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Reconocer la autoestima como una capa protectora que impide que las influencias externas lastimen nuestro SER.


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FUNDAMENTOS
En el proceso de formación de la personalidad, desde niño hasta adulto, se reconoce cada vez más la importancia de la autoestima, tanto en lo que se refiere al comportamiento individual como en las relaciones interpersonales; particularmente en el manejo de la agresividad, la apertura al diálogo y a la cooperación con el otro, la disposición para el aprendizaje, y la presencia de ciertas características como la hipersensibilidad y el servilismo. Maslow dice:

“Todas las personas (salvo raras excepciones patológicas) tienen el deseo y la necesidad de autovalorarse, de autoestima, y de la estima de los demás, que sea estable, firme y de ordinario alta“.


Esta necesidad de autoestima se describe como una exigencia interior que experimenta el individuo de sentirse valioso, digno de respeto, digno de respeto y admiración no sólo ante sí mismo sino también ante otros.
“La satisfacción de la exigencia de autoestima lleva a sentimientos de confianza en sí mismo, de auto valor, de fuerza, de capacidad, a la sensación de ser útil y necesario en el mundo. En cambio la frustración de estas necesidades produce un sentimiento de inferioridad, de debilidad. Estos sentimientos, a su vez, hacen nacer una sensación de desánimo fundamental, o tendencias compensadoras o neuróticas. También la baja autoestima se considera como una de las causas más frecuentes de las dificultades de adaptación en la vida conyugal.
Muchas veces tras de la conducta arrogante y prepotente se esconde una imagen devaluada de sí mismo que se compensa con manifestaciones extemporáneas e innecesarias de poder, de autoritarismo, de autoafirmación.

Otro tanto se puede decir de la susceptibilidad, es un hecho psicológicamente bien conocido que la persona que se suele ofender con la mayor facilidad, posee también el grado más bajo de estimación propia. Es la persona que duda secretamente de su propio valor y la que se siente insegura, la que ve amenazas hacia el ego donde no existen, la que suele exagerar y sobrestimar el daño potencial que el pueden producir las amenazas reales.


La verdadera autoestima se fundamenta en una percepción realista de sí mismo como alguien que es al mismo tiempo sujeto de bondades y de limitaciones. Tanto las unas como las otras son parte del ser de la persona. Las unas no destruyen las otras. Una autoestima que no se fundamenta en una percepción y en esa certeza personal, se basaría únicamente en el criterio de la opinión de los demás.
Proceso METODOLÓGICO:
Primera parte: Parábola:

El facilitador entrega a los participantes la siguiente parábola y les pide que la lean y escriban los sentimientos que les va suscitando esta parábola.


AUTOBIOGRAFÍA DE UN COCO
NACÍ en la copa de un árbol robusto, que había crecido en un suelo arenoso a lo largo de la franja de la costa. Desde mi atalaya disfrutaba de una vista fantástica de cuanto me rodeaba.

Era muy feliz y me sentía orgulloso de ser un coco, creía que mi padre era maravilloso, hasta que un día oí varios transeúntes le maldecían a él y a toda la familia. Si no recuerdo mal, uno de ellos dijo:

  ¡ Qué calor hace hoy ! ¡ Si al menos este maldito cocotero nos diera sombra ! Odio los cocoteros. Tan rugosos, tan feos y deformes. Sin hojas, ni flores ni siquiera aroma .

Esto hizo sentirme tan desgraciado que algo cambió dentro de mi. ¿Cómo es que no lo había visto antes ? Realmente era feo; casi deforme. Me sentía avergonzado, y decidí que no dejaría jamás que nadie viera mi fealdad interior...

Comencé a construir a mi alrededor una capa muy densa, dura y peluda para proteger mi interior de las miradas. Después de todo, evidentemente, no había nada bueno dentro de mí. Si alguien me hubiera visto por dentro, me despreciaría y rechazaría aún más. Por eso tejí a mi alrededor una capa de materia áspera, peluda, de color pardo, desagradable al tacto, para que nadie se atreviera a tocarme. Odiaba que me tocaran o acariciaran.

Al cabo de unas semanas, que pase deprimido meditando sobre mi desgracia y sin apenas hablar con mis hermanos y hermanas, me vi de repente sorprendido por un impetuoso temporal. Todos éramos sacudidos violentamente y, aterrado, me agarré a mi padre, temiendo ser arrancado del árbol.

Pero todo fue inútil. Perdí el control y sentí que era arrojado con vehemencia hacia abajo, cayendo en el oscuro vacío. Me encontré aturdido en el suelo, magullado y dolorido por el golpe. Solo y temblando de miedo, pensé que lo único que me quedaba era esperar la muerte. Evidentemente, había sonado mi hora..., cuando un grupo de aquellos odiosos transeúntes se acerco a mi.

Mas ¡qué sorpresa grata fue para mi oír que uno de ellos decía:



<< ¡ Mira que coco tan bonito ! Realmente es una suerte>>.

Sin apenas dar crédito a lo que oía, sentí que me levantaban y me agitaban junto al oído de un joven. Su nariz comenzó a olerme y sus labios murmuraban, dirigiéndose directamente a mí:



<< ¡Qué coco tan fresco, dulce y sabroso debes ser! Me alegro de veras de haberte encontrado >>.

¡Cómo! ¿Yo fresco y dulce? tenía que haber algún error.

Ciertamente, yo no era más que algo estúpido, deforme, feo e insípido, que se contentaba con que le dejaran en paz.

El muchacho comenzó a quitar con cuidado los pelos ásperos y pardos que había hecho crecer a mi alrededor para protegerme. Lo hizo con gran delicadeza, como si deseara no hacerme daño. Por primera vez en muchos meses volví a sentirme feliz de nuevo, sin darme cuenta de que el muchacho cogía una piedra grande y comenzaba a golpearme con fuerza. Con mayor rapidez y energía cada vez, no dejaba de darme golpes. Gritando de dolor, quería preguntarle que buscaba y pedirle que parara. Ciertamente debe saber que dentro de mí no hay nada más que fealdad. ¿Qué esperaría encontrar debajo de mi dura corteza?

Unos segundos más tarde se escucho un fuerte chasquido y sentí que me partían en dos. De mis heridas comenzó a rezumar un jugo, y, con gran sorpresa mía, el chico y sus amigos intentaron beberlo. Por sus gestos de satisfacción podía decir que estaban disfrutando. Ellos comentaban lo dulce y fresco que estaba.

Mi mayor sorpresa fue cuando, después de separar partes de mi corteza, arrancaron algo de mi interior. ¡ Era inmaculado! Mi interior era hermoso y evidentemente disfrutaban comiendo.



<< ¡La gente me quiere!, Exclamé.<< No soy feo ni inútil. ¡ Por favor, os lo ruego, comedme. Comedme todos! ¡Que satisfacción proporcionar placer a personas que han hecho que al fin creyera en mí mismo ! >>
Lluvia de ideas:

El facilitador pide a los participantes que establezcan un paralelo entre el comportamiento del coco cuando tenía un pobre concepto de sí mismo del comportamiento cuando tenía un buen concepto de sí mismo.


Reflexión personal:

El facilitador pide a los participantes que recuerden una oportunidad en que se sintieron satisfechos consigo mismos y una oportunidad en que se sintieron ridículos o incómodos. Luego entrega a cada participante una hoja dividida con una línea vertical dándoles las siguientes instrucciones :


Cada uno deberá escribir en el lado izquierdo cómo se siente, piensa y actúa cuando está bien consigo mismo. En el lado derecho cómo se siente, piensa y actúa cuando está mal consigo mismo. Al terminar darán a cada columna un nombre que simbolice lo expresado.
II PARTE

Se hacen en el papelógrafo dos figuras como las que aparecen enseguida, a la primera la cubre una línea muy delgada, a la segunda una línea muy gruesa.

Se pide a los participantes que analicen estos dos personajes. El facilitador recoge los aportes y complementa haciendo notar que el cordón que bordea la imagen equivale a la autoestima, la cual se constituye en una barrera protectora que impide que muchos dardos que nos envían del exterior penetren a nuestro interior, sin embargo cuando esta barrera protectora es débil penetra todo tipo de dardos.

A continuación pide a los participantes que recuerden una experiencia de dardos que le han afectado a lo largo de su historia y luego se comparten experiencias.



  • dardos que afectan mi pensar.

  • dardos que lastiman mis sentimientos.

  • dardos que paralizan mi actuar.

Luego Les invita a recordar experiencias significativas de dardos que le han dado y sin embargo no ha permitido que le afecten. Nuevamente se comparten experiencias. Se sacan conclusiones.



TALLER 5: AUTORESPETO



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