del plasmoide cuando Trigger entró, sonrió y la obsequió con un guiño.

- Entra y siéntate - Dijo -. Te estábamos esperando.

Trigger se sentó y les miró. Algo en apariencia había sucedido. El rostro moreno de Quillan estaba pensativo, quizás algo divertido. Mantelish parecía colérico y congestionado. Su mechón de pelo blanco estaba perfectamente alborotado. La Ermetyne parecía algo vacilante.

- ¿Qué es lo que ha pasado? - Preguntó Trigger.

Era una pregunta improcedente. Mantelish aspiró a pleno pulmón y comenzó a bramar como un animal herido. Trigger escuchó con algo de admiración. Era una de las mejores creaciones de chillidos bien verbalizados que escuchara jamás, incluso del profesor. Aguantó por lo menos cinco minutos... en apariencia eso le sirvió para desahogarse de manera considerable.

Lyad le había deshipnotizado, a sugerencia del Comisionado. Había sido una tarea larga, que necesitó de un par de horas, pero quedó completa. Lo que era comprensible, puesto que se trataba de una obra de la Primera Dama en persona, según dedujo gradualmente Trigger de aquel estrépito, y fue ella quien colocó a Mantelish bajo su influencia, allá en su propio jardín en Maccadon y dos semanas después de su primer regreso de Harvest Moon.

Fue también Lyad quien dio a Mantelish una orden, transmitida por vía verbal mediante una pista secreta a su llegada a Manon, en la que le instruía para que se librase de sus vigilantes de la Liga durante unas pocas horas, perdiéndose en los pantanos de Manon. Luego se reunió con ella y conferenciaron, obteniendo la astuta muchacha toda la información que le fue posible. Como ultraje final, le dio instrucciones para que metiese en las cajas de muestras a sus secuaces, preservados como si fuesen damas del harén de Pluly, introduciéndolos así en la cúpula de Precol ... que los cuidase con ternura allí y que en el momento adecuado les libertase y los lanzara a la acción... ¡Y todo bajo la ilusión de que eran especímenes biológicos inapreciables!

Mantelish no estaba en lo más mínimo apesadumbrado por el hecho de que, también a sugerencia del Comisionado, hubiese instalado Lyad un insignificante y nuevo mando hipnótico que, según dijo ella, aclararía permanentemente su tendencia hacia los ataques de enfermedad del subespacio. Pero finalmente se agotó de tanto chillar y se sentó, mirando llameante de vez en cuando a la Ermetyne.

- Bueno - Observó el Comisionado -, me parece que llegó el momento de hacer unas cuantas preguntas. ¿Traes esa cosita contigo, Quillan?

Quillan asintió. Lyad les miró a ambos de hito en hito, luego, brevemente y por primera vez, miró en dirección a Trigger.

No era exactamente una mirada suplicante. Pudo haber sido interrogadora. Y pronto descubrió Trigger que sentía algo de compasión para Lyad. La orgullosa mujer había perdido en un juego grandísimo. Y, cada cual a su manera, se encontraban presentes tres machos formidables que la rodeaban por completo. Ninguno sentía amistad hacia ella; dos eran descomunales y el pequeño tenía un historial escalofriante aplicado a todos cuantos se le enfrentaron desde la otra parte de las fronteras de la ley y el orden. Trigger decidió olvidar de momento las miradas asesinas.

-¡Animo, Lyad! - Dijo -. Nadie va a hacerte daño. ¡Sólo responde!

Recibió otra mirada. No era exactamente de agradecimiento, pero tampoco de desagradecimiento. El apoyo temporal había sido bien acogido. - El Comisionado Tate me ha informado que este grupo no reconoce el principio de inmunidad diplomática en mí caso - dijo la Ermetyne -. Bajo estas circunstancias debo aceptarlo. Y así responderé a cualquier pregunta que pueda - miró el interrogador de bolsillo que Quillan estaba ahora comprobando con gran parsimonia -. Pero tales instrumentos de verificación son inútiles para interrogarme.

- ¿Por qué? - preguntó Quillan con aire de indiferencia.

- Como es natural, he sido acondicionada contra ellos - Contestó Lyad -. Soy una Ermetyne de Tranest. Cuando tenía doce años, ese juguete de ustedes no hubiera podido captar ninguna reacción mía que yo no quisiese demostrar.

Quillan volvió a guardarse el juguete en el bolsillo.

- Eso es muy cierto, Primera Dama - Dijo -. Y resulta un tanto a tu favor. Pensamos que podrías ponerte blanda al ver el aparato. Ahora te haré unas cuantas preguntas. Está funcionando un grabador. No eludas las respuestas.

El y el Comisionado comenzaron a bombardearla con preguntas. La Ermetyne respondió briosa. Por lo que podía averiguar Trigger, no había nada extraordinario, tampoco ninguna reserva. Ni tiempo para adoptarla.

Azol: El doctor Azol había sido servidor suyo desde el principio. Ahora se encontraba en Tranest. La parte importante de ese informe para ella fue el significado de la unidad plasmoide 112-113. También informó que Trigger Argee se quedó inconsciente en Harvest Moon. Consideraron la posibilidad de que alguien estuviese controlando a Trigger Argee, o tratando de controlarla, a causa de sus relaciones con las operaciones plasmoides.

Gess Fayle: Lyad había estado buscando al doctor Fayle tan en serio como cada cual, después de su desaparición. No había logrado comprarle. Por lo que ella sabía, nadie fue capaz de comprarle. El doctor Fayle parecía preocupado por el trabajo en sí. Se encontraba de momento muy lejos de la zona de espacio del Hub. Aun tenía consigo el 112-113. Sí, podía dar más detalles acerca de su situación... con ayuda de mapas estelares.

- Sácalos - Dijo el Comisionado Tate.

Los sacaron. La Ermetyne no tardó en marcar con un círculo una gran porción de la zona de la Flota de Vishni. Las preguntas volvieron a efectuarse.

113- A: El profesor Mantelish le contó sus experimentos con este plasmoide...

Hubo aquí una interrupción mientras Mantelish bramaba irreflexivamente. Pero fue brevísima. El profesor quería enterarse de más detalles acerca de las depravaciones a que le obligó la Primera Dama.

... y sus varias posibles asociaciones con la unidad principal. Pero para cuando la información le fue asequible, el 113- A había sido colocado bajo estrecha vigilancia. El profesor Mantelish hizo un intento de llevárselo de contrabando y entregárselo.

¡Uff- Uff!

... ¡Pero no pudo cruzar la guardia llevándolo encima!. Los agentes de Tranest realizaron varios intentos infructuosos para apoderarse del plasmoide. Ella sabía que otro grupo efectuó también intentos igualmente infructuosos. Los Devagas. Todavía desconocía la naturaleza específica de la importancia del 113- A. Pero era importante.

Trigger: Trigger Argee podía decirles por qué era importante por sí misma. El doctor Fayle también. Lo mismo los peces gordos de la jerarquía de Devagas. Lyad, de momento, no podía. Ella conocía que la importancia de Trigger Argee estaba asociada directamente con ese plasmoide 113- A. Esta información la obtuvo de un operador de Devagas, ahora muerto. No de Balmordan. El operador había estado al mando del intento de rapto en Evalee. El asunto mucho más complicado de la Escuela Colonial fue obra de Tranest. Un grupo de Devagas intentó entrometerse, pero se libraron de él.

Pluly: Lyad gobernaba a su gusto a Belchik. Tenía miedo de los Devagas, pero aun la temía mucho más a ella. Su miedo de los Devagas se debía al hecho de que él y un socio proporcionaron a la jerarquía una gran cantidad de materiales de contrabando. La naturaleza de los materiales indicaba que los Devagas construían un puesto exterior más fortificado en un mundo o bien sin aire o con atmósfera venenosa. El socio de Pluly desde entonces fue asesinado. Pluly creía que era el siguiente en la lista de los que serían obligados a guardar silencio mediante el asesinato.

Balmordan: Balmordan había sido un pez gordo del Servicio de Inteligencia de Devagas. Lyad se enteró de su existencia solo recientemente. Estuvo al frente de los intentos de obtener el 113- A. Lyad le había convencido de que sería una competidora peligrosa en la zona de Manon. También preparó información concerniente a sus actividades para que le fuera asequible. Así Balmordan y un grupo selecto de sus pistoleros asistió a la fiesta de Pluly en el yate de este último. Se les permitió abrirse paso hasta la cubierta secreta y allí fueron capturados en una trampa a base de luz negra. Los pistoleros fueron asesinados. Balmordan sufrió un interrogatorio.

El interrogatorio reveló que los Devagas habían encontrado al doctor Fayle, y a la unidad 112-113, casi inmediatamente después de la desaparición de Fayle. Habían tenido éxito en crear algunos plasmoides trabajadores. Para iniciar la operación satisfactoria, seguían necesitando al 113- A. Balmordan ignoraba el porqué. Pero ya no necesitaba a Trigger Argee. Trigger Argee iba a ser destruida a la primera oportunidad. Tampoco Balmordan sabía la razón. Fayle y su unidad se encontraban en una cúpula - Fortaleza que los Devagas habían construido. Era en la zona que Lyad indicó. Se suponía que estaba oculta de manera muy completamente concienzuda. Balmordan podía o no conocer sus coordinadas exactas. Sus investigadores cometieron el inevitable resbalón finalmente y despertaron una violenta reacción del bloqueo mental. Balmordan había muerto. El examen de su cerebro de cadáver no produjo ninguna información notable.

El pequeño bombardeo de preguntas terminó bruscamente. Trigger consultó su reloj. Había durado sólo quince minutos, pero ya se sentía algo mareada. La Ermetyne parecía un poco más vacilante.

Al cabo de un minuto, el Comisionado Tate preguntó con educación si habría alguna información más que pensase la Primera Dama que podía proporcionarles en este momento.

La joven sacudió la cabeza. No.

Sólo el profesor Mantelish la creyó.

Pero el interrogatorio había terminado, aparentemente,
CAPITULO XXIV
Quillan se ocupó de los mandos y el Comisionado y Trigger se fueron con el grabador al pequeño despacho en la parte posterior de la cabina transmisora, para enviar algunos informes rápidos al Hub y a otros puntos. Lyad se excusaba profundamente ante Mantelish cuando dejaron la sala.

El profesor parecía gruñirla, aunque con bastante suavidad.

Un poco más tarde, Lyad, mostrando signos de contenida sorpresa, ayudaba a Trigger a preparar la cena. La tomaron en la sala. Quillan permaneció ante los mandos mientras los demás empezaron a comer. Trigger preparó una bandeja y se la llevó.

-¡Gracias por el rescate, mayor! - Dijo.

La miró sonriente.

- Fue un placer.

Trigger se volvió para contemplar el grupito de la sala.

- ¿Crees que está fingiendo un poquito?

- Seguro. Con anterioridad decidió cuánto nos diría y cuánto callaría. ¡Sin embargo, tiene una mente muy rápida! No comete errores. Lo que nos ha dicho de lo que sabe constituye una historia sólida y con aspectos que podemos comprobar deprisa. Así es que habrá aún más información. Pero lo dejamos estar de momento.

- Ya ha comenzado a enjabonar a Mantelish - dijo Trigger.

- Y lo conseguirá - Afirmó Quillan -. Para cuando lleguemos a Luscious, el profesor probablemente habrá vuelto a estar en su poder. Me imagino que el Comisionado trata de darle un poco de cuerda para que se ahorque.

- ¿Está muy cerca Luscious de la zona que ella nos mostró?

Quillan manipuló en su pantalla del rumbo y sobrepuso el mapa que había marcado Lyad.

- El punto rojo queda bien adentro - destacó -. Eso quizás sea información real y sólida - La miró -. ¿Te molestaría mucho enterarte que los Devagas han abandonado la idea de tu captura y estén dispuestos a matarte?

Trigger sacudió la cabeza.

- En realidad no - contestó -. La diferencia no sería mucha, de un modo u otro, ¿verdad?

- Poquísima - Le acarició la mano -. Bueno, no te capturarán, muñeca... ¡Ni te matarán tampoco!

Trigger sonrió.

- Te creo - Dijo -. Gracias - Volvió a mirar a la sala. En aquel momento experimentó una sensación de seguridad, relajada, indiferente. Probablemente no duraría, sin embargo, Miró de reojo a Quillan.

- Esos computadores tuyos - dijo -. ¿Qué respondieron acerca de aquel no catassino que tu destrozaste?

- Esas máquinas estúpidas pretenden ahora decir que era un plasmoide - contestó Quillan, ¡Un concepto asqueroso! Pero en esta ocasión tiene algo de sentido. Encaja con las cosas que acaba de decirnos Lyad. ¿Te acuerdas de aquella esponja Vethi que Balmordan llevaba?

- Sí.


- No salió del navío con él. Informó al bajar diciendo que había muerto en ruta.

-¡Eso si que es una noción asquerosa! - Exclamó Trigger al cabo de un momento -. Bueno, por lo menos ahora tenemos detectores.

Pero la sensación de seguridad, en cierto modo, había vuelto a desvanecerse.

Antes de que la cena hubiera llegado a su mitad, los transmisores de largo alcance bruscamente parecieron resucitar. Durante la siguiente media hora, poco más o menos, los mensajes llegaron incesantemente, a medida que los diversos Cuarteles Generales de aquí y allá reaccionaban ante el informe de la Ermetyne. El Comisionado se sentó en el despachito y escogió la recién llegada información. Trigger permaneció en los transmisores, sirviéndole las noticias nada más llegar. Ninguna les afectaba directamente... ya se encaminaban al punto del espacio al que gran cantidad de otras personas comenzaría a dirigirse ahora.

Luego el asunto se olvidó de nuevo casi de manera tan súbita como apareciera. Una media docena de artículos de baja prioridad quedó estrangulada, en la misma cantidad de minutos. Los transmisores runrunearon vagamente. Luego sonó el zumbador que anunciaba un mensaje de persona a persona.

- Trigger pulsó el botón de la pantalla. Una voz pronunció el número correspondiente al navío.

- Recibiendo - dijo Trigger -. ¿Qué es?

- Centro de Comunicación de Orado - Dijo la voz -. Prepárese para establecer contacto con el Consejero de ­la Federación Roadgear.

Trigger se vio dominada por el pánico. ¡Roadgear era todo un NOMBRE!

- Preparados - contestó.

El Comisionado Tate cruzó la puerta y se deslizó en la silla que ella le había dejado ya libre. Trigger ocupó otro asiento a pocos palmos de distancia. Se sentía un poquito nerviosa, pero siempre deseó ver en acción a un diplomático de los máximos poderes.

La pantalla se iluminó. Reconoció a Roadgear por sus fotografías. Era un hombre alto, de inmejorable aspecto y sienes plateadas. Ocupaba un sillón en una lujosísima oficina.

-¡Felicidades, Comisionado! - dijo, sonriendo -. ¡Creo que ahora se dará cuenta que su último informe ha puesto en movimiento una gran cantidad de ruedas!

- Eso esperaba que ocurriese - admitió el Comisionado. También sonrió,

Estuvieron haciéndose cumplidos mutuos unos cuantos segundos, muy afectuosos. Roadgear no parecía estar envuelto en ningún modo específico con las operaciones que pronto se centrarían en Luscious. Trigger ya empezaba a preguntarse qué es lo que deseaba.

- Unos cuantos de nosotros tenemos curiosidad por saber por qué no aceptó o acusó recibo de la última Orden del Consejo que se le envió - Dijo Roadgear.

Trigger por poco salta de nerviosismo.

- ¿Cuándo fue eso? - preguntó el Comisionado.

Roadgear sonrió con blandura y se lo dijo.

- Tengo aquí la grabación de un mensaje indescifrable que llegó por ese tiempo - dijo el Comisionado -. Es usted muy amable por avisarme, consejero. ¿Cuál era el contenido de la Orden?

- Ocurre que ya pasó de fecha - Dijo - Roadgear -. En realidad le llamo por otro asunto. La Primera Dama de Tranest parece haber sido muy amable informándole a usted de algunas de sus recientes actividades.

El Comisionado asintió.

- Sí, muy amable.

- Y en tan breve tiempo después de su... detención. ¿Se ha mostrado usted muy persuasivo?

- Bueno - Respondió Holati Tate -, no más que lo corriente.

- Sí - Dijo el consejero Roadgear -. Hay a ese respecto un poco de interés por algunos miembros del Consejo... bueno, digamos que necesitan ser tranquilizados al respecto de que las delicadezas que se observan al tratar con un Jefe de Estado están siendo observados en este caso. Estoy seguro de que así es, claro.

El Comisionado guardó silencio un instante.

- Se me informó hace un rato - dijo -, que la plena responsabilidad acerca de este Jefe de Estado ha recaído sobre mi grupo. ¿Es eso correcto?

El Consejero enrojeció ligeramente.

- Del todo - Dijo -. La orden oficial de Consejo le llegará dentro de un día, poco más o menos.

- Bueno, entonces le aseguraré a usted para que usted traslade esta seguridad a los consejeros que mostraba interés porque me cumplieran las deferencias - Dijo el Comisionado -. Entonces todo el mundo podrá descansar tranquilo. ¿No está eso bien?

- No, no del todo - Dijo Roadgear enojado -. De hecho, los Consejeros preferirían más, Comisionado, si me diese una oportunidad de hablar directamente con la Primera Dama para tranquilizarme en ese asunto.

- Bien - Dijo el Comisionado Tate -. No puede ponerse ahora a los transmisores. Está lavando los platos.

En esta ocasión el enrojecimiento del Consejero fue mucho mayor. Miró con fijeza al Comisionado durante unos instantes. Luego dijo con voz muy suave:

-¡Oh, al infierno con eso! - Añadió -. Buena suerte, Comisionado... va a necesitarla

La pantalla quedó en blanco.

Los exploradores de la Flota de Selan, que por primera vez examinaron este planeta y decidieron llamarlo Luscious, habían seleccionado bien el nombre, pensó Trigger, y probablemente duraría. Porque eso era, por lo menos en la zona en donde estaban acampados. Giró sobre su costado y se apartó de un empujón de la roca que había estado mirando contemplativa durante los pasados minutos. Primero los pies, fue vagando hacia una sección en cierto modo más profunda de la Cañada Plasmoide.

Nada era muy hondo. Habían charcas de trecho en trecho, a todo lo largo de la cañada por la que ella solía ir, en donde podía plantarse sobre las puntas de los pies en la cálida y clara agua y, con los brazos en alto, apenas rozaba la superficie con las puntas de los dedos. Pero a lo largo de la mayoría de la extensión las rocas mayores ni siquiera quedaban sumergidas.

Vino deslizándose por la arena hasta otra roca, le dio la­ espalda y se apoyó contra la peña, parpadeando ante los reflejos del sol en el agua. El campamento quedaba a un par de centenares de metros valle abajo, sus sonidos cortados por una elevación del terreno. El navío del Comisionado estaba allí, más media docena de tiendas, más una unidad de la Flota 1 de tamaño considerable con laboratorios que el equipo de Selan había prestado a Mantelish por tiempo indefinido. Había unas quince o veinte personas en total en torno al campamento, en aquel instante. Sabían que ella estaba nadando en el agua allá arriba y no la molestarían.

Hablando de manera estricta, claro, ella no nadaba. Aprendía cómo escuchar sus propios pensamientos. No le parecía captar el truco con demasiada rapidez; pero algo lograba. La mejor manera parecía dejarse, ir mentalmente lo más posible; aguardar sin impaciencia, escuchar en realidad, más o menos en silencio, dentro de uno mismo, como si estuviera mirando en el interior de algún bosque extraño, dejando que apareciese a la vista lo que quisiera aparecer y que se desvaneciese de nuevo, mientras otra cosa ocupaba su lugar en el campo de visión. La principal dificultad era la de relajarse mentalmente, que no constituía para ella método natural de abordar un problema.

Pero cuando pudo hacerlo, la información de una clase, que empezaba a semejar muy interesante, probablemente llegaría a filtrarse dentro de su conciencia. Cualquier cosa que estuviera trabajando en lo hondo de su cerebro, y podía imaginarse lo que era ahora, parecía tan débil y lenta como indicó la agente del Servicio de Psicología. Las huellas de su trabajo eran de ordinario débiles y vagas. Pero poco a poco esas huellas se agrupaban formando imágenes muy definidas.

Holgazanear en torno a las aguas de Cañada Plasmoide durante una hora o así cada mañana resultó ser una parte útil del proceso. En el viaje relámpago hasta Luscious, por el subespacio, todo el trecho, con el Comisionado y Quillan hablando las veinticuatro horas del día y ocupando los controles, los transmisores reclamando la atención cada media hora, teniendo que ocuparse de los servicios propios del ama de casa en el navío y además debiendo vigilar de manera moderada a la Ermetyne, puesto que no se podía fiar de Mantelish, ni siquiera pensó en llevar a cabo la sugerencia de Pilch.

Pero una vez hubieron tomado tierra, de pronto ya no tuvo demasiado trabajo y pudo dar prioridad a la escucha de su propio pensamiento. Era uno de esos períodos interinos en donde todo queda preparado y nada se ha puesto en marcha. Como planeta plasmoide, Luscious tenía grandes singularidades. Era verdad que los plasmoides estuvieron aquí, También era cierto que hasta muy recientemente se produjeron plasmoides.

Por el simple método de mirar en donde eran más densos, la gente de Selan había localizado al plasmoide que produjo a los demás, varios días antes de que llegase Mantelish para confirmar su hallazgo. Este, según las normas plasmoides de Luscious era un monstruo regular, de unos ocho metros de altura; una cosa gris, como una momia, muerta y medio podrida en su interior. Era el primer plasmoide - Con la posible excepción del que se destrozó a sí mismo por la mina de gravedad de Quillan - conocido que hubiera muerto. Hubo una considerable excitación cuando se le descubrió por primera vez, porque la descripción hacía parecer como si hubiesen localizado finalmente el 112-113.

No lo habían hecho. Este, si Trigger había seguido las palabras de Mantelish correctamente, podía ser considerado como imitación barata del 112. Y sus producciones, comparadas con la vida plástica trabajadora de Harvest Moon, semejaban quedar estrictamente a nivel de parvulario, nueces y tuercas y menos que eso. Para Trigger, la mayor parte de los que habían sido recogidos tenían el aspecto de diversos gusanos y orugas, aunque por lo menos uno era del tamaño de un cerdo pequeño.

- No hay forma, no hay sistema - rumió Mantelish -. ¿Estaba esa cosa ensayando? ¿Pretendía construir un asistente y ponerlo aquí a prueba? ¡Bueno, vaya! - se perdió en incomprensibilidades, aparentemente ya no insatisfechas del todo -. ¡Tráiganme el 112! - Bramó -. ¡Entonces quedará resuelto este asunto! Mientras, por lo menos tenemos aquí material plasmoide que desperdiciar. ¡Podemos efectuar osados experimentos! Venga, Lyad, querida mía.

Y Lyad le siguió hasta la Unidad Laboratorio, en donde se pusieron a trabajar de nuevo, diseccionando, quemando, estimulando, inoculando, etcétera, a gran número de plasmoides más o menos del tamaño de galletitas.

________________


Esta mañana Trigger no consiguió llegar con facilidad al mejor nivel de la semiembriaguez. Y la culpa podría ser muy bien de aquel asuntillo del afecto que había sentido hacia Lyad.

- Ya sabe usted - dijo Trigger al Comisionado, pensativa el día antes -, para cuando haya pasado todo, Lyad sabrá más acerca de los plasmoides que nadie en el Hub, excepto Mantelish.

El Comisionado no pareció interesado.

- Eso no importará mucho. Para cuando terminemos, ella y el resto de los Ermetynes habrán te­nido que abandonar el control de Tranest. Han roto el tratado con este negocio.

- Oh - exclamó Trigger -. ¿Sabe eso Lyad?

- Seguro, También sabe que se va a librar con facilidad, si fuese ciudadana de la Federación, se la enviaría de inmediato a una rehabilitación obligatoria.

-¡Entonces intentará algo si se le presenta una media oportunidad! - previno Trigger.

-¡Claro que lo hará! - contestó distraído el Comisionado. Siguió con su trabajo.

No parecía que Lyad le preocupase. Trigger permaneció tumbada de espaldas en las aguas poco profundas, descansando sobre la arena, los brazos tras la cabeza, notando el calor del sol en sus párpados cerrados. Contempló sus pensamientos como vagaban muy lentamente.

Podía ser Quillan.

El mayor Quillan. El salvador en momentos de debilidad. El destrozador de no catassinos. Todo un tipo. Algo murmuró al pasar junto a ella.

En el viaje hasta aquí habían estado juntos de vez en cuando, pasando de tarea a tarea. Después de que llegaran, Quillan estaba fuera tres cuartas partes del tiempo, ayudando en la búsqueda de la oculta fortaleza Devagas. Seguía todavía oculta; no habían captado si quiera el menor rastro.

Pero a menudo regresaba al campamento. Y también a menudo, cuando volvía y no creía que ella le mirase, se sentaba para contemplarla.

Trigger sonrió feliz. ¡El mayor Quillan... estaba enamorado! ¡Muy bien!

Y así lo hizo. Se notó relajándose, resbalando hacia abajo y alejándose, vagando a través de su mente... más lejos... más profundo... hasta que la vocecita que le hablaba en un lenguaje extraño cada día se le hizo más comprensible.

-¡Uf, dime, Trigger!


CAPITULO XXV
Trigger carraspeó. Abrió los ojos con violencia. Hizo un esfuerzo convulsivo para desvanecerse debajo de la superficie de la Cañada. Estando plana sobre la arena, como se encontraba, no logró nada. Así que dejó de salpicar e hizo en su lugar una serie rápida de movimientos para cubrirse.

-¡Tienes cara dura! - Gritó cuando recuperó el aliento -. ¡Largo de aquí! ¡De prisa!

Quillan, plantado en la orilla, a unos cinco metros por encima, pareció ofendido. Miró también.

-¡Fíjate! - dijo plañidero -. ¡Vine sólo para asegurarme de que estabas bien... hay animales salvajes cerca! No me fijaba ni en color de tu piel.

-¡Largo! ¡De inmediato!

Quillan inhaló con aparente dificultad.

- Sin embargo, ahora que lo hemos mencionado - Continuó, hablando rápida y desigualmente -, hay un pardo ahí que queda resaltado por esas zonas rosadas y ese adorable blanco - En aquel momento se mostraba más entusiasmado; Trigger temió que se cayese de la orilla y se precipitase en la Cañada junto a ella -. ¡Y él... ejem, ejem... el pelo rojo, húmedo y las pecas... - Siguió balbuceando, los ojos casi saliéndose de las órbitas -. Y lo maravilloso...

-¡Quillan! - Gritó ella -. ¡Por favor!

Quillan se reprimió.

-¡Uf! - Dijo. Aspiró profundamente. La mirada frenética le desapareció. La cordura semejó volverle -. Bueno, es verdad lo de los animales salvajes. ¡Una especie de criatura grande, informe, se observó ahora, metiéndose en el bosque al extremo superior del valle!

Trigger lanzó una mirada a lo largo de la orilla. Tenía sus ropas a unos catorce metros de distancia, junto al agua.

-¡Yo si que estoy observando una gran criatura informe y aquí mismo! - Dijo con frialdad -. Lo que es peor, esa criatura me observa a mí. ¡Date media vuelta!

Quillan suspiró.

- Eres una mujer dura, Argee - Dijo. Pero dio la vuelta. Llevaba un arma enfundada, como cosa normal; pero ordinariamente no adoptaba esa costumbre. Continuó -: Parece ser que esa cosa tiene la cabeza como un murciélago, de un metro de diámetro. Vuela.

- Muy interesante - Contestó Trigger. Decidió que el joven no iba a volverse otra vez, Ahora me pondré mis vestidos y luego... luego...

Salió en silencio de los árboles que se acercaban a la curva superior del arroyo, a unos veinte metros de distancia. Tenía la cabeza como un murciélago y era azul en lo alto y amarillo por debajo. Sus alas batientes parecían llegar hasta el otro lado de la orilla. La boca de un metro estaba abierta del todo, mostrando unos dientes muy largos y blancos. Vino planeando rápido por la superficie del agua hacia ella.

-¡Quiiii - LLAN!
_____________
Regresaron por el sendero hasta el campamento. Trigger caminaba unos cuantos pasos delante, muy estirada. Lo peor había sido la mirada maliciosa del rostro de él.

-¡Granuja! - Gritó ella -. ¡Granuja! ¡Granuja! ¡Granuja!

- Vamos, Trigger - contestó Quillan tranquilo desde detrás -. Después de todo, fuiste tú quien vino subiendo a toda prisa por la orilla y se colgó de mi cuello. Y, además, mojada.

-.¡Es que tenía miedo! - Gruñó Trigger -, ¿Quién no lo hubiera tenido! ¡Y tú, con certeza, no dudaste ni un momento en aprovecharte de la situación!

- Cierto - admitió Quillan -. Ya había mata­do al murciélago, y estabas tú allí. ¿Quién iba a dudar? Yo no estoy loco.

La joven describió dos pasos de baile por pura rabia y giró para enfrentarse a él. Se puso las manos en la caderas. Quillan se detuvo alerta.

-¡Tu cerebro! - Exclamó la muchacha -. Me sabría mal tenerlo igual. ¿Qué te crees que soy? ¿Una de las huríes de Belchik?

Para un hombre de su tamaño era en extremo rápido. Antes de que ella pudiese moverse, se encontraba allí, un brazo descomunal rodeándola los hombros, sujetándola las manos a ambos costados,

-¡Calma, Trigger! - Dijo en voz baja.

Bueno, otros habían tratado de sujetarla así cuando ella no quería que la sujetaran. Un giro, un tirón, un movimiento brusco... y allá se iban, volando por los aires. Trigger buscó la postura más adecuada con tranquilidad. Si ahora era lo bastante rápida... se retorció, tiró, se movió. Se detuvo, desanimada. La situación no se había alterado apreciablemente.

Ya se temía que no diese resultado con Quillan.

-¡Suelta! - dijo furiosa, propinando un rápido taconazo a la entrepierna del hombre. Pero falló. Su zapato tropezó con un saliente del suelo. ¡Aquel mono parecía tener un par extra de ojos en sus pies!

Luego la palma libre de él la tomó por la barbilla, levantándole la cabeza con cuidado. Sus otros ojos aparecieron por encima de los de la muchacha. Muy cerca. Muy cerca.

-¡Te morderé! - Susurró con fiereza Trigger - ¡Te mor... Mmmmph!

-¡Mmmmmph- Grrmm!

-¡Grr - Mm... Hm- M- M. ..mhm!


________________
Siguieron caminando por el sendero, cogidos de la mano. Llegaron por fin a la última elevación. Trigger miró hacia el campamento. Frunció el ceño.

-¡Muy aburrido! - Observó.

- ¿Eh? - preguntó Quillan, sobresaltado.

-¡Eso, no, gorila! - Dijo. Le acarició la mano -. Tu moral no es buena, pero reconozco que tampoco aburrida. Quiero decir, generalmente. Debemos sentarnos aquí a esperar ahora. No parece que vaya a pasar nada.

Era cierto, por lo menos superficialmente. Había un gran número de navíos y de hombres en torno y cerca de Lucious, pero no estaban a la vista. Se preparaban para saltar en cualquier dirección, en cualquier momento, pero no tenían nada hacia lo que saltar. Los transmisores del Comisionado no habían emitido señales más que dos o tres veces durante los últimos dos días. Incluso los Comunicadores de corto alcance permanecían la mayor parte del tiempo en silencio.

-¡Anímate, muñeca! - Dijo Quillan, Algo ocurría y muy pronto.

Aquella tarde, un navío de Devagas vino raudo a Luscious.

Están preparados, como es natural. Que alguien viniese de vez en cuando para echar un vistazo a la cosecha local plasmoide era de esperar. Mientras el navío salió de la superficie en la atmósfera al otro lado del planeta, cuatro monoplazas de exploradores de combate despegaron de cuatro puntos diferentes del horizonte, alzadas las pantallas de radiación. Lanzaron rayos de freno sobre él y lo dejaron bien ligado. Por encima apareció un destructor de la Federación.

El navío de Devagas no podía escapar. Así que estalló por sí mismo.

También estaban preparados para eso. El cerebro, tres minutos después de muerto, del piloto Devagas fue examinado. No conocía nada significativo excepto las coordinadas exactas de una cúpula armada, subterránea, de Devagas, a tres días de viaje.

Los navíos exploradores que habían estado buscando la cúpula partieron ululantes hacia allí desde todas direcciones. Los navíos más grandes de la Federación les siguieron de cerca... Los pesados no tenían prisa. El navío de Devagas capturado trató de lanzar un aviso a su base, pero no costó el menor esfuerzo anularlo. Los exploradores eran lo bastante rápidos para bloquear los intentos de fuga.

- Y ahora dividiremos nuestras fuerzas - dijo el Comisionado. Parecía el único, pensó Trigger, que no se mostraba excitado, por lo que sucedía -.

¡Quillan, tú y tu grupo, en marcha! Harás más falta allí que aquí.

Durante un segundo, Quillan pareció como un hombre roto violentamente entre dos decisiones. No miró a Trigger. Preguntó:

- ¿Cree que es prudente dejarles a ustedes sin protección?

- Quillan - Repuso el Comisionado Tate -, ésta es la primera vez en mi vida que me sugiere alguien que necesito protección.

- Lo siento, señor - dijo Quillan.

- ¿Quiere usted decir que nosotros no creemos? - Preguntó Trigger -. ¿Qué vamos a quedarnos aquí?

- ¿No te acuerdas que tienes una cita? - Contestó el Comisionado.

Quillan y compañía se fueron al cabo de una hora. Mantelish, Holati, Tate, Lyad y Trigger permanecieron en el campamento. Luscious parecía muy solitario.

____________
- No sólo es al rey plasmoide lo que confían pescar allí - Dijo a Trigger el Comisionado -. Y no me importaría, francamente, que esa cosa continuase perdida unos pocos milenios más. Pero la semana pasada recibimos un informe singularísimo. Los muchachos de la Federación, que trabajaban secretamente, han estado examinando los mundos de Devagas y Tranest muy de cerca, últimamente. El informe dado es que no existe la menor evidencia de que ni uno solo de los altos jerarcas de Devagas haya sido visto en cualquiera de esos mundos, durante los pasados dos meses.

- Oh - Exclamó ella -. ¿Entonces piensan que están ahí? ¿En esa cúpula?

- Eso es lo que se sospecha.

- ¿Pero, por qué?

Se rascó la barbilla.

- Si lo sabe alguien, no me lo ha dicho. Probablemente no será para nada hermoso.

Trigger meditó.

- ¿Usted cree que utilizan dobles, como Lyad? - preguntó.

- Oh, lo hicieron - repuso el Comisionado

Lo hicieron. Ese es uno de los motivos que tengo para estar muy seguro de que desaparecieron. Son en realidad tan expertos en ese asunto de los dobles como los tipos de Tranest. Un ligero estudio de los archivos sirvió para desenmascarar a los dobles.

Trigger volvió a meditar.

- ¿Encontraron algo en Tranest?

- Sí. Un escuadrón de fuerza de combate de esas fragatas, como la Aurora, que se les permitieron construir por el tratado, parece haber desaparecido.

Trigger apoyó la barbilla en las palmas de sus manos y le miró.

- ¿Por eso nos hemos quedado en Luscious, Holati... los cuatro?

- Es una razón. La otra es por Repulsivo.

- ¿Qué hay de él?

- Tengo un fuerte presentimiento de que mientras encontrarán a la jerarquía en esa cúpula de Devagas, no hallarán el plasmoide 112-113.

- Así que Lyad sigue jugando - murmuró Trigger -. Y nosotros jugamos también a que sacaremos más de su próximo juego de lo que ella se imagina - Dudó -. Holati...

- ¿Sí?


- ¿Cuándo tuvo usted la certeza de que sería mejor que nadie consiguiese ver jamás a ese rey plasmoide?

Holati Tate contestó:

- Cuando vi la reconstrucción de aquel monstruo amarillo de Balmordan. Con franqueza, Trigger, hubo mucha discusión acerca de las posibilidades de ese aspecto antes de que decidiéramos anunciar el descubrimiento de Harvest Moon. Si pudiéramos conservarlo oculto un par de siglos... hasta que en el Hub hubiese mayor sentido común... probablemente lograríamos triunfar. Pero alguien tiene que tropezarse con él alguna vez. Y el género no parecía en extremo valioso. Así que corrimos el riesgo.

- ¿Y ahora te gustaría no haberlo corrido?

- Sí, si fuera posible. A la mitad del Consejo de la Federación probablemente no le habría gustado ver que se aceptaba esa perspectiva. Ni siquiera se atreven a pensar de acuerdo con ese criterio. Podría producirse un estallido que haría retroceder la política del Hub a la clase de tensión amenazadora que no se ha conocido desde hace un siglo. Si ocurre algo, deberá tener las apariencias de algo inevitable. Y, sin embargo, eso de por sí seguiría siendo bastante malo.

- Me lo supongo, Holati. Pero...

- ¿Sí?

La chica sacudió la cabeza.



- Nada. O, si lo es, se lo preguntaré más tarde - se puso en pie -. Creo que iré a tomar un baño.

Seguía acudiendo a la Cañada Plasmoide por las mañanas. El murciélago resultó ser una víctima inocente de las apariencias una bestia muy dócil dedicada a perseguir y tragarse los enormes moscones que pululaban en torno a los ríos y masas de agua. Luscious continuaba pareciendo el más seguro de todos los mundos posibles para cualquier criatura tan vigorosa como un ser humano. Pero, por si acaso, siempre conservaba cerca el Denton.

Volvió a desperezarse en la soleada agua, seleccionó una roca lisa en la que descansar la cabeza, se hundió un poco en la arena para que la corriente no la hiciese flotar y cerró los ojos, Permaneció inmóvil, respirando despacio. El contacto se producía cada mañana más fácil y rápidamente. Pero la información que había comenzado a filtrarse en los últimos días no era la indicada para hacer feliz a una persona.

Ahora tenía miedo de morir en la empresa. Casi se lo contó a Holati, lo que no le habría servido de consuelo siquiera. Tendría que permanecer vigilante en el futuro.

Repulsivo no dijo con exactitud que moriría. Anunció:

- Quizás.

Repulsivo también tenía miedo. Estaba muy asustado,

Trigger permaneció inmóvil, sus pensamientos, su atención derivando suave hacia dentro y hacía abajo. El agua del arroyo estrellaba sus onditas contra la mejilla.

Todo era porque había un reloj que marchaba muy despacio. Eso no se podía cambiar. Jamás.
CAPITULO XXVI
Tres mañanas más tarde, la señal de emergencia la reclamó al campamento a toda prisa.
Trigger repasó mentalmente los acontecimientos de los últimos días mientras trotaba por el sendero, vistiéndose poco más o menos durante el camino. La cúpula de Devagas estaba siendo sólidamente acosada, sus transmisores inutilizados. No había tratado de comunicarse con sus atacantes. Por su parte, los navíos de la Federación no precipitaban este ataque. Mantenían sus posiciones, aguardando a que llegasen las embarcaciones grandes y lentas, que empezarían con la máxima suavidad a descubrir y abrir la cúpula, desmontándola pieza por pieza. La jerarquía se podría rendir y lo que estuviesen escondiendo allí tendrían que entregarlo durante el proceso. No tenían la menor posibilidad de éxito, Nadie ni nada escapó jamás. Los exploradores habían detenido unos cuantos navíos de Devagas mientras venían; pero es que aquellos se encaminaban hacia la cúpula, no salían de ella.

Quizá el navío del Servicio de Psicología llegó ya, siete días antes de tiempo.

Los otros tres no estaban en el campamento, pero la escotilla del navío del Comisionado estaba abierta, Trigger entró y los encontró reunidos en proa. El Comisionado había colocado a un lado el gabinete transmisor y estaba en su parte posterior, hurgando entre los conductores de energía.

- ¿Qué ocurre? - preguntó Trigger.

- Los transmisores dejaron de funcionar - dijo --- Todavía ignoro por qué. Coge unas herramientas y ayúdame a repasarlo.

Se puso sus guantes de trabajo, cogió unas herramientas y se le unió. Lyad y Mantelish les miraban en silencio.

Encontraron los primeros rodales de hongos pocos minutos después.

-¡Hongos! - Exclamó Mantelish, asombrado. Comenzó a buscarse en los bolsillos --. Mi microscopio...

- Yo lo tengo - Lyad se lo entregó. Lo miró interesada -. No pensará que...

- Es posible. Entramos aquí anoche, ¿recuerda? Y veníamos derechos del laboratorio.

- Pero nos habíamos descontaminado - Repuso Lyad turbada.

-¡No trate de entrar aquí, profesor! - le avisó Trigger al verle acercarse -. Quizá tuviéramos que deselectrocutarle. El Comisionado desprenderá una muestra y se la entregará. ¿Este género... si es lo que se imagina usted... puede ser venenoso?

- Inofensivo para la vida, muchacha - dijo el profesor, inclinándose sobre el trocito de materia gris verdosa que el Comisionado le tendía -. ¡Pero estropea los instrumentos delicados! Por eso teníamos tanto cuidado.

Holati Tate miró de reojo a Trigger.

- Será mejor que examines la caja negra, Trigger - dijo.

La muchacha asintió y se adentró todavía más en las entrañas de los transmisores. Un minuto más tarde anunció:

-¡Está lleno! Y esa es una parte que no podemos reparar ni sustituir, claro. ¿Se trata de su animalito, profesor?

- Eso parece - Contestó infeliz Mantelish -. Pero tenemos, cuanto menos, un disolvente que lo arrancará del equipo.

