Ix jornadas de Jóvenes Investigadores. Instituto de Investigaciones Gino Germani



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IX Jornadas de Jóvenes Investigadores .Instituto de Investigaciones Gino Germani

1, 2 y 3 de Noviembre de 2017


Nombre/s y apellido/s del/los autor/es: Victoria Vidal

  • Afiliación institucional: Universidad de Buenos Aires. Facultad de Psicologìa

  • Correo electrónico: victoriaavidal@yahoo.com.ar

Máximo título alcanzado o formación académica en curso: Magister en Psicología social Comunitaria. UBA

  • Título de la ponencia: Primera ayuda psicológica en situaciones de catástrofe: adolescencia participación y cuidado

Palabras Clave: Cuidado- adolescentes- Investigación acción participativa

Eje 15. PROCESAMIENTO SOCIAL DE LAS EDADES, GENERACIONES Y TEMPORALIDADES BIOGRÁFICAS
Nadie libera a nadie y nadie se libera solo “ ( Freire 1978)
Introducción

En el marco de un proyecto de Investigación Acción, planteado para adolescentes, se presenta un trabajo de reflexión teórica acerca de la formación de voluntarios para brindar ayuda en situaciones de catástrofe. El mismo constituye los primeros recorridos de una tesis de doctorado.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS 2006) el impacto psicosocial de los desastres está vinculado con los efectos que provoquen en el ámbito psicológico, individual, familiar y social en las poblaciones afectadas.

En relación a la salud mental, las catástrofes implican la alteración de lo psicosocial, sobrepasando la capacidad de afrontamiento de la población afectada (OPS, 2006) donde los mecanismos habituales de resolución de problema no resultan satisfactorios para responder a la situación que se impone (Arriagada & Valdebenito, 2011). Las rutinas de la vida cotidiana se verían altamente afectadas por el efecto desestructurarte y de ruptura del tejido social que el evento impone a la población afectada. (Arriagada & Valdebenito, 2011; Beristain, 2000). En el análisis de la cualidad de los impactos psicosociales que produce un evento catastrófico, las principales investigaciones concluyen que intervendrían tres factores primordiales: a) la naturaleza misma del evento (socionatural o antrópico); b) las características de personalidad de los afectados y vulnerabilidades previas, y c) las circunstancias de ocurrencia del evento (Arriagada & Valdebenito, 2011; OPS, 2006; Páez et al. 2001). La pregunta central de este trabajo gira sobre la adolescencia, y la posibilidad de generar en ellos actitudes preventivas que les permitan reducir en ellos mismos, y en su entorno este impacto.

El objetivo central de la intervención a las personas inmediatamente luego de haber sido expuestos a un evento traumático es sacarlas de su estado pasivo de desvalimiento y promover en ellos un estado de actividad y sentido de autoeficacia.

Cómo pensar a los adolescentes en estas situaciones? Plantearlos como altamente vulnerables o posiblemente fuertes en situaciones de catástrofe es central para orientar el desarrollo de programas o proyectos que generen actitudes preventivas destinadas a esta población. La base de cualquier proyecto es la concepción de ser humano que lo subyace, por eso, tener en cuenta esas dos características posibles, vulnerabilidad y fortaleza será central en el planteo de objetivos y estrategias de abordaje que se planteen. "En la promoción comunitaria, la incorporación de este grupo (que abarca del 20 al 25% de la población total) es clave para el cambio social, la creación de estilos de vida diferentes, con mayor democracia y calidad"( Ortiz de Ferullo p. 433)



Objetivo general

Analizar teóricamente los conceptos de primera ayuda psicológica (PAP) y participación y generar un diálogo entre ellos y las características de la adolescencia y la Investigaciòn Acciòn Participativa( IAP).

Metodologìa:
Este trabajo, de carácter teórico- conceptual, que surge de la necesidad de revisar críticamente los conceptos, a fin de su posterior utilización en talleres.

Desarrollo

La adolescencia constituye una etapa privilegiada en la que se producen procesos claves para el desarrollo. Los cambios físicos, hormonales, sexuales, emocionales e intelectuales desencadenan necesidades, riesgos, respuestas individuales, sociales e interactivas.

Los adolescentes, se encuentran inmersos en redes de relaciones donde es primordial la pertenencia y el vínculo con sus semejantes; tal como señalan Cingolani (2009) y La Rocca (2009) en sus investigaciones, ya que es desde allí de donde provienen los sentimientos de autoafirmación y confianza en si mismos. Si tomamos como punto de partida al adolescente y sus relaciones más íntimas y cercanas, el foco puede hacerse cada vez más grande, en la medida en que se agregan otros espacios sociales a la perspectiva, como la escuela, lugares de esparcimiento y se incluyen la cultura y la cosmovisión en que está inmerso, lo que implica analizar la matriz de significados de todo el orden social. Es un momento evolutivo en que se llevan a cabo procesos que van construyendo roles y perspectivas de la vida en el contexto de las demandas, los recursos y las limitaciones que la sociedad impone en su entorno específico, cada vez más amplio y complejo.

En ese momento de su vida, se le plantea al sujeto la necesidad de tomar una nueva dirección en su desarrollo, elaborar su identidad y plantearse el sentido de su vida, de su pertenencia, su responsabilidad social y las metas que lo guían. Es fundamental explorar capacidades personales y de construcción de cosmovisiones en la búsqueda de la autonomía, el reconocimiento propio, la valoración grupal y el posicionamiento social en ese marco, la escuela secundaria cobra, para quienes la transitan, un valor central.

Es momento de poner en juego su capacidad creciente de desarrollar un pensamiento abstracto, su predisposición permanente a cuestionar las normas y valores instituidos en todos los ámbitos, sumado a su gran necesidad de independencia se tornan aspectos interesantes al momento de plantear un proyecto que se oriente a ubicarlo como actor social en la implementación y difusión de la cultura de la prevención y autoprotección así como la divulgación de las pautas de actuación básica ante situaciones de emergencia.

Es interesante aquí plantearse desde que perspectiva de ciudadanía se plantea el tema. Puede abordarse desde la perspectiva jurídica que nos marca los vínculos con el Estado y los derechos y garantías que esto otorga. Con antecendentes en los derechos de los hombres y los ciudadanos que aparecen contenidos en la declaración central de la Revolución Francesa. Podemos pensar en la perspectiva de la ciudadanía que se inaugura para la infancia y la adolescencia a partir de la Convención de los Derechos del niño de 1989 y ratificada en nuestro país por la Ley 23.849 habla de la necesidad de visualizar a los/as adolescentes como sujetos con derecho a ser considerados protagonistas de la democracia en la cual viven, no solo a través de la expresión de sus opiniones sino fundamentalmente mediante el reconocimiento de su creatividad, de su capacidad para intervenir en la vida comunitaria y comprometerse en proyectos para mejorar la calidad de vida de sus comunidades (CDN, 1989; UNICEF, 2001, 2002, 2003, 2008). Es acà donde la primera ayuda psicológica aparece desde una perspectiva preventiva, y creativa con los adolescentes.

Las crisis se producen cuando se desmorona una situación actual o habitual. En ese momento de derrumbe, para los adolescentes, la escuela criticada pero añorada también, presenta características de orden, de lo que es conocido y se sabe a qué atenerse: hay horarios de entrada, tiempos estipulados para jugar, para estudiar, espacios pautados aún para las transgresiones.

En este sentido, la escuela se presenta como un espacio privilegiado al pensar en fomentar la apropiación social de la cultura de la prevención de desastres en la adolescencia. Allí, es posible organizar proyectos de Investigación Acción Participativa (IAP) que harán posible la apropiación de la cultura de prevención y autoprotección. Analizar su entorno, ser reflexivos y críticos y construir orientaciones posibles ante situaciones de emergencia, favoreciendo su capacidad de intervenir en la vida comunitaria. La educación (formal e informal) se constituye en un especio ideal para fomentar las actitudes de solidaridad y participación así como para forjar una cultura de la prevención que forme personas éticas, preparadas consientes y participativas. Es importante resaltar el carácter activo de los adolescentes, y su capacidad de tomar decisiones acertadas en relación a su vida, y en este caso particular, a situaciones que quiebran las rutinas de la vida cotidiana, los desastres. En la medida en que, desde la escuela, se proponga un trabajo de sensibilización, de análisis sobre los procesos de catástrofe y sus consecuencias,. Si se les propone un proceso de reflexión y de problematización de la realidad implicará un sentido fuertemente pedagógico y, que se articulan de buen modo con las distintas interpretaciones de la educación que resaltan y exigen un rol eminentemente formativo, transformador y liberador (como las propuestas de Paulo Freire o de Henry Giroux).

