El nihilismo


“ITINERARIUM MENTIS IN NIHILUM”. HACIA UNA HISTORIA DEL CONCEPTO Y DEL PROBLEMA



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“ITINERARIUM MENTIS IN NIHILUM”.
HACIA UNA HISTORIA DEL CONCEPTO
Y DEL PROBLEMA



Entre el hombre y la nada se
atraviesa la sombra de Dios.
El hombre contemporáneo se encuentra en una situación de incertidumbre y precariedad. Su condición es similar a la de un viajero que por largo tiempo ha caminado sobre una superficie helada, pero que con el deshielo advierte que el banco de hielo comienza a moverse y se va despedazando en miles de placas. La superficie de los valores y los conceptos tradicionales está hecha añicos, y la prosecución del camino resulta difícil.
El pensamiento filosófico ha intentado ofrecer un diagnóstico de tal situación, de los males que afligen al hombre contemporáneo y de los peligros que lo amenazan. Y ha creído poder detectar la causa esencial de todo esto en el “nihilismo”. Pero ¿qué es el nihilismo?
Como término, el nihilismo ya hace su aparición a caballo entre el Setecientos y el Ochocientos en las controversias que caracterizan el nacin ento del idealismo alemán. Más tarde, en la segunda mitad del siglo XZX, llega a ser tema general de discusión. Pero emerge como problema, en toda su virulencia y vastedad, recién en el pensamiento del Nove.. a. Como expresión de tentativas artísticas, literarias y filosóficas
igidas a experimentar la potencia de lo negativo y a vivir sus conseencias, ha traído a la superficie el malestar profundo que hiende como i grieta la autocomprensión de nuestro tiempo. Ya Nietzsche lo aposcomo “el más inquietante” de todos los huéspedes. Mientras
,este huésped siniestro merodea ahora por todas partes de la casa, tiene sentido ya seguir haciendo como si no estuviera o sencillaite intentar ponerlo de patitas a la calle. Pero ¿qué es lo que signifiVerdaderamente “nihilismo”?
Encontramos la respuesta a nuestro interrogante en Nietzsche, el er gran profeta y teórico del nihilismo. En un fragmento escrito en
Osepígrafes de los diferentes capítulos están tomados de Nicolás Gómez Dávila. r15]
El nihilismo es, por lo tanto, la situación de desorientación que apa. rece una vez que fallan las referencias tradicionales, o sea, los ideales y los valores que representaban la respuesta al “para qué?” y que como tales iluminaban el actuar del hombre. En otro importante fragmo escrito en el invierno de 1887.1888 Nietzsche ilustra Posteriormente la dinámica que instiga la desvalorización de los valores supremos y Provoca la llegada del nihilismo:
El hombre moderno cree de manera experimental ya en este valor, ya en aqué’ para despu5 dejarlo caer; el círculo de los valo. res superados y abandonados es cada vez más amplio; se advierte siempre más el vacío y la pobreza de V&ores el movimiento es imparable, por más que haya habido intentos grandi0505 Por desaceleran Al final, el hombre se atreve a Una crítica de los valores en general; no reconoce su origen; Conoce bastante como para no creer más en ningún valor; he aquí el patho8 el nuevo escalofrío... La que cuento es la historia de los próximos dos siglos . (Nietzsche 1988: Xlii, 56.57)
Entre tanto, la profecía de Nietzsche —este Saulo raptado por la de. mencia en el camino a Damasco se ha confirmado El fuego que él en. cendjó se extiende hoy Por todas partes Cua1qui puede ver que el nihilismo no es tanto el oscuro experimento de extravag van. guardi intelectuales, sino que forma parte ya del aire mismo que res. piramos Su presencia ubicua y multiforme lo impone a nuestra consi. deración con una evidencia que solamente está al mismo nivel de la dificultad de abarcarlo en una definición clara y unívoca En cuanto al diagnó50 del nihilismo, sobre la anámnesis de las Patologías y del malestar cultural que representa, los ánimos se dividen. Incluso las indagacio 5 históricas sobre la génesi5 del término han traído a la luz los indicios de una manifestación compleja y ramificada del fenómeno.
Como una primera definición indica, siquiera por respeto a la etimo. logía, el nihilismo —de nihjj, nada es el Pensamiento obsesionado por la nada. Si así fuese, se podría intentar volver a encontrar el nihilismo y Sus huellas Poco menos que Por todas partes en la historia de la filos0. fía Occidental por lo menos en todo Pensamiento en el cual la nada acampa como problema central, a pesar de &rgso que la contaba en. tre los seudoproblem (Eergso 1970: 1306).
En tal sentido Gorgías podría ser considerado el primer nihilista de la historia occidental por la fulmínea inferencia que de él se nos ha

tra’sn1itido (fr. 3): nada existe; pero si algo existiese, no sería cognoscibir Y si de todos modos fuese cognoscible, no sería comunicable (anhermefleUtón). Siendo así las cosas, habría que preguntarse si una historia del nihilismo no debería incluir también a Fridugiso de Tours, el discíPulo de Alcuino que, en el De substantia nihili et tenebrarum, con un gesto filosófico escandaloso para la época, quiere mostrar que la nada se impone con una presencia propia, y que le pertenecen, por lo tanto, un cierto ser Y una sustancialidad propia.


¿Y no estarían incluidas con pleno derecho en tal historia también las meditaciones en las cuales Meister Eckhart, con una vertiginosa aimihilatio, declara que Dios y la nada, “el ángel, la mosca y el alma”, son la misma cosa? Como, por ejemplo, cuando comenta el dicho de L.zcas: “Pablo se elevó de la tierra y, con los ojos abiertos, vio la nada”. ¿Y por qué no añadir, junto a él, otras sublimes expresiones de la místi ca especulativa, desde Diógenes Areopagita hasta Juan de la Cruz y Ángelus Silesius?
4Y por qué no incluir en esta historia a Charles de Bovelles, que en pleno Renacimiento, en su Liber de nihilo (1509), se devana los sesos con aquella “negación originaria de las creaturas y de la materia”, que es la nada, empleándola como concepto cardinal en su teología negativa? ¿O incluso Leonardo, que en una nota del Codice Atiantico (folio 389 verso d) apunta: “Infralle cose grandi che mfra noi si troyano, l’essere del nulla é grandissima?* O la biblia del escepticismo nihilista, el Quod nihil scitur de Francisco Sanches? ¿Y luego, sobre todo, Leibniz con la célebre pregunta formulada en los Principes de la Nature et de la Gráce:
“Pourquoy ji y a plustót quelque chose que rien”?,** y con la aun más impresionante respuesta: “Car le rien est plus simple et plus facil que quelque chose’*** (Leibniz, 1875.1890: VI, 602)? Y, por último, ¿por qué no aquel sublime maestro de la nada que fue Leopardi, con su tesis anotada en el Zibaldone, según la cual “el principio de las cosas, y de Dios mismo, es la nada” (Leopardi, 1977: 1, 971)?
Como una sombra insuprimible, desde siempre la nada ha acompafiado y fatigado la reflexión filosófica, como Mefistófeles a su Fausto. El “espíritu que siempre niega” se insinúa entre los pensamientos que animan la mente humana, escudándose en las razones de la negatividad que fueron ya las de Anaximandro:
...denn alles, was entsteht,
Ist wert, dat) es zu Grunde geht;
Drum besser war’s, daí3 nichts entstünde.
“Entre las cosas grandes que se encuentran entre nosotros, el ser de la nada es grandíSimo.”
“Por quá hay algo más bien que nada?”
“Pues la nada es más simple y más fácil que algo.”
** “porque todo lo que nace / es tal que parece; / por lo que mejor sería que nada flaciese’ (Goethe, Faust, 1, VV. 1339-

Tampoco la filosofía puede eximirse de pensar la nada, si es verdad que para Cumplj Con el deber que le es propio, vale decir, la pregun acerca del ser en cuanto ser, debe deslinda a este Último de su CjÓ esencial, es decir, de la nada. Esta es la razón de la drástica concl 5ión a la que en este respecto llega Heidegger.


La piedra de toque ms dura, pero tambjó menos engad para probar el carácter genuj0 y la fuerza de un filósofo es la de si experiment Súbjtament y desde los fundamentos la Vecindad de la nada en el ser del ente. Aquj al cual esta experiencia lo obsta. Culiza, esta definitivamente y sin esperanza fuera de la filosofía. (Heidegger 1994 í1961J: 382)
Dicho esto, ha de hacerse ensegj una restricción del campo de indagaj en la cual flos aventurarem en nuestra reconstruccjó del nihilismo Dejando de lado el problema filosdfi0 de la nada y su histo. ria (cf. Givone, 1995; Lütkehaus 1999), nos limitaremos al nihilismo en sentido estricto, tal como ha salido a la luz en el seno del Pensamiento filosófico como concepto y como problema en el Ochocientos y luego, sobre todo, en el Novecientos Nuestras exploraciones —que se apoyan en otros estudios (en particular Verra 1979; Vercellone 1992) y desa. rroflan una sinopsis anterior Wolpi 1995c) Sien como hilo conduc tor la historia de] Concepto y de] Problema Alimentam con respecto al nihilismo la misma convicción que vale para todos los verdaderos Problemas filosóficos: no tienen solución sino historia.

Capítulo segundo
TURGENIEV Y SU PRESUNTA PATERNIDAD
Para corregir un defecto, el hombre prefiere
a la cualidad antagónica el defecto siinótrico.

La primera cosa por verificar en una reconstrucción histórica del


flhllismo son sus orígenes. Es opinión comúnmente aceptada que los
d% padres fundadores y grandes teóricos del nihilismo han sido
Dostoievsky y Nietzsche. A ellos se los pone a la cabeza, respectivament de la yeta literaria y de aquélla más propiamente filosófica del movi
z*tento. El término, sin embargo, había sido acuñado ya antes de ellos.
Peto ¿cuándo y por quién?
primero en reivindicar su paternidad fue Turgeniev. En verdad, la base de indagaciones lexicográficas, hoy sabemos que se trata una paternidad más presunta que efectiva. Pero veamos antes que
flBa qué es lo que declara él mismo.
En una retrospectiva autobiográfica Turgeniev afirma haber sido él, la novela Padres e hijos (Otcy i deti, 1862), quien ha inventado el
iino “nihilista”. Con tal denominación define, en efecto, el modo de
‘r del protagonista de su novela, Bazarov, y dice incluso haber
‘ dar cuerpo, con este personaje, a una clase de hombre y de
ad, teórica y práctica, que estaba imponiéndose en la realidad his d su tiempo. Motivo central de la novela —cuyos sucesos se desari en la Rusia de 1859, vale decir, dos años antes de la abolición ericio de la gleba y de la liberación de los campesinos— es el con.. entre la generación de los padres, que se inspira en los ideales flanísticos tradicionales, y la generación rebelde de los hijos, mateista, desencantada y privada de ilusiones. Bazarov, que pertenece a última, es un joven médico que viene a hacer una visita a un amigo, en lo recibe en su hacienda, en presencia de su padre y su tío. ManiBta primero decepción y después condena por el ocioso modo de vivir stos, indiferentes y sordos a cuanto está sucediendo en la sociedad i tiempo. Los aristócratas se preguntan si Bazarov no es un peligrowgador” de los valores y el orden social existente, un “nihilista”. Y rov acepta de buen grado tal apelativo: declara querer efectivamente Como punto de partida para la figura Principal Bazarov, tomé la Personalidad que me había impresionado de un joven médico de provincia (que murió Poco antes de 1860). En este hombre singul se compefldjab a mis ojos, aquel Conjunto de principios que recibió
78)
despu5 el nombre de nihilismo (Turgen 1992: 186; 1993: 277
En cuanto a los efectos que la representaci. literaria del fenómeno eficaz:
Produjo, es el Propio Turge quien nos ofrece su ilustración més
No me extenderé acerca de la impresión que Produjo este relato; diré solamente que, cuando Volví a Petersburg en el mismo día del famo50 incendio del APraksiflsk Dvor flos edificios del gran mercado de la ciudadl la palabra “nihilista» estaba ya en millares de bocas y la prime exclamación que oí de los labios del primer conocido con el que me topé cerca de la Neva fla avenida Principal de Petersburgoj fue: “jMirad lo que hacen vuestros nihilistas! ¡Queman Petersburgo! (Turgeni 1992: 187.88; 1993: 278.79)
En suma, aunque escrita con el objetivo de condena y reacción la novela susci Una interpretación del nihilismo que fue más radical que la del Propio autor, como deja entrever la sagaz observación de una lectora a la que Turgenj Cita, y que da Probablemente en el blanco:

Ni padres ni hij0” me dijo Una graciosa señora despu5 de haber leído mi libro. “Este es el Verdadero título de vuestro relato; y Vos mismo sois un nihilista» (Turgefli 1992: 195; 1993: 283)

El fin que má5 o meno5 conscjentem t persegÍ estos observa dores, y que aguza sobremanera su sensibilidad en la confrontación

De la palabra creada por mí: “nihilista”, se han valido después muchos otros, que no esperaban más que la ocasión, el pretexto para detener el movimiento por el cual era arrastrada la sociedad rusa. No en el sentido de un reproche, no por un propósito de mortificación utilicé aquella palabra, sino como expresión precisa y exacta de un hecho real, histórico; ella fue transformada en un instrumento de delación, de condena inapelable, casi en una marca de infamia. (Turgeniev, 1992: 198; 1993: 284-85)


penas creado, el término “nihilista” escapé, pues, de las manos de sec1arado inventor y se extendió como una categoría de crítica soc ,ero ¿cómo había sido definido el término “nihilista” en Padres e Vale la pena releer el punto preciso de la novela en el cual Turgex jo introduce y precisa su acepción.

“Un nihilista”, profirió Nikolaj Petrovic. “Viene del latín nihil, nada, por cuanto puedo juzgar; por lo tanto, esta palabra indica un hombre que... ¿que no admite nada?”


“Más bien di: que no respeta nada”, retomé Pavel Petrovic...
“Que considera todo desde un punto de vista crítico”, observó Arkadij.
“,Y no es quizá lo mismo?”, preguntó Pavel Petrovic.
“No, no es lo mismo. El nihilista es un hombre que no se inclina ante ninguna autoridad, que no da fe a ningún principio, cualquiera sea el respeto de que tal principio esté rodeado.”
“,Y te parece una buena cosa?”, lo interrumpió Pavel Petrovic.
“Según para quién, tío. Para algunos deriva un bien de él, y para algunos otros, un gran mal.”
“Ah, ¿así? Bah, veo que no es un partido de nuestra competencia. Nosotros somos gente del viejo siglo, nosotros consideramos que sin «prensip» (Pavel Petrovic pronunciaba esta palabra dulce-
mente, a la manera francesa; Arkadij, por el contrario, pronunciar ba «principios», arrastrando la sílaba final) sin «prensip», aceptat dos, como tú dices, por dogma, no se puede dar un paso, no se puede
emitir un respiro... ¿Cómo os llamáis?”
“Nihilistas”, profirió distinguidamente Arkadij. “Sí, primero eran los hegelianos, ahora son los nihilistas. Veremos cómo haréis para existir en el vacío, en el espacio sin aire...” (Turgeniev, 1993: 809-10)
Restos pocos compases se condensa la tensión que anima la narraTurgeniev, y que genera la fractura entre la vieja y la nueva
1 mundo: la de los padres, anclada en los antiguos principios, y la

El nihi15


‘p,geniev y su presunta paternidad

negar el orden inveterado Y Con él, los principio5 Y los Valores de del fenómeno del con tal término to en marcha.


1 movimiento de ideas
vieja generaci que Vive en una opulenta indiferencia frente a lo q ue se designa movimiento habia pu
era el de encauzar e 1 estremecimientos
nihilismo, tener asi os
le está sucediendo al pueblo Ser nihilista Signjfjc para éi, sin emb 0es que es
go, no sólo destruir lo viejo, sino también compromete en la funci
social que ha elegido la del médico (morirá por una infección contraída
curando a un enfermo) Bazarov es —como Turgej lo define_ el
bre nuevo”, el “héroe de nuestro tiempo” que pasó por la dura escuej
del trabajo y del sacrificio destinado a reemplazar a la nobleza cansada
y débj. El sabe que tiene que negar, sabe que para avanzar debe piso.
tear creencias y valores tradicionales y procede impertérrito sin pre0. ,
cuparse demasiado de las cenizas y de la destrucción que deja a su2
espaldas “Nihilista’ es, por ello, el apelativo que le conviene
En el quino y ltjmo capítulo de SUS Memorias literarias y de vida
Turgenj
explica su elección: de los hijos, que no es capaz ya de Cultivar una fe. No se ha dicho con este que la definición de Turgenje haya dado ciertamente en el blanco Pr0. babiemente como testimonian las múltiples protestas y rectifica ciones que ella suscitó, la nueva generaci de los hijos era todo, meno - indiferente a los principios Sólo que los principios eran ahora otros eran los de la nueva VjSjÓfl Positivista materialista del mundo Per0 como quiera que estuviesen las cosas, la definición de Turgej resultd de hecho eficaz al recoger una tendencia operante en la Cultura y en la sociedad rusa de entonces.
Por lo demás, el término “nihilismo” había sido ya empleado prece. dentemente tanto en otros lugares como en la misma Rusia. Por ejem. pb, ya en 1829 el crítico romántico N. 1. Nadezdin, en un artículo tite. lado “La asamblea de los nihilistas» (“Somniáce niiJisto’9 había de- finido a los nihilistas como los que nada saben y nada entienden Y, también M. N. Katkov había usado el epíteto de “nihilistas» para criticar a los Colaboradores de la revista E] Con tempOrfleo como gente que no cree en nada. A Turgenj se le ha de reconocer, de cualqu;e manera, si no la paternidad, e] mérito de haber hecho Popular el término.

Capítulo tercero
NIHILISMO, ROMANTICISMO, IDEALISMO
Todo es trivial si el universo no está comprometido en una aventura metafísica.
yado el mérito de Turgeniev por haber puesto en circulación la el nihilismo y haberla transformado en un problema advertido en escala, se ha de decir que él mismo ignoraba el origen más antil término. Aparte del uso que de él se había hecho con anterioen la misma cultura rusa, también en otros lugares la palabra hecho ya su aparición. Para detenernos en el ámbito de la litera- e la cual Turgeniev habría podido tener conocimiento, la encon, por ejemplo, en el título de un cuento de Karl Ferdinand GutzNihilisten, 1853), novelista y dramaturgo alemán de cierto
exponente del movimiento de la “Joven Alemania”, que se había ntado polémicamente con Schopenhauer sobre la cuestión del romiso social del escritor.
racias a estudios de historia conceptual (Arendt, 1974; Riedel, 1978), abemos que el origen del concepto de nihilismo se remonta mucho atrás. Prescindiendo del uso, no mejor atestiguado, que ya Agustín a hecho de él, al apostrofar como nihilistas a los no creyentes, la ición del término, en la variante nihilianismus, está documentada ualterio de San Víctor. Este lo usa para designar la herejía
gica según la cual, siendo el logos divino, eterno y no creado, la idad pertenece a Cristo sólo como accidente. Tal “nihilianismo ico” iba a ser sostenido por Pedro Lombardo en el cuarto de sus es Librí sententiarum, lo que motivó el ataque de Gualterio de íctor y de Roberto de Melun, y posteriormente la condena oficial
Alejandro iii, quien para condenar la herejía de los nihilianistas e a Guillermo de Champagne dos veces: una primera carta Cuni
!Ostra
el 28 mayo 1170, cuando Guillermo era arzobispo de Sens, y segunda Cum Christus el 18 febrero 1177, cuando el mismo Lermo era arzobispo de Reims (Denzinger, 1991: 749-50). Si nos ce- p8, en cambio, rigurosamente a la forma nihilismus, ésta aparece primera vez en 1733 en el título del tratado de Fridrich Lebrecht Goetz De et nihilismo in theojogja en el cual se define nihjlj mo como la convicción de que todo es nada, “pro nih ji0 habere omnj (Goetz, 1733: 34; cf. Müller.Lauter 1984 f1971J. 846).
Pero, más allá de estas ocurrencias aisladas, un primer USO más g. nera] de la palabra ha sido individualizado en la cultura francesa de 1a Revolución En este contexto histórico, el atributo “nihilista” fue em. pleado para calificar a la multitud de aquellos que flO estaban “ni por flj contra la Revolución Transfiriendo este sigfljfic0 al Plano de la convicciones religio55 Anacharsis Cloots —seudónimo de JeanBapj5 du Valde.Gráce barón de Cloots miembro de la Convención Nacional, que fue luego gUillotjflo_ afirmaba en su discurso del 26 de diciembre de 1793 que “la República de los derechos del hombre no es ni teísta ni atea, es nihilista» (Cloots 1979: 643).
Sin embargo más allá de las ocurrencias lexícales lo que aquí inte. resa es el Uso verdadera y propiamente filosófico del concepto. Acerca de las premisas históricofilosóf. generae5 que lo hacen posible debería realizarse un largo discurso, para hacer justicia a la maflifesta Ción del nihilismo antes del nacimiento del término mismo. Se debería mostrar, en Particular, cómo la cosmo1oa moderna con SU concepción de la naturaleza como res extensa, es decir, como mero espacio vacío y materia, ha provocado el desarraigo metafísico del hombre En el inicio de la Edad Moderna, una escalofriante constatación de Pascal da la medida de la profunda transformación que había causado la cosmología materialista en la Posición metafísica del hombre en el universo “ dido en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran”, anota Pascal, “me espanto” (Pascal, 1998.2000: 11, 563 fr. 205 Brunschvicg) Este Preocupado lamento señala que con la nueva Cosmología cambia la situación espiritual del hombre En el Universo físico de la cosmología moderna el hombre ya no Puede habitar y sentjr se en su casa como en el cosmos antiguo y medieval El Universo es percibido ahora como extraño a su destino individual, se le muestra como una angos celda en la cual su alma se siente prisionera o bien como Una desarrajg0 infinitud que lo inquie Frente al eterno silencio de las estrellas y a los espacios infinitos que le persin patria
manecen indiferentes, el hombre está solo COnsigo mismo Existe
Al formular en términos tan claros el desarraigo metaffsie0 del hombre moderno, la anotación de Pascaj toca con gran anticipj en los umbrales de la Edad Moderna, la razón más profunda del surmieflto del nihilismo Cuando se echa de menos el sentido, cuando falta la respuesta al “para qué?” el nihilismo está ya a las puertas Este huésped inqujeto —según la expresión de Nietzsche_ se ha deslizado ya furtivamente en la casa, de manera que ya nadie ms Podrá echarlo Natu ralmente Pascal afronta y piensa esta nueva condición para Oponerle resistencia: detrás de la irrefutable necesidad de la naturaleza está allí

un Deus absconditus que la gobierna y que nos gobierna, aun CO Éi no sea inmediatamente reconocible en su creación. El homb e$, sí, un fragmento de naturaleza, una nada aplastada por las fuerp c6smicas, pero puede, en cuanto piensa y cree, sustraer su contin“ a al condicionamiento de las leyes naturales y proclamarse ciudade otro mundo, el del espíritu.


el escenario ya está delineado. Pronto también Dios se eclipsarimerameflte sólo como hipótesis: todo ha de imaginarse “como si no existiese” (etiamsi Deus non daretur). Luego, de verdad: todo repensarse, en primer lugar, el sentido de nuestra existencia, ido nota del hecho de que “Dios ha muerto”. Entonces, cuando la encia pierde su fuerza vinculante y enmudece, el hombre abana sí mismo reclama su libertad. Más bien, no le queda sino to...a: el hombre es la libertad misma, puesto que ya no es sino lo que recta ser, y todo le está permitido. Que esta libertad sea una libertad esperada, que infunde más angustia que plenitud de ser, es un hecho el cual el existencialismo ha tratado de convivir.
J horizonte especulativo al cual aluden estas pocas indicaciones y se desarrolla en un crescendo nihilista, a través del arco históque va de Pascal al existencialismo contemporáneo, permite en:r las primeras ocurrencias del término “nihilismo” y la génesis
- del movimiento en un contexto menos estrecho que aquel al se limita la simple indagación lexicográfica o histórico-conceptual. este horizonte se comprende mejor el primer uso verdadera y pronente filosófico del concepto, individualizado hacia el fin del siglo en el contexto de las controversias que caracterizan el nacimien1 idealismo.
n la contraposición del idealismo al realismo y el dogmatismo, el ) “nihilismo” se emplea para caracterizar la operación filosófica
diante la cual el idealismo intenta “anular” en la reflexión el objeto 1 sentido común, con el fin de mostrar cómo él, en verdad, no es otra que el producto de una actividad invisible e inadvertida del sujeto. ún el punto de vista, favorable o no a tal operación, el término adtere un sentido positivo o negativo. “Nihilismo” significa entonces, en acepción positiva, la destrucción filosófica de todo presupuesto y todo inmediato; en la negativa, por el contrario, la destrucción de las dencias y las certezas del sentido común por parte de la especulación
Lealista. En el significado de la contraposición al realismo William tamilton, último exponente de la Escuela Escocesa de Thomas Reid,
en los primeros decenios del Ochocientos, “an illustrious example Nihjljsm” nada menos que en Hume, sin poder indicar, sin embargo, urrencias precisas del término (Hamilton, 1861-1866: 1, 294).
Es precisamente en el sentido negativo como Jacobi acusa al idealisde ser un nihilismo, introduciendo así por primera vez el término
Dtacjo de un valor filosófico. El pasaje más célebre, usualmente indica-do como la primera ocurrencia del término en su acepción especulativa, está contenido en una carta de Jacobj a Fichte redactada en marzo y Publicada en el otoño de 1799. Jacobi afirma:
En verdad, mi querido Fichte, no debe irrítarme si usted, o
quien sea, quiere llamar quimerj0 a lo que yo contrapongo al
idealismo al cual dirijo el reproche de nihilismo (Jacobj, 1962:
245; cf. también 223)
Este uso del concepto no es ocasional, puesto que Jacobj lo emplea también en otros lugares Lo utiliza por ejemplo en el escrito Sobre las cosas divinas y su revelación (Von den gttliche Dingen und ihrer Offenbarung 1811), en cuya primera parte, en la que el término es re. currente, reelabora e introduce una recensión de las obras de Matthias Claudius proyectada en 1798 (por tanto, antes de la carta a Fichte) y después retirada a causa del Athejsmusstreit de 1799. Jacobj combate como “nihilismo”, pero también como “ateísmo”, el modo en el cual se ha hecho ingresar a Dios en la Consideración de la filosofía, desde Spinoza hasta Fichte, y Schefling. Dios se vuelve objeto de argumentj es decir, de un saber discursivo, dialéctico, racional, y deja de ser el Absoluto puro y simple al cual sólo puede llegar una captación directa de tipo intuitivo Tal captación es, para Jacobi, la función propia de la Vernunft, es decir, de la razón, entendida, según la etimoIoa del término subrayada ya por Leibnjz y por Herder, como un Vernehmen (Percibir), o sea, como la percepción del Absoluto De aquí la reducción de la razón a una suerte de contacto inmediato con el Absoluto, es decir, a una “fe” (Gla ube), reducción ésta que distingue la Posición filosófica de Jacobj y que será severamente atacada por los idealistas, en particular, por Hegel. En cuanto a las fuentes de las cuales Jacobi podría haber extraído el término “nihilismo” se puede conjeturar que lo haya oído emplear en el ambiente cultural francés, donde ya circulaba, aunque con otro significa.
do. Se ha demostrado además que Jacobj conocía la continuación alemana del Discours sur l’histojre universelle de Bossuet a cargo de Johann Andreas Cramer, de 1786, en la cual se declaraba que los teólogos que se habían servido del concepto de “nada” para distinguir la divinidad de Cristo de su humanidad se habían manchado con la “herejía del nihilianismo» a la que ya se ha hecho referencia (Baum 1969).
Que el término entró después en circulación en Alemania, quizá incluso como “término fundamental en la discusión sobre el idealismo” (Pgge1er en Arendt, 1974: 310), se comprueba por el hecho de que una difundida obra de consulta como el Diccionario manual universa] de las ciencias filosóficas de Wilhem Traugott Krugg (A]]gemej5 Handwórterbuch dei- Phi]osophjschen Wissenschaften 1828) le dedica un artículo, expresamente añadido en el volumen suplementario. Pero la confirmación principal viene de investigacjone5 lexicales que han

jjjlismo, romanticismo, idealismo


curnentado el uso del término en otros pensadores de la época rontica, incluso antes de la carta de Jacobi a Fichte, Por ejemplo, Dajel Jenisch —un teólogo casi desconocido, que fue próximo a Hamann y t,uvo conexiones con Kant, y que terminó suicidándose en el Spree— lo emplea repetidamente en su tratado Sobre el fundamento y el valor de ¡s descubrimientos del profesor Kant en metafísica, moral y estética (Über Grund und Wert der Entdeckungen des Herrn Professor Kant in ¿er Metaphysik, Moral und Asthetík, 1796), presentado en el célebre concurso de la Academia Prusiana sobre los progresos de la metafísica, e el cual participó también Kant. Al responder a la cuestión de “en qué habrían consistido los progresos reales de la metafísica en Alemania sde los tiempos de Leibniz y de Wolff’, Jenisch contrapone al spinoes decir, al dogmatismo y al realismo, la nueva posición surgida
Kant, es decir, el idealismo, y se propone ilustrar —como reza el ulo de la carta del autor a Kant, publicada en el apéndice al escrito— Ios efectos favorables y desfavorables que la filosofía crítica tuvo hasta iora”. Partidario de un “realismo relativo” (Verhiltnis-Realism us), iiisch interpreta el idealismo kantiano no en un sentido absoluto sino sentido crítico, es decir, como idealismo trascendental: siendo nuesJ o intelecto no “arquetípico” sino “ectípico”, o sea no originario, proUctor él mismo de las ideas y los conceptos que conoce, sino limitado, bito, la cosa en sí no puede ser eliminada. Vale decir, queda una resistbncia dura del ser que no se deja absorber y resolver enteramente en el ensamiento. Ahora bien, a pesar de que la anulación de la cosa en sí se fluestra a nuestra razón y a nuestra imaginación como una hipótesis #onstruosa y terrible, aun así ella ha sido largamente practicada por la Çilosofía más reciente, que ha entendido y desarrollado el idealismo en lantido absoluto. Pero con esta operación tal filosofía ha terminado por
‘‘r la realidad de las cosas, es decir, ha terminado por aniquilar en el no de la irrealidad, entre las “ondas leteicas de la eterna nada”, la raleza entera con las miríadas de seres y creaturas que pululan en verso. Si hubiera que interpretarlos de ese modo, el idealismo y el ismo “predicarían el más manifiesto ateísmo y nihilismo” (cf.
- r en Arendt, 1974: 335 ss.; Riedel, 1978: 380).
Más o menos contemporáneamente a Jacobi, en cualquier caso, anS que él, usan el término “nihilismo” también otros autores conocidos, Friedrich Schlegel y Jean Paul. El primero incluso más veces y ágnificados diversos. Por ejemplo, en un apunte de 1797 Schlegel a que “toda agudeza tiende al nihilismo”. La ocurrencia del concepen este fragmento no es fácil de contextualjzar ni de interpretar. robablemente Schlegel se refiere a la función corrosiva de la agudeza
es decir, de la ironía: ésta produce un abandono de la perspectiva n desapego respecto de lo finito, suspende y destruye sus pretensio de valer absolutamente, y en tal sentido tiende a aquel “nihilismo’ poniendo en cuestión lo finito y relativizándolo, abre el caminO hacia el infinito, es decir, hacia el verdadero Absoluto Un empleo término en clara referencia a la polémica de Jacobj con Fichte se cuentra por el contrario, en los cursos universitarios impartidos Schlegei entre 1804 y 1806. Al respecto observa lo siguien:
Aunque el idealismo y el realismo están entre sí en una antfte sis absoluta sin embargo, es facilísimo saltar de un extremo al otro. Ambos conducen fácilmente al nihilismo í...j. ¿El nihilismo no debería constituir un sistema propio determinado? (Schlegel, 1837:
475; cf. también 428, 486)
Schlegel usa el término “nihilismo” también en otro sentido, para caracterizar la visión oriental del mundo. Dice que el nihilismo es la forma mfstjcaoriental del panteísmo (Schlegei, 1963:27, 573, 575). Esta ecuación se vuelve a encontrar más tarde también en la Esencia de] cristianismo de Feuerbach
Mientras en Schlegej el signific0 del término oscila y cambia en las diversas fases de su pensamiento, Jean Paul hace por el contrario un uso bien preciso y definido de él. Creador, no por azar, del personaje de Roquajroi (Titan, 1800-1801), una de las más significatj5 figuras de nihilistas de la literatura alemana, Jean Paul critica en la CIa vis Fichtjana seu Leibgeberj (1800), dedicada a Jacobi, y después en un capítulo entero de la Propedt5 a la estótjca ( Vorschule derAsthetjk 1804), a los que llama los “nihilistas poéticos”, o sea, los románticos. Ellos ven sólo el arte y no la naturaleza: ebrios de Suyo, profundamente “egoíst” no hacen más que celebrar el libre juego de la fantasía, vale decir, la actividad espontánea del yo creador, olvidando el no-yo, la naturaleza, el universo entero, Dios incluido, que terminan por reducir a nada. Pero cuando, casi como un so] que se oculta, también Dios des. aparece y se desvanece por un tiempo, entonces todo el mundo entra en la oscuridad (Jean Paul, 1959: y, 31). El ateísmo despedaza el universo entero en una mjrfada de yoes aislados sin unidad ni conexiones, don. de cada uno está solo frente a aquella Nada en cuya presencia incluso Cristo, al final de los tiempos desespera de la existencia de Dios-Padre. Es la desconcertante visión apocalíptica que Jean Paul representa bien dos veces. La primera en eJ Lamento de Shakespe5 muerto, entre los muertos que lo escuchan en la iglesia, sobre la no existencia de Dios (Des toten ShaJespea’g Klage unter den toten Zuhóren in der Kirche, daB kein Gott sei, 1789). Arriesgáno5 en una descripci literaria de su experiencia de la Nada, Jean Paul presenta una voz que proclama desde el altar:
No existe allí Dios ni tiempo. La eternidad no hace más que dar vueltas en sí misma y roer el caos. El arco iris irisado de los seres se arquea sin sol sobre el abismo y se disuelve gota a gota: asistimos a la muda sepultura de la Naturaleza suicida y somos sepul
iáÁios con ella. ¿Quién más alza la mirada hacia un ojo divino de la ‘7aturaleza? Él lo sujeta con una desmesurada órbita vacía y nera. (Jean Paul, 1959: II, 11, 590-591)
---runda vez ocurre en el célebre Discurso del Cristo muerto, des, ic del universo, sobre la no existencia de Dios (Rede des toten
vom We1tgebude herab, daI3 kein Gott sei,
1796), inserto en 1a Siebenks y dado a conocer por Madame de Stáel que lo tra francés en De l’Allemagne. Aquí Jean Paul perfecciona y za su escandalosa visión de la Nada absoluta:
¡Nada inmóvil y muda! ¡Fría, eterna necesidad! ¡Loco azar! ¿Cos vosotros lo que domináis? ¿Cuándo derribaréis al edificio y
—Azar, ¿sabes tú lo que harás cuando avances con tus huraen la nevisca de las estrellas, apagando un sol después del
Otro con tu hálito, y cuando el rocío luminoso de las constelaciones termine de centellear a tu paso? —iQué solo está cada uno en la
tumba del universo! Junto a mí aquí estoy yo solo. —Oh, adre! ¡L.:, padre! ¿Dónde está tu seno infinito, para que pueda escansar sobre él? (Jean Paul, 1959: 1, II, 274)
Nada termina por hundirse también el punto firme sobre el p idealistas basaban su annihilatio mundi, o sea, el yo.
Si cada yo es padre y creador de sí mismo [se interroga Jean l] ¿por qué entonces no puede ser también el propio ángel exterfliinador? (Jean Paul, 1959:1, II, 274)
es casual que en la obra Nocturnos de Buenaventura (Nachtwachen )fla vent ura, 1804), que por su radical y cáustica ironía muchos conji la cumbre del nihilismo romántico, el autor anónimo retome, en Iodio del Hebreo Errante, el mismo motivo nihilista de Jean Paul, Lqirlo ya en el marco del sueño como hace este último. Todo el escrir medir fuerzas con la Nada, y la profesión de nihilismo hecha en el ‘nocturno no podría ser más tétrica:
-. La calavera no abandona más la máscara que mira de reojo, la jVida no es más que el traje con cascabeles que la Nada lleva puesto
tintinear antes de desgarrárselo de la espalda. ¿Qué es elNo otra cosa que la Nada: se atraganta consigo mismo, y abajo se engulle vorazmente: ¡he aquí a qué se reduce la pérfida Charlatanería según la cual existiría algo! Si, en efecto, una sola Vez se detuviera el estrangulamiento, la Nada saltaría evidente ante los ojos de los hombres para hacerlos horrorizarse; ¡los locos Daman eternidad a este detenerse! Pero no: es, por el contrario, )Ustamente la Nada, la muerte absoluta, puesto que la vida consissolamente en un morir ininterrumpido. (Bonaventura, 1987: 82-
-—a)

Y en la conclusi del escrito se lanza una vez más el desaf0 autodestructjvo en dirección de la Nada:

¡Yo quiero mirar furioso a la Nada y hermanarme con ella, de manera de no advertir más residuos humanos cuando al fin me atrape!
Contigo, viejo alquimjst querría ponerme en marcha; solamen. te, no debes mendigar para obtener el cielo, no mendigano expúg. nalo más bien, si tienes la fuerza para ello fJ deja de mendigar; ¡te separo a la fuerza las manos! ¡Ay de mf! ¿Qué es esto? ¿También tú no eres más que una máscara y me engañas? No te veo más, Padre, ¿dónde estás? Al toque de mis dedos todo se reduce a cenizas y sobre el suelo no queda otra cosa que un Puñado de polvo, mientras un par de gusanos satisfechos se alejan arrastrándose a escondj. das [...J. Esparzo este puñado de polvo paterno en el aire, y qué queda: ¡Nada!
Enfrente, sobre la tumba, ¡el visionario aún se entretiene y abraza la Nada!
Y el eco en el osario llama por última vez: “iNada!” (Bonaven. tura, 1987: 154-157)

Estos elementos pueden bastar para dar una idea del sugestivo contexto en el cual los románticos tratan el problema del “nihilismo” Pero aun más significaj0 desde un Punto de vista filosófico es el hecho de que el término es empleado en sentido técnico nada menos que por los jóvenes Schefling y Hegel. Mientras Schelling toma nota de la Polémica entre Jacobi y Fichte y rechaza la acusación según la cual él mismo sería un nihilista, Hegel reivjndica la necesidad del nihilismo trascen. dental como procedimiento metódico de la filosofía. En el ensayo “Fe y saber” (“Glauben und Wissen”, 1802), Publicado en el Krjtisches Jo urna] der Phi]osophje, revista que dirigía junto Con Schelling, Hegel toma POSición con respecto a la controversia entre Jacobi y Fichte, y los critica a ambos, junto a Kant, como dualistas El argurne0 principal que hace valer contra ellos es que permane firmes en una dicotomía Ontológica de fondo, en cuanto no son capaces de resolver completa mente el ser en el pensamiento En este contexto, Hegel afirma —contra Jacobj que el “nihilismo de la filosofía trascendenta1 de Fichte es un paso metodoló0 inevitable, pero al mismo tiempo —contra Fichte_. que su nihilismo es meramente relativo e incapaz de llegar a aquel pensamiento puro en el cual la Oposición al ser es supera “Primera tarea de la filosofía”, “tarea del nihilismo”, es llegar a “conocer la nada absoluta”, o sea, llegar al “cumplimiento de la verdadera nada”, donde ha de notarse que, a diferencia de lo que sucederá en la Ciencia de la lógica (Wissenschaft der Logik, 1812), aquí es la nada, no el ser, la que hace las veces de punto de partida en el comienzo de la filosofía (Hegel, 1981:


231). Esta prjmer tematización de la nada es el fondo sobre el cual

io, romanticismo, idealismo


desarrollará posteriormente el diagnóstico nihilista de la transii l mundo moderno en términos de “muerte de Dios”, “ateísmo”, ,,smo”, “pesimismo”, “egoísmo”, “atomismo”, y declarará la necesique la dialéctica atraviese la negatividad y el “nihilismo”, es el “sentimiento de que Dios está muerto”, aunque reconociéndolo ‘un simple momento en la vida del espíritu, que queda superado. íe incluso un pensador importante como Hegel emplee en sentido ico el término “nihilismo”, aunque sólo en la fase juvenil de su jento, es un episodio muy significativo para la reconstrucción ,jgtoria del concepto y del problema. Posteriormente, en especial a de la confrontación crítica con Schelling, la problemática de la ‘ y la “negatividad”, juntamente con el uso de los términos respecsufrirá en Hegel una notable transformación.
lo que concierne a la presencia posterior del concepto en el seno ealismo, para testimoniar la no ocasionalidad de su empleo, ha de ie que se vuelve a encontrar también en otros exponentes menol movimiento, como Karl Rosenkranz, Christian Weisse e Imma.
.1. Fichte, en cada caso con acentuaciones diversas. Pero cuanto s se aleja de la controversia originaria acerca de la génesis del amo, más se traslada el significado del término del ámbito estricte filosófico-especulativo al social y político, es decir, a las coneias provocadas por la asunción, por parte de un sujeto privilede una actitud de radical aniquilamiento de todo lo que delimita
. Hace su aparición la figura del “nihilista” como libre pensademuele todo presupuesto, todo prejuicio, toda condición ya por tanto, también todo valor tradicional, y que prefigura así los s del nihilista anárquico-libertario que vivirá su temporada más sa en los últimos decenios del Ochocientos.
Capítulo cuarto



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