El Alma y su Mecanismo Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul



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El Alma y su Mecanismo
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)



capítulo i

Introducción


El Problema de la Sicología
Tres impulsos me han movido a escribir este libro: primero, el deseo de establecer la relación entre la sicología materialista o externa, y la sicología introspectiva o interna; segundo, yen­do de la psicología científica, al más amplio reino del pensamien­to y de la sicología de la raza, el deseo de establecer una armo­nía entre el Occidente materialista y el Oriente introspectivo, y, tercero, demostrar que todos estos aspectos antagónicos sólo son facetas de la verdad una y, en conjunto, constituyen la única Realidad.
Estos deseos nacen de la actual posición de la enseñanza psicológica en el mundo. Existen dos tipos dominantes de psicología, que han sido muy bien resumidos por Will Durant 1 en la siguiente forma:
"Como hemos visto, hay dos modos de estudiar al hombre. Uno empieza desde afuera, en el medio ambiente, y considera al hombre como un mecanismo de reajuste, reduciendo el pen­samiento a cosas y la 'mente' a 'materia', según aparece en el distorsionado materialismo de Spencer, y en el conductismo de Watson..., y el otro desde adentro. Considera al hombre como un sistema de necesidades, impulsos y deseos, que lo impelen a estudiar, a utilizar y, a dominar su medio ambiente. Aspira reducir las cosas a pensamiento y la materia a mente. Arranca de la 'entelequia' de Aristóteles (que sostenía que toda forma es determinada por un designio interno) y desemboca en el vitalismo de Bergson y, en el pragmatismo de William James".
El Dr. W. B. PilIsbury 2 cree que este doble sistema im­plica una duplicación innecesaria:
"Si aceptamos la teoría conductista, significa que debemos tener dos sicologías, una externa y otra interna; una psicología observada desde lo exterior y otra desde lo interior. Esto pare­ce, en el mejor de los casos, una complicación innecesaria".
Reconociendo esta doble situación, y coincidiendo con el Dr. Pillsbury en que son innecesarias dos líneas de interpre­tación, tengo el convencimiento de la posibilidad de fusionar ambas en una tercera, en una sola unidad. Por lo tanto, trato de presentar una hipótesis tendiente a probar la exactitud de la escuela mecanicista y la posición, igualmente correcta, de la escuela introspectiva; también aspiro a demostrar que ambas escuelas son necesarias para explicar todos los hechos y que es en realidad el complemento de la otra. De este modo, podremos establecer una tercera escuela sintética, basada en el cono­cimiento exacto de Occidente y en la sabiduría introspectiva de Oriente.
Al considerar ambas escuelas se hace evidente que la sico­logía moderna es muy materialista y, desde luego, más popu­lar. Un estudio de las últimas obras sobre sicología, proceden­tes de varias escuelas de Europa y de América, muestra que la mayoría se ocupa principalmente de apoyar o de rechazar la filosofía mecanicista de la escuela conductista. Cuando no trata esta cuestión, es porque presenta otra forma de sicología mate­rialista. El Dr. Wolfgang KohIer 3 dice, por ejemplo:
"El lego en estas materias cree, por lo general, que él mismo 'siente' directamente por qué en una ocasión tiene una actitud y en otra, otra. También cree que sabe y entiende directamente, por qué se inclina en determinada situación a hacer una cosa y en otra a hacer algo muy diferente. Desde su punto de vista ex­perimenta, directa y verdaderamente, gran parte de ese contenido dinámico, cuyo desarrollo constituye la vida mental. Opuesto a esta creencia, y completamente extraño a ella, tenemos el punto de vista de los sicólogos más cultos de la época actual. Según ellos, uno se inclina a hacer una cosa ahora y luego otra, porque, en el primer caso, ciertas vías nerviosas están más a mano y, en el segundo, están más abiertas otras. ¡Afortunadas esas per­sonas cuyo sistema nervioso es más penetrable, siendo en la prác­tica, generalmente lo correcto y apropiado!".
Sin embargo, todo esto es confuso, y como ha dicho Will Durant 4: "La psicología apenas ha comenzado a comprender, mucho menos a dominar, la conducta humana y el deseo; se mezcla con el misticismo y la metafísica, con el psicoanálisis, el conductismo, la mitología glandular y con otras enfermeda­des de la adolescencia."
La psicología deambula en esa tierra fronteriza de lo invi­sible, que dignificamos con las palabras: energía (nerviosa, ató­mica o vital), fuerza, vibraciones etéricas, corrientes y cargas eléctricas, y la fuerza libre flotante de los sicólogos, denominada "libido". Todas las ciencias parecen converger en lo indefini­ble de esta misma "tierra de nadie". Quizá, cuando se desco­rra el velo, nos revelará la tierra prometida de los sueños y aspi­raciones del hombre. Un espíritu de incertidumbre y expec­tativa marcha paralelo con las certidumbres y los fríos hechos de la ciencia moderna. Es como si el género humano estuviera ante el telón de un proscenio cósmico, esperando que se levan­te y nos revele el siguiente acto, en que pueda participar inteli­gentemente el género humano. Se trata de una humanidad con un largo pasado, con mucha experiencia adquirida y cono­cimiento acumulado, que espera. Pero, a la vez, una humani­dad que reconoce la posibilidad de ser llamada a tomar parte en una revelación y en un desarrollo completamente inespera­dos, para los que quizás, podrán ser inadecuados su actual equi­po y comprensión de la vida.
Entretanto, en este cósmico escenario, y en el acercamien­to a la verdad desde varias direcciones, la ciencia ha ordenado los hechos conocidos y va deduciendo el próximo posible desarrollo, procediendo, en sus múltiples ramas y actividades, sobre la base de hipótesis que, exactas o no, merecen ser experimen­tadas y ensayadas. Como expresión de cuál debiera ser la acti­tud mental de los estudiosos, en todos los sectores del cono­cimiento humano, Bertrand Russell 5 dice: "Lo que necesita­mos no es la voluntad de creer, sino el deseo de descubrir, que precisamente es lo contrarío."
El mejor tipo mental para encarar esta situación científi­ca, es el escéptico que está dispuesto a ser convencido; el ag­nóstico, aunque decidido a investigar honradamente; el que duda, aunque abierto a la convicción, una vez que se le pruebe que los hechos supuestos son susceptibles de demostración y, ante todo, el que tiene amplitud de criterio, comprendiendo que sólo en las verdades formuladas por muchos puede cono­cerse la Verdad una. El insignificante hombre de mente estrecha es ateo, dogmático, destructivo en la crítica, estático, vuelve la espalda a la luz y al nuevo día.
Este tipo de mente científica buscadora, analítica e investigadora, es especialmente apropiada en la psicología, la rama de conocimiento más antigua del mundo y, sin embargo, la más joven en el campo del verdadero estudio científico. La dispo­sición a considerar el campo en su totalidad, a no limitarse a una exclusiva escuela, a reservar la opinión hasta saber algo más, será la única manera en que el investigador evitará los peligros de aquel cuya visión es limitada, que sólo ve puntos aislados y no todo el cuadro en que se encuentra, ocupándose de fracciones y decimales, sin llegar nunca a la unidad integral.
Uno de los signos más alentadores de la época es la cre­ciente comprensión del punto de vista oriental y la tendencia a investigarlo. La psicología de ambos hemisferios es tan diferente y el acercamiento a la verdad tan disímil, que sólo últimamente los estudiosos han considerado la posibilidad de su unidad fundamental, y que de la fusión de las interpretaciones orientales y occidentales de la vida pueda surgir una nueva perspectiva del hombre y de su medio ambiente. Las viejas interpretacio­nes podrán fallar, pero las antiguas verdades permanecerán, los antiguos y malos conceptos se reconocerán como erróneos, pero la realidad irradiará luz y belleza más claras. De la unión de las diferentes ciencias, pensamientos y deducciones, puede surgir una nueva sicología, basada en la comprensión, tan familiar en Occidente, de la estructura que emplea el hombre, y también la comprensión, tan familiar en Oriente, de la energía o espíri­tu, con el cual el hombre anima y dirige su estructura. Ambos términos (la estructura y la energía motivadora) no son anta­gónicos, sino mutuamente interdependientes. Poseen una uni­dad esencial.
La psicología occidental se ocupa principalmente de la es­tructura del universo objetivo tangible y de la reacción del hombre objetivo ante ese mundo. Se ocupa del hombre como cuerpo animado, dando gran importancia a la mecánica de su naturaleza y al instrumento que utiliza. Por lo tanto es meca­nicista, y sólo se ocupa de lo que puede ser sometido a prueba y experimento. Investiga el cuerpo y explica las emociones y la mentalización, y aún lo que se llama alma, en términos de cuerpo. Will Durant 6 señala esta posición con las palabras: "En lo que respecta al yo o alma, constituye meramente la suma total del carácter hereditario y de las experiencias adqui­ridas por el organismo", lo cual explica los diversos tipos y temperamentos, en términos de mecanismo. Louis Berman 7 sintetiza este punto de vista, en un interesante libro, diciendo:
"El fragmento más precioso del conocimiento que poseemos hoy, acerca del hombre, es que éste es el producto de sus glán­dulas de secreción interna. Es decir, que el hombre, como orga­nismo característico instintivo, es el producto y el subproducto de un número de factorías celulares que controlan las partes de su estructura, como las diferentes divisiones de una gran fá­brica de automóviles, que producen las diversas partes del vehículo. Estas factorías químicas se componen de células; produ­cen sustancias especiales, y actúan sobre las otras células del cuerpo, impulsando y determinando así los incontables pro­cesos que llamamos Vida. La vida, el cuerpo y el alma, surgen de las actividades de la exudación mágica de su química silen­ciosa, exactamente a como surge una arborescencia de cristales de estaño, de las reacciones químicas producidas por una corrien­te eléctrica en una solución de sales del mismo metal.
"El hombre es así regulado por sus glándulas de secreción interna. Al principio de la tercera década del siglo veinte, des­pués de haber luchado, por lo menos durante cincuenta mil años, para definirse y conocerse a sí mismo, ese resumen puede ser aceptado como verdad. Es una inducción de largo alcance, pero válida, apoyada en una multitud de hechos detallados".
La psicología occidental da así gran énfasis a lo físico y lo visible, y en su campo elegido es científica. Constitucionalmente se opone a las especulaciones vanas y soñadoras del místico visio­nario. El resultado de sus esfuerzos ha sido aislar un conjunto de hechos, que efectivamente encierran la verdad sobre el hom­bre, su conducta y equipo. Este conocimiento debería ser valio­so para producir un mejor mecanismo, por medio del cual pue­da funcionar una raza más perfecta.
En sus escuelas extremas, la sicología occidental es acti­vamente determinista, pues relaciona todo sentimiento, pen­samiento y actividad, con el funcionamiento de las células físi­cas y los órganos corpóreos. El libre albedrío queda por lo tanto anulado en gran parte, en favor del organismo, el siste­ma nervioso y el sistema endocrino. Las siguientes palabras lo demuestran:
"Watson en su libro Psychology from the Standpoint of a Behaviorist enseña que 'la emoción es una reacción de tipo here­ditario, que implica profundos cambios en el mecanismo cor­poral, pero particularmente en los sistemas visceral y glandu­lar' (Pág. 195) ; que 'el pensamiento constituye la actuación de los mecanismos del lenguaje' (Pág. 316); que es 'actividad corpo­ral altamente integrada y nada más' (Pág. 325), y que 'cuando estudiamos los procesos implícitos del cuerpo, estamos estudian­do el pensamiento. Con esto, Watson de ninguna manera quiere decir que identifica al pensamiento con la actividad correlativa cortical del cerebro, sino con todos los procesos corporales que están involucrados, implícita y explícitamente, en la producción del lenguaje hablado, escrito y simbólico –la actividad muscu­lar del mecanismo vocal, diafragma, manos, dedos, movimien­tos de los ojos, etc. (pág. 328) " 8.
"La psicología estudia el mundo con el hombre que lo habita; es decir, estudia la experiencia como algo que depende del sistema nervioso, mientras que la física estudia la experiencia como si existiera independientemente del sistema nervioso. Por lo tanto, la sicología debería ser clasificada con las ciencias generales, como una disciplina que deja al descubierto las ten­dencias generales de la mente; donde la mente es definida como la suma total de la experiencia humana, considerada como de­pendiendo del sistema nervioso... ' La sicología estudia todo el medio ambiente, considerado como existente sólo en el mo­mento en que afecta al sistema nervioso humano. En tanto que la física estudia el medio ambiente como existente más allá del momento en que afecta al sistema nervioso humano" 9.
"En tercer lugar, la fe del mecanicista implica dos postula­dos que debemos distinguir cuidadosamente, pues uno puede ser falso, aunque el otro verdadero. Estos dos postulados son:

  1. Que todos los procesos que ocurren en el mundo, son fundamentalmente de un solo tipo.

  2. Que todos estos procesos son del tipo comúnmente supuesto por las ciencias físicas, en sus interpre­taciones de la naturaleza inorgánica, es decir, mecanicista, o acon­tecimientos estrictamente determinados y, por lo tanto, prede­cibles 10.

Dice el Dr. Hermann Rubin 11 que "la apariencia física del individuo, sus rasgos síquicos, o lo que pudiera llamarse la quí­mica de su alma, se demuestran en gran parte por el carácter y la cantidad de secreciones internas de sus diversas glándulas".


Algunas escuelas llegan por completo a negar la concien­cia y a considerarla (el investigador diría que con razón) inhe­rente a la materia. Dice el Dr. Daniel H. Leary 12: "La conciencia caracteriza a los nervios, como la vibración caracteriza a otras formas de materia".
Se define la conciencia en otra parte, como "una integra­ción compleja y una sucesión de actividades corporales, que están estrechamente relacionadas, o implican mecanismos ver­bales y mímicos, que llegan por lo tanto muy frecuentemente a la expresión social" 13.
Watson 14 advierte a sus lectores, que "no encontrarán discusión sobre la conciencia, ni referencia a términos tales como: sensación, percepción, atención, voluntad, imagen y cosas semejantes. Estos términos están bien acreditados, pero he visto que puedo pasarme sin ellos al llevar a cabo la investigación y al presentar a mis estudiantes la sicología como un sistema. Francamente, no sé lo que significan, ni creo que nadie pueda emplearlos razonablemente".
Finalmente, se dice que "cuando la sicología se haya divor­ciado por completo de la siquis, y se incorpore a los seres Vivos, podremos descartar la palabra 'conciencia' juntamente con 'men­te' y 'memoria'. La conducta humana se asentará entonces sobre una base científica, y no sobre una rama de la literatura o una especulación filosófica o religiosa. La 'mente' dará paso a la 'personalidad'; la 'conciencia', en general, a manifestaciones específicas de la conducta culta, y la 'memoria' a la exterioriza­ción del tejido muscular, estriado o liso" 15.
Esta tendencia intensamente materialista de la psicología oc­cidental, es tanto más sorprendente, en cuanto hay que tener en cuenta que la palabra sicología, de acuerdo a su derivación, es el "logos" o palabra referente a la siquis o alma.
Sin embargo, en Occidente hay voces disidentes. Existe la escuela introspectiva de psicología, más frecuentemente llamada de introspección y también la escuela mentalista, que admiten el hecho de la conciencia, postulando una entidad consciente. El Dr. Daniel H. Leary 16 define estos grupos así:
"Al introspeccionista le interesa la conciencia, la percepción, tener conciencia de la percepción, el yo, las imágenes del 'yo' y todo tipo de cosas, que el conductista de estricta escuela y de tecnología rígida, desprecia, ignora y niega... El introspeccio­nista dirige su atención internamente; recuerda, compara men­talmente, extrae datos de la propia comunión, pide a los demás que hagan lo mismo. El conductista se ocupa teóricamente del ani­mal humano, como lo haría con otras formas inferiores de la vida, observa meramente las reacciones manifiestas y objetivas que tiene el animal, de igual modo que el físico y el químico observan en el laboratorio las reacciones de los cuerpos simples o compuestos. Además, la escuela subjetiva tiende a ser ultrarracional y sistemática, la conductista es más empírica y pragmá­tica...
"El mentalista insiste en que la actividad psíquica no es mero reflejo de la actividad física; en que sobre el cuerpo y por enci­ma del cuerpo y del cerebro, hay algo diferente, en un distinto nivel, llámesele mente, espíritu, conciencia o lo que se quiera. El pensamiento no es una función de la materia. Los materia­listas, por otro lado, aunque difieren entre sí, mantienen todo lo contrario, es decir, que todo es físico, y la conducta humana, sea el pensamiento, el sentimiento, las emociones o la actividad muscular o nerviosa, sólo son el funcionamiento de las células físicas y materiales, y sin dicha estructura no puede haber acti­vidad alguna. Todo lo que actúa es físico, como quiera que actúe. Por un lado tenemos un poder animador o espíritu, que utiliza la estructura del cuerpo físico, por otro la estructura como base única e indispensable, por complejo, delicado o noble que pueda ser ese funcionamiento, en términos de moral o de religión".
Sin embargo, los introspeccionistas y los mentalistas, no han demostrado aún su punto de vista científicamente, debili­tándose todavía más la posición de estas escuelas, por los múltiples grupos en que están divididas. Dice el Dr. William E. Hocking 17, de Harvard:
"En verdad la sicología no habla con una sola voz. Tenemos las sicologías dinámica y objetivista, la de Gestalt y la reaccio­naria, la freudiana, la estructural, la conductista y varias otras escuelas. Producen diferentes imágenes del yo, pero en conjun­to tienen un aspecto nítidamente fisiológico y podemos tomar al conductismo como un ejemplo puro, porque es la última ins­tancia de este carácter".



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