Curación Esotérica



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LEY VI



Cuando las energías constructoras del alma están activas en el cuerpo, entonces hay salud, limpia interacción y correcta actividad. Cuando los constructores son los señores lunares, los cuales trabajan controlados por la Luna y a las órdenes del yo inferior personal, entonces hay enfermedad, mala salud y muerte.
Esta ley es muy interesante porque se ocupa básicamente de las causas, principalmente de esas causas que la persona común no puede controlar conscientemente, y porque da esotéricamente un cuadro en miniatura o microcósmico de la situación universal o macrocósmica. Trata del problema del mal o del dolor y el sufrimiento (los grandes misterios de nuestro pequeño planeta), en pocas frases que contienen vastas implicaciones. La misma simplicidad de esta gran ley natural oculta los significados de gran alcance de su actuación normal. Con mucha sencillez expone las siguientes cosas, y las enumeraré porque el desmenuzamiento de un párrafo en sus claros y simples enunciados, constituye una forma sensata para llegar a su comprensión:


  1. Cuando el alma controla la forma involucrada, hay salud.




  1. El alma es el constructor de la forma, la fuerza constructiva en manifestación.




  1. Esto es verdad tanto en el micro como en el macrocosmo.




  1. Los resultados con plenitud, recta relación y correcta actividad.




  1. Cuando el alma no controla, y las fuerzas de la naturaleza-forma son por lo tanto los factores controladores, habrá mala salud.




  1. Los constructores de la forma son los “señores lunares”, los elementales físico, astral y mental.




  1. Éstos, en su triple totalidad, componen la personalidad.




  1. Están esotéricamente regidos por la Luna, el símbolo de la forma, llamada frecuentemente “la madre de la forma”.




  1. La emanación proveniente de la Luna contiene las simientes de la muerte y de la enfermedad, porque la Luna es “un planeta muerto”.

Como observarán, todo ello vuelve nuevamente a la fuente ma­yor de la energía que controla al cuerpo. Aunque el alma es la fuente de toda vida y conciencia, lo único que hace el alma du­rante eones es preservar la vida y la conciencia en la forma, hasta el momento en que ésta alcanza la etapa evolutiva donde se convierte en un instrumento para el alma, útil y apropiado (y lo será cada vez más) para ser empleado como medio de expresión y servicio. El karma determina la calidad y naturaleza del cuerpo físico. Puede tener salud si no se ha abusado de él en una vida o vidas, condicionando una determinada encarnación, o no tener salud por estar pagando el precio de los errores cometidos. La buena salud no depende necesariamente del contacto cons­ciente con el alma. Ello puede producir y produce buena salud, pero también depende, en la mayoría de los casos comunes, de la vida e intención de la personalidad en esta vida o en anteriores; cuando la voluntad de la personalidad se dirige al mejora­miento espiritual y a seguir una vida limpia y pura, entonces el alma puede ser de verdadera ayuda.


Esta ley contiene también las implicaciones de esa relación fundamental que convierte a la triple forma del hombre en parte integrante del todo macrocósmico. Las formas de todos los reinos están construidas por los señores lunares bajo un impulso que emana del Logos planetario, actuando en colaboración con el Espíritu de la Tierra, suma total de todos los señores lunares y de los tres tipos de sustancia energetizada, utilizada para crear los cuerpos físico, astral y mental. La relación del Logos plane­tario con el Espíritu de la Tierra (la relación entre un Ser evo­lutivo y una entidad involutiva) es un reflejo (distorsionado y regido por la influencia del espejismo), en los tres mundos, de la relación del alma con el elemental de la personalidad. Seria de valor que el curador comprenda que al tratar la enfermedad, en realidad maneja vidas involutivas e intenta trabajar con ele­mentales. La tendencia natural de estas vidas elementales, en el arco involutivo, consiste en obstaculizar y frustrar sus esfuerzos y los del alma, y esto para ellas constituye el camino de la evo­lución, y eventualmente las conducirá al arco evolutivo.
Cuando llega el momento en que el alma puede consciente­mente asumir un control dentro de la forma y sobre ella, eventualmente crea una forma adecuada a sus necesidades espiritua­les; esto sucederá porque los elementales, suma total del elemental e la personalidad, han llegado a un grado tal de desarrollo que están preparados para entrar en el sendero de retorno. El alma nunca realiza un trabajo puramente egoísta para tener un medio de expresión en los tres mundos, como podrá parecer a veces al pensador casual y superficial. Esto es totalmente incidental, desde el ángulo del alma; constituye una actividad necesaria, pero involucra también el sacrificado trabajo de salvar a la sustancia y hacer progresar la evolución de la materia. Según lo expresa El Antiguo Comentario: “La Madre (sustancia-materia) es salvada por el nacimiento de su Hijo (el Cristo interno, la conciencia espiritual) “. Esto es verdad tanto en el macro como en el micro­cosmos.
Aquí tenemos el secreto del sufrimiento y la muerte plane­tarios. Nuestro Logos planetario (considerando la verdad desde el ángulo del macrocosmos) es, como saben, uno de los Dioses Imperfectos en La Doctrina Secreta, aunque perfecto más allá de nuestra comprensión humana -la comprensión de una unidad en cualquiera de los reinos constituye Su cuerpo de manifestación. No existe por lo tanto un verdadero equilibrio entre el espíritu y la materia, aunque casi se ha alcanzado el punto de equilibrio, las fuerzas involutivas son aún muy potentes y las energías es­pirituales todavía se hallan frustradas, aunque no tanto como antes en la historia humana; la próxima gran raza humana que seguirá a la actual, verá logrado un punto de equilibrio que in­troducirá la denominada edad de oro. Entonces habrá menos pun­tos de fricción sobre el planeta y por lo tanto en el individuo; desaparecerán las zonas de frustración y de actividad inútil. Esto ya puede observarse, desarrollándose en gran medida en el cuer­po de una persona evolucionada o de un iniciado y durante largos períodos de sus encarnaciones; por regla general las analogías paralelas son exactas.
Esta Ley nos proporciona un asombroso panorama, pleno de esperanza, particularmente si consideramos ciertos hechos presen­tes hoy en el mundo y los comparamos con las condiciones exis­tentes hace Cientos de años. La conciencia de la humanidad va despertando en todas partes; las razas menos desarrolladas están en proceso de adquirir educación, lo cual implica necesariamente el descubrimiento de la mente; la buena voluntad es reconocida como algo necesario para el desenvolvimiento del mundo, y los hombres descubren que “ningún hombre vive para sí mismo” ni tampoco una nación, y captan el hecho de que es cuestión de sentido común y sabiduría mejorar las condiciones de los hom­bres en todas partes. Ésta es una nueva actitud y un acercamien­to reciente y más pleno de esperanza. Los hombres van apren­diendo a conocerse y comprenderse; las naciones están llegando a establecer contactos más estrechos; los estadistas de todas las naciones luchan juntos y en unido cónclave, para solucionar el problema del mejoramiento de las condiciones humanas de vida; en todas partes se piensa, valora y lucha por la libertad y los verdaderos valores. ¿Qué es todo esto sino el esfuerzo del alma de la humanidad por eliminar la enfermedad, devolver la salud a las zonas afectadas y eliminar los puntos de fricción? ¿No es acaso lo que el hombre espiritual trata de lograr en su propio cuerpo cuando está enfermo, mientras el curador intenta ayudarlo?
Al hacer esto, los “señores lunares” y las fuerzas de la sus­tancia, eventualmente ceden ante la energía del alma, y se bene­fician, ya sean ellas fuerzas micro o macrocósmicas.
Una de las cosas que frecuentemente extraña a los estudian­tes es la afirmación de que el cuerpo físico denso no es un prin­cipio. H. P. B. establece este hecho con énfasis; la gente es pro­pensa a creer (salvo que sean teósofos fanáticos) que ella estaba equivocada o que engañaba intencionalmente a los estudiantes. La naturaleza de un principio es una de las cosas muy poco com­prendidas. Sin embargo, por el entendimiento de lo que es un principio puede captarse la belleza y exactitud de su afirmación. En último análisis ¿qué es un principio? Un principio es aquello que, macrocósmicamente hablando, se está desarrollando en cada uno de nuestros siete planos, los siete subplanos del plano físico cósmico. El germen o la simiente de cada subplano corporifica algún aspecto de la conciencia divina en desarrollo; es lo que está fundamentalmente relacionado con algún tipo de sensibili­dad; es aquello a lo cual pueden responder los cuerpos, a medida que evolucionan. Un principio es un germen de la percepción, que lleva la potencialidad de la plena conciencia a algún nivel particular de actividad divina. Es lo que hace posible el conocimiento y la respuesta consciente al medio ambiente; es lo que significa una actividad sensible correlativa, y “desenvuelta”, dan­do por resultado la posible e inevitable comprensión divina.
El cuerpo físico, y en menor medida los cuerpos astral y men­tal, son automáticos en su actividad, como aspectos de un meca­nismo divino de respuesta; instrumento que permite al Hombre celestial, al Logos planetario y al hombre espiritual, registrar una respuesta consciente de aquello con lo que debe establecer con­tacto, de acuerdo al plan divino y a través de un mecanismo. El cuerpo físico, en la actualidad, es el único que está tan plena­mente desarrollado, que en el actual esquema planetario ya no puede alcanzar mayor desarrollo evolutivo, excepto en lo que el hombre espiritual pueda afectarlo; la mayor parte del efecto es producido en el cuerpo etérico y no en el físico denso. Este punto es muy importante y poco comprendido.
El cuerpo físico denso alcanzó su máximo punto de desarrollo e interés (desde el ángulo de la atención mental y de la acción jerárquica) en el sistema solar anterior. Constituyó la meta di­vina de todo el proceso evolutivo. Esto es algo que la humanidad no puede captar. No me es posible ni aconsejable indicar las etapas evolutivas a través de las cuales pasó esté mecanismo di­vino en preparación para la tarea a emprenderse en el actual sistema solar. En la presente encarnación divina de nuestro Logos planetario mediante este pequeño planeta Tierra, el cuerpo físico no es la meta, sino simplemente algo que existe y debe ser aceptado, adaptado e incorporado al plan general evolutivo. Dicho plan tiene que ver, en su totalidad, con la conciencia. El cuerpo físico es simplemente -ni más ni menos- el vehículo de la con­ciencia en el plano físico, pero el punto de atención es el cuerpo etérico, como expresión de los vehículos sutiles y como función de conciencia corporificada. El cuerpo físico es importante porque tiene que albergar y responder a cada tipo de respuesta conscien­te, desde el ser humano más inferior hasta, e inclusive, la con­ciencia de un iniciado de tercer grado. Los cuerpos y formas de la vida interna consciente en los tres reinos subhumanos tienen un análogo problema, aunque menos difícil; aquí considero sola­mente el cuerpo físico del ser humano, el cual no es un principio, porque no constituye una meta ni es la semilla o germen de nada. Cualquier cambio producido en el cuerpo físico es secundario a la meta de responder conscientemente a la revelación de una di­vinidad emergente. He creído necesario hacer hincapié sobre esto, debido a la confusión que existe en las mentes humanas, respec­to al tema.
En resumen, el cuerpo físico no es un principio ni el principal punto de atención del aspirante; responde automáticamente a la conciencia que se desenvuelve lentamente en todos los reinos de la naturaleza; permanece siendo constantemente aquello sobre lo cual se trabaja y no lo que posee una influencia innata propia: no tiene importancia en el proceso activo, porque es el receptor y no lo que inicia la actividad. Lo importante es la conciencia en desarrollo, la respuesta del hombre espiritual interno a la vida, circunstancias, acontecimientos y medio ambiente. El cuerpo fí­sico responde. Cuando el cuerpo físico llega a ser erróneamente objeto de atención, se produce la retrogresión; he aquí por qué toda profunda atención dedicada a las disciplinas físicas, al vege­tarianismo, a los regímenes y ayunos y a los actuales tipos de (las así llamadas) curaciones mentales y divinas, son indeseables y no están de acuerdo con el plan proyectado. Por consiguiente, poner excesivo énfasis sobre el cuerpo físico y considerarlo indebidamente, es reaccionario y similar a la adoración del becerro de oro por los hijos de Israel; es volver a aquello que en un tiempo fue importante, pero que hoy debe relegarse a una posi­ción menor y por debajo del umbral de la conciencia.
Me he ocupado de esto aquí porque la séptima Ley nos llama la atención sobre la realidad de las glándulas endocrinas y es ne­cesario que encaremos el tema desde el correcto punto de vista. Las glándulas endocrinas forman parte tangible del cuerpo físico, siendo por lo tanto parte de esa manifestación creada que no es considerada un principio. Sin embargo son eficaces y potentes y no pueden ser ignoradas. Es esencial que los estudiantes conside­ren estas glándulas como efectos y no como causas de sucesos, acontecimientos y condiciones en el cuerpo. El cuerpo físico -sin tener en cuenta lo que sus víctimas puedan creer y afirmar- esta siempre condicionado por causas internas; nunca él mismo es, intrínsecamente, una causa. En el actual sistema solar, y en nuestro planeta, es automático, afectándolo las causas generadas en los planos internos y la actividad del alma. Observen la importancia de esta afirmación. El cuerpo físico no tiene verdadera vida propia, sino que simplemente -en este ciclo- responde a impulsos que emanan de otra parte. Su realización y triunfo consiste en que es un autómata. Si esto es captado adecuadamente podemos entrar sin peligro a considerar la séptima ley y la cuarta regla.




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