Trigger salió de debajo de las transmisores, la notable caja negra bajo un brazo.

- Será mejor que lo utilice antes de que el género se apodere del resto del navío. La caja negra no servirá para nada - le sacudió. Tintineó -.

¡Cáscaras! - exclamó -. Ahí se fue otro cuarto de millón de sus créditos, Comisionado.

Mantelish y Lyad se encaminaron hacia la escotilla para traer el disolvente. Trigger se quitó sus guantes de trabajo y se volvió para seguirles.

- Quizá tarde un ratito en regresar - dijo.

El Comisionado empezó a murmurar algo, luego asintió y volvió a los transmisores. Al cabo de pocos momentos, vino Mantelish, jadeando, con rociadores y latas de disolvente.

- Por lo menos tenemos suerte de que lograse usted emitir una llamada - dijo, Esta cosa pudo hacer un daño incalculable.

- Lo dudo - respondió Holati -. Unos cuantos instrumentos se hubiesen averiado. Como los comunicadores. El equipo principal es a prueba de hongos, ¿Cómo se ataca a esta plaga?

Mantelish se lo mostró.

El Comisionado les dio las gracias. Dirigió un fino rociado de disolvente dentro de la caja negra y aguardó a que los hongos se fundiesen.

- ¿Sabe usted adónde fueron Trigger y Lyad? - preguntó.

- ¿Eh? - Respondió Mantelish. Reflexionó -. Les vi bajar hablando hacia el campamento, cuando yo entraba - Repuso -. ¿Voy a por ellas?

- No se moleste - contestó Holati -. Regresarán.

Vinieron caminando media hora más tarde y entraron en la nave, ambos rostros blancos y tensos

- Lyad tiene algo que decirle, Holati - anunció Trigger -. ¿Dónde esta Mantelish?

- En su laboratorio. Creo que echando una siestecita.

- Estupendo. No le necesitamos para esto. Adelante, Lyad. Di sólo lo importante. Ya nos darás los detalles después que hayamos partido.

Tres horas más tarde la nave estaba muy lejos de Luscious, viajando deprisa por el subespacio. Trigger entró en la zona de control.

- Mantelish sigue dormido - dijo. Habían dado al profesor una droga mezclada en la bebida para meterle a bordo sin darle explicaciones detalladas ni discutir qué partes del laboratorio deberían ser cargadas primero en la nave -. ¿Quiere que saque a Lyad de su cabina de descanso para que nos cuente el resto de la historia o esperamos hasta que él despierte?

- Será mejor aguardar - repuso el Comisionado -. Abrirá los ojos dentro de una hora y es preferible que lo oiga también con nosotros. Parece ser que navegar será algo duro durante un ratito, cuanto menos.

Trigger asintió y se sentó en el asiento de pilotaje cerca del Comisionado. Al cabo de un rato, la miró de reojo.

- ¿Cómo la hiciste hablar? - preguntó.

- Nos adentramos un poquito en los bosques. La até a un tronco y rompí dos varas en las posaderas más eminentes de Tranest. La idea la saqué de Mihul - Y añadió Trigger vagamente -: Cuando cogí la tercera vara, Lyad se mostró terriblemente ansiosa de mantener las cosas a nivel conversacional. Y así fue.

- Hum - Murmuró el Comisionado -. ¿No crees que sigue mintiendo esta vez?

- Lo dudo. De vez en cuando la sondeé, sólo para asegurarme de que no disminuía su ritmo lo bastante como para meditar. Además, grabé todo lo que dijo en un aparato de bolsillo y Lyad lo sabía. Sí vuelve a hacer una de las suyas, se terminó el trato, la grabación será entregada a las televisoras del Hub para que todo el mundo vea y contemplé cómo gritaba y quedaba humillada. Preferiría perder Tranest antes de arriesgarse a que ocurriese eso. Será buena.

- Sí, probablemente - Murmuró el Comisionado pensativo -. Acerca de esa subestación.. . ¿No te sentirías más tranquila si fuésemos con el rebaño, después de ocupar primero la cúpula de Devagas y consiguiéramos así una escolta para el viaje?

- Claro - Murmuró Trigger -. Pero eso acabaría con las posibilidades de realizar algo personalmente, ¿no es cierto?

- Me temo que sí. Inteligencia de los Exploradores iría muy lejos conmigo. Pero no tanto. Quizá podamos establecer contacto con Quillan individualmente. Es un buen elemento en cualquier pelea.

- No creo que deberíamos correr ningún riesgo de ser localizados hasta que sepamos exactamente cómo están las cosas - Afirmó Trigger.

- Bueno, en eso estoy de acuerdo - dijo el Comisionado -. No deberíamos.

- ¿Qué hay de Mantelish y Lyad? Tampoco se les puede permitir que lo sepan.

El Comisionado hizo un gesto con la cabeza.

- La cabina de descanso en la parte posterior de los camarotes. Si vemos posibilidad de hacer algo, les pondremos a ambos a descansar. Creo que después se podría imaginar algo que hiciese parecer plausible nuestro gesto.

Trigger guardó silencio un instante. Lyad le habla dicho que despachó al Aurora para vigilar una estación del subespacio en donde estaba recluido en la actualidad el rey plasmoide, hasta que ella y el escuadrón de combate de Tranest llegasen. La situación exacta de la estación había sido la información más valiosa que extrajo penosamente de Balmordan. Las coordinadas se centraban ahora en la pantalla de rumbos del Comisionado.

- ¿Qué hay del escuadrón de Tranest? - dijo Trigger -. ¿Cree que Lyad se podía arriesgar a una mentira y que ese escuadrón puede llegar allí a tiempo de interferir?

- No - repuso el Comisionado -. Tuvo que tener alguna idea de adónde enviarle antes de hacerle salir del Hub. Será una proeza si llegan a esa subestación dentro de otras tres semanas. Ahora que la Aurora... si partió hacia Luscious poco después de que Lyad la llamase anoche, lo mejor que puede conseguir sería arribar a la subestación antes que nosotros. Me imagino que en cuatro días. Si da media vuelta entonces y comienza a regresar -.

Trigger río.

-¡Apuesto a favor de eso! - Exclamó. El Comisionado había utilizado los cañones de la nave para marcar las coordinadas de la subestación en cifras de veinte millas de largo en una plataforma montañosa que quedaba por encima de Cañada Plasmoide. Habían dejado información más detallada en el campamento, pero existía la posibilidad de que se la pasasen por alto en una búsqueda demasiado presurosa.

- Entonces volverá a aparecer en la subestación cuatro o cinco días detrás nuestro - Dijo el Comisionado. Así que no constituye un problema. Pero nuestros navíos más rápidos pueden cruzar desde la cúpula de Devagas en menos de tres días después de que sus expediciones de búsqueda anuncien desde Luscious el porqué hemos cesado de transmitir y dónde nos hemos ido. O el navío de Psicología puede llegar a Luscious antes de que lo haga la partida de búsqueda y empiece a transmitir las coordenadas.

- En cualquier caso - continuó Trigger -. Son nuestros muchachos los que probablemente se verán en problemas.

- Sí. Yo diría que tendremos un par de días, unas cuantas horas más o menos, después de que lleguemos a la estación, para ver si podemos hacer algo útil en verdad. Claro, alguien podría acercarse a Luscious ahora mismo y empezar a preguntarse lo que significan esas cifras de coordinadas, o bajar en nuestro campamento y descubrir que no estamos. Pero, después de todo, no es muy probable.

- De cualquier forma tampoco podría evitarse - dijo Trigger.

- No. Si nos descontamos a nosotros en este trabajo, alguien además del escuadrón de Tranest de Lyad y de los Devagas tiene que saber dónde se encuentra la estación - sacudió la cabeza -. ¡Esa Lyad! Me imaginé que sabía cómo manejar los transmisores, así que le di una oportunidad. Pero nunca pensé que sería lo bastante buen ingeniero para entrar dentro de ellos y estropearlos sin matarse a sí misma.

- Lyad tiene sus cualidades - Dijo Trigger -. Mala cosa que sea tan canalla. ¿Colocó un dispositivo de reproducción dentro, entonces?

- Naturalmente.

- ¿Supongo que lleno de hongos?

- Llenito - Dijo el Comisionado -. Bueno, Lyad aún ha perdido con esa maniobra. Su situación se ha convertido en menos cómoda.

- Creo que en eso estará de acuerdo con usted - anunció Trigger.

La primera misión de Lyad después de que el profesor Mantelish saliese del sueño narcótico era hacerle volver a caer en trance y explicarle cómo le colocó una vez más bajo control hipnótico y lo utilizó para sus felonías, cosa impropia de la Primera Dama de Tranest. Después le dejaron desahogarse de su rabia mientras seguía todavía bajo control parcial. Más tarde la Ermetyne le despertó del todo.

La miró con frialdad.

-¡Lyad Ermetyne, es usted una mujer muy falsa - declaró -. ¡Y no deseo volverla a ver jamás cerca de mis laboratorios! Jamás, bajo ningún pretexto, ¿comprendido?

- Sí, profesor - contestó. Lyad, Y lamento haber creído que fuese necesario...

Mantelish rezongó.

-¡Lo lamenta! ¡Necesario! ¡Para asegurarme de que no vuelva a suceder, tomará una dosis de píldoras antihipnóticas! Si puedo recordar la receta.

- Pues - Se aventuró a decir la Ermetyne -, conozco una receta bonísima para ese propósito, profesor. ¡Si usted me lo permite!

Mantelish se puso en pie.

-¡No acepto recetas de usted! - dijo glacial. Miró a Trigger mientras empezaba a salir de la cabina -. ¡Ni tampoco bebidas de ti, Trigger Argee! - Gruñó, ¡No me queda, en toda la maldita Galaxia, nadie en quien confiar!

- Lo siento, profesor - dijo meliflua Trigger.

Al cabo de media hora, poco más o menos, se había calmado lo bastante para unirse a los demás en la sala de estar y enterarse de la historia final de Gess Fayle y el desaparecido rey plasmoide que les contó Ermetyne.

El doctor Gess Fayle, informó Lyad, había muerto poco después de abandonar el Sistema Manon.

Y con él murieron quienes estaban a bordo del navío transporte de la Liga U. Podía ser de lo más sencillo, continuó, relacionar la primera serie de acontecimientos desde el punto de vista plasmoide.

- ¿Punto de vista? - le interrumpió el profesor Mantelish -. ¿El plasmoide posee conciencia?

- Oh, sí. Ese sí.

- ¿Autoconciencia?

- Definitivamente.

-¡Aja! Pero entonces...

.- ¿Profesor, le preparo algo de beber? - le interrumpió Trigger con educación.

La miró fulminante, gruñó, luego sonrió.

- Me callaré - Dijo.

Lyad continuó.

El doctor Fayle había reasumido su experimentación con la unidad 112-113 casi tan pronto como se encontró a solas con ella; una de las primeras cosas que hizo fue separar la pequeña parte 113 de la principal. El punto que el doctor Fayle no había considerado adecuadamente cuando dio este paso era que la función de la 113 parecía ser la de contener, alimentar o hacer de aparato contractivo de su socio mayor. La Vieja Galaxia evidentemente se había dado cuenta de las potencialidades peligrosas de sus creaciones más avanzadas y había utilizado este medio para regularlas. Que el método era de confianza quedaba demostrado por el hecho de que, en los treinta mil años pasados desde que se desvaneció la Vieja Galaxia, el plasmoide 112 permaneció constreñido a las operaciones requeridas para el mantenimiento de Harvest Moon.

Pero no le gustó esta restricción.

Y se dio muchísima cuenta de las posibilidades de que le ofrecían las nuevas formas de vida que últimamente irrumpieron en Harvest Moon.

Nada más se encontró libre, intentó apoderarse del control de las mentes humanas que le rodeaban.

- ¿Control a nivel mental? - Exclamó Mantelish, con expresión asombrada -. Jamás se dio cosa por el estilo, claro. Y hemos estado considerando... ¿Pero de mentes humanas?

Lyad asintió.

- Puede establecer contacto con los cerebros humanos - Dijo -, aunque, quizá por suerte, puede proyectarse ese particular efecto de campo sólo en un radio bastante limitado. Un poco menos, descubrieron los Devagas más tarde, de ocho kilómetros,

Mantelish sacudió la cabeza, ceñudo. Se volvió hacia el Comisionado.

-¡Holati, creo que esa cosa puede ser peligrosa! - dijo con énfasis.

Durante un momento le miraron. Luego el Comisionado se aclaró la garganta.

- Es una posibilidad, Mantelish - admitió -. Meditaremos en eso más tarde.

- ¿Qué es lo que mató a la gente del navío? - Preguntó Trigger a Lyad.

- El intento de controlarla - Repuso Lyad. El doctor Fayle en apariencia había muerto cuando salió del laboratorio con la unidad 113. Los demás hombres murieron donde estaban. El navío, marchando por el subespacio y sin piloto, se metió de cabeza en el próximo torbellino gravitatorio y estalló.

Los detectores de una nave Devagas captaron la situación de los restos tres días después. Balmordan iba a bordo del barco de Devagas y se hizo cargo.

Los Devagas, en aquel tiempo, tenían tanta hambre de plasmoides como cualquier otra persona y conocían con seguridad que era improbable ver satisfecha esta ansia hasta que no transcurrieran varias décadas. Los restos del navío de la Liga U en la zona de Manon decididamente merecían la molestia de una investigación.

Si el gran plasmoide no hubiese sido capaz de aprender de sus errores, el grupo investigador Devagas también habría muerto. Puesto que pudo y aprendió, vivieron. Los investigadores descubrieron restos humanos y los restos también aplastados de la unidad 113 en una parte destruida del navío. Luego encontraron al gran plasmoide... vivo en el subespacio, sin haber sufrido el menor daño y muy consciente de las dificultades a que se enfrentaba ahora.

Ya había iniciado su intento primero de resolver las dificultades. Era incapaz del movimiento hacia el exterior y no podía cambiar su propia estructura, pero ya no se encontraba solo. Había construido un pequeño plasmoide doble con órganos visuales y manipulantes, tan indiferente a la exposición al subespacio como su creador. Cuando la patrulla de abordaje encontró a los gemelos, el plasmoide operante aparentemente trataba de ejecutar alguna operación en el cerebro congelado de uno de los cadáveres humanos.

Balmordan era un científico de categoría no despreciable entre los Devagas. No comprendió de inmediato lo que veía, pero se dio cuenta de la importancia probable de la comprensión. Tenía a los plasmoides y a su objeto de investigación humano sin vida, los hizo trasladar a la nave Devagas y se puso a observar lo que hacían.

Relajado, el plasmoide operante volvió de inmediato a su tarea. La completó. Luego Balmordan, y presumiblemente los plasmoides, aguardaron. No pasó nada.

Por último, Balmordan investigó en el cerebro muerto. Instalado en él encontró lo que parecían ser unos receptores de energía casi microscópicos de material plasmoide. No había nada que indicase qué tipo de energía iban... o podían... recibir.

Los científicos de Devagas, cuando son miembros de la jerarquía, siempre han disfrutado de una gran ventaja sobre la mayor parte de sus colegas de la Federación. No tienen dificultad alguna en obtener voluntarios humanos para que actúen como conejillos de indias en trabajos de experimentación. Balmordan señaló a tres de sus tripulantes menos valiosos como voluntarios para los experimentos del plasmoide.

El primero de los tres murió casi de inmediato. El plasmoide, resultó, carecía de comprensión, entre otras cosas, del uso y necesidad de la anestesia. Balmordan, consiguientemente ayudó gustoso en la segunda operación. Se mostró encantado cuando resultó que su ayuda fue aceptada de buena gana y con absoluta comprensión. Este sujeto no murió de inmediato. Pero no recobró la conciencia después de que se le instalasen los aparatos plasmoides y horas más tarde falleció, en medio de convulsiones.

El número tres tuvo más suerte. Recobró el conocimiento. Se quejó de dolores de cabeza y, después de que hubo dormido, de pesadillas. Al día siguiente entró en coma durante un período de varias horas. Cuando salió, informó tembloroso de que el gran plasmoide le hablaba, aunque no podía comprender lo que le decía.

Hubieron dos operaciones más de prueba, ambas con éxito. En los tres casos, los dolores de cabeza y las pesadillas cesaron al cabo de una semana. El primer sujeto de la serie comenzaba a comprender al plasmoide. Balmordan escuchó sus informes. Hizo que sus tres voluntarios supervivientes se sometiesen a unas extensas pruebas físicas y psicológicas. Parecían estar en una condición admirable.

Balmordan efectuó ahora la operación en sí mismo. Cuando despertó, dispuso de sus tres predecesores, Luego dedicó plena atención a aprender lo que el plasmoide trataba de decir. Al cabo de tres semanas resultó claro...

El plasmoide había establecido contacto con los seres humanos porque necesitaba su ayuda. Precisaba de una base como Harvest Moon desde la que operar y seguir adelante con lo que le hacía falta para sus requerimientos. No tenía la comprensión suficiente para permitirse construir tal base.

Así que hizo a Devagas una propuesta. Trabajaría para ellos, del mismo modo que trabajó para la Vieja Galaxia, si... a diferencia de la Vieja Galaxia... ellos trabajaban para él.

Balmordan, recientemente convertido en persona de importancia principal, transmitió la oferta a la jerarquía del Hub. Sin la menor duda fue aceptada, pero se advirtió a Balmordan que no trajese a su monstruo a la zona del Hub. Si se le descubría en un mundo de Devagas, la jerarquía se vería enfrentada a elegir entre otra guerra con la Federación y la sumisión a controles mucho más restrictivos de dicha Federación, No interesaba ninguna de las dos alternativas; había perdido tres guerras con los mundos Federados en el pasado y en cada ocasión se vio reducida en potencia.

Se pusieron en contacto con la Flota Independiente de Vishni. La zona de Vishni no quedaba muy lejos de la posición del navío de Balmordan y los Devagas habían tenido ya tratos anteriores con ellos y sus hombres. En esta ocasión contrataron la Flota I para que se convirtiese en el custodio temporal del plasmoide. A las pocas semanas estaba aparcado en Luscious, en donde se dedicó a experimentos creadores de menor importancia que poco después confundirían al profesor Mantelish.

Los Devagas, mientras, trabajaron prodigiosamente para completar las construcciones que iban a ser la característica central de la nueva alianza. En la base muy lejana al Hub, anclado, seguramente oculto entre los torbellinos gravitatorios y las corrientes de una zona turbulenta del subespacio, virtualmente indetectable, el monstruo podría convertirse en un socio valiosísimo. Si se le descubría, la sociedad podría ser negada. Así, del mismo modo, se negaría el hecho de que habían construido para él la subestación... en un quebranto gravísimo de los tratados con la Federación.

Construyeron la subestación. Construyeron una cúpula de observación subterránea armada a tres días de viaje. El plasmoide quedó instalado en su nuevo domicilio. Después pidió utilizar a la gente de la Flota Vishni para otros experimentos.

Le jerarquía se mostró contenta de satisfacer la petición. De cualquier modo se hubiera visto en la necesidad de deshacerse de los mercenarios contratados, porque sabían demasiado.

Después de recibir su material de experimentación, el plasmoide solicitó que Devagas permaneciese lejos de la subestación durante algún tiempo.
CAPITULO XXVII
Los Devagas, contó Lyad, aunque no parecían demasiado dichosos con la creciente actitud independiente de su aliado, se mostraban en cambio muy ansiosos, más que nunca, por ver cómo progresaba la alianza hasta llegar a una etapa de trabajos. Como indicación de su potencialidad útil, el monstruo les había proporcionado una variedad de robots plasmoides operantes, construidos según sus propias especificaciones.

- ¿Qué clase de especificaciones? - Preguntó Trigger.

Lyad no las conocía en detalle, pero algunos de los robots parecieron demostrar posibilidades bastante alarmantes. Estas posibilidades, sin embargo, eran precisamente lo que más intrigaba a la jerarquía.

Mantelish chasqueó los labios pensativo v sacudió la cabeza.

-¡Eso no es bueno! - exclamó -. ¡No es bueno en absoluto! Comienzo a pensar... - se detuvo un momento -. Adelante, Lyad.

Le jerarquía dedicaba ahora consideración renovada a una solicitud curiosa que el plasmoide efectuó casi tan pronto como Balmordan fue capaz de comprenderlo. La petición era que se encontrase y se destruyese el plasmoide 113­A.

Los ojos ámbar de la Ermetyne se trasladaron a Trigger.

- ¿Debo...? - preguntó.

Trigger asintió.

Y a un específico ser humano. Los Devagas habían establecido ya que ese ser humano tenía que ser Trigger Argee.

- ¿Qué? - las espesas y blancas cejas de Mantelish se enarcaron -. Según comprendemos, el 113- A causa miedo a ese otro plasmoide... haciéndole temer que de algún modo u otro logremos controlarlo. ¿Pero por qué Trigger?

- Porque - Contestó Lyad con cuidado -, el 112 se daba cuenta de que el 113- A trataba de acondicionar a Trigger para que se convirtiese en su intérprete,

El profesor Mantelish se quedó boquiabierto. Giró su cabeza hacia Trigger.

- ¿Es eso cierto?

La muchacha asintió.

- Es cierto, sin duda. Estamos trabajando en ello, pero no hemos llegado demasiado dejos. Ya se lo contaré más tarde. Continúa, Lyad.

Los Devagas, naturalmente, no habían obedecido la malévola sugerencia del rey plasmoide. Lo que aquel ser temía, probablemente le sería utilísimo a ellos. En su lugar, efectuaron preparativos para que cayesen en su poder tanto el 113- A como Trigger Argee. Entonces tendrían un nuevo y fuerte argumento para negociar en sus tratos con aquel socio dudoso. Pero descubrieron de pronto que ni Trigger ni el 113- A eran fácilmente accesibles.

Entonces Balmordan sugirió un cambio de táctica. La jerarquía procuraba que hubiese un número de intérpretes asequibles al 112; Balmordan, en consecuencia, había perdido mucho de su primitiva importancia y se mostraba ansioso de recuperarla. Su propuesta fue que todos los esfuerzos se concretasen en obtener el 113- A. Una vez lo tuvieran, él mismo se presentaría voluntario para convertirse en su primer intérprete. Trigger Argee, a causa de la información que podía revelar a los demás, debería ser destruida... una operación mucho más sencilla que intentar capturarla viva.

Se accedió a eso y Balmordan fue autorizado para llevar a cabo ambas, operaciones.

Mantelish había comenzado a sacudir la cabeza otra vez.

-¡No! - Exclamó de pronto y con violencia. Miró a Lyad luego a Trigger. Dijo -: ¡Trigger!

- ¿Sí? -- Contestó la joven.

- Llévate a su camarote a esta mujer engañosa - ordenó Mantelish -. Enciérrala con llave. Tengo algo que decirle al Comisionado.

Trigger se levantó.

- Está bien - murmuró -. Vamos, Lyad.

Las dos abandonaron la sala. Mantelish se levantó y se acercó al Comisionado. Le agarró por las solapas de la chaqueta.

-¡Holati, viejo amigo! - comenzó emocionado.

- ¿Qué le ocurre, viejo amigo? - preguntó el Comisionado.

- Lo que tengo que decir - murmuró Mantelish -, le impresionará. Profundamente.

-¡No! - exclamó el Comisionado.

- Sí - Dijo Mantelish -. Ese plasmoide 112... tiene, claro, un valor potencial inestimable para la civilización.

- Naturalmente - asintió el Comisionado.

- Pero también representa una amenaza del todo intolerable para esta civilización - continuó Mantelish.

-¡Mantelish! - exclamó el Comisionado.

- Es verdad. Usted no entiende de estos asuntos como yo. Holati, ese plasmoide ha de ser destruido. Si es posible, en secreto. ¡Y por nosotros!

-¡Mantelish! - repitió el Comisionado -. ¡No puede decirlo en serio!

- Sí lo digo.

- Bueno - Contestó el Comisionado Tate -, siéntese. Aceptó las sugerencias.

En el atestado programa de estudios de la Escuela Colonial el manejo de la armadura especial no se estudió con detenimiento. Pero el Comisionado rompió uno de los dos trajes de servicio pesado del navío y cuando Trigger no estaba en los mandos, comiendo, durmiendo, o cuidándose de las faenas de la nave con Lyad y Mantelish, no le quedaba más remedio que ejercitarse en el uso de la otra única armadura restante.

No se le veía en los mandos con demasiado frecuencia. Cuando no quedaba otro remedio, era preciso salir a la superficie y marchar por el espacio normal. Pero Lyad, no demasiado sorprendentemente, resultó ser una piloto espacial cualificada. En especial, una piloto del subespacio. Menos asombrosos todavía, ya habían efectuado un estudio cuidadoso de los mandos de la nave. Al cabo de unas pocas horas de instrucción, comenzó a turnarse con el Comisionado en las zonas menos ásperas. En aquella área ninguna de las zonas era lisa y suave.

Cuando no estaba de servicio, Lyad se echaba en su litera y pensaba.

Mantelish trató de ser útil.

Quizá también Repulsivo estuvo meditando. No se hizo notar en mucho tiempo.

Pasaron los días. Las zonas de subespacio se hicieron más duras. Las últimas diez horas el Comisionado se las pasó sin moverse del asiento de Control. Lyad había vuelto a ser encerrada en su camarote al acercarse el período crítico. En el espacio normal, la subestación ya debería aparecer al alcance limpio del detector. Aquí, los detectores acusaban ocasionales turbiones, indicaciones inseguras de que en algún lugar entre las energías atorbellinadas de su alrededor podría haber algo más sólido y material. Era como deslizarse por entre las espesas junglas hacia el punto en donde acechaba una presa peligrosa.

Al llegar a los puntos señalados por las coordinadas disminuyeron la marcha. Comenzaron a deslizarse entre dos torbellinos monstruosos. Los detectores recobraron vida.

-¡Navío! - exclamó el Comisionado. Masculló un juramento y dijo un instante más tarde -: ¡Tipo fragata! - Volvió la cabeza hacia Trigger -. ¡A por Lyad! ¡Están a distancia de comunicación! La permitiremos que se comunique.

Con el corazón batiendo, Trigger fue en busca de Lyad. El Comisionado había puesto en funcionamiento el comunicador de distancias cortas cuando ellas regresaron juntas a toda prisa a la sala de control.

- ¿Es el Aurora? - Preguntó el Comisionado.

Lyad consultó la imagen que aparecía en los detectores.

-¡Lo es! - Se quedó pálida.

-¡Hábleles - Ordenó el Comisionado -. ¿Conoce el número de llamada?

- Pues claro - Lyad se sentó ante el comunicador. Sus manos temblaron durante un momento, fuego se serenaron -. ¿Qué voy a decirles?

- Para empezar, descubra lo que ha pasado. Porque se encuentran todavía aquí. Luego improvisaremos. Consiga si puede, que se pongan en pantalla,

Los dedos de Lyad revolotearon sobre las teclas. El comunicador señaló contacto.

Lyad dijo con llaneza:

-¡Adelante, Aurora! Aquí la Ermetyne.

Hubo una pausa, una pausa inconmensurable, angustiosa, pensó Trigger. Luego una voz contestó:

- ¿Sí, Primera Dama?

Los ojos de Lyad se desorbitaron durante un instante.

-¡Entre en visual, capitán! - En las palabras había el restallar de la autoridad.

Otra pausa. Luego, de pronto, el comunicador estaba mirando en la sala de control del Aurora. Un hombre con barba parda, de rostro bastante lleno, de uniforme, se sentaba ante la otra pantalla. Tras él habían otros individuos uniformados. Trigger notó cómo la Ermetyne suspiraba y se volvió para contemplar el rostro de Lyad

- ¿Por qué no ha cumplido sus instrucciones, capitán? - la voz seguía nivelada.

- Hubo dificultades con las máquinas, Primera Dama.

Lyad asintió.

