Indice I. IntroduccióN



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3. NIVELES DE TRABAJO DE PREVENCIÓN

Cuando se habla de prevención, es importante diferenciar distintos niveles:




  1. Prevención primaria. Es toda intervención con población general (padres, niños y niñas, profesionales, etc.) que tiene como fin incrementar sus conocimientos y proporcionarles pautas de relación positivas y de autodefensa. Se trabaja cuando el abuso todavía no ha ocurrido, favoreciéndose su detección. Es la labor de prevención más eficaz puesto que -de tener éxito- reduciría la incidencia de los casos de abuso sexual infantil.




  1. Prevención secundaria. En este campo se trabaja con las llamadas “poblaciones de riesgo”, personas que por sus características o circunstancias están sujetas a un mayor riesgo de sufrir un abuso sexual. Todo niño o niña está en riesgo de sufrir abuso sexual, pero en el caso de menores pertenecientes a determinados colectivos aquél aumenta. Nos referimos concretamente a:




  • Niños institucionalizados.

  • Niños con discapacidad física o psíquica.

  • Niños hijos de mujeres jóvenes.

  • Niños en situación de pobreza.

  • Niños que viven en familias desestructuradas9.

  • Niños que viven en familias donde ha habido experiencias previas de abuso.


Los estudios demuestran que estas poblaciones tienen más probabilidad de sufrir un abuso sexual. El presente trabajo pretende impedir que su situación se agrave con una vivencia así, aunque no es adecuado inferir de lo anterior una relación causa efecto. De ninguna forma significa que el pertenecer a una de estas poblaciones lleve necesariamente a sufrir abuso. Se trata de probabilidades fruto de investigaciones anteriores.
3. Prevención terciaria. Se trabaja cuando ya ha tenido lugar el abuso, tanto con la víctima -para que no vuelva a sufrirlo, proporcionándole pautas de autodefensa, además de una posibilidad de tratamiento y rehabilitación eficaz- como con el agresor para evitar su reincidencia. Es difícil establecer el límite entre esta labor y el tratamiento en sí mismo, pero, aunque a menudo coincidan, pueden complementarse porque cumplen objetivos distintos y siguen metodologías diferentes.

Todas las instituciones deberían sensibilizarse sobre la necesidad de incrementar los recursos destinados a los programas de prevención en cualquiera de sus niveles.
A continuación, se describirán las características que deben cumplir los programas de prevención en cada ámbito y se proporcionarán los datos y recursos suficientes para desarrollarlos, además de las referencias de los programas de prevención existentes en la actualidad.

      1. 3.1. PREVENCIÓN PRIMARIA

3.1.1. Enfoque general


Los programas de prevención primaria cubren áreas diferentes y se desarrollan en ámbitos y con poblaciones distintos, pero han de cumplir una serie de condiciones comunes para resultar eficaces.
 Contenidos generales
Un programa de prevención primaria del abuso sexual infantil debería formar parte del curriculum amplio de educación afectivo-sexual. En este tipo de programas no se trabaja el abuso en sí mismo como agresión sino dentro del enfoque de buen trato del que se hablaba al principio, es decir, cómo han de ser las relaciones afectivo - sexuales en cada edad.
En este sentido, Félix López y Amaia del Campo (1997) afirman que se ha de conservar la perspectiva de los valores de la ética relacional, como un modo de relacionarse con los otros basado en el respeto a los derechos humanos. Dichos valores son:


  • Igualdad entre los sexos.




  • Reconocimiento de la sexualidad infantil.




  • Reconocimiento y fortalecimiento de los vínculos afectivos.

 La sexualidad entendida como encuentro placentero e intercambio de afecto, no sólo como el acto sexual.


Además, es importante recordar que hay que trabajar el enfoque de buen trato, y dentro de él, el reconocimiento del niño como persona con características y necesidades propias. En este punto, trabajar los derechos de los niños y niñas para comprender la vulneración que supone un abuso sexual es un referente más eficaz que comenzar el trabajo abordando directamente el abuso sexual. (ANEXO SEIS)
Por último, cualquier programa de prevención primaria ha de centrarse en la detección de situaciones de riesgo. Toda persona -niño o adulto- ha de conocer cuáles son las características y situaciones que pueden conllevar un riesgo de abuso. Al mismo tiempo, se han de proporcionar los recursos institucionales y sociales para actuar en caso de encontrarse en una situación de este tipo.
Todo programa de prevención primaria debería abordar los derechos del niño, la educación afectivo-sexual y la promoción del buen trato.

 Contenidos específicos


En los programas que trabajan con niños y niñas se recomienda incluir los siguientes contenidos específicos:
 Secretos que se pueden contar y secretos que no pueden ser contados. Buenos y malos secretos.
 Contactos adecuados e inadecuados, no sólo por cómo le hagan sentir sino también por quién se los haga.10
 Conductas individuales y conductas en grupo. Cómo controlar la agresividad contra iguales.


  • Educación emocional.




  • Educación afectivo sexual: nuestro cuerpo, sentir que sí o sentir que no...

“La educación afectivo sexual es un proceso que dura toda la vida, en el que se entrecruzan conocimientos y experiencias personales. Este conjunto de aprendizajes se favorece con una información adecuada, variada y correcta, sin prejuicios, realizada desde una actitud positiva hacia la sexualidad, en la que se desmitifique y se desculpabilice, se promuevan comportamientos saludables y la responsabilidad de la persona sobre los mismos y las relaciones positivas y enriquecedoras con los demás.”


Ep, no badis! ¡Eh, no te despistes! Guía didáctica de educación primaria


  • Asertividad. (Ver Anexo 13)




  • Revelación y petición de ayuda: ¿cómo y a quién?




  • Sentimientos de culpa y vergüenza.




  • Habilidades de autoprotección y seguridad personal.




  • Lo mismo que no debes dejar que te hagan no debes hacerlo a otros niños. Se puede llegar a agredir.




  • Derechos del niño: supervivencia, desarrollo, protección y participación.

En los programas que se desarrollan con adultos y adolescentes, a su vez, se ha de trabajar:




  • La actitud ante la revelación, para evitar la revictimización secundaria de los niños víctimas de abuso sexual.




  • La posible agresión: control y autoreconocimiento.




  • El enfoque positivo y promoción del buen trato.




  • Las falsas creencias. (Ver apartado de definición de abuso sexual infantil)




  • El proceso de denuncia.




  • Los recursos existentes (Ver Apartado VII)

Una regla mnemotécnica -“la de las cuatro R”-, propuesta por Wurtele i Miller-Perrin, puede resultar de utilidad para recordar los contenidos que se deben trasmitir en este tipo de programas.


RECORDAR: Conocer y recordar los conocimientos sobre el tema.

RECONOCER: Identificar las situaciones de riesgo.

RESISTIR: Habilidades de autoprotección.

RELATAR: Explicar a un adulto de confianza el abuso cuando se haya cometido, desarrollar habilidades de búsqueda de ayuda.
En definitiva, dichos contenidos se deben centrar en el entrenamiento en asertividad y en habilidades de discriminación del abuso, de afrontamiento del hecho y de búsqueda de ayuda.
Una vez establecidos los contenidos y metodología comunes a cualquier programa de prevención, se pueden indicar las características y metodología diferencial de cada programa según el ámbito en que se desarrolla.
3.1.2. Programas de prevención primaria en el ámbito comunitario
Un programa de prevención primaria, por definición, debería ser un programa comunitario, puesto que involucra a los diferentes agentes que influyen en el desarrollo del niño. (ANEXO CATORCE)
Los agentes con los que se puede y se debe trabajar son:
 Las instituciones de ámbito local.
 Los profesionales del ámbito sanitario, educativo, de los servicios sociales, de los cuerpos de seguridad del Estado y del sistema judicial.
 Los padres y educadores.
 Los voluntarios.
 Las asociaciones.
El objetivo en un programa de prevención primaria comunitario será constituir CIRCUITOS DE TRABAJO COMUNITARIO. Más que los contenidos en sí mismos, lo que importa es que los diferentes agentes comunitarios aprendan a trabajar conjuntamente.
Estos circuitos deben ser interdisciplinares e interinstitucionales, cumpliendo las siguientes características:


  • Ser de ámbito local, limitado. Precisamente su riqueza y eficacia consiste en que al limitar su campo de actuación aumentan sus posibilidades de incidencia directa en los miembros de la comunidad.




  • Tener carácter dinámico. Un circuito constituido por profesionales e instituciones debe tener la capacidad para adaptarse al cambio de personas, circunstancias o referentes institucionales.




  • Fomentar el trabajo en red. Existe una necesidad real de crear y fortalecer esta forma de trabajo. Al igual que en el enfoque general, por el que se han desarrollado programas individuales para poblaciones diferenciadas y con contenidos distintos, y en ese caso es fundamental coordinarlos; en la comunidad, las instituciones y organismos responsables han de entender que el trabajo comunitario para que surta efecto ha de desarrollarse en red. Pero trabajar en red, como trabajar en equipo, es algo que se aprende. Es necesario aprender a consensuar las necesidades e intereses de los diferentes agentes involucrados.




  • Dar importancia a las relaciones personales. La red, independientemente de que esté constituida por instituciones u organismos, está formada por personas que han de aprender a trabajar en equipo. En la evaluación de los programas, hay un dato que aparece claro: la eficacia de los circuitos y de la formación de profesionales depende, en primer lugar, del hecho de conocerse entre ellos y, en segundo lugar, del favorecimiento del intercambio personal de datos sobre cada caso. El conocimiento personal resulta clave para:




  • Obtener la información completa sobre cada caso.

  • Paliar los sentimientos de soledad de los profesionales del campo.

  • Agilizar los trámites que requiera cada caso.

  • Dar un margen mayor de maniobra a cada persona involucrada.

  • Mejorar la atención y el servicio.




  • Garantizar la equidad del peso de los diferentes ámbitos involucrados. Una red, como se ha señalado, ha de constituirse desde el respeto a las personas involucradas y a las instituciones a las que representan. Por ello, la representatividad de cada institución ha de ser equitativa.




  • Tomar como punto de partida del trabajo la promoción del buen trato, el trabajo desde la convivencia y educación, no enmarcado en la violencia.

 Partir de la evaluación de las necesidades reales. Al reducir el ámbito de incidencia, se pretende tener un conocimiento más exhaustivo de la realidad, que permita que el diseño de programas e intervenciones sea eficaz porque dé respuesta a las necesidades del colectivo al que se atiende. Si los canales de comunicación funcionaran adecuadamente, los profesionales implicados en el trabajo en red tendrían el conocimiento de la realidad de modo inmediato, es decir, de la gente directamente, o por su labor profesional. Una intervención mal enfocada no sólo puede resultar inútil sino perjudicial para los implicados.


 Establecer protocolos de actuación adaptados al ámbito local. Los protocolos juegan un papel esencial en la intervención puesto que permiten:


  • Evaluar los resultados de la intervención.

  • Unificar procedimientos.

  • Definir tareas de cada miembro del circuito.

  • Establecer responsabilidades diferenciadas para los profesionales, evitando el solapamiento y la duplicidad.

  • Recabar la información completa adecuada a cada caso.




  • Definir límites y responsabilidades de cada uno de los integrantes del circuito. Es importante que cada miembro sepa qué, cómo y con quién debe cumplir sus cometidos dentro del circuito.

Un programa de prevención primaria en el ámbito comunitario debe tener en cuenta, por lo tanto, las siguientes variables:




  • Su diseño y desarrollo debe realizarse para y desde el ámbito local. Se deben crear circuitos locales.




  • La formación de profesionales generalistas.




  • El apoyo a las familias.




  • La educación afectivo - sexual positiva.




  • La metodología participativa.

 El marco de actuación de los derechos del niño.



“Ep, no badis!”, José Manuel Alonso, Pere Font, Asun Val y Josep Rodríguez

Algunos de los programas de prevención primaria comunitarios que se han desarrollado en nuestro país están citados en el anexo de recursos, con sus direcciones y teléfonos de contacto.


Existen otro tipo de programas, que se contemplan más como campañas de sensibilización social generalistas, cuyo objetivo es la sociedad completa y que pretenden producir un cambio de actitudes real respecto al abuso sexual infantil. Se pretende involucrar directamente a todas las personas y ejercer presión social sobre las instituciones públicas para que, entre otras cosas, se logre:


  • El rechazo de la marginación de grupos e individuos, valorando a todos los niños y niñas por igual.




  • La promoción de la toma de conciencia en torno al abuso sexual infantil.




  • El diseño y la oferta de servicios que incluyan a todos los niños y niñas.




  • El rechazo del modelo médico de la discapacidad11 y el ofrecimiento de servicios que cubran las necesidades de estas personas.




  • El establecimiento de formación y salarios adecuados para las personas que trabajan con niños y niñas. Un salario bajo y unas pobres condiciones laborales dan a entender que el trabajo con niños y niñas no es relevante.




  • La cualificación del personal de las instituciones en el diseño de políticas y procedimientos relativos a los cuidados íntimos.




  • La seguridad en la existencia de alguien que sabe todo lo que le ocurre a un niño.




  • La potenciación del máximo de comunicación con todos los niños y niñas.

 El apoyo a las familias para reducir la vulnerabilidad de aquellas personas con necesidades afectivas, económicas, sociales, etc.


Las instituciones locales deben impulsar circuitos de trabajo comunitario en red donde se coordine el trabajo de los profesionales implicados, en base a un protocolo de actuación conjunta, y se tenga como objetivo la promoción del buen trato.




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