Curación Esotérica



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  1. La acrecentada sensibilidad del mecanismo humano es de tal naturaleza, que los hombres sintonizan recíprocamente sus con­diciones emocionales y actitudes mentales en una forma más nueva y poderosa. A sus propias absorbentes incumbencias y preocupaciones agregan las de sus semejantes, con quienes es­tán relacionados.




  1. Telepáticamente y también con un desarrollado sentido de pre­visión, hoy los hombres suman a las dificultades de otros o de algún grupo de pensadores o de personas, las dificultades que pudieran existir, aunque no están seguros de que existan.

Dichos problemas demostrarán cuán intensamente difícil es pa­ra el hombre encarar la vida. Será obvio que los problemas de la preocupación e irritabilidad (llamados por el Maestro Morya “peligrosidad”) son numerosos y deben ser considerados.


¿Por qué las dificultades del cuerpo astral son tan “peligrosas”­ y tan serias? La preocupación y la irritabilidad son peligrosas porque:


  1. Reducen la vitalidad del hombre a tal grado que llega a ser susceptible a la enfermedad. El azote de la influenza tiene sus raíces en el temor y la preocupación, y cuando el mundo logre liberarse de la “temible” condición actual, veremos desaparecer la enfermedad.




  1. Son tan infecciosas desde el punto de vista astral, que hacen descender la presión atmosférica astral, haciendo que sea difícil a las personas, astralmente, respirar libremente.




  1. El temor, la preocupación y la irritabilidad astrales están tan difundidos hoy que podrían considerarse epidémicos, en sentido planetario.




  1. La irritabilidad (no hablo aquí de la preocupación) tiene efectos inflamatorios -y la inflamación es insoportable- y conduce a muchas dificultades. Es interesante observar que ciertas dolencias de los ojos se deben a esto.




  1. La preocupación y la irritabilidad obstaculizan la verdadera Visión. Tapan la vista. El hombre, víctima de estas condiciones, sólo ve la causa de sus dolencias, estando tan absorbido en la propia conmiseración y consideración o por una condición negativa enfocada, que restringe su visión y obstaculiza a su grupo. Recuerden que existe tanto el egoísmo grupal como el indi­vidual,

He dado suficientes razones respecto a los efectos de la preocupación y la irritabilidad para demostrar la amplitud de la dificultad. De nada sirve en la actualidad hablar del remedio. Al que sufre de influenza (cuando la enfermedad se halla en su mayor virulencia) no se le dice “no tiene nada, no se preocupe”, “levántese y atienda sus cosas”. Tampoco de nada sirve decirle “no tema”, “deje de preocuparse, pues todo saldrá bien”. Lógicamente no lo creerá, y eso está bien, pues en realidad es así. Las cosas no están bien, y la humanidad y la vida planetaria tampoco lo están. Esto lo sabe la Jerarquía, la cual trabaja para aliviar las condiciones. Cuando el azote de la “influenza planetaria” termine (y el pacien­te no muera), entonces se realizará la investigación y el esfuerzo que evitará su repetición. En la actualidad todo lo que debe hacer­se es mantener al paciente tranquilo y la fiebre baja. Tal es el tra­bajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y de los hombres inteligentes de buena voluntad, los cuales son legión.

2. CAUSAS QUE SE INICIAN EN EL CUERPO ETÉRICO
Sería prudente recordar que no voy a tratar aquí esas causas que, produciendo efectos en el cuerpo físico, se inician en la mente o en el cuerpo astral. Necesariamente pasan a través del cuerpo etérico. El cuerpo etérico es un transmisor de todas las energías al cuerpo físico, y todo tipo de fuerza pasa a través de él y va a dis­tintas partes de la forma física, produciendo resultados buenos y malos, negativos o positivos, según el caso. Este es un hecho acep­tado. Considero aquí las enfermedades, los problemas y las dificultades físicas que surgen del cuerpo etérico mismo y se manifiestan en relación con el cuerpo físico. Esto es muy común y usual. Es esencial que se mantengan estas dos líneas de fuerza-actividad claramente diferenciadas en la mente. Ambas pasan a través del cuerpo etérico o provienen de éste, yendo al cuerpo físico, pero sólo una de ellas se origina en las dificultades que tienen origen etérico o que concierne a ellas.
El cuerpo etérico está compuesto totalmente de líneas de fuerza y de puntos donde esas líneas se cruzan, formando al cruzarse cen­tros de energía. Donde tales líneas de fuerza se entrecruzan, tene­mos un mayor centro de energía, y donde grandes corrientes de energía se encuentran y cruzan como lo hacen en la cabeza y a lo largo de la columna vertebral, tenemos siete centros principales. Hay siete como éstos, además de veintiún centros menores y cua­renta y nueve centros más pequeños, conocidos por los esoteristas. Sin embargo, nos limitaremos esta vez a todo el cuerpo etérico y a los siete centros principales. Quizás les interese saber dónde se hallan los veintiún centros menores, y pueden ser localizados en los siguientes lugares:
Dos de ellos delante de los oídos, donde se unen los huesos de la mandíbula.

Otros dos están exactamente encima de los dos senos.

Uno donde se unen los huesos pectorales, cerca de la glán­dula tiroides. Éste, conjuntamente con los centros de los senos, forma un triángulo de fuerza.

Uno en cada palma de las manos.

Uno en cada planta de los pies.

Uno detrás de cada ojo.

Dos también conectados a las gónadas.

Uno cerca del hígado.

Uno vinculado al estómago, por lo tanto relacionado con el plexo solar, pero no es similar a éste.

Dos vinculados al bazo. Éstos forman en realidad un centro, formado por los dos superpuestos.

Uno detrás de cada rodilla.

Un poderoso centro está estrechamente relacionado con el nervio vago. Este es muy potente y está considerado por algunas escuelas de ocultismo como un centro mayor; no se halla en la columna vertebral, sino cerca de la glándula timo.

Otro cerca del plexo solar, y relaciona a éste con el centro en la base de la columna vertebral, formando así un triángulo con el centro sacro, el centro plexo solar y el de la base de la co­lumna vertebral
Los dos triángulos referidos en esta clasificación son de real im­portancia. Uno está arriba y el otro abajo del diafragma.
Lógicamente se evidencia que cuando hay libre afluencia de fuerza a través del cuerpo etérico al físico denso, habrá menor po­sibilidad de enfermedad o dolencia. Sin embargo puede acrecen­tarse la tendencia a las dificultades debido a la sobrestimulación y a la consiguiente hiperactividad del sistema nervioso, con todos sus problemas. Estas fuerzas que tratan de entrar en el vehículo denso son emanaciones provenientes de tres direcciones (si puedo usar tal término):


  1. De los vehículos de la personalidad: los cuerpos astral y men­tal.




  1. Del alma, si se ha establecido contacto, reconocido o no.




  1. Del mundo circundante, para el cual los vehículos del alma y de la personalidad han servido de “puertas de entrada”. Inci­dentalmente, en conexión con esta última frase, deseo llamar la atención sobre una posible relación entre esas “puertas de en­trada” y la frase “portal de iniciación”

En el caso donde estos centros, a través de los cuales afluye la energía proveniente de esas fuentes de reserva, están pasivos, ale­targados o sólo funcionando parcial o muy lentamente (en lo que concierne a su ritmo vibratorio) entonces se producirá una condi­ción de bloqueo. Esto congestiona el vehículo etérico con las consiguiente y subsiguiente dificultades en el funcionamiento del cuerpo físico. Una de las más comunes es la congestión de los pulmones que -aunque tal vez exotéricamente puede achacarse a ciertas y definidas causas físicas- en realidad se debe a esas cau­sas, además de una condición interna de congestión etérica. La conjunción, de la aparente causa externa y la verdadera causa interna, es responsable de la irrupción de la dificultad. Cuando ambas condiciones entran en conjunción y existe un impedimento físico y una indeseable condición etérica, entonces tendremos en­fermedad, males o debilidad de cualquier clase. Cada congestión externa siempre puede atribuirse a estas dos causas, una interna y otro externa. En estos casos, la causa externa no es un efecto de la causa individual interna, lo cual es muy interesante. No obs­tante se observará que las enfermedades no son puramente subjetivas o de origen sicológico en lo que concierne al individuo, sino que a veces son ambas, exotéricas y esotéricas. De allí la comple­jidad del problema.


Lo antedicho presenta la cuestión de la actividad que desarro­llan los siete centros de fuerza en el cuerpo etérico. Éstos pueden ser considerados como dormidos o aletargados, despertándose pero no obstante perezosamente vivos, o funcionando normalmente, lo cual significa que algunas de las energías que producen la forma del centro se mueven rítmicamente, siendo los centros por lo tanto receptivos a la afluencia, mientras otros están inactivos e insen­sibles. Otros centros estarán enteramente activos y por lo tanto atraerán predominantemente cualquier fuerza afluyente, y aún otros lo estarán parcialmente. En la mayoría de la gente, los cen­tros ubicados abajo del diafragma están más activos que los que se hallan arriba del diafragma (me refiero aquí a los siete centros mayores y no a los veintiún menores). En los aspirantes están acti­vos los centros debajo del diafragma y los centros cardíaco y laríngeo van lentamente entrando en actividad, mientras en el caso de los discípulos, el centro ajna, más esos centros del cuerpo que se hallan debajo del mismo, van rápidamente despertando. En el iniciado el centro coronario está entrando en actividad vibrante, llevando a todos los centros a un ritmo real y coordinado. Cada paciente o ser humano, según el rayo o que pertenece, responde en forma diferente; el factor tiempo también difiere; el canon de desarrollo varía y la respuesta a las afluyentes fuerzas es ligera­mente diferente.
Todo esto lo consideraremos con debido cuidado cuando trate­mos el Capítulo IX, que concierne a los siete modos de curación. Simplemente lo menciono para sentar las bases de lo que se ha de considerar más tarde, y demostrará que todo el tema de la relación existente entre el cuerpo etérico y el físico está vinculado al pro­blema de la curación. Se evidencia así cuán importante es -antes de que pueda tener lugar la verdadera curación- que el curador conozca la etapa de evolución alcanzada por el paciente, debiendo también conocer el tipo de su rayo, tanto el de la personalidad como el egoico. Si a esto se le agrega algún conocimiento de sus inclinaciones e indicaciones astrológicas, se podrá llegar a un diag­nóstico más exacto.
La clave de toda liberación (ya sea por la cura física de la enfermedad o por la muerte) reside en la comprensión de la condi­ción de los centros en el cuerpo etérico. Éstos determinan el grado de actividad corporal vibratoria y la respuesta general del cuerpo físico. Condicionan también exactamente la actividad de la naturaleza instintiva y su relación con el plano externo de la vida y la “plenitud’’ y salud general del sistema nerviosa simpático.

A. Congestión


Muchas de las verdaderas dificultades puede atribuirse a la congestión o a la carencia del libre juego de las fuerzas. En esta relación podría puntualizarse que el cuerpo etérico es un meca­nismo de entrada y salida. Hay en consecuencia una relación cu­riosa e íntima entre éste y ciertos órganos como los pulmones, el estómago y los riñones. Esta simbología, cuando se la comprenda correctamente demostrará que existe profundamente una relación esotérica entre:


  1. La mente y los pulmones El proceso de la respiración con sus etapas de inhalación, intervalo y exhalación actúan en cone­xión con los dos aspectos de la fuerza, mental y física.




