Daniel dafoe los géneros literarios en el siglo XVIII



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BLOQUE III EL SIGLO XVIII. EL SIGLO DE LAS LUCES

TEMA 2 EL LIBRO DE VIAJES. DANIEL DAFOE

1. LOS GÉNEROS LITERARIOS EN EL SIGLO XVIII

Durante todo este siglo se produjo la especialización del concepto de literatura. De referirse a un conjunto de disciplinas científicas y humanísticas, pasó a tener un significado más próximo al actual, relacionado con las obras de valor estético.

Los estudios literarios experimentaron un cambio importante marcado por la apreciación estética de la prosa y, en especial, de la novela, que se incorporó con fuerza a los géneros literarios tradicionales, mayoritariamente escritos en verso (poesía lírica, épica y dramática). El auge del ensayo, en sus diversas manifestaciones formales (tratado filosófico, artículo de opinión, epístola, memorias…) refleja, como hemos visto, el creciente aprecio de la prosa como vehículo de expresión del pensamiento y del didactismo ilustrado.

Por otro lado, los excesos de complicación formal a los que había llegado la literatura barroca, que se prolongaron hasta las primeras décadas del XVIII, chocaron con un ideal estético que buscaba la moderación, el equilibrio, el orden y la proporción. Los autores clásicos eran el modelo digno de imitación de esta nueva estética y esta mirada hacia el pasado, tanto hacia la antigüedad clásica como al renacimiento, justifica el gusto por temas y formas propios de estas literaturas, como la temática mitológica o determinados subgéneros como la anacreóntica o el idilio (* La anacreóntica es una composición lírica en verso de arte menor que canta los placeres de la vida, el vino y el amor. Su creador fue el poeta griego Anacreonte (siglo VI a.C), de ahí viene su nombre. Se puso de moda durante la segunda mitad el siglo XVIII y composiciones de este tipo escribieron numerosos poetas neoclásicos como Juan Meléndez Valdés o José Cadalso. En cuanto al idilio, es un subgénero característico de la poesía bucólica helenística; su equivalente en la literatura latina posterior es la égloga).

Desde el punto de vista estético, la poética clasicista privilegia la finalidad didáctica de la literatura y la reglamentación del arte. La experiencia literaria y el ejemplo de los modelos clásicos confirman la eficacia de una serie de principios de composición: unidad de tiempo, lugar y acción en los textos dramáticos; pureza en los géneros, imitación de los clásicos… Tales reglas aseguran la verosimilitud de los textos y su valor. Esta normativa se basó fundamentalmente en las poéticas de Aristóteles y de Horacio, así como en tratados renacentistas posteriores que incidían en los mismos principios. El Arte poética del francés Boileau tuvo una gran influencia en la literatura neoclásica.
RASGOS GENERALES DE LA LITERATURA NEOCLÁSICA

● Didactismo

● Enfoque racional

● Sencillez expresiva

● Reglas y modelos clásicos

● Temas mitológicos


RASGOS RELATIVOS A GÉNEROS
● Aprecio creciente de la prosa literaria y ensayística

● Consolidación de la novela

● Seguimiento de las tres unidades dramáticas

● Aparición del drama burgués



Aunque el movimiento literario característico del siglo XVIII

es el denominado Neoclasicismo, tendencias y gustos estéticos

diversos conviven a veces en un mismo autor y muestran una

época de mayor complejidad estética que la que usualmente

se ha considerado.



2. LA NOVELA DEL SIGLO XVIII

La novela es uno de los géneros literarios que mayor desarrollo alcanza durante este siglo, sobre todo en Inglaterra, Francia y Alemania.

Aunque para la teoría literaria de la época, la novela atentaba contra el orden moral, sobre todo por su tratamiento poco ejemplarizante de las pasiones, y no respondía a ninguno de los modelos genéricos tradicionales, en la práctica emerge con fuerza ante las nuevas circunstancias socioeconómicas y el crecimiento de un público burgués que demanda entretenimiento; por eso su desarrollo será mayor en estos países, frente a España, Italia o Portugal, donde es menor y más tardío.

