Derecho a la salud y protección social



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IX Jornadas Nacionales de Debate Interdisciplinario en Salud y Población Derecho a la salud y protección social”
La promoción de la Salud desde los agentes sanitarios

Autora: Paula Estrella

Filiación: Becaria CONICET del Instituto de Investigaciones Gino Germani

Correo: pauestrella@aol.com

Resumen: Este trabajo presenta algunos resultados de la investigación etnográfica “Promoción de la Salud e Interculturalidad. Discursos y prácticas de Agentes Sanitarios en torno a la Promoción de la Salud en un contexto de diversidad étnica y cultural”; dicha investigación fue realizada en San Martín de los Andes, Pcia. De Neuquén, durante los meses de septiembre y octubre de 2009. La unidad de análisis estuvo constituida por el equipo de agentes sanitarios del Hospital Ramón Carrillo de San Martín de los Andes. La selección de la provincia de Neuquén se debe a que presenta un sistema sanitario público basado en la estrategia de Atención Primaria de la Salud. Este sistema es reconocido mundialmente1 y uno de los principales actores que lo llevan a cabo son los agentes sanitarios. El objetivo de la investigación consistió en describir, analizar y comparar las conceptualizaciones y prácticas, desarrolladas en torno a la Promoción de la Salud de los agentes sanitarios de San Martín de los Andes, provincia de Neuquén. Para la mencionada investigación realicé trabajo de campo etnográfico. Uno de los resultados obtenidos fue que sus prácticas de Promoción de la Salud no están disociadas de las de asistencia; realizan ambas al mismo tiempo. Una herramienta fundamental de trabajo es la “charla”, en la que intercambian, escuchan y acompañan a las personas. A través del trabajo, reciben “reconocimiento” de la población, lo que se contrapone a la “falta de reconocimiento” por parte del “sistema de salud, de los profesionales”. Por último, sus múltiples roles: como facilitadores de medicamentos, turnos, insumos; como receptores de las demandas, preocupaciones y problemas de individuos, familias, comunidades; como promotores de experiencias, información, conductas; como movilizadores de recursos escasos; y como conciliadores, resultan cada vez más difíciles de sostener en la realidad sanitaria provincial actual.

Las preguntas iniciales

Durante la experiencia de trabajo y capacitación en Prevención, Educación para la salud y Promoción de la Salud desarrollada en la Residencia Interdisciplinaria de Educación para la Salud (RIEpS)2, fui aprendiendo los significados que se les asignaban en Salud Pública a estos términos a través de las prácticas y la lectura de la bibliografía obligatoria de la residencia3. En este proceso de aprendizaje, a lo largo de tres años en un centro de salud de la ciudad de Buenos Aires, fui ingresando en el campo de la promoción de la salud. La promoción de la salud aparecía como un discurso universal y único que solucionaría los problemas referidos a las desigualdades en salud a través de sus pilares: la participación social, la intersectorialidad (Restrepo y Málaga 2001) y el enlace entre la verdad científica y la sabiduría popular (OPS/OMS 1996). Uno de sus objetivos primordiales era la promoción de “estilos de vida saludables”. El principal problema que me planteaba como antropóloga era que, si bien desde la promoción de la salud y desde el marco de derechos en el ámbito de la Salud Pública se predicaba el respeto a las diversas racionalidades, al mismo tiempo se ponían en cuestión los estilos de vida, asumiendo un discurso moralizante en donde “el sujeto se diluye o aparece sólo desde el lugar de la transgresión” (Grimberg, 1997:193). Es decir que la definición universal y homogenizante de “estilos de vida saludables” se contraponía a la existencia de “estilos de vida no saludables”, en los que las personas toman decisiones que perjudican su salud. Me pregunté entonces si esta situación era similar en otros lugares, qué sucedía con la promoción de la salud en otros contextos. Es por ello que decidí, desde la etnografía, abordar “el campo de la Promoción de la Salud” en la provincia de Neuquén. Dentro de este amplio campo, me interesó investigar el trabajo de los agentes sanitarios, qué conceptos/ideas de promoción de la salud tenían y qué prácticas realizaban en torno a ellos. Una de las motivaciones que me llevó a tomar a los agentes sanitarios como unidad de análisis fue la referencia a su dedicación plena a tareas de promoción y prevención. A diferencia de lo que sucedía en la residencia4 (en la que se “ejecutaban” programas de salud), aquí el trabajo de promoción se centraba en la realización de visitas domiciliarias, la realización de censos de población asignada a cada agente, etc. En este sentido me pareció importante observar y registrar las modalidades de trabajo de los agentes sanitarios con las diversas poblaciones con las que interactuaban, cómo se relacionaban con los profesionales de salud y qué características tenían las “bajadas” (ejecución) de los programas de salud.

La elección de la provincia de Neuquén estuvo relacionada con una idealización de su sistema público de salud, producida por los comentarios de muchos profesionales sanitarios de la región patagónica, que en varias jornadas y congresos expresaron la ejemplar efectivización de la APS5 en Neuquén. Por este motivo me contacté con un médico generalista de San Martín de los Andes, quien se ofreció a presentarme al equipo de agentes sanitarios del Hospital Ramón Carrillo de esa localidad.

El contexto socio-sanitario de Neuquén

Para poder entender el sistema de salud neuquino, es preciso reconstruir en perspectiva el desarrollo político provincial. Hay varias circunstancias, relacionadas con el entramado político provincial, que permitieron el desarrollo sanitario (diferente al resto del país) en esta provincia. Es decir que para comprender la cuestión sanitaria hay que articularla con la cuestión política, o verla en relación a ésta. Lo político es central en la conformación y evolución del sistema público de salud en Neuquén. El actual sistema de salud de Neuquén, del que forman parte los agentes sanitarios, es producto de un proceso iniciado hace más de treinta años en la provincia, durante los primeros gobiernos de Felipe Sapag. Él comenzó a desarrollar medidas con las que pudo consolidar una estructura partidaria6 y un firme liderazgo. Una de las medidas que se convirtieron en emblema fueron las políticas de bienestar, entre ellas el posteriormente reconocido “Plan de Salud”.

En 1970 la provincia tenía uno de los peores indicadores de salud del país. En ese momento Neuquén se caracterizaba por: una población de 154143 habitantes con alta mortalidad general (10,4 por mil) e infantil (108,4 por mil); un alto número de partos domiciliarios, sin atención médica y sin control durante el embarazo; una alta incidencia de enfermedades inmunoprevenibles, respiratorias y diarreicas; existencias de endemias con elevadas incidencias; y prevalencia de hidatidosis y tuberculosis, cuya tasa de mortalidad era el doble que el promedio del país. Además, había escasez de infraestructura, servicios y personal de salud (inexistente en muchas áreas del interior).7

En 1970 los recursos humanos de salud de la provincia de Neuquén consistían en 250 enfermeras y 90 médicos (es decir que había 1 médico cada 10000 habitantes8); a mediados de los 70, se comenzaron a realizar capacitaciones para formar agentes sanitarios.

El Plan para superar esta situación crítica proponía reorganizar la asistencia médica. El sistema se estructuraría en tres niveles: central, zonal y local, basándose en el principio de regionalización de las prestaciones. Esto implicaba la delimitación de cuatro zonas sanitarias9 que cubrirían el territorio provincial. Estas zonas estarían en la órbita de la Dirección General de Salud, cuyas políticas serían diseñadas a partir de cuatro áreas diferentes (atención médica, saneamiento ambiental, servicios técnicos generales y administración). Se ordenaron las instituciones sanitarias (efectores) por niveles de complejidad crecientes, con la asignación de “áreas programáticas” (que dependían de una zona sanitaria) a cada una de ellas. Además se ampliaron y crearon hospitales y se establecieron “consultorios periféricos” periurbanos y “Puestos Sanitarios” en zonas rurales10.

En 1971 la Dirección General de Salud se transformó en Subsecretaría de Salud, con Néstor Perrone al frente, y se priorizaron las actividades de promoción de la salud, atención básica y saneamiento ambiental (Taranda y otros, 2008). En este momento se define la relevancia de los agentes sanitarios, pues serán ellos los principales responsables de esas tareas en los amplios territorios de la provincia exentos de servicios y recursos sanitarios. La subsecretaría estaba conformada por las direcciones, los jefes zonales y los directores de los hospitales. Con ello se cumplía, por un lado, con la descentralización a nivel de zonas sanitarias y, por otro, con la centralización normativa a través de la nueva subsecretaria (Taranda y otros, 2008).11

El especial énfasis en la planificación y en la prevención y promoción de la salud respondía a una lógica desarrollista. Esta lógica estaba sustentada en el saber técnico y científico de especialistas que diagnosticaban y elaboraban las soluciones de los problemas identificados. Parte de esta lógica estuvo relacionada con que a lo largo de los años 70 la biomedicina entra en crisis por el alto costo y la baja eficacia del modelo de atención médica, basado en la alta tecnología (Testa, 1996). Esto permitió que la promoción de la salud -como nuevo paradigma- cobrara protagonismo dentro de la salud pública. El modelo biologicista, también denominado “modelo médico hegemónico”, excluía los factores históricos, sociales, culturales, psicológicos del proceso de salud/enfermedad (Menéndez, 2004). En contraposición a este modelo, la promoción de la salud se proponía como una estrategia para informar, influenciar y asistir a individuos y organizaciones para que asumieran mayores responsabilidades y fueran más activos en materia de salud (OPS/OMS 1996). El primer documento oficial en utilizar el término “Promoción de la Salud” fue el denominado informe Lalonde12. El impulso que se dió a esta nueva perspectiva de salud estuvo relacionado con una motivación política, técnica y económica, pues apuntaba a enfrentar los costes crecientes de la asistencia médica al mismo tiempo que se apoyaba en cuestionar el abordaje exclusivamente médico (Buss, 2006; en: Czeresnia y Machado de Freitas 2006).

Dentro de este contexto económico y sanitario internacional es que se elabora e implementa el Plan de Salud de Neuquén.

Hacia 1973, transcurridos recién tres años de la puesta en marcha del Plan de Salud, ya se había convertido en una fuente de capital político. Los resultados de este modelo serían uno de los pilares de la legitimidad de un partido, que hacía de la promoción del bienestar social una de sus principales banderas (Taranda y otros, 2008).

Para el año 1974 se habían construido 40 establecimientos asistenciales, completando parcialmente la infraestructura de diferente complejidad que se necesitaba.

En 1976 se produce el golpe militar y en la provincia se designa gobernador al Cnel. J. Waldner hasta 1978, cuando asume el Gral. Trimarco hasta 1983.

En el sector Salud a nivel nacional, el gobierno militar impulsó algunas medidas liberales como el énfasis puesto en el desarrollo de la medicina prepaga y la transferencia de hospitales a las provincias. Sin embargo, en Neuquén prosiguieron las políticas ideadas por el MPN. De esta manera, los programas de medicina rural, la práctica de visita domiciliaria y los puestos sanitarios fijos en las áreas más alejadas no experimentaron cambios significativos; tampoco lo hizo la organización en zonas sanitarias. Se conservó la misma estructura de prestación de servicios médicos.

Durante este período los agentes sanitarios aparecen en la escena de la Salud Pública. Según el ministro de Bienestar Social de Neuquén Héctor Jorge, el papel de los agentes sanitarios era importante para la atención primaria de la salud. Ellos tendrían un radio determinado que recorrerían permanentemente y serían los encargados de detectar los problemas sociales y de salud y de las poblaciones rurales.

Las autoridades enfatizaban que la forma de hacer extensiva la atención sanitaria a toda la población era mediante las actividades de atención primaria (que debían cubrir a las poblaciones rurales y suburbanas, cuya atención era insuficiente). Es a partir de este momento que se difunde el reconocimiento de la figura del agente sanitario como uno de los actores más importantes para el buen funcionamiento del sistema de salud provincial. El programa en el cual comenzaron a trabajar los agentes sanitarios se denominó Salud Rural y aún continua vigente.13

En paralelo a este proceso provincial, la Atención Primaria de la Salud como política y estrategia se estaba afirmando e impulsando a nivel internacional. En 1978 la Conferencia de Alma Ata postuló la Atención Primaria de la Salud como estrategia prioritaria a nivel mundial. La gran influencia que tuvo produjo un alto impacto en los sistemas de salud de los países firmantes. En ésta se definió “la atención primaria de salud fundamentalmente como asistencia sanitaria puesta al alcance de todos los individuos y familias de la comunidad por medios que les sean aceptables, con su plena participación y a un coste que la comunidad y el país puedan soportar”. La conferencia también planteó el lugar que tendrían que ocupar los agentes sanitarios: “La atención primaria de salud está a cargo de los agentes sanitarios de la comunidad. Los conocimientos que este personal debe tener y, en consecuencia, su preparación variarán mucho de unos a otros lugares del mundo, de conformidad con el tipo de atención primaria que se haya de dispensar. Cualquiera sea su nivel de preparación, es importante que ese personal comprenda las verdaderas necesidades sanitarias de las comunidades a las que preste servicio y que se gane la confianza de la población. Para ello será indispensable que resida en la comunidad a la que deba atender y en muchas sociedades, que sea elegido por la misma comunidad”. Posteriormente, en 1986, se redactó la “Carta de Ottawa”, en la I Conferencia Internacional sobre Promoción de la Salud, en la que se define la promoción de la salud como “el proceso de capacitación de la colectividad para actuar en la mejora de su calidad de vida y salud, incluyendo una mayor participación en el control de este proceso”. Esta perspectiva es desarrollada por los agentes sanitarios. Ellos son los encargados de viabilizar e incentivar la participación social al mismo tiempo que promocionan estilos de vida saludables.

Actualmente la promoción de la salud contempla diferentes perspectivas y prácticas que van desde las más inclusivas hasta las más excluyentes. Sin embargo, se caracteriza por tener en cuenta los múltiples determinantes que inciden en las condiciones de salud -alimentación, trabajo, vivienda, educación, ambiente, cultura, etc.- (Starfield, 2001). Según sanitaristas como Buss (2006, en: Czeresnia y Machado de Freitas, 2006), la intersectorialidad -entendida como el trabajo conjunto de diferentes sectores para la resolución de problemáticas sociales complejas-, la participación social y la valoración de los conocimientos populares constituyen sus pilares (Czeresnia y Machado de Freitas, 2006). Se toman en cuenta los determinantes generales de la salud como calidad de vida, alimentación, ámbito de residencia, condiciones de trabajo, oportunidades de educación, etc. La promoción de la salud está orientada a la colectividad de individuos y al ambiente por medio de políticas públicas y entornos favorables a la salud.

Tanto las conferencias internacionales de salud como las múltiples formulaciones de promoción de la salud que coexisten en el presente constituyen el marco de referencia de los agentes sanitarios y han servido para apoyar la decisión de designar a los agentes sanitarios como responsables de la ejecución de programas y políticas de promoción de la salud. Desde sus comienzos los agentes sanitarios han sido uno de los actores fundamentales en la implementación de la atención primaria de salud y en la actualidad son los principales referentes de la promoción de la salud. De allí mi interés en ellos y en tomarlos como unidad de análisis.

El acceso al campo

Para la realización de mi investigación me contacté con un médico generalista que vivía en la provincia de Neuquén, a quien había conocido años atrás en unas jornadas de Medicina General. Él me ofreció alojamiento y presentarme al equipo de agentes sanitarios de San Martín de los Andes. Este médico que llamaré “Henry” desde ahora en adelante, es conocido en la región patagónica por su campechanía y generosidad, desde hace años ofrece su casa a residentes y profesionales de diferentes disciplinas para que roten, hagan pasantías, trabajo de campo, investigaciones, etc., en San Martín de los Andes. Él me acompañó el primer día al hospital y me presentó al equipo de agentes sanitarios.

Cada uno de los agentes se fue presentando: Ramón; Germán, el ex jefe (trabaja hace 30 años); Federica, que estaba embarazada; María, que había sido mucama del hospital y desde hacía 8 años era agente; Adela, que anteriormente había trabajado como acompañante terapéutica en el hospital; y Felipe, que parecía ser el más callado. Además se encontraba una médica residente de medicina general del CEMIC de Bs. As., que había llegado la semana pasada como rotante. Solamente me faltó conocer a Soledad, que estaba con licencia médica.

Lo primero que me preguntaron fue qué quería investigar. Les comenté que me interesaba el tema de la promoción de la salud y los agentes sanitarios, ver cómo trabajaban, qué hacían, observar la cotidianeidad de su trabajo con la comunidad y con los otros miembros del equipo de salud. Además les conté que había trabajado 3 años en un centro de salud de la ciudad de Bs. As, en una residencia de educación para la salud. Dijeron que no tenían ningún problema en que los acompañara en su trabajo, que “Henry” los había ayudado mucho a ellos y que si ahora él les pedía su colaboración estaban dispuestos a darla. Desde ese primer contacto se mostraron predispuestos a facilitarme el trabajo y me incorporaron en sus tareas diarias.



Los agentes sanitarios de San Martín de los Andes

En 1979 comenzaron a funcionar en el hospital Ramón Carrillo de San Martín de los Andes dos grupos de acción- reflexión: uno fue el equipo de agentes sanitarios y el otro un grupo de rehabilitación de alcohólicos14, conformado por los agentes sanitarios, “Henry” (médico generalista coordinador del equipo) y otros profesionales de salud.

El equipo de agentes sanitarios de San Martín de los Andes está conformado por siete miembros. Su lugar físico de trabajo se denomina “Área Programa” y se encuentra en el Hospital Ramón Carrillo de la ciudad.

Germán, uno de los agentes sanitarios de mayor antigüedad, me explicó que el “Área programa” era el área de cobertura y responsabilidad del hospital y que a su vez se dividía en dos: el Área Rural y el Área Peri-urbana. La salud de la población que vive en estas áreas es responsabilidad del “Área Programa” y quienes se ocupan de ella son los agentes sanitarios. El Hospital Ramón Carrillo es hospital cabecera de la Zona Sanitaria 4 ubicada en el suroeste de la provincia. Las primeras coordenadas acerca de la estructura regionalizada del sistema de salud me las suministró Ramón, el jefe del equipo. Él se encargó de aclararme que con Germán se reparten el Área Rural. En ella hay dos puestos sanitarios y ambos se encuentran en área de comunidades mapuches. Las otras partes del área rural se recorren “casa por casa, una vez al mes. Los otros 5 agentes sanitarios se reparten el Área Peri-urbana, pero “sólo llegan a cubrir el 50 % del área” según Ramón. Todos los días realizan recorridas en los que visitan familias e instituciones. El primer día de trabajo de campo en San Martín de los Andes, María, una de las agentes sanitarias, me mostró la hoja (planilla) con la que hacían las “visitas”15 y me explicó que era “la hoja del censo”. Allí anotaban los datos del jefe/a de familia, su ocupación, el nivel de instrucción, los controles de embarazos, la vacunación, tratamientos, etc.

La rutina de trabajo de los agentes sanitarios consiste en acudir todos los días al hospital, al “Área Programa”16, y desde allí realizar los preparativos según la planificación de tareas de ese día. Las posibilidades incluyen visitas domiciliarias, a instituciones, o la atención en puestos o postas sanitarias del Área Peri-urbana o Rural. Las visitas diarias siempre son acompañadas por “charlas”17 con las personas.
La observación participante en el acompañamiento de los agentes en su trabajo cotidiano, en las “recorridas”/”visitas” y en el hospital, me posibilitó el rescate de la experiencia subjetiva de los actores en su práctica laboral cotidiana, de aquellas situaciones en las que el contexto, las prácticas y los discursos confluían y, otras veces, se contraponían.

El campo de la promoción de la salud se conforma a través de las prácticas y discursos de diversos actores, entre ellos los agentes sanitarios. En esta investigación se indagó la perspectiva de los agentes sanitarios de San martín de los Andes a través de la observación de sus prácticas cotidianas.



Las prácticas de los agentes sanitarios de San Martín de los Andes

El programa de salud rural y peri-urbana es el que define las funciones, alcances y límites de las prácticas de los agentes sanitarios. Según Germán “el Programa estipulaba que cada agente sanitario debía tener entre 300 y 350 familias, ahora tienen casi 600 por eso se trabaja con enfoque de riesgo, se trabaja sólo ese caso y no se puede hacer prevención más grupal, no da el tiempo (…) Antes había que hacer tres cierres de ronda18, ahora se hace un cierre de ronda por año, se justificaría 2 veces por año, se puede visitar sin apuro, tranquilito, ocho casas por día (…) Hay un estudio hecho, pero no se cumple (…) hace 30 años no creció más el grupo”. Esta situación caracterizada por la falta de recursos humanos en atención primaria, el crecimiento poblacional que sobrepasa la capacidad de respuesta a las demandas en salud, es parte de la realidad sanitaria actual de San Martín de los Andes que condiciona la modalidad de trabajo de los agentes sanitarios, como dijo Germán, antes se podía hacer prevención grupal, ahora sólo se pueden trabajar los casos “de riesgo”.

Los agentes sanitarios Federica, María, Adela, Soledad y Felipe se ocupan del Área Peri-urbana. Cada uno de ellos tiene asignada una superficie del Área compuesta por barrios periféricos, pero no la llegan a cubrirlo debido a la desproporcionada cantidad de agentes en relación a la población, sólo trabajan los “casos de riesgo”. Ramón y Germán se reparten el Área Rural. El trabajo de los agentes sanitarios de San Martín es diferente al del resto de la provincia de Neuquén según Ramón, “en el resto de la provincia cada agente sanitario tiene asignadas su posta sanitaria y su área. En cambio, “en San Martín trabajamos desde el hospital” me dijo. Los agentes sanitarios se diferencian del resto de los actores que también desarrollan tareas de promoción de la salud en que ellos están completamente dedicados a estas tareas, su función principal es implementar/ejecutar programas de salud (de: Salud Sexual y Reproductiva, VIH/SIDA, Materno-infantil, Hidatidosis, Tuberculosis, entre otros), proyectos y actividades de promoción de la salud. Una práctica cotidiana efectuada por los agentes sanitarios es la “educación para la salud”, que consiste en que todos tienen incorporado en su discurso la importancia de realizar los controles médicos y sobre todo durante el embarazo, la alimentación y lactancia materna, la planificación familiar, la vacunación según el calendario, la potabilización del agua, la limpieza del ambiente, la desparasitación de los perros, la limpieza y el cepillado diario de los dientes, entre otras. Esta práctica la realizan en las visitas domiciliares, en los puestos/postas sanitarias, en las escuelas, en una junta vecinal/guardería barrial y circunstancialmente en la calle y en el hospital. Me llamó la atención que este discurso educativo estaba presente constantemente en las charlas que tenían en un domicilio, en instituciones, en la calle, en algún momento de las conversaciones hacían referencia a esos temas, parecía parte de un pool discursivo cotidiano enraizado.

Por su parte, las visitas domiciliares son una práctica cotidiana de los agentes sanitarios, es el mecanismo/medio que utilizan para cumplir con la cobertura sanitaria de cada una de sus áreas de responsabilidad asignadas. En éstas realizan acciones de promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación19. Las visitas que efectué junto con los agentes sanitarios estuvieron planificadas por ellos, como cada uno tenía su área de trabajo, programaba las visitas que realizaría dentro del área. Esto implicaba que, antes de salir del hospital, ya habían previsto la recorrida que harían y habían seleccionado los recursos que necesitarían llevar. La selección de los recursos dependía de las familias/viviendas que fueran a visitar. Por ejemplo, al planificar visitas a familias compuestas por adultos-mayores, llevaban el tensiómetro para medirles la presión y medicación esta afección. A las familias que tenían perros, les llevaban desparasitarios; a los que tenían patio o algún espacio para realizar huerta, les llevaban semillas; y a los niños de bajo peso o a las embarazadas, les llevaban leche. No sólo consultaban las planillas antes de salir del hospital, también leían lo que registraban en sus cuadernos, ya que un hábito consolidado en sus prácticas era llevar un cuaderno para registrar pedidos (turnos, medicamentos, insumos), compromisos/reuniones con autoridades de instituciones o recursos que les habían faltado, alguna situación que les llamó la atención como posibles maltrato, abuso, violencia doméstica, etc.

En este sentido, en cuanto a la planificación de las visitas20, éstas resultaban parecidas a las efectuadas por los trabajadores sociales. Sin embargo, estos profesionales no tienen un área de responsabilidad definida como tienen los agentes, sino que se ocupan de los casos sociales que surgen en el hospital o les derivan los mismos agentes.

Los agentes sanitarios realizan además de distribución de recursos (turnos, medicamentos, insumos) y charlas sobre prevención de enfermedades y promoción de prácticas saludables como alimentación, higiene, ejercicio, etc; practicas médico-clínicas, observé en el campo que muchas veces “asistían”/“atendían” a la población.

En el campo, las prácticas de promoción aparecen intercaladas con prácticas asistenciales que en teoría deberían realizar los “profesionales” (médicos, odontólogos, etc) de salud. Observé que en el Área Rural, cuando el médico no asistía, los agentes sanitarios atendían, recetaban y entregaban medicamentos, vacunaban, realizaban controles de embarazo y medición de glucemia y presión arterial, entre otras prácticas clínicas. Asimismo, articulaban esta atención con charlas y mates.


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