El tao de la física



Descargar 1.12 Mb.
Página4/9
Fecha de conversión09.05.2019
Tamaño1.12 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9

3 MAS ALLÁ DEL LENGUAJE

Esta contradicción tan enigmática para el pensa­miento rural procede del hecho de que nos vemos obligados a usar el lenguaje para comunicar una experiencia íntima, cuya propia naturaleza tras­ciende con mucho el campo de la lingüística.
D.T. Suzuki
Aquí los problemas del lenguaje son realmente se­rios. Deseamos hablar de la estructura de los áto­mos... Pero no podemos hablar de los átomos en el idioma corriente.
W. Heisenberg

El hecho de que todas las teorías y modelos científicos son aproximados y de que sus interpretaciones verbales son siem­pre inadecuadas debido a la inexactitud de nuestro lenguaje fue ya aceptado por los científicos a comienzos de este siglo, cuando tuvo lugar una nueva e inesperada evolución de la ciencia. El estudio del mundo atómico obligó a los físicos a admitir que nuestro lenguaje común no sólo es impreciso, sino totalmente inadecuado para describir las realidades atómica y subatómica. La teoría cuántica y la teoría de la rela­tividad, bases ambas de la física moderna, han puesto de manifiesto que esta realidad trasciende la lógica clásica y que no se puede hablar de ella en el idioma corriente. Por eso escribía Heisenberg:


El problema más difícil... en relación con el uso del lenguaje surge en la teoría cuántica. En primer lugar nos encontramos con que no tenemos ni una sola guía que nos permita correlacionar los símbolos matemáticos con conceptos del lenguaje ordinario, y lo cínico que saben los desde un principio es el hecho de que nuestros conceptos comunes no pueden aplicarse a la estructura de los átonos.1
1 W. Heisenberg, Physics and Philosophy (Allen & Unwin, Londres, 1963), pág. 177

Desde un punto de vista filosófico, ésta ha sido sin duda la más interesante evolución de la física moderna, constitu­yendo una de las raíces de su relación con la filosofía oriental. En las escuelas de la filosofía occidental, la lógica y el razona­miento han sido siempre las principales herramientas utiliza­das en la formulación de las ideas Filosóficas, y según Ber­trand Russell esto es cierto incluso en las filosofías religiosas. Sin embargo, en el misticismo oriental siempre se ha admiti­do el hecho de que la realidad trasciende al lenguaje ordinario y así los sabios orientales nunca tuvieron miedo de ir más allá de la lógica y de los conceptos comunes. En mi opinión, ésta es la principal razón por la que sus modelos de la realidad constituyen una base filosófica más aproximada a la física moderna que los modelos de la filosofía occidental.

Los problemas de lenguaje con que se encontraron los místicos orientales son exactamente los mismos con los que se enfrentan hoy los físicos modernos. En los dos pasajes citados al principio de este capítulo, D.T. Suzuki habla del budismo2 y Werner Heisenberg habla de la física atómica3 sin embargo, ambos textos son casi idénticos. Tanto el físico como el místico desean comunicar su conocimiento y cuando lo hacen con palabras sus afirmaciones resultan absurdas y están llenas de contradicciones lógicas. Estos absurdos son característicos de todo misticismo, desde Heráclito hasta don Juan y ahora. desde principios del presente siglo, lo son tam­bién de la física.
2 D. T. Suzuki, Chi Indian Mahayana Buddhism, Ed. Edward Conze (Harper & Row, Nueva York, 1968), pág. 239.

3 W. Heisenberg, ob. cit., págs. 178-179.

En la física atómica, muchas de las situaciones absurdas o paradójicas están relacionadas con la naturaleza dual de la luz -o en un sentido más general- de las radiaciones elec­tromagnéticas. Por un lado, es evidente que esta radiación debe consistir en ondas, pues genera los bien conocidos fenó­menos de interferencia producidos por las ondas: cuando hay dos fuentes de luz, la intensidad de la luz resultante no es necesariamente la suma de la luz emitida por las dos fuentes, sino que en diferentes lugares puede ser mayor o menor. Ello se explica por las interferencias de las ondas que emanan de ambas fuentes: en los lugares donde coincidan dos crestas tendremos más luz que la suma de las dos, donde coincidan una cresta y un seno, tendremos menos. La cantidad exacta de interferencia puede ser fácilmente calculada. Este tipo de fenómenos de interferencia se pueden observar siempre que se trabaje con radiaciones electromagnéticas, lo cual nos obliga a concluir que estas radiaciones se componen de on­das.



Por otro lado, la radiación electromagnética también produce el llamado "efecto fotoeléctrico": cuando la luz ul­travioleta es proyectada sobre algunos metales, puede des­prender electrones de la superficie del metal, por lo tanto debe estar compuesta por partículas en movimiento. Algo similar ocurre en los experimentos de "dispersión" de los rayos X. Tales experimentos sólo se pueden interpretar correctamen­te como colisiones de "partículas luminosas" con electrones. Y aún así, muestran los patrones de interferencia caracterís­ticos de las ondas. La cuestión que tanto maravillaba a los físicos en las primeras etapas de la teoría atómica era: ¿Cómo la radiación electromagnética podía estar compuesta de par­tículas -es decir, de entes confinados en un volumen peque­ñísimo- y al mismo tiempo de ondas, que son esparcidas sobre un área amplia de espacio? Ni el lenguaje ni la imagina­ción podían lidiar muy bien con este tipo de realidad.


El misticismo oriental ha desarrollado varias formas de tratar con los aspectos absurdos de la realidad. Mientras en el hinduismo son evitados mediante el uso del lenguaje mítico, el budismo y el taoísmo tienden a acentuar el absurdo, más que a ocultarlo. El principal escrito taoísta, el Tao Te King de Lao Tse, está escrito en un estilo desconcertante, aparentemente ilógico. Está lleno de contradicciones intrigantes y su lengua­je compacto, potente y extremadamente poético pretende atraer el pensamiento del lector y sacarlo de los surcos usuales del pensamiento lógico.

Los budistas chinos y japoneses adoptaron esta técnica taoísta de comunicar la experiencia mística exponiendo simplemente su carácter absurdo. Cuando el maestro Zen Daito vio al emperador Godaigo, que era estudiante de Zen, dijo:


Nos separamos hace muchos miles de kalpas y, sin embargo, no hemos estado separados ni un solo instan­te. Nos estamos viendo las caras uno al otro durante todo el día, y sin embargo, todavía no nos hemos encon­trado.4
4 D. T. Suzuki, The Essence of Buddhism (La Esencia del Budismo) (Hozokan, Kvoto, Japan, 1968), pág, 26.
Los budistas Zen tienen una particular destreza para aprovechar las inconsistencias de la comunicación verbal y con el sistema del koan han desarrollado una forma única de transmitir sus enseñanzas de un modo no verbal. Los koanes son acertijos absurdos, cuidadosamente compuestos a fin de que el estudiante se dé cuenta de las limitaciones de la lógica y del razonamiento del modo más directo. Lo absurdo e irra­cional de estos acertijos hace que su resolución pensando sea imposible. Están precisamente diseñados para detener el proceso del pensamiento y de este modo, preparar al estudian­te para la experiencia no verbal de la realidad. El maestro Zen contemporáneo Yasutani presentó a un estudiante occidental uno de los koanes más famosos con las siguientes palabras:
Uno de los mejores koanes, porque es el más simple de todos ellos es Mu. Esta es su historia: Un monje fue hasta Joshu, famoso maestro Zen que vivió hace cien­tos de años en China, y le preguntó: "¿Tiene un perro la naturaleza del Buda o no?", Joshu replicó solamente: “Mu”. Literalmente la expresión significa "no", pero el significado ele la respuesta de Joshu no es ese. Mu es la expresión de la naturaleza viva, activa y dinámica ele Buda. Lo que debes hacer es descubrir la esencia o el espíritu de este Mu, no a través del análisis intelectual, sino indagando en lo más profundo de tu ser. Entonces deberás demostrar ante mí, de un nodo concreto y vívido, que comprendes Mu como una verdad viva, sin recurrir a conceptos, a teorías ni a explicaciones abs­tractas. Recuerda, no puedes entender Mu con el en­tendimiento ordinario, deberás captarlo directamen­te con todo tu ser.5
5 P. Kapleau. Three Pillars of 7.en (Beacon Press, Boston, 1967), pág. 135.

