Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente departamento de salud psicología y comunidad licenciatura en psicología proyecto de aplicación profesional (pap)



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Imagen 3: “Exterior del CEMAM”. Fuente: Capturada en el trabajo de campo (2016).

En la planta baja se encuentran salones, algunos de los cuales son utilizados como consultorios para atención médica, estética, gimnasio, sala de juegos, salones grandes que se utilizan para el taller de teatro, club de lectura, sala de cine en donde proyectan películas. En cuanto al personal cuentan con médicos, psicólogos, nutriólogos, odontólogos, podólogos, fisioterapeutas, maestros, voluntarios, cocineros, limpieza, administrativos y choferes.

La población asistente al centro es proveniente de distintas colonias del municipio por lo que su nivel socioeconómico es muy variado, ellos son transportados en su mayoría por camiones pertenecientes al DIF que se encargan de llevarlos al centro y regresarlos a su colonia; cuenten con la oportunidad de comprar alimentos para su desayuno y comida. Por otro lado pueden a su vez participar en diferentes tipos de actividades deportivas (como son el equipo de cachibol, danza regional), culturales (teatro, coro, cine, grupos de lectura), sociales (club de juegos como billar y cartas, lotería, grupos de plática), educativas (talleres de superación personal, autoestima, escuela abierta, computación, etc.) y artesanales (pintura en óleo, cerámica, telas; costura, tejido, bordado, papel mache, bisutería, etc.). Por otro lado cuentan con salidas culturales, concursos de cocina, baile y ajedrez, galería de arte para sus trabajos y eventos representativos en fechas culturales importantes en México (día de muertos, revolución, día de las madres, navidad, etc.). 

  1. Enunciado breve del contenido del reporte


Taller que busca la reconfiguración de prácticas a través de la modificación del concepto de vejez y el autoconcepto; buscando orientar a las personas hacia un bienestar.

Capítulo 2: Apartado teórico metodológico.

  1. Sustento teórico


El siguiente apartado muestra un compendio de la teoría que fundamenta el presente trabajo, fue importante hacer una revisión de la literatura con la finalidad de aclarar y profundizar en los temas de relevancia para la presente investigación.

Las teorías principales que se utilizan son dos: el socioconstruccionismo y la psicología de la salud; mismas que se complementan para lograr presentar los elementos teóricos. Es importante señalar que lo siguiente da cuenta de la manera en la que se entendió y utilizó cada uno de los conceptos; por ésta razón lo investigado da sustento a lo abordado en el taller, ya que antecede a lo observado y trabajado.



  1. Psicología de la Salud

La psicología de la salud tiene antecedente en la medicina comportamental, volviéndose un área interdisciplinaria para los conocimientos biomédicos y sociales. La primera vez que se utilizó dicho término fue en el año 1973 por Lee Birk. Sin embargo la medicina comportamental se orientó más a lo que se denomina psicología conductista. Al dejar de fuera muchos de los elementos del ámbito de la salud es que surge la necesidad de la creación de lo que se denominaría psicología de la salud (Floréz, 2004).

Joseph Matarazzo usó el término en 1982, definiendo a la psicología de la salud como un “conjunto de contribuciones educativas, científicas y profesionales de la disciplina de la psicología a la promoción y mantenimiento de la salud, la prevención y el tratamiento de la enfermedad, la identificación de los correlatos etiológicos y diagnósticos de la salud, la enfermedad  y las disfunciones relacionadas y  el análisis  y mejora del sistema sanitario y formación de políticas sanitarias" (Floréz, 2004, pp. 2).

Para Floréz (2004) el objetivo principal de ésta, es la búsqueda de información para promover la salud, así como evitar enfermedades. Es por esto que los ritmos de vida actual se convierten en un fuerte fundamento para el contexto de la población contemporánea.

Oblitas (2008), por su parte ahonda en lo expuesto por Floréz y señala que los objetivos específicos en la psicología de la salud son 4:  1) promoción  de  la  salud, 2) prevención de las enfermedades (técnicas de modificación conductual), 3) evaluación y tratamiento de enfermedades específicas y 4) mejora del sistema sanitario.

Dentro de la psicología de la salud, se rescatan los elementos del bienestar subjetivo y el bienestar psicológico, de los cuales se retoman solo algunos de sus aspectos, conforme  a la relevancia de ésta investigación.



    1. Bienestar Subjetivo

Según Triadó (2003, citado en Satorres, 2013) existen dos grandes componentes del Bienestar Subjetivo (BS):

  1. Componente emocional o afectivo: se relaciona con los sentimientos de placer y displacer de la persona. Está sujeto a cambios a corto y mediano plazo.

  2. Componente cognitivo: es más estable en el tiempo, ya que está marcado al juicio que merece a la persona su trayectoria de crecimiento, es decir, la satisfacción vital.

Veenhoven (1994 citado en Satorres, 2013) define el bienestar subjetivo como el grado que una persona juzga de manera particular o general en términos positivos o negativos; es decir en qué medida la persona está agusto con su vida.

Los juicios que la persona hace en forma general sobre la satisfacción con la vida, crean las valoraciones relacionadas con la manera en que las personas evalúan su desempeño a lo largo de su vida con sus metas, logros personales y de valores sociales determinados (Satorres, 2013).

La autoeficacia según Bandura et al. (1986, citado en Satorres, 2013) son los aspectos que se refieren a la capacidad que sienten las personas de lograr una meta, reto o superar una situación estresante.

Por su parte, Cantor y Sanderson (1999, citado en Satorres, 2013) proponen que el compromiso personal con las metas genera un sentido de autoeficacia que a su vez genera felicidad.

Dentro de las categorías de Bienestar Subjetivo podemos encontrar que algunas de ellas hacen referencia al tiempo como son: satisfacción que se relaciona a la vida en general y felicidad, la cual se convierte en un reflejo de un momento inmediato. En cuanto a su relación con el envejecimiento se ha encontrado que no existe una asociación entre éste y la disminución del Bienestar Subjetivo (Ryff, Keyes, Shmotkin, 2002).


    1. Bienestar Psicológico

Sitúan el bienestar en el proceso y consecución de los valores que hacen sentir vivos y auténticos y que hacen crecer como persona. (Ryff, 1989, Rayan y Deci, 2001b, citados en Satorres, 2013). Ante ello, Salanova et al. (2005 citado en Satorres, 2013) señalan que el bienestar psicológico es el resultado de la percepción sobre logros alcanzados en la vida y el grado de satisfacción personal con lo que se ha hecho, se está haciendo o puede hacerse.

Ryff et al. (2002) diseño seis categorías que se articulan entre sí, cada una perteneciente a un desafío diferente que las personas buscan alcanzar para funcionar de manera positiva. Las seis categorías incluyen:



  • Autoaceptación:  Es decir las personas buscan sentirse bien incluso estando conscientes de sus propias limitantes.  

  • Relaciones positivas con los otros

  • Autonomía

  • Dominio del entorno

  • Propósito de vida

  • Crecimiento personal

Aunque el Bienestar Psicológico y el Bienestar Subjetivo son distintos conceptos tienen algunos puntos de encuentro, y ambas se ven influenciadas por variables sociodemográficas, como son la edad y el nivel educativo, y de personalidad, más no se ven determinadas por ellas (Ryff et al. 2002). Finalmente estas dos grandes áreas del bienestar son clave para la integración humana, y llevan a una mejora en la calidad de vida.  

Se entiende como calidad de vida un concepto dinámico, el cual se puede abordar desde lo subjetivo u objetivo, y es producto de una construcción social; por lo que puede ser un indicador que muestre las índices de esperanza de vida. Abarca 6 dominios: “salud física, estado psicológico, nivel de independencia, relaciones sociales, espiritualidad y relación con los elementos esenciales de su entorno” (Ruvalcaba, Fernández & Salazar  2014, pp 246).



  1. Socioconstruccionismo

“Al final de los años 60’s se empezaron a desarrollar una serie de enfoques alternativos que pretendían situarse en una postura crítica con respecto a la psicología social en unos, y que pretendían configurar una nueva forma de entender la disciplina” (Ibáñez, Botella, Domènech, Samuel-Lajeunesse, Martínez, Pallí, Pujal, Tirado, 2013, pp 82).

La psicología del socioconstruccionismo utiliza algunos de los términos del interaccionismo simbólico, dándole importancia a la dimensión subjetiva de la realidad social, los significados y la consideración de la actividad del individuo. En ello se resalta el papel del lenguaje (Ibáñez et al., 2013). Sus supuestos  de acuerdo con Perdomo (2002), son los siguientes:               



  • No existen formas privilegiadas de conocimiento de la realidad (verdad).   

  • La realidad y el yo encuentran sus orígenes a través de las relaciones.

  • La función primaria del lenguaje es la acción social, constitutiva de múltiples versiones.      

  • La constitución discursiva de las versiones es esencial para la emergencia del yo y las relaciones.   

  • A través de las relaciones comunicativas se generan nuevos órdenes de significado así como nuevas formas de acción.

La idea principal radica en que las narraciones, las cuales son inherentes en la relación con el otro, son también las que dan forma a lo que conocemos como realidad y verdad, y al mismo tiempo son constructores del individuo (Perdomo 2002).   

“El construccionismo social pone atención en el hecho de que la realidad social y todo aquello que la compone se construye literalmente mediante las prácticas sociales concretas, que desarrollan las personas y los colectivos en la vida cotidiana. Al mismo tiempo la realidad social construida por estas prácticas revierte en ellas mismas y define el marco de posibilidad, esta dependencia entre el marco social que incide sobre nuestras actividades y las actividades que inciden a su vez sobre la conformación del marco social ha sido teorizada por el sociólogo Anthony Giddens con el nombre de dualidad estructural” (Ibáñez et al., 2013, pp 83).



Para Ibáñez et al. (2013), las personas pueden modificar sus costumbres como resultado de los cambios en las sociedades.  

  1. Matriz de códigos:

A continuación se muestra la matriz utilizada, la cual tiene la función de presentar de manera rápida el conceptual en el cual se desarrolla el marco teórico y da un vistazo en general a los términos utilizados durante el desarrollo del taller. Finalmente muestra cómo es que estos conceptos forman a su vez categorías que buscan complementarse entre ellas para dar una explicación al fenómeno observado.  Se realizó la codificación de dichos conceptos de los términos teóricos con la herramienta de AtlasTi, la cual ayudó a clarificar las narraciones obtenidas.

Concepto

Categoría

Subcategoría

Códigos

Vejez


Significados de vejez

Favorable

VSF

Poco favorable

VSFN

Identificación con la tercera edad

Identidad reconocimiento

VI

Identidad no reconocimiento

VIN

Prácticas de cuidado

Quien las ejerce

Prácticas recibidas

PR

Prácticas Realizadas

PP

Lo que se espera

Expectativas de prácticas

PRE

Emociones

Tipos de emociones

Emociones favorables

ETF

Emociones poco favorables

ETFN

Significados de las emociones

Significado de emociones favorable

ESF

Significado de emociones poco favorable

ESFN

Referente corporal


Referente corporal de emociones favorables

ERC

Referente corporal de emociones poco favorables

ERCN

Regulación emocional

Regulación emocional Adecuada

ERE

Regulación emocional poco favorable

EREN

Auto -aceptación

Ganancias de la edad


Favorables

AGF

Poco Favorables

AGFN

Percepción del otro


Favorables

APOF

Poco favorables

APOFN

Auto descripción

Características favorables

AAF

Características poco favorable

AAFN

Relaciones Sociales

Definición


Características favorables

RSF

Características poco favorables

RSFN

Expectativas

RSE

Red

Quienes la conforman

RSP

Tipos de relaciones

Favorables

RSTF

No favorables

RSTFN

Satisfacción de vida

Elementos de la satisfacción en la vejez

Favorables

SVEF

No favorables

SVEFN

Elementos de la Satisfacción en etapas previas

Favorables

SVVF

No Favorables

SVVFN

Definición de satisfacción




SDF

Proyecto de vida

Elementos que promueven la modificación de conductas

Favorables

PREF

No favorables

PREFN

Definición del proyecto de vida




PROD

Características de la personalidad en la creación o no del proyecto de vida

Favorable

PROCF

No favorable

PROCFN




  1. VEJEZ

Al definir la vejez se entrecruzan diferentes ramas, éstas la definen desde distintos enfoques. Por lo que con la finalidad de acotar dicho concepto y para los propósitos de este estudio se toma como autores principales a González, Tron & Chávez, (2009), quienes dicen que en la vejez se presenta diversos cambios: biológicos, psicológicos y sociales que influyen en cada persona, volviéndose un reflejo de su estilo de vida y la forma de relacionarse en su ambiente por lo que se puede llamar: “etapa final del proceso de envejecimiento”; el cual, como término, refiere a un proceso natural que enmarca un declive progresivo en la persona.

Se puede considerar que el inicio de la vejez se presenta entre los 60 y 65 años, partiendo de diversos autores e incluso de las instituciones de salud. Sin embargo, como lo plantea Moragas (1991, citado en González, Tron & Chávez, 2009), “el tiempo no es un determinante en el envejecimiento de una persona, sino la calidad del tiempo transcurrido, los acontecimientos vividos, las condiciones ambientales que lo han rodeado y condiciones personales del individuo”.

Es importante resaltar que vejez no es sinónimo de incapacidad; si bien existen reducciones en la capacidad funcional, ésto no es impedimento para el desarrollo de una vida en plenitud. Es cierto que la decadencia biológica tiende a posibilitar la presencia de enfermedades, sin embargo es preciso aclarar que ésto no quiere decir que la vejez sea una enfermedad (Moragas, 1991, citado en González, Tron & Chávez, 2009).

Se reconoce la complejidad de esta etapa, pues la persona se enfrenta a una gran diversidad de cambios físicos, emocionales, económicos, sociales e incluso psíquicos, sin embargo ésto no quiere decir que no sean posibles de solucionar, regular o adecuar. Lo anterior da como resultado que la persona viva problemas originados por cambios en la regulación de situaciones que anteriormente podían solucionar, impactando en su contexto, puesto que reduce su participación social.  Situación que con el paso del tiempo hace que se agudicen algunas de las limitaciones (cereijido & Cobarrubias, 1999, citados en González, Tron & Chávez, 2009).

La evolución de una vejez saludable está en relación a las herramientas con las que se cuentan para afrontar esta nueva identidad, la cual se cuestiona por los cambios en la autonomía y salud; y se logra cimentar gracias a las redes de apoyo y la cobertura de necesidades básicas emocionales y económicas (Pérez, Oropeza, López y Colunga, 2014). Psicogerontología y trabajo anticipado del envejecer. Rev. Iberoamericana de Ciencias. Vol. 1 (2). P.p. 3-10.). Estas vivencias, pensamientos y padecimientos son creados e interpretados a partir de la percepción de cada sujeto, esto nos permite entender que el síntoma es una interpretación con origen y localización, de tal manera que no necesariamente es visible o evidente (Bateson, 1993).

La vejez no sólo es un proceso de declive que abarca cada uno de las esferas del sujeto, sino que además es un proceso que es reforzado o constituido por medio de la identificación de las narrativas sociales. Alcalde Cuevas, Marchena Consejero, García-Cedeño, (2007, citados en Callís-Fernández, 2011) argumentan que “existe una relación [...] entre cómo la sociedad percibe al anciano y cómo este, se ve a sí mismo”; por lo tanto se podría considerar que la vejez como un proceso de pérdidas más que de ganancias es un constructo, determinado por componentes culturales que enmarcan el desarrollo del adulto mayor.  

“Debido al proceso de socialización, las experiencias, mitos, estereotipos y clichés van pasando de generación en generación, e igualmente son asimilados por todos los miembros de la sociedad desde diferentes perspectivas” (Alcalde Cuevas, Marchena Consejero, Garcia Cedeño, citados en Callís-Fernández, 2011).


  1. PRÁCTICAS DE CUIDADO

Se considera como un apartado relevante abordar las prácticas de cuidado, ya que en ellas es en donde se vuelve visible los cambios para una reconfiguración en la calidad de vida.

Es importante destacar que cuando se habla de prácticas de cuidado, se piensa al cuidado como un trabajo más que como una condición, esto implica que es necesario verlo como una acción social. Su fin es “proporcionar los medios de subsistencia al transformar recursos materiales y simbólicos que vienen a satisfacer necesidades” (Robles, 2007, pp. 24).

Por su parte Vázquez y Enríquez (2014, pp 129) señalan que el cuidado como “constructo social, implica al sí mismo y también al otro; es un fenómeno social vinculante y objetivado en reciprocidades múltiples tanto de carácter material, operativo e instrumental como simbólico”.  

Existen dos grandes grupos que se consideran normativos para dividir las prácticas de cuidado, aquellos que tienen que ver con las normas terapéuticas, como son la alimentación, las citas con el médico, la medicación (uso o no y respeto a los horarios) y las normas afectivas, como son la emocionalidad impresa en las acciones que se realizan, contacto social, etc. (Robles, 2007).

De acuerdo con Robles (2007), los fines del cuidado se pueden condensar en tres puntos: satisfacer necesidad, brindar los recursos y favorecer el bienestar; dichos elementos no se deben solo a los aspectos biológicos, sino que también se incluyen los conceptos emocionales y sociales. Aunque éstas pueden ser confundidas con actividades de la vida diaria, serán consideradas de cuidado una vez que el objetivo de la actividad cambia y se redirige a la persona que se le brinda dicha práctica por la necesidad de la misma y no tanto como un elemento de la relación existente entre ambos sujetos.

Es necesario tomar en cuenta lo anterior, debido a que “El cuidado está compuesto por acciones e interpretaciones acerca de las necesidades del otro y de cómo deben ser satisfechas, pero también por sentimientos que enlazan acciones y pensamientos” (Robles, 2007, pp. 25), es decir la persona utilizará las técnicas que crea conveniente de acuerdo a lo que la historia de la relación, con su experiencia previa, y lo que él cree que necesita la persona a la cual apoya en el cuidado.

Éstas acciones de cuidado se dividen en tres tipos (líneas de cuidado) y todas ellas pueden ser observadas en las prácticas cotidianas (Robles, 2007):


  1. Enfermedad: la condición y la atención de la misma; sin ellas la supervivencia sería mínima.  

  2. Hogar: cuidado del contexto, que favorece las otras dos; acción de cuidado de la vida diaria a mantener el contexto de manera similar a como ha sido.  

  3. Biográfica: reconstrucción de la identidad y sus relaciones.

Las prácticas de cuidado se convierten así en un concepto subjetivo, debido a que de acuerdo a la persona y su contexto es lo que considerara como cuidado o no, a su vez en la sociedad “las opciones para los sujetos y para el cuidado mismo varían entre los estratos e incluso en su interior; [...] por lo que sus opciones están restringidas a los recursos y posibilidades de organización que les ofrece su posición social” (Robles, 2007, pp. 41) bajo esto el que es cuidado y el cuidador definen lo que es cuidado.

Se debe mencionar que el cuidado es recibido pero también es esperado e incluso exigido de cierta manera; por lo que a pesar de recibir lo que se consideran “acciones de cuidado” si estas no cumplen con las expectativas del “paciente” no serán entendidas ni significadas como tales.

El Adulto Mayor es considerado como una de las personas que recibe el cuidado, sin embargo, en diversas situaciones él mismo se convierte en una fuente de cuidado para él y/o su familia; como ejemplo es cuando es encargado de cuidar a los nietos. Las prácticas de cuidado se convierten en sistemas complejos que conllevan no sólo beneficios, ya que también se reflejan en una serie de costos (Vázquez et al, 2014).

Dentro de las expectativas respecto al cuidado que el Adulto Mayor tienen, están el recibir estas prácticas de cuidado por parte de los miembros de la familia, lo que acarrea que se viva como una obligación; ya que si la práctica es recibida por alguien ajeno, es agradecida, más no vivida como una necesidad. “Detrás de este imaginario, recae una valoración ética, en dónde ser un buen o mal hijo depende de si se es recíproco o no con los padres” (Vázquez et al, 2014, pp.127).



