Edmundo Valesano (Ramón Anta)



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Edmundo Valesano (Ramón Anta)
ELEMENTOS DE COSMOGONÍA MUSICAL

TRATADO DE COMPOSICIÓN
P. ¿Sois compositor?

R. Sí, por la gracia de Dios.

P.¿Qué es COMPONER?

R. COMPONER es sanar. Afinar el corazón.


Tres puntos deben considerarse en este asunto:

Predisposición

Disposición

Posición[1]



PREDISPOSICIÓN

El gran compositor de la Nueva Escuela Hispánica de Composición será normalmente un niño cínico, enfermizo, displicente, caprichoso, mimado, malcriado. De un perfeccionismo lacerante. Un tipo desequilibrado, que busca el remedio a su angustia moral en la música. En definitiva, un tipo predispuesto a caer en el más cruel de los vicios. Hay que descender al centro de la Tierra y ser capaz de encontrar el camino de vuelta. Por eso el centro de Tierra es ese lugar sembrado de huesos y carne corrompida. Es la predisposición del ARTÍFICE.

Será una predisposición ARTÍSTICA y RELIGIOSA al mismo tiempo.

DISPOSICIÓN

La técnica la deberá forjar en la fragua de Salinas, Ortiz, Santa María, Bermudo, Zamacois y Gago[2]. Su bagaje cultural será todo lo amplio que se quiera, pero es preceptivo el manejo solvente de las antiguas lenguas sagradas, aparte de las lenguas modernas que sean precisas. Las siete artes liberales, trivium y cuadrivium, son preceptivas.



POSICIÓN

Se divide en dos capítulos, a saber:

1.- Posición al componer: de pie siempre, sobre gigantesco atril dorado a la altura del pecho. Sobre suntuoso escabel a juego.

2.- Posición en la sociedad: la que imponga la estrategia. En la actualidad pasa por no llamar demasiado la atención. Aun dejando claro, por nuestra vestimenta y por nuestros andares, que somos, inequívocamente, COMPOSITORES. Hay que ir ganando privilegios y notoriedad, pero de manera silenciosa y rítmica.



EL SILENCIO

Porque el silencio es rítmico.

Cuando el maestro os licencie iréis a pasar dos años a Roma. Allí se gestará el oratorio. En silencio.

Silencio[3].

Largo silencio.

FORMAS MUSICALES

En otro orden de cosas. Me hallo escuchando el concierto nº 24 para piano y orquesta, de Mozart. Muy romántico. Beethoveniano. Ya me hacía falta. Parodia de cadenza. Destaca como es lógico el clarinete. Bonita exploración de los graves del instrumento. Es una música bastante inquietante.

Potente.

Dramático.

Segundo tiempo. Schubertiano. Brahms. Gran paz, apenas turbada por una punzada de dolor. ¿Con quién hablaría este hombre para ver esas honduras humanas? Precioso. Balsámico. Tranquilizador. Bucólico. Maravillosamente irónico el fagot. Delicioso. Un punto de insultante, mas siempre bellísimo. Parece un rondó. Paródico, irónico. Música callejera. El piano comenta condescendientemente, mejorando lo ya dicho (de eso se trata, huelga decirlo). Sencillo. De dibujos animados. Un uso muy impactante del unísono, entre el solista y los diferentes instrumentos.

Pasemos al tercero. Es de una ironía más recalcitrante, si cabe. Son unas melodías traviesas. El fagot siempre incordiando como es debido, que para eso le pagan.

Es un galope. Nerviosísima. Parece un estudio para piano romántico. Los músicos callejeros otra vez. El piano les sigue la broma. Raveliano se diría. Definitivamente raveliano.

Cambiando de tercio. Qué bello Philidor, por cierto. Tú también Dieupart, y también tú Altatierra, claro que sí. Sois dignos sucesores del grandioso jesuita Marco Antonio Charpentier.

Deberes para el examinando: ensayo sobre la pereza en los compositores y su influencia en el estilo personal. Puédese comenzar por Rossini, Liadov…

COSMOGONÍA

Uno compone para crear su propia cosmogonía sonora. Desde la verdad. Cosa que no es así en nuestros tiempos de indigencia compositorial, hay que decirlo.

Veamos a la sinfonía como un cuerpo celeste, con su rotación, sus órbitas, su vida, sus elementos, sus vapores, su fuego, sus humores. Sinfonía también como macrocosmos.

Tiene que labrarse uno su propio mundo, su propia alma. Su propia maison. Decidme qué preferís, ¿llegar después de una anodina jornada de trabajo a vuestro humilde cubículo de colmena?

¿O llegar a vuestra mansión, entrando por una opulenta verja, para tener que atravesar un feraz bosque, habitado por toda suerte de fieras (una verdadera teratogonía), y luego subir por una breve pero sinuosa cuesta conducente a un castillo imperial, en el más alto de los picos, desde donde se divisa el universo? Un mastodóntico y levemente chirriante puente levadizo se ha tendido tras la consabida contraseña. Un inmenso y flamígero órgano tallado en estalactita preside el interior de la nave central, lugar de purificación. Tendréis una vista tan despejada que percibiréis todo detalle en cientos de miles de kilómetros a la redonda. Más allá verán vuestros espías, que los tendréis, y buenos. Vuestra cara sposa tendrá un ejército de dimensiones y pericia similares al vuestro (eso no debe significar la misma combatividad, tened mucho cuidado con esto), y os gobernáis tan bien que juntos en alianza domináis un terreno que no hace sino crecer de forma alarmante (alarmante para el enemigo, por supuesto).

A partir de aquí yo echaría a volar la imaginación. Sí que os recomendaría que pensárais en desarrollar la capacidad de estimular los vientos que vengan de un momento especialmente agradoso para vos. La música francesa en general, pero la barroca más todavía, sería un bonito ejemplo por nuestra parte.

Los vientos enloquecen, pero hay locuras y locuras. Nunca renunciéis a ella. Eso nunca. Que os digan cosas, preguntas. Que también os pregunten los relámpagos, los truenos, las precipitaciones[4]. Recuerda: nunca renuncies a la locura, pues es lo que te mantiene ligado al cielo. Envía tú mismo los vientos que la sabiduría te dicte, irradia la luz que sea precisa.

Todo compositor es en cierto modo un constructor de órganos. Cuán interesante hubiera sido que Julio Verne nos hubiese informado de la construcción que el capitán Nemo llevó a cabo con su propio órgano, verdadero puente de mando del Nautilus. Nos lo imaginamos no poco atareado y angustiado por la ímproba labor de ensamblar los cinco mil tubos, que entonarán un preciosísimo, afinadísimo, afiladísimo canto pánico que preludia el hundimiento de buques hostiles.

El órgano. El instrumento del secreto. El secreto a voces. Miradlo ¿Acaso a alguien le cabe la menor duda de que se trata del rey de los instrumentos, con su frondosa melena leonina de tubos canónigos? El órgano es de calcita, tallado en la columna universal que nos une con Dios. Ésa es la CUERDA MADRE.

Para mañana, de deberes: Ensayo con vistas a fundar una Escuela Compositorial de estilo definitivamente metafísico, imperial y teocrático.



EPIGRAMAS

Los verdaderos compositores pasarán su vida en no creer lo que oyen y en tratar de escuchar lo que no creen y en tratar de escuchar lo que no creen[5].

La astronomía es hija de la ociosidad, la geometría es hija del interés; y si tratásemos de la poesía, probablemente encontraríamos que era hija del amor. Ahora bien, estaremos de acuerdo en que la composición es fruto del DESAMOR (véase Clave de Fa, corazón partido).

Un rey de Castilla, gran músico especulativo, pero al parecer, poco devoto, decía que si Dios le hubiera pedido su opinión cuando hizo el mundo, él le hubiese dado buenos consejos.

Nada hay más hermoso que un proyecto que se ejecuta con poco gasto. Nosotros propendemos a invertir frecuentemente todo esto en nuestras ideas. Ponemos la economía en el designio que ha tenido la Naturaleza, y la magnificencia en la ejecución. Le atribuímos un pequeño proyecto, ejecutado por ella con un gasto diez veces mayor del que sería necesario; esto es completamente ridículo. Cuidado con esto, compositores de la Tierra. Escribamos sinfonías que se puedan ejecutar en un abrir y cerrar de ojos por cualquier músico competente, sin necesidad de tediosos ensayos. Una sinfonía que, puramente…sí…puramente, se huela. Una sinfonía que puramente se huela, s’ensumi, en profunda expresión catalana, bellísima lengua, por cierto. Una sinfonía PANSINESTÉSICA.

Será una sinfonía catalana. Ya está bien de tanta Hispanidad. Hispanidad, sí, como no. Pero, qué ****, *******, catalana en sí misma también. ****, *******[6]. Vive la CATALANITÉ!

Para la próxima semana: Una sinfonía de camára de unos veinte minutos que incluya los cinco movimientos de la Misa. Estará en el tercer modo.

Nuestra escuela (este tratado hay que plantearlo como un documento interno de la Secta Compositorial Imperial) se plantea como penúltimo e irrenunciable objetivo el placer metafísico.

Muchos emperadores tuvieron un motivo añadido muy poderoso en el avance de la cosmología según leyes musicales. El primer objetivo sería ampliar el campo desde el cual hacer observaciones astronómicas cada vez más distantes y que ofrecieran contrastes que pudieran permitir a los astrónomos proponer un sistema cada vez más ajustado a la realidad.

FORMA SONATA

La música es una búsqueda, un encontrar y un seguir buscando[7]. Pero buscando ¿qué? ¿Alguien sabría decirme el nombre de un tipo de músico, ya elevado a la categoría de lo histórico, que responda al origen que sospechamos que tiene la música, “encontrar”, “trobar”? ¿Cómo encontró la música el hombre? ¿Hubo música antes del hombre? ¿En qué podía consistir? Comunicación cósmica, pura vibración. Complejísima y sencillísima al mismo tiempo (según desde dónde se mire, claro está).

¿Quiénes fueron? Los franceses, sí, los franceses y no otros fueron (Rameau, y no es casualidad, por cierto), quienes tuvieron la valentía, el sumo arrojo de perpretrar un sistema armónico –de tipo esencialemente pragmático, como correspondía a los tiempos, e inspirado (todo hay que decirlo) de los italianos- que nadie ha tenido ni la absurda impavidez ni la tremenda temeridad de sustituir. Eso, evidentemente, en el caso de que no contemplemos burdas y supersticiosas excrecencias de ese sistema (Schoenberg, Hindemith, Schenker y otros locos menores) o ciertas densas, misticoides y frívolas refutaciones, en el fondo bastante adherentes al origen… [De esto seguiremos hablando. Entiéndanlo como una amenaza][8].

¿Qué cuál es el arte de la música? Pues muy sencillo. Un buscar, un encontrar y un seguir buscando.

El alumno rescribirá este tratado en forma de catecismo.

SINFONÍA

Existe el PROTOSINFONISTA. Éste dicta la sinfonía al DEUTEROSINFONISTA.

Yo escogí ser protosinfonista. Es lo que me dicta mi conciencia.

DIRECCIÓN

¿Qué es DIRECCIÓN en música?

DIRECCIÓN en música es la sensación de que ésta lleva a alguna parte.

Puede ser EXPLÍCITA, fruto de la melodía, la armonía, la métrica y otros parámetros sonoros. O puede ser también de rango EMOCIONAL. Berlioz se doctoró en el segundo tipo gracias a su Symphonie Fantastique.

Trascendiendo la dualidad apuntada, podemos plantearla en otros términos. La dirección puede ser MATERIAL o bien ESPIRITUAL. La dirección material se compone de dirección lineal (recordemos a Haydn), de dirección circular (mencionemos el caso de Bach). Dentro de la dirección espiritual, distinguimos la dirección activa o dinámica y la dirección contemplativa o estática.

Mas no releguemos al olvido un cierto carácter de dirección: la DIRECCIÓN RADIAL, esa que magistralmente interpretan [algunos grupos de música popular, esa música que agrada a los jóvenes con pocas luces incitándolos a una vida de disipación y vicio][9].

Nosotros aspiramos a ocupar ese cuarto vórtice.

Más aforismos

La mejor música es infantil. En cambio la peor sin duda es la música infantil. Seamos pues candorosos. Si hablásemos de literatura invocaríamos a Homero, Cervantes, Swift, Stevenson, Verne, como autores para todos los públicos, que es tanto como decir autores para niños y exclusivamente para niños. Dejad que los niños se acerquen a mí.

La apariencia es realidad. Hagámonos ilusiones, para que en su autocrítica se vayan autorrefinando.

El emblema de la escuela de composición será la palabra catalana FINESA.

El sonido de una pluma que cae sobre la nieve[10].

¿Por qué “piano” en la era del fortísimo y “fortepiano” en la era del entrañable mezo… piano?



MORALIDAD

¿Qué es la ética en la música? ¿Qué es moral, o mejor dicho, MORALIDAD en nuestra arte suprema. Escórate hacia la izquierda radical al principio, enderézate cuanto antes y ve torciendo a la derecha.

Ejercicio 1: Aquí poner una clave de fa, (símbolo masculino).

Mirad las virtudes simbólicas del caduceo. Sí, la música es medicina. Es droga. Debe estar en manos solventes, luminosas, iluminadas.

Ejercicio 2: Clave de sol. Qué es la clave de sol sino un caduceo. Es un símbolo femenino.

Sería en todo caso una moralidad consonante con la que aplicaríamos a la droga más potente que entrase por el torrente sanguíneo, pues la música descuella y se enseñorea por encima de todas las artes mágicas blancas que persiguen la perfección del uni… al que pertenecemos… verso.

A propósito. ¿Quién dijo que sentir la música era romántico?

TODOS, y digo TODOS traicionaron el germinal (y solamente germinal) ideario romántico. Los románticos. Los románticos fueron los otros: quienes VIVIERON ese romanticismo, quienes lo sufrieron, y a quienes la literatura folletinesca tan sabiamente compuso. En realidad las sonatas de Beethoven no fueron sino el acompañamiento de historias folletinescas, geniales, sí, pero no más que una música incidental compuesta para un ballet. [En este sentido y como ejemplo, escúchese la ópera Fidelio, no una vez, ni dos veces, sino varias veces, hasta alcanzar el summum del tedio][11].

Debemos componer música para llegar a la redención, a la sublimación, a la ascensión a los cielos de todos esos armónicos que bullen en la cabeza en medio de un gran caos. Cualquier compositor mediano debería saberlo.

Hoy todos queremos ser artistas, pero confiamos poco en nuestros instintos totalitarios para imponer una sola arquitectura. ¿No es ello posible? No hay duda de que ello es radicalmente posible. ¿No es deseable lo totalitario?

Se abusa sobremanera de la música. La humanidad (es decir YO) se ha intoxicado de música y el cuerpo, que es de natural frágil, no puede evitar sino sentirse un poco envenenado. Reacciona, rechaza, y está a la espera de volver, pero a algo superior.

Qué felices seríamos si nos impusiésemos… Vamos, ¿quién no se ha planteado con certeza la necesidad de obligar a todos, digo a TODOS, a dominar la armonía de Zamacois. Sustituiremos el zafio espectáculo por la competición de sinfonistas que presentarán una sinfonía-bagatela en forma sonata. La interpretación recaería en las diferentes orquestas sinfónicas de cada distrito, donde tocarían músicos esclavos que sólo podrían irse rebajando su tiempo de cautiverio tocando con competencia. El gobierno imperial regirá incluso los destinos de los sinfonistas más eximios. Habrá unos superintendentes, que apenas compondrán, pero a cambio propondrán los ejercicios a los sinfonistas de las diferentes categorías. El mundo en que vivimos sólo funciona así. Y así se está empezando a hacer. Estas absurdas competiciones no harían sino ir refinando el arte para MATARLO de una vez[12].

A la genialidad se accede. Está en uno. Pero ¡cuán difícil es llegar a ella! Por tanto es preceptivo el arte de la navegación armónica según San Zamacois y la de pilotaje contrapuntístico según san Gago.

Los compositores (entiéndanlo lato, es decir, quien compone a secas) son, resulta evidente, los que más literalmente padecen el sufrimiento sonoro, porque les distorsiona la señal que tienen con algo superior.

Sencillamente cuando uno habla de MÚSICA habla de lo desconocido, de la pregunta incontestable.

SILENCIO

Casi han tomado carta de naturaleza las asociaciones, normas, leyes contra el ruido (podéis cambiarlo por sonido). Y ¿Por qué no a favor del SILENCIO?

¿Qué es silencio? ¿Hubo silencio alguna vez?

El silencio es la no-nota, no-ruido, el no-silencio. NO-SILENCIO. El silencio de la sabiduría. Ahora nos toca pensar a nosotros, que somos la no-sabiduría, el no-silencio. Y no-silencio. Un no-silencio.

Ahora bien… Si queréis que os diga la verdad, y ya que hablamos de romanticismo, Brahms es el mejor de la decimonona centuria. No me preguntéis por qué. No sé. Bueno, puedo suponerlo. Hasta asegurarlo. Miren. Es muy sencillo.

Tiene gusto. Su silente barba es espesa y frondosa y además metía pifias a porrillo tocando unas piezas que con todos los fallos del mundo no dejaban de sonar como un Beethoven salvajemente apaciguado, domesticado. Recuerdo en las brumas la ballade nº 4, que es como un ROMPEHIELOS, que silenciosamente hiende todo cuanto se encuentra a su paso. Un dignísimo paso de marcha al patíbulo. Silencioso patíbulo.

Ahora bien. Se me ocurre que debería existir un decreto del género humano que prohibese hablar jamás del silencio, para evitar que se conserve el recuerdo de las necedades que se han hecho o dicho sobre este particular.

Pero sería necesario entonces –replícome a mí mismo- que el mismo decreto aboliese la memoria de todas las cosas y prohibiese que se hablase nunca de nada. Esto sería lo más deseable.

No ha mucho que recibí el encargo de una obra orquestal para un festival de música contemporánea. Pero, ¿qué es la contemporaneidad en música?

La música debe ser funcional. Nunca un fin en sí mismo. Debe ser un globo para elevarse y mirarlo todo como un emperador mira su imperio y lo que no lo es. Esa redondez sólo la alcanzarán los mejores artífices. Los decoradores, pasando por toda laya de artesanos, hasta llegar a los aplaudidores, son muy otra cosa.

Recordémoslo. El grado al que aspiramos es el de la intendencia. Los esclavos son los compositores del futuro.

Ya sólo nos vale lo excelso, lo único, lo universal. Lo nunca dicho. La panacea universal. Los mejores, de hecho siempre estuvimos exclusivamente interesados en el concepto escrito, no en el sensual. ¨Todos los grandes sintieron grandes y gratuitos horrores ante la ejecución de sus magnas obras. Y fueron displicentes con justicia.

A propósito de la muerte de Copérnico, coincidente con la fecha de la publicación de su sistema. Al fin se resolvió a ello, ante el ruego de personas muy respetables; pero también el mismo día en que se le llevó el primer ejemplar impreso de su libro, ¿sabéis lo que hizo? Se murió. No quiso soportar todas las contradicciones que preveía, y se zafó hábilmente de la cuestión.

Hagamos un largo y respetuoso silencio. Lo merece. Repito. Hagamos un expresivo, musical silencio. Hagamos una reverencia. Una chulesca y tonitruante reverencia. De petulante matón. Pero eso sí. Muy… silenciosa.

Todo se vuelve muy profundo. Un bajar a la tierra.

Recordémoslo. Un tal Jan de l’Ors, que desciende a la sima del universo. Allí vuelve a orgasmizar a la MADRE TIERRA que produce ese entrañable canto más bello del mundo. El gato del carbunclo. Jan, con su cayado de cuarenta quintales. Aquella bellísima damisela de cabellos rizados, dorados. En fin, para qué seguir. Quizá sólo traer al recuerdo aquel sutil sonido de una pluma que desciende –repito, desciende- sobre la nieve. No me negarán lo enjundioso del caso.

Comenzáis a tomar conciencia del valor de los momentos de silencio que observamos en nuestras reuniones. ¿No es cierto? Pero esto aún no es suficiente: es preciso sentir que nuestros silencios sean vivientes impregnándolos de luz y de amor. A veces hay silencios siniestros. Por ello debemos sentir la diferencia entre un silencio y el otro.

REVOLUCIÓN

¿Quieren una verdadera revolución? Asalten de una vez la guardia musical que se impone como losa aplastante y defenéstrenla, poniendo en su lugar el canto más hermoso del mundo, para siempre jamás. Pero, por favor, impongan para empezar la sana, prudente y hasta relajada costumbre, el hábito de sentarse a leer una sinfonía de nuevo cuño. Sólo sonaría un tenue metrónomo fuera de escena para sincronizar la vibración colectiva. Y así la música sonora pasará a ser un remoto sueño. Un remusgo. Un remusguillo. Bonitas, melifluas palabras.

Deshacerse del metrónomo sería divino. Lo último, lo más difícil. Ese metrónomo que siega vidas. Un unísono.

Será sin duda, nos atrevemos a decir, una lenta y enjundiosa marcha militar, de buen digerir, pero no por ello menos implacable y tanto mejor cristalizada cuanto más contundente y enardecedor sea su mensaje.

Y no os estoy hablando de las argucias de que se valieron todos los anteriores, que se sirvieron maquillar a un muerto, necesaria y loable y tamaña empresa que, señor mío, ha concluido. La obra está hecha. Prueba superada. Han tenido buen suceso. Buen deceso. ¿Están contentos? Han cazado la gloria, la eternidad. Sí, son Vds. Eternos.

¡Ah, la música! La más alada de las artes venatorias de que se ha servido el ser humano[13].

Últimamente ya no cazamos nada que tenga el fuego de la vida. La conclusión es clara. Las artes músicas se quedan sin vida, sin aliento. Van alicaídas, van en precario submarino. Es el pánico.

Todo buen compositor ha de poder hablar con total elocuencia. ¡Cuida tu elocuencia, cantor!

Cazad estos consejos al vuelo[14]:

Seis compases al día.

Forma sonata.

No os quedéis en Calipso.

Cuidado con las sirenas.

Comed de pie.

Componed de pie.

Componed de noche. Durante el día dormid.

Componed bailando desnudo ante el espejo hasta alcanzar la ekstasis.

Entrad en la sala de los juguetes con respeto.

No profanéis la sala de los juguetes.

Ganad el derecho al silencio.

La composición es hispánica, fue hispánica y será hispánica. Tres veces hispánica. Será Tri-hispánica.

Por tal motivo no deberá el compositor contaminarse por influencias foráneas. No sólo eso, su música deberá representar el sentir genuino de su propia tierra. Y a través de eso reflejar lo hispánico.

Repito, debe componer seis compases al día. Los grandes así lo hicimos.

Eso sí, hasta los cuarenta no hay sinfonista.



INSTRUMENTACIÓN

Cambiando de tema. Ah, la trompeta. Rogad a Dios por un solo de trompeta sobre un RE sobreagudo en cinco pes, messa di voce y vuelta a cinco pes. Preside un calderón.

Atención a una melodía al unísono entre el saxo y la flauta.

Recordemos. El compositor compondrá de pie, con el sudor de su frente. De pie, sobre atril a la altura del pecho. Aunque en algunos casos, por prescripción psiquiátrica, se podrá componer tumbado a la bartola. Relájense. Estamos empezando. Ya daremos el RE sobreagudo… en cinco pes.

Quién sabe. Podría ser también cincopado. De cíncope.

Pasemos el testigo.

[Cíñanse el tahalí][15], que vamos a apuntar. Tensamos… ¡Sin prisa! Entonamos una chulesca… matonesca… tonitruante… fanfarria. Aguantemos apuntando y soltemos.

Ya dará en [la blanca][16].

De crucial importancia será el trabajo con el unísono, ya sea entre dos, o entre más instrumentos. De ello depende la inflexión prosódica de la vox symphonica.

POLICÍA MUSICAL

Cantar gregoriano y la mitología en clave musical son dos puntos de la educación religiosa en nuestro país, el único punto de vista posible en el nuevo imperio musical.

Si las sirenas perdieran su voz natural, el instrumento adoptado sería la barroquísima trompeta natural.

Hay que elaborar una música de guerra. Una música enardecedora.

Uno de los primeros síntomas verdaderamente inquietantes de la decadencia de nuestra civilización lo tenemos en el día en que Luís XIV tuvo el desgraciado capricho de mandar repetir aquel dichoso motete de Campra.

Abundando en la formación arqueológica del nuevo compositor hispánico. Es taxativamente obligatorio el dominio de las lenguas muertas que nos afectan.



CALIGRAFÍA

Otro valor irrenunciable. Por su CALIGRAFÍA los conoceréis.

La caligrafía es el trazo bello. Hay que vestirse, hay que vestirse de etiqueta en señal de respeto ante la página en blanco.

La primera nota contiene a todas las demás. Es la pera universal[17]. Cuida tu caligrafía, cantor.

Diríase que la escritura es un elemento compositivo más. Como el juez de una contienda.

De verdad. Si queremos hacerle un favor a la hispanidad compositorial, eduquémonos todos en el canto gregoriano y en la mitología. De lleno. Penetremos en los ethoi de los modos del octoekos en sus mil irisaciones. Los ecos de las cuerdas madre. Expresividad hipnótica. Una inmoralidad para los tiempos que corren.

Deberíamos conocer exactamente todos y cada uno de los segundos de la vida de una Hildegarda von Bingen, y de todos aquellos que han dicho grandes cosas. Marsias, Orfeo. El gallo aquel que en mala hora sonó. Un metrónomo que segó una vida.

¿Qué tal la vida de un Melani? Esa melodía tan mórbida, punzante, enardecedora.

Más consejos
Tened siempre a la mano un buen diván compositorial, donde podáis trazar con tiralíneas un entramado virtual, que vuestro esclavo se encargará de copiar en partitura, con mano maestra. Como los talleres sevillanos de pintura en el Siglo de Oro, donde el maestro dirigía a su orquesta de pintores, cada uno de los cuales resonando en su propia nota, creando entre todos una armonía de consecuencias pictóricas.

Y así lograr un colchón de silencio entre vuestra ejecución (vuestra inmolación chamánica) y los aplausos. Y no deben ser éstos vulgares, mecánicos y horrísonos batires de palmas, verdadera plaga de nuestra época. Ahora bien: PROHIBIDO al compositor, por su bien, que asista a ninguna interpretación de su obra. ¿Os imagináis a un novelista leyendo su propia novela, o un repostero que tenga curiosidad por ver cómo un cliente ingiere sus pasteles?

Buen gusto en este tema, por favor.

Ese RE sobreagudo atacado de la nada por una trompeta, no es que nos parezca inmediatamente bello en sí. Es lo irresistible de ese sonido lo que nos parece bello. Esa mediatez es el silencio.

Sobre el silencio
Surge un silencio mortal cuando un aprendiz torpe se para en una pieza. Es un silencio incómodo, inconveniente, muy musical, llamativo. De indecisión. El moderno músico lo sabe bien. Deformar es barato. Un recurso industrial de reciclaje de basuras. Permítanme la franqueza.

El silencio clarifica el ritmo. Es saludable. Permite respirar. La virtud silencial.

Un intenso silencio, por favor. Un masaje para el alma, el silencio.

TERTULIAS

Tertulias. Necesitamos LVX. Música luminosa. La duración será HORA Y MEDIA. Habrá un secretario que lea el orden del día y anote las necedades que se van diciendo. Para hacer lo menos penosa posible la labor del secretario, se procurará guardar silencio durante la totalidad del tiempo previsto, que, por cierto, será improrrogable. Todo lo más, ya hacia el final, alguien se atreverá a romper el hielo diciendo muy desapasionadamente: “curioso, ¿verdad?”

La inasistencia será un motivo perfecto de silencio. La inasistencia, que no la ausencia. Muy por el contrario.

HUMORES

¡Qué poco se ha dicho sobre los humores en música!

La melancolía misma. Mirad si no se han dicho cosas sobre el tema.

P. ¿Un humor?

R. La melancolía.

Sin pensar.

¿Cómo curar la melancolía con música?

¿Cómo sanar la melancolía con música? ¿Es ello posible?

¿Sería una música propiamente melancólica? ¿En dosis infinitesimal acaso? ¿En qué medida la administración de un fármaco tal no sería por aliviar una dependencia[18]?

Veamos lo que establecen con claridad meridiana autores tan dispares como Burton, Fludd, Swift, Torres y Villarroel. La música es una de las formas de aberración humana, que habría que desterrar de la faz de la tierra[19]. Por melancolizante. Claro que ellos no hubieran detestado de una ópera de Marco Antonio Charpentier, los muy paganos. ¿Les hubiera complacido por igual una misa de las suyas? Con esto planteamos una cuestión peliaguda, y de cuya conveniente resolución cadencial se derivan las mayores preseas para el compositor.

Estamos en tiempos penitenciales. Tiempos de misa, por consiguiente. Tiempos de misa. No tiempos de ópera.

Y mucho menos tiempos de ballet.

Hay que volver a la palabra.Compongan con instrumentos, pero, ya que lo hacen, intenten sobrepujar a la voz humana. A ver si son capaces. La molicie, por hacer un inciso moral, sería el uso excesivo de instrumentos, y puramente sensual. Tomemos nota de estos cadáveres a nuestro paso, pero que nadie les preste demasiada atención, so pena de ser convertido ipso facto en cerdo que hoza.

FRAGMENTO DEL DIARIO SINFÓNICO DE EDMUNDO DE VALGRIS

Veintiocho de abril:

Bien. Hoy, a ventiocho de abril de 2004, después de haberme comido un rape en el exclusivísimo y aberrantemente caro club náutico de Arenys de Mar, he decidido iniciar la SENDA de la sinfonía. Una senda plagada de huesos y carne corrompida.

Veintinueve de abril:

Hoy he conversado con el contestador automático de mi maestro de composición. A él glosé las maravillas de esta nueva sinfonía que se está gestando. Será sentimental. Será “psico-acústica”, (pienso que este adjetivo debería utilizarse entre nosotros en tal sentido, que considero huelga explicitar). Vamos a disponer una plantilla. Un modo. Una métrica, un argumento. Sí, un argumento.

Tramar. Tramar. Tramar.

Vamos a basarnos en la orquestación. Ingeniosísima. Sonatística. Mucho contrapunto. Parodia de un tiento de falsas. Prever posibles combinaciones, unísonos, densidades, texturas antifonales. Intercalar un ofertorio. ¡Qué grato poder se siente ya, ante los miembros inertes de lo que va a ser un ensamblaje genial, sin precendentes!

¡Por favor, que sea versallesca! (Esto se corea ad libitum, o, si se quiere, también se coreografía).

Tome nota el discípulo.
DEBERES:
1.Protosinfonista antes que sinfonista.

2. El Archisinfonista.

3. Re sincopado.

4. Una cíncopa.

5. Cómo ha de funcionar la escuela de sinfonistas.

6. Hay que dejar cerrado el piano. Actos seguido se le dan al piano unas palmaditas de complicidad.

7. El caduceo, el corazón partido, el pentagrama (estrella de cinco puntas, el infinito, la espiral de la clave de sol…).

8. Cebarme más en la posición del compositor. En el sanctasanctorum, velado por unas imponentes cortinas de terciopelo. Suntuosísimas.

9. Plantear las paraphernalia de la Sinfonía Nerón (Tertius Modus). Como deberes.

10. Cuatro moviientos. Apocalipsis. Compás de compasillo. Polimétrica con un espacioso 17/4. Hay que saber el número de compases para dos minutos a un tempo metronómico. Insertar a la altura de marcha militar.

11. “Cerdo que hoza”. Mencionar a Luís XI.

12. Bibliografía recomendada.

13. Vestuario de gala. Gorro frigio para prevenir la perspiración.

14. Un día, el rey Luís XI, deliciosamente aburrido tras cierta lectura homérica, se dirigió a su preceptor musical y le conminó a que compusiera música para cerdos, en la genial intuición de que éstos expresarían un bellisimo lamento. Así fue. Resulta interesantísimo, amigos, imaginarse cómo será ese seguir buscando de tan noblemente ocioso personaje.

15. Ilustraciones musicales. Kyrie gregoriano (modo iii).

Esto son deberes para mañana, querido discípulo.

Treinta de abril:

Dentro de algo menos de dos embarazos llega –no de París, sino de la castiza Cesaraugusta- mi nuevo clavicordio.

Mi nuevo clavileño, en felicísima expresión de una amiga a la que poco se le da la diferencia y matiz que pueda haber entre un clavicordio, un clavicémbalo, un monacordio, o un clavicornio, o incluso un clavileño.

Yo, a diferencia de muchos matrimonios indecisos con el nombre que pondrán a su retoño, ya tengo decidido el nombre de mi pequeño.

Se llamará Clavileño de Valgris, y llegará al mundo en medio de fastuosísimo y universal regocijo. Los mejores artistas se encargarán de acogerlo con pastoralette, balletti, sermones, etc. Será bautizado en lo que yo llamo MODVS LVXVRIANS. Su padre soy yo. Su madre es un tal R. M., sevillano, buena y mansa persona como nadie hay en este mundo.

El genio, el carácter caprichoso y despotico, eso lo heredará de mi ilustre persona. Cohabité con el amor, el cariño y hasta la lascivia justa para concebirlo. Es decir, le inoculé mi stylus luxurians a mi constructor de monacordios.

Lo traté como se merece un personaje lo bastante loco como para dedicarse a la alquimia sonora, pues como dicen los muy expertos en la materia, la alquimia no es sino un “Ars musicae”.

A estos sujetos hay que escucharlos siempre y tomar en gran consideración todo cuanto dicen o callan.

Le dije: “Quiero un teclado con accidentales de palisandro con incrustaciones de boj, y las naturales de boj con la siguiente leyenda en los frontales: MAIORA MINORIBUS CONSONANT, jalonada por unas deliciosas manecillas que me recuerden la fastuosa Facultad Orgánica de Correa de Arauxo”.

Me despedí cortésmente, no sin antes proclamar a los cuatro vientos: ¡Larga vida a los constructores de monacordios!

Ah! Cabalgando en mi Clavileño, rodeado de una divina bruma que me aísle del mundo indiscreto, obraré las mayores heroicidades que jamás un ser humano haya logrado llevar a término, que un ser humano jamás haya impersonado, que jamás haya impresionado en los Anales de la Historiia.

Retrataré todos los caracteres, excitaré todos los afectos. Compondré tientos, ricercares, batallas, fantasías, canzonas, intratas, fanfarrias, sonatinas, brunettes, preludios, tríos, danzas, versos, entonaciones…

Compondré cantatas, misas, óperas, sinfonías, para que todas ellas sean escenificadas en el más imponente teatro que hayan visto los mundos: mi monacordio. Clavileño. Clavi.

La llave que abre puertas (y no es mal augurio el feliz CUM-CLAVI que nos ha dado al imponente Benedictus XVI). Leño. Lignum crucis. Santígüense los presentes, hagan el favor.

¡Viva Clavileño!
ANEXO (Pseudoepigráfico)
Sobre los instrumentos que hacen al caso.

Se dice instrumento a todo ente cuya razón última de ser está fuera de sí mismo, id est, es un medio. Un medium. Porque la música resula ser, en último extremo, una forma de espiritismo. Tomen nota. Todo instrumento, siendo como es, un medio, resulta ser en se y per se, perfectamente negligible, porque su causa primera y final no está en él.

Una orquesta con 126 músicos, todos de rigurosa etiqueta, ante sus atriles, con sus partituras. Silencio. Aparece el más sabio y experimentado director que han conocido los tiempos. Aplausos enfáticos. Silencio. Expectación. Va a empezar…

Ninguno de ellos lleva instrumento alguno, ni tan solo el director lleva la batuta y, sin embargo, a tenor de lo que se ve, ¡todos y cada uno de los músicos ejecuta los movimientos y pausas que reclama el estricto seguimiento de la partitura! Pero no hay instrumento alguno. Los más necios, la escoria, el público, quedarán estupefactos y pensarán que asisten a una farsa o a una convención de enfermos aquejados del mal de san Vito. Y es que sólo unos pocos elegidos podrán disfrutar de esa divina música, interpretada sin medios, porque es música telepática dirigida a personas divinas, de una prístina pureza.

Esta orquesta es un invento mío.

Así los instrumentos, los medios, no perturbarán la audición de las causas primeras y finales, y quedará asegurado, para siempre, el SILENCIO.

Reclamo para mí aplausos silenciosos y plácemes apostólicos, pues esta obra se estrenará, necesariamente, en la basílica de San Pedro, de Roma, o en san Juan, de Letrán.

¿Está el mundo preparado para estas revelaciones? ¿He sido muy osado? Y sin embargo, alguien había de decirlo.

Volvamos al medio. Al justo medio peripatético.

Al principio creó Dios la flauta y la viola, pero la flauta sonaba caótica y confusa, y la vergüenza se cernía sobre la viola. Y dijo Dios: “Hágase el clavicordio”, y el clavicordio se hizo. Y vio Dios que la cosa era plausible. Así surgió el bajo continuo. Como Dios manda.

Genéricamente hablando: hay instrumentos de viento, instrumentos de metal, instrumentos de cuerda y instrumentos de tortura, que son casi todos los anteriores. Hay demasiados. Sobran instrumentos. Es una vergüenza.

En realidad sólo hay un instrumento: la flauta de Pan. Inspira terror pánico, sobre todo si está tocada por un peruano con una ligera cifosis. En este sentido: nótese que el órgano no es más que una ciclópea flauta de Pan invertida y sofisticada hasta el exceso. Por ello también inspira un pánico indecible.

La tesis según la cual el órgano desciende del clavicordio es absurda. El órgano desciende de la flauta de Pan. Aunque cabe la posibilidad de entender el piano como una suerte de eslabón perdido. Sobre ello habría mucho que hablar si hubiera ganas. Pero no las hay. Vuelva usted mañana.

El Piano

Con absoluta certeza el piano es el instrumento más hipnagógico de toda la flora orquestal. El más Casanovesco. Tener un piano y tener una mujer impúdica son la misma cosa. Por eso los pianistas son celosos. Tomen nota, señores, y observen: incluso los más legos en música se atreven a pulsar las teclas ante el espanto del pianista. ¿Por qué esto es así? ¿Acaso yo, que soy pianista, toco las tetas de la señora cuando soy convidado a casa ajena?

Todos los pianos debieran ser guardados bajo siete llaves en un iconostasio, para evitar ese manoseo soez e innoble. Basta ya.

Si no estuvieran cegados por las engañifass de este mundo traidor, verían con meridiana claridad que el piano es un sarcófago con patas. Por eso es negro. Por eso erclama candelabros, por eso hay que tocarlo ataviado con ropajes de riguroso luto, por eso tiene una tapa, como los ataúdes. Con circunspección se puede llegar lejos, pero el asunto reclama un mínimo de respeto. Finesa, por favor.

Al lado del piano debiera haber una pajarera con un murciélago. Pero eso ya no se estila desde el romanticismo, y es que los tiempos cambian. Creo que Schubert y Chopin estarían de acuerdo conmigo, con permiso de Georges Sand, por supuesto.

Si se toca una sola nota, suena como una avellana al romperse. Ciertamente, no es el colmo de la armonía, pero eso es lo que hay.

El piano es un animal doméstico que requiere muchos cuidados. Téngase presente. El pianista también los requiere, por supuesto.

La Guitarra

El gran tenor Adolfo Hitler, en su vertiginoso y truculento ascenso al poder, promovió grandes hogueras, primero de libros, luego de judíos, luego de toda Europa y, finalmete, de sí mismo. Vaya gañán estaba hecho. Pero se olvidó de las guitarras españolas.

Haendel, con su Música para los reales fuegos artificiales, puso acompañamiento musical a la Segunda Guerra Mundial, entendida como la mejor ópera que han conocido los siglos.

Esto es importante, Entartete musik.

El flamenco es el colmo de la Entartete musik.

El compositor está obligado a conocer los entresijos de la entartete musik. Pero esto será antes de licenciarse con honores y pasar a la reserva.

Deberes: explicar con todo lujo de detalles, con gráficos y estadísticas, porqué la guitarra es un instrumento abyecto y egoísta. Se puede consultaar la Patrística y traer a colación a Wagner y a Nostradamus.

Trompetería

Nunca ha de faltar. Todo sinfonista que se precie andará precedido de un séquito de trompetistas que amenicen sus andares y anuncien su llegada.

La gran superioridad de la trompeta sobre los demás instrumentos, es que se puede tocar con el culo.

Mi maestro me ha hablado de unas trompetas cuya embocadura está hecha con auténticos labios de mujer.

Las trompetas, para ser exactas, han de estar construidas en Bâle, con electrum mágico según la fórmula que Paracelso explica en su Archidoxias. Pero se admitirán réplicas y sucedáneos para que ensayen los neófitos.

El aspirante a trompetista real deberá memorizar absolutamente todas las obras del gran Purcell, so pena de acabar sus días en la indigencia y en el oprobio.

Profecía: Sus borceguíes serán trocados en alpargatas, sus mantas de armiño en camisetas de albañil, y sus trompetas de electrum en tuberías de plomo.

Volvamos a la trompetería:

–¿Tienen trompetas?

–Por supuesto, señor. Esto es una trompetería.

–Quisiera una trompeta que haga para mí, que sea de mi talla moral. Es para una Misa de Coronación.

Crearé una Orden Secreta de Trompetistas Imperiales Agustinianos. Serán paracélsicos y se reconocerán entre sí por un camafeo de ónice con diamantes engastados, en cuya centro veráse un gallo poderoso tallado en un carbunclo de fuego. Estarán obligados a la más severa continencia sexual y una vez al año se reunirán en Hipona.

Estos asuntos han de ser abordados más prolijamente. Baste con lo dicho.

Violines

Violón. Viola. Violín: la cosa va menguando. Se va haciendo cada vez más crepuscular.

Que refinado invento el violín; que instrumento tan petit maître.

El Pretercompositor no debiera negilgir jamás, en absoluto, a sus violines. Nobleza obliga.

Los violines ocupan un lugar destacado en las orquestas comunes, a qué negarlo, pero en la mía (que es una orquesta seráfica) los Stradivarius son tañidos por vestales japonesas, un poco anoréxicas completamente desnudas, a la luz de las teas.

Y ahora, un receso. Enciendan, si lo desean, sus narguilles, pues el maestro va a descansar.


IVª fantasía para violas en do menor, de Purcell. Es como un arcabuz que dispara agujas de coser que se clavan en los ojos. Eso duele. Pero no tanto como la melancolía.

Les hablaré de la melancolía: es ectoplasmática y albuminosa, muy goyesca.

Cuando la melancolía me vapulea, entro en mi personal semana santa. Tiempo de Oktoechos.

Volvamos a Bizancio. Hoy mismo.

¿Qué me dicen de un buen Stabat Mater? Eso entra sin ganas. Sin ir más lejos, ahora estoy componiendo un Stabat Mater según modo antimonial: STaBatMater. Stibium, ¿comprenden?

Dígame usted cual es el antídoto de la melancolía.

R. El Magnificat de Bach.

P. ¿Y su adyuvante?

R. El Ave Verum Corpus, de Mozart.

P. ¿Y su coadyuvante?

R. La Misa Solemnis, de Beethoven.

P. ¿Y en su defecto?

R. Las Vísperas, de Rachmaninov.

Las composiciones solarizantes se distinguen de las demás en esa profusión de trompetas, bombos y timbales que tanto agradaban a Luís XIV; cuando Monsieur Lully tenía un rato, y a escondidas del Rey, se colcaba un cilicio y componía Motetes, para desintoxicarse un poco de tanto boato elíseo.

La música imperial siempre es heliocentrista, con trompetas y timbales a porrillo, alegre como un lingote de oro; en cambio la música republicana y democrática es triste, tediosa. No incita a la procreación, sino al suicidio. Eso, en música, es una bajeza. No tiene nombre. Ferde Grofe.

Viendo estas cosas, uno emigraría a la Tebaida, se haría estilita y por más que le rogaran,no bajaría de la columna.

Una vez a la semana un acólito me traería partituras en blanco, tinta, champagne francés y caviar beluga. Una vida sencilla y apartada del mundo. ¿Es mucho pedir? Yo entiendo que no. No concibo otra manera de componer.
Encargos, honorarios y estipendios (atribuido a Salomón)
…Hijos míos: aceptad encargos, pero no compongáis gratis ni para vosotros mismos. Un óbolo para las vírgenes del templo por cada hora compositoria. Si el encargo proviene del Sumo Pontífice, demandad dos gramos de oro, pues la Iglesia es pobre. Si proviene de un noble, pedid cuatro gramos de oro, pues la aristocracia ya no es lo que era. Si el encargo lo efectúa un ricoa hacendado, cobraréis seis gramos de oro, para que no caiga en la pobreza por vuestra culpa. Finalmente, si ese encargo proviene de un hombre de escasos recursos, no os abstengáis de exigir ocho gramos de oro, pues los caprichos se pagan y todos tenemos que vivir.

Hijos míos: nunca trabajéis por amor al arte, pues el arte nos ha hecho pobres.

Hijos míos: si os encargan una Misa de Coronación, componedla, pero no la firméis, no sea que advenga una revolución francesa y vuestra cabeza termine en una cesta.

Si os solicitan un Requiem, cobrad por adelantado, para no pasar hambre en vuestras postrimerías y que el finado de burle de vosotros.

La música matrimonial la pagarán los contrayentes a partes iguales, a efectos de evitar riñas y disputas durante el divorcio.

Hijos míos: cobrad siempre en oro, pues el papel es papel y se lo comen los ratones. Un régimen derroca al anterior y todos los gobiernos pasan, pero el oro permanece. Quien acepta talones se coloca él mismo una soga al cuello y pasa vergüenza ante sus vecinos.

No os preocupéis del salario que se debe a los músicos, pues a ellos los ha hecho la Providencia muy resistentes a la necesidad y a la estrechez. Escoged músicos de baja cuna, pues esos nunca se quejan ni murmuran. Pagad a los rústicos con leña y estiércol para que se sientan bien pagados. Al concertino nunca le paguéis, para que no se engría su corazón….

Mi evolución musical sigue los dictados de la astrofísica. De la misma manera que el universo se expande a costa de enfriarse, asimismo la composición musical: se empieza con un gran frenesí creativo, luego, la cosa se va enfriando y haciendo más caótica y rarefacta. Por ello mi primera sinfonía se llama “la entrópica”, cuya partitura es algebraica de cabo a rabo. Lo nunca visto. Las primeras notas surgen a miríadas, como hormigas hambrientas, luego se van separando unas de otras, y la cosa termina en un agran vaguedad. La incógnita existencial no se resuelve. La culpa, una vez más, es de Pitágoras.

“Pienso, luego compongo”. “Compónte a ti mismo”. “Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de componer”. Esto es filosofía pura. Composición y metacomposición. Yo soy metacompositor a ultranza. Este tratado de composición es, en realidad, un tratado de metacomposición.

Siento deseos de organizar una soirée pianística en el interior de una mina de Barita. He de estudiar los detalles. Rigurosa etiqueta y guantes los caballeros, traje de noche para las señoras. Butacas de época tapizadas en terciopelo granate. Antorchas. Tres camareros que sirvan fruslerías. Dos galgos. Un mochuelo. Un estandarte con el sello de los Anjou. No sé. Ya se estudiará, como digo. Piezas de Ravel, Debussy, Berlioz, Poulenc, Anta. Soirée de pago. En oro, naturalmente.

Primero una nota, luego otra, y así sucesivamente. Francamente, no veo otra manera de componer. Y, con todo, este aspecto mecánico del asunto, vagamente albañilesco, le quita toda la pureza a la obra. Esto me tiene desesperado. Mucho.

Relación de piezas actualmente en curso:


Una Misa de coronación.

Un Te Deum.

Sinfonía nº20 “la entrópica”

Ópera en tres actos “Le Triomphe d’Eros”.

Sinfonía nº 1 “Nerón”.

Concierto para piano y orquesta nº 6.

Concierto para piano y orquesta nº 7.

22 sonatas para piano.

Oratorio pro sibilla christiana.

NOTAS

[1] (N. de E.) En su Tratado de Moral Compositorial, Leipzig, 1999, Edmundo Vallensis, pseudónimo del insigne compositor y Teólogo galaico Ramón Anta, considera a este respecto un cuarto punto, la posposición, a la que se refiere en estos términos: “Al mejor compositor de todos los tiempos le fue infundido por voluntas y voluptas divino el sagrado arte de la música. Desgraciadamente la identidad de tan sublime personaje no ha llegado hasta nosotros, pues junto con el título de gran compositor ostentó con impío descaro el de gran pecador, al andar postponiendo día tras día la ejecución de la obra que por divino designio le había sido asignada. Por fin le alcanzó la muerte, y abandonó este mundo dejando como unica herencia su gran débito con la humanidad”, vid. Trat. Mor. Comp.., vol. II, pg. 456 ss.


[2] Estos dos últimos sobre todo para la mecánica de los dos últimos ingenios: Armonía y Contrapunto.
[3] (N. de E.) A lo largo de todo este tratado, se observará que Edmond Vallensis manifiesta un interés filosófico por el silencio. Los pitagóricos, los antiguos cristianos gnósticos, los místicos medievales y los mecubales hebreos demostraron parejo interés. No cabe olvidar que el voto de silencio, junto al de obediencia, el de pobreza y el de castidad, son preceptivos para todos aquellos que quieran recibir el sacramento del Orden Sacerdotal. Recientes estudios efectuados en la Universidad de Begur, demuestran, sin lugar a dudas razonables, que el silencio es una entelequia humana, o lo que es lo mismo, una convención intelectual humana, por cuanto no es dable al hombre percibir sensiblemente el no-sonido o silencio, en razón del flujo sanguíneo que riega el cerebro, emitiendo una suerte de sonido perceptible sin demasiado esfuerzo en forma de agudos pulsátiles o, por el contrario, en forma de tonalidades graves. Este hecho es insoslayable. Por consiguiente, y si el silencio tuviera una entidad real en se, podría ser cualificable y cuantificable. Sin embargo, mucho nos tememos que sólo los muertos pueden percibirlo. Para una mayor comprensión de estos delicados asuntos, el lector interesado puede dirigirse a la Fñisica y a la Metafisica de Aristóteles, no menos que Descartes y a la Regla de san Benito.
[4] (N. de E.) Todo este pasaje no tiene desperdicio, pues el autor establece una consideración finísima entre genialidad, locura y fenómenos meteoros. En efecto, dícese que la tramontana (o Bóreas) de Valgris trastorna o enloquece a quienes se exponen a ella. Esto es absolutamente cierto y en buena hora: el pintor Salvador Dalí, el escritor Josep Pla, el alquimista Joan de Rupescissa, entre otros, son un ejemplo preclaro de esta sana locura eólica. En cuanto a los truenos, recordemos la expresión valesana “estar tronat”, alusiva a una insanía más genial que patológica. En el mismo sentido, y relativa al relámpago, se dice: “estar llampat”, aplicado a las raras manías que demuestran, a partir de entonces, los que han sobrevivido al impacto de un rayo, (rayo de Júpiter, cabe decir). En la actualidad, y es voz popular, cuando alguien es presa de una obsesión o paranoia, se afirma de él que está con el “siroco”, que es el viento del sudeste. Sobre este tema podríamos extendernos mucho y bien, pero no lo haremos.
[5] (N. de E.) La última parte de esta frase parece redundante. Consultando el original, verificando el mal estado de esta página y dado el contexto, nos inclinamos a creer que donde dice: “…en tratar de escuchar lo que no creen y en tratar de escuchar lo que no creen”, debería leerse más bien: “…en tratar de escuchar lo que no creen y en tratar de escuchar lo que no oyen”.
[6] (N. de E.) Tras sesudas investigaciones, hemos llegado a la verdadera conclusión de que las palabras, dada la textura, o incluso la tesitura de la situación, parecen ser coño y collons, si bien esta última no sino una entre varias alternativas igualmente plausibles.
[7] He aquí el germen de la forma sonata. Allegro, andante, allegro.
[8] (N. de E.) Borroso en el manuscrito original.
[9] (N. de E.) Borroso en el manuscrito original.
[10] (N. de E.) Concretamente una pluma de mirlo. Esta imagen, con la leyenda “finesa”, figura en el blasón de Edmond de Valgris.
[11] (N. de E.) Borroso en el manuscrito original.
[12] (N. de E.) Esta afirmación tan sonora ha hecho pensar a algunos eruditos que Edmond de Valgris padecía el llamado “síndrome de Saturno”, cuyo rasgo principal es la inclinación que demuestran algunos genios por devorar a sus propios hijos u obras. El ejemplo paradigmático de esta patología psicológica es Franzz Kafka, que en su lecho de muerte ordenó taxativamente a Max Brod que destruyera todos sus manuscritos. Se trataría de una pulsión neurótico-narcisista por la cual el sujeto, ávido de su propio ego, se torna homicida de sus porpias obras por temor de que éstas adquieran una inmortalidad o gloria que sólo a él le pertenece. El primer estudioso de este raro síndrome fue el Dr. Lishka (vid. Acerca de dos nuevos síndromes reportados: el de Saturno y el de Fausto, Llavaneres, 2004). Cuando preguntamos al Dr. Lishka acerca de esta posibilidad, mostránsole el párrafo en cuestión, ladeó la cabeza durante un instante, se mesó la barba durante un largo rato y terminó musitando un lacónico “es posible, es posible”, alejándose acto seguido con ademán taciturno.
[13] (N. de E.) En efecto: ¿de qué otra forma puede cazarse, sino, al divino Unicornio? Para los lectores más incultos explicaremos que el Unicornio posee un carácter tan astuto, violento e indómito, que su caza por medios ordinarios es poco menos que imposible. Sin embargo, posee un punto débil: su profundo amor por la música, y este amor le pierde. El ardite exige que una joven virgen se adentre en las frondas donde habita el Unicornio, se siente sobre una roca y empiece a cantar. Cuando el animal escucha el cántico de la doncella, queda ipso facto seducido, se acerca e inclinando su testuz sobre el regazo de la joven, queda suavemente dormido, momento que aprovechan los cazadores para salir de su escondite, disparar sus ballestas y lanzar sus venablos sobre el infortunado equino, haciéndose de esta manera con el preciado trofeo. Las malas lenguas afirman que esto es un mito, pero yerran al afirmar tal cosa; lo que sucede es que no lo han probado, sea porque no se les ha ocurrido, sea porque buscan en bosques equivocados, sea porque no han podido encontrar una virgen que sepa entonar con arcangélica inflexión el Canticum Canticorum, de Palestrina.
[14] (N. de E.) Los consejos que siguen son aparentemente absurdos, pero en ellos se adivina una intencionalidad trascendental, con retrogusto pitagórico. A este respecto consúltense los “versos áureos” y los “symbollon”, atribuidos al cornudo de Crotona.

[15] (N. de E.) Borroso en el manuscrito original.


[16] (N. de E.) Habida cuenta del mal estado del original, el común de estudiosos aceptan que dado el contexto debe leerse: “en el blanco”. Así se ha establecido hasta el día de hoy, máxime cuando nadie ignora que el Maître de Chapelle era un excelente arquero. No obstante, para nuestra edición, hemos querido someteer el manuscrito a la luz ultravioleta, y su sentencia inapelable es: dice “en la blanca”. Cabe entender esta afrimación chocante como un juego de palabras no exento de cierto humor inteligente.

[17] (N. de E.) De acuerdo a la física imperial que se imparte en la Universidad de Begur (Valgris), el universo tiene forma de pera. Es una pera cosmológica. Una jugosa pera divina que flota en la nada. Sobre la relación entre san Pedro, la Alquimia, la zarza ardiente de Moisés, Cristobal Colón, las Pirámides de Egipto, Isaac Peral, Heráclito y la Virgen María, puédese consultar, con gran provecho, la obra de Teofrasto Renardolo: Considerationes supra pera monarquica, mysthica, cosmologica et catastrophica, adversus omniae heresiae rationibus concernentes ad sphera et ovo philosophicus, Aquisgrán, 1875.


[18] (N. de E.) Aquí intuye nuestro autor los principios básicos de la homeopatía musical, tomando como ejemplo el tratamiento de la melancolía (a la que era muy dado nuestro compositor). Para esta dolencia, según él, convendría prescribir música de naturaleza melancólica, aunque en una dosificación ínfima. Para más datos al respecto, consulte el lector el Organon de Hahnneman, padre putativo de esta superstición con ínfulass de ciencia quod apellant homeopatía.
[19] Vid. nota 10


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