A un principiante, el maestro Zen normalmente le pre­sentará este koan Mu o alguno de los dos siguientes:


"¿Cuál era tu rostro original?, ¿el que tenías antes de nacer de tus padres?"

"Aplaudiendo con las dos manos produces un sonido. ¿Qué sonido haces al aplaudir con una sola ruano?"
Todos estos koanes tienen más o menos soluciones úni­cas, que un maestro competente reconocerá inmediatamen­te. Una vez se ha hallado la solución, el koan deja de ser algo absurdo y se convierte en una afirmación profundamente significativa, surgida de un estado de consciencia que el propio koan ayudó a despertar.

En la escuela Rinzai, el estudiante tiene que resolver una larga serie de koanes, cada uno de ellos relacionado con un aspecto particular del Zen. Este es el único modo en que esta escuela transmite sus enseñanzas. No utiliza ningún tipo de afirmaciones positivas, sino que deja que el estudiante capte por sí mismo la verdad a través de los koanes.

Aquí encontramos un asombroso paralelismo con las absurdas situaciones a las que se enfrentaron los físicos en los inicios de la física atómica. Al igual que en el Zen, la verdad estaba oculta en absurdos que no podían ser resueltos con el razonamiento lógico, sino que debían ser comprendidos bajo los parámetros de una nueva consciencia, la consciencia de la realidad atómica. El maestro en este caso era la naturaleza, la cual, del mismo modo que los maestros Zen, no facilita nin­gún tipo de solución, sino sólo los acertijos o adivinanzas que hay que resolver.

La solución de un koan exige un supremo esfuerzo de concentración y un involucramiento total por parte del estu­diante. En los libros sobre Zen leemos que el koan capta el corazón y la mente del estudiante, creando un callejón sin salida, un estado sostenido de tensión en el que la totalidad del mundo se convierte en una enorme masa de dudas y pregun­tas. Los fundadores de la teoría cuántica experimentaron exactamente lo mismo, situación descrita muy vívidamente por Heisenberg:


"Recuerdo las discusiones con Bohr, que se prolonga­ban durante muchas horas, hasta bien avanzada la noche r que acababan casi en la desesperación. Y cuando al terminar la discusión me iba solo a dar un paseo por el vecino parque, me repetía a mí mismo una vez y otra la misma pregunta: ¿Es posible que la natu­raleza sea tan absurda como a nosotros nos lo parecía en aquellos experimentos atómicos?6
6 W. Heisenberg, ob, cit. pág. 42.
Cada vez que la naturaleza esencial de las cosas es ana­lizada con el intelecto, debe parecer absurda o paradójica. Esto ha sido reconocido por los místicos desde siempre, pero muy recientemente se ha convertido en un problema para la ciencia. Durante siglos, los científicos estuvieron investi­gando las "leyes fundamentales de la naturaleza" que sirven de base a la gran variedad de fenómenos naturales. Estos fenómenos pertenecían al entorno macroscópico de los cien­tíficos y por ello, al mundo de su experiencia sensorial. Puesto que las imágenes y los conceptos intelectuales de su lenguaje procedían de esta misma experiencia, eran suficientes y ade­cuados para describir tales fenómenos naturales.

En la física clásica, las preguntas sobre la naturaleza esencial de las cosas eran respondidas por el modelo newto­niano y mecanicista del universo, el cual, del mismo modo que el modelo de Demócrito en la antigua Grecia, redujo todos los fenómenos a movimientos e interacciones entre átomos duros e indestructibles. Las propiedades de estos átomos fueron abstraídas de la noción macroscópica de las bolas de billar, y por tanto, de la experiencia sensorial. El hecho de si estos conceptos se aplicarían realmente al mundo de los áto­mos no fue entonces cuestionado y desde luego, tampoco se podía investigar experimentalmente.

Sin embargo llegado el siglo XX, los físicos pudieron abordar ya de un modo experimental la cuestión de la natura­leza última de la materia. Con la ayuda de una tecnología sofisticada pudieron ahondar cada vez más en su investiga­ción, descubriendo una capa de materia tras otra, en su bús­queda de los “ladrillos” iniciales. Así se verificó la existencia del átomo, luego se descubrieron sus componentes -el nú­cleo y los electrones- y finalmente los componentes del núcleo -protones y neutrones- y también muchas otras partículas subatómicas.

Los finos y complicados instrumentos de la moderna física experimental penetran profundamente en el mundo submicroscópico, en reinos de la naturaleza muy alejados de nuestro entorno macroscópico, haciendo a ese inundo accesi­ble a nuestros sentidos. Sin embargo, esto sólo se logra a tra­vés de una cadena de procesos que terminan, por ejemplo, en el zumbido audible de un contador Geiger, o en una mancha oscura sobre una placa fotográfica. Lo que vemos u oímos nunca son los fenómenos investigados, sino siempre sus consecuencias. El inundo atómico y subatómico en sí mismo, queda más allá de la percepción de nuestros sentidos.

Así, es con la ayuda del instrumental moderno como somos capaces de "observar" las propiedades de los átomos y sus componentes de un modo indirecto, y de "experimentar" hasta cierto punto el inundo subatómico. Sin embargo, esta experiencia no es una experiencia ordinaria, comparable a la de nuestro entorno diario. El conocimiento de la materia a ese nivel ya no se deriva de la experiencia sensorial directa, y por ello, nuestro lenguaje ordinario, que toma sus imágenes del mundo de los sentidos, no es ya adecuado para describir los fenómenos observados. A medida que vamos penetrando más profundamente en la naturaleza, tenemos que abandonar también, cada vez más, las imágenes y los conceptos del len­guaje usual.

En este viaje hacia el inundo de lo infinitamente peque­ño, el paso más importante, desde el punto de vista filosófico, fue el primero: la entrada al reino de los átomos. Al investigar al átomo por dentro y al examinar su estructura, la ciencia trascendía los límites de nuestra imaginación sensorial. A partir de ese momento, no pudo confiar ya con absoluta certe­za en la lógica y en el buen sentido. La física atómica propor­cionó a los físicos las primeras vislumbres sobre la naturaleza esencial de las cosas. Al igual que los místicos, los físicos se hallaron entonces tratando con una experiencia no sensorial (le la realidad y como los místicos, tuvieron que hacer frente a los aspectos absurdos y paradójicos de esta experiencia. Desde entonces, los modelos e imágenes de la física moderna se parecieron mucho a los utilizados por la filosofía oriental.




4 LA NUEVA FISICA
Según los místicos orientales, la experiencia directa y mística de la realidad es un suceso momentáneo que sacude violentamente los fundamentos de nuestra visión del mundo. D. T. Suzuki la llamó "el más sorprendente acontecimiento que jamás pudiera suceder en el reino de la conciencia humana... que viene a alterar toda forma de experiencia estan­darizada”1 e ilustró el asombroso carácter de esta experiencia con las palabras de un maestro Zen que la describió como "el fondo de un cubo roto".
1 D. T. Suzuki, The Essence of Buddhism (Hozokan, Kyoto, Japón, 1968), pág, 7.

Los físicos, al comienzo de este siglo, sintieron aleo parecido al ver que los fundamentos de su visión del mundo se tambaleaban ante la nueva experiencia de la realidad atómi­ca, y describieron esa experiencia en términos muy similares a los utilizados por el maestro Zen de Suzuki. Así, escribía Heisenberg:


Esta violenta reacción ante la evolución de la física moderna tan sólo se podrá comprender advirtiendo que los fundamentos de la física han comenzado a moverse, y que ese movimiento ha causado la sensa­ción de que la ciencia va a quedar separada de la tie­rra.2
2 W. Heisenberg, Physics and Philosophy (Allen & Unwin, Londres, 1963), pág. 145.

