Curación Esotérica



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LEY X



Atiende, oh discípulo, al llamado que el Hijo hace a la Madre, y luego obedece. La Palabra anuncia que la forma ha cumplido su propósito. El principio mente entonces se organiza a sí mismo, y luego repite la Palabra. La forma expectante responde y se des­prende. El alma queda liberada.

Responde, oh Naciente Uno, al llamado que proviene de la es­fera de la obligación; reconoce el llamado que surge del Ashrama o de la Cámara del Concilio donde espera el Señor Mismo de la Vida. Se emite el Sonido. Tanto el alma como la forma deben renunciar al principio vida y así permitir a la Mónada liberarse. El alma responde. La forma rompe entonces la conexión. La vida queda ya liberada, debido a la cualidad del conocimiento consciente y al fruto de todas las experiencias. Estos son los dones del alma y de la forma, combinados.
Esta décima ley va a la vanguardia de muchas nuevas leyes, con­cernientes a la relación del alma con la forma o del espíritu con la materia, y es dada en primer lugar por dos razones:


  1. Porque puede ser aplicada por los discípulos, y así com­probar que atañe a las masas y sobre todo al mundo científico.




  1. Porque en el cúmulo de testimonios y el tipo de muerte (llamada en esta etapa “transferencia”), se puede establecer la realidad de la Jerarquía y de Shamballa.

Existen tres causas para esa abstracción que denominamos “muerte”, excluyendo el accidente (que pueden ser incidentales al karma de otras personas), la guerra (que incluye el karma planetario) y las catástrofes naturales (que están totalmente vin­culadas con el cuerpo de manifestación de Aquel en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser).


Quisiera detenerme en este concepto y esclarecer parcialmente la diferencia que existe entre este “Dios desconocido”, que se expresa a través de todo el planeta, y Sanat Kumara, en Su ele­vado lugar en Shamballa. Sanat Kumara es en Sí Mismo la Iden­tidad Esencial, responsable de los mundos manifestados, pero tan grande en su dominio de energías y fuerzas -por Su desarrollo cósmico- que requiere el planeta entero para expresar todo lo que Él es. Teniendo plena conciencia de los planos astral y men­tal cósmicos, puede aplicar energías y fuerzas -regido por la ley cósmica- que crea, sostiene y utiliza, para los fines de Su divino Propósito, el planeta entero. Anima el planeta con Su vida; sos­tiene al planeta y todo lo que está dentro y sobre el planeta, por medio de la cualidad de Su alma, cualidad que Él imparte a cada forma en variadas medidas; crea continuamente las nuevas for­mas necesarias para expresar la “vida más abundantemente” y el “creciente Propósito de Su voluntad”, que hace cíclicamente po­sible el progreso en el transcurso de las edades. Vivimos hoy en un ciclo donde su intensa actividad utiliza la técnica de la des­trucción divina para liberar la vida espiritual, y está creando simultáneamente la nueva estructura de la civilización que ex­presará con más plenitud el logro evolutivo del planeta y los rei­nos de la naturaleza, conduciendo eventualmente a la perfecta expresión de Su vida y propósitos divinos.
Sería inteligente si estudiáramos esta décima ley en forma más detallada, en lo posible, para llegar a la síntesis que está desti­nada a impartir: de esta manera comprenderemos que la muerte misma es parte del creador proceso sintetizador. Es esencial la introducción de nuevas ideas y un nuevo acercamiento al proble­ma de la muerte.
Atiende, oh Discípulo, al llamado que el Hijo hace a la Madre, y luego obedece.
Aunque el texto de la frase da a entender que se refiere al aban­dono del cuerpo físico, es útil recordar que dicha paráfrasis pue­de significar mucho más que eso. Puede ser interpretada como significando la entera relación del alma y la personalidad, e implica la rápida obediencia de la Madre (la personalidad) al Hijo (el alma). Sin esta rápida obediencia, involucrando, como lo hace, el reconocimiento de la informante Voz, la personalidad permanecerá sorda al llamado del alma para abandonar el cuer­po. No ha adquirido el hábito de responder. Quisiera que reflexionen sobre las implicaciones.
Sé que estoy recapitulando, cuando señalo que el aspecto Ma­dre es el aspecto materia, y el alma -en su propio plano- es el Hijo. Este mandato, por lo tanto, concierne a la relación de ma­teria y alma, estableciendo así el fundamento para todas las relaciones que el discípulo debe aprender a reconocer. Aquí no se exige obediencia, es incidental a la acción de oír; luego le sigue la obediencia, como próximo desenvolvimiento. Este proceso es muy fácil, aunque no lo crean. La diferencia, relativa al proceso de la obediencia, es interesante, porque el proceso del aprendizaje por el oído es siempre lento y una de las cualidades o aspectos de la etapa de orientación. El aprendizaje por la vista esta defi­nidamente conectado con el sendero del discipulado, y quien quie­re llegar a ser un verdadero trabajador inteligente debe aprender a distinguir entre los que oyen y los que ven. La comprensión de esta diferencia conducirá a hacer cambios básicos en la técnica. En un caso, se trabaja con quienes están definidamente bajo la influencia y el control de la Madre, y necesitan entrenamiento para ver. En el otro, con quienes han oído y están desarrollando la analogía espiritual de la vista, y son por lo tanto, susceptibles a la visión.
La Palabra anuncia que la forma ha cumplido su propósito.
Esta palabra, o “anunciación espiritual” del alma, puede tener un doble propósito: producir la muerte o simplemente el retiro del alma de su instrumento, la triple personalidad. En consecuencia, podría dar por resultado que la forma quede inanimada y el cuer­po sin ningún morador. Cuando ello sucede, la personalidad (y con esto quiero significar el hombre físico, astral y mental) con­tinuará funcionando. Si posee una cualidad elevada, muy pocas personas se darán cuenta de que el alma está ausente. Con fre­cuencia ocurre en las personas de edad o en los casos de enfer­medades graves, y puede durar años. A veces le sucede a los niños, entonces sobreviene la muerte o la imbecilidad, pues no hubo tiempo para entrenar los vehículos de la personalidad infe­rior. Una pequeña reflexión acerca de la “Palabra anunciadora” arrojará mucha luz sobre esas circunstancias consideradas descon­certantes y los estados de conciencia que hasta ahora han cons­tituido problemas casi insolubles.
El principio mente entonces se organiza, a sí mismo, y luego repite La Palabra. La forma expectante responde y se des­prende.
La mente actúa como agente autoritario en el proceso de la muerte aquí referido, trasmitiendo al cerebro (donde está locali­zado el hilo de la conciencia) las instrucciones para retirarse.
Entonces el hombre que se halla dentro del cuerpo, las retransmite al corazón (donde está anclado el hilo de la vida), y luego -como ya se sabe- comienza el proceso de retirarse. Lo que transcurre en esos interminables momentos previos a la muerte, nadie lo sabe, pues ninguno ha vuelto para contárnoslo. Si alguien lo hubiera hecho, surgiría el interrogante: ¿quién lo creerá? Probable­mente nadie.
El primer párrafo de la décima ley se refiere a la salida del cuerpo (significando el aspecto forma del triple hombre inferior), el aspirante común inteligente, considerando esta ley desde una de sus correspondencias inferiores; sin embargo, de acuerdo a esta misma Ley de Correspondencias, la muerte de todos los hom­bres, desde el tipo más inferior hasta inclusive el aspirante, se caracteriza básicamente por el mismo e idéntico proceso; la di­ferencia existe en el grado de conciencia evidenciada -conciencia del proceso e intención. El resultado es el mismo en todos los casos:
El alma queda liberada.
Este momento de verdadera liberación puede ser breve y fugaz en el caso del hombre subdesarrollado, o de larga duración, de acuerdo a la utilidad que preste el aspirante en los planos inter­nos; de esto me ocupé anteriormente y es innecesario repetirlo. Progresivamente, a medida que los anhelos e influencias de los tres niveles inferiores de la conciencia debilitan su aferramiento, el período de disociación es cada vez más largo, y se caracteriza por una desarrollada claridad mental y por un reconocimiento del ser esencial, y ello en etapas progresivas. Tal claridad mental y progreso quizás no llegue a realizarse y expresarse plenamente cuando tiene lugar el renacimiento, pues las limitaciones impues­tas por el cuerpo físico denso son excesivas; no obstante, cada vida ve un constante crecimiento de la sensibilidad y también la acumulación de información esotérica, utilizando la palabra “eso­térica” para significar todo lo que no concierne a la vida normal de la forma o la conciencia término medio del hombre en los tres mundos.
Hablando a grandes rasgos, la vida esotérica (a medida que se desarrolla) se divide en tres etapas, las cuales se llevan a cabo en la conciencia del hombre, paralelamente al reconocimiento y a los aspectos comunes de la vida de la forma en los tres niveles de la experiencia:


  1. La etapa de recepción de conceptos, ideas y principios, afirmando gradualmente la existencia de la mente abstracta.




  1. La etapa de “recepción de luz”, o ese periodo en que se des­arrolla la percepción espiritual interna, cuando la visión se ve y acepta como real y se desenvuelve la intuición o “percepción búdica”. Esto lleva consigo la afirmación de la existencia de la Jerarquía.




  1. La etapa de abstracción, o el período en que se logra la plena orientación, se esclarece el camino hacia el Ashrama y el dis­cípulo comienza a construir el antakarana entre la personali­dad y la Tríada espiritual. En esta etapa la naturaleza de la voluntad es vista tenuemente, y su reconocimiento implica de que existe “un centro donde la voluntad de Dios es conocida”.

Los estudiantes tienden a creer que la muerte es el fin de las cosas, mientras que desde el ángulo del fin se trata de valores persistentes, con los cuales no hay interferencias, ni puede ha­berlas, y contienen en sí la simiente de la inmortalidad. Quisiera que reflexionen sobre esto y que sepan que todo lo de verdadero valor espiritual es persistente, imperecedero, inmortal y eterno. Sólo muere lo que no tiene valor, y -desde el punto de vista humano- constituyen esos factores que acentúan y asumen im­portancia en lo que concierne a la forma; pero esos valores basa­dos sobre un principio y no sobre la apariencia, poseen en sí ese principio inmortal que conduce al hombre desde “las puertas del nacimiento, a través de las puertas de la percepción, a las puer­tas del propósito”, según lo expresa El Antiguo Comentario.


Me he esforzado en demostrar cómo la primera parte de esta décima ley se aplica simplemente a la humanidad, y tiene tam­bién un significado abstracto y abstruso para los esoteristas.
El último párrafo de la Ley no puede ser interpretado de la misma manera ni aplicado de ese modo; concierne únicamente “al trance de pasar al más allá” o a “la eliminación de los impe­dimentos”, por los discípulos e iniciados avanzados. Esto lo aclaran las palabras, “Oh Naciente Uno” -término aplicado únicamente a quienes han recibido la cuarta iniciación y no están sujetos a ningún aspecto de la naturaleza forma, aunque sea una forma tan superior o trascendental como el alma en su propio vehículo, el cuerpo causal o el loto egoico. También debe desarrollarse la facilidad de responder a esta ley en las primeras etapas del dis­cipulado, cuando el oído, la respuesta y la obediencia ocultas es­tán desarrolladas y alcanzan su extensión en los niveles superio­res de la experiencia espiritual. Además deben considerarse palabras y frases, si queremos comprender su verdadero sig­nificado.
Responde, Oh Naciente Uno, al llamado que proviene de la esfera de la obligación.
¿A qué esfera de obligación debe prestar atención el iniciado de grado superior? Toda la vida de la experiencia, desde la esfera del nacimiento hasta los más altos límites de la posibilidad espi­ritual, están descritos por cuatro palabras, aplicables a las distin­tas etapas de evolución, y son: Instinto, Deber, Dharma, Obliga­ción; la comprensión de sus diferencias traerá iluminación y, en consecuencia, correcta acción.


