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TERAPIA REPARATIVA

DE LA HOMOSEXUALIDAD MASCULINA

UN NUEVO ENFOQUE CLINICO

Joseph Nicolosi


INDICE
PARTE I
A LA BÚSQUEDA DE LA PROPIA IDENTIDAD SEXUAL
CAPÍTULO 1

HOMOSEXUALES NO GAYS, ¿QUIÉNES SON?


CAPÍTULO 2

LAS CUESTIONES POLÍTICAS DETRÁS DEL DIAGNÓSTICO


CAPÍTULO 3

EL FRACASO DE LOS PROFESIONALES DE LA SALUD MENTAL


CAPÍTULO 4

LA IMPORTANCIA DE LA RELACIÓN PADRE-HIJO


CAPÍTULO 5

LA FORMACIÓN DEL VÍNCULO PADRE-HIJO


CAPÍTULO 6

EL FRACASO EN LA RELACIÓN PADRE-HIJO



PARTE II
LAS PROBLEMÁTICAS RELACIONADAS
CAPÍTULO 7

PROBLEMAS INSERTOS EN LA NIÑEZ


CAPÍTULO 8

OTROS FACTORES: LA MADRE Y LAS RELACIONES FAMILIARES


CAPÍTULO 9

FACTORES FISIOGENÉTICOS


CAPÍTULO 10

CARACTERÍSTICAS ASOCIADAS A LA PERSONALIDAD HOMOSEXUAL


CAPÍTULO 11

LA RELACIÓN DE AMOR HOMOSEXUAL



CAPÍTULO 12

LA SEXUALIDAD GAY


CAPÍTULO 13

EL RECHAZO A RECONOCER ELEMENTOS PATOLÓGICOS




PARTE III
PSICOTERAPIA
CAPÍTULO 14

EL TRATAMIENTO


CAPÍTULO 15

LA RELACIÓN TERAPÉUTICA


CAPÍTULO 16

CUESTIONES TERAPÉUTICAS


CAPÍTULO 17

PSICOTERAPIA DE GRUPO


CAPÍTULO 18

LA ENTREVISTA INICIAL


CAPÍTULO 19

LOS ASPECTOS DE LA PSICOTERPIA INDIVIDUAL


CAPÍTULO 20

EL PROCESO DE PSICOTERAPIA DE GRUPO






PARTE I

A LA BÚSQUEDA DE LA PROPIA IDENTIDAD SEXUAL

La masculinidad en el hombre no es simplemente una condición natural…

es más bien una conquista.
- Robert Stoller
No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte

como la necesidad de la protección del padre.
- Sigmund Freud

Capítulo 1

HOMOSEXUALES NO GAYS, ¿QUIÉNES SON?

Mucho se ha escrito últimamente sobre adoptar el estilo de vida gay y “salir del armario”. Salir del armario se entiende como deshacerse de las cargas del miedo y la auto-decepción para embarcarse en el camino de la libertad y la integridad personal.


Pero hay también un grupo de hombres homosexuales que no buscan la auto-realización a través de la salida a la identidad gay. Estos hombres han elegido crecer en otra dirección. La palabra homosexual da nombre a un aspecto de la condición psicológica de ese hombre. Pero no es gay. Gay describe una identidad sociopolítica contemporánea y un estilo de vida que ese hombre no reclama. Yo lo llamo homosexual no gay.
El homosexual no gay es un hombre que experimenta una división entre su sistema de valores y su orientación sexual. Se identifica fundamentalmente con el patrón de vida heterosexual. El homosexual no gay siente que su progreso personal esta profundamente limitado por su atracción hacia el mismo sexo.
Antes del Movimiento de Liberación Gay, el homosexual era presentado en la literatura psiquiátrica de forma unidimensional desde la perspectiva de su “condición médica”. Ahora el movimiento gay ha apoyado nuevas investigaciones, a menudo

llevadas a cabo por investigadores gay, para verter una luz largamente olvidada sobre los aspectos personales y de relaciones de la experiencia gay. Con la ayuda de estos estudios, muchos hombres pueden decidir ahora si quieren abrazar el estilo de vida gay o tomar la senda que conduce al crecimiento fuera de la homosexualidad. Mi esperanza es poder iluminar este último camino, el que lleva hacia la plenitud.


Un chico de 16 años vino a mi consulta, preocupado por si podría ser homosexual. Le dije que si lo era, podía elegir una terapia afirmativa gay o podía buscar la maduración fuera de la homosexualidad. Procedí a continuación a hablarle sobre los hombres que estaban bajo terapia conmigo. Al principio parecía perplejo y después de pensarlo dijo: “ah, ¿entonces quiere decir que aún no han salido del armario?”.
Este joven había sido confundido por la retórica popular que asume que si eres homosexual, entonces la única respuesta honesta es vivir la identidad gay. Creyendo esto, estaba sorprendido de oír que había hombres que, al margen de otras identidades, elegían una lucha diferente.
Los que buscan la terapia reparativa no culpan al estigma social de su infelicidad. Muchos se han fijado en el estilo de vida gay, han recorrido el camino que suponía para ellos una “vía negativa” y han vuelto desilusionados por lo que habían visto. La definición de uno mismo está tejida dentro de la tradición familiar. Rechazan abandonar su identidad heterosexual. En vez de plantear batalla contra el orden “natural” de la sociedad, levantan la espada de su lucha interior. Tal como explicaba un paciente de 23 años:
He tenido estos sentimientos y estas necesidades pero la idea de ser una persona gay es simplemente ridícula… es un modo de vida tan extraño, en los límites de la sociedad… es algo de lo que nunca podría formar parte”
Otro hombre afirmaba:
Nunca he creído tener tendencias homosexuales porque hubiera nacido “de esa manera”. Es un insulto a mi dignidad y un mal servicio a mi búsqueda de crecimiento que me digan que no tengo esperanza de cambio”
Otro afirmaba:
Para mi, abrazar un estilo de vida homosexual ha sido como vivir una mentira. Lo he encontrado doloroso, confuso y una fuerza destructiva en mi vida. Sólo desde que he empezado a ver lo que hay detrás de estos sentimientos homosexuales, he empezado a encontrar paz y aceptación de mi mismo”.
Tanto la sociedad como la psicología necesitan comprender qué es el homosexual no gay. La sociedad ahora ve a este grupo con cierta burla y la psicología lo percibe como una actitud de odio a sí mismo y de confusión. Su identidad está perdida entre la ideología popular. El mundo heterosexual le re-huye y el mundo gay le considera como un extraño.
Los profesionales de la salud mental tienen una gran responsabilidad por la desatención del homosexual no gay. En su empeño por apoyar la liberación de los gays han empujado al olvido a este otro grupo. Al no categorizar la homosexualidad como un problema han creado dudas sobre la validez de la lucha de este grupo. El homosexual no gay por sí mismo ha contribuido a esta negligencia social. No es probable encontrarlo en desfiles o manifestaciones celebrando su identidad. Más bien, resolverá sus conflictos de forma callada y discreta. ¡Qué paradoja que sean estos hombres conservadores los que lleven a cabo esta lucha contracultural! Hoy, incluso los abusadores de niños y prostitutas cuentan sus historias en los programas de mayor audiencia1.
Es un desacierto que el no gay deba ser identificado por lo que no es. La presunción del mundo gay es que lo que le mantiene “en el armario” es el miedo o la ignorancia y que suficiente tiempo y educación también él encontrará la liberación. Sin embargo, el no ser gay es una decisión y una elección consciente tan fuerte sobre la propia identidad como lo es el ser gay. Para este hombre, el no salir del armario puede ser un lugar de crecimiento dinámico y auto-comprensión, un lugar de compromiso con el cambio. Para él, “el armario” es un lugar de elección, reto, camaradería, fe y crecimiento, un lugar interior que a menudo se abre de forma trascendente.
Recientemente se ha hecho un gran progreso en el reconocimiento del gay en la sociedad. Ahora, la misma comprensión se debe extender al homosexual no gay. Él ha hecho una elección filosófica y existencial válida. No es un individuo acosado por la culpa, intimidado, asustado. Es alguien que, desde la totalidad de su propia identidad, busca no abrazar, sino trascender, el predicamento homosexual.

Capítulo 2
LAS CUESTIONES POLÍTICAS

DETRÁS DEL DIAGNÓSTICO

Los tres grandes pioneros de la psiquiatría –Freud, Jung y Adler- veían la homosexualidad como una patología. Sin embargo hoy, la homosexualidad no se encuentra en el Manual Psiquiátrico de Desórdenes Mentales (DSM-III-R).


¿Estaban estos tres grandes pioneros reflejando simplemente la ignorancia y el prejuicio de su tiempo sobre la homosexualidad? ¿Se debe este cambio radical a nueva luz sobre nuestra sofisticada actitud moderna? ¿Ha habido alguna investigación nueva para dar pie a este cambio de opinión? De hecho, ninguna investigación psicológica o sociológica justifica este cambio. La investigación no es lo que ha dado respuesta a la cuestión. Es la política lo que ha frenado el diálogo dentro de la profesión.
Los abogados de la militancia gay, trabajando en una pequeña pero poderosa red, han producido apatía y confusión en la sociedad americana. Los militantes gays insisten en que la aceptación del homosexual no se puede producir si no va acompañada de la condición homosexual. La intelectualidad de nuestra cultura, que es consciente del riesgo de aparecer como intolerante, proclama la normalidad de la homosexualidad. Sin embargo no es así para la persona media, para la que, simplemente, no parece normal.

HISTORIA DE LA DIAGNOSIS
En 1952, el manual de desórdenes mentales (DSM) de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) listaba la homosexualidad entre los desórdenes de personalidad socio-páticos. En 1968, el DSM-II eliminaba la homosexualidad de la lista socio-pática, categorizándola entre otras desviaciones sexuales. Este DSM revisado consideraba la homosexualidad como un problema sólo cuando era incompatible con el sentido de sí mismo de la persona. Cuando la condición era compatible, esto es, cuando el hombre estaba cómodo con sus pensamientos, sentimientos y comportamientos homosexuales, la homosexualidad no se consideraba patológica.
Esta es una distinción falaz. El problema no se encuentra en la actitud de la persona hacia su homosexualidad sino en la homosexualidad en sí. Aunque la homosexualidad pueda ser compatible con el ego consciente, nunca puede ser compatible con los niveles más profundos del mismo, dado que la homosexualidad es sintomática de una deficiencia para integrar la auto-identidad. Los síntomas siempre emergerán indicando la incompatibilidad con la misma realidad.
En 1973, el DSM fue revisado de nuevo y ahora no se hace referencia a la homosexualidad en absoluto: no se hace ninguna referencia nominal a ella en el manual de diagnóstico.
En realidad hay una referencia oblicua en la categoría de “otros desórdenes sexuales no especificados en otros apartados”. Aquí se describe el “dolor marcado y persistente por la propia orientación sexual” que podría aplicarse también a la homosexualidad.
Pero, ¿existe algún caso en la historia de la psiquiatría en que un heterosexual ha buscado tratamiento por el dolor producido por su heterosexualidad y ha deseado cambiar para ser homosexual? Cuando hice esta pregunta en una carta al presidente del comité de nomenclatura de la DSM, Robert L. Spitzer, respondió: “La respuesta, como usted supone, es no”.
¿Por qué los profesionales ya no consideran la homosexualidad como un problema?
FACTORES POLÍTICOS
En su análisis de la eliminación de la clasificación diagnóstica de la homosexualidad por parte de la Sociedad Americana de Psiquiatría, Bayer (1981) dice: “El resultado no fue una conclusión basada en una aproximación a la verdad científica dictada por la razón sino una acción demandada por el estado ideológico del momento” (pp. 3-4).
Los efectos combinados de la revolución sexual y de los movimientos “pro-derechos” –derechos civiles, derechos de las minorías, derechos feministas –tuvieron como consecuencia un efecto intimidatorio sobre la psicología. Algunos escritores han cuestionado si los heterosexuales están capacitados para investigar sobre la homosexualidad (Súper, 1982). Como existe un temor a ofender a cualquier voz minoritaria o de ser acusado de emitir juicios, ha habido poca crítica sobre la calidad de la vida gay. Aunque algunos inventarios recientes sobre el comportamiento de hombres homosexuales han revelado un mayor número de relaciones sexuales anónimas de lo que inicialmente se esperaba, nadie se atreve a afrontar la cuestión.
La eliminación de la homosexualidad del catálogo DSM tuvo el efecto de desincentivar el tratamiento y la investigación sobre el tema. El conjunto de la teoría e investigación psico-dinámica temprana, empezando por Freud, indicaba que la homosexualidad no es una condición natural de nacimiento. Sin embargo la literatura se paralizó abruptamente cuando se generalizó la idea de que la homosexualidad no era, de hecho, un problema. Esto desanimó a los especialistas de comunicarse unos con otros y de llevar a cabo presentaciones en las reuniones profesionales.
El silencio acerca de los investigadores no fue consecuencia de nuevas evidencias científicas que mostrasen que la homosexualidad fuese una variante normal y saludable de la sexualidad humana. Más bien, impuso la idea de no debatir más el tema. Aunque el análisis de la condición efectivamente se terminó, la investigación continuó exclusivamente referida al comportamiento pero evitando el comentario analítico.
Otros investigadores pro-gay temen que cualquier indagación en las causas psicológicas supondría una concesión a la idea de una patología: después de todo, no ha habido una investigación similar de las causas de la heterosexualidad (Stein y Cohen, 1986). Han apoyado únicamente la búsqueda de una base genética o endocrina de la homosexualidad, en la creencia de que un descubrimiento de este tipo resolvería definitivamente y para siempre la cuestión de la normalidad de la homosexualidad.
Es posible que puedan existir algunos factores genéticos que predispongan a la homosexualidad pero a este respecto se podría considerar un paralelismo con el alcoholismo. Aunque hoy existe un mayor reconocimiento de alguna predisposición biológica al alcoholismo, se sigue reconociendo como un problema, se sigue tratando y los tratamientos de más éxito han resultado ser los de la terapia de apoyo social y espiritual.
MOTIVOS HUMANITARIOS

Más allá de las presiones políticas, hubo otras dos razones del por qué la profesión psiquiátrica eliminó la homosexualidad de su manual de diagnóstico. La primera es que la psiquiatría esperaba eliminar la discriminación social al eliminar el estigma de enfermedad atribuido a las personas homosexuales (Barnhouse 1977, Bayer 1981). La mayoría de los psicoterapeutas están comprometidos personalmente con la eliminación del dolor y la disminución de los efectos destructivos de la culpa impuesta socialmente. Se daba por supuesto que la continuación del diagnóstico de la homosexualidad perpetuaría el prejuicio social y el dolor de la persona homosexual.


La segunda razón es que la profesión psicológica ha fracasado en el intento de identificar, con certeza, las causas psico-dinámicas de la homosexualidad, y consecuentemente, de facilitar un tratamiento razonablemente efectivo. Históricamente, la tasa de curación en el tratamiento de la homosexualidad ha sido baja. En los pocos estudios que proclaman el éxito, el porcentaje de pacientes que han cambiado hacia la heterosexualidad oscila entre el 15 y 30 por ciento y está la cuestión de si la “cura” se mantenía a largo plazo. Estos estudios han culminado en una aceptación de la condición homosexual.
Sin embargo, mientras el intento humanitario no puede ser despreciado, el fracaso por parte de la profesión en encontrar una cura efectiva no debería ser el criterio para determinar su normalidad. Estamos acogiéndonos a la lógica del “si no puede arreglarse, no está roto”. La profesión psicológica es responsable del diagnóstico para identificar la “enfermedad” o pérdida del estado saludable en la persona. No es la tarea de la profesión psicológica eliminar la diagnosis por falta de cura.

EL PROBLEMA DE LA DISCRIMINACIÓN INVERTIDA
Aunque la intención ha sido terminar con la discriminación, una consecuencia ha sido la discriminación de un grupo diferente de personas, aquellos hombres cuyos valores morales y cuyo sentido de sí mismos no pueden ser incorporados en su homosexualidad. En su nueva apertura pública, el movimiento gay representa un falso escenario en el que la víctima-paciente es invariablemente acechada por el “profesional de la salud mental victimizante” que hace negocio con su homofobia. Se olvida al homosexual que, desde una visión diferente del todo personal, busca crecer y cambiar a través de la ayuda de la psicoterapia legítimamente. Desafortunadamente, a estos hombres se les ha puesto la etiqueta de víctimas de la presión psicológica más que la de hombres con coraje, comprometidos con una auténtica visión.
El fracaso de la profesión psiquiátrica para reconocer la homosexualidad como una condición no deseada para algunos hombres sirve para desanimar a los miembros de la profesión de la salud mental de ofrecerles tratamiento. De forma más dañina aún, el propio paciente es desanimado, dado que la propia profesión a la que se dirige en busca de ayuda le dice que no es un problema y que debe aceptarlo. Esto es terriblemente desmoralizante para el paciente y hace que su lucha por superar la homosexualidad sea mucho más difícil.
Algunos individuos definen a la totalidad de la persona por su comportamiento sexual no deseado, basado en la premisa fenomenológica simplista de “eres lo que haces”. En contraste, mis pacientes experimentan su orientación y comportamiento homosexual como extraños con quien realmente quieren ser. Para estos hombres, sus valores, ética y tradiciones tienen mucho más peso en la definición de su identidad personal que sus sentimientos sexuales. El comportamiento sexual es tan sólo un aspecto de la identidad de un hombre, una identidad que se hace más profunda continuamente, crece, incluso cambia, a través de la relación con los demás.

¿Es posible afrontar las necesidades de los homosexuales no gays y proponer un modelo de desorden psicológico que no ofenda a aquellos que no desean cambiar? La única respuesta es “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo”, permitiendo que el debate continúe, más que poniendo punto final a la discusión a través de la presión y la intimidación.


No debemos perder de vista el hecho de que el derecho del hombre gay a vivir su estilo de vida va acompañado de la responsabilidad psicológica de discernir si tal estilo de vida e identidad son saludables. La profesión psicológica tiene la responsabilidad de continuar explorando las causas, la naturaleza y el tratamiento de la homosexualidad. Yo no creo que el estilo de vida gay pueda ser nunca saludable ni que la identidad homosexual pueda estar nunca completamente en sintonía con el verdadero yo.

Capítulo 3
EL FRACASO DE LOS PROFESIONALES

DE LA SALUD MENTAL

Influenciados por la creencia popular de que la homosexualidad no se puede cambiar de ninguna forma, la mayoría de los psicoterapeutas intentan “curar” al enfermo fomentándole la aceptación de su homosexualidad. El tratamiento más efectivo es considerado la des-sensibilización de los sentimientos de culpa. Esto se hace no porque la mayoría de los terapeutas defiendan el estilo de vía gay sino porque no ven un tratamiento efectivo.


Un paciente religioso que sentía culpa por su homosexualidad acudió a la consulta del psicólogo del comportamiento Joseph Wolpe (1969). Wolpe tenía que decidir qué comportamiento extinguir, la homosexualidad o el sentimiento religioso de culpa. En vez de cambiar su homosexualidad optó por mejorar el sentimiento de culpa2. Este caso ilustra tanto el poder del terapeuta y el modo en que ese poder es utilizado con demasiada frecuencia por la presión. Hoy la psicología defiende trabajar desde una filosofía “libre de valores”. Sin embargo, decisiones como esta, eliminar el sentimiento de culpa religioso, se hacen de hecho desde otra jerarquía de valores, a elección del terapeuta.
Leahey, mencionado por De Angelis (1988), describe como la psicología se entendió inicialmente con la aplicación práctica de la filosofía. Esta filosofía estaba basada en moralismos y principios religiosos, enfatizando la necesidad del hombre de encontrar la armonía con su naturaleza espiritual. A fines del siglo diecinueve, la nueva tendencia científica racionalista se erigió en oposición a esta tradición. La psicología buscó romper todos los lazos con sus raíces filosóficas y ser la ciencia de la naturaleza objetiva, empírica y libre de valores. Como dice Lahey, el mito era creer que habíamos encontrado por fin una psicología filosóficamente neutra.
En la década de los 60, el movimiento humanista influyó en esta psicología en una versión nueva, pero disfrazada, de autoridad moral. Su nueva confianza se basaba en la medida de los sentimientos para valorar la moralidad (De Angelis, 1988). Este movimiento popular de los sesenta y setenta se oponía a la tradición psicológica y predicaba la apertura emocional, la espontaneidad y la lealtad a uno mismo. El crecimiento ya no se veía como un producto de la inteligencia enfocado a la resolución de problemas sino que era visto únicamente en términos emocionales. “Sentirse bien acerca de uno mismo se convirtió en la vara de medida del buen comportamiento, una especie de sentido de la moral desnaturalizado” (De Angelis, p. 5). Esta psicología humanística rechazaba mucho del racionalismo de la tradición psicoanalítica. En cambio, introducía la idea del sentimiento de aceptación completa de la persona, tal como es, sin otras expectativas. Siguiendo la experiencia de la filosofía centrada en el paciente de Carl Rogers, se esperaba de los terapeutas que fuesen neutrales y no dirigiesen al paciente, y que no contaminasen la terapia a través de ninguna suerte de sistema de valores.
Sin embargo, en realidad, el tratamiento efectivo toma la dirección de un sistema de valores compartido entre el paciente y el terapeuta. Ni la filosofía ni ninguna otra ciencia social puede afrontar la cuestión de “lo que es” sin ninguna perspectiva de “lo que debería ser”. Porque a raíz de esta implicación día a día en el drama humano, la profesión de la salud mental se ve particularmente envuelta en cuestiones filosóficas. Debe ayudar a las personas que están buscando respuestas y esas respuestas no se encuentran sólo en datos de comportamiento. Ni tampoco emergerán de una interacción no directiva y libre de valores. Al contrario, se despliegan de la interrelación activa entre el paciente y el terapeuta en el contexto de su perspectiva compartida de la condición homosexual. De hecho, es irresponsable no facilitar tratamiento a aquellos que libremente deciden crecer hacia fuera de la homosexualidad.

HISTORIA DE LOS MÉTODOS DE CURA DE LA HOMOSEXUALIDAD
En la literatura psicoanalítica, la homosexualidad masculina se ha entendido largamente como un reflejo de un déficit en la identidad de género. Recientemente, este déficit de género se ha demostrado también científicamente. Sin embargo no se ha desarrollado ningún tratamiento con éxito continuado a raíz de esa comprensión. Esto puede deberse al hecho de que el psicoanálisis tradicional cometió el error de enfatizar el “miedo a la mujer”. En lugar de eso, el énfasis se debería haber puesto en la resolución de los problemas en relación con los hombres, es decir, en resolver el des-apego defensivo (Moberly 1983).
El trabajo inicial de Shekel (1930) relata un número de casos de cura completa incluyendo uno en detalle, a través del psicoanálisis freudiano. El trabajo de Rubenstein (1956) ofrece algunas visiones valiosas sobre los indicadores de la prognosis. Revisando sus diez años de tratamiento psicoanalítico a homosexuales, Rubenstein advierte contra un optimismo excesivo pero refiere que “un buen número de pacientes puede ser ayudado hasta cierto punto. Algunos pueden mejorar bastante más allá de sus expectativas originales (p.18).
Siguiendo la tradición reparativa, Anna Freud (1949, 1952), se refiere a numerosos casos que muestran “buenos resultados”, incluyendo cuatro casos que llevaron al ajuste heterosexual. También desde el punto de vista reparativo, Ovesey (1969) refiere tres casos de éxito tras un mínimo de cinco años de seguimiento.
Refiriéndose al programa de psicoterapia intensivo de corta duración de Master y Jonson, Scwartz y Masters (1984) describen resultados alentadores con una tasa de fracaso a los cinco años del 28,4 por ciento. Mayerson y Lief (1965) también refieren resultados de éxito en un estudio detallado. Encontraron que un 47 por ciento de sus pacientes tuvieron un funcionamiento heterosexual tras un seguimiento de cuatro años y medio de media.
Bieber (1962) manifiesta una tasa de cura de sus pacientes del 27 por ciento. Ellis (1956) refiere que 18 de sus 28 pacientes homosexuales masculinos tuvieron una mejora “distintiva” y “considerable” en el logro de relaciones satisfactorias de amor-sexo con mujeres. Wallace (1969) describe el caso de tratamiento con éxito de un homosexual tras un psicoanálisis relativamente breve, al igual que Eidelberg (1956). De forma similar, Poe (1952) detalla un caso con éxito de un homosexual pasivo basado en una visión adaptativa del tratamiento. Utilizando un formato de terapia de grupo, Birk (1974) también manifiesta una mejoría significativa en un número de casos.
En un estudio de treinta homosexuales entre estudiantes universitarios, Whitener y Nikelly (1964) presentan mejoras considerables entre pacientes que estaban altamente motivados, tenían estructuras de carácter relativamente saludables y no habían tenido vida homosexual activa durante un largo periodo. De un grupo de quince estudiantes universitarios, Ross y Mendelsohn (1969) refieren que once mostraron una mejora entre mediana y considerable. Monroe y Enelow (1960) describen un cambio significativo en cuatro de siete pacientes.
En un análisis de resultados terapéuticos muy detallado, Van der Aardweg (1986) divide 101 pacientes homosexuales en cuatro categorías: cambio radical, cambio satisfactorio, mejora y no cambio. Entre los que continuaron en tratamiento durante varios meses, un 65 por ciento consiguieron resultados en las categorías de cambio radical o satisfactorio.
Wolpe (1969) refiere un caso de reversión espontánea de la homosexualidad en un paciente después de haber dejado el tratamiento. Casos como los descritos indican que el cambio puede darse, y de hecho tiene lugar, fuera del terreno de la psicoterapia.
Dentro de la psicoterapia se ha utilizado un amplio rango de tratamientos, con resultados que van desde prometedores hasta decepcionantes. No fue hasta la aportación de Moberly del concepto de des-apego defensivo cuando se estableció un campo de trabajo para el tratamiento a partir de un modelo causal. Moberly identificó el des-apego afectivo como el primer obstáculo para la curación, aislando de esta manera una resistencia básica para el tratamiento.
Otros errores básicos destacan en las estrategias de tratamiento psicoanalíticos iniciales. El terapeuta de formación clásica era emocionalmente distante. Evitar el involucrarse personalmente frustra al paciente homosexual, particularmente necesitado de una conexión íntima masculina y cuya curación viene primeramente a través de la relación terapéutica. El terapeuta desapegado emocionalmente reactiva memorias de frustración temprana del padre frío y crítico.
Para evitar este error, Moberly explica que el terapeuta debe estar más involucrado emocionalmente y, dentro de unas guías terapéuticas, permitir la dependencia. El terapeuta debe ser del mismo sexo que el paciente para permitirle trabajar a través de bloques de desarrollo con el padre del mismo sexo. En la terapia reparativa la relación terapéutica es el factor central del tratamiento. No sólo es importante la relación con el terapeuta principal sino también con los miembros de un grupo de psicoterapia de valores similares. Las relaciones de confianza compartida e intimidad no erótica con otros hombres acelerarán el proceso. Siempre existe una identidad primera, subyacente, en este caso una heterosexualidad latente, sobre la que construir el cambio en el paciente que lo busca. El modelo de desarrollo naturalista es el usado en estos casos, conceptualizando la progresión hacia la intimidad como el estar con una persona del sexo opuesto.
En la terapia reparativa el paciente presta mucha atención a su identidad de género y a su sentido de la masculinidad. El tratamiento con éxito se basa en la elección del paciente de crecer en la identidad masculina. Se convencerá de que posee toda la masculinidad que necesita y, por tanto, no tiene necesidad de buscar fuera de sí mismo en otros hombres. Se compromete con el tratamiento con la convicción de que “independientemente de como me sienta, soy un heterosexual latente”.
El tratamiento ofrece una forma particular de interpretar la historia personal propia y de comprender los acontecimientos de la infancia temprana y las relaciones con los padres, especialmente con el padre. Se dirige hacia la disminución de los condicionantes homo-eróticos a través del apoyo y la educación en relación con las motivaciones subyacentes. El objetivo es conseguir una visión clara de los temas y una claridad en la dirección, lo que acarreará, eventualmente, una transformación del significado de lo que siente. Tal como explica Moberly (1983), “los sentimientos homo-eróticos deben ser reinterpretados como la legítima necesidad de intimidad con el propio sexo”. Pero sólo a través de la intimidad no erótica tendrá lugar la formación de vínculos masculinos y de una forma de identidad masculina. Un paciente expresa:
He oído muchas teorías en mi búsqueda de un sentido pero ninguna me ha parecido tan cierta respecto a mi experiencia de vida como esta. Esto va directo al núcleo de la cuestión de la homosexualidad. Porque gracias a esta comprensión de mí mismo he mejorado en la autoestima, confianza, madurez y masculinidad. También ha reafirmado la bondad de mi ser. Camino como un hombre herido pero curándose… pero lleno de esperanza hoy y para el futuro.

El tratamiento amplía las metas del paciente de crecer hacia fuera de los pensamientos, sentimientos y comportamientos homo-eróticos. La dirección en el caso de algunos hombres puede ser la familia con mujer e hijos o en otros casos el compromiso con un estilo de vida célibe. La mayoría de los pacientes se enfocan primeramente en crecer alejándose de las preocupaciones homosexuales, relaciones dependientes e insatisfactorias y baja autoestima basada en su identidad de género incompleta.


Este tratamiento se ajusta a la mayoría de los pacientes homosexuales que he tratado. Otros son inapropiados para la terapia reparativa porque no muestran signos de déficit de identidad de género y no encajan en nuestro modelo de desarrollo. Y otros están satisfechos con su orientación y no tienen deseo de tratamiento.

CURA” VERSUS “CAMBIO”


En su trabajo final, “Análisis: terminable e interminable”, Freud concluía que el análisis es esencialmente un proceso para toda la vida. Esto es cierto en el caso de la homosexualidad que, como muchos otros temas terapéuticos como el alcoholismo o los problemas de autoestima, requieren un proceso continuado de crecimiento. Pero aún cuando no hay atajos para el crecimiento personal, cuanto lleva alcanzar un objetivo no es tan importante como la elección de la dirección. Un sentido de progreso hacia un valor comprometido es lo que importa. El homosexual no gay está en el camino hacia la reunificación de su sexualidad con su identidad masculina. Que pueda mirar hacia atrás a los meses pasados y ver el cumplimiento de algunos objetivos con los que estaba comprometido es lo que da esperanza.
Algunos lectores pueden decidir que este enfoque es reaccionario y anti-gay, anti-sexual, contrario a la libertad. Más bien este es un tratamiento para aquellos hombres que buscan una alternativa al estilo de vida gay. Reconoce el significado de la diferencia de género, el valor de la familia y los valores tradicionales, y la importancia de la prevención de la confusión de género en los niños.
Muchos hombres han encontrado estas ideas como una verdad que resonaba dentro de sí mismos, viéndolas como útiles en el crecimiento para alejarse de la preocupación por su atracción por el mismo sexo que aturdía sus vidas.




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