Focusing y física cuántica



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FOCUSING Y FÍSICA CUÁNTICA

Por: Tomeu Barceló1

Una primera sentencia: percibir de otro modo
Una persona no cambia mediante mecanismos o mediante lo que leyes y conceptos puedan explicar, sino por una forma diferente de vivir y experimentar. (Eugene T. Gendlin)
El gran filósofo y matemático del siglo XVII Gottfried Wilhelm Leibniz expresó que los filósofos no se distinguen de los demás en que perciben cosas distintas, sino en que las perciben de otro modo, es decir, con el ojo de la mente y con la reflexión o atención y comparándolas unas con otras.2 Un siglo más tarde, el poeta alemán Friedich Hölderlin pronunciaría, en su poema Sócrates y Alcibíades, la sentencia tan conocida y apreciada: quien ha pensado lo más profundo ama lo más vivo.

Eugene Gendlin, desde sus primeros escritos en 1962, con Experiencing and the Creation of Meaning3 cumple con creces la primera sentencia. No se distingue de nosotros en que perciba cosas distintas, sino en que las percibe de otro modo, reflexionando profundamente sobre los significados de la experiencia, explorando la subjetividad desde lo corporalmente sentido en una matriz de sentimientos y significados que emergen de la propia autenticidad misteriosa y profunda del ser humano.

Focusing forma parte de estos descubrimientos, como una herramienta poderosa para ayudarnos a conectar con nuestro genio interior y buecear en las profundidades de nuestra sabiduría interna. El descubrimiento se basa en el modelo establecido por Gendlin que mantiene que lo implícito va cambiando y transformándose a medida que logra simbolizarse, y que esta transformación tiene una direccionalidad unitaria constructiva.

Resultan cuando menos curiosas, ciertas coincidiencias y similitudes, entre las intuiciones de Eugene Gendlin y algunos de los postulados de la moderna física cuántica. Si Gendlin bucea en el interior de sí mismo para nombrar la experiencia, los cuánticos han emprendido un viaje de buceo en el mundo subatómico y nos están previniendo de que lo que vemos en el mundo macroscópico no es exactamente lo que hay. Perciben, como Gendlin, de otro modo; con el ojo de la mente y con la reflexión o atención tal como ya señaló el filósofo-matemático del siglo XVII.

La física se preocupó de un fenómeno insignificante que contemplamos multitud de veces cuando los niños tiran piedras al mar. Cuando arrojan dos piedras simultáneamente y caen a una cierta distancia de separación entre ellas en el agua, se forman círculos concéntricos que van extendiéndose sobre la superficie del mar. Se expanden. Igual que Gendlin descubrió que cuando enfocamos una sensación física en nuestro cuerpo notamos como que se expande desde este concreto lugar donde se produjo.

Llega un momento que los círculos de ambas piedras arrojadas al mar por un chaval, se alcanzan entre sí y forman ondas mayores interfiriendo los espacios donde se mezclan los surcos, y cada círculo llega a contener al otro como si se tratara de un holograma. En un holograma, como sabemos, si rompemos en pedazos la diapositiva, cada trozo separado contiene la imagen del original, igual que cada célula de nuestro cuerpo contiene información genética sobre la totalidad del cuerpo codificada en las moléculas de ADN.

La imagen anterior se corresponde con una de las más famosas interpretaciones físicas del universo formulada por el físico David Bohm, que concibe los fenómenos como manifestaciones de un holomovimiento que relaciona todo lo existente en un proceso de pliegue y despliegue en el que subyace un orden implicado. Existe, para Bohm, una estructura subyacente que abarca las distintas fases de los fenómenos y relaciona todos los acontecimientos entre sí.

Para Eugene Gendlin existe también una fuente interior en cada persona que tiene implícitamente el conocimiento lingüístico de todo lo que esta persona ha aprendido, oído, pensado en alguna ocasión y también contiene una básica organización de todo el organismo humano y la posibilidad inherente de propulsar a la persona hacia su autodesarrollo. Cuando hacemos focusing y miramos qué sentimos en el centro de nuestro cuerpo, dejamos que se forme una sensación física, difusa quizá, de algo que aparece. No sabemos todavía muy bien qué es, pero va apareciendo algo implícito, va adquiriendo forma, se va manifestando como alguna sensación corporalmente sentida que contiene un significado implícito que tiende a expresarse.

Si los físicos entreven la existencia de algo implicado, algo que existe en función de la interrelación de todas las partes que contienen la totalidad, quizá corresponda a los filósofos como Gendlin, la comprensión de un mecanismo que posibilite la manifestación de lo que hay y desvele la simplicidad constructiva de nuestra sabiduría interior, dejando que emerja quitando los ruidos que entorpecen su expresión.

Nosotros podemos hacer focusing porque estamos afectados por un fenómeno que denominamos experiencing. Gendlin diseñó focusing como un método para poder enseñar el proceso de cambio y desarrollo personal y facilitar a las personas la conexión con su experiencia interna. La pretensión fundamental de focusing es ayudar a las personas a conectar con su experiencing y con los significados implícitos que contiene. Una vez conectado, lo que está implícito le indicará a la persona qué hacer ahí.

