El nihilismo


EL NIHILISMO EN SENTIDO SOCIAL Y POLÍTICO Y SU PROCEDENCIA FRANCESA



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EL NIHILISMO EN SENTIDO SOCIAL Y POLÍTICO Y SU PROCEDENCIA FRANCESA



El hombre persigue sombras infernales en
su afán por encontrar sus ángeles perdidos.
La nueva acepción del concepto, usado para describir un estado de la
óciedad a ser superado, se puede localizar en la obra del único gran ,ensador romántico de confesión católica, Franz von Baader. Más que e las discusiones idealistas-románticas, Baader retorna el concepto de iihilismo de la cultura francesa, especialmente de Joseph de Maistre, y emplea en dos escritos: en el artículo “Sobre catolicismo y protestan‘-io” (“Uber Katholicismus und Protestantismus”, 1824) y en la leca inaugural “Sobre la libertad de la inteligencia” (“Uber die Freiheit
Intelligenz”, 1826).
-En el primer texto Baader sostiene que el protestantismo habría o origen, por un lado, a un “nihilismo científico, destructivo” y, por
otro, a un “pietismo (misticismo) no científico, separatista”. Tarea del atolicismo es combatir ambas tendencias, especialmente la primera, estableciendo “el concepto de autoridad en sentido eclesiástico, polítit y científico contra toda duda o protesta, antigua o nueva” (Baader,
3 [1851]: 76). El nihilismo se identifica aquí con la disolución de las radas verdades”, es decir, con la destrucción de los ordenamientos las reglas tradicionales en su función de principio de la cohesión ial. La causa de tal nihilismo es individualizada en el ejercicio inconLado de la racionalidad de la ciencia.
En la lección inaugural de 1826 esta acepción del término recibe riores precisiones. El “nihilismo” es definido aquí como un “abuso la inteligencia, destructivo para la religión”, y se asocia al “oscuntismo”, es decir, a la “igualmente reprobable inhibición del uso de
illa, derivada en parte del temor por el saber, en parte del desprecio r el saber” (Baader, 1963 [1851]: 149). Nihilismo y oscurantismo, conierados respectivamente como consecuencias del uso muy libre o muy hibido de la razón, son ambos severamente estigmatizados como sín»nas de degeneración y disgregación de la vida religiosa, social y civil. ambin en este texto programático Baader considera que se debe in [33]
tervenir contra las tendencias “nihilistas” presentes en la sociedad, y que la fuerza capaz de oponérseles es el catolicismo: éste debe organi. zarse e intentar superarlas mediante una reconciliación entre la cien. cia y la religión.
Preocupado por los mismos efectos disgregadores del nihilismo se muestra también Juan Donoso Cortés. En su Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851) acusa de nihilismo a los socialistas franceses, especialmente a Proudhon. Desde el punto de vista de este príncipe de los conservadores antirrevolucionarios, el nihilismo no es más que una de las muchas formas perversas en las cuales se manifiesta el racionalismo, o sea, el iluminismo, a saber: “Deísmo, panteísmo, humanismo, maniqueísmo, fatalismo, escepticismo, ateísmo” (Donoso Cortés, 1970: II, 608). Esto se ha de impedir y combatir, en cuanto lleva a la negación del gobierno, tanto divino como humano, del mundo (Donoso Cortés, 1970: II, 664).
Sale a la luz, en estos autores hostiles al iluminismo y la Revolución, el empleo del término “nihilismo” como categoría de análisis y crítica social. Pero la palabra había sido ya usada en tal sentido, desde fines del siglo XVIII en adelante, en el área de habla francesa, donde es probable que Jacobi, que tuvo muchas estadías en París, haya tenido ocasión de recibirla. Recordemos que en la cultura de la Revolución el apelativo de “nihilista” había sido usado para designar a la multitud de aquellos que no estaban “ni a favor ni en contra de la Revolución” y que Anacharsis Cloots —un miembro de la Convención— en un discurso del 26 de diciembre de 1793 había afirmado que “la República de los derechos del hombre no es ni teísta ni atea, es nihilista”.
Y fue precisamente en la Francia del iluminismo y la Revolución donde se gestó un pensamiento que, como el del Marqués de Sade, se presenta como una de las formas más radicales de nihilismo ateo y materialista. En sus novelas, incluso también en sus dos diálogos filosóficos (Dialogue entre un prétre et un moribond, 1782, y La Philosophie dans le boudoir, 1795), Sade escenifica con disoluta fantasía todas las corrosivas y nefastas consecuencias que su visión nihilista de la Naturaleza y de la Razón comporta para la tradición y para la sociedad. Desde los comienzos, o sea, ya en la respuesta del moribundo al sacerdote contenida en el diálogo homónimo, su nihilismo es formulado como consecuencia metafísica de un coherente racionalismo materialista:
¿Qué sistema, amigo mío? El de la nada. No me ha horrorizado más y no veo otro que sea simple y consolador. Todos los otros sistemas son obra del orgullo; aquél, sólo de la razón. Por otra parte, no es ni odioso ni absoluto; ¿no tengo acaso bajo el ojo las perpetuas generaciones y regeneraciones de la naturaleza? Nada perece, amigo mío, nada se destruye en el mundo. [..] ¿Cómo puedes reivindicar la bondad de tu así llamado Dios con ese sistema? (Sade, 1990-1998:1, 1020)

Sin contar con un conocimiento preciso de estas y otras ocurrencias 1 concepto y el problema, ya entonces era claro que, como la Revolun, también el “nihilismo” era un fenómeno de procedencia francesa. subraya el ya recordado Wilhem Traugott Krug en su Diccionarioanual universal de las ciencias filosóficas (1828). Ante todo, da esta finición de nihilismo:


Nihil est —nada existe— es una afirmación que se destruye a sí misma y que ha sido llamada también nihilismo. De hecho, si nada existiese, no se podría siquiera afirmar nada. (Krug, 1969: III, 63)
Y en un suplemento de la obra anota:
En francés se llama “nihilista” también a aquel que en la sociedad, y en particular en la burguesa, no tiene ninguna importancia (que es sólo un número, pero que no tiene ningún peso y ningún valor), e igualmente, en cuestiones religiosas, no cree en nada. Tales nihilistas sociales o políticos y religiosos son mucho más numerosos que los nihilistas filosóficos o metafísicos que quieren aniquilar todo lo que existe. (Krug, 1969: V, II, 83)
La fuente de la cual Krug probablemente extrae esta referencia al so lingüístico francés es la obra de Louis-Sébastien Mercier Nóologie Ou Vocabulaire de mots nouveaux (1801), en la cual “nihiliste” o “rienniste” es definido como aquel “qui ne croit rien, qui ne s’intéresse rien”.
“Riennisme” como término para designar la actitud de la absoluta falta de credo —en contraste con las diversas creencias, sectas y visiones del mundo— es usado incidentalmente también por Joseph de Maistre en su Correspondance diplomatique de San Petersburgo (1811-1817). De Maistre lamenta el hecho de que en Rusia son admitidas todas las sectas, incluso el “nihilismo”, mientras que el catolicismo no se tolera.
Y, para agregar otro nombre famoso a nuestra exploración sobre la historia del concepto, se puede recordar que de “nihilismo” hablará más tarde explícitamente también Jules-Amédée Barbey d’Aurevilly. En Les prophtes du passé (1851) vincula el fenómeno nihilista con el subtivismo egológico de la filosofía cartesiana, que está en los orígenes de a modernidad. El fundamento aparentemente incontrovertible constiindo por el cogito ergo sum de Descartes —retomado, desarrollado y evado al extremo en todas las variaciones de la filosofía moderna— es, i realidad, un fundamento muy débil, es aquel vacilante punto de apoque sólo la mente del hombre entendido como ego puede confundir
n un punto de apoyo firme. El resultado de esta operación no puede
r más que un “nihilismo incapaz de cualquier respuesta” (cf. Hofer,
69).

Mientras tanto, en el área lingüística alemana el término “nihilismo” continuaba siendo usado en sentido social y político con un valor negativo aún después de la revolución de 1848. Es lo que sucede en la obra anónima Eritis sicut Deus (1854), tortuosa novela en tres volúmenes, en la cual el hegelianismo ha de ser considerado como la raíz y la causa del nihilismo, en particular, del social y político. El anónimo escritor piensa, evidentemente, en las consecuencias a las que se había llegado en los ambientes radicales del hegelianismo de izquierda. Una preocupación análoga agita a Karl F. Gutzkow, autor del ya nombrado relato Los nihilistas y de la novela Los caballeros del espíritu (Die Ritter vom Geiste, 1849-1850), que mira, por su parte, con una cierta simpatía a la Revolución. Los “nihilistas” son, para él, sofistas que critican lo viejo sin saber crear lo nuevo, son los “filósofos de la nada absoluta”, los “Liebig del mundo invisible”, en el sentido de que, como en la química, lo disuelven todo.



Capítulo quinto






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