Einstein experimentó el mismo sobresalto, cuando por primera vez entró en contacto con la nueva realidad de la física atómica. Así escribió en su autobiografía:


Todos los intentos que hice para adaptar el fundamen­to teórico de la física a este (nuevo tipo de) conocimien­to fracasaron rotundamente. Era como si hubieran quitado la tierra de debajo de mis pies, sin dejarme ningún fundamento sólido sobre el cual poder cons­truir 3
3 Ed. Pa. A. Schilpp, Albert Einstein: Philosopher-Scientist (The Library of Living Philosophers, Evanston, Illinois, 1949), pág. 45.

Los descubrimientos de la física moderna exigían pro­fundos cambios en conceptos corno espacio, tiempo, mate­ria, objeto, causa y efecto, etc. y dado que estos conceptos son totalmente básicos para nuestra manera de experimentar el mundo, no es sorprendente que los físicos que debían cam­biarlos experimentasen algo parecido a una conmoción. De estos cambios surgió una visión del mundo radicalmente distinta, y que todavía, a través de la actual investigación científica, está en proceso de formación.

Todo parece indicar que, tanto los místicos orientales como los físicos occidentales pasaron por experiencias simi­lares, que los llevaron a contemplar el mundo desde perspec­tivas totalmente diferentes y nuevas. En las dos citas siguien­tes, el físico europeo Niels Bohr y el místico hindú Sri Auro­bindo manifiestan la profundidad y el carácter radical de esta experiencia:
La gran tensión que hemos soportado durante los últi­mos años ha demostrado la insuficiencia de nuestras simples concepciones mecanicistas, y como conse­cuencia de ello, h a hecho que se tambaleen los cimien­tos sobre los que estaba basada la interpretación usual de nuestras observaciones.4
Niels Bohr
4 N. Bohr, Atomic Physics and the Description of Nature (Cambridge University Press, Londres, 1934), pág. 2.
Todas las cosas, comienzan ele hecho a cambiar su na­turaleza y su apariencia. Nuestra experiencia del mundo pasa a ser totalmente diferente... Una nueva forma, vasta y profunda de experimentar, de ver, de saber, de tomar contacto con las cosas.5
Sri Aurobindo
5 S. Aurobindo, Ort Yoga II (Aurobindo Ashram, Pondicherry, India, 1958), Tomo 1, pág, 327.

* El lector que encuentre esta presentación de la física moderna demasiado comprimida y difícil de entender no debe preocuparse. Todos los conceptos mencionados en este capítulo serán tratados con mayor detalle más adelante.

El presente capítulo esbozará un cuadro preliminar de este nuevo concepto del mundo, en contraste con el de la física clásica* mostrando cómo la clásica visión mecanicista del mundo tuvo que ser abandonada a principios de este siglo, cuando la teoría cuántica y la teoría de la relatividad -las dos teorías básicas de la física moderna nos obligaron a adoptar una visión mucho más "sutil" y orgánica de la naturaleza.

La física clásica
La visión del mundo que los descubrimientos de la física moderna vinieron a variar estaba basada sobre el modelo mecanicista del universo de Newton. Este modelo constituía el sólido armazón de la física clásica. Era un cimiento formi­dable que soportaba, como una firme roca, toda la estructura de la ciencia y que proporcionó una base sólida a la filosofía natural durante casi tres siglos.

El escenario del universo newtoniano, en el cual ocu­rrían todos los fenómenos físicos, era el espacio tridimensio­nal de la geometría clásica euclidiana. Era un espacio absolu­to, siempre en reposo e inmutable. En palabras de Newton: "el espacio absoluto, en su propia naturaleza, sin consideración a nada externo, permanece siempre igual e inamovible".6 Todos los cambios que tienen lugar en el inundo físico fueron descritos en función de una dimensión aparte, llamada tiem­po, que a su vez era absoluta, sin conexión con el mundo material y que fluía suavemente desde el pasado, pasando por el presente, hacia el futuro. "El tiempo absoluto, verdadero y matemático -decía Newton-, en sí mismo y por su propia naturaleza, fluye de un modo uniforme, sin ser afectado por nada externo a él".7


6 Citado en el libro de M. Capek, The Philosophical Impact of Contemporary physics (D. Van Nostrand, Princeton, New Jersey, 1961), pág. 7.

7 Ibid., pág. 36.
Los elementos del mundo newtoniano que se movían en estos espacios y tiempos absolutos eran partículas materiales. En las ecuaciones matemáticas se los trataba como puntos de masa, y Newton los consideraba como objetos pequeños, sólidos e indestructibles, de los cuales estaba compuesta la materia. Era un modelo bastante similar al de los atomistas griegos. Ambos se basaban en la distinción entre lo lleno y lo vacío, entre materia y espacio y en ambos modelos las partícu­las permanecían siempre idénticas a sí mismas en cuanto a su masa y su forma. Por ello la materia siempre se conservaba y tenía un carácter esencialmente pasivo. La principal diferen­cia entre los sistemas atomistas de Demócrito y de Newton es que éste último incluye una precisa descripción de la fuerza que actúa entre las partículas materiales. Esta fuerza es muy simple y depende sólo de las masas y de las distancias mutuas entre las partículas. Se trata de la fuerza de la gravedad y Newton la consideró rígidamente relacionada con los cuer­pos sobre los que actuaba a través de la distancia. Aunque se trataba de una hipótesis extraña, la verdad es que la investiga­ción no se llevó más lejos. Tanto las partículas como las fuer­zas existentes entre ellas se consideraban creadas por Dios y por consiguiente, no eran sujeto de mayor análisis. En su Óptica Newton nos presenta una clara imagen de cómo imagina­ba él la creación del mundo material por parte de Dios:
Me parece probable que Dios, en un principio formase la materia en partículas sólidas, duras, impenetrables, móviles, con ciertos tamaños y formas y con otras pro­piedades -como su proporción en el espacio- ten­dentes en su mayoría a cumplir la finalidad para la cual fueron formadas. Siendo estas partículas sólidas, son incomparablemente más duras que cualquiera de los cuerpos porosos compuestos de ellas, de una dureza tal que incluso nunca se consumen ni se rompen en peda­zos, no existiendo ningún poder que sea capaz de divi­dir lo que Dios, en su primera creación hizo uno.8
8 M. P. Crosland, The Science of Matter (La Ciencia de la Materia) (History of Science Readings, Penguin Books, Harmond-swonh 1971 ), pág. 76.

En la mecánica newtoniana todos los fenómenos físicos se reducen al movimiento de cuerpos materiales en el espacio, movimiento originado por su mutua atracción, esto es, por la fuerza de gravedad. Con el fin de representar el efecto de esta fuerza sobre un punto de masa, Newton tuvo que inventar técnicas y conceptos matemáticos completamente nuevos: los del cálculo diferencial. Ello supuso un logro intelectual tremendo y fue elogiado por Einstein como "quizás el mayor avance en el pensamiento que jamás un solo individuo haya tenido el privilegio de hacer".

Las ecuaciones del movimiento de Newton constituyen la base de la mecánica clásica. Fueron consideradas como leyes fijas, que gobiernan el movimiento de los cuerpos ma­teriales, y así se creía que daban cuenta de todos los cambios observados en el mundo físico. Según el concepto de Newton, Dios creó, al principio, las partículas materiales, las fuerzas existentes entre ellas y las leyes fundamentales del movi­miento. De este modo, todo el universo fue puesto en movi­miento y así ha continuado desde entonces, gobernado por leyes inmutables, como una máquina.

Esta visión mecanicista de la naturaleza, está por consi­guiente estrechamente relacionada con un riguroso determi­nismo. La gigantesca maquinaria cósmica era considerada como totalmente causal y determinada. Todo lo que sucedía tenía una causa definida y originaba a su vez unos efectos definidos. El futuro de cualquier parte del sistema podía -en principio- ser predicho con absoluta certeza, siempre que su situación en un momento dado se conociera con todo detalle. Esta creencia está expresada muy claramente en las siguien­tes palabras del matemático francés Pierre Simon Laplace:


La mente que en un momento dado conociera todas las fuerzas que actúan en la naturaleza y la posición de todas las cosas de las que se compone el mundo-suponiendo que fuese lo suficientemente amplia como para poder analizar todos estos datos- abrazaría en una misma fórmula a los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y a los de los átomos más peque­ños. Nada sería incierto para ella, y el futuro, al igual que el pasado, estaría presente ante sus ojos.9
9 Citado en M. Capek, ob. cit., pág. 122.
La base filosófica de este riguroso determinismo era la separación existente entre el "yo" y el mundo, introducida por Descartes. Como consecuencia de esta separación, se creía que el mundo podía ser descrito objetivamente, es decir, sin mencionar jamás al observador humano, y tal descripción objetiva de la naturaleza se convirtió en el ideal de toda la ciencia.

Los siglos XVII y XIX presenciaron un tremendo éxito de la mecánica newtoniana. El propio Newton aplicó su teoría al movimiento de los planetas y pudo explicar los rasgos básicos del sistema solar. Su modelo planetario era muy simplificado, no tenía en cuenta por ejemplo, la influencia gravitacional de los planetas entre sí, pese a ello descubrió que había ciertas irregularidades que no podía explicar. Re­solvió este problema asumiendo que Dios estaba siempre presente en el Universo para corregir tales irregularidades.



El gran matemático Laplace, se impuso a sí mismo la ambiciosa tarea de refinar y perfeccionar los cálculos de Newton en una obra que ofrecería una solución completa al gran problema mecánico presentado por el sistema solar, y haría coincidir tan exactamente la teoría con la observación, que las ecuaciones empíricas no figurarían ya jamás en las tablas astronómicas (10). El resultado fue una gran obra en cinco volúmenes, llamada Mecanique Céleste, en la cual Laplace logró explicar los movimientos de los planetas, lunas y come­tas hasta sus más pequeños detalles, así cono también el flujo de las mareas y otros fenómenos relacionados con la grave­dad. Demostró que las leyes newtonianas relativas al movi­miento aseguraban la estabilidad del sistema solar, tratando al universo como una máquina perfectamente autorregulada. Cuando Laplace presentó la primera edición de su obra a Napoleón -según cuenta la Historia-, Napoleón le dijo: "Monsieur Laplace, me dicen que ha escrito usted esta enor­me obra sobre el funcionamiento del universo, sin mencionar ni una sola vez a su Creador". A esto Laplace respondió tajan­te: "No he tenido necesidad de tal hipótesis".
l0 Citado en J. Jeans, Pie Growth of Physical Science (El Crecimiento de la Ciencia Física) (Cambridge University Press. Londres, 1951), pág. 237.
Animados por el brillante éxito alcanzado en astrono­mía por la mecánica newtoniana, los físicos la extendieron al movimiento de los fluidos y a las vibraciones de los cuerpos elásticos, y una vez más funcionó. Por último, incluso la teo­ría del calor pudo ser reducida a mecánica, al descubrirse que el calor era la energía creada por un complicado movimiento "de agitación" de las moléculas. Cuando la temperatura - por ejemplo del agua- aumenta, el movimiento de sus molé­culas se incrementa hasta llegar a sobrepasar las fuerzas que mantienen unidas a esas moléculas, y por ello, se separan. De este modo, el agua se convierte en vapor. Por el contrario, cuando el movimiento térmico disminuye al enfriarse el agua, las moléculas se encierran dentro de un nuevo patrón mucho más rígido, que es el hielo. Del mismo modo, muchos otros fenómenos térmicos pueden comprenderse bastante bien desde un punto de vista puramente mecánico. EI enorme éxito logrado por el modelo mecanicista hizo creer a los físicos de principios del siglo XIX que el universo era un gigantesco sistema mecánico que funcionaba según las leyes newtonia­nas del movimiento. Estas leyes fueron consideradas como las leyes básicas de la naturaleza, y la mecánica de Newton se convirtió en la teoría definitiva, que explicaba todos los fenó­menos naturales. Y sin embargo, apenas cien años más tarde era descubierta tina nueva realidad física que pondría de manifiesto las limitaciones del modelo newtoniano, demos­trando que ninguna de sus características tenía validez abso­luta.

