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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

FACULTAD DE HUMANIDADES Y DE EDUCACIÓN

ESCUELA DE PSICOLOGÍA

DEPARTAMENTO CLÍNICA DINÁMICA



Profesora: Autores:

Neugim Pastori Jugo, C

Loreto, F.

Sarramera,M.A.

Caracas, mayo de 2012

INDICE

INTRODUCCIÓN …………………………………………………………………….

3

Identidad en el adolescente ………………………………………………………...

3

Factores que influyen en el ejercicio de la sexualidad …………………………...

5

Desarrollo psicosexual de la adolescencia Primera Fase de 10 a 14 años ……

6

Segunda Fase de los 15 a los 19 años ……………………………………………

8

Conflictos Psicosexuales desde un enfoque psicoanalítico e inicio de las relaciones de pareja …………………………………………………………………

9

Conducta sexual ……………………………………………………………………..

11

Estereotipos de género en la adolescencia ………………………………………

12

Roles de Género en los adolescentes …………………………………………….

16

CONCLUSIONES ……………………………………………………………………

20

REFERENCIAS ………………………………………………………………………

21






La adolescencia es una etapa relevante en el ciclo evolutivo de las personas, donde se fijan una serie de procesos como la identidad y la sexualidad, además es la entrada del niño al mundo del adulto, la concentración de pensamientos confusos, libido flotante y pulsiones desbordadas. Implica cambios físicos y emocionales para los propios adolescentes y también cambios en la organización y relaciones familiares, y distintas etapas, la cuales traen consigo sus peculiaridades.

Considerando los puntos anteriores, se pretende realizar una aproximación teórica a la sexualidad en la adolescencia, de acuerdo al conjunto de factores que interactúan para formar la identidad del adolescente, como la intervención de los padres y la influencia de los medios, así como los términos psicoanalíticos que explican las conductas del adolescente, especialmente la reedición del complejo de Edipo, atendiendo a las situaciones de duelo que se viven en esta etapa, en el momento en que se inicia la separación de los padres para su propia autonomía. Adicionalmente, se hace una evaluación de la construcción subjetiva del género, y cómo esto conduce a la repetición de conductas de riesgo, principalmente el embarazo, las enfermedades de transmisión sexual, y por supuesto, el inicio temprano de las relaciones sexuales, subrayando la importancia del juego de roles en estas conductas.

II. IDENTIDAD EN EL ADOLESCENTE

La sexualidad es el conjunto de características biológicas, psicológicas y socioculturales que permite entender el mundo y vivirlo como hombres o mujeres; forma parte de la personalidad e identidad, y es una de las necesidades humanas que se expresan mediante el cuerpo; es un elemento fundamental en la femineidad o masculinidad, de la autoimagen, de la autoconciencia, del desarrollo personal y estimula las necesidades de establecer relaciones interpersonales significativas con otros (Wilson, 1977, c.p. Monroy, 2002).

La identidad sexual está conformada por tres elementos: la identidad de género, el rol o papel de género y la orientación sexual. Por lo tanto, la identidad de género, es el aspecto psicológico de la sexualidad, el sentirse hombre o mujer manifestado externamente por el rol o papel de género que se entiende como “todas las conductas que una persona hace o dice para indicar a otros y/o a sí mismo, el grado en que es hombre, mujer o incluso ambivalente (Money, 1965, c.p. Monroy, 2002). La orientación se refiere a la atracción, gusto o preferencia de la persona para elegir compañero sexual.

Por otra parte, las distintas tareas evolutivas que ha de afrontar el adolescente, se sintetizan en la formación y consolidación de un sentido de identidad personal al final de la adolescencia; por tanto, la crisis de identidad se orienta hacia un modo adaptativo cuando se logra un ajuste satisfactorio entre la autodefinición personal y los roles sociales que el sujeto desempeña (Zacarés, Iborra, Cuéllar, Tomás, Serra y Desfilis, 2009).


El adolescente experimenta un sentimiento de identidad de manera progresiva entre aquello que ha llegado a ser durante los años de la infancia y lo que pudiera lograr ser en el futuro; entre lo que piensa que es y lo que percibe que los demás ven en él y esperan de él. Esta identidad resulta todavía tentativa, pero constituye ya la base para las posteriores reformulaciones durante los años adultos (Zacarés y otros, 2009).
Se pudieran precisar cuatro estatus de identidad, de acuerdo a la cantidad de exploración y compromiso que el adolescente está experimentando o ya ha experimentado, cada uno de ellos representa un estilo particular de afrontar las tareas asi como de establecer y revisar el propio sentido de identidad personal. El primero de estos estilos es la difusión de identidad, que describe a aquel adolescente que no ha realizado ningún compromiso y que tampoco ha explorado entre diferentes alternativas relevantes. El segundo, la cerrazón, implica que el adolescente se ha apropiado de un compromiso sin exploración, mediante la adopción de los roles y valores de figuras de identificación temprana como los padres. Por último, para la situación moratoria, el adolescente está en un estado de exploración activa y no ha efectuado compromiso alguno o al menos éste no aparece como demasiado intenso. Entonces el logro de identidad significa que el adolescente ha concluido un período de exploración y ha adoptado una serie de compromisos relativamente estables y firmes (Marcia, 1993 c.p Zacarés y otros ,2009).
Para lograr la autonomía de adolescente y el establecimiento de su identidad, se espera que se elabore un estilo de logro de identidad y moratoria, puesto que están asociados generalmente a características positivas (altos niveles de autoestima, autonomía y razonamiento moral) mientras que cerrazón y difusión están asociados a características negativas como bajos niveles de autonomía y razonamiento moral y mayor grado de convencionalidad y conformismo (Marcia, 1993 c.p Zacarés y otros ,2009).
III. FACTORES QUE INFLUYEN EN EL EJERCICIO DE LA SEXUALIDAD

