Identidades culturales y música popular



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IDENTIDADES CULTURALES
Por: Mg. S. Juan Manuel Pavía Calderón
LAS MÚSICAS DEL BARRIO. UNA PRIMERA APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LOS USOS DE LA MÚSICA POPULAR EN LA ACTUALIDAD”. Cali, Univalle, 2009.

El concepto de identidades culturales es reciente y se refiere a “aquellos aspectos de nuestras identidades que surgen de nuestra pertenencia a culturas étnicas, raciales, lingüísticas, religiosas y además nacionales.” 1

El tema de las identidades culturales se vincula a la transformación de las sociedades modernas de finales del siglo XX en las que se observan cambios en el paisaje cultural de clase, género, sexualidad, etnia, raza y nacionalidad. Las concepciones e ideas que perciben las sociedades homogéneas de sujetos integrados a sistemas de organización social y en los sistemas que contengan su comprensión en un relato, se encuentran puestas en duda ante las maneras como vivimos, nos comunicamos, nos representamos y actuamos. 2
Según Stuart Hall3 las identidades modernas están siendo descentradas, des-localizadas y fragmentadas como consecuencia de la pérdida de sentido de estabilidad y permanencia de un sentido de sí en el sujeto.
Hall4 distingue tres aproximaciones al concepto de identidad correspondientes a las ideas sobre el sujeto social del iluminismo, el sujeto sociológico y el sujeto postmoderno. En concordancia con esta línea de pensamiento, el sujeto del iluminismo concebía la persona humana como un individuo dotado de capacidades de razón, de conciencia y acción cuyo centro consistía en un núcleo interior que emergía por primera vez cuando el sujeto nacía y con él se desenvolvía permaneciendo esencialmente idéntico a lo largo de su existencia. El centro esencial era la identidad de una persona. Se trataba de una concepción individualista.

La noción de sujeto sociológico se refería a la creciente complejidad del mundo moderno y la conciencia de que este núcleo interior del sujeto no era autónomo ni autosuficiente sino formado en relación con otras personas importantes para él que mediaban los valores, sentidos y símbolos -la cultura- y los dos mundos que él habitaba.


