En camino con san agustíN



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EN CAMINO CON SAN AGUSTÍN

ECSA-2

DESDE SU CONVERSIÓN HASTA EL FINAL DE SUS DÍAS


II
(Temas 6-10)

Francisco Galende F., osa


1.- PEREGRINATIO

-Siempre en camino-



2.-“SAPIENTIA ET VERITAS”

-Referentes necesarios de toda búsqueda-






3.- “HONESTA CONFESIO”

-La honestidad consigo mismo-






4.- “FIDES ET RATIO”

-Armonía Fe y Razón-




5.-“INQUIETUM COR”

- La inquietud y búsqueda incesantes




6.- .-“CONCORDIA”

-Utopía de toda relación--






7.- “UNITAS IN DEO”

-De la multiplicidad a la unidad-




8.-“OTIUM SANCTUM ET NEGOTIUM JUSTUM”

-Contemplación y Misión”




9.- “AMA ET QUOD VIS FAC”

- Ama, y haz lo que quieras-






10.- “QUIETUM COR IN DEO”

Paz y estabilidad en Dios-.

6.- “CONCORDIA”

“Con una sola alma y un solo corazón hacia Dios”
Nuestra vocación es la concordia. Y a ella hemos de encaminar

todos nuestros esfuerzos” (In Jo. Ev. 34,10).

A.- SENTIDO DEL TEMA


Hemos seleccionado un serial de conceptos, en torno a los cuales Agustín desarrolló una rica espiritualidad. Son muchos, en realidad, y la selección por ello es, en cierto modo, arbitraria. En ellos, nos interesan no sólo los conceptos, sino la propia experiencia de Agustín.
1.- Unidad y Diferencias

Uno de esos conceptos, que ahora abordarmos, es el término “CONCORDIA”. En su acepción literal-etimológica, significa “sintonía de corazones” y, por ello, de afectos y de mutuo respeto y valoración. Su contraria es la “DISCORDIA”, que es confrontación y conflicto pasionales y afectivos.


Muy diferente es el binomio “sintonía-diversidad” en el pensar, opinar, juzgar, valorar y comportarse, en gustos, preferencias e intereses; en capacidades y aptitudes; que no tendrían por qué afectar para nada a la concordia. Porque es un hecho insoslayable que todos los seres humanos somos “IGUALES”, pero “DIFENTES”, por naturaleza. ¡Afortunadamente!: En las diversidades –y no en la uniforme identidad- está nuestra riqueza, cuando se aúnan en concordia.
El binomio “Unidad-Diversidades” ha sido un eterno quebradero de cabeza en la relación humana, a todos los niveles. Históricamente hemos oscilado entre los dos extremos: Convertimos la Unidad en “uniformidad”, sofocando al máximo las diferencias; o bien damos rienda suelta a las diversidades, que se confrontan entre sí, rompiendo la Unidad. En el ámbito socio-político y educativo se traduce en el binomio “Derechos y Deberes”, en el que hemos saltado, repetidamente, de un extremo al otro: O se han enfatizado los deberes ciudadanos tan unilateralmente que queda sofocado todo legítimo espacio personal; o ponemos el acento en los derechos individuales, marginando al máximo los deberes y responsabilidades sociales.
2.- La concordia consigo mismo

Para Agustín, la discordia empieza en sí mismo. Porque el ser humano no es una totalidad uniforme y homogenea, sino con dimensiones diferentes que hacen fácilmente ocnflicto entre sí:

Es un Ser Individual.- Un “YO”, dotado de instintos y apetencias, de razón y de conciencia.

Es un “Ser Social”.- Impulsado a realizarse en comunión, porque “necesitamos de los demás para ser nosotros mismos”, en expresión de Agustín.

Es, por fin, criatura.- Y, como tal, un “proyecto de existencia”, del que él mismo no es autor. Lo ha recibido de su Hacedor: Dios para los creyentes, y la Naturaleza para los sin Dios.
Esta triple dimensión -personal, social y trascendente- entra fácilmente en conflicto rompiendo la necesaria unidad interior, e instaurando la discordia dentro de sí mismo: Entre lo que quiero y lo que debo; entre lo que me gusta y apetece y lo verdaderamente justo y saludable; entre mis intereses y mis deberes para con los demás; entre mis emociones y mis convicciones. Surge así, en mi mismo, una problematicidad, que, inconscientemente, proyecto hacia fuera y atribuyo a los demás o a lo demás.
Una de las raíces y expresiones de esta desarmonía es la tendencia de cada individuo a recrear todas las cosas –también a los demás seres humanos- a su propia imagen y semejanza, rompiendo con cuantos no se ajustan a la misma, y adhiriéndose a los que la refuerzan. Es una forma de “endiosamiento”. El psiquiatra y escritor Erich Fromm declara que el “seréis como dioses” que auguró la serpiente, en el Paraíso, es al mismo tiempo una tentación y una vocación del hombre. Pensamiento que comparte Agustín: Es tentación pretender “endiosarse” suplantando a Dios; es vocación porque “para hacer dioses a los que eran hombres, se hizo hombre el que era Dios” (Serm. 192,1). (Aliados de Dios).
3.-La concordia con los demás seres humanos

De hecho son las diversidades -en el pensar, en el creer y en el sentir; en intereses, gustos y preferencias- las piedras de tropiezo que arruinan la concordia e instauran la discordia entre los seres humanos. No las diversidades en sí mismas sino el modo de afrontarlas.

El primer modo es instintivo. En concreto, el instinto de autodefensa. Lo llamamos discusión, debate, controversia, altercado o pelea. Ante cualquier oposiciónpensemos en la ideológica- levantamos espontáneamente nuestras armas, no siempre físicas, pero sí las de la lengua: el grito, la acusación, el insulto, la caricatura, la burla o el desprecio. Armas hoy legales en numerosas legislaciones, en nombre de la “libertad de expresión”.
El segundo modo se llama “Diálogo”.- Que es búsqueda honesta, respetuosa y compartida de una verdad más y más plena, en la convicción de que todos trabajamos con perspectivas fragmentarias de verdad: “No hay ninguna falsa doctrina (digamos ideología) que no tenga algo de verdad” afirma Agustín ( Quaest.Ev. II, 11,2). Por eso, “la vedad no es tuya ni mía, para que pueda ser de ambos” (In ps. 103,2). Sin embargo, todos necesitamos vivir de “convicciones”, sinceras y fundamentadas, pero abiertas siempre a una verdad más integral. Dogmatismo y Relativismo absolutos son igualmente perniciosos.
La discusión es “combate”. El diálogo búsqueda conjunta, que nace de la concordia: “La discusión produce la división. La caridad produce el acuerdo; el acuerdo conlleva la unidad; la unidad mantiene la caridad y la caridad conduce a la claridad” (In ps. 30,2,1).
4.-La concordia con la creación

Podríamos hablar, así mismo, de la necesaria “concordia” con la Creación, con la Naturaleza, con el Ambiente, con la Tierra, herencia común de todos los seres humanos y que hoy estamos desequilibrando y destruyento (Ecología).


Todos sabemos mucho de las inacabables discordias de los seres humanos, a todos los niveles, en la historia y el presente. Pero, en el contexto de unos “Ejercicios Espirituales Con San Agustín”, la pregunta obligada es: “¡Y YO qué!?...

B.- LA EXPERIENCIA DE AGUSTÍN


Carta 23.- La Fraternidad más allá de nuestras diferencias

Agustín vivió personalmente la experiencia de la confrontación, particularmente en el ámbito religioso. En concreto, con el obispo donatista Maximino, al que dirige, en el año 392, una carta del siguiente tenor:


“Agustín, presbítero de la Iglesia católica, al señor Maximino, amadísimo y honorable hermano, salud en el Señor.

Antes de tratar el asunto que me mueve a dirigirte esta carta, voy a explicar con brevedad el título de la misma, para que no cause extrañeza, ni a ti ni a otro alguno. Te llamo señor, porque está escrito: “Habéis sido llamados a la libertad, hermanos; únicamente no convirtáis la libertad en ocasión para la carne, sin servíos recíprocamente por caridad” (Gal.5,13). Puesto que estoy a tu servicio por caridad, aunque sólo sea en este ministerio de escribir, con razón te llamo señor, en atención al único y verdadero Señor nuestro, que nos dio ese precepto. Te llamo amadísimo, y bien sabe el Señor no sólo que te amo, sino que te amo como a mí mismo, puesto que sé muy bien que te deseo los bienes que apetezco para mí. Al añadir honorable, no lo hago para enaltecer tu episcopado, ya que para mí no eres obispo. No tomes esto a ofensa; tómalo como aquella sincera palabra que siempre debe atar en nuestros labios: Sí, si; no, no. No ignoras que cuantos nos conocen saben que ni tú eres obispo mío ni yo soy presbítero tuyo. Te llamo de buen grado honorable, porque la norma es ésta: sé que eres hombre; que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y colocado en honor dentro del orden y derecho naturales; basta que justifique ese honor, entendiendo lo que ha de entender, pues se halla escrito: “El hombre colocado en honor no entendió; fue comparado a los jumentos insensatos y asimilado a ellos” (Salm.48,21). ¿Cómo no iba yo a llamarte honorable, en cuanto eres hombre, en especial no atreviéndome a desesperar de tu salud mientras vivas en este mundo? Cuando te digo hermano, no te pasará inadvertido que tenemos un precepto de llamar hermanos aun a aquellos que se niegan a ser hermanos nuestros; y eso tiene un gran valor para el debate que motiva esta carta que dirijo a tu fraternidad”.

Agustín tiene clara la utopía, a la que hemos de avanzar por encima de todos los conflictos: La Concordia. Hay entre ambos diferencias confrontadas en su modo de entender la fe cristiana. Pero tiene claros, y enfatiza, los principios que han de inspirar su conducta: “Nadie hay en el género humano, al que no se deba la caridad” (Carta 130,33). Porque “hombre soy y nada de lo humano puede serme ajeno”, citando a Terencio (Carta 155,4,14). Una convicción que Agustín inculca repetidamente a sus fieles: “A quien no ama la paz y desea litigar, respóndele con mansedumbre: «Dí cuanto quieras; por mucho que me odies y te agrade detestarme, eres mi hermano... Reconoce en ti la señal de mi padre, la palabra de nuestro Padre. Hermano mio pendenciero, eres mi hermano” (Serm. 357, 4). En efecto, “El que ama a los hombres, ha de amarlos, o porque son justos, o para que lo sean! (De Trin. VIII, 6,9).
UTOPÍA Y REALIDAD

La concordia es una conquista, que implica un perfecto señorío del propio mundo emocional. Este, por ser instintivo, se nos altera al menor descuido; en mayor grado a los temperamentos calientes, y en menor grado a los apáticos. Ocurre, en algún modo, a la mayoría de los seres y le ocurrió también a Agustín. En su vida, debió afrontar con frecuencia el conflicto y no siempre logró dominar sus emociones. Pero avanzó en el intento. Veamos otra de sus experiencias significativas.


La polémica acalorada entre dos santos.

Agustín lleva apenas tres años de sacerdote y ocho de convertido, cuando inicia una larga correspondencia con Jerónimo, hombre de larga experiencia cristiana, especialista en Biblia, y ocupado en la traducción de la versión hebrea de la Biblia al latín (Vulgata), en su retiro de Belén. Se cruzan unas 15 cartas, que se convierten en una acalorada polémica (Agustín, cartas: 28, 40, 67,71,73,82,166 y 167; Jerónimo, cartas 39, 68, 72, 75,81.172, 195). . Y he aquí los temas debatidos:

La versión latina de la Biblia, a partir de su texto hebreo.- A Agustín le pareció improcedente, pues sólo motivaría confusión entre los fieles, y quitaría autoridad a la versión oficial, en uso, “la de los LXX”.

La cuestión del calabazo.- La versión griega de «Los 70» dice que Jonás se tumbó a la sombra de un calabazo (Jon. 4,6); Jerónimo, en cambio, lo traduce por «hiedra» (y hoy suele traducirse por un «ricino»). Agustín aduce que esos cambios no hacen sino confundir a los sencillos, y poner en cuestión la reconocida autoridad de la Biblia griega.

La cuestión de la reprensión de Pablo a Pedro.- Comentando el texto de la Carta a los Gálatas, en el que Pablo afirma que hubo de reprender seriamente a Pedro, porque comía normalmente con los cristianos procedentes del paganismo, pero se apartaba de ellos tan pronto aparecían cristianos judíos fanáticos de la circuncisión, provocando desconcierto en los primeros (Gal. 2, 11-14), Jerónimo interpreta que la actitud de Pedro era, en realidad, «fingida» y justa, pues sólo buscaba no hacer problema con los cristianos judíos; y, si bien es cierto que, a la luz de Cristo, ya no existe base hacer diferencia entre alimentos puros e impuros, tampoco es dañino prescindir de los considerados «impuros» en la tradición judía.

Agustín juzga desafortunada tal interpretación: Admitir que la conducta de Pedro fue fingida y justificada, es decir que Pablo se equivocó en su reprensión, y hacemos de su palabra -Palabra de Dios-, una mentira. Por lo demás, Pablo no reprende el que Pedro coma con los judíos y según las tradiciones judías; lo reprende por apartarse de los cristianos no judíos.(Carta 40, 7).


La correspondencia inicial mantiene un tono abiertamente polémico. Agustín adopta un tono de franca reprensión y le amonesta a rectificar

 Acusa a Jerónimo de haberse arrogado la protección de la mentira, en la cuestión de Pedro y Pablo: “Opino que es deletéreo creer que, en los Libros Santos, se contiene mentira alguna”. Y amonesta a Jerónimo a rectificar y “cantar la palinodia, como suele decirse”( Carta 40, 7):

 Jerónimo no se digna, ni contestar por mucho tiempo (3 años), a este neófito que pretende darle lecciones. Y contesta al fin para manifestar su indignación e invitarle a recordar el refrán: “El buey viejo hunde más la pezuña” (Carta 68).

 En carta posterior le declara: “Algunos familiares mios (…) me ha sugerido que tú no habías obrado con nobles intenciones, sino que buscabas el aura, las palmas y la gloriecilla popular, para crecer a costa mia…” (Carta 72,2).

 Y sigue: “Desafías a un anciano; provocas al que calla; parece que te jactas de saber…” (Carta 72,3,5).

 “ Y más: “Te ruego que no me obligues a pelear y poner de nuevo en riesgo la vida a un anciano retirado, que fue ya hace mucho tiempo vetenerano (Cart.75,5,19).

 Agustín por su parte reacciona: “No puedo creer que tú fueses capaz de escribir para herirme, si no te hubieras considerado ofendido. Si pensaste que yo podía considerarme herido por mi excesiva estulticia… ya me ofendes al formar ese juicio sobre mi susceptibilidad… No debiste, pues, insinuar que yo era tonto y podía sentirme herido con un escrito tuyo inofensivo” (Carta 73,2).
Lo admirable, sin embargo, es que uno y otro, al fin, reflexionan; van moderando sus expresiones; hacen su confesión; se piden mutuamente disculpas, y terminan en una sincera y mutua amistad y admiración:

 Agustín reconoce: "¿Cómo es que me estoy dando aires doctorales, como olvidado de la persona a quien estoy hablando, mientras estoy proponiendo lo que deseo saber por tí?" (Carta 167, 4.14, año 415).

 Y suplica: "Te vuelvo a rogar que me corrijas con toda confianza cuando vieres que lo necesito. Aunque el episcopado sea mayor que el presbiterado, según la nomenclatura jerárquica,...con todo, Agustín es menor que Jerónimo en muchas cosas y, en todo caso, no se ha de rehuir ni rechazar la corrección del inferior, cualquiera que sea" (Carta.82, 4.33).

 Y, por fin: "Demos a nuestros amigos y a los que se interesan de verdad en nuestros trabajos, este ejemplo: Que sepan que, entre los amigos, cabe una recíproca oposición en las palabras, sin que se disminuya por eso la caridad ni produzca odio la franqueza que se debe a la amistad" (Carta, 82, 32, año 404).

 Por su parte, Jerónimo escribe: "Suplico que perdones mi modestia (…) . Dejemos ya esas lamentaciones. Hay entre nosotros pura fraternidad y en adelante no nos enviemos escritos de contienda, sino de caridad" (Carta 81, año 4o4?).

● "Yo he decidido amarte, aceptarte, venerarte, admirarte y defender tus proposiciones como si fuesen mías" (Carta 172, 1, año 416).

● "En todo tiempo he venerado a tu beatitud con el honor que conviene y he amado a nuestro Señor y Salvador, que en tí habita. Pero ahora, si es posible, he añadido algo al tesoro y lo he colmado, hasta el punto de no dejar pasar una sola hora sin mencionar tu nombre" (Carta 195).
Advertimos, en efecto, en las obras de Agustín y en el paso de sus años, una evolución evidente tanto en sus conceptos como en el modo de afrontar los conflictos, que fueron muy numerosos en su vida. En ellos va quedando más y más en primer plano, su interés por salvaguardar la “concordia” y la caridad, por graves que sean los problemas. Fueron habituales en su vida. A Agustín le tocó vivir en una sociedad norteafricana social y religiosamente confrontada y violenta. Pese a ser la Fe Católica la oficial del Imperio, ésta sufrió frecuentes embates de los paganos, circunceliones y donatistas, que incendiaron o destruyeron sus templos, y asesinaron varios de sus sacerdotes y fieles. Y es ante estas situaciones donde nos queda patente el verdadero talante de Agustín, buscador por sistema de la conciliación, el perdón y el humanismo.
Muchos de los delincuentes y asesinos de los que fieles y sacerdotes de Agustín fueron víctimas, cayeron, al fin, en manos de la Justicia. Y nos sorprende el largo listado de cartas que Agustín dirige a los Jueces, muchos de ellos amigos personales, y el tono de las mismas, suplicando insistentemente humanidad con los reos:

•-Carta 100, al procónsul de Africa, Donato.- Agustín suplica encarecidamente al procónsul que no reprima vengativamente los crímenes de los donatistas, de acuerdo a la enormidad de sus delitos, sino atendiendo a la mansedumbre cristiana: “No debemos apartarnos de nuestro invariable propósito de vencer el mal con el bien”.

Carta 133 al delegado imperial, Marcelino.- Le ruega encarecidamente que no se deje llevar por la venganza ni olvide la humanidad, al castigar a los criminales donatistas de que dieron muerte a los presbíteros Restituto, Inocencio y otros, arrancaron un ojo a otro, y cortaron un dedo a uno más: -”Tú, juez cristiano, cumple el oficio de padre piadoso”. Y ruega que se le apliquen, a lo más, el castigo que un padre severo da a su hijo mal portado.”(Carta 133, 1-2).

•-Carta 134, al procónsul Apringo.- Agustín suplica nuevamente en favor de criminales donatistas, para que no se aplique a éstos la pena de muerte, ni castigos inhumanos: “Ellos derramaron la sangre cristiana con sus espadas impías; de derrames tú ahora, por el amor de Cristo, la sangre de ellos con tu espada jurídica... Nosotros amamos tanto a nuestros enemigos que, si no estuviéramos seguros de tu obediencia cristiana, apelaríamos contra tu severidad”. (Carta 134, 4). Repite la misma súplica en la carta 139, 1-2.

•-Carta 153, al vicario imperial, Macedonio.- Agustín contesta a la de éste, en la que le ha manifestado su extrañeza ante su afirmación anterior de que es función sacerdotal intervenir a favor de los reos, y se considera defraudado cuando no tiene éxito. Agustín le habla de la caridad, el perdón y la mansedumbre cristianas. Y concluye: “Útil es vuestra severidad, por cuyo ministerio se garantiza nuestra tranquilidad. Pero también es útil nuestra intercesión, por cuyo ministerio se templa vuestra severidad. Nada se haga por el apetito de dañar; hágase todo por deseo de ser provechoso, y nada se hará cruelmente, nada inhumanamente. Tanto el castigar como el perdonar es obra buena cuando hay intención de corregir la vida de los hombres” (Carta 153, 19).

•-Cartas 250, al obispo Auxilio.- Agustín aboga en defensa de la familia del noble Clasiciano, que ha sido despiadadamente excomulgado, con toda su familia, por una falsa acusación de violar el derecho de asilo. En todo caso “¿por qué se anatematiza al hijo por el pecado del padre; o a la mujer por el de su marido; al siervo por el de su señor...?” (Carta 250, 1).


En síntesis, Agustín es el “Hombre en Camino”. No le faltan en él tropiezos; pero se mantiene apasionado por la Meta y su itinerario nos deja patente un progresivo acercamiento a la misma. Seguirá reconociendo que no es un “hombre perfecto”; pero empeñado siempre en ser un “perfecto caminante”.
En concreto, su pasión por la Concordia, descrita y comentada en tantas de sus obras, no quedó anclada en sus luminosas ideas, y bellos conceptos: Saltó, por fin, al corazón y comprometió su vida. Encarnada realmente en su vida y experiencia, tanto con sus amigos como con sus adversarios, marcó a todas luces su personalidad global, convirtiéndolo en modelo de humanidad para la Historia.
LA CONEXIÓN CON JESUCRISTO

Agustín fue encarnando más y mejor, en su vida, el mismo espíritu de Cristo: “Oísteis que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente” (Mt. 5, 38). Y se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero Yo os digo: Amad a nuestros enemigos” (Mt. 5, 43-44).


El amor y concordia de que Jesús habla de continuo , no admite fronteras, porque el Gran Sueño de Dios es que sus criaturas humanas constituyan, al fin, una sola y única Familia: “Que Todos sean UNO…” (Jn. 17,21).
|No es sensato odiar, ser violento y problemático, porque los que me rodean lo son, como no es sensato volverme loco, porque trabajo en el manicomio y no oigo más que locadas. La propia salud e integridad no tienen por qué depender de la salud o enfermedad de quienes me rodean.

Nuestra vocación es la concordia. Y a ella hemos de encaminar



todos nuestros esfuerzos” (In Jo. Ev. 34,10).

7.- UNITAS IN DEO”

De la multiplicidad a la unidad
La esencia del ser es la unidad, y en la misma medida en que es uno es ser; la obra de la unidad es producir la conveniencia y la concordia... de sus partes(De Moribus Manich. 2,6,8).

A.- SENTIDO DEL TEMA


1.- La Unidad y las unidades

Durante largos años de su vida, Agustín vivió interesado, como todo ser humano, en delimitar unidades, o “lotes”, de existencia para realizar satisfactoriamente su vida: La unidad con la pandilla, en su adolescencia; la unidad con sus amigos; la unidad en su comunidad religiosa, en Tagaste; la unidad con sus fieles de Hipona; la unidad con la Iglesia, Cuerpo de Cristo, Etc.


Al fin se dará cuenta de que las “unidades” no necesariamente constuyen la Unidad, porque se enfrentan fácilmente entre sí, ocasionando la división. Aun los guerrilleros y terroristas, los pandilleros, delincuentes y corruptos, constituyen frecuentemente una comunidad solidaria entre ellos mismos. Pero marginan la totalidad, y para ella se convierten en «cáncer». De modo que sigue pendiente la gran cuestión de la UNIDAD, más allá de las unidades fragmentarias. Y he aquí un concepto en el que Agustín vive una clara evolución o, si se quiere, “profundización”: las unidades y la UNIDAD global.
Tenemos el problema de que todo aquello que desborda nuestra experiencia directa, se nos antoja abstracto y, por ello, irrelevante. Así ocurre con el concepto de la “Unidad Cósmica”, más allá de las unidades fragmentarias; la “Unidad del Ser”, más allá de la multiplicidad de seres. Agustín termina descubriendo que, sin la percepción de esa Unidad Global, se fasean o distorsionan fácilmente las unidades fragmentarias.
Y Agustín proclama: El SER es UNO, en su ingente diversidad de manifestaciones. La Vida es Una, en la gran variedad de sus expresiones. Es el “Principio Holístico” que, en nuestro tiempo es ya, en muchos aspectos, descubrimiento científico:

● 1º.-El Universo es una «Unidad Armónica», e interdependiente en sus diversidades, de tal modo que no es posible alterar una parte, sin que, en alguna forma, repercuta en el Todo.

● 2º.-La Naturaleza y la Vida, en el planeta tierra, es asimismo una «Unidad Armónica», en la gran diversidad de sus expresiones, y toda alteración parcial, repercute en algún modo en la Totalidad. Se ha despertado por ello la conciencia del necesario cuidado de la tierra (Ecología).

● 3º.- Entre todos los seres humanos, existe una tal interdependencia, que la armonía o desarmonía prácticas de la Humanidad repercute, en algún modo, en cada individuo, y la calidad humana de cada individuo enriquece o empobrece a la Humanidad entera. Para San Pablo los seres humanos somos miembros de un solo y único «Cuerpo»; y como en nuestro cuerpo físico, ningún miembro puede enfermarse sin comprometer, en algún modo, la salud de los demás.

● 4º.- Cada persona humana, es una «Unidad Armónica», en su triple dimensión: «Cuerpo-Mente-Espíritu». Las anomalías biológicas (cuerpo), repercuten en los pensamientos y emociones (mente), y a la inversa; y los problemas se fortalecen cuando está ausente la autoconciencia, sensibilidad y amor (espíritu).
Pero de hecho, las mayorías humanas hemos trabajado, por sistema, con «fragmentos» de realidad, o de vida, perdiendo de vista, por sistema, el «Todo». Ya en el siglo V, San Agustín apuntó a este hecho:
● “...Notará el hombre instruido que lo que ofende en parte es porque no se abraza la TOTALIDAD, a que maravillosamente se ajusta aquella parte. En cambio, en el mundo ideal, toda parte, lo mismo que el Todo, resplandece de hermosura y perfección" (De Ordine,II,XIX,51). “Lo mismo ocurre a los hombres poco instruidos, que incapaces de abarcar y considerar con su angosta mentalidad el ajuste y armonía del Universo, al topar con algo que rebasa los limites de su comprension, luego piensan que se trata de un desorden o deformidad"… La causa principal de este error es que el hombre se desconoce a si mismo”. (De Ordine,I,I,2-3). “Si queremos juzgar con rectitud todas estas cosas…, han de considerarse en relación a la TOTALIDAD" (De Vera Relig.XL,76).
De modo que el problema no está en que la Realidad esté constituida por un conjunto desordenado y caótico de de seres, incluidos los humanos, y hemos de asumir la utopía de conjugarlos. Es al revés: La Realidad es UNA; pero nuestra mirada miope no ve sino fragmentos recortados. Tenemos que empezar, sin duda, por partes, porque nadie tiene en sus manos la posibilidad de manejar la totalidad. Pero no es ese el problema, sino el perder de vista la totalidad, cuando trabajamos con una parte:

Es justo que una empresa productora se centre en sus particulares objetivos; pero no debería perder jamás de vista la repercusión que tienen sus objetivos, medios y métodos en los demás seres humanos, y en la ecología ambiental.

Es razonable que el médico especialista en el riñón, centre su atención en tratar las patologías del mismo. Pero no puede perder de vista la repercusión que su tratamiento puede tener en el resto del organismo; ni olvidar que está tratando a un ser humano, y no una simple unidad biológica.

Es respetable que un partido político tenga su particular ideología y visión de cosas. Pero no debe nunca encerrarse en sí mismo y en sus intereses partidarios, olvidando que su razón de ser es el servicio a la comunidad global. .

En el ámbito cristiano y de Vida Religiosa, hay grupos y comunidades fraternos. Pero esa experiencia no puede convertirse en una isla, o burbuja. Un Grupo o Comunidad Religiosa habrá de ser una “Escuela de Fraternidad”, donde aprendemos, en pequeño, a ser humanos, solidarios y fraternos con todo ser humano. En otras palabras, la Fraternidad Universal, sin fronteras.
Todos generalizadamente, pecamos de un corazón demasiado estrecho: Nos construimos nuestra propia burbuja de afectos e intereses, según nuestras preferencias, y lo demás y los demás nos tienen sin cuidado.
Nuestra vocación es la concordia

Nuestra vocación es la concordia”, declara Agustín; no sólo entre los seres humanos, sino con toda la Creación: “Atiende al cielo; Es hermoso. Atiende a la tierra; es bella. Ambos juntos son sobremanera hermosos: El los hizo; Él los dirige; Ël los gobierna” (In ps. 148,15). Necestiamos recuperar y salvaguardar el natural Concierto de la Creación, en la que los humanos hemos sido los eternos desafinados. Y esta desafinación produce grietas en la armonía globlal del mundo y de la vida, verdadera raíz de enfermedades a todos los niveles.

 Cuando un individuo humano alcanza una alta cima de humanismo y excelencia, la Humanidad entera se ha elevado. Cuando un individuo se degrada, toda la Humanidad ha descendido un grado más en su degradación.
Siempre ha sido un quebradero de cabeza, para los seres humanos, armonizar Unidad y Diversidades. Agustín, inspirado en el natural Concierto de la Creación, utiliza el símo de lo que es un coro, sinfonía o concierto musical:

“¿Qué es la sinfonía? La concordia de las voces. Quienes no tocan al unísono, disuenan; los que concuerdan, tocan a la vez. Esta es la sinfonía que enseñaba el Apóstol cuan decía: Os ruego, hermanos, que sonéis todos lo mismo y que no haya entre vosotros divisiones. ¿A quién no deleita esta s santa es decir, el ir de acuerdo las voces, no cada una por su lado, sin nada inadecuado o fuera de tono que pueda ofender el oído de un entendido? La concordia pertenece a la esencia del coro. En el coro lo que agrada es la única voz que es el resultado de muchas otras, que, procediendo de todas, guarda la unidad, sin disonancias ni tonalidades discordantes” (Serm. 112°, 9).


Insiste en lo mismo refiriéndose a la gran diversidad de instrumentos que se armonizan en una orquesta: “En una buena orquesta hay muchos instrumentos diferentes. Pero todos ellos están tan cuidadosamente afinados y entonados que la audiencia oye sólo una melodía. Este ha de ser nuestro ideal: ser una orquesta para el Señor” (In Ps. 150, 7);
De hecho, lo primero que perciben nuestros ojos, en la vida real, es la desarmonía: La confrontación, el conflicto, la violencia oral o física. Y hemos querido, por sistema, solucionar los problemas por la vía de «el poder de unos sobre los otros», desencadenando más conflictos y problemas. A una mirada más profunda, la unidad real se hace patente a todos los niveles, comenzando por el cuerpo humano: “De la cabeza a los pies reina la unidad. Si me pisan, la lengua no se desentiende,sino que dice:- ¡Me estás pisando! (aunque nadie ha pisado la lengua) Asi Cristo, la Cabeza a quien nadie pisa, dijo: -«Tuve hambre y no me disteis de comer...»" (Serm.137,1-2).

B.- LA EXPERIENCIA Y LUCES DE AGUSTÍN


Seguimos interesados en conocer, no sólo lo que Agustín “pensó”, sino lo que Agustín vivió: en experiencia personal. Y también en este concepto de la unidad y las diversidades, su vida deja patente un proceso evolutivo. Lo primero con lo que se encuentra –y nos encontramos todos- es con la multiplicidad, el conflicto, la confrontación y la incoherencia, comenzando por sí mismo. Agustín ve en su mundo interior, en su mente o memoria, un depósito de recuerdos, experiencias, deseos, afectos y tendencias, que se confrontan, o se anulan, entre sí:
Grande es la virtud de la memoria y algo que me causa horror, Dios mío: multiplicidad infinita y profunda. Y esto es el alma y esto soy yo mismo. ¿Qué soy, pues, Dios mío? ¿Qué naturaleza soy? Vida varia y multiforme y sobremanera inmensa. Vedme aquí en los campos y antros e innumerables cavernas de mi memoria, llenas innumerablemente de géneros innumerables de cosas, ya por sus imágenes, como las de todos los cuerpos; ya por presencia, como las de las artes; ya por no sé qué nociones o notaciones, como las de los afectos del alma, las cuales, aunque el alma no las padezca, las tiene la memoria, por estar en el alma cuanto está en la memoria. Por todas estas cosas discurro y vuelo de aquí para allá y penetro cuando puedo, sin que dé con el fin en ninguna parte...” (Conf. X, 17,26).
Como consecuencia de esta multiplicidad caótica que lleva dentro, Agustín emprenderá, por largos años, rumbos y conductas que acaban así mismo en contradicción. Al fin, encontrará el concepto clave: “trascendencia”: “Trasciéndete a ti mismo (...) Encamina tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende” (De Vera Rel. XXXIX, 72).

Traspasaré, pues, aun la memoria para llegar a aquel que me separó de los cuadrúpedos y me hizo más sabio que las aves del cielo; traspasaré, sí, la memoria. Pero ¿dónde te hallaré a Tí, que eres ¡verdaderamen bueno y suavidad segura!, dónde te hallaré? Porque si te hallo fuera de mi memoria, olvidado me he de ti, y si no me acuerdo de ti, ;cómo ya te podré hallar?” (Conf. X, 17,26). “Si soy hombre, no debo indignarme; tendré que superar al hombre, si puedo, y llegar hasta la Fuente” (Serm. 27,4).


De este modo, Agustín va descubriendo que las realidades materiales, e incluso mentales, son “algo”; el SER, en cambio, del que todos los seres son manifestación, es “ALGUIEN”; porque todos, en su múltiple variedad, manifiestan en el fondo una inteligencia, una creatividad, un orden y una finalidad, que no les pertenece. El SER se llama Dios; los seres son criaturas; y sólo en su Fuente adquieren su uinidad y consistencia. En consecuencia, " La unidad no proviene de la multiplicidad, sino la multiplicidad de la Unidad. Múltiples son las cosas hechas, pero uno mismo es el Autor" ".(Serm.104,3).
Hablando en propiedad, hemos de decir que solamente Dios “ES”; Las criaturas, más bien, “tienen”: amor, bondad, fuerza, creatividad, felicidad..., en la medida en que participan del SER de Dios. "Solo él (Dios) es verdaderamente, porque es inmutable, porque toda mutación hace no ser a lo que es" (De Natura Boni, l9). De manera similar, el Sol ES luz y calor; la piedra a mediodía los tienen, en la medida en que los reciben.
En este contexto, ahora entiende Agustín que lo que llamamos “mal”. Durante nueve años, estuvo adherido a la doctrina dualista maniquea, que sostenía la existencia de los dos principios, o realidades, contrapuestos: El del Bien y el del Mal; Dios y el Anti-Dios. Ahora se le hace patente que el mal no un “ser” (una substancia), sino “deficiencia de ser”; una carencia de bien; así como las tinieblas no son sino carencia de luz. De ahí la torpeza humana de pretender, destruir el mal con un mal mayor: de vencer el odio, odiando; de suprimir la violencia, violentando; de acabar con los problemas, haciéndose él mismo un problema. Y la sabiduría paulina que proclama: “Vence el mal a fuerza de bien” (Rom.12,21).
AGUSTÍN CONTEMPLATIVO

Agustín no fue simplemente un razonador inteligente. Fue un contemplativo, capaz de estasiarse ante la unidad, armonía y coherencia del mundo creado; vislumbrar su misterio y, en él, el Misterio mismo de Dios, Y se extasía particularmente ante la unidad que constituye a cada ser, y la Unidad de todos en su conjunto:


"La piedra para ser piedra, tiene todas sus partes y toda su naturaleza coagulada en la unidad. ¿Qué es un árbol? ¿Seria árbol si no fuera uno? Y los miembros y las vísceras de cualquier animal y todas las partes de que se compone, si se desgarran en su unidad, no habrá animal. Los que se aman, ¿buscan otra cosa más que la unión? Y cuanto más se unen son más amigos..." (El Orden 2,18,48).
Y le admira, ante todo, la Unidad Global de toda la Creación. Y comparte su admiración con sus propios fieles, en el sermón 241:
Pregunta a la hermosura de la tierra, pregunta a la hermosura del mar, pregunta a la hermosura del aire dilatado y difuso, pregunta a la hermosura del cielo,pregunta al ritmo ordenado de los astros; pregunta al sol, que ilumina el dia con fulgor; pregunta a la luna,que ·mitiga con su resplandor la oscuridad de la noche que sigue al dia; pregunta a los animales que se ·mueven en el agua, que habitan la tierra y vuelan en el aire; a las almas ocultas, a los cuerpos ·manifiestos; a los seres visibles,que necesitan quien los gobierne,y los invisibles,que lo gobiernan. Pregúntales. Todos te responderán: 'Contempla nuestra belleza'. Su hermosura es su confesión: ¿Quién hizo estas cosas bellas, aunque ·mudables, sino la Belleza Inmutable?...” (Serm. 241,2).
La percepción de la Unidad del SER, es la que nos permite comprender adecuadamente el significado y valor de las unidades fragmentarias.

LA EXPERIENCIA SOCIAL DE AGUSTÍN

También en el nivel de las relaciones humanas, lo primero con que Agustín se encuentra es con las inacabables confrontaciones: El acoso de los paganos contra los cristianos; las violencias y asesinatos de los mismos en Calama; el terrorismo de los circunceliones; las discriminaciones y la explotación de los esclavos por parte de sus señores; la injusta distribución de la riqueza, etc.,etc.
Agustín es ya cristiano y se ha enamorado del “Proyecto de Humanidad”, instaurado y testimoniado por Jesucristo. En él se acuña un hombre marcadamente “heterocéntrico”: Abierto a los demás; consciente de sus deberes con sus semejantes; dispuesto a sacrificar sus propios intereses en solidaridad con el necesitado; capaz de respetar, perdonar y amar aun a sus enemigos. Y Agustín advierte algo paradíjico: Los “sin Dios”; los que sólo piensan en sus derechos e intereses, a costa de quien sea; los impositivos y violentos, lo primero que buscan combatir y aniquilar es la Fe Cristiana. Al relatar la experiencia de su tiempo, Agustín pareciera estar hablando del nuestro. Tiene Agustín, a la sazón, 58 años (año 412). Dice así:
“Cuando esos calumniadores leen que la autoridad divina prescribe que no se ha de devolver mal por mal, cuando este aviso tan saludable, intimado al senado de los pueblos como a escuela pública de todas las edades y dignidades de ambos sexos, viene de parte de lo alto, es acusada la religión como enemiga de la república. Si ese consejo se escuchase, como se debe, establecería, consagraría, afianzaría y aumentaría la república mucho mejor de que lo lograron Rómulo, Numa, Bruto y todos los demás precIaros varones de la estirpe romana. Porque ¿qué es la república sino el interés del pueblo? Luego el interés común es interés de la ciudad. ¿Y qué es la ciudad sino una muchedumbre reunida por el vínculo de la concordia?

En esos autores se lee así: ‘Una multitud dispersa y vagabunda se convirtió en breve por la concordia en una ciudad”. ¿Y qué preceptos de concordia pensaron jamás que se debían leer en sus templos? Por lo contrario, en su miseria se veían obligados a inventarse un medio para poder honrar, sin ofensa de nadie, a sus dioses discordes entre sí. Si hubiesen osado imitar a sus dioses en la discordia, la ciudad se hubiese desmoronado al romperse el vínculo de la concordia: es lo que luego empezó a acaecer con las guerras civiles al desmoralizarse y corromperse las costumbres.


En cambio ¿cuántos mandamientos de concordia, mandamientos no inventados por averiguaciones humanas, sino escritos con autoridad divina, se leen en las iglesias de Cristo? ¿Quién es tan sordo que lo ignore, aunque sea muy extraño a esta religión? A esto se refieren los preceptos que esos calumniadores quieren criticar en lugar de aprender: ofrecer la otra mejilla al que abofetea, ofrecer el manto al que quiere quitarnos la túnica, caminar doble espacio con el que nos quiere llevar. Por este medio es subyugado el hombre malo, o mejor dicho, el mal es vencido por el bien en el hombre malo (…); el que injuria aprende del injuriado la futilidad de esos intereses por los que hizo la injuria; se arrepiente y vuelve a la concordia” (Carta 138, 10-11).
Por supuesto, Agustín es consciente de que no todo aquello de que los extraños nos acusan o critican, es calumnia. También existen malos cristianos; cristianos mal convertidos que pasaron al cristianismo por oportunismo, cálculo, ambición o simple herencia. Y Agustín lo denuncia (cf. In Ps. 25,14; serm. 178,5). Incluso malos sacerdotes, obispos y Papas. Durante la vida de Agustín hubo nueve Papas, los ocho últimos proclamados santos; pero en el mismo período, tres antipapas (Félix II, Ursino y Eulalio), con los consiguientes conflictos en el Papado.

Iglesia santa y pecadora

Pero, para Agustín es claro que una cosa es el “Proyecto Humano-Cristiano”, y otra muy distinta sus encarnaciones históricas, en las que nunca han faltado errores, distorsiones, y desconexiones del verdadero espíritu de Jesucristo.

Esto no ha impedido que la Fe Cristiana haya cultivado siempre ese ser humano “heterocéntrico”, volcado a los demás, respetuoso, solidario, amante de la justicia y capaz de construir una sociedad saludable, que encarnaron tantos notables hombres y mujeres en la historia, y con ellos las culturas.


Aun en nuestros días, en que tanto se acosa y vilipendia a la Iglesia, ésta cuenta, según estadísticas del 2002, con 129.478 instituciones de beneficencia (hogares de ancianos y discapacitados; orfanatos; centros de reeducación; dispensarios, leproserías, centros de atención a enfermos de SIDA, etc.); además de los 343.745 religiosos y laicos que trabajan en zonas marginadas de misión, y muchos más que apoyan, desde lejos, estas instituciones. No se cuentan los miles de religiosos, religiosas y laicos dedicados a una educación humano-cristiana en centros privados.

UNIDAD Y DIVERSIDADES EN LA IGLESIA

También en el ámbito religioso vivó Agustín el conflicto “unidad-diversidades”, y debió superar conceptos y visión de cosas que mantienen y potencian el conflicto. Así el concepto dogmático de instituciones o personas que sostienen poseer la Verdad, toda la Verdad y nada más que la Verdad, dejando para el resto sólo la falsedad y la mentira. Así pensó Agustín a sus 36 años de edad, y recién convertido, cuando escribe su obra “De Vera Religione”: La Religión Católica es la única Religión Verdadera; por lo que “fuera de la Iglesia no hay salvación”.
Enmendará expresamente esta visión de cosas en sus Retractaciones. Y pasará a enfatizar el hecho de que, más allá de las Verdades Fundamentales que sostienen nuestra Fe, y evidentes en el Evangelio, trabajamos por sistema con visiones o perspectivas fragmentarias de la Verdad, que es preciso compartir, en diálogo honesto, sin abolutizaciones y dogmatismos cerrados. Y declara:
● "La Verdad no es tuya,ni mia,ni de aquel otro. Es de todos. Quien reivindica como privilegio propio lo que a todos pertenece..., es expulsado del .bien común y relegado al suyo propio. Es decir,es expulsado de la Verdad y rele.gado a la mentira" (Conf.XII,25). Por eso, "Nadie de nosotros diga que ya posee la Verdad. Busquémosla como .si ambos la ignoráramos".(C.Ep.Fund.c.III)
Estos principios son particularmente a aplicable a nuestro modos de pensar a Dios, siempre torpes e infantiles, porque Dios es Misterio, que nos desborda y sólo lo conocemos “como en espejo y confusamente; ya lo veremos tal cual ES” (1Cor.13, 12). Tampoco necesitamos precipitarnos: La Verdad fundamenal de “Quién es Dios” nos la hizo patente Jesucristo, en su encarnación, vida y mensaje (cfr. Sermn. 185, 1).
● "Dios es inefable: De El decimos más fácilmente lo que no es, que lo que ES"(In ps.8512). Por eso, "A Dios hay que seguir buscándolo una vez encontrado. Pues jamás se acaba de encontrar las realidades insondables. Y no se crea que no ha encontrado nada quien comprende la inabarcabilidad de lo que busca...,pues cada dia se hace mejor el que busca tan gran bien. A Dios se le busca para hallarlo con mayor dulzura; y se le encuentra para seguir buscándolo con mayor afán” (De Trin.XV,2,2).

El camino hacia la unidad

Todos, de uno u otro modo, anhelamos la unidad. Agustín seña el punto de partida insustituíble: el construirla desde la propia armonía interior de pensamientos, emociones y tendencias. Lo que implica entenderse debidamente a sí mismo.

● "¿Cómo conocer a los demás, si uno se desconoce a sí mismo,siendo que no hay nada tan presente a sí mismo como uno mismo?".-De Trin.X,3,5.

● "No podrás juzgar a los demás,si no eres capaz de juzgarte a ti mismo".-Serm.13,6,7.

● "De ordinario sospechamos de los demás lo que nosotros mismos sentimos" (In ps.118,12,24).


Es construyendo la propia unidad, armonía y salud internas, como podremos irradiar esa misma armonía en nuestro entorno. Implica, sin embargo, una percepción amplia de la Unidad del Proyecto Creador de Dios, en el que todo tiene un valor, un significado y una finalidad.
Nuestro problema está en nuestra mirada superficial y recortada que no ver sino fragmentos; en la diversidad de seres humanos vemos “calificativos”, pero no la realidad sustantiva: “Ame al hombre a si prójimo como a sí mismo. Y nadie es para sí mismo padre, hijo o pariente, u otra cosa, sino solo “hombre”...Se ha de amar, pues el hombre mismo, prescindiendo de sus relaciones carnales” (De Vera Rel. 46,89). “PRESCINDE DE LOS DETERMINATIVOS ESTO O AQUELLO, Y CONTEMPLA EL BIEN PURO, si puedes: entonces verás a Dios”.(De Trinid. VIII, 3, 4).
Cuando, mirando a cada persona humana, perdemos de vista el “ser” (realidad sustantiva), no tornamos especialistas en “calificativos” que, torpemente sustantivamos. Cuando visualizamos el “ser humano” que late en cada uno, con aspiraciones, apremios, resistencias, confusiones y debilidades similares a los propios, vemos en él la realidad que nos hermana, y diremos como Agustín, citando a Terencio: “Hombre soy, y nada de lo humano puede serme ajeno” (Carta 155,14).
LA CONEXIÓN CON JESUCRISTO
Al final de sus días sobre la tierra, Jesús resumió el Gran Sueño que había motivado su misión, en esta plegaria: “Padre, que todos sean UNO, como Tú y Yo somos Uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn.17,21). Y centró, en efecto, su Misión en tender puentes allí donde los humanos había construido inviolables fronteras:

Entre los “Perfectos” de la religiosidad, y las masas de pobres y enfermos, tenidas por “Pueblo Maldito”. Y vivi´entre ellos.

Entre Justos y Pecadores.- Y se acercó con cordialidad a una prostituta, una adúlera y un publicano corrupto.

Entre judíos y samaritanos.- Y conversa respetuosamente con una mujer samaritana, y acepta convivir varios días con todo el pueblo de Samaría.

Entre creyentes de Israel y gentiles.- Y acoge benévolamente a una cananea enferma, y a un centurión que le ruega por su siervo enfermo, declarando que no ha encontrado tan honesta fe en Israel.

Entre varones y mujeres.- Y se rodea de mujeres en el desarrollo de su misión.

Entre amigos y enemigos.- Y muere pidiendo perdón y disculpas por sus propios atormentadores.

8.-“OTIUM SANCTUM

ET NEGOTIUM JUSTUM”

-Contemplación y Misión-


Nadie debe dedicarse de tal modo a la contemplación que no piense, en su ocio, en el servicio al prójimo, ni tan ocupado en este servicio que ya no busque la contemplación de Dios(C. De Dios, XIX, 19).

A.- SENTIDO DEL TEMA




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