  1. La naturaleza de deseo y el estómago. Aquí también tenemos el proceso de entrada, asimilación y eliminación.




  1. El cuerpo etérico y los riñones, con los procesos claramente de­finidos en los casos de absorción, quimicalización y transmisión. No existe un símbolo tan comparativamente exacto del proceso creador como la estructura humana.


La congestión del cuerpo etérico, que produce mucho malestar en el cuerpo físico, puede hallarse, por lo tanto, en el punto de entrada del cuerpo astral o del plano astral (nótese la fraseología y la diferencia) o en el punto de salida, en relación con el centro hacia el cual un tipo particular de fuerza etérica puede afluir con más facilidad y pasar también más fácilmente. Donde no hay libre juego entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral habrá dificultades. Cuando no existe libre juego entre el cuerpo etérico y el cuerpo físico, involucrando también los ganglios, nervios y el sistema endocrino, habrá también dificultades La estrecha relación que existe entre los siete centros y las siete glándulas mayores del sistema físico, nunca debe ser olvidada. Ambos sistemas forman una dictadura estrechamente entrelazada y las glándulas y sus funciones están determinadas por la condición de los centros eté­ricos. Éstos a su vez están condicionados por el grado de evolución, por la experiencia que ha adquirido el alma encarnada, por la polarización específica del alma en encarnación y por los rayos (de la personalidad y egoico) del hombre. Recuérdese que los cinco aspectos del hombre (cuando funciona en los tres mundos) están determinados por ciertas fuerzas de rayo; tenemos el rayo del alma, el de la personalidad y los de los cuerpos mental, astral y físico, los cuales en la nueva era venidera serán definidamente con­siderados y descubiertos, y este conocimiento revelará al curador la probable condición de los centros, el orden de su despertar y su nota, o notas, básica individual. La nueva ciencia médica está erigida predominantemente sobre la ciencia de los centros, y todos los diagnósticos y posibles curas se basarán en este conocimiento. El endocrinólogo recién comienza a vislumbrar posibilidades, y gran parte de lo que ahora está investigando contiene la simiente de la verdad futura. El “equilibrio del sistema glandular”, la rela­ción de las glándulas con la corriente sanguínea y también el carácter y las distintas predisposiciones, son considerados de real va­lor y vale la pena su investigación. Aún queda mucho por descubrir antes de que se pueda trabajar sin peligro con las glándulas, con­virtiéndolas en tema de principal atención (como sucederá algún día en todos los tipos de enfermedades). En este breve tratado haré muchas insinuaciones, las cuales servirán para guiar correctamente al investigador de mente abierta. Antes de entrar a considerar la relación del cuerpo etérico, como una unidad con el cuerpo físico, señalaré que, en la lista de enfermedades que surgen del cuerpo etérico, coloco en primer lugar las complicaciones producidas por la congestión, porque hoy es, y lo será durante varios siglos, la principal causa de las dificultades para la mayoría de la humanidad o de esas personas que esotéricamente se las denomina “sacra-solar’. Esto se debe en parte a los hábitos largamente establecidos de supresión y de inhibición, desarrollados por toda la raza. La congestión en los puntos de entrada y de salida, en el cuerpo eté­rico, es lo que impide la libre afluencia de la fuerza de la vida, dando por resultado que se sucumbirá rápidamente a las enferme­dades. También aquí se podrá observar el empleo más generalizado de los ejercicios de respiración cuidadosamente asignados, con sus efectos sutiles de reorganización y reajuste de los cuerpos sutiles (particularmente los cuerpos etérico y astral). El difundido interés en los ejercicios de respiración evidencia hoy un reconocimiento subjetivo de este hecho, aunque todavía no se sabe bastante acerca de los métodos y efectos.
Quisiera llamar la atención sobre otra cosa, y es que los puntos de congestión pueden existir en el centro del cuerpo astral o en el cuerpo etérico, y esta situación deberá investigarla el curador.

B. Falta de Coordinación e Integración.


Llegamos ahora a una breve consideración del segundo punto, que en nuestra enumeración hemos denominado falta de coordinación o integración, donde la dificultad reside en el cuerpo etérico. Esto prevalece excesivamente hoy y es responsable de la mayoría de las dificultades. El cuerpo etérico es la forma “sustancial” in­terna sobre la cual el cuerpo físico es erigido o construido. Es el andamiaje interno que subyace en todas las partes del entero hombre externo; la estructura que sostiene el todo y el patrón de la forma externa; la red de nadis (infinitamente intrincada) constituye la contraparte o el duplicado de todo el sistema ner­vioso que forma parte muy importante del mecanismo humano. Lo mismo sucede con la corriente sanguínea, instrumento de la fuerza de la Vida. En consecuencia, si hay debilidad en la relación entre la estructura interna y la forma externa, se pondrá inmediata­mente de manifiesto la verdadera dificultad, lo cual adquirirá tres formas:


  1. La forma física en su aspecto denso está muy débilmente conectada con la forma o contraparte etérica. Esto lleva a una desvitalizada y debilitada condición que predispone al hombre a la enfermedad o a la mala salud.




  1. La conexión débil en ciertos lugares o aspectos del equipo. A través de ciertos puntos focales o centros, la fuerza de vida no puede afluir adecuadamente, y así tenemos una definida debilidad en alguna parte del cuerpo físico. Por ejemplo, la impoten­cia sería una de estas dificultades y la tendencia a la laringitis otra, para mencionar desórdenes muy diferentes.




  1. La conexión puede estar también tan básicamente floja y débil, que el alma tiene muy poco ascendente sobre su vehículo de manifestación externa, estableciéndose fácilmente la obsesión o posesión. Éste es un ejemplo extremo de las dificultades incidentales a esta condición. También cierto tipo de desmayos o pérdida de la conciencia y el “petit-mal”.

Existen también, como será evidente, las condiciones exacta­mente opuestas, donde el cuerpo etérico está tan estrechamente tejido o integrado con la personalidad -ya sea de naturaleza muy evolucionada o simplemente el caso de un cuerpo etérico común- que cada parte del cuerpo físico se halla en una constante con­dición de estimulación, de esfuerzo energético, con la resultante actividad del sistema nervioso, que -si no está correctamente re­gulado- puede llevar a una gran angustia. Me referiré a esto en el tercer encabezamiento “La Sobrestimulación”, de los Centros”. Una conexión demasiado floja o una muy fuerte, llevan a perturbaciones, aunque el primer tipo de dificultad es comúnmente más grave que las otras. He dado bastante para demostrar cuán inte­resante e importante puede ser el estudio del cuerpo etérico. Todo el tema de la curación está “ligado” (empleando una frase moder­na que me resulta rara) al desarrollo, desenvolvimiento y control de los siete centros mayores.


C. La sobrestimulación de los Centros.
Mucho podría agregar a lo dicho sobre las causas de las enfer­medades originadas en el cuerpo etérico, pero en la Segunda Parte de este libro (donde se refiere a ciertos requisitos básicos) elabo­raré el tema más profundamente. Congestión, falta de integración y sobrestimulación de los centros son causas obviamente funda­mentales, concernientes al cuerpo físico denso, siendo éstas frecuen­temente efectos de causas más sutiles ocultas en la vida de los cuerpos astral y mental y, en el caso de la sobrestimulación, el resultado a veces del contacto con el alma. El cuerpo etérico, por designio, reacciona normalmente a todas las condiciones existentes en los vehículos sutiles. Es esencialmente un transmisor y no un ori­ginador, y sólo las limitaciones del observador conducen a adjudicar al cuerpo etérico las causas de males corporales. Es el lugar de distribución de todas las fuerzas que llegan al cuerpo físico, siempre y cuando el punto de evolución haya llevado a los distintos centros de fuerza a una condición en que sean receptivos a cual­quier tipo particular de fuerza. Esotéricamente hablando, los cen­tros pueden hallarse en una de las cinco condiciones o estados de ser, descritos en los siguientes términos:


  1. Cerrado, inmóvil, hermético, aunque con signos de vida, silen­cioso y profundamente inerte.




  1. Abierto, sin trabas, e imperceptiblemente matizado de color, la vida palpitando.




  1. Activo, vivo, alerta en dos direcciones; dos pequeñas puertas están abiertas ampliamente.




  1. Radiante y emitiendo una nota vibrante a todos los centros re­lacionados.




  1. Todos fusionados y actuando rítmicamente entre sí. La fuerza vital fluye de todos los planos. El mundo permanece abierto ampliamente.

Relacionado a estos cinco estados donde se expande el campo etérico y llega a ser la vivencia vital de toda expresión en el plano físico, tenemos las cinco razas humanas, comenzando con la raza lemuria, los cinco planos de la expresión humana y superhumana, las cinco etapas de conciencia y varios otros grupos de cinco, ex­puestos en la filosofía esotérica. Incidentalmente podría ser de valor e interés señalar que la estrella de cinco puntas no sólo es signo y símbolo de la iniciación y, finalmente, del hombre per­fecto, sino que también es el símbolo básico del cuerpo etérico y de los cinco centros que controlan al hombre perfecto, los dos centros de la cabeza, el centro del corazón, el centro de la garganta y el centro de la base de la columna vertebral. Cuando estos cen­tros están plenamente despiertos y funcionando mutuamente en correcto ritmo, los varios quíntuples a los cuales me he referido forman parte integrante de la conciencia del hombre perfecto.


Aunque esta particular información no tiene una relación definida con la ciencia de la curación, sin embargo todo el tema está relacionado con la energía, la cual en una u otra forma está rela­cionada con las causas y los efectos de la enfermedad, porque la enfermedad es el aspecto indeseable de la energía, sobre la unidad de energía que denominamos átomo.
Debe recordarse que el cuerpo etérico del ser humano es parte integrante del cuerpo etérico del Logos planetario, estando por lo tanto relacionado como todas las formas que se hallan dentro de ese cuerpo, en uno o en todos los reinos de la naturaleza. Es parte de la sustancia del universo coordinada por la sustancia planetaria, proporcionando así la base científica de la unidad.
Si me preguntaran qué hay en realidad detrás de todas las enfermedades, frustraciones, errores y falta de expresión divina en los tres mundos, respondería que la separatividad produce las mayores dificultades que originan en el cuerpo etérico, más la in­capacidad de la forma externa tangible para responder adecuadamente a los impulsos internos y sutiles. Aquí reside la causa (secundaria, como ya he puntualizado) de la mayor parte de los trastornos. El cuerpo etérico del planeta todavía no transmite ni permite circular libremente las fuerzas que están tratando de en­trar en la conciencia y en la expresión del hombre, en el plano físi­co. Estas fuerzas emanan desde adentro de él mismo, cuando actúa en los niveles sutiles de la conciencia y del alma; también provie­nen de grupos asociados y relacionados, de la vida planetaria y, eventualmente, en último análisis, de todo el universo. Cada uno de los centros puede, cuando está plenamente despierto y se utiliza consciente y científicamente, servir de puerta abierta que permite percibir aquello que está más allá de la vida humana individual. El cuerpo etérico es fundamentalmente el mecanismo de respues­ta más importante que el hombre posee, produciendo no sólo el correcto funcionamiento de los cinco sentidos y proporcionando por consiguiente cinco puntos principales de contacto con el mun­do tangible, sino que permite también registrar sensiblemente los mundos sutiles y, cuando está energetizado y controlado por el alma, los reinos espirituales se abren ampliamente.



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