El suicidio: Situación social emergente



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BOSQUEJO
Introducción
I. Situación social emergente
II. Perfil de la persona susceptible
III. Programa de intervención


  1. Consejería




  1. Exaltar los valores morales que invitan a vivir




  1. La integración

Conclusión


Bibliografía

INTRODUCCIÓN
Son muchos y variados los problemas que amenazan a una nación y entre ellos podríamos encontrar algunos tales como la adicción, adicción al tabaco, a la heroína, al alcohol, etc. También podría preocuparnos el número de victimas por accidentes de tráfico, la violencia de género, el comportamiento de los estudiantes en las escuelas, y un largo etc. Pero de todas esas cosas se habla en los informativos. Cada vez que una mujer muere a manos de su pareja, es información de prioridad en los medios de comunicación, cuando alguien es asesinado por una banda terrorista, se repite durante días la misma noticia. Y sin quitarle importancia a cada uno de estos problemas sociales, me pregunto ¿Por qué la problemática del suicidio está tan censurada? ¿Son tan pocos los que terminan quitándose la vida a lo largo de un año que no merezca importancia? ¿Trata el gobierno o las autoridades competentes mostrar una sociedad a la que no le falta propósito, que no carece de sentido? ¿Qué lleva a las personas a tomar este paso decisivo sin vuelta atrás? ¿Pueden hallar respuesta en algún lugar donde se les ofrezca una alternativa lo suficiente prometedora como para querer seguir viviendo? Estas y algunas otras inquietudes son las que trataremos de responder a lo largo de este apartado. Es mi propósito mostrar una realidad vigente en nuestra actual sociedad que por un lado está pasando desapercibida y que por otro lado está gritando a los oídos de quién pueda oír la voz de la desesperación. Una voz que pide respuestas, que pide solución, pero que sobre todo en muchas ocasiones pide comprensión.



  1. SITUACIÓN SOCIAL EMERGENTE

¿A qué llamamos situación social emergente? Podríamos clasificar algo así a una situación que ya no puede esconderse, que está tan desarrollada que se hace evidente, que no hay forma de ocultarla porque se ha convertido en un problema social de emergencia. Un problema que pide ser solucionado cuanto antes. Es algo que ha llegado a afectar a una gran parte de la sociedad y que a pesar de los intentos por ocultarlo, sale a la superficie en manifestaciones de dolor, resignación, rabia, quejas y desesperación. Podríamos clasificar dentro de esta descripción muchos de los problemas actuales que están atentando contra la sociedad de la que formamos parte, pero sin ninguna duda quiero referirme como una situación social emergente a la problemática del suicidio.

¿Qué es suicidio? “Quitarse voluntariamente la vida” según la Real Academia de la lengua Española. ¿Y ha llegado este problema a formar parte de una situación social emergente? Me gustaría dar unos datos para ser lo más realista posible y así pode sacar conclusiones serias. El siguiente artículo pertenece al periódico online “Andalucía Liberal” y dice lo siguiente:
Alarma en el número de suicidios en España. La epidemia de suicidios y depresiones mata más que los accidentes de tráfico. ¿Quién las frenará? Y ¿Por qué no hay campañas contra los suicidios? Y ¿Por qué no se educa para el sentido de la vida de mejora persona? Los suicidios, por cierto, ya superan en España al número de victimas por accidentes de tráfico, según anunciaba el INE esta semana. En el 2006 se suicidaron 3.381 personas en España (probablemente más; En España, uno de cada 4 menores de 20 años no le encuentra sentido a la vida.

Desde que empezó el siglo XXI (seis años tan sólo) ya se han suicidado más de 20.000 españoles.”1
Según podemos ver en estos datos bien podríamos asegurar que este problema sociológico como es el suicidio, sí que tendría lugar dentro de las situaciones sociales emergentes en la actualidad.

Pero, ¿Por qué el gobierno trata de acallar estos gritos de ayuda que podemos leer entre líneas? ¿Por qué parece que al gobierno le es indiferente esta situación tan alarmante? ¿No sería este motivo suficiente para crear una voz de alarma y dedicar tiempo y recursos a la ayuda de personas con carácter depresivo con inclinación al suicidio?


