El Experimento de la Intención



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Capítulo 7


El momento adecuado

En el campus de la Universidad Laurentian, en Canadá, el sótano de Michael Persinger era conocido como la Cámara del Cielo y el Infierno. La sala C002B, una cabina de sonido en desuso, era una reli­quia de la década de los setenta del siglo pasado, con sus accesorios ori­ginales intactos: enormes altavoces de nailon, gruesa alfombra naranja y un único mueble -un manchado sillón de poliéster Más de 2000 personas se habían sentado a oscuras en ese sillón con un casco modi­ficado de motocicleta en la cabeza, para, durante la media hora siguien­te, ponerse en manos de los científicos que se encontraban detrás de la cabina de vidrio. El neurocientífico Persinger era el dios de la sala C002B. Se había convertido en un experto en la manipulación de las ondas cerebrales para obtener una experiencia divina, o, como él solía llamarla, «una presencia presentida». Tecleando unas sencillas órdenes en su ordenador, Persinger hacía que el casco emitiera campos magné­ticos de baja intensidad que atravesaban los lóbulos temporales de sus voluntarios, y alternaba repentinamente los lados del cerebro para real­zar la naturaleza trascendente y ocasionalmente aterradora de la expe­riencia.1



La. gente que se había sentado en el sillón reclinable de poliéster había visto a Jesús, a la Virgen María, a Mahoma, a monjes encapu­chados, a caballeros de brillante armadura y a una divinidad de los indios americanos, el Espíritu del Cielo. Se habían producido expe­riencias fuera del cuerpo y experiencias cercanas a la muerte. Un perio­dista había revivido el momento más trascendental de su vida -aquel en que vio por primera vez los perfectos pechos de su novia de la escue­la secundaria—.

No todos los visitantes encontraron a Dios. Hubo gente que vio a seres extraterrestres o presenció un ritual satánico. Un voluntario, ate­rrado por la visión de un enorme par de ojos y el olor a azufre, intentó quitarse el casco y arrancarse la venda de los ojos y los tapones de los oídos. Apenas se le abrió la puerta de 250 kilos de peso, salió huyendo de la sala, muerto de miedo.

La naturaleza de la experiencia, dependía —según explicaron Persinger y sus ayudantes— de una drada fisiológica de dados: la sensi­bilidad de la amígdala izquierda del cerebro en comparación con su homóloga del lado derecho. Si la amígdala izquierda es más sensible y envías ondas magnéticas que la atraviesen, el resultado será el cielo. Si has tenido la mala suerte de haber nacido con una amígdala derecha más sensible, el resultado será el infierno.2

Persinger tenía una pasión muy peculiar: las influencias sutiles de la geología y de la meteorología sobre la biología humana, especial­mente sobre los circuitos eléctricos del cerebro. Originario del sur de los Estados Unidos, había viajado hacia el norte en la década de los sesenta para evitar ser reclutado para la guerra de Vietnam —una gue­rra a la que se oponía moralmentey luego se quedó en Canadá desj pués de recibir una cátedra en Laurentian en 1971. Cuarenta años más tarde, con sus impecables trajes con chaleco, su reloj de bolsillo con cadena de oro y sus buenos modales, ya no parecía alguien que había evadido el servicio militar. Pero tras ese aspecto conservador se es­condía una gran curiosidad que lo había llevado a investigar temas muy exóticos —los ritmos de los sistemas biológicos, la volátil energía del espacio exterior, la naturaleza de la epilepsia, el origen de las visio­nes místicas—, campos de estudio muy dispares que finalmente habían convergido en su mente después de una extraordinaria epifanía. Persinger descubrió que los seres vivos no sólo están en sintonía unos con otros, sino también con la Tierra y sus constantemente cambian­tes energías magnéticas. Esta extraordinaria revelación, basada en los descubrimientos de Franz Halberg, me convenció de que una sincro­nización cuidadosa con estas energías puede ser vital para la eficacia de la intención.

En 1948, a Franz Halberg, un joven estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, originario de Austria y que estaba en el país con un visado temporal, se le asignó una tarea impo­sible: ayudar a encontrar la cura para todas las enfermedades.3 En esa época, se suponía que la cura estaba relacionada con las hormonas cor­ticales secretadas por las glándulas suprarrenales, las cuales posibilitan que el cuerpo se adapte a las tensiones de la vida normal. La búsqueda estaba en marcha para hallar sustitutos razonables para el escaso sumi­nistro de esteroides por parte del cuerpo.

Se eligió a Halberg para estudiar a ratones cuyas glándulas supra­rrenales habían sido extraídas y a los que se había inyectado adrenali­na con objeto de observar el efecto sobre un tipo de glóbulos blancos llamados eosinófilos. En circunstancias normales, la adrenalina desen­cadena un aumento de la secreción de esteroides naturales, lo que a su vez disminuye el recuento de eosinófilos. Sin embargo, en los anima­les y en los humanos sin glándulas suprarrenales, el recuento perma­nece estático. Pero el recuento en los ratones de Halberg parecía seguir fluctuando, incluso después de haberles extraído todo el tejido supra­rrenal. Más adelante, después de haberse trasladado a la Universidad de Minnesota, continuó con sus experimentos, esta vez con un suministro casi ilimitado de ratones experimentales, y llegó a las mismas conclu­siones. Incluso cuando los manipulaba con menos frecuencia, algo que debería haber reducido el estrés de las pequeñas criaturas, seguía notan­do variaciones en el recuento.

Halberg no podía entender esta fluctuación. Hasta que de repen­te reconoció un patrón recurrente: los recuentos de eosinófilos eran siempre más altos por la mañana y más bajos por la noche. La varia­ción subía y bajaba de acuerdo con un predecible ciclo de 24 horas. Halberg estudió otros procesos biológicos, y descubrió que muchos parecen seguir el ritmo de un reloj interno. Todos los seres vivos siguen el mismo ritmo de 24 horas, en tándem con la rotación de la Tierra. Halberg acuñó el término «cronobiología» —la influencia del tiempo y de ciertos ciclos periódicos sobre la función biológica— y «circadiano» (del latín circa = alrededor y dies =día) para los ritmos bioló­gicos diarios. Creó los Laboratorios de Cronobiología de la Univer­sidad de Minnesota, y pasó a ser conocido como el padre de la crono­biología. La cronobiología, como su laboratorio comenzó a descubrir, es una característica integral de los organismos, no simplemente algo aprendido o adquirido —una propiedad intrínseca de la vida.

Además de los ritmos circadianos, Halberg también descubrió que los seres vivos siguen muchos ritmos periódicos: ciclos de media semana, semanales, mensuales y anuales que gobiernan prácticamente todas las funciones biológicas. El pulso y la presión sanguínea, la tem­peratura del cuerpo y la coagulación de la sangre, la circulación de los linfocitos, los ciclos hormonales y otras funciones corporales, todos parecen moverse de acuerdo con algún horario básico y recurrente. Estos ritmos no son exclusivos de los humanos, sino que están pre­sentes en toda la naturaleza, y son evidentes en los fósiles de organis­mos unicelulares que existieron hace millones de años.

Inicialmente, Halberg creyó que el interruptor central que contro­laba estos ritmos estaba situado en ciertas células del cerebro o en las glándulas suprarrenales. Sin embargo, determinados ciclos continuaban incluso después de que hubiese extraído las glándulas suprarrenales o incluso el propio cerebro. Halberg ya tenía más de ochenta años cuan­do realizó su revolucionario descubrimiento final: el sincronizador que existe en todos los seres vivos no es interno, sino que reside en los planetas —especialmente en el sol—.4

El sol es una estrella furiosa. Esta gigantesca bola de gases, con una temperatura de superficie de alrededor de 6000 grados Celsius, está rodeada de fuertes campos magnéticos en la atmósfera solar —una rece­ta para explosiones periódicas cada vez que se acumulan los gases y los campos magnéticos alcanzan su superficie-. Aunque el espacio entre el sol y la Tierra solía ser considerado un vacío en el que no sucede nada, hoy se sabe que el «clima espacial» es tan extremo y tiene una turbu­lencia tan inimaginable que, si fuera transferido a la Tierra, la haría explotar en un instante. El viento solar, formado por continuas ráfa­gas de gas electrificado, domina este entorno interplanetario, sobrevo­lando la Tierra a velocidades de tres millones de kilómetros por hora. Aunque el campo magnético de la Tierra generalmente lo desvía, este viento puede penetrar nuestro campo magnético durante los períodos de intensa actividad solar.

Las manchas solares —vórtices de campos magnéticos concentra­dos que podemos ver como puntos oscuros sobre la superficie del sol comienzan a acumularse y luego a desvanecerse siguiendo ciclos bas­tante regulares, de modo que los científicos pueden hacer algunas pre­dicciones sobre cuándo es más probable que se produzca una erupción solar. El ciclo solar suele tener una duración de once años. El com­portamiento agresivo del sol aumenta a medida que se acumulan las manchas solares. De repente, se produce una erupción solar, una explo­sión de gases con la energía de 40 000 millones de bombas atómicas, causada probablemente por el desgarro y la reconexión de fuertes cam­pos magnéticos. Balas electrificadas compuestas por los protones de alta energía de los núcleos de los gases son recogidas por los vientos solares y arrojadas hacia la Tierra a velocidades de más de ocho millo­nes de kilómetros por hora, inundando nuestra atmósfera de radiación e ionización. Periódicamente, el sol también genera una eyección de corona solar, una bola de gas y campos magnéticos de hasta un millón de toneladas, que también se dirige hacia la Tierra a velocidades de varios millones de kilómetros por hora, causando gigantescas tormen­tas geomagnéticas en el espacio.

Hace mucho que los científicos han descubierto que la Tierra es de hecho un enorme imán con dos polos —norte y sur— rodeado por un campo magnético que está siempre en movimiento. Este campo rodea la Tierra como a un donut en una región del espacio llamada la «magnetosfera», y es mantenido en su sitio por el viento solar, con una fuerza de alrededor de 0,5 gauss o 50 000 nanoteslas —unas mil veces más débil que la de un típico imán—.

Los campos geomagnéticos (CGM) varían dependiendo del lugar y el momento. Cualquier cambio en nuestro sistema solar (la actividad del sol, el movimiento de los planetas, la oscilación diaria de la Tierra en su rotación) o los cambios geológicos de nuestro planeta (la pre­sencia de aguas subterráneas o el movimiento del núcleo de la Tierra) pueden alterar diariamente la fuerza del campo geomagnético de la Tierra. Las tormentas espaciales transfieren una parte de la energía del viento solar a la magnetosfera de la Tierra, produciendo grandes fluc­tuaciones en la dirección y velocidad de las partículas de su campo magnético. La Administración Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA, según sus siglas en inglés), que sigue la trayectoria de estos volátiles patrones climáticos, calcula que a lo largo de cualquier ciclo solar se producirán tormentas geomagnéticas espaciales una tercera parte de las veces, y casi la mitad de ellas serán lo suficientemente intensas como para interferir con la tecnología moderna. Las tormen­tas de esta magnitud (G5, máximo nivel de intensidad en la escala de la NOAA) pueden afectar al suministro eléctrico y a los sistemas de co­municación de alta tecnología, y desorientar a las naves espaciales y a los sistemas de navegación por satélite. En marzo de 1989, una de estas tormentas dejó a seis millones de personas en Montreal sin suministro eléctrico durante nueve horas.

En la época en que Halberg realizó sus descubrimientos, se sabía que las tormentas geomagnédcas tenían un profundo efecto en los des­plazamientos y la orientación de animales como las palomas y los del­fines, que usan el campo geomagnético de la Tierra para guiarse. Los biólogos dieron por sentado que el débil campo magnético de la Tierra no afectaba fundamentalmente a los procesos biológicos básicos, sobre todo teniendo en cuenta que los seres vivos son expuestos diariamen­te a campos electromagnéticos y magnéticos más poderosos que son generados por la tecnología moderna. Pero el gobierno soviético, cuan­do investigaba las implicaciones para la salud de los vuelos espaciales, descubrió pruebas de que los campos geomagnéticos naturales, en espe­cial los de frecuencias extremadamente bajas (menos de 100 hercios), ejercían un efecto pronunciado sobre prácticamente todos los procesos químicos y celulares de los seres vivos.

Cuando los científicos rusos del Instituto de Investigación Espa­cial de la Academia Rusa de las Ciencias estudiaron los efectos del clima espacial sobre los cosmonautas que eran enviados al espacio, des­cubrieron que la síntesis de la pro teína en las bacterias es altamente sus­ceptible a los cambios en los campos geomagnéticos, y que esta altera­ción de la síntesis de la proteína también afecta a los microorganismos humanos." Las alteraciones geomagnéticas afectan a la síntesis de los micronutrientes en las plantas; incluso las algas unicelulares responden a los cambios del ciclo solar.6 Las plantas y los microorganismos están tan sintonizados con estos cambios que los investigadores rusos los usaron como barómetros para detectar las alteraciones geomagnéticas.

Los científicos soviéticos también descubrieron que si los cosmo­nautas sufrían un paro cardíaco, era generalmente durante una tor­menta magnética." Las enfermedades en la Tierra también parecían ir en paralelo a la actividad geomagnética espacial; las tasas de mortali­dad y de enfermedad aumentaban en los días de tormenta geomagnética.9 Pero entre todos los sistemas corporales, el más afectado por los cambios de las condiciones geomagnéticas solares era el ritmo cardíaco.

Los científicos del Instituto de Investigación Espacial monitorizaron el ritmo cardíaco de voluntarios sanos a lo largo de un ciclo solar completo y lo cotejaron con las manchas solares y otras activi­dades geomagnéticas durante ese período. El ritmo cardíaco más salu­dable es el que tiene la mayor variación. En la investigación rusa el ritmo cardíaco con más variación se produjo durante los momentos de menor actividad solar,10 mientras que la variabilidad del ritmo cardíaco (VRC) disminuyó durante las tormentas magnéticas. Una alte­ración en la variabilidad del ritmo cardíaco afecta al sistema nervioso autónomo, el sistema corporal que funciona sin ninguna intervención consciente. Una VRC baja aumenta el riesgo de enfermedades corona­rias y de ataques al corazón. Durante las épocas de mayor actividad geomagnética, la viscosidad de la sangre también aumenta abrupta­mente, hasta incluso el doble, y el flujo sanguíneo se hace más lento.11 La repentina muerte cardiovascular también parece estar relacio­nada con la actividad solar geomagnética.12 Los índices de ataques al corazón aumentan o disminuyen de acuerdo con la actividad del ciclo solar:13 el mayor número de muertes debido a enfermedades cardíacas se produjo un día después de una tormenta geomagnética.14 El propio Halberg detectó un aumento del 5% en los ataques al corazón en Minnesota durante las épocas de mayor actividad solar.1'

No sorprende que los sistemas biológicos como los seres huma­nos sean sensibles a las señales externas, como las alteraciones geo­magnéticas. Los campos magnéticos son causados por el flujo de elec­trones y átomos con carga, conocidos como iones, y siempre que las fuerzas magnéticas cambian, alteran la dirección del flujo de estos áto­mos y partículas. Al final, como los organismos vivos también están compuestos de partículas como los electrones, cualquier cambio importante de la dirección magnética puede alterar significativamente sus procesos biológicos.

Cuando Halberg comprendió el efecto del campo geomagnético de la Tierra sobre los seres vivos, cambió el nombre a su trabajo y lo llamó «cronoastrobiología» -el efecto de los cuerpos astrales sobre los ritmos de la biología-. El sol era un gigantesco metrónomo que mar­caba el ritmo de todos los seres vivos.

Lo que más le interesaba a Persinger eran los efectos geomagnéticos sobre el cerebro. Los investigadores del bloque soviético habían descubierto que el clima espacial también podía afectar a los procesos neurológicos. Los científicos de la Academia Nacional de Ciencias de Azerbaiyán, en Bakú, usaron un dispositivo especial que les permitía monitorizar continuamente la actividad eléctrica del corazón y del cerebro en un pequeño número de voluntarios sanos, y comparar estos ritmos con los del campo geomagnético de la Tierra.

Descubrieron que la actividad geomagnética tiene una gran influencia sobre el funcionamiento cerebral. Las tormentas magnéticas afectaban a los resultados del EEG.16 Las turbulencias geomagnéticas también alteraban el equilibrio entre determinadas zonas del cerebro y la comunicación dentro del sistema nervioso, activando en exceso cier­tos aspectos del sistema nervioso autónomo y reduciendo otros.17

La actividad solar también afecta al equilibrio mental. Como des­cubrió Persinger, cuanto más inestable es el clima en el espado, mayor es el número de pacientes hospitalizados a causa de trastornos neniosos y de intentos de suicidio.18 Las alteraciones geomagnéticas también parecen estar relacionadas con el aumento de los trastornos psiquiátri­cos." Incluso las personas que ya padecen una enfermedad mental se ponen más nerviosas durante los días de tormentas magnéticas.

A Persinger le intrigó una posible relación entre las fluctuaciones geomagnéticas de la Tierra y el momento en que se producían los ata­ques epilépticos, sobre todo después de que su colega neurocientífico Todd Murphy, que había tenido epilepsia de lóbulo temporal en la infancia, le contara que a menudo tenía experiencias fuera del cuerpo durante los ataques. Existían datos que habían vinculado el aumento de la actividad geomagnética con el momento de los ataques epilépti­cos.20 ¿Podría un ataque epiléptico deberse a las alteraciones geomagné­ticas? Persinger decidió estudiar esta posibilidad en un animal. Inyectó litio-pilocarpina a un grupo ratones de laboratorio, una sustancia que causa algo parecido a un ataque epiléptico en los roedores, y comprobó el momento del inicio de los ataques una hora después de haber pro­ducido, mediante una simulación de laboratorio, un aumento de la actividad geomagnètica.2' Persinger dedujo a partir de estos datos que por encima de un cierto nivel de actividad geomagnédca, hay más posi­bilidades de que se desencadene un ataque epiléptico. Cada vez que la actividad geomagnètica sobrepasaba los 20 nanoteslas, los ataques eran más frecuentes.2"

Persinger luego descubrió una relación entre la muerte repentina —causada por la epilepsia o por el síndrome de muerte súbita del lac­tantey los niveles elevados de actividad geomagnètica.23 Las muertes repentinas y aparentemente inexplicables pueden tener después de todo una explicación racional: la gente de constitución más débil está a la merced de la incesante actividad del sol.

Los fuertes campos geomagnéticos también parecen afectar pro­fundamente al aprendizaje—a menudo de manera positiva— El aumen­to de la actividad geomagnètica mejora la memoria: los ratones expues­tos a campos geomagnéticos aprenden con más rapidez la manera de salir de un laberinto.24 Las grandes fluctuaciones de la actividad solar producen otros sutiles efectos en el comportamiento y el rendimiento humanos -por ejemplo, la capacidad para realizar una determinada tarea—.2' El psicólogo Dean Radin examinó una vez el efecto de los campos geomagnéticos sobre el juego de los bolos. Siguió el desem­peño de unos experimentados jugadores de bolos durante cierto perío­do y luego cotejó sus puntuaciones con los niveles de actividad geo­magnédca durante el mismo período. Las grandes fluctuaciones geomagnéticas el día antes de un partido parecían producir puntuaciones más irregulares de lo normal -una variación de un 41% en las pun­tuaciones de los jugadores, en comparación con puntuaciones más consistentes obtenidas durante los días de estabilidad geomagnètica-.26 Otras investigaciones habían demostrado que cuanto mayor era el cambio en el campo geomagnètico de la Tierra, mayor era el número de infracciones de tráfico y accidentes industriales.2^ El determinante más importante parecía ser el gran cambio en la actividad geomagnética, sea de la turbulencia a la calma o al revés.

Pese a ser periódicamente desestabilizadora, la exposición a los cambios diarios de la actividad geomagnética de la Tierra puede ser esencial para la vida en este planeta. El Laboratorio de las Influencias Terrestres del Sol de la Academia de Ciencias de Bulgaria, en Sofía, llevó a cabo experimentos biológicos a bordo de la estación espacial soviética Mir para examinar lo que les sucede a los cosmonautas que son privados del contacto con el campo geomagnético de la Tierra mientras están en el espacio. Los científicos construyeron un «vacío geomagnético», una cámara de descompresión de seis metros hecha de acero inoxidable que bloqueaba parcialmente el campo geomagnético natural de la Tierra. Siete hombres en buen estado de salud fueron encerrados en la cámara y sus procesos corporales, analizados. Después de permanecer en la cámara de descompresión, los hombres presenta­ron varios trastornos en la actividad de sus ondas cerebrales. El sueño era más agitado, con menos períodos de sueño profundo.28

El contacto con los campos geomagnéticos puede desempeñar un papel crucial a la hora de mantener el equilibrio del sistema nervioso. De hecho, las pequeñas fluctuaciones geomagnéticas de la Tierra tienen un profundo efecto sobre los dos principales motores del cuerpo: el corazón y el cerebro.

Más adelante, Persinger descubriría otras fuerzas geofísicas que afectan a los seres humanos. Los fenómenos electromagnéticos y geomagnéticos producidos por el movimiento de las placas terrestres, por los terremotos o por niveles de precipitación extraordinariamente ele­vados —incluso las «luminosidades» electromagnéticas, o luces en el cielopueden estimular ciertas zonas del cerebro que dan lugar a alu­cinaciones. Entre 1968 y 1971, más de 100 000 personas alegaron haber presenciado la aparición de la Virgen María flotando sobre una iglesia deZeitoun, en Egipto. Cuando Persinger examinó la actividad sísmica en la zona durante el mismo período, descubrió que había tenido lugar un aumento sin precedentes.29 A veces los efectos electromagnéticos eran producidos por el hombre. Una vez estudió a una mujer católica con trauma cerebral que alegaba que el Espíritu Santo la visitaba du­rante la noche. Al final, descubrió el origen del milagro: su discapaci­dad hacía que le afectase el despertador electrónico situado cerca de su cabeza mientras dormía.30

Persinger se preguntó si podría reproducir estos tipos de altera­ciones geomagnéticas en el laboratorio. Su colega Stan Koren conectó y modificó un casco de motocicleta (que a partir de entonces fue lla­mado el casco «Koren») para que pudiese emitir complejos campos magnéticos de muy baja frecuencia —aproximadamente la cantidad que emite el auricular de un teléfono-. Los participantes se colocarían el casco, y luego entrarían en la cámara acústica de la sala C002B, que había sido especialmente adaptada para bloquear el ruido electro­magnético. La activación del casco produciría lo que Persinger llama­ba «oscilaciones del lóbulo temporal», o algo parecido a una microconvulsión —pequeños episodios que producen alteraciones en la acti­vación de los patrones neuronales-. Esto produce prácticamente el mismo efecto sobre el cerebro que la exposición a un aumento de la actividad geomagnética.

Con el tiempo, Persinger comenzó a reconocer ciertos patrones. Las ondas cerebrales de sus participantes entraban en resonancia con los complejos campos magnéticos, y permanecían en sincronía duran­te hasta diez segundos después de que hubiese desconectado el casco.31 Después de muchas pruebas, descubrió que la zona del cerebro más susceptible a los efectos electromagnéticos y geomagnéticos es el lóbulo temporal derecho. El envío de campos magnéticos pulsados de baja fre­cuencia hacia el hemisferio cerebral reducía el ritmo de las ondas cere­brales hasta el nivel alfa (8-13 hercios), pero sólo en el lado derecho.32 Nuestro sentido de identidad y nuestro sentido del «otro» residen en los dos lóbulos temporales, pero principalmente en el hemisferio izquierdo, donde están localizados los centros del lenguaje. Para funcionar normalmente, los lóbulos temporales izquierdo y derecho deben tra­bajar en armonía. Si algo rompe este equilibrio, el cerebro percibirá otro «yo» y creará una alucinación. Como Persinger descubrió en sus experimentos, la estimulación del lóbulo temporal derecho genera la percepción de las visiones espirituales, tanto buenas como malas. El hecho de dirigir simultáneamente campos magnéticos hacia la amíg­dala del cerebro produce intensas emociones, al igual que sucede en una experiencia espiritual. Al estimular primero un lado de la amíg­dala y luego el otro, Persinger descubrió que podía realzar el conteni­do emocional de la experiencia.

Los voluntarios que probaron el casco Koren experimentaron epi­fanías divinas, apariciones, sensaciones fuera del cuerpo e incluso una alucinación de Satán, y todo ello a través de la esdmulación del lóbu­lo temporal. La naturaleza de la experiencia dependía sobre todo de la historia individual del participante: las experiencias negadvas durante la infancia tendían a aumentar la sensibilidad del lóbulo temporal derecho, y las personas con una alta proporción de estas experiencias tendían a vivir una experiencia negativa mientras llevaban puesto el casco. Una persona más feliz, con un lóbulo temporal izquierdo más sen­sible, tenía más probabilidades de gozar de una experiencia espiritual.11

A Persinger podría haberle resultado tentador concluir que todas las experiencias espirituales no son más que alucinaciones geomagnéticamente inducidas si no fuera por un hecho desconcertante: la per­cepción extrasensorial y otras capacidades paranormales parecen ser más agudas durante determinados tipos de actividad geomagnética. Cuando la Tierra permanece en «calma» y el flujo geomagnético está menguando, las percepciones telepáticas y extrasensoriales aumentan.34 Incluso los pequeños cambios medioambientales —desde leves varia­ciones climáticas hasta los patrones solares— parecen tener un profun­do efecto sobre la percepción extrasensorial o la capacidad para la visión remota. Lo contrario sucede con la psicoquinesis-los intentos mentales de modificar la materia física— El poder de la intención aumenta cuando la energía de la Tierra está agitada.3'

En la década de los setenta del siglo pasado, Persinger pudo com­probar los efectos de la acdvidad geomagnética sobre la telepatía durante el sueño al asociarse con el célebre parapsicólogo Stanley Krippner, entonces director de un laboratorio del sueño en el Centro Médico Maimonides, de Nueva York. Krippner había perfeccionado un protocolo experimental para analizar la telepatía, la clarividencia y la precognición durante el sueño profundo. Los voluntarios eran emparejados. Mientras un miembro de la pareja dormía, el otro estaba en una habitación separada y tenía que concentrarse en una imagen e intentar «transmitírsela» al durmiente para que éste la incorporara en su sueño. Al despertar, el participante que había estado durmiendo tenía que describir detalladamente sus sueños para comprobar si éstos contenían algo semejante a la imagen que le habían enviado.3*

Persinger y Krippner constataron que los participantes tenían más éxito unos días que otros. Cuando examinaron la actividad geo­magnética durante el período del estudio, descubrieron que los dur­mientes captaban las imágenes enviadas con una precisión significati­vamente mayor cuando la actividad del campo geomagnético de la Tierra era relativamente baja.37

La actividad geomagnética también afecta a los sueños premoni­torios —aquellos que predicen los acontecimientos— El doctor Alan Vaughan, conocido clarividente cuyos sueños han vaticinado acertada­mente el futuro con gran detalle, llevaba un diario detallado de sus sueños para poder compararlos con los acontecimientos futuros. Uno de los sueños de Vaughan predijo el atentado al candidato a la presi­dencia de los Estados Unidos, Robert Kennedy, dos días antes de que fuera asesinado.38 Un examen de la actividad geomagnética durante las noches en que Vaughan soñó 61 de estas premoniciones mostró que la actividad era significativamente más baja cuando tuvo sus sueños más acertados.39

Durante los días de calma geomagnética es mucho más probable que surjan casos espontáneos de telepatía o clarividencia,40 y que la pre­cisión de la visión remota sea mayor.41 Persinger realizó su propio test de la percepción extrasensorial usando un grupo de parejas. Se mostró una imagen, al tiempo que era «bañada» en campos magnéticos, a uno de los miembros de cada pareja, y luego se le pidió que describiera el recuerdo —suscitado por esa imagen— de una experiencia que hubiese compartido con su pareja. Simultáneamente, en otra habitación, se mostraba la misma imagen al otro miembro de la pareja y también se le pedía que describiera un recuerdo. Cuando Persinger comparó los resultados, descubrió que las dos narraciones eran más similares cuan­do la actividad magnética estaba en sus niveles más bajos. Cuanto más fuerte era la actividad magnética, menos se parecían las dos series de recuerdos.42

Sin embargo, cada sexo parecía responder de manera muy distin­ta a la actividad geomagnética, como descubrió Persinger después de comparar una base de datos de las experiencias paranormales con la actividad geomagnética y de separar los datos por sexo. Los hombres tendían a tener más premoniciones en los días en que la actividad geo­magnética era alta (más de 20 nanoteslas), mientras que las mujeres afirmaban tener más experiencias premonitorias cuando la actividad geomagnética era baja (menos de 20 nanoteslas). Los hombres también se inclinaban a tener recuerdos más precisos con una actividad geo­magnética más alta; las mujeres, con una actividad geomagnética más baja. Al igual que Krippner, Persinger constató que las personas más susceptibles a las experiencias extrasensoriales eran aquellas que tenían «fronteras delgadas», especialmente aquellas que ya habían tenido encuentros paranormales.43

Con el tiempo, Persinger descubrió que podía aumentar los pode­res de la percepción extrasensorial mediante los campos geomagnéticos artificiales del casco Koren. La capacidad para la visión remota de uno de sus estudiantes aumentó considerablemente después de ser expues­to a débiles campos magnéticos horizontales.44

En 1998, Persinger decidió someter el casco Koren a la prueba suprema. ¿Podría interrumpir la capacidad de uno de los mejores espedalistas del mundo en la visión remota? Persinger invitó a Ingo Swann a su laboratorio. Swann, con sesenta y tres años en esa época, demostró rápidamente que no había perdido ni una pizca de sus talentos extrasensoriales; describió correctamente y con gran detalle las imágenes de fotografías aleatoriamente seleccionadas que se encontraban —dentro de sobres selladosen otra habitación. Sin embargo, después de que Persinger «bañara» las fotografías en complejos patrones de campos magnéticos, la precisión de Swann cayó repentinamente en picado. Los campos más disruptivos tenían distintas formas de onda de fases varia­bles. Esto indicaba que Swann estaba captando la información en una forma de onda y que estas señales habían sido fácilmente interrumpidas por campos magnéticos capaces de alterar su coherencia.4" Como tam­bién había descubierto Gary Schwartz, la información transmitida o reci­bida por los seres humanos tiene un fuerte componente magnético.

Los experimentos de Persinger me convencieron de que la activi­dad geomagnética influye sobre la claridad de nuestra percepción a la hora de captar información cuántica. Pero ¿afectan también los cam­pos geomagnéticos a la fuerza de nuestras transmisiones y su efecto en el mundo físico? Lis investigaciones de Stanley Krippner nos ofrecen algunas pistas. Krippner quería poner a prueba ¡a hipótesis de que h psicoquinesis tiene más probabilidades de producirse cuando la activi­dad geomagnética es alta. Él y su equipo fueron a ver a Amyr Amiden, un brasileño conocido por su extraordinaria capacidad psicoquinética, y compararon la hora de las actividades psicoquinéticas de Amiden con las fluctuaciones geomagnéticas en el área metropolitana de Brasilia, donde tenían lugar las sesiones. El equipo de Krippner también realizó mediciones de la presión sanguínea de Amiden y de su pulso.

El equipo halló una correlación significativa entre las hazañas psí­quicas de Amiden y el índice geomagnético diario para el hemisferio sur. Por ejemplo, los días en qu.e Amiden realizó el mayor número de hazañas fueron el 10 y el 15 de marzo, justamente las jornadas de mayor actividad geomagnética de ese mes. Amiden no logró nada extraordina­rio el 20 de marzo, el día geomagnéticamente más tranquilo del mes.4"'

Curiosamente, al igual que con las parejas del experimento del amor, los efectos psicoquinéticos más poderosos de Amiden anticiparon un fuerte inpufc en su caso, flujo geomagnético. En una ocasión, dos medallones religiosos se materializaron de repente en la habitación donde se encontraban Amiden y los investigadores, aparentando haber caído del techo —un incidente que fue seguido por un aumento repen­tino del campo geomagnético—. ¿Pueden los humanos anticipar este ruido geomagnético, y, si es así, les proporcionan estas ventanas anticipatorias más poder psicoquinético de lo normal?

El psicólogo William Braud realizó algunos interesantes estudios sobre el efecto de los campos geomagnéticos en la intención al exami­nar si los altos niveles de actividad geomagnética estaban relacionados con los poderes de influencia remota. Braud examinó el efecto de enviar intención a los glóbulos de la sangre y a otra persona. Al igual que Krippner, descubrió que el éxito de la intención estaba unido a un sol «ruidoso» que producía un alto nivel de actividad geomagnética.47

Además de la actividad solar, deberían considerarse otros factores medioambientales a la hora de calcular el mejor momento para enviar la intención. Varios científicos, incluido Persinger, hallaron que cier­tos días y determinadas horas del día influyen en el éxito de la per­cepción extrasensorial y la psicoquinesis.48 Los mejores resultados se producen alrededor de la 1 p. m. hora sideral local, que es la hora basa­da en nuestra relación con las estrellas y no con el sol. La hora sideral local se obtiene calculando el ángulo entre una línea de longitud y el equinoccio vernal (lugar donde el plano del ecuador de la Tierra corta d plano de su órbita). Los efectos psicoquinéticos también parecen ser mayores cada trece días, cuando el viento solar está alterado.4'

También puede valer la pena evitar las horas de baja visibilidad y de fuertes vientos, situaciones que producen un alto porcentaje de iones con carga eléctrica en el aire. Un ión se forma cuando una molé­cula encuentra la suficiente energía como para liberar un electrón. Los iones también son creados por la lluvia, la presión del aire, las fuerzas liberadas en una catarata y la7fricción de grandes volúmenes de aire desplazándose rápidamente sobre la tierra, como El Niño o el viento de Santa Ana en el sur de California. Los iones posidvos y negativos equivalen a una pequeña carga de electricidad estádca, y el aire que res­piramos está hecho de miles de millones de estas pequeñas cargas.

El buen aire «puro» condene entre 1500 y 4000 iones por centí­metro cúbico, y la proporción ideal es de 1,2 iones negad vos por cada ión posidvo, es decir, una cantidad ligeramente superior de iones nega­tivos. Sin embargo, los iones son altamente inestables; en nuestro mundo industrializado, lleno de cargas electromagnéticas provenientes de la polución y de fuentes artificiales, este número ideal cae drástica­mente y la proporción se ve alterada, y todos nosotros acabamos res­pirando una cantidad demasiado baja de iones, con un malsano pre­dominio de los iones positivos. Vivir sin esas cargas no es bueno para nuestra salud —ni tampoco para nuestra capacidad de ser transmisores o receptores—. Investigaciones en California e Israel han mostrado que menores concentraciones de iones positivos o negativos producen un número inferior de frecuencias alfa en el cerebro humano y que aumentos repentinos en los niveles de las dos cargas pueden causar cambios significativos en las ondas cerebrales/'

Las investigaciones de Persinger ofrecen una gran cantidad de pruebas sobre cómo la frecuencia magnética afecta a nuestra capacidad para «entrar en sintonía» y transmitir, y también a aquellas zonas dd cerebro que reciben la información. Los pequeños cambios en los cam­pos geomagnéticos de la Tierra afectan sobre todo a nuestro cerebro y nuestro corazón, los sistemas corporales que son la principal fuente de transmisión, como han mostrado las investigaciones DMILS y el experi­mento del amor de Schlitz. Después de examinar el trabajo de Persinger, comencé a ver la intención como una vasta relación energética en la que participan el sol, la atmósfera, y los ritmos circadianos y terrestres. Para poder enviar la intención con eficacia, era necesario tener en cuenta estas energías. Persinger había localizado no sólo el mejor «canal» para la inten­ción, sino también el mejor momento para activarlo.




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