Daniel Goleman


EPILOGO: El VIAJE CONTINÚA



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EPILOGO:

El VIAJE CONTINÚA


El encuentro de Dharamsala fue mucho más que un viaje que acaba desvaneciéndose en el recuerdo y del que sólo perdura unáálbum de fotos arrinconado en uno de los estantes de la memoria, sino que, muy al contrario, tuvo el sabor de un peregrinaje que, de un modo u otro, acabó transformando la vida de todos los participantes. No tengo la menor duda de que el encuentro con el Dalai Lama ha dejado en cada uno de nosotros una impronta muy distinta, pero tampoco la tengo de que su huella todavía puede advertirse en nuestra vida y en nuestra obra. Y es que, como que peregrinos, cada uno de nosotros volvió a su casa habiendo aprendido sus propias lecciones individuales.

Nuestro viaje de vuelta comenzó con lo que se suponía sería un paseo en coche de cuatro horas hasta el aeropuerto de Jammu, donde debíamos tomar el avión de regreso a Nueva Delhi. El camino era cuesta abajo, y esperábamos recorrerlo en mucho menos tiempo que en el viaje de ida, pero todos los coches, camiones y hasta rickshas parecían adelantar a nuestro destartalado autobús que se desplazaba como mejor podía por la estrecha y serpenteante carretera de montaña y tardó ocho o nueve interminables horas en llevarnos a nuestro destino.

Cuando finalmente llegamos al aeropuerto de Jammu, nuestro elevado discurso intelectual sobre las emociones destructivas tropezó de golpe contra la más sobria de las realidades, ya que la ciudad se hallaba bajo la ley marcial y había soldados por todas partes. Pocos días antes, los terroristas habían asesinado a más de treinta sijs en un barrio de las afueras de Srinagar, la cercana capital de la revuelta provincia de Kashmir. El soplo del terrorismo –la movilización de las emociones destructivas al servicio de la guerra psicológica– flotaba en el ambiente. Una vez en el aeropuerto nos sorprendió que los soldados indios registraran minuciosamente nuestras bolsas de mano y nos confiscaran las baterías y cualquier objeto puntiagudo (no teníamos ni la menor idea de que ése era un augurio que, en un futuro no muy lejano, acabaría convirtiéndose en una rutina para garantizar la seguridad de los viajes aéreos).

Nuestro grupo todavía se hallaba en una especie de burbuja protectora, y Paul Ekman resumió perfectamente nuestros sentimientos cuando dijo que esta experiencia le obligaría a revisar algunas de sus conclusiones científicas acerca de la sonrisa. En el pasado había escrito que las personas no pueden mantener una sonrisa del tipo Duchenne –es decir, una sonrisa que pone incluso en funcionamiento los músculos que rodean el ojo durante mucho tiempo. Pero lo cierto es que, durante toda esa semana, había advertido que él mismo mantuvo, durante largos períodos, ese tipo de sonrisa y que tenía muy clara la sensación de placer que la acompaña.

De hecho, aunque odia las reuniones y, en la medida de lo posible, las evita (o las abandona en cuanto puede), Paul se había sentido completamente absorto. Según nos dijo, los cinco días le habían parecido uno. Y es que la atención había cambiado su modo de experimentar el tiempo, uno de los varios signos distintivos del estado de flujo, un estado de absorción muy energetizador. Y lo cierto es que sus comentarios resumían perfectamente lo que todos habíamos sentido.

A decir verdad, cada uno de nosotros se sintió personalmente movilizado por el encuentro. Pero el impacto más tangible de esa semana quedó claramente de relieve en la diversidad de proyectos que emergieron durante las semanas y meses posteriores, cada uno de los cuales reflejaba la nueva forma de pensar y suponía una revisión de nuestros respectivos trabajos.



La filosofía reconsiderada

Uno de los primeros signos de este impacto se produjo a las dos semanas del encuentro, cuando Owen Flanagan pronunció la John Findley Lecture de la Boston University titulada "Destructive Emotions". Aunque, durante la semana del encuentro, había desempeñado el papel de escéptico, en su conferencia (y en un posterior artículo con el mismo título publicado en la revista Consciousness andEmotiori) Owen introdujo en el discurso filosófico occidental la visión del budismo tibetano en torno a las emociones destructivas que el Dalai Lama y otros habían presentado en Dharamsala.

En esa conferencia, por ejemplo, Owen expuso la creencia habitual occidental de que las emociones están determinadas biológicamente –y que, en consecuencia, no podemos hacer gran cosa para modificar las emociones destructivas y la contrastó con la afirmación del budismo tibetano de que es posible disminuir el efecto de las emociones destructivas. "Algunos budistas tibetanos –dijo, en este sentido, no sólo creen que es posible, sino que también es muy recomendable superar –y hasta erradicar emociones como la ira y la hostilidad a las que los filósofos occidentales consideran como naturales e inmutables."

Owen también cuestionó la idea de que las emociones destructivas cumplen necesariamente con una función vital y adaptativa para la evolución. Luego señaló que todas las tradiciones de sabiduría –desde la Biblia hasta Confucio, el Corán, los textos budistas y filósofos morales como Aristóteles, Mill y Kant– nos urgen a tratar de ejercer algún control sobre ellas. Owen se hizo también eco del comentario de Richard Davidson de que, a pesar del escepticismo que los neurocientífícos manifiestan hacia el tema de la plasticidad del cerebro, "cada vez existe más evidencia de que el cerebro humano es muy maleable" y de la posibilidad, por tanto, de ejercer el autocontrol emocional que tanto han alentado las tradiciones religiosas.

A modo de comentario final, Owen añadió que le gustaba el budismo tibetano porque nos transmite el mensaje de que "todos nosotros estamos comprometidos en el proyecto de descubrir el modo de "trascender el genotipo". Es cierto que somos animales, pero no lo es menos que también somos unos animales muy especiales capaces de adaptar y modificar el legado de la Madre Naturaleza".

Owen procedió a elaborar estos temas en el libro que había comenzado a escribir durante nuestra visita a Dharamsala, The Problem of the Soul, en el que aspira a reconciliar las verdades humanísticas con las verdades científicas, encontrando así un sentido a los descubrimientos realizados por la neurociencia cognitiva que pone claramente en cuesüón la imagen que tenemos de nosotros mismos y nos devuelve el libre albedrío y la capacidad incluso de poseer algo semejante a un alma. En su opinión, el hecho de que el budismo se haya asentado en un enfoque fenomenológico "lo convierte en un abordaje casi único entre las grandes tradiciones éticas y metafísicas que nos proporciona una visión del ser humano que se adapta perfectamente a lo que dice la ciencia con respecto al modo en que debemos vernos a nosotros mismos y al lugar que ocupamos en el mundo".

– Owen Flanagan, "Destructive Emotions", Consciousness and Emotions, 1, 2 (2000): pp. 259–81.

– Owen Flanagan, The Problem of Soul: Two Visions of Mind and How to Reconcile Them (Nueva York: Bassic Books, 2002).



Un reto para la psicología

El ámbito en que se cruzan dos sistemas de pensamiento encierra un gran potencial de interfecundación. Eso fue, precisamente, lo que ocurrió en nuestro encuentro con las visiones occidental y budista de la psicología, hasta el punto de que la fertilidad de este intercambio de paradigmas intelectuales inspiró otro artículo, esta vez no filosófico sino psicológico.

Para demostrar la utilidad de este tipo de diálogos a la hora de generar hipótesis de investigación en el campo de la psicología, Alan Wallace y Matthieu Ricard (desde la perspectiva budista) y Paul Ekman y Richard Davidson (desde la perspectiva de la psicología occidental) escribieron un artículo, titulado «Buddhist and Western Perspectives on Well–Being», que subraya los retos que presenta el modelo budista a las creencias básicas que la psicología sustenta en torno a la naturaleza del bienestar.

El budismo, por ejemplo, postula la posibilidad de sukha, «una sensación profunda de serenidad y plenitud que emerge de la mente excepcional–mente sana», un concepto que no tiene parangón en inglés, ni equivalente directo alguno en el ámbito de la psicología (aunque algunos psicólogos hayan comenzado recientemente a postular la necesidad de una "psicología positiva" que puede abarcar ambos conceptos). Pero el budismo no se para en mientes y también afirma la posibilidad de desarrollar esa capacidad y ofrece un conjunto de métodos para el logro del estado de sukha. Ese entrenamiento comienza con una modificación positiva en las emociones fuga–ces que conduce a una transformación más duradera del estado de ánimo y, finalmente, aboca a un cambio de temperamento.

Esta noción proporciona a la psicología moderna un modelo del funcionamiento óptimo que trasciende el suyo. El artículo en cuestión propone a los psicólogos la investigación con practicantes avanzados del budismo para evaluar los cambios en el funcionamiento del cerebro, en la actividad biológica, en las experiencias emocionales, en las habilidades cognitivas y en las interacciones sociales. Y, como señalamos en el capítulo 1, este pro–grama ya ha comenzado a ponerse en marcha.

El último libro escrito por Paul Ekman, Gripped by Emotion, refleja los cambios provocados por la integración entre las ideas budistas y la psicología occidental que se produjeron durante nuestro encuentro de Dharamsala. Según Paul, la conversación con el Dalai Lama le ayudó a cristalizar algunas ideas o confirmar sus corazonadas. Entre las ideas que había esbozado por su cuenta, que se vieron confirmadas por el pensamiento budista, por ejemplo, conviene señalar distintas estrategias para abordar las emocionesdestructivas, dependiendo de si el abordaje se produce antes, durante o des–pués del episodio en cuestión. Cuando finalmente acabó el manuscrito, Paul había entrelazado muchas de estas ideas a lo largo de todo el libro.

Richard Davidson, Paul Ekman, Alan Wallace y Matthieu Ricard, "Buddhist and Western Perspectives on Well–Being", manuscrito en imprenta.

Paul Ekman, Gripped by Emotion (Nueva York: Times Books/Henry Holt, 2003).



La investigación de la mente

La relación entre el pensamiento budista y las ciencias de la mente ha asumido todavía otra forma, que expande el debate hasta llegar a incluir a un círculo de científicos todavía más amplio. El día en que concluyó el encuentro de Dharamsala, el Dalai Lama aceptó nuestra invitación para visitar la Harvard University y participar en un encuentro organizado por el Mind and Life Institute en el que los investigadores de las ciencias bioconductuales explorarán con los estudiosos budistas el modo en que su distinta visión puede enriquecer el estudio científico de la mente. La pregunta esencial de ese encuentro será la siguiente: «¿Puede la ciencia moderna servirse de la bimilenaria investigación de la mente llevada cabo por el budismo?».

Este noveno encuentro Mind and Life —«Investigating the Mind»— ha sido organizado por Richard Davidson en colaboración con Anne Harrington, una de las directoras del Mind/Brain/Behavior Initiative de Harvard (que copatrocinará el evento) y que también había participado en el quinto encuentro Mind and Life, que giró en tomo al altruismo y la compasión. Para ello han organizado una reunión de dos días, con sesiones destinadas a los siguientes temas, la atención y el control cognitivo de la actividad mental, de la emoción y de la imaginería mental. Además, los días 13 y 14 de septiembre de 2003 han programado también el encuentro «Investigating the Mind», que será el primer evento del Mind and Life Institute parcialmente abierto al público, aunque las sesiones se dirigirán fundamentalmente a investigadores en los campos de la psicología, la ciencia cognitiva, la neurociencia y la medicina y, más en particular, a licenciados en busca de temas para su tesis doctoral.

Paradójicamente, los investigadores occidentales que, hasta el momento, se han dedicado al estudio de la atención, consideran que los mecanismos que intensifican la atención constituyen un foco muy importante de interés científico, pero han mostrado un escaso interés en los métodos orientales para el cultivo de la atención. Según el budismo, sin embargo, el entrenamiento de la atención constituye la clave para acceder al control de nuestra vida interna y el fundamento mismo de la práctica espiritual. Este encuentro sobre la atención apunta, pues, a recuperar, el tiempo perdido y explorar las implicaciones que tiene la noción budista de la atención para la moderna investigación.

Las emociones representan una oportunidad sin precedentes para la ciencia. La psicología occidental lleva mucho tiempo dando por sentado la imposibilidad de gestionar voluntariamente nuestras emociones, pero el entrenamiento budista dispone de muchas estrategias prácticas para aprender a controlarlas y encauzarlas mejor. Por ello, uno de los focos de la sesión sobre las emociones se centrar en la revisión de los supuestos en los que se asienta tal creencia. Otro de los temas gira en torno al poder de la compasión, una emoción casi completamente ignorada por la ciencia occidental.

La sesión dedicada a la imaginería, por último, presentará a los científicos los métodos del budismo para generar y controlar sistemáticamente las imágenes mentales, un sistema que no tiene parangón en la ciencia occidental y que podría aumentar nuestra capacidad para estudiar las imágenes que pueblan nuestro mundo interno.

Además del Dalai Lama, también nos hablarán de la tradición budista Alan Wallace, Thupten Jinpa, Matthieu Ricard, Georges Dreyfus (profesor de religión del Williams College que logró el grado del geshe cuando era monje budista tibetano) y Ajahn Amaro (un inglés que actualmente es abad de un monasterio budista tailandés en California).

Del lado de la ciencia, "Investigating the Mind" ha despertado el interés de más de una decena de eminentes investigadores. El principal presentador científico de la sesión de la atención será Jonathan Cohen, psiquiatra que dirige el Center for Study of Brain, Mind and Behavior de la Princeton University. La sesión de imaginería mental tendr como presentador principal a Stephen Kosslyn, jefe del departamento de psicología de la Harvard University, y psicólogo del departamento de neurología del Massachusetts General Hospital. Y los expertos Richard Davidson y Paul Ekman se hallarán también entre los ponentes de la sesión dirigida a emoción. Finalmente, el encuentro concluir con una reflexión sobre el significado del diálogo realizada por Jerome Kagan, eminente psicólogo evolutivo de la Harvard University y con los comentarios filosóficos –habituales en los encuentros del Mind and Life de Evan Thompson, filósofa de la York University de Toronto. Thompson lleva mucho tiempo participando en el diálogo entre el budismo y la filosofía y la ciencia occidental, ha sido una estrecha colaboradora de Francisco Varela y es, junto a él, coautora de De cuerpo presente, que explora la contribución del pensamiento budista al estudio científico de la mente.

Algunos de los participantes ya han mostrado su interés en expandir su propia investigación, especialmente Stephen Kosslyri, cuya investigación se centra en la imaginería visual. Los encuentros anteriores de Kosslyn con Matthieu Ricard han llamado poderosamente su atención sobre el efecto de la meditación para intensificar la capacidad de visualización que ha comenzado a investigar con practicantes avanzados como el lama Oser.

– Mind and Life XI, "Investigating the Mind: Exchanges Between Buddhism and the Biobehavioral Sciences on How the Mind Works". Boston, Massachusetts, 13 y 14 de septiembre de 2003. Quienes estén interesados en saber más cosas acerca de este encuentro pueden visitar la siguiente web: www.InvestigatingTheMind.org.

Inspiración para los maestros

La educación también es uno de los campos que se ha beneficiado del estudio filosófico y científico de la mente de nuestro diálogo. Cuando abandonó Dharamsala, Mark Greenberg nos dijo que los comentarios del Dalai Lama le habían resultado muy sugerentes a la hora de pensar en nuevas formas de ayudar a los niños a gestionar sus emociones positivas y que había supuesto un auténtico cambio de rumbo. Según dijo, programas como PATHS habían contribuido muy positivamente a ayudar a los niños a gestionar mejor los aspectos negativos y reactivos de sus emociones (ayudándoles a calmarse, aumentar su autocontrol y gestionar más adecuadamente la ansiedad). Ahora, sin embargo, se daba perfecta cuenta de la extraordinaria importancia de ayudarles también a cultivar una "mente positiva" (que les permita desarrollar actitudes como el optimismo, la tolerancia y el respeto a los demás). A fin de cuentas, éste es el modo más directo de contribuir al objetivo de gestionar más adecuadamente las emociones destructivas.

En este sentido, Mark ha empezado a diseñar ejercicios para el desarrollo de emociones como la compasión en niños de más de seis años y también está investigando los efectos de lecciones sobre temas como el respeto, el perdón y la responsabilidad social en niños de doce y trece años. También ha incluido en sus programas y llevado a la práctica una de las sugerencias concretas de nuestro encuentro –que los niños más pequeños elogien a alguien que haya sido útil a los demás con resultados muy positivos puesto que, según los maestros, esta sencilla práctica ha movilizado muy positivamente el clima emocional del aula.

Otra fuente de inspiración para Mark se produjo durante la conversación en torno a la formación de los maestros y, más en particular, la idea de que los maestros podían pasar unos cinco minutos en pequeños grupos cada mañana antes de entrar en clase para cobrar más conciencia de su motivación durante ese día. Tal vez pudieran también reconsiderar lo que les atrajo del mundo de la enseñanza, cuáles son sus expectativas actuales, lo que quieren enseñar ese día a los niños, la necesidad de los niños de ser queridos y respetados, el modo en que podrían ayudarles a controlarse cuando se portan mal y las mil posibles formas de ayudarles a convertirse en personas más empáticas y respetuosas. Mark también quiere estudiar el efecto en los maestros –y en sus alumnos del simple hecho de comenzar el día centrados y positivos.

Otra fuente de inspiración para Mark provino del informe de Davidson en torno a los cambios neurológicos provocados por la meditación, algo que le hizo preguntarse por los posibles efectos neurológicos de su programa de aprendizaje emocional y social en el cerebro infantil y decidió buscar neurocientíficos para determinar los efectos de sus programas. En la actualidad, ese proyecto de investigación ya ha sido diseñado y está a la espera de una subvención del gobierno federal para llevarlo a cabo.

Pero el momento personalmente más significativo para Mark se produjo durante la pausa para el té que siguió a su presentación de los programas de aprendizaje emocional, cuando el Dalai Lama le invitó a volver a Dharamsala para compartir su experiencia con maestros tibetanos. más en concreto, el Dalai Lama pidió a Mark que compartiera sus ideas en alguno de los encuentros anuales de formación pedagógica que reúne a maestros del Tibetan Children's Village de Dharamsala y de otras escuelas de los asentamientos de refugiados tibetanos que se hallan desperdigados por toda la India. A pesar de las dificultades iniciales para fijar la fecha, hoy en día Mark tiene programado ese viaje de regreso a Dharamsala.

– Quienes estén interesados en conocer PATHS pueden visitar www.colorado.edu/cspv/blueprints/model/ten_paths.htm

Elproyecto Madison

Los cinco días que Richard Davidson pasó en Dharamsala tuvieron un impacto muy poderoso en su agenda de investigación. En los años anteriores, había desarrollado un gran interés en la neuroplasticidad (es decir, en la capacidad de las personas para modificar sus emociones, su conducta y hasta el funcionamiento de su cerebro), pero el encuentro fortaleció su determinación de continuar con esa agenda científica y expandirla hasta determinar los posibles beneficios de la meditación para el cultivo de las emociones positivas. En el pasado, su trabajo se había focalizado en el modo de disminuirálas emociones negativas, pero ahora estaba muy interesado en expandir su investigación al cultivo de emociones positivas como la alegría o la compasión.

Richie se había sorprendido de que cualidades tan importantes como la bondad y la compasión fueran tan ajenas al vocabulario psicológico occidental de la emoción. Ahora sentía que deberían volver a ocupar el papel central que les corresponde, no sólo por su relevancia para la ciencia psicológica, sino también por su importancia para el individuo y para la sociedad. Actualmente disponemos de una nueva generación de instrumentos científicos –especialmente las técnicas de imagen cerebral que permiten evaluar el impacto permanente de los métodos multiseculares para el cultivo de las emociones positivas y situar así de nuevo al estudio científico de las emociones en el campo de la psicología.

Para ello, Richie invitó a su laboratorio de Madison a practicantes avanzados de meditación como el lama Oser, que había permanecido varios años en retiro intensivo, para colaborar con él en los estudios de imagen cerebral. Como ya hemos señalado en el capítulo 1, el Dalai Lama le había prometido en Dharamsala visitar su laboratorio en Madison la primavera siguiente, una promesa que le proporcionó el impulso necesario y una fecha tope para iniciar esta investigación que, por cierto, ya está empezando a dar resultados muy prometedores. En la actualidad, espera que el programa perdure el tiempo necesario para poder localizar e investigar con unos pocos practicantes avanzados que, dada la precisión del RMN, no tendrían por qué superar los seis sujetos y publicar luego los resultados obtenidos en una revista científica de primera línea.

Bien podríamos decir que este interés profesional de Davidson completa un círculo de su carrera y lo devuelve a su punto de partida. Durante sus años como universitario en Harvard, Richie estuvo muy interesado en la meditación, y su tesis doctoral giró en torno a la atención y la meditación. Posteriormente, sin embargo, la poca fiabilidad de los datos personales basados fundamentalmente en autoinformes y la escasez (según los estándares actuales) de datos fisiológicos le obligaron a postergar esa investigación, porque él sabía que la práctica no apuntaba tanto a provocar cambios puntuales como a transformar la vida cotidiana. Hoy en día, sin embargo, las nuevas técnicas de imagen cerebral le permiten disponer de las herramientas científicas necesarias para investigar la presencia de cambios mucho más duraderos.

– Quienes estén interesados en este particular pueden visitar las siguientes páginas web: http://www.keckbainimaging.org y http://www.psyphz.psych.wisc.edu



El cultivo del equilibrio emocional

De todos los participantes, tal vez a Paul Ekman fue al que más impactó nuestro encuentro. Durante el largo, ajetreado y polvoriento viaje de regreso en autobús que nos condujo de Dharamsala hasta el aeropuerto de Jammu, Paul estuvo reflexionando en lo que esa semana supondría para su vida cotidiana como investigador científico. Antes de venir había escuchado, con su habitual escepticismo, multitud de historias sobre los cambios que esos encuentros provocaban en los asistentes. Ahora le había tocado el turno a él.

Lo más sorprendente de todo era que había vuelto a establecer contacto con lo que originalmente le había atraído al campo de la psicología. Como él mismo dijo: "Llevo más de cuarenta años en el campo de la psicología de la emoción, y mi motivación original fue la de contribuir a reducir el sufrimiento y la crueldad del ser humano. Ahora parece que he recuperado mis raíces y mis motivaciones y puedo poner todo lo que he aprendido en ese tiempo al servicio de mis objetivos originales. Esta semana –agregó– me ha proporcionado una visión nueva de lo que puedo hacer durante esta etapa de mi vida".

Aunque había estado postergando sus obligaciones anteriores, por primera vez en casi una década tenía la impresión de estar asumiendo una nueva época jalonada por el programa de entrenamiento para adultos que esbozamos en el encuentro y al que ahora nos referimos con el nombre de "El cultivo del equilibrio emocional".

En Madison, Paul resumió al Dalai Lama todos los descubrimientos que se habían realizado al respecto hasta la fecha. "En Dharamsala me enteré de que usted estaba interesado en cualquier investigación que pudiera demostrar los beneficios de una versión secular de la meditación. Varios de nosotros nos hemos hecho eco de esa demanda y hemos desarrollado un enfoque que combina la práctica meditativa con las técnicas psicológicas occidentales. El diseño de nuestra investigación incluye un grupo de control y usar medidas tanto psicológicas como biológicas, poco después y un año después del experimento, para tratar de determinar su utilidad."

Paul se quedó aturdido y conmovido cuando, después de escuchar el proyecto del programa –y la necesidad de recabar fondos– el Dalai Lama le prometió cincuenta mil dólares de los derechos de autor de su último libro, un signo más que patente de su interés.

"El cultivo del equilibrio emocional" se basa en el programa de entrenamiento secularizado de la atención plena que Richie presentó, como señalamos en el capítulo 14, el último día de nuestro encuentro y que recogía la investigación que realizó en colaboración con Jon Kabat–Zinn. Pero además de aprender este tipo de meditación, los participantes también podrán beneficiarse de otros métodos aportados por la psicología occidental, como la resolución positiva de conflictos (derivada de la investigación realizada al respecto sobre la relación de pareja), o de otra serie de instrucciones derivadas de la investigación realizada por Paul en torno al reconocimiento de las expresiones faciales sutiles de la emoción. El programa abarcará las distintas dimensiones de la inteligencia emocional, como la conciencia de uno mismo y la capacidad de gestionar adecuadamente nuestras emociones y las emociones de los demás.

En la elaboración del programa "El cultivo del equilibrio emocional" han participado muchos de los integrantes del encuentro de Dharamsala. Alan Wallace y Matthieu Ricard (así como también Jon Kabat–Zinn, que colaboró con Richard Davidson en la evaluación científica de la meditación de la atención plena) han participado muy activamente en el diseño del programa de cultivo de la atención. Mark Greenberg, que fue uno de quienes abrazó con más entusiasmo la idea de un programa de educación emocional para adultos, ha desempeñado el papel de coordinador científico y ha contribuido a diseñar la evaluación de su eficacia. Jeanne Tsai, por último, contribuir con su experiencia en el estudio de la emoción diseñando y elaborando las medidas de la conciencia interpersonal que se utilizarán en la evaluación de su eficacia. En el momento de escribir este libro, la fase piloto ya ha sido diseñada.

– Quienes estén interesados en conocer los avances realizados en este sentido pueden consultar la web: www.MindandLife.org.

"Elproyecto personas excepcionales"

Otro proyecto relacionado hunde sus raíces en un sorprendente y poderoso intercambio privado que se produjo entre Paul Ekman y el Dalai Lama durante una de las pausas para tomar el té del miércoles, cuando su hija Eve le formuló al Dalai Lama una pregunta personal sobre las relaciones y donde Su Santidad sostuvo y frotó afectuosamente sus manos. Según me dijo posteriormente, este pequeño encuentro fue "lo que algunos llamarían una experiencia mística transformadora. Yo me sentí inexplicablemente inundado de un maravilloso calor físico que cubrió mi cuerpo y mi rostro durante cinco y diez minutos y me dejó con una sensación muy palpable de bondad que nunca antes había experimentado y que perduró durante todo el resto del encuentro".

Para Paul, ése fue un momento único, un sentimiento de sentirse abrazado por la generosidad, el respeto y la compasión. Y ese momento llegó después de que el Dalai Lama le dijera lo buen padre que era. De algún modo, esa combinación conmovió las mismas raíces de su motivación vital.

Aproximadamente un año más tarde, Paul relacionó esa experiencia –y los cambios que había experimentado desde entonces con un incidente en especial traumático de su vida. "Mi padre era un hombre francamente violento. Cuando, a los dieciocho años, le dije que había decidido no estudiar medicina (como él, que era pediatra), sino psicología, me dijo que no contara con él. Luego le pregunté si quería que sintiera por él lo mismo que él había sentido por su padre, que también, por cierto, se había negado a apoyarle en sus estudios. Entonces me golpeó y me tiró al suelo; cuando me levanté, le dije que ésa había sido la última ocasión, porque ya era mayor y, la próxima vez que me agrediese, le devolvería el golpe. Después de ese episodio me marché de casa y no volví a verle hasta diez años después.

"Desde ese episodio, que sucedió hace unos cincuenta años –añadió Paul habré tenido un ataque de ira por semana de los que casi siempre he terminado arrepintiéndome. Pero, desde ese día de Dharamsala en que tuve el encuentro privado con Su Santidad las cosas han cambiado mucho. En los cuatro meses siguientes no tuve ningún enfado y, en todo el año pasado, no experimenté ningún ataque de ira. Toda mi vida he estado luchado con la ira, pero ahora –un año después de Dharamsala sólo me enfado muy de vez en cuando. Creo que el contacto físico con ese tipo de bondad puede tener un efecto realmente transformador."

Es muy probable que la psicología sea la ciencia en la que más importancia tenga la experiencia vital del científico. En este sentido, Paul me ha dicho que quiere investigar la cualidad transformadora de la interacción humana con personas extraordinarias como el Dalai Lama. Esa decisión fue la que le llevó a esbozar "El proyecto personas extraordinarias" que presentó en Madison y del que el lama Oser (como hemos descrito en el capítulo 1) ha sido su primer sujeto experimental.

Pero los sujetos de esta investigación son muy pocos y están siendo investigados de modos diferentes en distintos laboratorios. En Madison, Richard Davidson utiliza los métodos de imagen cerebral para estudiar los efectos neurológicos duraderos de la práctica de la meditación, mientras que Paul, en la University of California, emplea métodos para la determinación de la capacidad para leer las emociones en la expresión facial a fin de calibrar el impacto sobre la empatía y otras habilidades emocionales.

– Quienes estén interesados en los avances realizados en este sentido pueden visitar la web: www.paulekman.com



Un intercambio en dos sentidos

La experiencia del venerable Ajahn Maha Somchai Kusalacitto (por nombrarle por su título completo) añade un matiz interesante a estos proyectos de investigación, un recordatorio de que el diálogo entre el budismo y las ciencias de la mente es una vía de doble sentido. En una entrevista con un visitante americano, varios meses después del encuentro de Dharamsala, Kusalacitto señaló la importancia de la investigación y evaluación científica de los efectos de los logros espirituales de los meditadores avanzados.

Una de las razones que le llevaron a interesarse por este tipo de investigación estaba ligada a los crecientes problemas que advirtió en Tailandia y, más en particular, al coste social de las emociones destructivas que se manifiesta, por ejemplo, en el aumento de la tasa de abusos a menores. Según dijo, la investigación científica pone de relieve los beneficios de la práctica budista, que deberían tener una mayor influencia en los países de Oriente, donde advierte la presencia de una falta de comprensión real del valor de las enseñanzas y prácticas budistas. "En este sentido, Occidente –dijo puede ayudarnos a promover el interés y la aceptación de los valores budistas. Y es que los tailandeses tendemos a desdeñar lo nuestro y a entusiasmarnos con cualquier cosa que venga de Occidente."

Cae el telón

Poco antes del encuentro de Madison recibimos malas noticias del estado físico de Francisco Varela, ya que nos enteramos de que, a pesar de la quimioterapia, su hígado trasplantado acababa de sufrir una virulenta recurrencia. La medicina ya no podía hacer nada por él, y los médicos habían arrojado la toalla. Francisco estaba en casa con su familia y no vendría a Madison, por lo que Adam Engle –con quien había fundado el Mind and Life Institute– dispuso todo lo necesario para que pudiese participar por videoconferencia a través de Internet. Fue así como Francisco acabó convirtiéndose en una presencia virtual observando el encuentro de Madison desde la pantalla de su ordenador de su dormitorio de París.

Al concluir la reunión todos le expresamos nuestros más sinceros deseos de recuperación en una tarjeta que Anton Lutz –el colega que le sustituyó en Madison– le entregó al día siguiente en su casa de París.

Francisco murió en su casa pocos días más tarde. El encuentro virtual de Madison con el Dalai Lama supuso el último telón que cayó sobre su vida de científico.





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