El tao de la física


El Tao De La Física Primera parte



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El Tao De La Física
  • Primera parte

    Fritjof Capra

    Título original: THE TAO OF PHYSICS


    Dedico este libro a:
    Ali Akbar Khan

    Carlos Castaneda

    Geoffrey Chew

    John Coltrane

    Werner Heisenberg

    Krishnamurti

    Liu Hsiu Ch'i

    Phiroz Mehta

    Jerry Shesko

    Bobby Smith

    Maria Teuffenbach

    Alan Watts,


    por haberme ayudado a encontrar mi camino, y a Jac­queline, que ha viajado conmigo sobre él la mayor parte del tiempo.

    Probablemente, una verdad muy general en la historia del pensamiento humano la constituya el he­cho de que los más fructíferos descubrimientos tienen lugar en aquellos puntos en los que se encuentran dos líneas de pensamiento distintas. Estas líneas pueden tener sus raíces en sectores muy diferentes de la cultura humana, en diferentes épocas, en diferentes entornos culturales o en diferentes tradiciones religiosas. Por ello, si tal encuentro sucede, es decir, si entre dichas líneas de pensamiento se da, al menos, una relación que posibilite cualquier interacción verdadera, podemos entonces estar seguros que de allí surgirán nuevos e interesantes descubrimientos.


    Werner Heisenberg
    Prefacio a la Segunda Edición
    Este libro fue publicado por primera vez hace siete años y tuvo su origen en una experiencia que, como describo en el segundo prefacio, data ya de más de diez años. Por ello, me parece apropiado decir aquí algunas palabras a los lectores de esta nueva edición sobre las muchas cosas que durante estos años han sucedido -al libro, a la física y a mí mismo.

    Cuando descubrí los paralelismos existentes entre la visión del mundo de los físicos y la de los místicos -parale­lismos ya insinuados antes pero nunca explorados a fondo ­tuve la sensación de que simplemente estaba descubriendo algo que era totalmente obvio y que en el futuro sería del dominio público. Algunas veces, mientras escribía El Tao de la Física incluso sentí que el libro estaba siendo escrito a tra­vés de mí, más que por mí. Los acontecimientos posteriores confirmaron estas sensaciones. El libro fue recibido con gran entusiasmo en Inglaterra y en Estados Unidos. Pese a haber tenido una publicidad promocional mínima, su difusión fue muy rápida y hasta el día de hoy se han efectuado al menos doce ediciones en diferentes países.

    Como era de esperar, la reacción de la comunidad cien­tífica fue mucho más cautelosa, pero también en este campo el interés por las extensas implicaciones de la física actual es creciente. La aversión de los científicos modernos a aceptar las profundas similitudes existentes entre sus conceptos y los de los místicos no es una sorpresa, dado que el misticismo - al menos en Occidente- ha sido tradicionalmente relaciona­do -de manera totalmente equivocada- con cosas vagas, misteriosas y en absoluto científicas. Afortunadamente esta actitud está cambiando. A medida que el pensamiento orien­tal ha comenzado a interesar a un número de personas cada vez mayor y al haber dejado de ser considerada la meditación como algo ridículo o sospechoso, el misticismo está empe­zando a ser tornado en serio, incluso dentro de la comunidad científica.

    El éxito del Tao de la Física tuvo un fuerte impacto en mi vida. Durante los últimos años he viajado mucho, he dado conferencias ante neófitos y ante profesionales y he discutido las implicaciones de la "nueva física" con hombres y mujeres de todos los estratos. Estas discusiones me ayudaron enorme­mente a comprender el amplio contexto cultural del interés que el misticismo oriental ha despertado en Occidente duran­te los últimos veinte años. Ahora veo ese interés como parte de una tendencia mucho más amplia, que trata de contrarrestar el profundo desequilibrio existente en nuestra cultura, en nues­tros pensamientos y nuestros sentimientos, en nuestros valo­res y actitudes y en nuestras estructuras políticas y sociales. La terminología china del ying y el yang me pareció muy ade­cuada para describir este desequilibrio cultural. Nuestra cul­tura ha favorecido los valores y actitudes yang o masculinas y ha descuidado sus contrapartes ying o femeninas, que le son complementarias. Hemos favorecido la autoeliminación a costa de la integración, el análisis sobre la síntesis, el conoci­miento racional sobre la sabiduría intuitiva, la ciencia sobre la religión, la competencia sobre la cooperación, la expan­sión sobre la conservación y así sucesivamente. Este desarro­llo parcial ha alcanzado ya un punto alarmante, ha llegado a constituir una crisis que presenta dimensiones sociales, eco­lógicas, morales y espirituales.

    No obstante, al mismo tiempo, estamos siendo testigos del inicio de un tremendo movimiento evolucionario, que parece ilustrar el antiguo refrán chino que dice: "Cuando el yang ha alcanzado su punto culminante, retrocede dejando paso al ying". Las décadas de los años 60 y 70 generaron toda una serie de movimientos sociales que parecían converger en una misma dirección. La creciente preocupación por la eco­logía, el intenso interés por el misticismo, el surgimiento de la conciencia feminista y el redescubrimiento de los enfoques holísticos sobre la salud y la curación, son todas manifesta­ciones de una misma tendencia evolucionaria. Todas ellas vienen a contrarrestar el excesivo énfasis puesto en lo racio­nal, en las actitudes y los valores masculinos y tratan de recu­perar el equilibrio entre los aspectos masculino y femenino de la naturaleza humana. Así, la conciencia de la profunda ar­monía existente entre la visión del mundo de la física y la del misticismo oriental, aparece ahora como parte integral de una transformación cultural mucho más amplia, que nos lleva a una nueva visión de la realidad, visión que requerirá un cam­bio fundamental en nuestros pensamientos, en nuestras per­cepciones y nuestros valores. En mi segundo libro El Punto Crucial exploro los diversos aspectos y las implicaciones de esta transformación cultural.

    El hecho de que los cambios que están teniendo lugar en nuestro sistema de valores va a afectar a muchas de nuestras ciencias puede resultar sorprendente para quienes creen en una ciencia objetiva, totalmente independiente de cualquier valor. Sin embargo, ello constituye una de las más importan­tes implicaciones de la nueva física. Las aportaciones de Heisenberg a la teoría cuántica, que trato con detalle en este libro evidencian con toda claridad que el clásico ideal de la objetividad científica no puede ya mantenerse, y en este sen­tido, la física morfema está también haciendo tambalearse al mito que considera a la ciencia como algo totalmente ajeno a los valores. Los patrones y los esquemas que los científicos observan en la naturaleza están íntimamente relacionados con los patrones y esquemas existentes en sus mentes, con sus conceptos, sus pensamientos y sus valores. Así, los resulta­dos científicos que obtengan, y las aplicaciones tecnológicas que investiguen, estarán todos ellos condicionados por sus propias estructuras mentales. Aunque gran parte de sus deta­lladas investigaciones no dependerán explícitamente de su sistema de valores, la estructura más extensa dentro de la que se realiza la investigación, nunca será independiente de tales valores. Por ello, los científicos no sólo tienen una responsa­bilidad intelectual sobre sus investigaciones, sino también una responsabilidad moral.

    Desde este punto de vista, la relación existente entre la física y el misticismo no es sólo muy interesante, sino también de extrema importancia. Los resultados de la física moderna han abierto a los científicos dos caminos muy diferentes. Nos pueden llevar -poniéndolo en términos extremos- al Buda o a la Bomba, y a cada científico le corresponde decidir qué conmino va a tomar. A mi manera de ver, en una época en la que casi la mitad de nuestros científicos e ingenieros trabajan para la industria militar, malgastando un enorme potencial de ingenio humano y creatividad en descubrir medios cada vez más sofisticados de destrucción total, el camino del Buda. el “camino con corazón”, nunca podrá ser excesivamente acen­tuado.

    La presente edición de este libro ha sido actualizada. incluyendo resultados de las más recientes investigaciones realizadas en el campo de la física subatómica. Para ello he cambiado ligeramente algunos párrafos del texto a fin de sintonizarlos con las nuevas investigaciones, y también he añadido al final del libro un nuevo capítulo, al que he titulado "Vuelta a la Nueva Física", en el que describo con detalle los nuevos descubrimientos de la física subatómica. Para mí ha sido una gran satisfacción comprobar, que ninguno de estos recientes descubrimientos ha invalidado nada de lo que escri­bí hace siete años. De hecho, la mayoría de ellos fueron ya anticipados en la versión original. Esto ha venido a reforzar la intensa creencia que me motivó a escribir este libro: que los temas básicos que utilizo en mi comparación entre la física y el misticismo, serán confirmados, más que invalidados por las futuras investigaciones.



    Además, ahora siento que estoy pisando un terreno mucho más firme con mi tesis, pues los paralelismos con el misticismo oriental están apareciendo no sólo en el campo de la física, sino también en la biología, en la psicología y en otras ciencias. Al estudiar las relaciones entre la física y estas cien­cias he descubierto que la estructura de la teoría de sistemas provee una extensión natural de los conceptos de la física a otros campos. La exploración de los conceptos de sistemas en biología, medicina, psicología y en las ciencias sociales, que he realizado en El Punto Crucial me ha demostrado que el enfoque de los sistemas confirma los paralelismos existentes entre la física moderna y el misticismo oriental. Además, los nuevos sistemas de biología y psicología señalan otras simi­litudes con el pensamiento místico, al margen del campo estudiado por la física. Estas similitudes las trato en mi segun­do libro, el cual incluye ciertas ideas sobre el libre albedrío, el nacimiento, la muerte, la naturaleza de la vida, de la mente, de la consciencia y de la evolución. La profunda armonía exis­tente entre estos conceptos -tal como se expresa en el len­guaje de sistemas y sus correspondientes del misticismo oriental, es una impresionante evidencia de que la filosofía de las tradiciones místicas, también conocida cono "filosofía perenne", constituye una muy consistente base filosófica para nuestras teorías científicas modernas.
    Fritjof Capra Berkeley, Junio de 1982
    PREFACIO A LA PRIMERA EDICION
    Una hermosa experiencia que tuve hace cinco años me situó en el camino que más adelante me llevaría a escribir este libro. Estaba yo una tarde de verano sentado frente al océano, con el sol ya declinando. Observaba el movimiento de las olas y sentía al mismo tiempo el ritmo de mi respiración, cuando de pronto fui consciente de que todo lo que me rodeaba parecía estar enzarzado en una gigantesca danza cósmica. Como físi­co, sabía que la arena, las rocas, el agua y el aire que había a mi alrededor estaban formados por vibrantes moléculas y áto­mos y que estos, a su vez, se componían de partículas que in­teractuaban unas con otras creando y destruyendo a otras par­tículas. También sabía que la atmósfera de la Tierra es bombardeada continuamente por una lluvia de "rayos cósmicos", partículas de alta energía que sufren múltiples colisiones al penetrar en la atmósfera. Todo esto me resultaba conocido por mis investigaciones físicas en el campo de la alta energía, pero hasta aquel momento sólo lo había experimentado a través de gráficos, diagramas y teorías matemáticas. Sin embargo, sentado en aquella playa, mis anteriores experien­cias cobraron vida; "vi" cascadas de energía que llegaban del espacio exterior, en las que las partículas eran creadas y destruidas siguiendo una pulsación rítmica. "vi" los átomos de los elementos y los de mi cuerpo participando en aquella danza cósmica de energía; sentí su ritmo y "oí" su sonido, y en ese momento supe que aquélla era la Danza de Shiva, el Señor de los Danzantes adorado por los hindúes.

    Hasta entonces había pasado por un largo entrenamien­to en física teórica y había dedicado varios años a la investiga­ción. Al mismo tiempo me interesé por el misticismo oriental y comencé a ver analogías entre dicho misticismo y la física moderna. Me sentí especialmente atraído por los enigmáti­cos aspectos del Zen, que me recordaron los misterios de la teoría cuántica. Al principio, estas relaciones fueron un ejer­cicio puramente intelectual. Salvar el abismo entre el pensa­miento racional analítico y la experiencia meditativa de la verdad mística fue, y todavía es, algo muy difícil para mí.

    Al principio me ayudaron "centrales de energía" que me enseñaron cómo la mente puede fluir en libertad y cómo las evidencias espirituales llegan por sí mismas, sin esfuerzo alguno, emergiendo de las profundidades de la consciencia. Recuerdo mi primera experiencia de este tipo. Después de años de pensamiento detallado y analítico, su llegada fue tan arrolladora que me hizo estallar en lágrimas, de un modo no distinto a Castaneda, volcando seguidamente mis impresio­nes en un trozo de papel.

    Más tarde me llegó la experiencia de la Danza de Shiva, que intenté captar en el montaje fotográfico que muestro en la página 288. A esta experiencia siguieron otras parecidas que me ayudaron a darme gradualmente cuenta de que una nueva visión del mundo está comenzando a emerger desde la física moderna, en armonía con la antigua sabiduría oriental. Du­rante años tomé muchas notas y escribí algunos artículos sobre los paralelismos que iba descubriendo, hasta que final­mente resumí mis experiencias en el presente libro.

    Este va dirigido al lector interesado en el misticismo oriental, que no tiene necesariamente que saber nada sobre física. He intentado presentar los principales conceptos y teorías de la física moderna sin ningún tipo de matemáticas y en un lenguaje nada técnico; pese a ello, en su primera lectura algunos párrafos pueden parecer todavía difíciles al profano. Los términos técnicos que me he visto obligado a citar están todos ellos definidos allí donde aparecen por primera vez y, además, los relaciono en el índice al final del libro.

    Espero también que entre mis lectores haya físicos inte­resados en los aspectos filosóficos de la física que no hayan tenido todavía ningún contacto con las filosofías religiosas de Oriente. Hallarán que el misticismo oriental proporciona un consistente y hermoso esquema filosófico, en el que se pueden acomodar nuestras más avanzadas teorías sobre el mundo físico.

    En relación con el contenido del libro, es posible que el lector sienta una cierta falta de equilibrio entre las presenta­ciones de los pensamientos científico y místico. A medida que avance en la lectura, su comprensión de la física deberá ser cada vez mayor, pero quizás no se dé una progresión semejante en su entendimiento del misticismo oriental. Esto es algo que parece inevitable, ya que el misticismo es, antes que nada, una experiencia que no puede aprenderse en los libros. Cualquier tradición mística sólo podrá comprenderse en profundidad si uno se involucra totalmente en ella. Mi máxima aspiración en este sentido sería hacer que el lector llegara a considerar ese involucrarse como algo deseable y positivo.

    Mientras escribía este libro, mi comprensión del pensa­miento oriental aumentó considerablemente, gracias en gran parte a dos hombres procedentes de Oriente. Estoy profunda­mente agradecido a Phiroz Mehta, por abrirme los ojos a muchos aspectos del misticismo hindú, y a mi maestro de T'ai Chi, Liu Hsiu Ch'i por introducirme en el taoísmo vivo.

    Me es imposible mencionar los nombres de todos aque­llos -científicos, artistas, estudiantes y amigos- que me ayudaron a formular mis ideas a través de estimulantes discusiones. Sin embargo, creo que debo una especial gratitud a Graham Alexander, Jonathan Ashmore, Stratford Caldecott, Lyn Gambles, Sonia Newby, Ray Rivers, Joel Scherk, Geor­ge Sudarshan y Ryan Thomas.

    Finalmente, siempre estaré en deuda con la señora Pauly Bauer-Ynnhof, de Viena por su generoso apoyo financiero en el momento en que más lo necesitaba.


    Fritjof Capra

    Londres, Diciembre de 1974


    I EL CAMINO DE LA FISICA
    Cualquier camino es sólo tu camino y no es ver­gonzoso, ni para uno mismo ni para los demás, abando­narlo si así te lo dicta tu corazón... Observa detalladamente cada uno (le los caminos. Ponlos a prueba tantas veces como creas necesario. Luego pregúntate a ti mismo, y sólo a ti mismo, lo siguiente: "¿Tiene corazón este camino?" Si lo tiene, el camino es bueno; si no lo tiene, no sirve para nada.
    Carlos Castaneda (Las Enseñanzas de Don Juan)


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