Daños a las personas en la Provincia de Buenos Aires



Descargar 259 Kb.
Página1/9
Fecha de conversión05.03.2018
Tamaño259 Kb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9



Daños a las personas en la Provincia de Buenos Aires

Publicado en Revista de Derecho de Daños 2004

por Jorge Mario Galdós

Sumario

I. Introducción

II. La cuestión en la Suprema Corte de Buenos Aires.


  1. Los daños a las personas ¿categorías o sub-categorías de daños autónomos?. 2. Daños a las personas. 3. La integridad psicofísica no es un “tertium genus”. 4. Un caso de rechazo de incapacidad parcial y permanente. 5. Incapacidad sobreviniente. 5.1. Incapacidad sobreviniente, lucro cesante, daño moral y lesión estética. 5.2. Un supuesto de cuantificación en la Suprema Corte. 5.3. Incapacidad psicológica, tratamiento terapéutico, valor probatorio de la prueba pericial y daño moral. 6. Daño psicológico. 6.1. Incapacidad psíquica y tratamiento psicológico. 7. Daño estético. 8. Daño moral. 9. Intereses. 10. Principio de congruencia decisoria y pluspetición inexcusable.

III.- La cuestión en algunos tribunales de la Provincia de Buenos Aires.

  1. Criterios para cuantificar el daño a las personas. ¿Daños punitivos?. 2. Daño. Principio de la reparación íntegra. 3. Incapacidad sobreviniente. 3.1. Incapacidad. Pautas de valoración para su determinación y cuantificación. A. Inaplicabilidad estricta de los porcentajes incapacidad de legislación laboral. B. La prueba pericial. 3.2. Incapacidad y prueba. 3.3. Incapacidad permanente y temporaria. 3.4. Incapacidad física y concausa. 3.5. Las incapacidades parciales no se suman. 3.6. Las grandes discapacidades. 4. Pérdida de chances. 5. Lucro cesante. 5.1. Lucro cesante de los damnificados indirectos. 6. Daño psicológico. 6.1. Daño psicológico y gastos de tratamiento terapéutico. 6.2. Daño psicológico en caso de incapacidad total y permanente. 6.3. Daño psicológico y concausa. 6.4. Daño psicológico y lesiones físicas. 6.5. Daño psicológico de los damnificados indirectos. 7. Daño estético. 8. Daño a la vida de relación. 9. Daño sexual. Daño biológico. 10. Daño neurológico. 11. Gastos médicos y paramédicos. Prueba. 11.1. Gastos médicos y paramédicos. Hospital público. 11.2. Gastos médicos y paramédicos. Grandes discapacidades. 11.3. Gastos de ayuda en el hogar. Asistencia de terceros. 11.4. Gastos de traslado. 12. Daños futuros. 13. Daño moral. 13.1. La entidad de la lesión. 13.2. Daño moral y damnificados indirectos. A. Padres. B. Hermanos. C. Concubina. 13.3. ¿Es superable la valla del art. 1078 Cód. Civ.? 14. Pluspetición inexcusable. Principio de congruencia. 15. Intereses.

I.- Introducción.

Inicialmente es necesario formular algunas aclaraciones preliminares.

La tarea que emprendemos consiste en compendiar y sistematizar las tendencias jurisprudenciales más importantes sobre los daños psicofísicos de las personas en la Provincia de Buenos Aires, pero circunscripta a los criterios dirimentes de las Cámaras de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Lomas de Zamora, Mar del Plata, San Isidro y Azul. Se trata de indagar, en base al material jurisdiccional compulsado, las principales pautas interpretativas vigentes en una suerte de descripción informativa de las bases dogmáticas dominantes. Comprenderá algunas de las muchas facetas del tema, particularmente los daños derivados de la incapacidad sobreviniente, el daño estético y psicológico, el daño moral, otros daños complementarios (gastos médicos, asistenciales, etc.) y ciertas cuestiones procesales y sustanciales conexas que surgen de la praxis judicial.

Ello excluye el análisis valorativo y las apreciaciones subjetivas, los aspectos puntualmente cuantitativos (vgr. ¿cuánto por la incapacidad total y permanente?) e incluso el cotejo de esos parámetros vertebrales con la opinión de la doctrina, ocupándonos –en esta oportunidad- de describir únicamente la doctrina judicial de las precitadas Cámaras 1.

También será analizada la doctrina legal de la Suprema Corte de Justicia bonaerense. En efecto, y si bien muchos de los tópicos de esta materia revisten el carácter de cuestiones de hecho, inabordables en casación extraordinaria salvo absurdo, ese Superior Tribunal Provincial ha elaborado una importante jurisprudencia que, tal como reiteradamente lo hemos afirmado antes, reviste gravitación práctica y dogmática porque esa interpretación legal resulta obligatoria para los restantes órganos judiciales inferiores 2.

Empero es válido aclarar que el mismo marco hermenéutico, es decir la aplicación de idéntico encuadre normativo e interpretativo, puede conducir a diferentes resultados concretos, especialmente en los montos indemnizatorios que se otorgan por los distintos daños a las personas porque a la hora de traducir en dinero aquellas directrices y trasladarlas al caso particular el arbitrio judicial juega un rol decisivo, que no se compadece con soluciones matemáticas ni estandarizadas. Ello no impide el intento, aunque provisional y parcializado, de sistematizar y referenciar esa doctrina jurisprudencial casatoria de la Suprema Corte de Buenos Aires en algunas facetas que involucran el daño psicofísico de la persona humana.

Esa tarea se complementa con la apreciación de los principios rectores más difundidos en los ya mencionados tribunales de alzada provinciales, todo lo que describe un cuadro de situación –reiteramos, no exhaustivo- del tema convocante.

Finalmente, y para amplificar y contextualizar ese muestreo, se abordan también otros temas conexos, como la tasa de interés que se adiciona al monto de condena, supuestos de pluspetición inexcusable y el principio de congruencia decisoria.

II.- La cuestión en la Suprema Corte de Buenos Aires.

1.- Los daños a las personas ¿categorías o sub-categorías a daños autónomos?

Se discute, particularmente en la doctrina, si la categoría genérica de daños a las personas y la de alguna de sus especies, por ejemplo daños psicológico, estético, biológico, a la vida de relación, sexual, etc. son autónomos conceptual y dinerariamente, o sea si se indemnizan “con” o “más” el daño patrimonial y el no patrimonial. En el último supuesto se afirma que se corre el riesgo de superponer y duplicar el resarcimiento por la lesión al mismo bien jurídico tutelado.

En otra oportunidad planteamos los interrogantes siguientes: ¿existen nuevos daños, distintos y autónomos, de los tradicionales daño patrimonial y moral? En otros términos: ¿al daño moral o extrapatrimonial y al daño patrimonial se le añaden, como “tertium genus”, el daño a la persona, el daño a la salud u otras categorías diferenciadas? 3. La respuesta mayoritaria es negativa en las tendencias jurisprudenciales y, como luego se verá, también es la que por mayoría se refleje en el seno de la Suprema Corte de Buenos Aires.

Existe consenso autoral en que se ha superado el enfoque tradicional y meramente patrimonialista del daño, lo que conlleva a asignar primacía al daño a la persona. Se trata del tránsito “de la concepción de la inviolabilidad del patrimonio a la tesis de la inviolabilidad de la persona”, según feliz postulación que recuerda Isidoro Goldenberg 4. De allí se siguen algunas conclusiones sobre la que también media coincidencia: “El daño a la persona configura un ámbito lesivo de honda significación y trascendencia en el que pueden generarse perjuicios morales y patrimoniales. La inviolabilidad de la persona humana supone su primacía jurídica como valor absoluto”, debiendo “jerarquizarse la esfera espiritual, biológica y social del hombre, sin dejar de tener en cuenta que los bienes materiales son necesarios para preservar su dignidad” 5.

Una calificada corriente de opinión postula atender a todos los aspectos de la persona humana (físicos y psíquicos, individuales y sociales, familiares, relativos a la capacidad de gozos, de proyectar, sentir, etc.) y reconociendo otros aportes científicos (médicos, antropológicos, filosóficos, etc.) propone superar el criterio actual sobre el daño moral y ensanchar la concepción autónoma de nuevos daños: daño a la identidad personal, a la vida de relación, daño al proyecto de vida, daño biológico, daño a la intimidad, daño estético, daño juvenil, daño sexual, daño psíquico 6. Empero la “guerra de las etiquetas” sobre la denominación que corresponde dar a ciertos daños, como la “guerra de las autonomías” acerca de si esos daños integran la categoría de morales o patrimoniales o si forman una categoría propia, no debe hacer perder de vista el objeto central: la efectiva tutela de la persona humana 7.

El daño –se agrega- puede ser al patrimonio y a la persona y éste comprende varias especies: el daño moral o daño nacido del sufrimiento o dolor y muchas otras categorías que pueden o no causar dolor pero que menoscaban o limitan a la persona humana. Desde esta óptica se afirma que el citado daño a la persona es el género que comprende al daño moral, identificado como dolor, sufrimiento, tristeza, angustia o desolación y, por otro lado, se encuentran los “nuevos daños”: estético, psíquico, a la vida de relación, biológico, etc. Se continúa argumentando que el daño moral tradicional se circunscribe a aquél que produce sufrimiento, y así se da cabida a otras especies, es decir otros daños a las personas derivados de la alteración del bienestar psicofísico, aún sin repercusión patrimonial. Ello importa -siempre para esta postura- dos consecuencias esenciales: la amplificación de los damnificados indirectos por daño moral ya que la legitimación restrictiva de los arts. 522 y 1078 Código Civil queda desplazada por el principio general del art. 1079 Código Civil, y en lo relativo a la prueba que no rige la presunción “in re ipsa”, sino que hay que alegar y probar los otros daños nuevos y autónomos que no sean el daño moral “stricto sensu” 8. Estos fundamentos han sido replicados señalándose que la restricción de los legitimados activos del art. 1078 Código Civil es una cuestión de política legislativa y que los damnificados indirectos pueden igualmente reclamar las consecuencias patrimoniales personales por ejemplo de una lesión estética o psíquica 9.

Desde el punto de vista de la tendencia jurisprudencial vigente en nuestro país, entendemos que, por vía de principio, los daños no se indemnizan duplicadamente más allá de postulaciones dogmáticas y de rótulos o denominaciones intelectuales. Desde la valoración de la jurisprudencia predominante, los pronunciamientos judiciales denotan claramente que en nuestros tribunales no han tenido mayormente recepción los criterios que proponen la autonomía resarcitoria de daños a las personas distintos del daño patrimonial y del daño moral, tal como el daño biológico arraigado en la jurisprudencia italiana.

Ello no supone desconocer que existen diferentes menoscabos o detrimentos a la incolumnidad física y psíquica, es decir que conceptualmente revisten autonomía otras nuevas formas de dañosidad: daño sexual, a la lactancia, a la vida de relación, daño biológico, a la pérdida de la capacidad de concebir, daño al proyecto de vida, por la muerte del hijo concebido, por el reconocimiento de “cortesía” de quién no es hijo biológico, daño material por la omisión incausada del hijo propio, daño moral por la falsa atribución de la paternidad, etc.

Pero estas modalidades, como otras tantas, pueden ser apreciadas en las partidas resarcitorias del daño patrimonial y no patrimonial, incluyéndoselas como especies o sub-especies de los rubros ya existentes. Incluso muchas veces debe atenderse a la doble, y a veces simultánea, repercusión (patrimonial y extrapatrimonial) de la afectación del mismo bien jurídico.

La efectiva y concreta dilatación que experimentan los daños tradicionales (incapacidad sobreviniente, lucro cesante, pérdida de chances, daño moral, etc.), tanto en su contenido como en su extensión, y que también traslada esa amplificación a los damnificados indirectos por daño moral, permite abastecer adecuadamente el reconocimiento y el resarcimiento de nuevos daños.

El daño psicológico y el estético parecen representar los daños autónomos arquetípicos (lo hemos denominado los “nuevos daños tradicionales”) que, sin embargo, generalmente no se mandan reparar “per se”, sino como integrantes del daño jurídico tradicional (material o moral) sea en uno u otro, o en ambos simultánea o sucesivamente.

Precisando el concepto, ello no supone que se desconozca, por caso y entre otros, la autonomía de la incapacidad psicológica, permanente o total, o de la afectación patrimonial de la lesión estética, pero que aunque se indemnizan en partidas o en rubros separados revisten, en definitiva, la naturaleza de daño patrimonial (además, claro está, de su posible incidencia en la esfera del daño moral), particularmente por el ensanchamiento de la noción de incapacidad sobreviniente que opera como norma residual y abierta que comprende todos los daños materiales a la persona, con exclusión del daño extrapatrimonial o moral. Un repaso por los repertorios jurisprudenciales explicita una marcada dilatación del contenido del daño por incapacidad sobreviniente o “heridas u ofensas físicas” –como dice el art. 1086 Cód. Civ. y que incluye a las psíquicas- y que manda resarcir los gastos de curación y convalecencia de la víctima y las ganancias que dejó de percibir. Este daño actúa en la práctica, como comprensivo de distintos y muy variados daños a la persona, aunque no se suele discriminar la incidencia de cada una de las sub-especies que involucra: por ejemplo daño a la vida de relación, al proyecto de vida, a la plenitud personal, laboral, etc. Lo cierto es que el contenido, configuración, alcance y criterios judiciales para su determinación y cuantificación de la incapacidad psicofísica ha sido objeto de un creciente ensanchamiento cualitativo 10.

Las principales pautas interpretativas vigentes en la jurisprudencia nacional que corroboran esa aseveración se asientan en varios principios convergentes: la señalada noción amplia de incapacidad como daño a la integridad psicofísica, resarcible en sí misma, comprensiva de las repercusiones laborales y de las de índole no lucrativas, que tiene en cuenta todas las singularidades de la persona y cuya apreciación se rige por el arbitrio judicial, sin acatamiento mecánico a los informes periciales ni a fórmulas matemáticas.

Empero para preservar la justicia de la justa evolución del proceso recepticio de “los nuevos daños” en los carriles clásicos, es imprescindible que se consoliden criterios y pautas hermeneúticas ciertas y previsibles sobre la tipificación de esas categorías, tanto en lo atinente a su configuración (existencia y determinación) como al procedimiento y parámetros utilizables para su cuantificación, desglosando y discriminando su incidencia en el rubro en el que se los reconoce y resarce.

2.- Daños a las personas.

El resarcimiento integral de la incapacidad psicofísica comprende para la Casación Bonaerense “todo” el daño, sea de origen físico o psíquico. “Los arts. 1109 y 1113 del Código Civil no distinguen entre daño físico y daño psíquico; se refieren simplemente a “daño” e inequívocamente incluyen tanto a uno como a otro”; además “el daño material y el moral tienen naturaleza jurídica independiente, pues son distintos los bienes jurídicos afectados que resarcen” 11.

Por aplicación de esta doctrina –entonces en etapa de inicio- la Suprema Corte casó el fallo que rechazó la indemnización porque el daño físico no había incidido en lo laboral, ya que “las concretas desventajas del trabajador en su vida por las secuelas de su enfermedad” constituyen “un daño material que debe ser reparado en su integridad”. Además ponderó la repercusión patrimonial de incapacidad psíquica del 15% de la total obrera, derivada de la impotencia sexual que padecía como secuela orgánica de la brucelosis curada, lo que conforma incapacidad pues afecta el rendimiento psicofísico en cualquier tarea, el que se ve disminuido por los frecuentes episodios de síndrome depresivo-nervioso que puede motivar la patología sexual.

Aquella doctrina se reiteró, también en anterior composición 12, añadiéndose que la lesión corporal que no produce ni lesión estética ni incapacidad resulta indemnizable aún como uno de los elementos del daño moral lo que no excluye que se disponga su reparación de manera autónoma, en tanto no se la indemnice doblemente 13.

Más recientemente y sobre esta temática, aunque más bien en lo vinculado a la ausencia de autonomía resarcitoria, opinó el juez Pettigiani –“obiter dicta”- que “el art. 1068 del Código Civil al referirse a “perjuicio susceptible de apreciación pecuniaria”, indirectamente por el mal hecho a las “facultades” de la persona, permite emplazar allí todo detrimento económico a la salud del ser humano, comprensivo de sus aptitudes físicas y psíquicas que le permiten desarrollarse como tal, entre ellos al denominado “daño psicológico” 14.

Luego, aunque con otra integración, esa doctrina generó unanimidad, por lo que en definitiva, el daño a la salud -física y psíquica- está tutelado por el art. 1068 Cód. Civ. 15



3.- La integridad psicofísica no es un “tertium genus”.

Como ya le dijimos en la actualidad desde la doctrina y la jurisprudencia se ha renovado el debate intelectual, con la consiguiente repercusión en el ámbito del resarcimiento, sobre la autonomía indemnizatoria de otros “nuevos daños” a la persona: a la vida de relación, daño biológico, daño sexual, daño a la lactancia, daño a la incapacidad reproductiva, daño juvenil, -entre otros- y cuyas más “tradicionales” expresiones lo constituyen el daño psicológico y el estético.

En el ámbito casatorio bonaerense, por mayoría y en interesante caso, se decidió muy recientemente que el daño es patrimonial o extrapatrimonial 16. Ese antecedente reviste importancia por los diversos temas abordados y resueltos.

La mayoría se integró con el voto concordante de los jueces Hitters, de Lázzari, Pettigiani, Soria y Roncoroni. En minoría el Dr. Negri expresó que “el derecho a integridad psicofísica tiene un reconocimiento autónomo en nuestro ordenamiento jurídico positivo a través de la incorporación con rango constitucional de la Convención Americana de Derechos Humanos y el Pacto de San José de Costa Rica (Art. 75 inc. 22, Constitución nacional), más allá de las categorías previstas en nuestro Código Civil”.

Añadió que “atendiendo al principio de reparación integral se debe indemnizar el daño a la integridad psicofísica” y que “la acción común por accidente de trabajo debe resarcir todos los aspectos del afectado en lo que se refiere a su personalidad integral y a su vida de relación, y ello debe valorarse patrimonialmente, teniendo en cuenta si la minusvalía del actor es de una dimensión tal que alcanza restricciones casi absolutas y que conllevan la frustración del desarrollo pleno en todas las esferas de su personalidad”.

La mayoría sentó la doctrina que es la más arraigada en el ámbito jurisprudencial nacional: “no resulta procedente la reiteración del pedido de reparación de la integridad psicofísica como daño indemnizable independiente y adicional a las otras categorías –daño patrimonial y extrapatrimonial- en las que el tribunal “a quo” consideró expresamente comprendido el resarcimiento por el menoscabo que se involucra bajo esa denominación”.

Se añadió que ello no obsta el tratamiento diferenciado del daño material y el moral “derivado de la independiente naturaleza jurídica que los caracteriza al ser distintos los bienes jurídicos afectados que se resarcen en uno y otro caso”, “atendiendo a la entidad objetiva de los efectos anímicamente perjudiciales, en uno, y de los efectos económicamente perjudiciales, en el otro”.

En su voto de adhesión el Dr. Roncoroni agregó consideraciones reiteradas en otros votos suyos. “El daño a la salud o daño biológico, el daño estético y el daño psicológico no constituyen un tertium genus, que deban indemnizarse en forma autónoma, particularizada e independiente del daño patrimonial y del daño moral. El juez al abordar el daño moral y el daño patrimonial que provocan una lesión incapacitante de la integridad psicofísica del sujeto pondera y tasa el menoscabo espiritual y patrimonial que la omincomprensiva lesión a la integridad psicofísica o las lesiones estética o psicológica que expresan parcelas de aquélla, provocan en el actor 17.

Añadió que “el producto o resultado negativo de la violación del derecho, del bien o del interés de la víctima es lo indemnizable. El daño o menoscabo –patrimonial o moral- que las lesiones físicas, estéticas, psíquicas, a la vida de relación, puedan producir. Estas últimas, plurales y variadas, no son el daño en sí mismo, sino la causa fuente o desencadenante de dicho daño que para su integral, pero prudente y debida reparación, cabe abordar en sus dos grandes esferas: la del daño patrimonial y la del daño moral” 18.

En definitiva y en el seno de la Casación local prevalece la tesis de que el daño es patrimonial o moral, y que los distintos detrimentos a la incolumnidad de la persona humana recaen en una u otra categoría. Lo que –añadimos por nuestra parte- no excluye la consideración de ambas y simultáneas repercusiones –material y moral- que pueden derivar de la lesión a un mismo bien jurídico.

4. Un caso de rechazo de incapacidad parcial y permanente.

En un singular antecedente se desestimó la demanda por cobro de una enfermedad accidente. Se decidió que la alegada discapacidad psíquica del actor por la actividad desarrollada como agente policial durante la dictadura, derivó de su actuación al margen de la legalidad, en claro apartamiento de las normas reglamentarias que rigen esa labor policial y en quebrantamiento de los derechos humanos. “El derecho, y más allá de la relación causal entre los hechos esgrimidos y la incapacidad alegada, no puede amparar conductas ilícitas” 19. Se argumentó que la normativa laboral no protege la supuesta discapacidad psíquica que proviene del actuar ilegal, clandestino, irracional, repugnante al debido respeto que merecen los derechos humanos y que, desde la perspectiva civil aunque extendido a toda clase de actos jurídicos, el art. 502 Código Civil predica que la obligación fundada en una causa ilícita es de ningún efecto, todo ello enmarcado por la Constitución y por los Tratados Internacionales que a partir de la reforma de 1994 poseen igual jerarquía (art. 75 inc. 22).

5.- Incapacidad sobreviniente.

5.- 1.- Incapacidad sobreviniente, lucro cesante, daño moral y lesión estética.

En el precedente “Gómez” del año 1984 se sentaron algunas bases interpretativas que luego se han reiterado 20.

Se dijo que “las reparaciones por incapacidad y lucro cesante no resultan excluyentes entre sí”, y distinguieron ambos conceptos: “No puede confundirse la reparación por incapacidad con la correspondiente a lucro cesante. La primera es la secuela o disminución física o psíquica que pudiera quedar luego de completado el período de recuperación o restablecimiento, en tanto que el segundo consiste en el resarcimiento de las ganancias dejadas de percibir durante el tiempo que haya demandado la curación de la víctima”. Esta pauta hermenéutica fue posteriormente repetida, conformando su doctrina actual 21.

Sin embargo el distingo conceptual entre incapacidad sobreviniente y lucro cesante –ahora enraizado en todo el ámbito provincial- había sido aceptado ya en anterior decisorio 22.

En el caso en examen (“Gómez) el agravio afirmaba que la reparación por incapacidad abarcaba la que se había concedido por lucro cesante, que se estaba indemnizando doblemente las lesiones padecidas y sus secuelas porque se las consideró a fijarse el daño moral, y que éste comprende el rubro daño estético. Para rechazar esas quejas se discriminaron las reparaciones por incapacidad y por lucro cesante –las que, se dijo, no resultan excluyentes entre sí-, se sostuvo que la incapacidad tenía su fundamento en la pericia y en los porcentajes en ella señalados, y que “la indemnización por daño moral comprende las molestias en la seguridad personal o en el goce de sus bienes que, en el supuesto de lesiones, se configura por el conjunto de padecimientos físicos y espirituales derivados del hecho, y que tiene por objeto reparar el quebranto que supone la privación o disminución de aquellos bienes que tienen un valor precipuo en la vida del hombre y que son la paz, la tranquilidad de espíritu, la libertad individual, la integridad física, el honor y los más sagrados afectos”. De ahí –se concluyó- que en modo alguno se pueda configurar una superposición de rubros por haber considerado precisamente las lesiones y sus secuelas para apreciar el agravio moral.




Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8   9


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad