Curación Esotérica



Descargar 1.97 Mb.
Página39/54
Fecha de conversión10.05.2019
Tamaño1.97 Mb.
1   ...   35   36   37   38   39   40   41   42   ...   54

REGLA UNO

El curador debe entrenarse a fin de conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos de quien busca su ayuda. Así podrá cono­cer la fuente de donde proviene la dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto, y conocer el punto exacto por el cual debe llegar el alivio.


Será evidente que la primera regla que el curador debe do­minar es necesariamente importante. Sus implicaciones son bási­cas y esenciales si se quiere efectuar una cura, y el curador no quiere perder tiempo en intentar lo imposible. Esta regla con­tiene cuatro mandatos:


  1. El curador debe entrenarse a fin de conocer si el paciente está mental o astralmente (emocionalmente) enfocado.




  1. Puede y debe por lo tanto, averiguar las bases sicológicas de la perturbación existente.




  1. Entonces será capaz de averiguar el lugar del efecto (la enfermedad) por la percepción de la causa subyacente.




  1. Esto le permitirá conocer

  1. la zona afectada,

  2. el centro del cuerpo etérico que controla esa zona.

También se comprenderá por qué comencé por analizar la enfer­medad y la curación, presentando las causas sicológicas. Esta primera regla está relacionada con toda esa parte de la enseñanza que, como podrán ver, es intensamente práctica.


Cuando se conoce la polarización de la personalidad emergen dos factores principales: el acercamiento puede hacerse a través de los centros coronario o cardíaco si el paciente es muy evolucionado -presumiblemente el curador lo sabe por las indicacio­nes del carácter y la efectividad de su vida-, o el acercamiento puede hacerse por medio del centro laríngeo o el centro plexo solar si el paciente es una persona común y de una evolución similar; si es un ser humano subdesarrollado, de grado relativa­mente inferior, el punto exacto a través del cual llegará el alivio será el centro plexo solar o el sacro. Es interesante observar que cuando un hombre se halla en un grado tan inferior de la escala evolutiva que debe llegarse a él etéricamente por intermedio del centro sacro, con frecuencia se cura fácilmente y responderá con mayor rapidez que otros a lo que a menudo se denomina mani­pulación etérea. Una de las razones de esto consiste en que su mente y sus emociones no presentan un real obstáculo y todas las energías disponibles pueden ser dirigidas en forma ininte­rrumpida a la zona enferma.
Si el curador es clarividente, puede averiguar con facilidad el punto de entrada de las fuerzas curativas, porque la “entrante luz” será entonces más brillante; la luz del centro mismo impar­tirá la información necesaria. Si el curador es muy avanzado, no empleará ningún tipo de percepción síquica, sino que reaccionará inmediatamente, al establecer contacto con una impresión tan poderosa proveniente del paciente, que no podrá ser rechazada y probablemente sea adecuada, pudiendo depender de ella. Sin embargo debe recordarse que debido a la integridad del alma hu­mana y a que toda alma es por propia naturaleza un Maestro se permitirá siempre un margen de error en lo que concierne al curador, aunque el curador sea un iniciado; allí le será evidente que existe un punto donde el hombre espiritual (del cual el paciente es sólo un reflejo) controla, y más allá del cual -excepto como alma en igualdad de condiciones con el alma del paciente- no puede ni se atreve a llegar. Existen condiciones, por ejemplo, en que un discípulo avanzado o un alto iniciado (con el propósito definido de abandonar su vehículo físico) puede permitir que las fuerzas de la desintegración, delimitación y destrucción, rompan y destruyen su forma física externa. Cuando esto sucede, quizás el curador no se dé cuenta de la intención; sin embargo, podrá ser consciente de la oposición y se verá forzado a desistir de sus esfuerzos para curar.
Cuando el paciente es un tipo estrictamente mental, la apli­cación de los procesos de curación debe hacerse por medio de un centro superior, el coronario. Será inteligente que el curador obtenga la colaboración consciente del paciente, a fin de que las dos voluntades funcionen al unísono; esto implicará una relación positiva entre ambos. Cuando el paciente no está tan evolucio­nado, el curador deberá esforzarse por despertar en el hombre un espíritu de esperanzada pasividad; en este caso la naturaleza emocional será más fuerte que la del individuo más evolucionado, y la tarea del curador, por consiguiente, más ardua. Muy a menudo tendrá que combatir la ansiedad, las reacciones emociona­les de diversos tipos, el temor y las premoniciones. La condición sicológica será por lo tanto fluida, y el curador tendrá que ayudar mucho al paciente a mantener una constante reacción emocional y llegar a calmarse y hacerse pasivo. Esta reacción pasiva debe ser lograda si se quiere que las energías curadoras pasen efecti­vamente al debido centro y a la zona que él controla. Esto se puede obtener estableciendo una relación armoniosa entre el cu­rador y el paciente, previamente a cualquier proceso curador. Los curadores de la nueva era tendrán también su propia clien­tela, igual que los médicos de hoy, y aprenderán a conocer la constitución y el temperamento de quienes soliciten su ayuda; también deberán educarlos acerca de ciertos procesos y técnicas de curación como preparación para su uso posterior, si es nece­sario; no obstante, esto aún está muy lejano.
Cuando el paciente es un ser humano subdesarrollado, de gra­do muy inferior en la escala evolutiva, será controlado sicológi­camente por la personalidad consagrada del curador y por la imposición de la voluntad del curador sobre el cuerpo etérico del paciente. Esto no significa que la imposición de la energía de la voluntad sobre una persona negativa, impulse al paciente a la acción y ponga en peligro la pequeña medida de libre albedrío que posee; significa imponer la autoridad del conocimiento y la estabilización espiritual sobre el paciente, despertando en él la confianza y la disposición a obedecer.
Tenemos aquí los tres primeros pasos que el curador debe dar, respecto al paciente y su siquis inferior:


  1. Obtener la colaboración de la personalidad del hombre evolucionado; sólo la personalidad requiere curación.




  1. Producir una condición de esperanzada pasividad, por parte de la personalidad del hombre común; todavía no es capaz de colaborar inteligentemente, pero puede manejarse a sí mismo, de modo de reducir al mínimo los obstáculos de la personalidad.




  1. Inducir las sugerencias del curador a una confiada obedien­cia. Esto es todo lo que el hombre subdesarrollado puede hacer.

Será evidente que las amplias generalizaciones, tal como la an­terior, no abarcan a todos los tipos humanos ni a los numerosos tipos y etapas intermedias. El curador deberá amar verdadera­mente a sus semejantes y ser al mismo tiempo sicólogo entrenado; esto significa que deberá practicar la curación como alma y tam­bién como mente perceptora.


Aquí debe observarse otro punto. Un problema que el curador tendrá que enfrentar con los tipos mentales, es la tendencia a mantener en la cabeza, o por lo menos arriba del diafragma, todas las energías que provienen del alma; esto no significa que todas las zonas del cuerpo abajo del diafragma están habitualmente desprovistas de las energías necesarias, sino que su funcionamien­to es mayormente automático y el hombre no está acostumbrado a dirigir conscientemente la energía al centro y a su zona de control abajo del diafragma. Quizás sea necesario darle instruc­ciones, si trata de colaborar con el curador e intenta efectuar una curación. Su enfoque mental y la actividad del centro coro­nario constituirán una gran ayuda, siempre que acepte las ins­trucciones sobre el arte de dirigir la energía, pudiendo hacerlo comúnmente, si no está demasiado enfermo o preocupado en man­tener un contacto consciente con su cuerpo. Cuando está incapa­citado para enfocar su atención, sea por dolor y falta de con­ciencia física o excesiva debilidad, el curador tendrá que trabajar principalmente de alma a alma, y confiar en una adecuada ar­monía entre el alma y el cuerpo etérico del paciente, para obte­ner la curación, si tal es el destino del hombre.
Cuando se origina la dificultad en el cuerpo emocional o as­tral, la tarea del curador no es tan fácil; tiene entonces que trabajar, enfocado como alma, en su centro coronario, pero diri­giendo la necesaria energía y controlando la naturaleza emocio­nal del paciente por intermedio de su centro plexo solar, correc­tamente orientado. Me refiero aquí al centro plexo solar del curador, que por regla general no lo utiliza como punto de enfoque o de atención en su propia vida. El curador ha adquirido la facilidad de emplear a voluntad todos sus centros, considerándo­los como puntos de distribución de energía dirigí da. Quisiera hacerles notar que dicha energía no va dirigida con un fin cura­tivo, sino que la energía del alma del curador se dirige a con­trolar algún centro en el cuerpo del paciente, debido a su des­plegado emocionalismo, y también a reorganizarlo como centro receptor de las energías curativas que emanan de la propia alma del paciente -algo muy distinto y que debe tenerse muy en cuenta.
El curador, por consiguiente, utiliza dos centros, hablando normalmente: su propio centro coronario y ese centro en su propio cuerpo, correspondiente a la zona enferma y al centro que la controla. En toda exitosa curación debe establecerse una rela­ción simpática. “De alma a alma, ambos son uno; de extremo a extremo, juntas deben sufrir; de lugar a lugar están aliados, y entonces la corriente dual de energía trae como resultado la cu­ración”. Según reza en un antiguo libro de los archivos de los Maestros.
Una de las mayores dificultades que el curador encara, par­ticularmente, y si es relativamente inexperto, es el resultado de esta relación simpática establecida. Puede ocurrir que se produz­ca lo que denominamos “transferencia”. El curador toma sobre sí las condiciones de la enfermedad o del malestar y se hace cargo de ellos, no en forma real sino sintomáticamente. Esto puede incapacitarlo o por lo menos interceptar la libre actividad de los procesos curadores. Es un espejismo y una ilusión, y tiene sus fundamentos en la habilidad que ha adquirido el curador para identificarse con su paciente; también está fundamentado en su ansiedad y en el gran deseo de brindarle alivio. El curador se preocupa tanto por la necesidad del paciente y se ha descentrali­zado tanto de su propia conciencia identificada y positiva, que Inadvertidamente se ha hecho negativo, quedando temporariamente sin protección. Para curar esto, si el curador descubre en sí mismo esta tendencia, lo hace por medio del centro cardíaco y también del centro coronario, manteniendo así una constante afluencia de la energía positiva de amor vertiéndose hacia el paciente. Ello lo aislará de la enfermedad, pero no del paciente. Puede lograrlo trabajando por medio del centro cardíaco dentro del brahmarandra (el centro coronario), acrecentando grande­mente la potencia de su trabajo curador; sin embargo, presupone un alto grado de desarrollo por parte del curador. El curador es­piritual común tendrá que vincular los centros coronario y car­díaco, por un acto específico de la voluntad. Entonces se dará cuenta que el amor que fluye de él hacia el paciente evitará el retorno de las emanaciones indeseables desde el paciente, las cuales han estado afluyendo hacia él; esto es así porque al exis­tir tal afluencia, milita contra el paciente que está siendo curado.
El curador que responde al anhelo interno de curar, encarará, corno podrán ver, un rígido curso de entrenamiento antes que su propio equipo -la personalidad, el cuerpo etérico y sus centros- sea sometido al alma, en tal forma que ya no constituya una obstrucción para el arte de curar. En consecuencia, respecto a sí mismo, debe aprender a:


  1. Establecer un rápido alineamiento entre el alma, la mente, el Centro coronario y el cerebro físico.




  1. Emplear la mente, iluminada por el alma, en el diagnóstico sicológico de las causas de la enfermedad que se propone tratar.




  1. Aplicar y establecer métodos de radiación simpática con el paciente.




  1. Buscar medios para protegerse a sí mismo de cualquier tras­ferencia producida por dicha relación.




  1. Establecer una correcta relación con el paciente, ya sea de colaboración, pasividad o control espiritual.




  1. Formular diagnósticos físicos y localizar la zona desde donde vendrá el alivio por medio del centro controlador.




  1. Colaborar con el alma del paciente, de tal manera que su cuerpo etérico enfoque todas las energías que afluyen para aliviar la zona enferma. Esto involucra la actividad directa del cuerpo etérico del curador en conexión con una renovada actividad por parte del cuerpo etérico del paciente.




  1. Retirar técnicamente su poder curador cuando la técnica del paciente es adecuada para la empresa.

Creo que he dado lo que se necesita para el estudio y reflexión inmediatos. He demostrado que el arte de curar no es un vago proceso místico, un anheloso deseo ni simplemente buenas inten­ciones. He indicado que presupone ante todo, el dominio de la ciencia del contacto con el alma, la constante práctica del alineamiento y la comprensión de la Ciencia de los Centros, o -li­teralmente- una forma moderna de Laya Yoga. En el futuro, los curadores recibirán durante muchos años un entrenamiento drástico y esto no debe sorprenderlos, pues la profesión médica común exige años de intenso estudio y trabajo. Muchos curadores de la nueva era combinarán el estudio y conocimiento ortodoxos con el arte de la curación espiritual.


Cuando los curadores entrenados, que poseen percepción, cabal conocimiento del cuerpo etérico, comprensión de las energías que lo componen y que trasmite o puede trasmitir, y también com­prensión de la sutil constitución del hombre y de los métodos para dirigir energías de un punto y lugar a otro, puedan traba­jar con pleno conocimiento médico y con la total colaboración del médico o cirujano ortodoxo, entonces se producirán grandes cambios. Llegará a la raza humana una gran iluminación.
Para esto debemos prepararnos; no principalmente para la curación del cuerpo físico, sino para la expansión de la concien­cia de la raza que, con este nuevo y esotérico estudio, se logrará.
Hemos tratado ciertas realidades fundamentales que deben do­minar esencialmente todos los curadores que se esfuerzan en apli­car el nuevo tipo de curación esotérica; lo expuesto es muy importante. Cada punto presentado podría constituir la base de una prolongada discusión, pero no es posible hacerlo en este tratado, porque sólo intento indicar futuras posibilidades. Tam­bién procuro fomentar la desconfianza en el actual acercamiento del mundo metafísico, al tema de la enfermedad y su curación, y de socavar -si puedo emplear tan drástica expresión- la con­fianza que ha puesto el público en los así llamados métodos de curación de la nueva era, en los sistemas de la Christian Science, en la Ciencia Mental y en esas escuelas de pensamiento que in­tentan curar desde el ángulo de la afirmación de la divinidad del hombre, y la pretensión que esa inherente e innata divinidad garantiza su curación. Dicha pretensión es un espejismo y un en­gaño, como frecuentemente he tratado de demostrar.
Ahora, abordaremos una ley que (si se la comprende adecua­damente) demostrará cuán inadecuado resulta el acercamiento del moderno metafísico a este tema y -aunque ella ubica en una base sólida nuestras instrucciones sobre la curación- poster­ga muy definidamente a una época más distante la era de la verdadera curación ocultista. Esta tercera ley es la siguiente:




Compartir con tus amigos:
1   ...   35   36   37   38   39   40   41   42   ...   54


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad