El Gaucho Martín Fierro, seguido de La Vuelta de Martín Fierro



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855

Martín Fierro y sus dos hijos,

entre tanta concurrencia,

siguieron con alegría

celebrando aquella fiesta.

Diez años, los más terribles,

había durao la ausencia

y al hallarse nuevamente

su alegría era completa.

En ese mesmo momento,

uno que vino de afuera

a tomar parte con ellos

suplicó que lo almitieran.

Era un mozo forastero

de muy regular presencia

y hacía poco que en el pago

andaba dando sus güeltas.

Asiguraban algunos

que venía de la frontera,

que había pelao a un pulpero

en las últimas carreras,

pero andaba despilchao,

no traia una prenda buena;

un recadito cantor

daba fe de sus pobrezas.

Le pidió la bendición

al que causaba la fiesta

y, sin decirles su nombre,

les declaró con franqueza

que el nombre de Picardía

es el único que lleva.

Y para contar su historia

a todos pidió licencia,

diciendolés que en seguida

iban a saber quién era.

Tomó al punto la guitarra,

la gente se puso atenta

y ansí cantó Picardía

en cuanto templó las cuerdas.
XXI
PICARDÍA

856

Voy a contarles mi historia,

perdonenmé tanta charla.

Y les diré al principiarla,

aunque es triste hacerlo ansí:

a mi madre la perdí

antes de saber llorarla.



857

Me quedé en el desamparo

y al hombre que me dió el ser

no lo pude conocer.

Ansí, pues, dende chiquito

volé como el pajarito

en busca de qué comer.
858

O por causa del servicio

que a tanta gente destierra,

o por causa de la guerra

que es causa bastante seria,

los hijos de la miseria

son muchos en esta tierra.
859

Ansí, por ella empujado,

no sé las cosas que haría…

Y, aunque con vergüenza mía,

debo hacer esta alvertencia:

siendo mi madre lnocencia,

me llamaban Picardía.

860

Me llevó a su lado un hombre

para cuidar las ovejas,

pero todo el día eran quejas

y guascazos a lo loco.

Y no me daba tampoco

siquiera unas jergas viejas.
861

Dende la alba hasta la noche

en el campo me tenía.

Cordero que se moría

-mil veces me sucedió-

los caranchos lo comían,

pero lo pagaba yo.
862

De trato tan rigoroso

muy pronto me acobardé.

El bonete me apreté

buscando mejores fines

y con unos volantines

me fuí para Santa Fe.
863

El pruebista principal

a enseñarme me tomó

y ya iba aprendiendo yo

a bailar en la maroma,

mas me hicieron una broma

y aquello me indijustó.
864

Una vez que iba bailando,

porque estaba el calzón roto

armaron tanto alboroto

que me hicieron perder pie.

De la cuerda me largué

y casi me descogoto.
865

Ansí me encontré de nuevo

sin saber dónde meterme.

Y ya pensaba volverme

cuando, por fortuna mía,

me salieron unas tías

que quisieron recogerme.




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