Curación Esotérica



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LEY III



Las enfermedades son el efecto de la centralización básica de La energía vital del hombre. Del plano en que dichas energías están enfocadas provienen esas condiciones determinantes que producen mala salud. En consecuencia, se manifiestan como enfermedad o como buena salud.
Esta ley indica que una de las principales determinaciones del curador consiste en llegar a ese nivel de conciencia desde donde emana la energía predominante en el cuerpo etérico. Recordaré aquí que en La Doctrina Secreta H. P. B. establece que plano y estado de conciencia son términos sinónimos e intercambiables; en todos mis escritos no trato de hacer hincapié sobre el nivel de la materia o sustancia (un plano, como se lo llama) sino so­bre la conciencia, cuando se expresa en esa zona ambiental de la sustancia consciente.
Esta antigua ley asegura que la enfermedad es un efecto de la centralización básica de la energía vital del hombre, la cual no es la misma que la energía o fuerza de la conciencia, sino que la conciencia es siempre el factor directriz en toda expresión de la vida inmanente, porque existe básica y únicamente una ener­gía mayor, la energía de vida. Donde está enfocada la con­ciencia del hombre, la energía de vida reunirá allí sus fuerzas. Si la conciencia está enfocada en el plano mental o en el astral, la energía de vida no estará tan fuertemente enfocada ni anclada en el centro cardiaco (el centro donde se halla el principio vida), y sólo una parte de su energía vital encontrará su camino hacia el cuerpo físico, vía el vehículo etérico. La mayor parte será retenida (empleando una palabra inadecuada) en el plano donde la conciencia funciona predominantemente o -en otras palabras- su expresión estará condicionada por el estado de concie­cia correspondiente a ese nivel de percepción o lugar de contacto con el Todo divino, o Conciencia divina, que hace posible el grado de evolución en el hombre.
La tarea del curador consiste por lo tanto en descubrir dónde se halla este foco de conciencia; ello nos retrotrae al punto donde dije que el paciente es esencialmente de tipo mental o emocional, y muy raras veces su conciencia está centrada exclusivamente en lo físico. Cuando esa conciencia se haya estabilizado en la del alma, habrá pocas enfermedades, y los trastornos físicos del paciente muy evolucionado serán vinculados entonces con el impacto que la ener­gía del alma hace sobre un vehículo físico no preparado; en esta etapa sólo lo afectarán ciertas enfermedades principales. No será susceptible a las pequeñas dolencias y a las constantes e insigni­ficantes infecciones que convierten la vida del hombre común o subdesarrollado en molesta y difícil. Podrá sufrir de enfermedades cardíacas y nerviosas y dolencias que afectan la parte superior del cuerpo y esas zonas controladas por los centros ubicados arriba del diafragma; no obstante, las dificultades producidas por inter­medio de los centros etéricos menores (de las cuales existen mu­chas), o por los centros ubicados abajo del diafragma, no existirán generalmente, a no ser (como puede suceder en el caso de un discípulo muy avanzado) que deliberadamente haga suyas las condiciones engendradas por su servicio mundial a los hombres.
Debido a que la mayoría de los seres humanos están actual­mente centralizados en el plano astral (o en el cuerpo astral), se evidencia inmediatamente la clave de una de las fuentes más grandes de la enfermedad. Cuando la conciencia de la raza se traslade al plano mental -y esto tiene lugar lentamente- entonces desaparecerán las enfermedades más ampliamente conoci­das y prevalecientes y sólo quedarán las de tino mental o las de los discípulos para perturbar la paz del individuo. Sobre éstas ya me ocupé en un tomo anterior. 1
La Ciencia Mental (tal como se expresa en la pobre imitación de la realidad denominada pensamiento) reconoce correctamente que las emociones del hombre son responsables de gran parte de las enfermedades. También es correcto en sus esfuerzos por lo­grar que el paciente cambie sus actitudes emocionales y reaccione en diferente línea, ante la vida, las circunstancias y la gente. Pero está muy equivocada si cree que eso es suficiente; al igno­rar todos los procedimientos científicos vinculados con el cuerpo etérico, no tiene cómo relacionar la naturaleza emocional con el vehículo físico, por lo tanto existe una laguna en sus razonamien­tos y una falla consiguiente en su técnica. Esto hace que sus actividades sean inútiles, excepto desde el ángulo del carácter. Cuando ha logrado una curación, se debe a que en cualquier caso el paciente estaba destinado a recuperarse, pero ha servido un propósito útil al corregir la condición del carácter, por el cual se mantuvo en constante peligro de enfermarse. Ella no ha obtenido la curación, y proclamarlo es un engaño tanto para el curador para el paciente. Todo engaño es peligroso y obstaculizador.
Sería útil que indicara en amplias y generales líneas algunos tipos de enfermedades que pudiera producir por ejemplo, la centralización de las fuerzas de la vida en el plano astral. Únicamente las clasificaré, sin detallar, porque hasta que los modernos curadores no reconozcan la realidad del cuerpo etérico y trabajen científica e inteligentemente con él y sus centros controladores de fuerza, será inútil cualquier cosa que pudiera decir acerca del procedimiento. Mi intención de hoy es promover cier­tas aceptaciones básicas tales como la realidad de la existencia del cuerpo etérico:


  1. La constante introspección, todo tipo de supresión morbosa y un silencio drásticamente obligado, en lo que concierne a las emociones fundamentales, pueden conducir a serios trastornos del hígado, a las constantes dolencias gástricas y al cáncer.




  1. Donde el odio y la profunda antipatía están presentes en la conciencia, o cuando el hombre vive en un constante estado de irritabilidad contra alguna persona o grupo, o cuando se siente ultrajado, hay la posibilidad de que sea afectada la corriente sanguínea; el hombre entonces estará propenso a constantes infecciones, forúnculos, úlceras supurantes y a diversas condiciones sanguíneas, definidamente de naturaleza séptica.




  1. Una naturaleza irritable, en constante agitación, de mal ca­rácter y que reacciona violentamente cuando las cosas no van como es de desear, pueden conducir a desastrosas explosiones, diagnosticadas como dificultades cerebrales o insanias tempo­rarias y producir constantes dolores de cabeza que socava­rán la constitución física y traerán un inevitable estado de debilidad.




  1. Una vida sexual frustrada o una situación donde la persona soltera no pueda expresar en forma normal un proceso natu­ral y universal, y para quien el sexo permanece siendo un misterio (y al mismo tiempo un constante e interno tema de pensamiento inexpresado) llevará a:




  1. Un estado de gran desvitalización con la consiguiente e in­evitable mala salud, que sufren ese tipo de personas deno­minadas solteronas y solterones. Es innecesario decir que existen muchas personas solteras que encaran la vida salu­dablemente y no entran en esta clasificación.




  1. Un constante esfuerzo para atraer la atención del sexo opuesto a tal punto que se convierte en una tendencia ner­viosa y muy enfermiza.




  1. El desarrollo de hábitos homosexuales o esas perversiones que tuercen la vida de muchas personas inteligentes.




  1. Los tumores -malignos o no- que atacan los órganos ge­nitales y frecuentemente hacen del sujeto un caso de ope­ración.

Existen otros posibles desarrollos, pero no tengo el propósito de tratarlos. He expuesto lo suficiente para demostrar el peli­gro del sentido de frustración y del interés morboso en el sexo (aunque a veces no sea reconocido). Esto también puede ma­nifestarse durante el sueño, que vincula estrechamente el cerebro, la mente y los órganos genitales y prueba el hecho de que el deseo astral despierta el apetito físico, lo cual demues­tra mi afirmación de que el cuerpo físico responde automáticamente - aún cuando está inconsciente en las horas del sueño- al control astral. Su curación, como lógicamente sa­ben, consiste en llevar una vida externa plenamente creadora, especialmente en beneficio de nuestros semejantes y no simplemente la transmutación del impulso sexual en algún tipo de pensamiento creador, que sencillamente no es más que eso, pero no adquiere configuración o forma en el plano externo de la vida humana.




  1. Autoconmiseración, perturbación tan prevaleciente que con­duce a indigestión aguda, trastornos intestinales, catarros y resfríos de cabeza en la gente común, mientras que al hom­bre más avanzado lo lleva a dificultades crónicas bronquiales, úlceras gástricas y condiciones enfermizas en relación con los dientes y los oídos.

Podría continuar enumerando otras condiciones emocionales que producen enfermedades en las personas en que existen estas con­diciones, pero lo dado es suficiente para proporcionar al curador experimentado la clave de ciertas posibilidades, responsables de las dificultades físicas que deberá tratar. También ha de tener presente (como ya indiqué en otra parte) las condiciones here­dadas de encarnaciones anteriores o desarrolladas como resultado del grupo ambiental y del karma nacional o planetario.


Ninguna regla está conectada con esta ley, porque aún esta­mos tratando la definición de las causas que producen la enfer­medad objetiva; ellas deben ser captadas y aceptadas como teorías factibles antes de que el curador pueda tratar eficientemente la situación.
Vamos ahora a considerar una ley, tan incluyente en su sig­nificado y poder definidor, que, podría decirse, expresa la razón para todas las enfermedades de cualquier naturaleza y en cual­quier momento en la historia de la vida de la raza o del indivi­duo. Se expone aquí como cuarta ley, debido a la necesidad de que los principales postulados de las tres leyes precedentes sean aceptados, considerados y estudiados; también porque es la prin­cipal ley que condiciona la aparición de la enfermedad en el cuarto reino de la naturaleza, el humano. Esencialmente esta ley se halla relacionada con la cuarta Jerarquía creadora y fue definidamente impuesta y reconocida como ley, rigiendo predominantemente a la humanidad, por iniciados que trabajaban en la cuarta raza raíz, la atlante. También en forma curiosa, cuando la humanidad pueda funcionar con su conciencia centrada en el cuarto plano o búdico, la enfermedad desaparecerá y la cuarta Jerarquía creadora quedará finalmente liberada de esa gran li­mitación.




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