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VIVIR CANSADO
Que cada mañana sea un calvario levantarse no puede ser normal. Empezar el año con el fantasma del cansancio al acecho, tampoco. Sin embargo, cada vez más personas consultan a médicos generales por cuadros de agotamiento invalidantes. El desafío para el médico está en responder a la pregunta: ¿muy cansado o muy deprimido?

“Necesito estar tiqui-taca”, dice Enrique, 38 años, subgerente de ventas de una viña. “Para mí fundirme es morir: ¡game over! Por eso troto media hora todas las mañanas, no tomo, no fumo, soy el mejor cliente de GNC (General Nutrition Center) y cuando ando muy acelerado, mi señora me manda al “doc”. Él ya me conoce así que le digo “hagamos el trámite corto y déme algo para funcionar como avión”. 


El pánico que siente Enrique a cansarse y a quedar fuera de juego es compartido por muchas personas, más si ya han pasado por la experiencia de alguna forma de cansancio invalidante. Porque no se trata de sentirse exhaustos tras una larga jornada de trabajo o de una noche en vela cuidando a un hijo enfermo… Es peor, mucho peor:


- Es ir manejando y de repente darte cuenta que estás llorando, sin saber bien por qué; con la mente bloqueada y la angustia espantosa de no entender si vas manejando hacia el centro o hacia la cordillera. Después de un día en que llegué a eso, le juré a Dios por mis hijos que jamás volvería a pasar por los niveles de cansancio en que estuve en diciembre pasado. (Ximena, product manager de un laboratorio farmacéutico, 32 años).


- Llevaba como un mes despertando a las tres de la mañana con una sensación de agobio. Yo sabía que estaba estresado porque todo el año fue de mucha presión. Me notaba para dentro, sin ganas de hablar.  Pero “la grande” me quedó un día en el metro. Estaba mareado, con vértigo, cada paso que daba parecía que me iba de lado. Me empezó a bajar  claustrofobia y necesitaba pararme lejos del tipo que iba al lado. De ahí, sofoco, taquicardia…, terminé en urgencia en la clínica. Un mes de licencia. (Dueño de un instituto técnico profesional, 48 años).


Un experto en el tema como es el doctor Gabriel Prat, médico internista, asegura que “la consulta médica por cansancio hoy es habitual. Antiguamente a este cuadro se le llamaba “neurastenia”. Era un concepto propio de la psicología antigua. Pero el diagnóstico llevaba a un clásico tratamiento con buenos efectos: a los neurasténicos se los mandaba de viaje y como los viajes se hacían en barco, la gente se tomaba seis meses y volvía bien. Hoy no hay plata ni tiempo para eso. Imagínese decirle a una persona extremadamente cansada: “Váyase a Europa”. El efecto es peor: se le vienen encima todos sus compromisos y problemas económicos. Ahora -concluye- entendemos el cansancio como un síntoma. Delata algo que hay que investigar”.

Hay que agregar que este “algo” tiene consecuencias desastrosas. Un estudio realizado por la OIT en Alemania, Estados Unidos, Finlandia, Polonia y Reino Unido, titulado Mental health in the workplace demostró que uno de cada diez trabajadores del mundo desarrollado sufre hoy cansancio extremo. Por lo mismo aumenta la jubilación prematura debido a invalideces mentales. Los efectos en el ámbito familiar son igualmente graves: gatillan problemas conyugales, intolerancia hacia los hijos, sensación grupal de frustración.


Pila grande; pila chica

El común de los mortales tiene serias dificultades para reconocer el momento en que debe parar, o darse cuenta que está mal y necesita ayuda médica. Sigue dándole hasta que el “síntoma” es  inocultable: “Podemos hablar de cansancio extremo cuando ya  el levantarse es un acto heroico y después de un par de horas, la persona está rendida”, describe el doctor Gabriel Prat.


Las personas más propensas a esta forma de cansancio son, según su experiencia, quienes no saben reconocer ni administrar sus propias fuerzas. “La energía es un don de Dios -dice- y hay que aprender a usarla bien”.  Y explica, de manera muy gráfica, que algunas personas nacen con una pila grande y otras con una pila chica. “El componente hereditario es importante. Claro que hay personas que teniendo la pila chica, saben usarla bien. Por ejemplo, saben que no pueden trasnochar y trabajar al día siguiente y por eso se cuidan”, dice.


Ante la pregunta de si existe algún examen o test para medir la energía personal, el Dr. Prat es lacónicamente sincero: “No. Cada cual lo va descubriendo en el camino”. Pero descubrir y aceptar no es lo mismo. Existen mujeres muy autoexigentes, que no se dan tregua, que no aceptan que hay variables que no controlan. Y hombres a los que les cuesta reconocer que su propia ansiedad es una “luz roja”: viven con desazón extrema, descontentos con ellos mismos, se ponen metas y más metas, son inseguros y quieren demostrar que les va bien; sus fines de semana también son de activismo duro y si parten de vacaciones se llevan el celular para llamar todo el día al subalterno.


El botiquín de un cansado

Frente al médico las personas suelen usar frases como las siguientes para describir su estado: “Me falta bencina.”  “Mi bencina es de mala calidad.” “Tengo las pilas malas”. “Tengo el motor malo”. “Estoy fundido”. “Ando con bencina de poco octanaje”.


Si este lenguaje ya da cuenta de una peligrosa percepción de sí mismo, como si fuera una máquina a la que se puede hacer funcionar en máxima potencia, el botiquín del cansado es  un fiel reflejo de la desenfrenada búsqueda del descanso automático. Ahí encontramos vitaminas de mega dosis, para mejorar la concentración y capacidad de trabajo y de paso, recuperar la energía sexual que también se ve afectada. Remedios para dormir, generalmente inductores del sueño de tipo hipnótico. Los favoritos son los de “vida corta media” porque son rápidamente eliminados por el individuo, pero el problema es que provocan una forma de amnesia: la persona dormida habla o se levanta, y no recuerda nada.


También tranquilizantes y ansiolíticos, que quitan la angustia, pero secan la boca, provocan dependencia y si no son bien supervisados por un médico incluso tienen un efecto boomerang, porque la angustia rebrota con más energía. Flores de Bach, productos naturales como coffea cruda o sales de Schuessler..., o cualquier novedad que prometa vitalidad.


Fuera del botiquín existen otras alternativas muy recurridas: el alcohol, que es un estimulante momentáneo pero un gran depresor; rutinas deportivas extremas que llegan a convertirse en adicciones;  y, aunque suene paradójico, el certificado médico de que “efectivamente” algo orgánico le está ocurriendo también sirve para relajarse por un tiempo. Anemia, cortisol bajo, desajuste hormonal…. “No soy yo quien está fallando, es mi máquina”, dice la gente.


Los efectos de todos los recursos anteriores suelen no durar mucho tiempo cuando las raíces del problema son más profundas. Porque es importante recordar que el cansarnos y el poder reponer las energías perdidas son procesos naturales de nuestra vida y cuando estos no se viven bien es porque hay una causa.


Pérdidas y heridas

Este es el gran desafío para el especialista, reconoce el doctor Prat: descubrir si la persona está sólo cansada o deprimida. Por ello, tras descartar a través de exámenes alguna patología física, se inicia una labor detectivesca.


“Es posible encontrarse con alguien que esté habitualmente cansado por exceso de trabajo. En ese caso tiene necesariamente que replantearse su forma de trabajar y sobre todo, de descansar”, reflexiona el doctor Prat.Luego, si se diagnostica un cuadro depresivo, es hora de  iniciar otro tipo de tratamiento con medicamentos, donde es clave que la persona acepte que son las expectativas desmedidas, las pérdidas no asumidas y otras heridas, las que provocan tanta desazón. En la mayoría de los casos esto no ocurre rápido y el paciente sólo acusa recibo de la realidad cuando su estado interior compromete su salud.


El doctor Francisco Alonso-Fernández, psiquiatra de la Universi-dad Complutense de Madrid, es experto precisamente en un cuadro llamado Depresión Somatomorfa. Si bien toda depresión provoca un “hundimiento de la vitalidad”, este cuadro tiene más manifestaciones físicas que psicológicas. Por ello las personas no consultan a psiquiatras sino a médicos generales. Un rasgo característico en estos pacientes es la incapacidad para manifestar verbalmente sus emociones. Ello los lleva a una actitud de “cinismo existencial”: internamente saben que no están bien, pero frente a su propia mujer, sus colegas y amigos, lo niegan.


Lograr el ansiado descanso, por ello, pasa por ser capaz de racionalizar y expresar lo que ocurre. O es una vida agotadora e insostenible que hay que cambiar; o es una frustración interna que se debe enfrentar. En ambos casos el diálogo profundo con la familia y con quien pueda ayudar es el mejor punto de partida en la sanación.
 ¿POR QUÉ NO DESCANSAMOS EN LAS VACACIONES?

La empresa Gallup investigó sobre la calidad del descanso de los norteamericanos y el resultado de su estudio arroja importantes datos para nosotros:


>Un 54% de las personas confesó que aún se sentía cansado después de las vacaciones y un 19% dijo estar exhausto.


>Entre las cusas destaca que el 36% trabajó el doble la semana anterior a su feriado, quedándose hasta más tarde en la oficina.
>Un 26% dijo que las noches previas al veraneo casi no durmió por la presión de trabajo.
>Un 56% empacó la noche anterior al viaje; y un 32% lo hizo el mismo día, para lo cual se levantaron al alba.
>Alrededor de un tercio de las personas dijo haber alterado sus hábitos de sueño durante el veraneo, acostándose tres horas después de lo habitual.
>Creer que uno es máquina. Vivir sin darle un sentido a la vida.
Demonios que cansan

El sacerdote Alfonso Vergara S.J. habla de los cinco demonios que a su juicio provocan el cansancio psicológico o existencial:


1. La ansiedad: Nos hace marchar con el motor acelerado. El ansioso quiere estar en todas partes, sobre la cresta de la ola.


2. La angustia: La palabra viene de “angosto” y significa que la persona ve que el futuro se le cierra, no puede respirar psicológicamente. De ahí la pena, la tristeza.


3. El miedo: A no responder a las expectativas, a no ser aceptado por los demás, al futuro incierto, a perder el trabajo, a la vejez, a la enfermedad... Se vive una vida atormentada por un futuro cargado de nubarrones trágicos

.
4. La rabia: La sufre el ser que ha sido herido en lo profundo por el desprecio, la humillación o la falta de cariño. Siente crecer en su interior el resentimiento y arremete vengativamente.




5. El culpabilismo: Brota de la baja autoestima que lleva a la persona a sentirse siempre en deuda con los demás.
Concluye: Estos demonios hunden en la depresión. “Hacen que las personas con el tiempo se vayan estrechando por la angustia, en vez de irse ensanchando por la esperanza”. Es imposible descansar sin sanarse de las heridas que estos demonios provocan.
UN ESTILO DE VIDA INSANO

Reventarse y colapsar es fácil. Basta seguir los siguientes pasos:


>alimentarse mal: Saltarse comidas, restar calorías, no comer frutas ni verduras. Las células se quedan sin energía.

>Buscar un alza de energía instantÁnea a través de café o dulces, que sólo consiguen aumentar el “sube y baja” energético.


>No tomar líquidos. De esa forma las células no pueden utilizar los nutrientes.


>No hacer ejercicios. No caminar, no subir escaleras, ni siquiera jardinear... Así el organismo queda privado de las endorfinas que combaten la depresión y dan energía.



>No organizarse jamás, ni en los horarios, ni en las compras, ni en el menú, ni en el presupuesto.
>No aprender que el descanso real se logra cambiando de actividad a cierta hora del día, para lo que es clave desconectarse mentalmente del trabajo.
>Creer que uno es máquina. Vivir sin darle un sentido a la vida.

Fuente: Revista Hacer familia (Nro.91)


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