El reverso del sujeto sociologico


JACQUES LACAN Y EL SUJETO DEL SIGNIFICANTE



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JACQUES LACAN Y EL SUJETO DEL SIGNIFICANTE

Aunque la posición de Jacques Lacan respecto al sujeto es frecuentemente tomada como otra expresión de la estructuralista “muerte del sujeto”, esta ecuación no es de ningún modo exacta.6 Lacan trató de disipar el malentendido interviniendo luego de la conferencia de Foucault “¿Qué es un autor?” (Febrero, 1969. Reproducida en Foucault, 1994) para aclarar que el "retorno a Freud" que él planteaba no tenía que ver con ninguna negación del sujeto. Lo que se proponía era enfocar la subordinación del sujeto al lenguaje y la estructura. Fundamentar, exactamente, la “dependencia del sujeto con respecto de algo elemental, que nosotros hemos tratado de aislar con el término de ‘significante’”, como lo declarara con sus propias palabras. (Lacan, 1969: 820) De ningún modo, entonces, para el psicoanálisis lacaniano el tema ha sido el de la supresión del sujeto, sino hacer compatible la idea del sujeto con la de estructura, es decir, el lenguaje. En definitiva, el tópico de la negación del sujeto como tal no podía ser de la incumbencia de Lacan porque, como Bertrand Ogilvie lo señala, "sería como suprimir el objeto mismo de su reflexión, que no es el sujeto tout court sino su reintroducción.” (Ogilvie, 1988: 43)


El sujeto en Lacan es concebido como un efecto de la articulación significante. Pura función, mero punto evanescente sin cualidad alguna, salvo aquellas con las que se reviste en el aftermath, en el après coup, de su constitución. No concierne al “ser humano”, a la “persona”, al “individuo”, a ningún atributo esencial, sea este el ego (moi, yo, self), la identidad, la racionalidad, o el género. No es un dato inicial o empírico, sino un efecto segundo respecto al lenguaje. Contra lo que Althusser sostenía (1965, 1969), el sujeto no es el resultado de las interpelaciones ideológicas que transmutan los individuos en sujetos y tampoco puede ser considerado como la consecuencia positiva del contubernio entre discurso (saber) y poder, a la manera de Foucault. En contraste con el sujeto de Touraine, el sujeto que Lacan discierne no se reduce a un conjunto de posiciones éticas o tomas de partido respecto a ninguna condición social o política.
Para Lacan, el sujeto tiene su causa en la cadena significante, lo cual nos permite nombrar con propiedad a dicho sujeto como “sujeto del significante”, sujeto determinado y escindido por el significante. Esto no equivale a decir que el significante es el sujeto, como si este fuera simplemente un constructo semiótico. El sujeto como efecto del significante expresa que el sujeto está sujetado al significante, que el sujeto se constituye en el orden simbólico, en el campo del lenguaje y la función de la palabra. En un término: en el Otro.7
Recuérdese que la noción de significante, de cuño saussureano, estaba definida en el Cours como “imagen acústica”, mero trazo sonoro diferencial que permitía captar el significado que llevaba aparejado en el interior del signo lingüístico. Lacan se demarca netamente de esta concepción y libera el significante de toda servidumbre con respecto al significado al trazar entre significado y significante una línea (barra) que funciona como barrera a la significación. Dicha barrera impide toda coincidencia término a término entre ambas caras del signo lingüístico, lo cual hace resaltar el aspecto dinámico del significante, en cuanto elemento generador del significado y, sobre todo, en cuanto causa de un notable efecto que es el efecto-sujeto. Por eso la definición lacaniana del significante es: “un significante [S1] es lo que representa un sujeto [$, sujeto tachado] para otro significante [S2]”. (Lacan, 1960. Reproducido en Lacan, 1966: 835) Tal definición sui-referencial del significante subraya que su función es representar un sujeto, no un significado y mucho menos una cosa...., aunque no ante otro sujeto, sino ante otro significante. (Lacan, 1970: 65) De allí que el efecto del enjambre significante no sea la comunicación, la referencia al mundo objetivo, o la supuesta relación intersubjetiva, sino el sujeto mismo. Si el significante representara un sujeto ante otro sujeto, entonces sí sería pertinente hablar de intersubjetividad, pero la función de representación del significante no se ejerce sino ante otro significante.
De manera precisa, el sujeto del significante debe buscarse no en lo que el habl(e)nte (el parlêtre) dice acerca de él en la frase -- en lo dicho --, sino en otro lado: en la enunciación -- el acto de decir --, que es una dimensión que apunta a los procesos inconscientes que socavan el frágil balance de los enunciados. El sujeto debe ser localizado en ese lugar radicalmente ex-céntrico que es el inconsciente "estructurado como un lenguaje" en cuanto organizado por la metáfora y la metonimia, mecanismos que Freud presintió en el trabajo del sueño y que él denominó condensación y desplazamiento.
Literalmente, para Lacan el inconsciente es el verdadero sujeto que habla en los momentos reveladores del lapsus, de los sueños, de los actos fallidos e incluso de las palabras, aunque leídas inter linea. Este efímero e insustancial sujeto del inconsciente irrumpe como algo foráneo y extraño, para de inmediato desaparecer. Como si fuera un instantáneo destello, poco después de que ingresa en escena, el sujeto se eclipsa detrás de un significante, S1, que va a representar el sujeto para un significante otro, S2. La serie de sucesos inesperados por los cuales el sujeto se manifiesta nos dice que siempre está allí (ça parle!), pese a que no lo reconocemos sino cuando una acción perturbadora ocurre e interrumpe nuestra acción y discurso consciente. Esa ruptura en la continuidad significante es lo que caracteriza al sujeto como emergencia del inconsciente.
El sujeto aparece, entonces, en el campo del Otro como efecto de la articulación significante: sujeto heterogéneo, escindido entre dos significantes, formación pasajera, carente de toda sustancia y de todo ser, por lo que no tiene ningún estatuto ontológico. Pero por muy fugaz que el efecto sujeto sea, cada cual tiene el deber ético de asumir la responsabilidad de su propia condición subjetiva. De ahí el imperativo freudiano: Wo Es war, soll Ich werden, que Lacan glosa una y otra vez: "là où c'était, là comme sujet dois-je advenir. ("Yo debo venir a ser ahí donde fuerzas extrañas – el Otro como lenguaje y el Otro como deseo -- una vez dominaban. Yo debo subjetivar tal otredad”, según lo vierte Fink. (Lacan, 1955. Reimpreso en Lacan 1966: 416; Lacan, 1964: IV; Lacan,1965-1966. Reimpreso en Lacan, 1966: 864; Fink, 1995: 68)
La determinación del sujeto por la estructura significante no lo dispensa de ningún modo de su responsabilidad, de la adopción de una posición subjetiva frente a la plusvalía de goce que le proporcionan sus síntomas (es decir, su forma de gozar del inconsciente). De hecho, el sujeto ni siquiera puede contar con el beneficio de la ignorancia o la buena fe para atenuar su responsabilidad ética por sus acciones como sujeto particular, como miembro de la comunidad, como sujeto que vive en sociedad con otros sujetos. Por muy leve e ingrávida que sea su condición, el sujeto no es, ni mucho menos, el títere dócil de las estructuras, aunque fuera del orden significante no sea nada más que un simple substrato material: “una libra de carne”, para decirlo parodiando una expresión de Lacan.8
Sin embargo, apuntar al significante como la causa del sujeto implica asumir que desde su origen el sujeto es constituido con/por una falla estructural: algo le falta para estar “completo” y eso le impide ser “total”, holístico, indiviso e igual a sí mismo. Esa falla, ese pathos, constituye estructuralmente al sujeto; sin ella sería apenas un autómata que nunca yerra, que no se equivoca ni sueña, como la estúpida computadora con la que escribo.
Que el sujeto tenga su causa en el significante, no niega el hecho de que este se produce en el ser vivo. Aunque carente de todo rasgo o característica esencial, el sujeto no es una construcción meramente psíquica, ni tampoco semiológica. Es un efecto del lenguaje en un ser vivo que tiene un cuerpo y, por lo tanto, sexualidad…, en la medida en que la sexualidad es un efecto del significante en el cuerpo (o mejor: en el organismo, al que transforma en soma). Como cuerpo, el sujeto alcanza su unidad pasando por el “estadio del espejo”, el cual modela el registro Imaginario de la estructura subjetiva, el registro del yo y del otro. (Lacan, 1949) Esta dimensión siempre está articulada con la del Simbólico, el lenguaje, y con el Real, resto que escapa a la simbolización. El anudamiento de estos tres registros, Real, Simbólico e Imaginario, da cuenta de la estructura del sujeto y de las múltiples dimensiones de la realidad en la que está involucrado.
Obviamente, del sujeto del psicoanálisis no se puede decir que se agota en la epistéme moderna, como Foucault lo pensaba, porque no es la alianza disciplinaria entre saber y poder la que puede dar cuenta del arco completo de su constitución subjetiva. Desde el punto de vista del psicoanálisis, hay que entender que el sujeto es justamente el efecto que elude esta alianza, como lo explica muy bien Slavoj Zizek (1998: 78), porque el sujeto es un suceso inesperado que subvierte el eje del poder y el saber epistémico formal puesto en discurso.
Finalmente, señalaré que el sujeto del inconsciente, aunque enteramente singular y único, no puede ser visto como una entidad solipsista, autista. El sujeto es un efecto del lenguaje y el lenguaje es lo que hace eminentemente social nuestra condición humana, no simplemente dotada de un instinto gregario como las abejas y las hormigas. El lenguaje es el Otro de la cultura de donde vienen los significantes que constituyen al sujeto. Operando como discurso, el lenguaje instituye la sociedad porque es el discurso el que crea el lazo social y establece la sociedad como arena de intercambio simbólico.9





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