  1. La esfera del instinto. Se refiere al cumplimiento regido por la influencia del simple instinto animal, de las obligaciones que trae cualquier responsabilidad, aunque se haya asumido sin verdadera comprensión. Un ejemplo de ello es el cuidado instintivo de la madre por su progenie, o la relación masculina y femenina. No es necesario que entremos en detalle respecto a esto, porque es bien conocido y comprendido, al menos por quienes han salido de la esfera de las obligaciones instintivas elementales. A ellos no se les hace ningún llamado particular, pero este instintivo mundo de toma y daca es reemplazado oportunamente por una esfera superior de responsabilidad.




  1. La esfera del deber. La llamada que surge desde esta esfera proviene de un reino de la conciencia más estrictamente hu­mano y no tan predominantemente animal, como es el reino instintivo. Arrastra a su campo de actividad todo tipo de seres humanos y exige de ellos -vida tras vida- el estricto cumplimiento del deber. El “cumplimiento del propio deber” del cual obtenemos escasas alabanzas y poca apreciación, es el pri­mer paso hacia el desarrollo de ese divino principio que deno­minamos sentido de responsabilidad, e indica -cuando se ha desarrollado- un acrecentado y constante control ejercido por el alma. El cumplimiento del deber, el sentido de responsabi­lidad y el deseo de servir, son tres aspectos de una misma cosa: discipulado en su etapa embrionaria. Esto, quizás sean palabras duras para quienes se ven envueltos en la aparentemente desesperanzada tarea del cumplimiento del deber; les resulta penoso comprender que tal deber, que parece encade­narlos a los monótonos, aparentemente insignificantes e ingra­tos deberes de la vida diaria, es un proceso científico que los lleva a las fases superiores de la experiencia y eventualmente al Ashrama del Maestro.




  1. La esfera del dharma. Resultado de las dos etapas anteriores, donde el discípulo reconoce, por primera vez con claridad, la parte que le corresponde en todo el proceso de los acontecimientos mundiales y su inevitable participación en el desarro­llo del mundo. Dharma es ese aspecto del karma que dignifica cualquier ciclo mundial particular y las vidas de quienes están implicados en su desarrollo. El discípulo comienza a ver que si se hace cargo del aspecto o parte que le corresponde en este dharma cíclico, y trabaja comprensivamente para su correcto cumplimiento, está empezando a comprender el trabajo grupal (así como lo entienden los Maestros) y a desempeñar su parte en el agotamiento del karma mundial, que actúa en el dharma cíclico. El servicio instintivo, el cumplimiento de todos los de­beres y la participación en el dharma grupal se fusionan en su conciencia y se convierten en un gran acto de servicio vivien­te y leal; entonces se halla en ese punto en que puede avanzar y penetrar en el sendero del discipulado, perdiendo totalmente de vista el sendero de probación.

Estos tres aspectos de vital actividad son en la vida del discípulo la expresión embrionaria de los tres aspectos divinos:




  1. Vida instintiva aplicación inteligente.

  2. Deber amor responsable.

  3. Dharma voluntad, expresada por medio del Plan.




  1. La esfera de obligación. Cuando el iniciado ha aprendido la naturaleza de las otras tres esferas de correcta acción y -a través de la actividad de esas esferas- ha desarrollado los as­pectos divinos, pasa a la esfera de obligación. Esta esfera, en la que sólo se puede entrar después de haber obtenido la libe­ración en gran medida, dirige las reacciones del iniciado en dos aspectos de su vida:




  1. En el Ashrama, donde está regido por el Plan, reconoce que este Plan expresa su principal obligación en la vida. Utiliza la palabra “vida” en su sentido esotérico más pro­fundo.




  1. En Shamballa, donde el emergente Propósito de Sanat Ku­mara (del cual el Plan es una interpretación en tiempo y espacio) comienza a tener sentido y significado de acuerdo a su etapa de evolución y a su acercamiento al Camino de la Evolución Superior.

En el Ashrama, la vida de la Tríada espiritual reemplaza gradual­mente a la vida de la personalidad controlada por el alma. En la Cámara del Concilio de Shamballa, la vida de la Mónada reem­plaza a todas las otras expresiones de la Realidad esencial. Nada más puedo decir.



Reconoce el llamado que surge del Ashrama o de la Cámara del Concilio donde espera el Señor Mismo de la Vida.
Aquí también enfrentamos el subyacente y evolutivo tema de la Invocación y Evocación. Estos dos centros superiores de la divina Existencia invocan incesantemente al centro inferior; uno de los factores que rigen el proceso creador, depende de la pericia de las Grandes Vidas para evocar respuesta de los reinos humano y subhumano o las vidas agrupadas en los tres mundos de la vida de la forma. Los hombres están tan preocupados con sus propios problemas, que tienden a pensar que, a la larga, lo que sucede es debido totalmente a su comportamiento, conducta y poderes invocadores. Existe, sin embargo, el reverso, lo cual involucra la capacidad de actuar, los corazones comprensivos y la clara y di­recta voluntad de la Jerarquía y Shamballa.
No obstante es evidente que los discípulos e iniciados conoz­can esencial y exactamente el lugar que ocupan en el sendero, aspecto final de la escala de evolución; de lo contrario interpre­tarán mal el llamado, y no reconocerán la fuente de donde pro­viene el sonido. Cuán fácilmente puede suceder esto lo evidencia todo instructor avanzado de ocultismo y esoterismo cuando com­prueba la facilidad con que las personas insignificantes y los prin­cipiantes interpretan los llamados y mensajes que oyen o reciben, como provenientes de una fuente superior y elevada, mientras probablemente lo que oyen emana de sus propias subconciencias, de sus propias almas o de algún instructor (no un Maestro) que trata de ayudarlos.
Sin embargo aquí se refiere al llamado que surge de las fuen­tes más elevadas posibles, y no debe confundirse con las pequeñas voces de los insignificantes hombres.

Se emite el SONIDO.
No tengo la intención de tratar aquí el sonido creador, fuera de llamarles la atención sobre el hecho de que es creador. El Sonido, primera indicación de la actividad del Logos planetario, no es una palabra, sino un pleno y reverberante sonido, conteniendo en sí todos los otros sonidos, los acordes y ciertos tonos musicales (denominados “la música de las esferas”) y disonancias, descono­cidas aún para los oídos modernos. Este Sonido debe ser recono­cido por el “Naciente Uno” y al que debe responder, no sólo por el sentido del oído y de sus analogías más elevadas, sino a través de una respuesta de cada parte y aspecto de la naturaleza forma en los tres mundos. Recordaré también que desde el ángulo de la cuarta iniciación, también al vehículo egoico, el cuerpo del alma, se lo considera y trata como parte de la naturaleza forma.
Aunque la “destrucción del Templo de Salomón” tiene lugar en el momento de la cuarta iniciación, esas cualidades, de las que estaba compuesto, han sido absorbidas en los vehículos que el iniciado utiliza para Sus contactos en los tres mundos. Ahora esencialmente es la esencia de todos Sus cuerpos y -desde Su punto de vista y comprensión técnica- debe tenerse en cuenta que todo el plano mental es uno de los tres planos que constitu­yen el plano físico denso cósmico; esto frecuentemente lo olvidan los estudiantes, que casi invariablemente ubican el cuerpo del alma y el átomo mental permanente fuera de los límites de la forma y lo que denominan los tres mundos. Técnicamente, y desde ángulos superiores, ello no es así, y este hecho cambia y condi­ciona definidamente el pensamiento y trabajo del iniciado del cuarto grado y los superiores. También explica la necesidad de que desaparezca el cuerpo egoico.
El Sonido reverbera en los cuatro subplanos superiores del plano físico cósmico; éstos son la analogía superior de los cuatro niveles etéricos del plano físico en los tres mundos -los tres físicos densos y los cuatro etéricos. En consecuencia, debe recor­darse que nuestros planos, con los cuales estamos tan familiari­zados, son los del físico cósmico y el que mejor conocemos es el más denso de los siete -a ello se debe gran parte de nuestras luchas y dificultades.
Desde “el silencio que es sonido, la reverberante nota de Sham­balla”, el sonido se enfoca en la Tríada espiritual, o en el Ashra­ma, de acuerdo al rango del iniciado y al lugar elevado que ocupa en los círculos ashrámicos, o aún más elevado, en los círculos a través de los cuales se irradia la luz proveniente de la Cámara del Concilio. En el primer caso el centro cardíaco responderá al sonido y después todo el cuerpo; en el segundo caso, la conciencia ha sido reemplazada por un tipo aún más elevado de reconoci­miento espiritual, al que damos el inadecuado nombre de identi­ficación. Cuando el sonido ha sido registrado en el corazón del iniciado, éste ha desarrollado todo tipo posible de conocimiento que le permite la naturaleza forma, alma y cuerpo; cuando se ha registrado en la cabeza, la identificación ha producido una unidad tan completa, con toda expresión espiritual de vida, que la palabra ‘‘más” (significando acrecentamiento) debe forzosa­mente ceder su lugar a la palabra “profundo”, en sentido de penetración. Después de haber explicado esto, ¿qué han com­prendido hermanos míos?
En este punto el iniciado se enfrenta por primera vez con los Siete Senderos, porque cada sendero constituye un modo de penetración en los reinos de la comprensión, más allá de nuestro planeta.
Para poder realizar esto, el iniciado debe demostrar su domi­nio de la Ley de Diferenciación, y llegar al conocimiento de los Siete Senderos mediante la diferenciación de los siete sonidos que constituyen el Sonido único, pero que no están relacionados con los siete sonidos que componen el triple AUM.

Tanto el alma como la forma deben renunciar al principio vida y así permitir a la Mónada liberarse. El alma responde.

La forma rompe entonces la conexión.
Podrá verse aquí por qué he acentuado el hecho de que el ini­ciado es el receptor de la cualidad esencial, o cualidades, que la forma ha revelado y desarrollado y el alma absorbido. En esta crisis particular, el iniciado, en el Ashrama o “en su camino glo­rioso hacia el Lugar donde mora el Señor” (Shamballa), resume o contiene en sí mismo todo el bien esencial que ha acumulado en el alma antes de la destrucción del cuerpo del alma en la cuarta iniciación. Él sintetiza en sí el conocimiento y la sabiduría de eones de lucha y paciente sufrimiento. Nada más puede adqui­rirse adhiriéndose al alma o a la forma. Ha absorbido todo lo que ellas poseían, que podría arrojar luz sobre la espiritual Ley de Sacrificio. Es interesante observar cómo el alma se convierte aquí en simple intermediario entre la personalidad y el iniciado de alto grado. Ahora nada queda por relatar, informar o transmitir y -a medida que el Sonido reverbera- el alma desaparece, como testimonio de respuesta. Sólo es un cascarón vacío, pero su sus­tancia es de un orden tan elevado que se convierte en parte in­tegrante del nivel búdico y la función que allí desempeña es etérica. Renuncia al principio vida, retornando al depósito de la vida universal.
Quisiera que observaran la importancia de la actividad de la forma. La Forma rompe la conexión (la comúnmente desprecia­da, insignificante, frustrada forma, es la que ejecuta el acto final), trayendo la total liberación. El “Señor lunar” de la personalidad ha alcanzado su meta, y esos elementos que han compuesto sus tres vehículos (físico, astral y mental), conjuntamente con el principio vida, constituirán la sustancia atómica del primer cuer­po de manifestación de algún alma que trata de encarnar por primera vez. Esto está claramente relacionado con el complicado tema de los átomos permanentes. Marca un momento de iniciación superior para este Señor lunar, cuando rompe toda conexión y destruye toda relación, con la hasta entonces alma animadora. Ya no es una simple sombra, sino que posee esas cualidades que lo hacen “sustancial” (en sentido esotérico) y un nuevo factor en tiempo y espacio.
Las palabras restantes de esta ley no necesitan explicación y marcan un adecuado final para esta parte de nuestros estudios:
La vida queda ya liberada, debido a la cualidad del conoci­miento consciente y al fruto de todas las experiencias. Éstos son los dones del alma y de la forma combinados.





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