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Algunos retos e implicaciones en el papel del profesor universitario


El análisis anterior conlleva toda una serie de retos e implicaciones para cualquier profesional que opere en el entramado complejo, hoy, del proceso enseñanza-aprendizaje, con independencia del nivel educativo en el que se inscriba.

En nuestro caso, centraremos la mirada en el profesor universitario, profesional, si cabe, sumamente afectado en el nuevo escenario por múltiples razones, que en este momento obviamos. Desde esta lógica, pues, queremos relanzar dichas implicaciones y retos en torno a tres apartados de suma relevancia desde la dimensión pedagógica, a sabiendas de ser simplistas13.


    1. En relación con sus roles y competencias profesionales


Si tenemos en cuenta tanto lo anterior y consideramos las NTIC, no cabe duda que el papel del profesor queda trastocado, por no decir radicalmente transformado. Obviamente, no puede afirmarse que el mismo desaparezca como “medio pedagógico” (Cruz, 1995; Escolano, 1997), aunque algunos posmodernos lo hayan querido profetizar. “La era del profesor agoniza entre las nuevas redes de memoria y los juegos de lenguaje que los cibernautas ensayan, que los roles docentes clásicos no sólo están cuestionados, sino que pueden ser deslegitimados” (Lyotard, 1984). Optamos por el reconocimiento de una nueva posición de “maestro de obra de la dinámica del aprendizaje” (Arnoud, 1996:12). Las posibilidades formativas de las NTIC permiten liberar al profesor de las tareas repetitivas, estrictamente informacionales, reconvirtiéndoles -que no disminuyéndoles- dentro del proceso enseñanza-aprendizaje. La tutorización, la orientación, la motivación, la programación, la evaluación cobran nuevo protagonismo. La dinámica relacional se proyecta en esta dirección y no tanto en la transmisión. El papel en la estrategia se modifica, no desaparece; consecuentemente nuevos roles emergen: instructor, tutor, ingeniero pedagógico, experto tecnológico, administrador, documentalista, evaluador, grafista, editor de documentos (Thacth y Murphy, 1995:62),

En este estado de cosas, hemos de considerar al profesor como:



  1. Programador, director y coordinador de procesos de aprendizaje con medios interactivos. Si bien las NTIC permiten enseñar a los usuarios a seguir autoaprendiendo mediante el uso inteligente de estas, cierto es también que debido al tipo de conocimientos, procedimientos o destrezas y a los propios condicionantes de los alumnos, las mismas resultarán insuficientes y se precisarán de recursos humanos para desarrollar tal proceso. Concretamente el profesor deberá dirigir y coordinar dicho proceso y conseguir que cada alumno tenga meridianamente claro como autorganizar su trabajo, que objetivos alcanzar, como explotar al máximo las posibilidades del medio.

  2. Transmisor de información e impulsor de la ejercitación de conocimientos, procedimientos y actitudes. Aunque el alumno haya recibido información y se haya ejercitado con los medios, la función del profesor se polariza en la dirección de ampliar la información, si fuese necesario, contextualizar la misma, presentando situaciones comunicativas que no son posibles reproducir con las tecnologías empleadas, ejercitar y aplicar lo aprendido en un contexto o interacción más allá de las posibilidades de los medios, sobre todo si afecta al entorno social o al mundo actitudinal.

  3. Motivador y como lazo de conexión entre los objetivos a alcanzar y el alumno. El propio medio utilizado puede disponer de toda una gama de elementos motivadores que consiguen llamar la atención y propiciar la participación activa de los usuarios. En este contexto, el profesor debe informar a los alumnos sobre las posibilidades del medio en relación con sus necesidades, sus intereses y su nivel formativo, delimitar lo objetivos a conseguir con el medio y ejercitar a cada alumno en la metodología más apropiada para obtener el máximo provecho de los medios empleados. En este caso, estamos aludiendo al profesor como tutor del autoaprendizaje a través de los medios.

Por tanto, el profesor sigue siendo un elemento clave en la mediación, pero considerado en un contexto concreto de exigencia de nuevas modalidades organizativas, posibilitadas e integradas por los medios en interacción con los alumnos como protagonistas y mediadores de su propio aprendizaje. Más aún, “el formador desde esta perspectiva, será un profesional que ha firmado un compromiso ineludible con el cambio; es decir, es un actor en el escenario de las innovaciones. Siendo este el compromiso, la sociedad tiene que disponer de “actores” reflexivos en la escenificación del papel que como formadores le corresponde. Sólo desde aquí, desde la deliberación, la reflexión y la investigación, las acciones formativas dispondrán de profesionales capaces de impulsar sin tregua la innovación” (Ferrández, 1996:50).

En la línea del mismo autor, no proponemos que el profesor se adecue al uso de las NTIC para tener éxito en su trabajo como mediador en un contexto cambiante, aunque estudiado y conocido. Abogamos por un profesor que sea innovador capaz de “hacer saber” en este campo de recursos. “Tiene la obligación deontológica de “viajar” dentro de las posibilidades didácticas de las redes y generar nuevas posibilidades de enseñanza y aprendizaje” (Ferrández, 1996:50). En esta situación se tendrá que abogar por el dominio de nuevas competencias profesionales que garanticen tanto el saber, como el saber hacer, el saber estar y el hacer saber.

Con el nuevo protagonismo como profesional14 necesita nuevas competencias (saberes: saber, saber hacer, saber estar y saber ser) para desenvolverse adecuadamente en tales contextos complejos, donde la reflexividad y la indagación deben ser unas de sus pautas fundamentales de actuación frente a la rutina.15. En este sentido, brevemente podemos apuntar en torno a competencias tecnológicas (saber hacer o utilizar las herramientas de las nuevas tecnologías educativas), competencias sociales y de comunicación (feed-back, procesos de grupo y trabajo en equipo, negociación, relación interpersonal, saber-hacer social y comportamental), competencias teóricas (nuevos conocimientos y nuevas teorías del aprendizaje en situaciones profesionales), y competencias psicopedagógicas (métodos de enseñanza con la ayuda de herramientas multimedia informatizadas, métodos de tutoría y monitorización en situación de autoformación, orientación profesional, técnicas de desarrollo profesional, métodos de individualización del aprendizaje, etc.).

En este punto, queremos destacar lo apuntado por Guir (1996:65) relativo al impacto de las NTIC sobre las competencias del profesor. Alude a dos tipos de consecuencias: “de una parte la aparición de nuevas competencias específicas en el dominio de la tecnología, de la teoría y de la psicopedagogía; de otra la modificación de todas las competencias en materia de comunicación-animación y de psicopedagogía”.







Categorías de competencias genéricas del formador







Competencias tecnológicas

Competencias de comunicación animación

Competencias teóricas

Competencias psicopedagógicas

Aparición de nuevas competencias en el contexto de las NTIC

  • Las NTIC (competencia cognitiva)

  • Saber-hacer/utilizar las herramientas de tecnología educativa




  • Bases de datos y bases de conocimientos (competencia cognitiva)

  • Métodos de enseñanza con la ayuda de herramientas multimedia informatizadas (saber + saber-hacer).

  • Métodos de tutoría y de monitorización en situación de autoformación multimedia (saber + saber-hacer)

Modificación de competencias en el contexto de las NTIC




  • Aptitudes y capacidades:

  • Feed-back

  • Procesos de grupo y trabajo en equipo

  • Negociación

  • Relación interpersonal

(saber-hacer social y comportamental)

(metacompetencias)

  • Capacidades y aptitudes en materia de orientación profesional, de explicación de modelo teórico, de técnicas de desarrollo personal y de formación, de métodos de individualización del aprendizaje y de secuencias individuales de enseñanza

(saber y saber-hacer)

Categorías de competencias genéricas del profesor (a partir de Guir, 1996:61)

La tabla anterior es ilustrativa de este planteamiento en la que quedan integrados los diferentes tipos de saberes (conocimientos, procedimientos y actitudes). Una lectura somera de la misma nos indica que el impacto de las NTIC incide fundamentalmente en los saberes procedimentales (conocimientos) y saberes hacer procedimentales (procedimientos), con incidencia específica en los saberes ser y estar sociales (actitudes)

En síntesis, de alguna forma estamos apuntando a un perfil profesional (Sangrà, 2001) en la línea de un profesorado: a) más colaborador que solitario, b) tendría que fomentar/promocionar la participación, c) tendría que reconocer/aceptar el hecho de que ya no tiene la posesión del conocimiento, d) con habilidades organizativas importantes, e) abierto a la experimentación, y f) con la capacidad/habilidad de modificar su metodología.



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