El maravilloso viaje a su presencia



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En Marcos 10:23-30 leemos: “Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?”


Cuando los discípulos escucharon al Señor decir esto se asombraron porque varios de ellos eran personas con muchos recursos. Algunos de ellos eran empresarios, incluso con varios jornaleros a su cargo, antes de dejar sus redes. Por eso se asombraron de la afirmación del Señor, preguntándose quien entonces de ellos podría alcanzar la salvación. Si ellos hubieran sido pobres, su reacción hubiera sido diferente. Hubieran dicho algo así: “lastima por los ricos, pero nosotros no tendremos problemas entrando en el reino”.
“Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.”
Lo que Jesús les estaba enseñando es lo difícil que es entrar en el reino si se confía en la riquezas. Por ello repitió la enseñanza una segunda vez, para dejar claro que les será muy difícil entrar en el reino a aquellos que han puesto su confianza en los bienes materiales. Pero para aquellos que son ricos y han puesto su confianza solo en el Señor, El tiene de ellos misericordia, pues todo es posible para Dios.
“Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.”
Siempre nos han enseñado que la vida eterna es para ahora y las bendiciones para después, cuando lleguemos al cielo. Pero en este pasaje aprendemos que, si hemos dejado algo por el evangelio, el Señor nos bendecirá cien veces más en este tiempo, aquí en la tierra, y que la vida eterna se nos dará después, en el siglo venidero. Y también añade el Señor que al bendecirnos tendremos persecuciones, como parte del mismo paquete.
Es feo ser perseguido por los hombres cuando Dios lo bendice a uno, pero es más feo ser el perseguidor. Si alguien alguna vez dice algo malo de ti, que sea por hacer lo bueno, no por hacer lo malo. Haz siempre lo correcto sin tomar en cuenta los comentarios ajenos o medir las consecuencias de tus acciones. Puede ser que si las mides dejes de serlo, al preferir los resultados de hacer lo incorrecto. Sé íntegro siempre, sin importar que piensen los demás.
Este domingo invité a toda la congregación a conocer mi casa y a ver la manera en la que vivo. Pensé que estarían interesados en conocerla pero no habían tenido la oportunidad de visitarnos, por lo que se las mostré en un video (de otra manera habría sido imposible que todos cupieran dentro). Todos se gozaron al ver nuestro hogar, el cual edificamos trabajando en nuestros negocios y ahorrando por once años seguidos.

También rieron al ver a nuestras mascotas, dos bull-dogs hembras que nos regalaron y que habitan en el jardín, que es un pequeño patio de seis metros cuadrados al final de la casa.

Algunas personas ajenas al ministerio han criticado los carros que manejo, pero ignoran como los obtuve. Ellos no estuvieron presentes cuando regalé uno de mis carros a un pastor de Miami y otro a un pastor de Antigua Guatemala, quedándome en ese momento con uno solo en mi familia. Tampoco presenciaron cuando honré a mi madre y mi suegra comprándoles un auto nuevo a cada una, aún cuando yo nunca había estrenado uno hasta ese momento. De allí que la mayoría de los carros que he tenido en los últimos diez años me los han regalado. Los he recibido como cosecha por los que hemos sembrado con mi esposa.

Igual me ha sucedido con los trajes que visto o con los relojes que uso. Mis primeros cuatro salarios que recibí en mi vida los entregué en una joyería para honrar con un reloj a mi madre, en agradecimiento por todo lo que ella hizo por mi. A eso creo que se debe que se acerquen a mi constantemente personas regalándome relojes de todo tipo.

Cuando solo se conoce una verdad y se ignora el resto, se corre el riesgo de hacer conclusiones incorrectas. Algunos ven lo que ahora tengo materialmente y concluyen que me hice rico al ser pastor de una iglesia. He escuchado a personas decir cosas tan absurdas como que tener una iglesia es un buen negocio. Yo pienso dentro de mi: “si es tan buen negocio, por qué no tratan de fundar una y prueban”. Lo cierto es que a mi Dios me prosperó desde mucho antes de entrar en el ministerio.

Mi primer salario en Casa de Dios fue de Q2,000 al mes (unos $250), con una esposa y tres hijos que alimentar. Pero antes de ingresar al ministerio yo llegué a facturar hasta Q40,000 mensuales (unos $5,000) en mi trabajo secular. Yo deje todo eso por predicar el evangelio, sin ponerle a Dios condiciones, y por ello he visto a Dios abundar mi cosecha. Dejé mi empresa y ofertas de trabajo en las que me ofrecían miles de dólares al año. Se que tendría mayores ingresos si me dedicara a otras labores, pues empresas pagarían mucho por tener a alguien que administre y presida como lo hago. Aún hoy me llaman de otros ministerios y me ofrecen pagarme mucho más de lo que gano si les ayudo. Pero se muy bien cual es mi llamado y debo enfocarme en el.

Usted tal vez ignora que yo le pedí a Sonia que no se casara conmigo, porque no sabia a donde me iba a enviar Dios ni de que iba a vivir. Estamos casados porque ella me dijo que sentía el mismo llamado de Dios. Nunca le pedí al Señor algo material ni de otra índole a cambio de servirle. Le firme un contrato en blanco. Solo le pedí que la unción de su Espíritu me acompañara. Todo lo demás ha venido como añadidura.

Este domingo, además de mostrarles mi casa y enseñarles éstas y otras cosas a la iglesia, tomé un tiempo para preguntarles si alguna vez yo había engañado o manipulado a alguien, o si les había pedido algo para mi. Les pedí que si habían sentido esto que levantaran la mano o se acercaran a mi al finalizar el servicio. Ninguno lo hizo. Por el contrario, muchos de ellos testificaron de mi proceder en Cristo y expresaron su sincero amor para mi y mi familia. ¡Doy gracias a Dios por una iglesia tan sana y genuina, que se inspira en su Palabra!

Aquellas personas que me conocen de años no tienen nada de que acusarme. Ninguno de ellos puede decir que he sido deshonesto o que les he engañado. Puede preguntarle a mi esposa o a mi madre, a mis vecinos o a mis antiguos compañeros de estudios, de deporte o de trabajo. Puede entrevistar a los jefes para quienes trabajé o los catedráticos que me instruyeron, o preguntarle a mis hijos, a mis discípulos cercanos o la gente que trabaja en el ministerio. Todos le hablarán de lo que han visto, de la integridad y la transparencia, de los sacrificios y de la fe. Hay quienes, por el contrario, no me conocen y critican al ver como Dios me ha bendecido, ignorando como soy de verdad. Lo cierto es que nunca podrán decirme que lo que he recibido y tengo lo he hecho deshonestamente.

Como no acostumbramos con mi esposa publicar lo que hacemos por los necesitados, algunos podrían pensar que no se hace nada. No quiero tampoco caer en contarle a mi mano izquierda lo que hace mi derecha, pero creo que es bueno testificar de la obra y la fidelidad de Dios. Junto con mi familia, de nuestros ingresos personales, ayudamos a cinco jóvenes a quienes becamos en sus estudios, a dos viudas a quienes cubrimos su presupuesto mensual y ochenta y seis niños pobres a quienes le damos de comer diariamente. De nuestros ingresos amueblamos la casa de una ancianita y construimos un cuartito a una empleada de la empresa de limpieza que cuida del templo, quien no tenía donde vivir. Cosas como estas las hemos hecho siempre, además de lo que la iglesia realiza como obra social, y hemos comprobado la escritura que dice que si partimos el pan con el hambriento, Su Gloria será nuestra retaguardia.


Aparte de mis diezmos y ofrendas, el rubro más grande en mi presupuesto es la ayuda que doy a los pobres. No lo hacemos porque tengamos muchos ingresos, sino porque desde pequeño fue mi deseo ayudar al necesitado. He llorado delante de Dios pidiéndole que me prospere aún más para seguir proveyéndoles, y de seguro que así lo hará.
LOS DERECHOS DE UN SIERVO DE DIOS
Quiero aprovechar para dar una enseñanza que nunca he dado en mis veintitrés años en el ministerio, pero creo que es ya oportuno compartir. Mucho se ha hablado de los deberes que tienen los pastores en sus congregaciones pero no de los derechos que la misma Biblia nos otorga. Como siervo de Dios tengo muchas responsabilidades, la mayor de ellas es la de estar delante de Dios a favor de las ovejas, pero también tengo derechos que puedo ejercer. La Palabra de Dios nos enseña varias cosas que les quiero mostrar.
En 1ra de Corintios capítulo nueve el apóstol Pablo debe presentar defensa de su manera de proceder en el ministerio debido a las acusaciones de algunos hermanos. El comienza diciendo: “Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?... ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?”
El hecho que algunos te acusen o hablen mal de ti sin conocimiento no es algo nuevo; viene desde los tiempos de Pablo y aun de antes. Los corintios criticaban al apóstol por su proceder financiero en el ministerio, lo que le obligó a corregir lo indebido.
Continúa diciendo: “¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros?

Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.


Si los siervos de Dios sembramos lo espiritual en las ovejas, ¿es gran cosa que cosechemos lo material? Quiero dejar en claro que nunca le he pedio a una de mis ovejas que me de a mí una cosecha material por las bendiciones espirituales que he sembrado en ellos. Aunque es mi derecho, nunca lo he ejercido y no lo haré, ni lo enseño para que así se haga. Pero la Biblia enseña aquí este principio: en la proporción que se siembra lo espiritual, así será la cosecha material que vendrá.
Enseña también el mismo principio a través de la figura de los bueyes y la cosecha. El buey, mientras trillaba, comía de los granos de la misma cosecha que ayudaba a recoger. ¿Qué buey es el que al final comía más? El que más había trabajado. Yo no estoy de acuerdo con aquellos que dicen que todos los siervos de Dios deben vivir bien, sin importar lo que hagan. Creo que deben prosperar aquellos que trabajan bien en bendecir a la gente. De igual manera que no a todos los doctores o abogados les va bien por el solo hecho de tener el título, a los pastores no les debe ir bien solo por tener el cargo. Deben prosperar de acuerdo a la manera en la que han trabajado a favor de la obra.
Aquellos que anunciamos el evangelio, debemos vivir del evangelio. El Señor lo ordenó así para que no nos distraigamos de lo que El nos ha mandado a hacer. Más adelante sigue diciendo: “¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio.”
Note que Pablo presentó gratuitamente el evangelio en Corinto porque otras iglesias, como las de Macedonia, proveían de recursos abundantes para que continuara la obra. Así que, aunque no usó de su derecho con la iglesia de Corinto, si recibió de a otras iglesias la bendición económica para financiar el ministerio a los corintios. “He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros. Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia.” (2 Corintios 11:7).
DOBLE HONOR
Encontramos otro principio en 1ra de Timoteo 5:17-18: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.”
Cuando aquí se habla de salario y honor se está hablando de lo mismo. La Palabra dice que aquellos siervos que administran bien los asuntos del ministerio deben ser tenidos como dignos de doble honor y doble salario, sobretodo si trabajan en anunciar el evangelio. Si las personas que trabajan en lo secular tienen el derecho a un salario digno, ¡como no lo van a tener los que anuncian las buenas noticias del Señor!

Si usted es pastor, enséñele a sus ovejas que deben honrarlo, como un padre lo hace con sus hijos. No llame a los vecinos para que le enseñen a sus hijos respeto, hágalo usted mismo. Y recuerde a qué lo llamó Dios, pues esa honra es mayor que cualquier paga que el hombre pueda darle.


Gálatas 6:6 dice: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.”
Según esta escritura aquellos que son instruidos en la Palabra deben dar “cosas buenas” a quienes les instruyen. ¿Cuántas veces has ido con tu pastor y le has regalado algo bueno en agradecimiento por lo que te ha enseñado?¿Le has honrado como la Biblia te enseña? Toma un tiempo y hazle partícipe de lo que has recibido como consecuencia de sus conejos e inspiración.
Nunca en mi vida le pediría a una de las ovejas que me traigan una sola cosa a cambio de bendecirlos. Jamás he cobrado por una consejería o por predicar la Palabra, ni en mi iglesia ni en cualquier lugar al que me hayan invitado. Pero si he sido testigo de que aquellos que hacen partícipe de buenas cosas a quien les instruye la Palabra, reciben mayores bendiciones de Dios.
EL EJEMPLO DE PABLO
El Apóstol Pablo fue un ministro a quien Dios prosperó grandemente. Solo mira estas escrituras:
Hechos 28:30-31

“Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.” La casa alquilada de Pablo estaba en Roma, la capital del mundo en aquello días. Era el equivalente a ciudades como Nueva York o Beverly Hills hoy. ¿Cuánto costaría alquilar una casa en Roma? El tenía que conquistar Roma para Cristo, por eso se tuvo que establecer allí, y la casa no fue un impedimento.


Hechos 20:36-38

“Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.” ¿Cuántas personas crees que podían pagar un viaje en barco hace unos dos mil años? El apóstol Pablo los pagaba constantemente por sus múltiples viajes. El lo hacía para llenar Asia del evangelio, nosotros porque se nos ha encomendado proclamar Su Gloria a este continente.


En otra oportunidad Pablo mandó a Timoteo a llevarle su capote o vestimenta que había dejado en la casa de Carpo (1 Timoteo 4:13). ¿Qué valor habrá tenido aquella capa para que el apóstol lo haya encargado tanto? Según esto, ¿Qué tipo de ropa crees que Pablo vestía? Según Hechos 24:26 Pablo tenía suficiente dinero como para que un gobernador del imperio romano le mantuviera encarcelado esperando que le diera algo para soltarlo.
Hechos 20:33-35

“Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.”


El apóstol Pablo era un hombre íntegro e irreprochable, que prosperó por el trabajo de sus manos, y fue tan bendecido que le sirvió para mantenerse a sí mismo, a sus acompañantes y hasta para repartir a los pobre. ¿Podría creer que Pablo era fuertemente criticado en su tiempo, mayormente por aquellos que decían llamarse cristianos? Es imposible ir al frente abriendo brecha si recibir críticas. Todos los grandes hombres de Dios las recibieron. No se detenga.
Yo no mido mi éxito por los bienes que poseo. Mi corona y mi gozo son todas las personas que Dios me ha permitido bendecir y discipular, y que han salido adelante y viven cada día mejor. Es tan fácil hablar, enviar correos, escribir y criticar sin ni siquiera hacer una llamada para verificar si lo que están diciendo tiene fundamento. Pero por todos aquellos que siguen creyendo a la Palabra y siguen acercándose cada día más a Dios ¡Vamos a seguir adelante! .


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