EvaluacióN


Condiciones que debe reunir la evaluación



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Condiciones que debe reunir la evaluación





    1. Utilidad

La evaluación debe atenerse a las necesidades reales de los usuarios, de manera que la información que se presente y las recomendaciones que se ofrezcan permitan resolver eficazmente los problemas planteados y mejoren verdaderamente, tanto el proceso como los resultados.

    1. Viabilidad

Cuando el evaluador plantee sus estrategias debe cuidar que éstas no solo sean las mas adecuadas sino que, además, se puedan llevar de verdad a la práctica, sin demasiados problemas o dificultades. De nada sirve desarrollar sólidas tesis evaluadoras, si luego resulta que difícilmente puedan aplicarse a la realidad, bien por falta de instrumentos precisos, bien por la deficiencia del material, bien por la escasa preparación de los evaluadores o bien porque, sencillamente, los planteamientos no se adecuan a las características y condiciones del objeto.
    1. Precisión


Los resultados de la evaluación deben ser objetivos y creíbles. Para empezar, la persona o grupo de personas que desarrollan la evaluación deben ofrecer suficientes garantías de rigor, capacidad y objetividad porque, de lo contrario, los informes que presenten no serán bien aceptados por los interesados y, en consecuencia, difícilmente tendrán efectos prácticos en el proceso.

Por otra parte, los instrumentos que se manejen deben ser suficientemente precisos y validos para recoger la información pertinente.

Finalmente, la descripción de los resultados que conformará el informe definitivo deberá ser muy clara, comprensiva y completa, en el sentido de dar cuenta tanto del objeto como de su contexto, sin olvidar explicar detalladamente los procedimientos utilizados, los propósitos y los mismos resultados. Todo ello con el fin de que los interesados dispongan de la máxima información y comprendan perfectamente, todo el proceso seguido y los resultados alcanzados.


    1. Transparencia y honradez

Si se parte decididamente de la idea central de que la evaluación es, sobre todo, un proceso de ayuda para mejorar los procesos y los resultados, está claro que en ningún momento se puede caer en el “ocultismo” o en la desinformación. Todo lo contrario: todo lo que se haya hecho durante el proceso de evaluación debe ser conocido y compartido por los implicados, sin ocultar ningún tipo de dato ni información.

Debe tenerse presente que el objetivo más importante consiste en favorecer los intereses de los implicados y eso sólo puede conseguirse cuando se actúa con rigor, con transparencia y con honradez.


  1. Características de la evaluación

    1. Integrada, de manera que constituya una fase más de todo lo que conforma la programación y el desarrollo del currículo.

    2. Formativa, ya que su objetivo princi­pal consiste en perfeccionar y enriquecer tanto el proceso como los re­sultados de la acción educativa. La evaluación alcanza así un valor educativo propio que se basa en la posibilidad de enriquecer con su información continua y sus juicios de valor respecto del proceso, a to­dos los usuarios del sistema y al propio sistema.

    3. Continua, de manera que sus efectos no se conozcan sólo al final, al contrastar los resultados conseguidos, si­no durante todo el proceso educativo. Si no fuera así, no podrían to­marse decisiones en el momento oportuno, sin esperar al final, cuando muchas veces ya no es posible corregir el fallo que se produjo mucho antes. El carácter permanente y estable de la evaluación proporciona una continuidad al proceso que garantiza un progreso constante en di­rección a los objetivos señalados.

    4. Recurrente, en el sentido de reincidir, a través de la retroalimentación o feed-back, sobre el desarrollo del pro­ceso, perfeccionándolo de acuerdo con los resultados que se van alcanzando.

    5. Criterial, lo cual supone formular pre­viamente unos objetivos educacionales que iluminen todo el proceso y permitan evaluar con rigor los resultados. Si no existen criterios pre­vios, la evaluación no existe, ya que pierde todo punto de referencia y entra de lleno en la anarquía, indefinición y ambigüedad.

    6. Decisoria, ya que los datos e informaciones debidamente tratadas e interpretadas, facilitan la emisión de juicios de valor que, a su vez, propician y fundamentan la toma de decisiones. La evaluación actual exige acción y compromete a los responsables, a fin de que tomen las decisiones oportunas para mejorar el proceso y los resultados. Ese carácter activo de la evaluación debe ser tenido muy en cuenta, si se quiere avanzar en la vía del progreso.

    7. Cooperativa, en cuanto afecta a un conjunto de usuarios que deben participar activamente en cada una de las fases del proceso.




SECCION II:


LA EVALUACIÓN DE LOS APRENDIZAJES




10.003. La evaluación de los aprendizajes
El objetivo de cualquier proceso de enseñanza es conseguir que todos los alumnos aprendan de forma significativa. Sin embargo esto no siempre ocurre. A través de una misma propuesta de enseñanza, los estudiantes no progresan de la misma manera ni al mismo ritmo.

Dado que cada alumno construye su propio conocimiento y que en esta elaboración juegan un papel muy importante sus ideas previas, sus formas de razonamiento, sus vi­vencias personales y su interacción con el medio cultural, el grado de elaboración del nuevo conocimiento variará en cada uno de ellos. Por lo tanto, si se quiere atender a la diversidad que, en general hay en un aula, se debe adecuar el proceso didáctico, a los progresos y procesos de aprendizaje observados en los estudiantes. Cualquier metodología constructivista debe basarse en el “principio de ajuste de la ayuda pedagógica”, a la actividad del que aprende.

Esto significa que enseñar y aprender supone un proceso de regulación continua de los aprendizajes. Regulación, como adecuación de los procedimientos utilizados por los docentes a las necesidades y dificultades que los alumnos encuentran en su proceso de aprendizaje (y que se detectan al evaluar). Continua, porque esta regulación no es un momento específico de la acción pedagógica, sino que debe ser uno de sus componen­tes permanentes.

Habitualmente se tiene una visión restringida de la función que tiene la evaluación en los procesos de enseñanza y de aprendizaje; se acostumbra a identificarla con un exa­men, acto administrativo poco estimulante para alumnos y docentes. Acreditar el desempeño del alumno es un aspecto de la evaluación en el aula, pero no puede ser el único ni el privilegiado, ya que esto supondría empobrecer las posibilidades pedagógi­cas que ella ofrece. Pero, ¿no es posible generar prácticas evaluativas útiles para el docente en su actuación, gratificantes para los alumnos en su aprendizaje y que oriente a ambos en el proceso?

La necesidad de cambiar los puntos de vista sobre la evaluación de los aprendizajes

Diversas investigaciones realizadas en diferentes contextos y niveles educativos han de­mostrado que la evaluación de los aprendizajes, presenta rasgos recurrentes:





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