Curación Esotérica



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TERCERA REGLA



El curador debe entrenarse a fin de conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos de quien busca su ayuda. Así podrá co­nocer la fuente de donde proviene la dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto y conocer el punto exacto por el cual debe llegar el alivio.
Quisiera llamar la atención sobre estas últimas palabras, acen­tuando el hecho de que la enfermedad constituye primeramente un esfuerzo por parte del cuerpo físico natural que busca alivio y liberación de las presiones internas, inhibiciones subjetivas y re­tenciones ocultas. Ante todo, desde el punto de vista esotérico, toda enfermedad física es el resultado de:


  1. Erróneo estímulo, o sobreestímulo, o estímulo mal aplicado y tensiones internas en alguna parte del mecanismo.




  1. Inhibiciones, inanición psíquica, y esas fuerzas subjetivas acu­muladas que detienen la afluencia de las fuerzas de la vida.

Asimismo se observará que (en el campo de la salud) todos los problemas se resuelven mediante el correcto empleo y manejo de la fuerza, a fin de que se efectúe la libre afluencia de energía.


Surgen inevitablemente las siguientes preguntas: ¿De dónde vienen esas taras heredadas? ¿Es posible llegar hasta sus fuentes? El problema del pasado y los actuales efectos de ese pasado es tan vasto para considerarlo, que ninguna explicación respecto a la si­tuación ayudaría a la humanidad. Sin embargo puede hacerse una generalización, aunque quizás, poco llegarían a comprender.
De las tres enfermedades principales heredadas del pasado po­dría decirse que la sífilis, o las denominadas enfermedades socia­les, son remanentes de los excesos de la época lemuria, siendo de tan antiguo origen que hasta la misma tierra está saturada de los gérmenes de estas enfermedades, hecho totalmente desconocido por la ciencia moderna. En el transcurso de las épocas los hombres han sufrido esa serie de infecciones, y millones murieron y fueron enterrados, contribuyendo con su cuota infecciosa a la tierra. En la época lemuria, el énfasis de la fuerza vital fue puesto sobre el cuerpo físico, su desarrollo, empleo y control y también sobre su perpetuación o reproducción. En ese entonces se iniciaron las dificultades vinculadas con el abuso de la vida sexual; esto fue, en sentido peculiar, el mal esencial primitivo, y este hecho es men­cionado en las antiguas leyendas e insinuaciones halladas en los anales y escritos más remotos. Existen muchos testimonios mal interpretados al respecto, y cuando los hombres puedan leer los anales con más exactitud e interpretarlos más correctamente, ha­llarán el camino de salida, pues verán con más claridad las causas subyacentes.
El cáncer es un legado de la humanidad atlante al hombre mo­derno, y el flagelo de esta enfermedad fue el principal factor que devastó a los habitantes de la antigua Atlántida. Las raíces de este terrible mal están profundamente asentadas en la naturaleza emo­cional o de deseo, y cimentadas en el cuerpo astral. El cáncer es parcialmente el resultado de la reacción a las enfermedades rela­cionadas con la vida sexual, que tanto prevaleció en los últimos días de lemuria y primeros días atlantes. La gente de tales épocas, viendo los pavorosos males y la extensión de las enfermedades surgidas de la fértil vida en Lemuria, resultado de la promiscua vida sexual en todas partes, a fin de lograr la autopreservación detuvieron la afluencia natural del deseo (la afluencia de vida cuando se expresa a través de los centros de reproducción y pro­creación), y esto a su debido tiempo produjo otros males. El cáncer primordialmente es una enfermedad producida por la inhibición, así como las enfermedades sifilíticas son causadas por la super­expresión y el excesivo abuso de un aspecto del mecanismo del hombre.
Hoy, debido a la enorme extensión del tiempo involucrado y a las incalculables generaciones que han muerto sobre la tierra, los gérmenes (así llamados por el pensador ignorante) de la temida enfermedad del cáncer, se hallan en el mismo suelo en que vivi­mos, infectando al reino vegetal y también a la familia humana. En el reino mineral existe una analogía de las dolencias sifilíticas del hombre.
La tuberculosis, que prevaleció en forma devastadora en cierto período de la época atlante, es sin embargo una enfermedad que ha sido generada principalmente en nuestra raza aria, y la estamos trasmitiendo al reino animal y compartiéndola con él. Esto ya co­mienza a ser comprendido. Sin embargo, tan estrecha es la relación entre hombres y animales (particularmente los animales domésti­cos) que prácticamente comparten hoy con el hombre todas sus dolencias, en una u otra forma, aunque a veces no se lo reconozca. En forma curiosa la causa de este gran azote blanco reside en que el énfasis de la vida se ha cambiado de la naturaleza emocio­nal a la naturaleza mental, produciendo una temporaria inanición de la naturaleza emocional. Constituye en su mayor parte una en­fermedad que proviene por agotamiento. El cáncer a su vez se debió similarmente al cambio de la fuerza vital del cuerpo físico a la naturaleza emocional, produciendo un excesivo desarrollo de la vida celular mediante el sobreestímulo. Comprendo que es difícil captar estas afirmaciones. Sólo puedo dar sugerencias que no han sido corroboradas. Sólo descubrimientos posteriores podrán com­probar la verdad de ellas. A continuación clasificaré las conclusio­nes siguientes:

Enfermedad Raza Cuerpo Reino Órgano

Sífilis Lemuria Físico Mineral Órganos sexuales.

Centro sacro.

Cáncer Atlante Astral Vegetal Plexo solar.

Tuberculosis Aria Mental Animal Aparato respiratorio

Centro laríngeo.


Respecto a los centros mencionados en la clasificación, me refiero al centro para la distribución de la fuerza vital, donde se hallará el punto de énfasis de las masas. Por lo antedicho resultará evidente dónde se pondrá actualmente el énfasis de la posible cura. Hemos aprendido cómo curar la tuberculosis, porque fue la última que apareció y por lo tanto es la menos arraigada de las tres enferme­dades principales heredadas por el hombre moderno. Se descubrió (cuando la mente fue aplicada inteligentemente al problema) que los rayos del sol y la buena alimentación podrían curar o por lo menos detener la enfermedad. Este es un interesante dato en el campo de la analogía esotérica, que así como podemos confiar en que la luz del alma, cuando afluye a la mente, resuelve cualquier problema, así también la luz del sol y sus rayos profilácticos pue­den disipar los terribles síntomas de la tuberculosis.
Análogamente, cuando la raza haya logrado un correcto control emocional, desaparecerá gradualmente el fenómeno del cáncer. Dije correcto control emocional; la inhibición y la represión de los im­pulsos del deseo, por la fuerza de la voluntad, no es correcto con­trol. Es interesante observar que aunque tanto los hombres como las mujeres sufren de cáncer, la causa general no es idéntica, pero sí lo es la causa básica (la reacción por una excesiva expresión de la vida sexual mediante el desarrollo de la naturaleza de deseo). Debido a los riesgos que corren las mujeres durante el embarazo por haber dirigido el énfasis de la vida al aspecto sexual de la misma, se han rebelado en gran escala (como hicieron los atlantes) contra este tipo de expresión de vida, y en esta línea -el sexo- se hallan sus principales inhibiciones. Ellas no sufren tanto la inhibi­ción de la expresión emoción-deseo-sentimiento, pero sí el hombre, y tiene una tradición o marcada tendencia a poseer mejor control emocional que las mujeres en el manejo de la vida. Los hombres no requieren ni adquieren un control tan marcado del sexo. El campo de su tendencia vital inhibida es, por lo tanto, de mayor extensión y en consecuencia (si se puede confiar en las estadísti­cas) más hombres que mujeres sufren de cáncer, aunque todos le temen a esta terrible enfermedad.
En la correcta transmutación reside el secreto de la cura del cáncer, y con el tiempo esto será comprendido. Empleo esta frase no sólo simbólicamente sino también técnica y científicamente. Esto se verá más adelante. El secreto que oculta el correcto vivir rítmico y la correcta proporción del énfasis puesto sobre todas las fases de la vida, traerá (y llegará rápidamente) la total inmuni­dad a la tuberculosis. El secreto que oculta la correcta comprensión de los tiempos y ciclos y de la periódica procreación creadora, hará que la raza se libere de los males que acarrean las enfermedades sociales.
Evidentemente, las enfermedades sifilíticas serán las últimas en desaparecer, así como fueron las primeras en devastar la raza. La tuberculosis va desapareciendo. Los especialistas centran ahora su atención en la cura del cáncer
Quisiera agregar uno o dos comentarios que serán de interés general o mejor dicho moderno. Señalé que las taras a que la humanidad está propensa se encuentran en el suelo y ello se debe en gran parte a los millones de cadáveres enterrados en el trans­curso de las épocas. Cuando se divulgue acrecentadamente el pro­ceso de la cremación, tal situación mejorará constantemente. En forma gradual, muy gradualmente, la tara desaparecerá. Por lo tanto es altamente recomendable que se haga la mayor propaganda posible para emplear el método de disponer de los descartados vehículos físicos de las almas que desencarnan. A medida que la tierra esté menos contaminada y se establezca contacto con el alma, tendremos la esperanza de ver decrecer el número de los que su­cumben a las taras heredadas. En forma muy curiosa, los baños de mar tienen un efecto definido en la sanidad del cuerpo físico. El agua, incidentalmente absorbida por la piel y la boca, tiene un efecto vitalmente profiláctico.
Uno de los mayores problemas para los psicólogos actualmente, y en menor medida para los médicos, es el aumento de la homo­sexualidad, tanto femenina como masculina. Sendos argumentos son presentados a fin de probar que este anormal desarrollo (y el consiguiente interés en esta morbosa tendencia) se debe a que la raza se está convirtiendo lentamente en andrógina y que va apa­reciendo gradualmente el futuro hombre o mujer hermafroditas. Esto tampoco es verdad. La homosexualidad es lo que podría lla­marse un “residuo” de los excesos sexuales de la época lemuria, si se quiere es una tara heredada. Los egos que se individualizaron y encarnaron en ese vasto período, son los que hoy demuestran ten­dencias homosexuales. En esos días, el apetito sexual era tan apre­miante que el proceso normal de las relaciones sexuales no satisfizo el insaciable deseo del hombre avanzado de ese período. La fuerza del alma, que afluyó por medio del proceso de la individualización, sirvió para estimular los centros inferiores, por eso se practicaron métodos ilícitos. Un gran número de quienes entonces los practicaban, se hallan hoy encarnados y los antiguos hábitos son dema­siado poderosos para ellos. No obstante han avanzado bastante en el sendero evolutivo, de allí que sea posible su curación en esta época si así lo desean. Con relativa facilidad pueden transferir el impulso sexual al centro laríngeo, y entonces llegar a ser creadores en el sentido más elevado, empleando la energía sentida y circu­lante, correcta y constructivamente. Muchos de ellos comienzan ya automáticamente a hacerlo. Por otra parte es bien sabido que entre los así llamados tipos artísticos, la homosexualidad es muy preva­leciente. Digo “así llamados”, porque el verdadero artista creador no es víctima de estos antiguos y predisponentes malos hábitos.
Podría puntualizar aquí que la homosexualidad es de tres tipos:


  1. El resultado de antiguos malos hábitos, siendo hoy la principal causa, e indica:




  1. Individualización en este planeta, pues lo que se han indi­vidualizado en la cadena lunar, no son susceptibles de estas peligrosas características.




  1. Una etapa relativamente avanzada en el sendero de evolu­ción, adquirida por los egos de la Lemuria que sucumbieron a este deseo y satisfacción.




  1. El consiguiente estudio de la magia sexual, más un constante e insaciable impulso sexual y físico.




  1. Homosexualidad imitativa. Un sinnúmero de personas que per­teneciendo a todas las clases sociales, imitaron a los de clases mejores (si puedo emplear un término tan paradójico) y adqui­rieron malos hábitos en las relaciones sexuales, que de otra manera no lo hubieran hecho. Ésta es una de las prevalecientes razones por las cuales hoy abunda entre muchos hombres y mujeres, basándose en una imaginación muy activa, además de una poderosa naturaleza física o sexual, y una lasciva curiosidad. Digo esto después de un cuidadoso estudio. Esto justifica el gran número de sodomitas y lesbianas.




  1. Son pocos y muy raros los casos de hermafrodismo. Estas per­sonas combinan en sí ambos aspectos de la vida sexual, creán­doseles un verdadero problema, el cual se agrava grandemente por la ignorancia y la negación humanas de encarar los hechos, por la temprana y errónea educación y por una difundida in­comprensión. Existen pocos casos, pues su número, en relación con la población mundial, es todavía insignificante. El hecho de que existan, constituye algo de real interés para la profesión médica y un tema que despierta la piedad y la conmiseración del humanista y la comprensión del psicólogo, pues se hallan ante una difícil situación.

Me he extendido sobre este tópico, porque es útil que conozcan tales hechos, y la información les será de valor. Arroja luz sobre ese problema que un acrecentado número de personas debe enca­rar. Los psicólogos, los trabajadores sociales, los médicos y todos los que se ocupan del entrenamiento grupal, afrontan constantemente este problema, y es justo que se establezca una diferencia entre los tipos a considerar, clarificando la cuestión.

El problema del Sexo. Tratado sobre Siete Rayos, T.I, págs 217-244.
En estas instrucciones hallarán muchas insinuaciones que, aun­que no puedan ser clasificadas en forma definida como instruccio­nes para la curación, caben en esta categoría porque proporciona­ran una comprensión más eficiente a quienes las lean.
Observarán por lo antedicho que esta tara, como era de espe­rar, tiene sus raíces en el cuerpo astral, sensorial o de sensación, razón por la cual la he incluido. Sería interesante analizar si estas variadas y bien conocidas dificultades, enfermedades y dolencias, pudieran ser clasificadas de acuerdo a sus impulsos originantes. Muy pocas son de origen mental a pesar de todo lo que diga contrariamente la Ciencia Cristiana o la Ciencia Mental; quizás de­bería decir que se basan en el erróneo pensar humano, aunque el mal puede ser agravado e intensificado por los malos pensamientos Gran parte o quizás la mayoría de las dolencias que el hombre común sufre, están basadas en causas astrales o en un deseo clara­mente definido. Un deseo formulado, halla expresión en alguna forma de actividad. De ellas, la homosexualidad es la más fácil de definir. Las demás enfermedades que la humanidad ha hereda­do no son tan fáciles de aclarar ni de definir. El hombre o la mujer son víctimas, pero la causa de la enfermedad o la dificultad (física o sicológica) se oculta en el lejano pasado, que la víctima (debido a su limitado conocimiento) es incapaz de investigar, ni tampoco pue­de llegar a la causa que produce el efecto. Lo que podrá afirmarse es que, con toda probabilidad, el deseo fue el impulso iniciador. Lo que los seres humanos son hoy, y lo que sufren, es el resultado de su lejano pasado, y el pasado presupone largos y arraigados hábitos. Dichos hábitos inevitablemente son el resultado de uno de los dos factores siguientes:


  1. El deseo, que domina y controla la acción,




  1. el control mental que sustituye al deseo, mediante una campaña planeada, contraría en muchos casos al deseo normal­mente sentido y definido.

Por lo antedicho, quisiera que capten la importancia del cuerpo sensorio emocional y su poder para iniciar esas causas secundarias que en esta vida se manifiestan como enfermedad.


Consecuentemente se evidencia que he puesto el énfasis sobre el cuerpo astral como promotor de las condiciones físicas erróneas y la necesidad de que el paciente posea un conocimiento y control astrales, si quiere superar la enfermedad. ¿Podrán entenderme si digo que la verdadera superación consiste en aceptar el Camino de la Muerte como solución, si viniera en forma natural, o por la curación, si se han agotado las causas de los impulsos iniciales? Reflexionen sobre esto.
En lo antedicho y en conexión con lo expresado sobre la homosexualidad, también he considerado el deseo prevaleciente o re­primido, pero sólo en términos generales y en amplios delinea­mientos. ¿Me interpretan si les digo que cuando se reprime el deseo (como lo hacen muchos aspirantes hoy) todo tipo de enfermedades resulta posible -cáncer, congestión pulmonar y ciertos malestares del hígado- como también la temible tuberculosis? Las enferme­dades producidas por la inhibición son numerosas y serias, como podrán ver por la anterior enumeración. Debería tenerse en cuenta que cuando prevalece el deseo incontrolado y no se lo reprime, aparecerán enfermedades tales como los desórdenes sifilíticos, la homosexualidad, inflamaciones y fiebres. De acuerdo con el tem­peramento así serán los tipos de enfermedad, pues el temperamento depende de la cualidad del rayo. Según el rayo a que pertenece una persona, será la predisposición a ciertos desórdenes. Es exacta la básica diferenciación de los seres humanos en dos tipos princi­pales, extrovertidos e introvertidos, que hacen los sicólogos. Ambos tipos producen su propia categoría de enfermedad, demostrada co­mo mala salud, debido a la excesiva expresión o inhibición.
He considerado el segundo punto, titulado la curación de las enfermedades que surgen de la naturaleza emocional o de deseos. El primer punto tratado fue la emoción incontrolada. Recordaré que había estipulado considerar sólo los males a que está propensa la humanidad avanzada, los aspirantes y discípulos de todos los grados. No me ocuparé (en este breve tratado) de toda la gama de enfermedades que afectan a la humanidad en el transcurso de las edades. Cuanto más avanzado esté el aspirante, habrá mayor probabilidad de que la enfermedad que sufre se agrave y manifieste más poderosamente, a causa de la afluencia, en mayor o menor grado, de la fuerza estimuladora del alma. Incidentales a los cinco grupos principales de enfermedades a que me referí an­teriormente y actuando en conexión con ellos en la estructura humana, existe un conjunto de síntomas denominados superficial­mente: fiebres, tumores, zonas congestionadas, más la debilidad general y la autointoxicación, que están detrás de tantos síntomas. Quisiera recordarles esto y que tengan siempre presente que sólo estoy generalizando, pero que esta generalización es básica y por lo tanto de importancia.

C. Enfermedades Producidas por la Preocupación e Irritabilidad.


El tercer tipo de dolencias que surgen del cuerpo emocional o astral se sintetizan esotéricamente con el término: enfermedad por la irritabilidad. Estos son los insidiosos venenos que acechan detrás del fenómeno de la enfermedad. Podría decirse que todas las en­fermedades pueden incluirse en dos definiciones, desde el punto de vista esotérico.


  1. Enfermedades producidas por la autointoxicación, siendo las más generales.




  1. Enfermedades producidas por la irritabilidad, siendo muy comunes entre los discípulos.

Mucho se habla hoy de la propia intoxicación y se realizan grandes esfuerzos para curarla con regímenes alimentarios y regulación de la vida en lo que respecta a vivir rítmicamente. Todo esto es bueno y de ayuda, pero no constituye una cura básica como sus promotores nos quieren hacer creer. La irritabilidad es una dolencia básica sicológica y tiene sus raíces en la intensificación del cuerpo astral que definidamente produce efectos anormales en el sistema ner­vioso. Es una enfermedad causada por el propio interés, autosufi­ciencia o propia satisfacción. Aquí también diría que reflexionen sobre estos términos porque los tres aspectos de la irritabilidad deben ser descubiertos por cada uno. Por lo tanto me ocuparé de la irritabilidad, o de “la peligrosidad”, según lo denominan los exponentes de primer rayo, tal como el Maestro M.


Casi he terminado nuestra primera sección sobre las Causas Sicológicas de la Enfermedad y he considerado breve, aunque creo sugestivamente esos problemas que surgen de la superactividad y condiciones erróneas del cuerpo astral. Todo lo que puedo hacer en este conciso tratado es generalizar, porque la mayor parte de las declaraciones que he hecho son en cualquier caso tan nuevas y revolucionarias (desde el punto de vista de la medicina ortodoxa) que pasará aún mucho tiempo para que este primer conjunto in­terno de ideas y la formulación más o menos nueva de la verdad, haga impacto sobre los pensadores de la raza. Pero si son aceptadas como posibilidades hipotéticas por los de mente abierta, pasará un extenso período antes de que se hagan las suficientes investi­gaciones conducentes a conclusiones definidamente formuladas, que harán que las ideas sean reconocidas y empleadas en forma popular. Al decir esto no critico a la profesión médica. El especia­lista ambicioso y el charlatán son raros, pero por supuesto existen, así como también el inescrupuloso e indeseable, en cada profesión. ¿Dónde no existen? Los de mente estrecha son muchos; mas, re­pito, ¿dónde no se los encuentra? Los precursores en estas nuevas corrientes de pensamiento y el hombre que ha captado alguno de los conceptos de la nueva era, poseen a menudo mentalidades es­trechas y sólo ven las nuevas modalidades, modos, métodos, y arrojan por la borda todo lo antiguo, perdiendo mucho con ello. La profesión médica tiene uno de los antecedentes más grandes y más hermosos del mundo acerca de su propósito y campo de acti­vidad, y ha desarrollado una de las más grandes cualidades del alma, autosacrificio, compasión y servicio. Pero los métodos y las técnicas de la nueva era son difíciles de captar. Gran parte de los antiguos métodos deben ser abandonados y sacrificados antes de que el nuevo arte de curar sea posible.
Hasta que no sea apropiadamente comprendida la realidad de los cuerpos sutiles, por los pensadores del mundo, y se establezca su existencia mediante la recta y verdadera ciencia de la sicología y el desarrollo de la facultad clarividente, trazar las causas de la enfermedad, retrospectivamente hasta los cuerpos sutiles, no tiene ningún significado. La mejor reacción que el médico de mente abierta puede (digo puede, no debe) producir o admitir, es que la actitud sicológica, el estado mental y la condición emocional del paciente ayudan u obstaculizan. La mayoría ya lo acepta y esto en sí es mucho.
Por lo tanto, cuando digo que el cáncer, por ejemplo, tiene sus raíces en una condición astral y que comenzó su carrera en tiem­pos atlantes, significa muy poco para el hombre común de hoy. No comprende que un gran número de personas poseen conciencia atlante en la actualidad.

Quisiera tratar brevemente la causa más común de las pertur­baciones: preocupación e irritabilidad. Hoy predominan más que nunca y por las razones siguientes:



  1. La situación mundial es tal, y los problemas y la incertidumbre son tantos, que casi ninguna persona en el mundo está exenta de ellos. Más o menos todos están implicados en la situación planetaria.




  1. La intercomunicación entre los pueblos ha aumentado mucho y los hombres viven en grupos colectivos -grandes o peque­ños- que inevitablemente producen un efecto mutuo como no ha sucedido anteriormente, “Si un miembro sufre, todos los de­más sufren con él”, es una enunciación de la verdad, antigua pero nueva en aplicación, y reconocida por primera vez.



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