Introducción a la teoría psicoanalítica



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Por ello se genera una catexia entre el chupeteo y la adquisición del placer. De esa catexia se genera un comportamiento independiente o autónomo, es decir, el niño, a través del chupeteo obtiene una placer aprendido: por su asociación, comportamientos primarios se van reforzando. El chupeteo es un comportamiento activo de manipulación de una zona erógena; mediante la satisfacción producida por este y la zona erógena se obtienen asociaciones, lo que se conoce como proceso de autoerotismo.

Por desplazamiento de asociaciones aparece una nueva fase llamada anal, ligada a la mucosa sensible del ano. Esta zona obtiene importancia en el momento en que el niño es educado para controlar el esfínter. Se refuerza las acciones bien reconocidas, lo que genera una situación de placer en el niño, tanto en la retención de excrementos como en el control del esfínter, lo que algunos casos puede llegar a originar problemas neuróticos de estreñimiento.

Una nueva zona desplazada al ano es la siguiente fase, la fase fálica: el órgano sexual, principalmente el pene. El instinto de saber o curiosidad le lleva al niño tanto a explorar el mundo como su propio cuerpo, donde comienza a obtener placer por manipular el pene. Sin embargo, dentro de la manipulación placentera aparece un elemento represivo: la amenaza materna de castración ante la continuidad de esa manipulación. Estas represiones, presentes en todas las fases, pueden provocar regresiones a fases anteriores. Además la curiosidad lleva a los niños a una comparación en la que el niño piensa que todo el mundo tiene pene. De esas comparaciones surgen dos fenómenos: de la represión amenazadora del niño sufre miedo a ser castrado, y la actualización de este miedo produce angustia; a su vez en la niña se da una situación completamente diferente, caracterizada por la envidia de pene. El desarrollo de esta fase puede producir, en un futuro, comportamientos sexuales llamados perversos.

En la comparación, el niño descubre que la niña no tiene pene y se le presenta angustia por creer que se lo han cortado; en tanto que la niña, al descubrir que le niño tiene pene, siente angustia ante su cuerpo incompleto.



La suma de las zonas erógenas convierte al niño en un perverso polimorfo, es decir, puede establecer su sexualidad de diversos modos conocidos como perversos, y también de modo normal. Freud con esto está convirtiendo en normal lo que socialmente se reconoce como perverso.

En los tres ensayos Freud afirma que la neurosis es el negativo de la perversión, esto es, la neurosis surge como resultado de una represión de una motivación compulsiva no aceptada o tolerada, que si no hubiera sido reprimida hubiera dado lugar a un acto perverso. En 1909 Freud publica un trabajo importante llamado Análisis de la fobia en un niño de cinco años (caso Juanito). Una razón de su importancia es la presencia empírica de datos referidos a la sexualidad infantil; este estudio confirma las teorías que Freud estaba construyendo a partir de los datos de los adultos. En este trabajo hay elementos circunstanciales importantes; aunque los datos proceden de un niño de cinco años, algunos datos se cuelan, tales como que Freud no trata al niño directamente, y que en un futuro Juanito reconoce que no recordaba nada. El análisis se hace a través de datos recogidos por el padre, que ayudó a Freud en la sexualidad infantil. En los primeros datos recogidos ya se mostraba una curiosidad del niño ante el pene y la comparación con otros seres, datos que prueban la teoría de Freud. Muy pronto se muestra que el interés de Juanito también es práctico: a los tres años su madre lo descubrió tocándose el pene y le amenaza con que un médico vendrá a cortárselo si sigue haciéndolo, con lo que Juanito adquiere el complejo de castidad. El núcleo central del problema es que Juanito padece, en torno a los cinco años, miedo a salir a la calle. El niño lo relaciona con que ha visto a unos niños caerse de un tranvía. A partir de este momento se analiza la fobia, y se encuentra con que será una pieza fundamental del psicoanálisis: el complejo de Edipo. Entre Freud y el padre analizan los datos recogidos. Juanito muestra muy pronto curiosidad por su cuerpo y la comparación. Incluso el ansia de saber y la curiosidad sexual pueden ser inseparables. La curiosidad de Juanito recae sobre sus padres, comparándose con ellos para ver si también tienen pene, y demuestra una especie de prejuicio de que con la edad el pene crece tanto como el de los caballos o las jirafas. En ese momento Juanito tiene una hermana, y al principio siente celos hacia ella. Superada esta etapa, se convierte en un hermano ejemplar. Después de la presión paterna hacia la no masturbación, y el incidente de los caballos, Juanito tiene miedo a salir a la calle porque le pueden morder. Dentro de la fobia se presenta, mediante un sueño, una atracción a proteger a su madre de su padre, simbolizado con una jirafa grande y otra pequeña y arrugada. Aparece una tensión con el padre y una atracción hacia la madre, lo que se conoce como complejo de Edipo. Todos los datos reunidos son importantes: celos de la hermana, interés sexual, relación edípica paterna, y neurosis de fobia relacionada con los caballos. A Juanito le dan más miedo los caballos con riendas en la boca. En el análisis se desechaba el suceso de los caballos y se analiza el resto de datos; Juanito relaciona los caballos con un gran pene. Juanito expresa que los caballos con riendas tienen un bigote como el de su padre. Entonces Juanito tiene miedo de castración, de morder, por parte del padre, que es su rival frente a al madre. Juanito no tiene conciencia del conflicto con su padre, que se simboliza por miedo a los caballos con riendas: no puede tener miedo a su padre, pues esto está reprimido, y lo sustituye por los caballos con riendas en el complejo de Edipo. Juanito tiene deseos de dormir con su madre cuando su padre no está, y su padre protestaba por ello. Juanito empieza a desear que su padre se marche para poder dormir con su madre, deseo que se convierte en angustia de que su padre se muera, aunque Juanito era una buena persona. La fobia representa el conflicto generado en el complejo de Edipo, al sustituir los caballos con riendas por su padre. A Freud le interesa Juanito porque le convierte en paradigma de la sexualidad: el caso Juanito se generaliza, y por ello Freud afirma que todos los hombres están marcados por el complejo de Edipo. Este complejo, al poseer contenidos reprimidos, nunca será reconocido por el individuo por si solo, y, sin embargo, puede simbolizarse en una fobia incomprensible. Aunque Freud ha llegado a esta conclusión, se podían haber alcanzado conclusiones distintas en distintos ámbitos o marcos teóricos. El complejo teórico se convierte en una pieza fundamental de la teoría de Freud, pues le permite dar el salto a la psicología individual a la psicología social. Un momento esencial del complejo es el conflicto moral y social que desde la tragedia de Edipo se proyecta sobre la sexualidad del niño. Se establece que todo niño pasa por el complejo, teniendo una relación positiva con su madre y un conflicto agresivo con el padre, que representa su rival frente a la madre, y de cuyo conflicto surge una tremenda ansiedad en el niño. La resolución normal o corriente del complejo de Edipo es la pérdida de atracción hacia la madre, y la identificación con el padre asimilando su personalidad. Pero este complejo requiere un profundo análisis. En primer lugar el término complejo señala una pluralidad de fuerzas, de tensiones y de elementos que configuran una totalidad estructurada. Este complejo tiene una duración temporal determinada con varias resoluciones posibles. Inicialmente, el complejo tiene un trasfondo sexual relacionado con el objeto libidinal del niño. Posteriormente en el conflicto intervienen los tres elementos fundamentales de la personalidad: existe una motivación sexual de amor, enfrentada a una agresión que finalmente genera temor en el niño. Este conflicto es empírico, acontece con protagonistas determinados que establecen en cada caso sus características, pero también es estructurado, es general, toda la vida humana está avocada a tener el conflicto con esa estructura, aunque cada una la tenga de su modo empírico. El complejo de Edipo es un punto fijo e importante en la construcción de la personalidad de los individuos. El niño se siente atraído por su madre porque es la persona que le satisface el placer, le ofrece ternura, etc. El temor viene aportado por el temor a la castración, la agresión del padre viene dada por la rivalidad entre padre e hijo frente a la madre. El complejo de Edipo tiene la estructura básica de atracción- evasión. Su resolución consiste en el rechazo de la atracción y asimilación del enemigo: el niño acepta las normas y valores de su padre para sentirse seguro y protegido ante la posible agresión. La aceptación de normas y valores es la clave que se incorpora en el niño, interiorizando criterios y normas y valores del yo-ideal representado por el padre, lo que determinará la estructura de su personalidad. Los criterios del yo-ideal son deseables por el niño. La asimilación de valores se conoce como proceso de interiorización. Las normas y criterios del padre poseen normas ideales vigentes y aceptadas por el grupo socio-familiar, por lo que la identificación no sólo asimila estas normas ideales sociales, sino que incluye una asimilación de valores de género y comportamientos de autoridad sexuales.

En el proceso de identificación el niño asume un yo-ideal con normas sociales, históricas,… Por ello en el pensamiento de Freud, que ha tenido un desarrollo continuo y natural basado en datos biológicos y hedonistas, con el complejo de Edipo se pasa en el desarrollo de la personalidad del nivel biológico individual del ser al nivel social histórico. La incorporación del yo-ideal tiene notas sociales y sexuales, y el surgimiento de la moral del ser está estrechamente ligado a la sociedad y la religión. El yo-ideal se convierte en el sistema meta hacia el que el sujeto se proyecta, primero como su padre y luego como la sociedad. A partir de este complejo y de la interiorización que se da alrededor de los cuatro-cinco años, el niño vive en colectividad. Con el yo ideal se determina, junto con los instintos, el proceso hedonista y el principio de realidad, nuestra conducta. En el complejo de Edipo se encuentran las raíces del súper-ego. A Freud le ha ido atrayendo cada vez más el desarrollo de la personalidad que, depende de ciertas experiencias cruciales, como el complejo de Edipo. Dentro de esta experiencia descubre que al hombre hay que entenderlo y analizarlo como un elemento psicosocial. Freud tiene conciencia de que el complejo de Edipo es distinto del de la niña. A la niña le espera el mismo proceso o interiorización; la resolución normal del complejo en la niña es: la niña tiene curiosidad, con lo que descubre la carencia de pene, y por ello tiene envidia de pene y piensa mal de sí misma por esta incompleta; la niña busca un suplente de pene, que será un niño, y espera que su parte se lo de, esto es, que el padre le dé un niño. La niña asimila su castración y por ello no sufre angustia, por lo que su complejo es más débil que el del niño, existe un enfrentamiento con la madre por el padre. La niña pasa de tener una conducta dominada por el pre-clítoris, a tener una dominada por la vagina, por lo que asume o interioriza los valores y la conducta de la madre para recibirla atención del padre.

El complejo de Edipo termina en una situación represiva conocida como fase de latencia, caracterizada por una amnesia estructural de toda la sexualidad infantil. Y llegado a la pubertad o a la madurez sexual, se activan todos los mecanismos y estructuras fijadas por el complejo. En este complejo está tanto el núcleo de la sexualidad posterior como el de nuestra moral, y también la génesis de nuestras neurosis: en el se reprimen determinadas conductas y se generan conductas sustitutorias, que es precisamente lo que ocurre en la neurosis. Es decir, que en el mismo punto en que se genera nuestra moral, se generan nuestras neurosis. Freud se da cuenta de que hay fenómenos sociales que deberían tratarse psicoanalítica mente. Freud escribe en 1913 Tótem y Tabú por varios factores: en esta época se da una tremenda admiración por la cultura africana primitiva y de las culturas orientales, y en ellas aparece el totemismo, en el que grupos sociales están definidos e identificados por su relación con un animal sagrado, al que sólo se puede matar en fiestas rituales, y el fenómeno del tabú, en el que la persona que toca o dice cosas intangibles impurifica su sangre por castigo divino. Estos dos fenómenos no están bien explicados, a pesar de las múltiples explicaciones existentes. Y el psicoanálisis puede decir algo explicativo, tomando como supuesto la afirmación de Darwin de que ha podido haber situaciones primitivas en las que los hombres estuvieran privados de hembras. Freud toma responsabilidad de explicar, aunque sólo hipotéticamente, los datos sueltos de los fenómenos. La explicación de Freud establece que entre las formas fundamentales de tabú destacan el tabú del incesto y el tabú de matar a personas importantes. Y Freud identifica estos dos tabúes con el complejo de Edipo ¿qué pasaría si los padres se apoderasen de todas las mujeres, quitándoles a sus hijos? Que los hijos matarían a sus padres para apoderarse de las madres. Pero cuando se mata al padre se descubre su protección y vínculo emotivo, por lo que surge la culpa: estos hijos conocedores de lo que puede ocurrir, prohibirían las situaciones de incesto, prohibirían las situaciones de incesto y de muerte a la persona de poder reprimir la posible situación dolorosa. Con la culpa surgirían las normas morales y la sociedad unida.

Esta explicación, aunque bien argumentada, no deja de ser hipotética. Aún así Freud explica una especie de organización social que, aunque no se puede probar tampoco tiene un opuesto fundamentado. La intención de Freud es dar explicaciones razonables y válidas a fenómenos sociales e individuales. Freud traslada de Tótem y tabú a otros tratados la concepción las normas morales, relacionadas en gran medida con la religión, en la sociedad y la personalidad individual. Freud posee una visión evolutiva de la personalidad humana: esta no se basa en factores biológicos sino que se extiende a lo largo de la vida evolutiva del individuo y a lo largo de la historia. La persona va adquiriendo una personalidad útil frente a la vida, en la que finalmente se admite un rol individual, en el que se desarrollan los mecanismos que solucionen los problemas que se les presenten. Un adulto es resultado de su propia vida infantil: por ello se empieza a centrar el estudio del análisis en la infancia de los pacientes de la clínica, principalmente en el desarrollo y resolución del complejo de Edipo. Las fases de la evolución de la personalidad están dispuestas en virtud del modo natural de obtener el placer y el objeto que lo satisface. La personalidad se estructura en instancias, de las cuales los más importantes son el ello, el yo y el súper-yo. La represión de la fase latencia termina en la siguiente fase, en la que, por medio de una reactivación del deseo del placer y de la infancia, se produce una reestructuración de la personalidad. El yo y el ello se publica después de la primera guerra mundial. En esta obra se prescinde complemente de los aspectos biológicos para centrarse en los aspectos psicológicos y su ínter actuación. Su psicología se centra principalmente en la oposición conciencia- inconsciente. La conciencia es importante puesto que todo conocimiento nace de ella, pero el inconsciente es más importante aún; incluso la conciencia está formada según el inconsciente. En este modelo final del psiquismo Freud introduce las tres instancias de la personalidad. En él las instancias del psiquismo están bien diferenciadas, pero en ínter actuación. La percepción conciencia está abierta al mundo, y la percepción aporta señal de realidad. El sistema de la personalidad está abierta a la objetividad de la percepción. La conciencia es la superficie de la personalidad humana, con la cual se orienta al mundo; y está más orientada al mundo que a la introspección.

En el sistema existen zonas psíquicas. En una de ellas se encuentran los contenidos reprimidos, que son inconscientes, y que forman barreras a la conciencia. Pero no todo lo inconsciente es reprimido. Lo inconsciente no reprimido está a disposición de la conciencia, pues no posee ningún elemento agresivo, en el preconsciente.

El ello conforma todo el conjunto de pulsiones e instintos dinámicos del psiquismo, vinculados al principio hedonista. Sólo de él parten las fuerzas vitales; está vinculado al inconsciente y tiene una continuidad en el yo: las fuerzas del ello se transforman en yo con el contacto con el mundo. El contacto con el mundo genera asociaciones y aprendizajes en las fuerzas del ello, que configuran el yo. El yo son las fuerzas del ello reestructuradas, en virtud del contacto con el mundo y del principio de realidad, que satisface las tensiones del ello en base al mundo objeto. El yo posee conductas y estructuras de satisfacciones posibles y socialmente afectadas por las fuerzas del ello. Este yo está abierto en una parte a la conciencia, y por eso está regido por las percepciones. El yo es un sistema de aprendizajes; posee representaciones cognitivas, memorias vinculadas básicamente al principio hedonista, por lo que también son afectivas. La relación del yo con los objetos causa en un momento el complejo de Edipo. En ese momento el proceso de interiorización genera el súper-yo.

El súper-yo es en gran parte reprimido; esto es así porque muchas veces el aprendizaje cognitivo es inconsciente, no posee señal de realidad por no ser verbalizado.

El consciente está estrechamente vinculado al lenguaje. Todo lo consciente puede ser verbalizado. El sistema lingüístico, al aportar señal de realidad permite a los contenidos preconscientes incluirse en la conciencia. Una parte del yo está también en el inconsciente, pues debe reprimir al ello con criterios del súper-yo. Las tres instancias de la personalidad, por su interactividad, están establecidas entre las dos instancias del consciente e inconsciente, con amplia excepción del ello, que cuando aflora a la conciencia se convierte en súper-yo. La personalidad tiene sus bases en un dinamismo profundo del yo. Este reúne las fuerzas del ello, y se atiene a las reglas del súper-yo. Dos fuerzas del ello son básicas: la auto conservación y la reproducción. El instinto sexual representa la conservación de la especie, y comparte importancia con la autoconservación del individuo vinculada al hambre y la sed. La autoconservación está encaminada a la utilidad frente al entorno y está regida por el principio hedonista. Una situación placentera es la regresión a la situación inicial. Por tanto, los instintos desequilibrados y forzados a actuar buscan en la interacción con los objetos la regresión a la situación inicial estable.



El placer posee dos dimensiones. Una dimensión externa que se satisface con objetos externos y una dimensión interna que se satisface con objetos propios, con el cuerpo, llamada narcisista. La dimensión narcisista va perdiendo campo frente a la dimensión externa. Existe una dualidad básica en nuestros instintos: Eros o instinto sexual y thanatos o pulsión de muerte y destrucción. Esta dualidad tiene en su base experiencias tanto clínicas como sociales: la guerra y el sadismo son reflejos de ellos. Estos instintos nunca son puros sino que interactúan entre ellos. En 1932 Freud dialoga sobre el por qué de la guerra con Einstein, a petición de la Sociedad de Naciones. Freud afirma que la agresividad del hombre no nace de la casualidad, sino de una thanatos profundo y estructural del hombre. Freud lo llamó teoría mitológica de los instintos. Si la guerra es producto de Thanatos su posición contraria es Eros: cuanto más limite Eros a thanatos menos condiciones existirán para que se dispare thanatos. En su estudio social Freud se pregunta por la utilidad de la religión. Esta mantiene una política de Eros con el objetivo de que los hombres no hagan lo que tienden a hacer. El hombre es tremendamente desvalido e impotente frente a una naturaleza poderosa. Esto le crea angustia, y por eso tiende a pensar que la naturaleza está regida por un Dios paternal que le ofrece protección. Este Dios no es resultado de una experiencia, ni el término de una argumentación lógica, sino que es una realidad paterna de la que asumimos reglas morales y sociales, cuya infracción rompe la protección paterna y crea catástrofes naturales. La religión es una protección de la angustia del hombre, pues Dios es una ilusión. Es ilusión en el sentido de que no es verdadero, y es ilusión en el sentido de que permite protegernos y evita la vida bajo la angustia por medio de ilusiones biológicamente útiles. Se mantienen creencias generadas por el instinto de placer frente a la angustia en una situación irreal. La religión es el equivalente social de los sueños. Si dejamos avanzar la ciencia frente a la religión las creencias religiosas irán desapareciendo, con lo que podría darse una situación dramática, pues, si desaparece la represión religiosa, pero no se introduce otra represión puede aparecer una agresión tremenda entre los hombres, pues thanatos podría actuar libremente. La sociedad no es un sistema en el que los instintos están reprimidos de un modo socialmente establecido; establece conductas estereotipadas incorporadas a las regulaciones sociales. Estas normativas son exteriores al individuo. Pero no solo la sociedad domina las pulsiones del ello, sino también el súper yo. El súper yo establece valores de conducta aceptables y no aceptables. Estos valores están establecidos en rigor del yo y encaminados a él. Pero puede suceder que el yo no cumpla los valores del súper yo, con lo que aparecería la conciencia o sentimiento de culpabilidad. Este sentimiento de culpabilidad es resultado de una autovaloración o autoestima negativa. El súper yo puede llegar a llenar de culpa al yo, puede destruir su autoestima; por lo que aparecerían situaciones extrañas que pueden llevar al suicidio.

Los mandatos no cumplidos del súper yo pueden causar perder el objeto externo de satisfacción de los instintos, y buscándolo en el interior y reorganizando el yo. Pero si es incapaz de reorganizarse, se puede producir o la depresión profunda, o la regresión al narcisismo. Existen mecanismos de defensa que permiten vencer este control excesivo del súper yo. El mecanismo de proyección proyecta los defectos propios en el entorno, lo que puede dar lugar a una conducta agresiva hacia el resto para acabar con los defectos propios. El mecanismo de sublimación permite satisfacer los impulsos del yo de un modo no reprimible y como un sueño pero real. Este mecanismo da lugar al arte, en donde, no sólo el autor satisface sus instintos, sino que las demás personas encuentran también satisfacción en sus obras. En este punto Freud alcanza una cosmovisión del hombre, su psicología abarca todos los ámbitos de la vida humana.


Ante la obra de Freud se presentan, principalmente, tres opositores: Pierre Janet, Alfred Adler y Jung:

Pierre Janet entendía los trastornos psicológicos como disgregaciones mentales y afirmaba la existencia de procesos automáticos y vinculaciones psicológicas a procesos dinámicos y fuerzas o tensiones que cohesionan o separan las asociaciones psíquicas. Lo importante es que no creía en un trasfondo sexual psíquico, sino de tensiones. La persona entra en contacto con la realidad a través de la tensión del mantenimiento de la vigilia. Su obra quedó apartada por su exigencia de primacía frente a Freud del descubrimiento del inconsciente.


Alfred Adler, discípulo de Freud, estudió la existencia de trastornos y problemas psicológicos profundos a personas con minusvalías psíquicas. Según él, el individuo está movido por fuerzas que le llevan a buscar seguridad a través del poder y del dominio. Alfred hace una reinterpretación del complejo de Edipo en términos de voluntad de poder. Le preocupó fundamentalmente el trastorno del niño mimado: es aquel niño que en su entorno familiar produce una capa de protección, dentro de la cual él posee el dominio, se generará una conducta neurótica regresando a formas más infantiles y privadas. El niño al no tolerar la realidad, adopta un estilo de vida que no asume los criterios sociales, sino que se refugia en el entorno favorable familiar. Igual ocurre con los minusválidos, cuya situación agresiva en el mundo les lleva a buscar modos de comportamiento que le compensen su minusvalía en su autoestima. Pero la lesión en la autoestima puede llegar a generar agresividad. Según Adler, un estilo de vida normal es el que asume los valores sociales de su entorno; al contrario un estilo de vida individual caracteriza la personalidad neurótica. Y el inconsciente es todo aquello que no tiene sentido, no lo que está reprimido. La autoestima es un elemento psíquico fundamental, pues conlleva la compensación de deficiencias por eficiencias.

Jung discípulo de Freud, tiene una inspiración importante hacia la antropología y las formas culturales primitivas, que poseen símbolos y formas expresivas de arte generales a lo largo de la historia y la cultura. Afirmó la existencia de una herencia psicológica de modos de tener emociones. Estos modos o arquetipos son roles individuales de un entorno supraindividual. Los roles sociales son caras externas que forman la persona. Frente a la persona se opone el ego, que puede tener emociones distintas a las exigidas por el rol social. Ánima y animus son dos pares de arquetipos sexuales, cada uno adoptado por todo individuo bisexual. Sombra es el arquetipo de las pulsiones freudianas del Ello; su satisfacción afecta a un inconsciente colectivo. Aparte de estos arquetipos, hay dos tipos psicológicos: individuos movidos al psiquismo externo o extrovertidos, que buscan estimulación, y los individuos movidos hacia un psiquismo interior o introvertido, que por exceso de estimulación buscan rehusarla.


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