- Muy bien. Estén alerta para nuevas instrucciones.

Cortó el comunicador. Giró en redondo hacia el Comisionado.

-¡Sáquenos de aquí! - dijo ella, el rostro blanco como el yeso -. ¡De prisa! Esos no son mis hombres.

Una llamarada bramó en torno a ellos dentro del subespacio. La mano del Comisionado apretó un botón. La llama desapareció y las estrellas brillaron a su alrededor. Los motores les lanzaron hacia adelante. Doce segundos más tarde, describieron un ángulo y volvieron a zambullirse. El subespacio reapareció.

-¡Creo que tenía usted razón! - Contestó el Comisionado. Manejó los mandos de las máqui­nas y luego se rascó la barbilla -. ¿Pero qué eran?

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-¡Todo parecía erróneo! - Estaba diciendo Lyad, su rostro todavía blanco -. ¡Sus caras, en particular, quedaban deformadas! - Miró a Trigger -. ¿Las viste?

Trigger asintió. Se imaginó que estaba tan pálida como Lyad.

- El capitán - dijo -. No miré a los demás. ¡Me pareció como si sus mejillas y frente estuvieran cambiadas de forma!

Hubo un breve silencio.

- Bueno - lo rompió el Comisionado -, parece ser que el plasmoide ha hecho más experimentos. La cuestión es: ¿cómo logró apoderarse de ellos?

No encontraron ninguna respuesta. Lyad insistió en que el Aurora había recibido órdenes específicas de evitar la proximidad inmediata de la subestación. Su único propósito allí era observar e informar de cuanto ocurriese en la zona. No podía imaginarse a su tripulación desobedeciendo órdenes.

- Ese asunto del control a nivel mental - dijo por último Trigger -. Quizás eso encontró una manera de salir al encuentro de ellos.

Pudo ver por los rostros de los tripulantes que aquella idea se les había ocurrido ya y que no les gustó. Bueno, tampoco a ella. Intercambiaron unas cuantas ideas más. Ninguna parecía serles útil.

- A menos que queramos perseguirlos - Dijo por último el Comisionado -, lo único que nos queda por hacer es volver y acabar primero con la fragata. No podemos correr el riesgo de husmear en torno a la estación mientras esa nave está aquí y sea fácil de que empiece a atacarnos en cualquier segundo.

Mantelish pareció asombrado.

-¡Holati, es un navío de guerra! - Advirtió.

- Mantelish - Contestó el Comisionado, con una pizca de frialdad -, usted no viaja en canoa - miró de reojo a Lyad -. ¿Verdad que no se sentiría usted muy feliz encerrada en su camarote durante la escaramuza?

Lyad le dirigió una triste sonrisa.

-¡Comisionado, tiene razón! - Fue su respuesta.

- Entonces siga sentada - Dijo el Comisionado -. Empezaremos el acoso.

Acosaron. Se necesitó una hora para establecer de nuevo contacto con el Aurora, presumiblemente porque aquella nave también les acechaba. De pronto, los detectores cobraron vida.

Los cañones de la nave dispararon de inmediato. Luego el subespacio comenzó a desfilar locamente por sus pantallas. Trigger miró durante pocos segundos, tragó saliva y empezó a estudiar el suelo.

Cualquier cosa que hubiese hecho el plasmoide a la tripulación de la fragata, no disminuyó en apariencia ninguna de sus capacidades para presentar batalla. Fue un asunto muy espinoso. Pero tampoco el antiguo comandante de escuadrilla Tate había perdido, al correr los tiempos, nada de su talento. La fragata tenía muchos más cañones, pero no mejor alcance. Y él poseía una nave más rápida. Cuatro minutos después de intercambiarse los primeros disparos, el Aurora volaba.

La masa rasgada del casco del Aurora, que el Comisionado al poco trajo hacia la escotilla, parecía tener tres agujeros, aproximadamente de dos centímetros, que la atravesaban, y que, subsiguientemente, volvieron a ser obturados. El material que formaba el tapón era de carácter plasmoide.

- Habían dos agujeros en otra pieza - Dijo el Comisionado muy pensativo -. Si es la media, quizás lo agujerearon en unos cuantos millares de sitios. Tendremos que echarle un vistazo más atento.

El y Mantelish operaron la grúa de gravedad entrando dentro de los talleres de la nave aquella plancha agujereada de aleación de acero. Lyad volvió a ser encerrada en su camarote y Trigger estuvo de guardia en la sala de control y miró pensativa hacia las estrellas del espacio normal.

Media hora más tarde, los dos hombres vinieron por el pasillo y se la unieron. Parecían preocupados.

- Es una escena desagradable, Trigger, muchacha - Dijo el Comisionado -. Esos agujeros parecen como mordeduras. Quien quiera que los produjo era también capaz aparentemente de sellar la parte tras él mientras procedía hacia el interior. Lo que hizo a los hombres que estaban en la nave lo ignoramos. Mantelish opina que podemos compararlo toscamente con los efectos de una ordinaria invasión de gérmenes. En realidad no importa. Sirvió para acondicionarles,

-¡Potentes y grandes gérmenes! - Dijo Trigger -. ¿Por qué no los detuvieron los deflectores de meteoros?

- Si el navío iba a la deriva y esas cosas simplemente se acercaron poco a poco...

- Oh, comprendo. Eso no activaría a los deflectores. Entonces, si continuamos moviéndonos...

- Eso es lo que pensaba - Dijo el Comisionado.

CAPITULO XXVIII

Trigger no podía apartar los ojos de la estación subespacial. Era increíble.

Aún podía afirmarse que las brigadas humanas de construcción habían alzado una estación blindada tipo normal, allá abajo. Muy grande, muy masiva, pero normalmente conformada, casi esférica. Se podía decir eso únicamente por el hecho de que en las fosas de los cañones el material original seguía mostrándose. Por las demás partes había desaparecido bajo masas enormes y negras de material que los plasmoides añadieron a la estructura de la estación.

Toda la parte superior de aquella negra y maciza superficie, parecida a la suya, estaba atestado de plasmoides, que caminaban, que se hundían y se retorcían. Los había a millares, quizás en centenares de tipos distintos. Parecía como una masa húmeda, negra, podrida pululante de vida interior y exteriormente.

Ni ella ni los dos hombres mencionaron su apariencia. Todo lo que podía decirse era que resultaba horrible.

Los plasmoides, pudieron ver, ignoraron al navío. Tampoco prestaron atención perceptible a las ocho bengalas espaciales que el Comisionado situó en forma de un tosco cubo para que circundasen la estación. Pero durante las dos primeras horas después de su llegada, los deflectores de meteoros de la nave permanecieron activos. Al principio un golpecito ocasional, luego un picoteo casi continuo, finalmente un tamborilear seguido que duró veinte minutos y llenó las pantallas de los deflectores con nubes giratorias y enloquecidas de diminutas chispas. De pronto todo terminó. O bien el rey plasmoide había agotado su suministro de aquella arma particular o prefería conservar lo que le quedaba.

- Pongamos a prueba sus cañones - murmuró el Comisionado. Parecía muy apenado, según pensó Trigger.

Describió un amplio círculo, aumentó su velocidad, retrocedió y pasó rozando el flanco de la estación, Lanzó andanadas y recibió disparos de dos fosas artilleras con una rapidez que confirmó lo que ya casi estaba seguro de conocer... que la instalación de cañones operaba de manera automática. Parecieron armas notablemente débiles para una estación de aquel tamaño. En apariencia los Devagas tuvieron, bastante sentido común como para no proporcionar al plasmoide todas las ventajas.

El Comisionado lanzó un disparo de prueba sobre una de las negras protuberancias. Un pequeño y violento cráter surgió. Se oscureció con la máxima rapidez. De la abertura mayor, cerca y abajo de lo que habría sido el pie de¡ muñón si éste lo hubiese tenido, algo largo, rojo y como un gusano se retorció rápidamente. Flotó por encima de la superficie de la estructura hasta el punto averiado y metió la punta de su parte delantera en el cráter. De esa punta comenzó a emanar negro material. El plasmoide movió su vanguardia arriba y abajo de la zona averiada. Otros de la misma clase salieron y se le unieron. El cráter comenzó a llenarse.

Se alejaron un - Poco y salieron a la superficie. El espacio normal parecía limpio, hermoso, hogareño, brillando tranquilo. Ninguno de ellos excepto Lyad había dormido en las últimas veinticuatro horas.

- ¿Qué es lo que opinan ustedes? - preguntó el Comisionado.

Discutieron lo que acababan de ver con voces apagadas. Nadie tenía un plan. Concordaron en que podían estar seguros de una cosa y ésta era de que el personal de la Flota Vishni y cualquier otro ser humano que pudiera estar dentro de la estación, cuando se la entregó al rey plasmoide, ya no vivía. A menos, claro, que se les hubiese hecho algo mucho más drástico de lo que sufrieron los tripulantes del Aurora. El navío había pasado junto a la abertura más grande, como una boca amplísima, baja y negra, lo bastante cerca para descubrir que se extendía muy adentro en el interior original de la estación. La estación estaba abierta y sin aire, como lo estuviera Harvest Moon antes de que llegasen allí los humanos.

- Algunas de esas cosas allá abajo tenían apéndices que podrían desgarrar cualquier traje espacial - Dijo el Comisionado -. Muchos son grandes y una buena cantidad parecen rápidos. Una vez estuviésemos dentro, careceríamos de maniobrabilidad específica. Eso si las termitas no se apoderan de nosotros antes de que entremos. Aquí de nada servirán los trajes - era jugador y no hay jugador que luche contra probabilidades imposibles.

- ¿Qué podría usted hacer con los cañones? - Preguntó Trigger.

- No demasiado. No están preparados para derribar una fortaleza. Arañar la superficie haría que nos localizasen. Podríamos ampliar cualquier brecha durante un ratito y una vez estuviese lo bastante ancha, yo dejaría caer dentro la bomba. Pero sería una pura chiripa que acabásemos con el ser - Que buscamos. Con una docena de bombas podríamos desgajar la estación. Pero no las tenemos.

Asintieron pensativos.

- Lo peor de todo - Continuó -, es que eso sería completamente obvio. El Consejo tiene razón cuando se preocupa por las intentonas aquí. Tranest y los Devagas saben lo que está ocurriendo. Si la Federación no puede impedirlo, esos dos gobiernos tienen al Consejo sentado sobre un barril de pólvora. O podríamos originar una guerra en el Hub durante cincuenta años entre los mundos miembros, en cualquier instante de las horas más próximas.

Mantelish y Trigger volvieron a asentir. Esta vez aún más pensativos.

- Sin embargo... - empezó Mantelish de pronto. Se reprimió.

- Bueno, tiene usted razón - dijo el Comisionado -. ¡Es imposible dejar en libertad a ese ser que hay ahí! La cosa está todavía experimentando. No sabemos con qué nos saldrá. Así que me imagino que debemos probar los cañones y la bomba finalmente y luego ver qué otra cosa puede hacerse... Ahora, miren, tenemos... ¿cómo cuánto?... unas nueve o diez horas libres. Para entonces llegarán aquí los primeros muchachos. O quizás ha ocurrido algo que ignoramos y llegarán dentro de media hora. Es imposible asegurarlo. Pero soy partidario de dejar las cosas tal como están y dormir un par de horitas. Luego reuniremos de nuevo nuestros cerebros. Quizá para entonces alguien tenga una buena idea. ¿Qué es lo que opinan?

- ¿Dónde estará la nave mientras durmamos? - Preguntó Mantelish.

- En el subespacio - contestó el Comisionado. Se fijó en sus expresiones -. ¡No se preocupen! La pondré en una amplia órbita y conectaré cada sistema de alarma a bordo. Yo dormiré en la silla de control. Pero, por si acaso alguien llega con anticipación, deberemos estar cerca para avisarles de ese truquito de las termitas espaciales.

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Trigger no confiaba en ser capaz de dormir, y menos estando donde estaban. Pero luego ni siquiera pudo recordar el haberse desperezado en la cómoda intimidad de su litera.

Despertó menos de una hora después, sintiéndose muy intranquila. Repulsivo le había estado hablando.

Se sentó, miró en torno a la oscura cabina con ojos asustados. Al cabo de un momento, saltó de la litera y subió por el pasillo hacia la sala de estar y la sección de control.

Holati Tate yacía arrellanado en su silla, los ojos cerrados, con respiración rítmica y lenta. Trigger extendió la mano para tocarle el hombro y entonces la retiró. Miró de reojo durante un instante a la estación plasmoide que aparecía en la pantalla, con sus lentos giros mientras orbitaban a su alrededor. Advirtió que una de las bengalas espaciales que colocaron allí se había apagado, o quizás fue arrastrada por algún roce de cualquier torbellino. Apartó de nuevo y con rapidez la mirada, dio media vuelta y regresó intranquila hacia la sala de estar y recorrió el pasillo, en dirección a los camarotes. Pasó junto a dos armaduras espaciales y la escotilla sin mirarlas. Abrió la puerta del camarote de Mantelish y echó un vistazo en el interior. El profesor yacía con las piernas abiertas en la litera, vestido, respirando despacio y regularmente.

Trigger tornó a cerrar la puerta. Lyad debía estar despierta, pensó. Cruzó el pasillo y abrió la puerta del camarote de la Ermetyne. Las luces estaban encendidas, pero Lyad también yacía plácidamente, el rostro relajado y con aspecto juvenil.

Trigger se llevó el puño a la boca y se mordió con fuerza los nudillos durante un instante. Frunció el ceño con intensidad. Luego cerró con llave el camarote, retrocedió por el pasillo y entró en la sala de control. Se sentó ante el comunicador, miró de reojo una vez más la estación plasmoide en la pantalla, se levantó inquieta y fue hasta el sillón de¡ Comisionado. Se plantó allí, mirándole. El comisionado siguió durmiendo.

Entonces Repulsivo lo volvió a decir.

-¡No! - Susurró con furia Trigger -. ¡No quiero! ¡No puedo! ¡No me obligarás a hacerlo!