Las actividades de IAP, planteadas desde dentro de la institución escolar lo ubican como sujeto pleno de derechos, donde no sólo se le brinde información sobre las situaciones de desastre y si es posible o no prevenirlas, (lo que le permite formarse juicio propio sobre los riesgos)sino que se le propone construir formas activas de participación colectiva para la protección ante las emergencias, la posibilidad de reducir riesgos.

Pensando la participaciòn

La participación adolescente implica “una progresión que va desde la mera información hacia la participación, el fortalecimiento con el compromiso, la culminación con el empoderamiento que se expresa en la toma de decisiones y la iniciativa en las acciones” (Unicef, 2001).

Montero (2003, 2010), entiende a la participación como un proceso de aprendizaje social que atraviesan los sujetos cuando se involucran en actividades comunitarias que implican la organización colectiva. Pone el acento en el objetivo central de la participación: el cambio social para crear sociedades más justas. La participación es una forma de enfrentar la cultura política tradicional que frustra a las personas y las lleva a resignarse con las condiciones de injusticia o peor aún a naturalizarlas. Formar a los adolescentes en la organización y participación social lleva a generar, por un lado una actitud preventiva, y por otra parte, puede ser clave para la reducción de la vulnerabilidad y en la respuesta a las emergencias.

Veríssimo (2007) dá cuenta de la gran importancia que se le atribuye al individualismo en el occidente, y como esto vuelve legítimo la concepción de responsabilidad individual, y de búsqueda de soluciones también planteadas en forma particular. En esta línea del individualismo y la competencia es que el capitalismo ha contribuido a la construcción de subjetividades en la época contemporánea. La adolescencia es el resultado de las sociedades capitalistas urbanas y un efecto del modelo económico de producción y distribución del trabajo Romper con la alienación y concientizar se ponen en juego en la participación como procesos que forman parte de la reflexión, buscando neutralizar los efectos ideológicos que las estructuras de poder y de dependencia se imponen, y a los cuales los adolescentes están particularmente expuestos. Esa participación busca enmendar un mal, cumplir un deseo, y generar conductas que respondan a una proyección activa del individuo en su medioambiente social, y una concepción equilibrada de ese medio y de su lugar en él( Grippo & Vidal 2015).

Serrano-García y López Sánchez (1994), plantean que la mayoría de las personas concibe la realidad social como natural e inmodificable, se encuentran en el nivel de la “conciencia sumisa”, nivel en el que es imposible iniciar un proceso participativo. Fomentar actividades de IAP dentro de las escuelas, vinculadas con la primera intervención en casos de desastre, y con la actitud preventiva propone romper con esta actitud pasiva.

Las poblaciones suelen presentar algún tipo de tradición organizativa en relación con situaciones que las vulnerabilidad, tienden a estar fundamentadas tanto en sus propias tradiciones culturales como en experiencias previas de su propia participación al afrontar situaciones de emergencia social ( comedores, centros comunitarios, empresas sociales etc.) o de movimientos gremiales y reivindicación social. En tanto el lugar en que viven los adolescentes ha experimentado, o ha sido participe de alguna manera de situaciones de desastre, està en condiciones de recurrir a las tradiciones o las experiencias previas con que se han prevenido o mitigado sus efectos. Allí es fundamental visualizar la importancia del compromiso y la participación.

La participación rompe con formas de cultura política tradicionales según las cuales, ante la frustración causada por circunstancias sociales negativas, se busca refugio en el recurso antihistórico de volver al pasado, de negar la posibilidad transformadora del presente y la construcción de un futuro diferente (Montero, 2003).

La metodología propuesta Investigación Acción Participativa

La IAP se orienta a la transformación social, por eso, es de mucha utilidad en la construcción de actitudes preventivas, al incluir un carácter crìtico, dialógico, reflexivo, político y fortalecedor de la sociedad civil y democrática, se vuelve un instrumento privilegiado para este trabajo, en este caso con adolescentes, ya que pone en juego las características evolutivas de este grupo. Brandao (2007) plantea que: “ no se utiliza sólo para constatar sino para problematizar”. Esto implica que los adolescentes involucrados puedan problematizar la realidad( o la situación de peligro que les toque enfrentar), modificarla o mantenerla, sin sentirse un sujeto pasivo que la acepta irreflexivamente. Montero (2006) señala que atravesar este proceso, vuelve a las personas capaces de dirigir el proceso en ausencia de los interventores (sujetos externos) y continuar transformando y reflexionando de manera activa e independiente.

Hay muchas definiciones de IAP, Fals Borda en 1985 plantea que es un proceso que incluye la investigación científica, la acción política y la alfabetización. El análisis crítico, el diagnóstico de situaciones y la práctica son parte de esta experiencia educativa total, que sirve para identificar las necesidades, favorecer la concientización y generar compromiso, según Bud Hall ( 1975) . Ambos autores inspirados en la práctica de Paulo Freire, en Brasil; descripta en su obra La educación como práctica de libertad, donde cobra un valor central la práctica como productora de conocimiento, el carácter político de esa acción participativa y educativa , a la que le da el estatuto de investigación científica.

La IAP articula conocimiento y acción. Segùn Fals Borda (2007) realizando un el balance histórico de la IAP: en primer lugar, encontramos una tensión entre teoría y práctica que conduce a un diálogo entre saberes teóricos y saberes prácticos. El investigador, se convierte en un educador desde la noción freiriana de la “concientización dialógica”. Es en esta tensión donde se comprende “el pausado ritmo de reflexión y acción”. Esta metodología, al mismo tiempo que enfatiza la búsqueda rigurosa de conocimientos, implica un proceso abierto de vida y de trabajo, una la IAP, a la vez que hace hincapié en una rigurosa búsqueda de conocimientos, “una vivencia, una progresiva evolución hacia una transformación total y estructural de la sociedad y de la cultura con objetivos sucesivos y parcialmente coincidentes “ ( Ortiz, Borjas 2008, pp 10)

Este modelo de intervención proviene de una corriente amplia de pensamiento, gestada en América Latina, donde se articulan la la Educación Popular, la Teología de la Liberación, la Comunicación Alternativa, la Investigación Acción Participativa y la Filosofía de la Liberación (Torres, 2007). Sus prácticas presentaban la explícita intencionalidad de fortalecer los grupos sociales con los que trabaja y que generarían los cambios sociales

Para esta propuesta es importante tener en cuenta dos cosas fundamentales: por un lado, que el objetivo central de la primera intervención luego de un evento traumático es que las personas salgan de la pasividad y desvalimiento y promover en ellas un estado de actividad y sentido de autoeficacia ; y por el otro considerar al adolescente como un sujeto proactivo en su entorno, además de contemplar las características, necesidades e intereses propios de ese momento evolutivo. En este sentido se favorece la incorporación y valoración de sus ideas preventivas, la planificación de recursos en el manejo de dificultades que rompan con las rutinas y el desarrollo de la acción social desde ellos mismos y no desde parámetros externos o alejados de su punto de vista.

La dinámica grupal que se establece entre ellos, en un momento en que, en búsqueda de su independencia, recurren a sus pares para comentar y buscar solucionar problemas se vuelve un facilitador del trabajo. Esta búsqueda de los pares favorece la convocatoria a la participación y facilita la generación de espacios de creación conjunta que los involucra en los proyectos. Martín-Baró (1996) da cuenta de seis acuerdos en relación de los elementos que definen a un grupo: que los individuos se sientan miembros, que sus miembros satisfagan motivaciones compatibles, que tengan objetivos comunes, que las relaciones entre los miembros estén organizadas, que las personas sean independientes e interactúen entre sí.

El ciclo de la IAP implica, observación de la realidad, la reflexión conjunta sobre la práctica, la planificación y desarrollo de acciones para mejorarla y la sistematización de la experiencia para la producción de conocimiento. Esto requiere el desarrollo de una conciencia crítica y un análisis de la realidad, que en ese momento evolutivo se ve facilitado por el desarrollo del pensamiento abstracto y la permanente evaluación reflexiva de los valores adquiridos en su proceso de socialización.

El valor de esta metodología con adolescentes radica en el lugar central que le dà a la discusión, intercambio de experiencias y conocimientos de todos los participantes, incluyendo el coordinador. Es central el lugar que se le dà a la cooperación y la participación, donde se valoran los elementos colectivos. Esto, potencia el interés propio de la adolescencia de actuar y compartir con sus pares. Castellá, Gonçalves y Schwarcz (2000), en el marco de su proyecto de IAP destinado a jóvenes desempleados, describen como estos jóvenes provenientes muchas veces de situaciones de fracaso, al verse trabajando con sus pares y enfrentando a necesidades comunes, rescatan y redescubren sus capacidades e intereses y se sienten motivados.

La IAP plantea asumir el proceso como un continuo de reflexión- acción- reflexión, respecto de todas las actividades e ideas que el grupo plantee, en este caso, en relación a las actitudes preventivas. Mostrarles en hechos sus capacidades de intervención y posibilidades de resolución en situaciones complejas, evitando la posición pasiva. La relación con el coordinador es dialógica y horizontal, donde entre los conocimientos del saber profesional y los del sentido común se construye uno novedoso y útil para la ocasión particular.

Finalmente, y particularmente efectivo en la prevención y ante situaciones críticas, esta metodología considera que las técnicas se adecúan a la realidad y no al contrario, la realidad es flexible, cambiante e histórica. Esto implica evaluar y adecuarse a cada situación.

La IAP brinda herramientas para asumir y vincularse con los adolescentes como ciudadanos, potenciando su autonomía a partir de los calores de solidaridad, respeto y cooperación, dándole voz y voto en la construcción de actitudes preventivas. Esto implica tomar en cuenta las vivencias y la concepción propia de la vida cotidiana de los adolescentes, favoreciendo la construcción propia de actitudes preventivas, que les permita sentirse agentes activos, mostrándole su utilidad y tendiendo un puente para la incorporación al mundo de ciudadanía mostrándoles un camino de construcción de una mejor calidad de vida y de mejoras de su propio entorno. Pensar la vida como un reto permanente, y sentirse capaz de superarlo es una preparación excelente para enfrentar situaciones que quiebren las rutinas cotidianas.

Este modelo de implica una vivencia grupal que se construye a partir del respeto, la consideración del otro y desde la concepción del ejercicio de ciudadanía, que involucra un tipo de abordaje que va más allá de lo individual, pasando a una episteme de lo relacional ( Montero 1999), es decir, aceptando al otro como distinto, con su propia identidad, reconociendo lo singular de cada persona, pero siempre en función del otro. Asì, la terea que llevan adelante, se transforma en un modo de intervención directa sobre una situación social particular, y problematiza sobre la importancia de la prevención y el cuidado de los espacios en los que transcurren sus vidas cotidianas, poniendo a los adolescentes como agentes positivos y transformadores en los espacios en los contextos en los que se desenvuelven.



Reflexiones Finales

La idea central es favorecer, con adolescentes, una experiencia de IAP orientada a las actitudes preventivas en ámbitos que pueden ser señalados como vulnerabilizados. Pensar la posibilidad de intervenir en situaciones de catástrofe, en un espacio que reconozcan su potencialidad de agencia, que adquieran claridad y nuevas perspectivas que les permitan intervenir en su contexto. Los adolescentes son actores sociales capaces de producir cambios en su entorno, constituirse en líderes en situaciones de catástrofe y en un recurso significativo para las intervenciones sociales si se trabaja con ellos en este sentido.

En la adolescencia este tipo de trabajo se ve favorecido por dos factores. El despliegue del pensamiento abstracto, que facilita le reflexión introspectiva y el cuestionamiento de los valores. La importancia de los pares y la necesidad de interactuar en grupo, lo que permite identificarse con un proyecto y circunstancias comunes de la vida.

Si desde la institución escolar se promueve un proyecto de IAP, interesada en la prevención, buscando dar respuesta a una realidad social particular, este abordaje en grupo puede dar cuenta de la realidad de manera histórica, flexible, en cambio permanente y sobre la que es posible operar, identificándola como una estructura vinular entre personas, desde donde sus miembros encaminan sus intereses individuales y colectivos ( Martìn Barò 1996)

Formular proyectos de IAP como modo de generar actitudes preventivas enfatiza los factores protectores de el rango etàreo con el que trabajamos, y sus capacidades y potencialidades para ejercer un rol protagónico y proactivo en los contextos en los que se desarrollan. La metodología de la IAP favorece la participación y la construcción conjunta. Ubicándolos en el lugar de la acción.

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