El Gaucho Martín Fierro, seguido de La Vuelta de Martín Fierro



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1

Por eso el "Martín Fierro" es contrahegemónico. Por eso Hernández, pese a los elementos liberales en sus ideas, pudo concebir a la Argentina como una simple provincia, de la Patria Grande históricamente demarcada por quienes comparten raíces y desposesión. Lejos de quedarse en tibia denuncia de síntomas, queja al opresor, filtro inofensivizante que escolarice sin agitar, o épica arquetípica de un esquizoide cowboy del oprimido, el "Martín Fierro" es instrumental para construir aquella semoviencia educada en valorar a las personas individuales, que podría llegar a detener y revertir la prolongación de la cadena trófica homínida sobre sí misma, en bucle intraespecífico. O sea la conciencia de lo impermisible en poseer de más, cuando otros poseen de menos y la presión educativo-mediática - donde no llueven bombas - los incapacita conativa y a menudo físicamente (vía hambre, adicciones, medicalización de la infancia…) para efectuar su aporte al sentido de la vida en el tiempo; esa conciencia de que los medios de cambio no tienen dinámica propia sino los mueven sus propietarios, los generadores del doble pensamiento y la neolengua que Hernández tan bien ejemplifica antes de Orwell (y a escala grupal se tornan manipulación mediática), de modo que la dinámica del capital es dinámica libidinal; la conciencia, en suma, de que



Aunque es justo que quien vende

algún poquitito muerda,

/ cada lechón en su teta

es el modo de mamar.

Eso, y tantos significantes más de la comunicación política que el poema aporta sin conceptuarlos en modo técnico, se universaliza al advertirlo bucle trófico. Sin universalizar sus localismos: querría reírme imaginando la maestra de primaria en algún barrio de cuyo nombre no quiero acordarme, de guardapolvo sobre armadura y magisterio para "ascenso" social, completando ante la turbulencia foucaultizada el paradigma "… que vosotros yaguanáseis o yaguanárais…". Pero no, no me atosiguéis, más que reirse sería 'e llorar, otra oportunidad perdida en nuestra realidad, que (¿ya lo dije?) es brutal con los pobres porque los mata de hambre y de exclusión. Los chicos perderán de vista el porqué si los dejamos enzarzarse en superfluas dificultades de lectura. Antes prefiero ensayar establecer la nueva puntuación que facilite entender el "Martín Fierro", y de paso dejar de reverenciar las desortografías del genial Hernández. Por "motivos de necesidad y urgencia", que le dicen…



Buenos Aires, junio de 1995.



Carta del autor a su editor, don José Zoilo Miguens

Querido amigo:

Al fin me he decidido a que mi pobre "Martín Fierro", que me ha ayudado algunos momentos a alejar al fastidio de la vida del hotel, salga a conocer el mundo, y allá va acogido al amparo de su nombre.

No le niegue su protección, Vd. que conoce bien todos los abusos y todas las desgracias de que es víctima esa clase desheredada de nuestro país. Es un pobre gaucho, con todas las imperfecciones de forma que el arte tiene todavía entre ellos, y con toda la falta de enlace en sus ideas, en las que no existe siempre una sucesión lógica, descubriéndose frecuentemente entre ellas apenas una relación oculta y remota.

Me he esforzado, sin presumir haberlo conseguido, en presentar un tipo que personificara el carácter de nuestros gauchos, concentrando el modo de ser, de sentir, de pensar y de expresarse, que les es peculiar, dotándolo con todos los juegos de su imaginación llena de imágenes y de colorido, con todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen, y con todos los impulsos y arrebatos, hijos de una naturaleza que la educación no ha pulido y suavizado.

Cuantos conozcan con propiedad el original podrán juzgar si hay o no semejanza en la copia.

Quizá la empresa habría sido para mí más fácil, y de mejor éxito, si sólo me hubiera propuesto hacer reír a costa de su ignorancia, como se halla autorizado por el uso en este género de composiciones; pero mi objeto ha sido dibujar a grandes rasgos, aunque fielmente, sus costumbres, sus trabajos, sus hábitos de vida, su índole, sus vicios y sus virtudes; ese conjunto que constituye el cuadro de su fisonomía moral, y los accidentes de su existencia llena de peligros, de inquietudes, de inseguridad, de aventuras y de agitaciones constantes.

Y he deseado todo esto, empeñándome en imitar ese estilo abundante en metáforas, que el gaucho usa sin conocer y sin valorar, y su empleo constante de comparaciones tan extrañas como frecuentes; en copiar sus reflexiones con el sello de la originalidad que las distingue y el tinte sombrío de que jamás carecen, revelándose en ellas esa especie de filosofía propia que, sin estudiar, aprende en la misma naturaleza, en respetar la superstición y sus preocupaciones, nacidas y fomentadas por su misma ignorancia; en dibujar el orden de sus impresiones y de sus afectos, que él encubre y disimula estudiosamente, sus desencantos, producidos por su misma condición social, y esa indolencia que le es habitual, hasta llegar a constituir una de las condiciones de su espíritu; en retratar, en fin, lo más fielmente que me fuera posible, con todas sus especialidades propias, ese tipo original de nuestras pampas, tan poco conocido por lo mismo que es difícil estudiarlo, tan erróneamente juzgado muchas veces, y que, al paso que avanzan las conquistas de la civilización, va perdiéndose casi por completo.



Tapa y carátula, princeps

Sin duda que todo esto ha sido demasiado desear para tan pocas páginas, pero no se me puede hacer un cargo por el deseo sino por no haberlo conseguido.

Una palabra más, destinada a disculpar sus defectos. Páselos Vd. por alto, porque quizá no lo sean todos los que, a primera vista, puedan parecerlo, pues no pocos se encuentran allí como copia o imitación de los que lo son realmente. Por lo demás, espero, mi amigo, que Vd. lo juzgará con benignidad, siquiera sea porque Martín Fierro no va de la ciudad a referir a sus compañeros lo que ha visto y admirado en un 25 de Mayo u otra función semejante, referencias algunas de las cuales, como en Fausto y varias otras, son de mucho mérito ciertamente, sino que cuenta sus trabajos, sus desgracias, los azares de su vida de gaucho, y Vd. no desconoce que el asunto es más difícil de lo que muchos se lo imaginarán.

Y con lo dicho basta para preámbulo, pues ni Martín Fierro exige más, ni Vd. gusta mucho de ellos, ni son de la predilección del público, ni se avienen con el carácter de

Su verdadero amigo

José Hernández

Buenos Aires, diciembre de 1872.


El gaucho Martín Fierro

(1872)


I

1

Aquí me pongo a cantar

al compás de la vigüela,

que el hombre que lo desvela

una pena estrordinaria,

como la ave solitaria

con el cantar se consuela.
2

Pido a los santos del cielo

que ayuden mi pensamiento.

Les pido, en este momento

que voy a cantar mi historia,

me refresquen la memoria

y aclaren mi entendimiento.
3

Vengan santos milagrosos,

vengan todos en mi ayuda,

que la lengua se me añuda

y se me turba la vista.

Pido a mi Dios que me asista

en una ocasión tan ruda.

4

Yo he visto muchos cantores,

con famas bien otenidas

y que después de alquiridas

no las quieren sustentar.

Parece que sin largar

se cansaron en partidas.
5

Mas ande otro criollo pasa

Martín Fierro ha de pasar.

Nada lo hace recular

ni los fantasmas lo espantan

y dende que todos cantan

yo también quiero cantar.
6

Cantando me he de morir,

cantando me han de enterrar,

y cantando he de llegar

al pie del Eterno Padre.

Dende el vientre de mi madre

vine a este mundo a cantar.


7

Que no se trabe mi lengua

ni me falte la palabra;

el cantar mi gloria labra

y, poniéndome a cantar,

cantando me han de encontrar

aunque la tierra se abra.
8

Me siento en el plan de un bajo

a cantar un argumento;

como si soplara el viento

hago tiritar los pastos.

Con oros, copas y bastos

juega allí mi pensamiento.
9

Yo no soy cantor letrao,

mas si me pongo a cantar

no tengo cuándo acabar

y me envejezco cantando.

Las coplas me van brotando,

como agua de manantial.
10

Con la guitarra en la mano

ni las moscas se me arriman.

Naides me pone el pie encima

y, cuando el pecho se entona,

hago gemir a la prima

y llorar a la bordona.
11

Yo soy toro en mi rodeo

y torazo en rodeo ajeno.

Siempre me tuve por güeno

y, si me quieren probar,

salgan otros a cantar

y veremos quien es menos.
12

No me hago al lao de la güeya

aunque vengan degollando;

con los blandos yo soy blando

y soy duro con los duros.

Y ninguno en un apuro

me ha visto andar tutubiando.

13

En el peligro ¡qué Cristos!

el corazón se me enancha,

pues toda la tierra es cancha,

y de esto naides se asombre:

el que se tiene por hombre

ande quiera hace pata ancha.
14

Soy gaucho, y entiendaló

como mi lengua lo esplica:

para mí la tierra es chica

y pudiera ser mayor;

ni la víbora me pica

ni quema mi frente el sol.
15

Nací como nace el peje

en el fondo de la mar;

naides me puede quitar

aquéllo que Dios me dio:

lo que al mundo truje yo

del mundo lo he de llevar.
16

Mi gloria es vivir tan libre

como el pájaro del cielo;

no hago nido en este suelo

ande hay tanto que sufrir,

y naides me ha de seguir

cuando yo remuento el vuelo.
17

Yo no tengo en el amor

quien me venga con querellas.

Como esas aves tan bellas,

que saltan de rama en rama,

yo hago en el trébol mi cama

y me cubren las estrellas.
18

Y sepan cuantos escuchan

de mis penas el relato,

que nunca peleo ni mato

sino por necesidá

y que a tanta alversidá

sólo me arrojó el mal trato.
19

Y atiendan la relación

que hace un gaucho perseguido,

que padre y marido ha sido

empeñoso y diligente,

y sin embargo la gente

lo tiene por un bandido.




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