Influencias de los padres: el papel de los padres en la socialización sexual de sus hijos no se ha tomado mucho en cuenta, tal vez debido a que generalmente hay poca comunicación en los temas sexuales. Los programas de educación de la sexualidad deben involucrar a los padres de familia, para fomentar la posibilidad de poder dialogar con los hijos sobre estos temas (Velasco y cols., 1993, c.p. Monroy, 2002).

Influencia de los pares en edad: con respecto a la iniciación de las relaciones sexuales, la influencia en los conocimientos actitudes y conductas de los compañeros es importante, según estudios en EEUU., la información dada por los compañeros de la misma edad es más confiable y creíble para los adolescentes en comparación con la brindada por personas mayores o adultos (Katchadourian, 1990, c.p. Monroy, 2002).

Los medios de comunicación: la información sexual hoy en día, tanto explícita como implícita, se encuentra al alcance de los adolescentes en materiales pornográficos, revistas, videos, periódicos, radio, televisión, en paneles, mesas redondas y otros programas científicos culturales e incluso en internet. Debido a este bombardeo de información, si los adolescentes no poseen una base sólida, conformada por una oportuna y adecuada información sexual y roles bien definidos, podrán confundirse respecto al ejercicio de la sexualidad, debido a que son muy vulnerables en esta etapa de transición (Monroy, 1978, 1985) (Velasco y cols., 1993, c.p. Monroy 2002).

Por su parte, en la religión, los valores sexuales están íntimamente ligados a la filiación religiosa, la cual generalmente está atada al conservadurismo y a la restricción. Lo importante en este punto, es el grado que el adolescente se sienta comprometido con sus enseñanzas, y más si se entremezclan con la imagen y la aceptación materna (Monroy, 2002).



Otros factores: la educación, el empleo, la situación social y económica, las políticas gubernamentales, las características de personalidad, la coerción física o psicológica, el uso de fármacos y alcohol (Monroy, 2002).

IV. DESARROLLO PSICOSEXUAL EN LA ADOLESCENCIA

4.1 Primera Fase de 10 a 14 años

La búsqueda de la independencia, autonomía y propia identidad de los adolescentes se manifiesta con sus conductas de rebelión a todo lo que significa autoridad. El lenguaje, modo de vestir, de actuar se modifica; en las muchachas se acentúa el arreglo personal y en los varones lo contrario, los adolescentes tempranos se refugian en su grupo (para poder separarse de la dependencia del núcleo familiar), en amigos íntimos, generalmente del mismo sexo. Al reeditarse los elementos edípicos, ahora con posibilidades reales de consumarse el incesto, los adolescentes deben desprenderse para salir a buscar su objeto amoroso fuera de su círculo familiar (Monroy, 2002).

La adolescencia temprana se inicia con los cambios anatómicos y fisiológicos que son propios de la pubertad, experimentan una gran curiosidad por la aparición de las características secundarias del sexo, y la preocupación por los cambios corporales exteriores físicos; también se despierta un sentido de competencia (en relación al desarrollo físico), lo cual sumado a la no adecuación de los modelos ideales de los medios de comunicación a la autoimagen de los adolescentes, conlleva a sentimientos encontrados y facilita la baja del autoconcepto y la autoestima (Monroy, 2002).

La isofilia (grupos de pares del mismo sexo y edad) apoya al adolescente a que logre mayor socialización, el grupo refleja la manera en que otros adolescentes como él/ella son, y esto lo ayuda a afirmar su identidad. Se observa que en la adolescencia temprana los grupos son del mismo sexo, pero luego pasan a ser grupos mixtos (Cora, 1978, c.p. Monroy, 2002).

En la pubertad, la erección y la lubricación vaginal ya están establecidas (Katchadourian, 1992, c.p. Monroy, 2002). La autoerotización aparece tanto en la niñez, la adolescencia, y demás etapas de la vida; pero en la adolescencia temprana se da a través de la búsqueda de satisfacción y placer sexual así como de descarga tensional, y aunque en las mujeres es más inhibida que en los varones por razones culturales y sociales, es parte necesaria y natural del desarrollo, pues al conocerse a sí mismo en la propia respuesta sexual, en el futuro se puede compartir y disfrutar con la pareja. De igual forma, en este momento aparecen fantasías eróticas con el mismo sexo o el contrario, lo cual se ve matizado por el aislamiento típico de esta edad. Tal actividad es parte del desarrollo sano, pero puede vivirse con angustia si los y las adolescentes la asocian con culpas y tabúes aprendidos de las diversas religiones (Monroy, 2002).

En el desarrollo de la identidad sexual en la adolescencia, se observa la amistad íntima con alguien del mismo sexo o edad, que le permite verse en el otro como en espejo a sí mismo lo que contribuye al entendimiento de aspectos propios; sin embargo, esta relación se manifiesta muchas veces con celos, posesión, lealtad, fidelidad, en general, es una etapa caracterizada por la incertidumbre (Monroy, 2002).

Por otro lado, las prácticas o juegos adolescentes entre personas del mismo sexo se caracterizan por la manipulación de los genitales, besos (raras veces coitos) que constituyen episodios aislados y que no necesariamente implica homosexualidad (Monroy, 2002).

Por su parte, el enamoramiento platónico e idealizado tiene características de sustituto parental que el adolescente vincula con fantasías edípicas, pero sirven para practicarlas y después ejecutarlas en la realidad. Estas fantasías pueden ser con personas del mismo sexo o del otro sexo (Monroy, 2002).

En los primeros años en algunos adolescentes aparece la atracción (aún temerosa) del sexo opuesto, la cual en ocasiones se demuestra con conductas agresivas (jalar el pelo, la ropa, golpes) y una gran duda entre los sentimientos que esta atracción provoca. En esta fase los adolescentes oscilan entre juegos sexuales mutuos (con ambos sexos), el autoerotismo y el contacto genital de tipo exploratorio. Es necesario tener siempre el concepto de bisexualidad y aceptar que la orientación heterosexual u homosexual adultas exigen un proceso de fluctuación y aprendizaje de ambos roles, siendo natural que aparezcan períodos de predominio de aspectos femeninos en el varón y de aspectos masculinos en las muchachas (Monroy, 2002). Esta etapa finaliza al definirse y solidificarse la heterosexualidad u homosexualidad, hecho que en algunas ocasiones es forzado por relaciones sexuales.

4.2 Segunda Fase de los 15 a los 19 años

La consolidación de la identidad sexual puede ser la homosexualidad, la heterosexualidad o la bisexualidad. Esta etapa se caracteriza por la mayor autonomía e independencia, los cambios emocionales menos marcados, menor ambivalencia y egocentrismo; apareciendo el pensamiento abstracto (hipotético-deductivo) y el idealismo; también se establecen poco a poco las normas y los valores propios y se observa un mayor control de los impulsos sexuales y agresivos, se define más su identidad (o se presenta la confusión del papel o rol) y generalmente las hembras maduran antes que los varones (Monroy, 2002).

Los adolescentes en esta etapa se sienten infalibles, invulnerables, inmunes e inmortales, esto los hace ejecutar conductas riesgosas que generan accidentes como embarazos, enfermedades de transmisión sexual entre las que destaca elñ SIDA dentro de las más temidas (Monroy, 2002).

En esta etapa los adolescentes empiezan su apertura a la atracción sexual más definida (orientación sexual), con relaciones amorosas intensas aunque efímeras, y les gusta generalmente pertenecer a grupos mixtos. Se enamoran pero no llegan al amor, idealizan o denigran al otro con mucha exageración; las actividades sexuales son aún inestables y al final de esta etapa se consolida la identidad sexual y las relaciones amorosas se vuelven cada vez más estables, ya que se busca pareja definida y se hacen planes a largo plazo (Monroy, 2002).

Por otro lado, la selección de alternativas de expresión de su sexualidad difiere de acuerdo a la edad, el sexo, la educación, la religión inculcada, las posibilidades económicas entre otros. El adolescente tiene que decidir entre las siguientes opciones: (Monroy y cols, 2002)


  1. Continuar las actividades autoeróticas

  2. La abstinencia sexual hasta el matrimonio

  3. La doble moral: el varón puede tener relaciones sexuales con las mujeres “malas”, mientras que las solteras “buenas” deben llegar vírgenes al matrimonio.

  4. Las caricias sexuales sin llegar al coito

  5. Las relaciones sexuales prematrimoniales con alguien a quien se ama, el varón dice que ama para tener sexo, y las mujeres aceptan el sexo con tal de sentirse amadas.

  6. Las relaciones sexuales casuales, sin que medie el amor, ni el compromiso, ni la responsabilidad.

  7. Acudir a la prostitución

  8. El matrimonio y la unión precipitada, lo cual conduce a divorcios tempranos.

En definitiva, el adolescente requiere aprender a sopesar las ventajas y desventajas de estas opciones para apoyar sus decisiones, por lo cual es crucial una buena educación sexual.

V. CONFLICTOS PSICOSEXUALES DESDE UN ENFOQUE PSICOANALÍTICO E INICIO DE LAS RELACIONES DE PAREJA.

Una de las principales características de la sexualidad en la adolescencia, es que en esta etapa se reactiva la relación triangular en la familia, dónde la madre se vuelve el centro de los sentimientos sexuales, y se incrementa el deseo por expresarlos. Dentro de este proceso, juega un rol fundamental la identificación que estableciera el varón con el padre al momento de jugarse el Edipo, esta identificación permite, por un lado tener el amor del padre, y por el otro, contar con el amor de la madre, puesto que el tipo de hombre que ella ama, coincide con las características del padre; esta defensa además de la represión de los deseos hacia la madre, se debilita en el curso de la adolescencia, y reanuda el peligro de la relación incestuosa con la madre, ya que si esta identificación es exitosa, tendría la posibilidad de seducirla, de allí que sea necesario entonces la negación de la parte de su ideal del yo correspondiente al padre para alcanzar a su vez la independencia; sin embargo, no es tan fácil deshacerse de algo que ha calado en lo más profundo de su estructura, sin derrumbarla por completo.

En este sentido, el papel de la madre también cambia, puesto que de la relación con ella, otrora satisfactoria, se derivará la elección del objeto de amor heterosexual en algunos casos. Es este un período de mucha confusión en el que finalmente se produce un rechazo al afecto de la madre, y se denigra el concepto de masculinidad que ella tiene, por lo que ridiculiza al padre, siendo deliberadamente indiferente a su ley; es así como los que antes fueran figuras admiradas, se convierten en un completo desacierto.

Por su parte, en la adolescente, la dinámica es más o menos la misma, pero el modelo es la madre, y el objeto sexual ideal prohibido es el padre; ella niega las virtudes de la madre para convencerse a sí misma de su superioridad ante esta; pero hay que recordar que durante los primeros años de vida para niña, al igual que para el varón, la madre es el primer objeto de seguridad, por lo cual, rivalizar con la madre constituye una amenaza para su propia seguridad emocional, lo que hace, para la adolescente constituya un mayor temor convertirse en rival sexual con el progenitor del mismo sexo.

En este aspecto, constituye un elemento de gran importancia, la satisfacción que cada uno de los padres tenga con respecto a su propio sexo, puesto que en la medida en que el objeto de identificación sea adecuado, menos escabroso será el camino que ha de atravesar el adolescente en la conformación de su propia identidad, lo cual se expresa en una madurez heterosexual, en la cual se realiza la elección de un objeto que no sea tabú como lo era el progenitor del sexo opuesto, pudiendo encontrar una satisfacción emocional de acuerdo al rol asignado biológicamente.

La elección de objeto de amor en la adolescencia, se evidencia por el incremento del impulso sexual, y por la necesidad de comportarse como adultos, imitando sus comportamientos, entre los cuales se encuentra la vinculación afectiva y sexual con personas del sexo opuesto. De acuerdo con Oliva (1999), el inicio de las citas en los varones se encuentra entre los trece y los quince años, mientras que las hembras lo hacen entre los doce y los catorce; lo cual tiene una importancia fundamental para la vida social de los individuos, pues es en estas citas cuando aprenden a interactuar con personas del sexo opuesto, las primeras experiencias eróticas, y si tienen una pareja deseable para sus pares, adquieren mayor prestigio dentro del grupo.

En relación a esto, las relaciones de pareja en la temprana adolescencia permiten la satisfacción de cuatro tipos de necesidades: sexuales, de afiliación, apego y de apoyo (Furman y Wehner, cp. Oliva, 1999). Dentro de estas cuatro, se considera que las primeras dos, serán las principalmente satisfechas durante las primeras relaciones, y en la medida en que los individuos crecen, y las relaciones de pareja ocupen un lugar más importante en sus vidas, se dará un mayor apego entre ellos y se evidenciará un mayor requerimiento de seguridad emocional. Todo esto guardará correspondencia directa con el tipo de apego vivenciado durante la infancia; sin embargo, esto no debe tomarse como una receta rígida, en tanto que aunque la persona haya tenido una relación de apego seguro, experimentar múltiples fracasos amorosos, impactará en el establecimiento de sus vínculos, y viceversa.

VI. CONDUCTA SEXUAL

En alguna dimensión, la adolescencia puede ser considerada como una suerte de bisagra que constituye una transición entre la niñez y el paso hacia a la adultez; y el comportamiento sexual así lo denota, pues dejan de ser niños, mientras sus deseos y curiosidad sexual se intensifican. En este punto la influencia social es determinante y contradictoria, puesto que por un lado, se intenta retrasar las manifestaciones sexuales de esta etapa, pero por el otro, se fomenta la erotización a través de los medios de comunicación, lo que genera dudas e insatisfacción en los adolescentes, y que puede llegar a tener efectos permanentes en sus vidas como adultos: embarazos, patologías, etc.

Es en la adolescencia cuando la conducta sexual comienza a manifestarse más claramente, pues desde la niñez se evidencian intereses como la masturbación, que se inicia entre los diez y los quince años, aunque en algunos casos es más precoz, siendo una práctica generalizada y vista como sana en los jóvenes, mientras que en las adolescentes es menos frecuente y genera sentimientos de culpa por concebírsela como impropia de las mujeres (Oliva, Sierra y Vallejo, cp. Oliva, 1999).

En cuanto a las relaciones con penetración estas se producen por primera vez alrededor de los diecisiete años, aunque en la actualidad esta edad va descendiendo, especialmente en las grandes ciudades y entre los adolescentes de estratos sociales menos favorecidos, en tanto que esta práctica es una de las conductas que estos chicos perciben como un símbolo de adultez. Asimismo, el grado de control ejercido por los padres, también constituye un factor que incide en la iniciación sexual, por lo cual, cuando el control es muy escaso o muy estricto, se produce de forma mas precoz, que cuando el control es moderado (Oliva, 2001).

Respecto a las conductas de riesgo, específicamente, sobre el uso del condón durante la primera relación sexual, se observa que para el año 1996, el 33% declaraba haber usado preservativo durante el primer Coito; actualmente, según el   U.S. National Center for Health Statistics para el año 2011 el 80% de los adolescentes, reportó haber usado condón durante su primera relación sexual.

Son muchos los aspectos que determinan que los adolescentes no usen anticonceptivos, como la fábula personal que llevan a pensar que a pesar de la información disponible sobre los riesgos y consecuencias de no usar preservativos, eso nunca les pasará a ellos, como si estuvieran amparados en una suerte de protección mágica; otro argumento presentado es el no haber previsto sostener una relación sexual, o el rechazo por creer que su uso limita el placer (Oliva, 1997).

Por su parte, también existen diferencias en cuanto a cómo conciben la sexualidad hombres y mujeres; el patrón conductual de la sexualidad masculina, está definido por una mayor precocidad, promiscuidad y valoración del coito como señal de prestigio frente a sus pares. En el patrón femenino, la actividad sexual es más reducida, menos gratificante y generadora de sentimientos de culpa, además de estar más asociada la sexualidad con la afectividad. Aunque este punto se profundizará mas adelante (Oliva, 1999).

En general, el alto grado de proximidad de las amistades en los adolescentes, y las necesidades sexuales y afectivas de esta etapa, hacen que exista alta probabilidad de que ocurran experiencias homosexuales, sin que ello implique que estas prácticas se mantengan en la adultez, o puede darse el caso contrario, en el cual personas que mantuvieron relaciones heterosexuales definan una orientación homosexual; este proceso comienza entre los trece y los quince años manifiesto en una ausencia de interés en el sexo opuesto, y deseos por los del mismo sexo hasta que al final de la adolescencia se constituya una identidad homosexual. Esta es una situación de gran complejidad, puesto que muchas veces, por las características de la sociedad que sigue marginando y ridiculizando la homosexualidad, estas personas se ven afectadas en su autoestima y en la construcción de su identidad
VII. ESTEREOTIPOS DE GÉNERO EN LA ADOLESCENCIA
El Género es una construcción simbólica que estereotipa, reglamenta y condiciona la conducta tanto objetiva como subjetiva de las personas, lo que permite a la sociedad clasificar, nombrar y producir las ideas dominantes de lo que deben ser y cómo deben actuar los hombres y las mujeres. Por tanto, referirse a cuestiones de género, es hablar de feminidad y de masculinidad (Caricote, 2006).
Otros autores como Ortega y Rivera-Medina (2005) comentan que el género se refiere a la construcción social de los roles sexuales, lo cual define y delimita lo que es ser hombre o mujer en el contexto de la cultura específica, dichos roles se modifican culturalmente, y están influidos por factores como la raza, edad y de la clase social de los individuos, por lo tanto la feminidad y la masculinidad no son una condición natural al ser humano, sino que son aprendidos.

Esto significa que el género o rol de género, dice que ser hombre o mujer está determinado no solamente por la asignación biológica del sexo, sino por valores que se crean, reproducen y transmiten a través de la cultura, dictaminando socialmente lo que es o debe ser “lo femenino” o “lo masculino” en una sociedad específica. En tal sentido, María Inés Re citada por Caricote, (2006), define el género, como el conjunto de características culturales o de valores, atribuidos a una persona según su sexo y que describe la forma en que deberían pensar, actuar y sentir los hombres y las mujeres.


Con respecto a la adolescencia, se entiende que se trata de un proceso del desarrollo humano durante el cual se realizan una serie de cambios biopsicosociales, donde el niño se transforma convirtiéndose en un adulto integrado a la sociedad, siendo el género un aspecto central en su identidad, en sus relaciones sociales y que se ve influenciado por aspectos biológicos, sociales y cognitivos que van moldeando la personalidad del/la adolescente.
En la sociedad latina, el modelo tradicional de varón está asociado a la fuerza física, el trabajo, la protección de la familia y la potencia sexual lo que permite a los hombres beneficiarse de su situación privilegiada en la mayoría de las sociedades, pero los papeles de género tradicionales que desempeñan, también tienen una contraparte puesto que la sociabilización de los jóvenes constituye un mandato para que repriman las emociones, recurran a la violencia para solucionar conflictos y sean independientes a una edad temprana, resultando esto en efectos perjudiciales sobre su salud (Henry, 2000, c.p. Caricote, 2006).
El poder y sus distintos usos es una característica aprendida por los hombres como inherentes a la masculinidad, desde muy pequeños, a los niños se les enseña a ser dominantes, decididos y controladores; se les exige actuar de forma independiente y a no expresar sentimientos tiernos. Como resultado de las atribuciones de poder, mediante la autoridad y control, los hombres determinan las responsabilidades y deberes de las mujeres y de otros hombres considerados como débiles, entre ellos los homosexuales. En la vida familiar a los varones se les asigna un rol proveedor y por lo tanto de sostén económico de la familia (Ortega y Rivera-Medina, 2005).
Por otra parte, se espera que los hombres tengan una vida sexual activa a una edad temprana, e incluso se los anima a que lo hagan antes de la elección de la pareja con la que organizará su familia. En muchas sociedades tener muchas parejas sexuales se considera esencial para ser hombre, pero, la expectativa de que los adolescentes varones tengan experiencias sexuales no implica que sepan protegerse (Caricote, 2006).
Con respecto a lo expresado anteriormente, Lamas (1996, c.p. Caricote, 2006) manifiesta que los adultos tienden a suponer que los adolescentes varones tienen un conocimiento mayor del que en realidad poseen y estos a su vez, tienen miedo de hacer preguntas que revelen su ignorancia. La presión de los adultos y pares también influyen en su manera de ver las relaciones sexuales y con frecuencia, los llevan a un comportamiento sexual de riesgo. Para muchos adolescentes varones, su iniciación en la sexualidad se considera una prueba de virilidad y la presentación de sus conquistas a un grupo de amigos puede ser tan importante como las relaciones sexuales mismas.
Una estrategia empleada para presionar a los jóvenes a ajustarse a las expectativas que tiene una sociedad en lo referente al comportamiento sexual masculino, es insinuar que los que no lo hacen son homosexuales, incitándolos con esto a correr riesgos sexuales, tener poco amor propio e incluso suicidarse. Pero la homofobia (miedo exagerado o fobia a la homosexualidad bien sea ésta de género masculino o femenino), afecta a todos los hombres ya que desalienta los comportamientos sanos pero considerados “femeninos” como por ejemplo, interesarse por los demás o proteger su propia salud (Caricote, 2006).
En cuanto a la vulnerabilidad de la adolescente mujer, Caricote (2006) comenta que la sociedad latina enseña a las jóvenes a ser “buenas, dulces y ordenadas” y a que asuman la mayoría de las responsabilidades derivadas de los quehaceres domésticos; que sean las “reinas del hogar” y las socializa para que sean sumisas con los hombres. Autores como Ortega y Rivera-Medina (2005) agregan a lo anterior, que a las mujeres se les asigna la responsabilidad de la reproducción, la procreación y el cuidado de los niños, en un rol de subordinación al hombre y a su poder.
A este respecto, González Gabaldon (2002, c.p. Caricote, 2006), argumentan que las familias, profesores y los pares refuerzan la suposición de que las niñas son inferiores a los niños, hasta tal punto que las jóvenes llegan a creer que su situación de desigualdad está justificada. Al mismo tiempo, también recae sobre ellas, la exigencia social de ser “lindas”; por eso existen cosméticos y tipos de muñecas rubias muy delgadas y de piernas largas, a las que muchas niñas desean parecerse. Sin embargo, se espera de ellas una iniciación sexual lo más tardía posible, que tenga pocos compañeros sexuales en su vida, y que sus relaciones sexuales estén destinadas principalmente a la reproducción.
Por otra parte, Bonder y Forlerer (1993, c.p. Caricote 2006), refieren que la baja posición sexual y económica de las mujeres en muchos lugares del mundo es una amenaza grave para su salud sexual; el desequilibrio y la asimetría de poder entre hombres y mujeres puede hacer que para las mujeres sea imposible negarse a tener relaciones sexuales no deseadas o sin protección, negociar el uso del preservativo o usar la anticoncepción en contra de los deseos de su compañero o esposo. Así mismo, las mujeres tienen más riesgos de llegar a intercambiar relaciones sexuales por dinero o favores y, menos probable que dejen una relación de abuso o perjudicial, si dependen económicamente de los hombres.
Siguiendo con estas reflexiones, Caricote (2006) comenta que el hincapié que se hace en muchas sociedades en preservar la virginidad de las mujeres antes del matrimonio, tiene como consecuencia que en realidad las hace más vulnerables, debido al temor a que la gente sospeche que tienen una vida sexual activa, lo que impide a muchas jóvenes hacer preguntas acerca del sexo para informarse debidamente, usar anticonceptivos para prevenir el embarazo, negociar el uso del condón para prevenir las infecciones de transmisión sexual (ITS), o solicitar los servicios de salud reproductiva. Algunas jóvenes piensan que pueden seguir siendo vírgenes si tienen relaciones sexuales anales, prácticas que pueden hacerlas más vulnerables a la infección por virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH).
Por esta razón, González y Sánchez (2002, c.p. Caricote, 2006), manifiestan que los estereotipos de mujeres sumisas y hombres poderosos pueden restringir el acceso a la información, obstaculizando la comunicación y promoviendo el comportamiento de riesgo tanto en las mujeres y como en los hombres en diferentes formas pero igualmente peligrosas; al final, hacen aumentar la vulnerabilidad a los peligros que corre la salud sexual como por ejemplo, la violencia, la explotación sexual, el embarazo no deseado, el aborto en condiciones de riesgo y las ITS, incluyendo el VIH/SIDA.
Cada vez resulta más claro que muchos niños y adolescentes obtienen más conocimientos de lo que los padres y profesores se imaginan o desearían, porque están sobreexpuestos a la información y están demasiado estimulados con el bombardeo visual y auditivo agudizado, por los medios masivos de comunicación y el Internet. Desde el punto de vista cognitivo, los adolescentes piensan de una forma más idealista que los niños y es innegable que la televisión muestra una gran cantidad de personajes idealizados, a quienes los adolescentes pueden imitar y con quienes se pueden identificar (Caricote, 2006).

Un tipo de programas muy estereotipados y especialmente dirigidos a los adolescentes son los videoclips. En ellos, las mujeres se visten provocativamente y a menudo se les muestra realizando actos relacionados con el sexo,.estas situaciones pueden traer consecuencias negativas durante la niñez y adolescencia como la mayor vulnerabilidad para padecer violencia física, psicológica o sexual. (Caricote, 2006).



VIII. ROLES DE GÉNERO EN LOS ADOLESCENTES

Cuando se habla de los distintos roles de géneros en los adolescentes no se busca enumerar cada uno de ellos, ni tampoco establecer alguna diferencia significativa entre los mismos, sino precisar como la diferenciación de estos roles a través del tiempo ha confirmado la tendencia a creer que el género es una construcción subjetiva de la cultura y la personas. A medida que el tiempo ha transcurrido han ocurrido cambios en la forma como se estructuran los roles de los adolescentes, tienen mayor libertad para vivirla y están menos sometidos a mandatos religiosos y morales; Uno de esos elementos, como se ha comentado anteriormente, ha sido la virginidad, los diversos relatos de los adolescentes podrán constarlos, su conservación no es un elemento restrictivo para la sexualidad de los adolescentes, sobre todo para las chicas.

