El tao de la física


II EL CAMINO DEL MISTICISMO ORIENTAL



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II EL CAMINO DEL MISTICISMO ORIENTAL




5 HINDUISMO

Para comprender cualquiera de las filosofías que voy a describir, es importante darse cuenta de que en esencia son religiosas. Su meta principal es la experiencia directa y mís­tica de la realidad y puesto que tal experiencia es religiosa por naturaleza, estas filosofías son así inseparables de la religión. Más que en ninguna otra tradición oriental, esto es cierto en el hinduismo, en él esta conexión entre filosofía y religión es particularmente fuerte. Se ha dicho que casi todo el pensa­miento de la India es en cierto sentido, pensamiento religioso y el hinduismo no sólo ha influenciado a lo largo de muchos siglos la vida intelectual de la India, sino que casi ha determi­nado totalmente su vida cultural y social.

El hinduismo no puede ser denominado filosofía pero tampoco constituye una religión bien definida. Se trata más bien de un amplio y complejo cuerpo socio-religioso, compuesto por innumerables sectas, cultos y sistemas filosó­ficos, que implican numerosos rituales, ceremonias y disci­plinas espirituales, al igual que la veneración de innumera­bles dioses y diosas. Las muchas facetas de esta compleja pero persistente y poderosa tradición espiritual son un reflejo de las complejidades geográficas, raciales, lingüísticas y cultu­rales del vasto subcontinente indio. Las manifestaciones del hinduismo abarcan desde filosofías altamente intelectuales, que incluyen conceptos de un nivel extraordinariamente elevado, hasta las ingenuas e infantiles prácticas rituales del pueblo. Si bien la mayoría de los hindúes son sencillos aldeanos que mantienen viva la religión popular con su adoración diaria, el hinduismo ha generado por otro lado, un gran núme­ro de notables maestros espirituales que han transmitido sus profundas ideas.

La fuente espiritual del hinduismo radica en los Vedas, colección de antiguas escrituras hechas por sabios anónimos, los llamados "videntes" védicos. Existen cuatro Vedas, de ellos el más antiguo es el Rig Veda. Escritos en sánscrito anti­guo, la lengua sagrada de la India, los Vedas han mantenido a través de los siglos la más alta autoridad religiosa, aceptada por la mayoría de los sectores del hinduismo. En la India, cualquier sistema filosófico que no acepte la autoridad de los Vedas, es considerado heterodoxo.



Cada uno de estos Vedas se compone de varias partes que fueron recopiladas en diferentes períodos, probablemente entre los siglos XV y V a.C. Las partes más antiguas son himnos y oraciones sagradas. Las partes que siguen tratan de sacrificios rituales relacionados con los himnos védicos, y las últimas, llamadas los Upanishads, presentan un contenido altamente filosófico y práctico. Los Upanishads contienen la esencia del mensaje espiritual hinduísta y han sido guía e inspiración de las mentes más grandes de la India durante los últimos veinticinco siglos, de acuerdo con el consejo dado por sus versos:
Tornando como arco la potente arma del Upanishad, debes colocar en él la afilada flecha de la meditación. Ténsalo con un pensamiento dirigido a la esencia de Aquello.

Y penetra el blanco imperecedero, amigo mío.1
1 Mundaka Unpanishad, 2.2.3.
Sin embargo el pueblo sencillo y llano, no ha recibido las enseñanzas del hinduismo de los Upanishads, sino a través de un gran número de cuentos populares, extraídos de enormes epopeyas, que son la base de la amplia y pintoresca mitología india. Una de tales epopeyas, el Mahabharata, contiene el texto sagrado favorito de la India, el bello poema espiritual denominado el Bliagavad Gita. El Gita, como normalmente se le denomina, es un diálogo entre el dios Krishna y el guerre­ro Arjuna, quien se encuentra desesperado por verse obligado a combatir contra sus propios parientes en la gran guerra familiar que constituye la historia principal del Mahabharata. Krishna, disfrazado como auriga de Arjuna, conduce su carro directamente entre los dos ejércitos y en medio del dra­mático cuadro de la batalla empieza a revelara Arjuna las verdades más profundas del hinduismo. A medida que el dios habla, el fondo realista de la guerra entre las dos familias pronto se desvanece y se ve claramente que la batalla de Arjo­na es la batalla espiritual de la humanidad, la batalla del gue­rrero en busca de la iluminación. El mismo Krishna aconseja a Arjuna:
Mata, pites, con la espada ele la sabiduría la duda naci­da de la ignorancia que yace en tu corazón. Sé uno (en armonía contigo mismo) en el Yoga, y levántate, gran guerrero, levántate.2
2 Bhagavad Gita, 4.42.
La base de la instrucción espiritual de Krishna, como la de todo el hinduismo, es la idea de que la multitud de cosas y acontecimientos que nos rodean no son más que manifesta­ciones de la misma realidad última. Esta realidad, llamada Bralunan, es el concepto unificante que da al hinduismo su carácter esencialmente monista, pese a la adoración de nume­rosos dioses y diosas.