Este convencimiento no llegó súbitamente, sino que fue iniciado por trabajos que va habían comenzado en el siglo XIX y que prepararon el camino para las revoluciones cientí­ficas de nuestro siglo. El primero de estos avances fue el des­cubrimiento de la investigación de los fenómenos eléctricos y magnéticos, los cuales no podían ser apropiadamente descri­tos mediante el modelo mecánico y que implicaban la existen­cia de un nuevo tipo de fuerza. El paso más importante lo dieron Michael Faraday y Clerk Maxwell -el primero, uno de los más grandes experimentadores en la historia de la cien­cia, el segundo un brillante teórico. Cuando Faraday logró producir una corriente eléctrica en tina bobina de cobre moviendo un imán cerca de ella, conviniendo así el trabajo mecánico de mover el irán en energía eléctrica, condujo a la ciencia y a la tecnología a un punto decisivo. Su experimento fundamental dio origen, por un lado, a toda la tecnología de la ingeniería eléctrica, y por otro, constituyó la base de sus especulaciones teóricas y de las de Maxwell, que finalmente fue­ron condensadas en una teoría completa del electromagnetis­mo. Faraday y Maxwell no sólo estudiaron los efectos de las fuerzas eléctricas y magnéticas, sino que hicieron de las mismas el principal objeto de su investigación. Reemplaza­ron el concepto de fuerza por el de campo de fuerza, y con ello, fueron los primeros en ir más allá de la física newtoniana.

En lugar de interpretar la interacción que se da entre una carga positiva y una negativa diciendo simplemente que las dos cargas se atraen una a la otra como lo harían dos masas según la mecánica newtoniana, Faraday y Maxwell encontra­ron más apropiado decir que cada una de las cargas crea una "perturbación", o una "condición" en el espacio que las cir­cunda, de tal modo que cuando la otra carga está presente, siente una fuerza. A esta característica del espacio capaz de producir una fuerza, la denominaron campo. Un campo es creado mediante una sola carga y existe tanto si se introduce otra carga que sienta su efecto como si no.

Este fue uno de los más profundos cambios ocurridos en la concepción que el hombre tenía de la realidad física. Desde la perspectiva newtoniana, las fuerzas estaban rígidamente relacionadas con los cuerpos sobre los que actuaban. Ahora el concepto de fuerza tuvo que ser sustituido por el mucho más sutil concepto de campo, que tenía su propia realidad y que podía ser estudiado sin ninguna referencia a los cuerpos materiales. La culminación de esta teoría, llamada electrodi­námica, fue el descubrimiento de que la luz no es más que un campo magnético que alterna muy rápidamente y que viaja a través del espacio en forma de ondas. Hoy sabemos que tanto las ondas de radio, las ondas de luz, o los rayos X, son ondas electromagnéticas, campos eléctricos y magnéticos oscilan­tes que difieren sólo en la frecuencia de su oscilación, y tam­bién que la luz visible constituye sólo una minúscula fracción del espectro electromagnético.


A pesar de estos trascendentales cambios, la mecánica newtoniana siguió manteniendo su posición como base de toda la física. El mismo Maxwell trató de explicar sus resulta­dos en términos mecánicos, interpretando los campos como formas de fuerza mecánica que se daban dentro de un ligerísi­mo medio que llenaba el espacio, llamado éter, y a las ondas electromagnéticas como ondas elásticas de este éter. Su idea era muy natural, pues las ondas se experimentan normalmen­te como vibraciones de algo: las ondas de agua como vibracio­nes del agua, las ondas sonoras como vibraciones del aire. Maxwell utilizó varias interpretaciones mecánicas de su teoría, aunque aparentemente no tomó ninguna de ellas real­mente en serio. Debió percibir intuitivamente, incluso aun­que nunca lo dijese de un modo explícito, que las entidades fundamentales de su teoría eran los campos y no los modelos mecánicos. Cincuenta años más tarde, fue Einstein quien reconoció con claridad este hecho, declarando que no existe ningún éter y que los campos electromagnéticos son entida­des físicas por derecho propio, que pueden viajar a través del espacio vacío y no pueden ser explicados mecánicamente.

Así, a comienzos del siglo XX, los físicos tenían a su disposición dos exitosas teorías que aplicaron a diferentes fenómenos: la mecánica de Newton y la electrodinámica de Maxwell. De este modo, el modelo newtoniano había dejado ya de ser la base única de toda la física.




Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad