El componente psico-cultural en la violencia familiar y sexual



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EL COMPONENTE PSICO-CULTURAL EN LA VIOLENCIA FAMILIAR Y SEXUAL

“En este sentido nos parece importante insistir que es responsabilidad de cada adulto y de cada Estado, de crear las condiciones para que todos los niños y niñas tengan acceso a los cuidados, la protección y la educación que Esto es una garantía para que éstos lleguen a ser ciudadanos y ciudadanas adultas, poseedores de una postura ética y de los comportamientos altruistas necesarios para establecer relaciones conyugales, parentales, familiares y sociales basadas en modelos de buenos tratos hacia sí mismos y hacia los demás” (Barudy y Dantagnan)

La literatura especializada sobre violencia familiar y sexual en el Perú trata sobre tres tipos de violencia: física, psicológica y sexual, en base a ello las entidades públicas y organizaciones sin fines de lucro (ONGs) diseñan y realizan una serie de actividades con el fin de reducir esta violencia en el país. Se aborda el problema con sensibilizaciones, capacitaciones, fortalecimiento de redes institucionales y comunitarias, y atenciones intersectoriales, muy centrado a la denuncia. Algunas instituciones como el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables sistematizan estudios/investigaciones realizados por investigadores y proyectos de ONGs.
El presente artículo parte de la pregunta si el maltrato infantil y la cultura patriarcal interactúan decisivamente en la generación de la violencia en los hogares.
Escasos estudios han analizado seriamente la interconexión entre el maltrato infantil y la cultura patriarcal. Algunas investigaciones vinculan el maltrato infantil con las víctimas y agresores pero quedan en ese nivel.
Se describen los comportamientos violentos, mas no se realiza un análisis causal. Por ejemplo, se menciona el comportamiento psicológico abusivo de parte del varón, solo se detalla sus prácticas: menosprecio o humillación a la víctima en público o privado; prohibición a su pareja a salir de la casa o la encierra con llave; obliga a ver material pornográfico contra sus deseos; asusta o intimida a propósito; y amenaza con violencia o amenaza con herir a alguien más de los que ella cuida.1
En la mayoría de los estudios mencionados que abordan la problemática de la violencia familiar y sexual, no se observa este comportamiento abusivo como una manifestación de una anomalía psicológica o emocional digna de preocupación de parte de la ciudadanía y del Estado. Cuando nos debería preocupar más debido a que nuestra realidad nos indica que de cada 10 mujeres con pareja, 6 de ellas son víctimas de este tipo de violencia2, y además porque coexiste con agresiones físicas y sexuales de diversa índole y severidad.
Las causas de este comportamiento no son abordadas por los investigadores y decisores de políticas públicas, solo se intervienen las manifestaciones, ocurrencias, los casos, que van a acumular la data estadística, cuando no el mejoramiento del acceso de las víctimas a los servicios públicos.

Hace más de 30 años se ha invertido significativamente con fondos privados y públicos sin resultados positivos: a nivel nacional la violencia familiar y sexual no ha disminuido significativamente3.


La mayoría de intervenciones sobre la violencia familiar y sexual comprenden los efectos y no las causas, la prevención de los sectores involucrados con este tipo de violencia en la práctica no contemplan las causas de la violencia desde el punto de vista psicológico, relacional y familiar.

Como veremos más adelante, una persona que humilla en público a su pareja, la encierra, o la amenaza con ejercer violencia, también es capaz de agredir física y sexualmente, y en casos extremos puede cometer delitos4. Esta persona cuando aún no llega al crimen, circula en nuestro vecindario libremente sin censura u hostigamiento público, no es vigilado ni perseguido por sus vecinos.


Preguntas como: ¿el que agrede física o sexualmente a su pareja, es porque tiene problemas psicológicos serios?, ¿cuáles son esos problemas?, ¿cómo se desarrolla la violencia con su pareja en las personas con esos problemas?, ¿Cómo es que llega a matar? ¿qué tipo de relación establece la víctima con su pareja agresor que hace que la violencia hacia ella continué?, ¿por qué el público cuestiona, hostiga y agrede a personas que maltratan a animales, y no sucede lo mismo con los agresores de pareja?, ¿si intervenimos estos problemas disminuirá la violencia contra la mujer?, no son respondidas.

El CONTEXTO SOCIAL DE LA VIOLENCIA FAMILIAR Y SEXUAL EN EL PERÚ
A continuación se describen las principales características del contexto social peruano vinculadas a la violencia familiar y sexual.
Los agresores “normales”
Existe un grupo importante de varones que para nuestra cultura predominante no tienen afectaciones en su salud mental, son agresores que no llegan a matar y están permitidos socialmente de ejercer violencia mientras no cometan delitos. Es la denominada “violencia normalizada” que es aceptada por la mayoría de varones y mujeres.
Es el tipo de agresor más generalizado y considerado como persona normal dentro de nuestra cultura. Por este motivo, no existen programas ni protocolos de detección y atención para estas personas.
Son capaces de menospreciar o humillar a la víctima en público o privado; prohibir a salir de la casa o encerrarla con candado y/o llave. Capaces de ejercer violencia física sin ser seriamente castigados si las lesiones ocasionadas en la víctima no sobrepasan los 9 días de hospitalización. Y capaces de violar sexualmente impunemente a su pareja5. Capacidades fomentadas y avaladas por nuestra cultura.
La depresión y adicción a las drogas
La violencia contra las mujeres ejercida por estas personas “normales”, afecta la salud mental de sus parejas mujeres. Según datos de la Región La Libertad (2013), los tamizajes en salud mental por etapas de vida, indican que la violencia en las mujeres va aumentando según avanzan sus edades, a diferencia de los varones que va disminuyendo. Las adicciones en mujeres adolescentes y jóvenes van en aumento y son mayores que las adicciones en varones. Las depresiones son más frecuentes en mujeres y van en aumento hasta la etapa adulta, a diferencia de los varones que van disminuyendo.



N° DE TAMIZAJES EN SALUD MENTAL POR ETAPAS DE VIDA Y SEXO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NIÑO

ADOLESCENTE

JOVEN

ADULTO

ADULTO MAYOR

 

F

M

F

M

F

M

F

M

F

M

VIOLENCIA

51259

50417

33140

23820

45423

3234

40213

6216

6401

4735

ADICCIONES

419

337

11193

9887

4888

1579

5970

2466

1574

1475

DEPRESIÓN

7771

7516

11586

9724

5513

1058

7538

2149

2556

1843

Fuente: Oficina Estadística Regional, 2013
Estadísticamente se desconoce la proporción de mujeres víctimas de violencia que padecen de adicciones a drogas y alcohol, y depresión.
En un estudio sobre 60 mujeres víctimas de violencia familiar y sexual, desarrollado por Sánchez6, se aplicó un test de medición de la depresión BECK BDI – II y se encontró que todas tenían depresión: 30% con depresión leve, 37% con depresión moderada, y 33% con depresión grave. Con altos puntajes en la disminución del interés por el sexo (59%), alteraciones en el sueño (55%), tristeza (55%), llanto (52%), autoacusación (53%).

Otro estudio7 basado en los comportamientos disfuncionales en relación al desistimiento de la denuncia por violencia familiar y sexual de parte de 80 mujeres víctimas que presentaron sus denuncias en las comisarías encontró que la ansiedad y depresión que padecían las víctimas desempeñaban un rol importante en tales comportamientos.


Se han visibilizado estas enfermedades en las mujeres víctimas de violencia familiar y sexual, se han integrado al conjunto de consecuencias de la violencia familiar y sexual. Enfermedades de salud mental que las hace más dependientes, más aisladas, más tristes, más incapaces de gozar de la vida. Mujeres infelices que no pueden controlar su enfermedad y tienen que acudir a un/a psicóloga y/o psiquiatra para controlarla.8.


La relación psico-cultural de dependencia de la mujer con su pareja
No existiría un varón violento con su pareja si es que ella no se lo permitiera. En este permiso subyacen “mandatos” interiorizados desde su infancia que tienen que cumplir, se expresan en creencias, normas, ideas sobre cómo debe ser una mujer y un varón, entre otros.
Se establece una relación entre dos personas en que uno es agresor y la otra víctima.
Una vez traté un caso de una chica de 15 años que ya convivía con su pareja y dejaba que la golpeara porque decía que lo amaba, me explicó también que cuando eran enamorados él ya mostraba signos de violencia.(…). Dicen “mi esposo tan sólo me grita” sin darse cuenta que eso también es violencia y que viola sus derechos fundamentales” (Psicóloga de un CEM)
Con el riesgo de generalizar un problema heterogéneo que exige mayor cuidado y profundidad, se puede sustentar que en las mujeres existe una necesidad crónica -generada desde la infancia- de tener y brindar afecto de parte de las mujeres que no es correspondido por sus padres, que al contrario las maltratan hasta generar entre otras vivencias, la rabia en ellas, expresándose esta rabia en acciones violentas contra otros y/o autodestrucción en ellas. Esta mujer cuando es niña se relaciona con un entorno familiar y social que la forma para ser sumisa, dependiente y obediente hacia su padre y, posteriormente, a su pareja9.
Esta relación de pareja condicionada por elementos psico-culturales explica la invisibilidad de la magnitud de este tipo de violencia y su no denuncia.
Resumiendo, la violencia “normalizada”, la limitada atención a la depresión y adicciones de las mujeres víctimas, y la relación de dependencia y subordinación de las mujeres víctimas con sus parejas, constituyen una tríada de hechos que caracteriza el estado actual de la violencia familiar y sexual en el Perú.


EL MALTRATO INFANTIL Y LA CULTURA PATRIARCAL COMO CAUSAS FUNDAMENTALES DE LA VIOLENCIA FAMILIAR Y SEXUAL

Sobre el tema de los maltratos en los niños y niñas y su relación con la violencia, Barudy y Dantagnan10, en base a sus experiencias clínicas y de otros, sostienen que los daños que los niños/as sufren son: trastornos del apego y de la socialización, trastornos de estrés postraumático de evolución crónica, traumatismos severos y alteración de los procesos resilientes. Afirman que si los niños/as no reciben protección oportuna y adecuada, ni tratamientos para reparar estos daños existe una gran probabilidad que en la adolescencia el sufrimiento se exprese por manifestaciones externalisantes: comportamientos violentos, delincuencia, abusos sexuales, uso de drogas etc. Y que todo no termina allí, si no que los malos tratos en la infancia junto con los factores culturales vinculados a la ideología patriarcal, juegan un papel preponderante en la producción de la violencia conyugal que hace víctimas y asesina a muchas mujeres.


Los autores detallan las consecuencias de los trastornos traumáticos, que solo para efectos de este estudio exploratorio tomamos en cuenta las consecuencias en el área conductual: conductas autodestructivas y violencia hacia los demás.
Existen pocos estudios que han intentado seriamente hallar un perfil psicológico de los agresores con violencia extrema. Un estudio sobre agresores de pareja españoles en prisión11 dividió a sus informantes en dos grupos de acuerdo a su nivel de autoestima. El grupo con mejor autoestima ejercía mayoritariamente violencia contra su pareja, y asumían estilos de personalidad compulsiva, narcisista e histriónica, muestran un control elevado de su ira, expresándola en contadas ocasiones. Este rasgo de hipercontrol les hace acumular tensiones hasta que explotan en forma desmesurada. La agresión psicológica es menor en estos sujetos. Su estilo de apego es predominantemente seguro, mostrando comodidad en sus relaciones, pueden desarrollar empatía, con conducta pro social y con mayor deseabilidad social que el grupo con menor autoestima. En conclusión llevaban una vida aparentemente normal, pasaban desapercibidos.
El grupo 2, con menor autoestima, informó en mayor medida de haber sufrido algún tipo de maltrato en la infancia, presentó mayor prevalencia de dependencia del alcohol y de sustancias (evaluadas con el MCMI-III) y mayor frecuencia de condenas previas. Su violencia se extendía más allá de la pareja y con conductas antisociales, paranoide. Mostraban una mayor impulsividad, falta de empatía y mayor frecuencia de violencia psicológica. Expresaron un estilo de apego inseguro y hostil.
La investigación descubrió que los agresores de pareja, en general, muestran apego inseguro, poca estabilidad emocional y gran ansiedad frente al rechazo o abandono por parte de la pareja (Babcock, Jacobson, Gottman y Yerington, 2000; Dutton et al., 1994; Holtzworth-Munroe, Stuart y Hutchinson, 1997; Twed y Dutton, 1998). Este apego inseguro hace que la persona tenga una mayor necesidad de dominio en las relaciones íntimas (Mauricio y Gormley, 2001). (Mayor detalle ver bibliografía del estudio en mención).

Según datos sistematizados sobre feminicidio, por el psicólogo peruano Néstor Vergara, los perpetradores sienten que existe un “permiso social” para el ejercicio de la violencia, no respetan los derechos de las mujeres, en el vínculo de pareja cosifican a la mujer, se perciben como su “propietario”. Contienen una baja resistencia a la frustración, dificultad para admitir un “no” de la pareja. Ha ejercido episodios agudos de violencia familiar, y la denuncia policial no lo contiene.


Por lo expuesto, existen por lo menos dos tipos de comportamientos agresivos extremos: uno controlado, “normalizado”, y otro marcadamente antisocial, considerado “peligroso”. Ambos con necesidades de apego y dominio. Ambos con afectaciones en su salud mental.
Un estudio sobre el perfil de personalidad de los padres maltratadores12, realizado en Lima, entre otros hallazgos señala que más de la mitad de los padres o tutores tuvieron antecedentes de maltrato durante la infancia.

Wenzel, S. L. y cols.13 en un estudio longitudinal realizado en 810 mujeres indigentes de Los Ángeles, Estados Unidos, para determinar los factores de riesgo referidos a la violencia física en contra de ellas, y luego de un análisis multivariado, encontraron los siguientes factores de riesgo: presencia de violencia física o sexual en la niñez, la violencia física experimentada en los 6 meses previos al inicio de la investigación, el tener múltiples parejas sexuales, la presencia de sufrimiento psicológico y el pobre soporte social. Afirma que la pobreza extrema es un factor de riesgo prospectivo que permite determinar la persistencia de la violencia física en sus vidas.


Un estudio cualitativo realizado en el Perú por Ramos14, asegura que los agresores de pareja provienen de hogares donde sus padres vivían relaciones violentas, sobre todo del varón hacia la mujer, y que el chantaje emocional se complementaba con la agresión física. Los motivos de la agresión física se ligaban fuertemente al hecho de no respetar la autoridad del varón.
Estos padres maltratadores, desde niños han sido formados por nuestra cultura predominante como “machos”, fuertes física y psicológicamente, y violentos, es decir, su violencia por traumas psicológicos encuentra sentido y reconocimiento por la cultura patriarcal como portadores de violencia15.
Creencias como “una mujer solo debe casarse una vez en la vida”16, “el varón debe mandar en la casa, no la mujer”, “el varón a veces grita y pega porque tiene un problema”, “mi pareja se puede corregir”, “si mi pareja me controla es porque me quiere”
Costumbres como “el jefe de familia debe estar en la cabecera de la mesa”, “esperar que el jefe de familia comience a comer para que los demás lo hagan”, “el jefe de familia castiga a su pareja si es que le desobedece”, “el jefe de familia” puede tomar alcohol en exceso y puede llegar tarde, la mujer, no”, “la mujer cría a sus hijos/as”.
Ideas como “varón que no manda a su mujer no es hombre”, “primero es la salud de mi esposo y de mis hijos/as”, “la mujer es un objeto sexual”, “el uso del condón es el símbolo de la desconfianza e infidelidad”, “cuando ocurren las primeras violencias no es necesario denunciar”, “la mujer debe controlar su deseo sexual”.
Normas como “hay que aceptar tener relaciones sexuales con tu pareja, aunque no desees”, “el varón debe trabajar y la mujer debe quedarse en casa”, “se debe obedecer el mandato del jefe de la familia”. “la mujer debe criar y cuidar a sus hijos/as”.
La interacción entre el maltrato infantil y la cultura patriarcal, en general moldea una relación entre varones violentos y mujeres tolerantes a la violencia contra ellas.
El empoderamiento de las mujeres víctimas mediante conocimiento, emprendimiento, ejercicio de derechos y conexión social aunado al fortalecimiento y/o desarrollo de resiliencia en ellas, forman un escudo de protección contra la violencia insuficiente mientras no se cierre la fábrica.


CAUSAS SOCIALES Y POLÍTICAS DE LA PREVALENCIA DE VIOLENCIA EN LOS HOGARES
Existe un conjunto de causas coyunturales sobre la persistencia de la violencia familiar y sexual, que influyen en las decisiones políticas e intervenciones socio-políticas de las entidades del Estado y organizaciones de la sociedad civil.


  1. Los modelos teóricos causales

Una revisión de la literatura vigente en el ente rector de la problemática de la violencia familiar y sexual - Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables-MIMP- encuentra un bagaje conceptual para explicar la violencia de los varones.


Un estudio interesante de Bardales y Vásquez17del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, aborda el feminicidio como un problema de “factores socioculturales” que explicarían la violencia en los varones.

En otras fuentes oficiales se utiliza el concepto del “ciclo de la violencia familiar”, donde se señala la existencia de una etapa violenta, de explosión violenta, cuando el hombre explota y castiga duramente a su pareja. En esta descripción, al igual que la anterior, se omite el maltrato infantil como elemento generador de violencia.
Si revisamos la literatura oficial sobre prevención de la violencia familiar, la mayor parte de ella parte de la hipótesis que con “actividades preventivo promocionales”18, es decir, informando, sensibilizando y capacitando principalmente a las mujeres y varones, familia y comunidad, se va a contribuir a la reducción de la violencia, es decir, se cree que a través del conocimiento se producirá el cambio conductual.
Un modelo aplicado por el Ministerio de Salud (MINSA) es el modelo de los determinantes de la salud, el cual comprende un conjunto de factores –personales, sociales, políticos y ambientales- que determinan el estado de salud de los individuos y las poblaciones. El estilo de vida es un determinante de la salud que se define como un conjunto de pautas y hábitos de comportamiento cotidianos de una persona, tales como: hábitos dietéticos, ejercicio / sedentarismo, abuso de sustancias, alcohol, tabaco o drogas, y conductas violentas.
La limitación de los factores determinantes de la salud es que son considerados como causas absolutas, en las que no se analizan otros elementos subyacentes que podrían condicionar la aparición de éstos. En el caso del estilo de vida, se limita a la identificación y modificación de conductas. Por este motivo, el Programa de Atención Integral de Salud (MAIS) del mencionado ministerio concibe el maltrato y violencia familiar19 dentro de la promoción de la salud como un problema de paternidad responsable.

Estas herramientas conceptuales se enriquecerían más si se consideraran las personalidades de las mujeres y de los varones maltratados en su familia desde su niñez. El individuo con sus traumas psicológicos interactuaría con lo social y cultural, y obtendríamos una comprensión más integral.





  1. Programas del Estado sin intervención efectiva en las familias

El Estado peruano tiene dos programas de atención a los niños y niñas, uno es el Programa Integral Nacional para el Bienestar Familiar (INAFIB) del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, y el otro es el Programa de Atención Integral de Salud (MAIS) basado en familia y comunidad, del Ministerio de Salud. El primero de los nombrados tiene como población objetivo a los niños/as y adolescente en estado de abandono o en riesgo, generalmente son remitidos por un juzgado. Los evalúan psicológicamente entre otras acciones y remiten a los niños/as si necesitan de atención especializada. El MAIS es un programa que trabaja con la familia a partir de los determinantes de la salud, en los que se encuentran los estilos de vida, y dentro de ellos las conductas violentas.


Estas conductas afectan la salud de las personas, pero las causas de estas conductas no se trabajan, es decir, el maltrato a niños y niñas en las familias no se aborda como una de las causas de la violencia en el hogar, debido al modelo de los factores determinantes.
Este programa fue creado en el 2003 y ha experimentado actualizaciones que se han concretado en un documento técnico en el 2011. Ha obtenido resultados positivos en la reducción de la mortalidad materna e infantil, desnutrición crónica, entre otras enfermedades importantes, pero no se sabe con exactitud cuál ha sido su aporte en la familia y comunidad respecto a la violencia familiar y sexual.
En efecto, la respuesta del Estado ante la desintegración y violencia familiar es mínima e ineficaz. No cumple con proteger eficazmente a la familia según el art. Cuarto de la Constitución y tratados internacionales que tienen fuerza de ley en nuestro territorio. En el año 2002, el Acuerdo Nacional incluyó entre las Políticas de Estado, la décimo sexta política de “Fortalecimiento de la Familia, Protección y Promoción de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud.”

A nivel de las víctimas, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables tiene a los Centros de Emergencia Mujer (CEM) que son servicios públicos gratuitos que brindan orientación legal, defensa judicial y consejería psicológica a las personas víctimas de violencia familiar y sexual, la mayoría mujeres. Además, estos centros desarrollan actividades principalmente de prevención mediante capacitaciones y campañas. El servicio psicológico proporciona sólo consejería a las víctimas de violencia, no a los agresores. Con estas funciones de los CEMs, más orientadas a la denuncia, se espera reducir la violencia en las familias.



A nivel de la comunidad, el Estado creó un programa de educación sexual integral20 con el fin de promover y fortalecer el desarrollo sexual saludable en las y los estudiantes de las escuelas, propiciando su ejercicio pleno y responsable, contribuyendo al desarrollo de factores protectores que los preparen para enfrentar las situaciones de riesgo. Surgió un conflicto entre el Estado y la Iglesia, debido a que el programa intervenía a los hijos/as de las familias y, por tanto, se ponía en riesgo el estado “natural” en que se encontraba la familia.

Es un programa que podría ser utilizado para formar a la niñez en el cuidado y protección de su cuerpo. Podría formarse nuevos niños/as portadores de derechos, defensores de su integridad física, psicológica y sexual, pero un importante número de padres de familia y la Iglesia Católica Peruana no lo permitieron porque en el fondo de lo que se trataba es de dar derechos a los hijos/as, en especial a las mujeres. Como consecuencia de las presiones y discursos públicos de estos actores sociales, el Estado no pudo implementar este programa.


  1. La familia y el poder de la Iglesia


La institución familiar y la cultura predominante poseen más fuerza que la normatividad jurídica vigente.
En el Perú, existen leyes, convenios y políticas públicas de protección a la víctima de la violencia familiar y sexual, de la familia21 y el niño (a) que lamentablemente no han impedido que se siga transgrediendo los derechos de las mujeres y de los niños y niñas.
Pese a que el Estado peruano es laico, la Iglesia católica influye decisivamente en nuestro quehacer familiar, social y político. Como se ha mencionado, existe un programa nacional de educación sexual integral que se encuentra cuestionado por la Iglesia debido a que, según ella, se omite el rol de la familia como agente natural y primario de la educación de sus hijos y sus consecuentes derechos, reconocidos en la Constitución. El carácter de obligatoriedad de los lineamientos de este programa, nos dice, no deja mayor margen de acción a los padres para objetar aquellos contenidos que pudiesen atentar contra sus convicciones religiosas y morales.
La Iglesia se opone a la implementación de este programa por intentar cambiar profundamente la naturaleza de la familia y la protección de la vida.

El Pontificio Consejo para la Familia, en su Carta de los derechos de la Familia, del 22 octubre 1983, establece que:

“D. La familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, y posee unos derechos propios que son inalienables;

E. La familia constituye, más que una unidad jurídica, social y económica, una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad”.

Como puede apreciarse, la Iglesia asume la defensa de la familia y el matrimonio, se convierte en el defensor de la familia, pero no menciona algo en contra del poder del padre, la violencia y el asesinato reinantes en la familia y en los matrimonios. Por no permitir ningún cambio que atente contra la “naturaleza” de la familia, se opone también a la “unión civil no matrimonial”22, el uso de los preservativos y a cualquier tipo de aborto, incluso el terapéutico. Para la Iglesia Católica, todo cambio atenta contra lo establecido en la familia desde antes de Cristo.

En resumen, el Estado por ineficacia, la oposición de un importante número de padres de familia: unos por defensa del patriarcado y otros por desinformación, más la oposición de los representantes de la Iglesia a todo cambio en la familia, fomentan una percepción de la familia como algo sagrado, la panacea de todos los males, lugar donde impera el amor y la solidaridad, el desarrollo igualitario de sus miembros.

Bajo esta concepción de la familia, se olvidan a las personas que las componen: padres y madres generalmente víctimas de maltrato infantil23 que convierten a sus hijos/as en nuevas víctimas de violencia.



  1. La ciudadanía y las organizaciones de la sociedad civil.

La legitimidad de la cultura patriarcal en la vida cotidiana de parte de la ciudadanía permite cierta tolerancia social hacia una relación jerárquica y abusiva entre las parejas. Se fortalece esta legitimidad ante el rol conservador que desempeña la Iglesia Católica frente a los cambios normativos, morales y valorativos en las relaciones familiares.

Las organizaciones de la sociedad civil que se preocupan por enfrentar a la violencia contra la mujer se encuentran muy apegadas al activismo de derechos humanos en general, y de los derechos de las mujeres en particular. Escasas entidades públicas y privadas fomentan y realizan estudios, sin plantear la interacción entre los elementos psicológicos y culturales como una causa de la mínima reducción de la violencia familiar y sexual.



CONCLUSIONES

  1. Entre las principales causas fundamentales generadoras de violencia de los varones en el hogar, debemos considerar la interacción entre el maltrato infantil y la cultura patriarcal hegemónica.

  2. Como causas coyunturales que contribuyen a la prevalencia de dicha violencia, tenemos a los modelos teóricos causales, el rol conservador de la Iglesia, los programas estatales que no trabajan el maltrato infantil como eje de intervención, padres que legitimitan la ideología patriarcal, y organizaciones de la sociedad civil desinformadas sobre el componente psicológico en la reproducción de la violencia.



  1. Como agresores de pareja encontramos dos grupos de varones: uno con afectación en su salud mental, que a su vez se dividen en “aparentemente normales” y “antisociales” y otro grupo conformado por agresores considerados normales por nuestra cultura patriarcal predominante, éste grupo es el mayoritario y menos estudiado y controlado socialmente. Queda por desarrollar un análisis sobre las personas con conductas “antisociales” normales y patológicos y su relación de pareja.



  1. La persistencia de la violencia familiar y sexual en su vida cotidiana y su limitada capacidad de afrontamiento de parte de las víctimas mujeres, han traído como consecuencia la necesidad de ellas en escaparse de su realidad a través de la depresión. El empeoramiento de estas enfermedades llaman la atención sobre la eficacia de las intervenciones realizadas por parte del Estado, de las organizaciones privadas y de las organizaciones de la sociedad civil.



  1. La identidad de las mujeres como víctimas de violencia ejercida por su pareja es nutrida por la cultura patriarcal predominante de nuestra sociedad, que forma a las mujeres como dependientes y sumisas mediante creencias, ideas, costumbres y normas que son legitimadas incluso por las mismas mujeres. Sin embargo, el resultado no el mismo en todas las mujeres, porque muchas de ellas rompen este proceso y se convierten en mujeres autónomas.



  1. La forma de concebir nuestra la problemática de la violencia en los varones mediante modelos teóricos causales, empleados por las instituciones públicas, no incorpora los traumatismos psicológicos en la niñez como causas fundamentales de dicha violencia.



  1. La respuesta del Estado ante los problemas de violencia de pareja en la familia se encuentra regida bajo un enfoque conductual de la violencia. No existen programas que trabajen en profundidad la prevención integral del maltrato infantil, atención terapéutica y rehabilitación de los niños, niñas y adolescentes con historial de maltrato, y cuyo objetivo consista en intervenir las familias para lograr el bienestar emocional de sus miembros.



1 Extraído de Violencia contra la mujer: una encuesta de la Unión Europea 2014”. Agencia de la Unión Europea para derechos fundamentales.

2 ENDES 2012.

3 Datos de los CEMs y de la PNP indican un aumento tendencial. ENDES 2011 y 2012 indican que en esos años, el 38.9 % y 37,2% de mujeres encuestadas, habían sufrido alguna vez violencia física y/o sexual.

4


5 Todas estas acciones se encuentran sancionadas por cierto, pero en la práctica estas personas viven bajo un manto de impunidad, avalada por una cultura basada en construcciones sociales que subordinan a las mujeres frente a los varones, con una normatividad ineficaz.

6 SANCHEZ, H.; “Niveles de depresión en mujeres afectadas por la violencia conyugal”, Lima, 2011.

7 Miranda, C.; Actitudes disfuncionales, niveles de ansiedad y depresión en las mujeres que continúan y desisten del proceso de la denuncia por violencia conyugal en las Comisarías de Piura y Chiclayo, 2010.

8 En la Región La Libertad, sólo el 2.4% de las mujeres con depresión acuden a programas o servicios de salud mental agregar fuente

9 El proceso del maltrato diferenciado por sexo que da como resultado conductas violentas, es un tema por investigar.

10 Barudy J. y Dantagnan, M.; “Los buenos tratos a la infancia”, editado por Gedisa, Barcelona, 2006.

11 “Estudio de las tipologías de agresores de pareja en los centros penitenciarios”. Ismael Loinaz Calvo, 2010.

12 ARACELI, B. ; “Perfil de la personalidad de los padres de niños maltratados que acuden al servicio mamis”, Lima 2002.

13 Wenzel SL, Tucker JS, Elliot MN, Marshall GN, Williamson SL. Physical violence against impoverished women: a longitudinal analysis of risk and protective factors: Women Health Issues. 2004 Sept-Oct; 14(5):144-54. 37. En: Estudio Epidemiológico de Salud Mental en la ciudad de Abancay 2010. Informe General. Anales de Salud Mental, MINSA, INSMHD-HN.

14 RAMOS, M.; “Masculinidades y violencia conyugal”, 2004.

15 Es una apreciación parcial porque habría que descubrir cuáles son los elementos causales que explican cómo las personas maltratadas en su niñez no se convierten en padres/madres maltratadores/as.

16 Muy ligada a la religión.

17 BARDALES, O. y VASQUEZ, H.: Feminicidio bajo la lupa, 2012.

18 LINEAMIENTOS PARA LAS ACCIONES PREVENTIVAS PROMOCIONALES DE LOS CENTROS DE EMERGENCIA MUJER, Unidad Gerencial de Prevención y Desarrollo de Capacidades, MIMP.

19 Dentro de los criterios de selección de las familias pilotos a ser intervenidas, no se encuentran estos problemas de salud pública.

20 Dirección de Tutoría y orientación educativa; “Lineamientos para una educación sexual integral. Documento de Trabajo”, abril 2008.

21 Ley Nº 26260 de protección contra la Violencia Familiar, Plan de Igualdad de Género, Plan Nacional de Apoyo a la Familia 2004-2011, Convención sobre los derechos del niño, Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, entre otros.

22 Proyecto de Ley que regula derechos de personas del mismo sexo que deseen unirse civilmente en forma voluntaria.

23 Según comunicado del MIMP, 7 de cada 10 niños/as son víctimas de maltrato.

DE: MG. EDUARDO ESPINOZA GONZALES



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