El inconsciente vital


Capítulo II El PRINCIPIO BIOCENTRICO



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Capítulo II


El PRINCIPIO BIOCENTRICO

PRINCIPIO BIOCÉNTRICO


La intuición en torno a la cual se organiza Biodanza, está conceptualmente formulada en el “Principio Biocéntrico”. Este nuevo paradigma para las ciencias humanas, propone orientar todos los emprendimientos sociales y educacionales hacia la creación de una estructura psíquica capaz de proteger la vida y permitir su evolución.


El Principio Biocéntrico tiene como punto de partida la vivencia de un universo organizado en función de la vida. Todo cuanto existe en el universo, sean elementos, astros, plantas o animales, incluyendo al hombre, son componentes de un sistema viviente mayor. El universo existe porque existe la vida y no a la inversa. Las relaciones de transformación materia-energía son grados de integración de vida.
Biodanza emplea una metodología vivencial, dando énfasis a la experiencia vivida más que la información verbal, permite comenzar la transformación interna sin la intervención de los procesos mentales de represión
El Principio Biocéntrico constituye el paradigma que podrá servir de fundamento a las Ciencias Humanas del futuro: Educación, Psicología, Jurisprudencia, Medicina y Psicoterapia.
El Principio Biocéntrico sitúa el respeto a la vida como centro y punto de partida de todas las disciplinas y comportamientos humanos. Restablece la noción de sacralidad de la vida.
El Principio Biocéntrico se inspira en la intuición de un universo organizado en función de la vida y consiste en una propuesta de reformulación de nuestros valores culturales, que toma como referencial el respeto por la vida.
Todo aquello que existe, elementos, estrellas, plantas, animales y humanos son los componentes de un sistema viviente mayor.
Nuestro abordaje epistemológico parte de lo viviente. La vida no es simplemente la consecuencia de procesos atómicos y químicos, sino el programa implicado que guía la construcción del universo.
La evolución del universo es, en realidad, la evolución de la vida. En este sentido compartimos el abordaje de David Bohm, bajo el dominio explicado por la ciencia, queda un dominio implicado de totalidad indivisa. “Los datos reales de la ciencia - dice Bohm - sólo parecen tener sentido sobre algún tipo de fundamento implicado o unificador, o transcendental, subyacente a los datos explícitos”.
Desde el Principio Biocéntrico podemos concebir el universo como un gigantesco holograma vivo. La experiencia de la unidad mística y de la identidad suprema es para nosotros perfectamente válida. Podemos descubrir en esta vivencia fundadora las raíces de una cultura de la vida.
La desconexión de los hombres de la matriz cósmica de la vida ha generado, a través de la historia, formas culturales destructivas. La disociación cuerpo-alma ha conducido a la profunda crisis cultural en que vivimos.
Si tomamos como punto de partida las propuestas intrínsecas que surgen del acto de vivir y de la comunicación con los seres vivos, tenemos que abandonar, con decisión absoluta, cualquier tipo de fundamentación cultural basada en el dinero y en el asesinato. Los intereses de la vida no siempre se conjugan con las exigencias de nuestra cultura. Así por ejemplo, todo el delirio jurídico de oriente y occidente, con sus códigos y tribunales de justicia, se basan en la propiedad privada y no en la vida. Las guerras son también la expresión de esa psicosis colectiva que niega la sacralidad de la vida.
La cultura debería estar organizada en función de la vida. Nuestras formas culturales son “anti-vida”.
El Principio Biocéntrico, por lo tanto, surge de una propuesta anterior a la cultura y se nutre de los impulsos que generan procesos vivientes. Este planteamiento es biocosmológico y no antrópico, cosmológico o teológico.
El Principio Biocéntrico, propone la potenciación de la vida y la expresión de sus poderes evolutivos. Biodanza es, desde este punto de vista, una poética de lo viviente que está fundada en las leyes universales que conservan y permiten la evolución de la vida. Todas las acciones de Biodanza se orientan en resonancia con el fenómeno profundo y conmovedor de la vida.
Participamos del pensamiento visionario de Albert Schweitzer: “Meditando sobre la vida, siento la obligación de respetar cualquier voluntad de vida a mi alrededor, por ser igual a la mía”.
La idea fundamental del bien es, pues, que éste consiste en preservar la vida, en favorecerla, en conducirla a su valor más alto; y que el mal consiste en aniquilar la vida, lastimarla, poner trabas a su florecimiento.
Pienso que la vida no surgió de la materia, sino que la materia se ordena en relación a las posibles estructuras de la vida; la causa del universo es la vida.
Desde hace miles de años hemos vivido dentro de un contexto cultural alienante. Más, si el universo está vivo desde el comienzo, la cultura del futuro será una cultura de la vida.
Los parámetros de nuestro estilo de vida son los parámetros de la vida cósmica. En otros términos, nuestro movimiento y nuestra danza se organizan como expresiones de vida y no como medios para alcanzar fines externos. Vivimos para crear más vida en lo íntimo de la vida.
Si las condiciones culturales y socioeconómicas son anti-vida, nosotros nos proponemos cambiar este sistema, no con la ayuda de una ideología, sino restableciendo en cada instante, en nuestra vida, las condiciones de nutrición de la vida. No es la consistencia ideológica de un hombre lo que interesa, sino su consistencia afectiva y su práctica del movimiento-amor.
El Principio Biocéntrico pone su interés en un universo comprendido como un sistema viviente de gran complejidad. El reino de la vida abarca todo lo que existe, desde los neutrinos hasta los quasares, desde las piedras hasta los pensamientos más sutiles. Toda expresión, todo movimiento, toda danza, es un lenguaje viviente.
El sentimiento de amor podríamos definirlo como la experiencia suprema del contacto con la vida. A través de Biodanza llegamos a la fuente originaria de los impulsos de vida: danza, amor y vida son términos que aluden al fenómeno de la unidad cósmica.
El núcleo creador de la cultura del tercer milenio está por nacer con la restitución de la sacralidad de la vida.


SACRALIDAD DE LA VIDA

Aunque los extraordinarios hallazgos de la biología nos dan un punto de partida sólido y fecundo para comprender muchos misterios de la biosfera, de modo alguno son suficientes para expresar todos los significados esenciales acerca de la condición humana. Tenemos que considerar, por lo tanto, la biología como un punto de partida universal y referencia básica para la compresión del hombre, sin embargo los descubrimientos biológicos tienen que ir al encuentro de las grandes intuiciones sobre los aspectos aún no revelados y misteriosos de la vida humana.


Deberemos avanzar en una nueva dimensión del pensamiento, más libre y ajustada a las revelaciones de lo inmediato, desprendiéndonos de las rémoras filosóficas y de las ideologías ingenuas que han acompañado al hombre a través de la historia.
Necesitamos un rigor insolente, y al mismo tiempo sensible, para no caer en un falso objetivismo biologista o en la pobreza dogmática de las religiones.
A mi modo de ver, la vida tiene una cualidad sagrada y ha sido la patología de las civilizaciones la que ha separado los actos sagrados de los actos profanos. Esta patología terminó por desacralizar la vida cotidiana y cargar de contenido trascendente los rituales obsesivos que surgieron para escapar del pavor cósmico. En este punto es indispensable la meditación sobre lo sagrado. La hierofanía es la manifestación de lo sagrado, absolutamente fascinante y absolutamente terrible.
Creemos que la expresión de vida a través de las criaturas es la más grande hierofanía. La ceguera frente a la percepción de la condición sagrada de la vida, perturbó las formas de vinculación con lo cósmico. A través del proceso histórico en el cual se han gestado las religiones, se produjo una clara demarcación entre lo sagrado y lo profano, así también las danzas y los gestos fueron diferenciados entre sagrados y profanos.
Esta disociación entre sagrado y profano, que es inherente a las religiones, tiene que ser cuestionada. Si la vida en sí misma es sagrada, por ser la más espléndida expresión de lo cósmico y también la más amplia hierofanía, la distinción ritual de ámbitos sagrados y profanos resulta un absurdo.
La claridad del Principio Biocéntrico de Biodanza, que reconoce en la vida la más grande hierofanía, es lo que la distingue esencialmente de cualquier religión y también de cualquier psicoterapia.
En Biodanza, las personas al relacionarse en una Danza de Amor, restablecen un sentido cósmico que las integra a una unidad mayor. Los magnetismos de la danza generan campos creativos, eróticos y biológicos que constituyen, en sí mismos, la gran ceremonia de la vida, trascendente por sí sola.
Por otra parte, el tiempo sagrado, la duración de fiestas, el tiempo litúrgico, han sido míticamente diferenciados del tiempo lineal histórico. Terminada la ceremonia en el tiempo, sin duración de la liturgia, el hombre penetra en el tiempo cotidiano. La trayectoria de nuevo se da desde el tiempo fugaz e ilusionario hacia el tiempo mítico, circular y eterno.
En Biodanza, el hombre vive en el eterno “aquí-ahora”. El tiempo marcado por las horas del reloj es apenas un tiempo convencional, un tiempo no vivido. Toda la realidad es sagrada para el hombre y todo el tiempo es litúrgico.
La antiquísima tradición oriental de que la vida es una ilusión -la manifestación de los infinitos velos de Maya- representa la descalificación de la vida, que es, en realidad, la expresión máxima de lo divino. Esta patología se ha transmitido a través de siglos e infiltra distintas religiones, creando el terreno apropiado para el ejercicio de todo de tipo de injusticias y violencias. Cuando la vida no es sagrada ni tiene valor intrínseco, se la puede destruir, torturar, explotar, humillar. El Principio Biocéntrico rechaza, con la más absoluta decisión, esa gran equivocación cultural que desacralizó la vida.
Penetrar en la perfección de la vida como esplendor, como belleza, como armonía voluptuosa, y experimentar en sí mismo el "sentirse vivo", es, sin duda, una experiencia mística, único punto de partida posible de la investigación científica. Como expresaba Einstein: “La experiencia cósmica es la más fuerte y noble fuente de investigación científica”.

Es del Principio Biocéntrico de donde hay que extraer la cualidad trascendente del hombre. La sacralización del hombre es lo que da a su vida, a su amor, a su sexualidad y a sus creaciones, la cualidad de lo trascendente. Desde el Principio Biocéntrico se organiza la vida como convivencia y coexistencia con lo divino.


Lo sagrado no se da en un espacio mandálico ritual, lo sagrado se da en cualquier circunstancia en que la vida se hace presente. Toda la vida es sagrada: el acto sexual que se hace en un templo o el que se realiza en un miserable cuarto de hotel, poseen la misma condición de lo sagrado. Cuando las personas están conectadas con amor, están reciclando energía cósmica, están viviendo el amor eterno de Afrodita y Apolo. El hombre cansado, que camina por la calle porque no tiene dinero para el ómnibus, es también un caminante de eternidad. El niño en los brazos de la Virgen María y el niño abandonado, raquítico y hambriento que busca comida en los tarros de basura, son dos formas del Niño Divino.
Es verdad que no todos los lugares son los más propicios para entrar en lo eterno, pero quien es guiado por el Principio Biocéntrico tiene la llave que abre todas las puertas.
Si el individuo está vinculado de centro a centro con el principio de la vida, experimenta la vinculación cosmobiológica, la antigua familiaridad con las piedras, con los pájaros, con el sol, con el mar. Si actúa desde el Principio Biocéntrico es un pedagogo, un amante, un artista, un poeta.
Puede parecer subversiva una disciplina que se funda en el respeto por la vida, el goce de vivir, el derecho al amor y al contacto. El Principio Biocéntrico desconoce toda forma de alienación o condicionamiento autoritario, sea esta de un gobierno con la violencia institucionalizada, o de las ideologías políticas y religiosas que discriminan a los seres humanos.
Las personas son nuestro más poderoso medio ambiente. La pareja ecológica, la familia ecológica y la comunidad ecológica, son expresiones del Principio Biocéntrico.
Cuando hablamos del “Principio de la Vida”, nos referimos a algo muy preciso, a funciones universales, a formas de vinculación, a desarrollo evolutivo. Biodanza se inspira en los principios generales de lo viviente, y no en ideas a priori o en dogmas religiosos.
Si las religiones, las ideologías políticas y las distintas formas de psicoterapia trabajan en torno a las patologías del ego, sobre una imagen antropocéntrica, Biodanza trabaja con grandes funciones de salud en una dimensión trascendente, de permanente reverencia por la vida.


REFLEXION SOBRE LOS VALORES DE NUESTRA CULTURA

Biodanza y Acción Social

La dimensión sociológica de Biodanza se inicia en un conmovedor y profundo sentimiento de fraternidad, y no en una ideología humanista. Es la activación de los núcleos innatos de vinculación lo que permite una modificación social en profundidad. Los llamados “cambios sociales de fondo”, basados en la lucha política, son cambios externos en los que las personas son las grandes ausentes, así lo han demostrado los regímenes totalitarios, se cambia una clase por otra.


Los etólogos y sociólogos clásicos han hablado de un “instinto gregario”. Indudablemente, existe un factor instintivo de cohesión entre los individuos de una especie vinculado a la supervivencia.
Von Uexkull propuso genialmente la idea de que “la especie es el organismo y el individuo es el órgano”, con tal profundidad concibió los lazos de vinculación biológica entre los miembros de la especie. Actualmente, sabemos que esta vinculación “invisible” trasciende la especie y que estamos, esencial e indudablemente, vinculados por el proceso de la vida a todo el universo.
Estas consideraciones etológicas, biológicas y antropológicas, sólo confirman un hecho: “la vinculación interhumana es una función biocósmica”. El ser humano sometido a un proceso de desenvolvimiento histórico – cultural, dentro del cual nace y crece, experimenta la más violenta deformación de estos impulsos de afinidad natural por su propia especie. La patología de nuestra cultura insiste, a través de sus medios de comunicación y sus instituciones, en el desarrollo de actitudes de segregación, rechazo, agresión y explotación de otras personas.
La cultura está estructurada sobre un esquema de poder y se caracteriza aproximadamente con lo que Chance llama “sociedad agonística”: un modo de agrupación zoológica, basada en la tensión y el miedo provocado por la emergencia del macho más fuerte, sedimentándose el grupo en torno a papeles y jerarquías de poder, manteniendo una permanente vigilancia frente a situaciones de peligro, en que las únicas respuestas posibles son la lucha, la huida o la evitación.
Chance opone a este modo de agrupación social agonística, la llamada “sociedad hedónica”, en que la tensión entre los individuos está constantemente disminuida por el contacto: besos, caricias, abrazos. La forma agonística ha sido observada en los macacos japoneses, habaneses y rhesius; y la forma hedónica en los grandes simios: chimpancé y gorila.
Si extrapolamos estas categorías etológicas al plano humano, podríamos comparar los gobiernos totalitarios con la sociedad agonística y se podría encontrar una hipótesis evolucionista para explicar el Apocalipsis actual: el ser humano se habría deslizado, a través de su evolución, por la línea agonística, llevando esos modos de relacionamiento agresivo hasta sus últimas consecuencias.

El nudo de nuestra problemática social estaría en modificar nuestro esquema de vida agonístico y transformarlo progresivamente en un estilo de vida hedónico, o por lo menos introducir en el esquema agonístico el elemento fundamental, capaz de disminuir la tensión interhumana: el contacto, la caricia, la función lúcida de brindar continente al otro.


Esta mudanza no puede ser sólo ideológica, se trataría de activar los núcleos innatos, biológicos, instintivos y emocionales del contacto corporal.
La transformación social, vista desde Biodanza, comprendería por una parte en la activación hipotalámica de las vivencias de contacto y afectividad y, por otra, la demolición de los tabúes sexuales, políticos, religiosos y psiquiátricos.
La demolición de los tabúes sexuales comenzó con Freud, quien tomó fuerza en las concepciones de Wilhelm Reich y se ha expandido a través de pensadores contemporáneos, tales como Aldous Huxley, Bertrand Russell, Herbert Marcuse, Michel Foucault, Ronald Laing, Carl Rogers y escritores como D. H. Lawrence, Henry Miller, Allen Ginsberg, Violette Ledouc, Jean Gennet. Es curioso que los sexólogos hayan aportado muy poco a la caída de los tabúes sexuales.
Si bien el proceso de demolición de los tabúes sexuales recién se inicia, la erosión de las ideologías políticas es también un hecho histórico que puede ser detectado sociológicamente.
El desencanto de los ideales de mudanza social, a través de la política, es un proceso en expansión. Son pocas las personas inteligentes e informadas que actualmente se tragan las consignas del totalitarismo o de las llamadas democracias burguesas. La revolución fascista mostró su cara ante los hornos crematorios instaurados por Hitler.
En varios países de América y Africa, delincuentes institucionalizados gobiernan los pueblos con manos ensangrentadas. En la actualidad, ninguna persona íntegra simpatiza con el terrorismo institucionalizado. El totalitarismo ha mostrado también su rostro siniestro en la burocracia asesina de Stalin y en la violencia ejercida contra el pensamiento creador. Las democracias han mostrado su cara en Viet Nam y en la explotación, abierta o disimulada, de los países dependientes. En nuestra concepción, nos negamos a ver diferencia sustancial entre estos tres grandes sistemas.
Nuestra propuesta consiste en empezar de nuevo, con honradez y activando nuestros potenciales innatos de vinculación hominizante. Empezar de nuevo, curando nuestra propia y estúpida malignidad, aprendiendo las lecciones de la historia.


Análisis de la Patología de Nuestra Civilización

Por primera vez en la historia, los hombres tienen conciencia de vivir dentro de una cultura enferma.


La antropología médica sostiene que las enfermedades del individuo no son sino la expresión de una profunda enfermedad social. Holliday desarrolla la tesis de una medicina para la sociedad enferma y Arthur Jores, en “La Crisis de la Medicina Actual”, plantea la existencia de “enfermedades de civilización”.
Representa una tarea por realizar, el estudio etiológico de las enfermedades de la civilización occidental.
¿Qué habría sucedido si en lugar de desarrollar la Línea de Parménides, el Occidente hubiera seguido la línea de Heráclito?
¿Cuál sería el destino de la Psicología actual, si los pensadores en lugar de desarrollar la línea conductista de Wundt y el pensamiento psicoanalítico de Freud, hubiera seguido los desarrollos de Dilthey, poniendo su centro de atención en la vivencia, o hubiese orientado su evolución a partir del pensamiento de integración de Von Bergman?
Son preguntas que nos hacen pensar en el fuerte determinismo histórico que permite la estabilización de ciertas líneas culturales y de ciertos valores, a expensas de importantes “pensamientos – fuerzas” que se extinguen frente a la arrolladora inercia cultural.

CUATRO VERTIENTES CULTURALES

Nuestra cultura se ha nutrido de 4 grandes vertientes que han aportado sus valores, sus glorias y equivocaciones:


La vertiente Oriental

Aporta los valores antivida:


“La vida es una ilusión y sus formas no son sino los infinitos velos de Maya. (...) Los deseos y emociones son la fuente de todo sufrimiento y hay que amortecer las sensaciones corporales.”
Este pensamiento niega el valor divino de la vida real y está ciego para percibir el sentido cósmico y creador de la existencia.


La vertiente Judeo – Cristiana

Logró producir, durante siglos, la castración de los instintos. La violencia del Antiguo Testamento, la intolerancia de esta línea cultural frente a la posibilidad de placer y del goce, logró desenvolver magnos programas de frustración humana.


Podríamos simbolizar esta rigidez en la figura de Abraham. La amenaza de un Dios terrible se cernía sobre los pueblos que pudieran desplegar la belleza del instinto. La carga de culpabilidad fue transmitida a través de los siglos.

La Vertiente Griega

Con la separación cuerpo – alma, contribuyó a reforzar la catástrofe antropológica desencadenada por las dos anteriores líneas culturales. La aparición del idealismo platónico generó su opuesto: el materialismo. La disociación entre el espíritu y la materia adquirió forma operatoria. La prioridad del mundo de las ideas llegó a su expresión paradigmática en el “Cogit, ergo sum”, de Descartes.



Vertiente Romana

La aparición del poder absoluto y la separación entre señores y esclavos, culminó en el Estado Romano. Julio Cesar es el símbolo de la visión imperialista y avasalladora que, a través de los siglos, culminaría en el nazismo de Hitler. Por supuesto, el modelo de imperio de origen divino se dio, con siglos de anterioridad, en Oriente; pero fue en el Foro Romano donde se estructuró el “Derecho” que, hasta nuestros días, se enseña en las escuelas de jurisprudencia.


La extraordinaria estabilidad de la patología de la cultura, se explica porque cada uno de los sistemas señalados se retroalimentan unos a otros. Un análisis historiosófico, demuestra que la línea oriental no sólo niega el valor de la vida como proceso de creación actual, que encuentra su sentido en sí misma, sino que participan también de las patologías de las otras tres vertientes culturales:


  • Represión sexual,

  • División cuerpo – alma,

  • Omnipotencia y discriminación humana.

La represión de los impulsos de la línea judeocristiana, a semejanza de la concepción oriental, propone el renunciamiento al “placer terrenal”. El Karma hindú tiene, filosóficamente, una equivalencia al cielo e infierno judeocristiano. En ambas concepciones, la vida es un pasaje hacia una existencia futura; ambas separan cuerpo y alma, han estado siempre dominadas por una concepción totalitaria y al servicio de las clases dominantes. La represión de la sexualidad se utiliza para mantener el control de los pueblos y acrecentar el poder.


Regímenes totalitarios fomentan la disociación afectivo – práxica, mediante lavados de cerebro colectivos.

Se produce, así, una ultraestabilidad de los valores culturales recíprocamente retroalimentados: un “1homeostato cultural” que integra a las instituciones y las pone al servicio de la conservación de la patología histórica.


1 Homeostato: mecanismo de retroalimentación que permite alcanzar y mantener un estado de equilibrio.

Reflexión sobre los valores antivida aportados por las cuatro vertientes culturales desde nuestro punto de vista


  1. Oriental:

Aportó mucha sabiduría y arte. Entre todo su bagaje de valores, está la afirmación de Buda: “la vida es una ilusión generada por los infinitos velos de Maya. A través de miles de Karmas irá alcanzándose la perfección”.
Rechazamos esta afirmación, el valor sagrado de la vida tiene sentido en la vida misma. Rechazamos la filosofía de amortecer los sentidos, los deseos, de no buscar el placer; la afirmación de que las emociones son la fuente de todo sufrimiento.
Las personas han mudado su percepción de temporalidad: no importa no vivir ahora, sino en un futuro karma, reencarnación o paraíso. La vida es “aquí – ahora”, no un instrumento para alcanzar otra vida. Valorizamos la vida con su valor intrínseco, con su don divino.


  1. Judeo Cristiana:

De esta vertiente proviene la castración de la humanidad y la represión sexual, la tiranía sobre la sexualidad de las personas de un dios terrible, que castiga a los que se entregan a los placeres de la sexualidad.
La figura de Abraham tiene una patología tan evidente que, por satisfacer la divinidad castradora, era capaz de sacrificar a su hijo. Los castigos del infierno están cuidadosamente descritos.
Machismo y feminismo provienen de esta ideología religiosa.


  1. Cultura Griega:

Da origen a la más grande catástrofe antropológica que cristaliza con Platón: separación cuerpo–alma que genera el idealismo platónico y su contrapartida: el materialismo. La separación cuerpo–alma tiene, como consecuencia, las enfermedades psicosomáticas y genera la hipocresía.
Los seres humanos son una totalidad. El idealismo niega a las personas sus deseos, sus emociones, su animalidad.


  1. Cultura Romana:

La idea que puede existir el jefe de origen divino y esclavos, que se puede dominar los pueblos y crear grandes imperios proviene de Roma. Adquirió el imperialismo una legislación que, desde hace 2000 años, es estudiada por los abogados.
Es la base de las leyes: leyes del imperialismo y poder. Leyes de Cesar, Calígula y Nerón.
¿Cómo es posible que se haya conservado esta miasma?. ¿Cómo es posible que se haya mantenido esta patología?
Ha podido mantenerse porque existe un mecanismo homeostático de la cultura, en que una patología se retroalimenta con la otra.
Los pensadores de la India, estuvieron siempre de parte del poder de los maharajás. La religión judeocristiana estuvo siempre al servicio de los reyes, de los poderosos; nunca de parte del pueblo. Portugueses, españoles, franceses, ingleses, han tomado este modelo y lo han reformulado, adaptándolo a las propias exigencias.

Representación esquemática del Homeostato Cultural, construido por componentes de estas cuatro vertientes:

Componente oriental Componente griego

La vida es una ilusión” Separación Cuerpo-Alma



(Desprecio por la vida)


Homeostato

Cultural


Componente judeo-cristiano Componente romano

Castración y represión Imperialismo

Discriminación social

Esquemas comparativos entre la Cultura Occidental y una Nueva Civilización



  1. Cultura Occidental:


Línea Oriental

(A)

Línea Judeo Cristiana Cultura Línea Romana

(B) Occidental (C)


Línea Griega

(D)

  1. - La vida es una ilusión - Buda. Infinitos velos de Maya.

Patología: desvalorización esencial de la vida (cultura anti – vida)
B. - El sexo es pecado - Abraham.

Patología: represión sexual (cultura anti – amor)


C. - Poder absoluto, imperialismo - Cesar.

Patología: injusticia social y discriminación (cultura de la explotación)


D. - Separación cuerpo–alma - Platón.

Patología; disociación cuerpo – alma (cultura idealista o materialista)



2. Nueva Civilización:

Línea de Reverencia Línea de Integración

por la vida Ontocosmológica

(A) Cuerpo - Alma

(B)



Nueva Civilización

Línea de Libertad Línea de la Justicia

Sexual Social



(C) (D)

A. - La vida “aquí – ahora” posee una valor intrínseco. La existencia tiene la cualidad de realidad esencial. La vida es la expresión máxima del sentido del universo (Alberto Schweitzer).


B. - Cuerpo y alma, materia y energía, son dos aspectos de una sola realidad. El ser humano es una unidad integrada al cosmos. Unidad del hombre, de la vida y del universo son correlativas (Albert Einstein, Teilhard de Chardin).
C. - La sexualidad es un impulso natural y saludable al que todos deben tener acceso. Su objetivo inmediato es el placer y el encanto de la voluptuosidad. El sexo permite el flujo genético de la vida. Cada persona tiene derecho a expresar sus propios padrones de respuesta sexual, sean hétero, homo o bisexuales (Wilhelm Reich, D. H. Lawrence, Bertrand Russell, Oscar Wilde, Carl Rogers, Master y Johnson).
D. - El amor comunitario es el fundamento de la conciencia comunitaria. Justicia y libertad en gobiernos democráticos, sin explotación (Roger Garaudy, Paulo Freire, Mariscal Tito, Salvador Allende).

La estrategia de Biodanza consiste en individualizar los pensadores orientados hacia una visión integradora del hombre y hacia el respeto por la vida.


Como contrapartida de Abraham, Calígula, Buda, Platón encontramos entre otros a:


  • Albert Schweitzer y Teresa de Calcuta, quienes han sostenido la reverencia por la vida,

  • Sigmund Freud y Wilhelm Reich, quienes han denunciado que la patología cultural produce neurosis. Reich fue expulsado de la Asociación Psicoanalítica y del Partido Comunista,

  • C. Darwin, quien reconoció nuestra conexión con el animal. Darwin fue considerado el hazme reír de su época,

  • Roger Garaudy, quien propuso “danzar la vida”.





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