Hubo entonces tranquilidad. Y en esa quietud, resultaba clarísimo que nadie trataba de obligarla a hacer nada.

Y entonces la tranquilidad se limitó a aguardar.

Ella lloró un poquito.

Eso fue todo.

- Está bien - murmuró.

______________


El triple rayo luminoso destelló dentro de la boca amplia, baja, negra, húmeda que parecía marchar hacia ella. Era mucho mayor de lo que se imaginó cuando la miraba desde el navío. Muy a su espalda, las agujas de fuego del único pozo artillero, que su traslado hasta la estación había puesto en funcionamiento, seguía disparando inútilmente a su alrededor. No estaban acondicionados para atacar a los trajes espaciales y tampoco se le habían acercado. Pero los plasmoides parecían llevar ya de por sí trajes espaciales incorporados.

Formaban masas pululantes en la boca negra, como gusanos en un cráneo roto. Parte de estos enjambres se habían desparramado sobre los labios de la boca, agarrándose, reptando, serpenteando rápidamente por alrededor. Trigger cambió con los dedos los controles de vuelo y bajó un poquito, luego tornó a remontarse. Quizá se acercaba demasiado de prisa. Pero tenía que pasar por entre aquella masa de la abertura.

Luego la negra boca pareció bostezar ampliamente ante ella. Su mano izquierda oprimió el mando del arma. Dos disparos gemelos parecieron apuñalar el espacio delante, con un blanco cegador, chocando con las masas carbonizadas, ardiendo sobre ellas. Los plasmoides se quemaron, se desparramaron, estallaron y retrocedieron rodando, en un continuo arder y explotar, en una doble oleada que parecía salirle al encuentro.

-¡Demasiado de prisa! - Dijo Repulsivo ansioso -,. ¡Demasiado de prisa!

Ella lo sabía. Pero no pudo dominarse para realizar la maniobra con más lentitud. El traje blindado chocó de refilón con la dureza ardiente, retorcida, amontonada de los cuerpos plasmoides, rebotando hacia arriba. Marchó y marchó, cayendo todo el camino y gobernando su caída con los controles de vuelo. Durante un momento cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, el traje colgaba posado un poco por encima de un suelo negro y desigual, semivuelto hacia la entrada de la boca. Un techo azabache quedaba a menos de seis metros por encima de su cabeza.

Los plasmoides estaban allí. Los rayos luminosos del traje juguetearon por las filas densas y movibles: cuerpos achaparrados y sinuosos, inmensidades que reptaban por el techo, miembros informes y mandíbulas abiertas, semejantes a las fauces de un cascanueces. Algo seguía ardiendo todavía bajo el fuego blanco de sus pistolas. Los más próximos quedaban a diez metros de distancia.

Allí se quedaron. No se acercaron más.

Hizo girar el traje lentamente, apartándolo de la entrada. El anillo la circundaba, se había cerrado. Pero no se aproximaba,

Repulsivo había creído que lo podría realizar.

Ella le preguntó, mentalmente:

- ¿Por dónde?

Obtuvo la sensación de dirección, giró el traje un poco más y empezó a resbalar hacia adelante. Las filas que tenía enfrente no cedieron, pero si descendieron. Las que podían bajar. Algunas estaban construidas para ese movimiento. El traje rebotó suavemente contra una masa enorme y un ojo azul pálido de unos quince centímetros se la quedó mirando durante un momento mientras ella lo circundaba.

- ¿Para qué los ojos? - Preguntó con brevedad algo en lo más hondo de su mente. Miró a la pantalla visora trasera del traje y vio que los que habían descendido volvían a subir, mezclados con los que se agrupaban tras ella. ¡A diez metros de distancia!

Repulsivo lo estaba realizando.

Hasta ahora no se veían armas. Si ellos recurrían a las armas, la misión de resistir sería cosa suya y del traje. El rey plasmoide quizá estuviese lamentando ya en estos momentos haber desperdiciado su material humano experimental. Aunque en realidad no podía considerarse desperdiciado; quizás estuviese incorporado en el género que venía agrupado tras ella y que continuaba apareciendo por delante.

Techo negro, suelo negro parecían extenderse de manera infinita. Mantuvo el traje marchando despacio en la misma dirección. Por fin los rayos captaron unas bajas paredes enfrente, convergiendo en el punto hacia el que el traje resbalaba. En este vértice parecía existir un pasillo estrecho.

Los cuerpos plasmoides lo atestaban.

_________________
El traje los fue sacando uno a uno, sus pinzas de acero cebándose en las cosas que no parecían más blandas que su propio material. Pero tenía potencia con la que trabajar y los plasmoides, de momento, carecían de ella. Detrás de los que apartaba se veían de vez en cuando retazos de un rápido movimiento ondulante de gigantescas formas agusanadas rojas, sellando el pasillo. Al cabo de un rato, dejaron de agitarse cada vez que el traje regresaba a su tarea y comenzaba la ondulación de nuevo cuando éste se retiraba, arrastrando consigo otro cuerpo plasmoide.

Luego el traje comenzó a deslizarse por encima de un caos inmovilizado de rojos cuerpos de gusano. Y allí estaba el extremo cerrado del pasillo.

El material estaba todavía blando. Las armas lanzaron sus fogonazos, mordieron en él, se lo comieron, arrancándolo, su brillantez reflejándose sobre el traje. La porción sellada cedió antes de que lo hiciese el traje. Penetraron por el agujero y salieron en...

No sabía a dónde habían salido. Era como una bruma de oscuridad, haciéndose más espesa mientras seguían avanzando y deslizándose. Los rayos de luz parecían apagarse. Luego continuaron su marcha como si se hubiesen visto interrumpidos por sí mismos, se hubiera cortado la energía Eléctrica que permitía su encendido.

En la oscuridad, tocó con los dedos los controles luminosos y se dio cuenta de que estaban funcionando.

-¡Repulsivo! - Gritó mentalmente.

Repulsivo no podía ayudarla con la oscuridad. Percibió la sensación de dirección. La negrura parecía empaparse detrás de sus ojos. Mantuvo con firmeza el acelerador entre sus dedos, resbaladizos por el sudor y ésa era la única manera que podía decir que seguían avanzando.

Al cabo de un rato, tropezaron suavemente contra algo que no era una pared, resultaba muy grande, aunque al principio no estuvo segura de que no fuese un muro. Lo recorrieron durante un cierto tiempo, luego llegaron a su final y continuaron marchando otra vez en la dirección adecuada.

Parecían estar ahora en un pasadizo, bastante estrecho. De vez en cuando tocaban las paredes y el techo. Creyó que descendían.

Delante de ella había una imagen. De pronto se dio cuenta de que la había estado contemplando durante algún tiempo. Pero no fue hasta este instante que se percató en realidad de su presencia.

La bestia era grande, fuerte y colérica. Bramaba y gritaba, temblando y cubriéndose de espuma. No podía verla con demasiada claridad, pero tuvo la impresión de locura, de ojos fijos y de un ansia terrible de aplastar y destruir.

Pero algo la retenía. Algo la mantenía segura y firmemente, impidiendo sus ataques. Se alzó ahora una vez más, una enormidad espesa, roquiza y cayó con estrépito sobre sus rodillas. Luego se volcó de costado.

Los rayos del traje siguieron iluminando. Trigger apretó los ojos con fuerza, cegada por el resplandor que le devolvían las negras paredes a su alrededor. Luego sus dedos recordaron el botón adecuado y disminuyeron las luces. Tornó abrir los ojos y se quedó mirando durante un largo instante a la gran forma gris momificada que estaba ante una de las paredes negras.

- ¿Repulsivo? - Preguntó con su cerebro.

Repulsivo no contestó. El traje pendió tranquilo en la enorme cámara negra. No recordaba haberlo detenido. Lo giró ahora despacio. Habían ocho o nueve pasillos que salían de allí, a través de las paredes, del techo, del suelo.

-¡Repulsivo! - exclamó plañidera.

Silencio.

Miró de reojo una vez más al rey plasmoide apoyado contra la pared. También estaba en silencio. Y era como si los dos silencios se cancelasen mutuamente.

Recordó la última sensación de moverse hacia abajo y alzó el traje hacia un pasillo que cruzaba el techo. Se quedó colgando ante él, meditando. Muy arriba y abajo en la oscuridad, una luz brillante relució de pronto, desapareció y torno a destellar. Algo venía por el pasadizo, rápido...

Su mano saltó a por la empuñadura de la pistola. Luego recordó otro botón y puso en funcionamiento el comunicador del traje. Una voz pareció rodearla.

-¡Trigger, Trigger, Trigger! - Sollozaba.

-¡Gorila! - Gritó ella -. ¿No estás lastimado?



CAPITULO XXIX

El jardín de Mantelish, en las montañas al sur de Ceyce, tenía cierto renombre por todo el Hub. Le había sido regalado al profesor veinticinco años atrás por los habitantes de otro mundo de la Federación. Esos habitantes, por descuido, permitieron que una terrible plaga de cierta especie fuese importada y el apropiado desinfectante les salvó en el último momento, un desinfectante creado con toda rapidez por Mantelish, quien en persona hizo la entrega. En compensación, logró satisfacer la ambición de toda su vida... poseer su propio jardín particular botánico más un fondo ilimitado para ampliarlo y mantenerlo.

A un lado de la gran casa del jardín, en donde Mantelish vivía cuando tenía tiempo para prescindir de sus trabajos y perderlo estudiando sus muestras vegetales, se alzaba una gigantesca sequoia considerada generalmente como el vegetal vivo más antiguo del Hub, fuera de los de los Bancos Vitales. Con certeza resultaba en extremo vieja, aun siendo una sequoia. Durante la última década se habló considerablemente sobre lo apropiado de quitarla de allí antes de que se desplomase y aplastase la casa y todo lo que hubiera en su interior. Pero resultaba una de las plantas favoritas del profesor y hasta ahora se opuso siempre a la sugerencia.

Con los codos apoyados en la amplia balaustrada blanca del porche, ante su dormitorio del tercer piso, Trigger estudiaba la copa de la sequoia, con un par de binoculares de campaña cuando llegó Pilch. Dejó los anteojos a un lado e invitó a su huésped a que se trajera una silla y la acompañará en admirar el paisaje.

Contemplaron el escenario un ratito, en silencio.

-¡No se puede negar que es un lugar hermoso! - Dijo entonces Pilch. Miró al profesor Mantelish, que quedaba a un par de centenares de metros de la casa, vestido con unos pantalones cortos y atareado podando con una azada cierta especie de matorral nuevo que llevaba plantado poco tiempo. Pilch sonrió - Aproveché la primera oportunidad para venir a verla - Dijo.

Trigger la dirigió una mirada y rió.

- Me imaginé que sí. ¿Entonces no quedó satisfecha con los informes?

-¡Pues claro que no! - respondió Pilch -. Resultaba obvio que la emergencia había pasado, así que tuve que acudir a resolver otro caso - Frunció el ceño ligeramente. Admitió -: A veces el Servicio me mantiene más atareada de lo que me gustaría. ¡Pero ahora ya han pasado seis meses!

- Si usted me hubiese llamado habría acudido a otra entrevista - Confesó Trigger.

- Lo sé - dijo Pilch -. Pero eso la habría hecho oficial. Puedo conservar esta visita sin registrar sus consecuencias - sus ojos se clavaron en los de Trigger durante un momento -. Y tengo la sensación de que lo haré. También, claro, no forzaré ninguna respuesta que usted no quiera darme.

- Puede forzarlas - le autorizó amable Trigger.

- Bueno, tenemos la llamada del Comisionado desde su navío. Se mostró preocupado. Así que según parece hemos tenido cerca, durante una temporada, a uno de los de la Vieja Galaxia. ¿Cuándo descubrió su existencia por primera vez?

- En la mañana posterior a nuestra entrevista. Poco después de que me levantara.

- ¿Cómo?

Trigger soltó una carcajada.

- Vigilaba mi peso. Cuando advertí que en una noche había engordado casi dos kilos, lo supe de inmediato.

Pilch elaboró una débil sonrisa.

- ¿Y no se alarmó en absoluto?

- No. Creo que para entonces estaba ya bastante preparada. Pero luego, ya sabe, se me olvido todo otra vez hasta que Lyad y Flam abrieron aquella bolsa... y él no estaba dentro. Entonces me acordé y después de eso no volví a olvidarlo jamás.

- No, claro - los esbeltos dedos de Pilch tamborilearon la superficie de la mesa que se interponía entre ellas. Entonces dijo, ofreciendo a Repulsivo el mayor de los cumplidos que Pilch creía capaz de ofrecer -: ¡Ello... él... fue un buen terapista! - Al cabo de un momento, añadió -: hablé con el Comisionado Tate hace una hora, poco más o menos. Se prepara para abandonar otra vez Maccadon, según tengo entendido.

- Es cierto. Ha organizado ese gran viaje de exploración de Mantelish durante los últimos dos meses. Se encargará de todo cuando se marchen.

- ¿Y usted no va? - Preguntó Pilch.

Trigger negó con la cabeza.

- Esta vez no. El gorila y yo... quiero decir, el capitán Quillan y yo...

- Me enteré - la interrumpió Pilch. Sonrió -. ¡En esta segunda intentona pescó a un buen elemento!

- Quillan es perfecto - asintió Trigger -. Si se le mira con atención.

- De cualquier modo - Dijo Pilch -, el Comisionado Tate no parece estar preocupado ni pizca porque usted se quede.

Trigger se llevó un dedo a la sien y lo hizo girar en movimiento lento.

- ¿Un poquito chiflado?

- Exactamente no es eso, quizá. Pero lo parece - Dijo Pilch­--. Bueno, parece que le ha contado a usted mucho de la historia de la Vieja Galaxia, incluyendo lo que acabó con ellos como raza hace treinta y dos mil años.

El rostro de Trigger se nubló un poco.

- Sí - murmuró. Permaneció sentada durante un momento -. Bueno, lo obtuve de Repulsivo en algún momento de todo el proceso - después dijo -: realmente no se me aclaró hasta algún tiempo después de que hubiéramos vuelto. Pero estaba allí, en esas imágenes, durante la entrevista.

- ¿Los gigantes pisoteando la granja?

Trigger asintió.

- Y el reloj rápido y el lento. Entonces trataba de decírmelo. Los Jesters... es decir los gigantes... son rápidos y duros como nosotros. En apariencia se nos parecen muchísimo en infinidad de aspectos - Dijo Trigger pensativa -. Pero son peores. ¡Mucho peores! Y los de la Vieja Galaxia eran simplemente lentos. A pleno galope, el viejo Repulsivo no puede mantenerse a la altura ni de un caracol en mediana forma. Además, les gustaba cultivar cosas y trastear con ellas, etcétera, No eran partidarios de las guerras y nunca efectuaron ejercicios bélicos. Así que prácticamente se vieron barridos.

- En cambio, los Jesters eran buenos combatientes,- ¿eh?

Trigger asintió.

- Muy buenos. O tal vez como nosotros.

- ¿De dónde venían?

- Repulsivo cree que eran extranjeros, de otros espacios externos. No estaba seguro. El y ese otro V. G. se encontraban casi en las líneas fronterizas, dirigiendo su estación recolectora de proteína, cuando llegaron los Jesters; y todo pasó muy rápido y su raza había desaparecido ya cuando se enteró de lo ocurrido.

-¡De fuera de la Galaxia! - Murmuró pensativa Pilch. Se aclaró la garganta -. ¿Qué es eso que se dice que pueden regresar otra vez?

- Bueno - Contestó Trigger -, Repulsivo pensó que es algo posible. Sólo posible. En realidad cree que también los Jesters quedaron aniquilados.

- ¿Eh? - Exclamó Pilch -. ¿Cómo?

- Muchos de la Vieja Galaxia se fueron con ellos, como Repulsivo vino conmigo. Y una de las cosas que sabían - Contestó Trigger -, era como extender enfermedades perjudiciales para los enemigos. Algo así como cuando utilizamos insecticidas. Pero en general. Pudieron limpiar prácticamente el planeta de cualquier cosa, que no desearan que estuviese allí, en una semana. Así que dada la persistencia de los efectos de este desinfectante creado por la Vieja Galaxia no es probable que los Jesters regresen.

-¡Oh! - Exclamó Pilch.

- Pero si vienen, Repulsivo pensó que será en esta zona y dentro de otros ocho siglos. Para él eso representa un breve espacio de tiempo, claro. Creyó que sería mejor transmitir el aviso.

- Ya sabe usted - dijo Pilch al cabo de una breve pausa -, que estoy de acuerdo con él en ese asunto, Trigger. Quizá, después de todo, lo incluya en un breve informe.

- Creo que debería hacerlo, realmente - asintió Trigger. De pronto sonrió -. ¡Claro, podría resultar que la gente nos considerase a ambas como majaretas!

- Correré el riesgo - contestó Pilch -. Ya me han considerado así antes.

- Si vienen - dijo Trigger -, creo que les aceptaríamos de todas maneras. Hemos aceptado a todo lo demás de ese género que acudió a nosotros. Y...

Interrumpió la frase, pensativa. Estudió la mesa durante un momento. Luego alzó la vista para mirar a Pilch.

- Bueno - dijo, sonriendo -, ¿alguna otra pregunta?

.- Unas pocas - Contestó Pilch, prescindiendo de decir «unas pocas más». Meditó -: ¿Lo ha visto establecer de nuevo contacto con usted?

- No - repuso Trigger -. Yo, siempre estuve dormida y supongo que él se aseguró de que permaneciese así. Tienen una construcción parecida a la sanguijuela, ya lo sabe usted. Me imagino que se daba cuenta de que no me sentía cómoda teniendo algo con su aspecto murmurando a un lado de mi cuello o reanudando otra vez sus comunicaciones. De todas maneras, jamás me permitió que le viese.

-¡Un individuo pequeño, pero muy considerado! - Exclamó Pilch. Suspiró -. Bueno, todo resultó satisfactoriamente... mucho más de lo que alguien se hubiese atrevido a esperar en aquel tiempo. Todo lo que queda es un misterio muy intrigante del que se hablará en el Hub durante años... ¿qué pasó a bordo del navío - Desaparecido del doctor Fayle, que hizo que el rey plasmoide despertase a una horrible vida? - Preguntó -. ¿Qué acontecimiento igualmente misterioso comportó su muerte en aquella horrible y extraña estructura que se hizo construir en el subespacio? ¿Qué planeaba hacer desde allí? etcétera - Sonrió a Trigger -. ¡Sí, muy bueno!

- Vi como arrancaba el camuflaje para dejar visible la subestación original antes de permitir su filmación para los noticiarios - Observó Trigger -. ¡Vaya idea brillante la que alguien tuvo!

- Sí, lo fue. Mejor dicho, la idea fue mía. Y la jerarquía de Devagas quedó rota y los Ermetynes expulsados de Tranest. ¡Dos lunares negros y malos eran ambos! No recuerdo haber oído qué es lo que hicieron a su amigo Pluly.

- Yo, sí - Dijo Trigger -. Quedó en la lista negra de Gran Comercio y finalmente perdió todas sus concesiones navieras. Sin embargo, su hija se ha casado con un prometedor comerciante que estaba a mano y tenía dinero y otras condiciones para respaldar la fortuna perdida - soltó una carcajada -. Ahora se llaman Líneas Inger. ¡Hay tipos listos!1

- Sí - contestó Pilch -. En cierto modo.- ¿Sabe usted que Lyad Ermetyne solicitó la rehabilitación voluntaria con nosotros y que luego cambiada del todo se unió al Servicio?

- Lo oí decir - Trigger dudaba -. ¿Sabe usted que Lyad, me visitó hace una hora, antes de que usted llegase?

- Me imaginé que lo haría - Dijo Pilch -. Vinimos juntas a Maccadon.

Trigger se mostró algo sobresaltada cuando respondió al timbre de la puerta y vio a Lyad plantada en el vestíbulo. Invitó a entrar a la Ermetyne.

- Pensé darte las gracias personalmente - Dijo con indiferencia Lyad -, por una grabación que se me entregó hace algunos meses.

- No vale la pena - contestó Trigger, también con indiferencia -. Estaba segura de que no tendría para mí la menor utilidad.

Lyad la miró a la cara durante un momento.

- Para ser sincera con respecto a eso, Trigger

Argee - Dijo -, no me siento enteramente cordial hacia ti. Sin embargo, agradezco el gesto de devolverme la grabación. Así que decidí dejarme caer para decirte que, por mi parte, ya no te guardo rencor.

Se estrecharon la mano con alguna tirantez y la Ermetyne volvió a marcharse.

- El otro motivo de que viniese ella - Dijo Pilch - es para cuidarse del financiamiento de la expedición Mantelish.

-¡Eso no lo sabía! - exclamó Trigger, sorprendida.

- Es su modo de arreglar los daños causados. Sus acciones legítimas del Hub siguen teniendo enorme valor, claro. Puede permitirse ese lujo.

-¡Bueno, hay una cosa en favor de Lyad... cuando se entrega a algo, lo hace de corazón - comentó Trigger.

- Así es - asintió Pilch -. Raras veces he visto a alguien someterse a una terapia total con el valor demostrado por la Ermetyne. En una ocasión mencionó que simplemente había un modo de pasar por delante de usted.

- Oh - exclamó Trigger.

- Sí - opinó Pilch -. A propósito, ¿cuáles son sus planes actuales? Aparte de contraer matrimonio.

Trigger alzó sus morenos brazos por encima de la cabeza y sonrió.

-¡No tengo planes inmediatos! - contestó

He dimitido de Precol. Recibí un par de cheques de la Federación. Uno para cubrir mis gastos en este asunto plasmoide... la retribución de los gastos que tuve en el Ciudad Alba... y el otro por cinco semanas de Servicio especial que calcularon que empleé. Así que vuelvo a tener casi cinco mil coronas y pensé vagar un poco y aclarar las cosas hasta que Quillan regrese de su actual misión.

- Comprendo. ¿Cuándo vuelve el mayor Quillan?

- Dentro de un mes. A propósito, ahora es el capitán Quillan.

- ¿Eh? - Exclamó Pilch -. ¿Qué pasó?

- Esa intromisión desautorizada en un asunto político. Emitieron un aviso prohibiendo adoptar acción individual de cualquier clase contra la estación plasmoide. Pero cuando entró allí y se enteró que el Comisionado se hallaba en una especie de coma y que yo no estaba siquiera a bordo, perdió la cabeza y se lanzó a la carga dentro de la estación para buscarme, lanzando granadas por doquier. Los plasmoides habrían acabado con él rápidamente, a no ser que la mayoría de ellos empezó a disminuir su movimiento en cuanto Repulsivo cortó en seco al principal. ¡El lunático tuvo suerte que las termitas no se apoderasen de él antes de llegar siquiera a la estación!

- ¿Termitas? - preguntó Pilch.

Trigger le habló de las termitas.

-¡Uf! - Exclamó Pilch -. No sabía nada de eso. De momento que le degradaron por esa acción. No parece justo.

- Bueno, es preciso conservar la disciplina - Contestó Trigger tolerante -. Gorila es un poco corto de genio, de todas maneras. Pronto volverán a ascenderle, me imagino. A propósito, quizá entre yo misma en Inteligencia de los Exploradores Especiales - Dicen que se mostrarían satisfechos de aceptarme.

- Y no por casualidad - Observó Pilch -, mi Servicio también la aceptaría gustosa.

- ¿De verdad? - Trigger la miró pensativa -. Eso incluye un proceso total de terapia, ¿no es cierto?

- De ordinario - Contestó Pilch.

- Bueno, quizá algún día. Pero todavía no - Sonrió -. ¡Dejémosle una poca ventaja a Lyad! En la actualidad, he descubierto que hay muchas cosas interesantes a mi alrededor que me gustaría contemplar de cerca un poquito antes de reanudar en serio cualquier carrera - Extendió la mano por encima de la mesa y dio unas palmaditas a la muñeca de Pilch -. ¡Y te enseñaré una cosa interesante que está sucediendo aquí mismo! ¡Fíjese en el gran árbol de Mantelish de allá afuera!

- ¿La sequoia?

- Sí. El último año tenía tan mal aspecto que hablaron al profesor para convencerle de la necesidad de talarla. Apenas tenía una rama verde.

Pilch se hizo pantalla en los ojos con la mano y miró la copa de la sequoia que quedaba muy por encima de ellas.

-¡Pues, yo diría - Observó reflexiva -, que parece estar en muy buena forma, de momento!

- Sí y cada semana reverdece más. Mantelish fanfarronea hablando de un nuevo disolvente que ha estado empleando en las raíces. ¿Vio usted aquella rama grande como una L vuelta hacia arriba, un poco por encima del centro?

Pilch volvió a mirar.

- Sí - Dijo al cabo de un momento -. Me parece que sí.

- Precisamente antes de que la L se vuelva hacia arriba hay un macizo pequeño de ramas verdes - continuó Trigger.

- También las veo.

Trigger cogió los anteojos de campaña y se los entregó a su amiga.

- Mire esas ramitas con los anteojos - Dijo.

- Ya las enfoqué - Anunció al poco Pilch.

Trigger se puso en pie y se enfrentó a la sequoia. Se llevó ambas manos a la boca formando bocina, aspiró profundamente y gritó:

-¡Yoo - Hoo! ¡Ree - Pul - Sivo!

Abajo en el jardín, Mantelish se incorporó y miró a su alrededor colérico. Luego vio a Trigger y sonrió.

-¡Yooo - Hoo, Trigger! - bramó y volvió a su tarea.

-¡Grandes Galaxias! - Jadeó Pilch. Siguió mirando -. Eso es algo sensacional, ¿verdad? por último bajó los anteojos. Parecía anonadada ¡Es realmente un hombrecillo verde!

- Sólo cuando pretende serlo. Parece una especie de signo de amistad.

- ¿Y qué hace ahí arriba?

- Se trasladó a la sequoia nada más regresamos - Contestó Trigger -. Indudablemente ahora se quedará ahí de manera indefinida. Creo que es el sitio más adecuado para Repulsivo.

- ¿Han tenido ustedes más... conversaciones?

- No. Es un esfuerzo excesivo para ambos. Hasta unos pocos días antes de que volviéramos aquí, ni siquiera recibí el menor signo suyo. Simplemente pareció quedar aniquilado al anular al gran plasmoide.

- ¿Quién más sabe esto? - preguntó Pilch.

- Nadie. Se lo habría dicho a Holati, pero sigue lo bastante frenético porque le pusieron en coma, y si lo supiera sería capaz de salir y derribar la sequoia.

- Bueno, entonces no le incluiré en mi informe - Prometió Pilch -. ¡Sólo serviría para que molestaran a Repulsivo!

- Sabía que hacía bien al decírselo a usted. Y hay algo más, muy interesante, que sucede en estos momentos.

¿El qué?


- El verdadero motivo de la expedición de Mantelish - Explicó Trigger -, es, claro, explorar toda esta zona del espacio con detectores planetarios plasmoides. No quieren que nadie se tropiece con un escenario como Harvest Moon y accidentalmente reavive a cualquier otro rey plasmoide.

- Sí - Contestó Pilch -. Oí hablar de eso.

- Fue idea de Mantelish - Continuó Trigger -. Ahora Mantelish tiene muchísimo cariño a ese sequoia. Se ha llevado un cómodo banco y lo ha colocado entre sus raíces, y le gusta sentarse a mediodía y dar una cabezadita mientras apoya su cuerpo contra el tronco.

-¡Oh! - Exclamó Pilch -. Repulsivo vuelve con sus viejos trucos, ¿eh?

- Seguro. Ha dado a Mantelish instrucciones muy exactas. Así que, sin duda, encontrarán uno de esos escenarios. Y no regresarán con ningún plasmoide. Pero sí traerán algo que ellos desconocen.

Pilch la miró durante un momento.

-¡Dígamelo!

La sonrisa de Trigger se amplió.



-¡Una mujercita verde! - contestó.

F I N





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