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Universidad Del Salvador

Facultad De Psicología

Psicopatología Infanto - Juvenil

FICHA DE CATEDRA
TEMAS DE METAPSICOLOGIA”

APARATO PSIQUICO” – “PULSION”


Lic. Leandro M. Sánchez”

Antes de adentrarnos en el tema, es importante recordar tres aspectos que se tiene en cuenta en toda la metapsicología freudiana y son complementarios entre sí.


  • ASPECTO TÓPICO

Punto de vista que supone una diferenciación del aparato psíquico en cierto número de sistemas dotados de características o funciones diferentes y dispuestas en un determinado orden entre sí, lo que permite considerarlos metafóricamente como lugares psíquicos de los que es posible dar una representación espacial figurada.

Corrientemente se habla de dos tópicas freudianas, la primera en la que se establece una distinción fundamental entre inconsciente, preconsciente y consciente, y la segunda que distingue tres instancias: el ello, el yo, el superyó.


  • ASPECTO ECONOMICO

Califica todo lo relacionado con la hipótesis según la cual los procesos psíquicos consisten en la circulación y distribución de una energía cuantificable (energía pulsional), es decir, susceptible de aumento, de disminución y de equivalencias.




  • ASPECTO DINAMICO

Califica un punto de vista que considera los fenómenos psíquicos como resultantes del conflicto y de la composición de fuerzas que ejercen un determinado empuje siendo éstas, en último término, de origen pulsional.




APARATO PSÍQUICO

En el Diccionario de psicoanálisis (J. Laplanche - J. B. Pontalis) se lo define como:


Término que subraya ciertos caracteres que la teoría freudiana atribuye al psiquismo:

Su capacidad de transmitir y transformar una energía determinada y su diferenciación en sistemas o instancias”.
Modelo para representar el funcionamiento psíquico.

Si bien el modelo es mecanicista predomina en la explicación de su funcionamiento la dinámica psíquica, su funcionalidad y su sistematización.

Está constituido por un intrincado mecanismo con distintos elementos que se acoplan u oponen entre sí.

Este aparato psíqui­co se «construye» paulatinamente y se hace más complejo a medida que se van teniendo nuevas experiencias.

Su descripción corresponde a la metapsicología freudiana; por lo tanto tiene un sentido tópico, uno dinámico y uno económico. El aparato psíquico se constituye en íntima relación con el vínculo objetal, pues se pone en movimiento después de las vi­vencias de satisfacción y dolor vividas con el objeto.

Estas vivencias dejan huellas mnémicas en él, principalmente del objeto, que al unirse con las cantidades de excitación que pro­vienen de las vías de conducción corporales configurarán los deseos objetales.

Al nacer el deseo queda inaugurado el princi­pio de placer.

Se explica también en el «Proyecto» la actividad de pensa­miento, la defensa primaria, la defensa normal y patológica, y todo su esquema se hace más complejo paulatinamente. También Freud habla aquí de un yo, sede del proceso secundario, forma de inhibición de la alucinación (esta última propia del proceso primario), para lo que se necesita instaurar el principio de realidad, que de esta forma se genera.

Cinco años después, en La interpretación de los sueños (1900), se separa definitivamente del modelo anatómico pasando a hablar de tópica y lugares psíquicos virtuales (imaginarios).

El aparato psíquico que describe en el capítulo VII de esta obra es completado en 1915 en su célebre «Metapsicología».

Tiene el arco reflejo como base dinámica del esquema, el que posee a su vez una puerta de entrada y una de salida de la cantidad de excitación.

La cantidad de excitación penetra por el polo perceptual, deviene por un lado en quantum de afecto y es percibida como displacer en aquel, genera además una tendencia, que al irse ligando a representaciones, toma el nombre de deseo.

Tales representaciones son de dos tipos: representación-cosa primero y representación-palabra después, cuando el sujeto aprende el lenguaje. Gracias a las representaciones-palabra la conciencia conocerá a las representaciones-cosa y por lo tanto podrá pensarlas y eventualmente conducir la libido al polo motor, donde debe terminar el circuito con una acción específi­ca que descargue la pulsión en la fuente. Descarga que será, entonces, sentida por el polo perceptual como placer.

Todo esto ocurre en el caso de ser la pulsión aceptada por el preconsciente, o sea una vez superadas las censuras. En cuanto a las censuras existen tópicamente dos: la de represión, situada en el límite entre el Inc. y el Prec., es la que va formando el Inc. reprimido con las pulsiones de la sexualidad infantil que cul­minó en el complejo de Edipo y cuyos retoños (o sea deseos análogos o contiguos a los reprimidos e identificados por eso con ellos) son a su vez reprimidos, lo que genera los síntomas neuróticos, la angustia, los sueños, los actos fallidos en general, etcétera.

La segunda censura es consciente y refuerza a la primera.

Está basada en la sustracción de la investidura de atención Cc., y es la que el analista le pide al paciente que suprima para cumplir con la «regla fundamental» de la técnica psicoana­lítica.


Resumiendo: este nuevo esquema está compuesto por incons­ciente, preconsciente y consciencia. Al lnc., sede de los deseos infantiles reprimidos por la represión primaria (origi­nalmente, en la infancia), posteriormente se le van agregando los retoños análogos o contiguos, incluso opuestos y por eso identi­ficados con aquellos, por lo que pasan a ser reprimidos por la represión secundaria o represión propiamente dicha.

Ambas características (primaria y secundaria) corresponden a la repre­sión, primera forma lnc de censura que escinde al aparato psíquico en un lnc y un Prec. A ella se agrega como refuerzo, la segunda censura, consciente.

En el inconsciente (lnc.) hay representaciones-cosa. Entre ellas la energía fluye libremente (proceso primario) siguiendo las leyes de la asociación, buscando identidades de percepción y utilizando condensaciones y desplazamientos, para ello. Es el tipo de funcionamiento mental propio, pero no exclusivo, de los sueños.

Escindido del inconsciente merced a la represión está el preconsciente (Prec.), compuesto principalmente de representa­ciones-palabra, las que entre otras funciones representan a las representaciones-cosa ante la consciencia, lo que les da el nivel más alto de ligadura, con fuerte investidura y débil desplaza­miento, característica del proceso secundario, de la actividad de pensamiento, gracias a la cual también busca la identidad con lo deseado, pero ahora la identidad de pensamiento.

Las representaciones-palabra pertenecen al lenguaje, forma creada por el género humano para que lleguen los deseos a la consciencia (circunscribiendo ésta, como hace Freud, a un mero aparato perceptual), para lo que ésta lo único que debe agregar­le a ellas es una investidura de atención.

Por lo tanto si la palabra es el medio más idóneo para conocer los deseos, también será el medio elegido por la represión para su propio objetivo, que es el de desconocer. Utilizará las leyes de la asociación para reemplazar las representaciones-palabra ori­ginales por otras contiguas o análogas y así conseguir sustraer la investidura Prec a las representaciones que ahora pasarán al Inc. reprimido, o «al estado de represión».

Esta sustracción de investidura Prec será uno de los mecanis­mos de la represión secundaria o propiamente dicha, que junto a la atracción de la compulsión de repetición del Inc. y a la contrainvestidura (éste a su vez único mecanismo de la repre­sión primaria), son los otros mecanismos que forman parte de aquella, también traducida como «a posteriori de la represión».

La representación Prec. debe a su vez también vencer una censura consciente para poder ser hablada, expresada y regida más firmemente todavía por el proceso secundario, al tener la palabra emitida, incluso escrita, un efecto real, social, de comu­nicación.

Si no vence esta censura consciente, puede permanecer más en el terreno de la fantasía y acercarse a las representaciones mestizas entre Prec e Inc regidas por el principio de placer, pero con palabras y con cierta lógica del proceso secundario. Estas fantasías o sueños diurnos se pueden convertir rápidamente en retoños del Inc. y generar síntomas neuróticos, sueños, etcétera.

En el último artículo correspondiente a la metapsicología de 1915 al hablar del duelo y la melancolía aparece el tema de la identificación, que reaparece poco después como uno de los mecanismos generadores de la masa en Psicología de las masas y análisis del yo (1921).

En estas dos obras (Duelo y melancolía y Psicología de las masas y análisis del yo) reaparece, desplegándose más, el tema de la identificación y también el del yo, el que es constituido básicamente por aquella. En la segunda obra lo hace a través de la conceptualización del líder de la masa, así como del ideal del yo como una parte del yo diferenciada de él.

En 1920 expuso su segunda teoría pulsional, tratando de ex­plicar fenómenos repetitivos en la conducta de los pacientes, que pareciera funcionan no regidos por el principio del placer, sino más allá de él.

Todos estos factores, más la observación clínica de la resis­tencia inconsciente a la curación, van haciendo que el objetivo terapéutico se amplíe en adelante y sea importante no sólo hacer consciente lo reprimido, sino también lo represor.

Esto último, a pesar de ser desconocido por el paciente, no puede pertenecer sino al yo. Lo que lleva a replantearse o a complejizar el aparato psíquico, que ya no alcanza para explicar todos estos fenómenos.

Por lo pronto se hace imprescindible la descripción del yo como estructura y el hecho de que una parte importante de él sea inconsciente; por lo demás hay que dar cuenta del ideal del yo y de la consciencia moral, tan sobresaliente en algunos cuadros clínicos como la neurosis obsesiva y la melancolía.

En El yo y el ello (1923) se expone entonces la segunda tópica o teoría estructural. Ahora el aparato psíquico posee un ello inconsciente, con la salvedad de que no todo lo inconsciente está en el ello. En el ello están todas las pulsiones provenientes del cuerpo con sus representaciones-cosa, además de las tendencias heredadas filogenéticamente. Las representaciones-cosa repri­midas son solamente una parte del ello.

El yo surge en la periferia del ello, en el contacto de éste con la realidad. Se forma esencialmente de identificaciones con atributos de los objetos (primarias, esencialmente). El yo es la sede principal de las representaciones-palabra y del proceso secundario. Se rige, en su parte Prec., por el principio de realidad, realiza entonces el examen de la realidad, es también la sede del pensamiento el que posee, entre otras más, una función sintética, ésta debe hallar una síntesis entre amos opuestos a los que sirve permanentemente: las pulsiones, el superyó y la realidad. En esta difícil tarea se puede resquebrajar y producir las escisiones del yo. Tiene, hasta cierto punto, el control de la acción.

Hemos anticipado que una parte del yo es Inc. Dicha parte lo provee, merced a la ayuda del principio de placer por el que pasa a regirse (reprime o se defiende de las pulsiones, pues el poder sentir a éstas como propias lo angustia), de recursos defensivos ante la angustia señal que él mismo cultiva en su «almácigo» y emite como aviso del peligro que podría acarrear la satisfacción de las pulsiones provenientes del ello.

Otra parte del yo se escinde de él, lo observa, se le enfrenta, lo critica, vigila y castiga al yo, si éste no es como lo quiere el ideal. Esta parte, esta tercera instancia (superyó-ideal del yo) tiene un triple origen. Es la experiencia heredada de la especie que se repite de alguna manera (simbólicamente) en la experien­cia individual. En esta hipótesis filogenética Freud incorpora muchos de sus pensamientos acerca del origen de la comunidad humana (parricidio, prohibición del incesto, alianza fraterna, totemismo, etcétera).

Además de heredado, el superyó-ideal del yo resulta de la transformación, en el adulto, del narcisismo infantil, para el cual era yo todo lo placentero (básicamente, esta transforma­ción corresponde al ideal del yo, la segunda parte de la expresión compuesta, «superyó-ideal del yo»).

Por último, el superyó es de nuevo heredero, esta vez no de la especie, sino de la propia prehistoria del individuo, de su comple­jo de Edipo.

En él quedarán como precipitado las identificaciones secun­darias con los progenitores, ocupando el puesto principal el padre omnipotente de la infancia y sus sustitutos posteriores (maestros, guías espirituales, líderes de todo tipo).

Se constituye así la consciencia moral. Podríamos decir que el superyó está hecho de aspiraciones y prohibiciones. La conscien­cia moral prohíbe, básicamente, el incesto y el parricidio y sus derivados. El ideal del yo exige perfección, la perfección de la que gozaba el yo omnipotente de la infancia.

Tanto en forma filogenética como tópica el superyó enraíza en el ello. Se genera así el «sentimiento inconsciente de culpa», también llamado por Freud «necesidad de castigo», producto de la desmezcla pulsional generada por la desexualización de la pulsión sexual exigida por el ideal a través de la sublimación. En aquella «resistencia del superyó» (Inhibición, síntoma y angustia, 1925), el Destino con mayúscula pone a prueba todos los recursos terapéuticos del psicoanálisis.




  • Alcance de concepción genética, y cómo debe ser entendido el término historia en el marco teórico del psicoanálisis.

El concepto de historia incluye de por sí la noción de tiempo, pero no se trata de una temporalidad lineal donde lo ya ocurrido caduca, sino, por el contrario, un acontecer en el cual las vivencias del pasado, registradas bajo la forma de huellas mnémicas, tienen efectos sobre el presente.

Desde el comienzo Freud intenta estable­cer una sucesión de épocas en la infancia y en la pubertad y relaciona la elección de la neurosis con esta sucesión; se trata de una secuencia de acontecimientos que no guardan una correlación estricta con la cronología, sino que suponen distintos momentos en la estructuración del aparato psíqui­co.

Son momentos lógicos, no cronológicos y el pasaje de uno a otro de estos momentos, de un sistema a otro, se compara con una traducción.

La sucesión de acontecimientos eficaces en la historia determina una trama, guiada por dos vectores: el libidinal y el del yo, de cuyo entrecruzamiento derivan ciertos modos de estructuración del aparato psíquico.


  • Delimitación del concepto de pulsión

Debemos definir en primer término el concepto de libido y diferenciarlo del de pulsión. La libido no abarca todo el campo de las pulsiones ni tampoco es sinónimo de pulsión.

Si la pulsión se define como un concepto límite entre lo somático y lo psíquico, la libido pertenece exclusivamente al terreno psíquico.

En 1905 "Tres ensayos de teoría sexual", aparece el término libido describiendo un concepto cuantitativo variable que permite medir los procesos y las transformaciones de la excitación sexual.

Años más tarde define el concepto de la siguiente manera:
"En el psicoanálisis, libido significa en primer término la fuerza (concebida como cuantitativamente variable y mensurable) del las pulsiones sexuales... ". (Freud, 1924)
Ubicándonos dentro del campo más amplio de las pulsiones debemos establecer otras diferencias.

En "Pulsiones y destinos de pulsión" distingue entre pulsión y proceso somático. La pulsión incluye un proceso somático, pero no todo proceso somático es pulsional.

Son pulsionales aquellos procesos somáticos que requieren para la resolución del estímulo de una acción de descarga motriz específica, es decir, aquellos casos en que no son suficientes los procesos de alteración interna.

En cuanto al planteo que hace Freud acerca de si la pulsión es un estímulo, responde que sí lo es pero no de cualquier tipo.


Hay estímulos exteriores y otros que provienen del inte­rior del propio organismo.
* Los primeros operan como fuerza de choque momentánea, "de un solo golpe", y se resuelven mediante una única acción adecuada, que sigue el modelo del arco reflejo y que actúa según el mecanismo de la fuga.
* Los segundos provienen del interior del organismo; por lo tanto, no es posible el recurso de la huida; exigen para su supresión conductas más complejas.


  • La diferencia concep­tual entre pulsión e instinto

El instinto remite a automatismos heredados, a nociones preformadas en el sistema nervioso central. Es algo que está inscripto, grabado, incorporado en la materia viva como tal, y es desencadenado por una situación específica. Es también independiente de toda experiencia previa. A medida que avanza en la escala zoológica, el individuo está menos regido por lo instintivo y más a merced de la experiencia que pueda ir acumulando a través del aparato psíquico, al cual debemos entender como una estructura altamente diferenciada que actúa como mediador entre la excitación y la respuesta ante esa excitación.

El concepto de instinto referido a los seres humanos tiene en la obra de Freud múltiples referencias, que pueden apare­cer contenidas en términos diferentes: herencia arcaica, esquema congénito, vivencia de la especie. En todos estos casos alude a un factor que hace a la filogenia, que pone en cada individuo un sello igualador, una marca que lo determina como perteneciente a una especie. Se trata de un saber, de una preparación para entender, para ubicar la vivencia dentro de ciertos esquemas que son universales para el ser humano.

El término herencia arcaica si bien aparece como equiva­lente al de instinto en algunos textos de la obra freudiana, al profundizar en su categorización vemos que tiene un carácter más abarcativo. Por herencia surgen tanto el instinto como la pulsión; éste es el origen común a ambos; el instinto pone en cada individuo de la especie un sello igualador y genera desenlaces, resulta estructurante. La pulsión implica diferencias y constituye una exigencia de trabajo para el aparato psíquico.

El instinto constituye por un lado un conjunto de esque­mas formales universales que ordenan la especificidad de las vivencias individuales y por otro lado los contenidos que hacen al núcleo del inconsciente. Como conjunto de esquemas funciona como matriz, como molde a ser llenado por el vivenciar de la historia infantil. Un esquema instintivo como es cualquiera de las fantasías primordiales -escena prima­ria, seducción, castración- reordena formalmente la diver­sidad de las vivencias infantiles.

Por otro lado, las consideraciones freudianas acerca de lo instintivo como núcleo de lo inconsciente lo ubican como un conjunto de contenidos sobre los cuales recae la investidura pulsional proveniente de las fijaciones derivadas de la histo­ria libidinal de cada sujeto. Por lo tanto, cada una de las escenas que constituyen las fantasías primordiales puede aparecer expresada en el lenguaje del erotismo oral, anal o fálico según su predominancia.



PULSIÓN

Proceso dinámico consistente en un empuje (carga energética, factor de motilidad) que hace tender al organismo hacia un fin. Según Freud una pulsión tiene su fuente en una excitación corporal (estado de tensión): su fin es suprimir el estado de tensión que reina en la fuente pulsional; gracias al objeto, la pulsión puede alcanzar su fin. (Dic. Laplanche)
Es introducido en 1905 en relación con la sexualidad humana. En su estudio de las perversiones y de la sexualidad infantil, Freud se opone a la concepción de la época que atribuía a la pulsión sexual un fin y un objeto determinado; por el contrario su planteo enfatiza la variabi­lidad y contingencia del objeto a lo largo de la historia del individuo.

Describe en ese momento los tres elementos aso­ciados a la pulsión: fuente, objeto y fin. En 1915 introduce un cuarto elemento, la perentoriedad o esfuerzo al que conside­ra la esencia de la pulsión.




  • Por esfuerzo de una pulsión se entiende su factor motor, la suma de fuerza o la medida de la exigencia de trabajo que ella representa. Ese carácter esforzante es una propiedad universal de las pulsiones y aun su esencia misma. (Freud, 1915)

Los otros tres elementos quedan definidos en el mismo texto en los siguientes términos:




  • La meta (fin) de una pulsión es en todos los casos la satisfacción que sólo puede alcanzarse cancelando el estado de estimulación en la fuente de la pulsión.




  • El objeto de la pulsión es aquello en o por lo cual puede alcanzar su meta. Es lo más variable en la pulsión; no está enlazado originariamente con ella, sino que se le coordina sólo a consecuencia de su aptitud para posibilitar la satisfacción. No necesariamente es un objeto ajeno; también puede ser una parte del cuerpo propio.



  • Por fuente de la pulsión se entiende aquel proceso somático, interior a un órgano o a una parte del cuerpo, cuyo estímulo es representado en la vida anímica por la pulsión.

En 1920 define de esta manera la segunda teoría de las pulsiones:







Conservación de la especie
P. del YO

Interés

Conservación del YO

Egoísmo

  1. PULSIONES DE VIDA


Libido objetal
P. Sexuales
Libido Narcisista


  1. PULSION DE MUERTE


PULSIONES DE AUTOCONSERVACION
• EL HAMBRE

• LA RESPIRACIÓN

• LA MICCIÓN

• LA DEFECACIÓN

• LA SED
– NECESITAN UNA ACCION ESPECÍFICA para su satisfacción

– DE FORMA IMPERIOSA

– Su FIN es invariable.
Pulsión sexual
(Se apoya en las experiencias de la pulsión de autoconservación)


LOS REPRESENTANTES DE LA PULSION
Anteriormente hemos designado a la pulsión como concepto límite entre lo somático y lo psíquico. Desde lo somático se vincula con los fenómenos orgánicos que gene­ran magnitudes endógenas tensionantes de las que no es posible escapar y que deben hallar expresión en el psiquismo a través de ciertos delegados. Los mismos reciben el nombre de representantes de la pulsión; ellos son: el representante representativo o representación y el quantum de afecto. La representación corresponde al elemento ideativo y el afecto al cuantitativo o energético.

Representación
Freud en diversos trabajos postula la existencia de diferen­tes tipos de inscripción en el aparato psíquico, partiendo de las primeras huellas mnémicas hasta llegar a la constitución de la representación cosa, propia del sistema inconsciente, y finalmente la representación palabra constitutiva del preconsciente. Los diferentes tipos de inscripciones se organizan como estratos de huellas mnémicas. Estos estratos surgen en períodos sucesivos y se diferencian por su contenido y también por su organización formal, por el tipo de enlace que rige en cada momento.

Estas retranscripciones son descriptas jerarquizando en ellas los diferentes tipos de relación entre sus términos; de este modo es posible distinguir entre los diversos estratos por el criterio de reordenamiento, por la lógica imperante.

Cuanto más refinado el criterio de enlace entre las representaciones, mejor dominará el aparato psíquico la energía proveniente de las pulsiones.

Veremos cómo se va dando esa complejización en tiempos sucesivos a través de la inscripción de huellas mnémicas que corresponden en cada momento a un tipo de pulsión predominante, cuya fuente se encuentre en una determinada zona erógena.

Existen ciertas estructuras que se darán en tiempos lógicos sucesivos; este modo de complejización está dado por la especie, por lo filogenéticamente adquirido. Todo niño nace con la posibilidad de generar procesos mentales semejantes. Este modo de funcionar del aparato psíquico de acuerdo con determinadas leyes se da sobre la base de lo que Freud llama actos puramente psíquicos, procesos de pensamiento que no dependen de las vivencias.

Las diversas lógicas, es decir los tipos de enlace predominantes en cada momento de estructuración del aparato psíquico, son procesos de pensamiento, desplazamientos de libido que unen huellas mnémicas, de acuerdo con ciertas leyes como son la simultaneidad, la causalidad, la analogía. Estas leyes son las mismas para cualquier aparato psíquico; la organización de las vivencias sobre la base de esos esque­mas desemboca en las llamadas fantasías primordiales.




El afecto
El otro delegado pulsional ante el psiquismo (junto con la representación) es el afecto. Con anterioridad al surgimiento de las primeras huellas mnémicas provenientes de los registros preceptúales, el afecto aparece como primitiva forma de conciencia, cuyo despertar está ligado a los procesos más íntimamente conectados a Eros; se trata de un tempranísimo registro de la propia vitalidad de los procesos pulsionales. El afecto constituye entonces la primera trasmudación anímica de la pulsión como contenido primordial de la propia conciencia y de los intercambios con el mundo exterior.

El surgimiento de este primer componente psíquico es denominado por Freud neoformación e indica la salida de la predominancia del principio de inercia y de una mayor complejización en el terreno de Eros.

Afecto y pulsión tienen en común un aspecto cuantitativo derivado de una alteración orgánica. En el caso de la pulsión, la modificación orgánica está en relación con la fuente pulsional; en el caso del afecto, la alteración somática es producida por la descarga afectiva a través de la acción de cierto tipo de neuronas encargadas de inducir procesos vasomotores y secretores. Por otra parte, la diferencia fundamental entre ambos es que el afecto deriva de la pulsión y es susceptible de conciencia, por lo cual se transforma en repre­sentante de la pulsión misma.

En forma descriptiva podemos definir tres componentes del afecto: descarga, percepción de la descarga y matiz afectivo. De los tres, este último, el matiz, es el único pura­mente psíquico y, como hemos visto, de su registro en la conciencia depende que la misma no resulte inundada por factores cuantitativos. La conciencia sólo capta diferencias, cualidades, y cuando es desbordada por un afecto hiperintenso no es posible el registro del tono predominante.



Desde el punto de vista meta psicológico, Freud relaciona el concepto de afecto con el de instinto, como herencia filogenética.
Un afecto incluye, en primer lugar, determinadas inervaciones matrices o descargas; en segundo lugar, ciertas sensaciones, que son además de dos clases: las percepciones de las acciones matrices ocurridas, y las sensaciones directas de placer y displacer que prestan al afecto, como se dice, su tono dominante. Pero no creo que con esta enumeración hallamos alcanzado la esencia del afecto. En el caso de algunos afectos creemos ver más hondo y advertir que el núcleo que mantiene unido a este ensamble es la repetición de una determinada vivencia significativa. Esta sólo podría ser una impresión muy temprana de naturaleza muy gene­ral, que ha de situarse en la prehistoria, no del individuo, sino de la especie. Para que se me comprenda mejor: el estado afectivo tendría la misma construcción que un ataque histérico y sería, como éste, la decantación de una reminis­cencia. (Freud, 1916-17)
Debemos resaltar que Freud enfatiza el carácter heredita­rio de la capacidad psíquica para la reproducción de los afectos como símbolo mnémico. La primera forma en que la pulsión se conquista una cualidad es a través del afecto, que surge como transformación de la misma siguiendo determi­nadas matrices que son propias de la especie humana y que se trasmiten de generación en generación a través de la memoria genética.

DESTINOS DE PULSION
Freud se centra los destinos:


  • "Transformación en lo contrario"




    • lo refiere a Meta: activa o pasiva. (Sadismo – Masoquismo; Exhibicionismo - Vouyerismo)




    • lo refiere al Contenido: mudanza del amor en odio




  • "Vuelta hacia la propia persona" (cambio de vía del objeto, no cambia la meta)




  • Sublimación




  • Represión



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