Curso de oracióN


TEMA 3: EL CONOCIMIENTO INTERNO: EL PROCESO DE TRANSFORMACIÓN DEL HOMBRE EN CRISTO



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TEMA 3: EL CONOCIMIENTO INTERNO: EL PROCESO DE TRANSFORMACIÓN DEL HOMBRE EN CRISTO
ESQUEMA DEL TEMA
2.1. Consideraciones preliminares.

2.1.1. Vivir en la presencia del Señor.

2.1.2. El conocimiento amigable de Dios.

2.1.3. La necesidad de transformación interior.




  • La mística (experiencia-vivenciar-inmediatez con Dios-irrumpe en la vida-fuente de vida y de amor en la existencia personal): la santidad en proceso-vocación universal a la santidad

  • Incipientes:

- Los que están iniciándose a la vida interior.

  • Profidentes:

- Los que están en proceso de maduración interior.

  • Perfectos:

- Altos grados de mística
2.1. Consideraciones preliminares.
2.1.1. Vivir en la presencia del Señor.
La vida cristiana que nace por el bautismo, nos capacita y nos consagrada para vivir en la presencia de Dios todos los días de nuestra vida: estamos invitados a vivir en la casa de Dios, a iluminar nuestra vida real a la luz de la fe, llamados a existir con los sentidos espirituales que nos llevan a ver las cosas de Dios, a ver el corazón de Dios, a gustar de la suavidad de Dios, a gozar de la intimidad de Dios: “la oración es un momento fuerte de una vida nueva en la presencia de Cristo, en la presencia del Padre”134: “Solamente la oración puede lograr que los grandes cometidos y dificultades que se suceden no se conviertan en fuente de crisis, sino en ocasión y fundamento de conquistas cada vez más maduras en el camino del pueblo de Dios, hacia la tierra prometida”135.

Toda actitud auténtica de oración arranca de la conciencia viva de una necesidad de Dios ante tanto amor que el Padre nos ofrece en su Hijo Jesucristo: no se puede vivir bajo la mirada amorosa del Señor con un corazón autosuficiente y satisfecho de sí mismo: “La actitud de sencillez y humildad es decisiva. El defecto que puede viciar de raíz la oración del alumno es la soberbia manifiesta u oculta. El hombre tiende a ser soberbio hasta en su trato con Dios. La oración no es muchas veces oración de pobre”136:


“Porque realmente poniéndonos así 137, El nos va calando y haría infinitamente más en nosotros si le dejáramos actuar. Si nos tomáramos un poco de calma, un poco de paz, para dejar que el Señor nos vaya transformando con la oración, con la adoración, con la Eucaristía, ¡nos transformaría!”138.
La oración no se mide necesariamente por la duración en el tiempo, ya que hay personas que le dedican mucho tiempo a la oración pero mantienen un corazón endurecido; la medida de la oración se establece por la intensidad en la entrega dentro de la relación con Dios:
“Nuestra oración no es un simple acto mío que Dios ve […] la oración cristiana es que El tiene lo oídos abiertos en cuanto que se comunica a mí con una intimidad habitual con la cual está cercano a mis deseos y entonces yo, al orar, no es que simplemente El sabe que yo oro, sino que existe una intercomunicación; El me escucha, El está abierto a mí, El está viviendo en unión conmigo también y entonces la oración es esa intercomunicación que es expresión de esa vida en la presencia del Señor, que es totalmente distinto de lo que es una simple oración de un pagano al cual Dios oye. También a él le oye, en cuanto nada se le escapa y lo conoce. La oración es estar con Dios. Según lo que es el grado de estar de Dios es el grado en que se ora a Dios”139.
La oración no es un razonamiento de la vida que va dando vuelta a los problemas para sacar sus soluciones y luego ser consecuentes con ellas, no es como una asignatura aparte que hay que aprender para luego aplicarla a la vida: toda reflexión por sí misma no nos lleva al nivel de unión con Dios140:
“[…] si yo me dedico a la oración y empiezo a hacer oración, no quiere decir que mi vida automáticamente se eleve y elimine todo defecto; sino que coexiste inicialmente un esfuerzo de oración imperfecto con una vida imperfecta también. Precisamente en esta acción es como poco a poco la vida misma se irá purificando y la oración se irá haciendo más perfecta; pero coexisten esas imperfecciones. Por eso hay que dar tiempo al tiempo”141.
El ser admitidos a una vida con Cristo, a vivir en la presencia de Dios, supone descubrir el plan de Dios sobre el hombre que consiste en dejarnos abrazar por sus brazos de amor continuamente, en dejar que nos “cale” esa presencia de Dios en nuestra vida, en vivir la íntima familiaridad con él: “El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabras. Mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él (haremos morada en él)” (Jn 14,23)142: “Decir que hemos sido llamados a conversar con Dios, no sólo a que de vez en cuando le demos un momento de culto, sino a vivir en presencia de Dios, entendiendo esa
como vivir en el palacio mismo de Dios, en la intimidad de Dios”143.

El P. Mendizábal presenta la vida cristiana como un vivir bajo la mirada amorosa del Señor144, en una relación personal de amor; la oración sería una elevación de la persona entera a esa cercanía de Dios que va transformando el corazón del hombre para hacerlo vivir en otro nivel, en la intimidad del Padre145: “La presencia no es una mera actividad nuestra, es vivir dependientes, bajo la acción continua del Señor que nos conduce a través de la vida, en la misión que nos ha confiado”146:


“El Señor no se comunica interiormente si no precede la fe. De modo que el proceso suele ser este: primero, el Señor con la acción del Espíritu nos mueve a creer en El, y cuando ya hemos creído en El nos da a gustar su presencia, se nos comunica, nos ilumina, crece nuestro contacto de intimidad con El”147.
El captar la presencia de Dios en la vida de la persona no es fruto de un ejercicio de la mente que busca alcanzar el corazón, sino una experiencia vivida en el corazón desde la verdad de su amor que ilumina la mente humana:
“[...] el ponerse ante Dios no va por una línea de puro pensar o concentrarse, sino por una apertura del corazón a la luz de Dios, a la manera que se abre una ventana para que entre el sol. Debe ser una actitud personal abierta; el Señor está presente, y el hombre ante él con la actitud de su ser entero, que le adora de verdad”148.
La vida espiritual supone una vida de amistad con Cristo donde toda la vida se plantea en unión con Él; El P. Mendizábal presenta con cierta frecuencia a Santa Teresa de Jesús en su enfoque de la oración y de la vida interior como una amistad con Cristo149: “No es otra cosa oración mental -a mi parecer-, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”150:
“Es, pues, una invitación a la vida de unión íntima con Dios en Cristo, vida de unión; no solamente , que son buenos, sino vida de unión. El mismo Jesús encuadra su oración en una vida de continua unión con el Padre. Está siempre unido a El. Una unión que en nosotros muchas veces no es reflejamente consciente; pero que debe ser así continuada [...] sabemos que estamos en presencia de esa persona, y estamos viviendo en esa presencia”151.
A mi modo de entender considero la definición de oración de Santa Teresa en el P. Mendizábal, como una definición que recoge los elementos fundamentales para una verdadera maduración en Cristo; ahora bien, si tuviéramos que presentar una definición de oración original en el pensamiento del P. Mendizábal sería <ponerse a remojo en Dios>:
“[…] ¿qué es la oración? Hay una fórmula muy popular que me parece que ayuda a entender la oración: es
. ¿Qué quiero decir con esta palabra? Que en la oración no voy a enseñarle a Dios que yo sé pensar. No lo necesita. El lo sabe. En la oración no voy a decirle al Señor lo que yo necesito, lo que me preocupa, porque El lo sabe también. No tengo que empeñarme tanto en desgranar lo que son mis necesidades. Puedo hacerlo, pero no para instruir a Dios, sino como simple expresión de mi afecto interior, de mi disposición interior en la presencia del Señor. […]