Como se señaló anteriormente, no se pretende enumerar las diferencias significativas en función del género en los adolescentes, sino subrayar que la manera como se construye el género repercute en la aceptación de roles, especialmente en los sexuales.

En este sentido, García-Vega, Fernández, Rico (2005) señalan que los hombres masculinos pueden tener fantasías sexuales menos convencionales que las mujeres femeninas, quienes las llevan a cabo en mayor medida que los hombres. Sin embargo, el aporte más interesante de la investigación es que esté patrón de fantasías sexuales iba a estar mediado por la clasificación de un instrumento, mujeres masculinas, hombres femeninos, andróginos

Así en el Inventario de Roles Sexuales (BSRI) aplicado para la investigación anteriormente nombrada, las mujeres masculinas, tenían un comportamiento similar a los hombres masculinos, fantasías menos convencionales, sexo con distintas personas en corto tiempo, y de igual manera se vio reflejado con aquellas personas que fueron clasificados hombres femeninos, entonces tenían un comportamiento mucho más perecido a lo que convencionalmente se conocía en las mujeres (García-Vega, Fernández, Rico,2005).

Dicha investigación revela dos aspectos importantes, en primer lugar, como a pesar del paso del tiempo algunos roles se mantienen vigentes, aunque matizados por las circunstancias sociales. Entonces, la sexualidad masculina, está más orientada hacia el sexo, y la femenina, hacia los aspectos más románticos.

Es importante notar que se hace referencia a sexualidad masculina, no a sexualidad en el hombre, esto implica que masculino no es igual a hombre, y de igual manera se expresa en las mujeres, no en vano, la clasificación propuesta por el instrumento, ampliaba el espectro de la sexualidad de hombres femeninos a mujeres masculinas hasta andróginos. EL segundo elemento, está relacionado con la confirmación que la sexualidad en el adolescente está mediada por el rol que se maneje, pero que no es estrictamente definitorio para los adolescentes. Se entiende que hay elementos característicos de lo masculino y femenino, pero que estos se pueden expresar tanto en hombres como en mujeres. Por tanto al hablar de roles sexuales en el adolescente, tiene que tomarse en cuenta el género que cada caso particular ha ido construyendo.

Lo que refleja que ser hombre o ser mujer, si bien tiene un basamento biológico, engloba todo un proceso psicológico, social y cultural, en el cual cada individuo se asume como perteneciente a un género, mermado por lo que la cultura establece. En este sentido, cada cultura define, establece, da forma y sentido a un conjunto de ideas, creencias y valoraciones sobre el significado que tiene el ser hombre y el ser mujer, delimitando los comportamientos, las características e incluso los pensamientos y emociones que son apropiados para cada persona, con base a esta red de estereotipos o ideas consensuadas. A través de sus premisas, cada cultura entreteje las creencias relacionadas con el papel que los adolescentes juegan en la sociedad, dando lugar a los estereotipos de género (Rocha y Díaz 2005).


También se pretende dar cuenta de que asumir la sexualidad del adolescente como una construcción individual y social, rescata la idea de entender los orígenes de las conductas de riesgo más frecuentes que presentan los adolescentes, y su posible modificación (Rocha y Díaz 2005). Los adolescentes, por tanto, por sus características de maduración, inician la exposición a conductas de riesgo importantes, como son el inicio de vida sexual, práctica de sexo inseguro, embarazos no planeados, abortos y enfermedades de transmisión sexual o maternidades forzadas (Rangel y García, 2010).

A partir de lo cual se deriva que la práctica de la sexualidad en los adolescentes está determinada no solo por la cuestión hormonal que caracteriza esta etapa de vida, sino que involucra aspectos culturales de género, éticos o religiosos que inciden sobre las expresiones de sexualidad, junto a las creencias familiares, por el contexto espacial, histórico, económico y sociocultural en el que se desenvuelven los adolescentes (Rangel y García, 2010).

Lo anterior es confirmado por otra investigación, esta señala que las conductas de riesgo tanto en hombres como en mujeres, están cercanamente vinculados con las representaciones sociales de género. Los hombres vislumbran su masculinidad con una actividad sexual caracterizada por: frecuencia, intensidad, y ausencia de medidas precautorias en prevención de ETS y embarazos no deseados. El estudio también señala que a pesar que puede identificarse la aceptación y el uso del condón entre los varones, esto se vería relacionado el rol de género impuesto por su contexto, que continúa determinando en sentido negativo la habilidad de las mismas para decidir y proponer el uso del preservativo para prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual y la incidencia de embarazos no planeados. Considerando además que en dicha población, se encontró una cantidad más considerable de mujeres que de hombres con sintomatología característica de ETS (Rangel y García, 2010).

En otra investigación, Gonçalve, Castellá y Carlotto (2007) señalan que son los jóvenes varones que presentan mayor conducta sexual de riesgo, esto asociado con la variabilidad de parejas sexuales en el último año. Existe una fuerte presión social, desde la infancia, con respecto a lo que es la conducta esperada para un joven. Considerando, además, que en la adolescencia las expectativas de papel masculino están orientadas hacia la virilidad y por lo tanto un número elevado de parejas sexuales tiene un significado totalmente distinta para los jóvenes; así para las mujeres esa es una conducta condenable, para los otros es estimulada y reforzada.

En un estudio realizado con adolescentes pobres de Rio de Janeiro, Brasil, se verificó que las relaciones afectivas o sexuales están muy influenciadas por la cultura machista, siendo que las identidades de género están ligadas a estereotipos que se originan de los aspectos biológicos. Consecuentemente, la sexualidad masculina es interpretada como incontrolable y debe empezar desde edades tempranas, con un número frecuente de parejas (Gonçalve, Castellá y Carlotto 2007). Sometidos a esta necesidad de cumplir papeles predeterminados, los jóvenes asumen el comportamiento sexual de riesgo, sin considerar los resultados de satisfacción esperados, subrayando que las conductas sexuales arriesgadas entre los jóvenes tengan un origen en la dimensión social de desempeño de roles

Otro elemento señalado es que la manifestación diferente entre varones y mujeres son los relacionados con la salud sexual y reproductiva: las mujeres tienen más dificultades para acceder al ejercicio pleno de su sexualidad, pues para ellas, se presenta una limitación considerable en el contacto y manipula­ción de su cuerpo y resulta alarmante su desconocimiento como fuente de placer, todo lo cual, influye en la salud y la calidad de vida lo cual repercute en la posibilidad de asumir y vivir plenamente la sexuali­dad que se ha reducido, en muchas ocasiones a los fines reproductivos.


Por su parte, Pantelides y Geldstein (2001) señalan que los comportamientos sexuales y reproductivos de las adolescentes en Argentina de distintos estratos sociales, donde el primero, en general es cuidadoso, el otro es riesgoso. Atribuyen estas conductas opuestas a características situacionales y de imágenes de género también contrastantes.
Finalmente esta perspectiva de género permite abordar la salud, en relación a las conductas de riesgos como resultado de la organización y funcionamiento de la sociedad. Llevando más allá el análisis de la determinante biológica, es decir, la dife­ren­cia sexual anatómica y fisiológica; esto presupone un nivel de análisis dirigido a contextualizar la influencia de los factores sociales que conforman la subjeti­vidad diferen­cial entre hombres y mujeres y por ende, los modos de vivir, enfermar y morir.

Por tanto las conductas de riesgos no se pueden considerar en función las características biológicas, puesto que ambos desempeñan distintos roles, los cuales se les han asignado diferentes espacios para llevarlos a cabo, con distintos estilos de vida y responsabilidades y las circunstancias. En otra palabras, viven de manera diferente, lo que conlleva a que las enfermedades y la exposición a riesgos tales como hábitos de alimentación, ambiente de trabajo, estrés cotidiano, entre otros, los coloquen en situaciones de salud diferentes.



CONCLUSIONES

La adolescencia es una etapa de la vida en la que ocurren muchos cambios en lo biológico, en lo cognitivo y en lo social de las personas, los cuales deben ser manejados conjuntamente con los padres de la mejor forma posible, para lo cual deben informarse adecuadamente sobre cómo ayudar a los hijos, a que pasen por esta etapa de la manera más saludablemente, evitando llegar a la adultez con una baja autoestima, una autoimagen negativa, problemas en su identidad sexual, la cual incluye la identidad de género, el rol o papel de género y la orientación sexual.

El género masculino y femenino es una construcción simbólica que está mediada por la cultura, la cual tiene muchas influencias como son la raza, edad, nivel socioeconómico, y es la que va a determinar cómo deben comportarse las personas que se identifiquen con un género u otro, cómo deben pensar, actuar, vestirse, entre otras. Por lo que el género es una condición aprendida del ser humano, y no viene determinada por el sexo biológico que nos da la naturaleza. Por esta razón en la adolescencia las personas determinan su forma identidad de género, y el patrón cultural que está asociado al mismo, lo cual perdurara el resto de su vida.

La adolescencia es una etapa de la vida de los jóvenes, en la cual se manifiestan muchas inseguridades y en la que son muy vulnerables, específicamente en las relacionadas a los temas sexuales, en las que los intereses de los varones y las mujeres son diferentes, además de que la sociedad espera de cada sexo un comportamiento estereotipado, en la cual los que no cumplen con las expectativas de la sociedad respecto a su sexo, son rechazados por su pares, repercutiendo esto, en graves consecuencias psicológicas negativas para los adolescentes, que pueden inclusive llegar al suicidio.

De todas las influencias sociales que están en la vida de los adolescentes, como son la familia, los pares, la religión, entre otras, destaca el de los medios de comunicación que hoy en día inundan a los adolescentes con una gran cantidad de información relacionadas al sexo, las cuales sino son canalizadas por otros adultos, pueden generar mucha confusión, además de exponer a los adolescentes a conductas de riesgo, y a que acepten ciertos estereotipos sexuales y de género, que en nada los ayudará en su vida adulta.

En tal sentido, y dada la complejidad de esta etapa, así como su abordaje teórico, se puede decir que la perspectiva psicoanalítica ofrece importantes explicaciones a los conflictos que se presentan durante esta edad, señalando que los mismos tienen su origen en la infancia, y que da lugar a la reedición del Complejo de Edipo, a partir del cual se establecen las características fundamentales de las relaciones con el otro a posteriori, entre otras cosas; razón por la cual este enfoque no debería dejar de considerarse para aproximarse al entendimiento o conocimiento de las características fundamentales de este momento evolutivo.



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