E. Goffman, G.H Mead, C.H Cooley y los interaccionistas simbólicos son las figuras de una sociología que colaboran en la elaboración del enfoque interactivo y comunicativo de la identidad y del yo en el concierto cambiante de las sociedades urbano industriales modernas.5 Según esta concepción, se estructuró la idea sociológica de la identidad formada en la interacción entre un yo y la sociedad. El individuo según los interaccionistas, habita en un núcleo o esencia interior que es modificado en un diálogo continuo con los mundos culturales exteriores y las identidades que esos mundos ofrecen. La identidad en esa concepción sociológica se constituye entre el espacio interior y el espacio exterior, entre el mundo personal y el mundo público. Mientras el sujeto asume y proyecta su identidad a sí mismo interioriza los significados y valores de las identidades culturales que le ofrece la sociedad, contribuyendo a estabilizar e integrar los sentimientos subjetivos con los lugares objetivos que ocupa en el mundo social y cultural. La identidad es en esta perspectiva como una costura entre el sujeto y la estructura; estabiliza tanto a los sujetos como a los mundos culturales que éstos habitan, convirtiéndolos recíprocamente en mundos unificados y estables.6
La argumentación sobre el sujeto postmoderno sostiene que son precisamente los aspectos anotados los que se vienen transformando. El sujeto concebido con una identidad unificada y estable se fragmenta y se divide en varias identidades algunas veces contradictorias y no resueltas.7
La postura del sujeto postmoderno asegura que las identidades correspondientes al paisaje social, el afuera, el exterior, que asegura nuestra conformismo subjetivo con las necesidades objetivas de la cultura están entrando en colapso como consecuencia de transformaciones estructurales e institucionales y que el propio proceso de identificación a través del cual nos proyectamos en nuestras identidades culturales, se torna más provisorio, variable y problemático.8
Ese proceso produce el sujeto postmoderno sin identidad fija, esencial y permanente. La identidad se vuelve una celebración móvil: formada y transformada continuamente en relación con las formas por las cuales somos representados o interpelados en los sistemas culturales que nos rodean. En consecuencia se argumenta que la identidad es definida históricamente y no biológicamente. “El sujeto asume identidades diferentes en diferentes momentos de su vida y su historia, identidades que no son unificadas alrededor de un yo coherente9
Hall 10sostiene que dentro de nosotros hay identidades contradictorias empujando en diferentes direcciones, de tal modo que nuestras identificaciones están siendo des-localizadas. Si sentimos que tenemos una identidad unificada desde el nacimiento hasta la muerte es apenas porque construimos una cómoda historia sobre nosotros mismos con una conforme narrativa del yo. Por lo tanto, la identidad plenamente unificada, completa, segura y coherente es una fantasía. A medida en que los sistemas de significación y representación cultural se multiplican, somos confrontados por una multiplicidad desconcertante y cambiante de identidades posibles con las cuales nos podríamos identificar.
Otro aspecto de la cuestión, está relacionado con las transformaciones propias de la mudanza de la modernidad tardía. En particular el proceso de transformación conocido como globalización y su impacto sobre la identidad cultural. La transformación de la modernidad tardía tiene un carácter muy específico, se trata del proceso continuo de transformación de las sociedades y que permite distinguir las llamadas sociedades tradicionales de las modernas.
Laclau, Giddens, Harvey y Hall 11plantean interpretaciones que coinciden en una línea común cuando se aborda el impacto de la transformación contemporánea conocida como globalización.
En concordancia con esta línea de pensamiento, las sociedades tradicionales o del pasado son sociedades que veneran los símbolos y valores que perpetúan la experiencia de generaciones.12
La modernidad es definida en contraste con estas perspectivas tradicionales como la experiencia de convivencia con la mudanza rápida y continua y, con una forma reflexiva de vida en la cual las prácticas sociales son constantemente examinadas y reformadas a la luz de las informaciones recibidas sobre aquellas propias prácticas, alterando así constitutivamente su carácter”.13
Sin embargo, más importante que la transformación de las instituciones tradicionales, se consideran las transformaciones que ocurren en función de la percepción de tiempo y espacio en la constitución identitaria de individuos, grupos y colectividades; la des-localización del sistema social y la extracción de las relaciones sociales de los contextos locales de interacción y su reestructuración a lo largo de escalas indefinidas de espacio tiempo. En la medida que áreas del globo son puestas en interconexión unas con otras, ondas de transformación social afectan virtualmente toda la superficie de la tierra y la naturaleza de las instituciones modernas. Estas últimas son radicalmente nuevas en comparación con las de las sociedades tradicionales como el estado nación, las empresas comerciales y el trabajo asalariado y, mantienen una engañosa continuidad con las formas anteriores (como por ejemplo la ciudad).
La ruptura o mudanza con la continuidad temporal (la evolución histórica) es otro aspecto de dicho proceso en el que los modos de vida accionados por la modernidad nos librarán de una manera bastante inédita, de todos los tipos tradicionales de orden social. Tanto en extensión como en intensidad: en el plano de la extensión servirán para establecer formas de interconexión social a escala del globo; en el plano de la intensidad, alterarán algunas de las características más intimas y personales de nuestra existencia cotidiana.14
Otros autores como David Harvey15 se refieren al proceso como un rompimiento impetuoso con toda y cualquier situación precedente, un proceso sin fin de rupturas y fragmentaciones internas en su propio interior y, Ernesto Laclau16 usa el concepto de des-localización para referirse a aquellas estructuras cuyo centro ha sido sustituido por otros, por una pluralidad de centros de poder.
Laclau sostiene que las sociedades no son un todo unificado y limitado, una totalidad que se reproduce a través de cambios evolutivos a partir de sí misma, como flor a partir de un bulbo, sino que estas están continuamente descentradas y deslocalizadas por fuerzas externas e internas.17
Las sociedades de la modernidad tardía se caracterizan por la diferencia, están atravesadas por diversos antagonismos y divisiones sociales que generan diferentes posiciones del sujeto y sus identidades para los individuos. Estas sociedades articulan y desarticulan los elementos componentes e identidades en ciertas circunstancias históricas. La articulación es siempre parcial puesto que la estructura de las identidades permanece abierta (sin historia). La des-localización desarticula las identidades estables del pasado y abre también posibilidad a nuevas identidades a la producción de nuevos sujetos o “la recomposición de la estructura en puntos nodales particulares de articulación”. 18
En consecuencia con lo anotado, debe destacarse aquí, que el tema de las identidades culturales propone la discusión del juego de identidades en sus consecuencias político- culturales, históricas, y cognitivo perceptuales, en términos de la conceptualización sobre el sujeto social, la acción social y el sujeto de la modernidad tardía, atendiendo las transformaciones socioeconómicas y políticas a escala planetaria y, la transformación en las maneras de entender y percibir esas transformaciones en la experiencia de la vida cotidiana.
De acuerdo con los analistas de las ciencias sociales las concepciones mutantes, las maneras de entender y conceptuar el sujeto moderno visto como una figura discursiva, han estado acentuadas por las diferentes nociones de individuo y sociedad modernos. La tendencia general19 ha sido remitirse al nacimiento del individuo soberano ya no gobernado por la leyes divinas o mágico naturales, entre el Humanismo Renacentista y el Iluminismo de los siglos XVI a XVIII, en la que se argumenta surge el motor de la modernidad en la noción de individuo como una entidad indivisible unificada en su interior y al mismo tiempo una entidad distintiva (una categoría de reconocimiento se lo singular, único). Tal idea permitiría según Hall20, el surgimiento de movimientos sociales importantes entre ellos la reforma Protestante, el humanismo renacentista, el iluminismo y el racionalismo, el colectivismo, el socialismo y el liberalismo que discutirán la liberación de la conciencia individual ante la hegemonía de las instituciones religiosas, científicas y económico - políticas de los regímenes medievales de las que se desprende la concepción etnocéntrica y cosmo - céntrica del ser humano que a su vez producirá divisiones y fragmentaciones en el conocimiento, la naturaleza y la clasificación del mismo en el concierto del surgimiento de las ciencias positivas y consecuentemente, en las maneras de percibir, pensar y llevar acabo la acción económica, política y cultural y de organizar nuevas formas de gobierno y control social en un territorio y un momento histórico.
En el ámbito de los estudios musicológicos, el tema de participación de la música en constitución de identidades está presente tal vez desde el surgimiento mismo de las disciplinas que han abordado la relación música y sociedad.
Ahora bien, en lo que atañe al tema específico de este trabajo sobre las investigaciones sobre la música popular en la configuración de identidades de barrio y ciudad, en América Latina, solo hasta los años setenta se percibe una perspectiva diferente a la desarrollada por los estudios sobre el folclor. Ampliaremos la información al respecto en el capítulo 3, dedicado al estado del arte.

Basta decir por el momento que, en Colombia sobra la bibliografía sobre el nacionalismo y el folclorismo cultural, literario, artístico y musical de las regiones nacionales que describen sus costumbres populares como identitarias. Muy pocos son los trabajos que se inscriben en perspectivas que se preguntan acerca de la presencia de esa manera tradicional de entender la historia, la sociedad y su cultura y que buscan un espacio que reclama el estudio interdisciplinar e histórico de la música popular en la modernidad.


En el mundo moderno las culturas nacionales y, las culturas étnicas, las culturas regionales y locales, las culturas musicales, que se organizan bajo la tutela, de las instituciones de estado nación, son una de las principales fuentes de identidad y diferenciación cultural, en la medida que se constituyen en un sistema de representación cultural en los que los ciudadanos legales de una nación participan de la idea de nación tal como es representada en su cultura nacional.21
En Colombia los diversos discursos y representaciones de las relaciones y estructuras sociales de los diversos actores significativos de su historia, han delineado una idea de nación, región y localidad. El discurso académico científico ha participado también en contribuir a la confusión por la exclusión de la perspectiva histórica de la música popular en la construcción identitaria de los colombianos en el contexto de la sociedad moderna.
En Colombia, como en muchos de los países del mundo, la nación sigue siendo una construcción identitaria cultural que se manifiesta como una comunidad simbólica que promueve y delimita su poder e influencia para generar un sentimiento de lealtad, solidaridad y de pertenencia a un territorio, una lengua, unos valores y gustos, unas maneras de concebir la práctica y de actuar constitutivos y, un relato integrador original y unificador. La comunidad simbólica de la nación y el nacionalismo se constituyen en ideologías políticas que proponen una posición y situación de los que se consideran miembros, ante otras comunidades nacionales y, articulan las diferencias regionales y locales incorporando valores y significados occidentales universales.
En un país que se presenta como multicultural como Colombia, abundan comunidades simbólicas nacionales integradas a los imaginarios geo-territoriales y político comerciales sobre los que se ha justificado su inclusión en los mapas como país del mundo.
La hipótesis planteada que guía la conceptualización de este trabajo, parte de la afirmación de que las culturas nacionales y por extensión las regionales y locales son una forma distintiva moderna de identidad cultural de un espacio real y simbólico, y en ellas, los valores y significados de lealtad y pertenencia en sociedades pre-modernas o en sociedades tradicionales dadas al pueblo, a la religión y a las localidades de la región fueron transferidas gradualmente en las sociedades occidentales a la cultura nacional como plantea Gellner.22 Las diferencias regionales y/o étnicas fueron subordinadas gradualmente al estado nación, pero podría ocurrir lo contrario que en este proceso las culturas regionales se hayan fragmentado como consecuencia de los conflictos internos por conciliar una idea de nación colombiana.
De igual manera se habla de culturas regionales, colectivas, grupales, familiares, étnicas, etc., como subordinadas a una cultura homogénea dominante o de diferentes culturas regionales en pugna por el control nacional.
Es importante recalcar que la referencia cultural tiene un origen temporal y espacial en una narración, pero otro discurso nacionalista la puede omitir. Toda cultura da cuenta de su historia en una narración histórica a la que incorpora su saber, su arte, su mitología y psicopatía y su música.
Según Gellner,23 la formación de la cultura nacional contribuye para establecer patrones de alfabetización y educación universales generalizados en una lengua vernácula, una religión oficial y un sistema económico-político de subordinación como medios de comunicación comunes a una cultura homogénea para toda la nación. En consecuencia, la cultura nacional se convierte en una característica clave de la industrialización y en un dispositivo de la modernidad. No obstante hay otros aspectos que empujan una cultura nacional en una dirección diferente. 24
En Colombia las culturas nacionales y por extensión la regionales y locales, además de instituciones culturales, son también sistemas de representación. Una cultura nacional, regional o local es un discurso, un modo de construir significados que influencia y organiza nuestras acciones y concepciones sobre nosotros mismos, al producir representaciones de nación que contribuyen a la identificación y construcción de identidades. Esos significados están contenidos en las historias contadas sobre la nación y en las imágenes que conectan la memoria del presente con el pasado.25 Benedict Anderson26 llama a estas construcciones de nación: comunidades imaginadas, organizadas en función de una narrativa nacional. En una escala menor la familia, las instituciones y la ciudad como portadoras de discursos identitarios podrían considerarse comunidades imaginadas.
En síntesis, el tema de las identidades culturales, en el contexto de las ciencias sociales y el análisis de la cultura se debate en concordancia con dos posturas: la primera hace referencia a la posición que define la identidad cultural y la modernidad como el resultado de procesos de homogenización del mundo como consecuencia de los procesos económicos y políticos de dominación y colonización de los estados nacionales. La segunda postura sostiene que la heterogeneidad y la diversidad cultural obedecen a procesos de transformación, adaptaciones, asimilación y apropiación de las diversas culturas que resisten al poder homogenizante de la cultura nacional impulsado por el estado nación.
Ambas tendencias argumentan las crisis político - económicas de los estados nacionales modernos, como el resultado de los cambios y transformaciones en las estructuras y relaciones sociales de la modernidad tardía y los procesos de globalización, la interconexión de las redes de comunicación, la internacionalización de la economía y la emergencia de una cultura mundo.
En este trabajo no hemos tomado una postura ni esencialista “homogenizante” ni heterogénea, sino una más cercana a la que impulsó el trabajo de los interaccionistas simbólicos en los estudios de sociología urbana y que correlaciona los aportes de los estudios históricos a largo y mediano plazo con las evidencias recogidas en el escenario situacional donde el actor lleva a cabo la práctica musical como representación social.
En concordancia con lo expuesto, en este trabajo se parte de postulados sociológicos simples que afirman que la biografía (historia de vida) de un individuo y trama de relaciones es organizada como representación, como resultado de un conjunto de factores superpuestos relacionados, que obligan al individuo a situarse socialmente y adoptar identidades que corresponden a los papeles que desempeña en los círculos sociales que controlan los grupos sociales y las instituciones.
La identidad se define, a partir de la situación social vivida y experimentada por el sujeto social, la concepción que tenga de sí mismo y la posición que ocupa en la estructura social, con base en la representación social aprendida, apropiada como distintiva. Por lo tanto, la situación social es tal como la definen sus participantes. 27
La situación social puede observarse en un mapa de relaciones de fuerza, de reglas de códigos sociales, que definen y explican el lugar social que ocupa el sujeto, en la “trama de relaciones en la que está inserto y la estructura de la que hace parte”.28
Los conceptos básicos que apoyaron la perspectiva con la que se llevó a cabo el trabajo fueron: los conceptos socio- antropológico de cultura, identidad, interacción y, los conceptos de situación comunicativa y trama narrativa. Tales conceptos se toman de las investigaciones recientes en musicología popular y de los congresos llevados a cabo por la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular- para América Latina, IASMP-AL, en lo que se viene definiendo a la música popular como:
una música mediatizada, masiva y modernizante. Mediatizada en las relaciones Música -instituciones - Música- mercado- Música medios masivos mediatizada en las formas de relación músico-público, y música-músico, a través de la industria y la tecnología. Es masiva, pues su difusión abarca gran número de personas en forma simultánea, globalizando sensibilidades locales y creando alianzas suprasociales y supranacionales. Es moderna, por su relación simbiótica con la industria cultural, la tecnología y las comunicaciones, desde donde se desarrolla su capacidad de expresar el tiempo histórico fundamental para una audiencia específica”.29
La cultura, por su parte, es entendida como “el conjunto explícito e implícito de los modos estabilizados (generales y particulares) de pensar, sentir y actuar de los hombres (…)”.30
Diferenciado en conjuntos más o menos integrados por cada uno de los grupos, de algún modo distinguibles en el tiempo y en el espacio, e internamente a ellos: herencia social de origen anónimo o identificada, ella se transmite, crece, se modifica o se reduce de generación en generación, o se difunde entre los grupos a través de la comunicación simbólica, por aprendizaje, producción o contacto deliberado, impuestos o espontáneos, interactuando internamente entre sus diferentes partes o exteriormente con variables naturales en cuanto tales y con las ya plasmadas por la cultura misma.”31
El concepto de identidad es entendido como:
diferenciación en la alteridad, en concordancia con procesos de transformación y apropiación cultural y como invento o creencia subjetiva que permite unificar, integrar o al menos coordinar la sucesión, alternancia y división del yo múltiple en el contexto social.” 32
El concepto de apropiación complementario al anterior, entiende a esta como proceso de diferenciación y alteridad, y, permite explicar por ejemplo, que algunos procesos nacionales, regionales y locales de homogenización cultural (como es el caso de la música popular en Colombia) pueden obrar sobre la heterogeneidad asimilando procesos de ésta que demeritan - o invisibilizan- el origen de sus contribuciones.33
La transformación y la apropiación (musical, cultural) se refieren a un proceso de diferenciación cultural que se lleva cabo por intermedio de la categorización y denominación, enunciación e intercambio del sentido de las prácticas en el ejercicio discursivo simbólico de la intercomunicación social.34
Como se ha venido planteando, la identidad involucra así una variedad de posiciones que un actor- sujeto representado, ocupa en los transcursos, trayectos y tránsitos de su historia. De acuerdo con los musicólogos que abordan el tema de las identidades musicales constituyen una variedad de discursos, representaciones y actuaciones significativas que convergen en:
la imagen reconocible, la representación de la compleja interacción de narrativas - concepciones del mundo- expresiones parciales y estereotipadas del yo-tu-ellos y de las relaciones entre el nosotros y los "otros", organizada en las situaciones de la vida cotidiana, el espacio donde las múltiples interrelaciones que establecen los actores sociales a través del tiempo de su existencia material en el mundo se hacen visibles al investigador”.35
En este marco, el concepto de interacción o acción social con sentido aporta al análisis, en la medida que pone en relieve que se trata de intercambios simbólicos (intra subjetivos - interpersonales - ínter sujetivos) dentro del conjunto de las relaciones de intercambio social entre los seres humanos y el mundo históricamente contextualizado.
La categoría interacción usada por Goffman36 define la actividad de individuo y grupo en concordancia con lo que el actor quiere expresar durante el proceso de interacción comunicativa, de tal manera que las identidades, las fachadas (las máscaras) simbólicas nacionales, sociales, grupales o personales que proyectan rasgos de personalidad distintiva, dependen de la capacidad (el capital cultural) de dramatización e interlocución y comunicación, fijan las condiciones previas de interacción.
Vila,37 complementa la perspectiva anterior al afirmar que:
una situación de inter-acción con un "otro", (…) supone un uso estratégico de dominación y defensa cultural en el proceso de construir y conocer al "otro" para controlarlo o someterse a éste, con base en la descripción social (aceptable) de la experiencia de convivencia o supervivencia”.
Tal descripción ocurre en los escenarios donde los actores sociales hacen uso intensivo de los distintos sistemas de enunciación y significación que dispone una sociedad en un particular contexto cultural.38
En el proceso interviene un tipo de artefacto cultural de la práctica social, que provee a actores y agentes de diferentes capitales en la construcción de identidad social: la comunicación y particularmente, la trama narrativa que se organiza en el intercambio y elaboración de una biografía común a un grupo o comunidad.
En consecuencia, según Vila,
El juego social de las identidades produce sujetos que, por un lado, dirigen el encuentro con el "otro", y, por otro lado, se predisponen llevar a cabo un tipo particular de vigilancia y control usando la estrategia de la narración”.39
En términos de Goffman40 la situación social determina y a la vez es determinada por las representaciones sociales que los actores sociales construyen en su dramatización.
Es partir de esta conceptualización básica con la que se ha procedido a recoger y analizar la evidencia empírica de los procesos de socialización del individuo usando música en Cali, con el propósito de intentar demostrar que los actores sociales de una localidad utilizan capitales culturales (recursos, saberes y discursos) para ocupar posiciones y procurarse un lugar privilegiado en el interior de tramas argumentales, y que estas situaciones pueden dar cuenta de este sistema de interrelaciones en sus procesos de transformación de la sociedad moderna (de familia, compadrazgo, vecindad, tribalidad, formas de vida barrial, citadina y ciudadana)41.
Para el trabajo resultó metodológicamente relevante, centrar la indagación en la situación comunicativa de las prácticas musicales, en la medida que desde ésta, era posible controlar la magnitud y el alcance de las preguntas de la investigación.
La situación comunicativa siguiendo a Goffman42, se define como evento que explica la dinámica de las relaciones, entre un interactor con intención y posición en un escenario con otro interactor en posición e intención. En una situación de este tipo, se observan las dimensiones individual y social en unas “circunstancias” históricas y culturales que dan cuenta o no (narran o callan) el sentido de la actuación de los actores intervinientes, en el tránsito por un conjunto de “procesos” de apropiación y selección perceptual, sensorial, emocional, cognitiva, inter-relacional con el mundo, usando artefactos de índole lingüística y no verbal como la música. Dicha situación se observa en los momentos en que ocurre vinculando al investigador en la interacción, la práctica de la situación misma. Goffman, expone un caso específico muy revelador cuando se estudian los sistemas de organizaciones en su funcionamiento dramático-teatral.43
Lo comunicacional, se evidencia en estas situaciones como el espacio estratégico para situarnos como investigadores en realidades presentes y ver desde allí cómo la cultura se inserta en la educación, la política, y la cultura popular. En esos espacios se intercalan nuevas significaciones producto de de la cultura mediática y que hay que asumirlas como claves de estudio.44
De esta manera puede suponerse que, la situación social y las prácticas musicales que se llevan a cabo por actores sociales concretos son comprensibles, en tanto representaciones con las que se actúa, puesto que se construyen - reconstruyen - cambian en el decurso casual de las situaciones sociales vividas y experimentadas en contextos sociales históricos - campos culturales, igualmente cambiantes y relativamente interdependientes.45 Marcos de referencia, sin los cuales los sujetos sociales ni pueden apropiarse, ni leer el contexto de una formación social, ni llevar acabo actos de significación en la comunicación que le atribuye sentido a la práctica social del leer, interpretar, comprender, descifrar e inteligir el mundo a través del uso de la música.
De acuerdo con Rubert De Ventós, para comprender una actividad artística como la música popular:
“…que se sale (aparentemente) del marco o sector en que operaba, es necesaria una teoría no sólo del arte sino de los marcos o sectores mismos de un nivel general mayor que el de la actividad artística propia. Esto es desde una teoría de la cultura y la comunicación.” 46
Tal necesidad demanda a los estudiosos de la cultura la construcción de un modelo teórico metodológico que permita entender la coherencia de la evolución del arte y la sensibilidad actuales, mostrar que se trata de dos frentes - uno más racionalista y otro más espontáneo - de una misma tendencia cuya unidad empieza a manifestarse cuando la vemos enfrentarse a la tradición puritana del arte, de la música, de la historia y de la ciencia. Un modelo en fin que incorpore el análisis de lo singular a una mirada más amplia, en la que necesidad de asumir reflexiones, investigaciones y políticas consideren la comunicación y cultura como un tejido inseparable en nuestras relaciones que, requiere también de un análisis serio sobre el proceso de integración simbólica en la construcción de lo social.
Una perspectiva de trabajo adoptada por sociológica interesada en el análisis de los objetos del arte y la producción cultural de las sociedades actuales acorde con lo expuesto, entiende al ser humano ante todo como un actor en el doble sentido de la expresión: un ser que hace (actos ejecutivos) y un ser que actúa (se expresa con su acción) dotándola de sentido y proporcionándole valor significante para relacionarse e interactuar con otros seres y el mundo.47
La acción social adquiere en la práctica social un sentido productivo- funcional y simbólico que le permite a los sujetos sociales construirse transformando el medio ambiente. De esta manera, se puede afirmar que la música popular en tanto campo de mediación simbólica individual, intra subjetivo, grupal e inter subjetivo es un espacio de socialización de apropiación de capitales simbólicos; un campo de flujos perceptuales cognitivo-emotivos, expresivos, informativos, de significación, de interpretación e interpelación, de recreación de discursos y juegos rituales. En síntesis: un sistema de interacción entre redes de acción social.


1 HALL, Stuart. Traducción Tomaz Tadeu da Silva. A identidade cultural na pósmodernidade. Rio de Janeiro: Ed., DP&A 1997. p. 8.

2 Ibid., p. 8.

3 Ibid., p. 8, 9.

4 Ibid., p. 10.

5 Ibid., p. 11.

 Este aspecto marca una vieja pugna entre los enfoques psicológicos y subjetivistas y los socio-históricos en los que el inconciente y la ideología y aún la inconciencia e irracionalidad definen la conducta y la acción humanas.

6 Ibid., p. 11-12.

7 Ibid., p. 12.

8 Ibid., p.13.

9 Ibid., p. 13.

10 Ibid., p. 15.

11 Ibid., p. 17.

12 GIDDENS, Anthony. Consecuencias de la modernidad. México: Alianza editorial, 1999. p. 38 - 39.

13 Ibid., p. 44.

14 Ibid., p. 21.

15 HARVEY, David. The condition of Post-Modernity. Oxfort: Oxfort University Press, 1989.

16 LACLAU, Ernesto. New Reflections on the Revolution our Time. Londres: Ed. Verso, 1990.

17 Ibid., p. 52.

18 Ibid., p.40.

19 HALL, Op.cit. p. 9.

20 Ibid., p. 39.

21 Ibid., p. 53.

22 GELLNER, E. Nations and Nationalism. Oxford: Ed. Blackwell, 1985. p. 32.

23 Ibid., p. 47.

24 Ibid., p. 47.

25 HALL, Op. cit. p. 55.

26 ANDERSON, Benedict. Imagined Communities: Reflections on the Origins and Spread of Nationalism. London: Ed. Verso 1991. Traducción Comunidades Imaginadas. México: F.C.E. 2004.

27 BERGER, Peter. Introducción a la sociología. México: Ed. Limusa, 2001, p. 138.

28 Ibid., p. 140.

29 GONZÁLEZ, Juan Pablo. Musicología popular en América Latina: síntesis de sus logros, problemas y desafíos. En: Revista Mus. Chil, V. 55, No. 195, Ene. 2001 p. 38 - 64.

30 LOMBARDI Satriani, L. M. Apropiación y destrucción de la cultura de las clases subalternas. México: Nueva Imagen, 1978. p. 56.

31 Ibid., p.56.

32 VILA, Pablo. Identidades narrativas y música. Una primera propuesta para entender sus relaciones. En: Transcultural Music Review, No. 2, 1996, p. 63 - 79.

33 WADE, Peter. Music, Race and Nation: Música Tropical in Colombia. Chicago: University of Chicago Press, 2000. 323 pp. (Traducción Adolfo González Música, raza y nación: música tropical en Colombia, Bogotá, Vicepresidencia de la República, Departamento Nacional de Planeación, 2002).

34 Ibid., p. 10.

35 Ibid., p. 74.

36 GOFFMAN, E. y otros. Sociologías de la situación. Madrid: Ed. Endymion. 2000.

37 Ibid., p. 78.

38 Ibid., p. 68.

39 Ibid., p. 79.

40 Ibid., p. 80.

41 Ibid., p. 82.

42 GOFFMAN, E. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Madrid: Ed. Martínez de Murguía, 1987, p. 18.

43 Ibid., p. 25.

44 Ibid., p. 29.

45 Ibid., p. 32.

46 RUBERT DE VENTÓS, Xavier. La estética y sus herejías. Barcelona: Anagrama, 1973. p. 196.

47 GOFFMAN, E. Op. cit. p. 45.



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