  1. EMOCIONES

Ser persona implica integrar una serie de aspectos; uno de ellos son las emociones, las cuales están presentes a lo largo de la vida y tienen una función clave para la relación de la persona con el entorno.“Las emociones se construyen en la referencia recíproca que emana de la interacción social cotidiana y generan proximidad y la posibilidad o no de intimidad” (Enríquez y López, 2014 pp. 236).

Dentro de la sociología de las emociones, se dice que la emoción se da como respuesta a la interacción con los otros, es decir es ahí donde se alimentan y cobran sentido. Su origen puede deberse a normas sociales internalizadas ó sentimientos aprendidos a lo largo de la vida; todo esto como resultado del entramado de poder y estatus; dentro de este contexto cuando el sujeto no se siente con poder o estatus las emociones que se evocan son negativas o dolorosas: culpa, miedo, ansiedad, depresión, vergüenza. Contrario a lo anterior si la posición de poder y estatus es adecuada, dan lugar a emociones positivas, de seguridad y satisfacción (Bericat, 2000).

Por su parte Seligman (2003, citado en Oblitas, 2008), divide a las emociones tanto negativas como positivas; éstas últimas se subdividen en tres categorías relacionadas con el pasado, presente y futuro. Las emociones positivas referentes al pasado incluyen la satisfacción, la alegría, el orgullo y la serenidad. Las emociones positivas referentes al futuro incluyen optimismo, esperanza y confianza. Las emociones positivas sobre el presente se dividen en dos categorías que sean perceptiblemente diferentes: Los placeres: los corporales y más altos son “placeres del momento” e implican generalmente un cierto estímulo externo, y satisfacciones: Las cuales implican la consecución del objetivo por el cual hemos trabajado, el flujo, la eliminación de la timidez, y el saber administrar las emociones negativas para beneficio del objetivo (defensa), lo que genera una sensación de protección.

La felicidad es resultante de un conjunto de emociones positivas, tales como éxtasis y la comodidad, y de actividades como la concentración y el cumplimiento de tareas. Existen conductas positivas que ayudan a vivir la felicidad; entre ellas las fortalezas interpersonales que implican cuidar y ofrecer amistad y cariño a los demás y dentro de estas, define inteligencia emocional, personal y social la cual consiste en ser consciente de las emociones y sentimientos tanto de uno mismo como de los demás, saber cómo comportarse en las diferentes situaciones sociales, saber qué cosas son importante para otras personas y tener empatía (Seligman, 2003, citado en Oblitas, 2008). Las personas que tienen buen humor y sonríen más seguido, suelen ser más saludables, con mayores niveles de bienestar y felicidad personal, son más afables y tienden a establecer relaciones interpersonales satisfactorias.

Las emociones negativas, no sólo puede inducir directamente efectos psicológicos y fisiológicos que alteran la salud, sino que también puede influir sobre ella de modo indirecto, a través de la elicitación o mantenimiento de conductas no saludables (Seligman, 2003, citado en Oblitas, 2008). Debido a lo anterior los sentimientos y emociones pueden tener efectos positivos o negativos en el bienestar físico. (García-Rodríguez y Ellgring, 2010).

Por otro lado para autores como Bericat (2000), las emociones negativas como ya se dijo implican un desajuste en el poder y el estatus, entre ellas se encuentran las siguientes emociones:



  • Culpa: cuando se piensa que el poder aplicado al otro fue excesivo; típicamente asociado con algo que la sociedad entera podría reprochar.

  • Ira: se da como resultado de expulsar la culpa así el otro, por lo que se le responsabiliza por la acción ejecutada.

  • Miedo-ansiedad: como resultado del pensar que se carece de poder y/o estatus.

  • Depresión: cuando hay una carencia de gratificación y recompensas de los otros hacia nosotros.

  • Vergüenza: cuando se piensa que se pidió o se recibió más de lo que debería de ser. Es más propensa a surgir en público tanto real como imaginario.

  • Soledad: para Enríquez (2014) esta emoción se relaciona con el poco contacto social que el Adulto Mayor tiene con sus redes de apoyo en su día a día.

No se pueden contabilizar el número de emociones que existe, ya que depende de la experiencia de cada uno. “Las emociones no tienen influencia en la vida social: constituyen la vida social misma” (Gergen, 1996, pp.273).

Todo lo anteriormente abordado se complementa con la postura de la psicología socioconstructivista, la cual propone una definición íntegra que explica: “la emoción es un conjunto de fenómenos que comprende la interpretación de una situación conllevando cambios fenomenológicos expresivos y fisiológicos. a esto procesos primarios le siguen los procesos de interpretación y de regulación que también conforman la emoción” (Páez y Casullo, 2000, pp 74) .

Las maneras de regular la emoción están conectadas con la posibilidad de contar con redes sociales activas y vigentes, que se ven compuestas por acciones que tienen que ver con la movilidad, es decir el desplazamiento, para poder mantener los vínculos (Enríquez, 2014). Roussell (1955, citado en Páez et al, 2000) concuerda con lo antes mencionado ya que para él lo más relevante en una emoción es la relación existente entre persona y medio, de tal manera que ésta tiene características adaptativas, mismas que funcionan como explicación.  

Enriquez y López (2014) mencionan que en las relaciones familiares existe un deseo y una preocupación en cuanto a que las emociones sean recíprocas. Como parte de la construcción social del ser madre, la soledad y la tristeza se encuentran muy relacionadas, por lo que al ser considerada buena madre “la convierte en sujeto que da, que depende de la lectura del otro para pensarse y apreciarse a sí misma” (pp 249).

Por último es importante mencionar que las emociones se ven asociadas a algunas manifestaciones y reacciones corporales para Páez et al (2000) esto se vive de la siguiente manera en tres de las emociones básicas:



  1. La alegría: se ve acompañada de brotes energías, percepción de aumento de temperatura, relajación muscular y todo lo anterior acompañado por una sensación agradable.

  2. Enojo o enfado: durante la manifestación de esta se puede percibir contracciones musculares hasta llegar a la rigidez, acompañado de movimientos estomacales e incremento de la presión.  

  3. Tristeza: Se caracteriza por poca habla, uso de un tono de voz bajo, así como sensación de monotonía. La comunicación del sujeto se da entorno a la situación que provoca dicho sentimiento.

  1. AUTOACEPTACIÓN

En este apartado se desarrolla lo que es autoconcepto, autoestima y autonomía funcional; todos ellos como elementos de la autoaceptación; así como el rol que juega el otro en la definición de estos conceptos:

El autoconcepto de los sujetos se define a partir de la percepción e interpretación de las experiencias así como la emocionalidad depositada en ellas; éstas son analizadas y valoradas por las personas en base a parámetros tanto personales como culturales, pues el sujeto también es construido por su medio. Watzlawick (citado en Arévalo-Herrera, 2011) asegura que lo anterior se presenta debido a que para las personas es igualmente importante el concepto que la gente tiene de ellos, que el mismo concepto que ellos tienen de sí. La forma en la que cada uno se define, es decir el autoconcepto; es importante a lo largo de todas las etapas, pero en la vejez tiene un impacto fuerte a nivel personal y en las capacidades y limitaciones (Fernández-Ballesteros, 2002).

“Existe una relación muy directa entre cómo la sociedad percibe al anciano y cómo este, en consecuencia, se ve a sí mismo. Debido al proceso de socialización, las experiencias, mitos, estereotipos y clichés van pasando de generación en generación, e igualmente son asimilados por todos los miembros de la sociedad desde diferentes perspectivas” (Alcalde Cuevas et al, 2007, citados en Callís- Fernández, 2011).

El autoconcepto implica la convicción interna de que está bien expresar los propios sentimientos, necesidades y opiniones cuando sea necesario, así como defenderse cuando estos han sido heridos por otros. También se trata de la capacidad y la disposición para llevar las propias convicciones a terreno de la acción.  (Mebarak, De Castro, Salamanca, Quintero, 2009).

Al llegar a la vejez, la percepción que cado uno tiene sobre sí (la autoimagen) y el valor que le da a la misma (autoestima), impactan en las áreas cognitivas, afectivas y comportamentales, la cual cambia significativamente en esta etapa. Lo anterior es relevante debido a que se relaciona con el adaptarse en ese ciclo de vida, lo cual al llevarse a cabo se tiene una transición positiva con una adecuada calidad de vida (Núñez de Villavicencio Porro, Leal Ortega, 2001, citado en Callís- Fernández, 2011).

Por su parte la Autoestima es uno de los conceptos que conforman la calidad de vida, es por esto que la misma no existe si no hay una valoración personal. Para Arévalo-Herrera se refiere “ a la valoración que uno hace de sí mismo” y que “es resultado, de las experiencias y aprendizajes a lo largo de su vida[…]. En la formación de la autoestima el entorno familiar inmediato y el contexto social mediato influyen de manera decisiva” ( 2011, pp 42-43).

Para Gómez-Arqués y Martos-Martín (2001) La autoestima incluye también conciencia, percepción y la evaluación que uno hace sobre sí mismo. Se vuelve esencial para “estabilizar nuestras emociones”.

Existe una relación entre la autoestima y las circunstancias de vida, relación que se da de manera indirecta ya que la influencia que se tienen entre ellas se da a través de las ideas que se tienen. Es decir los pensamientos que se tienen sobre una situación simbolizan lo que sucede y esto impacta en la forma en que nos percibimos y aceptamos, es decir nuestra autoestima (Gomez-Arqués y Martos-Martín, 2001)

La autonomía Kant (citado en Villarroya, 2008), la define como una referencia a la capacidad de las personas para ponerse normas y responsabilizarse de su vida como un proyecto de autorrealización, en lo que se quiera hacer. Según Villarroya (2008) las personas que son autogestores de su vida, pueden determinar el curso que tenga, así como el impacto de la misma, implica reconocerse a sí mismo como el autor.

Estar privado genera una gran angustia, la cual se incrementa al tener que depender de otras personas para realizar las tareas y funciones que permiten el mantenimiento ordinario de la vida. Para detectar una discapacidad se ubican las limitaciones que comportan las patologías para el desarrollo de las actividades de la vida cotidiana y las restricciones que imponen a la participación social. “Discapacidad no se refiere a las condiciones somáticas del individuo, sino a su capacidad para vivir independientemente” (Satorres, 2013).

Afirmar la autonomía personal en personas mayores, se hace referencia a la renuncia obligatoria del trabajo asalariado, o a quienes padecen alguna enfermedad y son dependientes; a pesar de todo esto, “no han perdido el derecho a determinar su propia existencia” (Villarroya, 2008). Tal como lo plantea Villarroya (2008): “ El principio de autonomía trata de constituir un orden social y político en que cada persona, mientras vive, debe gozar de los derechos que afectan a todas las dimensiones de su existencia:derechos relacionados con su cuerpo; derechos sociales, culturales y cívicos; y económicos y políticos.”

Como resultado de los elementos antes mencionados se puede hablar de la percepción de sí mismo Callís- Fernández (2011) señala que en diversos estudios el Adulto Mayor reporta que la imagen de sí mismo es negativa, ya que se enfoca en las pérdidas acarreadas por la edad, es decir disminución del funcionamiento físico y psíquico. Lo anterior conlleva a una desvalorización de la autoimagen.  Por lo que es del general que el Adulto Mayor tiene una visión negativa de la vejez.  

Por otro lado existen también las excepciones sobre la imagen de sí, estas se relacionan con el hecho de que la persona que vive esta etapa bajo un una concepción positiva de autoimagen son las personas que “sacan el mejor partido posible de las circunstancias vividas” y expresan que dicha etapa es experiencia “ganancia de bienestar, sinceridad y cariño, tiempo de oportunidades y nuevas metas” (Callís- Fernández, 2011, pp 40).


  1. RELACIONES SOCIALES

Las relaciones sociales se refieren a las personas con las que se establece una interacción, la manera en que se da esta interacción, y los rasgos que poseen estos vínculos. La red se considera como un factor protector durante el envejecimiento. La función de las redes hace referencia a lo que se brinda a través de esos vínculos; sin embargo no todos los componentes de las relaciones sociales son beneficiosos (Escobar, Puga y Martín, 2008).

La mayoría de los Adultos Mayores crean estos lazos a través de redes informales (es decir aquellas personas que no pertenecen a una organización como son la familia y los amigos), y de redes formales (es decir establecimientos como el DIF, CEMAM, etc) (Escobar et al, 2008).

“Haciendo una reflexión sobre los recursos formales e informales que tiene la sociedad comenta que algunas redes sociales tienden a crear un puente de apoyo con las instituciones, en especial con las gubernamentales. La solidaridad como supuesto implícito en algunos recursos informales como las redes sociales tienen también una vinculación directa o indirecta con los recursos públicos. Es obvio que éstos últimos no pueden resolver por sí mismas las demandas sociales, pero también es evidente que los recursos informales que genera la sociedad tampoco pueden sobrevivir aisladamente (Millán, 1994 citado en Montes de Oca, 2003).

Cicirelli (1990, citado en Robles, Rizo, Camarena, Cervantes, Gómez, Siordia, 2000) reportó que existen estudios que muestra la composición de las redes sociales, las cuales se conforman mayoritariamente por los cónyuges e hijos, pero también se incluyen a otros parientes aunque en una menor medida.

Estas redes brindan apoyo desde diferentes áreas en el día cotidiano, de manera emocional, favores, compañía, entre otros. Cada red brinda tipos de apoyo diferente, las redes familiares por lo general proporcionan apoyo material, instrumental y material; mientras que las redes de amigos brindan más apoyo cognitivo y emocional (Montes de Oca, 2003).

De acuerdo con Robles et al (2000), en Guadalajara el tamaño de la red de apoyo de los Adultos Mayores está conformada por un promedio de 7.5 integrantes, la cual incluye hijos, nueras y yernos, esposos y nietos, así como amigos, hermanos y otros. “La composición de la red y la cantidad de apoyo social que se recibe estuvo relacionada con el sexo y el estado civil de los ancianos, pero no con su edad o con quien vive en la unidad doméstica ” (Robles et al, 2000, pp. 558). Se reportó que las mujeres tienen más red social que los hombres, y éstos si son viudos su red se incrementa a diferencia de los solteros.

Para Montes de Oca (2000) un componente elemental en las redes de apoyo es la reciprocidad, misma que se refiere a que la persona perteneciente a una red, de y reciba apoyo por parte de sus integrantes, cuando esto es así se alcanza un nivel psicológico de bienestar. Sin embargo lo anterior no siempre sucede ya que existen momentos y relaciones en donde se presenta un desvalnce en la reciprocidad la cual puede incluir que el Adulto Mayor de más apoyo del que recibe (esto se vive como frustración y sobrecarga) o que reciba más apoyo del que da (esto se vive como dependencia). Típicamente lo anterior se presenta en las redes familiares, en las cuales por cuestiones culturales se busca mantener redes en donde el apoyo no es recíproco.

Es importante señalar que cuando el Adulto Mayor no cuenta con redes familiares estables, las redes sociales amplias, como son amigos y vecinos; pasan a tomar un rol más importante en el cuidado. (Enríquez, 2014). Finalmente algunos de los beneficios de las redes de apoyo son los siguientes: da sentido de pertenencia, promueve la integración social, válida a la persona, sirve como un espacio para compartir prácticas de cuidado, incrementa los sentimientos de seguridad y utilidad. por otro lado, la ausencia de las mismas provoca la sensación de soledad que puede desencadenar depresión y se aumenta el riesgo morbilidad y mortalidad (Montes de Oca, 2000).



  1. SATISFACCIÓN DE VIDA

Dentro de la calidad de vida se encuentra la satisfacción vital, la cual depende del equilibrio de cada persona, de tal manera que se “debe intentar llenar de contenido y de deseos la existencia de las personas mayores y tratar de que las nuevas relaciones y actividades den sentido a su existencia” (Victora et al. 2005, citado en Inga y Vara, 2006, pp. 477).

George (1981, citado en Inga y Vara, 2006) define la satisfacción de vida como la valoración que una persona hace de lo logrado en la vida y lo deseado. Es decir la satisfacción de vida “representa un resumen de la evaluación de las metas y logros, que rodea al curso de la vida entera” (pp. 477).

Se utiliza como una medida que refleja el bienestar subjetivo de las personas; hay dos formas de acercarse a esta medida, centrándose en conductas manifiestas y considerando la apreciación subjetiva de la vida actual y pasada.  Para los creadores del constructo hay 5 dimensiones y puede considerarse que una persona tiene satisfacción vital si cumple con ellos: “Entusiasmo, resolución y fortaleza, Congruencia entre objetivos deseados y logrados y Autoconcepto positivo” (Satorres, 2013, pp 142).

Inga y Vara, (2006) hacen mención que el bienestar subjetivo y la satisfacción no se ven comprometidas con la edad, sino que las mismas pueden mantenerse estables, esto como resultado de la adaptación que el Adulto Mayor tenga a su etapa de vida; es decir si la adaptación es nula puede verse comprometido tanto el bienestar subjetivo y la satisfacción, mientras que si la adaptación es adecuada puede llegar a mejorar ambas medidas.

Se debe señalar que la satisfacción de vida no es un componente aislado en el Adulto Mayor, ya que los estudiosos de las diferentes perspectivas teóricas de la satisfacción de vida han convenido en señalar que el mantener relaciones positivas con los otros es esencial para el buen funcionamiento mental ( Ryff, 1989, citado en Ryff 2002).


  1. PROYECTO DE VIDA

El propósito en la vida como una de las dimensiones del bienestar psicológico  (Ryff, 1989 citado en Satorres, 2013) se define como el sentido de que la vida tiene significado, en el cual se integran las experiencias pasadas con el presente y lo que traerá al futuro. Incluye la presencia de objetivos vitales definidos.

Dentro de esta visión, la autoeficacia se entiende como el conjunto de creencias en las propias capacidades para organizar y ejecutar los cursos de acción requeridos para producir determinados logros o resultados (Satorres, 2013).

El propósito en la vida hace referencia a que la persona se marque metas, que defina una serie de objetivos que le permitan dotar a su vida de un cierto sentido y que mantenga un sentimiento de significado tanto en el presente como en el pasado (Satorres, 2013).

“El proyecto es una proyección del ser mismo” (Hernández, 2006, pp. 104); se encuentra diseñado de acuerdo a las características del individuo. En la vejez las conductas se encuentran asociadas a las tradiciones y a la educación. Por lo que el proyecto de vida es un reflejo de lo anterior.

Según Hernández (2006), se delimita por las etapas de vida de la persona; aquí es en donde tiene su relevancia el envejecimiento, ya que hay muchas personas que llegan a la tercera edad con buena salud física, mental y cognitiva, lo cual implica que se pueden construir proyectos en esta etapa; ya que es un momento para enfrentar retos, cambios de roles y lugares.

Hernández (2006) menciona que los Adultos Mayores que reportan estar satisfechos con su manera de ser no necesariamente cuentan con un proyecto de vida, expectativas o esperanzas en el futuro. Por lo que muchas de las motivaciones de este grupo poblacional giran entorno a terceros, sus creencias y al permanecer vivos. “… para resignificar la etapa de la vejez es necesario descubrir los propios recursos y valorarlos para construir objetivos de vida en función de ellos.” (Hernández, 2006, pp 108). Es por ello que al hacer un proyecto de vida, se hace un recuento de las acciones pasadas.

Aunado a lo anterior, las personas que reportaron no tener proyecto de vida tienen a presentar mala salud, así como un nivel alto de insatisfacción. Lo que permite observar que el pensar en el futuro es algo que culturalmente no se tiene en la tercera edad ya que se considera una etapa final. Sus planes están guiados hacia terceros (Hernández, 2006). A su vez la economía juega un papel importante en cuanto a la creación de proyecto de vida, ya que las personas con mejor nivel de economía, en su mayoría, si cuentan con un proyecto.

El construir un proyecto de vida durante la vejez, ayuda a cambiar la apatía y desesperanza por la felicidad y esperanza, de tal forma que se recuperan aspectos de la persona para tener una vida más plena. “El proyecto es un recurso valioso para adaptarse positivamente a la etapa de la vejez, que enaltece la condición del hombre mediante el respeto a sí mismo y a los demás y actualiza a la vez el sentido de vida.” (Hernández, 2006, pp 109).





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