Brahman, la realidad última, es el "alma" o esencia interna de todas las cosas. Es infinito y trasciende todos los conceptos; no puede ser entendido por el intelecto, ni tampo­co puede ser adecuadamente descrito con palabras: "Brah­man el sin principio, el supremo, el que está más allá de lo que es y de lo que no es".3 "Ese Alma suprema es incomprensible, ilimitada, no nacida, no se puede razonar, es impensable".4 Sin embargo, la gente desea hablar de esta realidad y los sa­bios hindúes con su característica inclinación hacia el mito representaron a Brahman como la divinidad y hablan de él en lenguaje mitológico. A los diversos aspectos de la divinidad se les ha dado los nombres de varios dioses venerados por los hindúes, pero las escrituras aclaran que todos estos dioses no son sino reflejos de la única realidad última:
La gente dice: "¡Adora a este dios!, ¡adora a aquél! - uno después de otro-, pero todo es la creación de Brah­man. Y él mismo es todos los dioses.5
3 Bhagavad Gita, 13. 12.

4 Maitri Upanishad, 6.17.

5 Brihad-aranyaka Upanishad, 1.4.6.

La manifestación de Brahman en el alma humana es llamada Atoran y la idea de que Atoran y Brahman, l a realidad individual y la realidad última, son una misma cosa constitu­ye la esencia de los Upanishads:


Aquello que es la más fina esencia -el alma de todo este mundo. Esa es la Realidad. Eso es Atman. Eso eres tú.6
6 Chandogya Upanishad, 6.9.4.
El tema básico constantemente repetido en la mitología hindú es la creación del mundo mediante el autosacrificio de Dios -"sacrificio" en el sentido general de "sacralizar"­donde Dios se convierte en el mundo el cual, al final, vuelve a ser Dios de nuevo. A esta actividad creativa de la divinidad se la llama lila, el juego o el teatro de Dios, y el mundo es consi­derado como el escenario de la obra divina. Como la mayor parte de la mitología hindú, el mito de lila tiene un fuerte componente mágico. Brahman es el gran mago que se trans­forma en el mundo y realiza esta hazaña con su "mágico poder creativo", y este es el significado original dado a maya en el Rig Veda. La palabra maya -uno de los términos más impor­tantes en la filosofía hindú- ha ido cambiando su significado con el paso de los siglos. De ser el "poder" o la "fuerza" del actor y mago divino, llegó a significar el estado psicológico de cualquiera que se halle bajo el encanto de su obra mágica. Mientras confundamos los millones de formas de la divina lila con la realidad, sin percibir la unidad de Brahman subya­cente en todas estas formas, estaremos bajo el encanto de maya.

Así Maya, no significa que el inundo sea una ilusión, como equivocadamente se afirma con frecuencia. La ilusión radica simplemente en nuestro punto de vista, si creemos que las formas y las estructuras, las cosas y los sucesos que nos rodean son realidades de la naturaleza, en lugar de damos cuenta de que son conceptos de nuestra mente que todo lo mide y clasifica. Maya es la ilusión de tomar esos conceptos por la realidad, la ilusión de confundir el mapa con el territo­rio.

Bajo el punto de vista hindú de la naturaleza, todas las formas son el relativo, fluido y siempre cambiante maya, conjuradas por el gran mago de la obra divina. El mundo de maya cambia continuamente porque la divina lila es una obra rítmica y dinámica. La fuerza dinámica de esa obra es el kar­ma, otro concepto importante del pensamiento hindú. Karma quiere decir "acción". Es el principio activo de la obra, el universo total en acción, donde todo está dinámicamente relacionado con todo lo demás. En palabras del Gita: "Karma es la fuerza de la creación, de donde obtienen su vida todas las cosas".7
7 Bhagavad Gita, 8.3. 8.- Ibid 3.27-28.
El significado de karma, como el de maya, ha degenera­do desde su nivel cósmico original hasta el nivel humano, donde adquirió un sentido psicológico. Mientras tengamos una visión del mundo fragmentada, mientras estemos bajo el encanto de maya y pensemos que estamos separados de nues­tro entorno y que podemos actuar independientemente, esta­remos atados por el karma. Liberarnos de los lazos del karma significa darnos cuenta de la unidad y la armonía de toda la naturaleza, incluyéndonos a nosotros mismos, y significa también actuar en consecuencia. El Gita es muy claro sobre este punto:
Todas las acciones tienen lugar en el tiempo por la in­teracción de las fuerzas de la naturaleza, pero el hom­bre perdido en su egoísta ilusión, cree que él es el actor. Sin embargo el hombre que conoce la relación entre las fuerzas de la naturaleza y los actos, ve cómo algunas fuerzas de la naturaleza actúan sobre otras fuerzas de la naturaleza, y no se convierte en su esclavo.
Liberarse del encanto de maya y romper los lazos del karma significa darse cuenta de que todos los fenómenos que percibimos con nuestros sentidos son parte de la misma rea­lidad. Significa experimentar, de una manera concreta y per­sonal, que todo, incluyendo nuestro propio yo, es Brahman. A esta experiencia en la filosofía hindú se le llama moksha o liberación, y constituye la pura esencia del hinduismo.

El hinduismo dice que existen innumerables formas de liberación. No espera que todos sus seguidores se acerquen a la divinidad del mismo modo y por tanto, proporciona dife­rentes conceptos, diferentes rituales y diversos ejercicios es­pirituales, adecuados para los diferentes modos de conciencia. El hecho de que muchos de estos conceptos o prácticas sean contradictorios no preocupa a los hindúes en lo más mínimo, porque saben que Brahmín está más allá de los conceptos y de las imágenes. De esta actitud procede la gran tolerancia y eclecticismo característicos del hinduismo.

La escuela hinduísta más intelectual es la Vedanta, que está basada en los Upanishads y que acentúa a Brahman como un concepto impersonal y metafísico, libre de todo contenido mitológico. Sin embargo, pese a su alto nivel filosófico e intelectual, la forma de liberación vedántica es muy diferente de la que pueda presentar cualquier escuela de filosofía occi­dental, e incluye la meditación diaria y otros ejercicios que posibilitarán la unión con Brahman.

Otro importante método de liberación es el conocido con el nombre de yoga, palabra que significa "acoplar" o "unir", y que se refiere a la unión del afina individual con Brahman. Hay varias escuelas o "senderos" de yoga que incluyen algunos entrenamientos físicos básicos y varias disciplinas mentales ideadas para personas de diferentes ti­pos y de diferentes niveles espirituales.

Para el hindú común, la forma más popular de acercarse a la divinidad es adorarla en forma de un dios o diosa personal. La fértil imaginación hindú ha creado miles de deidades, que aparecen en innumerables manifestaciones. Las tres divini­dades más veneradas en la India hoy son Shiva, Vishnú y la Madre Divina. Shiva es uno de los más viejos dioses hindúes, que puede asumir muchas formas. Se le llama Mahesvara, el Gran Señor, cuando es representado como la personificación de la plenitud de Brahman aunque puede también personifi­car muchos aspectos individuales de la divinidad, siendo su más célebre apariencia la de Nataraja, el Rey de los Danzan­tes. Como bailarín cósmico, Shiva es el dios de la creación y de la destrucción, que con su danza mantiene el ritmo sin fin del universo.

Vishnú, aparece también bajo muchos disfraces, siendo uno de ellos el dios Krishna del Bhagavad Gita. En general, el papel de Vishnú es el de preservador del universo. La tercera divinidad de esta triada es Shakti, la Divina Madre, la diosa arquetípica que representa en sus diversas formas, a la ener­gía femenina del universo.



Shakti también aparece como esposa de Shiva y algunas veces se muestra a ambos en apasionado abrazo, en magnífi­cas esculturas religiosas que irradian una extraordinaria sensualidad, algo completamente desconocido en cualquier arte religioso occidental. Al contrario que en la mayor parte de las religiones occidentales, en el hinduismo el placer sensual nunca fue suprimido, porque el cuerpo siempre ha sido consi­derado como parte integrante del ser humano y no como algo separado del espíritu. El hindú, por tanto, no intenta controlar los deseos del cuerpo mediante la voluntad consciente, sino que pretende realizarse a sí mismo con todo su ser, cuerpo y mente. Incluso dentro del hinduismo se desarrolló una rama, el tantrismo medieval, en el que se buscaba la iluminación a través de una profunda experiencia de amor sensual "donde cada uno es ambos", de acuerdo con las palabras de los Upa­nishads:

Al igual que un hombre al abrazar a su amada esposa, no sabe nada de lo de dentro ni de lo de, fuera, del mismo modo la persona, en su abrazo con el Alma inteligente, no sabe nada de lo dentro ni de lo defiera.'
9 Brihad-aranyaka Upanishad, 4.3.21
Shiva estaba estrechamente relacionado con esta forma medieval de misticismo erótico, y lo mismo sucedía con Shakti y otras numerosas deidades femeninas que abundan en la mitología hindú. Esta abundancia de diosas muestra una vez más que en el hinduismo el lado físico y sensual de la naturaleza humana, que siempre se ha asociado con lo feme­nino, es una parte integrante de la divinidad. Las diosas hin­dúes no suelen aparecer como vírgenes santas, sino en abra­zos sensuales de asombrosa belleza.
La mentalidad occidental se confunde con facilidad entre el fabuloso número de dioses y diosas que llenan la mitología hindú, en sus diversos aspectos y encarnaciones. Para comprender cómo pueden los hindúes entenderse con esta multitud de divinidades, debemos ser conscientes del fundamento del hinduismo: en esencia todas estas divinidades son idénticas. Todas son manifestaciones de la misma realidad divina, que refleja diferentes aspectos de lo infinito, del omnipresente, y -finalmente- incomprensible Brah­man.





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