[…] Me pongo en oración más para recibir que para dar. Voy a la oración a ponerme a remojo en Dios. Es una disposición como de receptibilidad de cosas divinas. Necesito de Dios y entonces estoy ante El como uno que está tomando baños de sol. Tomo baños de Eucaristía y me hacen bien. Nadie se acerca con fe a la presencia de Dios que no salga mejor de lo que era cuando entró. Le hace a uno bien, aunque en el momento mismo no lo sienta tanto. Le hace bien a uno, porque en la oración estamos, nos ponemos conscientemente bajo esa mirada de Dios, en una disposición de intercomunicación. Lo principal en la oración es estar de veras con Cristo152.


El vivir cristiano no es separarse de este mundo e introducirnos en un mundo imaginario que nos aparta de la realidad es vivir nuestra vida real de cada día en el seno de Dios, en la presencia de Dios, en su morada153:

, adorarán al Padre en su comunicación al hombre que se hace en Cristo, en Verdad. Adoraremos al Padre en Cristo, viviremos en la presencia del Padre y en Cristo por la fuerza del Espíritu”154.
2.1.2. El conocimiento amigable de Dios.
Dios se nos revela a través de su majestad inaccesible y a través de su relación de amor con el hombre155; es decir, Dios se nos da a conocer a través de la creación como signo de su presencia y a través de su ley natural desde lo más profundo del corazón humano, pero se nos revela en su plenitud a través de su amor:
“Y ¿cómo habla al corazón del hombre? Distingue el Papa [Dives in Misericordia]: Habla a través de la creación. La creación viene a ser signo de la presencia de Dios que rodea al hombre de su cuidado, de su providencia. Y por eso desde la creación del mundo lo invisible de Dios se manifiesta y es conocido mediante las obras, las obras de Dios. Pero este conocimiento no se llama visión de Dios; incluso, en cierta manera, no se llama conocimiento interno de Dios. Yo puedo llegar a la conclusión de ciertas cualidades de la otra persona. Algo así como si en el orden humano yo, porque conozco una obra que ha hecho un arquitecto, puedo deducir que es un hombre de talento, que tiene inteligencia; pero no he conocido a ese hombre, no le conozco en su interioridad personal. Conocimiento suele significar habitualmente, en el lenguaje humano y en el lenguaje bíblico, ese conocimiento interno, personal. Cuando decimos: -¿Conoce Vd. a fulano de tal? –Bueno, le conozco de vista, pero no tengo conocimiento; no trato con él, no le conozco por dentro. Pues bien, ese conocimiento de la creación es tan pobre que no se puede llamar estrictamente conocimiento de Dios. En sentido bíblico no lo es. Se llega a saber que existe, que debe uno respetar la ley que El ha puesto en nuestro corazón, pero no entro. Lo que nos da a conocer a Dios es su revelación. Ese Dios habla al hombre de una manera distinta y habla revelándose a sí mismo. Y aquí tenemos la revelación del Antiguo y del Nuevo Testamento”156.
Estar en la presencia de Dios lleva a dejarse penetrar por esa presencia de una manera verdadera; supone un abrirse a su mirada, a su amor157; supone una relación de amistad fruto del conocimiento experimentado vitalmente, a través de la sinceridad y veracidad de la relación, a través del conocimiento amigable:
“Lo nuclear de la oración misma es el conocimiento y amor de Dios, el contacto personal con Dios, que sólo pueden transmitirlo los que conocen a Dios. Y el hecho es que muchas veces los que hablan de Dios no le conocen, y los que le conocen no nos hablan de Dios. Esta es la función de los santos, esto es introducirnos en el conocimiento del Señor. Los santos vienen a ser los que, conociendo a Dios, nos lo transmiten158.
El que vive esa relación amigable con Dios está capacitado para suscitar esta amistad en los demás con la fuerza del amor vivido; es un don de Dios que se da con el amor ofrecido:
“En los momentos de oración actuamos esa conciencia, ; este aspecto tan importante de abrir el corazón. Abrir el corazón, nosotros no podemos hacerlo, es don de Dios. Es esa devoción que El infunde en nosotros, cuando parece que se dilata interiormente nuestra capacidad de acoger y de amar. Parece que se dilatan los horizontes, se eleva el corazón; y estamos entonces viviendo como de oxígeno de esa vida divina que el Señor nos ha infundido y que es < el hontanar de la vida de oración >. Es la vida de unión con Dios”159.
La revelación en Cristo no es simplemente una revelación a la inteligencia humana, es siempre una revelación de la intimidad de su amor; lo conocemos porque él nos penetra con su amor y en ese penetrarnos lo conocemos160:
“La redención nos ha hecho nuevos seres, creación nueva; nueva criatura con un corazón nuevo, con una proximidad nueva de Dios a nosotros, con un conocimiento nuevo interno, que no es simplemente conocimiento de cosas con nuestra inteligencia, sino una manera nueva de conocer, con ese sabor interior y experiencia íntima de un nivel que el Señor infunde en nuestros corazones”161.
Introducirnos al trato amigable con Dios esto es lo que conocemos por conocimiento interno162: conocimiento del otro que nos introduce en el otro donde no sólo afecta a la inteligencia sino a todas las potencias del hombre; él es el que abre el camino y se nos revela, nos asimila a él y nos transforma en él163: “No se trata de aprender en el sentido de dominar una materia, sino en el de ser introducidos al conocimiento amigable de Dios y a la vivencia personal de la Alianza que ha querido establecer con nosotros (Lc 11,1;1 Sam 3,4-10)”164:
“Vivir en la intimidad de Dios, ¿qué quiere decir? Que uno tiene que estar acostumbrado a esa intimidad, porque no basta que el Señor nos una a nosotros, si nosotros no sabemos captar las manifestaciones de Dios. Es elemento ascético importante, que deberíamos cuidar mucho en toda la formación y educación: prepararnos y disponernos a esta comunicación con Dios. Ahora bien, esa comunicación con Dios, la que el mismo Jesús fue preparando a lo largo de su vida pública, se realiza por la infusión en nosotros del Espíritu Santo, pero no automáticamente. Tiene que ser a la manera humana de que yo entienda lo que el Señor me comunica, que yo lo capte; no nos lo da todo hecho.

Tenemos que educarnos todos en la intimidad con Dios y esto es el elemento, quizás clave, de los mismos Ejercicios”165.


El conocimiento amigable de Dios es fruto de la gracia, es don del Espíritu Santo: confundir el protagonismo del Espíritu con la simple espontaneidad sería una ingenuidad; ha de ser espontaneidad del Espíritu, del yo transformado:
“No se debe confundir el espíritu con la simple espontaneidad. Ha de ser espontaneidad del Espíritu, del yo transformado. Mientras la espontaneidad es simplemente natural, sería ella misma imposibilidad para orar de verdad. Así como no es lo mismo petición que oración de petición, de una manera parecida, no es lo mismo espontaneidad que oración espontánea166.
El hombre al hacerse disponible a la acción del Espíritu por la oración se van realizando en la persona los planes de Dios; a través de la obra de Dios en el interior del hombre, a través de la gracia en la manifestación del corazón la persona se hace sacramento de su presencia167:
“La oración es obra del Espíritu Santo. Dios actúa su Alianza comunicando el Espíritu de Cristo. No tanto a la manera de pactos humanos sociales, sino que opera desde dentro, ensimismándose en el hombre, de manera que se expresa como espontaneidad amada por el sujeto y despierta la iniciativa interior del hombre. Le da sentido de más plena libertad, liberándole ( Jn 6,36; Rom 6, 20) de propensiones instintivas aberrantes y haciendo salir la bondad escondida del corazón. Las indicaciones pedagógicas ayudan a hacerse disponible a la acción del Espíritu, y a vivir responsablemente la Alianza, y a hacer florecer la oración sobre una caridad vivida”168.

Toda auténtica vida de fe se traduce en una auténtica vida diaria en referencia a los demás y con todo lo que nos rodea: toda relación de amor que no se expresa exteriormente no es sincera ni verdadera:


“Nuestra contemplación de los misterios de Cristo no puede detenerse en una contemplación pura en el momento de la oración, sino que luego, ha de expresarse en la vida. Nuestro amor a Cristo debe expresarse en el amor al hermano. Nuestra profesión de la misericordia lleva consigo que esta misericordia se introduzca y encarne en todo en la vida de los fieles y pase a los hombres de buena voluntad también, incluso a los que no tienen la fe católica”169.
2.1.3. La necesidad de transformación interior.
El hombre que hace el mal que no quiere y deja de hacer el bien que desearía realizar (Cf. Rm 7,19) experimenta en sí mismo su propia esclavitud carnal; es en esta situación de indigencia como capta la mirada misericordiosa Dios y confía en su salvación:
“El primer síntoma en que se manifiesta la presencia de la gracia, de la vida resucitada, en el hombre es la advertencia dolorosa a la presencia de la carnalidad, del peso de lo carnal: Quis me liberabit de corpore mortis huius? Infelix ego homo (Rom. 7,24). Es ya comienzo de liberación de la muerte, del cuerpo de la muerte. Mientras el hombre es plenamente esclavo de la carne no cae en la cuenta de que es esclavo de ella, por no haber aún en él un principio de vida que constituya un elemento de rebelión contra la muerte, contra el yugo de la materia. Cuando el hombre siente que es esclavo, ya ha comenzado a liberarse. Comienza la guerra contra la carne, el duelo de la vida y de la muerte (Sequentia de la misa de Resurrección), que se prolongará hasta que el espíritu sobrenaturalizado tome la plena iniciativa y se convierta en la Lex Spiritus, dominada la Lex carnis: (AUGUSTINUS, Confessiones, 4,5)”170.
Al experimentar en su interior un principio de vida que intenta despuntar por encima de todo lo que se opone a la gracia divina, el hombre se mueve a optar con decisión desde una fe incipiente a una esperanza de vida en todos los aspectos de su vida: “Lo importante es querer seriamente el cambio, desear poder corregir el mal y esperar que el Señor me libre verdaderamente del mal si se lo pido”171:
“Necesitamos ser hombres profundos desde el punto de vista religioso. Quizás lo que más daño hace al hombre en el aspecto práctico-religioso es el que considere lo religioso como superficial o lateral: (Discurso en Guatemala [Juan Pablo II]), una cierta práctica al lado de la fe, con cierta fidelidad, pero la deja ahí, lateral, marginalmente. Peligro de formalismo”172.
El gran enemigo de la vida espiritual y de la promesa divina de plenitud es el autoengaño; el pensar que “soy como soy” y que no puedo superar los condicionamientos carnales: la acción del Espíritu de Dios acudirá en ayuda del hombre si se lo pedimos al Señor:
“Lo que impide y pone esa separación de Cristo es que hemos aceptado como hecho consumado que somos así y ya no nos esforzamos por satisfacer a la petición que Jesús pronuncia en nuestro corazón día a día: la petición de luchar, de vivir en vela, de progresar, de utilizar los medios que nos indica con la voz de nuestros maestros de espíritu. Estos son el mal que nosotros tenemos que corregir, y a esto se dirige la confesión [...]”173.
La vida cristiana se va transformando interiormente poco a poco según el Corazón de Cristo imprimiendo un estilo de vida más benigno y misericordioso: los medios para que se dé esa transformación son la Palabra de Dios y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía:
“Y es un proceso lento –eso tengámoslo claro-, constante, continuo. Es un proceso auténticamente evangélico, a base de la cercanía de la palabra de Cristo, a base de los Sacramentos, de la Eucaristía, que tampoco me da de una vez esta transformación, pero es la fuente de ese espíritu de misericordia. Si yo me acerco con espíritu de fe, con deseo de transformación, éste será un elemento fundamental de esta transformación.

Es, pues, un proceso lento, evangélico, que lleva consigo un estilo de vida. […] el cristianismo más que una suma de preceptos, da un estilo de vida, el estilo cristiano. Es estilo del amor benigno, bondadoso, misericordioso, comprensivo. Es una transformación que produce una actitud que es estilo de vida, que es : Es vocación al Amor Misericordioso porque es fruto del Amor Misericordioso174.


La trasformación del corazón humano según el Corazón humano de Cristo es un camino lento que no termina hasta el final de la vida: mantenerlo en docilidad a los designios del Señor es algo que hay que realizarlo día a día:
“[…] el amor hay que alcanzarlo día a día y hay que conquistarlo día a día y mantenerlo fresco día a día. Esta transformación tampoco es algo momentáneo, que se hace de una vez para siempre, sino es un proceso, un trabajo al cual yo me he de aplicar. Pedir al Señor: -175.
TEMA 4: DEFINICIÓN DE ORACIÓN


  • A lo largo de la historia de la Iglesia, los Santos Padres, los teólogos, los maestros del espíritu y todo hombre-mujer dedicado a la oración han intentado definir-describir qué es la oración.

  • A orar, igual que a nadar, se aprende lanzándose, empezando y perseverando; orar es experimentar a Dios en una relación amorosa: la persona está siempre necesitada de amor, si no experimenta que es amada y que es capaz de amar, no se desarrollará como persona.

En la oración, experimentamos el Amor de Dios, entramos en la misma fuente del Amor, la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo): ese amor recibido nos empuja a darnos a nuestros hermanos.

Es una relación que implica toda la persona: se establece entre el Ser infinito de Dios (abundancia de Ser) y mi propio ser (necesidad de ser). Cuando oramos Dios se convierte en Alguien para nosotros.



  • El encuentro con el Señor se establecerá de formas muy diferentes, dependiendo del temperamento de la persona y de las circunstancias de la vida: será un cambio radical (San Pablo), en lo cotidiano; hay una respuesta de fe y amor que cambia la vida, me decido a establecer una relación con Cristo, de forma adulta: no por rutina o porque me bautizaron: Me fío de Aquél que me presenta un modo diferente de vida y me dispongo a seguirle a través de unos momentos especiales concretos que es lo que llamamos oración.

  • Dios es Amor (1 Jn 4,8): todo su ser es Amor, Amor infinito que por su propia naturaleza es difusivo: Dios quiere derramar su amor sobre nosotros, viene a nuestro encuentro para darse.

Nuestro amor procede de Dios, es don recibido: por la oración el amor de Dios va creciendo en nosotros y nos va transformando. La oración es medio y fin: medio porque es el camino para ir conociendo más a Dios y conocernos a nosotros mismos, para ir conformando nuestra voluntad con la suya, para descubrir nuestra vocación como personas humanas y como fin porque en sí, es ya acto de amor, de encuentro con Dios.

  • La oración se confunde con la vida espiritual: el ejercicio más importante de la vida espiritual es la oración; sin la oración, la vida espiritual se va empobreciendo, la relación con Dios se va enfriando: la oración es algo fundamental de todo cristiano, no es algo reservado a sacerdotes y religiosos.

  • Definiciones de oración: en función de la relación con Dios que se tenga así será la oración de la persona: incipientes-iniciados, profidentes-en proceso de maduración o perfectos-aquellos que van alcanzando grados de mayor intimidad cristiana.

  • Definiciones de oración:




    • Incipientes: introducción a la oración.


Vicente Esteve



En dos palabras: conocerle y conocerte: ¡tratarse!>

San Jose María Escribá de Balaguer


    • Profidentes: llegar a tener un hábito de oración personal.


Santa Teresa de Jesús



Juan Pablo II el Grande



SB

Juan Pablo II el Grande

Beata Madre Teresa de Calcuta




    • Perfectos: llevar la oración a la vida y la vida a la oración.



P. Ripalda



San Juan Mª. Vianney



P. Charmot



P. Luis Mª. Mendizábal



Santa Teresa de Lisieux


(Ms C 25)

Santa Teresa de Lisieux


  • Las principales cualidades sin las cuales la oración cristiana no puede caminar eficazmente; para que el hombre entre en diálogo con Dios debe adoptar estas actitudes interiores: Fe, confianza, humildad y perseverancia:




      1. Fe.

A Dios no se le conoce con los sentidos (no se le ve, no se le oye, no se le toca) si con el amor: la oración fomenta la vida de fe.




      1. Confianza.

La confianza se asemeja a la actitud que tiene un niño cuando se recuesta en los brazos de su padre. Se abandona totalmente a él sin ninguna preocupación por muchos peligros que le acechen.

Ni la conciencia de pecado debe impedir el abandono completo en sus brazos paternos. Podemos acudir a Él como Pedro después de las negaciones.

Dios es Sabiduría, Omnipotencia, Amor y Misericordia: sabe lo que nos conviene, puede concedernos lo que nos conviene y quiere concedernos lo que nos conviene.




      1. Humildad.

Humildad es reconocer quién es Dios y quien soy yo: este reconocimiento nos lleva a adoptar una actitud correcta ante Dios. Él es el Creador, el Santo, la Plenitud y yo soy la criatura, el pecador, la nada.



San Agustín



(Is 41, 14).

< ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho…? Pues aunque ella llegase a olvidarse, yo no te olvido. Míralo en las palmas de mis manos, te tengo tatuada…> (Is 49, 15-16).

<Él levanta del polvo al desvalido, del estiércol hace surgir al pobre para sentarlo con los príncipes…> (Sal. 112, 7-8).

(Lc 1, 46-49).


      1. Perseverancia.

Es necesario crear-arraigar hábitos para que se realice la salvación en nosotros: la oración ha de ser una amistad continuada, un trato cordial, un diálogo que se extiende a lo largo de la vida.

Los hábitos se forman a fuerza de repetir actos: la necesidad de la perseverancia, sin ella no se puede alcanzar el hábito de orar.

Nuestra oración siempre es escuchada; si no obtenemos la respuesta deseada es:

- porque lo que pedimos no es lo que nos conviene (Rm 8,26): pedimos a veces lo que nos perjudica o impediría otros bienes mayores: quizá nos niegue bienes materiales a cambio de otros espirituales. (Rm 8,28); Getsemaní: subordinó el sufrimiento de su Hijo al bien infinito de la Redención para el bien de todos los hombres.

- porque no pedimos bien: no es castigo de Dios sino pedagogía de Dios para que aprendamos a pedir bien.

- para que insistamos: el bien que nos hace orar ante una necesidad vinculándonos a Él: parábola del amigo inoportuno (Lc 11, 5-8).


        • La respuesta de Dios a nuestra oración: amor apasionado por el hombre, búsqueda de su bien, entrega hasta la Cruz, gozo infinito por el pecado que vuelve a su corazón, donación generosa de su Madre como Madre nuestra.

        • La oración es un asunto de amor: no se trata de un esfuerzo voluntarista sino de un abandonarse en Dios.

        • La oración es un descanso en Dios.

        • La oración supone combate.

        • La oración cristifica al hombre, fortalece la alianza con Dios, da vigor a la fe, da una visión acertada de la vida y de los problemas, nos ayuda a luchar contra las tentaciones y a dominar las pasiones, ayuda al conocimiento propio y es garantía de perseverancia.

        • El único camino para llegar a la intimidad con el Padre es Jesucristo: en la oración va penetrando en nosotros la convicción de que somos hijos en el Hijo, que el Padre me ve a mí en Jesucristo, y me hace partícipe del diálogo entre las tres divinas Personas. La oración continuada nos va asimilando con el Señor, y enseñando comportamientos y actitudes de Cristo.

        • Que la oración abra la muralla que nos aprisiona de las realidades temporales y nos abra a los bienes eternos.



  • TEMA 5: MODOS DISTINTOS DE ORACIÓN

5.1. Límites de los métodos psicológicos de vacío espiritual.

5.2. En su enfoque tradicional.

5.2.1. La oración de petición.

5.2.2. La oración de adoración.

5.2.3. La oración de acción de gracias.

5.2.4. La oración de intercesión.

5.3. En su enfoque particular.

5.3.1. La oración de ofrecimiento.

5.3.2. La oración de meditación contemplativa.

5.3.3. La Lectio Divina.

5.3.4. La oración vocal.

5.3.5. La liturgia de las horas.

5.4. Métodos de oración.


5.1. Límites de los métodos psicológicos de vacío espiritual.
Una de las posibles equivocaciones que nos podemos encontrar en la oración, es confundir ciertos métodos psicológicos o de relajación con la oración misma; estos métodos pueden ayudar a crear unas condiciones previas de recogimiento antes de entablar un trato íntimo y sincero con el Señor pero no dan el encuentro auténtico con Cristo:
“El Papa [Juan Pablo II] nos pone en guardia contra esos métodos psicológicos de vacío espiritual. Santa Teresa cayó un tiempo en ese error que luego lloraba: el haber descuidado la humanidad de Cristo porque le habían dicho que la humanidad era estorbo para llegar a ese vacío de la mente en donde Dios se comunica, confundiendo cosas fundamentalísimas. Y el Papa recuerda que es un error que todavía hoy existe, y que en muchas ocasiones se pretende desviar la oración, de la humanidad de Cristo proponiendo métodos de un encuentro vago, con un vacío mental, con unos métodos, como él dice, de técnicas psicológicas, en busca de escondidas virtualidades del alma... Dice el Papa que la oración verdadera cristiana no es búsqueda de escondidas virtualidades por medio de técnicas depuradas; es abrirse en humildad a Cristo y a su cuerpo místico que es la Iglesia176.
También se puede dar en la oración de la persona, un exceso de fijación en lo secundario, no ocupándose en lo esencial: se puede dedicar tanto a observar las normas internas en el tiempo de duración y en la preparación inmediata al encuentro con el Señor que se descuide lo fundamental: buscar la pureza del corazón, mantener el corazón abierto hacia Dios de una forma continuada177: “[...] que no está tanto en pensar, en estructurar, en técnicas que despiertan virtualidades psicológicas, sino en amar, en acoger el amor de Dios y en entregarnos al amor de Dios178:
“La oración es relación interpersonal. La vida, toda la vida cristiana, es relación interpersonal, es vida viva con Cristo vivo, y entonces en Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo, entramos en el Padre y en la intimidad del Padre por la imitación de Cristo; entendida ésta de esa manera: no sólo exterior, sino con la presencia en nosotros de las disposiciones mismas de Cristo”179.
La oración no se identifica necesariamente con la oración que se ha vivido sin distracciones: en cualquier actividad humana profesional se dan distracciones; lo importante es estar pendiente de Dios y no de las distracciones: si viene no dejarse sumergir en sus apegos desordenados, se supera y se vuelve a la serena apertura orante del corazón manteniendo un verdadero recogimiento del espíritu a lo largo del día180:
“Porque en la Eucaristía, de entrada, se pone uno frente a una presencia, se pone uno en actitud de diálogo, en actitud de encuentro con una persona que tiene uno frente a sí, cara a cara, como suelen decir los adoradores nocturnos. Y, naturalmente, eso es lo más opuesto para todo lo que pueda ser una especie de mecanismo psicológico, que más bien pretende estar solo y alejarse para irse concentrando en sí mismo. No es eso lo cristiano. Es el encuentro con Cristo, con Cristo real, vivo, presente”181.
El P. Luis Mª. Mendizábal invita a valorar la oración vocal personal y comunitaria y a no tener ninguna prisa por pasar delante en la vida espiritual: en la vida de oración hay que caminar lenta y pacientemente sin prisas. Sólo hay que subir al grado superior cuando uno se mueve ya fácilmente en el grado precedente: suele ser un paso espontáneo y maduro182:
“Nuestra vida cristiana es perpetuación en cada uno de nosotros de la vida de Cristo. Por eso la contemplación de la vida de Cristo es esencial, es insustituible. Toda otra forma, que a veces se presenta y se propagandiza, de métodos de oración, de estados espirituales, psicológicos, etc., como camino más breve, no son generalmente caminos hacia el Padre”183.
5.2. En su enfoque tradicional.
Estas cuatro dimensiones de la oración no son exclusivas del cristianismo: muchos pueblos, aun paganos, las han practicado, porque responden a cuatro urgencias del hombre que brotan espontáneamente del corazón cuando éste intenta entrar en contacto con la divinidad.
5.2.1. La oración de petición (la intención impetratoria en la relación de la criatura y el Creador).
Vivir en la presencia del Señor es mantenerse en el espíritu del Nuevo Testamento en todo momento y en toda circunstancia de la vida; pero antes de vivir en esa presencia habitual puede darse una oración en sentido de petición sin la presencia continua de Dios. En la relación de intimidad del hombre con Dios la oración de petición expresa la continua necesidad que el hombre tiene de Dios y de su ayuda en todo184.

En este momento hay un cierto recurso a Dios ocasional y puntual: una llamada a un coloquio momentáneo, en un contacto dialogal, donde la persona se pone bajo una presencia pero no está viviendo en la intimidad. Tiene un carácter de transitoriedad, de brevedad, esta oración pero presupone como base la llamada de Dios185.

La oración de petición repetidas veces ha sido minusvalorada; el P. Mendizábal que afronta en su obra las cuestiones de su tiempo, sigue reconociendo la necesidad de esta oración desde la indigencia humana: “Es cierto que no solamente hay que pedir. Pero hay que subrayar la necesidad de pedir, recalcando la necesidad radical que el hombre tiene de Dios y de su ayuda continua en todo”186.

Pelagio no admitía la oración de petición y la oración la concebía como un esfuerzo psicológico para controlarse en las distracciones, en la dispersión de la mente, y así alcanzar la concentración mental187: “Nadie puede entrar en Dios sino por Cristo”188:


“Podemos deformar mucho la imagen de Dios por la limitación de nuestro conocimiento y por las connotaciones que llevan las palabras que usamos. […] Dios está muy cerca de nosotros, está llamando a nuestra puerta, pero yo no puedo entrar en El, es El el que me abre la puerta. […] Por cercanía de Dios, se entiende su proximidad no meramente ontológica, sino afectiva de invitación, de llamada, con la que El está en el fondo de nuestro ser invitándonos. Pero en sí es inaccesible. Entonces, yo con mi esfuerzo no puedo entrar ni un ápice en Dios, ¡no puedo! Yo puedo saber que Dios existe, puedo saber que Dios merece de mí actos de reverencia, de adoración; pero no puedo entrar en El.

[…] Nadie puede invadir el corazón del otro a la fuerza, tiene que ser él el que me admita a su intimidad”189.


El Catecismo de la Iglesia Católica afirma la validez de esta oración y la reconoce como la forma más habitual de dirigirnos al Padre como criaturas e hijos de Dios dentro y fuera de su intimidad:
“El vocabulario neotestamentario sobre la oración de súplica está lleno de matices: pedir, reclamar, llamar con insistencia, invocar, clamar, gritar, e incluso . Pero su forma más habitual, por ser la más espontánea, es la petición. Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno hacia Él”190.
En la oración de petición el hombre tiene conciencia de su indigencia y del Poder, Sabiduría y Amor de Dios: de Él se espera ayuda en sus necesidades. Es especialmente grata a Dios cuando se hace por los demás.

(2 Sm 7, 25-29) La oración de David pidiendo la bendición sobre su casa.

(1 Sm ¿? 9,1-12) La oración de Salomón pidiendo la sabiduría.
5.2.2. La oración de adoración (es la intención latreútica en la relación de la criatura y el Creador).
Es el culto de adoración y de alabanza al Señor absoluto, único digno de adoración.

(Dn 3,52-87) El Cántico de los tres jóvenes en el horno de Babilonia.


5.2.3. La oración de acción de gracias (es la intención eucarística en la relación de la criatura y el Creador).
Es la acción de gracias por los bienes recibidos: es una manera de reconocer que todo bien es consecuencia del amor que el Señor nos tiene.

(1 Sm 2, 1-10) El Cántico de Ana después del nacimiento de su hijo Samuel.


5.2.4. La oración de intercesión (es la intención satisfactoria o propiciatoria en relación entre la criatura y el Creador).
No solamente somos criaturas sino también pecadores: el pecado es romper o debilitar nuestra amistad con Cristo, quebrantando el amor y los preceptos de Dios. Dios viene en nuestra ayuda para que podamos realizar la vocación a la que estamos llamados.

Todo pecado es una ofensa al Padre que le inferimos y que debemos reparar y satisfacer.

(Tb 3,1-5) (Dn 3,26-12) Ambos hombres de Dios reconocen humildemente los pecados propios y del pueblo y aceptan el castigo merecido con esperanza de perdón.

Ser con Cristo por el Espíritu transmisores de la vida y del amor para los Otros-los hermanos, sobre todo para aquellos que se hallan separados de la fuente de la vida por el pecado: mediadores de la vida divina con la vida y con la oración.

Dios no quiere salvarnos sin nosotros y nos da la dignidad de ser sus cooperadores en la realización de su designio de salvación: Cristo primero y después nosotros con el poder del Espíritu con el testimonio y la acción apostólica.

La oración de intercesión es una obra de Dios: Dios envía su Espíritu que inspira en el corazón del intercesor el deseo de orar por una intención, tal vez con motivo de un incidente exterior. La oración sube hacia Dios y Él la escucha en la medida en que su beneficiario está abierto a acoger su gracia, cuyo efecto será siempre, más o menos directamente, un acrecentamiento de la vida divina en él.

Por la oración de intercesión pasa una corriente de vida divina a través de nosotros hasta nuestros hermanos: es el Espíritu de Dios que hace crecer el conocimiento y el amor a Dios y a los hermanos. Es necesario un apertura radical a ese movimiento del Espíritu y una docilidad muy grande a su impulso: recogimiento del oído que escucha y pureza de un corazón que no pone obstáculo ni resistencia.

Esta docilidad y disponibilidad no deben ser obstaculizadas por nuestro deseo de comprender: los caminos del Señor no son nuestros caminos.

Nuestro corazón está lleno de los sentimientos de Dios hacia tal persona, o tal grupo de personas (de misericordia, de compasión, portadores de la salvación,…).

Somos espíritus-encarnados: el cuerpo está bien situado en el tiempo y en el espacio, el espíritu no; nuestra vida interior, nuestros pensamientos y sentimientos no permanecen en el recinto de nuestro cuerpo, salen de él para propagarse en el medio vital de toda la humanidad. En la oración el Espíritu me comunica algo de la vida de Dios: esa corriente vital pasa a través de mi actividad humana para alcanzar a mi hermano.

La importancia de la calidad espiritual de nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos; si son positivos enriquecemos el medio humano con una corriente de Vida, si son negativos lo manchamos con una corriente envenenada: <[…] Guardaos […] de la hipocresía. Nada oculto quedará sin descubrir, y nada secreto dejará de ser conocido> (Lc 12, 1-2). En la práctica actuamos habitualmente como si sólo importara lo que se traduce en actos exteriores, sin embargo Jesús acentúa la importancia de las disposiciones del corazón: <[…] De la abundancia del corazón habla la lengua> (Mt 12,34) (Mt 15,19-20) (Rm 12,2) (2Co 10,5).
5.3. En su enfoque particular.
5.3.1. La oración de ofrecimiento.
La oración de ofrecimiento no es una oración que se desarrolla en momentos de la vida del creyente, es una postura permanente del corazón que le capacita para entrar en la relación con Dios y para la maduración de la vida cristiana:
“No existe la oración pura, que se arregla como oración y se llega a su perfección y eleva la vida entera; sino, existe una oración imperfecta, que eleva lentamente la vida, con imperfecciones de vida. Y esta vida así realizada con relativa imperfección, hace más pura la oración, la cual a su vez, sigue perfeccionando la vida”191.
Es cierto que ese ofrecimiento será distinto y de diversa intensidad durante la existencia según los momentos que se vivan y el grado de intimidad que se tenga en relación con Dios; es esencial que el corazón humano se configure a Cristo en una permanente actitud de ofrecimiento.

San Pablo enseña la importancia de la oración de ofrecimiento donde se ofrecen unos deseos y unas intenciones que están clavadas en el corazón del que ofrece; presentados al Señor son una verdadera oración en la fuerza del sacrificio de Cristo. Es fundamental la oblación personal del propio cuerpo y de la propia vida a Dios Padre para bien del cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Pablo pide a los fieles que ofrezcan sus cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios como se ofrece de hecho el sacrificio por el bien de los fieles: incluso desea él mismo ser libación sobre el sacrificio de la fe de los fieles y desea ser escogido como holocausto a la manera de Cristo por sus hermanos de raza para que vuelvan a conocer a Cristo (Cf. Rm 12,1-2)192:

“El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente; y aunque era Hijo, aprendió sufriendo la que cuesta obedecer. Alcanzada así la perfección, se hizo causa de salvación eterna para todos los que le obedecen [...]” (Hb 5, 7-9b).
Jesús ofreció su vida por la salvación de los hombres durante toda su existencia, dándole sentido y unidad. Esta oblación única por la que todos hemos sido salvados alcanza su culminación en la pasión y muerte con gran clamor, lágrimas y oraciones al Padre; pide la redención: “[…] que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado” (Jn 17, 3). En esa oración de la última cena Jesús muestra lo que tiene en su corazón en el momento de la muerte en Cruz193:
“Así como toda la vida de Jesús es sacrificio, es reparadora, es redentora y se culmina en el Sacrificio de la Cruz, el cual, en todas esas oblaciones, está incluido y mirado como el término último que se ofrece; así también en nuestro ofrecimiento de cada momento de la vida está también ofrecido el fin de esa vida, la mortalidad de esa vida; también nuestra muerte es ofrecida como última coronación del ofrecimiento de nuestra vida.

Esto es lo que el Apostolado de la Oración194 enseña y promueve: este ofrecimiento que actúa el sacerdocio de los fieles y ayuda a las almas vivir este horizonte universal. No empequeñeciéndolo por el egoísmo”195.


5.3.2. La oración de meditación contemplativa196.
Hay muchos niveles en la llamada a la intimidad de Dios197; la relación del hombre con Dios va buscando una mayor unión y comunicación entre ambos por la acción del Espíritu Santo: es el Espíritu el que va interiorizando la Palabra de Dios dentro de la persona198 aunque a veces se tiene la tentación de pensar que se está perdiendo el tiempo:

“Algunos creen que la oración es simplemente pensar. Les gusta pensar, muchas veces les gusta leer, les gusta ver; todo eso les enriquece. Y mientras uno lee, ve, oye, parece que hace algo. El gran peligro de la oración está en la impresión de que uno no hace nada, y entonces tiende a convertir la oración en algo que parece más utilidad. […]. Cuando no tiene esas ideas interesantes le da la impresión de aburrimiento y de pérdida de tiempo. Nos retraemos ante el temor de aburrimiento, ante el temor de encontrarnos como somos nosotros mismos. De ahí que frecuentemente hay muchos cristianos verdaderos que no hacen oración; se contentan simplemente con una oración vocal, pero no tienen tiempo para estar con el Señor. No les parece conveniente dedicar tiempo a eso. Sería la verdadera razón de que no hagan oración. No vale decir que uno no tiene tiempo, porque todos tenemos 24 horas. Unos tienen tiempo para unas cosas y otros para otras”199.


La Palabra de Dios que es una palabra de amor dirigida a cada persona toca el corazón constituyéndose puente entre Dios y el hombre; los autores espirituales la suelen llamar “la voz del amado” en referencia al Cantar de los Cantares. La Palabra es medio de comunicación pero no es término; el término es el silencio, el grado más íntimo y profundo de amor200 cuando existe una verdadera relación afectiva entre dos personas:
“El amor es ese afecto que Santo Tomás repite muchas veces: , el afecto de la caridad. En eso consiste el amor, que luego se ha de expresar también en hechos, es decir, que la caridad es ese sentimiento del espíritu. ¿Por qué lo llamo sentimiento del espíritu? Es delicado, no me refiero a los sentimientos que ayer hablábamos, lo que quiero recalcar es que no es mero acto de voluntad sino un afecto unitivo. Esto es amor, afecto unitivo: Yo debo querer a Dios de verdad, ¡lo que se llama amor!, no sensibilidad, no el sentimiento emotivo, realmente, una adhesión del corazón a Dios y al prójimo también, verdadera unión de corazón que me hace sentirme uno con El”201.
Toda experiencia humana está envuelta de palabra y de silencio. Dos personas que se aman utilizan la palabra para que se dé una comunicación entre ellos, que les vaya uniendo poco a poco; la comunicación total de sí mismos se alcanzará en silencio: la fusión total es silencio. El encuentro personal total con Dios en el orden espiritual será en el silencio del encuentro místico202.

En toda palabra hay algo de silencio si es verdadera palabra de amor; generalmente va creciendo el lugar del silencio mientras que la palabra va desapareciendo. Hay muchos tipos de silencio y no todos los silencios son valiosos: el silencio del pavor nocturno, el silencio de la sequedad interior, el silencio del respeto y de la reverencia, el silencio místico del encuentro...203.

La idolatría de la palabra consistiría en detenerse en la materialidad del sonido y en el análisis de la palabra en vez de quedarse en su contenido, en la persona que se me da; puede darse esto en la oración sin ser oración. La oración es el contacto con la Palabra dirigida de Dios al hombre que me quiere transmitir el contenido de la persona misma que se da, es el contacto con la acción continua del Espíritu Santo en nosotros204:
“La oración mental es el camino para asimilar el mundo de la fe viviéndolo a la luz de Dios. Es rumiar la Palabra de Dios para que el corazón se empape de ella. Más allá de una emotividad superficial, tiene que ir alcanzando y formando el centro personal del hombre. Las mismas consolaciones que el Señor envía tienen como objetivo grabar más profundamente las verdades fundamentales. La fe no es sólo aceptar teóricamente unas afirmaciones, sino además vivir según esas afirmaciones. Y vivir no sólo en fuerza de unas secas determinaciones de la voluntad, sino vivir porque el hombre reacciona cordialmente según esa realidad. Esto es lo que se va actuando en la oración mental. Por eso hace falta calma, paz, insistencia serena, aun sin particulares emociones”205.
En la oración se puede dar una acción de Dios tan iluminadora que el hombre no tiene que hacer esfuerzo para atenderle (oración infusa): le recogen los sentidos desde dentro siendo transformado directamente por Dios; no es normal que al menos en un primer estadio actúe así, la mayoría de las veces es una llamada que atrae a través de los sentidos humanos en la que hay que colaborar con ella dócilmente: ilumina descubriendo y captando lo que el Señor nos habla a través de las realidades naturales y humanas, pero no es pura iluminación donde normalmente se supone una fidelidad interior mayor para reconocer los beneficios de Dios206:”[…] a través de todas las cosas Dios me está hablando, nos acorrala con su amor a través de la creación”207:

“La actitud oracional cristiana está constituida por una receptividad o permeabilidad amorosa de tipo interpersonal, humilde, respetuosa, blanda, gozosa, confiada, agradecida y suplicante, de intimidad filial. Todo esto se contiene en la sencilla postura del corazón cristiano que clama: <¡Abbá: Padre!>. La actitud filial cristiana, para ser sana, ha de tener, en la sencillez infantil con que se dirige al Padre, la riqueza transparente de todos esos sentimientos”208.


El P. Mendizábal llama oración de meditación contemplativa de la Palabra de Dios al rumiar con espíritu de fe esa misma Palabra para que el corazón se vaya llenando y transformando con ella en una progresiva adhesión y en una intimidad cada vez más profunda. El proyecto divino de la Iglesia consistirá en buscar que todos los hombres tengan vida divina, lleguen a la intimidad gozosa del Padre en Cristo en el Espíritu Santo:
(Prefacio de Navidad): “[…] caer en la cuenta de ese amor y establecer nuestra vida en ese amor”209.

Esta interiorización transformadora del Espíritu se realiza en la contemplación del misterio de Cristo; el Espíritu Santo asiste disponiendo a la verdad que es Cristo mismo, lleva a la profundidad de su misterio, manifiesta el sentido de sus palabras y de su vida de claridad en claridad210.

Dios no siempre manifiesta su voluntad en el tiempo de la oración: en las diferentes personas y en los acontecimientos diarios el Señor se puede dar a conocer; es normal que en la oración se vaya creando la disposición de docilidad interna necesaria para captar la voluntad de Dios donde se manifieste; que la pueda reconocer y aceptar211.

También en la oración se vislumbra y se clarifica el estilo de vida al que llama el Señor: descubre el designio divino sobre la persona concreta, la identidad verdadera, en el tiempo y en la intensidad adecuada según los planes de Dios:


“La oración es el ambiente espiritual en el que se juzga el valor sobrenatural de los deseos, y en el que se confirma la realidad del designio divino sobre la persona concreta. Allí aparece la relación de Dios con ella, que es la que ha de fundamentar su identidad verdadera212.
5.3.3. La Lectio Divina.
Lectura: <¿Qué dice?>.
Abrirse a la Palabra de Dios; proclamar dignamente la Palabra de Dios; acoger la Palabra de Dios; gustar la Palabra de Dios.

Situarse ante lo que se va a proclamar: .


Meditación: <¿Qué me dice?>.
El encuentro orante con Jesús es intelectual, recrea la imaginación, aunque la fe va más allá que nuestra comprensión racionalista: entramos en un plano sobrenatural.

Se experimenta la cercanía de Dios en su vida dando sentido a los acontecimientos cotidianos de la vida.


Contemplación: <¿Quién me lo dice?>.
La contemplación es el fin de la meditación: es la oración más profunda o la relación de mayor intimidad con Dios: “Algunos privilegiados de Dios recibirán el don de la contemplación infusa. Pero la inmensa mayoría, para hacer oración contemplativa, deben aprender este arte, el más sublime de todos”213. Contemplar es meditar la vida desde una mirada a la Verdad: la vida se hace oración.

La contemplación es dejarse mirar por Jesucristo y corresponder a su mirada colaborando con Él. Es tener una visión realista desde el sentido cristiano de la vida.

Su capacidad de admiración y de sorpresa es grande: se deja conducir por Dios en Cristo Jesús; Dios siempre está presente.

Es una experiencia de abandono activo en Dios desde una forma de vida nueva y redimida.

Se da después de un proceso de maduración de amistad: dejarse amar, amar a los hombres desde el amor de Dios, identificarse con el Otro.

La oración continua: el que ama de verdad siempre está pensando en la persona amada; orar siempre de modo distinto y con intensidades distintas. Orar la propia vida, la de todas las horas y la de todos los días.

Orar es la actitud amorosa permanente que pone a Dios en el centro de la vida, estando vigilante ante las cosas y ante los acontecimientos para no salirse de ese amor: que esté presente en todo en todo lo que hacemos y somos para vivir según lo que le agrada, según su voluntad.

Dios es siempre nuevo, cada día descubrimos algo diferente: no creemos que ya los sabemos todo (vida rutinaria), tiene algo que decirnos, algo nuevo que sembrar en nuestro corazón cuando quiera y como quiera, para eso se mantiene abierto siempre nuestro interior a Dios: actitud de acogida, de escucha, de diálogo.

La oración continua es levantar el corazón a Dios a lo largo del día: renovamos nuestra ofrenda, hacemos vida nuestra fe,… No se alcanza este don por nosotros mismos aunque podemos prepararnos y disponernos a ella: es un don gratuito de Dios.
La oración del corazón
Es un modo de oración muy antiguo y de una fuerte tradición utilizado por los monjes de Oriente: ayuda a mantenerse en la presencia de Dios de forma continuada; es un tipo de oración continua que consiste en repetir <¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!>: el espíritu de esta oración es el reconocimiento de la pobreza del orante y de la grandeza y misericordia de Dios.

Se cuida la respiración acompañándola de las palabras que se pronuncian de una forma repetitiva: en la inspiración el Espíritu de Dios entra en nosotros y en la espiración nos entregamos a Él.

Los padres orientales la han llamado : “¿No sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios? Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo” (1Cor 6, 19-20):
“[…] oración que busca su fuente y sus raíces en el fondo mismo de nuestro ser, más allá de nuestro espíritu, de nuestra voluntad, de los afectos y aun de las técnicas de la oración. Por la oración del corazón, buscamos al mismo Dios o las energías del Espíritu en las profundidades de nuestro ser, y lo encontramos invocando el nombre de Jesús en fe y amor”214.
Es preciso mucho tiempo para llegar a la sencillez en la oración, olvidarnos de nosotros mismos y elegir lo que conviene a nuestra oración: encontrar a Dios en todas las cosas en un movimiento de abandono. Mientras intentemos hacer brotar nuestra oración del exterior, nunca llegaremos a orar en verdad y siempre (técnicas de oración)215.

Descubrir (1P 3,4): hablar de la situación del hombre nuevo, del dinamismo del Espíritu Santo, la gracia bautismal que nos hace


(2P 1,4): “El quehacer del cristiano consiste en acoger y hacer resurgir, en una conciencia existencial, esta gracia bautismal que se encuentra en cierta manera escondida en las profundidades de la vida corporal”216:
“[…] nuestra alma es una loca que se prostituye y se adultera (haciéndose adulta), y a la que hay que guiar. La invocación continua del nombre de Jesús conduce a nuestra alma a su envoltura, su realidad corporal, al abismo del corazón donde vive el Señor Jesús. Como dice Jesús, es preciso convertirse para volver a ser un niño nacido del agua y del Espíritu.

El cristiano vive muy a menudo como un autómata o adormecido y se olvida de su corazón de oración. Debe, pues, tomar conciencia de la gracia bautismal, porque allí está oculta la fuente de su oración”217.


No hay que o enseñar una , hay que dejar que el que existe en todo bautizado y en todo hombre se desarrolle218. Enseñar a hacer oración es lo mismo que enseñar a alegrarse, a amar o a llorar; la oración precede de un instinto que se da en nosotros que nos consiste en fabricarlo sino en seguirlo: el hombre se pone en camino y emprende una peregrinación para encontrar el lugar del corazón219:
“Examinemos más de cerca este movimiento de vuelta al centro de nuestro ser, para descubrir nuestro corazón de oración. Es un movimiento de regreso al centro de nosotros mismos, para encontrar en él a Dios presente y operante. No se trata de contemplarse, en una degustación narcisista del , sino de incorporar la acción de Dios al corazón de nuestra vida. Para descubrir esta caminar de vuelta al corazón, el Occidente hablará de recogimiento, de silencio interior, de virginidad del corazón. El Oriente hablará de hesiquia, estado de reposo, de paz y de tranquilidad, que se sitúa al comienzo y al final de una vida de oración. Es un estado de plenitud, de paz, de silencio, de unión con Dios. De todo ello nace la oración hesicasta”220.
El hombre se unifica a partir del corazón: liberar el dinamismo del Espíritu aprisionado en él221: (1Tes 5, 17-18);
(1 Cor. 10,31)
La oración de Jesús
Fue estereotipada en Athos hacia el siglo XIII: es sencillamente la oración del publicano del Evangelio: :
“En esta oración se expresa el movimiento de conversión, en el que el hombre se descentra de sí mismo, y encuentra por fin su verdadera naturaleza que es ser oración […]. El hombre está hecho esencialmente para la comunión y la adoración, pues está lanzado a la existencia en un estado de explosión oblativa”222.
5.3.4. Oración vocal.
Además de la oración personal está la oración comunitaria: no somos el hijo único del Padre (protagonismos exclusivistas), nos ayuda a discernir objetivamente, crea un clima favorable en un ambiente muchas veces hostil, nos hace sentirnos amados. El diálogo entre Dios y cada uno es un nosotros (Yo-Tú-Nosotros).

La oración vocal ora e interioriza a partir de unas fórmulas ya establecidas por otros: esta oración es asumida como propia y consiste en repetir.

Esta oración es educativa al introducirnos y practicar en la escucha, en el decir, hablar o cantar y en el pensar: acoger lo que dicen o han dicho otras personas fiándome de ellas, poniéndome en la misma situación, expresar como mío aquello que otros dicen. A través de lo que acojo (escucha) y aquello que recito (digo, repito o canto) puedo aprender a pensar y sentir de una manera más o menos intensa.

Podemos tener oraciones vocales para ayudarnos a pensar, llegando a la oración de meditación para poco a poco llegar a la oración contemplativa en la cual ya no se piensa.

Cuando recito o repito una oración (compartir) se hace voz de la comunidad, con palabras comunes nos puede unir en el corazón con otros: rezar del Padrenuestro, rezar el Rosario.

La oración crea comunidad y la comunidad potencia la oración: la Iglesia nació de una comunidad orante.

Dificultades más frecuentes: falta de oración personal, individualismo, presunción y rutina e inconsistencia.
5.3.5. La liturgia de las horas.
La oración pública y comunitaria del pueblo de Dios: en sus comienzos los bautizados <[…] eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en la oración> (Hch 2,42). La oración unánime de la comunidad cristiana es atestiguada muchas veces en los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,14; 4,24; 12,5).

Testimonios de la primitiva Iglesia ponen de manifiesto que los files solían dedicarse a la oración a determinadas horas; con el tiempo en algunas regiones se estableció la costumbre de destinar algunos tiempos especiales a la oración común: la primera hora cuando la noche se disipa con la luz del sol, en la última hora del día cuando se hace de noche y se encienden las lámparas.

Con el tiempo se llegó a santificar las restantes horas con la oración común: los discípulos se congregaron a mitad mañana (Cf. Hch 2,1-5), Pedro <[…] hacia el medio día, subió a la azotea a orar> (Hch 10,9),
(Hch 3,1), <[…] a eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios> (Hch 16,25).
5.4. Métodos de oración.
El mejor método de oración es el que tú encuentras más fácil: en la oración se vive ese dejarse para darse:


  1. Cuando recitas una oración e intentas pensar en las palabras que estás leyendo o recitando o en la persona a quien se dirigen estas palabras: como el padrenuestro.

  2. Utilizar frases sacadas de los evangelios e irlas repitiendo pausadamente una tras otra: , , ,




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