Experiencing es el término propuesto por Gendlin para dar cuenta de un proceso de interacción permanente entre los sentimientos personales y corporales y los símbolos propios o del medio ambiente interactuante. Consiste en la interacción entre la persona y su entorno. Gendlin define el experiencing como un proceso cambiante, orgánico, espacio-temporal, una corriente continua de sentimientos y unos pocos contenidos explícitos. En realidad el experiencing es el proceso que continuamente acontece en el campo fenoménico del individuo.

El experiencing es un proceso de eventos concretos en marcha. Es un proceso sentido interiormente, sucesos sentidos corporalmente que funciona implícitamente como un presente inmediato que contiene el pasado y el futuro. Aunque sea sentido internamente no necesariamente es conceptualizado ya que la simbolización de un sentimiento es algo posterior a su ocurrencia. Es un proceso de sentimiento al cual una persona puede referirse directamente.

El experiencing que se vive en el presente pero contiene todo nuestro pasado de forma novedosa, se puede comparar a un sistema físico formado por un alto número de partículas que también está caracterizado por un flujo de correlaciones. Dos partículas independientes chocan y se produce una correlación entre estas dos partículas, a su vez, estas partículas chocan con una tercera y se produce una nueva correlación. En estos sistemas la cantidad de partículas implicadas en las correlaciones aumenta progresivamente. Las correlaciones implican cada vez más partículas. Los físicos estudian estos sistemas con ayuda de los ordenadores y ponen en evidencia estas correlaciones que siguen a los choques de partículas a través de programas informáticos que recogen esta información. Cuando invierten las velocidades, una vez que han aportado los datos al ordenador, lo que ven es que unas partículas que se separaban vuelven a chocar entre sí. Así, de alguna manera, las correlaciones conservan la memoria del pasado.

Fue el famoso biólogo Rubert Sheldrake quien propuso que la naturaleza maniobra mediante campos mórficos, una especie de campos informativos que poseen la memoria de lo que acontece y cuando se produce algún suceso es que la forma activa tiene una resonancia con el campo que actualiza el hábito natural que está implícito en el acontecimiento. Así que cada acontecimiento tiene algo implícito que está a otro nivel de organización y existencia. A este fenómeno lo denomina resonancia mórfica en virtud de la cual cualquier habilidad obtenida por una rata de laboratorio en el Reino Unido repercute misteriosamente en animales de su misma especie en Australia. El tiempo de aprendizaje de estas últimas es considerablemente menor que el necesitado por las primeras.

Para comprender mejor el proceso experiencial que denominamos experiencing quizá podemos captar que los fenómenos que acontecen en la vida, nos acontecen, nos afectan a cada uno de manera diferente, aunque fuera un mismo fenómeno. El filósofo español Ortega y Gassete diría que la vida nos ocurre o no solamente vivimos lo que vivimos sino que vivenciamos lo que vivimos. Así que el experiencing es un fenómeno subjetivo e interaccional, las cosas afectan a un sujeto que las vive de determinada manera en determinado momento.

Vivimos en un mundo de acontecimientos. Los acontecimientos del mundo son, en buena parte, indeterminados. No sabemos lo que nos va a deparar la vida en el futuro ni como van a desarrollarse nuestras interacciones. Podemos resignarnos ante la incertidumbre o considerarla repleta de oportunidades. El ocurrirnos de la vida hace que experimentemos sentimientos y emociones en cada acontecimiento. No somos responsables de lo que sentimos, lo que sentimos nos sucede, pero somos responsables de cómo estar mejor con lo que sentimos.

De todos modos me parece que podemos incidir en cómo nos afectan las cosas. Gendlin nos indica el camino de significar la experiencia como método para encontrar una direccionalidad positiva en nuestro crecimiento. Si lo que sucede nos afecta a cada uno, quiere decir que cada uno recobra una especial significación en cómo percibe la vida. La física moderna nos da un atisbo de esperanza. Ya no existe un espacio ni un tiempo absoluto independientemente del observador. Las partículas subatómicas no son entidades aisladas sino que forman una compleja red de interconexiones. El observador constituye un nexo en la cadena de procesos observables y las propiedades de cualquier objeto subatómico se entienden en términos de la interacción que ocurre entre lo observado y el observador. En otras palabras, una partícula no posee ninguna propiedad independiente absoluta sino que muestra una u otra en función de su interacción con el observador.

Este mecanismo perceptivo constituye el principio de indeterminación de Heisenberg, desde entonces, como asevera el físico Fritjof Capra, nunca podemos hablar de la naturaleza sin, al mismo tiempo, hablar sobre nosotros mismos.4

Quizá por ello cuando hacemos focusing despejamos un espacio. Separamos aquello que nos acontece de a quien acontece. Nos percibimos como sujetos a quien afectan las cosas, por ello podemos mantener lo que nos afecta a una distancia adecuada y podemos estar con ello, y mirarlo con todos los matices, tocar y alejarlo, ver qué hay, incluso dialogar con ello.

Los procesos experienciales (experiencing) podrían formar sistemas complejos. Los sistemas complejos fueron muy bien descritos por Karl Ludwig Bertalanffy, biólogo, en su teoría de los sistemas. Bertalanffy mantenía una visión organicista al referirse al organismo como un sistema organizado y definido por leyes fundamentales de sistemas biológicos en todos los niveles de organización, por lo que concibió una teoría que elaboraba principios aplicables a todos los sistemas, cualquiera que sea la naturaleza de sus partes y su nivel de organización. Incluyó sistemas más allá de la biología y consideró la psicología, las relaciones, la historia y la organización social.

Si podemos considerar nuestro propio proceso experiencial como un como sistema complejo quiere decir que está compuesto por varias partes interconectadas y entrelazadas en el que los vínculos contienen una información adicional oculta a un observador. Como resultado de nuestras interacciones surgen en el proceso del experienciar propiedades nuevas que no podrían explicarse a partir de las propiedades de los elementos que forman el sistema considerados aisladamente. Estas propiedades son propiedades emergentes y surgen sólo en el marco del mismo proceso. En los sistemas complejos existen variables ocultas que sólo operan en el marco de las correlaciones del sistema. Un sistema complejo dispone así de más información que la disponible por cada parte independiente. En los sistemas complejos el todo abarca mucho más que la suma de sus partes porque la información que contiene es mayor a la suma de la información que contienen sus partes consideradas individualmente.

Nosotros, como individuos estamos constantemente en relación con un universo que nunca nos permite ser neutros, nos anima, nos atrae, nos rechaza y suscita en nosotros una gran cantidad de sentimientos y emociones. Nos hallamos ante dimensiones que son mucho menos captadas conceptualmente que de modo afectivo. El proceso experiencial consiste en movimiento, este movimiento es la dinámica misma del cambio experiencial que se genera a través de un movimiento autopropulsado sentido corporalmente. Cuando estamos en contacto con nuestro experiencing, cuando conectamos con nuestro referente directo, entramos directamente en contacto con el mundo de lo implícito sintiendo intensamente este algo conceptualmente vago. Lo que hacemos en este movimiento es una acción de autoexploración que nos impulsa a estar más en contacto con los significados sentidos sin comprender inicialmente en qué consiste esa sensación de no sé qué, pero que nos permitirá hablar experiencialmente, nos permitirá zambullirnos en lo implícito como si buceáramos hacia un interior resonante que nos conduce a una cadena fluída de significados que desvelan sucesos antes desconocidos y abren una dimensión que siempre estaba allí y que, al mismo tiempo, es completamente nueva. La paradoja es que lo que termina por simbolizarse es origen de algo novedoso.

Con focusing aprendemos a darnos cuenta de lo que estamos experimentando directamente en nuestro interior, sin la influencia mediadora de pensamientos, creencias, evaluaciones etc. Incluye sentimientos, emociones y sensaciones que surgen del propio cuerpo. Aunque muchas veces no nos damos cuenta del constante fluir de estas experiencias, nuestro interior las puede sentir de forma muy concreta e inmediata. Por ejemplo, podemos sentir en nuestro cuerpo una tensión o agitación que significa miedo, una pesadez o presión que indica tristeza o una sensación de hormigueo o energía que expresa un sentimiento de alborozo. Es decir, todo nuestro organismo está continuamente en proceso de experienciar, y podemos permitirnos sentir esto de forma muy sencilla y directa.

Es obvio que el lado corporal subjetivo no es privado. Es tan público e interaccional como el propio lenguaje. El felt-sense (sensación-sentida) es la interacción corporal con las diferentes situaciones. Cuando prestamos atención a una sensación interior que tiene que ver con la globalidad de algo parece que el mismo cuerpo, con el fluir de esta sensación, nos diera la respuesta a nuestra búsqueda.

Este proceso experiencial es fluyente, cambiante, transformador y contiene inherentemente la energía necesaria que dota de vitalidad a nuestra existencia en el mundo y nos permite estar en contacto con la sabiduría interior y desde ella, interaccionar con los demás.

Escuchar nuestro núcleo interno no consiste en reflexionar sobre nosotros mismos. Consiste en percatarnos de una sensación física, corporalmente sentida que normalmente se presenta en el centro de nuestro cuerpo, desde la garganta hasta la cintura, y tiene un significado. Sentimos, por ejemplo, como una densidad que nos aplasta ante una determinada situación. Pero esta densidad puede cambiar, puede que nos aplaste y también nos proteja, o de repente cuando le otorgamos sentido y decimos: ¡ah, sí, todo esto es muy aplastante para mí, eso es! Notamos un alivio inmediato porque conseguimos dar nombre a lo hay, y de repente esta sensación se transforma, deja de aplastarnos.

Estas sensaciones sentidas se producen constantemente si somos capaces de atender cómo nos afecta una situación, una relación, un asunto de nuestra vida. Contienen un cúmulo de significado sentido corporalmente, cambian dinámicamente a medida que somos capaces de reconocerlas y contienen una direccionalidad orientativa y constructiva para nosotros, como si nos indicaran un camino para sentirnos mejor.

No es contradictorio que estas sensaciones cambien de forma permanente, fluyente y que a veces parezcan contradecirse en sí mismas, como si me encontrara un poco bien y, al mismo tiempo, un poco mal y que estas sensaciones sean corporales. ¡Nuestra alma es nuestro cuerpo! Einstein demostró que la luz que, hasta entonces se creía que era una onda, se comportaba como una partícula. La luz, en definitiva, es otra forma de materia. Esto se comprobó en 1919 cuando se demostró que la luz se curva bajo el efecto de la fuerza de la gravedad. Más tarde De Broglie (1892-1987) planteó que la luz participa de la naturaleza de las ondas. Los descubrimientos tuvieron grandes consecuencias: se abolió para siempre la división entre materia y energía, materia y energía es lo mismo. Nuestra alma es cuerpo y nuestro cuerpo es alma. Nuestra sabiduría interior es corporalmente sentida.

La discusión que centró la física de partículas durante años sobre si las partículas subatómicas como los fotones o los electrones eran ondas o partículas fue resuelta por la física cuántica que manifiesta que se comportan como partículas y como ondas. Al igual que una onda, la luz produce interferencias, pero un fotón de luz también rebota de todo electrón, igual que una partícula. Eso quiere decir que está en dos sitios al mismo tiempo, que se mueve a velocidades extraordinariamente altas y se desplaza simultáneamente en diferentes direcciones. Parece una contradicción intolerable pero es así, los intentos de explicar fenómenos contradictorios del mundo subatómico en términos lógicos nos llevan al abandono de todo pensamiento racional.

El proceso experiencial es similar, no hay contradicciones. Uno se siente, al mismo tiempo, angustiado y tranquilo, denso y flexible, con una sensación amarga pero también agradable. y esa sensación va moviéndose, cambiando, transformándose. Es como si cada sensación fuera un electrón. El electrón tiene una cualidad que se conoce como espín intrínseco. Es como si girase sobre su propio eje a una velocidad determinada y no se puede parar excepto destruyendo el electrón. Si se incrementa el espín del electrón sus propiedades cambian tan drásticamente que producen un cambio cualitativo creando una partícula totalmente diferente, una sensación nueva.

La simbolización de lo implícito –parafraseando a Gendlin- es la fuente de crecimiento y desarrollo personal. Este proceso tiene que ver, me parece, con el resplandor inconcebible de la capacidad intuitiva que se siente libre de amenazas racionales y se permite acontecer sin restricciones. Aunque, también es muy cierto, no siempre sucede en cualquier momento, ni en cualquier espacio, ni en cualquier circunstancia.

El mundo de las partículas subatómicas está en un estado de constante movimiento y fermento en el que nunca nada es igual a sí mismo. Las partículas están permanentemente convirtiéndose en otras, modificándose de tal manera que, incluso, es imposible establecer su identidad en un momento determinado. Los neutrones se convierten en protones y los protones en neutrones, en un proceso incesante de cambio de indentidad. Las sensaciones de nuestro cuerpo también cambian y se mueven incesantemente, quizá de manera más lenta, porque parece que el cuerpo es más lento que la mente aunque sabe más que ella. Si nos escuchamos, es posible que consigamos dar el nombre correcto a nuestras sensaciones corporalmente sentidas y a vislumbrar alguna direccionalidad desde nuestra sabiduría interior.

Sin embargo escucharse a sí mismo no es sencillo. Requiere intencionar la disposición de aparcar por un momento los esteriotipos de la mente pensante y penetrar en ese lugar nuestro donde ocurren las sensaciones y las emociones para mirar con curiosidad el fluir de nuestras sensaciones significativas. Implica visitar ese espacio sin miedo, con curiosidad, sabiendo que lo que hay nos pertenece y forma parte de nuestro proceso experiencial y esperando con convicción que nuestro núcleo interno más profundo está formado por un cúmulo de energía positiva que desea expandirse hacia afuera e impregnarnos de potencial constructivo. Se trata, en fin, de percibir el poder personal que nos otorga la posibilidad de confiar en nuestro propio organismo y de ampliar el marco perceptivo de nuestra conciencia o, utilizando de nuevo la sentencia de Leibniz, podemos tratar de percibir las cosas de otro modo.
La segunda sentencia: amar la vida

La vida se desarrolla en gran parte con ambientes que en su proceso ha producido o ha modificado. La continuidad del proceso se desarrolla a través de sus propios productos. (Eugene T. Gendlin)
Quien ha pensado lo más profundo ama lo más vivo –dijo, como hemos mencionado al principio, el poeta Hölderlin.

Si desde 1962 con Experiencing and the Creation of Meaning, Eugene Gendlin cumplía con la sentencia de Leibniz, ha culminado su quehacer pensando lo más profundo y amando lo más vivo. La expresión del pensamiento más profundo y del amor a lo vivo es, sin duda, su última investigación filosófica A process model.5



A process model es un compendio inabarcable de filosofía que aborda el proceso de la vida desde la corporalidad que interactúa con el medio ambiente provocando secuencias de comportamiento y creando una complejidad adaptativa y de creación simbólica que posibilita el fluir experiencial de la persona.

Para desentrañar esa complejidad del proceso vital, Gendlin recurre a las nuevas concepciones de la física moderna y reformula algunos conceptos filosóficos otorgándoles nuevas significaciones: tiempo, cultura, lenguaje, cuerpo, evolución… en los que se apoya para repensar el devenir y el acontecer.

En esa profunda reflexión Eugene Gendlin se adentra en las entrañas de lo vital para pensar la vida desde sí misma, en la que no hay dirección externa, sino que todo fenómeno es autogenerado desde el interior, desde el propio cuerpo que es el depositario mismo del proceso vital.

Sin duda esta concepción tiene semejanzas con la aseveración de Stephen Hawking que propone la noción de autocreación del Universo. Un universo que, si bien habría tenido un comienzo en el tiempo, no está sometido a un continuo flujo y reflujo de ciclos de expansión y contracción, por lo que es un Universo autocontenido, limitado pero sin fronteras ni bordes.6 Esta aportación ha generado nuevas consecuencias e interrogaciones filosóficas, antropológicas y teológicas que cuestionan las maneras tradicionales de interpretar el mundo.

La construcción filosófica de Gendlin ha ido creciendo y expandiéndose a partir de sus propios cimientos revolucionarios hasta llegar a un complejo entramado de conceptos y significados realmente novedosos que se introducen en el ámbito de lo implícito.

Gendlin resignifica filosóficamente el concepto de Carl Rogers de tendencia actualizante y más explícitamente el de tendencia formativa, esa tendencia direccionalmente constructiva que opera en todo el universo, una tendencia evolutiva presente tanto en la vida orgánica, como en microorganismos, o materia inorgánica como la formación de cristales.7 Es sensato imaginar, para Rogers, una corriente que opera en el universo a muchos niveles y hace posible que cada forma se origine a su vez de una forma sencilla anterior.

Carl Rogers (1902-1987) había identificado la capacidad de las personas de sentir los propios sentimientos de manera física y permitir que simbolizaran esta experiencia correctamente con la ayuda empática del terapeuta como clave del crecimiento. La falta de congruencia entre la experiencia sentida y la conciencia tenía como consecuencia una profunda desconexión interna y derivaba en serias dificultades en las relaciones interpersonales y en ocasiones, en desajustes patológicos.

No obstante, Rogers considera a la persona humana como un organismo digno de confianza que posee una tendencia natural a desarrollarse de manera constructiva. Rogers alude, en su teoría terapéutica y de la personalidad, a la existencia en las personas de una tendencia direccionalmente constructiva espontánea que está presente en el organismo. Rogers la denomina tendencia actualizante y la define como un flujo subyacente de movimiento hacia la realización constructiva de las propiedades intrínsecas del individuo, una tendencia natural hacia su desarrollo completo, una tendencia inherente a las personas que posibilita su desarrollo.

Para Rogers el organismo humano es susceptible de autorregulación y de autodirección en sentido positivo. Esta tendencia al crecimiento no forma parte exclusivamente de la moral, más bien tiene que ver con el desarrollo biológico y con la capacidad de adaptación en la satisfacción de las propias necesidades, con el impulso intrínseco de cada individuo al restablecimeitno del equilibrio emocional y con el deseo interno de desarrollar sus propias potencialidades. Rogers presenta a la persona que funciona plenamente como aquélla que se deja guiar por el organismo que es más sabio que el intelecto porque contiene una sabiduría intrínseca que hace emerger una racionalidad natural a través de la cual la persona es capaz de autodirigirse y autorregularse por sí misma de manera constructiva.

Rogers, sorprendido más tarde por los descubrimientos cuánticos de los físicos Frijof Capra e Ilya Prigogine y por las aseveraciones del filósofo de la ciencia Magohah Murayama, extiende su concepto de tendencia actualizante al conjunto del universo y relaciona esta tendencia al crecimiento y a su actualización en las personas con una tendencia direccionalmente constructiva que opera en todo el universo, una tendencia evolutiva presente tanto en la vida orgánica, como en microorganismos, o materia inorgánica como la formación de cristales. Es sensato para Rogers imaginar una corriente que opera en el universo a muchos niveles y hace posible que cada forma se origine, a su vez, de una forma más sencilla anterior. Esto es, en todo el organismo, a cualquier nivel, existe un flujo subyacente hacia la realización constructiva de sus posibilidades inherentes. Esta tendencia podrá contrarrestarse o desviarse, pero no destruirse a menos que se destruya el organismo. Para Rogers, cuanto más compleja es la estructura, bien sea de una sustancia química o la de una persona, más energía gastará para mantener esa complejidad. Este sistema no es estable, sino que tiene fluctuaciones que, cuando aumentan, llevan al sistema a un nuevo estado alterado, más ordenado y coherente que el anterior y así, la transformación de un estado a otro, se lleva a cabo mediante un cambio repentino, no de forma gradual, y son varios los factores que actúan al mismo tiempo.

Eugene Gendlin aprendió de Carl Rogers que en el interior de las personas opera una tendencia constructiva autopropulsada que genera desarrollo y crecimiento. En el fondo de la afirmación de Carl Rogers se vislumbra una implicación altamente interesante que es la siguiente: si esta tendencia es evolutiva opera a lo largo del tiempo, cada vez con mayor complejidad. El transcurso del tiempo es irreversible, pero la dinámica de la irreversibilidad no necesariamente es entrópica sino constructiva y formativa. Esa tendencia sutil opera siempre que se den condiciones adecuadas. Resulta asombroso lo que representan las nuevas corrientes de la ciencia natural en relación a la posibilidad existencial de una tendencia autoorganizadora global en el universo. Investigaciones de la física moderna llevadas a cabo recientemente por Prigogine, Sheldrake, Mandelbrot, Bohom, Capra, Hawking, Feynman, Bekenstein, entre otros, parecen confirmar la intuición de Rogers. Los trabajos de Ilya Prigogine (1917-2003)8, físico belga, premio Nobel en 1977, parecen ir en esta dirección. Su teoría de las estructuras disipativas explica los procesos irreversibles que tienen lugar en la naturaleza, un movimiento hacia un orden vital cada vez más perfecto. Los seres vivos y algunos sistemas sin vida orgánica son estructuras disipativas definibles como un todo que fluye altamente organizado en permanente proceso. Lo significativo de su teoría es que lo organizado está en fluidez, es inestable; pero cuando una estructura se agita y se producen nuevas conexiones, las partes se reorganizan en una nueva estructura de orden superior. Para Prigogine, en condiciones alejadas del equilibrio, la materia tiene capacidad de reaccionar con grandes efectos a pequeñas fluctuaciones y mediante estos procesos la irreversibilidad es fuente de orden y creación de organización. Estos fenómenos irreversibles tienen un papel constructivo y el hombre forma parte de esta corriente de irreversibilidad.

Una de las muestras más evidentes de la tendencia autoorganizadora en la naturaleza son las investigaciones que se están realizando sobre los fractales. Los modelos de fractales han sido sugeridos inicialmente por Benoît Mandelbrot (n. 1924) en los años ochenta. Un fractal es un modelo geométrico cuya estructura básica se repite en diferentes escalas mediante un proceso recursivo o interativo que reproduce estructuras auto-similares independientemente de la escala específica. Las funciones iteradas son funciones compuestas consigo mismas y sirven para el estudio de los sistemas dinámicos. La belleza de los fractales es impresionante cuando se contemplan mediante ordenador en sus escalas diminutas amplificadas. Si aumentamos un objeto fractal los elementos que aparecen vuelven a tener el mismo aspecto independientemente de cual sea la escala que utilicemos y forma parte, como en un mosaico, de los elementos mayores. El que cada elemento de orden mayor esté compuesto, a su vez, por elementos de orden menor, es lo que da la estructura recursiva a los fractales. En todos estos fractales podemos observar que a través de la iteración si recorremos el proceso al revés, volviendo atrás en la flecha del tiempo, los conjuntos se reducen y convergen hacia un punto único. El punto al que se converge se denomina punto fijo atractivo, también hay puntos fijos inestables cuando desde este punto fijo empieza la divergencia en los cruces. El caos y las turbulencias nacen así de los mismos procesos subyacentes que generan montañas, líneas costeras o formas orgánicas naturales, todo nace del orden fractal.

Todo esto es muy impresionante porque nos indica que, en el fondo de los sistemas complejos, lo que existe es la simplicidad. Un solo punto desde el que se origina el fractal y, a partir del cual opera la tendencia a la autoorganización transformando el sistema y haciéndolo cada vez más complejo.

Eugene Gendlin da contenido filosófico a las nuevas intestigaciones con su concepto de autopropulsión9 que, además de significar una tendencia universal de los organismos en crecimiento para alcanzar su propio desarrollo, es también una garantía del ser para crecer sólo con sus propios símbolos, una búsqueda certera de estos símbolos que subyace a cualquier individuación.

La noción de autopropulsión, a diferencia del concepto focusing que explica el funcionamiento subjetivo y corporal de la tendencia actualizante, es un término mediante el cual Gendlin intenta comprender la evolución homínide de la especie en el transcurso de millones de años en que el universo biológico ha ido generando nuevas formas de simbolización y de comportamiento superior. Esta noción –autopropulsión- daría cuenta del funcionamiento de la tendencia formativa en el cosmos orgánico en el cual el acontecer y el implicar se comprenden como un modo en que lo sucedido y el devenir cambian y siguen propulsando hasta la generación de la autoconciencia y del pensamiento en un proceso complejo de despliegue de la propia vida.

Para Eugene Gendlin si la vida es un proceso que se va haciendo a sí mismo, la forma que adopta este proceso de vida es el cuerpo. El cuerpo, para Gendlin, se establece como una unidad intrínseca del universo, una forma de referirse a los organismos y a su ambiente en el cual se inserta toda existencia organísmica.

En nuestro universo expansivo la probabilidad de que se genere vida es mucho menor que la probabilidad de encontrar un átomo particular entre todos los existentes en el cosmos.

El orígen de la vida es un milagro en este conglomerado de masas y energía y precisó muchas condiciones para ponerse en marcha. Resulta sin duda muy sorprendente que exista en nuestro universo, tan explicado por la física con un sumario de ecuaciones ajustadísimas, el fenómeno de la vida en evolución en un planeta singular, lejos del centro del universo, que orbita alrededor de una estrella insignificante de una simple galaxia de entre millones.

Sin embargo, me parece que la mejor manera de interrogarnos acerca de la vida, la conciencia y el universo, es suponer que no son cosas separadas sino aspectos de un mismo fenómeno. Y bien pudiera ser que, en virtud del principio de incertidumbre, pudieran aparecer azarosamente procesos inusuales relacionados con las interacciones del carbono que constituye la base de la vida tal como la conocemos.

De la vida parece emerger la conciencia. La conciencia todavía no puede ser explicada perfectamente por la ciencia actual. Pero lo que la ciencia explica, al menos, es que la conciencia siempre aparece unida a alguna porción de materia, aunque muchas porciones de materia aparentan, a simple vista y sólo a simple vista, no tener conciencia.

Históricamente hemos pensado en dualidades: cuerpo y alma, bueno y malo, energía y materia. Einstein nos previno de la inseparabilidad de la materia y la energía y de su inevitable equivalencia. La física cuántica siguió en sus prevenciones, y nos alertó de la imposibilidad de separar la materia de la conciencia. Conciencia y materia no son sino las dos caras inseparables de lo real.

Si la conciencia sigue todavía inaccesible para la ciencia, en las últimas décadas los físicos han llegado a comprender la estructura íntima de la materia y sus procesos interaccionales a nivel microscópico. Pero siguen enfrascados en responderse sobre cuál es el origen de la masa de las partículas subatómicas.

Muchos físicos creen que encontrar esta respuesta tiene que ver con la existencia de una partícula, el llamado bosón de Higgs, que al interaccionar con las demás partículas las dotaría de masa.

El bosón de Higgs fue predicho en la década de los sesenta por un grupo de científicos en el que participaba Peter Higgs. El sistema estándar de la teoría cuántica incorporó la hipótesis. Diez años después, en los setenta, los físicos descubrieron que la fuerza electromagnética y la llamada fuerza débil eran dos manifestaciones del mismo fenómeno, pero para que se produjera sería precisa la presencia del bosón de Higgs que en el lenguaje más metafórico lo han denominado “la partícula de Dios”. Desde entonces los científicos intentan encontrar esa pieza que les falta para comprobar experimentalmente el modelo. Hallar el bosón de Higgs es mucho más que encontrar una partícula, significa confirmar toda una teoría de la física.

En el proceso de vida están implicados todos los avances del universo, aquello que puede llegar a constituirse. El concepto clave de Gendlin para explicar esta concepción es implicar. Con esta noción, Gendlin tiene en cuenta no solo lo que acontece (concepción fenomenológica) sino lo que puede acontecer. Podíamos decir que la de Gendlin es una concepción holística que abarca los fenómenos y también las posibilidades de que ocurran los fenómenos.

Para Gendlin, cualquier acontecimiento implica el resto de sucesos y viceversa, pero lo que va a ocurrir no está determinado aunque no puede ocurrir nada que no esté ya implicado, que no tenga posibilidades de acontecer. Por ejemplo, el proceso de comer implica satisfacción cuando hay hambre. En el fondo, la significación de este modelo estriba en que el proceso de vida está temporalmente organizado.

El implicar no es nunca igual al acontecer. En el caso de comer, por ejemplo, en la naturaleza se han desarrollado muchas formas de comer y podrían seguir otras más. El implicar tampoco significa un acontecer que todavía no ha ocurrido, porque podría no ocurrir, pero no puede acontecer nada que no haya sido implicado. Acontece dentro del implicar, así que el acontecer no es una posición distinta en la línea del tiempo. El acontecer es el cambio y el acontecer dentro del implicar puede cambiar el mismo implicar. En el ejemplo del hambre implicada, cuando acontece el comer, este comer cambia el proceso implicado, deja de haber hambre. Lo que sucede (acontecer) de acuerdo con las múltiples posibilidades (implicar) cambia las mismas posibilidades.

Para Eugene Gendlin todas las partes del cuerpo-ambiente se implican mutuamente como parte de un todo. En este sentido cualquier cosa que acontezca también está implicando, al mismo tiempo, a un posterior acontecer porque incide en el mismo implicar. Esto es así porque cuando se desarrolla un proceso lo hace en conjunto con otros muchos procesos que están relacionados entre sí: el proceso respiratorio, por ejemplo, implica al digestivo, reproductivo y otros más. Los procesos vitales no están separados sino que se implican mutuamente como cuando el modelo de trabajo se relaciona con los modelos familiares y educativos o económicos. Así que, para Gendlin, existe el implicar totalizante porque los procesos de la vida están interrelacionados y no ocurren de forma separada. Todas las partes del cuerpo están coordinadas y los procesos de estas partes se involucran mutuamente. El cuerpo es una totalidad específica y un cambio en uno de los procesos afecta a todos los demás procesos. Incluso un proceso muy diminuto puede implicar los más grandes cambios en otros procesos.

Esta concepción de Gendlin es similar al conocido como principio de no-linealidad de la teoría de la complejidad. Este principio sustenta la no-linealidad causa-efecto, es decir; sucesos de carácter menor en un sistema pueden desencadenar procesos de cambios sustantivos. El sistema complejo es altamente sensible a las condiciones prevalecientes y también a sus condiciones iniciales, la más leve modificación en estas condiciones puede conducir a resultados muy diferentes. James J. Rsenau denominó a esta característica como “la fuerza de los pequeños sucesos” o efecto mariposa10.

Lo que acontece es el resultado de cómo el efecto de cada proceso es cambiado, es afectado y afecta a los demás procesos mediante la interafectación producida por una especie de efecto carambola (ecaram) que hace que todo esté intrincado. Esta interafectación incide también en los procesos interpersonales en los cuales todo es mutuamente implicado. Cada una de nuestras relaciones aflora rasgos diferentes en nosotros que hace que uno se sienta afectado por el otro y el otro por uno y, por ello, seamos diferentes mientras sucedemos juntos:
Los individuos son comúnmente pensados como causas originarias separadas, pero un acontecimiento puede consistir en una, dos o más personas (tanto como una interacción en mecánica cuántica define las partículas). La misma palabra interacción suena como si de partida hubiese dos personas y sólo entonces puede ser una “inter...” En una medida importante es su interacción la que determina cómo cada una actúa.11
En definitiva el modelo de Gendlin hace posible, de alguna manera, la pregunta de cómo algo se puede desarrollar siendo que no es capaz de ser reducido a una estructura explícita y a sus unidades y partes. Lo que es implícito no es una estructura explícita, es algo que se autopropulsará.

Eugene Gendlin ha precibido de otro modo (en términos de Leibniz) y esta percepción le ha conllevado a pensar lo más profundo y a sentir un inmenso amor por la vida (en la aseveración de Hölderlin). Hoy nosotros tenemos su legado, y estamos llamados a conservarlo y a expandirlo.




1Profesor, Terapeuta, Filólogo, Filósofo, especialista en dinámica de grupos y relaciones humanas, Certified Focusing Professional (Trainer), Focusing Oriented Psychotherapist, y Certifiyng Coordinator por el The Focusing Institute of New York, Coordinador Nacional del Instituto Español de Focusing, Director del Institut de Formació Ramon Serra (Palma de Mallorca). Consultor Internacional del Centro de Psicología Humanista de Minas Gerais (Brasil), miembro del The Focusing Institute de Nueva York y de la World Association for Person-Centered and Experiential Psychoterapy and Counseling, Secretario de la Asociación Iberoamericana del Enfoque Centrado en la Persona. Vicepresidente de la Fundació Esplai de les Illes Balears. Autor de los libros: Centrar-se en les Persones, Crecer en Grupo y Entre Personas; coautor de Manual Práctico del Focusing de Gendlin. www.tomeubarcelo.es , mail: tomeubarcelo@tomeubarcelo.es


2 LEIBNIZ, G. W. (1993): Disertación sobre el estilo filosófico de Nizolio. Tecnos, Madrid, p. 37.

3 GENDLIN, E. (1962): Experiencing and the Creation Meaning. The Press of Glencoe, Nueva York.

4 CAPRA, F. (2005): El Tao de la física. Sirio, Málaga, p. 100.

5 GENDLIN, E. (2009): Un modelo procesal. (Traducción de Edgardo Riveros), Ed. Instituto Ecuatoriano de Focusing, Ecuador.

6 En su publicación HAWKING, S. (2002): El universo en una cáscara de nuez. Crítica, Barcelona, el autor insiste en la idea del universo autocontenido y sin fronteras, aunque para que sea demostrada la hipótesis precisamos de una teoría del todo que nos permita comprender la totalidad de naturaleza a partir de unas leyes fundamentales. Esta teoría deberá unificar las teorías de la relatividad y la teoría cuántica, hasta ahora incompatibles en aspectos esenciales.

7 ROGERS, C. (1987): El camino del ser. Kairós, Barcelona.

8 La obra de Prigogine es muy extensa e interesante, podemos destacar, entre otras, las siguientes publicaciones: La nueva alianza, Entre el tiempo y la eternidad, Las leyes del caos, El nacimiento del tiempo, Del ser al devenir, ¿Tan sólo una ilusión? Una exploración del caos al orden, entre otras.

9 Concepto propuesto por el traductor en lengua castellana de A process model, Edgardo Riveros.

10 ROSENAU. J. (1998): “Demasiadas cosas a la vez. La teoría de la complejidad y los asuntos mundiales”, en Antología Lecturas, Universidad de Puerto Rico.

11 GENDLIN, E. (2009): Un modelo procesal. (Traducción de E. Riveros), Ed. Instituto Ecuatoriano de Focusing, p. 47.




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