Estratégias didácticas más eficientes y efectivas en el desarrollo del Curriculum



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La revolución tecnológica


Sobre todo con las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación, ha permitido que estemos ante la sociedad de la información, sociedad del conocimiento, sociedad informatizada como metáforas bien ilustrativas de la situación actual. La aldea global en claves de McLuhan es un hecho. Su presencia y utilización obligan a modificar conceptos básicos, como por ejemplo, espacio y tiempo, incluso, la misma noción de realidad.6 Pero más allá de sus ventajas (democratización igualdad de oportunidades ante la información a través de los diferentes medios de comunicación, autopistas, etc. el poder del intercambio comunicativo en tiempo real, mestizaje cultural,...) también se advierten algunos riesgos (apertura, saturación informativa, desprotección ciudadana, información-publicidad-propaganda, la manipulación inadvertida, difusión de estereotipos, conocimiento fragmentado, pasividad y aislamiento virtual, etc. (Pérez Gómez, 1998). Esto nos lleva a pensar en la revolución tecnológica en claves de progreso y si éste es un progreso incluyente o excluyente. La clave parece estar en la educación. Con independencia ahora del papel de las NTIC en la educación, no cabe duda, en claves de Fuentes, “La educación como base del conocimiento. El conocimiento como base de la información. La información como base del desarrollo” (1997:39). Pero advierte el autor que el circuito a veces se entorpece o deforma, no siendo pocas las que se hacen intencionadamente. “Demasiadas veces, la educación sólo sirve de base a la información, sin que medie el conocimiento que es garantía de solidez científica, imaginación artística, inteligencia moral. Muchas veces, la información cree bastarse a sí misma y a partir de su orgullo hueco nos engaña haciéndonos creer que porque recibimos mucha información estamos bien informados, cuando en realidad abundancia no significa calidad: consumimos basura en abundancia, eso sí, pero este tipo de información nos vuelve más ignorantes y menos educados” (Fuentes, 1997:39-40).
    1. La incertidumbre valorativa


Sin duda, esta es una de las características igualmente significativas de la situación social general como consecuencia de la pérdida de referentes, o por el contrario también por la multiplicidad de referentes específicos, igualmente legítimos, pero insuficientes desde la óptica global. Pérez Gómez (1998:116 y ss.) nos realiza una buena síntesis sobre este fenómeno. Concretamente nos apunta que estamos ante un eclecticismo acrítico y amoral7, donde prima el pensamiento único, amorfo y débil, individualización y debilitamiento de la autoridad, importancia suprema de la información como fuente de riqueza y poder8, mitificación científica y desconfianza en las aplicaciones tecnológicas, la paradójica promoción simultánea del individualismo exacerbado y del conformismo social, la obsesión por la eficiencia, concepción ahistórica de la realidad, primacía de la cultura de la apariencia, el imperio de lo efímero en el paraíso del cambio, mitificación del placer y la pulsión como criterios del comportamiento correcto, el culto al cuerpo y mitificación de la juventud, la emergencia y consolidación de los movimientos alternativos.

Pero ante esta situación también conviene posicionarse y habrá que cifrar algunos valores, si se quiere con carácter universal, capaces de asumir la diversidad contextual-cultural. En este sentido, apuntamos la igualdad, la solidaridad, la democracia, la tolerancia y respeto a la diferencia, por cifrar algunos.


  1. Significado del cambio en el contexto educativo


Dentro de esta situación general, no cabe duda que la educación queda trastocada. De hecho, como nos destaca Brunner (2000) las transformaciones más relevantes en el terreno educativo tienen que ver con que:

  1. El conocimiento deja de ser lento, escaso y estable. Por el contrario, está en continua y progresiva expansión y renovación. La velocidad del cambio instalado en nuestra sociedad afecta directamente al conocimiento, tanto en su producción (nuevos conocimientos) como en su valía y permanencia. De hecho, tan destacable es, desde esta lógica, la producción como la caducidad del conocimiento. Es decir, la producción misma de un conocimiento lleva consigo la caducidad de otros, como mecanismo superador de la anarquía y la proliferación sin más. Este hecho tiene serias repercusiones en lo educativo, en la medida en que la formación opera con el conocimiento ha de plantearse qué contenidos seleccionar, con qué criterios (actualidad, valía, relevancia, etc.) y que sistemas activar para su renovación o integración de los nuevos, para superar los planteamientos anacrónicos en los que es fácil recaer. Sobre ello volveremos posteriormente.

  2. La institución educativa deja de ser el canal único mediante el cual se entra en contacto con el conocimiento y la información. Hoy día existen otros medios (medios de comunicación, TIC), más potentes e incluso menos costosos, para entrar en contacto con el conocimiento. Si bien podemos considerar sus ventajas (más información, mayor calidad de presentación y mayor velocidad de transmisión), no hay que olvidar un serio problema añadido: la saturación informativa. En este contexto la institución educativa no puede competir directamente, pero ello no quiere decir que quede vacía de contenido o actividad, tendrá que cambiar de papel y de objetivos. Podría apuntarse en esta dirección, dadas las limitaciones, que habrá de integrar o actuar “al lado de” los nuevos medios, cobrando protagonismo en los procedimientos y las actitudes, en apostar por el “aprender a aprender”, ofreciendo criterios (valores) en relación a la información a trabajar, su selección y discriminación en medio de la tempestad informativa.

  3. La palabra del profesor y el texto escrito dejan de ser los soportes exclusivos de la comunicación educacional. Esto no es más que una consecuencia de lo apuntado con anterioridad. Quiere ello decir que habrá que indagar sobre nuevas metodologías y estrategias de enseñanza-aprendizaje. Es más, la propia institución educativa en la medida en que debe integrar los nuevos cambios tecnológicos (como lo han hechos otras instituciones, las empresas, por ejemplo), deberá propiciar nuevos espacios y tiempos formativos, implicando en ello nuevos recursos y medios9. Con ello, también estamos apuntando que automáticamente hay que superar (no necesariamente eliminar) las tecnologías tradicionales de enseñanza-aprendizaje (pizarrón, retroproyector, textos impresos, audiovisuales, etc.) e integrarlos con las NTIC. Hoy día, con la presencia en las aulas de Internet, por ejemplo, sobre todo en los países desarrollados, no tiene mucho sentido la exclusividad del profesor y del libro de texto en los planteamientos educativos. Ello conlleva igualmente la adopción de nuevos roles y funciones de este profesional, sobre lo cual también repararemos con posterioridad.

  4. La escuela ya no puede actuar más como si las competencias que forma, los aprendizajes a los que da lugar y el tipo de inteligencia que supone, pudieran limitarse a las expectativas formadas durante la Revolución Industrial. Es decir, la revolución tecnológica y la apertura a lo global lleva a replantearse nuevas competencias y destrezas que las sociedades deben enseñar y aprender. Dicho de otra forma, de competencias de ejecución, provocadas por la impartición de conocimientos prácticos de ejecución, desde una lógica funcionalista, de formación en las aulas, hemos de pasar al desarrollo de competencias de concepción y acción mediante la integración tanto de competencias técnicas, sociales y metodológicas, bajo una organización de situaciones de aprendizaje entre la teoría y la práctica, donde la complejidad y la articulación de los lugares de formación cobran protagonismo. Esto cobra más sentido, si cabe, en los planteamientos no formales de educación, aunque también es asumido por la propia educación formal, sobre todo en educación secundaria y superior desde la lógica de la formación profesional. Como consecuencia de ello, habrá que articular procedimientos y sistemas combinados que aproximen al centro de formación al centro de trabajo y paralelamente formaciones a distancia incluyendo dispositivos multimediales y multirecursos. En otras palabras, todo lo opuesto a lo que propugna la educación masiva y estandarizada (aunque esto valdría para el curriculum común, básico y obligatorio)10.

  5. La educación deja de identificarse exclusivamente con el ámbito estado-nación e ingresa en la esfera de la globalización. Como hemos destacado anteriormente, el cambio producido en la esfera de lo educativo, tanto en sus formas (modalidades) supera con creces, primero, los límites de la escuela, para después superar las fronteras nacionales. Si durante un tiempo la esfera estatal lo llenaba todo como el principal mecanismo de integración social (socialización) dentro de los límites nacionales, hoy día estos límites quedan difuminados. Pero curiosamente se producen fenómenos educativos, al menos, en una doble dirección; de un lado, la globalización, con su referente de mundialización del conocimiento, provoca políticas educativas transnacionales, con la consecuente pérdida de soberanía de los Estados11; de otro, la propia descentralización educativa conlleva la emergencia de lo local que se encuentra forzado a entrar en contacto con lo global, si no quiere perder protagonismo, al verse abocadas a competir en términos de capital humano y desempeño educacional.

  6. La escuela deja de ser una agencia formativa que opera en un medio estable de socialización. Uno de los aspectos más significativos de la sociedad actual, consecuencia de la globalización, de la revolución tecnológica y de la multiculturalidad, es la ausencia de referentes comunes, o la proliferación de referentes. Ello provoca una incertidumbre o ambigüedad valorativa sin parangón a lo largo de la historia. Bajo el paradigma de la complejidad12, la escuela no puede ser una institución estable de socialización, cuando compite con otros medios de socialización con otro tipo de referentes y valores, a veces antagónicos con los de ella aún más, como algunos sostienen la sociedad actual presenta uno de los problemas más serios en la formación del ciudadano, cual es el “déficit de socialización”. “Vivimos, pues, en un periodo en el cual las instituciones educativas tradicionales, -particularmente escuela y familia- están perdiendo capacidad para transmitir eficazmente valores y pautas culturales de cohesión social” (Tedesco, 1995:36), y este déficit no lo cubren los medios de comunicación social, más bien todo lo contrario, lo acrecientan.


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