Las causas que explican el nacimiento de la novela moderna en este siglo son variadas, pero se destacan principalmente dos:

- El ascenso de la burguesía exige un género realista, sencillo en su comprensión y que aúne en las obras el entendimiento y la exposición de las nuevas ideas. Este es el público al que se dirige mayoritariamente la novela del XVIII y que permite a los escritores no depender del patrocinio de los nobles como en épocas anteriores.

- La segunda causa es la aparición de un nuevo tipo de lector: la mujer burguesa. Esta ha accedido a cierto nivel de educación y en parte se ha liberado del peso de las tareas domésticas, lo que le permite encontrar el tiempo de ocio necesario para dedicarse a la lectura. La irrupción de la mujer explica, por ejemplo, que en las novelas de este siglo proliferen las protagonistas femeninas y que triunfe la narración sentimental, frente a los argumentos bélicos o de aventuras que abundaban en el siglo anterior.

Los escritores del siglo XVIII aportan ciertas novedades en cuanto a la forma que adoptan las novelas:

Novela epistolar, organizada en torno a un conjunto de cartas que los personajes de la historia se entrecruzan y permiten al novelista exponer diferentes perspectivas sobre un mismo acontecimiento. Aunque el género ya contaba con precedentes, es Montesquieu quien establece el modelo más perfeccionado con sus Cartas Persas (1721). En esta obra de juventud, racionalista e irónica, aborda cuestiones que más tarde desarrollaría en El Espíritu de las Leyes, donde critica las costumbres europeas desde la mirada oriental, especialmente en cuanto a temas de religión, política o moral. Pronto alcanzó un enorme éxito editorial y surgieron numerosas imitaciones: las Cartas filosóficas de Voltaire (1734) o las Cartas marruecas (1789) del español José Cadalso son algunas de las más conocidas.

En el desarrollo de la novela psicológica epistolar, cuya edad de oro se sitúa entre 1760-1780 existen abundantes ejemplos, como las Cartas de la Marquesa de Crébillon, Pamela y Clarisa de Richardson, La Nueva Eloísa de Rousseau o las Amistades peligrosas de Choderlos de Laclos.

● Otra modalidad destacada es la novela autobiográfica. El deseo de dotar a los textos de ficción de autenticidad y verosimilitud acentuó también la preferencia por la primera persona narrativa y fue muy habitual, como en la epístola, el relato de las propias experiencias a modo de memorias o autobiografía. Este es el caso de Giaccomo Casanova con sus Memorias o de Rousseau con sus Confesiones, de referencia obligada al hablar de las memorias del siglo XVIII. Lo autobiográfico dominará a finales de siglo, preludiando el Romanticismo.

La novela dieciochesca también introduce una serie de subgéneros que tendrán un amplio recorrido en la historia de la literatura:

● Novela de aventuras y viajes, continuación de los relatos del Barroco, aunque con la peculiaridad de que los personajes pertenecen a la burguesía y en la ambientación de las obras predomina el realismo. De esta modalidad destacan Robinson Crusoe, de Daniel Dafoe y Los viajes de Gulliver, de Johnatan Swift.

● Novela de ideas, utilizada por algunos intelectuales para exponer el pensamiento ilustrado sobre determinados aspectos. Esta es la forma elegida por Voltaire, Diderot o Rousseau.

● Novela sentimental, iniciada en Inglaterra por Richardson, se centra en el análisis de la relación amorosa desde un punto de vista femenino.

● Novela erótica, cuyo principal asunto es el relato de las relaciones sexuales de los personajes. Se dan dos variantes: las obras que responden a una intención moral o de crítica social (Fanny Hill, de J. Cleland) y aquellas en las que domina una absoluta falta de moralidad (es el caso de las novelas del Marqués de Sade).

2.1. LA NOVELA INGLESA

La sátira es el género literario dominante en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XVIII. Por medio de ella se articula la lucha política y literaria, con la finalidad correctora y didáctica de la ridiculización social. La sátira se ejerce en todos los géneros literarios, pero hay que destacar principalmente el extraordinario auge del periodismo crítico: The Spectator, que llegó a vender en 1712 diez mil ejemplares semanales, fue el gran divulgador del pensamiento crítico de su tiempo y fue un azote para la sociedad, que era predominantemente puritana. En este contexto, el Quijote en la Inglaterra de finales del siglo XVII y primera mitad del XVIII pasa, de ser leído como obra de diversión y risa, a ser paladeado como el más perfecto modelo de la sátira literaria y de costumbres; el caballero manchego pasa de ser considerado un bufón a ser el medio del que se vale Cervantes para satirizar su sociedad.



La novela moderna surge en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XVIII a partir de la senda abierta en España en los dos siglos anteriores por la novela picaresca y el Quijote, que dieron entrada a la realidad sin moralizarla en un sentido religioso. Se va abandonando, para las narraciones ficticias en prosa, la opción denominada en inglés romance: ficciones fantásticas, idealizadas y escapistas protagonizadas por caballeros andantes o héroes de la antigüedad. El nuevo género literario elige lo verosímil y va manifestándose gradualmente como el medio más apto para expresar de manera realista las características de la sociedad y la personalidad del hombre contemporáneo, su experiencia moral. El público lector de la novela es la clase media y, especialmente, el público femenino, que, a través de las descripciones y situaciones de la realidad cotidiana- caracteres, modas, costumbres, ambientes y contexto socioeconómico- que presenta el nuevo género, observa y enjuicia su propia vida. La novela aparece en la primera mitad del siglo XVIII como el género que mejor manifiesta el ascenso social de la clase media. En resumen, en la Inglaterra del siglo XVIII se consolida la novela. Su gran éxito se debe a la incorporación de la mujer de clase media a la lectura y al fortalecimiento de la clase burguesa urbana que, con medios y tiempo para leer, orienta sus gustos hacia el entretenimiento y el didactismo, que sólo podía ofrecerle la novela. El racionalismo de la época lleva a sustituir, como materia novelesca, los hechos fabulosos por la vida cotidiana y por la exploración detallada de los sentimientos.

LOS FUNDADORES DE LA NOVELA MODERNA INGLESA: DEFOE Y SWIFT

Daniel Defoe (1660-1731)

Es uno de los pioneros de la novela inglesa. Su larga experiencia como articulista de prensa forjó el estilo funcional y directo que vemos en sus obras. Fue un novelista tardío, ya que su primera novela, Robinson Crusoe, fue publicada cuando ya contaba 60 años.

Entroncando con los libros de viajes y de historia natural, marcará el inicio de la nueva narrativa moral y utópica que examina de forma crítica la realidad.


Dedicado desde muy joven al comercio de los más variados productos, no siempre con éxito, Defoe se endeudó en varias ocasiones y fue perseguido por sus acreedores. Viajó por diferentes países europeos y a su actividad empresarial hay que sumar sus inquietudes políticas, que le llevaron a estar en la picota por sus panfletos y críticas a los conservadores. Trabajó para el servicio de inteligencia y fue responsable de informes y publicaciones periódicas de carácter político. Fue autor también de numerosos escritos de carácter político, religioso y de poemas satíricos.


Robinson Crusoe (1719) es una de las grandes obras de la literatura universal; aunque hoy se lee como un libro juvenil, no deja de ser una epopeya del esfuerzo racional del hombre por vencer la naturaleza. Narra la experiencia de un náufrago en una isla desierta durante 27 años, primero en solitario y trascurridos unos años, en compañía de un nativo al que llamará Viernes, prototipo del buen salvaje. Esta historia de superación personal, de lucha en solitario del hombre frente a las adversidades, representa el valor del individuo frente a la sociedad, en una naturaleza de la que aprende sus reglas y a la que logra dominar mediante la razón.

El tema del viaje y de la isla estuvo muy presente en la narrativa dieciochesca. Con ellos se profundiza en el análisis de los personajes cuestionando los principios sociales y educativos establecidos. El exotismo de los escenarios, como la isla, no solo representaba nuevas realidades, sino que ofrecía la imagen optimista de un mundo mejor y más auténtico que permitía al hombre ser feliz.

La historia tuvo como inspiración unos hechos reales ocurridos a dos náufragos, Pedro Serrano, capitán de la marina española que fue el único superviviente del naufragio de un patache español en un banco de arena del Caribe y que pasó allí ocho años hasta que fue rescatado en 1534, y Alexander Selkirl, marinero escocés que fue rescatado en 1709 tras pasar cuatro años en una isla desierta que hoy lleva su nombre, en el archipiélago Juan Fernández frente a Chile, donde también se encuentra la Isla Robinson Crusoe, que pasó a denominarse así en honor a la fama mundial que alcanzó la obra de Defoe.

Argumento

Robinson Crusoe es un joven rebelde que con 19 años se hace a la mar desobedeciendo los deseos de su padre de convertirlo en abogado. Una y otra vez, los barcos en los que navega naufragan, pero Robinson no se rinde. En uno de sus viajes es apresado por unos piratas marroquíes, pero logra escapar y lo recoge un barco portugués que se dirige a Brasil, donde Robinson se hace dueño de una plantación, pero enseguida se aburre y se hace otra vez a la mar con la intención de capturar negros africanos para venderlos como esclavos en América. El barco se hunde y sus restos van a parar a una isla cercana a la desembocadura del río Orinoco, en Colombia. Todos los compañeros de Crusoe mueren y en esta isla permanecerá 27 años. Consigue hacerse con un lugar donde protegerse de los peligros que le puedan acechar y que convierte en su vivienda. Para no perder el sentido del tiempo, inventa un calendario: una cruz de madera en la que va haciendo una muesca cada día. Con paciencia, va desarrollando múltiples talentos y actividades: aprende a criar cabras, a crear utensilios de barro, piedra y madera y adopta a un loro. Su única compañía es la Biblia; con sus necesidades cubiertas por la naturaleza y su ingenio, Crusoe se sumerge en la lectura y agradece a Dios que le haya salvado.

Un día llega a la playa una tribu de indígenas caníbales que llevan como prisioneros a otros indígenas con la intención de sacrificarlos. En un primer momento, Crusoe juzga que los caníbales merecen la muerte, pero después le entran las dudas: si no conocen la Revelación, probablemente no conozcan que la antropofagia es un pecado grave. Decide, no obstante, liberar a un prisionero, un indio que se convertirá en su sirviente y buen amigo y al que llamará Viernes, por ser el día en que lo encontró, y al que educará a su gusto: le enseña a hablar inglés, a cultivar, a comportarse civilizadamente y, sobre todo, a reconocer a Dios como Todopoderoso, y Viernes es feliz cumpliendo todos sus deseos.

Tiempo después, los caníbales regresan a la isla para celebrar uno de sus banquetes y Robinson y Viernes logran matar a casi todos y liberan a dos prisioneros. Uno de ellos es el padre de Viernes y el otro un español que les cuenta que hay más marineros españoles en el continente. Idean un plan: el padre de Viernes y el español volverán con los marineros, construirán un nuevo barco y pasarán por la isla a recoger a Crusoe y a Viernes. Sin embargo, antes de que llegue este barco aún por construir, llega una nave inglesa cuya tripulación se ha amotinado contra al capitán al que pretenden abandonar en la isla. Crusoe ayuda al capitán a recuperar el control de su barco y al final son los insurrectos los que acaban abandonados en la isla, aunque Crusoe les indica cómo sobrevivir y les asegura que tendrán una visita en breve. Ya en Inglaterra, a la que llega en el verano de 1687, Crusoe consigue cobrar las rentas de su plantación brasileña y se convierte en un potentado.



Análisis

El tema central de la novela es la capacidad del ser humano para dominar la naturaleza y transformarla. Es una idea propia de los nuevos tiempos, ya que el hombre se considera dueño y señor de la creación. Robinson consigue su objetivo valiéndose de dos herramientas típicamente burguesas e ilustradas: la capacidad de trabajo, considerada como una virtud digna y no como un castigo divino, y la razón, su idea de la civilización, pues Robinson no se adapta a las condiciones de una isla desierta, sino que impone en ella la ley humana y sus convenciones:

Debo observar aquí que, del mismo modo que la razón es la esencia y el origen de las matemáticas, si se formulan y encuadran las cosas dentro de la razón y se juzga racionalmente, todo hombre puede, con el tiempo, dominar cualquier arte mecánica”. Daniel Defoe, Robinson Crusoe, Planeta.

Robinson es el protagonista absoluto de la obra, representa al hombre moderno, burgués y trabajador, digno y obsesionado por su supervivencia y ascenso económico. No le mueven los altos ideales, como sucedía en la narrativa anterior; solamente cuando aparece Viernes, un salvaje cuya alma debe ser salvada y educada según los principios de la civilización occidental, parece demostrar un cierto interés por el prójimo.

La obra no es una simple novela de aventura romántica, sino una historia de aventuras, un cuento moral y comercial, una fábula puritana. Ciertamente, es la historia de una aventura que logra explotar el interés del lector, pero a su vez, Defoe muestra todos los intereses puritanos de la sociedad de su tiempo: la mano de Dios está en todas partes y cada ser humano debe ser juzgado. En cuanto a los temas, Defoe escribe pensando en un público muy concreto, la burguesía inglesa puritana a la que también propone un nuevo mito, el del buen salvaje, que se desarrollará a lo largo de este siglo y que Rousseau consolidará más adelante.

En cuanto al estilo, en la obra destaca una organización metódica del material narrativo que se encuadra perfectamente en los cánones neoclásicos, pues es verosímil en las situaciones, el aspecto temporal está muy bien definido y hay un gusto por el detalle, sencillez y naturalidad (todo dentro del gusto neoclásico). La novela transcurre de forma dinámica, organizada por un orden lógico, controlada y dirigida por el héroe, quien establece un permanente diálogo con sus lectores (la forma de la novela es una autobiografía). La exactitud y rectitud en el lenguaje descubren a Defoe como un puritano con una rectitud moral: el hablante que se expresa correctamente está condicionado a guardar una vida ejemplar, pues durante su solitaria vida en la isla, Crusoe está gradualmente sometido a ver su error, pero está siempre sujeto a abandonar el camino señalado, lo cual le da libertad de pensar correctamente. Todo ello le convierte en un ser humano; el personaje de Crusoe está románticamente representado en el sentido de que él sabe que su desobediencia es malvada, lo que implica una verdadera tensión entre el propósito de Dios y los impulsos muy humanos de Crusoe. De no haber sido así, el libro tendría mucho menos interés y habría mostrado la imperfección de un tratado religioso monótono. De esta forma, Defoe crea un nuevo tipo de héroe de ficción y el lector se identifica con el personaje.



Interpretaciones e influencias posteriores

El éxito de la novela fue inmediato y universal, considerada la novela inglesa más popular de todos los tiempos y el segundo libro más leído después de la Biblia. A finales del siglo XIX ningún otro libro en la historia de la literatura occidental tenía más ediciones, traducciones e imitaciones que Robinson Crusoe, con más de 700 reimpresiones, traducciones e imitaciones.

El argumento, mil veces revisado, constituye la forma más palpable de materializar la frase “La inteligencia es la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas”. En este sentido, resulta admirable el personaje creado por Defoe, en la medida que representa el perfecto colonialista británico, según estudios posteriores del novelista James Joyce. Crusoe cree en la justicia suprema, posee unas creencias religiosas estables y coherentes, no siente tentaciones sexuales y actúa según una eficiencia máxima. El hecho de que Crusoe enseñe a Viernes todo lo que sabe, tiene indicios del imperialismo, del colonialismo cultural, dado que también le convierte al cristianismo y le expone las riquezas del mundo occidental.

La influencia en obras y reflexiones posteriores ha sido enorme, como es el caso del antes citado James Joyce. Joyce ve en el personaje el prototipo del colonialismo británico (considera la isla desde el principio como suya y esclaviza a un indígena), así como símbolo del puritanismo antes comentado: el hombre hecho a sí mismo, la perseverancia ante las condiciones más difíciles, el autocontrol, la apatía sexual… Cabe también ver en la obra una alegoría de la propia vida de Defoe, que habría quebrado económicamente y debió sobreponerse a esta situación a través del trabajo. Por otra parte, aunque no fuese la intención del autor, el lector debe enfrentarse filosóficamente a la novela como metáfora de la desnudez humana ante una naturaleza abrumadora, evidenciada mediante la denodada lucha ante esas fuerzas para someterlas y crear así un mundo habitable y cómodo para el hombre, tal como la “cultura” y la “técnica” lo han hecho en la historia de la humanidad.

La influencia del clásico se deja sentir también en la obra del francés Michel Tournier, Viernes o los limbos del Pacífico (1967) cuya habilidad consiste en abrir una nueva dimensión, vibrante y desencantada, del mito de Robinson. Para ello adopta el punto de vista de Viernes, invirtiendo esa idea occidental de la negra y vacía condición del salvaje. En la narración de Tournier, Viernes cumple la función de hermano gemelo de Robinson y aporta una faceta del propio Robinson insospechada y luminosa: es Viernes quien salva a Robinson de la estéril y voraz empresa de levantar en una isla desierta una nueva Inglaterra. Consigue que sus creencias más “civilizadas” se tambaleen para que asuma el papel de hermano, de igual y que se impregne de su sentido del vivir gozoso y, a su modo, revolucionario. Esta es la enseñanza de Viernes y Crusoe aprenderá hasta el punto de renunciar a embarcarse hacia su patria cuando se da la oportunidad y decide fundirse definitivamente con el destino de esa isla perdida en la inmensidad del Pacífico.

Los limbos del Pacífico ya no son el territorio de Crusoe, pues los bautiza y configura Viernes. El espíritu del Tercer Mundo se revela a Europa, la colonizadora a golpe de sable y Biblia, como una cultura fascinante, henchida por un designio de paz y de saber.

Tras el éxito de Robinson Crusoe, Defoe escribió otras novelas que no alcanzaron el éxito de la primera. De todas ellas la más interesante es Moll Flanders (1722), texto que responde al papel que la mujer comienza a representar en la sociedad del siglo XVIII. Moll es el paralelo femenino de Robinson y al igual que él intenta ascender socialmente utilizando las herramientas de que dispone: su trabajo y esfuerzo. Sin embargo, Defoe demuestra la imposibilidad real de que el personaje logre sus objetivos, ya que solo puede alcanzarlos explotando su belleza y capacidad para atraer a los hombres. Con esta novela, su autor deja la única puerta abierta al desarrollo de la mujer: el ámbito de lo amoroso y sentimental.

Jonathan Swift (1667-1745)

En la misma línea de la literatura de viajes, el irlandés Jonathan Swift se muestra como un maestro de la sátira. De su escasa producción destaca Los viajes de Gulliver (1726), parodia de la literatura de viajes y una dura crítica, desde el punto de vista ilustrado, de la sociedad humana. A diferencia de Defoe, Swift representa la falta de fe en el ser humano, ironizando ferozmente contra la humanidad cuya corrupción y maldad intrínsecas denuncia.



Narrada en primera persona, la novela se organiza en torno a cuatro viajes que realiza el capitán Lemuel Gulliver. El primero corresponde a su experiencia con los diminutos seres de Liliput, país al que llega después de un naufragio. Aquí Swift parodia el sistema parlamentario inglés y denuncia las corrupciones de la corte real. En el segundo, llega a Brobdingnag, habitado por seres gigantescos; describe a este pueblo como un ejemplo de sentido común, de gobierno justo y de sabiduría, sin embargo, desde la perspectiva de Gulliver, los gigantes resultan físicamente repugnantes. El hecho, por cierto, de que en el país la gente sea de un tamaño desproporcionado (al contrario de lo que ocurría en Liliput) no es casual, sino una obvia metáfora sobre la categoría moral que otorga la práctica de la política a los hombres. Las charlas que mantiene Gulliver con el soberano de este país son muy ilustrativas en este sentido. En el tercer viaje visita distintos lugares, entre ellos presenta una isla voladora denominada Laputa gobernada por un rey que amenaza a un mundo inferior. Los cortesanos de esta isla pasan sus días en un estado de meditación constante, tal es su ensimismamiento, que deben ir acompañados de unos sirvientes que se encargan de darles golpes para que regresen a la realidad y presten atención a lo que les rodea; no obstante, las cuestiones sobre las que ejercen tanta reflexión son tan absurdas que no tienen la menor incidencia en la vida cotidiana. En el país de Balnibarbi, los despropósitos son absolutos: el narrador visita la Gran Academia de la capital en la que cientos de sabios se dedican a idear inventos que en lugar de mejorar las condiciones de vida de los habitantes, complican innecesariamente sus tareas. La crítica, pues, se dirige a científicos y filósofos y contiene algunos de los momentos más hilarantes del libro. Su cuarto y último viaje le conducirá hasta la tierra de los Houynhnms, una tierra dominada por caballos racionales que tienen esclavizados a unos seres humanos repugnantes y demenciales: los yahoos. Aunque la metáfora es obvia (caballos que se comportan como personas, que atesoran una dignidad y un sentido común fuera de lo normal y que tienen a los humanos como seres salvajes e inferiores), Swift se cuida de cargar las tintas en el sentimiento tan profundo que provoca en el narrador su contacto con los houyhnhnms, y no de evidenciar las hirientes diferencias entre la manera de conducirse de los caballos (que ni siquiera tienen palabras o expresiones para designar la mentira y el engaño) y la de los seres humanos que Gulliver conoce. Al igual que ocurría en el caso del país de Brobdingnag, aquí también saltan a la vista las comparaciones entre las repúblicas ideales que pinta Swift y la cruda realidad que era la sociedad del XVIII; sin embargo, mientras en el país de los gigantes la intención era ridiculizar el comportamiento humano, en el de los caballos es casi un lamento por lo que se podría haber conseguido y se ha desperdiciado, una queja por la mezquindad y la injusticia social. No hay virtud posible y todo es perversión y maldad.

Curiosamente, esta novela suele leerse como un libro infantil, eliminando las dos últimas partes, las más terribles. El propósito de Swift al escribir el libro era ridiculizar a la sociedad a la que pertenecía —la inglesa, aunque todo lo que aparece en la novela se pueda hacer extensivo a cualquier nacionalidad. El autor no propone ninguna solución ni esperanza de mejora, tan solo muestra la realidad humana y su estructura social. Su pensamiento, podría resumirse en estas líneas: “Odio y detesto a ese animal llamado hombre; aunque amo a Juan, a Pedro, Tomás, etcétera”.



En definitiva, Los Viajes de Gulliver es una lectura fascinante por su contenido, aunque su forma haya perdido vigencia con el paso del tiempo; el estilo de novela de aventuras se adereza con el humor, la ironía y la rabia que rebosa Swift (en la mejor tradición irlandesa) son unas bazas inigualables para dotar al libro de un ritmo ligero con un mensaje muy interesante.




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