Hacia una catequesis inculturada



Descargar 0.97 Mb.
Página14/19
Fecha de conversión09.05.2019
Tamaño0.97 Mb.
1   ...   11   12   13   14   15   16   17   18   19

PREGUNTAS

1. ¿En qué forma en su país se van inventariando los valores y antivalores de las distintas culturas?


2. ¿Qué aspectos parecen importantes en la tarea de la inculturación de la Fe?
3. ¿Cómo aprender a hacer catequesis inculturada?

La Catequesis de la experiencia, expresión actual

de la ley de la Encarnación
Mons. Antonio Troyo Calderón

Obispo Auxiliar de San José ‑ Costa Rica
Visión catequística actual mundialmente vigente, es en primer término, una catequesis encarnada. En efecto, a una auténtica catequesis de la experiencia se le pide que cumpla con todas las exigencias anteriormente descritas.
Dichas exigencias, y en particular el principio de la triple fidelidad, condicionan todos los componentes de la catequesis, dándoles su sello propio: al mensaje, al catequista, al método, a la realidad, a los recursos, etc.

LA EXPERIENCIA HUMANA

Para continuar hablando de “catequesis de la experiencia” es necesario precisar qué entendemos por “experiencia humana”. Para ello, el siguiente cuadro descriptivo:


EXPERIENCIA HUMANA
ES LA REALIDAD HUMANA


  • Cotidiana

  • Consciente

  • Sentida

  • Realizada

  • Comunicada

  • Interpretada

  • Profundizada

QUE ABARCA AL HOMBRE EN SU RELACIÓN


 Consigo mismo

 Con los demás seres humanos

 Con el universo
EN ELLA DIOS SE REVELA
Queda claro, pues, a través del cuadro anterior, que no nos estamos refiriendo a la común interpretación de “experiencia” como al tiempo transcurrido por una persona en tal o cual situación, o al conjunto de realidades vividas o de cosas vistas. Esta concepción de experiencia resulta superficial y es necesario superarla, para lograr una adecuada comprensión de “experiencia humana” sobre todo dentro del lenguaje catequético.
Porque la experiencia no es tal sino a través de la toma de conciencia, de la reflexión sobre la misma, porque ella no entra pasivamente por los sentidos a la inteligencia.
Por ejemplo, la posibilidad de ver (usar los ojos), puede permanecer como una realidad rutinaria y resultar superficial. Pero también se puede:


  • tomar conciencia de ello: puedo ver

  • sentido: ¡qué dicha!

  • realizarlo: veo que hoy es un lindo día

  • comunicarlo: el brillo de mis ojos puede expresarle a los demás la alegría que siento

  • reflexionarlo: poder ver es una capacidad que no todos poseen, vale la pena

  • profundizarlo: ¿qué he hecho, qué hago con mis ojos? si no pudiera ver, ¿qué haría ?

La experiencia humana tiene, ante todo, un carácter vital; es una situación o realidad vivida con intensidad por la persona entera: su inteligencia y su actuar. En efecto, el contacto con la realidad tiene una fuerte resonancia afectiva y emotiva, y ésta tiene su expresión y consecuencias que se manifiestan en el actuar del hombre.


Debe ser una realidad profundizada a través de la reflexión y del esfuerzo por entenderla. Entonces la realidad adquiere significado, es valorada, se inserta en el contexto de la vida, se relaciona con otros acontecimientos y experiencias, o con similares experiencias vividas por otros.
Así, la experiencia, reflexionada a la luz del encuentro personal y comunitario con Dios, se hace lección de vida, acceso a la realidad, orientación existencial.
Dicha experiencia es expresada por cada persona, y comunicada a través de formas de lenguaje diversas: la palabra, el gesto, la conducta, el rito, etc. De esta manera antes de comunicarse con los demás, lo ha hecho consigo mismo.
Cuando alguien ha llegado a hacer de la más trivial experiencia, una verdadera profundización, se ha cuestionado a sí mismo, y está preparado para que se produzcan en su ser cambios y transformaciones. Vertiendo esta realidad al campo de la educación de la fe, podría decirse que en esa realidad Dios se revela y te permite al hombre abrirse para descubrir su presencia o su ausencia en su propia realidad.
Es por eso que afirmamos que Dios se revela en la experiencia de cada hombre y de cada grupo humano.
Es importante recordar que Jesús mismo usó la imagen del terreno preparado para recibir la semilla, y que las condiciones adversas a él, o una recepción superficial, puede hacer que, a pesar de su incuestionable calidad, la semilla no llegue a germinar. Así, un mensaje de fe muy bien preparado, puede no ser asimilado, debido a que ignoró la realidad anteriormente descrita.
También conviene tener en cuenta que la experiencia humana auténtica (es decir, tal como se ha venido explicando), pone al hombre en la condición de ser transformado por un mensaje convincente y fascinante. De esta manera la persona y el Mensaje de Jesús de Nazareth, que se hacen presentes a través de una cuidadosa preparación del catequista, facilitarán la consiguiente transformación hacia los valores cristianos.
Pero puede ocurrir también que, en vez de Mensaje de Cristo, llegue al hombre cualquier otro tipo de invitación o excitativa, procedente, por ejemplo, de una corriente ideológica. En este caso el efecto será transformante, pero no hacia los valores cristianos. Esto quiere decir que existe el riesgo de manipular la experiencia de un hombre.
Un catequista no puede ser manipulado, sino facilitador de un Mensaje que no le es propio, sino que es el de Cristo y el de su Iglesia. Al respecto advirtieron nuestros Obispos en la Carta Pastoral “Catequesis: Luz para alumbrar a las naciones” (N° 97), que “no puede llamarse catequesis de la experiencia” a un reduccionismo a temáticas prevalentes o solamente humanas, y menos aún, a la contraposición con la catequesis doctrinal y sistemática (Cfr C,T. 22 y P. 988).
Los catequistas han de obviar el riesgo de ligar al análisis antropológico a determinadas ideologías, que impiden la auténtica comprensión del encuentro con Dios. Cualquier forma de análisis de la experiencia humana no iluminada integralmente por la fe, o basada en presupuestos ajenos al Mensaje revelado, no sólo no es justificable en la catequesis, sino que transforma el proceso catequético, en un proceso científico, económico, político, ideológico, según el caso” (C.P LAN 97).
La experiencia humana podría ser reducida a un simple medio de captar la atención o a un apoyo pedagógico.
Tampoco debe circunscribirse a un momento del encuentro (que podría ser el arranque), sino que está presente en forma activa y receptiva al don de Dios, mientras se desarrolla el mensaje de fe, y finalmente estará presente de manera particularmente dinámica, cuando el catequizando deba dar, su respuesta al mensaje, como expresión clara del mejor uso de la libertad: “1a experiencia ayuda al hombre a comportarse de una manera activa frente al don de Dios” (DCG 74).
Asimismo, la experiencia humana deberá ayudar al hombre a encontrarse consigo mismo, para que pueda encontrarse con Dios. Deberá despertar las perspectivas de realización que el hombre está llamado a alcanzar en plenitud en Jesucristo.
La vivencia de una experiencia humana no significa un momento de emotividad o de sentimentalismo, lo cual debe evitarse a toda costa; aunque debe tenerse en cuenta la parte afectiva del ser humano.
Tampoco debe confundirse con el acontecer cotidiano, que muchas veces es ajeno al interés del catequizando; este acontecer podría, eventualmente, forma parte de determinada experiencia humana, pero no en forma exclusiva o aislada de ésta. Los signos de los tiempos, o mejor aún, un determinado signo de los tiempos, podría ser parte de la experiencia humana de un grupo, como de otro podría no serio.
No debe ser confundida o identificada con opiniones o con la opinión del grupo, en relación a una realidad. La opinión es sólo un aspecto; la experiencia humana es más global, más amplia. Está profundamente compenetrada con la vida del individuo o del grupo y marca el desarrollo de la misma, independientemente de lo que cada cual opine.
Finalmente y desprendiéndose de todo lo anterior, queda claro que:
Una simple analogía (ejemplo, comparación), puede contribuir a una mejor comprensión de la experiencia humana, pero no se identifica con ésta. No es lo mismo ilustrar a base de comparaciones, que sacar una enseñanza, un mensaje, una actitud, de la misma vida nuestra. La experiencia humana será siempre la realidad vivida por los catequizados (no por el catequista), y asumida en el momento de impartir la catequesis.
La experiencia humana no es un momento, (aunque de hecho se le presta especial atención en algún punto del encuentro) sino que es la realidad misma del catequizando, que está presente durante toda la sesión de catequesis, encontrándose con Dios y con los hermanos, dialogando y respondiendo.
Para poder discernir sobre lo anteriormente expuesto, la lectura compartida del N° 74 del directorio Catequístico General, y del N° 56 de “Líneas Comunes de orientación para la catequesis en A.L.”, ayudará a descubrir y profundizar. A continuación, ambos textos.
El siguiente es el pensamiento del Directorio Catequístico General:
a) “La experiencia hace nacer en el hombre intereses e interrogantes, esperanzas y ansiedades, reflexiones y juicios que confluyen en un cierto deseo de transformar el modo de vivir.

La catequesis debe, por tanto, preocuparse para orientar la atención de los hombres hacia sus experiencias de mayor importancia, tanto personales, como sociales; y debe también esforzarse por poner a la luz del evangelio los interrogantes que surgen de tales situaciones, de manera que se estimule en los hombres un justo deseo de transformar la propia manera de vivir.

En este aspecto la experiencia ayuda al hombre a comportarse de una manera activa frente al don de Dios.
b) La experiencia puede favorecer la inteligibilidad del mensaje cristiano. El mismo Señor Jesucristo predicó el Reino de Dios, ilustrando su sentido de parábolas tomadas de la experiencia humana, Jesús evocó ciertas situaciones humanas (el mercader que hace un buen negocio, los sirvientes que hacen fructificar más o menos el dinero recibido en depósito, etc.) para explicar la realidad escatológica y trascendente, y para insinuar la actitud que se debe tomar frente a tales realidades, desde el punto de vista la experiencia es un instrumento para explorar y asimilar las verdades contenidas en el depósito de la revelación.
c) La experiencia, considerada en sí misma, debe, ser iluminada por la revelación; la catequesis debe ayudar a los hombres a explorar; interpretar y juzgar su experiencia y a darle un sentido cristiano a su existencia poniendo de relieve la acción de Dios que opera nuestra salvación. Bajo este aspecto, la experiencia se hace un objeto que el catequista debe interpretar e iluminar. Esta tarea, que no carece de dificultades, no puede ser descuidada” (DCG No. 74)
El que sigue es el texto tomado de Líneas Comunes de Orientación para la catequesis en América Latina:
Cuando decimos que la catequesis es situacional, querernos decir que todo acto catequético debe tener en cuenta la situación de los catequizandos; es decir, sus dificultades, sus alegrías, sus símbolos, sus experiencias religiosas...
La catequesis se dirige a personas, grupos o pueblos “que se encuentran siempre en condiciones diversas y singulares”( DCG 111), que deben ser tomadas en cuenta.
Estas situaciones concretas, constituyen, al decir de Medellín, parte del contenido de la catequesis al ser interpretadas bajo la luz de la Palabra de Dios (Cf Med. Cap. 8, 6‑87; P. 976).
Entonces cuando decimos que la catequesis es situacional, queremos decir que la Palabra de Dios se encarna para anunciar la Buena Nueva e iluminar las vidas concretas de esas personas o grupos. Por eso, el carácter situacional de la catequesis no es sólo una nota metodológica, sino una característica integrante del acto catequético” (LC N° 56).
La profundidad del primer texto citado (de 1971) es superior a la del segundo, a pesar de ser anterior. Sin embargo, es digna de rescatar en este último, la advertencia de que “no es sólo una nota metodológica, sino una auténtica característica integrante del acto catequético”.
Conviene de igual manera leer pausadamente el contenido del N° 22 de la Exhortación Apostólica “La Catequesis en Nuestro Tiempo”, a través del cual pueden serenarse aquellos que temen que el asumir la catequesis de la experiencia se ponga en peligro el Mensaje de Fe:
No hay que oponer (...) una catequesis que arranque de la vida, a una catequesis tradicional, doctrinal y sistemática” (...) La “revelación no está aislada de la vida ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Se refiere al sentido último de la existencia, y la ilumina, ya para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del Evangelio” (CT 22).
CUARTO TEMA
LA PROMOCIÓN HUMANA

ES PARTE INTEGRANTE

DE UNA CATEQUESIS

INCULTURADA
Catequesis y Promoción Humana en el contexto de la inculturación

 

Pbro. Francisco Van Den Bosch


No anden como tontos, sino como hombres responsables.

Sepan aprovechar el momento presente ...

Por eso, no se dejen estar sino traten de comprender

cuál es la voluntad del Señor” (Ef,5,15‑17)
Según el programa de esta II Semana Latinoamericana de Catequesis, el último tópico que nos ocupa es la promoción humana y la catequesis, y esto dentro de un contexto que apunta a la inculturación. Por ende desde el enunciado nos preocupan tres términos: la catequesis, la promoción huma­na y la inculturación, y estos términos no como elementos aislados sino como íntimamente relacionados y constituyen­do juntos, un objetivo primordial de la pastoral catequística hoy en día.
Me parece importante que creemos un marco de referencia y una descripción de los tres términos a fin de lograr un enten­dimiento a partir de una base común (I) para luego presentar los que me parecen ser los desafíos más apremiantes (II).
Será tarea entre todos, de formular sugerencias operativas para la pastoral catequística en respuesta a estos (u otros) desafíos.
I. MARCO REFERENCIA
(DV 5,8 ‑ DCG 15,22‑24 ‑ RM 13 y 20 ‑ EN 20 ‑ DP 229 y 407 ‑ CATIC 24)
1. CATEQUESIS
A propósito de la evangelización, un medio que no se puede descuidar es la enseñanza catequética” (EN 44).
Ya hemos tratado este tema en los días anteriores. Simplemente quiero acentuar algunos aspectos que me parecen fundamentales y que tomo inspirado en textos, proyectos o estudios de la Iglesia en mi país.
La fe es un don de Dios ...
La fe es un don de Dios. En primer lugar porque Dios al revelarse, es el que toma la iniciativa y también porque por obra del Espíritu Santo, él mismo suscita en nosotros la respuesta a su Palabra. Por medio del sa­cramento del bautismo Dios mismo infunde en nosotros el don de la fe.
Es importante recordar, de entrada, la absoluta gratuidad de la vocación a la vida y a la fe, a fin de apuntalar, desde los fundamentos, la conversión necesaria basada en la humil­dad del no saberse nadie sin Dios.
y un acto libre ...
Por la fe el Padre llama al hombre a la excelsa libertad de los hijos de Dios. Lo invita a que se adhiera libremente a él, que obre según una consciente elección, movido e inducido personalmente desde dentro, no bajo un impulso ciego o una coacción externa.
La Iglesia es llamada a ofrecer constantemente la posibilidad de esta opción que implica la elección, sin coacción.
que exige una conversión ...
La respuesta de la fe exige, por parte del hombre, una con­versión que implica un cambio de actitud y un nuevo modo de vida según el Evangelio. El hombre de fe se aleja de su mala conducta y orienta su vida hacia Dios. La conversión inicial tiene que hacerse constante y profundizarse en una conversión permanente.
La fe lleva al cambio de vida que es una de sus consecuencias. La exigencia de la conversión y sus efectos sobre las actitudes humanas surgen de la previa adhesión libre a la persona de Cristo.
y un compromiso con la historia
La fe implica un compromiso serio no sólo con Dios, sino también con los demás y con las realidades terrenas. Existe una relación intrínseca entre la fe en Cristo y la promoción del hombre en la historia. La fe nos compromete especialmente con los pobres y los pequeños con los que Jesús se identifica (cfr. exposición de Wolfgang Grüen).
Nuestra fe se fundamenta en un Dios vivo, presente en la historia.
La catequesis educa al hombre en la fe ...
Mediante la catequesis, la Iglesia se propone la educación en la fe de quienes han aceptado el Evangelio, y han sido incorporados a la Iglesia por el bautismo. La comunidad cristiana capacita al creyente a vivir su vida de fe, formándolo en su relación con Dios, con los hombres y con la creación. Lo inicia en la vida litúrgica, que actualiza el Misterio Pascual y lo lleva a un conocimiento sistemático de la economía de la Salvación.
como creyente ...
El sujeto de la catequesis es el creyente que, después de haber escuchado el mensaje de Salvación, se ha convertido a Cristo. Se trata de un sujeto activo que vive, pregunta, crece, sufre, goza, madura (cf. exposición del P. Roberto Viola)
La catequesis propiamente dicha es eficaz sólo cuando el oyente tiene la fe inicial, por la cual está dispuesto a responder a la Palabra de Dios en la Iglesia. Muchas veces la catequesis tiene que tener en cuenta que los que participan en ella no han escuchado el primer anuncio o no han adherido a él con la fe. En este caso la catequesis tiene que cumplir la función de anuncio y primer llamado a la fe. Pero aún cuando no se da este caso, hoy día es indispensable una cateque­sis con constante referencia kerygmática.
por la Palabra de Dios ...
Para educar en la fe, la Iglesia tiene como única fuente de su contenido a la Palabra Viva de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura, tiene como mediaciones la liturgia, el magisterio y la vida actual de la Iglesia y dispone del Catecismo de la Iglesia Católica como punto de referencia.
La comunidad cristiana da testimonio de la Palabra de Dios, porque es ésta la que despierta y alimenta la fe. Los respon­sables de la catequesis no se predican a sí mismos, sino que se presentan como servidores y testigos de la Palabra de Dios.
a través de diferentes etapas ...
La catequesis está orientada hacia la fe adulta del cristiano, a quien acompaña a lo largo de su vida en todos los momentos, edades y situaciones. La primera etapa de la catequesis es la preparación a los sacramentos de iniciación ‑ bautismo, confirmación y eucaristía ‑ que se realiza en el catecumenado y en la iniciación cristiana de niños en etapas posteriores la catequesis acompaña constantemente al ministerio sacramental de la Iglesia y orienta al hombre para que pueda vivir todos los aspectos de su vida desde la fe, en su compro­miso progresivo también en las tareas temporales.
por el itinerario catequístico permanente
Así entendido, el concepto de catequesis se enriquece. Porque la Iglesia siente la necesidad pastoral de acompañar con la Palabra de Dios al hombre y a las comunidades en su proceso de maduración en la fe. Este acompañamiento catequístico se ha de hacer a lo largo del acontecer histórico y durante toda la vida del hombre. La catequesis es un camino de crecimiento y maduración en la fe en un contexto comunitario ‑ eclesial que da sentido a la vida. A este camino lo llamamos itinerario Catequístico Permanente.
El camino no está hecho: implica caminar con los hombres por caminos que se van haciendo, con recodos desconoci­dos, paisajes cambiantes, sorpresas que asombran. Y aquel que considera que no debe crecer ni madurar más inicia una vida inerte.
No se trata de una actividad individual sino de una actividad esencialmente comunitaria ‑ eclesial, que da sentido a la vida, que termina relativizando todo el único absoluto es Dios; y el hombre, al participar de la vida divina, participa también de este absoluto. (ver más adelante: la promoción humana es un valor absoluto).
2. PROMOCION HUMANA
Entre la evangelización y la promoción humana ‑ desarrollo, liberación ‑ existen efectivamente lazos muy fuertes” (EN 3 l).
No se trata de una promoción humana cualquier. Estamos hablando de la promoción humana en el contexto de la catequesis, no en el contexto de la política municipal o nacional, ni a nivel de sociedad vecinal o Rotary o Leones. Por eso se trata de la promoción humana dentro del camino de crecimiento y maduración en la fe. Quiere decir que la promoción humana implica la incorporación del hombre y de la comuni­dad, en el ideario, en el estilo de vida, en el proyecto de Jesús el Cristo, el Hombre Nuevo.
Veamos algunos aspectos que me parecen fundamentales:
La plenitud humana es don de Dios ...
Esta afirmación vale, en primer lugar porque tanto en el origen del hombre (creación ‑ Adán) como en la irrupción redentora (salvación ‑nuevo Adán) la iniciativa está en Dios, autor y dador de vida.
La Iglesia es instrumento en el paso del viejo Adán al Hombre Nuevo: La Iglesia “está efectiva y concretamente al servicio del Reino” (RM 20).
asumido en libertad ...
La plenitud del hombre, fruto de la redención, necesita del protagonismo del propio hombre. Así como Dios no salva si el hombre no consiente, la verdadera promoción humana, desde la fe, necesita del protagonismo del propio hombre. Se trata de una exigencia de fidelidad a la misma pedagogía de Dios.
El hombre no es objeto sino que él mismo es el sujeto de su propia promoción, en libertad. Y desde la catequesis esta promoción se propone, no se impone. La catequesis (y la Iglesia en toda su actuación pastoral) está llamada a ofrecer posibilidades, no a crear constantemente nuevas obligaciones: “Yo estoy junto a la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos ...” (Apoc. 3,20). “Líbrame Señor de los que me quieren imponer su libertad” (P. Roberto Viola).
que exige una conversión ...
La promoción humana es servicio a la humanidad y forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia, ante todo porque es fidelidad a Dios (cfr. Santo Domingo 158 ‑ 159).

