En la historia


El clima histórico en el que vivió y actuó don Bosco



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1. El clima histórico en el que vivió y actuó don Bosco

Don Bosco se formó en el clima de la Restauración. Aunque este término asume habitualmente una acepción político-social. (evoca el Congreso de Viena y la Santa Alianza, la política represiva de los gobiernos, la situación posrevolucionaria), tiene también relevancia en el cuadro de la cultura y de la vida religiosa. Típica de la época de la Restauración es la obra dirigida a reconstruir el tejido cristiano de la sociedad, desgarrado por la Revolución francesa (el «diluvio», según el cardenal Consalvi, «la desolación del universo», según Brunone Lanteri). Existía el convencimiento de que estaba en acto una grandiosa operación diabólica orientada a destruir los designios de Dios, de los que la Iglesia es guardiana, y de que era necesario contener los asaltos del maligno y reconquistar la sociedad para Dios y para la Iglesia.

La Compañía de Jesús, restablecida por Pío VII en 1814, se convierte en el Piamonte en el centro propulsor del movimiento de renacimiento religioso. Cuenta con hombres de gran prestigio, como el padre Roothaan, rector del colegio de San Francisco de Paula de Turín, más tarde prepósito general de la Orden, como Francesco Pellico y Antonio Bresciani.'

P. PIRRL P. Giovanni Roothaan XXI Generale della Compagnia di Gessi (1785-1853), Isola del Liri 1930; I. RINIERI, Il padre Francesco Pellico e i suoi tempi, vol. I: La Restaurazione e l'opera



della Compagnia di Gesti, Pavia 1934.

1.1. Las «Amistades» y los oblatos de María Virgen

Nacen nuevas órdenes religiosas, como los oblatos de María Virgen de Brunone Lanteri y el Instituto de la Caridad de Antonio Rosraini. Son introducidas las monjas de la Caridad de Antída Thouret. Surgen nuevas asociaciones laicales. Entre éstas sobresale la «Amicizia cristiana», expresión de ambientes aristocráticos y altoburgueses de orientación filojesuita, que se propone la formación espiritual de los asociados y la lucha contra el espíritu de los enciclopedistas a través de la difusión sistemática de obras de inspiración católica («los buenos libros»), llevada a cabo mediante préstamos o con distribuciones gratuitas.' El motivo central de la «Amistad» está constituido por la devoción al Corazón de Jesús, según la orientación sostenida por los jesuitas, por la comunión frecuente y por la meditación diaria: La Amistad cristiana amplia muy pronto su actividad originaria y se dedica a la promoción de los ejercicios espirituales, a la organización de las misiones, a la elección de confesores según las directrices de Alfonso de Ligorio.

Desaparecida en la época napoleónica, la Amistad cristiana vuelve a surgir en 1817 con el nombre de «Amicizia- cattolica» por iniciativa de Brunone Lanteri. Algunos de sus miembros (Cesare Taparelli d'Azeglio, Rodolfo y Giuseppe de Maistre, Luígi Provana di Collegno, Pietro Pallavicino, Renato d'Agliano, Giovanni Carlo Brignole) ocupan puestos de relevancia en la política y en la administración del Estado saboyano. También la Amistad católica se preocupó de la difusión gratuita de la «buena prensa». Dado que domina la inspiración legitimista, ultramontana, demaistriana, los libros difundidos defienden la alianza entre trono y altar, profesan una devoción incondicional a la Santa Sede, defienden la infalibilidad personal del papa, refutan los «errores modernos», favorecen las tendencias teológicas y espirituales animadas por los jesuitas, predican una orientación moral modelada en el probabilismo benigno. Fue precisamente la Amistad católica la que promovió en 1825 la edición de las obras de Alfonso de Ligorio en la editorial de Giacinto Marietti de Turín.3. En 1828 la Amistad católica fue suprimida por el gobierno piamontés

2 El primer círculo de la «Amicizia» se constituyó en Turín en los años 1779-1780 por iniciativa de un ex jesuita, Nicolaus Joseph von Diessbach (1732-1798). Surgieron después cenáculos en Milán, Viena, Florencia, Roma, París. Los miembros se comprometían al secreto, según el gusto del tiempo y también para no exponerse al sarcasmo de los «espíritus fuertes» y a las molestias de la policía. A la «Amicizia cristiana», seglar, se añadió en 1782 una «Amicizia sacerdotale», antijansenística y alfonsiana, que promueve los ejercicios espirituales según el método de San Ignacio y los retiros, la práctica de la oración mental y del examen de conciencia. Cf. C. BONA, Le «Amicizie». Societá segrete e rinascita religiosa (1770-1830), Torillo 1962. Véanse las recensiones de esta obra hechas por P. Stella en «Rivista di Storia della Chiesa in Italia» 17 (1963) 329-338, y por R. Aubert en «Revue d'Histoire Ecclésiastique» 59 (1964) 593-598.

Cf. C. BONA, Le «Amicizie», p. 361-371. Se difundieron obras de Lamennais, De Ronald, Von Haller, Bossuet, Gerdil. Entre los autores espirituales figuran el jesuita Pinamonti, el barna-bita Quadrupani y sobre todo Alfonso de Ligorio. También don Bosco comprendió las posibilida a causa de su filojesuitismo. Algunos de sus miembros (por ejemplo, Provana di Collegno y Renato d'Agliano) se adhirieron a las conferencias de San Vicente de Paul, fundadas en Francia por Federico Ozanam e introducidas en Turín en 1850.4

Muchos de los fines de la Amistad fueron asumidos por el instituto de los oblatos de María Virgen de Lanteri (1759-1830), que siendo clérigo había formado parte de la Amistad cristiana y había fundado, como hemos dicho, la Amistad católica. Los oblatos promueven la predicación de los ejercicios espirituales según el método de San Ignacio, desarrollando las misiones entre el pueblo, preparan a los nuevos sacerdotes para la cura de almas, difunden la «buena prensa». La actividad pastoral de Lanteri y de sus oblatos está inspirada en la doctrina y la espiritualidad de Alfonso de Ligorio. Jean Guerber hace remontar el inicio de la penetración de la teología alfonsiana en Francia a 1823, cuando aparecen en Lyon las Réflexions sur la sainteté et la doctrine du bienheureux A. De Ligouri de Lanteri.5 1.2. El «Convitto» eclesiástico

Por iniciativa de Lanteri y de uno de sus discípulos, Luigi Guala, «amigo cristiano», surge en Turín en 1817 el Convitto ecdesiastico para la preparación pastoral de sacerdotes noveles. El Convitto fue uno de los crisoles en los que se plasmó el estilo eclesiástico y religioso que se impuso en la segunda mitad del siglo XIX. En el Convitto se formaron algunas figuras eminentes de sacerdotes: Cocchi, Borel, Cafasso, Bosco, Murialdo, Bertagna, Allamano. Don Bosco, que tras su ordenación sacerdotal (1841) pasó allí tres arios (1841‑1844), define el Convitto como «maravilloso semillero, del cual proviene mucho bien a la Iglesia, especialmente para erradicar algunas raíces de jansedes de la «buona stampa» para la evangelización de las clases populares, y promovió numerosas iniciativas editoriales (cf. la comunicación de Malgeri en este mismo volumen).

4 F. MOLINARI, Le conferenze di San Vincenzo in Italia, en: Spiritualitá e azione del laicato italiano, vol. I, Padova 1969, p. 67.

Las Reglas de los «Oblati di Maria Vergine» fueron redactadas por Lanteri en 1816. Suprimidos en 1819 por el arzobispo de Turín, Colombo Chiaverotti, se reconstituyeron en Pinerolo en 1825 bajo la protección del obispo Rey. R. Romeo recuerda que el marqués Michele di Cavour, padre de Camillo di Cavour, estuvo varias veces en Santa Chiara di Pinerolo a hacer los ejercicios espirituales bajo la dirección de Lanteri (cf. R. ROMEO, Cavour e il suo tempo, vol. I, Bari 1971, p. 94-95). Sobre Lanteri, cf. P. CALLIARI, Pio Brunone Lanteri (1759-1830) e la controrivoluzione, Totino 1976, pero sobre todo: P. CAIDAR1 (ed.), Carteggio del venerabile padre Pio Brunone Lanteri (1759-1839) fondatore della Congregazione degli Oblati di Maria Vergine, 5 vol., Torillo 19751976. Sobre las Réflexions de Lanteri y la penetración de la moral alfonsiana en Francia, cf. J. GuERBER, Le ralliement du clergé franqais á la morale liguorienne. L'Abbé Gousset et ses précurseurs (1785-1832), Roma 1973. Sobre Lanteri y la espiritualidad de San Francisco de Sales, cf. T. LUDO, Il ven. Pio Brunone Lanteri e la spiritualitá salesiana nel Piemonte del primo Ottocento. Aspetti storico-ascetici, en « Palestra del Clero» 61 (1982) 1236-1247.1308-1320.1366-1373.

nismo que todavía se conservaban entre nosotros», y en el cual «se aprendía a ser sacerdotes ».6

El Convitto eclesiástico difundió la doctrina y la espiritualidad de Alfonso de Ligorio, considerado por Guala y Cafasso como el autor capaz de mediar entre las corrientes rigoristas y una cierta superficialidad benignista,7 pero fue también centro de irradiación de la espiritualidad salesiana y filipina. El Convitto se presentó como contraaltar del seminario diocesano y de la Facultad de Teología de la Universidad de Turín, que se caracterizaban por la adhesión a la moral rigorista y por una eclesiología crítica con respecto a la infalibilidad y al primado de jurisdicción del papa. El Convitto quiso, en suma, desarraigar las tendencias galicanas jansenistas o, en sentido lato, rigoristas. que todavía serpenteaban entre el clero piamontés.

Un hilo rojo une, pues, las Amistades, los oblatos de María Virgen y el Convitto eclesiástico, pero con una diferencia digna de ser subrayada. Si las Amistades habían sido aristocráticas y elitistas y habían desempeñado un papel limitado, los oblatos de María Virgen y el Convitto ensanchan el radio de acción con un rico abanico de iniciativas promovidas entre el clero y el pueblo.8

No carece de significado dentro de este cuadro, y lo ha hecho notar finamente Francesco Traniello, el hecho de que el primer tratado espiritual, las Massime di pelfezione, en las cuales, según el propio Rosmini, estaba condensado el espíritu del Instituto de la Caridad, tuviera una edición turinesa en la Marietti en 1832. Las Massime di peocezione se fundaban en el abandono en la Providencia («el principio de pasividad») y eran, por ello, idóneas para atemperar el régimen típico de la espiritualidad piamontesa.9

6 Bosco, Scritti sul sistema preventivo, p. 80.

P. BRAMO (ed.), Esperienze di pedagogía cristiana nella storia, vol. II, Roma, LAS 1981, p. 305s.

8 Sobre el Convitto eclesiástico de Turín, cf. G. USSEGLIO, Il teologo Guala e il Convitto ecclesiastico di Torino, Torino 1948; G. TUNINETII, Lorenzo Gastaldi (1815-1883), Casale Monferrato, Piemme 1983, p. 179ss. Las corrientes ultramontanas no se limitaron a fundar el Convitto ecclesiastico, sino que trataron también de influir en la misma Facultad teológica de la Universidad de Turín. Obtuvieron un triunfo con la destitución, en 1829, de Giovanni Maria Dettori y su sustitución con Luigi Massara, repetidor en el colegio jesuítico de San Francesco di Paola. Dettori, que ocupaba desde 1814 la cátedra de teología moral, profesaba ideas antiprobabilistas y antialfonsianas. Cf. F. TRANIELLO, Cattolicesimo conciliarista. Religione e cultura nella tradizione rosminiana lombardo-piemontese (1825-1870), Milano 1970, p. 25-27; P. STELLA, Giurisdizionalismo e giansenismo all'Universitit di Torino nel secolo XVIII, Torino 1958. Luigi Guala estaba influido por la tradición espiritual jesuítica. Es significativa la correspondencia epistolar que, entre 1831 y 1847, mantiene con el prepósito general de los jesuitas, padre Roothaan, sobre el modo de hacer los ejercicios. Guala, ayudado por Lanteri, había restaurado el santuario de San Ignacio en la montaña de Lanzo, y en 1808 había establecido allí la «Opera degli Esercizi spirituali» para sacerdotes y seglares.

9 TRANIELLO, Cattolicesimo conciliarista, p. 30.

Se ha hablado de doctrina moral alfonsiana, de actitudes rigoristas, de jansenismo. La cuestión es importante y exige algunas precisiones. Es necesario ante todo evitar un uso excesivo del término jansenismo: Quien es antimolinista no es necesariamente jansenista, quien es antijesuita no es necesariamente jansenista, quien sostiene posiciones jurisdiccionalistas en campo político-eclesiástico no es necesariamente jansenista. Quien es rigorista en moral no es necesariamente jansenista. El jansenismo en sentido estricto puede considerarse en declive en las primeras décadas del Ochocientos; no se puede decir lo mismo del rigorismo que, por el contrario, aparece difundido en la praxis pastoral. Es sabido que los círculos jansenistas o jansenizantes cultivan un ideal severo de vida cristiana. Recomendaban la conversión del corazón, luchaban contra el cristianismo rutinario hecho de devociones exteriores, de entusiasmos pasajeros, de tradiciones acarameladas; reprobaban en la oración el abuso de fórmulas repetidas mecánicamente. El ideal es una religiosidad pura, libre de incrustaciones, ajena a las acomodaciones, nutrida en las fuentes bíblicas y patrísticas, que huye del contacto con el mundo envuelto en el pecado. La dilación o el rechazo de la absolución a los penitentes de cuya perseverancia no se tuviese suficiente certeza y en todo caso a quien no hubiese cumplido la penitencia impuesta, eran considerados como medios normales para provocar el shoc psicológico y de este modo favorecer una conversión verdadera y duradera. La gracia del sacramento de la penitencia es concebida como un premio, más que como una ayuda saludable y confortante en la lucha contra el mal. Se puede recibir solamente si el alma ha llegado a un grado convincente de purificación. Para Alasia, autor de un tratado de teología moral muy difundido entre el clero piamontés y muy conocido por don Bosco en el seminario de Chieri, diferir la absolución era un remedio medicinal que el confesor podía adoptar cuando lo considerase oportuno.'

También el alejamiento de la comunidad por un cierto período era considerado una práctica de penitencia que se imponía a aquellos que recaían fácilmente en el pecado (los llamados «reincidentes»). Se partía del presupuesto de que la Eucaristía no era una medicina para los débiles, sino un premio para los santos, y que el fiel tenía por eso que adquirir antes de comulgar una fuerza interior que lo hiciera apto para recibir a Cristo Señor.

" Cf. P. STELLA, Giurisdizionalismo e giansenismo; ID., Crisi religiose nel primo Ottocento piemontese, Torillo 1959; ID., Giansenisti piemontesi nell'Ottocento, Torino 1964. Aun sobre las condiciones para la validez del sacramento de la penitencia hervía un encendido debate: ¿Basta la atrición, que es el dolor de haber ofendido a Dios por las penas que se han merecido, o es necesaria la contrición, es decir, el dolor de los propios pecados, porque Dios, sumo bien, es digno de ser amado sobre todas las cosas? Para los rigoristas, era insuficiente la atrición para obtener el perdón de los pecados. En efecto, el dolor de las culpas, inspirado sólo por el temor de las penas infernales, pertenece a la lógica del egoísmo.

Faltan adecuadas investigaciones fundamentales sobre la praxis sacramental en Piamonte en los siglos XVIII y XIX, pero parece que se puede afirm con suficiente seguridad que la pastoral sacramental, en auge en las parroquiasar y en los seminarios, estaba, en general, marcada con trazos rigoristas. Giuseppe Cafasso escribe, y su testimonio es significativo, que según los pastores de la época era «difícil observar los mandamientos, difícil recibir bien la santa comunión, difícil, incluso, oír una misa con devoción, difícil rezar como se debe, difícil, sobre todo, llegar a salvarse, y que eran muy pocos los que se salvaban»."

1.4. La figura y la doctrina de San Alfonso

La exaltación de la figura y de la doctrina de San Alfonso, a quien daban prestigio tanto la beatificación, que tuvo lugar en 1816, y la puesta en marcha del proceso de canonización que se concluyó en 1839, como la edición de las obras iniciada en Turín en 1825, es característica no sólo de las diversas corrientes del movimiento ultramontano piamontés que se agrupaba en torno a Roothaan, a Lanteri, a Guala, a Cafasso, a Bosco, sino, en general, de la actividad de los misioneros comprometidos en el mundo rural y del clero en cura de almas. Alfonso de Ligorio y la congregación por él fundada ejercieron una influencia decisiva sobre las orientaciones de la teología moral, favoreciendo el abandono de actitudes rigoristas en la praxis sacramental. San Alfonso, en la primera fase de su sacerdocio, fue rigorista porque se había formado en manuales rigoristas (por ejemplo, en el de Frangois Genet). La conversión tuvo lugar, según su misma confesión, cuando se dedicó a las misiones entre el pueblo, es decir, cuando se enfrentó con la realidad del hombre envuelto en la miseria y con una vida cristiana superficial. San Alfonso comprendió que el sur de Italia no se podría conquistar con una pastoral hosca y oprimente, centrada más en un Dios-juez que en un Dios-padre, más en el pecado que en el perdón, más en el infierno que en el paraíso. El enraizamiento en la realidad popular convirtió a San Alfonso a una teología más humana, marcada por la referencia a la bondad y a la misericordia de Dios, a la confianza en él, a la esperanza.' 2

11 Citado por F. ACCORNERO, La dottrina spirituale di S. Giuseppe Cafasso, Torillo 1958, p. 110. Sobre esta problemática, cf. P. STELLA, L'Eucaristia nella spiritualita italiana da meta Seicento al prodromi del movimento liturgico, en: Eucaristia, memoriale del Signore e sacramento permanente, Torillo 1967, p. 157-159; J. SCHEPENS, L'activité littéraire de don Bosco au sujet de la pénitence et de l'Eucharistie, en «Salesianum» 50 (1988) 9-50.

Th. REY-MER/vIET, II santo del secolo dei lumi. Alfonso de Liguori (1696-1787), trad. it., Roma 1983 / ed. francese, Paris 1982; G. DE ROSA, S. Alfonso e il secolo dei lumi, en «Rassegna di Teologia» 28 (1987) 13-31; G. ORLANDI, S. Alfonso de' Liguori e l'evangelizzazione del Cilento nel Settecento, en: La societa religiosa nell'eta moderna. Atti del convegno di studi di storía sociale e religiosa, Napoli 1973, p. 845-851; G. CACCIATORE, S. Alfonso de' Liguori e it giansenismo, Firenze 1942.

Los misioneros, que predicaban entre las poblaciones rurales, las más abundantes, mientras las ciudades estaban abastecidas de clero, secular y regude predicadores y de catequistas, seguían a San Alfonso en el deseo delar, adecuar la propia acción pastoral a las situacíones concretas de vida de la pobre gente. Los redentoristas de Alfonso de Ligorío, los sacerdotes de la Preciosísima Sangre de Gaspare del Bufalo, los sacerdotes de la Misión de Vicente de paul, los pasionistas de Pablo de la Cruz, los oblatos de Rho de Giorgío M. Martinelli, los jesuitas, eran conscientes de que en relación al penitente no era suficiente la aplicación de las normas, sino que era necesario valorar, además de las disposiciones interiores, también la situación en la que se encontraba.13 También los sacerdotes con cura de almas o comprometidos en la dirección (pensemos en el cenáculo animado en Verona por Gaspare Bertoni,

edsepsirdeituf802, en Pietro Leonardi, en Vincenzo Pallotti, en Luigi Biraghi, en Giuseppe Frassinetti) se mueven en la misma línea antírrigorista." El éxito de la doctrina moral alfonsiana con tendencia hacia la disponibilidad y la comprensión marcha paralelamente asen creciente interés de la Iglesia por las poblaciones rurales y con la creciente sibilidad hacia las condiciones de vida de los fieles.'5

La comparación con Vicente de Paul salta a la vista del historiador, que

descubre en la Italia del sur la atmósfera de la Francia del Seiscientos. Vicente de Paul, Eudes, Olier, se habían opuesto al jansenismo por motivos pastorales y espirituales. Ellos, al contacto con los campesinos de los campos franceses,

" San Alfonso y los redentoristas, a partir de los años 30 del Setecientos, trabajan entre las masas rurales de Italia meridional y de Sicilia. Sobre las misiones de los redentoristas, cf. G. ORLANDI, Missioni popolari e drammatica popolare, en «Spicilegium Hist. Congr. SS. Redemptoris» 22 (1974) 313-348; S. GiAmmusso, Le missioni dei redentoristi in Sicilia dalle origini al 1860, en Ibid., 10 (1962) 51-176; 0. GREGORIO, Contributo delle missioni redentoriste alfa storia socio-religiosa dell'Italia meridionale, en Ibid., 21 (1973) 259-283. Sobre la concepción antijansenista y antirrigorista de los redentoristas, cf. G. ORLANDI (ed.), Direttorio apostolico ossia metodo di missione, Roma 1982; G. DE ROSA, Linguaggio e vita religiosa attraverso le missioni popolari del Mezzogiorno nell'etá moderna, en «Orientamenti Sociali» 36 (1981) 24.

" Sobre Gaspare del Bufalo (1786-1837) y los misioneros de la Preciosísima sangre, cf. G. DE LIBERO, S. Gaspare delBufalo, romano, Roma 1954; A. REY, Gaspare delBufalo, 2 vol., Albano Laziale 1987, 3 ed. Sobre los pasionistas, cf. E. ZOFFOLI, S. Paolo della Croce. Storia critica, 3 vol., Roma 1963-1968. Sobre los oblatos de Rho, cf. G. BARBIERI, Un prete del Settecento lombardo. Padre Martinelli fondatore degli oblati di Rho, Milano 1982. R. RUSCONI (Predicatori e predicazione (secoli IX-XVIII], en: Storia d'Italia, Annali, vol. 4: Intellettuali e potere, Torno 1981, p. 10061018) observa que las misiones del Ochocientos se insertan en el cauce de las misiones del Setecientos, pero con algunos aspectos novedosos, como la importancia dada a la instrucción catequística y la atención dedicada a una más profunda renovación del pueblo. (Se remite, en este punto, a la edición italiana, para tener referencias bibliográficas más amplias sobre figuras de predicadores y misioneros en diversas regiones de Italia [n.d.e.]).

15 G. VERUCCI, Chiese e societa nell'Italia della restaurazione, en «Rivista di Storia della Chiesa in Italia» 30 (1976) 25-72; G. MICCOLI, Vescovo e re del suo popolo, en: G. CPATTOLINI G. MICCOLI (eds.), Storia d'Italia, Annali, vol. 9: La Chiesa e il potere político dal medioevo all'etá contemporanea, Torino 1986, p. 919-922.

oprimidos por la carestía y por la guerra, embrutecidos por la desesperación indefensos ante los poderosos, se dan cuenta de que no pueden predicar, al pueblo que sufre, la doctrina de un Dios, que de la «masca dannata» elige un grupo de privilegiados. El mensaje de los jansenistas, tan perentorio y radical, tan elitista y aristocrático, podía ser adecuado para burgueses devotos, no para la pobre gente del campo. Los espirituales franceses veían en el jansenismo un obstáculo para la consolidación de la reforma en las clases populares." Alfonso de Lígorio, Gaspare del Bufalo, Vincenzo Pallotti descubrieron, como Vicente de Paul, la misma realidad y optaron por la misma solución.

1.5. Influencia alfonsiana en la piedad

La influencia de estas orientaciones pastorales se refleja también en el campo de la piedad. Prevalece, en efecto, en el siglo XIX una piedad cálida, humana, popular, que tiende hacia el sentimiento, hacia la afectividad, hacia la fantasía, hacia el gusto por lo maravilloso, que valoriza, a veces en detrimento de la profundidad, los elementos sensibles, palpables, carnales, que se basa en una frecuencia más asidua a los sacramentos, que se nutre de un número consistente de prácticas devotas. La devoción mariana, que es una de las expresiones más significativas de la piedad del siglo XIX, se desarrolla floreciente con procesiones y peregrinaciones, con una vasta literatura sobre el mes de mayo, sobre el rosario, sobre las prerrogativas de María Virgen y Madre, y caen, a veces, en tonos dulzones, afectados y tiernos."

También las devociones a la pasión de Cristo, al Sagrado Corazón, a la Preciosísima Sangre, a las cinco llagas, a las tres horas de agonía con su inspiración reparadora y expiatoria estimulaban los motivos afectivos y sensibles. Alfonso de Ligorio conocía a los místicos (por ejemplo, a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz), pero los valoriza en una perspectiva espiritual que pretende estar al alcance de todos. San Alfonso interpretó mejor que ningún otro escritor espiritual italiano, las exigencias de las almas sencillas. Sus obras llenas de afectuosidad, respondían bien a la sensibilidad de la época. Aquí reside la razón de su inmenso éxito. Conviene también subrayar que no son ajenas a

una tal orientación de la piedad de clima romántico con su gusto por la fanta‑


sía, la afectividad, el énfasis sentimental, las razones del corazón. La Iglesia,

pues, como reacción al carácter austero, exigente, elitista de la espiritualidad jansenista, empapada de refinamiento espiritual, y como reacción al frío racionalismo del siglo XVIII, favoreció una piedad cálida, amable, popular, accesible, sobre todo, a las masas. Esta orientación espiritual tiene sus lados débiles

16 L. MEZZADRI, Fra giansenisti e antigiansenisti. Vincent Depaul e la Congregazione della Missione (1624-1737), Firenze 1977.

" R AUBERT, Il pontifiCato di Pio IX (1846-1878), Torillo 1964, p. 694-707.

en la insistencia en la multiplicidad de los ejercicios devotos, en el excesivo relieve dado a la praxis de las indulgencias, en la proliferación de devociones discutibles y secundarias, en la condescendencia al sentimentalismo. La proliferación de ejercicios piadosos aumentó el distanciamiento de la Biblia y de la

Liturgia, llevó a una piedad pobre en contenidos teológicos.18

Don Bosco promovió en el ámbito del Oratorio algunas prácticas de pie‑

dad (la visita al Santísimo Sacramento, el Vía Crucis, la devoción a la Virgen y al Angel Custodio, el ejercicio mensual de la Buena muerte, la novena en honor de San Luis Gonzaga y de San Francisco de Sales), pero no cedió a la exhuberancia devocional típica del catolicismo del siglo XIX por el temor de irritar o de cansar a los jóvenes. Las devociones, por ejemplo, al Sagrado Corazón y a la Preciosísima Sangre, que jugaron un papel importante, junto con la devoción a María, en la espiritualidad católica del XIX, no parece que tuvieran para don Bosco aquella importancia que tuvieron, en cambio, para otros eclesiásticos, como Gaspare Bertoni, Gaspare del Bufalo, Vincenzo

Maria Strambi."

1.6. El éxito de San Francisco de Sales

En este cuadro se comprende el éxito de San Francisco de Sales y dé San Felipe Neri. En Piamonte, por razones históricas y geográficas, el ambiente estaba-impregnado de esencias salesianas. Vehículos eficaces de la difusión del salesianismo habían sido la casa de la Visitación de Turín, fundada en 1638 por Juana de Chantal, la amplia circulación de las obras de Francisco de Sales, que habían tenido numerosas ediciones durante el siglo XVIII, y la vida del santo, escrita por el sacerdote piamontés Pier Giacinto Gallizia (1662-1737), editada en Venecia en 1720 y reeditada muchas veces." Circulaban, además, en Pia‑

la Según G. Lanza, su mejor biógrafo, la marquesa Barolo tenía una devoción esperislísima a la Santísima Trinidad, al Sagrado Corazón, al Santísimo Sacramento, a las Tres horas de la Agonía, a la Virgen consolada y dolorosa, a los Angeles custodios, alas Almas del purgatorio, a San José, Santa Teresa, Santa Julia, Santa Ana, Santa María Magdalena, Santos Cosme y Damián (La marchesa Giulia Fallen:. di Barolo, nata Colbert, Torino 1892, p. 178s). P. Stella anota que «non doveva essere un caso singolare quello della marchesa Barolo» (Don Bosco I, p. 89).

" En el Giovane provveduto (segunda parte), aparecen entre los ejercicios particulares de piedad cristiana la «corona del S. Cuore di Gesú» y la «Orazione al sacratissimo Cuor di Maria». Está ausente, en cambio, la devoción al «Preziosissimo Sangue», que tuvo su máxima difusión en Roma y en la región de Lombardía-Venecia.

20 Tampoco en Piamonte faltan ediciones de las obras de San Francisco de Sales. Se debe señalar una Introduzione olla vita devota..., Torillo, Guibert e Orgeas 1779. Circulan también: Massime ricavate dalle opere di S. Francesco di Sales..., Torillo, Marietti 1837; Massime distribuite U3, cavate dalle opere di S. Francesco di Sales, Torillo, Paravia 1838; Breve dizionario delle massime di S. Francesco di Sales..., Torillo, Paravia 1838. Cf. V. BRASIER - E. MORGANTI - M. DURICA, Bibliografía salesiana, Torillo 1956. La Vita de Francisco de Sales escrita por Gallizia (16624737), que había sido capellán del monasterio de la Visitación de Turín, es obra de orientación ultramontana monte pequeñas obras impregnadas de espíritu salesiano como L'istruzione della gioventi nella pietá cristiana del sacerdote francés Charles Gobinet (1655) y la Guida angelica, ossia pratiche istruzioni per la gioventii de un anónimo sacerdote milanés (Turín, 1767), de la que don Bosco se valió ampliamente en la composición del Giovane provveduto.21

El éxito de Francisco de Sales es más ciudadano que rural, toca más a la Introducción a la vida devota que al Tratado del Amor de Dios.22 En efecto, el Francisco de Sales recibido en Piamonte es aquel que afectuosamente adoctrina acerca del modo de vivir cristianamente en el mundo, para lo cual la «devoción», que consiste en el amor a Dios y al prójimo, no es una condición privilegiada, prerrogativa de religiosos y claustrales, sino un objetivo capaz de ser alcanzado por todos los cristianos con el cumplimiento de los deberes del propio estado.

Francisco de Sales había afirmado, contra el pesimismo calvinista, la continuidad de naturaleza y gracia, el equilibrio de las relaciones entre Dios y hombre, y había sugerido una perspectiva espiritual caracterizada por una gran concreción rica de sabiduría psicológica, libre de preocupaciones, alimentada de sentido de la medida, fundada en el diálogo confiado con Dios, que quiere la salvación de todos, y para ello ha enviado un Redentor, y que ha garantizado una redención universal.

Brunone Lanteri, Guala, Cafasso, Cottolengo, Bosco,- la biografía de Pier Giacinto Gallizia, los panegíricos, difunden una imagen del obispo de Annecy hecha de dulzura y caridad. Si a lo largo del siglo XVII Antonio Arnauld y Étienne Le Camus, obispo de Grenoble, habían llevado a cabo una lectura rigorista (more jansenístico) de Francisco de Sales, presentado como un pastor severo, lectura que se había difundido también en Piamonte, los espirituales piamonteses hacen en la primera midad del XIX una lectura de Francisco de Sales en clave antirrigorista, que descubre su dulzura y su piedad razonable y sin excesos."

y benignista. En 1839 el editor Marietti publicaba el Compendio delle vite di S. Francesco di Sales e di Giovanna Francesca Frémiot di Chantal scritto da un barnabita, Torillo 1839. Se trata del barnabita Alessandro. Gavazzi. Circulaba también la obra de C.A. SACCARELLI, Vita della S. Madre Giovanna Francesca Frémiot fondatrice dell'ordine della Visitazione di Santa Maria, Roma, Komarek 1734, reimpresión: Venezia, Simone Cocchi 1785.

2' P. STELLA, Valori spirituali nel «Giovane provveduto» di san Giovanni Bosco, Roma 1960.

22 P. STELLA, Don Bosco e Francesco di Sales: incontro fortuito o identitá spirituale?, en: J. PICCA - J. S'FRUg (eds.), San Francesco di Sales e i salesiani di don Bosco, Roma, LAS 1986, p. 139‑

159. Es necesario subrayar que el Trattato dell'amore di Dio, a causa de su densidad especulativa y

mística, es menos asequible que la Introduzione alía vita devota. El mismo don Bosco prefirió esta

última. "

23 STELLA, Don Bosco e Francesco di Sales, p. 144-146.

1.7. La tradición espiritual filipina

Con el filón salesiano se entrelaza la tradición espiritual filipina, mantenida en Piamonte por el Oratorio de Turín y por la extraordinaria figura de viva enValfré (t 1710),24 por la biografía del santo escrita en el siglo XVII por Bacci" y por una serie de Ricordi ai giovinetti, que don Bosco conocía bien.26

La ósmosis entre el filón salesiano y el filón filipino no debe extrañar. En la relación armoniosa entre naturaleza y gracia se funda también, en efecto, el programa espiritual de San Felipe Nerí, que se nutre de confianza en la naturaleza humana y de amor al arte (el oratorio musical nace en el ámbito de los encuentros promovidos por Felipe Neri), rehuye los tonos hoscos y tristes, se ilumina de espíritu festivo y de alegría. Alfonso de Ligorío, aunque abierto a las sugestiones de Teresa de Ávila, es hijo espiritual de Felipe Neri y Francisco de Sales. Madura, en efecto, su espiritualidad bajo la guía del oratoriano Tommaso Pagano, después pasa bajo la dirección de mons. Falcoia, embebido de salesianismo.' Francisco de Sales era uno de los autores más leídos en el ámbito del Oratorio.' El joven Rosmini se sintió atraído por las lecturas salesianas gracias a las influencias oratorianas.29 Cottolengo respira el aire de la espiritualidad de Felipe Neri (su director espiritual era el filipino Michele Fontana) y de Francisco de Sales, aunque descubre su vocación leyendo la vida de San Vicente de Paul. Para don Bosco, Francisco de Sales y Felipe Neri son los modelos en los que personalmente se inspira.

24 Cf. SE, en: OE I, 489.

" G. BACO, Vita di S. Filippo Neri, fondatore della Congregazione dell'Oratorio, Roma 1622. Tuvo numerosas ediciones italianas y en otras lenguas.

26 P. Stella ha puesto de relieve que los Ricordi ai giovinetti de San Felipe Neri se encuentran en la obra anónima, que don Bosco conocía bien, titulada: Un mazzolino di ftori ai fanciulli e alíe famiglie..., Torillo 1836 (cf. STELLA, Valori spirituali, p. 41s.). I ricordi generali di san Filippo Neri alta gioventit fueron editados por G. Bosco, Porta teco cristiano (1858), en: OE XI, 34-36.

27 G. CACCIATORE, Fonti storico-letterarie dell'insegnamento ascetico di S. Alfonso M. De' Liguori, en: A.M. DE' LIGUORI, Opere Ascetiche, Introduzione generale, Roma 1960, p. 127.

28 El influjo salesiano es muy fuerte en Antonio Cesan (1760-1828) de la congregación veronesa del Oratorio, y se presenta mezclado con motivos ignacianos y vicentinos, además de filipinos. Este entramado está especialmente presente en: Lezioni storico-morali sopra la Sacra Scrittura, Milano 1815-1817 (cf. A. VECCHI, La dottrina spirituale di A. Cesad, en: Chiesa e spiritualitá nell'Ottocento italiano, Verona 1971, p. 173s.).

29 VECCHI, La dottrina spirituale, en: Ibid., p. 185; A. VALLE, Momenti e valori della spiritua‑

litá Roma 1978, p. 43s. Un retrato entusiasta de San Felipe Neri fue esbozado por
Rosmini, cuando tenía poco más de veinte años: Delle lodi di S. Filippo Neri, Venezia, G. Battaggia 1821.

El caso de Cottolengo revela la amplia atracción ejercida también en Turín por la tradición vicentina, mantenida despierta por los religiosos de la congre.. gación de la Misión, que en 1827 contaba en Piamonte con seis casas, por la congregación de las Hijas de la Caridad y por las fundaciones que, aunque desgajadas del tronco de las Hijas de la Caridad, conservan su espíritu y adoptan su Regla?' Si los paules promueven las misiones populares en los pueblos del_Piamonte, las Hijas de la Caridad se dedican al cuidado de los pobres, los enfermos, los soldados ingresados en los hospitales militares?'

Este entrelazarse de corrientes espirituales anima la extraordinaria época con iniciativas orientadas a las necesidades espirituales y materiales de los pobres, de los enfermos, de los encarcelados, de las mujeres en peligro y descarriadas, que caracteriza las primeras décadas del siglo XIX en Piamonte. La pequeña Casa _de la Divina Providencia surge en 1832 bajo los auspicios de Vicente de Paul y acoge a los enfermos rechazados en otros hospitales a causa de sus deformidades. La espiritualidad del Cottolengo se caracteriza por el abandono total en la divina Providencia y por la dedicación a los hermanos más pobres. Charitas Christi urget nos es el lema que Cottolengo deja a su «Piccola Casa».32

Giulia Barolo, penitente de Lanteri, de Guala y más tarde de Cafasso, promovió obras para la asistencia de las encarceladas, para la rehabilitación de las mujeres descarriadas, para el cuidado de jóvenes enfermas.33 Don Cafasso se dedica a la asistencia de los deshollinadores venidos a Turín desde el valle de

3° Animador de las obras vicentinas en Piamonte fue el padre Marcantonio Durando, amigo y consejero de Cafasso, Cottolengo, Bosco, Murialdo, Allamano. Superior de la casa de Turín (1831), introdujo en 1833 las Hijas de la Caridad y fundó en 1836 la asociación de las Damas de la Caridad, de extracción nobiliaria, dedicada a la asistencia de los pobres y de los-enfermos. Cf. L. CHIEROTTI, II p. Marcantonio Durando (1801-1880), Sarzana 1971. En 1842 las Hijas de la Caridad contaban en Piamonte veinte casas y en 1848, cuarenta (cf. CHIERarn, II p. Marcantonio Durando, p. 112). Entre las fundaciones que, a pesar de haberse separado de las Hijas de la Caridad, conservan su espíritu y adoptan ,su regla, hay que recordar las Hijas de la Caridad de Antida Thouret y las «Suore di Caritá dell'Immacolata Concezione», fundadas en 1828 en Rivarolo Cana‑

vese (Turín) por Antonia Vema (cf. F. 'TROCHO, Santa Giovanna Antida Thouret, fondatrice delle Suore della carita, Milano 1961; A. PIERot n, La vita e ¡'opera della serva di Dio Madre Antonia



Maria Venza, fondatrice delle Suore di Carita dell'Immacolata Concezione d'Ivrea (1773-1838), Firenze 1938).

" La iniciativa de asistir a los soldados enfermos causó desconcierto en el mundo eclesiástico turinés. Un influyente representante del mismo declaró, en efecto, que si el padre Durando fuera a confesarse con él, no tendría el valor de darle la absolución, por esta su osadía (cf. CHIEROTH, Il p. Marcantonio Durando, p. 276).

32 V. DI MEO, La spiritualitá di san Giuseppe Cottolengo studiata nei suoi scritti e nei processi canonici, Pinerolo 1959.

33 R.M. BORSARELLI, La marchesa Giulia di Barolo e le opere assistenziali in Piemonte nel Risorgimento, Torillo 1933. En el mes de octubre de 1844, don Bosco llega a ser capellán en uno de los institutos de la marquesa Barolo, «l'ospedaletto di Santa Filomena» para muchachas enfermas.

Aosta, consuela a los encarcelados, acompaña a la horca a los condenados a muerte, implicando en esta experiencia al joven Bosco, sacerdote de 26 años, que quedó fuertemente impresionado 34 La barriada pobre de Valdocco se convirtió en el corazón de esta caridad operativa, acogiendo la Pequeña Casa de Cottolengo, las obras de la marquesa Barolo y en 1846 el Oratorio estable de don Bosco.

Del cuadro que he tratado de delinear, emerge un dato significativo. En el piamonte de la Restauración se forma un milieu espiritual en el que confluyen elementos diversos, pero cuyo denominador común está constituido por la dimensión humanista. Usando una expresión grata a Bremond, podemos decir que la espiritualidad piamontesa se mueve en la línea del humanismo devoto.

El humanismo devoto realiza en el campo de la espiritualidad el principio de la teología católica, según el cual la gracia no suprime la naturaleza, sino que la sana, la eleva, la perfecciona. La intuición de fondo es que la naturaleza, a pesar de haber sido herida por el pecado, permanece fundamentalmente orientada hacia Dios, la gracia actúa sobre tal disposición de la naturaleza. Si los jansenistas habían reivindicado la primacía de la gracia sobre la naturaleza, de la acción de Dios sobre la acción del hombre y habían instaurado una dicotomía entre el hombre pecador y el Dios de la gracia, el humanismo devoto afirma la continuidad entre naturaleza y gracia, la relación armoniosa entre naturaleza y sobrenaturaleza. El humanismo devoto le ha quitado al cristianismo aquellas características que podían hacerlo sombrío y extraño a la vida y le ha devuelto un rostro amable.

Es significativo que falten en Piamonte ecos de la espiritualidad francesa de orientación agustiniana (piénsese en Bérulle y los berullianos) con su temática de la vida cristiana como adhesión a Cristo en su muerte en la Cruz, como «anulación» (anéantissement), es decir, abnegación, muerte interior, mortificación de la naturaleza contaminada por el pecado (Bérulle), como oblación, sacrificio, inmolación, por lo que la criatura rinde honor al Creador no a través de la adoración, que es el reconocimiento de su nada, sino a través del sacrificio, que es la destrucción de sí mismo a manera de víctima inmolada (Condren, María de la Encarnación, Bemiéres, Mectilde del SS. Sacramento). El mismo Murialdo, que se vio influenciado por la espiritualidad francesa y en particular por Olier, pues vivió en Saint-Sulpice, atenúa la austeridad de la espiritualidad francesa con la dulzura de Francisco de Sales y con la afectividad de Alfonso de Ligorio.35

" En las MO don Bosco usa el verbo «inorridire» (cf. Bosco, Scritti sul sistema preventivo, p. 81). En este cuadro de caridad activa, hay que señalar una institución laica de beneficencia, denominada «Mendicitá Istruita», regia obra pía turinesa, creada en 1771, que ejercitó durante .el período de la Restauración un renovado compromiso en el sector de la instrucción y de la educación de la juventud pobre. Sus escuelas fueron confiadas, en la sección masculina, a los hermanos de las Escuelas Cristianas; en la sección femenina, a las llamadas «suore di San Giuseppe».

" Huellas de la tradición oratoriana francesa se encuentran en Lombardía y en la región vé‑





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