En una entrevista publicada en el diario El Mundo, Basilio Moreno, secretario general de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, señaló que estudios internacionales han indicado que un 10 por ciento de los enfermos de anorexia muere y el 13 por ciento se suicida.
Más del 70% de las personas que se quitan la vida son hombres, aunque son más las mujeres que llevan a cabo intentos de suicidio que no terminan en muerte. Respecto a la edad, cada vez son más jóvenes quienes se suicidan (el 20% son menores de 20 años).

Se calcula que, por cada suicidio consumado, se dan de 10 a 20 intentos.

Todos estos datos nos lanzan una voz de alarma para detenernos por un momento y preguntarnos ¿Qué está pasando en nuestro país? ¿Qué le sucede o que provoca tal reacción en la gente? ¿Qué tipo de personas son más propensas a suicidarse? Estas son algunas de las preguntas que en el siguiente apartado trataremos de responder.




  1. PERFIL DE LA PERSONA SUSCEPTIBLE


Aprendamos a conocer las causas y los signos de alarma, para poderlas detectar. Los profesionales con más altas tasas de suicidio son: dentistas, psiquiatras, farmacéuticos, enfermeros y granjeros. Los profesionales, incluyendo abogados, dentistas, militares y médicos, parecen tener tasas de suicido superiores a la media. Por otro lado, entre médicos menores de 40 años el suicido es la principal causa de muerte. Los médicos de ambos sexos utilizan como método la sobredosis de fármacos con más frecuencia que la población general, posiblemente porque tienen fácil acceso a los medicamentos y conocen las dosis letales.2
Según el Dr. Wilfredo G. Santa, “durante un episodio depresivo transitorio pero profundo pueden darse graves actos violentos de autodestrucción”. 3
Suele darse una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales, aunque lo más frecuente es que sean personas que padezcan alguna enfermedad mental, como la depresión, o que sean adictos al alcohol o las drogas. A menudo, el suicidio coincide con sucesos vitales graves, como la muerte de un ser querido o una separación matrimonial. Entre las situaciones que llevan a la persona a suicidarse destacan los siguientes:

  • Enfermedades mentales (depresión, trastorno bipolar y esquizofrenia)

  • Alcoholismo y adicción a las drogas

  • Sucesos vitales graves (muerte de un ser querido, separación, ruina económica, pérdida del empleo etc.)

  • Problemas importantes en el trabajo o en los estudios

  • Pacientes dados de alta de ingresos hospitalarios por causa psiquiátrica

  • Reclusos encarcelados

  • Enfermedades físicas graves.

  • Violencia y abusos físicos o psicológicos

  • Personas con carácter impulsivo y agresivo

  • Soledad y marginación


Habitualmente, es una decisión premeditada y los suicidas suelen avisar de sus intenciones. Son frecuentes los intentos fallidos de suicidio y podemos considerar como signos de alarma las circunstancias señaladas anteriormente. El contexto del suicidio suele ser el de una persona con emociones y relaciones alteradas, que además, se encuentra en un momento de crisis.

Los pacientes con epilepsia, especialmente del lóbulo temporal, con frecuencia tienen episodios depresivos breves pero profundos. El hecho de disponer de medicamentos, recetados para tratar el cuadro, hace que estos pacientes tengan un mayor riesgo de comportamiento suicida.


En individuos psíquicamente sanos, la decisión, adoptada libremente, del homicidio de sí mismo puede ser consecuencia de una situación a la que no se ve salida. Según la psicología profunda, el suicidio es el último término de la serie siguiente: condena moral de sí mismo; vejación de sí mismo y destrucción de sí mismo; es el objetivo último de la agresión a si mismo. El sentido inconsciente del suicidio es la expiación de la culpa mediante la muerte.”4
El suicidio es menos frecuente entre practicantes adscritos a grupos religiosos que suelen estar respaldados por sus creencias y apoyados por fuertes vínculos sociales que los protegen frente a actos autodestructivos. La adscripción y las fuertes creencias religiosas no previenen necesariamente los actos suicidas impulsivos y no premeditados durante períodos de frustración, rabia y desesperación, especialmente si se acompañan de delirio de culpa e indignidad. Una de cada 6 personas que se suicida deja un mensaje. Éstos suelen hacer referencia a relaciones personales y acontecimientos posteriores a la muerte del individuo. Las notas que dejan los ancianos a menudo muestran preocupación por las personas que dejan atrás, mientras que las de los más jóvenes pueden ser expresivas de enfado o tener un carácter vengativo. Por lo que debemos de observar las actitudes de quienes nos rodean sobre todo si ya han tenido algún episodio de depresión, ansiedad o intentos de suicidio.

A menudo hay un factor que es la gota que desborda el vaso (generalmente la ruptura de una relación importante).La depresión está implicada en más de la mitad de intentos de suicidio.

En un estudio el 10% de los alcohólicos se suicidaron. Así, cerca del 30% de las personas que hacen intentos de suicido consumieron alcohol antes de aquél, mientras que aproximadamente la mitad tenían intoxicación etílica durante el intento.
Pero dentro de todos estos rasgos de personas con riesgo suicida, ¿Podemos hacer algo? ¿Tiene la iglesia de hoy una respuesta? ¿Pueden hallar respuesta en algún lugar donde se les ofrezca una alternativa lo suficiente prometedora como para querer seguir viviendo?


III. PROGRAMA DE INTERVENCIÓN

Sin ninguna duda creo firmemente que la iglesia tiene algo que decir a tanta gente que tras no hallar solución a su problema acaba atentando contra su propia vida. La iglesia tiene respuestas no solo para estas personas, siendo ellas el mayor interés, sino que también puede alzar la voz en protesta y en ayuda a este gobierno que ha acallado consciente o inconscientemente la voz de tanta gente que pide una solución.

La Organización Mundial de la Salud dice que la mayoría de los suicidios se pueden prevenir. Al detectar signos de alarma, procuremos que la persona no esté sola y reciba el apoyo de familiares, amigos y profesionales. Procuremos que la persona en riesgo no abuse de alcohol ni drogas. Animemos a los pacientes en tratamiento a que lo sigan. Facilitemos el ingreso hospitalario en situaciones de alto riesgo. Ese tipo de mensajes que el suicida potencial envía no deben ser pasados por alto, son peticiones de ayuda que requieren una cuidadosa evaluación y un tratamiento encaminado a aliviar la miseria moral y prevenir la repetición de intentos, especialmente si se tiene en cuenta que el 20% de las personas que hacen un primer intento vuelven a probar un año después y en el 10% de los casos consuman el suicidio.

Todas estas son ideas generales que de alguna manera nos pueden orientar, pero de manera más directa hacia la iglesia trataremos de planificar un plan sencillo pero eficaz para alcanzar este tipo de necesidad.


A. CONSEJERÍA

La consejería eficaz siempre comienza por:



Escuchar: Y lo primero que debemos hacer es tomar siempre en serio una amenaza de suicidio. Escuchar pacientemente a la persona que necesitará desahogarse, contar toda su rabia, su dolor. Mostrar siempre atención, importancia genuina a lo que cuenta.

Empatía: Una de las cosas que aborrece el suicida es la hipocresía y la falsedad de este mundo. No suele encontrar comprensión en nadie y al sentirse incomprendido, desechado y sólo optan por la decisión más drástica. Debemos mostrar empatía, verdadero interés en la persona más que en su problema.

Es por eso necesaria la disposición a estar con él y por él en cualquier momento de crisis. Se ha de mostrar a la persona empatía como dice Josh McDowell: “El poder principal que uno tiene al tratar con una persona suicida es su relación con él y la manera como demuestra su interés y preocupación."5

Alentar: Siempre se le debe alentar mostrando a la persona su valor como creación de Dios y la posibilidad de ser hijo de Dios y que Él haga nuevas todas las cosas. Hay que impartirle esperanza en las relaciones, en la vida, en cada área para que pueda despertarse el motivo por el cual vivir y luchar.
Hemos citado anteriormente la siguiente frase del Dr. Fiedrich: “El sentido inconsciente del suicidio es la expiación de la culpa mediante la muerte.”6

Por lo que podemos aseverar que una de las ayudas más eficaces que la iglesia puede otorgar a la persona suicida es la seguridad del perdón de Dios por medio de su Hijo Jesucristo. La consejería personal, haciendo hincapié en la problemática que de manera continua lleva a la persona a pensar en el suicidio.


El Dr. James Dobson referente a la culpa dice lo siguiente: “Pocas emociones humanas son tan agotadoras y penosas como los sentimientos de culpa y de insatisfacción personal, cuando el cuchillo de una auto condena intensa hiere la mente consciente durante el día e impide el sueño por la noche."7
Tratemos con cariño a las personas que expresan ideas de suicidio.
B. EXALTAR LOS VALORES MORALES QUE INVITAN A VIVIR

Otra de las herramientas que podrían darnos efectividad a la hora de llegar a este tipo de personas es exaltando de alguna manera los valores morales que nos invitan a vivir. La iglesia del Señor como Sal y Luz que es a este mundo debe proclamar los valores éticos y morales que nos identifican como pueden ser “la fidelidad matrimonial; la buena educación de los hijos; la felicidad exenta de estupefacientes o alcohol; la buena relación con los padres; el respeto; y un largo etc.”

Si algo le falta a la sociedad de hoy son valores éticos o morales y ahí es donde la iglesia debe contribuir con su testimonio. Decíamos que la mayoría de las personas que intentan suicidarse es por un sentimiento de culpa. Culpa por un fracaso en el matrimonio, una infidelidad, un maltrato, una violación, etc. Podemos dar a conocer nuestra postura ante todas estas cosas ya sea mediante folletos, campañas a favor de la vida y de los valores y compartiendo testimonios de tantas personas que fueron rescatadas de problemas similares.
C. LA INTEGRACIÓN

Una de los pasos importantes es la integración. Se le debe animar y no solo animar sino ayudar a que la persona afectada se integre en otros grupos. Grupos de jóvenes, damas, matrimonios, dependiendo de su estado civil y social. Se le puede integrar en un grupo de actividad de la iglesia como puede ser el teatro, la ayuda social, o cualquier otro departamento que de alguna manera le obligue a estar rodeado de gente y así poder incentivar el deseo de ser útil.


CONCLUSIÓN

Una persona que manifiesta su deseo de suicidarse o que ya lo ha intentado alguna vez no es como un toxicómano, o un adicto a la pornografía, ni un alcoholico. No podemos pasar por alto ningún indicio de suicidio y en ningún momento menospreciar o dudar las manifestaciones de dolor, rabia o incomprensión que dicha persona puede tener. Un descuido, el desinterés por nuestra parte, una falta de disposición, pueden ser fatales en tales personas. Si hoy no hacemos algo, mañana podría ser tarde. Rescatar una vida pude valer todo el esfuerzo necesario por nuestra parte, y si por alguna razón nos viéramos indispuestos en algún momento para atenderles sería necesario mantener el contacto con otra persona cualificada que pudiera suplirnos en el momento adecuado.

Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Juan 10:10

Esta es nuestra labor, presentar y guiar hacia a aquel que puede sanar, libertar y salvar.



BIBLIOGRAFÍA



  1. http://www.andalucialiberal.com/20070201-alarma-en-el-numero-de-suicidios-en-espana.html




  1. http://www.netdoctor.es/XML/verArticuloMenu.jsp?XML=000192




  1. http://www.vozalmundo.com/profile.php?id=8




  1. Fiedrich Dorsch. Diccionario de Psicología. ED.: Herder. Barcelona 1981




  1. Josh McDowell. Manual de consejeros jóvenes. ED.: Mundo Hispano. Canada 2000

  2. Fiedrich Dorsch. Diccionario de Psicología. ED.: Herder. Barcelona 1981




  1. Dr. James Dobson. Todo sobre la culpa. ED.: CLIE Terrasa 1976

1 http://www.andalucialiberal.com/20070201-alarma-en-el-numero-de-suicidios-en-espana.html

2 http://www.netdoctor.es/XML/verArticuloMenu.jsp?XML=000192

3 http://www.vozalmundo.com/profile.php?id=8

4 Fiedrich Dorsch. Diccionario de Psicología. ED.: Herder (Barcelona 1981) p. 934

5 Josh McDowell. Manual de consejeros jóvenes. ED.: Mundo Hispano (Canada 2000) p.118

6 Fiedrich Dorsch. Diccionario de Psicología. ED.: Herder (Barcelona 1981) p. 934

7 Dr. James Dobson. Todo sobre la culpa. ED.: CLIE (Terrasa 1976) p. 7


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