Historia de la Psicología



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) En estado natural, la acumulación de variaciones en un mismo sentido se debe a la selección natural. El concepto de selección natural se enuncia como sigue.

a) La ley de Malthus. La ley de Malthus es una ley demográfica y fué elaborada, para las poblaciones humanas más de medio siglo antes que Darwin la leyera. Dice: la cantidad de individuos de una población aumenta en proporción geométrica (x.2.2.2....) mientras que los medios de subsistencia de dicha población aumentan en proporción aritmética (x+2+2+2....). Aplicada a la naturaleza, la ley de Malthus revela, en el pretendido orden natural, una casi desapercibida y continua hecatombe de seres vivos e introduce a todos los individuos, de todas las especies, en una agotadora economía de la supervivencia.

b) Hay pues una lucha por la existencia en la naturaleza, una competencia de todos los individuos por ganar un lugar en la mezquina economía natural, que les permita sobrevivir y reproducirse. Ahora bien ¿podemos prever cuáles son los individuos de una generación que sobrevivirán en esta lucha? No, pero podemos establecer como ley general que aquellos que sobrevivieron lo hicieron por esta razón: por poseer, entre todas las variaciones posibles, algunas variaciones más útiles que otras. Útil quiere decir que otorga alguna ventaja en la lucha por la existencia. Debe notarse que en una economía de supervivencia, una ventaja mínima puede establecer la diferencia entre vida y muerte.

De manera general, la originalidad de la teoría darwiniana reside en lo siguiente. La especie ya no se define por la identidad, o semejanza de una forma (anatomía comparada) sino por la posesión de un antepasado común, de manera tal que si dos especies de un mismo género tienen una misma forma, no es por una unidad formal, sino porque pertenecen a un mismo linaje (filum). Señalemos las principales consecuencias de lo anterior.

1) El individuo, por primera vez en la historia de las ciencias de la vida, tendrá una existencia biológica definida. Hay dos maneras principales de considerar la especie respecto a los individuos que la forman.

a) La primera, predominante hasta Darwin, es considerar la especie como forma única, invariable e irreducible; y a los individuos como variaciones insignificantes de esa forma, cuya existencia puede ser explicada por recursos a las infinitas circunstancias que rodean el acto de generación.

b) La segunda, a partir de Darwin, considera la especie como un conjunto de individuos diferentes cuya forma común es una forma promedio. Es claro que la segunda de estas opciones termina definitivamente con una filosofía natural que encuentra en la multiplicidad de los seres vivos una unidad de plan de composición, una forma de la cual los géneros, las especies, las subespecies, las familias y los individuos no serían más que modificaciones.

2) La especie ya no está definida en términos de forma sino en términos de población, como diversidad de individuos que habitan un determinado territorio. En este sentido Darwin es ejemplo de un nuevo tipo de naturalista, aquel que percibe el ser vivo desde un punto de vista geográfico, no anatómico y que por lo tanto, realiza otro tipo de trabajo intelectual, además de la disección en gabinete, este es, el viaje.

3) El medio en el cual un animal sobrevive se refiere principalmente a una geografía social, antes que física, en la cual los individuos compiten con otros individuos, de igual o muy distinta especie y que habitan el mismo territorio. Es cierto que puede haber cambios por las condiciones geográficas de vida, pero esta incidencia es indeterminada y Darwin, por lo menos en El origen de las especies, no les da mayor importancia. Consecuencia de esto es, primero, que la adaptación nunca es definitiva, ya que siempre es posible alcanzar medios de supervivencia aún indefinidos; segundo, que nunca hay una adaptación en sí, sino que hay distintas adaptaciones, locales, parciales, territoriales.

4) Si no hay adaptación en sí, no hay pues utilidad en sí de las variaciones. La utilidad de una variación determinada es imprevisible, esto quiere decir, no puede establecerse a priori si una variación determinada es útil. La utilidad de una variación sólo puede determinarse a posteriori y según un criterio puramente negativo: poseen variaciones ventajosas todos aquellos individuos que, simplemente, no están muertos.

Agreguemos por último que la noción de evolución, así entendida, impide absolutamente ser identificada con la noción, anterior en un siglo, de progreso.

a) En primer lugar, porque la evolución no es lineal. Esto quiere decir que el principal efecto de la selección natural en la historia de las especies es la divergencia de caracteres, es decir, el aumento de la cantidad de diferencia entre las especies. Las razones de esta divergencia son dos:

> La diferenciación de los órganos es una ventaja para el individuo. Esto quiere decir que la diferenciación de trabajo fisiológico entre los órganos de un individuo (especialización funcional) supone una ventaja respecto a un individuo sin órganos especializados.

> La diferenciación es ventaja para una población, de manera tal que puede tomarse como ley demográfica que la diversidad de los caracteres de los individuos de una población otorga a esos individuos una ventaja sobre otra población de caracteres homogéneos. Hay pues divergencia, tendencia a mayor cantidad de diferencias específicas, esto es, a la formación de mayor cantidad de especies diferentes, con la consiguiente extinción de formas intermedias.

b) En segundo lugar, la evolución no es en absoluto necesaria, porque no afecta necesariamente a todas las formas vivas. Hay en efecto formas vivientes que permanecen idénticas, o con variaciones insignificantes, a su antepasado común, y que por lo tanto han permanecido iguales a sí mismas a lo largo de enorme cantidad de tiempo (especialmente aquellas en un medio relativamente aislado, mesetas, islas, lagos etc.). De aquí la noción de fósil viviente, que atenta contra toda pretensión de hacer de la evolución una ley universal y necesaria para todas las formas vivas.

c) En tercer lugar, la evolución no tiene como efecto la progresiva perfectibilidad de los seres vivos. El único criterio de superioridad es el de la especialización: hay mayor grado de desarrollo si hay mayor división del trabajo fisiológico, en suma, mayor heterogeneidad de las partes. La noción de superioridad, que Darwin no utiliza en la primera edición de El origen de las especies y que luego introducirá con extrema prudencia, puede establecerse entre caracteres específicos (grado de concavidad del tejido cristalino), de un órgano específico (el ojo), de dos familias de la misma especie, es decir de dos organizaciones específicas y comparables de ojo. Esta noción de superioridad es pues muy diferente a la que pretende establecer una relación jerárquica entre todas las partes de todos los organismos, noción ésta que es experimentalmente irrelevante. De hecho el grado de especialización de un insecto como la abeja no puede en absoluto ser considerada inferior a la organización del pez más indiferenciado, la lamprea, único vertebrado sin mandíbula.

La postura de Darwin al respecto es clara: la evolución no considera «el progreso de la organización como condición necesaria», dado que es de hecho imposible determinar experimentalmente un criterio morfológico de superioridad aplicable a toda la organización y a todas las organizaciones de lo viviente. Luego, la evolución no tiene una causa final, un fin al cual el conjunto de las formas vivas se dirigiría progresiva y continuamente. No hay direcciones necesarias en la naturaleza, de manera que la modificación de las formas no puede explicarse por una finalidad anterior a ella que otorgue a las transformaciones el carácter de progresivas adaptaciones. Brevemente, la Vida no tiende a nada.


8. Del desarrollo a la evolución: G. Canguilhem

Este trabajo es publicado por primera vez en 1962 por la revista francesa Thalès. Corresponde a una serie de investigaciones llevadas a cabo entre 1958 y 1960 por el Instituto de Historia de las Ciencias y de las Técnicas de la Universidad de París, instituto que se encuentra en este período bajo la dirección del propio Canguilhem. El tema al que se abocan estas investigaciones, a saber, los conceptos de desarrollo y evolución en el marco de investigaciones emergentes de la biología evolucionista del siglo XIX es elegido, según Canguilhem, en relación a la relevancia potencial de estos conceptos en el campo de la psicología, la psicopedagogía y la política, y en virtud del centenario de la publicación del Origen de las Especies.

En cuanto al carácter del trabajo histórico que encontramos en este texto, se trata de una historia de corte epistemológico aplicada en este caso a la investigación de conceptos que emergen en el campo de la biología y que se desplazan luego cobrando enorme relevancia para las ciencias humanas, y entre ellas, para la psicología. Realizaremos en lo que sigue una breve introducción a los primeros capítulos del escrito, para pasar después a la exposición de cada uno de los apartados. Por último, abordaremos en relación con el último de los apartados del texto, el escrito de Baldwin seleccionado para la lectura.
I. Epigénesis individual y evolución de las especies: de Wolff a Darwin.

Preformación y epigénesis individual. Los primeros capítulos del texto no constituyen parte de la bibliografía obligatoria de la materia. Sin embargo, sin un mínimo recorrido por ellos no podremos desarrollar la lógica de conceptos propuesta por los autores en los fragmentos seleccionados.

Como observamos más arriba, los autores se proponen realizar un trabajo histórico sobre dos conceptos básicos de la biología, a saber, los conceptos de desarrollo y de evolución. Propondrán que estos términos, aparentemente descriptivos, contienen una tesis implícita acerca de la esencia de su producción. Es decir, no se encuentra en el estudio histórico de estos conceptos un significado transparente que los defina, sino más bien un entramado y un montaje sucesivo de diversas teorías, muchas veces contrapuestas, acerca de determinados hechos. Cabe destacar por otra parte, que no se logra un discernimiento transparente de la diferencia entre cada uno de los dos conceptos mencionados. Los conceptos son abordados por los autores más bien como problemas o tramas abiertas al trabajo de la historia que como conjuntos distintos, cerrados y estables.

En estos primeros capítulos, se toma la obra de algunos investigadores que emplean los conceptos mencionados en trabajos que tratan el problema de la generación de un individuo (esto es, al proceso por el que se constituye un individuo a partir de un germen). En este plano, los autores destacan dos posturas básicas: la preformacionista y la epigenetista. Los naturalistas que sostienen, sobre todo durante la primera mitad del siglo XVIII, ideas de corte preformacionista proponen, en líneas generales, la existencia de un ser preformado en el germen del individuo. Sostienen que están presentes ya en el germen todas las estructuras propias del individuo adulto. La generación consiste para ellos básicamente en la expansión de este ser preformado. En este primer momento, entonces, los conceptos de desarrollo y evolución son pensados como equivalentes al agrandamiento o distensión del germen individual.

Se consolida una postura diversa hacia la segunda mitad del siglo XVIII, que emerge en el seno de la embriología. Esta postura – la epigenetista- sostendrá, en contraste con la anterior, que un ser viviente puede ser elaborado por vía de una generación y adición progresiva de órganos. La diferenciación gradual de la sustancia amorfa constituida por el germen conducirá así a la elaboración de un individuo adulto. A partir de este segundo momento los conceptos de desarrollo y evolución serán engarzados a una tesis completamente contraria a la tesis preformacionista. En este punto, los autores destacan la obra de Wolff, Theoria Generationis (Teoría de la generación), publicada en 1759 (exactamente cien años antes que el Origen de las especies) como punto de irrupción y consolidación de la tesis epigenetista en embriología.

Ahora bien, efectuando un nuevo giro sobre los problemas suscitados por estos conceptos, los autores señalan que será en definitiva el problema del origen de la vida el que se ponga en juego en este debate. En suma, si con el epigenetismo se deja de sostener la existencia de una estructura esencialmente irreductible que se encontraría presente en el germen (preformación), se hace posible extender a terrenos más amplios la idea de una epigénesis, es decir, de un proceso de formación progresivo de las formas vivientes. En este punto, se señala: “Si existe un génesis a partir del germen, ¿por qué no existiría un génesis del germen mismo? La epigénesis implica en el fondo la omnigénesis y contradice al Génesis.” Queda entonces demarcada a grandes trazos, la vía sobre la que trabajará Darwin, es decir, la de una génesis de las especies mismas. Será este el hilo conductor que nos lleve de Wolff a Darwin, del estudio de la epigénesis individual al estudio del origen y evolución de las especies.

Subordinación del concepto de epigénesis al concepto de evolución de las especies: Darwin 1859). Siguiendo el eje señalado más arriba, en este apartado observamos el modo en el que se opera, a partir del trabajo de Darwin, la extensión del esquema epigenetista, propuesto por Wolff para el estudio de la generación del individuo, al estudio de las especies. Los autores señalan que el pensamiento acerca de las especies y de sus relaciones aparece estructurado, hasta la irrupción de la obra de Darwin, sobre el concepto de Forma. Podemos entender estas Formas como tipos ideales o estructuras trascendentes que determinan la constitución o forma sensible de cada miembro de una especie. En este esquema, las Formas son irreductibles (se suponía imposible el pasaje de una Forma a otra, o su variación), indivisibles (la Forma constituía un tipo monolítico y cerrado a la modificación de cualquiera de sus características parciales) y predeterminadas (se suponía la existencia de un sistema de origen divino, jerárquico y perfecto de Formas en el que el hombre ocupaba el puesto más elevado). Estas formas son, en definitiva, inmutables.

El giro promovido por el trabajo de Darwin implica la destitución del esquema de las Formas, dado que en él aparecía vedada cualquier posibilidad de modificación de las mismas. Esta destitución, se da a partir de la negación de las tres propiedades de las Formas señaladas más arriba, a saber, su irreductibilidad, indivisibilidad y predeterminación. Esta triple negación puede ser llevada a su expresión mínima y encontrar su lógica a partir de una breve explicación del concepto de variación individual propuesto por Darwin:

1. La variación consiste en la diferencia normal y usual entre dos individuos de la misma especie. Estas variaciones se acumulan a lo largo de la descendencia de una especie. Se hacen pensables de este modo tanto pasajes graduales entre distintas especies como la emergencia de nuevas especies a partir de la acumulación de pequeñas variaciones. Queda así negado el axioma de la irreductibilidad de las Formas.

2. La variación es fragmentaria en contraste con un tipo ideal, es decir, ellas se hacen presentes en sectores parciales de un individuo de determinada especie. Por ejemplo, la variación opera únicamente sobre el tamaño del pico de un pájaro. Queda así negado el axioma de la indivisibilidad de las Formas.

3. La variación puede ser imprevisible. Las variaciones imprevisibles son de causa desconocida y no se encuentran asociadas a un fin adaptativo en relación al medio. En este punto, son las contingencias de la vida de cada individuo las que orientan negativamente la subsistencia y acumulación de las variaciones exitosas. Es decir, sólo la acción eliminadora del medio puede brindar la clave para entender porqué una especie ha evolucionado en determinada dirección. Desaparece de este modo todo intento de justificación a priori de la estructura de individuo. En este punto, ya no podremos pensar, por ejemplo, que el color de una flor ha sido hecho para atraer a determinado insecto que interviene en su polinización. Ya nada “ha sido hecho para”, y en este sentido, ya no puede pensarse que un organismo está en sí adaptado o no a determinadas condiciones. Con Darwin, que realiza sus investigaciones no ya en el ámbito aislado del laboratorio sino a partir de diversos viajes, la perspectiva geográfica y la referencia al medio se hacen obligatorias. La adaptación pasa a ser pensada entonces como hecho de contexto quedando negado así el axioma de la predeterminación de las Formas.

Entonces, la triple negación de la irreductibilidad, la indivisibilidad y la predeterminación de las Formas permite dar el paso necesario para pensar un desarrollo “epigenético” no ya del individuo sino de las especies mismas. Podemos observar que este desarrollo de la especie aparece determinado por las sucesivas variaciones que se dan en los miembros de la especie. Se produce así una inversión de la relación individuo – especie promovida por el esquema de las Formas: ahora la especie misma, en sus sucesivas modificaciones, está subordinada a las variaciones del individuo. Se desvanece de este modo la categoría de especie en su carácter sustancial, sobreviviendo ésta únicamente como categoría nominal, es decir, como denominación o nombre otorgado a un conjunto de individuos. Se opera de este modo la ampliación del esquema epigenetista, que había visto su origen con Wolff en el estudio de la generación del individuo, al estudio de las especies.

Es necesario destacar, sin embargo, que con Darwin no asistimos a una simple transposición a nivel de la especie de un desarrollo de tipo epigenético. En rigor de verdad, la teoría darwiniana implica tanto particularidades, en cuanto a cómo es pensado un desarrollo a nivel de la especie, como modificaciones en el modo de pensar la epigénesis individual.

En cuanto al primer punto, asistimos a un movimiento complejo, en el que se destacan las particularidades del desarrollo a nivel de la especie. En este punto, los autores señalan tres diferencias fundamentales (referidas a la unidad, el tiempo y el progreso de ese desarrollo) entre desarrollo epigenético individual y desarrollo de la especie. Se trata entonces de dos tipos de desarrollo diferentes. En este punto, se señala el problema que plantea el uso, diferenciado o no, de los términos de “desarrollo” –adscrito ante todo al desarrollo individual- y “evolución” –otorgado, en principio, al desarrollo de la especie-. Es bajo esta clave que debemos entender, como veremos más adelante, el hecho de que en Haeckel se produzca una “unificación de vocabulario”.

En cuanto al segundo punto, el desarrollo epigenético del individuo pasa a ser pensado por Darwin como un desarrollo que recrea las diversas fases del desarrollo de las especies. A pesar de esto, Darwin nunca pensará al desarrollo epigenético como simple repetición del desarrollo a nivel de las especies, postulando justamente la posibilidad de que la vida embrionaria pueda proveer un contenido original. Queda delineado, sin embargo, el problema de cómo pensar las relaciones entre ontogénesis y filogénesis, es decir: si la epigénesis individual es reducida a pura memoria del desarrollo de la especie o si es pensada como un espacio abierto a la producción de variaciones. Será ésta la vía de pasaje que nos permita abordar algunos desarrollos de las obras de Haeckel y Baldwin.
II. El problema de la recapitulación: Haeckel y Baldwin.

La ley biogenética fundamental: Haeckel. Observemos de qué modo se opera entre Wolff y Darwin una unión entre embriología epigenetista y concepción transformista del parentesco entre especies. Será Haeckel, según los autores, quien lleve este movimiento a su máxima realización a partir del planteo de su teoría de la recapitulación y de su Ley biogenética fundamental. La misma, propone una homogeneidad rigurosa entre el desarrollo individual y el desarrollo de la especie. Extremando los términos de esta concepción, las modificaciones soportadas por el embrión en la ontogénesis individual son pensadas como una simple repetición (recapitulación) de las modificaciones soportadas por la especie en el curso de su evolución.

Los autores ubican en Haeckel el intento de proponer, a través de esta Ley, el principio director de un sistema universal que expresa una clara visión monista del mundo. Este punto de vista, consiste básicamente en el postulado de que el devenir del universo está sostenido en un gran proceso evolutivo continuo y eterno en el que cada uno de los fenómenos se reproduce en virtud de una sola y misma ley de causalidad. En este sentido, la obra de Haeckel busca anexar bajo el postulado de la Ley la explicación de cualquier fenómeno existente. Los autores señalan en este punto que en la obra de Haeckel el conocimiento científico es forzado a legitimar una visión de mundo que excede el plano estricto de la disciplina biológica, produciéndose así una subordinación de la biología a la ideología. Yendo puntualmente al terreno de las ideas haeckelianas, su teoría se caracteriza por cierta rigidez, dado que pone el acento en el hecho de la recapitulación y otorga de este modo enorme valor a la filogénesis en relación con la ontogénesis. En el límite, el futuro aparece vedado para un organismo recapitulador, y reapare de este modo el concepto de predeterminación del organismo. La imprevisibilidad de la aparición de variaciones en la ontogénesis queda abolida, en un sistema nuevamente cerrado que reemplaza a la miniatura de la preformación por la miniatura del desarrollo ontogenético.

Por último observamos, dado que el sistema haeckeliano se propondrá como un sistema para la explicación de diversos fenómenos (desarrollo biológico, desarrollo mental), que su propuesta es ubicada según los autores en un lugar de visagra: punto de llegada de una serie de investigaciones biológicas y, a su vez, punto de partida para una serie de investigaciones en las ciencias humanas. La inspiración haeckeliana en las ciencias humanas será derrotada, según los autores, en el terreno de la psicología (psicogénesis recapituladora) y a partir de la negación del postulado de la predeterminación del organismo que vimos reaparecer en las tesis haeckelianas.
Modificaciones de la teoría de la recapitulación: Baldwin. Si bien los autores trabajan sobre modificaciones de los desarrollos haeckelianos que se encuentran en la obra de tres autores (Fiske, Preyer y Baldwin), nos detendremos en este apartado en la crítica que puede delinearse a partir de una lectura del trabajo de Baldwin Mental Development in the Child and the Race seleccionado como bibliografía primaria. En general, estos tres autores se ocupan del estudio de la infancia. Dejamos con ellos de lado el terreno de la investigación estrictamente biológica para pasar al terreno de investigaciones que adoptan el punto de vista genético a la psicología. En principio, los tres autores parten de una constatación empírica: los animales superiores poseen un período de indefensión y dependencia que llamamos infancia. Esta infancia es pensada como resultado de la evolución de las especies, dado que, progresivamente, en la escala evolutiva, el período de vida prenatal no brinda un tiempo suficiente para la maduración de estructuras y organizaciones complejas.

Ahora bien, si se parte del supuesto de un estricto paralelismo entre el desarrollo ontogenético y el desarrollo filogenético de la conciencia, el desarrollo de la conciencia infantil sería simplemente repetición de una experiencia ya inscripta en la filogénesis de la especie. Sin embargo, los tres autores señalan que la infancia, a partir de la importancia del período de vida extra-uterino, no puede se considerada una simple repetición sino que es el terreno de un juego de contactos imprevisibles con el medio. La infancia se ubica entonces como un tiempo de indeterminación creciente en la escala evolutiva, en el que pueden producirse variaciones inesperadas a partir de la relación del individuo con su medio de crianza.


9. Psicología del niño y de la raza: Baldwin

A partir de estos lineamientos es posible abordar el texto de Baldwin (El desenvolvimiento mental en el niño y en la raza, 1895). El autor se propone adoptar un punto de vista genético para sus estudios en psicología. El estudio del desarrollo de la conciencia infantil ocupa un lugar central, entendido siempre en relación al desarrollo filogenético de la conciencia. Los lectores potenciales que Baldwin ubica en el prólogo del libro, son los psicólogos interesados en su punto de vista, pero también los maestros y personas dedicadas a estudios pedagógicos. En este punto, no es menor el lugar otorgado a esta psicología, dado que en tanto intenta explicar el desarrollo de la conciencia se propone como única base sólida para la construcción de otras disciplinas. Entre estas disciplinas, Baldwin destaca en este libro a la educación, pero menciona también a la psicología social y colectiva.

Ingresemos entonces en los desarrollos del primer apartado del capítulo (Psicología del niño: Ontogénesis). Las preguntas que pueden guiar la lectura de este primer apartado son: ¿qué ha significado para la psicología la adopción de la idea de evolución? y ¿por qué es relevante una psicología del niño? Con respecto al primer interrogante, Baldwin propone que la adopción de la idea de evolución por parte de la psicología permite pensar a la conciencia como una actividad, en relación a un medio, que posee un crecimiento y un desarrollo. Esta concepción genética de la conciencia será puesta en contraposición por Baldwin con la concepción, anterior, de una psicología de las facultades. En esta última, la conciencia es pensada como una entidad inmutable y cristalizada: debemos suponer presente en la conciencia del niño todo lo que encontramos en la conciencia del adulto.

Lo antes dicho nos permite pasar a la respuesta al segundo interrogante. En este punto, Baldwin sostiene que el hecho de pensar a la conciencia no como una entidad inmutable sino como una actividad en desarrollo hace posible explicar y realizar un análisis (no ya simplemente describir) de los elementos de la conciencia adulta a partir de los fenómenos más elementales y básicos de la conciencia infantil. Estas vías por las que la psicología de la infancia permite iluminar la construcción de una psicología con pretensiones de cientificidad es fundamentada puntualmente por Baldwin a través de su contrastación con otros tipos de estudios psicológicos. En primer lugar, Baldwin resalta las ventajas que presenta el estudio experimental de la conciencia infantil, en tanto sus fenómenos son simples y no reflexivos. Bajo estas condiciones, deja por ejemplo de ser necesaria la utilización del hipnotismo para probar la fuerza motriz de una idea. Por otra parte, este hecho permite un uso más amplio de la experimentación en psicología, dado que los sucesivos “filtros” a los que está sometida la respuesta del adulto en el marco de un experimento no se presentan en el niño.

Por otra parte, la psicología infantil constituye una base más sólida para la explicación de la constitución de la conciencia adulta que la psicología animal o la psicopatología, dado que se aborda en ella el estudio de la conciencia de un humano normal, que llegará a ser adulto. En el estudio de la conciencia animal o anormal pueden existir modificaciones en las condiciones de vida o modificaciones del sustrato biológico de las funciones psíquicas que interfieran en el trabajo, conduciendo a resultados erróneos. Por último, dado que puede postularse una simplicidad biológica correspondiente a una simplicidad psíquica, el estudio de la conciencia del niño se transforma también en una vía privilegiada para el estudio de las bases biológicas del desarrollo de la conciencia. En resumen, la adopción de la idea de evolución por parte de la psicología permite pensar a la conciencia desde un punto de vista genético, punto de vista que a su vez trastoca la manera de experimentar en psicología, brindando bases para sustentar las pretensiones de cientificidad de la disciplina. Queda así fundamentado el lugar central que ocupará la infancia y la psicología infantil en la constitución de este proyecto de psicología científica. Podemos afirmar entonces que, en los inicios de la constitución de la psicología como campo disciplinar autónomo, la adopción de la idea de evolución permite pensar en la construcción de una psicología científica que ve su punto de anclaje en una psicología de la infancia.

Pasemos ahora a un recorrido por el segundo y el tercer apartado del texto (Psicología de la Raza: Filogénesis / Analogías del desenvolvimiento). Al inicio del tercer apartado, Baldwin explicita que adoptará la distinción empleada en biología entre ontogénesis y filogénesis para pensar el desarrollo mental del individuo y el desarrollo de la conciencia en toda la serie animal respectivamente, adoptando a su vez los postulados de la teoría de la recapitulación haeckeliana. Señala en este punto las ventajas que brinda la adopción de la teoría de la recapitulación, dado que bajo el supuesto del paralelismo filogénesis/ ontogénesis la psicología del individuo podrá realizar aportes a la psicología y a la biología de las especies animales y viceversa. Pasa así a enumerar cuatro épocas de desarrollo que se verifican tanto a nivel de la especie como a nivel del individuo. Estas fases, no son ya las fases del desarrollo del embrión. Se trata, señala el autor, de las fases de desarrollo de la conciencia, correspondientes a fases del desarrollo del sistema nervioso:




Filogénesis

Ontogénesis humana

1. procesos rudimentarios de los sentidos: procesos de placer – dolor, procesos de

simple adaptación motriz.



Invertebrados

1. experiencias vagas de placer

y dolor y primeras adaptaciones motrices en sus experiencias prenatales y postnatales



2. representación simple, memoria,

imitación, acción defensiva.



Vertebrados inferiores

2. percepción de los objetos y

reacción correspondiente a la

misma por sugestión, imitación, etc.


3. representación compleja, completa coordinación motriz, conquista de la acción defensiva y de la volición rudimentarial.


Vertebrados superiores

3. capacidad de guardarse a sí

mismo, adquisición de

imaginación y voluntad.


4. pensamiento, reflexión, afirmación del

yo, organización social, cooperación.



Hombre

4. hombre reflexivo, ser social

y moral.




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