Curación Esotérica



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REGLA TRES

Que el curador concentre la necesaria energía en el centro ne­cesario. Que ese centro corresponda al centro necesitado. Que ambos se sincronicen y juntos aumenten la fuerza. Así la forma que es­pera trabajará equilibradamente. Así los dos y el uno, correctamen­te dirigidos, curarán.


Esta regla presupone el conocimiento de los centros, y este conocimiento como bien saben, aún se halla en embrión; lo único que se conoce en la mayoría de los casos es la ubicación de un solo centro. Sin embargo, especialmente en el caso de los cura­dores sin entrenamiento, es suficiente. Un conocimiento demasia­do detallado de la formación, condición y respuesta de un centro, constituiría un obstáculo para el curador, pues su pensamiento se desviará hacia el detalle de la forma y se apartará de la ener­gía y sus movimientos.
Esta regla requiere que el curador, al alinearse con el alma y “extraer” energía del alma (convirtiéndose así en un canal para la fuerza espiritual), dirija esta energía a aquel de sus cen­tros correspondiente al centro que condiciona la zona donde está el punto de fricción. Si la enfermedad o dificultad física es estomacal, por ejemplo, o está relacionada con el hígado, el curador dirigirá la energía de su alma al centro plexo solar, situado en la columna vertebral etérica. Si el paciente sufriera alguna do­lencia en el corazón o los pulmones, el curador empleará el cen­tro cardíaco, utilizando el centro laríngeo para las enfermedades tráqueo bronquiales, la garganta, la boca o los oídos.
Por lo tanto, dos cosas adquieren importancia en conexión con el curador:


  1. Debe conocer lo más exactamente posible su propio grado de evolución, pues le indicará si es capaz o no de trabajar con uno o con todos los centros. A fin de utilizar cualquiera de sus centros en el trabajo de curación, el curador debe haberlos despertado en alguna medida y ser capaz, conscientemente y por el poder del pensamiento regido por la voluntad, de en­focar la energía en cualquier centro elegido. Esto no significa que todos los centros estarán despiertos y realmente activos. Sin embargo debería significar (si es que desea lograrse la curación) que él no está únicamente limitado a emplear sólo los centros de abajo del diafragma, sino que, por un esfuerzo de la voluntad espiritual, el pensamiento puede ser canalizado en los centros superiores. Muchos aspirantes pueden hacer esto con mayor facilidad de lo que creen.




  1. El curador no debe correr el riesgo de sobrestimularse personal­mente, a medida que canaliza la energía en algún centro, antes de dirigirla a un centro del cuerpo del paciente. Este detalle es muy importante. Gran parte de las enfermedades y dolencias físicas, en la gente común, es abdominal, y hace que el curador emplee constantemente el centro plexo solar; esto podrá producir una seria condición de superemocionalismo e igualmente astralismo agudo por parte del curador. Entonces, será víctima de sus buenas intenciones y de su servicio espiri­tual, pues las consecuencias son igualmente malas; la energía es una fuerza impersonal y también un agente puramente impersonal. La pureza de intención, el servicio desinteresado y la buena voluntad no son una verdadera protección, a pesar de lo que diga el ocultista sentimental. En realidad la pre­sencia de tales condiciones deseables, sólo acrecientan la difi­cultad, porque la energía del alma afluirá con mucha fuerza. El conocimiento de los riesgos involucrados, la sensata eva­luación de las posibilidades y la comprensión científica y téc­nica de las medidas protectoras, serán dados al curador al finalizar su entrenamiento Mientras tanto, y debido a que el peligro en la actualidad no es tan grande (por la poca poten­cia de los pensamientos de la gente y su incapacidad para dirigirlos), la principal medida protectora consiste en la ca­pacidad del curador para mantener firme su conciencia en el centro coronario, dejando el “ojo que dirige” enfocado en el centro necesario. Esto implica un enfoque dual, y el curador debe esforzarse por lograr esta habilidad.

Aquí es donde el curador distingue entre el proceso de irra­diación y el de magnetización. Habiendo concentrado la energía del alma en el centro apropiado, a través del poder rector de la cabeza (el asiento de la energía del alma) y por el poder del pensamiento, termina el proceso de irradiación. Esta irradiación ha pasado a través de dos etapas:




  1. La etapa donde las energías irradiadas por el alma pene­tran en el centro coronario.




  1. La etapa donde el curador dirige un rayo de esa energía, desde el centro coronario al “centro necesario”: allí se enfoca y se mantiene firme.

Desde ese centro apropiado se establece la etapa de sincroniza­ción con el centro correspondiente en el cuerpo del paciente, y esto no es efectuado por el curador enviando un rayo a ese centro, sino por la potencia del centro del curador que evoca res­puesta del centro del paciente; actúa como un imán, extrayendo del paciente una irradiación definida. Esotéricamente esta irra­diación ilumina el punto de fricción en la zona circundante y, si el curador fuera clarividente, le permitiría ver con mayor clari­dad dónde reside la dificultad, y por lo tanto llegar a un diag­nóstico más exacto. Comúnmente el curador espiritual, si no es médico, depende del diagnóstico hecho por el médico asistente.


Así se establece una interacción entre el curador y el paciente, en niveles etéricos. La energía de los dos centros sincronizados está ahora en armonía, y el curador debe determinar en este punto si el tratamiento requiere una técnica de expulsión o de estimulación. Por lo tanto, tiene que asegurarse si el centro del paciente está sobrestimulado y si en consecuencia algo de la energía excedente debe ser expulsada o abstraída, o si existe un estado de desvitalización, y la energía del centro involucrado re­quiere un deliberado aumento.
Hay también una tercera posibilidad, mencionada aquí, que aunque más lenta es prácticamente la más deseable en todos los casos; el logro de un equilibrio de energías (entre curador y pa­ciente) mantendrá la energía en la zona del punto de fricción y permitirá a la naturaleza producir la curación sin ayuda. Esto sólo es posible cuando la armonía entre el curador y el paciente es completa. Entonces la única tarea del curador consiste en man­tener firme la situación, infundir al paciente confianza en sus poderes inherentes y aconsejar un período de paciente espera. Así la curación será más duradera y no habrá sensación o período de “shock” síquico, lo cual puede suceder si se aplica un súbito estímulo o una drástica expulsión.
Hemos considerado aquí, como podrán ver, tres métodos me­diante los cuales el curador emplea, bajo su dirección, la fuerza enfocada en sus centros, para:


  1. Expulsar la energía excedente, de un centro sobrestimulado.

  2. Aplicar procesos definidos a fin de estimular los centros del paciente.

  3. Mantener un estado de equilibrio donde puede tener lugar la curación natural.

En el primer caso, el curador aumenta deliberadamente la po­tencia de la energía acumulada en su centro, hasta ser excesiva­mente magnética y abstraer la energía sobrante del centro del paciente; en el segundo caso, el curador envía un poderoso rayo de su propia energía al centro correspondiente en el cuerpo del paciente. Éste es un acto de radiación muy eficaz; en el tercer caso, se establece una interacción que mantiene el equilibrio e induce a una constante y normal actividad al centro que contro­la la zona.


También verán que estos procesos (y son relativamente sen­cillos cuando se los capta) dependen de la decisión del curador. Aquí es donde se pueden cometer errores. Aconsejaría, a quien procura trabajar en las líneas que indico, ir lentamente y con la debida precaución, aún a expensas de ser ineficaz y fracasar. Es mejor no afectar la condición del paciente debido al poder de una decisión imprudente, a la potencia del propio pensamiento y al enfoque de la propia dirección, que acelerar su muerte por la súbita abstracción de la energía necesaria y el estímulo de un centro ya sobrestimulado y superactivo.
En último análisis, el objetivo de los tres métodos de ayudar al paciente, por el trabajo directo sobre los centros implicados, consiste en producir una actividad equilibrada y saludable. Esto se logra más fácilmente en el caso de una persona evolucionada, que en el de un individuo cuyo centro está normalmente inac­tivo y aletargado y donde la dificultad posiblemente se deba más a la actividad de alguno de los veintiún centros menores situados en el cuerpo, que a la de los siete centros mayores. En tales casos la medicina y la cirugía ortodoxas pueden ayudar con mayor facilidad al paciente que cualquier proceso de curación espi­ritual. Por esta razón el curador espiritual recién ahora está llegando a ser importante y su trabajo factible. Ello se debe al rápido desarrollo espiritual de la humanidad, lo cual permite a los hombres, por primera vez y en amplia escala, aprovechar estas leyes y reglas.
En la última frase de la Regla Tres, los dos y el uno signifi­can que la energía combinada del curador -la energía del alma enfocada en el centro coronario y la energía del “centro necesa­rio”, más la energía del centro que controla el punto de fricción en el cuerpo del paciente- es responsable de la curación, siem­pre que el destino del paciente sea curarse.




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