La Iglesia debe asumir la promoción humana como inherente a su razón de ser y el hombre se debe asumir como sujeto de esta promoción evangélica (que no es ni dialéctica ‑ materialista ni consumista ‑ capitalista). Y tanto la Iglesia como el hombre necesitan el acto (o mejor una constante actitud) de conversión en base a una visión crítica de las actitudes propias y ajenas y de las estructuras tanto del mundo como de las eclesiales.


en la historia ...
Si afirmamos que “las situaciones históricas y las aspiraciones auténticamente humanas forman parte indispensable del contenido de la catequesis” (Medellín VIII, 6) es indispensable tenerlo constantemente presente cuando se trata de la promoción humana en el contexto de la catequesis. Esta promoción (pro ‑ mover) parte de un determinado punto; uno se mueve desde un punto hacia otro.
Eso implica que la misma promoción humana debe ser inculturada: el punto de partida, la situación, es distinta según el contexto cultural; por consiguiente no es lo mismo la promoción humana en un suburbio de Caracas, en una zona residencial de Río de Janeiro o en Haití. Esta inculturación de la misma promoción humana es más un problema de los catequetas y técnicos que de los catequistas que suelen estar sumergidos en la misma realidad humana en la cual catequizan: participan de la misma cultura que los catequizandos.
La meta es el Hombre Nuevo en un mundo nuevo, el punto de partida es la situación concreta, hoy y aquí. “La realidad escatológica no se aplaza hasta un fin remoto del mundo, sino que se hace próxima y comienza a cumplirse. El Reino de Dios está cerca. (Mc 1,15) (RM 13 b). Pero esta meta, en cuanto empieza a cumplirse en un tiempo y lugar determinado, también está marcado con pautas culturales distintas según los ambientes. “El cristianismo actúa como raíz virtualmente plural de las diversas culturas inculturadas; los frutos que dará esta raíz no deberán ser unívocos, uniformes, sino que se tratará de la raíz de un árbol que dará toda clase de frutos según la propia y específica variedad de las diferentes culturas como desarrollo de la infinita virtualidad ejemplar del Verbo de Dios” (Mons. Javier Lozano Barragán ‑ discurso de apertura de la II Semana Latinoamericana de Catequesis ‑ Caracas 1994).
El hombre nuevo, liberado por Cristo, siempre se encarna con características propias en cada ámbito cultural.
La promoción humana, como toda la educación en la fe, es un arte sumamente práctico, es una acción pastoral, es un “hacer con el otro, aquí y ahora”. El crecimiento y la maduración en la fe exigen un contexto concreto, exigen la vida, porque la plenitud humana y la promoción hacia ella no son nociones abstractas, sino, como la misma fe, don y tarea. Y esta tarea hace posible que nuestra historia se vuelva, gracias a Dios, historia de salvación.


Compartir con tus amigos:
1   ...   11   12   13   14   15   16   17   18   19


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad