Indice I. IntroduccióN



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Aspectos psicológicos

Los profesionales involucrados en un caso de sospecha de abuso sexual infantil son distintos, pero el papel del psicólogo adquiere especial relevancia en cuanto a la evaluación pericial del testimonio, pues éste constituye en muchos casos la única prueba con la que se cuenta para denunciar el hecho. Por eso, cuestiones como la credibilidad del testimonio, el modo en que se realizan las entrevistas psicológicas o los contenidos que se recogen en ellas adquieren en este punto una importancia vital.


Por lo tanto, se considera oportuno establecer los siguientes criterios deontológicos relativos a la evaluación pericial de testimonio:


  • Resulta esencial que el profesional proporcione un soporte emocional al niño, desculpabilizándolo respecto al hecho y anteponiendo su interés a cualquier posible información a obtener.




  • Es necesario respetar el ritmo del niño o niña en el proceso de evaluación. Se necesita tiempo para ello.




  • La evaluación ha de realizarse en privado. Es inadmisible que la entrevista al menor se realice en público o delante de personas adultas involucradas en el proceso.




  • El lugar en donde se realice la evaluación ha de permitir el juego del niño y su esparcimiento.




  • A priori, la actitud del profesional ha de ser neutra.




  • El profesional no debe realizar preguntas inductoras ni mencionar contenidos que no haya referido el menor previamente.




  • El profesional debe controlar el lenguaje no verbal, no proporcionando al menor información relevante de este tipo (aspavientos, reacciones emocionales, gestos exagerados). En este punto es importante que el profesional sepa diferenciar lo que son expresiones empáticas de aquellas que pueden resultar inductoras.




  • El profesional ha de dar tanta importancia a la retractación como a la afirmación. Frecuentemente, se cree más rápidamente la retractación que la afirmación del hecho y debemos recordar que la presión a la que puede estar sometido el niño, y el síndrome de acomodación, pueden jugar un papel importante que invalide esa retractación.




  • Los profesionales deben trabajar y controlar sus actitudes defensivas respecto al abuso sexual infantil. Es un tema que atañe a la esfera de lo privado y los profesionales son personas que no se libran de los miedos que esta esfera puede provocar, pero han de saber manejarlos adecuadamente.




  • Es necesario poner énfasis en la entrevista con los padres, además de en la del niño o niña.




  • Por regla general y como medida preventiva, es importante recomendar tratamiento o un apoyo psicológico al niño.




  • Los profesionales han de respetar los dictámenes de otros profesionales, no realizar comparaciones sino exponer tan sólo las conclusiones de su trabajo.




  • Sería necesario establecer un centro especializado en evaluación de abuso sexual infantil para cada zona, de tal forma que se garantizara la especialización de los profesionales involucrados en el proceso de evaluación.




  • Es necesario desarrollar criterios de evaluación no verbal que sirvan para las entrevistas con los niños y niñas más pequeños. Los test proyectivos juegan un papel esencial, pero hace falta una validación de instrumentos.




  • En ningún momento se debe recomendar al niño o niña el olvido de lo acontecido.




  • No es admisible que el profesional manifieste a los padres o a los niños argumentaciones como que “los menores mienten o fantasean mucho” .

La diversidad de roles y de instituciones desde los que actúa el psicólogo comporta la necesidad de diferenciar los objetivos, procedimientos y métodos más apropiados a cada contexto, tanto en lo que hace referencia al usuario como al resto de profesionales que intervienen en el caso. Hay algunos roles que son incompatibles:



  • Las intervenciones de los equipos oficiales de protección a la infancia han de diferenciar claramente en cada caso la dimensión evaluativa-administrativa de la terapéutica.

  • Las intervenciones del ámbito clínico o psicosocial son incompatibles con la actuación como forense o perito en el campo judicial. Bajo requerimiento judicial, previa autorización por parte del paciente, el psicólogo puede intervenir como testigo cualificado, pero informando exclusivamente de los hechos conocidos a través de la asistencia que sean relevantes para el procedimiento que se sigue.

  • Los psicólogos que intervengan como peritos no realizarán intervenciones terapéuticas en el mismo caso, de acuerdo con lo señalado en las cláusulas de exclusión de la Ley y en los criterios deontológicos.

  • La misma precaución deberán tener los profesionales mediadores, que evitarán intervenir en la evaluación y tratamiento de los casos en los que hayan efectuado o intentado la mediación.


Las autoridades locales y autonómicas han de crear un centro especializado de referencia para la evaluación pericial y el tratamiento de los niños y niñas víctimas de abuso sexual y/o agresiones sexuales.

El papel del psicólogo en la evaluación de un caso de sospecha de abuso sexual infantil es el siguiente:




  1. Objetivos.

La evaluación psicológica de los casos en que existe sospecha de abuso o maltrato infantil debe hacerse cuanto antes mejor. Teniendo en cuenta que nos encontramos frente a un menor y ante una sospecha de delito, la evaluación tiene dos objetivos:

  • Delimitar cuál ha sido la situación sufrida por el menor y especificarla lo más ampliamente posible.

  • Valorar cuáles son las medidas de protección y tratamiento que requiere.


Deberá evitarse, siempre que ello sea posible, la repetición de exploraciones y la victimización secundaria, derivada esta última del excesivo número de sesiones y de la aplicación de técnicas innecesarias.


  1. Origen de la demanda.

La evaluación puede haber sido solicitada por:

  • Los padres y/o tutores del menor.

  • El fiscal en unas diligencias informativas.

  • El juez para la instrucción del caso o como prueba para el juicio oral.

  • Un equipo o profesional que ha detectado la situación.

Debe darse siempre a conocer al examinado y/o a sus tutores quién pide la evaluación y obtener el consentimiento informado.

Para la evaluación del abuso no es necesario entrevistarse con el presunto autor. Si fuera el padre del menor, la entrevista se hará en relación a su condición de padre de la víctima.

Si en la demanda de evaluación se incorpora la solicitud de estudio del acusado, es conveniente que la evaluación del menor y la del sospechoso sean realizadas por equipos diferentes.

  1. Recogida de información colateral previa a la evaluación.

    Antes de entrevistarse con el menor es recomendable que el examinador revise, con amplitud de miras y sin perjuicios, todo el material disponible:



  • Testigos directos del menor.

  • Testigos de referencia.

  • Revisión de las declaraciones del acusado o sospechoso.

  • Documentación médica, psicosocial y legal.

  • Entrevista con familiares y/o personas significativas del contexto del menor.

  1. Entrevista con el menor. Criterios generales.

Las entrevistas han de adaptarse a la situación del niño y al momento en que se encuentra.

Han de hacerse en un ambiente de protección y establecer un clima de confianza que permita la expresión de sus emociones y pensamientos.

Debe informarse, de forma comprensible para el menor, del objeto de la entrevista, de los límites de la información obtenida (darle a conocer la obligación que se tiene de comunicar el caso para su protección) y del proceso administrativo y judicial posterior.

Antes de realizar grabaciones auditivas o visuales ha de solicitarse permiso directamente a las personas entrevistadas, si son adultos (y a los niños también), y a los padres o tutores, si se trata de niños o adolescentes. Cuando se hagan grabaciones con vídeo o casete se han de tener en cuenta los requisitos necesarios para que, en caso de ser necesarias, tengan valor de prueba judicial y se evite con ellas la repetición de la entrevista o de la exploración.

La actitud del evaluador ha de ser comprensiva, libre de cuestionamientos, puesto que la evaluación de la credibilidad se hace después de las entrevistas.

La evaluación ha de ser completa para tener el mayor número de datos del desarrollo global del menor.



Es necesario respetar el ritmo del niño o niña a la hora de realizar una evaluación pericial. La urgencia del proceso no debe anular al niño ni dificultar su relato.

  1. Realización.

En la entrevista estarán presentes el menor y los evaluadores. Si es necesario que asistan a ella familiares u otras personas, se colocarán fuera del campo visual del menor, si es posible en una sala aparte. Se informará siempre al menor de la presencia de los observadores.

El lugar de la entrevista se determinará en función de las características del caso. A veces es preferible establecer el primer contacto en un contexto conocido por el menor, especialmente en las primeras fases de la investigación.

Cuando el menor no haya aún declarado ante el juez, y con el objeto de reducir el número de entrevistas, podrá efectuarse la entrevista en presencia del juez y del psicólogo. Si se dispone de una sala con espejo unidireccional o con circuito cerrado de televisión, las diferentes partes pueden presenciar la exploración y efectuar las preguntas que consideren oportunas a través del psicólogo o del juez.

Siempre que sea posible se grabarán las entrevistas en vídeo o casete, pero cuando no se disponga de estos medios deberán recogerse de forma textual y contextualizada las preguntas y respuestas, así como la comunicación no verbal y demás aspectos interactivos y de comportamiento manifestados durante la entrevista.

El número total de entrevistas que deberán efectuarse oscilará entre dos y seis. Los hechos no serán abordados en todas ellas, ya que es preciso también recoger otros datos que permitan conocer las características personales del menor. Con la finalidad de no generar falsos positivos se evitará repetir preguntas directas cuando el menor niegue el abuso.

  1. Tipos de entrevista.

Se pueden utilizar diversos formatos de entrevista, pero siempre tendrán que incluir las fases siguientes:

a)Presentación inicial y obtención de la confianza del menor.

b)Abordamiento desde un comienzo. Tiene como objeto promover la narración espontánea de los hechos.

c)Facilitación de la información y especificación de lo ocurrido. Su objetivo es profundizar el conocimiento de todo cuanto haya sucedido.

d)Finalización. Se ofrece, de forma comprensible para el menor, el resultado de la evaluación y se trabaja su situación emocional para facilitar las intervenciones de otros profesionales.

  1. Características de las preguntas.

En primer lugar es preciso escuchar. Las preguntas se formularán siguiendo el hilo conductor de las respuestas del menor. No es indicado hacer entrevistas cerradas con preguntas previamente establecidas.

El lenguaje ha de ser claro, simple y adecuado al desarrollo del menor y a su léxico.



Las preguntas han de ser abiertas. Si se formulan preguntas cerradas, debe determinarse el sesgo que aportan a la información.

Se evitará utilizar tanto técnicas tipo "interrogatorio" como actitudes excesivamente paternalistas, debido a la elevada probabilidad de contaminación que pueden generar en el discurso del menor.

8. Técnicas complementarias.



Se pueden utilizar técnicas complementarias para facilitar la comunicación del menor o específicamente para realizar un diagnóstico clínico. En cada caso se seleccionarán los instrumentos idóneos en función de las hipótesis diagnósticas y de las necesidades derivadas del objetivo de la evaluación.

El diagnóstico clínico no sirve para validar una situación de ASI/MI, pero aportará datos para:

  • Determinar los trastornos de desarrollo que puedan interferir su testimonio o incrementar las secuelas.

  • Establecer el nivel de afectación psíquica y determinar la necesidad de tratamiento.

Cuando se utilicen procedimientos no específicos, ha de tenerse precaución en la interpretación de los resultados.

La utilización de muñecos con características sexuales explícitas será útil para:

  • Identificar el conocimiento anatómico del menor.

  • Expresar los hechos en menores no verbales o prepúberes.

  • Recoger datos en el juego espontáneo.


Los datos obtenidos han de ser considerados dentro del conjunto de los ya recogidos y evitando hacer interpretaciones inferenciales.


9. Conclusiones e informe.

El lenguaje del informe ha de ser claro, aunque riguroso, y expresado de forma científica.

La estructura del informe debe incluir los siguientes apartados:



  • Solicitud o motivo de consulta.

  • Antecedentes del caso.

  • Relación de los procedimientos y técnicas de evaluación.

  • Resultados obtenidos.

  • Evaluación del profesional.

  • Conclusiones y recomendaciones.


Los análisis de los resultados se harán de acuerdo con los datos aportados en la investigación. Las conclusiones se basarán en los datos obtenidos y contrastados y se especificará el nivel de validez que se les asigna.


En el informe final el psicólogo siempre debería recomendar tratamiento o apoyo profesional al niño o niña como medida preventiva. Este apoyo debería hacerse extensivo al entorno del niño.

10. Entrevista final.

Debe hacerse siempre una entrevista para informar sobre los resultados de la evaluación tanto al menor como a sus padres y/o tutores. Se utilizará un lenguaje que haga comprensibles los conceptos que hemos de transmitirles.

Los profesionales responsables del tratamiento también serán informados de los resultados de la evaluación.”
Guía de actuación del psicólogo en los abusos y otros maltratos en la infancia. COPC 2000, J.M. Alonso, J.A. Hernández y Mª D. Petitbò.
A continuación, se expondrá un esquema de las variables que han de tenerse en cuenta en el proceso de evaluación de un caso de sospecha de abuso sexual infantil. Estas pueden servir de ayuda, no sólo para el ámbito médico, sino también a otros profesionales implicados en la evaluación.
FALTA CUADRO IMPRESO

                1. Por otro lado, en el caso de las entrevistas con agresores sexuales, se establecen las siguientes consideraciones, toda vez si cabe que éstas se hacen más difíciles ya que éstos tienden a minimizar, negar o mentir sobre su actuación:





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